帰属先:> 公開日: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La gran pastoral de Arcadia. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-gran-pastoral-de-arcadia.
Comedia intitulada la gran pastoral de Arcadia.
Figuras siguientes.
El Desasosiego, ministro de Cupido.
Fantaso, ministro del sueño.
Saucino, viejo pastor.
Belianira, su hija.
Diamaranta, su hija también.
Dorilo, pastor.
Fausto, zagal.
Una sombra.
Pinandro, pastor.
Ergasto, zagal.
Liro, pastor burlón.
Laurindo, pastor.
Un pastor.
Otro pastor.
Floro, pastor.
Aliso, pastor.
Un bobo.
Alcino, muchacho.
Saucedo, muchacho.
Flori, pastor.
Tirsi, pastor.
Mancarrón, pastor.
Página en blanco. Solo se aprecia la tinta traspasada del folio recto.
Primera Jornada, sale el Desasosiego, mi- nistro de Cupido, con una hacha encendida en la una mano y en la otra unos ramos de arrayán y un retrato de la pastora Diamavanta, y Fantaso, ministro del sueño, que vienen de la casa del sueño, que es debajo del tablado
No el lamado Aqueronte ni de Morfeo
escogidos visajes espantosos
para cumplir, Fantaso, el gran deseo
de Cupido en sus casos tan forzosos
como es representarme hombre y feo
perturbando los sueños más gustosos
cual ministro del Sueño, hijo de Herebo.
Pues ya notes, Fantaso, oficio nuevo,
viste que dije al Sueño, su criado
de Amor, que a cielo y suelo los sujeta
siendo Desasosiego intitulado
por la llama que el alma me inquieta
cuanto a Cupido amigo he ayudado
Fama en el pregonar lo no secreta
cuyos efectos tengo de contarte
y verás quién se atreve a su estandarte.
Poner por tierra muros y ciudades
escalar altas casas encerradas
llevar a efecto horrendas crueldades
romper de firme fe palabras dadas
abrir una ancha puerta a liviandades
cerrar la a las razones concertadas
causar en corta vida larga muerte
son efectos de Amor.
Sí, es fuerte.
Dar osadía al más cobarde pecho
al más fuerte turbarle con temores
quedar siempre quejoso, satisfecho
y aunque sin merecer con mil favores
volverse el sufrimiento en un despecho
y jamás conocer claros errores
del gusto que en disgustos se convierte
son efectos de Amor.
Sí, es fuerte.
Un ver al ojo el vano ciego engaño
y poner en buscarle su contento
abrazar y querer al propio daño
no curando de aviso ni escarmiento
un no entender el claro desengaño
y aunque se entienda, por seguir su intento
del lance apenas que divierte
son efectos de Amor.
No es poco fuerte.
Lealtad, traición, con inquietud sosiego
agro y dulce trabajo, pena y gloria
salud enferma, frialdad en fuego
paz que una guerra, no tener memoria
Risa y lloro en un punto, trato ciego,
soberbia con humilde vanagloria,
celos, sospechas, triste, alegre suerte
son efectos de amor, Fanta, no es poco fuerte.
A tan grande poder, extraño caso,
Diana entre los dioses le hace guerra,
y acortando a Cupido el largo paso,
cuando más le resiste, más le atierra.
No quiere a su venganza ser escaso;
su intento es desterrar quien le destierra,
y hoy nos pone a los dos por instrumentos,
fiando en nuestras obras sus intentos.
Ha entendido en las fiestas de Diana
ser uno de sus sinceros pastores,
de no estar por su diosa soberana,
nuestro invencible autor de los amores.
Aquesta gente altiva que profana
el señorío de amor, estos pastores,
a estos pastores quiere castigallos
y hacellos de Diana sus vasallos.
Aquí le da el retrato.
Toma esta tabla donde está pintada
al vivo la pastora Diamaranta,
que en sueños ha de ser por ti mostrada
a Dorilo, un pastor que se adelanta
en servir a Diana, y va trazada
por manos del amor con fuerza tanta,
que en viéndola sin falta será luego
encendido Dorilo en nuestro fuego.
Pues, ¿cómo en estos montes apartado
vive aquese Dorilo de un vaquero,
padre que es sacerdote del sagrado
culto de Diana con sincero
pecho, quería dejarle acomodado
y que en su oficio el hijo sea heredero?
Todo este intento estorba este retrato,
cambiando en el de amor el casto trato.
¿A qué efecto, me dirás, oh ciego,
traes del ara para las ramas largas?
Son para convertir en vivo fuego
y apremiar con lascivas gran congojas
los castos pechos, porque el niño ciego
quiere que suspiros den amargas
los que más le resisten.
¿Puede dar de qué suerte?
La traza es harto clara.
Aquí planta los ramos el Desasosiego.
Arderán en amor con estos ramos
los que con ellos fueren coronados
por quien les coronó.
Bien los dejamos,
Desasosiego hermano, aquí plantados,
y puedes aguijar, que nos tardamos.
Ya tengo tus designios bien notados:
qué efectos son de Amor en un instante,
hacerme tan astuto de ignorante.
Éntranse, y sale Saucino, viejo, y Belianira, su hija, en hábito de pastores.
Sabe el imperio ciego, Belianira,
mas nadie nos escucha, Belianira,
el escondido blanco adonde tiro.
Forzoso es conservar esta mentira:
de varón, digo, el traje con que hoy andas,
que tantas muestras das de gracia y brío.
Cesen, querida hija, tus demandas
y el pretender saber la causa en esto,
que mientras ruegas más, menos me ablandas;
torno a advertirte que en lenguaje honesto,
estando en juntas de hombres y mujeres,
finjas ser mozo despejado y presto.
Escusa dellas las que más pudieres,
mira bien si me importa este secreto,
pues que varón tu hermana piensa que eres,
y sabe, Belianira, que a este efeto
a consultar me parto a aquella cueva
do las manes están en ser quieto;
fáltame solo hacer aquesta prueba
para tener segura mi sospecha,
que mientras vas creciendo se renueba.
Alguna mane o sombra satisfecha
dará al confuso pecho algún descanso,
que siempre el consultar las aprobecha.
Nuestro dios pastoral benino y manso
responda a tu contento, padre mío,
y perdona si en esto ya te canso;
no quiero seguir más que tu albedrío,
cuanto, Saucino padre, aquí me hordenas,
pues nunca de tu gusto me desvío.
Y las almas de aquellas gentes buenas,
cuyos cuerpos pisaron este suelo,
te den de bienes esperanzas llenas.
Dellas espero el bien de mi consuelo,
quédate en tanto a hacer lo necesario
de la fiesta de Cintia.
Guíete el cielo.
Vase Saucino a sacrificar a las manes.
¡O estado feminil mudable y vario,
amigo de saber cuando se veda
mucho más una cosa al contrario!
Dame, cielo, fabor para que pueda
un gusto ejecutar no tan forzoso
cuanto atrevido si la baria rueda
tiene fortuna en firme ser dichoso.
Vase Belianira y entra Fantaso delante, enseñando el retrato a Dorilo, y luego Dorilo como que se levanta de dormir, y detrás dél el Desasosiego, echando fuego a Dorilo con su hacha.
¿Duermo, despierto estoy, qué es lo que veo?
¿Es fantasía?, no, que estoy durmiendo,
pues entre sueños hablo y me levanto;
sí, elado como estoy, en fuego ardiendo.
Pastora hermosa, tente, rostro feo,
horribles sombras más de quien me espanto,
no alibia dolor tanto
la vista de tal cara,
aunque cueste más cara
que no la libertad y dulce vida,
tal pasión a más gloria no convida.
Huyes, retrato hermoso, ya te esconden.
Vanse las sombras.
Nuestra obra está cumplida.
No es fantasía, no, pues me responden.
¿A dónde habitas, ninfa d'esta tierra?
Loco sin duda estoy, pues tu hermosura
sabe tener asiento en solo el cielo.
Yo no sirvo a Diana, ¿quién procura
hacer a mi quietud tan fuerte guerra?
tomándome las fuerzas del consuelo.
Verde y florido suelo,
que de agradable lecho
serviste en este hecho,
tienes parte también, pues me fiaba
de ti cuando durmiendo libre estaba.
Volver quiero a probar si dormir puedo,
pues el dormir acaba
y olvida el dolor, la pena y miedo.
Dorilo, esconde al cielo el rostro agora,
fíjate con lástima, pues con daño
deidades altas turban tus sentidos,
y porque tu inquietud y mal extraño
no aumenten voces dadas a deshora,
del todo has de taparte los oídos,
que estando recogidos
quizá tendrán sosiego.
Sin hablar, sordo y ciego,
escusando el penar y desvarío,
sombras que aquí asistís, si a mi deseo
dais el primer sosiego que tenía,
desde luego me empleo
en vuestros sacrificios noche y día.
Échase Dorilo boca abajo, tapados los oídos, y sale Belianira con una velilla y pez molida y una sábana debajo del brazo, muy cansada, resollando.
Ha de acabarse el aliento,
pues no le ha de hacer faltar
el que le suele acabar,
que es el veloz movimiento.
Cansancio es bien empleado
si de mi padre Saucino,
atajándole el camino,
a tiempo me he adelantado.
¿Hay en el mundo jornada,
por dificultosa y grave,
que no concluya y acabe
la mujer determinada?
Compite aquí mi valor
con la que más se adelanta,
y aun al correr de Atalanta
no le juzgo por mejor.
¿Es pastor el que durmiendo
quedó allí para estorbarme?
No sé qué gusto pensarme
para hacer lo que pretendo.
Basta, entrar quiero en la cueva;
mejor paso hay para ella.
El alma en todo me da,
he de salir con la prueba.
Éntrase para salir por el vestuario y a ponerse como sombra, y levántase Dorilo.
Creerlo quiero, sea o no sea soñado,
que si los sueños burlan no he dormido,
y afírmome en que es caso revelado.
Velando ha estado siempre mi sentido
y él proprio me provoca y asegura:
de aquesta cueva, en mi dolor crecido,
dará el remedio, y cerca está la cura.
A mal se contará la negligencia
al que con brevedad salud procura.
Va a entrar por la cueva y échase la sombra de Belianira, y retírase atrás.
Aquí sale a la boca de la cueva como manes Belianira.
Lumbres diviso, como su apariencia
espantan las llamas levantadas
que abrasan dentro el pecho mi paciencia.
Felices almas, sombras despojadas
deste corpóreo peso, a que las lumbres
son fúnebres hogueras desdichadas
de Dorilo, o por fin de pesadumbres
luminarias de nueva venturosa
que de agüeros felices dan vislumbres,
y pues sabéis, oh manes, que a la diosa
Diana me han quitado y de Cupido
hacen ceniza la llama poderosa,
¿dónde hallaré esta ninfa que me ha ha sido
representada en sueños? ¡Fuerte caso,
que sin verla ni hablarla me ha rendido!
¿Fue para más dolor, manes, acaso
criarme en este monte tan fragoso
mi padre, de mi bien y dicha escaso?
Al culto de Diana, que enojoso
es el amor sin ninfas ni pastores,
para sentir después mal doloroso,
cuidado de Cupido y más temores
como los que padezco; oh tú, piadosa
sombra que vienes blanda a mis clamores,
dónde hallaré, me di, esta ninfa hermosa.
Remedia ya en mi pena dolorosa
el ansia que ha vencido al sufrimiento.
Pastor Dorilo, pártete solícito,
sin detenerte más poniendo obstáculos,
al bajo valle de un Arcadia célebre
con pastores y ninfas hermosísimas
que sirven a la vista diva y ínclita,
adonde unos y otros conversándola,
tendrás sosiego y un quieto espíritu,
y no cures pedir el beneplácito
a tu padre, que en estos montes ásperos
te guarda sin salir encenadísimo,
ni en el camino a nadie muevas pláticas
hasta que Belianiro, pastor súbdito
de la triforme Diana dea lucífera,
te hable; calla y con esto ven, ni replica.
Tu mandado obedezco, diosa o sombra,
y a hablar a Belianiro al punto parto,
sin descubrir a nadie mi camino.
Vase Dorilo, y a la boca de la cueva descúbrese Belianira y dice.
Él va muy bien despachado,
burla ha sido de reír,
si acaso bien ha de ir
con bien el juego empezado.
A este pastor de Diana
tengo allá de procurar,
si puedo, de le apartar
fantasía tan liviana;
porque aquellas frenesías,
aunque hombres solos acometen
y son frutos que prometen,
causólas melancolías.
Con todo, pues no le hiciera
que bajara a topalle,
sino por gustar se halle
en la fiesta que se espera,
que tan gallardo zagal
no es justo estar desterrado,
ni que le tenga encerrado
su padre para más mal.
y no por questo fraudulento
sombras urdo aqueste engaño
que para ebitar mal daño
va enderezado mi intento
y si usando estas marañas
vuestro sitio desacato
desculpen tal desacato
estas sinceras entrañas
que prometo en vuestra honra
si aquesto os es de servicio
cadaño aqueste sacrificio
que mas vuestras haras honra
Pasos suenan mi deseo
pondra fin a su camino
pues a mi padre Saucino
enderezar aquí veo
Tornase a entrar tapada y sale Saucino
viejo con fausto zagal que le trae los
aparatos del sacrificio en una cesta
que son un pracadito y unas ramas
de cipres tres Redomitas de vidrio
con miel y leche y aceyte y fausto trae
un pajarillo en la mano
Prometote oh, Saucino si me aclaras
la causa que perturba tu sosiego
de darte buena industria en trazas raras
tanto saber alcanzas que mi fuego
presumas mitigar no es ageno
buen fausto que tan fácil cures luego
quizá que si y no en nigromancia
lo fundo que con diablos no hago tratos
ni de fuego en la gran piromancia
del aydro y geomancia grandes tratos
con el agua y la tierra no he alcanzado
Primores de saber nada baratos
Menos heromancia la he estudiado
que en el aire consiste su adivino
ni el arte chiromantico e tratado
tampoco se el tripudio solestino
que del picar los pollos pronostica
mas por auspicios tengo grande ímpetu
en el volar de un ave me implica
el vuelo con presteza o negligencia
si acaso aca y alla mas va y reaplica
desto alcanzo grandísima experiencia
que ya de un agorero viandante
un cierto tiempo supe aquesta ciencia
y si el decir de haber semejante
quieres experimentar aquí Saucino
para esto el aparejo esta delante
con este verderon que en el camino
casi cuando cortaba aquestas ramas
adivinar tus casos determino
extrañamente todos deseamos
saber ajenas vidas y secretos
y cien mil invenciones procuramos
A buen seguro pues con mis conceptos
no apunte a declararte aunque de agüeros
sepa mas que supieron los discretos
tages melampo prilis el verdadero
tiresias laocon calcas propteo
erifilo apolino y polidoro
brava afición mostrabas tu de niño
con este pajarillo que cogiste
saber lo que aun a mi no fió y creo
con todo quiero ver si lo aprendiste
Aquí toma el pájaro y le mata apretándole.
Muestra el pájaro acá. Está bien, Fausto, aprieta,
subida y mi experiencia conclúyese.
Gentiles son los medios que prometes.
Sangróte del ave ¡qué hay grande exceso!
Mira cómo sin fruto te entremetes.
¿Cómo podía aclarar mi suceso,
pues el suyo aquesta ave desdichada
no supo, y ni mediar su fin avieso?
Mal hará otra fortuna declarada
la triste, que la suya no ha entendido,
y por tanto la prueba no me agrada.
Vete a aguardarme, Fausto, allá al ejido,
que a solas he de hacer mi sacrificio
y no es bien ser más tiempo diferido.
Yo voy, pues el dejarte es más servicio.
Vase Fausto y echa los ramos de ciprés sobre el brasero y dice Saucino.
Manes y sombras que en descanso tácito
estáis en los elíseos campos floridos,
y cuyos cuerpos yacen por sus méritos
en esta estancia puestos en depósito,
mostrad a mis temores modos fáciles
de remediar a mi inquietud y molicie,
y pues que no miráis en la retórica
ni en qué orden, y indebidos toscos cantos,
sino a la voluntad sincera y ánimo,
no despreciéis mis sacrificios tímidos,
que no los hostiales y hecatombos,
armilustrios, jambales o litaurilios
os son, oh manes sacros, tan gratísimos
como este consual, aunque escasísimo,
cual le puede ofrecer un puro ánimo.
Y cual este ciprés y árbol lúgubre
se consume en esta llama próxima
mezclada de óleo, miel, leche purísima,
se consuman mis penas tan solícitas,
e intacta miel adulce algunas furias,
ablanda este óleo fiera a mi rígido,
me endulce la leche a suave término
para que salga a luz genio fantástico.
Mas ya de unos fuegos tan lucíferos
entiendo que salís, que son preámbulos
de mostraros benignas, blandas, fáciles,
no me engañaba, no, oh manes célebres.
Sale a la boca de la cueva Belianira amortajada, cubierto el rostro.
Saucino, la razón me aclara y clara
porque tu hija en tan prestado estado
mudado el traje en tal demanda anda,
de la verdad si es que procura cura
tu ánimo, y pondré al remedio medio,
de tu deseo satisfecho hecho
adquiera en el mayor disgusto gusto.
Pues me preguntas, oh sombra,
la causa por que en trocado
de varón traje y vestido
a mi hija he te ocultado,
juro por el sacro fuego
que el ave se está quemando,
y por los ramos rociados
de miel, leche, aceite santo,
de decirte la verdad
como me la has preguntado,
que bien sé que me examinas
pues te es notorio este caso,
de industria, para saber
en intención y si abonando
quiero con falsas mentiras
desculparte mis engaños
yerro sería no aclararte
pues cual digo ser bien llano
como Arsenio mayoral
que en esta Arcadia a su mando
tuvo ganados majadas
y los mas vistosos prados
al tiempo que se murió
herederos le faltando
quiso que de los parientes
lo heredase el mas cercano
con tal que tuviese hijo
varón que fuese heredando
y al que hijo le naciese
fuese al otro aventajado
que con mujeres Arsenio
grande enojo había cobrado
por secretos intereses
que nuncaquíso aclararnos
y asi Pinandro venía
a heredar todo este mando
si tuviese hijo varón
y a mi me hubiese faltado
pues su mujer y la mía
preñadas a un tiempo estando
parió la suya a Laurindo
mozo modesto y gallardo
y mi mujer a dos hijas
parto a mi querer contrario
yo biendo que a questa hacienda
tenía de heredar Pinandro
para Laurindo su hijo
que despues de mi es llamado
movido o ciego de envidia
al punto ocultando el parto
de mis dos hijas nacidas
la mayor he publicado
ser varón y belianiro
hice le fuese llamado
y a la otra diamaranta
que aun no sabe aqueste engaño
a las dos madres que he dicho
atajo la muerte el paso
dejando antes sus hijos
de Diana al culto casto
ves aquí la cierta historia
de todo lo que ha pasado
va Belianira creciendo
y con ella mi cuidado
por ser forzoso que el tiempo
descubra este caso extraño
que remedio tendré o sombra
en trance tan apretado
vuelve Saucino vuelve a la majada
que tu hija Belianira a darte gusto
y encubrirse sera por mi forzada
no obstante que en engaños es cansada
de lo que a de venir no digo nada
podrían ser sucesos sin disgusto
mas porque cumpliré lo prometido
en su forma fantástica ha salido,
y para más señal que asegure
de que Belianira de su parte
aunque del mundo todo se procure,
ella se encubrirá por contentarte.
Aquí se desatapa el rostro y se le torna a tapar.
Contempla en mí su propio rostro y dure
en sosiego tu pecho sin turbarte,
que bien sucederá, y adiós, que entro,
Saucino, a mi quieto y hondo centro.
Éntrase Belianira y echan fuego.
Belinira, es otro engaño.
¿Fuiste Belianira o sombra?
Sombra fuiste que me asombra,
tan incierto desengaño.
para ver si me ha burlado,
mas no, que el lugar sagrado
lo impide con llamaradas.
Entra Fausto.
Saucino.
Los pies son buenos;
pues de suerte me hallarás,
que cuando preguntes más
te pueda responder menos.
Fuego, aceite, miel y leche
vuelco, bien puedes andar.
Vanse y sale Belianira de la cueva.
Si me pensáis alcanzar,
haré que no aproveche,
que mis pies son tan ligeros,
que os ganarán el atajo,
y antes que lleguéis abajo,
estos serán los primeros.
Asómase una verdadera sombra de Artemio en la cueva y dice:
¡Espera, donde corres, burladora,
darás la fiesta ansí por acabada,
pues probarás a tu pesar agora
nuevo rigor sin vida libertada!
Que la suerte a sus muertos vengadora,
de religión tan poca hoy afrentada,
tu mucha libertad y el osar tanto,
trocará en sujeción de amor y espanto.
Éntrase la sombra.
Tomará arrepentimiento
tu áspera profecía,
y pues no falta osadía,
sobren las alas al viento.
Jornada segunda. Salen Laurindo y Diamaranta, coronados de laurel.
Muestra esos versos, acaba,
que a la caza compusiste,
como Laurindo, y creíste
que ya de amor me olvidaba.
Veré cuál tu pluma pinta
nuestra tal libertad
de amor y su ceguedad,
tan apartada y distinta.
¡Oh, qué gala, y cómo aprieta!
Al fin he de obedecer,
pues a solo tu querer
cualquier voluntad sujetas.
Compúselos, Diamaranta,
cuando fuiste el otro día
a cazar y mi poesía
del suelo no se levanta.
El componer es oficio
de los siervos de Cupido
y no del que está ofrecido
a Diana y su ejercicio.
Amor es también cazar,
pues lo causa la afición,
y así no hallarás razón
con que poder excusar.
Sácase Laurindo un papelillo en que lee este soneto.
Por no ser divertido el casto coro
del ciego amoroso torpe vicio,
eligió de la caza el ejercicio
venerando el pasado siglo de oro;
guardó con caza tanto su decoro
tomando la Diana por oficio,
que bien bastó a evitar el perjuicio.
El seguir con pena al oso fiero,
el flechar el corcillo temeroso
inventando en ramadas y paredes
modos son de escaparnos del flechero
Cupido cazador, que su reposo
pone en hacernos caza de sus redes.
A leerle me has forzado,
y para más no apurar,
quiero contigo le quedar
por necio y no porfiado.
Yo sé que muestro callando
lo que no sé encarecer;
dan mi pecho a entender
más la admiración no hablando.
Dichoso el que libertado
cual tribunal de amor.
Y ya es fastidioso dolor
haber al amor nombrado,
y mejor será cortemos
cada cual la más galana
guirnalda con que a Diana
su fiesta celebremos.
Cómo tarda Celianiro.
El que tanto se detiene
algún grande estorbo tiene
de que no menos me admiro.
Haced de estos ramos guirnaldas
que son muy frescos y hermosos
y de verdes más vistosos
que de finas esmeraldas.
Aquí cortan los ramos encantados y hacen dos guirnaldas.
Con un ramo se remata
la guirnalda que he empezado.
Pues la mía se ha cercado
de una sola larga mata.
Quita agora el casto lauro
si aquesta maravilla face
que cuanta falta te hace
con esto te la restauro.
Aquí quita la guirnalda de Diana a la pastora Laurindo y la corona con la de amor.
¡Oh, cómo estás muy lozana!
Yo, Laurindo, he de adornarte
con la que enlacé y quitarte
la guirnalda de Diana.
Corona la pastora a Laurindo y entrambos se estremecen y demudan.
Quedaos allá, lauros fríos
y inútiles, sin provecho,
baste que hasta aquí habéis hecho
seguir vuestros desvaríos.
¡Oh, dulce y sabroso amor!
Hay ventura, como sea
tributaria a tu poder.
No conozco otro señor,
si a Cupido y a la hermosa
Diamaranta aquíen adoro.
De su afición el tesoro
solo en Laurindo reposa,
¿cómo le diré mi pena?
¿Cómo aclararé mi intento?
Cuanto aprueba atrevimiento
la vergüenza lo condena.
¡Oh, mujeril osadía,
que solo hierve en los pechos,
pero llegada a los hechos,
al momento se enfría!
Si me atreveré a aclarar
el fuego que me consume.
Mientras el osar presume,
temor no le da lugar.
Decir quiero mi dolor,
si ha de curarse en vano,
es huir al cirujano
la mano de su rigor.
Señora, si lo barrunta,
que el rostro empieza a volverme,
con razón podrás perderme
si aclaro más la pregunta.
Sin falta que me ha sentido
Laurindo haber sujetado,
a qué es ver mi cuidado
y que el casto sea ofendido.
Laurindo, cuando la fuerza
no le impide resistencia,
no es de espantar su paciencia,
perder el sentido y fuerza.
Basta, ya lo ha barruntado,
y aunque casta, me consuela.
Él lo ha tomado a novela
y piensa que me he burlado.
¿Qué estás a solas diciendo?
Que acabes de declararte.
Digo que quería contarte
un sueño, si no te ofendo.
Dilo, que por no quedar
deudora, te pagaré
con otro que yo soñé,
pero no te has de enojar.
Por vencer el mío soñaba,
que aborreciendo al amor,
Cupido con gran rigor
de lejos me la juraba.
Yo, huyendo del flechero,
del enojo no hacía caso,
y en volviendo atrás el paso,
con rostro airado y severo,
apartándose huyó,
cuando me sentía abrasar,
y al tiempo que quise hablar,
con su voz la mía detuvo.
Díjome: "sola podrá
Diamaranta remediarte,
sin que Diana sea parte
a estorbar mi fuego ya".
Cuando aquí te coroné,
me acordé de aqueste sueño,
queriendo el amor, mi dueño,
como libre le ultrajé.
Diamaranta, yo me muero
de un nuevo sentir ardiente.
y el remedio a este accidente
de ti, señora, lo espero.
Efectos son del amor,
pues causará ya cuidado
el pastor hoy profesado
y así está en ti mi dolor.
En darme, pastora, vida
favor al que le excusas muerte,
y si no, dame la muerte
que también me será vida.
Laurindo, amor poderoso
que cielos y suelo sujeta,
quiere que le sea sujeta
por un sueño milagroso.
Cual tú soñé me burlaba
del amor y él me encendía,
y por remedio ponía
Laurindo en mi pena brava.
Esa gallarda presencia
donde muy clara se ve
que revelación nos fue,
pues muero de tu dolencia.
Estando en ti el remediarme
claro está he de procurar
en todo de te agradar
pues me forzó a declararme.
De mi fe te doy la mano
y de ser contino tuya.
No habrá deidad que atribuya
a mal bien tan soberano.
Dime si duermo, pastora,
y si acaso soy Laurindo
Cupido, aquíen hoy me rindo,
quita los sueños agora.
Aquí besa la mano a Diamaranta y la pone sobre el corazón
Mano llegada a la boca
y cercana al corazón,
escuchad dél su razón
como aquíen le duele y toca.
Hoy queda Laurindo ufano
y con muestras de tal fe
nadie le dará del pie
pues tú le diste la mano.
Entra Dorilo y apartado dice
Como estoy escarmentado
parésceme cuanto veo
ilusión de mi deseo
con quien vivo enajenado.
El rostro sin duda es cierto
de la que entre sueños vi;
llegaré... no, más de aquí
quiero esperar encubierto.
Apártase a una parte
Por ser tan bien empleado,
Diamaranta, en ti el amor,
da ocasión crezca un dolor
del tiempo que no lo hha estado.
Siendo yo por mi Laurindo
en vos veréis transformada
mi fe que de libertada
sujeta os la entrego y rindo.
¡Oh nuevo penoso caso!
¿Qué remedio podrá haber
si a mi afición y querer
otro le ha tomado el paso,
siendo tan favorecido
como a los ojos le veo?
si no es que otro devaneo
las visiones me han traído,
o tú, sombra, si me entiendes,
pues vine por tu mandado,
en haberme así burlado
muy mal tu deidad ofendes.
Aclara la oculta ciencia
de que me habló Belianiro,
porque ya venir me miro
a términos de impaciencia.
Suspiros oigo, Laurindo,
alguien nos está escuchando.
¿Por qué te estás ocultando?
El traje es cortés y lindo.
Si por estar convencido
de la razón no respondes,
¿por qué extranjero te escondes,
pues nadie te ha conocido?
Aquí hace señas de mudo Dorilo.
Dice que no puede hablar.
No le entiendo sus señales,
que de suerte de animales
nos da la tierra a mirar.
Si a la vista no se antoja,
Belianiro viene allí.
En todo conviene aquí
que se dé vuelta a la hoja.
Entra Belianira.
Consérveos el cielo santo.
¿Dónde, hermano, te has tardado?
Caso ha sido bien forzado.
Dorilo, cese tu espanto.
En sueño avisado fui
que te había aquí de ver.
Solo por te conocer,
Belianiro, vine aquí.
Más gracia no te faltaba
que hacer los mudos hablar.
En todo es bueno el callar.
Cuenta el sueño, hermano, acaba.
Mejor ocasión tendremos.
Gallarda está la librea,
de los ramos bien campea,
y fuerza es acompañemos.
Pero conviene digáis
he estado aquí entretenido,
que por haberme dormido
cierta falta disculpáis.
Como lo pide, lo haré.
Pues yo te quiero cortar
la guirnalda por probar
si a servirte acertaré.
Dénos un ramo, es curiosa.
Aquí corta Dorilo la guirnalda para Belianiro.
Ligeramente es atada.
¡Qué bien estará empleada
en cabeza tan dichosa!
Baja un poco la cabeza.
Aquí corona Dorilo a Belianiro, y ella se estremece.
Sientes, ya de qué te alteras.
Doris, no sé qué verás,
el alma hace un tropiezo;
la ocasión es el ardor
que la guirnalda me causa.
Pues quita, pastor, la causa.
No lo consiente el amor.
Esto dice a una parte desviada.
Solo Doris es bastante
a librar mi pena extraña,
seaquímera o él se extraña,
pues mi hermana está delante.
Vamos a nuestra majada,
zagales, do en más sosiego
deste repentino fuego
se vea su furia aplacada.
Los dos guiaremos delante.
Doris y yo seguiremos,
bien viene porque hablemos
en un negocio importante.
Según tenemos que hablar,
tiempo y ocasión nos falta.
Pues mi celo no se hará falto,
que bien tendrás que escuchar.
Vánselos pastores y salen otros a sa- ver: uno primero tañendo un tamboril y tres o cuatro pastores bailando; y otro pastor con un tabaque en que lleva los premios de las Olimpiadas pastorales de Diana, muy cubiertos con ra- mos.
El verde, fresco prado deleitoso
nos fuerza a que paremos, camaradas,
y hacer de la ración será forzoso.
Merecélo el lugar y su bordada
vestidura de mezcla de mil flores,
de la sacraquíetud feliz morada.
Resuene el tamboril con más primo,
y a este valle guardémosle sus fueros,
dese principio al baile. ¡Alto, pastores!
Aquí toca el tamboril y flauta, y dan- zan un poco los pastores, y sale el bo- bo con una mascarada de papel y un ramo, y Alcino y Saucedio, mucha- chos, con ramos tras él corriendo.
¿Por dónde va la danza, compañeros?
¡Paz! Que a ser con vosotros no topara,
que era imposible cosa el poder veros.
¡Qué bueno viene aquel bobo! Saca la cara,
no asgáis la carátula que ahora viso,
que os muestre la burleta, Alcino, cara.
Baste ya aquí el danzar, ¿qué digo, Aliso?
Que es tarde y esta cesta hará gran falta,
y nos valdremos menos, a repiso,
en la cabaña, y más firme y alta.
Tornan a tocar y sálense con los premios danzando, y quita Alcino muchacho el ramo al bobo y quédanse los dos muchachos con el bobo solos.
Suelta, Alcino, mi ramo, ¿qué te ha hecho?
¿Hácese otro mejor por dicha falta?
Dásele, Alcino hermano, ¿qué provecho
sacas de hacer gritar este inocente?
No más, cuanto encomiarme mi derecho.
Pues no se le he de dar, no es negligencia.
en tomar lo que yo tenía guardado
en una socavena de la fuente.
Alcino, testimonio eis levantado.
Andad de ahí, do estaba mi conciencia.
Si so ladrón, decí qué os he tomado.
Presto se acabará la diferencia.
¿No me hurtaste seis pipas y una flauta,
y un silbato de caña?
¡Qué paciencia
se ha de tener con vos! ¿De qué se enfauta?
¿No os di después las nueces para que un grajo,
y un tomito, y aun de palo os di una estatua
para hacer en la cueva del atajo
un altar, y después os me negastes,
dejándome acá fuera por badajo?
Pues no sabes decir por qué no entraste.
Porque no entré; a otros bien vi el hoyo
que a la entrada con ramos la tapaste,
para hacerme caer, ¿pensáis que no yo?
Dejad aquesto, vamos tras la danza.
Vamos, que si me alcanzas al arroyo
alcanzarás del ramo la esperanza.
Vanse corriendo, y entra Belianira sola.
Deja, Amor, de perseguirme,
si ya te obedezco, Amor,
que no es bien doblar rigor,
pues no te resisto firme.
Tus agridulces suaves,
sobresaltados contentos,
son los callados tormentos
que hablados son muy más graves.
Son glorias tus ansias fieras,
son gustos tus desvaríos,
ardores tus hielos fríos,
burlas tus cuidados veras.
Sombras, bien estáis vengadas.
Pues que no resisten sombras.
Bien vengadas estáis, sombras,
pues que no resisten sombras
las llamas de amor pesadas.
Aunque tan determinada
me veo en toda ocasión,
que esta muestra de varón
juzgo me vino apropiada.
El traje de Diamaranta
daba en mi fuego el remedio,
y sin duda que es buen medio,
pues que a todos se adelanta.
Pensé burlarte, Dorilo,
y ha sido dar con mi engaño,
para entrar en mi daño,
a tu propia daga el filo.
Junto lo vengo a pagar:
burlarte y quedar de veras
penando yo. Mas, ¿qué esperas,
Belianira, con tardar?
Entra Diamaranta.
Tus pisadas he seguido,
y tu escuro lamentar
de qué ocasión de espantar
para mí no poca ha sido.
Di, con el amor que tienes,
¿hácete cual a otros guerra?
¿Por dicha usurpa ya tierra
de tu libertad los bienes?
Oh Diamaranta querida,
¿el preguntarlo es de veras
o por mis propias maneras,
cual yo, te muestras fingida?
No fue sino que gustaba
a solas representar
de una pastora el penar,
y por burlas recitaba.
Retiréme a soledad,
que no quise ser oído.
Por veras lo habías tenido,
cierto tenéis propiedad.
¿Sabéis de amor algún dicho?
Que aquí dije no sé qué.
Tan al vivo lo juzgué,
que a mi pesar no es desdicho,
y digo que acá en mi pecho
hacía tanta operación,
que creía esa ficción
de aqueshe dicho ser hecho.
Gustaré me le digáis.
Hemos de trocar vestido
porque en todo esté cumplido,
si es que de oírlo gustáis.
Aquí nos quer señalado
este sitio a los premiados,
y seremos muy notados
de haberlos solos dejado.
Vamos, que excusa bastante
tengo para aquesta falta.
En ninguna cosa os falta.
Guiad, Belianiro, adelante.
Vanse, y salen por otra puerta Saucino y Pinandro a poner un zurrón en una rama, precio de la carrera, y salen después Aliso y Fausto corriendo y tras ellos Belianiro y Diamaranta, y Dorilo y Laurindo.
Aquí silban y entran corriendo Fausto primero y luego Aliso.
No parta nadie hasta haber colgado
el gallardo zurrón de aquesta raya,
premio con justa causa señalado
al que en correr vencido al otro haya,
el albo esuena Saucino más aventajado.
Viene el buen Fausto. Aliso, no pisas la raya,
no has ganado el zurrón. Fausto es desconcierto,
presumir de negar lo claro y cierto.
Digo que sin señal te adelantaste,
y tienes de volver a la carrera.
Si, Aliso, por más flojo te quedaste,
quieres lo disculpar de esa manera.
Basta ya, que a la barra le ganaste,
bien pisó la raya, y si otra cosa hubiera,
cree no la callara, amigo Aliso.
Otro juez del caso no requiso.
Ya está juzgado, causas grande espanto
que siempre al porfiar muestras tesón.
Por volver por mis cosas me adelanto,
y todas estas faltas las tenemos.
Si entendieras pesarte el perder tanto,
no corriera contigo, Aliso, os conocemos,
la paja veis en el ojo al compañero,
y en los propios no vemos el madero.
Llega el pastor con la cesta de los premios y dándolos.
En la lucha ganó el rabel Sireno,
y por ligero al salto fue premiado
Elori, que para andar tan suelto y bueno
se le endona el cinto tachonado.
Por la chueca también es de Sileno,
para guardar sus cabras, el cayado.
Entrégalos Alta, y por su orden,
porque en llegar aquí no haya desorden.
Aquí entra el bobo.
No se espera
de su merced que sea así agraviado;
donde se usa le dejen allá fuera.
En cosas del comer serás premiado,
dando con esto fin al sacrificio,
pidiendo al cielo su favor propicio.
Tornan a tocar el tamboril y sálense todos y los pastores, y queda Diamaranta y Belianiro.
Tened, hermana, el paso apresurado.
Seguid, que luego vamos, porque quiero
cumpliros, Diamaranta, lo rogado.
Por veros en mi traje ya me muero.
Ya sé que sea comedia bien gustosa.
Quizá burla hará un caso verdadero.
Danos aquella cueva una gozosa
ocasión al trocar de los vestidos.
Vamos, que a tal efecto es milagrosa,
haciendo mis deseos bien cumplidos.
Éntranse en la cueva a trocar vestidos Diamaranta y Belianiro, y salen Dorilo y Laurindo.
La causa y la novedad
del apartarte, Dorilo,
es por guardar el estilo
y leyes de la amistad,
cuyos fueros tú quebrantas
dando ruina al proceder,
ocasión para mover
mis no desayudadas plantas.
Y hago a los cielos testigos
cuánto mi penar aumenten,
pues más que propias se sienten
las cosas de los amigos.
Laurindo, ¿quién te escucha
antes que un rico varón
sobrepuje la pasión?
¿Adónde irás a parar?
Por mejor satisfacerte
tus razones con mis obras,
que ya que en hablar me sobras,
en hacer es bien vencerte.
No en arengas confiadas,
ni en tus airados rodeos,
te pintaré mis deseos,
pues de la razón te enfadas.
Solo digo que he querido
siempre, y hoy adoro y quiero
aquella que en verdadero
amor me ha correspondido.
Esta pues es Diamaranta,
aquíen el alma he rendido,
y aunque no lo he merecido,
en las pagas se adelanta.
No de lascivo deseo
ha procedido el amarnos,
antes gana de ligarnos
en los lazos de Himeneo.
Y pues tan claro lo has visto,
oh, advenedizo pastor,
¿por qué a mí, a ella y a amor
quieres mostrarte malquisto?
Si en el ser favorecido
de su hermano Celianiro
te confías, más me admiro,
pues de él no eres querido.
Y a su hermano al descubierto
con término lisonjero,
robar en piel de cordero
su honor, cual lobo encubierto.
Si fundándote en razón
cual no alcanzan ignorantes,
Laurindo, miraras antes
esa escusada opinión,
hallarás lo que me dices
poderlo decir a ti,
con cuya razón aquí
a ti propio contradices.
Si el nudo y lazo de esposo
pretendes, ese es mi gusto,
y a mí me viene más justo,
pues que alabarme es forzoso.
Bien sabes, aunque no quiero
satisfacer con palabras,
pues con las tuyas no labras
mi duro pecho de acero.
Y pues la noche es llegada
de su manto igual oscuro,
hago más cerca do muro,
y este sitio sea estacada.
Lo quedará averiguado
con tu muerte o con la mía,
en tan dichosa porfía
quien hha de ser el premiado.
Aquí desenvainan las dagas y pelean.
Conmigo ya es caso llano,
del dilatarme fastidio,
solo, Dorilo, te envidio
que me ganaste por mano.
Más que el hierro cruel con que resistes,
es bastante a rendirme el vergonzoso
yerro, traidor Dorilo, que intentabas.
Laurindo, a tiempo somos do no valen
las limadas razones de retórica,
sino del brazo ejecutor del pecho
la muestra de las fuerzas con las obras.
Con tu muerte, hoy infame, con tu muerte
has de pagar el vano atrevimiento,
aunque por el de infamia te reservas.
Por el alto deseo a que aspirabas
no merece alevoso que tu alma,
aquíen por competirme hoy la ennoblece,
siendo ya en Diamaranta transformado,
salga por esa boca fementida,
antes con esta daga y este golpe
la abriré otro camino más decente.
Sale Diamaranta y Belianiso, trocados los trajes
Sin falta, aunque la oscura, negra noche
los rostros nos encubra y solo deje
los bultos, que las voces, Diamaranta,
de Laurindo y Dorilo son, que airados
en contienda mortal están metidos.
Pues no hay lugar al destrocar los trajes.
Acude, Belianiso, no se maten,
y claro es que por nuestra semejanza
no caerán en el trueco. Teneos, amigos.
Tente, Dorilo, tente tú, Laurindo,
así desconocéis cómo los tiene
la cólera turbados los sentidos.
Nadie intente estorbar la muerte justa
que con justa razón le está guardada
al que la vida gasta en mil traiciones,
y aunque de Diamaranta la apariencia
toméis, es excusado, sombras vanas,
estorbar la venganza de mi pecho.
Sombras palpables somos que forzamos,
si la ley de amistad no se os olvida,
a que vengas, Dorilo, a tu albergue
conmigo sin que pongas más excusas.
Mira que aquí ya adviertes lo primero
que expidió en su vida Diamaranta.
Yo obedezco, pastora, lo que mandas.
Vanse los dos, Belianiso y Dorilo.
Y tú y yo, Laurindo, vamos a tu estancia,
y de ver complacer a Belianiso,
pues contino piensa de agradarte
en las cosas mayores de tu gusto.
A ti que ver me he rendido,
y también porque me ha dado
tiempo el lugar apropiado
para ser de mí advertido
deste revate y rencor.
Las cosas que más te importan
son la causa que en ti acortan
del todo, amigo, el honor;
ya sé que estás satisfecho
de amar conmigo a Lidia,
buen Belianiso, la envidia
ya es notoria a mi pecho.
Laurindo, por no estorbarte
de nuevo con mis razones,
esas sanas intenciones
que muestras, no he de alabarte.
Y pues que lugar tenemos,
di qué nueva alteración
causa que en mi defensión
muestres tan vivos extremos.
Un venderse por tu amigo
quien tu deshonor procura,
cautela con que asegura
sus propias el enemigo.
Este es el falso Dorilo,
advenedizo pastor,
que a la tela de tu honor,
cual Átropos, corta el hilo.
A Diamaranta, tu hermana,
a tu hermana Diamaranta,
muestra, con nota que espanta,
afición lasciva y vana.
Acaríciale tú tanto
y dale segura entrada,
Celiano, en tu majada,
acrecienta más espanto.
Pon con tiempo cura y tasa
en este desasosiego,
antes que se encienda fuego
que abrase toda la casa.
Si celo honroso te inflama,
como aquíen toca más parte,
has de alabarme aclararte
esta mi celosa llama.
Laurindo, he venido a dicha
esta tan buena ocasión
para que mi pretensión
por mí a solas sea dicha;
y por el poco lugar
que nos da el tiempo tasado,
hame de ser bien forzado
la plática apresurar.
Diamaranta, que te quiere
y se ha dado de esposa,
sintiéndose tan dichosa
con la ventura que adquiere,
me ha dicho lo que pasaste
como aquíen desea su gusto,
para que apruebe por justo
la fe que los dos prendasteis.
Por tus partes y el amor
que tengo y tendré a mi hermana,
digo que acepto de gana
su casamiento, pastor.
Verdad es que al forastero
Dorilo muestro amistad,
bien descuidado, en verdad,
de su trato grosero.
Porque ya se ha notado
de Dorilo el vano intento,
aunque con recatamiento
muy sobre aviso he andado.
Pero yo le acortaré
sin que se note su entrada.
Como al serme compensada
tu afición, acertaré.
Como, pues, la lengua falta
de la sobra del placer,
te podré aquí agradecer
merced tan subida y alta.
Siempre entendí, caro amigo,
pero más diré en callar,
que no se podrá acabar
la plática si prosigo.
antes de lo que ha pasado
entre nosotros agora
ten secreto hasta la hora
que por mí te sea aclarado
y el alto cielo divino
nos dé su favor amigo
queda en tu albergue que sigo
hacia mi hermana el camino
entra se diamanta y Laurindo y sale Dorilo y belianiva en el traje de diamaranta
quien en dicha y suerte tanta
no enloquece de placer
que es posible puede ser
que me quieres diamaranta
y que el amor le confirmes
con el título de esposa
y en la rueda presurosa
fortuna con clavos firmes
por tuya alegre me rindo
y para más agradarme
Dorilo no has de mentarme
ese enfadoso Laurindo
que si le hablo te digo
eso es solo por cumplimiento
que en lo secreto le siento
por declarado enemigo
siendo la noche llegada
a la mitad de su vuelo
te espero dulce consuelo
que vengas a mi majada
a cualquier seña saldré
como en ocasión mejor
que si en mí vive el amor
entiende no dormiré
queda a Dios porque no venga
Belianiva adonde estamos
y del secreto que hablamos
alguna sospecha tenga
él te guarde y yo le ruego
que en tan dichosa ocasión
tanto bien no sea ilusión
que amuerte a mi sosiego
Jornada tercera salen Laurindo y Dorilo mirándose el uno al otro riyéndose y señalándose con el dedo
del todo puedes ya desengañarte
tú eres Laurindo solo el que te engañas
pues amor se ha mostrado de mi parte
quien te enreda Dorilo en mismas tramas
quien te enreda Laurindo quien te engaña
en remediarme piensas que me dañas
mira como ventura amor te niega
pues soy con Diamaranta desposado
y Belianiva es más el que lo allega
yo soy ese Laurindo ya me ha dado
Diamaranta la fe de ser mi esposa
y Belianiva ya lo ha efectuado
quieres lo ver hágase aquí una cosa
si ya te pone atrevimiento esfuerzo
que no será al hacer dificultosa
Ven conmigo esta noche, aunque me fuerzo
a gran muestra en llevarte, pues en ello
del secreto camino el orden tuerzo;
al hoyo claramente podrás vello,
sin que se alterque aquí con más razones;
lo que él ve y no habla, echará el sello.
A gran muestra, Dorilo, te dispones,
contigo iré por ver tu desvarío,
para que tengan fin tus pretensiones.
Quedando así, me voy.
Y yo confío
de darse a conocer que son embustes
cuanto publicas falso a tu albedrío.
Vase Dorilo y quédase Laurindo muy pensativo.
Tente, ¡oh, pecho!, ten, ten, no disgustes
en Diamaranta el fin de mi esperanza,
miras bien, Laurindo, que recelos gustes.
Mujer es Diamaranta y la mudanza
torna a pensar...
Puede mucho, no es mujer, es diosa,
de Venus no se tuvo confianza.
Hacer quiero una prueba bien curiosa,
para ver si el amor de Diamaranta
es fingido, que no hay dificultosa
muestra que un firme amor no la quebranta.
Sale Diamaranta.
Laurindo...
Señora mía,
aunque no sé si queréis
el serlo ya, pues habéis
mudado de fantasía.
¿Es por ventura disculpa
de haberos tardado tanto?
Disculpa o no, con mi llanto
he lavado una culpa.
Mi culpa nadie la alcanza,
y si más no os declaráis,
sospecharé que buscáis
color a alguna mudanza.
A la que hacéis, alterado,
de aquella fe que me distes,
la buscáis vos.
¿Qué dijiste?
Que presto habéis olvidado.
Olvidar, vos sois testigo
cómo os puedo yo dejar,
pues cuando os queráis buscar
os habéis de hallar conmigo;
y aunque perdida que seáis
empleado toscamente,
desto disculpa consiente
la fe que desconocéis.
No hay cosa al gusto cumplida,
todo es lleno de recelos,
pues délos el amor, délos,
aunque más quiten la vida.
Sin falta, aqueste es engaño
de Dorilo, que ha afirmado
la palabra le habéis dado
de su bien y de mi daño.
Afirmó que sois su esposa,
siendo a todos preferido.
Harto me habéis ofendido
en creer tan necia cosa.
y sino es que os burláis también
como él de vos se burló,
mejor lo sabéis que yo,
y aunque lo propio miden,
si por mi hermano no fuera,
que le trata como amigo,
ese cansado enemigo
con muerte el pago tuviera.
Si soy solo quien queréis,
y aquíen disteis fe de esposa,
haced por prueba una cosa
con que me desengañéis.
Con solo el no rehusarlo
mis sospechas son inciertas,
y vuestras promesas ciertas,
haciendo claro el mostrarlo.
Si hacer aquesto aprovecha
para prueba de mi fuego,
cumplirélo al punto luego
por quitar vuestra sospecha.
El que luego a rebozada,
si el ser yo vuestro es ganancia,
vengáis conmigo a mi estancia
que os está aparejada.
Sabrán que sois mi mujer,
y en esta celosa tema
se romperá la postema
que me hace padecer.
No hay estorbo, no hay temor,
inconveniente, recelo,
ni ha criado cosa el cielo
que contradiga al amor.
Desde rebozada
cual queráis, yo os seguiré,
porque descumbra la fe
la obediencia a la mordaza.
Esa prometo de nuevo.
Sola aquesa me asegura.
Vamos pues de la ventura
y de amor el lauro llevo.
Y meneo, a cuyo cargo
queda el volver por mi honra,
si esto en algo me deshonra,
a ti toca el dar descargo.
Vanse, y sale Clori con una bocina a recoger los pastores de noche.
Pues ya el dorado Apolo está bañando
sus rubios cabellos presuroso
en las tartesias aguas, y mostrando
sale la noche el rostro tenebroso,
y el fingido Morfeo va empezando
a ejecutar su oficio temeroso,
de con horrendas formas y visajes
hacer a los que duermen mil ultrajes;
bien será, oh Clori, atiendas en el cargo
que de los mayorales se te encarga,
pues ninguna disculpa habrá descargo.
Al ocio perezoso cuando carga,
y pues de honor y diligencia cargo,
no es bien que dé a través la honrosa carga
a las obras, si soy la centinela
que avisa al que el ganado al campo vela.
Esta peña que guarda la majada
del mayoral Saucino es más segura,
y a aqueste menester viene apropiada
por su comodidad y grande altura.
Toca la bocina.
Bien suena la bocina concertada
esta con la serena noche escura.
Al recoger, al recoger, pastores,
guardad, guardad los lobos robadores.
¡Hola! atraigan todos el ganado
al aprisco y estancia señalada,
para que lo vacuno sea ordenado
y a través del lobo esté guardado.
De adentro dice Ergasto, un zagal desfavorecido que viene y sale luego.
¡Ahao, ao!
¡Hola, ao!
¡Cómo has tardado
tanto en el avisar, que ya es pasada
gran parte de la noche, Clori amigo!
Por ser tú, Ergasto, no te contradigo.
Tú, Dolinda, infanta, no ha querido
darte ningún favor, que triste vienes,
juzgando ser agora anochecido
antes de tiempo.
¡Qué malicias tienes!
Espera, Clori, lo hagas entendido.
A Dios te do.
Dé Dios sus bienes.
Vase Ergasto, zagal desfavorecido.
Pobre zagal, temprano le anochece;
este no ser querido lo enloquece.
Sale otro zagal favorecido llamado Aliso.
¿Qué es esto, Clori? Di, ¿qué te apresuras,
si el claro curso el día aún no ha acabado?
¡Oh, Aliso, alegre vienes! No hay escuras
noches de amor que anublen tu cuidado;
de mil favores gustas y dulzuras,
en tu hermosa Orompilia transformado.
Desmientes, Clori, que si no avisaras
juzgaba las tinieblas luces claras.
No sé cuándo es la noche, porque el día
y luz de mi contento la esclarece;
no hay tiniebla que turbe mi alegría,
ni favor que Orompilia no me ofrece.
Cuanto en Ergasto la melancolía
es mayor, tu ventura más florece;
como el extremo blanco hace el negro.
A Dios, que en celebrar la tuya me alegro.
Vase Aliso y entra Tirsi llorando, y Fausto con él.
Dos cabritillos dan tal desconsuelo
y ocasión, Tirsi amigo, de tal llanto.
Sí, Fausto, que es en todo mi consuelo.
Tan pocas cosas no las sientas tanto.
Fausto, ¿qué causa a Tirsi el triste duelo?
No sé, Clori, qué diga, dél me espanto;
dorados cabritillos, que escondidos
deben de estar y piensa son perdidos.
y como que lo son entre un gran risco,
quedaron sin que industria me valiese,
Clori, para tornarlos a mi aprisco
por más que a mil peligros me pusiese.
Un mi ardor, negras matas de lentisco
fue causa, ¡ay triste yo! que las perdiese.
Y que tú llores engaño no parezca.
Es pena que no es mucho me enloquezca.
Diómelos mi Celinda el mismo día
que nacieron; entrambos en su manto,
en esta mano cada cual comía
y pagaba lamiendo el amor tanto;
dos esquilillas de oro les tenía
cambiadas no sé a qué con amaranto,
para dos collares pespuntados,
en cueros de cerbatos baforados.
No te pene, buen Tirsi, que en punto
que el aurora nos muestre el claro rostro
yo los iré a sacar, aunque difunto
quede en la empresa, mira si la arrostró.
Y yo, Clori, me he de hallar contigo junto.
A una y otra voluntad me postro.
Pero escuchad, ahí Liro, que alternando
viene acá.
Como suele, irá burlando.
De contino, con Enelcha la hermosa.
Entra Liro, pastor burlón.
Y Liro, ¿qué hay de nuevo?
Un caso extraño.
Si es tuyo no será de mucha estofa.
Dejad las burlas, oíd un grave daño.
Yo no me paro a oír aquíen siempre mofa.
Vase Tirsi solo.
Ve con Dios. Clori y Fausto, no os engaño,
oíd una desdicha, ¡ah infelice suerte!
¡Oh temerosos trances de la muerte!
Ya habréis visto, zagales, cómo suelen
subir exhalaciones de la tierra,
digo los dos vapores hasta el cielo,
uno cálido y húmedo, y el otro
cálido y seco, que cual más ligero
sube a lo alto a la región suprema.
Ya habréis visto, en llegando a encender
llamas, fuegos, cometas y dragones,
y otras señales graves prodigiosas
que en el aire se ven y nos admiran
por no tener noticia de sus causas.
Pues sin duda habréis visto que alterarse
estos secos vapores en las nubes
causan los truenos, rayos y relámpagos,
por causa que por ser las nubes húmedas
cual contrarias en una retirarse,
y los secos vapores forcejando
las rompen por las partes más sutiles;
aquella exhalación que ha ya rompido
la nube hace el relámpago espantoso,
el trueno hace el rumor por la gran fuerza
que muestra al procurar de la salida,
ya que lo más espeso condensado.
d'esta materia viene a ser el mayo,
cual agora veréis si alzáis los ojos,
y a lo veis, si lo veis, no me va en ello
nada, si solo el dar dos pescozones.
Alzan hacia arriba el rostro Clori y Fausto, y dales dos pescozones, y vase huyendo.
Ya te dijera un burlón.
Tengo por bien empleado,
Fausto, el haberme burlado
con tan discreta lición,
que en estremo deseaba
saber tal filosofía.
Yo no tanto, a costa mía,
que la mano le pesaba.
Que no me la irá a deber,
que a fe que lo ha de pagar.
Vamosle, Fausto, a buscar,
que aquí no hay más que atender.
Vanse y sale Dorilo al concierto de Belianira.
El plazo es allegado
de mi gustosa gloria no esperada,
donde será aliviado
el peso que la airada
suerte cargó en mi vida disgustada.
Solo a la acrecentarla
falta Laurindo para ver su daño,
mas no es bien injuriarla,
porque este desengaño
verá en otra ocasión, si es largo el daño.
Aquí cecea Dorilo recio.
La seña concertada
fue aquesta, ¡oh, sumo bien!, y a la atendida
madre de amor sagrada,
dulce alado Cupido,
vuestro favor de nuevo imploro y pido.
Aquí sale Belianira arrebocada a la puerta con otro traje de Diamaranta, y mete en su cabaña por la mano a Dorilo, sin decir nada. Y sale Pinandro, viejo, y Laurindo, su hijo, y Diamaranta, arrebocada, que los ha hallado y sentido juntos a los dos.
Tú eres mi hijo, eres mi enemigo,
violador de la honra y de la fama,
del trato deshonesto más que amigo.
Descúbrase quién es la honesta dama,
quién es, di, esta lasciva concubina,
que al trato de la casta Diosa infama.
Padre Pinandro, cosa es a ti indina
de tu gran cortesía sea ultrajada
la que de honor y de respecto es dina.
A mí solo se estienda tu enconada
plática y de palabras, ni de obras
deja de mal tratar quien no es culpada.
¿Replicarme has atrevido, y bríos cobras
de responderme?
En esto no te ofendo,
falta será el callar, si en hablar obras.
Satisfacerte tanto, padre, entiendo,
que no me culparás, sabiendo el caso.
La cólera me incitas respondiendo.
El poderoso amor torciendo el paso,
y ciego presupuesto a mi deseo,
mostrándose a mi bien largo y no escaso,
hizo que en los lazos de Himeneo
gustando tú de aquesto, cual es justo,
creciese más mi dicha en este empleo.
Colmó con gran ventaja todo el gusto,
que en gustos lleva el lauro y se adelanta
a lo que a mí sin él fuera disgusto.
Aquesta, pues, oh padre, es Diamaranta,
que con título y nombre de mi esposa
con la suya pagó mi afición tanta.
Su antigua casa no es menos honrosa
que la nuestra, y le excede en más riqueza,
así que pierde la ira fastidiosa.
Pues donde se atesora la nobleza
de que te admiras, Pinandro, en trance malvado
que confuso me tiene esta extrañeza.
Éntranse los dos y dice Pinandro.
Yo voy a dar el medio más honrado
a vuestra liviandad para que sea
Saucino en esto menos agraviado.
Como si pasión manda y señorea,
saca de tino a un ánimo sereno,
aunque más la razón, a lo que veo;
tampoco aquesta cólera condeno
por el término oculto que ha venido
aqueste casamiento, aunque sea bueno.
Laurindo en suerte mala no ha venido
y bien a mi contento, aunque conviene
disimular y hacerme inadvertido,
pues Saucino a su estancia agora viene.
Entra Saucino y prosigue Pinandro.
¿Cómo, Saucino, un hombre de tu prenda,
que con tanto decoro ha conservado
el título de honra sacrosanto
con que son los renombres inmortales,
ha mostrado tan poco advertimiento
en las cosas mayores de su casa?
Quíerome declarar, que no conviene
el dorar y encubrir lo que ya el tiempo
ha descubierto a costa de tu fama.
¿No has sentido, oh Saucino, de tu hija,
de tu hija Diamaranta los amores
con mi hijo Laurindo confirmados
en maridables lazos de Himeneo,
ocultamente siendo amor la causa?
En mi albergue los dejo en este punto,
cual de su unión testigos envidiosos
que han visto de este amor la muestra dada.
¿Qué dices, di, Pinandro? Por ventura
¿júzgasme por ajeno de juicio,
o del licor de Baco tan devoto
que vengas a ensayar en mí esas burlas?
Como burlas el caso no es sujeto
que consienta burlar, y tú bien sabes
que jamás fui de humor de andar mintiendo,
y más con juegos graves y pesados.
Torno a decir, Saucino, que a tu hija...
¿A Diamaranta?
A Diamaranta digo,
dejo en mi casa bien ajeno de esto,
con Laurindo, mi hijo, desposada.
como digo por ti, lo cual no dudo
Sin replicarte entiendo con la vista
daba a entender Pinandro que engañabas;
bien podrá Diamaranta estar de afirmar
si la deje a este punto en mi majada.
yo voy por ella, aguarda, porque sean
deshechos los antojos que te turban.
Vase por ella Saucino allá dentro
Esa experiencia tuya hará mas clara
la verdad que te digo, con que entiendas
no ser en nada vanas mis razones.
¡Oh enredador, oh falso niño ciego!
¿qué de ilusiones trazas, qué de engaños,
qué de embustes, mentiras, diligencias,
tratos doblados, publicas marañas,
a cada paso inventas con que ciegas
no solo a los amantes que te siguen
pero a mis tristes padres que procuran
el acrecentamiento de sus hijos?
ruido suena a dentro, grandes voces
son las que da Saucino, si por dicha
se ha soltado del Érebo espantoso
alguna de las tres hermanas negras,
o la espantable sierpe fierechine
que siembra en nuestra Arcadia sobresaltos
sin falta que ha echado menos a su hija
y la razón con causa desentona
la débil voz en sus maduros años.
Dice Saucino desde adentro
Cualquier que seas, falso, no te encubras,
que con la vida aleve has de hacer pago
a la infamia tan grande que me has hecho;
señores, Diamaranta es ya mi esposa,
a mansalva furor que anoche he violado
su honra si por propia la poseo.
Estraño caso, digo que sin duda
algún burlón espíritu maligno
me repite este son que hoy agora
dentro de mi majada Atania,
pues no es posible haber dos Diamarantas,
el corazón se turba y alborota,
y mi antigua sospecha mas me enciende.
tente, Dorilo.
Sale Dorilo corriendo
luego al punto vuelvo
con medio que a este caso se le ponga.
Vase Dorilo y sale Saucino con Belianira tapada con una toca
Descúbrete, perversa Diamaranta.
Aquí se descubre y ven ser Belianira
¡Oh santo cielo!
¡Oh nefando engaño!
aqueste es Belianiro que ha tomado
de Diamaranta el traje, ¡qué espantosos
monstruos son los que crían nuestras amas!
hombre con hombre en mujeril vestido,
fuego del cielo abrase tal insulto.
Bien me tiene Pinandro el presupuesto
que Belianira soy no Belianiro
pues ya ordenado del cielo se descubra
Calla perdido soy ya es descubierto
el engaño que hasta agora he procurado
cubrir que en esta falsa que en efeto
cual mujer inconstante dio la muestra
Ya es notoria Saucino tu cautela
este caso engañoso ya es sabido
con que la hacienda toda has usurpado
a Laurindo mi hijo que por falta
de tener tu varón el la heredaba
como Arsenio en su muerte lo dispuso
Llanas son las disculpas, Pinan, no te ausentes
seguir te tengo donde quier que vayas
entrate en tu majada Belianira
Vanse el uno tras el otro y entrase Belianira y sale Laurindo solo y dice.
Mi padre tarda y o sera forzoso
acudir al remedio de este caso
Entra Dorilo solo y dice.
No quiera Dios Dorilo desampares
a Diamaranta en tan penosos males
sigadlos dos conformes y igualmente
Dorilo a donde vas tan presuroso
quiero me disculpar haber faltado
del ir contigo a vengar concertamos
como de Diamaranta eras querido
admitiéndotelo en su majada
porque como yo amigo no burlaba
te gané por la mano pues ha estado
Diamaranta conmigo desde el tiempo
que Dorilo de mi te departiste
y en mi casa la dejo cual mi esposa
escarmentada bien de tus mentiras
A Diamaranta.
A Diamaranta digo.
A Diamaranta.
Si, de que te ríes.
Aunque no es ocasión de estar riendo
asi tus engaños me provocan
mira pues a Diamaranta esta en mi casa
y con ella he pasado aquesta noche
Agora veo sin falta que as perdido
el juicio del todo o como estuve
necio en creer un tiempo tus sospechas
mas nadie las hallarán declaradas
como mi Diamaranta que de paso
presurosa do estamos se endereza
Sale Diamaranta sola.
Laurindo.
¡Oh, mi querida Diamaranta.
Enfadado Dorilo aun a esta hora
te das a no cansarme Dorilo ¡oh, cielo inmenso!
si por desampararte asi te vengas
hícelo Diamaranta por dar medio
mas cómodo al enojo de tu padre
No acabas de entender que estas soñando
Tu estuviste conmigo infame loco
Sale Saucino, Pinandro y Belianira.
Saucino, no hay excusa.
¡Oh, mi Dorilo!
Dos Diamarantas, ¡ay!
Tal novedad aquesto más la abona.
Echan unas llamas de debajo, y a la llama sale el alma de Arsenio.
Cesen, Saucino, cesen ya, Pinandro,
los reñidos debates marañados
que el amor ha ordenado en vuestros hijos,
y en aqueste Dorilo, que su padre
es el gran sacerdote de Diana.
Mirad que os pide aquesto el alma triste
del mayoral Arsenio, vuestro amado,
más cercano pariente que tuvistes,
que aquí, por permisión del dios Cupido,
le fuerza su mandato a despartiros
de las reñidas amorosas tramas.
Manda, pues, que a su templo vais al punto,
donde quiere con gusto hacer las paces,
dando lugar se admire Diamaranta
de ver que Belianira es su hermana,
sin que jamás por ella se entendiese,
adonde, por ser claro, no os refiero
que en los casamientos concertados,
do el mismo dios confirmará en llegando,
case Laurindo con su Diamaranta,
y Dorilo también con Belianira,
dejando a todos dellos satisfechos,
repartida mi hacienda a vuestro gusto,
con que hace fin la pastoral Arcadia.