digitanler Text von Lan grann panstoranl de Arcandian | BITESO
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digitanler Text von Lan grann panstoranl de Arcandian

Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026

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Comedian
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La gran pastoral de Arcadia. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-gran-pastoral-de-arcadia.

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LA GRAN PASTORAL DE ARCADIA

Stanrt

Pang. 1

Comedia intitulada la gran pastoral de Arcadia.

Figuras siguientes.

Personas

El Desasosiego, ministro de Cupido.

Fantaso, ministro del sueño.

Saucino, viejo pastor.

Belianira, su hija.

Diamaranta, su hija también.

Dorilo, pastor.

Fausto, zagal.

Una sombra.

Pinandro, pastor.

Ergasto, zagal.

Liro, pastor burlón.

Laurindo, pastor.

Un pastor.

Otro pastor.

Floro, pastor.

Aliso, pastor.

Un bobo.

Alcino, muchacho.

Saucedo, muchacho.

Flori, pastor.

Tirsi, pastor.

Mancarrón, pastor.

Pang. 2

Página en blanco. Solo se aprecia la tinta traspasada del folio recto.

Jornada primera

Pang. 3

Primera Jornada, sale el Desasosiego, mi- nistro de Cupido, con una hacha encendida en la una mano y en la otra unos ramos de arrayán y un retrato de la pastora Diamavanta, y Fantaso, ministro del sueño, que vienen de la casa del sueño, que es debajo del tablado

Desasosiego.

No el lamado Aqueronte ni de Morfeo

escogidos visajes espantosos

para cumplir, Fantaso, el gran deseo

de Cupido en sus casos tan forzosos

como es representarme hombre y feo

perturbando los sueños más gustosos

cual ministro del Sueño, hijo de Herebo.

Pues ya notes, Fantaso, oficio nuevo,

viste que dije al Sueño, su criado

de Amor, que a cielo y suelo los sujeta

siendo Desasosiego intitulado

por la llama que el alma me inquieta

cuanto a Cupido amigo he ayudado

Fama en el pregonar lo no secreta

cuyos efectos tengo de contarte

y verás quién se atreve a su estandarte.

Poner por tierra muros y ciudades

escalar altas casas encerradas

llevar a efecto horrendas crueldades

romper de firme fe palabras dadas

abrir una ancha puerta a liviandades

cerrar la a las razones concertadas

causar en corta vida larga muerte

son efectos de Amor.

Fantaso.

Sí, es fuerte.

Desasosiego.

Dar osadía al más cobarde pecho

al más fuerte turbarle con temores

quedar siempre quejoso, satisfecho

y aunque sin merecer con mil favores

volverse el sufrimiento en un despecho

y jamás conocer claros errores

del gusto que en disgustos se convierte

son efectos de Amor.

Fantaso.

Sí, es fuerte.

Desasosiego.

Un ver al ojo el vano ciego engaño

y poner en buscarle su contento

abrazar y querer al propio daño

no curando de aviso ni escarmiento

un no entender el claro desengaño

y aunque se entienda, por seguir su intento

del lance apenas que divierte

son efectos de Amor.

Fantaso.

No es poco fuerte.

Desasosiego.

Lealtad, traición, con inquietud sosiego

agro y dulce trabajo, pena y gloria

salud enferma, frialdad en fuego

paz que una guerra, no tener memoria

Pang. 4

Desasosiego.

Risa y lloro en un punto, trato ciego,

soberbia con humilde vanagloria,

celos, sospechas, triste, alegre suerte

son efectos de amor, Fanta, no es poco fuerte.

Desasosiego.

A tan grande poder, extraño caso,

Diana entre los dioses le hace guerra,

y acortando a Cupido el largo paso,

cuando más le resiste, más le atierra.

No quiere a su venganza ser escaso;

su intento es desterrar quien le destierra,

y hoy nos pone a los dos por instrumentos,

fiando en nuestras obras sus intentos.

Ha entendido en las fiestas de Diana

ser uno de sus sinceros pastores,

de no estar por su diosa soberana,

nuestro invencible autor de los amores.

Aquesta gente altiva que profana

el señorío de amor, estos pastores,

a estos pastores quiere castigallos

y hacellos de Diana sus vasallos.

Aquí le da el retrato.

Desasosiego.

Toma esta tabla donde está pintada

al vivo la pastora Diamaranta,

que en sueños ha de ser por ti mostrada

a Dorilo, un pastor que se adelanta

en servir a Diana, y va trazada

por manos del amor con fuerza tanta,

que en viéndola sin falta será luego

encendido Dorilo en nuestro fuego.

Fantaso.

Pues, ¿cómo en estos montes apartado

vive aquese Dorilo de un vaquero,

padre que es sacerdote del sagrado

culto de Diana con sincero

pecho, quería dejarle acomodado

y que en su oficio el hijo sea heredero?

Todo este intento estorba este retrato,

cambiando en el de amor el casto trato.

Fantaso.

¿A qué efecto, me dirás, oh ciego,

traes del ara para las ramas largas?

Desasosiego.

Son para convertir en vivo fuego

y apremiar con lascivas gran congojas

los castos pechos, porque el niño ciego

quiere que suspiros den amargas

los que más le resisten.

Fantaso.

¿Puede dar de qué suerte?

Desasosiego.

La traza es harto clara.

Aquí planta los ramos el Desasosiego.

Desasosiego.

Arderán en amor con estos ramos

los que con ellos fueren coronados

por quien les coronó.

Fantaso.

Bien los dejamos,

Desasosiego hermano, aquí plantados,

y puedes aguijar, que nos tardamos.

Ya tengo tus designios bien notados:

qué efectos son de Amor en un instante,

hacerme tan astuto de ignorante.

Éntranse, y sale Saucino, viejo, y Belianira, su hija, en hábito de pastores.

Saucino.

Sabe el imperio ciego, Belianira,

mas nadie nos escucha, Belianira,

el escondido blanco adonde tiro.

Forzoso es conservar esta mentira:

de varón, digo, el traje con que hoy andas,

que tantas muestras das de gracia y brío.

Pang. 5

Saucino.

Cesen, querida hija, tus demandas

y el pretender saber la causa en esto,

que mientras ruegas más, menos me ablandas;

torno a advertirte que en lenguaje honesto,

estando en juntas de hombres y mujeres,

finjas ser mozo despejado y presto.

Escusa dellas las que más pudieres,

mira bien si me importa este secreto,

pues que varón tu hermana piensa que eres,

y sabe, Belianira, que a este efeto

a consultar me parto a aquella cueva

do las manes están en ser quieto;

fáltame solo hacer aquesta prueba

para tener segura mi sospecha,

que mientras vas creciendo se renueba.

Alguna mane o sombra satisfecha

dará al confuso pecho algún descanso,

que siempre el consultar las aprobecha.

Belianira.

Nuestro dios pastoral benino y manso

responda a tu contento, padre mío,

y perdona si en esto ya te canso;

no quiero seguir más que tu albedrío,

cuanto, Saucino padre, aquí me hordenas,

pues nunca de tu gusto me desvío.

Y las almas de aquellas gentes buenas,

cuyos cuerpos pisaron este suelo,

te den de bienes esperanzas llenas.

Saucino.

Dellas espero el bien de mi consuelo,

quédate en tanto a hacer lo necesario

de la fiesta de Cintia.

Belianira.

Guíete el cielo.

Vase Saucino a sacrificar a las manes.

Belianira.

¡O estado feminil mudable y vario,

amigo de saber cuando se veda

mucho más una cosa al contrario!

Dame, cielo, fabor para que pueda

un gusto ejecutar no tan forzoso

cuanto atrevido si la baria rueda

tiene fortuna en firme ser dichoso.

Vase Belianira y entra Fantaso delante, enseñando el retrato a Dorilo, y luego Dorilo como que se levanta de dormir, y detrás dél el Desasosiego, echando fuego a Dorilo con su hacha.

Dorilo.

¿Duermo, despierto estoy, qué es lo que veo?

¿Es fantasía?, no, que estoy durmiendo,

pues entre sueños hablo y me levanto;

sí, elado como estoy, en fuego ardiendo.

Pastora hermosa, tente, rostro feo,

horribles sombras más de quien me espanto,

no alibia dolor tanto

la vista de tal cara,

aunque cueste más cara

que no la libertad y dulce vida,

tal pasión a más gloria no convida.

Huyes, retrato hermoso, ya te esconden.

Vanse las sombras.

Desasosiego.

Nuestra obra está cumplida.

Dorilo.

No es fantasía, no, pues me responden.

¿A dónde habitas, ninfa d'esta tierra?

Loco sin duda estoy, pues tu hermosura

sabe tener asiento en solo el cielo.

Yo no sirvo a Diana, ¿quién procura

hacer a mi quietud tan fuerte guerra?

Pang. 6

Dorilo.

tomándome las fuerzas del consuelo.

Verde y florido suelo,

que de agradable lecho

serviste en este hecho,

tienes parte también, pues me fiaba

de ti cuando durmiendo libre estaba.

Volver quiero a probar si dormir puedo,

pues el dormir acaba

y olvida el dolor, la pena y miedo.

Dorilo, esconde al cielo el rostro agora,

fíjate con lástima, pues con daño

deidades altas turban tus sentidos,

y porque tu inquietud y mal extraño

no aumenten voces dadas a deshora,

del todo has de taparte los oídos,

que estando recogidos

quizá tendrán sosiego.

Sin hablar, sordo y ciego,

escusando el penar y desvarío,

sombras que aquí asistís, si a mi deseo

dais el primer sosiego que tenía,

desde luego me empleo

en vuestros sacrificios noche y día.

Échase Dorilo boca abajo, tapados los oídos, y sale Belianira con una velilla y pez molida y una sábana debajo del brazo, muy cansada, resollando.

Belianira.

Ha de acabarse el aliento,

pues no le ha de hacer faltar

el que le suele acabar,

que es el veloz movimiento.

Cansancio es bien empleado

si de mi padre Saucino,

atajándole el camino,

a tiempo me he adelantado.

¿Hay en el mundo jornada,

por dificultosa y grave,

que no concluya y acabe

la mujer determinada?

Compite aquí mi valor

con la que más se adelanta,

y aun al correr de Atalanta

no le juzgo por mejor.

¿Es pastor el que durmiendo

quedó allí para estorbarme?

No sé qué gusto pensarme

para hacer lo que pretendo.

Basta, entrar quiero en la cueva;

mejor paso hay para ella.

El alma en todo me da,

he de salir con la prueba.

Éntrase para salir por el vestuario y a ponerse como sombra, y levántase Dorilo.

Dorilo.

Creerlo quiero, sea o no sea soñado,

que si los sueños burlan no he dormido,

y afírmome en que es caso revelado.

Velando ha estado siempre mi sentido

y él proprio me provoca y asegura:

de aquesta cueva, en mi dolor crecido,

dará el remedio, y cerca está la cura.

A mal se contará la negligencia

al que con brevedad salud procura.

Va a entrar por la cueva y échase la sombra de Belianira, y retírase atrás.

Pang. 7

Aquí sale a la boca de la cueva como manes Belianira.

Dorilo.

Lumbres diviso, como su apariencia

espantan las llamas levantadas

que abrasan dentro el pecho mi paciencia.

Felices almas, sombras despojadas

deste corpóreo peso, a que las lumbres

son fúnebres hogueras desdichadas

de Dorilo, o por fin de pesadumbres

luminarias de nueva venturosa

que de agüeros felices dan vislumbres,

y pues sabéis, oh manes, que a la diosa

Diana me han quitado y de Cupido

hacen ceniza la llama poderosa,

¿dónde hallaré esta ninfa que me ha ha sido

representada en sueños? ¡Fuerte caso,

que sin verla ni hablarla me ha rendido!

¿Fue para más dolor, manes, acaso

criarme en este monte tan fragoso

mi padre, de mi bien y dicha escaso?

Al culto de Diana, que enojoso

es el amor sin ninfas ni pastores,

para sentir después mal doloroso,

cuidado de Cupido y más temores

como los que padezco; oh tú, piadosa

sombra que vienes blanda a mis clamores,

dónde hallaré, me di, esta ninfa hermosa.

Remedia ya en mi pena dolorosa

el ansia que ha vencido al sufrimiento.

Belianira.

Pastor Dorilo, pártete solícito,

sin detenerte más poniendo obstáculos,

al bajo valle de un Arcadia célebre

con pastores y ninfas hermosísimas

que sirven a la vista diva y ínclita,

adonde unos y otros conversándola,

tendrás sosiego y un quieto espíritu,

y no cures pedir el beneplácito

a tu padre, que en estos montes ásperos

te guarda sin salir encenadísimo,

ni en el camino a nadie muevas pláticas

hasta que Belianiro, pastor súbdito

de la triforme Diana dea lucífera,

te hable; calla y con esto ven, ni replica.

Dorilo.

Tu mandado obedezco, diosa o sombra,

y a hablar a Belianiro al punto parto,

sin descubrir a nadie mi camino.

Vase Dorilo, y a la boca de la cueva descúbrese Belianira y dice.

Belianira.

Él va muy bien despachado,

burla ha sido de reír,

si acaso bien ha de ir

con bien el juego empezado.

A este pastor de Diana

tengo allá de procurar,

si puedo, de le apartar

fantasía tan liviana;

porque aquellas frenesías,

aunque hombres solos acometen

y son frutos que prometen,

causólas melancolías.

Con todo, pues no le hiciera

que bajara a topalle,

sino por gustar se halle

en la fiesta que se espera,

que tan gallardo zagal

no es justo estar desterrado,

ni que le tenga encerrado

su padre para más mal.

Pang. 8

Belianira.

y no por questo fraudulento

sombras urdo aqueste engaño

que para ebitar mal daño

va enderezado mi intento

y si usando estas marañas

vuestro sitio desacato

desculpen tal desacato

estas sinceras entrañas

que prometo en vuestra honra

si aquesto os es de servicio

cadaño aqueste sacrificio

que mas vuestras haras honra

Pasos suenan mi deseo

pondra fin a su camino

pues a mi padre Saucino

enderezar aquí veo

Tornase a entrar tapada y sale Saucino

viejo con fausto zagal que le trae los

aparatos del sacrificio en una cesta

que son un pracadito y unas ramas

de cipres tres Redomitas de vidrio

con miel y leche y aceyte y fausto trae

un pajarillo en la mano

Fausto.

Prometote oh, Saucino si me aclaras

la causa que perturba tu sosiego

de darte buena industria en trazas raras

Saucino.

tanto saber alcanzas que mi fuego

presumas mitigar no es ageno

buen fausto que tan fácil cures luego

Fausto.

quizá que si y no en nigromancia

lo fundo que con diablos no hago tratos

ni de fuego en la gran piromancia

del aydro y geomancia grandes tratos

con el agua y la tierra no he alcanzado

Primores de saber nada baratos

Menos heromancia la he estudiado

que en el aire consiste su adivino

ni el arte chiromantico e tratado

tampoco se el tripudio solestino

que del picar los pollos pronostica

mas por auspicios tengo grande ímpetu

en el volar de un ave me implica

el vuelo con presteza o negligencia

si acaso aca y alla mas va y reaplica

desto alcanzo grandísima experiencia

que ya de un agorero viandante

un cierto tiempo supe aquesta ciencia

y si el decir de haber semejante

quieres experimentar aquí Saucino

para esto el aparejo esta delante

con este verderon que en el camino

casi cuando cortaba aquestas ramas

adivinar tus casos determino

Saucino.

extrañamente todos deseamos

saber ajenas vidas y secretos

y cien mil invenciones procuramos

A buen seguro pues con mis conceptos

no apunte a declararte aunque de agüeros

sepa mas que supieron los discretos

tages melampo prilis el verdadero

tiresias laocon calcas propteo

erifilo apolino y polidoro

brava afición mostrabas tu de niño

con este pajarillo que cogiste

saber lo que aun a mi no fió y creo

con todo quiero ver si lo aprendiste

Pang. 9

Aquí toma el pájaro y le mata apretándole.

Fausto.

Muestra el pájaro acá. Está bien, Fausto, aprieta,

subida y mi experiencia conclúyese.

Saucino.

Gentiles son los medios que prometes.

Sangróte del ave ¡qué hay grande exceso!

Mira cómo sin fruto te entremetes.

¿Cómo podía aclarar mi suceso,

pues el suyo aquesta ave desdichada

no supo, y ni mediar su fin avieso?

Mal hará otra fortuna declarada

la triste, que la suya no ha entendido,

y por tanto la prueba no me agrada.

Vete a aguardarme, Fausto, allá al ejido,

que a solas he de hacer mi sacrificio

y no es bien ser más tiempo diferido.

Fausto.

Yo voy, pues el dejarte es más servicio.

Vase Fausto y echa los ramos de ciprés sobre el brasero y dice Saucino.

Saucino.

Manes y sombras que en descanso tácito

estáis en los elíseos campos floridos,

y cuyos cuerpos yacen por sus méritos

en esta estancia puestos en depósito,

mostrad a mis temores modos fáciles

de remediar a mi inquietud y molicie,

y pues que no miráis en la retórica

ni en qué orden, y indebidos toscos cantos,

sino a la voluntad sincera y ánimo,

no despreciéis mis sacrificios tímidos,

que no los hostiales y hecatombos,

armilustrios, jambales o litaurilios

os son, oh manes sacros, tan gratísimos

como este consual, aunque escasísimo,

cual le puede ofrecer un puro ánimo.

Y cual este ciprés y árbol lúgubre

se consume en esta llama próxima

mezclada de óleo, miel, leche purísima,

se consuman mis penas tan solícitas,

e intacta miel adulce algunas furias,

ablanda este óleo fiera a mi rígido,

me endulce la leche a suave término

para que salga a luz genio fantástico.

Mas ya de unos fuegos tan lucíferos

entiendo que salís, que son preámbulos

de mostraros benignas, blandas, fáciles,

no me engañaba, no, oh manes célebres.

Sale a la boca de la cueva Belianira amortajada, cubierto el rostro.

Celia.

Saucino, la razón me aclara y clara

porque tu hija en tan prestado estado

mudado el traje en tal demanda anda,

de la verdad si es que procura cura

tu ánimo, y pondré al remedio medio,

de tu deseo satisfecho hecho

adquiera en el mayor disgusto gusto.

Saucino.

Pues me preguntas, oh sombra,

la causa por que en trocado

de varón traje y vestido

a mi hija he te ocultado,

juro por el sacro fuego

que el ave se está quemando,

y por los ramos rociados

de miel, leche, aceite santo,

de decirte la verdad

como me la has preguntado,

que bien sé que me examinas

pues te es notorio este caso,

de industria, para saber

Pang. 10

Saucino.

en intención y si abonando

quiero con falsas mentiras

desculparte mis engaños

yerro sería no aclararte

pues cual digo ser bien llano

como Arsenio mayoral

que en esta Arcadia a su mando

tuvo ganados majadas

y los mas vistosos prados

al tiempo que se murió

herederos le faltando

quiso que de los parientes

lo heredase el mas cercano

con tal que tuviese hijo

varón que fuese heredando

y al que hijo le naciese

fuese al otro aventajado

que con mujeres Arsenio

grande enojo había cobrado

por secretos intereses

que nuncaquíso aclararnos

y asi Pinandro venía

a heredar todo este mando

si tuviese hijo varón

y a mi me hubiese faltado

pues su mujer y la mía

preñadas a un tiempo estando

parió la suya a Laurindo

mozo modesto y gallardo

y mi mujer a dos hijas

parto a mi querer contrario

yo biendo que a questa hacienda

tenía de heredar Pinandro

para Laurindo su hijo

que despues de mi es llamado

movido o ciego de envidia

al punto ocultando el parto

de mis dos hijas nacidas

la mayor he publicado

ser varón y belianiro

hice le fuese llamado

y a la otra diamaranta

que aun no sabe aqueste engaño

a las dos madres que he dicho

atajo la muerte el paso

dejando antes sus hijos

de Diana al culto casto

ves aquí la cierta historia

de todo lo que ha pasado

va Belianira creciendo

y con ella mi cuidado

por ser forzoso que el tiempo

descubra este caso extraño

que remedio tendré o sombra

en trance tan apretado

Belianira.

vuelve Saucino vuelve a la majada

que tu hija Belianira a darte gusto

y encubrirse sera por mi forzada

no obstante que en engaños es cansada

de lo que a de venir no digo nada

podrían ser sucesos sin disgusto

mas porque cumpliré lo prometido

Pang. 11

Belianira.

en su forma fantástica ha salido,

y para más señal que asegure

de que Belianira de su parte

aunque del mundo todo se procure,

ella se encubrirá por contentarte.

Aquí se desatapa el rostro y se le torna a tapar.

Belianira.

Contempla en mí su propio rostro y dure

en sosiego tu pecho sin turbarte,

que bien sucederá, y adiós, que entro,

Saucino, a mi quieto y hondo centro.

Éntrase Belianira y echan fuego.

Saucino.

Belinira, es otro engaño.

¿Fuiste Belianira o sombra?

Sombra fuiste que me asombra,

tan incierto desengaño.

para ver si me ha burlado,

mas no, que el lugar sagrado

lo impide con llamaradas.

Entra Fausto.

Fausto.

Saucino.

Saucino.

Los pies son buenos;

pues de suerte me hallarás,

que cuando preguntes más

te pueda responder menos.

Fausto.

Fuego, aceite, miel y leche

vuelco, bien puedes andar.

Vanse y sale Belianira de la cueva.

Belianira.

Si me pensáis alcanzar,

haré que no aproveche,

que mis pies son tan ligeros,

que os ganarán el atajo,

y antes que lleguéis abajo,

estos serán los primeros.

Asómase una verdadera sombra de Artemio en la cueva y dice:

Sombra.

¡Espera, donde corres, burladora,

darás la fiesta ansí por acabada,

pues probarás a tu pesar agora

nuevo rigor sin vida libertada!

Que la suerte a sus muertos vengadora,

de religión tan poca hoy afrentada,

tu mucha libertad y el osar tanto,

trocará en sujeción de amor y espanto.

Éntrase la sombra.

Belianira.

Tomará arrepentimiento

tu áspera profecía,

y pues no falta osadía,

sobren las alas al viento.

Jornada segunda

Pang. 12

Jornada segunda. Salen Laurindo y Diamaranta, coronados de laurel.

Diamaranta.

Muestra esos versos, acaba,

que a la caza compusiste,

como Laurindo, y creíste

que ya de amor me olvidaba.

Veré cuál tu pluma pinta

nuestra tal libertad

de amor y su ceguedad,

tan apartada y distinta.

Laurindo.

¡Oh, qué gala, y cómo aprieta!

Al fin he de obedecer,

pues a solo tu querer

cualquier voluntad sujetas.

Pang. 13

Laurindo.

Compúselos, Diamaranta,

cuando fuiste el otro día

a cazar y mi poesía

del suelo no se levanta.

El componer es oficio

de los siervos de Cupido

y no del que está ofrecido

a Diana y su ejercicio.

Diamaranta.

Amor es también cazar,

pues lo causa la afición,

y así no hallarás razón

con que poder excusar.

Sácase Laurindo un papelillo en que lee este soneto.

Laurindo.

Por no ser divertido el casto coro

del ciego amoroso torpe vicio,

eligió de la caza el ejercicio

venerando el pasado siglo de oro;

guardó con caza tanto su decoro

tomando la Diana por oficio,

que bien bastó a evitar el perjuicio.

El seguir con pena al oso fiero,

el flechar el corcillo temeroso

inventando en ramadas y paredes

modos son de escaparnos del flechero

Cupido cazador, que su reposo

pone en hacernos caza de sus redes.

A leerle me has forzado,

y para más no apurar,

quiero contigo le quedar

por necio y no porfiado.

Diamaranta.

Yo sé que muestro callando

lo que no sé encarecer;

dan mi pecho a entender

más la admiración no hablando.

Dichoso el que libertado

cual tribunal de amor.

Laurindo.

Y ya es fastidioso dolor

haber al amor nombrado,

y mejor será cortemos

cada cual la más galana

guirnalda con que a Diana

su fiesta celebremos.

Cómo tarda Celianiro.

Diamaranta.

El que tanto se detiene

algún grande estorbo tiene

de que no menos me admiro.

Haced de estos ramos guirnaldas

que son muy frescos y hermosos

y de verdes más vistosos

que de finas esmeraldas.

Aquí cortan los ramos encantados y hacen dos guirnaldas.

Laurindo.

Con un ramo se remata

la guirnalda que he empezado.

Diamaranta.

Pues la mía se ha cercado

de una sola larga mata.

Laurindo.

Quita agora el casto lauro

si aquesta maravilla face

que cuanta falta te hace

con esto te la restauro.

Aquí quita la guirnalda de Diana a la pastora Laurindo y la corona con la de amor.

Laurindo.

¡Oh, cómo estás muy lozana!

Diamaranta.

Yo, Laurindo, he de adornarte

con la que enlacé y quitarte

la guirnalda de Diana.

Corona la pastora a Laurindo y entrambos se estremecen y demudan.

Pang. 14

Laurindo.

Quedaos allá, lauros fríos

y inútiles, sin provecho,

baste que hasta aquí habéis hecho

seguir vuestros desvaríos.

Diamaranta.

¡Oh, dulce y sabroso amor!

Hay ventura, como sea

tributaria a tu poder.

Laurindo.

No conozco otro señor,

si a Cupido y a la hermosa

Diamaranta aquíen adoro.

Diamaranta.

De su afición el tesoro

solo en Laurindo reposa,

¿cómo le diré mi pena?

Laurindo.

¿Cómo aclararé mi intento?

Diamaranta.

Cuanto aprueba atrevimiento

la vergüenza lo condena.

¡Oh, mujeril osadía,

que solo hierve en los pechos,

pero llegada a los hechos,

al momento se enfría!

Si me atreveré a aclarar

el fuego que me consume.

Laurindo.

Mientras el osar presume,

temor no le da lugar.

Decir quiero mi dolor,

si ha de curarse en vano,

es huir al cirujano

la mano de su rigor.

Señora, si lo barrunta,

que el rostro empieza a volverme,

con razón podrás perderme

si aclaro más la pregunta.

Diamaranta.

Sin falta que me ha sentido

Laurindo haber sujetado,

a qué es ver mi cuidado

y que el casto sea ofendido.

Laurindo, cuando la fuerza

no le impide resistencia,

no es de espantar su paciencia,

perder el sentido y fuerza.

Laurindo.

Basta, ya lo ha barruntado,

y aunque casta, me consuela.

Diamaranta.

Él lo ha tomado a novela

y piensa que me he burlado.

Laurindo.

¿Qué estás a solas diciendo?

Diamaranta.

Que acabes de declararte.

Laurindo.

Digo que quería contarte

un sueño, si no te ofendo.

Diamaranta.

Dilo, que por no quedar

deudora, te pagaré

con otro que yo soñé,

pero no te has de enojar.

Laurindo.

Por vencer el mío soñaba,

que aborreciendo al amor,

Cupido con gran rigor

de lejos me la juraba.

Yo, huyendo del flechero,

del enojo no hacía caso,

y en volviendo atrás el paso,

con rostro airado y severo,

apartándose huyó,

cuando me sentía abrasar,

y al tiempo que quise hablar,

con su voz la mía detuvo.

Díjome: "sola podrá

Diamaranta remediarte,

sin que Diana sea parte

a estorbar mi fuego ya".

Cuando aquí te coroné,

me acordé de aqueste sueño,

queriendo el amor, mi dueño,

como libre le ultrajé.

Diamaranta, yo me muero

de un nuevo sentir ardiente.

Pang. 15

Laurindo.

y el remedio a este accidente

de ti, señora, lo espero.

Efectos son del amor,

pues causará ya cuidado

el pastor hoy profesado

y así está en ti mi dolor.

En darme, pastora, vida

favor al que le excusas muerte,

y si no, dame la muerte

que también me será vida.

Diamaranta.

Laurindo, amor poderoso

que cielos y suelo sujeta,

quiere que le sea sujeta

por un sueño milagroso.

Cual tú soñé me burlaba

del amor y él me encendía,

y por remedio ponía

Laurindo en mi pena brava.

Esa gallarda presencia

donde muy clara se ve

que revelación nos fue,

pues muero de tu dolencia.

Estando en ti el remediarme

claro está he de procurar

en todo de te agradar

pues me forzó a declararme.

De mi fe te doy la mano

y de ser contino tuya.

Laurindo.

No habrá deidad que atribuya

a mal bien tan soberano.

Dime si duermo, pastora,

y si acaso soy Laurindo

Cupido, aquíen hoy me rindo,

quita los sueños agora.

Aquí besa la mano a Diamaranta y la pone sobre el corazón

Laurindo.

Mano llegada a la boca

y cercana al corazón,

escuchad dél su razón

como aquíen le duele y toca.

Hoy queda Laurindo ufano

y con muestras de tal fe

nadie le dará del pie

pues tú le diste la mano.

Entra Dorilo y apartado dice

Dorilo.

Como estoy escarmentado

parésceme cuanto veo

ilusión de mi deseo

con quien vivo enajenado.

El rostro sin duda es cierto

de la que entre sueños vi;

llegaré... no, más de aquí

quiero esperar encubierto.

Apártase a una parte

Laurindo.

Por ser tan bien empleado,

Diamaranta, en ti el amor,

da ocasión crezca un dolor

del tiempo que no lo hha estado.

Diamaranta.

Siendo yo por mi Laurindo

en vos veréis transformada

mi fe que de libertada

sujeta os la entrego y rindo.

Dorilo.

¡Oh nuevo penoso caso!

¿Qué remedio podrá haber

si a mi afición y querer

otro le ha tomado el paso,

siendo tan favorecido

como a los ojos le veo?

Pang. 16

Dorilo.

si no es que otro devaneo

las visiones me han traído,

o tú, sombra, si me entiendes,

pues vine por tu mandado,

en haberme así burlado

muy mal tu deidad ofendes.

Aclara la oculta ciencia

de que me habló Belianiro,

porque ya venir me miro

a términos de impaciencia.

Diamaranta.

Suspiros oigo, Laurindo,

alguien nos está escuchando.

Laurindo.

¿Por qué te estás ocultando?

El traje es cortés y lindo.

Si por estar convencido

de la razón no respondes,

¿por qué extranjero te escondes,

pues nadie te ha conocido?

Aquí hace señas de mudo Dorilo.

Laurindo.

Dice que no puede hablar.

No le entiendo sus señales,

que de suerte de animales

nos da la tierra a mirar.

Diamaranta.

Si a la vista no se antoja,

Belianiro viene allí.

Laurindo.

En todo conviene aquí

que se dé vuelta a la hoja.

Entra Belianira.

Belianira.

Consérveos el cielo santo.

Diamaranta.

¿Dónde, hermano, te has tardado?

Belianira.

Caso ha sido bien forzado.

Dorilo, cese tu espanto.

En sueño avisado fui

que te había aquí de ver.

Dorilo.

Solo por te conocer,

Belianiro, vine aquí.

Laurindo.

Más gracia no te faltaba

que hacer los mudos hablar.

Diamaranta.

En todo es bueno el callar.

Cuenta el sueño, hermano, acaba.

Belianira.

Mejor ocasión tendremos.

Gallarda está la librea,

de los ramos bien campea,

y fuerza es acompañemos.

Pero conviene digáis

he estado aquí entretenido,

que por haberme dormido

cierta falta disculpáis.

Diamaranta.

Como lo pide, lo haré.

Dorilo.

Pues yo te quiero cortar

la guirnalda por probar

si a servirte acertaré.

Belianira.

Dénos un ramo, es curiosa.

Aquí corta Dorilo la guirnalda para Belianiro.

Dorilo.

Ligeramente es atada.

¡Qué bien estará empleada

en cabeza tan dichosa!

Baja un poco la cabeza.

Aquí corona Dorilo a Belianiro, y ella se estremece.

Pang. 17

Dorilo.

Sientes, ya de qué te alteras.

Celia.

Doris, no sé qué verás,

el alma hace un tropiezo;

la ocasión es el ardor

que la guirnalda me causa.

Dorilo.

Pues quita, pastor, la causa.

Celia.

No lo consiente el amor.

Esto dice a una parte desviada.

Celia.

Solo Doris es bastante

a librar mi pena extraña,

seaquímera o él se extraña,

pues mi hermana está delante.

Vamos a nuestra majada,

zagales, do en más sosiego

deste repentino fuego

se vea su furia aplacada.

Diamaranta.

Los dos guiaremos delante.

Celia.

Doris y yo seguiremos,

bien viene porque hablemos

en un negocio importante.

Dorilo.

Según tenemos que hablar,

tiempo y ocasión nos falta.

Celia.

Pues mi celo no se hará falto,

que bien tendrás que escuchar.

Vánselos pastores y salen otros a sa- ver: uno primero tañendo un tamboril y tres o cuatro pastores bailando; y otro pastor con un tabaque en que lleva los premios de las Olimpiadas pastorales de Diana, muy cubiertos con ra- mos.

Floro.

El verde, fresco prado deleitoso

nos fuerza a que paremos, camaradas,

y hacer de la ración será forzoso.

Aliso.

Merecélo el lugar y su bordada

vestidura de mezcla de mil flores,

de la sacraquíetud feliz morada.

Resuene el tamboril con más primo,

y a este valle guardémosle sus fueros,

dese principio al baile. ¡Alto, pastores!

Aquí toca el tamboril y flauta, y dan- zan un poco los pastores, y sale el bo- bo con una mascarada de papel y un ramo, y Alcino y Saucedio, mucha- chos, con ramos tras él corriendo.

Bobo.

¿Por dónde va la danza, compañeros?

¡Paz! Que a ser con vosotros no topara,

que era imposible cosa el poder veros.

Alcino.

¡Qué bueno viene aquel bobo! Saca la cara,

no asgáis la carátula que ahora viso,

que os muestre la burleta, Alcino, cara.

Floro.

Baste ya aquí el danzar, ¿qué digo, Aliso?

Que es tarde y esta cesta hará gran falta,

y nos valdremos menos, a repiso,

en la cabaña, y más firme y alta.

Tornan a tocar y sálense con los premios danzando, y quita Alcino muchacho el ramo al bobo y quédanse los dos muchachos con el bobo solos.

Bobo.

Suelta, Alcino, mi ramo, ¿qué te ha hecho?

¿Hácese otro mejor por dicha falta?

Saucedo.

Dásele, Alcino hermano, ¿qué provecho

sacas de hacer gritar este inocente?

Bobo.

No más, cuanto encomiarme mi derecho.

Alcino.

Pues no se le he de dar, no es negligencia.

Pang. 18

Alcino.

en tomar lo que yo tenía guardado

en una socavena de la fuente.

Bobo.

Alcino, testimonio eis levantado.

Andad de ahí, do estaba mi conciencia.

Si so ladrón, decí qué os he tomado.

Alcino.

Presto se acabará la diferencia.

¿No me hurtaste seis pipas y una flauta,

y un silbato de caña?

Bobo.

¡Qué paciencia

se ha de tener con vos! ¿De qué se enfauta?

¿No os di después las nueces para que un grajo,

y un tomito, y aun de palo os di una estatua

para hacer en la cueva del atajo

un altar, y después os me negastes,

dejándome acá fuera por badajo?

Alcino.

Pues no sabes decir por qué no entraste.

Bobo.

Porque no entré; a otros bien vi el hoyo

que a la entrada con ramos la tapaste,

para hacerme caer, ¿pensáis que no yo?

Saucedo.

Dejad aquesto, vamos tras la danza.

Alcino.

Vamos, que si me alcanzas al arroyo

alcanzarás del ramo la esperanza.

Vanse corriendo, y entra Belianira sola.

Belianira.

Deja, Amor, de perseguirme,

si ya te obedezco, Amor,

que no es bien doblar rigor,

pues no te resisto firme.

Tus agridulces suaves,

sobresaltados contentos,

son los callados tormentos

que hablados son muy más graves.

Son glorias tus ansias fieras,

son gustos tus desvaríos,

ardores tus hielos fríos,

burlas tus cuidados veras.

Sombras, bien estáis vengadas.

Pues que no resisten sombras.

Bien vengadas estáis, sombras,

pues que no resisten sombras

las llamas de amor pesadas.

Aunque tan determinada

me veo en toda ocasión,

que esta muestra de varón

juzgo me vino apropiada.

El traje de Diamaranta

daba en mi fuego el remedio,

y sin duda que es buen medio,

pues que a todos se adelanta.

Pensé burlarte, Dorilo,

y ha sido dar con mi engaño,

para entrar en mi daño,

a tu propia daga el filo.

Junto lo vengo a pagar:

burlarte y quedar de veras

penando yo. Mas, ¿qué esperas,

Belianira, con tardar?

Entra Diamaranta.

Diamaranta.

Tus pisadas he seguido,

y tu escuro lamentar

de qué ocasión de espantar

para mí no poca ha sido.

Di, con el amor que tienes,

¿hácete cual a otros guerra?

¿Por dicha usurpa ya tierra

de tu libertad los bienes?

Belianira.

Oh Diamaranta querida,

¿el preguntarlo es de veras

o por mis propias maneras,

cual yo, te muestras fingida?

Pang. 19

Belianira.

No fue sino que gustaba

a solas representar

de una pastora el penar,

y por burlas recitaba.

Retiréme a soledad,

que no quise ser oído.

Diamaranta.

Por veras lo habías tenido,

cierto tenéis propiedad.

¿Sabéis de amor algún dicho?

Belianira.

Que aquí dije no sé qué.

Diamaranta.

Tan al vivo lo juzgué,

que a mi pesar no es desdicho,

y digo que acá en mi pecho

hacía tanta operación,

que creía esa ficción

de aqueshe dicho ser hecho.

Gustaré me le digáis.

Belianira.

Hemos de trocar vestido

porque en todo esté cumplido,

si es que de oírlo gustáis.

Diamaranta.

Aquí nos quer señalado

este sitio a los premiados,

y seremos muy notados

de haberlos solos dejado.

Belianira.

Vamos, que excusa bastante

tengo para aquesta falta.

Diamaranta.

En ninguna cosa os falta.

Guiad, Belianiro, adelante.

Vanse, y salen por otra puerta Saucino y Pinandro a poner un zurrón en una rama, precio de la carrera, y salen después Aliso y Fausto corriendo y tras ellos Belianiro y Diamaranta, y Dorilo y Laurindo.

Aquí silban y entran corriendo Fausto primero y luego Aliso.

Pinandro.

No parta nadie hasta haber colgado

el gallardo zurrón de aquesta raya,

premio con justa causa señalado

al que en correr vencido al otro haya,

el albo esuena Saucino más aventajado.

Viene el buen Fausto. Aliso, no pisas la raya,

no has ganado el zurrón. Fausto es desconcierto,

presumir de negar lo claro y cierto.

Aliso.

Digo que sin señal te adelantaste,

y tienes de volver a la carrera.

Fausto.

Si, Aliso, por más flojo te quedaste,

quieres lo disculpar de esa manera.

Pinandro.

Basta ya, que a la barra le ganaste,

bien pisó la raya, y si otra cosa hubiera,

cree no la callara, amigo Aliso.

Aliso.

Otro juez del caso no requiso.

Fausto.

Ya está juzgado, causas grande espanto

que siempre al porfiar muestras tesón.

Aliso.

Por volver por mis cosas me adelanto,

y todas estas faltas las tenemos.

Fausto.

Si entendieras pesarte el perder tanto,

no corriera contigo, Aliso, os conocemos,

la paja veis en el ojo al compañero,

y en los propios no vemos el madero.

Llega el pastor con la cesta de los premios y dándolos.

Saucino.

En la lucha ganó el rabel Sireno,

y por ligero al salto fue premiado

Elori, que para andar tan suelto y bueno

se le endona el cinto tachonado.

Por la chueca también es de Sileno,

para guardar sus cabras, el cayado.

Entrégalos Alta, y por su orden,

porque en llegar aquí no haya desorden.

Pang. 20

Aquí entra el bobo.

Bobo.

No se espera

de su merced que sea así agraviado;

donde se usa le dejen allá fuera.

Saucino.

En cosas del comer serás premiado,

dando con esto fin al sacrificio,

pidiendo al cielo su favor propicio.

Tornan a tocar el tamboril y sálense todos y los pastores, y queda Diamaranta y Belianiro.

Belianira.

Tened, hermana, el paso apresurado.

Seguid, que luego vamos, porque quiero

cumpliros, Diamaranta, lo rogado.

Diamaranta.

Por veros en mi traje ya me muero.

Ya sé que sea comedia bien gustosa.

Belianira.

Quizá burla hará un caso verdadero.

Danos aquella cueva una gozosa

ocasión al trocar de los vestidos.

Diamaranta.

Vamos, que a tal efecto es milagrosa,

haciendo mis deseos bien cumplidos.

Éntranse en la cueva a trocar vestidos Diamaranta y Belianiro, y salen Dorilo y Laurindo.

Laurindo.

La causa y la novedad

del apartarte, Dorilo,

es por guardar el estilo

y leyes de la amistad,

cuyos fueros tú quebrantas

dando ruina al proceder,

ocasión para mover

mis no desayudadas plantas.

Y hago a los cielos testigos

cuánto mi penar aumenten,

pues más que propias se sienten

las cosas de los amigos.

Dorilo.

Laurindo, ¿quién te escucha

antes que un rico varón

sobrepuje la pasión?

¿Adónde irás a parar?

Por mejor satisfacerte

tus razones con mis obras,

que ya que en hablar me sobras,

en hacer es bien vencerte.

Laurindo.

No en arengas confiadas,

ni en tus airados rodeos,

te pintaré mis deseos,

pues de la razón te enfadas.

Pang. 21

Laurindo.

Solo digo que he querido

siempre, y hoy adoro y quiero

aquella que en verdadero

amor me ha correspondido.

Esta pues es Diamaranta,

aquíen el alma he rendido,

y aunque no lo he merecido,

en las pagas se adelanta.

No de lascivo deseo

ha procedido el amarnos,

antes gana de ligarnos

en los lazos de Himeneo.

Y pues tan claro lo has visto,

oh, advenedizo pastor,

¿por qué a mí, a ella y a amor

quieres mostrarte malquisto?

Si en el ser favorecido

de su hermano Celianiro

te confías, más me admiro,

pues de él no eres querido.

Y a su hermano al descubierto

con término lisonjero,

robar en piel de cordero

su honor, cual lobo encubierto.

Dorilo.

Si fundándote en razón

cual no alcanzan ignorantes,

Laurindo, miraras antes

esa escusada opinión,

hallarás lo que me dices

poderlo decir a ti,

con cuya razón aquí

a ti propio contradices.

Si el nudo y lazo de esposo

pretendes, ese es mi gusto,

y a mí me viene más justo,

pues que alabarme es forzoso.

Bien sabes, aunque no quiero

satisfacer con palabras,

pues con las tuyas no labras

mi duro pecho de acero.

Y pues la noche es llegada

de su manto igual oscuro,

hago más cerca do muro,

y este sitio sea estacada.

Lo quedará averiguado

con tu muerte o con la mía,

en tan dichosa porfía

quien hha de ser el premiado.

Aquí desenvainan las dagas y pelean.

Laurindo.

Conmigo ya es caso llano,

del dilatarme fastidio,

solo, Dorilo, te envidio

que me ganaste por mano.

Más que el hierro cruel con que resistes,

es bastante a rendirme el vergonzoso

yerro, traidor Dorilo, que intentabas.

Dorilo.

Laurindo, a tiempo somos do no valen

las limadas razones de retórica,

sino del brazo ejecutor del pecho

la muestra de las fuerzas con las obras.

Laurindo.

Con tu muerte, hoy infame, con tu muerte

has de pagar el vano atrevimiento,

aunque por el de infamia te reservas.

Pang. 22

Dorilo.

Por el alto deseo a que aspirabas

no merece alevoso que tu alma,

aquíen por competirme hoy la ennoblece,

siendo ya en Diamaranta transformado,

salga por esa boca fementida,

antes con esta daga y este golpe

la abriré otro camino más decente.

Sale Diamaranta y Belianiso, trocados los trajes

Belianira.

Sin falta, aunque la oscura, negra noche

los rostros nos encubra y solo deje

los bultos, que las voces, Diamaranta,

de Laurindo y Dorilo son, que airados

en contienda mortal están metidos.

Diamaranta.

Pues no hay lugar al destrocar los trajes.

Acude, Belianiso, no se maten,

y claro es que por nuestra semejanza

no caerán en el trueco. Teneos, amigos.

Tente, Dorilo, tente tú, Laurindo,

así desconocéis cómo los tiene

la cólera turbados los sentidos.

Laurindo.

Nadie intente estorbar la muerte justa

que con justa razón le está guardada

al que la vida gasta en mil traiciones,

y aunque de Diamaranta la apariencia

toméis, es excusado, sombras vanas,

estorbar la venganza de mi pecho.

Belianira.

Sombras palpables somos que forzamos,

si la ley de amistad no se os olvida,

a que vengas, Dorilo, a tu albergue

conmigo sin que pongas más excusas.

Mira que aquí ya adviertes lo primero

que expidió en su vida Diamaranta.

Dorilo.

Yo obedezco, pastora, lo que mandas.

Vanse los dos, Belianiso y Dorilo.

Diamaranta.

Y tú y yo, Laurindo, vamos a tu estancia,

y de ver complacer a Belianiso,

pues contino piensa de agradarte

en las cosas mayores de tu gusto.

Laurindo.

A ti que ver me he rendido,

y también porque me ha dado

tiempo el lugar apropiado

para ser de mí advertido

deste revate y rencor.

Las cosas que más te importan

son la causa que en ti acortan

del todo, amigo, el honor;

ya sé que estás satisfecho

de amar conmigo a Lidia,

buen Belianiso, la envidia

ya es notoria a mi pecho.

Diamaranta.

Laurindo, por no estorbarte

de nuevo con mis razones,

esas sanas intenciones

que muestras, no he de alabarte.

Y pues que lugar tenemos,

di qué nueva alteración

causa que en mi defensión

muestres tan vivos extremos.

Laurindo.

Un venderse por tu amigo

quien tu deshonor procura,

cautela con que asegura

sus propias el enemigo.

Pang. 23

Laurindo.

Este es el falso Dorilo,

advenedizo pastor,

que a la tela de tu honor,

cual Átropos, corta el hilo.

A Diamaranta, tu hermana,

a tu hermana Diamaranta,

muestra, con nota que espanta,

afición lasciva y vana.

Acaríciale tú tanto

y dale segura entrada,

Celiano, en tu majada,

acrecienta más espanto.

Pon con tiempo cura y tasa

en este desasosiego,

antes que se encienda fuego

que abrase toda la casa.

Si celo honroso te inflama,

como aquíen toca más parte,

has de alabarme aclararte

esta mi celosa llama.

Celiano.

Laurindo, he venido a dicha

esta tan buena ocasión

para que mi pretensión

por mí a solas sea dicha;

y por el poco lugar

que nos da el tiempo tasado,

hame de ser bien forzado

la plática apresurar.

Diamaranta, que te quiere

y se ha dado de esposa,

sintiéndose tan dichosa

con la ventura que adquiere,

me ha dicho lo que pasaste

como aquíen desea su gusto,

para que apruebe por justo

la fe que los dos prendasteis.

Por tus partes y el amor

que tengo y tendré a mi hermana,

digo que acepto de gana

su casamiento, pastor.

Verdad es que al forastero

Dorilo muestro amistad,

bien descuidado, en verdad,

de su trato grosero.

Porque ya se ha notado

de Dorilo el vano intento,

aunque con recatamiento

muy sobre aviso he andado.

Pero yo le acortaré

sin que se note su entrada.

Laurindo.

Como al serme compensada

tu afición, acertaré.

Como, pues, la lengua falta

de la sobra del placer,

te podré aquí agradecer

merced tan subida y alta.

Siempre entendí, caro amigo,

pero más diré en callar,

que no se podrá acabar

la plática si prosigo.

Pang. 24

Diamaranta.

antes de lo que ha pasado

entre nosotros agora

ten secreto hasta la hora

que por mí te sea aclarado

y el alto cielo divino

nos dé su favor amigo

queda en tu albergue que sigo

hacia mi hermana el camino

entra se diamanta y Laurindo y sale Dorilo y belianiva en el traje de diamaranta

Dorilo.

quien en dicha y suerte tanta

no enloquece de placer

que es posible puede ser

que me quieres diamaranta

y que el amor le confirmes

con el título de esposa

y en la rueda presurosa

fortuna con clavos firmes

Belianira.

por tuya alegre me rindo

y para más agradarme

Dorilo no has de mentarme

ese enfadoso Laurindo

que si le hablo te digo

eso es solo por cumplimiento

que en lo secreto le siento

por declarado enemigo

siendo la noche llegada

a la mitad de su vuelo

te espero dulce consuelo

que vengas a mi majada

a cualquier seña saldré

como en ocasión mejor

que si en mí vive el amor

entiende no dormiré

queda a Dios porque no venga

Belianiva adonde estamos

y del secreto que hablamos

alguna sospecha tenga

Dorilo.

él te guarde y yo le ruego

que en tan dichosa ocasión

tanto bien no sea ilusión

que amuerte a mi sosiego

Jornada tercera

Pang. 25

Jornada tercera salen Laurindo y Dorilo mirándose el uno al otro riyéndose y señalándose con el dedo

Laurindo.

del todo puedes ya desengañarte

Dorilo.

tú eres Laurindo solo el que te engañas

pues amor se ha mostrado de mi parte

Laurindo.

quien te enreda Dorilo en mismas tramas

Dorilo.

quien te enreda Laurindo quien te engaña

Laurindo.

en remediarme piensas que me dañas

mira como ventura amor te niega

pues soy con Diamaranta desposado

y Belianiva es más el que lo allega

Dorilo.

yo soy ese Laurindo ya me ha dado

Diamaranta la fe de ser mi esposa

y Belianiva ya lo ha efectuado

quieres lo ver hágase aquí una cosa

si ya te pone atrevimiento esfuerzo

que no será al hacer dificultosa

Pang. 26

Dorilo.

Ven conmigo esta noche, aunque me fuerzo

a gran muestra en llevarte, pues en ello

del secreto camino el orden tuerzo;

al hoyo claramente podrás vello,

sin que se alterque aquí con más razones;

lo que él ve y no habla, echará el sello.

Laurindo.

A gran muestra, Dorilo, te dispones,

contigo iré por ver tu desvarío,

para que tengan fin tus pretensiones.

Dorilo.

Quedando así, me voy.

Laurindo.

Y yo confío

de darse a conocer que son embustes

cuanto publicas falso a tu albedrío.

Vase Dorilo y quédase Laurindo muy pensativo.

Laurindo.

Tente, ¡oh, pecho!, ten, ten, no disgustes

en Diamaranta el fin de mi esperanza,

miras bien, Laurindo, que recelos gustes.

Mujer es Diamaranta y la mudanza

torna a pensar...

Puede mucho, no es mujer, es diosa,

de Venus no se tuvo confianza.

Hacer quiero una prueba bien curiosa,

para ver si el amor de Diamaranta

es fingido, que no hay dificultosa

muestra que un firme amor no la quebranta.

Sale Diamaranta.

Diamaranta.

Laurindo...

Laurindo.

Señora mía,

aunque no sé si queréis

el serlo ya, pues habéis

mudado de fantasía.

Diamaranta.

¿Es por ventura disculpa

de haberos tardado tanto?

Laurindo.

Disculpa o no, con mi llanto

he lavado una culpa.

Diamaranta.

Mi culpa nadie la alcanza,

y si más no os declaráis,

sospecharé que buscáis

color a alguna mudanza.

Laurindo.

A la que hacéis, alterado,

de aquella fe que me distes,

la buscáis vos.

Diamaranta.

¿Qué dijiste?

Laurindo.

Que presto habéis olvidado.

Diamaranta.

Olvidar, vos sois testigo

cómo os puedo yo dejar,

pues cuando os queráis buscar

os habéis de hallar conmigo;

y aunque perdida que seáis

empleado toscamente,

desto disculpa consiente

la fe que desconocéis.

No hay cosa al gusto cumplida,

todo es lleno de recelos,

pues délos el amor, délos,

aunque más quiten la vida.

Laurindo.

Sin falta, aqueste es engaño

de Dorilo, que ha afirmado

la palabra le habéis dado

de su bien y de mi daño.

Afirmó que sois su esposa,

siendo a todos preferido.

Diamaranta.

Harto me habéis ofendido

en creer tan necia cosa.

Pang. 27

Laurindo.

y sino es que os burláis también

como él de vos se burló,

mejor lo sabéis que yo,

y aunque lo propio miden,

si por mi hermano no fuera,

que le trata como amigo,

ese cansado enemigo

con muerte el pago tuviera.

Si soy solo quien queréis,

y aquíen disteis fe de esposa,

haced por prueba una cosa

con que me desengañéis.

Con solo el no rehusarlo

mis sospechas son inciertas,

y vuestras promesas ciertas,

haciendo claro el mostrarlo.

Diamaranta.

Si hacer aquesto aprovecha

para prueba de mi fuego,

cumplirélo al punto luego

por quitar vuestra sospecha.

Laurindo.

El que luego a rebozada,

si el ser yo vuestro es ganancia,

vengáis conmigo a mi estancia

que os está aparejada.

Sabrán que sois mi mujer,

y en esta celosa tema

se romperá la postema

que me hace padecer.

Diamaranta.

No hay estorbo, no hay temor,

inconveniente, recelo,

ni ha criado cosa el cielo

que contradiga al amor.

Desde rebozada

cual queráis, yo os seguiré,

porque descumbra la fe

la obediencia a la mordaza.

Laurindo.

Esa prometo de nuevo.

Diamaranta.

Sola aquesa me asegura.

Laurindo.

Vamos pues de la ventura

y de amor el lauro llevo.

Diamaranta.

Y meneo, a cuyo cargo

queda el volver por mi honra,

si esto en algo me deshonra,

a ti toca el dar descargo.

Vanse, y sale Clori con una bocina a recoger los pastores de noche.

Clori.

Pues ya el dorado Apolo está bañando

sus rubios cabellos presuroso

en las tartesias aguas, y mostrando

sale la noche el rostro tenebroso,

y el fingido Morfeo va empezando

a ejecutar su oficio temeroso,

de con horrendas formas y visajes

hacer a los que duermen mil ultrajes;

bien será, oh Clori, atiendas en el cargo

que de los mayorales se te encarga,

pues ninguna disculpa habrá descargo.

Pang. 28

Clori.

Al ocio perezoso cuando carga,

y pues de honor y diligencia cargo,

no es bien que dé a través la honrosa carga

a las obras, si soy la centinela

que avisa al que el ganado al campo vela.

Esta peña que guarda la majada

del mayoral Saucino es más segura,

y a aqueste menester viene apropiada

por su comodidad y grande altura.

Toca la bocina.

Clori.

Bien suena la bocina concertada

esta con la serena noche escura.

Al recoger, al recoger, pastores,

guardad, guardad los lobos robadores.

¡Hola! atraigan todos el ganado

al aprisco y estancia señalada,

para que lo vacuno sea ordenado

y a través del lobo esté guardado.

De adentro dice Ergasto, un zagal desfavorecido que viene y sale luego.

Ergasto.

¡Ahao, ao!

Clori.

¡Hola, ao!

Ergasto.

¡Cómo has tardado

tanto en el avisar, que ya es pasada

gran parte de la noche, Clori amigo!

Clori.

Por ser tú, Ergasto, no te contradigo.

Tú, Dolinda, infanta, no ha querido

darte ningún favor, que triste vienes,

juzgando ser agora anochecido

antes de tiempo.

Ergasto.

¡Qué malicias tienes!

Espera, Clori, lo hagas entendido.

A Dios te do.

Clori.

Dé Dios sus bienes.

Vase Ergasto, zagal desfavorecido.

Clori.

Pobre zagal, temprano le anochece;

este no ser querido lo enloquece.

Sale otro zagal favorecido llamado Aliso.

Aliso.

¿Qué es esto, Clori? Di, ¿qué te apresuras,

si el claro curso el día aún no ha acabado?

Clori.

¡Oh, Aliso, alegre vienes! No hay escuras

noches de amor que anublen tu cuidado;

de mil favores gustas y dulzuras,

en tu hermosa Orompilia transformado.

Aliso.

Desmientes, Clori, que si no avisaras

juzgaba las tinieblas luces claras.

No sé cuándo es la noche, porque el día

y luz de mi contento la esclarece;

no hay tiniebla que turbe mi alegría,

ni favor que Orompilia no me ofrece.

Clori.

Cuanto en Ergasto la melancolía

es mayor, tu ventura más florece;

como el extremo blanco hace el negro.

Aliso.

A Dios, que en celebrar la tuya me alegro.

Vase Aliso y entra Tirsi llorando, y Fausto con él.

Fausto.

Dos cabritillos dan tal desconsuelo

y ocasión, Tirsi amigo, de tal llanto.

Tirsi.

Sí, Fausto, que es en todo mi consuelo.

Fausto.

Tan pocas cosas no las sientas tanto.

Clori.

Fausto, ¿qué causa a Tirsi el triste duelo?

Fausto.

No sé, Clori, qué diga, dél me espanto;

dorados cabritillos, que escondidos

deben de estar y piensa son perdidos.

Pang. 29

Tirsi.

y como que lo son entre un gran risco,

quedaron sin que industria me valiese,

Clori, para tornarlos a mi aprisco

por más que a mil peligros me pusiese.

Un mi ardor, negras matas de lentisco

fue causa, ¡ay triste yo! que las perdiese.

Fausto.

Y que tú llores engaño no parezca.

Tirsi.

Es pena que no es mucho me enloquezca.

Diómelos mi Celinda el mismo día

que nacieron; entrambos en su manto,

en esta mano cada cual comía

y pagaba lamiendo el amor tanto;

dos esquilillas de oro les tenía

cambiadas no sé a qué con amaranto,

para dos collares pespuntados,

en cueros de cerbatos baforados.

Clori.

No te pene, buen Tirsi, que en punto

que el aurora nos muestre el claro rostro

yo los iré a sacar, aunque difunto

quede en la empresa, mira si la arrostró.

Fausto.

Y yo, Clori, me he de hallar contigo junto.

Tirsi.

A una y otra voluntad me postro.

Clori.

Pero escuchad, ahí Liro, que alternando

viene acá.

Fausto.

Como suele, irá burlando.

De contino, con Enelcha la hermosa.

Entra Liro, pastor burlón.

Clori.

Y Liro, ¿qué hay de nuevo?

Liro.

Un caso extraño.

Clori.

Si es tuyo no será de mucha estofa.

Liro.

Dejad las burlas, oíd un grave daño.

Tirsi.

Yo no me paro a oír aquíen siempre mofa.

Vase Tirsi solo.

Liro.

Ve con Dios. Clori y Fausto, no os engaño,

oíd una desdicha, ¡ah infelice suerte!

¡Oh temerosos trances de la muerte!

Ya habréis visto, zagales, cómo suelen

subir exhalaciones de la tierra,

digo los dos vapores hasta el cielo,

uno cálido y húmedo, y el otro

cálido y seco, que cual más ligero

sube a lo alto a la región suprema.

Ya habréis visto, en llegando a encender

llamas, fuegos, cometas y dragones,

y otras señales graves prodigiosas

que en el aire se ven y nos admiran

por no tener noticia de sus causas.

Pues sin duda habréis visto que alterarse

estos secos vapores en las nubes

causan los truenos, rayos y relámpagos,

por causa que por ser las nubes húmedas

cual contrarias en una retirarse,

y los secos vapores forcejando

las rompen por las partes más sutiles;

aquella exhalación que ha ya rompido

la nube hace el relámpago espantoso,

el trueno hace el rumor por la gran fuerza

que muestra al procurar de la salida,

ya que lo más espeso condensado.

Pang. 30

Liro.

d'esta materia viene a ser el mayo,

cual agora veréis si alzáis los ojos,

y a lo veis, si lo veis, no me va en ello

nada, si solo el dar dos pescozones.

Alzan hacia arriba el rostro Clori y Fausto, y dales dos pescozones, y vase huyendo.

Fausto.

Ya te dijera un burlón.

Clori.

Tengo por bien empleado,

Fausto, el haberme burlado

con tan discreta lición,

que en estremo deseaba

saber tal filosofía.

Fausto.

Yo no tanto, a costa mía,

que la mano le pesaba.

Que no me la irá a deber,

que a fe que lo ha de pagar.

Clori.

Vamosle, Fausto, a buscar,

que aquí no hay más que atender.

Vanse y sale Dorilo al concierto de Belianira.

Dorilo.

El plazo es allegado

de mi gustosa gloria no esperada,

donde será aliviado

el peso que la airada

suerte cargó en mi vida disgustada.

Solo a la acrecentarla

falta Laurindo para ver su daño,

mas no es bien injuriarla,

porque este desengaño

verá en otra ocasión, si es largo el daño.

Aquí cecea Dorilo recio.

Dorilo.

La seña concertada

fue aquesta, ¡oh, sumo bien!, y a la atendida

madre de amor sagrada,

dulce alado Cupido,

vuestro favor de nuevo imploro y pido.

Aquí sale Belianira arrebocada a la puerta con otro traje de Diamaranta, y mete en su cabaña por la mano a Dorilo, sin decir nada. Y sale Pinandro, viejo, y Laurindo, su hijo, y Diamaranta, arrebocada, que los ha hallado y sentido juntos a los dos.

Pinandro.

Tú eres mi hijo, eres mi enemigo,

violador de la honra y de la fama,

del trato deshonesto más que amigo.

Diamaranta.

Descúbrase quién es la honesta dama,

quién es, di, esta lasciva concubina,

que al trato de la casta Diosa infama.

Laurindo.

Padre Pinandro, cosa es a ti indina

de tu gran cortesía sea ultrajada

la que de honor y de respecto es dina.

A mí solo se estienda tu enconada

plática y de palabras, ni de obras

deja de mal tratar quien no es culpada.

Pinandro.

¿Replicarme has atrevido, y bríos cobras

de responderme?

Laurindo.

En esto no te ofendo,

falta será el callar, si en hablar obras.

Satisfacerte tanto, padre, entiendo,

que no me culparás, sabiendo el caso.

Pinandro.

La cólera me incitas respondiendo.

Laurindo.

El poderoso amor torciendo el paso,

y ciego presupuesto a mi deseo,

mostrándose a mi bien largo y no escaso,

Pang. 31

Laurindo.

hizo que en los lazos de Himeneo

gustando tú de aquesto, cual es justo,

creciese más mi dicha en este empleo.

Colmó con gran ventaja todo el gusto,

que en gustos lleva el lauro y se adelanta

a lo que a mí sin él fuera disgusto.

Aquesta, pues, oh padre, es Diamaranta,

que con título y nombre de mi esposa

con la suya pagó mi afición tanta.

Su antigua casa no es menos honrosa

que la nuestra, y le excede en más riqueza,

así que pierde la ira fastidiosa.

Pues donde se atesora la nobleza

de que te admiras, Pinandro, en trance malvado

que confuso me tiene esta extrañeza.

Éntranse los dos y dice Pinandro.

Pinandro.

Yo voy a dar el medio más honrado

a vuestra liviandad para que sea

Saucino en esto menos agraviado.

Como si pasión manda y señorea,

saca de tino a un ánimo sereno,

aunque más la razón, a lo que veo;

tampoco aquesta cólera condeno

por el término oculto que ha venido

aqueste casamiento, aunque sea bueno.

Laurindo en suerte mala no ha venido

y bien a mi contento, aunque conviene

disimular y hacerme inadvertido,

pues Saucino a su estancia agora viene.

Entra Saucino y prosigue Pinandro.

Pinandro.

¿Cómo, Saucino, un hombre de tu prenda,

que con tanto decoro ha conservado

el título de honra sacrosanto

con que son los renombres inmortales,

ha mostrado tan poco advertimiento

en las cosas mayores de su casa?

Quíerome declarar, que no conviene

el dorar y encubrir lo que ya el tiempo

ha descubierto a costa de tu fama.

¿No has sentido, oh Saucino, de tu hija,

de tu hija Diamaranta los amores

con mi hijo Laurindo confirmados

en maridables lazos de Himeneo,

ocultamente siendo amor la causa?

En mi albergue los dejo en este punto,

cual de su unión testigos envidiosos

que han visto de este amor la muestra dada.

Saucino.

¿Qué dices, di, Pinandro? Por ventura

¿júzgasme por ajeno de juicio,

o del licor de Baco tan devoto

que vengas a ensayar en mí esas burlas?

Pinandro.

Como burlas el caso no es sujeto

que consienta burlar, y tú bien sabes

que jamás fui de humor de andar mintiendo,

y más con juegos graves y pesados.

Torno a decir, Saucino, que a tu hija...

Saucino.

¿A Diamaranta?

Pinandro.

A Diamaranta digo,

dejo en mi casa bien ajeno de esto,

con Laurindo, mi hijo, desposada.

Pang. 32

Pinandro.

como digo por ti, lo cual no dudo

Saucino.

Sin replicarte entiendo con la vista

daba a entender Pinandro que engañabas;

bien podrá Diamaranta estar de afirmar

si la deje a este punto en mi majada.

yo voy por ella, aguarda, porque sean

deshechos los antojos que te turban.

Vase por ella Saucino allá dentro

Pinandro.

Esa experiencia tuya hará mas clara

la verdad que te digo, con que entiendas

no ser en nada vanas mis razones.

¡Oh enredador, oh falso niño ciego!

¿qué de ilusiones trazas, qué de engaños,

qué de embustes, mentiras, diligencias,

tratos doblados, publicas marañas,

a cada paso inventas con que ciegas

no solo a los amantes que te siguen

pero a mis tristes padres que procuran

el acrecentamiento de sus hijos?

ruido suena a dentro, grandes voces

son las que da Saucino, si por dicha

se ha soltado del Érebo espantoso

alguna de las tres hermanas negras,

o la espantable sierpe fierechine

que siembra en nuestra Arcadia sobresaltos

sin falta que ha echado menos a su hija

y la razón con causa desentona

la débil voz en sus maduros años.

Dice Saucino desde adentro

Saucino.

Cualquier que seas, falso, no te encubras,

que con la vida aleve has de hacer pago

a la infamia tan grande que me has hecho;

señores, Diamaranta es ya mi esposa,

a mansalva furor que anoche he violado

su honra si por propia la poseo.

Pinandro.

Estraño caso, digo que sin duda

algún burlón espíritu maligno

me repite este son que hoy agora

dentro de mi majada Atania,

pues no es posible haber dos Diamarantas,

el corazón se turba y alborota,

y mi antigua sospecha mas me enciende.

tente, Dorilo.

Sale Dorilo corriendo

Dorilo.

luego al punto vuelvo

con medio que a este caso se le ponga.

Vase Dorilo y sale Saucino con Belianira tapada con una toca

Saucino.

Descúbrete, perversa Diamaranta.

Aquí se descubre y ven ser Belianira

Saucino.

¡Oh santo cielo!

Pinandro.

¡Oh nefando engaño!

aqueste es Belianiro que ha tomado

de Diamaranta el traje, ¡qué espantosos

monstruos son los que crían nuestras amas!

hombre con hombre en mujeril vestido,

fuego del cielo abrase tal insulto.

Pang. 33

Celia.

Bien me tiene Pinandro el presupuesto

que Belianira soy no Belianiro

pues ya ordenado del cielo se descubra

Saucino.

Calla perdido soy ya es descubierto

el engaño que hasta agora he procurado

cubrir que en esta falsa que en efeto

cual mujer inconstante dio la muestra

Pinandro.

Ya es notoria Saucino tu cautela

este caso engañoso ya es sabido

con que la hacienda toda has usurpado

a Laurindo mi hijo que por falta

de tener tu varón el la heredaba

como Arsenio en su muerte lo dispuso

Saucino.

Llanas son las disculpas, Pinan, no te ausentes

seguir te tengo donde quier que vayas

entrate en tu majada Belianira

Vanse el uno tras el otro y entrase Belianira y sale Laurindo solo y dice.

Laurindo.

Mi padre tarda y o sera forzoso

acudir al remedio de este caso

Entra Dorilo solo y dice.

Dorilo.

No quiera Dios Dorilo desampares

a Diamaranta en tan penosos males

sigadlos dos conformes y igualmente

Laurindo.

Dorilo a donde vas tan presuroso

quiero me disculpar haber faltado

del ir contigo a vengar concertamos

como de Diamaranta eras querido

admitiéndotelo en su majada

porque como yo amigo no burlaba

te gané por la mano pues ha estado

Diamaranta conmigo desde el tiempo

que Dorilo de mi te departiste

y en mi casa la dejo cual mi esposa

escarmentada bien de tus mentiras

Dorilo.

A Diamaranta.

Laurindo.

A Diamaranta digo.

Dorilo.

A Diamaranta.

Laurindo.

Si, de que te ríes.

Dorilo.

Aunque no es ocasión de estar riendo

asi tus engaños me provocan

mira pues a Diamaranta esta en mi casa

y con ella he pasado aquesta noche

Laurindo.

Agora veo sin falta que as perdido

el juicio del todo o como estuve

necio en creer un tiempo tus sospechas

mas nadie las hallarán declaradas

como mi Diamaranta que de paso

presurosa do estamos se endereza

Sale Diamaranta sola.

Diamaranta.

Laurindo.

Dorilo.

¡Oh, mi querida Diamaranta.

Diamaranta.

Enfadado Dorilo aun a esta hora

te das a no cansarme Dorilo ¡oh, cielo inmenso!

si por desampararte asi te vengas

hícelo Diamaranta por dar medio

mas cómodo al enojo de tu padre

Laurindo.

No acabas de entender que estas soñando

Diamaranta.

Tu estuviste conmigo infame loco

Sale Saucino, Pinandro y Belianira.

Pang. 34

Pinandro.

Saucino, no hay excusa.

Belianira.

¡Oh, mi Dorilo!

Laurindo.

Dos Diamarantas, ¡ay!

Diamaranta.

Tal novedad aquesto más la abona.

Echan unas llamas de debajo, y a la llama sale el alma de Arsenio.

Sombra.

Cesen, Saucino, cesen ya, Pinandro,

los reñidos debates marañados

que el amor ha ordenado en vuestros hijos,

y en aqueste Dorilo, que su padre

es el gran sacerdote de Diana.

Mirad que os pide aquesto el alma triste

del mayoral Arsenio, vuestro amado,

más cercano pariente que tuvistes,

que aquí, por permisión del dios Cupido,

le fuerza su mandato a despartiros

de las reñidas amorosas tramas.

Manda, pues, que a su templo vais al punto,

donde quiere con gusto hacer las paces,

dando lugar se admire Diamaranta

de ver que Belianira es su hermana,

sin que jamás por ella se entendiese,

adonde, por ser claro, no os refiero

que en los casamientos concertados,

do el mismo dios confirmará en llegando,

case Laurindo con su Diamaranta,

y Dorilo también con Belianira,

dejando a todos dellos satisfechos,

repartida mi hacienda a vuestro gusto,

con que hace fin la pastoral Arcadia.

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