デジタルテキスト

のデジタルテキスト El africano Nerón, Muley Ismael

公開日: 2026年6月25日

作品のメタデータ

文体計量による帰属
ジャンル
Comedia
テキストステータス
Transcripción automática de manuscrito (HTR + LLM)
出典
El texto procede de la transcripción automática (HTR + LLM) del manuscrito Tea 1-4-3, C de la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid.

警告

誤りや脱落が含まれる可能性があります。より良い版をお持ちの場合は、 更新を反映するためにご連絡ください。

ライセンス

このコンテンツは Creative Commons CC BY-NC 4.0 ライセンスで提供されています。再利用は引用付きで認められます。 引用を付せば再利用できます。商用利用は認められません。

Creative Commons CC BY-NC 4.0 ライセンス

推奨引用

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El africano Nerón, Muley Ismael. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-africano-neron-muley-ismael.

作品の最初のページ
作品の最初のページ
作品の最後のページ
作品の最後のページ

EL AFRICANO NERÓN, MULEY ISMAEL

Jornada primera

Pag. 1

Numero visible superior derecho: 4.

Numero visible secundario en el angulo superior derecho: 2.

Personas

Muley Ismael: rey de Mequínez

Marqués de Valparaíso: gobernador de Ceuta

Jerónimo Marín: maestre de campo

Don Pedro de Guevara: sargento mayor de Ceuta

Alí: alcaide de Tetuán

Amete: alcaide de Alcázar

Audalla: mago, barba

Pernil: gracioso

Doña Leonor López de Haro

Laura: su criada

Fátima: dama mora

Luna: su criada

Damas moras

Soldados cristianos

Soldados moros

Músicos

Acompañamiento

A un tiempo, alterándose dentro música y grita de cazadores, se oyen los primeros versos, se ve un gran terremoto con truenos y relámpagos; salen las damas moras con los rostros cubiertos y con arcos en las manos, y entre ellas Fátima y Luna.

Música

De el grande Profeta nuestro

edad que hoy cumple el África aplauda.

Idos a la cumbre,

otros a la espesura.

Dentro, Muley Ismael

Tan veloz huyendo baja

un bruto al llano, que en él

las flechas parecen alas.

Música

Uniendo festiva,

voces venatorias a métricas pausas.

Dentro, Alí

Calóse al monte la fiera.

Dentro, Muley Ismael

Mi brazo ha de rematarla.

Música

Para que en acorde culto

sirva el afecto a sus aras,

por digno holocausto,

músicas y zambas.

Mora primera

¡Qué horror!

Mora segunda

¡Qué pasmo!

Mora tercera

En el aire

el fuego impresiones labra.

Fátima

A un parasismo la tierra,

medrosamente asustada,

para respirar llegó,

Pag. 2

Numero visible superior izquierdo: 5.

Fátima

Va duplicando gargantas.

Dentro, Muley Ismael

Aunque en avenida ardiente

los rayos a la campaña

inunden, en dulces himnos

prosigan las consonancias.

Y tú, fugitivo monstruo,

porque no creas burlada

mi osadía, del abismo

penetraré las entrañas

en tu alcance.

Luna

Con el susto

ni aun dos pasos de garganta

podré dar.

Mora cuarta

Fuerza es que el eco

diga: pues Muley lo manda.

Música

De el grande Profeta nuestro.

Dentro, Alí

En seguimiento del bruto

la persona va empeñada

de Muley.

Luna

Cielos, piedad.

Dentro, Muley Ismael

Con porfiada constancia

te he de rendir, aunque el miedo

te ampare.

Cesa el terremoto; sale Audalla vestido de pieles, huyendo de Muley Ismael, quien le sigue con un venablo en la mano.

Audalla

Detén la saña.

Muley Ismael

Por Alá, que es el primer

asombro a que mi obstinada

violencia se ha suspendido.

Di, pues, quién eres, que nada

le asusta a quien, como yo,

un Etna vive por alma.

Audalla

Yo soy, oh invencible excelso

Muley Ismael, Audalla,

a quien el segundo ser

debió tu primera infancia,

pues solo a mis experiencias

se te fió tu crianza.

Por ella, y por ver en ti

una altivez tan osada y

una inclinación tan libre,

y una impiedad tan extraña

(aunque atento a mi dictamen

sagaz las disimulabas),

ignorando las primeras,

busqué en las segundas causas

Pag. 3

Numero visible superior derecho probable: 6.

Numero visible secundario en el margen derecho: 3.

Audalla

tus influjos, y por ellos,

viéndola tan exaltada,

a tu fortuna te dije

que a la diadema africana

de Mequínez y Marruecos,

cuantas puntas la faltaban,

la darías cuando fuese

blasón de tus esperanzas.

Supo el rey, tu hermano Arbit,

el vaticinio, y con trazas

astutamente crueles,

solicitó que empezaran

sus tragedias por mi vida,

como si yo motivara,

con aciertos de mi ciencia,

destinos de su desgracia.

Mas, conociendo es valor

volver al poder la espalda,

vine huyendo a las fragosas

cabernas enmarañadas,

de esta selva, vegetal

penacho de esa montaña,

y aquí, entregado a las ciencias,

vivía.

Muley Ismael

El acento para,

y antes que segundo asombro

a la admiración pasmada

deje, escucha en lo que ignoras

de mí novedades raras.

Mi hermano Arbit, discurriendo

medios con que se frustraran

en sus hados y en los míos

violencias tan encontradas,

con los premios y el agrado

solicitó se templaran

en mi ambición los deseos,

y en él las desconfianzas;

y así, desde entonces, parte

me dio en dependencias varias,

después (¡qué error!) el manejo

del despacho me fiaba,

tanto que llegué ayudante,

Pag. 4

Muley Ismael

pues en edad tan temprana

todas las mercedes yo

las hacía, y él las daba,

con que, notando mi astucia,

que tan no vista ignorancia,

con ánimo de impedirlas,

mis dichas me anticipaba,

fingía a mis enemigos,

porque más me aseguraran,

menospreciar el gobierno,

diciendo con afectada

modestia que apetecía

no el cargo, solo la carga,

y que en servicio del pueblo,

con infalible constancia,

el último aliento mío

consagraría a mi patria.

Creyéronme, pero yo,

que atento a todo me hallaba

para atraer los afectos,

sembré con discreta maña

en el pensil de aquel vulgo

mucho tesoro en alhajas,

mucha vanidad en puestos,

de cuya amena abundancia

por laurel cogí corona,

cetro cultivé por palma.

Fue el caso que, habiendo

Muley, que entonces mandaba

como gran bajá a Marruecos,

solevado las escuadras

de aquel reino, le juraron

por su absoluto monarca.

Fuele a mi hermano forzoso

ir en persona a campaña

para que el traidor y cuantos

tan vilmente se negaban

a obedecer sus decretos

obedeciesen sus armas.

Pag. 5

Numero visible superior derecho: 5.

Numero visible secundario en el margen derecho: 4.

Muley Ismael

Consiguiólo, mas no bien

sus lunas vio tremoladas

en la gran Marruecos, cuando

en su más pública plaza

quiso domenar también

la ruda altivez lozana

de un castaño berberisco,

afrenta fiel de la fama,

pues le competía el vuelo

sin necesitar las alas;

mas él, creyendo baldón

el yugo a que le estrechaban,

que aun brutos instintos hacen

de la libertad jactancia,

se dispuso a no admitirle

con inobediencia tanta

que a mi hermano, que ya iba

perdiendo las esperanzas

de refrenar con sus hados,

más que al bruto a su desgracia,

le condujo hasta la muerte

su cólera desbocada.

Llegó a Fez la novedad,

adonde yo gobernaba

de orden de Arbit, y la plebe,

satisfecha o engañada

de mis fingidas costumbres,

en públicas voces altas

me aclamó sin competencia

más digno de la africana

diadema que cuantos fueron

de su augusto tronco ramas.

Fueron dije, y dije bien,

pues apenas empuñadas

tuve con seguridad

las riendas de aquestas vastas

provincias, cuando, porque

jamás me las disputaran,

empecé a ejecutoriar

mi derecho con la espada,

a los hijos de mi hermano,

y a los que si lo intentaran

Pag. 6

Muley Ismael

en algún tiempo pudieran,

servir de estorbo a mi saña,

por delitos que fingí,

hice que a unos despeñaran,

a otros en barcos sin remos

a la primera borrasca

del mar entregasen, a otros

los metiesen en estatuas

de bronce ardiendo, y en fin

a los pocos que quedaban

yo mismo los di la muerte.

Mas como sedienta estaba

de sangre mi crueldad,

en fe de disimulada,

hidrópica se quedó,

y es que solo se saciara,

si como quitó las vidas

fuera bebiendo las almas;

tan no prevenido el daño

los cogió, que no acertaban

a creer su desventura,

aun con mirar mis mudanzas.

Y no lo admiro, porque era

máxima por mí observada:

estén las inclinaciones

en un rey tan cauteladas,

que ha de fingir muchas buenas

para ejercer una mala.

Algunos sabios del reino,

prudentes, me aconsejaban

que, de proseguir tenaz

en la impiedad empezada,

aborrecible me haría,

mas con noticias humanas

que a tu ciencia debí pude

hacer demostración clara

de que es indigno del cetro

quien con el cetro se apiada.

La majestad, les decía,

consiste, si se repara,

en más que en su autoridad

Pag. 7

Numero visible superior derecho: 4.

Numero visible secundario en el margen derecho: 5.

Muley Ismael

luego, si no la afianza

este temor, el poder,

¿quién duda que despreciadas,

sacrílegos desacatos,

la profanarán las aras?

¿Qué púrpura para serlo

de sangre no está manchada?

Si en las haciendas y vidas

aquel que despótico manda,

como yo, tiene dominio,

sería acción acertada

que, por complacer su gusto,

a mi grandeza faltara?

¿Quién dudará que en un rey

la paciencia y tolerancia,

adelantando los vicios,

la inobediencia adelanta?

Disimular es flaqueza,

indignidad o ignorancia

esperar en su persona

culpas para castigarlas.

Pues quién de tales principios,

por consecuencia no saca,

que donde falta la ira,

también la justicia falta;

y que el enojo y el ceño,

la soberbia y la arrogancia,

serán en la arquitectura

de un trono, sólidas basas.

Por esto, y porque mi aliento,

con algo se lisonjeara,

a pesar de mil envidias,

pinté por empresa y armas

el vulgo en un desbocado

caballo, a quien ya paraba

mi valor, pues le servía

de freno mi cimitarra;

y para que con el ocio

el pueblo no maquinara

contra mi persona, hice

que las tropas se alistaran

Pag. 8

Muley Ismael

de mi reino, y dispute

los límites de mi patria

con sus confinantes reyes,

y en tan política traza

conseguí dos cosas: una,

que mi brío acreditara

que no era para traiciones

hábil, sino para hazañas.

Dígalo haber dilatado

mi imperio hasta donde el Asia,

con peñascos y cristales,

divide la Egipcia y Magna

Etiopía, siempre adusta,

voraz hoguera abrasada

del sol, donde todo nace

a ser tizones con alma;

la otra, porque aborrecida

mi nación de las extrañas

se ha hecho, y viendo que todas

aspiran a dominarla,

ha de conservar mi vida

para mantener su fama.

Este soy, aqueste he sido,

y, en fin, mi genio con nada

se deleita que impiedad

no sea, y aun deseara

haber debido a la suerte

el nacer rey de Cambaya,

donde a su príncipe crían

con hierbas envenenadas,

y tan basilisco crece,

que a quien le ofende o cansa,

con la vista le inficiona,

con el aliento le mata.

Envidia tengo al que dijo

que para que agonizara

el mundo a su enojo, verlo

quisiera en una garganta.

Desde que en el solio estoy

no hay día que yo no salga

Pag. 9

Numero visible superior derecho: 6.

Muley Ismael

de mi palacio a verter

sangre, pues con una lanza

que empuña mi diestra pruebo

el pulso en el que me agrada.

Y hoy que de su gran Profeta

la religión mahometana

celebra edad que cumple,

salir dispuse a esta caza,

uniendo en ella lo acorde

de músicas y de zambas,

con lo cruel de su empleo,

a cuyo fin me acompañan

mis mujeres, mas los rostros

ocultos, porque a mirarlas

nadie se atreva, bien que este

precepto solo se guarda

cuando en Mequínez resido,

porque en saliendo a campaña

ni aun esto de mis soldados

recata mi confianza.

En la tempestad que vistes,

creyéndote fiera extraña,

te seguí, y pues informado

quedas de lo que ignorabas,

prosigue, mas advirtiendo

que jamás a mi arrogancia

han de competir crueldades

los tiranos de Trinaquia,

los caribes de la Escitia,

los bárbaros de la Tracia,

los trogloditas del Norte,

los isleños de la Hircania,

pues con ellas y los filos

de aquesta segur templada

he de lograr que de alfombra

digna sirva a mis plantas,

desde donde el Noto hiela

hasta donde el Austro abrasa.

Audalla

Aquí, entregado a las ciencias

(vuelto al fin) de la magia,

de la crionomancia,

la nigromancia y cuantas

milagros llamó la Persia,

supersticiones España,

he vivido, y a mi voz

Pag. 10

Audalla

o retrocede, o separa

la luna; el mayor peñasco

se mueve, un cadáver habla,

y aun lo futuro penetro,

de que es evidencia clara

haber visto que a tu vida

una traición amenaza.

Y creyendo que en mí se hizo

obligación ampararla,

(pues tu fortuna lo pide,

y mi inclinación lo manda),

dispuse aquel terremoto

para que te separaras

de los tuyos, y este aviso

lograses.

Dentro, Alí

No quede rama

que no se inquiera en su busca.

Como a lo lejos.

Música

Para que en acorde culto.

Audalla

Cuida, rey, de ti, y Alá

tu vida prospere.

Muley Ismael

Aguarda,

que aunque ya llega mi gente,

para que te ausentes falta

lo permita yo.

Audalla

¿Qué intentas?

Muley Ismael

Que con mi persona vayas

a Mequínez, pues contigo

del hado las amenazas

frustraré.

Audalla

Servirte intento.

Alí

Aquí está.

Salen por una puerta las damas moras, y por otra Alí y moros con venablos.

Todas

Danos tus plantas.

Muley Ismael

Llegad, súbditos todos.

Alí

Del suelo levanta.

Mora cuarta

¡Qué monstruo!

Luna

Molde parece

donde los brutos se vacían.

Muley Ismael

No ha de saber mi semblante

lo que mi pecho recata.

Alí

Gran señor, con una posta

ahora ha llegado esta carta

para vuestra Majestad,

de Amete, alcaide de Alcázar

y teniente general

de las fronteras de España.

Pag. 11

Numero visible superior derecho: 6.

Numero visible secundario en el margen derecho: 7.

Alí

Dice que es, sin duda.

Muley Ismael

Gran novedad.

Sin duda este aviso causa.

Veré lo que dice Amete.

Aparte, a Fátima.

Luna

Señora Fátima, mi ama,

¿es posible que un desprecio

tanto obliga, tanto arrastra,

que sin mirar a tu honor

te vienes entre las damas

de Muley Ismael, hombre

que dispondrá, si le agradas,

que la ofensa del disfraz

la vengue una tarquinada?

Fátima

Luna, si sabes que habiendo

vencido Alí la constancia

de mis desdenes, quedaron

mis bodas capituladas

para después que en servicio

de Muley, Alí tomara

el Arache, a vil memoria,

y sabes que, lograda

su conquista, todo ceño

volvió el que agrado esperaba,

sin que sepa quien causó

en mi vida su mudanza,

¿cómo admiras que en acecho

de su traidora villana

alevosía mi enojo

vele, y más no siendo obstancia

que arriesgue la opinión quien

tiene perdida la fama?

Alí

En albricias de que os veo,

dadme los brazos, Audalla.

Audalla

En ellos vuestra amistad

seguridades alcanza.

Muley Ismael

Ea, amigos, la fortuna

al mayor blasón nos llama.

En esta me avisa Amete

que, faltando a las pactadas

condiciones de la tregua,

el gobernador que manda

a Ceuta, a su gran presidio,

fortalezas adelanta,

y que a deshacer sus obras

empeñó tres mil corazas

árabes, y los tercios

Pag. 12

Muley Ismael

españoles de la plaza

a su pesar los pusieron

en fuga precipitada.

Bien que Amete desde entonces

a Ceuta tiene bloqueada,

este baldón, este ultraje,

pidiéndome esta venganza,

y pues ocasión me da

Ceuta para restaurarla,

yo he de ser el que la quite

la estrecha cadena infausta

en que cerca de tres siglos

a su pesar vivió esclava.

La que metrópoli fue

de toda la Mauritania

Tingitania, y lo que es más,

la que es hoy llave de España,

¿a otro que yo ha de admitir

por dueño? Por esas altas

esferas que me ha de ver

Ceuta pisar su campaña,

restaurando con valor

la que rindieron con maña.

¿Qué os parece?

Audalla

Que el empeño

a temeridad se pasa,

pues aunque toda la Europa

hoy se mira trabajada

con sangrientas guerras, viendo

tus banderas acampadas

sobre Ceuta, antemural

de la religión cristiana,

¿quién duda que contra ti

unirán sus fuerzas?

Muley Ismael

Basta.

¿Qué decís vos?

Alí

Que respecto

de haber dificultad tanta

en su toma, es solo digna

empresa para tus armas.

Muley Ismael

Eso sí llega a mis brazos,

y supuesto que no alcanzas

lo que puedo, por testigo

te he de llevar a campaña,

tú consultarás tus ciencias

y yo blandiré mi lanza.

Pag. 13

Numero visible superior derecho: 7.

Numero visible secundario en el margen derecho: 8.

Muley Ismael

Gobernando quedará

mi corte la gran Sultana,

y vosotras seguiréis

mi persona.

Mora cuarta

Ley se guarda

tu precepto.

Aparte.

Fátima

Alí, sin duda,

irá a la guerra trazada,

mas si celosa estoy, cómo

ni aun su ausencia me acobarda

en su seguimiento he de ir.

Muley Ismael

¿Con que Alí cómplice en nada

ha sido?

Audalla

Leal te sirve.

Muley Ismael

Antes que empiecen mis marchas,

vos, Alí, me alistaréis

de las más bien arregladas

milicias, diez mil flecheros,

infantes y de mis guardas

cinco mil negros montados,

para que al romper del alba

la orden ejecutéis

que os diere. Empezad venganza;

y pues debí en un aviso

la merced más soberana

a Mahoma, día en que años

cumple, yo he de compensarla,

haciendo antes de partirme

público voto en sus aras,

de que Ceuta ha de ser mía

o eternamente sitiada

la he de tener, en mi corte

ríos correrán de grana.

La batida a proseguir

vuelva; vos seguidme, Audalla,

y los demás, divididos

por diversas sendas varias,

con alternados solaces

repetid las consonancias.

Música

Tras ti voy.

Unos a la eminencia,

otros a la espesura,

otros a la falda.

De el grande Profeta.

Alí

Se ha quedado sola

mi escucha retirada.

Pag. 14

Alí

Leonor es menos tirana

que tu altivez en suspiros,

lo que ausente pende el alma.

Leonor dijo, y aun retrato

Fátima

El aliento me falta.

Mas sígueme.

Alí

A Ceuta voy.

Dile al dueño que retratas

tema a mí, y amor fuera

contra su desdén mis ansias.

Fátima

Poco importarán, pues hay celos

que sabrán desbaratarlas.

Alí

Espera, detente.

Muley Ismael

Alí.

Alí

¡Ay, suerte más desgraciada!

Muley Ismael

A cuantos estén

en la lista que mañana

te enviaré, quita las vidas,

y saquearás sus casas

a mis soldados.

Alí

Si pueden

mis lealtades saber.

Muley Ismael

Nada

me digas, aquesto importa,

y por si en alguno falta

la ejecución, tu cabeza

tomo yo, Alí, por fianza.

Alí

¡A crueles actos míos

esto solo me faltaba!

Si Fátima, más locura

sería aquí imaginarla.

Bueno ha quedado mi amor.

Esquiva hermosa cristiana,

perdí tu retrato, y temo

que con él mis esperanzas.

Pase. Dentro tocan cajas y clarines; salen el Marqués, don Jerónimo Marín, don Pedro, Leonor y Laura, el trombeta.

Marqués de Valparaíso

Con pagados rumores.

Pag. 15

Numero visible superior derecho: 8.

Numero visible secundario en el margen derecho: 9.

Marqués de Valparaíso

Valientes capitanes esforzados,

terror del mundo, afrenta de los hados,

pues vuestro brío y vuestra vigilancia

hacen posible el militar constancia,

que en vuestro empeño, que es trabajo fuerte,

dicte el ingenio y ejecute el brazo.

Don Jerónimo Marín

Juzgo, pues, que el brío y acierto en vuestra excelencia,

nos dice que el honor también es ciencia;

de sus preceptos instruido veo

que es escaso peligro el de un bloqueo.

Y no es discurso bajo,

pues el campo africano,

que a la toma de Ceuta osado aspira,

consta solo, si el miedo no la mira,

de mil escopeteros,

dos mil caballos y tres mil honderos.

Don Pedro de Guevara

Señor Marqués, vuestra atención atienda,

sin que a vuestro esfuerzo mi opinión ofenda,

que enemigo que tanto se ha empeñado

no es para ser despreciado;

y más cuando, según noticias ciertas,

sabemos que Muley Ismael viene en persona

al asedio de Ceuta, y ha nombrado

por su lugar teniente al renegado

pérfido Alí, por cuya dicha extraña

África ríe lo que llora España.

Y así importa, con uno y otro medio,

prevenir a tal daño igual remedio.

Don Jerónimo Marín

Vuestra razón, señor, puede estimarse,

que aunque del alarbe presumido

todo el poder en tempestad unido

escuadras agarenas granizara,

y a Ceuta de marlotes inundara,

sus intentos los viera malogrados,

que somos españoles los sitiados.

Don Pedro de Guevara

El capitán don Lope, atento

al joven brío de su heroico aliento,

mi razón adelanta;

por lo mismo es tanta

que aunque no contradigo bien al enemigo

Pag. 16

Numero visible superior derecho: 9.

Don Pedro de Guevara

No de modo que diga el que lo oyere

que el temor lo ocasiona.

¿Quién creyere

que en mí la prevención temor ha sido?

vuestra suerte?

Marqués de Valparaíso

Pues, ¿cómo así atrevido,

don Pedro, en mi presencia osasteis fiero

empuñar el acero?

Don Pedro de Guevara

Sargento mayor de Ceuta, cuando

la milicia en su brío está estudiando

desórdenes alienta.

¿Quién desairar mi pundonor intenta

aquí, señor Marqués, ya se comprende

que a mí me agravia el que vuestra excelencia ofende?

Don Jerónimo Marín

Ved que no he de daros

satisfacción, don Pedro, y empeñaros

error será, cuando en campaña espero

confirmar mi dictamen con mi acero.

Siempre fue en competencia tan osada

el mejor argumento el de la espada.

Don Pedro de Guevara

Con la mía, leal más que algún pecho,

no en vano lo sospecho,

comprobaré que el parecer que he dado

no perdió por prudente lo acertado.

Marqués de Valparaíso

Oíd, valerosos, cuyas

no competidas proezas

dan a vuestras sienes tanto

verde laurel como peinan

la que en otra edad Elisa

el tiempo llamó, y hoy Ceuta.

Y en fin, la que es heredad

católica de la Iglesia

ni amenazada vive

de la invasión sarracena;

de la plaza, oíd, que aunque

nadie que las dude crea,

lo que se sabe conduce

a lo que después se inventa.

Pag. 17

Numero visible superior derecho: 9.

Numero visible secundario en el margen derecho: 10.

Marqués de Valparaíso

Toda la ciudad ceñida

se ve de muralla gruesa,

a quien navegable un brazo

del océano le presta

foso cristalino en vagas

inundaciones de perlas.

En la cortina que mira

a los berberiscos frentes,

de San Pedro y de San Pablo

los dos baluartes se elevan,

fábrica industriosa y tan

antigua como perfecta.

En lo exterior se asegura

con una estrada encubierta,

delineada con tan sabia

militar pericia diestra,

que con poca gente se hace

defensable, pues en ella,

demás de ser el recinto

muy corto, su fortaleza

de faginas, estacas

y empalizadas cubiertas,

incontrastable se finge.

Y más cuando en sus opuestas

extremidades tres medios

baluartes se señorean;

obra debida al ingenio,

disposición y experiencia

de Francisco Barona,

honor de la patria nuestra.

Y el arte a las antiguas

obras adelanta nuevas,

con la capa y con la pala,

en líneas, traveses, medias

lunas, rebellines, hoyas

y hornabeques, de manera

que aun hay mucho que vencer

en solo las obras muertas.

Y, en fin, menos que quitando

con una armada muy gruesa

a Ceuta el socorro, nunca

tomada puede ser Ceuta.

Don Jerónimo Marín

El señor maestre de campo

don Jerónimo, desprecia

al enemigo, no tanto

su militar experiencia,

atenta al presidio, como

al valor del dueño, atenta.

Don Pedro de Guevara

Lo contradice,

y puede a evidencia

su razón, pues se hace cargo

de que el África se empeña

Pag. 18

Numero visible superior derecho: 8.

Numero visible secundario en el margen derecho: 11.

Don Pedro de Guevara

en la toma de esta plaza;

y aunque hoy Amete no tenga

más que seis mil combatientes,

de que son tropas expertas

en la milicia, el bloqueo

de Ceuta es bastante prueba.

Detrás de Arcila y el Hacho

sus reales el moro asienta,

y porque el mayor padrastro

suyo es la estacada nuestra,

en el llano ha puesto el tren

de su artillería gruesa,

batiendo el recinto; pero,

como oposición no le encuentra

la batería, las más

estacas se terraplenan,

y la que dispone ruina

nos sirve para defensa.

Seis ataques ha formado,

cuyos aproches demuestran

en su fin que, trabajando

los gastadores la tierra,

a nuestra gran plaza de armas,

atrincherada y cubierta,

llegue su gente, venciendo

la oposición que recela,

para entrarla con las minas

que en las surtidas apresta.

No lo piensa mal, si puede

lograrlo como lo piensa;

pero es imposible, cuando

de los picos la tarea

a escasa profundidad

que en el agua toque es fuerza,

pues el mar y la campaña

en equilibrio se ostentan.

Demás de que en los traveses

nuestras contraminas puestas

nos aseguran; mas creo

que, si inventando proezas

el valor no hace de cada

pecho una murada almena,

recelarse puede; pero

¿quién, siendo español, recela?

Pag. 19

Numero visible superior derecho: 10.

Numero visible secundario en el margen derecho: 11.

Don Jerónimo Marín

Oídme, pues, lo que supe

de uno que fue a tomar lengua.

Al invicto rey aleve

Muley Ismael espera

si Amete, aunque trae

tantas lunadas banderas

que el aire mismo azimuta

desde el día que le pueblan,

ha mayor peligro a vista

de que el bárbaro protesta

que en tanto que como a dueño

Ceuta su planta no bese,

ha de vivir trabajada

de sus armas; porque espera

recompensar de esta suerte

no sé qué especial fineza

que él dice debió a su día

de años de su vil profeta

Mahoma, el cual Arcila arietes

de setiembre los celebra.

De modo que nos hallamos

con la obstinada perpetua

de un sitio de religión,

siendo quien en él se empeña

ese tirano a quien hizo

la fortuna lisonjera,

soberbio con las victorias,

poderoso con las presas.

Prevéngase la constancia

a tanto golpe, y prevenga

lauros a la emulación,

la que empezó competencia,

no la discordia; mas quien

esta novedad fomenta.

Soldado primero

Señor, la atalaya avisa

que al campo enemigo le entran

tantos números de tropas

que el terreno puede apenas

acuartelarlas.

Pag. 20

Soldado primero

Y qué armas y tiros repiten

salvas que al viento amedrentan.

Sin duda Muley llegó

a sus reales.

Don Pedro de Guevara

¿Qué suspende

el respeto del Marqués

mi cólera?

Leonor

Enhorabuena,

pues visita el valor, pues ya

algo que vencer le espera.

Marqués de Valparaíso

Aunque con la guarnición

que hoy la plaza tiene, puede

mantenerse, pues tres mil

soldados en la reseña

de hoy se hallaron, sin los muchos

presidiarios que sustenta

y aventureros. Un barco

para Gibraltar se apresta

al Conde de la Corzana,

para que con diligencia

disponga enviarnos el tercio

mejor de la armada nuestra.

Pernil

Pues los más moros del campo

son honderos, mejor fuera

que a Madrid se despachase.

Marqués de Valparaíso

¿Por qué?

Pernil

Por una pedrea.

Marqués de Valparaíso

Pues teméis a los honderos.

Pernil

Porque mucho, si solo yerra

el tiro la vez que apuntan

al ojo y dan en la testa.

Y aun hay más razón.

Don Jerónimo Marín

¿Cuál es?

Pernil

Porque un astrólogo en mi tierra

me dijo, señor, que había

de morir de mal de piedra.

Don Jerónimo Marín

No le escuchéis, que es un pernil

de buena tierra.

Marqués de Valparaíso

Pues, ¿de dónde sois?

Pernil

Por la Orense.

Pag. 21

Numero visible superior derecho: 11.

Numero visible secundario en el margen derecho: 12.

Marqués de Valparaíso

Pues buen humor gastáis.

Laura

El tal Pernilillo es en conciencia,

discreto como una tía,

valiente como una dueña.

Leonor

¡Piedad, cielos!

Don Pedro de Guevara

¿Qué me abraso?

Marqués de Valparaíso

¿Qué nueva inquietud es esta?

Soldado

Que abombardea ya la plaza

el moro, señor, empieza,

y las mujeres y niños

con sus lamentos la alteran.

Marqués de Valparaíso

De que a Gibraltar y Cádiz

pasen, daré providencia.

Leonor

¡Vive Dios, que me he corrido

de que haya mujer que tema!

Laura

¿Piensas que en el mundo hay

otra que se nos parezca?

Marqués de Valparaíso

Pues el día a la noche,

que le substituya deja,

a rondar voy en persona

los cuarteles, por si intenta

nueva operación Muley;

con mi persona, venid.

Vase.

Don Jerónimo Marín

La razón que aun mi silencio

mérito, Leonor, no sea;

mas lo que importa es buscar

a don Pedro, porque advierta

que desprecia bien al moro

quien como yo le desprecia.

Vase.

Pernil

En busca de Lorencillo

volveré.

Vase.

Laura

¿De qué te diviertan

de tal modo los estragos?

Leonor

¿Qué mucho, si las ternezas

me ofenden?

Don Pedro de Guevara

Esto ha de ser.

Señor don Lope, quisiera

hablaros a solas.

Laura

Vete, pero nada entienda

don Jerónimo.

Leonor

Está bien.

Solo porque se cautelan

de mí, voy a dar al punto

Pag. 22

Numero visible superior derecho: 12.

Leonor

de este secretico cuenta.

Don Pedro de Guevara

Seguidme.

Leonor

¿Qué puede

ser lo que don Pedro intenta?

Don Pedro de Guevara

Ya que la más retirada

parte de la plaza es esta,

donde para los hornillos

la pólvora se reserva,

y que la luz de la luna

desmiente del sol la ausencia,

leed el sobrescrito de este

pliego.

Leonor

A lo que ver se deja,

a don Lope de Haro dice.

Laura

Parece que esta letra

es de Alí, alcaide de Tetuán.

Don Pedro de Guevara

Pues oíd, si ahora se os fuerza

una traición, el que tuvo

valor para cometerla.

Leonor

Tan nuevo estilo, señor

don Pedro, dudarle es fuerza

hombres como yo, si acaso.

Don Pedro de Guevara

Atended, por vida vuestra.

Al paño.

Don Jerónimo Marín

Mientras que la ronda con

el Marqués siguiendo vengo

a Leonor, mejor dijera

a mis celos; mas allí

la miro, detrás de aquesta

pared, desperdicio antiguo

de una de las obras muertas

de la plaza, escucharé.

Don Pedro de Guevara

El moro que en las trincheras

nuestras apresé traía,

entre instrucciones diversas,

este pliego para vos;

díjome que de Alí era,

general de Muley, con que

me excusó el romper la nema

suya, para discurrir

la traidora intención vuestra.

Pag. 23

Numero visible superior derecho: 12.

Numero visible secundario en el margen derecho: 13.

Don Jerónimo Marín

¿Qué escucho?

Don Pedro de Guevara

Pues a lo menos

la secreta inteligencia

con el moro mal podréis

negarla, pues las estrellas,

árbitro de tanto empeño,

a mi pundonor le dejan.

Aquí os he traído, a fin

de que el mundo nunca sepa

que hubo en español traidor;

la carta de Lope es esta:

la vida me habéis primero

de quitar, si queréis leerla,

porque viviendo don Pedro

de Guevara, mal pudierais.

Leonor

Aunque es forzoso el reñir,

también probaros es fuerza

que solo traidor ser puede

quien de mi honor y nobleza

tan torpemente discurre,

tan traidoramente piensa.

Don Pedro de Guevara

Pero ¿quién creerá que la traición

solo para mí lo sea?

Leonor

En el Larache nací,

donde a mi madre la cuesta

el primer aliento mío,

la respiración postrera.

Quedé en poder de mi padre,

que en aquella fortaleza

mandaba dos compañías,

y como en mi infancia tierna

solo escuché los arrullos

de cajas y de trompetas,

tan inclinada crecí

a la inquietud de la guerra,

que teniendo poco más

de dos lustros, cuando apenas

sin muchos suspiros tanta

ruina acordarla lengua,

los agarenos tomaron

el presidio; en su defensa

acredité que los años

jamás el valor aumentan.

Pag. 24

Leonor

Al mío inclinado Alí,

no diré que a mi belleza,

en el saco de la plaza

muerte estorbó que me dieran.

Y habiendo hecho esclavo suyo

a mi padre, suerte adversa,

la libertad me dejó

para que tratar pudiera

su rescate. Habrá quien diga

que es objeción no pequeña

que enamorado de mí

el moro alcaide estuviera,

y que me dejase ir libre;

mas él daba por respuesta

que habiéndose de volver

a Mequínez a dar cuenta

de la victoria y despojos,

luego que Muley me viera

con su inclinación dejara

más imposibles sus nuevas

esperanzas, con que haciendo

mérito la conveniencia,

con la prenda de mi padre

quedándome, y con la prenda

de un retrato mío, dejó

que me retirase a Ceuta.

Tomó puerto en esta plaza

mi fortuna, pues en ella

hallé al invicto Marín,

cuyo padre tuvo estrecha

fina amistad con el mío,

y continuando en la mesma

don Jerónimo, a muy pocos

días, tan bizarras muestras

dio mi brío, que en el tercio

suyo medio una bandera.

Si desempeñé o no el cargo

no lo ha de decir mi lengua,

pues vos sabéis que el Marqués

de Valparaíso, en muestra

de que satisfecho estaba

de mis servicios, con esta

bengala me honró, y pues ya

Pag. 25

Numero visible superior derecho: 13.

Numero visible secundario en el margen derecho: 14.

Leonor

de mi honor, vida y nobleza

os he informado; sacad

la espada, que aunque yo pierda

la vida, no importa, cuando

dejo mi opinión bien puesta.

Hay una línea tachada bajo el parlamento anterior; no se incorpora al texto corrido.

Don Pedro de Guevara

Esperad.

Don Jerónimo Marín

Apostaré

que son amantes ternezas

lo que el moro escribe. ¡Ah, ingrata,

que yo palabra te diera

de callar que eres mujer!

Leonor

¿Qué decís?

Don Pedro de Guevara

Que aunque así sea,

como lo afirmáis, lo cual

se verá desta manera,

es muy mal medio.

Don Jerónimo Marín

Tened,

que pues vine en busca vuestra

para concluir el duelo,

que empezó la competencia

de hoy, habiéndoos escuchado,

mayor desaire me empeña

a daros muerte, supuesto

que es preciso que me ofenda

quien creyó pude inclinarme

a quien ser traidor pudiera.

Y así conmigo reñid,

ya que no es razón que tenga

este más, el que mayores

satisfacciones desprecia.

Leonor

Apelad.

Don Jerónimo Marín

Más de honor.

Don Pedro de Guevara

No sé qué afrenta nueva

contra las vidas de entrambos

mi espada será centella.

Leonor

En vano lidiar podréis,

pues nunca bien pareciera

que yo sea la agraviada,

y otro el que me vengue sea.

Don Jerónimo Marín

Ved, don Lope.

Don Pedro de Guevara

Poco os debo.

Laura

Aquí es donde el ruido suena.

Mas, ¿qué es esto?

Pag. 26

Numero visible superior derecho: 14.

Marqués de Valparaíso

¿Qué miro?

Por aquí ha de haber una y buena;

mas cuando obstinado el alarbe

la plaza nos bombardea

tan diestramente, que ya

es cada edificio una esfera,

¿son estos los acertados

medios que el valor inventa

para despicarse? Viven

los cielos, que si no cesa

vuestra discordia, pues creo

que será la causa ella

de este empeño, que de todo

daré a su majestad cuenta.

Don Jerónimo Marín

Siendo noble mal pudiera.

Don Pedro de Guevara

Hasta apurar tanto enigma

enmudecerá mi lengua.

Marqués de Valparaíso

Mas ya que vuestro silencio

sabio mi razón aprueba,

juramentados habéis

de quedar en mi presencia,

de que mientras Ceuta esté

sitiada, jamás en Ceuta

esgrimiréis los aceros

sin que contra el moro sea.

Don Jerónimo Marín

Pronto al homenaje estoy.

Leonor

En manos de vuecelencia

lo juro.

Don Pedro de Guevara

Y yo lo confirmo.

Aparte.

Don Pedro de Guevara

Que aunque vengarme no pueda

dentro de la plaza yo,

dispondré lograrlo fuera.

Pernil

Ya descampan, y llovían bombas

tales, que la más pequeña

es como bola de la

puente segoviana nuestra.

Laura

Y de clavos, herraduras

y balas vienen rellenas.

Marqués de Valparaíso

Mas mucho daño a la ciudad.

Soldado

Algo mayor fuera

si alguna llegare aquí,

pues hallándose tan cerca

la pólvora, que a las brasas

de los hornillos se apresta,

si al abrirse cae algún casco

Pag. 27

Numero visible superior derecho: 14.

Numero visible secundario en el margen derecho: 15.

Soldado

de su encendida materia

sobre los barriles, Troya

segunda la plaza ardiera.

Don Jerónimo Marín

Notable infelicidad

sería.

Pernil

¡Qué lindas nuevas

nos da el señor ingeniero!

Soldado

Y aun si la vista no yerra,

hacia este paraje viene

una bomba.

Pernil

¡Santa Tecla!

Soldado

¿Qué decís?

Pernil

Que aquí sin duda

cae.

Marqués de Valparaíso

Valor, ¿a qué esperas?

Tú y este capote habéis

de ser los que nos defiendan.

Leonor

¿Qué intentará el Marqués?

Laura

¡Cómo va de miedo, reina!

Pernil

Pues que nadie se vaya, que ahora

los fuegos de Ceuta empiezan.

Don Pedro de Guevara

¡Raro capricho!

Leonor

La acción

envidioso me deja.

Don Jerónimo Marín

No cuenta Roma ni el mundo mayor

hazaña de Julio César.

Pernil

Esto de torear las bombas,

por Dios, que pide destreza.

Marqués de Valparaíso

Y ya que igual riesgo queda

frustrado, seguir es fuerza

la ronda de los cuarteles

hasta que a la aurora tenga

tanta obstilidad algún

despique.

Vase.

Don Pedro de Guevara

Con vuecelencia

podremos aun al destino

mandarle las contingencias.

Aparte.

Leonor

Los que de dudas me hería,

para atormentarme llevas.

Detiene Leonor a don Jerónimo.

Don Jerónimo Marín

¿Qué procuras?

Leonor

Que aquella carta me vuelva.

Pag. 28

Entran la música, salen las damas moras con bonetes recamados, Muley, Alí, Audalla, Amete y moros.

Don Jerónimo Marín

No haré, pues vuestra alteza

me ha dicho tirar a otras

mas si callé con amor,

no sé qué con celos pueda.

Música

Para avasallar el mundo,

el nuevo Marte bizarro,

en hora dichosa llegue

a su real, invicto campo,

diciendo en su aplauso

los músicos y bélicos

ecos alternados:

Viva el sitiador de Ceuta,

viva el Nerón africano.

Muley Ismael

Ya que en mi corte quedó

el castigo ejecutado

en los que contra mi vida

imaginé conspirados,

¿qué esperanzas hay, Amete,

del bloqueo?

Amete

Que en dos años

Ceuta será tuya.

Muley Ismael

Mira

lo que asegura tu labio.

Amete

Yo lo afirmo.

Alí

Aunque jamás

del buen suceso he dudado

en esta empresa, del tiempo

sí, gran señor, pues notamos

que mal estorbar podremos

el socorro a los sitiados,

pues de Gibraltar y Cádiz

por horas les está entrando

gente y víveres.

Audalla

¿Qué mucho,

si es puente suyo el océano?

Amete

Mi vida, señor, será

de mi palabra resguardo.

Muley Ismael

Yo la admito, y porque el fin

le vamos adelantando,

trasládese a la montaña

la artillería que el llano

ocupa, y para que vea

el español cuán de espacio

vengo, cultiven los moros

aquesos vecinos campos.

Pag. 29

Numero visible superior derecho: 15.

Numero visible secundario en el margen derecho: 16.

Muley Ismael

que habitéis atrincherados

otra Ceuta, emula insigne

de la que tomar aguardo.

Audalla

Tarde creo que será.

Aparte.

Alí

En todo es Muley extraño.

Muley Ismael

Y ya que a batir la estrada

sale la aurora al empeño,

pues veinte mil combatientes

de buenas milicias traigo,

tocad, mas ¿quién a mi voz

los preceptos ha usurpado?

Moro

El enemigo, señor,

salida hace desde el campo;

se han descubierto de España

velas que vienen costeando.

Alí

Serán sus galeras.

Muley Ismael

Pues

ea, agarenos gallardos,

sean vuestras cimitarras

rémoras de orgullo tanto.

Corónense los ataques,

y con el grueso salgamos

a recibirlos.

Vase.

Damas

Y todos

moriremos a tu lado.

Audalla

Y yo probaré que son

ingenio y valor hermanos.

Aparte.

Alí

Si el verte, Leonor bella,

le debiera yo a este acaso.

Dentro

Otro a tierra, la mayor.

Otro

A la proa, a la playa, en tanto

que contra moros ataques

es cada cañón un rayo.

Moros

Ya es por los difuntos verde

panteón el morisco campo.

Voces

¡Arma, guerra!

En cuerpos muertos

se va el terreno inundando.

Muley Ismael

¿Cómo del susto de verme

no habéis muerto ya?

Marqués de Valparaíso

Santiago.

Voces

Cierra España.

Voces

Guerra, arma.

Muley Ismael

Lunadas, siempre has llegado.

Marqués de Valparaíso

No lo dudes, si el valor,

Pag. 30

Pónense detrás del paño y salen Alí y Leonor, ella con el alfanje de Alí en la mano.

Marqués de Valparaíso

dominio tiene en los hados.

Alí

¿Quién lo intenta?

Fátima

Con una vida

satisfacer mil agravios.

Fátima

Quitándosela

al injusto Alí.

Leonor

No es malo

para la facción el sitio,

pues llega con un cristiano.

Pónense detrás de aquestas faginas.

Fátima

Escuchemos.

Alí

Ya que esclavo

tuyo la fortuna me hizo,

quisiera, español gallardo,

saber quién sois.

Leonor

Quien os vuelve

el limpio acero, pagando

la libertad que algún día

le disteis.

Fátima

Suceso extraño.

Leonor

Libre estáis, y más de mí

no sabréis.

Sale Laura.

Laura

Tan empeñado

don Jerónimo Marín

va, señora, en los contrarios,

que peligra su persona.

Leonor

Pues si esto escucho, ¿a qué aguardo,

que no voy a socorrerle?

Alí

Oye, bello monstruo ingrato:

¿no bastan, Leonor injusta,

desdenes que no contrasto,

sino que al desconocerte

por la confusión de acasos

digan quién eres los celos?

Mas, en tu alcance iré.

Quiere irse y detiénele Fátima.

Fátima

En vano

lo procuras.

Alí

¿Pues quién tiene

aliento para estorbarlo?

Fátima

Quien la vida que otra os dio,

sabrá por traidor quitaros.

Alí

Según eso, también dama

seréis; mas si lo reparo

sois.

Fátima

Fátima, que a un mismo nombre

sonará mal en tu labio.

Pag. 31

Numero visible superior derecho: 16.

Alí

Sin duda Fátima fue

la que me quitó el retrato.

Fátima

Fingiré para cobrarle.

Traidor, alevoso, falso.

Vienen riñendo.

Alí

Los ceños suspende, dueño adorado.

Fátima

¿Qué aquesto escuché?

Dentro.

Voces

Arma, arma.

Muley Ismael

Dale fuego.

Alí

Pues cargando

deste sitio viene todo

el grueso de entrambos campos,

la satisfacción suspendo

hasta otra vez.

Fátima

No la aguardo.

Voces dentro.

Voces

Arma, arma, guerra, guerra.

Entran embargados, riñendo con espadas, cajas y clarines, dándose la batalla. Descúbrense en los primeros bastidores las galeras de España, donde disparan al campo, que abran los moros.

Voces

La mayor

vaya a tierra, aterrando

a la mayor.

Soldados

Otra proa el fuego.

Muley Ismael

Áspero prodigio sabio.

Audalla

¿Qué intentas?

Muley Ismael

Saber de ti

lo que el cielo ha decretado

en esta empresa.

Audalla

Es a mucho

a lo que empeñas mi labio.

Muley Ismael

¿Sábeslo?

Audalla

Mal lo averiguo.

Muley Ismael

Dilo.

Audalla

No bien lo alcanzo.

Muley Ismael

Dilo, que penetras.

Audalla

Solo

que en tomar a Ceuta en vano

porfías, mientras que a España

domine el segundo Carlos.

Aparte.

Muley Ismael

Yo probaré con mi acero

que saben mentir los astros,

puesto que unas voces y otras

van alternando en mi aplauso.

Dentro.

Voces

La plaza que nos cortan.

Soldados moros

Pues se retira el cristiano,

carguémosle.

Pag. 32

En las galeras meten el remo y parten.

Voces

Otro vuelve a Gibraltar la proa,

repitiendo por más lauro:

Música

Viva el sitiador de Ceuta,

viva el Nerón africano.

Con salvas de las galeras, batería, música y estruendo se da fin a la jornada.

Jornada segunda

Pag. 33

Numero visible superior derecho: 18.

Pag. 34

Plana sin texto propio; solo se aprecia traspaso de tinta de la hoja contigua.

Pag. 35

Numero visible superior derecho: 19.

Dentro música a cuatro, y después salen Leonor en traje de moro y Laura.

Mús.

Alarifes a la obra,

a la tarea oficiales,

y vuestro afán labre

en la mucha Ceuta

palacio que ocupas, que audaz y real es

el nunca vencido, africano Marte.

Leo.

A buena ocasión llegamos,

celebrando con suaves

métricas voces están

y con zambras, que arrogante

Muley Ismael ocupe

el real alcázar, que a afanes

del sudor mandó labrar

en este sitio; y no en balde

intenté aquesta salida,

noticiada de esto antes,

y noticiada de que

en tanto tiempo, que ha casi

un año facción se ha hecho

digna de ser memorable;

y así solo con cien hombres,

que cada cual es un Marte,

habiéndonos conducido

la lancha real a esta parte

del foso, por su secreta

surtida nos fue tan fácil

el introducirnos hasta

este palacio, en que yace

Ismael, sin que hasta aquí

nos hayan sentido.

Laur.

Dables

son en ti estas bizarrías;

mas ¿qué intentas en el traje

de moro, pues hasta aquí

no me lo has dicho?

Pag. 36

Leo.

Ni a nadie

participé a lo que vengo;

pues solo con el dictamen

de inquietar al enemigo

esta noche en sus ataques,

y traer lengua, que nos diga

los designios de este alarbe

rey moro, pedí licencia,

que me concedió al instante

Valparaíso; y mi intento

es también en esto darle

hoy a entender a don Pedro

de Guevara que quien hace

en servicio de su rey

hechos que solo en mí caben,

sabe ser leal y valiente,

pero ser traidor no sabe.

Salen los españoles don Jerónimo y Pernil.

D. Jero.

Y introduciéndome oculto

entre la gente que trae

don Lope en la lancha, vengo

siguiéndole, porque me halle

de su lado.

Pern.

Por tu vida,

que de la duda me saques,

¿qué te va en ello a ti?

D. Jero.

Ser

su amigo: mejor, su amante,

pudiera decir.

Pern.

Por cierto,

que es bien fuerte disparate,

y mayor traerme contigo;

pues que soy pedrero sabes,

y que con la honda que traigo,

mataré de día un gigante,

mas de noche.

D. Jero.

Deja ahora

frialdades.

Pern.

No son frialdades,

sino prevención que importa

como se verá adelante.

Pag. 37

Numero visible superior derecho: 20.

Sale don Pedro al otro lado de los paños.

D. Ped.

Siguiendo a don Lope vengo,

pues logre el incorporarme

con la gente que conduce,

sin ser notado de nadie,

puesto que aun mal satisfecho

me hallo de sus lealtades,

para estorbar que no intente

alguna traición infame.

Lau.

Tú emprendes cosas que no

emprendieran Durandarte,

Oliveros, ni Roldán,

y a no ver por las señales

comunes en otras que eres

tan mujer como tu madre,

creyera.

La plana presenta versos tachados en esta zona y correcciones marginales; se transcribe la lectura final visible.

Leo.

Qué necedad;

siempre has de hablar disparates.

Lau.

Mayor lo es, si lo discurro,

que a lo que vienes me calles

siendo a mí.

Leo.

Si ha de decirlo

el tiempo, fuera culpable,

que lo que presto ha de verse

al discurso lo adelante.

Muerte a dar vengo a Muley

Ismael, y de esto a nadie

he dado noticia; pues

nunca en las temeridades

que intenta el valor, se halla

quien quiera entrar a la parte;

muera este monstruo tirano,

y si el impulso lo errare,

a la fe y al rey intento

mi vida sacrificarles.

Lau.

Para cualquiera facción

de la gente que mandaste,

que se quedase de escolta,

no es acierto que te apartes

tanto que ya de los moros

que hacen guardia vigilante

Pag. 38

Sale un moro que hace posta con su arcabuz y cuerda calada, encendida, y se pasea.

Lau.

Al palacio estamos cerca,

y tan cerca, que el que hace

posta, o centinela, vemos

junto a nosotras pasearse,

y si el nombre, o contraseña

te pide, no puedes darle,

no sabiéndole.

Leo.

Bien dices;

pero algo ha de fiarse

de la fortuna, que a veces

a muchos fue favorable

en sus acasos, y el que

lograr espero, es muy fácil,

sin que nadie objeción ponga.

Retírate a aquesta parte.

D. Jero.

Hacia la guardia camina

del palacio.

D. Ped.

Hacia los reales se acerca.

D. Jero.

¿Qué intentará?

D. Ped.

¿Qué podrá ser su dictamen?

Lau.

Un moro hacia él llega.

Leo.

Escucha.

Sale Amete.

Amet.

Ea, valor, no desmayes,

muera Muley Ismael,

muera esta fiera intratable,

a quien de hombre le desmienten

sus crueles atrocidades.

Yo le ofrecí, cuando puse

sitio a aquesta plaza, darle

rendida a Ceuta en dos años,

cambiando la empresa al lance

de mi causa; y dos veces

ya aquella luciente nave,

que golfos celestes surca,

nunca fija, y siempre errante

de los contrapuestos polos

dio vista a una y otra margen,

hoy el término se cumple,

y mañana este arrogante

monstruo de crueldad se esfuerza

que a darme la muerte pase,

Lectura de "causa" con baja certeza por tinta y traspaso en la línea correspondiente.

Pag. 39

Numero visible superior derecho: 21.

Amet.

Pues quien para diversión

de saciar aquel infame

cruel apetito de fieras,

transformar los hombres hace

con las pieles de leones

en sus formas semejantes,

para que con aquel odio

natural sus fieros canes

o los devoren hambrientos,

o crueles los despedacen,

su muerte a la mía cambie

mi esfuerzo, que puede ser,

si mi impulso lo lograre,

que lo que traición es hoy,

mañana lealtad se aclame.

Entrar quiero en su palacio,

sea sepulcro a este alarbe.

Hay una línea tachada y una corrección marginal en la zona superior; se conserva el texto principal legible.

Encuentra con el que hace posta, el cual cala el mosquete y abrasa la cuerda.

Mor. 1º

Téngase allá. ¿Quién va?

Amet.

Amigos.

Mor. 1º

El nombre me dé.

Amet.

Darante,

Ismael.

Mor. 1º

La contraseña.

Amet.

La nueva Ceuta.

Mor. 1º

Ahora pase.

Esto es cumplir con el puesto

en que estoy, señor alcaide

de alcázar; ahora me toca

que rendido os acompañe

hasta la guardia.

Amet.

No deje

su puesto.

Mor. 1º

Esto no es dejarle.

Éntranse los dos y salen Leonor y Laura al tablado.

Leo.

Mira si un acaso pudo

nombre y contraseña darme;

tú vete ahora.

Lau.

¿Qué intentas?

Leo.

Aprovechar este traje

de moro con este acaso,

Pag. 40

Leo.

No harán; a la escolta avisa

que a socorrerme a la parte

acudan, adonde vieren,

que al arma el moro tocare.

Lau.

¿Que si en este palacio

dentro has de entrar?

Leo.

Pues no es fácil.

Lau.

El modo es el que yo ignoro,

y muchos lo harán.

Leo.

Si saben

tengo nombre y contraseña,

dudarlo no puede nadie.

Lau.

Aguarda, más detenida;

no es posible.

D. Jero.

¡Ay semejante

arrojo! Por entre toda

la guardia entra.

D. Ped.

No es dudable

que hay traición; pues solo Alí

pudo la entrada allanarle.

D. Jero.

Fuerza es que a su riesgo asista;

quiero a la guardia acercarme.

D. Ped.

Aunque mi persona arriesgue,

pasaré al último examen.

Lau.

A los soldados de escolta

voy a dar la orden, que anden.

Pern.

Yo con mujer que por vicio

siempre anda buscando lances.

Éntrase Laura, y don Jerónimo y don Pedro se encuentran y echan mano a las espadas.

D. Ped.

¿Quién va?

D. Jero.

¿Quién me lo pregunta?

Pern.

Tempestad, por si tronare,

llevé al cánamo, o la honda,

pues tiemblan los estandartes.

D. Ped.

Pero aquesta voz conozco.

D. Jero.

Su voz no puede engañarme.

D. Ped.

Don Jerónimo.

D. Jero.

Don Pedro.

D. Ped.

¿Vos aquí?

D. Jero.

El anticiparse

vuestra pregunta a la mía

Pag. 41

Numero visible superior derecho: 22.

D. Jero.

No ser una misma la hace,

siguiendo a don Lope vine,

pues siendo fuerza arriesgarse,

la opinión de nuestras armas

se arriesga, y es bien me halle

para que no se aventure

en aquesta empresa; darle

a entender que vengo a esto

conviene; y no habernos antes

en la lancha conocido,

porque el reparo se salve,

noche, silencio y disfraz

traen estas casualidades;

a vos os traerá esto mismo.

D. Ped.

Es muy otro mi dictamen.

D. Jero.

¿Cómo otro?

D. Ped.

Como he venido

a confirmar deslealtades

en don Lope.

D. Jero.

Advertid que

nunca he sufrido que se hable

aun de aquel que es mi enemigo

mal en su ausencia; llevarme

de mi pasión deje, y que aunque

hicimos pleito homenaje

al Marqués de Valparaíso,

cualquiera de los dos sabe

que aquí no es Ceuta.

D. Ped.

Es verdad,

y que fenecer el lance

nuestro pudiéramos; pero

cuando otro empeño nos trae

tan del servicio del rey,

fuera querer malograrle,

y que yo apurar hallo

que es caso tan importante

en don Lope una traición.

D. Jero.

¿Qué traición?

D. Ped.

Poder negarme

que sin haber confidencia

entre Alí y don Lope, entrarse

Pag. 42

D. Ped.

A ese palacio no pudo,

venciendo la guardia.

D. Jero.

Dable

pudo ser con la cautela,

mas no con traición.

Pern.

El talle

tiene y cara de capón,

y nada bueno ellos hacen.

Dentro voz.

Múdense las centinelas.

Pern.

Esta es otra.

D. Jero.

Hacia esta parte

el cabo de guardia viene.

D. Ped.

En peligro estamos grande,

retirémonos de aquí.

D. Jero.

Fuerza es, mas siento dejarle

a don Lope en el peligro;

que rumor no se oiga.

D. Ped.

El aire

solo de armoniosos ecos

el lejano ruido trae.

Suenan instrumentos de música.

Pern.

A escucharlos nos paremos,

y no nos saldrá de balde

la música, pues ya llegan;

todos vamos.

¡Oh quién transformarse

en golondrina pudiera,

y volar hasta Getafe!

Éntranse y canta la música dentro, y sale Amete.

Mús.

En catre de flores,

durmiendo el Amor,

el vendado Dios

descanse el campeón,

Héctor africano,

y sírvale ufano

de dulce halagüeño,

de grato beleño,

el blando sueño

de nuestro sonoro

acordado murmurio.

Amet.

A este tirano sus damas

con su sonoro primor

le están convidando al sueño;

castigo, corazón,

de ti necesito, aliento

mi osadía tú, que yo

Pag. 43

Numero visible superior derecho: 23.

Amet.

Para dar muerte a este aleve

pondré la resolución;

sin luz está todo el cuarto,

al lecho a buscarle voy;

pues, provocándole al sueño,

durmiendo estará.

Sale Leonor.

Leo.

El rumor

de la música fue norte,

que a esta estancia me guió,

en ella estará Muley,

no hay duda; pues la razón

persuadiéndomelo está;

pues esta música no

pudo prevenirse a otro,

sus ecos siguiendo voy,

para encontrarle.

¿Quién va?

Amet.

Descubierto he sido;

de esta industria he de valerme,

si no logro al furor

a pelo de esta pistola.

Muley Ismael.

Encuéntranse y, echando mano a las pistolas, disparan a un tiempo y cae muerto Amete.

Leo.

Logro

cuanto pudo mi fortuna:

muere al veneno veloz

de esta víbora de fuego.

Amet.

Antes mi osado valor

casi lo conseguía.

Leo.

No es muy fácil.

Amet.

Muerto soy.

Leo.

Esto ya logrado queda,

y pues murió ya este atroz

monstruo humano de crueldades,

vengan riesgos, que el menor

es que mi vida peligre;

mas será con el blasón

de que la perdí en defensa

de la fe.

Moros unos

Traición, traición

en palacio.

Otros

A la guardia.

Leo.

Esta misma confusión

Pag. 44

Leo.

Mi fuga ampare.

Éntrase Leonor y salen Muley, Alí, Audalla, Fátima y Luna, y por otra las damas moras.

Mul.

¿Qué es esto?

¿Quién bárbaro se atrevió,

sin temer el no apagado

incendio de mis rigores,

a profanar el sagrado

de palacio?

Alí

¿Quién traidor

cometió tan grave insulto?

Fat.

¿Quién este estruendo causó?

Mul.

¿No hay ninguno que lo diga?

Auda.

Yo lo diré, aunque mejor

lo dirá aqueste cadáver,

que con muda suspensión

dice más en lo que calla,

que pronunciara con voz.

Tómale la pistola que tenía en la mano.

Alí

El muerto es Amete, y aun

conserva su infiel rencor

esta pistola en la mano,

y aun caliente está el cañón,

manifestando que él fue

quien ahora disparó.

Mul.

¿El muerto es Amete? ¿Qué ira,

qué mi cruel indignación

me malogra ajeno impulso,

cuando espectáculo hoy

a su vista hice de aquellos,

a quien debió el furor

de mis canes anticipado

el atroz castigo en sí,

porque cobarde y traidor

me ofreció ganar a Ceuta,

y a su palabra faltó.

En la tirada de Muley hay palabras tachadas y una corrección interlineal; se conserva la lectura principal visible.

Auda.

Por eso él se anticipaba

a darte la muerte.

Mul.

No

lo comprendo; si él el muerto

solo es, ¿quién ejecutó

en él su estrago?

Auda.

Bien dudas,

y solo a la observación

Pag. 45

Numero visible superior derecho: 24.

Auda.

De la magia le he debido

tan rara noticia. Dos

fueron los que darte muerte

intentaron; y el hierro

de uno, creyendo que Amete

eras tú, que él lo fingió,

fue quien consiguió su ruina.

Mul.

¿Quién fue ese hombre traidor,

que de imaginarlo solo

muerto antes no se cayó?

Auda.

No es hombre; con la verdad

te dejo en más confusión,

acreditando mi ciencia;

mucho le debes, señor,

al estudio infatigable

de mi magia; pues a no

haber compelido a impuro

espíritu, que transmutó

la infelicidad en ese

funesto difunto horror,

ejecutado la tuya

hubiera uno de los dos.

Mul.

Llevad de aquí ese cadáver,

y pues vivo no logró

ser pasto de mis lebreles,

muerto lo será; mas yo

de ti he saber qué hombre

el otro es.

Hay palabras tachadas en la réplica de Muley; se conserva el texto principal legible.

Auda.

No puedo

decirlo, que superior

causa me lo impide: tú

de él lo sabes, pues su voz

dice, siendo acometido

de tu gente.

Leo. dentro

Asombro soy

que la fe de Dios defiende a Ceuta.

Moros unos

Traición, traición

en palacio. Cristianos

en nuestro campo.

Mul.

¿Qué rumor

Pag. 46

Sale un moro.

Mor. 1º

¿Es este? Señor, aleve

tropa cristiana logró

introducirse en tus reales;

pero apenas del valor,

o el ímpetu de los tuyos,

rechazada se miró,

cuando de la plaza han hecho

salida, que al esplendor

que ya esparce ese lucero,

primer precursor del sol,

lo vieron las atalayas.

Mul.

A castigar su furor

opuesto saldré en persona.

A Marte toque el tambor,

tú entretanto que a disponer

el nudo de esta lid voy,

no dejes cristiano vivo.

Alí

Fíalo de mi valor.

Fat.

Y del mío, que al incendio

de mi ciega pasión

encargo aliento.

Moras

Nosotras

también trocaremos hoy

a las delicias de Venus

de Marte el bélico horror.

Éntranse tocando arma.

Moras

Al arma toca.

Auda.

Que no puede vencer yo

contigo, que a los conjuros

de la magia vencedor

te vea de Ceuta; pues

con el encanto logro

el África tantas veces

su mayor exaltación,

si no dígalo el armada

que Carlos Quinto perdió

a vista de Argel.

Mul.

Ya

te he dicho en otra ocasión,

no he de deber a la magia

lo que puedo a mi valor.

Éntranse y sale Leonor.

Pag. 47

Numero visible superior derecho: 25.

Dentro voces

Arma fuerte.

Leo.

Sobre mí

vienen los moros cargando;

de unos me voy retirando,

y otra tropa llega aquí.

No hay más medio que vender

a costa suya mi vida,

supuesto que socorrida

ya de nadie puedo ser.

Seguirle;

por aquí va.

Dentro voces y salen a los paños Alí y moros, y después se retiran.

Moros unos

Muere, pues este es el mismo

que muerte dio a Amete.

Alí

Nadie

pase de aquí, que a mi brío

esta empresa solo toca;

retiraos.

Leo.

¿Qué es lo que miro?

Alí es este.

Sale Fátima a los paños.

Fat.

Todo el campo,

siguiendo a Alí, he venido,

aunque de él me veo ofendida,

no he podido más conmigo;

aquí con un moro está.

Alí

Cristiano que, desmentido

con ese traje, intentaste

dar muerte a Muley, el limpio

acero rinde, o la vida.

Leo.

Mal podría rendirte altivo

quien el que noble fulminas,

a ti te volvió rendido

ganje de una libertad,

que también te dio.

Alí

¿Qué miro?

Voz, semblante y señas mal

engañar pueden. Divino,

adorado dueño, ¿cómo

en riesgo tan conocido

osadamente aventuras

una vida por quien vivo?

Fat.

¿Qué oigo? Viven mis celos,

Pag. 48

Fat.

Que es mujer, y si lo averiguo,

es la del retrato.

Alí

Como

solicitando tus bríos,

dar muerte a Muley Ismael,

a Amete tocó el destino.

Leo.

Luego a Muley no maté.

¡Oh, pesie a mi horror impío!

¿Qué intentas?

Alí

Qué he de intentar

cuando obligado me miro,

que pues abandonando viene,

tan a galope rendido

a nuestro campo, su gente;

pues que puedes sin peligro,

allá te pases.

Fat.

Alebe,

antes al incendio activo

de mis celos morirás.

Alí

Mira que vienen los míos,

vete pues.

Leo.

Mas adverso,

atendiendo a que si admiro

hoy libre, es en recompensa,

de que hice por ti lo mismo,

y que obligada no quedo

a pagar el beneficio.

Alí

Por cuanto con tus rigores

no encontraron mis cariños;

mas vete, que a rechazar

con grupos arriscadizos,

de los ataques empiezan

esta gente.

Leo.

Ya lo miro;

adiós.

Alí

Él te guarde.

Fat.

Espera,

que si un moro fementido

te da libertad, porque eres

su dama, sabrá mi brío

estorbarlo con tu muerte.

Leo.

De moro has perdido el juicio.

Pag. 49

Numero visible superior derecho: 26.

Fat.

¿Dama, un hombre?

Si cristiana,

que aun haberlo ido visto

aquí, este retrato tuyo,

que yo le he quitado a él mismo,

lo manifiesta.

Leo. aparte

¿Qué oigo?

El que eres mujer confirme;

pues siempre verdades nacen, los celos

causan tales disparates.

Fat.

Sea lo que fuere: yo,

por si Alí favorecido

vive en tu pecho, del pecho

con este acero, que vibro,

te le he de sacar.

Leo.

Ya entiendo

que eres mujer; averiguo,

y no quisiste matarte.

Fat.

Ese es miedo conocido.

Leo.

No es sino lástima.

Fat.

Rendida

de ti, que el brazo fulmino.

Leo.

Fuerza es matarte.

Batallan las dos y al tiempo salen don Jerónimo, don Pedro, Pernil y Laura.

D. Jer.

Rompiendo

los ataques conseguimos

salir libres.

Pern.

No tan libres,

que aquí dos moros diviso,

peleando.

D. Ped.

¿Qué será?

Pern.

Matarse como cochinos,

pues no nos importa.

Fat.

Cay.

D. Jer.

No le mates; pues vencido,

le ves a tus pies.

Leo.

Levanta,

moro, y a vos ¿quién os dijo,

que soy hombre, que en el suelo

le matara? Mas que admiro:

don Jerónimo, don Pedro,

los dos, don Lope.

Pag. 50

Fat.

A dos impíos:

ya perdí la libertad,

y aun he de perder el juicio,

viendo la llaman don Lope.

D. Ped.

¿Qué es aquesto?

Leo.

Haber rendido

a este moro; tú lo eres.

Lau.

Creí que no me habías visto,

pues no me has hablado.

Leo.

Lleva

prisionero, no cautivo,

a Ceuta a este moro; y haz

que el tratamiento debido

como a noble se le haga;

verte, moro, no he querido

decir, pues sí es que te importa

que eres mujer.

Fat.

Yo te estimo

esa atención.

Leo.

Y ve en fe,

de que se ha hecho empeño mío,

que tuyo sea Alí.

Fat.

Esa palabra

te acepto.

Leo.

Y yo la confirmo;

llévale luego.

Éntranse Fátima y Laura.

D. Jero.

Don Lope,

vuestros arriesgados bríos

en gran riesgo nos han puesto;

pues en la lancha venimos

ambos con vos.

Leo.

¿Qué decís,

don Jerónimo?

D. Ped.

Ya vimos

entrar en el nuevo alcázar

del rey.

Leo.

Haberlo sabido,

no hubiera salido yo

sin darle muerte; erré el tiro

y a Amete, alcaide de Alcázar,

para mí muerte.

D. Ped.

¿Qué decís?

D. Jero.

Algo venís.

Leo.

¿A eso?

Pag. 51

Numero visible superior derecho: 27.

Pern.

Aqueste hombre trae consigo

familiar, o es el primer

valiente, siendo un don lindo.

D. Jero.

¿Qué decís, don Pedro?

D. Ped.

Que

de la sospecha he salido,

y envidioso me ha dejado.

Leo.

Pues ya llegan al recinto

de los ataques los nuestros,

¿a qué aguardamos?

Marq. dentro

Embistan

españoles al avance.

D. Jero.

La voz de Valparaíso

es esta.

D. Ped.

A él nos acerquemos.

Pern.

Ya aquí él llega.

Dentro disparando armas dice el Marqués, y después sale con algunos soldados.

Marq.

El cruel guarismo

de tanta víbora ardiente,

tantos fuegos arrojadizos,

no temáis, nobles soldados;

pues despreciando el peligro,

el primero soy que expongo

el pecho al incendio activo.

D. Jero.

A tu lado estamos todos.

D. Ped.

Obre el esfuerzo prodigios.

Marq.

Don Jerónimo, don Pedro,

decid, ¿cómo habéis salido

sin mi orden de la plaza?

D. Jero.

Viendo a don Lope en peligro.

Marq.

Basta, pues cualquier disculpa

agrada, mas el delito

y providades del rey.

Dentro voces

Arma, guerra, guerra.

Marq.

El enemigo

se nos va acercando: vos,

don Pedro, con vuestros bríos,

del costado a la gente

acordaos; y lo mismo

vos obraréis en el otro

con vuestro valor y ímpeto,

que de este cuerpo de batalla

don Lope queda conmigo,

Pag. 52

Marq.

Y advertid que tengo orden

dada, antes de haber visto,

pena de traidor, que al toque

primero que dé, o aviso

el tambor, a retiraros.

Caso no haga al enemigo

ninguno, que aquesto importa

como veréis.

Todos

Advertidos

vamos.

D. Jero.

Vente.

Pern.

Oye.

D. Jero.

¿Qué quieres?

Pern.

Que pa muertos, o pa vivos,

me firma aquesta cuenta

de gastos, en que he venido

a alcanzarte en seis doblones.

D. Jero.

Aquí, hombre, ¿hay tal desatino?

Pern.

No lo es aquí; pues que traigo

un tintero de tornillo.

D. Jero.

Qué vil eres.

Pern.

Soy de Orense,

y lo gallego confirmo.

Voz unos

Arma, guerra.

Otro

Arma.

Marq.

Ya la lid cerrada, amigo

don Lope, apretar la mano.

Leo.

Eso a diligencia digo:

arma.

Mul.

Africanos valientes,

seguidme, pues veis fulmino

el poder de Alí,

así no quede vencido.

Auda.

No te empeñes tanto.

Mul.

Audalla,

siempre con tus vaticinios

presagios me anuncias.

Auda.

Aun

con más razón, que el destino.

Mul.

¿Qué destino? No te creo.

No te apartes de conmigo,

y verás

cargando aquí

Pag. 53

Numero visible superior derecho: 28.

Mul.

El grueso del enemigo

viene a mis tropas; ahora

verá el esfuerzo mío.

Voz otros unos

Mahoma.

Otros

Santiago.

Unos

Alá.

Leo.

No quede ninguno vivo

de esta canalla.

Mul.

Africanos,

a ellos, que yo os asisto.

Alí

Rinde, noble cristiano.

D. Jer.

Matando solo me rindo,

o muriendo.

Pern.

Señor mío,

que morir es desatino.

D. Jer.

Pelea.

Pern.

Estas en furor,

lo hidalgo que sobra supo

que era.

Alí

Pues se retiran,

mueran.

Pern.

Al fraile y adios

con todo: ello se dirá

si es que quedamos cautivos.

Marq.

Pues de árabe sangre ya

el campo de sangres tinto,

avientos capitanes.

Leo.

Ahora cuerpo de cristianos,

que no queda moro altivo,

y obran los nuestros prodigios

que nos retiremos quiero.

¿Vos vencéis?

Marq.

Esto es preciso,

para lo que habéis visto,

don Lope.

Lau.

Va que hay vinillos.

Marq.

Toca a retirar, tambor.

Voz

A retirar.

D. Ped.

Fuerte y digno

brazo nuestro, retirarnos,

cuando en el campo haciendo

vi que riesgo los marinos,

y aun veros cabos.

Acotación lateral: el Marqués hace seña con un lienzo; salen Muley, Audalla y moros, pelean y se retiran los cristianos; Audalla intenta detener a Muley; se retiran por los pontones; los cristianos se entran encendiendo fuego.

Sale don Pedro.

Pag. 54

Leo.

¿Qué he visto?

¿Prisionero? Vuestra entera

persona, que si el abismo

ahogara furias, yo

te he de librar.

Marq.

Ya di aviso

a los artilleros, solo

la fuga es medio.

Mul.

Seguidlos.

Mor. 1º

Que huyen.

Mor. 2º

A ellos.

Auda.

Detente,

no pases de aquí.

Mul.

Impedirlo

intentas en vano.

Auda.

Pues

no quieres creer mi aviso,

sea la violencia quien

te asegure del peligro

de esta suerte.

Mul.

¡Qué portento!

Voces

Traición, traición.

Mul.

Mas ¿qué miro?

Auda.

Desde esta colina ahora

ve, si era incierto el destino.

Mul.

Reniego del gran profeta,

y reniego de mí mismo;

pues abortando la fiera

volcánica, tomó ruido

de mi campo, es ya del viento

abrasados desperdicios;

mas presto de esta fiera

traición vil, mi coraje espero

tomar satisfacción, y pues montado

tenía ya a la plaza, mi ardimiento

ha de hacer, o la venganza mía,

que de nueva su gruesa artillería

a fuego tributaré

de San Pedro y San Pablo por despojos,

Acotación lateral: el Marqués hace seña con un lienzo y vuelven a salir Muley, Audalla y moros; pelean y se retiran los cristianos; Audalla detiene a Muley y se retiran sobre el coste de la mano, sobreviene explosión sobre los pontones y huyen los moros; los cristianos salen a entender el fuego.

La tirada final de Muley presenta versos tachados y reescrituras marginales; se conserva la lectura principal visible.

Pag. 55

Numero visible superior derecho: 29.

Mul.

Y pues que preeminente

a mi gente

haré esta seña mía,

que empiece a disparar la artillería.

Hace seña con un lienzo.

Auda.

Ya tu seña notaron, y ya empieza

la batería.

Mul.

Tema mi fiereza,

cristiano,

pues se tornó mi apellido ya africano.

Vamos, Audalla.

Auda.

O si a la magia mía

obrar dejaras.

Mul.

Yo lo haré algún día,

a la invasión que nos hace

el infiel; nuestros cañones

correspondan.

Dentro unos

Y los dos

valientes socorren

de gente, por si es que asalto

intenta dar.

Marq.

Que lo logre

es imposible, soldados;

pues además de que corre

su defensa, y ha corrido

con tal valor por los nobles

eclesiásticos mandados,

y gobernados por orden

del ilustrísimo obispo

de Ceuta, en las ocasiones

de diferentes asaltos

que dio a la plaza dispone

el enemigo, ahora menos

creerse puede, que se arroje

a nuevos asaltos, supuesto

que es fuerza los incomode

el rebatir, que de hijos

cuyas fortificaciones

impiden que quiera avance

el rigor vivo y muere

de batería; pues

los valientes, a Orán

Acotación lateral: disparan desde un lado del tablado a lo lejos; tras retirarse Muley y Audalla se oyen voces dentro, salen inmediatamente el Marqués, don Pedro, Leonor, Laura y soldados, y dejan de disparar.

Pag. 56

Marq.

Verás, que los cañones,

sin que brecha abriese

D. Ped.

¿Dónde?

Marq.

Han hecho notable daño

sus continuas municiones,

es en la iglesia mayor,

y palacio.

D. Ped.

Duplícase

Marq.

El moro, de nuestra empresa,

mas ha sido a mucho coste

suyo; pues de haber cuerpos

lleno el campo se conoce,

solamente los ornillos

según han corrido voces,

le valieron más de mil

moros.

Lau.

Bellotas eran entonces,

quiso subir por el aire

hechos pedazos.

Leo.

Logrose

felizmente la salida,

mas los moros no suponen,

aunque tres mil sean los muertos,

aires tan fuertes campeones,

como prisioneros quedan,

que aunque quién son no se ignora,

fuerza es que los nombres guarde

hoy de su fama el abono:

don Lope de Vivero

es el uno, a quien su noble

valor le mereció el puesto

que ocupaba con honores

hoy de sargento mayor

de batalla, el otro joven

es el capitán Urbina;

cuyas hazañas a voces

aclama Ceuta; es el otro,

aunque el último le nombre,

el primero que en proezas

aquestas plazas conoce,

don Jerónimo Marín.

Pag. 57

Numero visible superior derecho: 30.

Lau.

Pícole

el Alacrán, y así habla

con pasión.

Marq.

Fuerza es que obre,

que la pérdida es muy grande

en tan esforzados hombres,

mas teniendo aquesta plaza

como todos reconocen

tan valientes capitanes,

cuyas hazañas, mayores,

no ha obrado hasta aquí ninguno,

de cuantos celebra el orbe;

desconfiar no se debe

de ellos, ni de vos, don Lope,

que a la primera salida

que hiciéremos, aun que logre

tenerlos cautivos hoy

el moro en duras prisiones,

que mañana han de estar,

sin que nadie nos lo estorbe,

o que se libren a sangre,

o con la espada se cobren.

D. Ped.

Dice muy bien Vuestra Excelencia.

Leo.

La dilación no malogre

nuestro afecto.

Marq.

Ocasión

buscaré, en que el valor obre.

Tú, moro, pues noble eres,

según las estimaciones

que hace don Lope de ti,

sé a quien eres corresponde,

di que hay de nuevos en el campo

de tu rey.

Fat.

Nada que ignore

Vuestra Excelencia decir puedo;

pues sabe que se compone

el ejército africano,

de más de veinte mil hombres,

y cada día le entran

negras tropas de Etiopes,

y de moros, siendo esto

Pag. 58

Fat.

Quien causa más su desorden,

pues que los mantenimientos,

y pagas faltan, conforme

a la gente que se alista,

y si ahora no le socorre

Fez, a quien un donativo

pide grande, corre en voces

que Muley levante el sitio,

o se pierda.

Marq.

No supone

en nada para mi intento

su noticia, que no logre

yo algún medio de dejar

castigado a aqueste enorme

bárbaro infiel.

Lau.

Mas qué es esto,

que hecha postillón al trote,

un pliego esta piedra trae.

En una piedra cae al tablado un pliego; levántale Laura y se le da a Leonor.

Marq.

Si será aviso que importe.

Leo.

No hay duda; pues esta letra,

que es de Marín, se conoce.

Marq.

Al Marqués de Valparaíso

dice.

Marq.

Parece que con mi intento

este aviso corresponde;

ya me puedo desquitar

de las fieras y pasiones.

El margen inferior contiene líneas tachadas junto a la réplica del Marqués; se conserva la lectura principal visible.

Pag. 59

Numero visible superior derecho: 31.

Marq.

Que solo que se dispone,

se guarde secreto de ello.

Todos

Palabra damos conforme.

Marq.

Yo lo tomo. Vamos pues,

a ocultar las prevenciones

que hace para la salida.

Todos

Eso conviene.

Fat.

Don Lope,

escuchad.

Leo.

Fátima hermosa,

si es pedirme que te otorgue

segunda vez la palabra,

que te di, el temor depone;

pues habiéndome contado

más contingencias, que voces,

que a Alí venir siguiendo,

y que tantas atenciones

te debe, ya se hizo en mi

empeño tu amparo, porque

mujer que pide llorando,

pide mandando en un noble.

Fat.

Eres mujer, y en ti es

propia la piedad.

Leo.

No borres

con un yerro, cuanto en mí

vencieron tus acciones,

yo mujer.

Fat.

Mi yerro confieso;

y te pido que perdones

aquesta incredulidad,

en que vacilan aún torpes

mis ojos, y mis oídos.

Leo.

Cuando algunas persuasiones

te puedan hacer, debías;

pues yo te mantengo hombre

con todos, crédito dar

ya a lo que miras y oyes.

Éntrase Fátima y se disparan.

Fat.

Aquietarse, mas no intento,

que entre tan mal que se enoje,

vuestra crueldad tirana.

Pag. 60

Dentro voces de lamento y después sale Muley con una lanza ensangrentada, y juntamente salen Alí, Audalla, don Jerónimo y Pernil.

Dentro voces

Su sed apaga con la sangre humana.

Otros

¡Qué rigor!

Uno

¡Qué fiereza!

Mul.

Blasón más que vasoca

es, míseros cristianos,

rendir la vida a mi noble mano

en culto del profeta a quien adoro,

del orbe la más parte, que el sol dora,

y odio vil moví de vuestra vana

supersticiosa religión cristiana

con este fierro herrado,

batiendo los lugares aun forzado,

busco vidas, que parto que divierte

su último estrago con gloriosa muerte.

No hay deleite en mi afán, sino que ansioso

crueldades estoy ejecutando.

D. Jero.

Ese es rigor, Alí, y aun es afrenta

Alí

Templar su indignación está en que

qué es lo que haces, señor:

no adviertes que crueles vengar

los fueros de la piedad,

que es la que a un rey más corona

que el real círculo dorado

que de carbunclos se adorna.

Repórtate.

Mul.

Moro aleve,

¿cómo atrevido te arrojas

a reprenderme, sabiendo

que rayo soy que destroza

cuanto encuentra? Vive Alá,

que haga con tu persona

lo que con ellos, mas porque

conservarte a mí me importa

este que fue el instrumento

de mi ira, al viento le arroja

mi furor, por no arrestarte

inadvertidamente contra

tu pecho vil.

Pern.

Penachos

y labios suyos aborta,

en vez de víboras.

Alí

¿Cómo

Pag. 61

Numero visible superior derecho: 32.

Alí

¿Cómo

con tu favor me honras,

me atreví?

Mul.

Pues no te fíes

de eso, que no me reporta

lo cruel, afecto ninguno,

ni pasión, por vanagloria

lo repito; pues bien sabes,

que idolatrando entre otras

bellas africanas, una

la más hermosa de todas,

porque quebrantó el precepto

de cortar vanagloriosa

un clavel de una maceta,

reservada a mi persona,

caí estando para dar

a las austeras Auroras

ópimo fuego, que era

de los dos prenda amorosa,

en una prensa la hice

poner; y abiertas muy pocas,

infante y madre a mi vista

se hicieron asadas tosas.

Pern.

Obró muy bien en hacerlo;

pues paguen unas o otras

las mujeres apretadas.

D. Jero.

¡Qué crueldad tan rigurosa!

Mul.

Audalla.

D. Jero.

Si habrá tenido

efecto el pliego.

Pern.

A mi honda,

y tintero de tornillo

se deberá, si se logra,

por si alguno lo ha olvidado.

Alí

Que habla Muley a solas

con Audalla; pero dame

más cuidado; débese ahora

ver a Fátima cautiva,

que aunque a Leonor mi fe adora,

estoy honrado.

Auda.

Digo que

Pag. 62

Auda.

Con mi magia prodigiosa;

pues te subo en ellos hace,

que a dar fe segunda Troya

al concurso.

Mul.

Así vengado,

quedará, después de ahora

su ingratitud me negare

en ocasión tan forzosa,

el preciso donativo,

que le pedí, mas la hora

en que la he de ver arder

abrazada más importa,

es cuando este en el banquete

para lograr de esta forma,

el rey segundo Nerón,

como el África me nombra;

pues si el pulsando la lira

celebro con la sonora

armonía de las cuerdas,

el ver abrasar a Roma,

yo con la cadencia dulce

de mi dama armoniosa,

y a un tiempo con los manjares,

que el apetito sazona,

celebraré ver arder

a Fez en su llama propia.

Auda.

Veraslo así ejecutado,

senos en la misma forma,

y aun haré, que al ver huyendo

sus tristes lamentos oidas,

aunque lograrlo pudiera

pues no hay imposible cosa

prescribada a los impuros

espíritus, que se postran

a mi obediencia, fue Fénix,

oriente de infante Aurora,

siendo mi parte fuera

figurada quisiera,

ya solo con la vana

Pag. 63

Numero visible superior derecho: 33.

Auda.

Apariencia hace, que en sombras

la vea arder.

Mul.

Alí, se ha obrado;

lo que te mandé.

Alí

En la forma

que ordenaste, desroncadas

quedaron sus causas: todas

son crueldades en él.

Dentro instrumentos.

Auda.

Ya convocando están sonoras

las cláusulas al banquete.

Alí

Y sus bellas damas prontas

a él a conducir vienen,

esparciendo puras rosas

por el suelo.

Salen dos moros y sobre la alfombra tenderán unos manteles, y ponen almohadas, y después salen las moras damas arrojando rosas por el suelo y Luna sirviendo.

Mor. 1º

Ya señor,

el mantel cubre la alfombra,

siéntate a comer, que entretanto

suavizaremos nosotros

el viento con nuestra acorde

armonía sonorosa.

Mul.

¿Cristiano?

D. Jero.

¿Qué es lo que mandas,

señor?

Mul.

Pues el puesto logras

de ser maestre de campo,

quiero que conmigo comas

a mi mesa.

D. Jero.

En un cautivo

indignas fuera la honra,

no me he de sentar.

Mul.

Por vida

del rey de España, que ahora

te has de sentar.

D. Jero.

En su nombre

me siento.

Mul.

Aquesta lisonja presto

llorarás.

Pern.

A mí también,

sentarme me toca,

que como bien advertí,

Pag. 64

Pern.

Pipián, ginjo y mazamorra.

Alí

Quite, villano.

Pern.

Usted tenga,

que no hay comida famosa

adonde falta pernil,

y yo lo soy, si lo notan.

Mul.

Tú eres pernil.

Pern.

Y por serlo,

temo, que aquí me hagan lonjas.

Mul.

Empezad a comer.

Pern.

Así

llename dos la alforja.

Siéntanse en las almohadas Muley, Alí, don Jerónimo y al tiempo se oyen voces dentro y van sirviendo platos.

Unos

Viva Muley.

Otros

Viva, viva.

Mul.

¿Qué es esto?

Alí

Que en persona

aclaman, agradeciendo

el real banquete que logran.

Mul.

Vosotras cantad, y tú

lo que me ofreciste obra.

Auda.

Arda Fez. Ministros mudos,

en fin, sombras vanas.

Cantan moras

Cuando de Cupido

la llama amorosa,

que abrasa abrasando,

del alma se apropia,

a fuego a fuego fuego tocan

en el pecho las ansias,

que arden gustosas.

Dentro voz

Fuego, fuego.

Uno

Que deleite.

Otro

Qué lástima.

Uno

Qué gozo.

Mul.

Nunca he empleado más bien

vista y oído, que gloria

es oír aquel lamento,

es ver que Fez arda Troya;

mas ardiendo aún arde menos,

del fuego que a mí me provoca

de beber.

Pag. 65

Numero visible superior derecho: 34.

Pern.

Si será vino.

Lun.

Pues qué había de ser.

Pern.

A causa

de danzantes; mas le beben

los moros.

Lun.

Como las moras.

Pern.

Para hacerlo, del gran Turco

sin duda que bula toman.

Cantan moras

De amor al incendio,

hechos mariposas,

son los albedríos,

quien la llama ronda.

Cantan

A fuego, a fuego, fuego tocan,

que este abrasan las almas,

y se enamoran.

Mul.

Es posterior plato.

Mor. 2º

Aquí está.

Sale un moro con una fuente en que trae dos cabezas cubiertas con sus tafetanes.

Mul.

A descubierto te toca,

quitáis así.

D. Jero.

Ya lo hago;

el cielo me valga: toda

mi constancia he menester,

para sufrir tal deshonra.

Mul.

¿Conoce estas cabezas?

D. Jero.

No quieras que las conozca

de don Lorenzo Vivalda,

es la una, y la otra,

es de don Pedro de Urbina.

Mul.

Mi saña reserva ahora

tu cabeza, en tanto que

aquesta cuchilla corta

con la de Valparaíso

entramas cabezas locas.

D. Jero.

No es fácil, y así es posible

que de persona a persona

me lo dirás.

Mul.

Villano,

cómo atrevido te arrojas.

Dentro ruido de guerra y tocan arma.

Arma, guerra.

Mor. 2º

En peligro.

Pag. 66

Mul.

¿Qué es esto?

Mor. 2º

Toda

nuestra campaña se inunda

de corajes españoles

y infantes, y ya avanzando

a nuestros ataques, logran

destrozar nuestra gente

de ellos; confuso que arrojan

sus granadas.

Mul.

Qué escucho,

esto nuestra ocasión,

pero presto castigar

sabré arrogancia tan loca,

seguidme.

D. Jer.

El primero yo;

pues me hace mi gente escolta

será con aqueste acero

quien de su saña me oponga,

de esta suerte.

Pern.

Y merendó acaso

yo níperos, o castañolas.

Mul.

A vil cristiano matadle,

todo muera.

D. Jer.

No es fácil.

Quítale el alfanje a un moro y hiere a otro.

Éntranse cerrando a don Jerónimo y a Pernil, y dentro dice el Marqués lo que se sigue, y después salen don Pedro, Leonor, el Marqués y cristianos con dos banderas.

Marq. dentro

Fuego al ornillo se dé.

D. Ped. dentro

Efecto ha hecho; pues las obras

del segundo ataque ya

se ven arruinadas todas,

pues al tercero, y granadas

lluevan.

Marq.

Nada

contra nuestro esfuerzo importa

al avance.

D. Jer.

Para darle

ya a vuestro lado me logra

Vuestra Excelencia.

Pern.

Ya Pernil

es alcalde de Valdehormas.

Marq.

Don Jerónimo, los brazos.

Pag. 67

Numero visible superior derecho: 35.

D. Jer.

No, señor, que ahora

de ellos necesito para

que obre el valor.

D. Ped.

Nuestras tropas,

el moro viene cargando

a rechazarle que es poca

nuestra gente.

Mul.

Ea, africanos,

a ellos.

Uno

Viva Mahoma.

Otros

La fe viva.

Leo.

Muera aquesta

canalla.

Marq.

Aunque se retira,

llevamos al enemigo,

el retirarnos importa,

que la multitud de moros

malograremos la victoria.

D. Jero.

A retirar, soldados.

Dentro voces

A retirar, que nos cortan.

Leo.

Pues en señal de que habemos

conseguido aquesta gloria,

de ganar hasta el tercer

ataque suyo, se pongan

en el final dos banderas

con las armas españolas.

Marq.

Yo lo apruebo, en fe de que

estos bárbaros conozcan,

que volveiremos por ellas.

D. Ped.

El triunfo de hoy a la autora

del África le debemos,

a quien en Ceuta devota

rogativa el clero hace.

Mora

Pues dándole a ella la gloria,

marche a la plaza la gente,

y al son de cajas y tropas

digan las voces que viva

la Fe Católica victoriosa.

Tocan cajas y clarines.

Pag. 68

Plana sin texto propio; solo se aprecia traspaso de tinta de la hoja contigua.

Jornada tercera

Pag. 69

Numero visible superior derecho: 36.

Pag. 70

Plana sin texto propio; solo se aprecia traspaso de tinta de la hoja contigua.

Pag. 71

Numero visible superior derecho: 37.

Salen Alí y Luna.

En la acotación lateral parece haberse cancelado una lectura previa, probablemente Fátima, y se conserva Luna.

Lun.

Deslucido es el engaño,

y de un valor dudoso,

viendo a Fátima cautiva,

que no procure ni ansioso,

liberarla.

Alí

De esa Luna

de acordarme ahora lo propio,

que noble olvidar no puedo,

la crueldad del rey estorbo

es, para no declararle,

por no motivar su enojo,

que está en poder del cristiano

Fátima con el embozo

de Lelín, por si lograse

con algún ganzón onoroso

la restitución; mas si, sabe

porque si de ello le informo

con ella me ha de obligar,

a que me case, y me logro

la esperanza de que sea

mía Leonor, al soborno

de darle libre a su padre,

lo cual conseguir dispongo

muy presto.

Lun.

Cuando te acuerdes

de lo que la debes, como

te olvidas, de lo que a mí

me debes?

Al.

Pues en qué modo

de ti me olvido?

Lun.

Dejando

que en esta línea, y demonio,

que fabricando Muley

del Zebitán presuroso

a fan, sea yo peón,

Pag. 72

Lun.

siendo peonza.

Al.

Si a todos

empleados en la tarea,

sin reservarse, aun el propio

Muley con la zapa y pala

ves trabajar oficioso

en la línea, que ha de ser

fuerte antemural, y estorbo

a los volantes cometas

de fuego, piedras, y plomo,

de quien siempre de la plaza

asediados tanto somos,

como quieres te reciba

a ti?

Sale un moro huyendo de Muley, que trae el alfanje desnudo, y con él Audalla.

Mul.

Huir de mi enojo,

mal podías.

Mor.

Alta piedad

apelo.

Mul.

No la conoció

yo en mí, y quiere tu hallarla

en mi rencor riguroso.

Al.

Qué delito ha sido el suyo?

No saber este alarbe, y otros,

a quien con esta luciente

centella partí en dos trozos

la cabeza, osado infame,

mi sombra, siendo insultuoso

presagio para mí.

Al.

A vanos

agüeros supersticiosos

quién da crédito?

Auda.

Quién sabe,

que en estos celestes globos,

caracteres son sus astros,

en cuyos párrafos doctos

se leen ciertos los influjos

de venideros rigores;

abonando sus crueldades

Pag. 73

Numero visible superior derecho: 38.

Auda.

su crueldad más ocasiona;

pues maestro he sido dellas.

Mor 1º

Señor piedad.

Mul.

Ya dispongo

tenerla ahora de ti,

mas ha de ser de este modo,

ola.

Mor 2º

Qué mandas, señor?

Mul.

Que con el cadáver propio

a quien di muerte, a ese alarbe

se haga atar, porque al penoso

honor del difunto venga

a morirse poco a poco.

Lun.

Mayor rigor ay.

Mul.

Di cuál?

que premiarte le propongo,

si estrangulose.

Lun.

Es atar,

a un discreto, con un tonto,

o para que se consuman,

que ande un poeta con otro.

Mul.

Llevalde.

Mor 1º

De tu impiedad

me vengue Alá poderoso.

Mul.

Tarde será eso; que abriendo

pecho a la playa notorio

con un trompeta, que aun

en nuestro ataque propio

se conservan sus banderas,

por ver si así los provoco,

que vengan a restaurarlas,

para vengar yo mi enojo,

no me han respondido, pero

qué clarín puebla sonoro

el aire?

Tocan dentro el clarín y sale el Moro 2º.

Mor 1º

Un cristiano ahora

llegó al campo, y Alforje

le salió conduciendo,

Pag. 74

Se aprecian ensayos o versos marginales cancelados en la zona inferior izquierda.

Mor 1º

para hablarte.

Mul.

Yo le otorgo,

que llegue: qué intentará

el Gobernador?

Al.

Bien prompto

puedes saberlo; pues ya

llega el cristiano este coco.

Salen Pernil y el Moro.

Pern.

A ti, Muley Ismael,

rey de Mequínez glorioso,

el Marqués de Valparaíso,

invicto caudillo heroico

de Ceuta, salud te envía,

y agradecido en retorno

del aviso que le diste,

de que en tus ataques propios

aun mantiene sus banderas,

que el cielo vanaglorioso,

en señal de que arruinas

las obras logró su arrojo,

hoy a llevarse las vuelve:

de esto te hago noticioso,

porque no digas, que fue

traición después, el que ocio

fue, o descuido de tu campo,

que en militar duelo omiso

los ardides de la guerra,

no son tratos alebosos;

como lo estudié, lo he dicho,

pues sino, como abalorio

ensartara disparates,

unos grandes y otros gordos.

Mul.

Cristiano, a Valparaíso

dirás, que lo que respondo,

es, que en campaña le aguardo,

mas porque te conozco,

no eres Perniletu ?

Pern.

Jesús,

mas ahora soy solomo?

Pag. 75

Numero visible superior derecho: 39.

Mul.

Pues asado en una lanza

parte fuera, de mis ojos,

a no recibir este sabio

conducto.

Per.

Fuera mal como.

Mul.

Con una emboscada aguardo,

del cristiano esfuerzo arrojo

castigar: vamos, que presto

el tiempo nos dirá el modo.

Éntranse y se queda Pernil.

Pern.

En buena. Pernil, te has visto,

yo parto de dogo? Voto

a la mitra de Pilatos,

que a poder vengar mi oprobio,

diera a este perro jaraguí;

pero ya a campaña los trozos

de caballos y de infantes

nuestros, la campaña noto,

y Valparaíso llega

aquí, diciendo.

Salen el Marqués, Leonor, don Jerónimo, don Pedro y Fátima entre soldados cristianos, Laura y soldados.

Marq.

Famosos

capitanes y soldados,

pendiente este decoroso

la reputación de España,

crédito se hizo de todos

recobrar nuestras banderas;

pues nos provoca a ello el moro,

lo que el gozo hizo de un triunfo,

enmiéndelo ahora el arrojo,

voluntario fue el fijarlas,

y cobrarlas esforzoso,

y tanto, que todo el resto

de nuestro ejército heroico

nos esfuerce, empeñar.

D. Jer.

Yo

a vuecelencia en retorno

le hablo: su majestad,

honrado (como es notorio)

Pag. 76

D. Jer.

con el puesto que vacó

su muerte, infeliz candor,

de don Lorenzo Ypalada,

una bandera no solo

restaurar ofrezco.

D. Ped.

Sed

don Jerónimo, que hay otros,

que también recuperar,

la otra sabrán.

Leo.

Mas que a todos

a mí me toca: supuesto

el arbitrio he sido solo,

de dejar en los ataques

las banderas.

D. Ped.

No me opongo,

a que vos seáis, don Lope,

quien logréis la empresa, electo

que le hube, su valor

me tocó en afecto.

Fat.

Todos.

Don Lope, estamos acá.

Leo.

Tú en este traje?

Fat.

El soborno

pudo darme este vestido.

Leo.

Pues qué intentas?

Fat.

Ver si logro

hallar a Alí en la batalla;

pues ingrato, y aleboso

no intentando mi rescate,

que se ha olvidado, es notorio

de mí, he de castigar

su ingratitud.

Leo.

Se airó?

es muy hijo de tu valor;

pero en mi lealtad forzoso

he de hallarte.

Fat.

Ten,

que en impedirlo, conozco,

Pag. 77

Numero visible superior derecho: 40.

Fat.

que es desconfiar de mí,

y hago a Alá solemne voto,

de no pasarme a mi campo.

Marq.

Eso me responde el moro?

Pern.

Eso respondió, y me quiso,

hacer pasto de sus dogos.

Laur.

Por gallina?

Pern.

Peor fuera

por capón!

Leo.

Pues yo te tomo

la palabra.

Voces dentro y tocan a arma.

Uno

Arma, arma, guerra.

Otro

Ti li li li.

D. Jero.

Ya los moros,

vienen avanzando.

Marq.

A ellos,

avancemos pues nosotros

espada en mano.

Uno

Santiago.

Otro

Mahoma.

Todos

A ellos.

Salen Muley, Audalla, Alí, Fátima y moros.

Mul.

Valientes

africanos, hoy el día

ha de ser nuestro, en oprobio

de los cristianos.

Marq.

No es fácil,

bárbaro infiel.

Pern.

Qué mondongo

tan bravo ha de hacer el diablo,

de la sangre que en arroyos

de los moros van vertiendo

los nuestros. Aquí un brioso

cristiano una tropa viene

acosándole, el socorro

no me toca, que no soy

toreador: soleta tomo

y venga lo que viniere

que esto es lo mejor.

Éntrase y sale Leonor con la espada en la mano.

Pag. 78

Habiendo disparado desde el ataque algunos tiros, llega Leonor y toma la bandera, y salen algunos moros a impedirlo.

Leo.

Los batallones rompiendo

al tercer ataque logro

llegar, la bandera es esta

y si mil de seda ayroso

serenidades anuncian

diluvios flechan de plomo

los que te guarnecen; pero

a restaurarla me arrojo

a pesar de tanto incendio.

Mor 1º

Primero serás despojo

de nuestras iras, que logres

ganar ese real despojo.

Mor 2º

Muera.

Leo.

Si hubiera el mismo

cielo hombres como vosotros,

me la he de llevar.

Mor 3º

Matalde.

Leo.

Difícil es: mas que oprimido

caí, perdiendo de la mano

el triunfo, que ya malogro.

Cae Leonor perdiendo de la mano la bandera, y a este tiempo sale don Pedro.

Mor 3º

Muera.

D. Ped.

Buen tiempo llego.

Don Lope, alzad; mientras cobro

la bandera, que perdisteis.

Leo.

A ellos, don Pedro.

Pelean con los moros y los hacen retirar.

Mor 1º

Es cada cual uno.

Mor 2º

Ya es en vano

la resistencia en nosotros.

D. Ped.

En fuga se han puesto.

Leo.

Y yo

a vuestras plantas, pues logro

la vida, que os debo.

D. Ped.

Aun más,

me habéis de deber.

Leo.

Ignoro,

qué se puede.

D. Ped.

De este moro

que a pesar de tanto aborto

Pag. 79

Numero visible superior derecho: 41.

D. Ped.

de arrojadizos volcanes

pudisteis ganar brioso,

vos restaurarla ofrecisteis,

yo no, y en mí fuera oprobio,

por apropiarme a mí un triunfo

enajenársele a otro:

tomad la bandera.

Leo.

No

he de tomarla.

D. Ped.

Es ocioso,

por vida del rey, que habéis

de recibirla.

Leo.

La tomo,

constituyéndome esclavo

vuestro.

D. Ped.

Mi amigo sois solo.

Óyese batalla dentro y saliendo don Jerónimo se echa la una bandera y se entra.

D. Jero.

Mal a mi esfuerzo podréis,

restaurarla ya.

D. Ped.

Qué oigo?

la voz de Marín es esta,

en algún riesgo le noto.

Leo.

Pues el tafetán al cuerpo

me ciño y el asta arrojo.

Vamos allá.

D. Ped.

Vamos.

Quita el tafetán del asta y se le ciñe al cuerpo; y entre tanto no dejan de oírse ruido de espadas, y entrándose salen Fátima y Alí.

Alí

Dime,

qué es lo que intentas, tirano,

sacándome de la lid?

Cristiano?

Fat.

Darte, vil moro,

ingrato, mal caballero,

la muerte: porque engañoso

a una dama has olvidado,

a quien debes entre otros

favores, el de seguirte,

abandonando el decoro

suyo a este sitio

Alí

Qué miro?

Esta es, no hay duda, pues como

tu forma en este traje?

Pag. 80

Fat.

No preguntes, aleboso,

el modo, sino prevénte

a la batalla.

Alí

El hermoso

enojo de esos ojos.

Fat.

No es fácil,

que he de llevarte, mi esposo

cautivo, porque padezcas,

lo que padezco en oprobio

de tu valor, pues me tienes

prisionera.

Al.

Pues que logro

verte libre, qué más dicha,

vente conmigo.

Fat.

Es ocioso

tu intento, que he de matarte.

Al.

Ya es cruel rigor, ese odio

con quien te adoro; engañarte

fuera es.

Fat.

Mientes, cauteloso

enemigo, que a Leonor

es a quien quieres.

Al.

Tus locos

zelos, no malogren ahora

tu libertad con tu enojo.

Dentro voces.

Voces

Arma, guerra.

Alí

Mira que

ya cargando Augusto todo

del cristiano, a aquesta parte

viene.

Fat.

Eso es en mi abono;

pues pagándome así, te dejo

con el baldón vergonzoso,

de siendo mujer, pude

arrebatada rostro a rostro,

decirte mi sentimiento,

y no admitir en mi respeto

cautiverio, y libertad

que no te debo a ti propio.

Éntrase.

Al.

Aguarda, espera; mas ya

se ha incorporado su arrojo

con los cristianos, y puesto

Pag. 81

Numero visible superior derecho: 42.

Alí

que otro desquite no topo,

su estrago he de ser.

Marq.

Soldados,

a retirar; pues gloriosos

por el crédito de España

volvimos; pues notorio son

esto, que ambas banderas

se han ganado.

D. Jero.

La una pongo

del rey a las plantas reales.

Leo.

Y yo esta mía le pongo.

Marq.

Pues a la plaza; que temo,

que alguna emboscada el moro

nos tenga puesta.

D. Jer.

A la plaza.

D. Ped.

A la plaza.

Voces

Para la plaza todos.

Éntranse y salen Muley, Audalla, Alí, Luna y moros.

Mul.

De mi fortuna reniego,

que permita aqueste oprobio

Alá en mis armas.

Al.

Su fuga,

sigamos.

Mul.

Yo dispongo;

pues la emboscada que puse

no ha tenido ningún logro:

mas aunque de piedad el cielo

y sus astros rigurosos

a pesar ha de entrar

en Ceuta mi ira, y no solo

triunfo ha de ser de mi esfuerzo,

mas ha de abrasar mi enojo.

Éntranse y salen Pernil y Laura huyendo.

Pern.

Por esta hazaña nos ha tocado

en la muralla a los dos,

y ya de andar, vive Dios,

que me veo despeado.

Laur.

Un hombre se ha de aquexar

de andar, si fuera mujer

qué hiciera?

Pern.

Montar hacer,

que ellas sabrán por andar,

Pag. 82

Laur.

Dése eso; y vea que el mundo

todo lo muda, y disfraza;

pues exequias esta plaza

hace hoy por Carlos segundo,

con fúnebre pompa y llanto

por rey, que en el cielo está

las hace.

Pern.

Cierto es que está allá

que fue Carlos un rey santo.

Laur.

Iguales hace sus leyes

la muerte con todos.

Pern.

Es aún más que evidente, pues

se mueren hasta los reyes.

Mas las sordinas avisan,

que ya el funeral fenece;

pues a la plaza de armas

en fila formada viene

mucha gente.

Suenan las sordinas.

Laur.

Y arrastrando

traen las banderas, que fuisteis

su vasallo a real rey,

le batieron tantas veces.

Tocando las sordinas y tambores atraviesan enlutados el Marqués, don Jerónimo, don Pedro, Fátima, Leonor y los soldados, que se pudieren, vestidos con casacas negras y sombreros de plumas, y pasan arrastrando las banderas y picas.

D. Ped.

Con qué profundo silencio

caminando van.

Laur.

Parece,

que sudor por los dos,

hoy los corazones vierte.

Pern.

Si este llanto no enjuga

mucho sol que ya amanece,

que influye España fuerte;

pero ya invicto rey viene,

que unirá a nuestros leones,

los reales lises franceses.

Laur.

Hoy te ha de durar la flaqueza

pero qué clarín es este?

Tocan un clarín y sale un soldado.

Sold.

Aunque distante se mira,

gallardo un moro parece,

que será, si se acerca.

Pern.

De palo; como advierte,

no se responde.

Pag. 83

Numero visible superior derecho: 43.

Éntrase el soldado.

Laur.

Aviso

al Marqués de esto se debe.

Sold.

Yo hice al punto.

Laur.

Un caso a otro

en un instante sucede.

Pern.

Esa objeción pondría, quien

en la comedia no advierte,

que lugar, tiempo, o distancia,

no se da, y que no se pueden,

mudar los gobernadores

según los casos presentes.

Laur.

El Marqués llega.

Salen el Marqués, don Jerónimo, don Pedro, Leonor, Fátima y soldados.

Marq.

Qué es esto?

Pern.

Velo vuecelencia puede.

D. Jero.

Con la voz de un clarín que anuncia, el viento

un arrogante moro al muro llega,

un bruto que al sol bebe el aliento,

negro lunar, o sombra de la vega.

Marq.

Qué puede ser del bárbaro el intento

que sin seguro a tal acción se entrega?

Leo.

De parte de su rey algún partido

vendrá a pedir.

Marq.

Acabólo atiendo.

Medio del muro?

D. Ped.

Quién llama?

Mul.

Quién pudiera,

si conocido en su impaciencia ardiente,

de llegar sin seguro, que no espera,

que le tiene en su cólera valiente:

Muley Ismael soy, de Alá primera

emulación en el poder, y gente,

y el que aqueste caudillo invicto llama.

D. Jero.

Ya te escucha el que a un tiempo esclama.

Mul.

Pues sabéis que Ceuta ya acabada ,

tengo a mi campo el que fortificado

con ataques, conforme a mi dictado,

un clarín de sacar es armado,

y que vuestra defensa bien frustrada

nuestro fin coge y la desolada .

Pag. 84

Mul.

Espera que mi cruel enojo ciego

entre la plaza ardiendo a sangre y fuego?

Si a Ceuta no rendís algún partido

que ofrezco haceros, al primer amago

de mi justo rigor enfurecido

llorará su infeliz último estrago:

a merced la rendid del advertido

con eso que os publico en aquí mi halago,

porque si llego a desnudar la espada

la veréis reducida a polvo, a nada.

Ceuta es mía: ya ha llegado el caso;

pues mucho a esto me presté,

a defenderla, luego que así ocaso,

llegue el segundo Carlos, rey Felipe,

pues glorioso se mira al mismo paso

que en su mejor heredad mi río infeliz

mentir no puede el sitio Ceuta en mí,

sin rey se ve su excelsa monarquía.

Marq.

No pase más adelante

bárbaro rey, que ya tiene

heroico monarca España,

que entre sus invictos reyes

es quinto planeta suyo

porque a Marte represente,

y porque mejor lo creas,

verás, si es que te detienes,

ocupando al bruto Aljife,

y afirmado en los borrenes

su aclamación.

Córrense los bastidores y se ve un retrato del rey a caballo, y a sus pies algunos moros rendidos en el suelo con cadenas.

Mul.

Bella guisa.

D. Jer.

Nuestro rey Filipe es este,

que a sus plantas aherrojados

Alacadino ya tiene

tanto árabe moro.

Marq.

Aunque Ira

la aclamación ahora empieza.

Pag. 85

Numero visible superior derecho: 44.

Dentro tocan el clarín y callan.

Alférez

Oíd, atended,

soldados nobles y plebe,

Ceuta por el rey Philipe

quinto, que viva, que reine,

monarca ínclito de España.

Todos

Reine y viva inmortal siempre.

D. Pedro

No es menester que aclamado

está ya, según las leyes

de Castilla este estandarte

bato una, dos, y tres veces

a sus generosas plantas,

repitiendo en tan solemne

acto, con la salva real

de picas, y de mosquetas,

y las cítaras de Marte

para aplauso más alegre

que Philipe quinto viva.

Disparan dentro algunos tiros y toca el clarín y cajas.

Todos

Viva, triunfe, venza, y reine.

Marq.

Ya la aclamación has visto,

rey moro, mira si puede

ser Ceuta tuya teniendo

monarca, que la defiende,

con mayor poder que nunca,

y con el valor que siempre.

Mul.

Mi invencible esfuerzo ahora

mejor puede prometerse

que Ceuta sea suya; pues

si enfadado con aqueste

rayo agitado está

a deshojar tantas veces

leones de España: mejor

cortará lises franceses.

Pern.

Como perro con castañas.

Laur.

Relámpago parece.

D. Jer.

Qué arrogante ha estado el moro.

Leon.

Qué soberbio.

D. Ped.

Qué impaciente.

Mar.

Del enemigo sanar ,

Pag. 86

Marq.

Pero no es bien, que del todo

el que es caído la desprecie,

y así quede la muralla

bien guarnecida de gente.

D. Jer.

Lo llama que bien.

Marq.

Pues vamos,

que paso que sucediere,

hacer consejo de guerra

intento.

D. Jer.

Vamos a hacerle.

Éntranse, quedándose algunos soldados, Pernil y Laura.

Pern.

Y nos quedamos de porte?

Laur.

Pues no lo ve, Pernil?

Pern.

Pese

al que porta inventó,

Laur.

Pues con ellas aún más puede.

Pern.

Digo, señores soldados,

no sería bien que se juegue.

Pag. 87

Numero visible superior derecho: 45.

Sold. 1º

Me place.

Per.

También dados

hay aquí.

Laur.

Los está oliendo?

Sold. 1º

No los huele, que estoy viendo

si están los dados cargados.

Saca Pernil dados, échalos sobre el tambor y el soldado segundo hace que los huele.

Per.

Cierto que es linda palabra

el sargento, si creyó

que pudiera darle yo

dados falsos, por mi vida.

Sold. 1º

Qué pendencia tenemos?

No es malo para mi humor.

Laur.

Ya nos espera el tambor.

Sold. 1º

Pues riñamos, o juguemos.

Juegan.

Sold. 2º

Por mano tiro el primero.

Laur.

Treses eché y lo hajando.

Sold. 1º

Azar es perder la mano.

Per.

Mas lo era a ser de carnero.

Sold. 1º

Digo, y le juegan alajas,

en rematando el dinero?

Todos

Quién lo duda?

Laur.

Pues parar.

Recoge lo parado el soldado segundo, y echa Pernil los dados.

Sold. 1º

Yo le paro escudo y medio.

Sold. 2º

El medio delante.

Sold. 1º

Yo

escudo y doblón.

Laur.

Empiezo.

Sold. 2º

Azares los vi .

Per.

Cuidado con mis derechos.

Laur. 1º

Cincos.

Sold. 1º

Más que mil demonios

os lleven.

Per.

Ya ti con ellos.

Saca otros dados Pernil.

Laur.

Vuesarced me debe

una suerte.

Sold. 1º

No lo niego.

Per.

Paro esta banda, y delante

estos cuartos.

Pondrán también el coleto junto al tambor.

Sold. 1º

El coleto

con lo que me queda paro.

Laur.

A holandés, yo lo creo,

que dos legiones de sastres

pelean esotro en el cuerpo.

Pag. 88

Estarán divertidos escuchando a Laura, y al tirar los dados el soldado primero, como a lo lejos un golpe que corresponde debajo del tambor.

Laur.

No me dirán por su vida,

aquí en natural secreto,

qué valdrá entre dos amigos

esta piel.

Sold. 1º

No tiene precio.

Sold. 2º

Seis.

Sold. 1º

Veamos.

Sold. 2º

Son doses.

Sold. 1º

Voto a Dios, que se han vuelto

echa la suerte, y que a quien

lo contradijere.

Sold. 2º

Quedo

que aquí lo dirán.

Per.

Los doses

he visto.

Laur.

Y todos lo mesmo.

Sold. 1º

Pícaros, pues mentís, yo

me cobraré por entero.

Todos

Muera.

Sold. 1º

No es fácil, cobardes.

Laur.

Cuidado con los derechos.

Sold. 2º

Puesto son

hoy en la muralla.

Echan a rodar el tambor, y salen el Marqués, don Jerónimo, don Pedro, Leonor.

Pern.

Óyese el ruido.

Mar.

Qué es esto?

Per.

Que ese soldado

habiendo perdido al juego

de los dados una suerte,

intentó vano y soberbio

barajarla, por decir

que los dados se volvieron;

nadie lo vio, con que todos

contradijimos su intento:

él tan escaso de juicio,

como falto de dinero,

sacó la espada.

Laur.

Y en breve

a dos hirió, y a uno ha muerto.

Mar.

Hola, prendedle, que aunque

no paga su error muriendo

lo que una vida no vale,

lo suplirá un escarmiento.

Solda.

Dadle a prisión.

Sold. 1º

Difícil

está.

Mar.

Pues como está a que

Pag. 89

Numero visible superior derecho: 46.

Sold. 1º

salvo la vida

desesperado vengarme

se arrojó al foso.

Mar.

Tiradle.

Leo.

Osado el cristal rompiendo

tierra toma.

Per.

Y porque el corte

se saque yo su coleto.

D. Ped.

A los moriscos ataques

llegó.

Mar.

Preciso es el riesgo.

D. Jer.

No es cierto

que el desorden procedió

de que los dados tuvieron

movimiento, sin saber

quién les diese el movimiento?

Per.

Así fue.

D. Jer.

Y para jugar

el tambor no estaba puesto

en la muralla?

Laur.

No hay duda.

D. Jer.

Pero qué se infiere de eso?

Mar.

Que el moro nos mina; y no hay

prueba para conocerlo,

como el tambor, y los dados

sobre la muralla puesto,

que a una media legua el golpe

obra el referido efecto.

Don Jerónimo, el reparo

ha sido muy como vuestro.

Leo.

Y preciso.

D. Ped.

Solo falta

confirmarle.

Per.

Pues probemos.

Laur.

Milagros el arte inventa.

Per.

Sin son danzan; esto es hecho.

Mar.

Ya no hay que dudar, aviso

se dé a nuestros ingenieros,

para que el daño reparen,

y viva en todo el desvelo

tan cauto que la fortuna

penda del arbitrio nuestro.

Leo.

A don Lope voy cobrando

una afición que no entiendo.

D. Ped.

Si me cumpliese Alí

la palabra de que presto

libre me dará a mi padre.

Leo.

Cuando injusta, Leonor, premio

tendrá una pasión que vive

malquista con su silencio.

Salen Muley, Audalla, Alí, Luna y moros.

Alí

Perficionose la mina?

Mul.

Bien parece que mi intento.

Alí

Yo, gran señor, no quisiera

que te aventures.

Mul.

Resuelto

por un aviso, que en nada

te asegura el vencimiento.

Cómo no, si aquel cristiano

que a mi campo llegó huyendo

ha vivido mil peligros,

dice que si con secreto

en la primera estación

de la tarde, cuando el terso

luciente blandón del día

mejora sus lucimientos,

con secreta marcha al muro

nos acercamos, y luego

en la plaza de armas tropa

introducimos, podremos,

aunque Alá lo contradiga,

no solo tomarla, pero

darles lograré en buena hora

a los obstinados pechos

de mi impiedad, y no en vano

crédito le di, supuesto

que las tareas continuas

de sus obras sin aliento

los tienen; y aún más que ellas

los encendidos reflejos

del sol, causando que cuantos

no poco así lo encarezco,

se dejen vencer del sueño.

Alí

Nada basta a convencerte?

Mul.

Solo Audalla me convenció

cuando la razón del labio,

es la opinión de mi acero.

Alí

Pues valiente que con p...

Pag. 90

Dice.

Leo.

Una afición que no entiendo

si me cumpliese Alí

la palabra de que presto

libre me dará a mi padre.

D. Ped.

Cuando injusta Leonor, premio

tendrá una pasión que vive

malquista con su silencio.

Salen Muley, Audalla, Alí, Luna y moros.

Alí

Perficionose la mina?

Mul.

Bien parece que mi intento.

Alí

Yo, gran señor, no quisiera

te aventurases.

Mul.

Resuelto,

por un aviso, que en nada

te asegura el vencimiento.

Alí

Cómo no?

Mul.

Si aquel cristiano,

que a mi campo llegó huyendo,

ha vivido mil peligros,

dice que si con secreto,

en la primera estación

de la tarde, cuando el terso

luciente blandón del día

mejora sus lucimientos,

con secreta marcha al muro

nos acercamos, y luego

en la plaza de armas tropas

introducimos, podremos,

aunque Alá lo contradiga,

no solo tomarla, pero

darles lograré en buena hora

a los obstinados pechos

de mi impiedad; y no en vano

crédito le di, supuesto

que las tareas continuas

de sus obras sin aliento

los tienen; y aun más que ellas

los encendidos reflejos

del sol, causando que cuantos

no poco así lo encarezco,

no se rinden a mis armas

se dejen vencer del sueño.

Alí

Nada basta a convencerte?

Mul.

Solo Audalla me convenció

cuando la razón del labio

es la opinión de mi acero.

Alí

Pues valiente que compon

Pag. 91

Numero visible superior derecho: 47.

Alí

el nuevo estacamiento,

a quien la empresa se fía,

con impaciencia el precepto

tuyo aguarda.

Mul.

Yo lo sigo,

qué marche.

Auda.

Ved.

Mul.

Ya estáis necio;

tú de escogidas milicias

irás con algunos tercios

de retén.

Alí

Anhelo así.

Mul.

Pues atenta.

Auda.

Yo el primero

seré que su muro pise.

Mul.

Y del peligro?

Auda.

Te he propuesto

no para huirle cobarde,

sí para vencerle cuerdo.

Mul.

Pues seguidme.

Alí

Desfilados

los tuyos dicen.

Dentro.

Sold. 1º

Marchemos.

Mudo pausando el clarín, y caja marciales ecos.

Moro 1º

A la muralla llegamos.

Moro 2º

Las escalas arrimemos.

Mul.

Esperad, que yo he de ser

el que antes que todos puesto

tomé en la muralla.

Éntranse por una puerta y salen por otra algunos moros con escalas que arrimarán a los muros, y después Muley y Audalla con rodelas.

Auda.

Pues

de que me da como a dueño

posesión Ceuta.

Auda.

Quién noble

osa competir tu aliento?

Moro 1º

Dentro dos prodigios

obra tan noble ejemplo.

Mul.

La superior a la plaza

me miro, y en ella veo

entregadas sus milicias

a un común letargo; cierto

fue el aviso: a sangre y fuego

españoles hoy veremos,

si os escarmienta dormidos,

el que despreciáis despiertos.

Auda.

Entremos pues.

Mul.

Ya está mi luna en tu cielo.

Auda.

La suerte mira en tu cielo.

Pag. 92

Alí

Ya los dos mil combatientes

que a Muley vienen siguiendo,

la plaza entraron, y la

parece que dice el eco.

Voces

Arma, guerra.

Unos

Muley viva.

Otros

Traición, traición.

Dentro.

Mul.

Sarracenos,

nuestro es el día.

Uno

Ay de mí!

Otro

Desesperar del remedio

sea el último.

Otro

En las ondas

quizá piedad hallaremos.

Alí

Ya es tanta la confusión,

que van aumentando riesgos

los cristianos contra sí,

pues los que huyen de la gente

en el foso encuentran ya

cristalino monumento.

Voces

Guerra, guerra.

Unos

Muley viva.

Otros

No es posible defendernos.

D. Jer.

Españoles, no con tan vil desaliento,

indignamente os rindáis

aun más que al poder al miedo;

aunque la estacada nuestra

han tomado con denuedo,

desalojémoslos de ella.

D. Ped.

Tarde o nunca podréis, puesto

que a imitación de Muley

es cada africano un Héctor.

D. Jer.

Soldados, levantad tierra,

donde nos fortifiquemos.

Dentro

Ya del tejón han cedido,

y se retiran.

Voces

Arma, arma, guerra, guerra.

Mul.

Pero qué escucho, mintieron

sus voces, pues ya sin duda,

pues la abren, habrán los nuestros

tomado la puerta; pronto

acudid a socorrerlos.

Córrense los bastidores que serán una puerta empalizada; en algunos moros Muley huyendo y Audalla quedándose.

Mul.

Huyamos, pues muchas vidas

en cada amago perdemos.

Auda.

Cómo cobardes huís

de la victoria? reniego

de Alá, y aun de mí, pues no

baste para el vencimiento.

Pag. 93

Numero visible superior derecho: 48.

Mul.

Cómo cobardes huís

del gran valor, y desprecio

de Alá, y aun de mí, pues no

baste para el vencimiento.

Alí

Subir lo esperaron ahora

a nuestro pesar portentos.

Alí

Volved los infames rostros,

cobardes.

D. Jero.

Pues van huyendo,

con tal precipitación

que no pueden socorrerlos

los que de escolta avanzados

tenían, seguidme, y a ellos

amigos, hasta que en sus

ataques los encerremos.

D. Ped.

Por imitar vuestra gloria

fulmina mi espada acero

cada brazo.

Mul.

Pues la línea

se atreven a entrar resueltos,

cargadlos, y el plomo avise

aun más estragos que estruendos.

Dentro

Leon.

Muy empeñado le tiene

su temerario denuedo

a don Jerónimo.

Alí

En vano,

peleando de soberbio,

cristiano, podrá tu patria

dejar de llorarte muerto.

D. Ped.

Aunque ciñó una bala

esto en el hombro izquierdo,

bien he de vender mi vida.

Dentro

A Muley, a pelear.

D. Jero.

Más que es esto,

estremecida la tierra

sepulta en medio el viviente.

Alí

Peleemos pues la

mina ha sucedido.

D. Jero.

Mas quién sino vos al mísero

Pedro enterrado en los muertos.

Alí

Mas esperando que la mina

solo una parte del lienzo

de la muralla ha volado,

y entre sus ruinas aún veis

durar vivo aquel cristiano

moro pues acabe al fuerte.

Disparan después de haberlos entrado los nuestros por sus ataques. Sale Alí y moros tirando a don Jerónimo.

Tiembla y se hunde grande mina. Dentro caen algunos pedazos de muralla sobre don Jerónimo, de modo que parece que el medio cuerpo le tiene enterrado.

Pag. 94

D. Jer.

Perdido quedas sin vida?

Podré, mas no sin aliento,

pues más allá del esfuerzo

de un español, el esfuerzo

dura; mas así que me falte

no el ánimo, el movimiento,

que es que aún más que con vista

batalla consigo mesmo.

Alí

Qué aún vive!

D. Jer.

Ya la cortan dos

bocas, como cerbero tengo,

húmeda vida, que angustias,

mas oh! cuán justo muero,

sabiendo que la consagro

a mi patria, al rey, al cielo.

Marq.

La gloria.

Mar.

Lo he de abrir.

Pern.

Que no nos entierren resueltos.

Mar.

Perros, a tomar a casa

solos, en distintos riesgos.

D. Ped.

A la plaza antes que lleguen

corramos.

Leo.

El plomo ha hecho

notable estrago en nosotros.

D. Jer.

Señor Marqués.

Mar.

Caballero,

no diréis que no he llegado

a vuestro socorro a tiempo.

Leo.

Ignora el mundo que estaba

esperando ya momentos

más cercanos y forzosos.

Mar.

Pues puesto que con sereno

y más opuesto que con cielos

aún rebelado el suceso

venció el más notable

arde del riego nuestro.

D. Ped.

Envió Muley la estacada

con dos mil moros, a tiempo

que del sol y la tarde

cobraba tributo el sueño

con que árbitro su coraje,

Pag. 95

Numero visible superior derecho: 49.

D. Ped.

de sajional mío de cuerpos

y con sus encubiertas

cuchillas, segando cuellos.

El desorden y la impresa

de tanta confusión fueron

a la realidad posibles,

mas no al encarecimiento.

En fin, de la plaza de armas,

respaldo de cubiertas, bueno

se vio Muley, y aunque fuera

de la ciudad; si tan luego

don Juan Palomino

no echara el rastrillo.

Leo.

Pero

duróle poco el alarde,

la gloria del vencimiento;

pues don Pedro Marín,

que guardaba un puesto

fuera de la plaza, osada

que glorioso atrevimiento,

corrió el rastro a la puerta

de nuestra estacada, y luego

Jerónimo Marín,

con aquel noble ardimiento,

solo en valor tanto

coraje nos fue infundiendo,

que entre dos mil los moros

y portugueses dentro

de la plaza, y los que al gran

Marín conmigo siguieron,

no más que setenta espadas

en más destrozas pudieron

no solo desalojarlos,

sino en sus ataques mismos

cargarlos.

Mar.

Notoria es, digna

de que la celebre el tiempo,

qué gente habremos perdido?

D. Ped.

Doscientos, a lo que infiero.

Un general de batallas,

seis capitanes, sargentos

mayores, dos, y otros muchos

cabos.

Per.

Quién mismo ha muerto?

D. Ped.

Don Marín murió.

Per.

Lo tan bien.

Sale por la puerta Muley con moros.

Laur.

Qué haces?

Per.

Sentir tanto héroe,

que me ha de morir ahora el

siquiera de cumplimiento.

Mar.

Quita loca.

Leo.

Si es posible

lágrimas en mí, confieso

que os inundara al semblante

la compasión de mi pecho.

Mar.

De sus cenizas será

la fama obelisco eterno.

Dentro

Muley.

Mul.

Toda al arma, pues abriros

de nuestras obras protesto

se mantienen restos

las cargas.

Leo.

Con todo el fuego

Muley avanza a nosotros.

Mar.

Pues recibámosle; pero

solo a fin de que a la plaza

en orden nos retiremos,

puesta toda la gente

esta avenida le espere.

Mul.

Hea, mahometanos míos,

dentro avanzo.

Moro 1º

Mal podremos

cerrada la puerta.

Mul.

En vano,

vencer su fortuna puedo,

mas que logre reconocer

vencedor el brazo lento

a los cuarteles volvamos.

Pag. 96

Laur.

Qué haces?

Per.

Sentir tanto héroe,

que me ha de morir ahora el

siquiera de cumplimiento.

Mar.

Quita loca.

Leo.

Si es posible

lágrimas en mí, confieso

que os inundara el semblante

la compasión de mi pecho.

Mar.

De sus cenizas será

la fama obelisco eterno.

Dentro

Muley.

Mul.

Toda al arma, pues abiertos

de nuestras obras protesto

se mantienen restos

las cargas.

Leo.

Con todo el fuego

Muley avanza a nosotros.

Mar.

Pues recibámosle; pero

solo a fin de que a la plaza

en orden nos retiremos,

puesta toda la gente

esta avenida le espere.

Mul.

Hea, mahometanos míos,

dentro avanzo.

Moro 1º

Mal podremos

cerrada la puerta.

Mul.

En vano,

vencer su fortuna puedo,

mas que logre reconocer

vencedor el brazo lento

a los cuarteles volvamos.

Alí

Oid venos; mi experiencia

avisa que el rey, al juzgar

la fe saberá rompiendo

con treinta mil combatientes

talando va a sangre y fuego

sus Reales.

Audalla.

Señor, oye aviso

será más seguro

tu vivo Muley Ismael,

a quien con el nombre el denso

te heredó, en contemplación

a tu imperio, que usaba al dominio

universal de tu imperio.

Pag. 97

Numero visible superior derecho: 50.

Mul.

A cuyo amparo acudan

los que de mí malcontentos,

pueden de tus impiedades

pelearse tras tan resueltos.

Mul.

No prosigas, que se atroda

del vencido, que aliento

lo que fue de la fortuna,

vil e hipótico dueño,

si una gloria abandono?

Así una victoria pierdo?

Y un rey, membrado en mis reinos,

si los bárbaros más los activos

mil desaires no influyeron,

pues sabe el cielo, que en mí

no tiene dominio el cielo.

Y así cautelosamente,

he de triunfar de su temor.

Sale Luna.

Lun.

Si gran señor, sabemos

por tus desmanes, que allí

tienen desembarco a medio

las paces de la iglesia,

y España.

Mul.

Pues empecemos

a romperlas; lo que falta

a poder, supla el ingenio:

toca trompeta de muro

llamada del campo a medio.

Tocan un clarín y saldrán al muro el Marqués, Leonor y don Pedro.

D. Ped.

Es Muley.

Mar.

Qué es lo que intentas?

Mul.

El soberano deseo,

que me escuche.

Mar.

El Marqués soy.

Mul.

Quieres que capitulemos

una suspensión de armas,

y canje de prisioneros?

Mar.

Qué os parece?

Leo.

Lo que conviene

para reforzarnos, puesto

que al calor dadas continuas

operaciones tenemos,

toda deshecha la gente

que sigue la resistemos.

Pag. 98

Numero visible superior derecho: 51.

Alí

A Fátima he visto.

No se acuerda de mí, qué secreto.

Mar.

Solo para concluir

el particular proyecto

falta le sueltes.

Mul.

Pues juro

al sagrado Alcorán nuestro

por Alá, por la deidad

que en Meca recibe inciensos,

cumplir cuanto aquí propuse.

Mar.

Lo mismo a los evangelios

sagrados, donde la fe

atesora sus misterios,

juro.

Leo.

Pues el canje ahora

se ha de empezar aquí, es ello.

Cúmplame Alí la palabra,

dándole a mi padre luego

libertad.

Alí

Sí haré, mas vos

me habéis de cumplir primero

la condición, que faltando

amado objeto, no quiero,

que más que vuestro padre

no sé que tenga sujeto

con quien cambiarse.

Fat.

Mucho

lo que en mi favor espero.

Leo.

Si le tiene, porque seas,

que con todo cubras a un tiempo;

lo que en rescate ofreces

de mi padre, no es que dueño

tendría con quien casarse?

Alí

Es así.

Leo.

Pues este bello

joven es Fátima, que

con ella tienes de todos

por ser ella media amistad, cumpliendo

con su honor, y con su fama,

tiene puesto

su deseo en mí.

Salen de muchos capitanes moros presos con don Lope.

Moro

De esta suerte.

Pag. 99

D. Ped.

No se arremetan a la plaza.

También que faltan creo

víveres y municiones.

Mar.

El sabio con esto espero,

para efectuar el tratado.

Mul.

Ya le tienes.

Mar.

Pues bajemos.

Alí

Y Fátima, qué es lo que trazas?

Muy triunfar de todos, tomando tiempo

para lograrlo.

Mar.

Los pactos

rey moro, ves proponiendo.

Mul.

Que la tregua por dos meses

hoy sea el primero.

Mar.

Prosigue.

Mul.

Que no haya adelantamiento

en las obras, ataque

la suspensión que he propuesto

de armas, se concluya.

Mar.

Adelante.

Mul.

Y el tercero

que echo el cómputo en mi campo,

de los prisioneros

sea general el canje.

Mar.

Pretendes más?

Mul.

Sí pretendo,

que en estos dos meses

capitulado tu dueño

al rey, no al de acampado,

al bajá de mi reino

que alivio pagaste intento.

Mar.

Te ensueño lo que solo espero,

aunque el fin ignoro.

Mul.

El fin

es tregua con esto,

que con mi ausencia en mi campo

no ha de haber desorden que temo.

D. Ped.

Favorables los tratados

son todos.

Leo.

Mucho intereso

en uno.

Alí

Con rara astucia

acomodando al tiempo

Muley.

Pag. 100

Mul.

Gran señor, satisfaceros

procuro: aquesta es mi mano

y ella Fátima.

Dánse las manos.

Fat.

Agradezco

las tormentas de mi dicha,

por las fortunas del puerto.

Leo.

Fátima le escribe Alí.

Fat.

Nueva esclavitud confieso.

Mul.

Nada que sufrir me queda.

D. Ped.

De admirado estoy suspenso.

Lun.

Señora, dame los brazos.

Fat.

Luna mía.

Per.

Yo estoy lelo.

Alí

A Antonio llamado.

Ant.

Por el río.

Vase.

Mar.

Don Lope, atento

su Majestad, que Dios guarde,

a nobles servicios vuestros,

de una encomienda mayor

os hace.

Salen el moro primero y segundo, y Antonio López de cautivo.

D. Ant.

Señor, vencer

uno manda que me mandó.

Alí

Libre está.

D. Ant.

Aun no lo creo

de mi desventura.

Leo.

Yo

basto a vencerla, mi esposo.

D. Ant.

Qué miro? Leonor es: va

dame los brazos.

Abrázala.

Mar.

Qué es esto?

Leo.

Que a desear haber probado

que las mujeres podemos

aportarles a los hombres,

astucia, valor e ingenio.

Doña Leonor López de Haro

soy, señor Marqués, y puesto

que los premios del valor

son sin circunstancia premios,

vuestra encomienda a Antonio

López, mi padre, le cedo,

pues la que darle ha muerto

traída del tiempo intento

Vase siempre al oficio le tuve

por nombre muy contra el

Pag. 101

D. Ped.

Ya se disiparon todas

las confusiones del riesgo.

Mar.

El peso de la encomienda

tenéis, extraño sujeto!

D. Ant.

Pues no sea para mí.

Mar.

Para quién?

D. Ant.

Para D. Pedro

de Guevara, a quien casado

con Leonor, mi hija, tengo,

por poder que me rindió

cuando el trance era nuestro.

D. Ped.

Sí la recibí de fe.

Es verdad; pues muriendo

Marín , y siendo quien fin

cierra el caudillo puesto, sí,

Dánse las manos.

Leo.

A tanta dicha

en vano prepararme puedo.

Todos

Y del Nerón africano,

sitiador de Ceuta, demos

fin a la primera parte;

y si el aplauso por premio

mereciere, la segunda

ofrecerán cortos ingenios.