数字文本: El africano Nerón, Muley Ismael
发布日期: 2026年6月25日
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- El texto procede de la transcripción automática (HTR + LLM) del manuscrito Tea 1-4-3, C de la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El africano Nerón, Muley Ismael. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-africano-neron-muley-ismael.
EL AFRICANO NERÓN, MULEY ISMAEL
Jornada primera
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Numero visible superior derecho: 4.
Numero visible secundario en el angulo superior derecho: 2.
Muley Ismael: rey de Mequínez
Marqués de Valparaíso: gobernador de Ceuta
Jerónimo Marín: maestre de campo
Don Pedro de Guevara: sargento mayor de Ceuta
Alí: alcaide de Tetuán
Amete: alcaide de Alcázar
Audalla: mago, barba
Pernil: gracioso
Doña Leonor López de Haro
Laura: su criada
Fátima: dama mora
Luna: su criada
Damas moras
Soldados cristianos
Soldados moros
Músicos
Acompañamiento
A un tiempo, alterándose dentro música y grita de cazadores, se oyen los primeros versos, se ve un gran terremoto con truenos y relámpagos; salen las damas moras con los rostros cubiertos y con arcos en las manos, y entre ellas Fátima y Luna.
De el grande Profeta nuestro
edad que hoy cumple el África aplauda.
Idos a la cumbre,
otros a la espesura.
Tan veloz huyendo baja
un bruto al llano, que en él
las flechas parecen alas.
Uniendo festiva,
voces venatorias a métricas pausas.
Calóse al monte la fiera.
Mi brazo ha de rematarla.
Para que en acorde culto
sirva el afecto a sus aras,
por digno holocausto,
músicas y zambas.
¡Qué horror!
¡Qué pasmo!
En el aire
el fuego impresiones labra.
A un parasismo la tierra,
medrosamente asustada,
para respirar llegó,
Pag. 2
Numero visible superior izquierdo: 5.
Va duplicando gargantas.
Aunque en avenida ardiente
los rayos a la campaña
inunden, en dulces himnos
prosigan las consonancias.
Y tú, fugitivo monstruo,
porque no creas burlada
mi osadía, del abismo
penetraré las entrañas
en tu alcance.
Con el susto
ni aun dos pasos de garganta
podré dar.
Fuerza es que el eco
diga: pues Muley lo manda.
De el grande Profeta nuestro.
En seguimiento del bruto
la persona va empeñada
de Muley.
Cielos, piedad.
Con porfiada constancia
te he de rendir, aunque el miedo
te ampare.
Cesa el terremoto; sale Audalla vestido de pieles, huyendo de Muley Ismael, quien le sigue con un venablo en la mano.
Detén la saña.
Por Alá, que es el primer
asombro a que mi obstinada
violencia se ha suspendido.
Di, pues, quién eres, que nada
le asusta a quien, como yo,
un Etna vive por alma.
Yo soy, oh invencible excelso
Muley Ismael, Audalla,
a quien el segundo ser
debió tu primera infancia,
pues solo a mis experiencias
se te fió tu crianza.
Por ella, y por ver en ti
una altivez tan osada y
una inclinación tan libre,
y una impiedad tan extraña
(aunque atento a mi dictamen
sagaz las disimulabas),
ignorando las primeras,
busqué en las segundas causas
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Numero visible superior derecho probable: 6.
Numero visible secundario en el margen derecho: 3.
tus influjos, y por ellos,
viéndola tan exaltada,
a tu fortuna te dije
que a la diadema africana
de Mequínez y Marruecos,
cuantas puntas la faltaban,
la darías cuando fuese
blasón de tus esperanzas.
Supo el rey, tu hermano Arbit,
el vaticinio, y con trazas
astutamente crueles,
solicitó que empezaran
sus tragedias por mi vida,
como si yo motivara,
con aciertos de mi ciencia,
destinos de su desgracia.
Mas, conociendo es valor
volver al poder la espalda,
vine huyendo a las fragosas
cabernas enmarañadas,
de esta selva, vegetal
penacho de esa montaña,
y aquí, entregado a las ciencias,
vivía.
El acento para,
y antes que segundo asombro
a la admiración pasmada
deje, escucha en lo que ignoras
de mí novedades raras.
Mi hermano Arbit, discurriendo
medios con que se frustraran
en sus hados y en los míos
violencias tan encontradas,
con los premios y el agrado
solicitó se templaran
en mi ambición los deseos,
y en él las desconfianzas;
y así, desde entonces, parte
me dio en dependencias varias,
después (¡qué error!) el manejo
del despacho me fiaba,
tanto que llegué ayudante,
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pues en edad tan temprana
todas las mercedes yo
las hacía, y él las daba,
con que, notando mi astucia,
que tan no vista ignorancia,
con ánimo de impedirlas,
mis dichas me anticipaba,
fingía a mis enemigos,
porque más me aseguraran,
menospreciar el gobierno,
diciendo con afectada
modestia que apetecía
no el cargo, solo la carga,
y que en servicio del pueblo,
con infalible constancia,
el último aliento mío
consagraría a mi patria.
Creyéronme, pero yo,
que atento a todo me hallaba
para atraer los afectos,
sembré con discreta maña
en el pensil de aquel vulgo
mucho tesoro en alhajas,
mucha vanidad en puestos,
de cuya amena abundancia
por laurel cogí corona,
cetro cultivé por palma.
Fue el caso que, habiendo
Muley, que entonces mandaba
como gran bajá a Marruecos,
solevado las escuadras
de aquel reino, le juraron
por su absoluto monarca.
Fuele a mi hermano forzoso
ir en persona a campaña
para que el traidor y cuantos
tan vilmente se negaban
a obedecer sus decretos
obedeciesen sus armas.
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Numero visible superior derecho: 5.
Numero visible secundario en el margen derecho: 4.
Consiguiólo, mas no bien
sus lunas vio tremoladas
en la gran Marruecos, cuando
en su más pública plaza
quiso domenar también
la ruda altivez lozana
de un castaño berberisco,
afrenta fiel de la fama,
pues le competía el vuelo
sin necesitar las alas;
mas él, creyendo baldón
el yugo a que le estrechaban,
que aun brutos instintos hacen
de la libertad jactancia,
se dispuso a no admitirle
con inobediencia tanta
que a mi hermano, que ya iba
perdiendo las esperanzas
de refrenar con sus hados,
más que al bruto a su desgracia,
le condujo hasta la muerte
su cólera desbocada.
Llegó a Fez la novedad,
adonde yo gobernaba
de orden de Arbit, y la plebe,
satisfecha o engañada
de mis fingidas costumbres,
en públicas voces altas
me aclamó sin competencia
más digno de la africana
diadema que cuantos fueron
de su augusto tronco ramas.
Fueron dije, y dije bien,
pues apenas empuñadas
tuve con seguridad
las riendas de aquestas vastas
provincias, cuando, porque
jamás me las disputaran,
empecé a ejecutoriar
mi derecho con la espada,
a los hijos de mi hermano,
y a los que si lo intentaran
Pag. 6
en algún tiempo pudieran,
servir de estorbo a mi saña,
por delitos que fingí,
hice que a unos despeñaran,
a otros en barcos sin remos
a la primera borrasca
del mar entregasen, a otros
los metiesen en estatuas
de bronce ardiendo, y en fin
a los pocos que quedaban
yo mismo los di la muerte.
Mas como sedienta estaba
de sangre mi crueldad,
en fe de disimulada,
hidrópica se quedó,
y es que solo se saciara,
si como quitó las vidas
fuera bebiendo las almas;
tan no prevenido el daño
los cogió, que no acertaban
a creer su desventura,
aun con mirar mis mudanzas.
Y no lo admiro, porque era
máxima por mí observada:
estén las inclinaciones
en un rey tan cauteladas,
que ha de fingir muchas buenas
para ejercer una mala.
Algunos sabios del reino,
prudentes, me aconsejaban
que, de proseguir tenaz
en la impiedad empezada,
aborrecible me haría,
mas con noticias humanas
que a tu ciencia debí pude
hacer demostración clara
de que es indigno del cetro
quien con el cetro se apiada.
La majestad, les decía,
consiste, si se repara,
en más que en su autoridad
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Numero visible superior derecho: 4.
Numero visible secundario en el margen derecho: 5.
luego, si no la afianza
este temor, el poder,
¿quién duda que despreciadas,
sacrílegos desacatos,
la profanarán las aras?
¿Qué púrpura para serlo
de sangre no está manchada?
Si en las haciendas y vidas
aquel que despótico manda,
como yo, tiene dominio,
sería acción acertada
que, por complacer su gusto,
a mi grandeza faltara?
¿Quién dudará que en un rey
la paciencia y tolerancia,
adelantando los vicios,
la inobediencia adelanta?
Disimular es flaqueza,
indignidad o ignorancia
esperar en su persona
culpas para castigarlas.
Pues quién de tales principios,
por consecuencia no saca,
que donde falta la ira,
también la justicia falta;
y que el enojo y el ceño,
la soberbia y la arrogancia,
serán en la arquitectura
de un trono, sólidas basas.
Por esto, y porque mi aliento,
con algo se lisonjeara,
a pesar de mil envidias,
pinté por empresa y armas
el vulgo en un desbocado
caballo, a quien ya paraba
mi valor, pues le servía
de freno mi cimitarra;
y para que con el ocio
el pueblo no maquinara
contra mi persona, hice
que las tropas se alistaran
Pag. 8
de mi reino, y dispute
los límites de mi patria
con sus confinantes reyes,
y en tan política traza
conseguí dos cosas: una,
que mi brío acreditara
que no era para traiciones
hábil, sino para hazañas.
Dígalo haber dilatado
mi imperio hasta donde el Asia,
con peñascos y cristales,
divide la Egipcia y Magna
Etiopía, siempre adusta,
voraz hoguera abrasada
del sol, donde todo nace
a ser tizones con alma;
la otra, porque aborrecida
mi nación de las extrañas
se ha hecho, y viendo que todas
aspiran a dominarla,
ha de conservar mi vida
para mantener su fama.
Este soy, aqueste he sido,
y, en fin, mi genio con nada
se deleita que impiedad
no sea, y aun deseara
haber debido a la suerte
el nacer rey de Cambaya,
donde a su príncipe crían
con hierbas envenenadas,
y tan basilisco crece,
que a quien le ofende o cansa,
con la vista le inficiona,
con el aliento le mata.
Envidia tengo al que dijo
que para que agonizara
el mundo a su enojo, verlo
quisiera en una garganta.
Desde que en el solio estoy
no hay día que yo no salga
Pag. 9
Numero visible superior derecho: 6.
de mi palacio a verter
sangre, pues con una lanza
que empuña mi diestra pruebo
el pulso en el que me agrada.
Y hoy que de su gran Profeta
la religión mahometana
celebra edad que cumple,
salir dispuse a esta caza,
uniendo en ella lo acorde
de músicas y de zambas,
con lo cruel de su empleo,
a cuyo fin me acompañan
mis mujeres, mas los rostros
ocultos, porque a mirarlas
nadie se atreva, bien que este
precepto solo se guarda
cuando en Mequínez resido,
porque en saliendo a campaña
ni aun esto de mis soldados
recata mi confianza.
En la tempestad que vistes,
creyéndote fiera extraña,
te seguí, y pues informado
quedas de lo que ignorabas,
prosigue, mas advirtiendo
que jamás a mi arrogancia
han de competir crueldades
los tiranos de Trinaquia,
los caribes de la Escitia,
los bárbaros de la Tracia,
los trogloditas del Norte,
los isleños de la Hircania,
pues con ellas y los filos
de aquesta segur templada
he de lograr que de alfombra
digna sirva a mis plantas,
desde donde el Noto hiela
hasta donde el Austro abrasa.
Aquí, entregado a las ciencias
(vuelto al fin) de la magia,
de la crionomancia,
la nigromancia y cuantas
milagros llamó la Persia,
supersticiones España,
he vivido, y a mi voz
Pag. 10
o retrocede, o separa
la luna; el mayor peñasco
se mueve, un cadáver habla,
y aun lo futuro penetro,
de que es evidencia clara
haber visto que a tu vida
una traición amenaza.
Y creyendo que en mí se hizo
obligación ampararla,
(pues tu fortuna lo pide,
y mi inclinación lo manda),
dispuse aquel terremoto
para que te separaras
de los tuyos, y este aviso
lograses.
No quede rama
que no se inquiera en su busca.
Como a lo lejos.
Para que en acorde culto.
Cuida, rey, de ti, y Alá
tu vida prospere.
Aguarda,
que aunque ya llega mi gente,
para que te ausentes falta
lo permita yo.
¿Qué intentas?
Que con mi persona vayas
a Mequínez, pues contigo
del hado las amenazas
frustraré.
Servirte intento.
Aquí está.
Salen por una puerta las damas moras, y por otra Alí y moros con venablos.
Danos tus plantas.
Llegad, súbditos todos.
Del suelo levanta.
¡Qué monstruo!
Molde parece
donde los brutos se vacían.
No ha de saber mi semblante
lo que mi pecho recata.
Gran señor, con una posta
ahora ha llegado esta carta
para vuestra Majestad,
de Amete, alcaide de Alcázar
y teniente general
de las fronteras de España.
Pag. 11
Numero visible superior derecho: 6.
Numero visible secundario en el margen derecho: 7.
Dice que es, sin duda.
Gran novedad.
Sin duda este aviso causa.
Veré lo que dice Amete.
Aparte, a Fátima.
Señora Fátima, mi ama,
¿es posible que un desprecio
tanto obliga, tanto arrastra,
que sin mirar a tu honor
te vienes entre las damas
de Muley Ismael, hombre
que dispondrá, si le agradas,
que la ofensa del disfraz
la vengue una tarquinada?
Luna, si sabes que habiendo
vencido Alí la constancia
de mis desdenes, quedaron
mis bodas capituladas
para después que en servicio
de Muley, Alí tomara
el Arache, a vil memoria,
y sabes que, lograda
su conquista, todo ceño
volvió el que agrado esperaba,
sin que sepa quien causó
en mi vida su mudanza,
¿cómo admiras que en acecho
de su traidora villana
alevosía mi enojo
vele, y más no siendo obstancia
que arriesgue la opinión quien
tiene perdida la fama?
En albricias de que os veo,
dadme los brazos, Audalla.
En ellos vuestra amistad
seguridades alcanza.
Ea, amigos, la fortuna
al mayor blasón nos llama.
En esta me avisa Amete
que, faltando a las pactadas
condiciones de la tregua,
el gobernador que manda
a Ceuta, a su gran presidio,
fortalezas adelanta,
y que a deshacer sus obras
empeñó tres mil corazas
árabes, y los tercios
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españoles de la plaza
a su pesar los pusieron
en fuga precipitada.
Bien que Amete desde entonces
a Ceuta tiene bloqueada,
este baldón, este ultraje,
pidiéndome esta venganza,
y pues ocasión me da
Ceuta para restaurarla,
yo he de ser el que la quite
la estrecha cadena infausta
en que cerca de tres siglos
a su pesar vivió esclava.
La que metrópoli fue
de toda la Mauritania
Tingitania, y lo que es más,
la que es hoy llave de España,
¿a otro que yo ha de admitir
por dueño? Por esas altas
esferas que me ha de ver
Ceuta pisar su campaña,
restaurando con valor
la que rindieron con maña.
¿Qué os parece?
Que el empeño
a temeridad se pasa,
pues aunque toda la Europa
hoy se mira trabajada
con sangrientas guerras, viendo
tus banderas acampadas
sobre Ceuta, antemural
de la religión cristiana,
¿quién duda que contra ti
unirán sus fuerzas?
Basta.
¿Qué decís vos?
Que respecto
de haber dificultad tanta
en su toma, es solo digna
empresa para tus armas.
Eso sí llega a mis brazos,
y supuesto que no alcanzas
lo que puedo, por testigo
te he de llevar a campaña,
tú consultarás tus ciencias
y yo blandiré mi lanza.
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Numero visible superior derecho: 7.
Numero visible secundario en el margen derecho: 8.
Gobernando quedará
mi corte la gran Sultana,
y vosotras seguiréis
mi persona.
Ley se guarda
tu precepto.
Aparte.
Alí, sin duda,
irá a la guerra trazada,
mas si celosa estoy, cómo
ni aun su ausencia me acobarda
en su seguimiento he de ir.
¿Con que Alí cómplice en nada
ha sido?
Leal te sirve.
Antes que empiecen mis marchas,
vos, Alí, me alistaréis
de las más bien arregladas
milicias, diez mil flecheros,
infantes y de mis guardas
cinco mil negros montados,
para que al romper del alba
la orden ejecutéis
que os diere. Empezad venganza;
y pues debí en un aviso
la merced más soberana
a Mahoma, día en que años
cumple, yo he de compensarla,
haciendo antes de partirme
público voto en sus aras,
de que Ceuta ha de ser mía
o eternamente sitiada
la he de tener, en mi corte
ríos correrán de grana.
La batida a proseguir
vuelva; vos seguidme, Audalla,
y los demás, divididos
por diversas sendas varias,
con alternados solaces
repetid las consonancias.
Tras ti voy.
Unos a la eminencia,
otros a la espesura,
otros a la falda.
De el grande Profeta.
Se ha quedado sola
mi escucha retirada.
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Leonor es menos tirana
que tu altivez en suspiros,
lo que ausente pende el alma.
Leonor dijo, y aun retrato
El aliento me falta.
Mas sígueme.
A Ceuta voy.
Dile al dueño que retratas
tema a mí, y amor fuera
contra su desdén mis ansias.
Poco importarán, pues hay celos
que sabrán desbaratarlas.
Espera, detente.
Alí.
¡Ay, suerte más desgraciada!
A cuantos estén
en la lista que mañana
te enviaré, quita las vidas,
y saquearás sus casas
a mis soldados.
Si pueden
mis lealtades saber.
Nada
me digas, aquesto importa,
y por si en alguno falta
la ejecución, tu cabeza
tomo yo, Alí, por fianza.
¡A crueles actos míos
esto solo me faltaba!
Si Fátima, más locura
sería aquí imaginarla.
Bueno ha quedado mi amor.
Esquiva hermosa cristiana,
perdí tu retrato, y temo
que con él mis esperanzas.
Pase. Dentro tocan cajas y clarines; salen el Marqués, don Jerónimo Marín, don Pedro, Leonor y Laura, el trombeta.
Con pagados rumores.
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Numero visible superior derecho: 8.
Numero visible secundario en el margen derecho: 9.
Valientes capitanes esforzados,
terror del mundo, afrenta de los hados,
pues vuestro brío y vuestra vigilancia
hacen posible el militar constancia,
que en vuestro empeño, que es trabajo fuerte,
dicte el ingenio y ejecute el brazo.
Juzgo, pues, que el brío y acierto en vuestra excelencia,
nos dice que el honor también es ciencia;
de sus preceptos instruido veo
que es escaso peligro el de un bloqueo.
Y no es discurso bajo,
pues el campo africano,
que a la toma de Ceuta osado aspira,
consta solo, si el miedo no la mira,
de mil escopeteros,
dos mil caballos y tres mil honderos.
Señor Marqués, vuestra atención atienda,
sin que a vuestro esfuerzo mi opinión ofenda,
que enemigo que tanto se ha empeñado
no es para ser despreciado;
y más cuando, según noticias ciertas,
sabemos que Muley Ismael viene en persona
al asedio de Ceuta, y ha nombrado
por su lugar teniente al renegado
pérfido Alí, por cuya dicha extraña
África ríe lo que llora España.
Y así importa, con uno y otro medio,
prevenir a tal daño igual remedio.
Vuestra razón, señor, puede estimarse,
que aunque del alarbe presumido
todo el poder en tempestad unido
escuadras agarenas granizara,
y a Ceuta de marlotes inundara,
sus intentos los viera malogrados,
que somos españoles los sitiados.
El capitán don Lope, atento
al joven brío de su heroico aliento,
mi razón adelanta;
por lo mismo es tanta
que aunque no contradigo bien al enemigo
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Numero visible superior derecho: 9.
No de modo que diga el que lo oyere
que el temor lo ocasiona.
¿Quién creyere
que en mí la prevención temor ha sido?
vuestra suerte?
Pues, ¿cómo así atrevido,
don Pedro, en mi presencia osasteis fiero
empuñar el acero?
Sargento mayor de Ceuta, cuando
la milicia en su brío está estudiando
desórdenes alienta.
¿Quién desairar mi pundonor intenta
aquí, señor Marqués, ya se comprende
que a mí me agravia el que vuestra excelencia ofende?
Ved que no he de daros
satisfacción, don Pedro, y empeñaros
error será, cuando en campaña espero
confirmar mi dictamen con mi acero.
Siempre fue en competencia tan osada
el mejor argumento el de la espada.
Con la mía, leal más que algún pecho,
no en vano lo sospecho,
comprobaré que el parecer que he dado
no perdió por prudente lo acertado.
Oíd, valerosos, cuyas
no competidas proezas
dan a vuestras sienes tanto
verde laurel como peinan
la que en otra edad Elisa
el tiempo llamó, y hoy Ceuta.
Y en fin, la que es heredad
católica de la Iglesia
ni amenazada vive
de la invasión sarracena;
de la plaza, oíd, que aunque
nadie que las dude crea,
lo que se sabe conduce
a lo que después se inventa.
Pag. 17
Numero visible superior derecho: 9.
Numero visible secundario en el margen derecho: 10.
Toda la ciudad ceñida
se ve de muralla gruesa,
a quien navegable un brazo
del océano le presta
foso cristalino en vagas
inundaciones de perlas.
En la cortina que mira
a los berberiscos frentes,
de San Pedro y de San Pablo
los dos baluartes se elevan,
fábrica industriosa y tan
antigua como perfecta.
En lo exterior se asegura
con una estrada encubierta,
delineada con tan sabia
militar pericia diestra,
que con poca gente se hace
defensable, pues en ella,
demás de ser el recinto
muy corto, su fortaleza
de faginas, estacas
y empalizadas cubiertas,
incontrastable se finge.
Y más cuando en sus opuestas
extremidades tres medios
baluartes se señorean;
obra debida al ingenio,
disposición y experiencia
de Francisco Barona,
honor de la patria nuestra.
Y el arte a las antiguas
obras adelanta nuevas,
con la capa y con la pala,
en líneas, traveses, medias
lunas, rebellines, hoyas
y hornabeques, de manera
que aun hay mucho que vencer
en solo las obras muertas.
Y, en fin, menos que quitando
con una armada muy gruesa
a Ceuta el socorro, nunca
tomada puede ser Ceuta.
El señor maestre de campo
don Jerónimo, desprecia
al enemigo, no tanto
su militar experiencia,
atenta al presidio, como
al valor del dueño, atenta.
Lo contradice,
y puede a evidencia
su razón, pues se hace cargo
de que el África se empeña
Pag. 18
Numero visible superior derecho: 8.
Numero visible secundario en el margen derecho: 11.
en la toma de esta plaza;
y aunque hoy Amete no tenga
más que seis mil combatientes,
de que son tropas expertas
en la milicia, el bloqueo
de Ceuta es bastante prueba.
Detrás de Arcila y el Hacho
sus reales el moro asienta,
y porque el mayor padrastro
suyo es la estacada nuestra,
en el llano ha puesto el tren
de su artillería gruesa,
batiendo el recinto; pero,
como oposición no le encuentra
la batería, las más
estacas se terraplenan,
y la que dispone ruina
nos sirve para defensa.
Seis ataques ha formado,
cuyos aproches demuestran
en su fin que, trabajando
los gastadores la tierra,
a nuestra gran plaza de armas,
atrincherada y cubierta,
llegue su gente, venciendo
la oposición que recela,
para entrarla con las minas
que en las surtidas apresta.
No lo piensa mal, si puede
lograrlo como lo piensa;
pero es imposible, cuando
de los picos la tarea
a escasa profundidad
que en el agua toque es fuerza,
pues el mar y la campaña
en equilibrio se ostentan.
Demás de que en los traveses
nuestras contraminas puestas
nos aseguran; mas creo
que, si inventando proezas
el valor no hace de cada
pecho una murada almena,
recelarse puede; pero
¿quién, siendo español, recela?
Pag. 19
Numero visible superior derecho: 10.
Numero visible secundario en el margen derecho: 11.
Oídme, pues, lo que supe
de uno que fue a tomar lengua.
Al invicto rey aleve
Muley Ismael espera
si Amete, aunque trae
tantas lunadas banderas
que el aire mismo azimuta
desde el día que le pueblan,
ha mayor peligro a vista
de que el bárbaro protesta
que en tanto que como a dueño
Ceuta su planta no bese,
ha de vivir trabajada
de sus armas; porque espera
recompensar de esta suerte
no sé qué especial fineza
que él dice debió a su día
de años de su vil profeta
Mahoma, el cual Arcila arietes
de setiembre los celebra.
De modo que nos hallamos
con la obstinada perpetua
de un sitio de religión,
siendo quien en él se empeña
ese tirano a quien hizo
la fortuna lisonjera,
soberbio con las victorias,
poderoso con las presas.
Prevéngase la constancia
a tanto golpe, y prevenga
lauros a la emulación,
la que empezó competencia,
no la discordia; mas quien
esta novedad fomenta.
Señor, la atalaya avisa
que al campo enemigo le entran
tantos números de tropas
que el terreno puede apenas
acuartelarlas.
Pag. 20
Y qué armas y tiros repiten
salvas que al viento amedrentan.
Sin duda Muley llegó
a sus reales.
¿Qué suspende
el respeto del Marqués
mi cólera?
Enhorabuena,
pues visita el valor, pues ya
algo que vencer le espera.
Aunque con la guarnición
que hoy la plaza tiene, puede
mantenerse, pues tres mil
soldados en la reseña
de hoy se hallaron, sin los muchos
presidiarios que sustenta
y aventureros. Un barco
para Gibraltar se apresta
al Conde de la Corzana,
para que con diligencia
disponga enviarnos el tercio
mejor de la armada nuestra.
Pues los más moros del campo
son honderos, mejor fuera
que a Madrid se despachase.
¿Por qué?
Por una pedrea.
Pues teméis a los honderos.
Porque mucho, si solo yerra
el tiro la vez que apuntan
al ojo y dan en la testa.
Y aun hay más razón.
¿Cuál es?
Porque un astrólogo en mi tierra
me dijo, señor, que había
de morir de mal de piedra.
No le escuchéis, que es un pernil
de buena tierra.
Pues, ¿de dónde sois?
Por la Orense.
Pag. 21
Numero visible superior derecho: 11.
Numero visible secundario en el margen derecho: 12.
Pues buen humor gastáis.
El tal Pernilillo es en conciencia,
discreto como una tía,
valiente como una dueña.
¡Piedad, cielos!
¿Qué me abraso?
¿Qué nueva inquietud es esta?
Que abombardea ya la plaza
el moro, señor, empieza,
y las mujeres y niños
con sus lamentos la alteran.
De que a Gibraltar y Cádiz
pasen, daré providencia.
¡Vive Dios, que me he corrido
de que haya mujer que tema!
¿Piensas que en el mundo hay
otra que se nos parezca?
Pues el día a la noche,
que le substituya deja,
a rondar voy en persona
los cuarteles, por si intenta
nueva operación Muley;
con mi persona, venid.
Vase.
La razón que aun mi silencio
mérito, Leonor, no sea;
mas lo que importa es buscar
a don Pedro, porque advierta
que desprecia bien al moro
quien como yo le desprecia.
Vase.
En busca de Lorencillo
volveré.
Vase.
¿De qué te diviertan
de tal modo los estragos?
¿Qué mucho, si las ternezas
me ofenden?
Esto ha de ser.
Señor don Lope, quisiera
hablaros a solas.
Vete, pero nada entienda
don Jerónimo.
Está bien.
Solo porque se cautelan
de mí, voy a dar al punto
Pag. 22
Numero visible superior derecho: 12.
de este secretico cuenta.
Seguidme.
¿Qué puede
ser lo que don Pedro intenta?
Ya que la más retirada
parte de la plaza es esta,
donde para los hornillos
la pólvora se reserva,
y que la luz de la luna
desmiente del sol la ausencia,
leed el sobrescrito de este
pliego.
A lo que ver se deja,
a don Lope de Haro dice.
Parece que esta letra
es de Alí, alcaide de Tetuán.
Pues oíd, si ahora se os fuerza
una traición, el que tuvo
valor para cometerla.
Tan nuevo estilo, señor
don Pedro, dudarle es fuerza
hombres como yo, si acaso.
Atended, por vida vuestra.
Al paño.
Mientras que la ronda con
el Marqués siguiendo vengo
a Leonor, mejor dijera
a mis celos; mas allí
la miro, detrás de aquesta
pared, desperdicio antiguo
de una de las obras muertas
de la plaza, escucharé.
El moro que en las trincheras
nuestras apresé traía,
entre instrucciones diversas,
este pliego para vos;
díjome que de Alí era,
general de Muley, con que
me excusó el romper la nema
suya, para discurrir
la traidora intención vuestra.
Pag. 23
Numero visible superior derecho: 12.
Numero visible secundario en el margen derecho: 13.
¿Qué escucho?
Pues a lo menos
la secreta inteligencia
con el moro mal podréis
negarla, pues las estrellas,
árbitro de tanto empeño,
a mi pundonor le dejan.
Aquí os he traído, a fin
de que el mundo nunca sepa
que hubo en español traidor;
la carta de Lope es esta:
la vida me habéis primero
de quitar, si queréis leerla,
porque viviendo don Pedro
de Guevara, mal pudierais.
Aunque es forzoso el reñir,
también probaros es fuerza
que solo traidor ser puede
quien de mi honor y nobleza
tan torpemente discurre,
tan traidoramente piensa.
Pero ¿quién creerá que la traición
solo para mí lo sea?
En el Larache nací,
donde a mi madre la cuesta
el primer aliento mío,
la respiración postrera.
Quedé en poder de mi padre,
que en aquella fortaleza
mandaba dos compañías,
y como en mi infancia tierna
solo escuché los arrullos
de cajas y de trompetas,
tan inclinada crecí
a la inquietud de la guerra,
que teniendo poco más
de dos lustros, cuando apenas
sin muchos suspiros tanta
ruina acordarla lengua,
los agarenos tomaron
el presidio; en su defensa
acredité que los años
jamás el valor aumentan.
Pag. 24
Al mío inclinado Alí,
no diré que a mi belleza,
en el saco de la plaza
muerte estorbó que me dieran.
Y habiendo hecho esclavo suyo
a mi padre, suerte adversa,
la libertad me dejó
para que tratar pudiera
su rescate. Habrá quien diga
que es objeción no pequeña
que enamorado de mí
el moro alcaide estuviera,
y que me dejase ir libre;
mas él daba por respuesta
que habiéndose de volver
a Mequínez a dar cuenta
de la victoria y despojos,
luego que Muley me viera
con su inclinación dejara
más imposibles sus nuevas
esperanzas, con que haciendo
mérito la conveniencia,
con la prenda de mi padre
quedándome, y con la prenda
de un retrato mío, dejó
que me retirase a Ceuta.
Tomó puerto en esta plaza
mi fortuna, pues en ella
hallé al invicto Marín,
cuyo padre tuvo estrecha
fina amistad con el mío,
y continuando en la mesma
don Jerónimo, a muy pocos
días, tan bizarras muestras
dio mi brío, que en el tercio
suyo medio una bandera.
Si desempeñé o no el cargo
no lo ha de decir mi lengua,
pues vos sabéis que el Marqués
de Valparaíso, en muestra
de que satisfecho estaba
de mis servicios, con esta
bengala me honró, y pues ya
Pag. 25
Numero visible superior derecho: 13.
Numero visible secundario en el margen derecho: 14.
de mi honor, vida y nobleza
os he informado; sacad
la espada, que aunque yo pierda
la vida, no importa, cuando
dejo mi opinión bien puesta.
Hay una línea tachada bajo el parlamento anterior; no se incorpora al texto corrido.
Esperad.
Apostaré
que son amantes ternezas
lo que el moro escribe. ¡Ah, ingrata,
que yo palabra te diera
de callar que eres mujer!
¿Qué decís?
Que aunque así sea,
como lo afirmáis, lo cual
se verá desta manera,
es muy mal medio.
Tened,
que pues vine en busca vuestra
para concluir el duelo,
que empezó la competencia
de hoy, habiéndoos escuchado,
mayor desaire me empeña
a daros muerte, supuesto
que es preciso que me ofenda
quien creyó pude inclinarme
a quien ser traidor pudiera.
Y así conmigo reñid,
ya que no es razón que tenga
este más, el que mayores
satisfacciones desprecia.
Apelad.
Más de honor.
No sé qué afrenta nueva
contra las vidas de entrambos
mi espada será centella.
En vano lidiar podréis,
pues nunca bien pareciera
que yo sea la agraviada,
y otro el que me vengue sea.
Ved, don Lope.
Poco os debo.
Aquí es donde el ruido suena.
Mas, ¿qué es esto?
Pag. 26
Numero visible superior derecho: 14.
¿Qué miro?
Por aquí ha de haber una y buena;
mas cuando obstinado el alarbe
la plaza nos bombardea
tan diestramente, que ya
es cada edificio una esfera,
¿son estos los acertados
medios que el valor inventa
para despicarse? Viven
los cielos, que si no cesa
vuestra discordia, pues creo
que será la causa ella
de este empeño, que de todo
daré a su majestad cuenta.
Siendo noble mal pudiera.
Hasta apurar tanto enigma
enmudecerá mi lengua.
Mas ya que vuestro silencio
sabio mi razón aprueba,
juramentados habéis
de quedar en mi presencia,
de que mientras Ceuta esté
sitiada, jamás en Ceuta
esgrimiréis los aceros
sin que contra el moro sea.
Pronto al homenaje estoy.
En manos de vuecelencia
lo juro.
Y yo lo confirmo.
Aparte.
Que aunque vengarme no pueda
dentro de la plaza yo,
dispondré lograrlo fuera.
Ya descampan, y llovían bombas
tales, que la más pequeña
es como bola de la
puente segoviana nuestra.
Y de clavos, herraduras
y balas vienen rellenas.
Mas mucho daño a la ciudad.
Algo mayor fuera
si alguna llegare aquí,
pues hallándose tan cerca
la pólvora, que a las brasas
de los hornillos se apresta,
si al abrirse cae algún casco
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Numero visible superior derecho: 14.
Numero visible secundario en el margen derecho: 15.
de su encendida materia
sobre los barriles, Troya
segunda la plaza ardiera.
Notable infelicidad
sería.
¡Qué lindas nuevas
nos da el señor ingeniero!
Y aun si la vista no yerra,
hacia este paraje viene
una bomba.
¡Santa Tecla!
¿Qué decís?
Que aquí sin duda
cae.
Valor, ¿a qué esperas?
Tú y este capote habéis
de ser los que nos defiendan.
¿Qué intentará el Marqués?
¡Cómo va de miedo, reina!
Pues que nadie se vaya, que ahora
los fuegos de Ceuta empiezan.
¡Raro capricho!
La acción
envidioso me deja.
No cuenta Roma ni el mundo mayor
hazaña de Julio César.
Esto de torear las bombas,
por Dios, que pide destreza.
Y ya que igual riesgo queda
frustrado, seguir es fuerza
la ronda de los cuarteles
hasta que a la aurora tenga
tanta obstilidad algún
despique.
Vase.
Con vuecelencia
podremos aun al destino
mandarle las contingencias.
Aparte.
Los que de dudas me hería,
para atormentarme llevas.
Detiene Leonor a don Jerónimo.
¿Qué procuras?
Que aquella carta me vuelva.
Pag. 28
Entran la música, salen las damas moras con bonetes recamados, Muley, Alí, Audalla, Amete y moros.
No haré, pues vuestra alteza
me ha dicho tirar a otras
mas si callé con amor,
no sé qué con celos pueda.
Para avasallar el mundo,
el nuevo Marte bizarro,
en hora dichosa llegue
a su real, invicto campo,
diciendo en su aplauso
los músicos y bélicos
ecos alternados:
Viva el sitiador de Ceuta,
viva el Nerón africano.
Ya que en mi corte quedó
el castigo ejecutado
en los que contra mi vida
imaginé conspirados,
¿qué esperanzas hay, Amete,
del bloqueo?
Que en dos años
Ceuta será tuya.
Mira
lo que asegura tu labio.
Yo lo afirmo.
Aunque jamás
del buen suceso he dudado
en esta empresa, del tiempo
sí, gran señor, pues notamos
que mal estorbar podremos
el socorro a los sitiados,
pues de Gibraltar y Cádiz
por horas les está entrando
gente y víveres.
¿Qué mucho,
si es puente suyo el océano?
Mi vida, señor, será
de mi palabra resguardo.
Yo la admito, y porque el fin
le vamos adelantando,
trasládese a la montaña
la artillería que el llano
ocupa, y para que vea
el español cuán de espacio
vengo, cultiven los moros
aquesos vecinos campos.
Pag. 29
Numero visible superior derecho: 15.
Numero visible secundario en el margen derecho: 16.
que habitéis atrincherados
otra Ceuta, emula insigne
de la que tomar aguardo.
Tarde creo que será.
Aparte.
En todo es Muley extraño.
Y ya que a batir la estrada
sale la aurora al empeño,
pues veinte mil combatientes
de buenas milicias traigo,
tocad, mas ¿quién a mi voz
los preceptos ha usurpado?
El enemigo, señor,
salida hace desde el campo;
se han descubierto de España
velas que vienen costeando.
Serán sus galeras.
Pues
ea, agarenos gallardos,
sean vuestras cimitarras
rémoras de orgullo tanto.
Corónense los ataques,
y con el grueso salgamos
a recibirlos.
Vase.
Y todos
moriremos a tu lado.
Y yo probaré que son
ingenio y valor hermanos.
Aparte.
Si el verte, Leonor bella,
le debiera yo a este acaso.
Otro a tierra, la mayor.
A la proa, a la playa, en tanto
que contra moros ataques
es cada cañón un rayo.
Ya es por los difuntos verde
panteón el morisco campo.
¡Arma, guerra!
En cuerpos muertos
se va el terreno inundando.
¿Cómo del susto de verme
no habéis muerto ya?
Santiago.
Cierra España.
Guerra, arma.
Lunadas, siempre has llegado.
No lo dudes, si el valor,
Pag. 30
Pónense detrás del paño y salen Alí y Leonor, ella con el alfanje de Alí en la mano.
dominio tiene en los hados.
¿Quién lo intenta?
Con una vida
satisfacer mil agravios.
Quitándosela
al injusto Alí.
No es malo
para la facción el sitio,
pues llega con un cristiano.
Pónense detrás de aquestas faginas.
Escuchemos.
Ya que esclavo
tuyo la fortuna me hizo,
quisiera, español gallardo,
saber quién sois.
Quien os vuelve
el limpio acero, pagando
la libertad que algún día
le disteis.
Suceso extraño.
Libre estáis, y más de mí
no sabréis.
Sale Laura.
Tan empeñado
don Jerónimo Marín
va, señora, en los contrarios,
que peligra su persona.
Pues si esto escucho, ¿a qué aguardo,
que no voy a socorrerle?
Oye, bello monstruo ingrato:
¿no bastan, Leonor injusta,
desdenes que no contrasto,
sino que al desconocerte
por la confusión de acasos
digan quién eres los celos?
Mas, en tu alcance iré.
Quiere irse y detiénele Fátima.
En vano
lo procuras.
¿Pues quién tiene
aliento para estorbarlo?
Quien la vida que otra os dio,
sabrá por traidor quitaros.
Según eso, también dama
seréis; mas si lo reparo
sois.
Fátima, que a un mismo nombre
sonará mal en tu labio.
Pag. 31
Numero visible superior derecho: 16.
Sin duda Fátima fue
la que me quitó el retrato.
Fingiré para cobrarle.
Traidor, alevoso, falso.
Vienen riñendo.
Los ceños suspende, dueño adorado.
¿Qué aquesto escuché?
Dentro.
Arma, arma.
Dale fuego.
Pues cargando
deste sitio viene todo
el grueso de entrambos campos,
la satisfacción suspendo
hasta otra vez.
No la aguardo.
Voces dentro.
Arma, arma, guerra, guerra.
Entran embargados, riñendo con espadas, cajas y clarines, dándose la batalla. Descúbrense en los primeros bastidores las galeras de España, donde disparan al campo, que abran los moros.
La mayor
vaya a tierra, aterrando
a la mayor.
Otra proa el fuego.
Áspero prodigio sabio.
¿Qué intentas?
Saber de ti
lo que el cielo ha decretado
en esta empresa.
Es a mucho
a lo que empeñas mi labio.
¿Sábeslo?
Mal lo averiguo.
Dilo.
No bien lo alcanzo.
Dilo, que penetras.
Solo
que en tomar a Ceuta en vano
porfías, mientras que a España
domine el segundo Carlos.
Aparte.
Yo probaré con mi acero
que saben mentir los astros,
puesto que unas voces y otras
van alternando en mi aplauso.
Dentro.
La plaza que nos cortan.
Pues se retira el cristiano,
carguémosle.
Pag. 32
En las galeras meten el remo y parten.
Otro vuelve a Gibraltar la proa,
repitiendo por más lauro:
Viva el sitiador de Ceuta,
viva el Nerón africano.
Con salvas de las galeras, batería, música y estruendo se da fin a la jornada.
Jornada segunda
Pag. 33
Numero visible superior derecho: 18.
Pag. 34
Plana sin texto propio; solo se aprecia traspaso de tinta de la hoja contigua.
Pag. 35
Numero visible superior derecho: 19.
Dentro música a cuatro, y después salen Leonor en traje de moro y Laura.
Alarifes a la obra,
a la tarea oficiales,
y vuestro afán labre
en la mucha Ceuta
palacio que ocupas, que audaz y real es
el nunca vencido, africano Marte.
A buena ocasión llegamos,
celebrando con suaves
métricas voces están
y con zambras, que arrogante
Muley Ismael ocupe
el real alcázar, que a afanes
del sudor mandó labrar
en este sitio; y no en balde
intenté aquesta salida,
noticiada de esto antes,
y noticiada de que
en tanto tiempo, que ha casi
un año facción se ha hecho
digna de ser memorable;
y así solo con cien hombres,
que cada cual es un Marte,
habiéndonos conducido
la lancha real a esta parte
del foso, por su secreta
surtida nos fue tan fácil
el introducirnos hasta
este palacio, en que yace
Ismael, sin que hasta aquí
nos hayan sentido.
Dables
son en ti estas bizarrías;
mas ¿qué intentas en el traje
de moro, pues hasta aquí
no me lo has dicho?
Pag. 36
Ni a nadie
participé a lo que vengo;
pues solo con el dictamen
de inquietar al enemigo
esta noche en sus ataques,
y traer lengua, que nos diga
los designios de este alarbe
rey moro, pedí licencia,
que me concedió al instante
Valparaíso; y mi intento
es también en esto darle
hoy a entender a don Pedro
de Guevara que quien hace
en servicio de su rey
hechos que solo en mí caben,
sabe ser leal y valiente,
pero ser traidor no sabe.
Salen los españoles don Jerónimo y Pernil.
Y introduciéndome oculto
entre la gente que trae
don Lope en la lancha, vengo
siguiéndole, porque me halle
de su lado.
Por tu vida,
que de la duda me saques,
¿qué te va en ello a ti?
Ser
su amigo: mejor, su amante,
pudiera decir.
Por cierto,
que es bien fuerte disparate,
y mayor traerme contigo;
pues que soy pedrero sabes,
y que con la honda que traigo,
mataré de día un gigante,
mas de noche.
Deja ahora
frialdades.
No son frialdades,
sino prevención que importa
como se verá adelante.
Pag. 37
Numero visible superior derecho: 20.
Sale don Pedro al otro lado de los paños.
Siguiendo a don Lope vengo,
pues logre el incorporarme
con la gente que conduce,
sin ser notado de nadie,
puesto que aun mal satisfecho
me hallo de sus lealtades,
para estorbar que no intente
alguna traición infame.
Tú emprendes cosas que no
emprendieran Durandarte,
Oliveros, ni Roldán,
y a no ver por las señales
comunes en otras que eres
tan mujer como tu madre,
creyera.
La plana presenta versos tachados en esta zona y correcciones marginales; se transcribe la lectura final visible.
Qué necedad;
siempre has de hablar disparates.
Mayor lo es, si lo discurro,
que a lo que vienes me calles
siendo a mí.
Si ha de decirlo
el tiempo, fuera culpable,
que lo que presto ha de verse
al discurso lo adelante.
Muerte a dar vengo a Muley
Ismael, y de esto a nadie
he dado noticia; pues
nunca en las temeridades
que intenta el valor, se halla
quien quiera entrar a la parte;
muera este monstruo tirano,
y si el impulso lo errare,
a la fe y al rey intento
mi vida sacrificarles.
Para cualquiera facción
de la gente que mandaste,
que se quedase de escolta,
no es acierto que te apartes
tanto que ya de los moros
que hacen guardia vigilante
Pag. 38
Sale un moro que hace posta con su arcabuz y cuerda calada, encendida, y se pasea.
Al palacio estamos cerca,
y tan cerca, que el que hace
posta, o centinela, vemos
junto a nosotras pasearse,
y si el nombre, o contraseña
te pide, no puedes darle,
no sabiéndole.
Bien dices;
pero algo ha de fiarse
de la fortuna, que a veces
a muchos fue favorable
en sus acasos, y el que
lograr espero, es muy fácil,
sin que nadie objeción ponga.
Retírate a aquesta parte.
Hacia la guardia camina
del palacio.
Hacia los reales se acerca.
¿Qué intentará?
¿Qué podrá ser su dictamen?
Un moro hacia él llega.
Escucha.
Sale Amete.
Ea, valor, no desmayes,
muera Muley Ismael,
muera esta fiera intratable,
a quien de hombre le desmienten
sus crueles atrocidades.
Yo le ofrecí, cuando puse
sitio a aquesta plaza, darle
rendida a Ceuta en dos años,
cambiando la empresa al lance
de mi causa; y dos veces
ya aquella luciente nave,
que golfos celestes surca,
nunca fija, y siempre errante
de los contrapuestos polos
dio vista a una y otra margen,
hoy el término se cumple,
y mañana este arrogante
monstruo de crueldad se esfuerza
que a darme la muerte pase,
Lectura de "causa" con baja certeza por tinta y traspaso en la línea correspondiente.
Pag. 39
Numero visible superior derecho: 21.
Pues quien para diversión
de saciar aquel infame
cruel apetito de fieras,
transformar los hombres hace
con las pieles de leones
en sus formas semejantes,
para que con aquel odio
natural sus fieros canes
o los devoren hambrientos,
o crueles los despedacen,
su muerte a la mía cambie
mi esfuerzo, que puede ser,
si mi impulso lo lograre,
que lo que traición es hoy,
mañana lealtad se aclame.
Entrar quiero en su palacio,
sea sepulcro a este alarbe.
Hay una línea tachada y una corrección marginal en la zona superior; se conserva el texto principal legible.
Encuentra con el que hace posta, el cual cala el mosquete y abrasa la cuerda.
Téngase allá. ¿Quién va?
Amigos.
El nombre me dé.
Darante,
Ismael.
La contraseña.
La nueva Ceuta.
Ahora pase.
Esto es cumplir con el puesto
en que estoy, señor alcaide
de alcázar; ahora me toca
que rendido os acompañe
hasta la guardia.
No deje
su puesto.
Esto no es dejarle.
Éntranse los dos y salen Leonor y Laura al tablado.
Mira si un acaso pudo
nombre y contraseña darme;
tú vete ahora.
¿Qué intentas?
Aprovechar este traje
de moro con este acaso,
Pag. 40
No harán; a la escolta avisa
que a socorrerme a la parte
acudan, adonde vieren,
que al arma el moro tocare.
¿Que si en este palacio
dentro has de entrar?
Pues no es fácil.
El modo es el que yo ignoro,
y muchos lo harán.
Si saben
tengo nombre y contraseña,
dudarlo no puede nadie.
Aguarda, más detenida;
no es posible.
¡Ay semejante
arrojo! Por entre toda
la guardia entra.
No es dudable
que hay traición; pues solo Alí
pudo la entrada allanarle.
Fuerza es que a su riesgo asista;
quiero a la guardia acercarme.
Aunque mi persona arriesgue,
pasaré al último examen.
A los soldados de escolta
voy a dar la orden, que anden.
Yo con mujer que por vicio
siempre anda buscando lances.
Éntrase Laura, y don Jerónimo y don Pedro se encuentran y echan mano a las espadas.
¿Quién va?
¿Quién me lo pregunta?
Tempestad, por si tronare,
llevé al cánamo, o la honda,
pues tiemblan los estandartes.
Pero aquesta voz conozco.
Su voz no puede engañarme.
Don Jerónimo.
Don Pedro.
¿Vos aquí?
El anticiparse
vuestra pregunta a la mía
Pag. 41
Numero visible superior derecho: 22.
No ser una misma la hace,
siguiendo a don Lope vine,
pues siendo fuerza arriesgarse,
la opinión de nuestras armas
se arriesga, y es bien me halle
para que no se aventure
en aquesta empresa; darle
a entender que vengo a esto
conviene; y no habernos antes
en la lancha conocido,
porque el reparo se salve,
noche, silencio y disfraz
traen estas casualidades;
a vos os traerá esto mismo.
Es muy otro mi dictamen.
¿Cómo otro?
Como he venido
a confirmar deslealtades
en don Lope.
Advertid que
nunca he sufrido que se hable
aun de aquel que es mi enemigo
mal en su ausencia; llevarme
de mi pasión deje, y que aunque
hicimos pleito homenaje
al Marqués de Valparaíso,
cualquiera de los dos sabe
que aquí no es Ceuta.
Es verdad,
y que fenecer el lance
nuestro pudiéramos; pero
cuando otro empeño nos trae
tan del servicio del rey,
fuera querer malograrle,
y que yo apurar hallo
que es caso tan importante
en don Lope una traición.
¿Qué traición?
Poder negarme
que sin haber confidencia
entre Alí y don Lope, entrarse
Pag. 42
A ese palacio no pudo,
venciendo la guardia.
Dable
pudo ser con la cautela,
mas no con traición.
El talle
tiene y cara de capón,
y nada bueno ellos hacen.
Múdense las centinelas.
Esta es otra.
Hacia esta parte
el cabo de guardia viene.
En peligro estamos grande,
retirémonos de aquí.
Fuerza es, mas siento dejarle
a don Lope en el peligro;
que rumor no se oiga.
El aire
solo de armoniosos ecos
el lejano ruido trae.
Suenan instrumentos de música.
A escucharlos nos paremos,
y no nos saldrá de balde
la música, pues ya llegan;
todos vamos.
¡Oh quién transformarse
en golondrina pudiera,
y volar hasta Getafe!
Éntranse y canta la música dentro, y sale Amete.
En catre de flores,
durmiendo el Amor,
el vendado Dios
descanse el campeón,
Héctor africano,
y sírvale ufano
de dulce halagüeño,
de grato beleño,
el blando sueño
de nuestro sonoro
acordado murmurio.
A este tirano sus damas
con su sonoro primor
le están convidando al sueño;
castigo, corazón,
de ti necesito, aliento
mi osadía tú, que yo
Pag. 43
Numero visible superior derecho: 23.
Para dar muerte a este aleve
pondré la resolución;
sin luz está todo el cuarto,
al lecho a buscarle voy;
pues, provocándole al sueño,
durmiendo estará.
Sale Leonor.
El rumor
de la música fue norte,
que a esta estancia me guió,
en ella estará Muley,
no hay duda; pues la razón
persuadiéndomelo está;
pues esta música no
pudo prevenirse a otro,
sus ecos siguiendo voy,
para encontrarle.
¿Quién va?
Descubierto he sido;
de esta industria he de valerme,
si no logro al furor
a pelo de esta pistola.
Muley Ismael.
Encuéntranse y, echando mano a las pistolas, disparan a un tiempo y cae muerto Amete.
Logro
cuanto pudo mi fortuna:
muere al veneno veloz
de esta víbora de fuego.
Antes mi osado valor
casi lo conseguía.
No es muy fácil.
Muerto soy.
Esto ya logrado queda,
y pues murió ya este atroz
monstruo humano de crueldades,
vengan riesgos, que el menor
es que mi vida peligre;
mas será con el blasón
de que la perdí en defensa
de la fe.
Traición, traición
en palacio.
A la guardia.
Esta misma confusión
Pag. 44
Mi fuga ampare.
Éntrase Leonor y salen Muley, Alí, Audalla, Fátima y Luna, y por otra las damas moras.
¿Qué es esto?
¿Quién bárbaro se atrevió,
sin temer el no apagado
incendio de mis rigores,
a profanar el sagrado
de palacio?
¿Quién traidor
cometió tan grave insulto?
¿Quién este estruendo causó?
¿No hay ninguno que lo diga?
Yo lo diré, aunque mejor
lo dirá aqueste cadáver,
que con muda suspensión
dice más en lo que calla,
que pronunciara con voz.
Tómale la pistola que tenía en la mano.
El muerto es Amete, y aun
conserva su infiel rencor
esta pistola en la mano,
y aun caliente está el cañón,
manifestando que él fue
quien ahora disparó.
¿El muerto es Amete? ¿Qué ira,
qué mi cruel indignación
me malogra ajeno impulso,
cuando espectáculo hoy
a su vista hice de aquellos,
a quien debió el furor
de mis canes anticipado
el atroz castigo en sí,
porque cobarde y traidor
me ofreció ganar a Ceuta,
y a su palabra faltó.
En la tirada de Muley hay palabras tachadas y una corrección interlineal; se conserva la lectura principal visible.
Por eso él se anticipaba
a darte la muerte.
No
lo comprendo; si él el muerto
solo es, ¿quién ejecutó
en él su estrago?
Bien dudas,
y solo a la observación
Pag. 45
Numero visible superior derecho: 24.
De la magia le he debido
tan rara noticia. Dos
fueron los que darte muerte
intentaron; y el hierro
de uno, creyendo que Amete
eras tú, que él lo fingió,
fue quien consiguió su ruina.
¿Quién fue ese hombre traidor,
que de imaginarlo solo
muerto antes no se cayó?
No es hombre; con la verdad
te dejo en más confusión,
acreditando mi ciencia;
mucho le debes, señor,
al estudio infatigable
de mi magia; pues a no
haber compelido a impuro
espíritu, que transmutó
la infelicidad en ese
funesto difunto horror,
ejecutado la tuya
hubiera uno de los dos.
Llevad de aquí ese cadáver,
y pues vivo no logró
ser pasto de mis lebreles,
muerto lo será; mas yo
de ti he saber qué hombre
el otro es.
Hay palabras tachadas en la réplica de Muley; se conserva el texto principal legible.
No puedo
decirlo, que superior
causa me lo impide: tú
de él lo sabes, pues su voz
dice, siendo acometido
de tu gente.
Asombro soy
que la fe de Dios defiende a Ceuta.
Traición, traición
en palacio. Cristianos
en nuestro campo.
¿Qué rumor
Pag. 46
Sale un moro.
¿Es este? Señor, aleve
tropa cristiana logró
introducirse en tus reales;
pero apenas del valor,
o el ímpetu de los tuyos,
rechazada se miró,
cuando de la plaza han hecho
salida, que al esplendor
que ya esparce ese lucero,
primer precursor del sol,
lo vieron las atalayas.
A castigar su furor
opuesto saldré en persona.
A Marte toque el tambor,
tú entretanto que a disponer
el nudo de esta lid voy,
no dejes cristiano vivo.
Fíalo de mi valor.
Y del mío, que al incendio
de mi ciega pasión
encargo aliento.
Nosotras
también trocaremos hoy
a las delicias de Venus
de Marte el bélico horror.
Éntranse tocando arma.
Al arma toca.
Que no puede vencer yo
contigo, que a los conjuros
de la magia vencedor
te vea de Ceuta; pues
con el encanto logro
el África tantas veces
su mayor exaltación,
si no dígalo el armada
que Carlos Quinto perdió
a vista de Argel.
Ya
te he dicho en otra ocasión,
no he de deber a la magia
lo que puedo a mi valor.
Éntranse y sale Leonor.
Pag. 47
Numero visible superior derecho: 25.
Arma fuerte.
Sobre mí
vienen los moros cargando;
de unos me voy retirando,
y otra tropa llega aquí.
No hay más medio que vender
a costa suya mi vida,
supuesto que socorrida
ya de nadie puedo ser.
Seguirle;
por aquí va.
Dentro voces y salen a los paños Alí y moros, y después se retiran.
Muere, pues este es el mismo
que muerte dio a Amete.
Nadie
pase de aquí, que a mi brío
esta empresa solo toca;
retiraos.
¿Qué es lo que miro?
Alí es este.
Sale Fátima a los paños.
Todo el campo,
siguiendo a Alí, he venido,
aunque de él me veo ofendida,
no he podido más conmigo;
aquí con un moro está.
Cristiano que, desmentido
con ese traje, intentaste
dar muerte a Muley, el limpio
acero rinde, o la vida.
Mal podría rendirte altivo
quien el que noble fulminas,
a ti te volvió rendido
ganje de una libertad,
que también te dio.
¿Qué miro?
Voz, semblante y señas mal
engañar pueden. Divino,
adorado dueño, ¿cómo
en riesgo tan conocido
osadamente aventuras
una vida por quien vivo?
¿Qué oigo? Viven mis celos,
Pag. 48
Que es mujer, y si lo averiguo,
es la del retrato.
Como
solicitando tus bríos,
dar muerte a Muley Ismael,
a Amete tocó el destino.
Luego a Muley no maté.
¡Oh, pesie a mi horror impío!
¿Qué intentas?
Qué he de intentar
cuando obligado me miro,
que pues abandonando viene,
tan a galope rendido
a nuestro campo, su gente;
pues que puedes sin peligro,
allá te pases.
Alebe,
antes al incendio activo
de mis celos morirás.
Mira que vienen los míos,
vete pues.
Mas adverso,
atendiendo a que si admiro
hoy libre, es en recompensa,
de que hice por ti lo mismo,
y que obligada no quedo
a pagar el beneficio.
Por cuanto con tus rigores
no encontraron mis cariños;
mas vete, que a rechazar
con grupos arriscadizos,
de los ataques empiezan
esta gente.
Ya lo miro;
adiós.
Él te guarde.
Espera,
que si un moro fementido
te da libertad, porque eres
su dama, sabrá mi brío
estorbarlo con tu muerte.
De moro has perdido el juicio.
Pag. 49
Numero visible superior derecho: 26.
¿Dama, un hombre?
Si cristiana,
que aun haberlo ido visto
aquí, este retrato tuyo,
que yo le he quitado a él mismo,
lo manifiesta.
¿Qué oigo?
El que eres mujer confirme;
pues siempre verdades nacen, los celos
causan tales disparates.
Sea lo que fuere: yo,
por si Alí favorecido
vive en tu pecho, del pecho
con este acero, que vibro,
te le he de sacar.
Ya entiendo
que eres mujer; averiguo,
y no quisiste matarte.
Ese es miedo conocido.
No es sino lástima.
Rendida
de ti, que el brazo fulmino.
Fuerza es matarte.
Batallan las dos y al tiempo salen don Jerónimo, don Pedro, Pernil y Laura.
Rompiendo
los ataques conseguimos
salir libres.
No tan libres,
que aquí dos moros diviso,
peleando.
¿Qué será?
Matarse como cochinos,
pues no nos importa.
Cay.
No le mates; pues vencido,
le ves a tus pies.
Levanta,
moro, y a vos ¿quién os dijo,
que soy hombre, que en el suelo
le matara? Mas que admiro:
don Jerónimo, don Pedro,
los dos, don Lope.
Pag. 50
A dos impíos:
ya perdí la libertad,
y aun he de perder el juicio,
viendo la llaman don Lope.
¿Qué es aquesto?
Haber rendido
a este moro; tú lo eres.
Creí que no me habías visto,
pues no me has hablado.
Lleva
prisionero, no cautivo,
a Ceuta a este moro; y haz
que el tratamiento debido
como a noble se le haga;
verte, moro, no he querido
decir, pues sí es que te importa
que eres mujer.
Yo te estimo
esa atención.
Y ve en fe,
de que se ha hecho empeño mío,
que tuyo sea Alí.
Esa palabra
te acepto.
Y yo la confirmo;
llévale luego.
Éntranse Fátima y Laura.
Don Lope,
vuestros arriesgados bríos
en gran riesgo nos han puesto;
pues en la lancha venimos
ambos con vos.
¿Qué decís,
don Jerónimo?
Ya vimos
entrar en el nuevo alcázar
del rey.
Haberlo sabido,
no hubiera salido yo
sin darle muerte; erré el tiro
y a Amete, alcaide de Alcázar,
para mí muerte.
¿Qué decís?
Algo venís.
¿A eso?
Pag. 51
Numero visible superior derecho: 27.
Aqueste hombre trae consigo
familiar, o es el primer
valiente, siendo un don lindo.
¿Qué decís, don Pedro?
Que
de la sospecha he salido,
y envidioso me ha dejado.
Pues ya llegan al recinto
de los ataques los nuestros,
¿a qué aguardamos?
Embistan
españoles al avance.
La voz de Valparaíso
es esta.
A él nos acerquemos.
Ya aquí él llega.
Dentro disparando armas dice el Marqués, y después sale con algunos soldados.
El cruel guarismo
de tanta víbora ardiente,
tantos fuegos arrojadizos,
no temáis, nobles soldados;
pues despreciando el peligro,
el primero soy que expongo
el pecho al incendio activo.
A tu lado estamos todos.
Obre el esfuerzo prodigios.
Don Jerónimo, don Pedro,
decid, ¿cómo habéis salido
sin mi orden de la plaza?
Viendo a don Lope en peligro.
Basta, pues cualquier disculpa
agrada, mas el delito
y providades del rey.
Arma, guerra, guerra.
El enemigo
se nos va acercando: vos,
don Pedro, con vuestros bríos,
del costado a la gente
acordaos; y lo mismo
vos obraréis en el otro
con vuestro valor y ímpeto,
que de este cuerpo de batalla
don Lope queda conmigo,
Pag. 52
Y advertid que tengo orden
dada, antes de haber visto,
pena de traidor, que al toque
primero que dé, o aviso
el tambor, a retiraros.
Caso no haga al enemigo
ninguno, que aquesto importa
como veréis.
Advertidos
vamos.
Vente.
Oye.
¿Qué quieres?
Que pa muertos, o pa vivos,
me firma aquesta cuenta
de gastos, en que he venido
a alcanzarte en seis doblones.
Aquí, hombre, ¿hay tal desatino?
No lo es aquí; pues que traigo
un tintero de tornillo.
Qué vil eres.
Soy de Orense,
y lo gallego confirmo.
Arma, guerra.
Arma.
Ya la lid cerrada, amigo
don Lope, apretar la mano.
Eso a diligencia digo:
arma.
Africanos valientes,
seguidme, pues veis fulmino
el poder de Alí,
así no quede vencido.
No te empeñes tanto.
Audalla,
siempre con tus vaticinios
presagios me anuncias.
Aun
con más razón, que el destino.
¿Qué destino? No te creo.
No te apartes de conmigo,
y verás
cargando aquí
Pag. 53
Numero visible superior derecho: 28.
El grueso del enemigo
viene a mis tropas; ahora
verá el esfuerzo mío.
Mahoma.
Santiago.
Alá.
No quede ninguno vivo
de esta canalla.
Africanos,
a ellos, que yo os asisto.
Rinde, noble cristiano.
Matando solo me rindo,
o muriendo.
Señor mío,
que morir es desatino.
Pelea.
Estas en furor,
lo hidalgo que sobra supo
que era.
Pues se retiran,
mueran.
Al fraile y adios
con todo: ello se dirá
si es que quedamos cautivos.
Pues de árabe sangre ya
el campo de sangres tinto,
avientos capitanes.
Ahora cuerpo de cristianos,
que no queda moro altivo,
y obran los nuestros prodigios
que nos retiremos quiero.
¿Vos vencéis?
Esto es preciso,
para lo que habéis visto,
don Lope.
Va que hay vinillos.
Toca a retirar, tambor.
A retirar.
Fuerte y digno
brazo nuestro, retirarnos,
cuando en el campo haciendo
vi que riesgo los marinos,
y aun veros cabos.
Acotación lateral: el Marqués hace seña con un lienzo; salen Muley, Audalla y moros, pelean y se retiran los cristianos; Audalla intenta detener a Muley; se retiran por los pontones; los cristianos se entran encendiendo fuego.
Sale don Pedro.
Pag. 54
¿Qué he visto?
¿Prisionero? Vuestra entera
persona, que si el abismo
ahogara furias, yo
te he de librar.
Ya di aviso
a los artilleros, solo
la fuga es medio.
Seguidlos.
Que huyen.
A ellos.
Detente,
no pases de aquí.
Impedirlo
intentas en vano.
Pues
no quieres creer mi aviso,
sea la violencia quien
te asegure del peligro
de esta suerte.
¡Qué portento!
Traición, traición.
Mas ¿qué miro?
Desde esta colina ahora
ve, si era incierto el destino.
Reniego del gran profeta,
y reniego de mí mismo;
pues abortando la fiera
volcánica, tomó ruido
de mi campo, es ya del viento
abrasados desperdicios;
mas presto de esta fiera
traición vil, mi coraje espero
tomar satisfacción, y pues montado
tenía ya a la plaza, mi ardimiento
ha de hacer, o la venganza mía,
que de nueva su gruesa artillería
a fuego tributaré
de San Pedro y San Pablo por despojos,
Acotación lateral: el Marqués hace seña con un lienzo y vuelven a salir Muley, Audalla y moros; pelean y se retiran los cristianos; Audalla detiene a Muley y se retiran sobre el coste de la mano, sobreviene explosión sobre los pontones y huyen los moros; los cristianos salen a entender el fuego.
La tirada final de Muley presenta versos tachados y reescrituras marginales; se conserva la lectura principal visible.
Pag. 55
Numero visible superior derecho: 29.
Y pues que preeminente
a mi gente
haré esta seña mía,
que empiece a disparar la artillería.
Hace seña con un lienzo.
Ya tu seña notaron, y ya empieza
la batería.
Tema mi fiereza,
cristiano,
pues se tornó mi apellido ya africano.
Vamos, Audalla.
O si a la magia mía
obrar dejaras.
Yo lo haré algún día,
a la invasión que nos hace
el infiel; nuestros cañones
correspondan.
Y los dos
valientes socorren
de gente, por si es que asalto
intenta dar.
Que lo logre
es imposible, soldados;
pues además de que corre
su defensa, y ha corrido
con tal valor por los nobles
eclesiásticos mandados,
y gobernados por orden
del ilustrísimo obispo
de Ceuta, en las ocasiones
de diferentes asaltos
que dio a la plaza dispone
el enemigo, ahora menos
creerse puede, que se arroje
a nuevos asaltos, supuesto
que es fuerza los incomode
el rebatir, que de hijos
cuyas fortificaciones
impiden que quiera avance
el rigor vivo y muere
de batería; pues
los valientes, a Orán
Acotación lateral: disparan desde un lado del tablado a lo lejos; tras retirarse Muley y Audalla se oyen voces dentro, salen inmediatamente el Marqués, don Pedro, Leonor, Laura y soldados, y dejan de disparar.
Pag. 56
Verás, que los cañones,
sin que brecha abriese
¿Dónde?
Han hecho notable daño
sus continuas municiones,
es en la iglesia mayor,
y palacio.
Duplícase
El moro, de nuestra empresa,
mas ha sido a mucho coste
suyo; pues de haber cuerpos
lleno el campo se conoce,
solamente los ornillos
según han corrido voces,
le valieron más de mil
moros.
Bellotas eran entonces,
quiso subir por el aire
hechos pedazos.
Logrose
felizmente la salida,
mas los moros no suponen,
aunque tres mil sean los muertos,
aires tan fuertes campeones,
como prisioneros quedan,
que aunque quién son no se ignora,
fuerza es que los nombres guarde
hoy de su fama el abono:
don Lope de Vivero
es el uno, a quien su noble
valor le mereció el puesto
que ocupaba con honores
hoy de sargento mayor
de batalla, el otro joven
es el capitán Urbina;
cuyas hazañas a voces
aclama Ceuta; es el otro,
aunque el último le nombre,
el primero que en proezas
aquestas plazas conoce,
don Jerónimo Marín.
Pag. 57
Numero visible superior derecho: 30.
Pícole
el Alacrán, y así habla
con pasión.
Fuerza es que obre,
que la pérdida es muy grande
en tan esforzados hombres,
mas teniendo aquesta plaza
como todos reconocen
tan valientes capitanes,
cuyas hazañas, mayores,
no ha obrado hasta aquí ninguno,
de cuantos celebra el orbe;
desconfiar no se debe
de ellos, ni de vos, don Lope,
que a la primera salida
que hiciéremos, aun que logre
tenerlos cautivos hoy
el moro en duras prisiones,
que mañana han de estar,
sin que nadie nos lo estorbe,
o que se libren a sangre,
o con la espada se cobren.
Dice muy bien Vuestra Excelencia.
La dilación no malogre
nuestro afecto.
Ocasión
buscaré, en que el valor obre.
Tú, moro, pues noble eres,
según las estimaciones
que hace don Lope de ti,
sé a quien eres corresponde,
di que hay de nuevos en el campo
de tu rey.
Nada que ignore
Vuestra Excelencia decir puedo;
pues sabe que se compone
el ejército africano,
de más de veinte mil hombres,
y cada día le entran
negras tropas de Etiopes,
y de moros, siendo esto
Pag. 58
Quien causa más su desorden,
pues que los mantenimientos,
y pagas faltan, conforme
a la gente que se alista,
y si ahora no le socorre
Fez, a quien un donativo
pide grande, corre en voces
que Muley levante el sitio,
o se pierda.
No supone
en nada para mi intento
su noticia, que no logre
yo algún medio de dejar
castigado a aqueste enorme
bárbaro infiel.
Mas qué es esto,
que hecha postillón al trote,
un pliego esta piedra trae.
En una piedra cae al tablado un pliego; levántale Laura y se le da a Leonor.
Si será aviso que importe.
No hay duda; pues esta letra,
que es de Marín, se conoce.
Al Marqués de Valparaíso
dice.
Parece que con mi intento
este aviso corresponde;
ya me puedo desquitar
de las fieras y pasiones.
El margen inferior contiene líneas tachadas junto a la réplica del Marqués; se conserva la lectura principal visible.
Pag. 59
Numero visible superior derecho: 31.
Que solo que se dispone,
se guarde secreto de ello.
Palabra damos conforme.
Yo lo tomo. Vamos pues,
a ocultar las prevenciones
que hace para la salida.
Eso conviene.
Don Lope,
escuchad.
Fátima hermosa,
si es pedirme que te otorgue
segunda vez la palabra,
que te di, el temor depone;
pues habiéndome contado
más contingencias, que voces,
que a Alí venir siguiendo,
y que tantas atenciones
te debe, ya se hizo en mi
empeño tu amparo, porque
mujer que pide llorando,
pide mandando en un noble.
Eres mujer, y en ti es
propia la piedad.
No borres
con un yerro, cuanto en mí
vencieron tus acciones,
yo mujer.
Mi yerro confieso;
y te pido que perdones
aquesta incredulidad,
en que vacilan aún torpes
mis ojos, y mis oídos.
Cuando algunas persuasiones
te puedan hacer, debías;
pues yo te mantengo hombre
con todos, crédito dar
ya a lo que miras y oyes.
Éntrase Fátima y se disparan.
Aquietarse, mas no intento,
que entre tan mal que se enoje,
vuestra crueldad tirana.
Pag. 60
Dentro voces de lamento y después sale Muley con una lanza ensangrentada, y juntamente salen Alí, Audalla, don Jerónimo y Pernil.
Su sed apaga con la sangre humana.
¡Qué rigor!
¡Qué fiereza!
Blasón más que vasoca
es, míseros cristianos,
rendir la vida a mi noble mano
en culto del profeta a quien adoro,
del orbe la más parte, que el sol dora,
y odio vil moví de vuestra vana
supersticiosa religión cristiana
con este fierro herrado,
batiendo los lugares aun forzado,
busco vidas, que parto que divierte
su último estrago con gloriosa muerte.
No hay deleite en mi afán, sino que ansioso
crueldades estoy ejecutando.
Ese es rigor, Alí, y aun es afrenta
Templar su indignación está en que
qué es lo que haces, señor:
no adviertes que crueles vengar
los fueros de la piedad,
que es la que a un rey más corona
que el real círculo dorado
que de carbunclos se adorna.
Repórtate.
Moro aleve,
¿cómo atrevido te arrojas
a reprenderme, sabiendo
que rayo soy que destroza
cuanto encuentra? Vive Alá,
que haga con tu persona
lo que con ellos, mas porque
conservarte a mí me importa
este que fue el instrumento
de mi ira, al viento le arroja
mi furor, por no arrestarte
inadvertidamente contra
tu pecho vil.
Penachos
y labios suyos aborta,
en vez de víboras.
¿Cómo
Pag. 61
Numero visible superior derecho: 32.
¿Cómo
con tu favor me honras,
me atreví?
Pues no te fíes
de eso, que no me reporta
lo cruel, afecto ninguno,
ni pasión, por vanagloria
lo repito; pues bien sabes,
que idolatrando entre otras
bellas africanas, una
la más hermosa de todas,
porque quebrantó el precepto
de cortar vanagloriosa
un clavel de una maceta,
reservada a mi persona,
caí estando para dar
a las austeras Auroras
ópimo fuego, que era
de los dos prenda amorosa,
en una prensa la hice
poner; y abiertas muy pocas,
infante y madre a mi vista
se hicieron asadas tosas.
Obró muy bien en hacerlo;
pues paguen unas o otras
las mujeres apretadas.
¡Qué crueldad tan rigurosa!
Audalla.
Si habrá tenido
efecto el pliego.
A mi honda,
y tintero de tornillo
se deberá, si se logra,
por si alguno lo ha olvidado.
Que habla Muley a solas
con Audalla; pero dame
más cuidado; débese ahora
ver a Fátima cautiva,
que aunque a Leonor mi fe adora,
estoy honrado.
Digo que
Pag. 62
Con mi magia prodigiosa;
pues te subo en ellos hace,
que a dar fe segunda Troya
al concurso.
Así vengado,
quedará, después de ahora
su ingratitud me negare
en ocasión tan forzosa,
el preciso donativo,
que le pedí, mas la hora
en que la he de ver arder
abrazada más importa,
es cuando este en el banquete
para lograr de esta forma,
el rey segundo Nerón,
como el África me nombra;
pues si el pulsando la lira
celebro con la sonora
armonía de las cuerdas,
el ver abrasar a Roma,
yo con la cadencia dulce
de mi dama armoniosa,
y a un tiempo con los manjares,
que el apetito sazona,
celebraré ver arder
a Fez en su llama propia.
Veraslo así ejecutado,
senos en la misma forma,
y aun haré, que al ver huyendo
sus tristes lamentos oidas,
aunque lograrlo pudiera
pues no hay imposible cosa
prescribada a los impuros
espíritus, que se postran
a mi obediencia, fue Fénix,
oriente de infante Aurora,
siendo mi parte fuera
figurada quisiera,
ya solo con la vana
Pag. 63
Numero visible superior derecho: 33.
Apariencia hace, que en sombras
la vea arder.
Alí, se ha obrado;
lo que te mandé.
En la forma
que ordenaste, desroncadas
quedaron sus causas: todas
son crueldades en él.
Dentro instrumentos.
Ya convocando están sonoras
las cláusulas al banquete.
Y sus bellas damas prontas
a él a conducir vienen,
esparciendo puras rosas
por el suelo.
Salen dos moros y sobre la alfombra tenderán unos manteles, y ponen almohadas, y después salen las moras damas arrojando rosas por el suelo y Luna sirviendo.
Ya señor,
el mantel cubre la alfombra,
siéntate a comer, que entretanto
suavizaremos nosotros
el viento con nuestra acorde
armonía sonorosa.
¿Cristiano?
¿Qué es lo que mandas,
señor?
Pues el puesto logras
de ser maestre de campo,
quiero que conmigo comas
a mi mesa.
En un cautivo
indignas fuera la honra,
no me he de sentar.
Por vida
del rey de España, que ahora
te has de sentar.
En su nombre
me siento.
Aquesta lisonja presto
llorarás.
A mí también,
sentarme me toca,
que como bien advertí,
Pag. 64
Pipián, ginjo y mazamorra.
Quite, villano.
Usted tenga,
que no hay comida famosa
adonde falta pernil,
y yo lo soy, si lo notan.
Tú eres pernil.
Y por serlo,
temo, que aquí me hagan lonjas.
Empezad a comer.
Así
llename dos la alforja.
Siéntanse en las almohadas Muley, Alí, don Jerónimo y al tiempo se oyen voces dentro y van sirviendo platos.
Viva Muley.
Viva, viva.
¿Qué es esto?
Que en persona
aclaman, agradeciendo
el real banquete que logran.
Vosotras cantad, y tú
lo que me ofreciste obra.
Arda Fez. Ministros mudos,
en fin, sombras vanas.
Cuando de Cupido
la llama amorosa,
que abrasa abrasando,
del alma se apropia,
a fuego a fuego fuego tocan
en el pecho las ansias,
que arden gustosas.
Fuego, fuego.
Que deleite.
Qué lástima.
Qué gozo.
Nunca he empleado más bien
vista y oído, que gloria
es oír aquel lamento,
es ver que Fez arda Troya;
mas ardiendo aún arde menos,
del fuego que a mí me provoca
de beber.
Pag. 65
Numero visible superior derecho: 34.
Si será vino.
Pues qué había de ser.
A causa
de danzantes; mas le beben
los moros.
Como las moras.
Para hacerlo, del gran Turco
sin duda que bula toman.
De amor al incendio,
hechos mariposas,
son los albedríos,
quien la llama ronda.
A fuego, a fuego, fuego tocan,
que este abrasan las almas,
y se enamoran.
Es posterior plato.
Aquí está.
Sale un moro con una fuente en que trae dos cabezas cubiertas con sus tafetanes.
A descubierto te toca,
quitáis así.
Ya lo hago;
el cielo me valga: toda
mi constancia he menester,
para sufrir tal deshonra.
¿Conoce estas cabezas?
No quieras que las conozca
de don Lorenzo Vivalda,
es la una, y la otra,
es de don Pedro de Urbina.
Mi saña reserva ahora
tu cabeza, en tanto que
aquesta cuchilla corta
con la de Valparaíso
entramas cabezas locas.
No es fácil, y así es posible
que de persona a persona
me lo dirás.
Villano,
cómo atrevido te arrojas.
Arma, guerra.
En peligro.
Pag. 66
¿Qué es esto?
Toda
nuestra campaña se inunda
de corajes españoles
y infantes, y ya avanzando
a nuestros ataques, logran
destrozar nuestra gente
de ellos; confuso que arrojan
sus granadas.
Qué escucho,
esto nuestra ocasión,
pero presto castigar
sabré arrogancia tan loca,
seguidme.
El primero yo;
pues me hace mi gente escolta
será con aqueste acero
quien de su saña me oponga,
de esta suerte.
Y merendó acaso
yo níperos, o castañolas.
A vil cristiano matadle,
todo muera.
No es fácil.
Quítale el alfanje a un moro y hiere a otro.
Éntranse cerrando a don Jerónimo y a Pernil, y dentro dice el Marqués lo que se sigue, y después salen don Pedro, Leonor, el Marqués y cristianos con dos banderas.
Fuego al ornillo se dé.
Efecto ha hecho; pues las obras
del segundo ataque ya
se ven arruinadas todas,
pues al tercero, y granadas
lluevan.
Nada
contra nuestro esfuerzo importa
al avance.
Para darle
ya a vuestro lado me logra
Vuestra Excelencia.
Ya Pernil
es alcalde de Valdehormas.
Don Jerónimo, los brazos.
Pag. 67
Numero visible superior derecho: 35.
No, señor, que ahora
de ellos necesito para
que obre el valor.
Nuestras tropas,
el moro viene cargando
a rechazarle que es poca
nuestra gente.
Ea, africanos,
a ellos.
Viva Mahoma.
La fe viva.
Muera aquesta
canalla.
Aunque se retira,
llevamos al enemigo,
el retirarnos importa,
que la multitud de moros
malograremos la victoria.
A retirar, soldados.
A retirar, que nos cortan.
Pues en señal de que habemos
conseguido aquesta gloria,
de ganar hasta el tercer
ataque suyo, se pongan
en el final dos banderas
con las armas españolas.
Yo lo apruebo, en fe de que
estos bárbaros conozcan,
que volveiremos por ellas.
El triunfo de hoy a la autora
del África le debemos,
a quien en Ceuta devota
rogativa el clero hace.
Pues dándole a ella la gloria,
marche a la plaza la gente,
y al son de cajas y tropas
digan las voces que viva
la Fe Católica victoriosa.
Tocan cajas y clarines.
Pag. 68
Plana sin texto propio; solo se aprecia traspaso de tinta de la hoja contigua.
Jornada tercera
Pag. 69
Numero visible superior derecho: 36.
Pag. 70
Plana sin texto propio; solo se aprecia traspaso de tinta de la hoja contigua.
Pag. 71
Numero visible superior derecho: 37.
Salen Alí y Luna.
En la acotación lateral parece haberse cancelado una lectura previa, probablemente Fátima, y se conserva Luna.
Deslucido es el engaño,
y de un valor dudoso,
viendo a Fátima cautiva,
que no procure ni ansioso,
liberarla.
De esa Luna
de acordarme ahora lo propio,
que noble olvidar no puedo,
la crueldad del rey estorbo
es, para no declararle,
por no motivar su enojo,
que está en poder del cristiano
Fátima con el embozo
de Lelín, por si lograse
con algún ganzón onoroso
la restitución; mas si, sabe
porque si de ello le informo
con ella me ha de obligar,
a que me case, y me logro
la esperanza de que sea
mía Leonor, al soborno
de darle libre a su padre,
lo cual conseguir dispongo
muy presto.
Cuando te acuerdes
de lo que la debes, como
te olvidas, de lo que a mí
me debes?
Pues en qué modo
de ti me olvido?
Dejando
que en esta línea, y demonio,
que fabricando Muley
del Zebitán presuroso
a fan, sea yo peón,
Pag. 72
siendo peonza.
Si a todos
empleados en la tarea,
sin reservarse, aun el propio
Muley con la zapa y pala
ves trabajar oficioso
en la línea, que ha de ser
fuerte antemural, y estorbo
a los volantes cometas
de fuego, piedras, y plomo,
de quien siempre de la plaza
asediados tanto somos,
como quieres te reciba
a ti?
Sale un moro huyendo de Muley, que trae el alfanje desnudo, y con él Audalla.
Huir de mi enojo,
mal podías.
Alta piedad
apelo.
No la conoció
yo en mí, y quiere tu hallarla
en mi rencor riguroso.
Qué delito ha sido el suyo?
No saber este alarbe, y otros,
a quien con esta luciente
centella partí en dos trozos
la cabeza, osado infame,
mi sombra, siendo insultuoso
presagio para mí.
A vanos
agüeros supersticiosos
quién da crédito?
Quién sabe,
que en estos celestes globos,
caracteres son sus astros,
en cuyos párrafos doctos
se leen ciertos los influjos
de venideros rigores;
abonando sus crueldades
Pag. 73
Numero visible superior derecho: 38.
su crueldad más ocasiona;
pues maestro he sido dellas.
Señor piedad.
Ya dispongo
tenerla ahora de ti,
mas ha de ser de este modo,
ola.
Qué mandas, señor?
Que con el cadáver propio
a quien di muerte, a ese alarbe
se haga atar, porque al penoso
honor del difunto venga
a morirse poco a poco.
Mayor rigor ay.
Di cuál?
que premiarte le propongo,
si estrangulose.
Es atar,
a un discreto, con un tonto,
o para que se consuman,
que ande un poeta con otro.
Llevalde.
De tu impiedad
me vengue Alá poderoso.
Tarde será eso; que abriendo
pecho a la playa notorio
con un trompeta, que aun
en nuestro ataque propio
se conservan sus banderas,
por ver si así los provoco,
que vengan a restaurarlas,
para vengar yo mi enojo,
no me han respondido, pero
qué clarín puebla sonoro
el aire?
Tocan dentro el clarín y sale el Moro 2º.
Un cristiano ahora
llegó al campo, y Alforje
le salió conduciendo,
Pag. 74
Se aprecian ensayos o versos marginales cancelados en la zona inferior izquierda.
para hablarte.
Yo le otorgo,
que llegue: qué intentará
el Gobernador?
Bien prompto
puedes saberlo; pues ya
llega el cristiano este coco.
Salen Pernil y el Moro.
A ti, Muley Ismael,
rey de Mequínez glorioso,
el Marqués de Valparaíso,
invicto caudillo heroico
de Ceuta, salud te envía,
y agradecido en retorno
del aviso que le diste,
de que en tus ataques propios
aun mantiene sus banderas,
que el cielo vanaglorioso,
en señal de que arruinas
las obras logró su arrojo,
hoy a llevarse las vuelve:
de esto te hago noticioso,
porque no digas, que fue
traición después, el que ocio
fue, o descuido de tu campo,
que en militar duelo omiso
los ardides de la guerra,
no son tratos alebosos;
como lo estudié, lo he dicho,
pues sino, como abalorio
ensartara disparates,
unos grandes y otros gordos.
Cristiano, a Valparaíso
dirás, que lo que respondo,
es, que en campaña le aguardo,
mas porque te conozco,
no eres Perniletu ?
Jesús,
mas ahora soy solomo?
Pag. 75
Numero visible superior derecho: 39.
Pues asado en una lanza
parte fuera, de mis ojos,
a no recibir este sabio
conducto.
Fuera mal como.
Con una emboscada aguardo,
del cristiano esfuerzo arrojo
castigar: vamos, que presto
el tiempo nos dirá el modo.
Éntranse y se queda Pernil.
En buena. Pernil, te has visto,
yo parto de dogo? Voto
a la mitra de Pilatos,
que a poder vengar mi oprobio,
diera a este perro jaraguí;
pero ya a campaña los trozos
de caballos y de infantes
nuestros, la campaña noto,
y Valparaíso llega
aquí, diciendo.
Salen el Marqués, Leonor, don Jerónimo, don Pedro y Fátima entre soldados cristianos, Laura y soldados.
Famosos
capitanes y soldados,
pendiente este decoroso
la reputación de España,
crédito se hizo de todos
recobrar nuestras banderas;
pues nos provoca a ello el moro,
lo que el gozo hizo de un triunfo,
enmiéndelo ahora el arrojo,
voluntario fue el fijarlas,
y cobrarlas esforzoso,
y tanto, que todo el resto
de nuestro ejército heroico
nos esfuerce, empeñar.
Yo
a vuecelencia en retorno
le hablo: su majestad,
honrado (como es notorio)
Pag. 76
con el puesto que vacó
su muerte, infeliz candor,
de don Lorenzo Ypalada,
una bandera no solo
restaurar ofrezco.
Sed
don Jerónimo, que hay otros,
que también recuperar,
la otra sabrán.
Mas que a todos
a mí me toca: supuesto
el arbitrio he sido solo,
de dejar en los ataques
las banderas.
No me opongo,
a que vos seáis, don Lope,
quien logréis la empresa, electo
que le hube, su valor
me tocó en afecto.
Todos.
Don Lope, estamos acá.
Tú en este traje?
El soborno
pudo darme este vestido.
Pues qué intentas?
Ver si logro
hallar a Alí en la batalla;
pues ingrato, y aleboso
no intentando mi rescate,
que se ha olvidado, es notorio
de mí, he de castigar
su ingratitud.
Se airó?
es muy hijo de tu valor;
pero en mi lealtad forzoso
he de hallarte.
Ten,
que en impedirlo, conozco,
Pag. 77
Numero visible superior derecho: 40.
que es desconfiar de mí,
y hago a Alá solemne voto,
de no pasarme a mi campo.
Eso me responde el moro?
Eso respondió, y me quiso,
hacer pasto de sus dogos.
Por gallina?
Peor fuera
por capón!
Pues yo te tomo
la palabra.
Voces dentro y tocan a arma.
Arma, arma, guerra.
Ti li li li.
Ya los moros,
vienen avanzando.
A ellos,
avancemos pues nosotros
espada en mano.
Santiago.
Mahoma.
A ellos.
Salen Muley, Audalla, Alí, Fátima y moros.
Valientes
africanos, hoy el día
ha de ser nuestro, en oprobio
de los cristianos.
No es fácil,
bárbaro infiel.
Qué mondongo
tan bravo ha de hacer el diablo,
de la sangre que en arroyos
de los moros van vertiendo
los nuestros. Aquí un brioso
cristiano una tropa viene
acosándole, el socorro
no me toca, que no soy
toreador: soleta tomo
y venga lo que viniere
que esto es lo mejor.
Éntrase y sale Leonor con la espada en la mano.
Pag. 78
Habiendo disparado desde el ataque algunos tiros, llega Leonor y toma la bandera, y salen algunos moros a impedirlo.
Los batallones rompiendo
al tercer ataque logro
llegar, la bandera es esta
y si mil de seda ayroso
serenidades anuncian
diluvios flechan de plomo
los que te guarnecen; pero
a restaurarla me arrojo
a pesar de tanto incendio.
Primero serás despojo
de nuestras iras, que logres
ganar ese real despojo.
Muera.
Si hubiera el mismo
cielo hombres como vosotros,
me la he de llevar.
Matalde.
Difícil es: mas que oprimido
caí, perdiendo de la mano
el triunfo, que ya malogro.
Cae Leonor perdiendo de la mano la bandera, y a este tiempo sale don Pedro.
Muera.
Buen tiempo llego.
Don Lope, alzad; mientras cobro
la bandera, que perdisteis.
A ellos, don Pedro.
Pelean con los moros y los hacen retirar.
Es cada cual uno.
Ya es en vano
la resistencia en nosotros.
En fuga se han puesto.
Y yo
a vuestras plantas, pues logro
la vida, que os debo.
Aun más,
me habéis de deber.
Ignoro,
qué se puede.
De este moro
que a pesar de tanto aborto
Pag. 79
Numero visible superior derecho: 41.
de arrojadizos volcanes
pudisteis ganar brioso,
vos restaurarla ofrecisteis,
yo no, y en mí fuera oprobio,
por apropiarme a mí un triunfo
enajenársele a otro:
tomad la bandera.
No
he de tomarla.
Es ocioso,
por vida del rey, que habéis
de recibirla.
La tomo,
constituyéndome esclavo
vuestro.
Mi amigo sois solo.
Óyese batalla dentro y saliendo don Jerónimo se echa la una bandera y se entra.
Mal a mi esfuerzo podréis,
restaurarla ya.
Qué oigo?
la voz de Marín es esta,
en algún riesgo le noto.
Pues el tafetán al cuerpo
me ciño y el asta arrojo.
Vamos allá.
Vamos.
Quita el tafetán del asta y se le ciñe al cuerpo; y entre tanto no dejan de oírse ruido de espadas, y entrándose salen Fátima y Alí.
Dime,
qué es lo que intentas, tirano,
sacándome de la lid?
Cristiano?
Darte, vil moro,
ingrato, mal caballero,
la muerte: porque engañoso
a una dama has olvidado,
a quien debes entre otros
favores, el de seguirte,
abandonando el decoro
suyo a este sitio
Qué miro?
Esta es, no hay duda, pues como
tu forma en este traje?
Pag. 80
No preguntes, aleboso,
el modo, sino prevénte
a la batalla.
El hermoso
enojo de esos ojos.
No es fácil,
que he de llevarte, mi esposo
cautivo, porque padezcas,
lo que padezco en oprobio
de tu valor, pues me tienes
prisionera.
Pues que logro
verte libre, qué más dicha,
vente conmigo.
Es ocioso
tu intento, que he de matarte.
Ya es cruel rigor, ese odio
con quien te adoro; engañarte
fuera es.
Mientes, cauteloso
enemigo, que a Leonor
es a quien quieres.
Tus locos
zelos, no malogren ahora
tu libertad con tu enojo.
Dentro voces.
Arma, guerra.
Mira que
ya cargando Augusto todo
del cristiano, a aquesta parte
viene.
Eso es en mi abono;
pues pagándome así, te dejo
con el baldón vergonzoso,
de siendo mujer, pude
arrebatada rostro a rostro,
decirte mi sentimiento,
y no admitir en mi respeto
cautiverio, y libertad
que no te debo a ti propio.
Éntrase.
Aguarda, espera; mas ya
se ha incorporado su arrojo
con los cristianos, y puesto
Pag. 81
Numero visible superior derecho: 42.
que otro desquite no topo,
su estrago he de ser.
Soldados,
a retirar; pues gloriosos
por el crédito de España
volvimos; pues notorio son
esto, que ambas banderas
se han ganado.
La una pongo
del rey a las plantas reales.
Y yo esta mía le pongo.
Pues a la plaza; que temo,
que alguna emboscada el moro
nos tenga puesta.
A la plaza.
A la plaza.
Para la plaza todos.
Éntranse y salen Muley, Audalla, Alí, Luna y moros.
De mi fortuna reniego,
que permita aqueste oprobio
Alá en mis armas.
Su fuga,
sigamos.
Yo dispongo;
pues la emboscada que puse
no ha tenido ningún logro:
mas aunque de piedad el cielo
y sus astros rigurosos
a pesar ha de entrar
en Ceuta mi ira, y no solo
triunfo ha de ser de mi esfuerzo,
mas ha de abrasar mi enojo.
Éntranse y salen Pernil y Laura huyendo.
Por esta hazaña nos ha tocado
en la muralla a los dos,
y ya de andar, vive Dios,
que me veo despeado.
Un hombre se ha de aquexar
de andar, si fuera mujer
qué hiciera?
Montar hacer,
que ellas sabrán por andar,
Pag. 82
Dése eso; y vea que el mundo
todo lo muda, y disfraza;
pues exequias esta plaza
hace hoy por Carlos segundo,
con fúnebre pompa y llanto
por rey, que en el cielo está
las hace.
Cierto es que está allá
que fue Carlos un rey santo.
Iguales hace sus leyes
la muerte con todos.
Es aún más que evidente, pues
se mueren hasta los reyes.
Mas las sordinas avisan,
que ya el funeral fenece;
pues a la plaza de armas
en fila formada viene
mucha gente.
Suenan las sordinas.
Y arrastrando
traen las banderas, que fuisteis
su vasallo a real rey,
le batieron tantas veces.
Tocando las sordinas y tambores atraviesan enlutados el Marqués, don Jerónimo, don Pedro, Fátima, Leonor y los soldados, que se pudieren, vestidos con casacas negras y sombreros de plumas, y pasan arrastrando las banderas y picas.
Con qué profundo silencio
caminando van.
Parece,
que sudor por los dos,
hoy los corazones vierte.
Si este llanto no enjuga
mucho sol que ya amanece,
que influye España fuerte;
pero ya invicto rey viene,
que unirá a nuestros leones,
los reales lises franceses.
Hoy te ha de durar la flaqueza
pero qué clarín es este?
Tocan un clarín y sale un soldado.
Aunque distante se mira,
gallardo un moro parece,
que será, si se acerca.
De palo; como advierte,
no se responde.
Pag. 83
Numero visible superior derecho: 43.
Éntrase el soldado.
Aviso
al Marqués de esto se debe.
Yo hice al punto.
Un caso a otro
en un instante sucede.
Esa objeción pondría, quien
en la comedia no advierte,
que lugar, tiempo, o distancia,
no se da, y que no se pueden,
mudar los gobernadores
según los casos presentes.
El Marqués llega.
Salen el Marqués, don Jerónimo, don Pedro, Leonor, Fátima y soldados.
Qué es esto?
Velo vuecelencia puede.
Con la voz de un clarín que anuncia, el viento
un arrogante moro al muro llega,
un bruto que al sol bebe el aliento,
negro lunar, o sombra de la vega.
Qué puede ser del bárbaro el intento
que sin seguro a tal acción se entrega?
De parte de su rey algún partido
vendrá a pedir.
Acabólo atiendo.
Medio del muro?
Quién llama?
Quién pudiera,
si conocido en su impaciencia ardiente,
de llegar sin seguro, que no espera,
que le tiene en su cólera valiente:
Muley Ismael soy, de Alá primera
emulación en el poder, y gente,
y el que aqueste caudillo invicto llama.
Ya te escucha el que a un tiempo esclama.
Pues sabéis que Ceuta ya acabada ,
tengo a mi campo el que fortificado
con ataques, conforme a mi dictado,
un clarín de sacar es armado,
y que vuestra defensa bien frustrada
nuestro fin coge y la desolada .
Pag. 84
Espera que mi cruel enojo ciego
entre la plaza ardiendo a sangre y fuego?
Si a Ceuta no rendís algún partido
que ofrezco haceros, al primer amago
de mi justo rigor enfurecido
llorará su infeliz último estrago:
a merced la rendid del advertido
con eso que os publico en aquí mi halago,
porque si llego a desnudar la espada
la veréis reducida a polvo, a nada.
Ceuta es mía: ya ha llegado el caso;
pues mucho a esto me presté,
a defenderla, luego que así ocaso,
llegue el segundo Carlos, rey Felipe,
pues glorioso se mira al mismo paso
que en su mejor heredad mi río infeliz
mentir no puede el sitio Ceuta en mí,
sin rey se ve su excelsa monarquía.
No pase más adelante
bárbaro rey, que ya tiene
heroico monarca España,
que entre sus invictos reyes
es quinto planeta suyo
porque a Marte represente,
y porque mejor lo creas,
verás, si es que te detienes,
ocupando al bruto Aljife,
y afirmado en los borrenes
su aclamación.
Córrense los bastidores y se ve un retrato del rey a caballo, y a sus pies algunos moros rendidos en el suelo con cadenas.
Bella guisa.
Nuestro rey Filipe es este,
que a sus plantas aherrojados
Alacadino ya tiene
tanto árabe moro.
Aunque Ira
la aclamación ahora empieza.
Pag. 85
Numero visible superior derecho: 44.
Dentro tocan el clarín y callan.
Oíd, atended,
soldados nobles y plebe,
Ceuta por el rey Philipe
quinto, que viva, que reine,
monarca ínclito de España.
Reine y viva inmortal siempre.
No es menester que aclamado
está ya, según las leyes
de Castilla este estandarte
bato una, dos, y tres veces
a sus generosas plantas,
repitiendo en tan solemne
acto, con la salva real
de picas, y de mosquetas,
y las cítaras de Marte
para aplauso más alegre
que Philipe quinto viva.
Disparan dentro algunos tiros y toca el clarín y cajas.
Viva, triunfe, venza, y reine.
Ya la aclamación has visto,
rey moro, mira si puede
ser Ceuta tuya teniendo
monarca, que la defiende,
con mayor poder que nunca,
y con el valor que siempre.
Mi invencible esfuerzo ahora
mejor puede prometerse
que Ceuta sea suya; pues
si enfadado con aqueste
rayo agitado está
a deshojar tantas veces
leones de España: mejor
cortará lises franceses.
Como perro con castañas.
Relámpago parece.
Qué arrogante ha estado el moro.
Qué soberbio.
Qué impaciente.
Del enemigo sanar ,
Pag. 86
Pero no es bien, que del todo
el que es caído la desprecie,
y así quede la muralla
bien guarnecida de gente.
Lo llama que bien.
Pues vamos,
que paso que sucediere,
hacer consejo de guerra
intento.
Vamos a hacerle.
Éntranse, quedándose algunos soldados, Pernil y Laura.
Y nos quedamos de porte?
Pues no lo ve, Pernil?
Pese
al que porta inventó,
Pues con ellas aún más puede.
Digo, señores soldados,
no sería bien que se juegue.
Pag. 87
Numero visible superior derecho: 45.
Me place.
También dados
hay aquí.
Los está oliendo?
No los huele, que estoy viendo
si están los dados cargados.
Saca Pernil dados, échalos sobre el tambor y el soldado segundo hace que los huele.
Cierto que es linda palabra
el sargento, si creyó
que pudiera darle yo
dados falsos, por mi vida.
Qué pendencia tenemos?
No es malo para mi humor.
Ya nos espera el tambor.
Pues riñamos, o juguemos.
Juegan.
Por mano tiro el primero.
Treses eché y lo hajando.
Azar es perder la mano.
Mas lo era a ser de carnero.
Digo, y le juegan alajas,
en rematando el dinero?
Quién lo duda?
Pues parar.
Recoge lo parado el soldado segundo, y echa Pernil los dados.
Yo le paro escudo y medio.
El medio delante.
Yo
escudo y doblón.
Empiezo.
Azares los vi .
Cuidado con mis derechos.
Cincos.
Más que mil demonios
os lleven.
Ya ti con ellos.
Saca otros dados Pernil.
Vuesarced me debe
una suerte.
No lo niego.
Paro esta banda, y delante
estos cuartos.
Pondrán también el coleto junto al tambor.
El coleto
con lo que me queda paro.
A holandés, yo lo creo,
que dos legiones de sastres
pelean esotro en el cuerpo.
Pag. 88
Estarán divertidos escuchando a Laura, y al tirar los dados el soldado primero, como a lo lejos un golpe que corresponde debajo del tambor.
No me dirán por su vida,
aquí en natural secreto,
qué valdrá entre dos amigos
esta piel.
No tiene precio.
Seis.
Veamos.
Son doses.
Voto a Dios, que se han vuelto
echa la suerte, y que a quien
lo contradijere.
Quedo
que aquí lo dirán.
Los doses
he visto.
Y todos lo mesmo.
Pícaros, pues mentís, yo
me cobraré por entero.
Muera.
No es fácil, cobardes.
Cuidado con los derechos.
Puesto son
hoy en la muralla.
Echan a rodar el tambor, y salen el Marqués, don Jerónimo, don Pedro, Leonor.
Óyese el ruido.
Qué es esto?
Que ese soldado
habiendo perdido al juego
de los dados una suerte,
intentó vano y soberbio
barajarla, por decir
que los dados se volvieron;
nadie lo vio, con que todos
contradijimos su intento:
él tan escaso de juicio,
como falto de dinero,
sacó la espada.
Y en breve
a dos hirió, y a uno ha muerto.
Hola, prendedle, que aunque
no paga su error muriendo
lo que una vida no vale,
lo suplirá un escarmiento.
Dadle a prisión.
Difícil
está.
Pues como está a que
Pag. 89
Numero visible superior derecho: 46.
salvo la vida
desesperado vengarme
se arrojó al foso.
Tiradle.
Osado el cristal rompiendo
tierra toma.
Y porque el corte
se saque yo su coleto.
A los moriscos ataques
llegó.
Preciso es el riesgo.
No es cierto
que el desorden procedió
de que los dados tuvieron
movimiento, sin saber
quién les diese el movimiento?
Así fue.
Y para jugar
el tambor no estaba puesto
en la muralla?
No hay duda.
Pero qué se infiere de eso?
Que el moro nos mina; y no hay
prueba para conocerlo,
como el tambor, y los dados
sobre la muralla puesto,
que a una media legua el golpe
obra el referido efecto.
Don Jerónimo, el reparo
ha sido muy como vuestro.
Y preciso.
Solo falta
confirmarle.
Pues probemos.
Milagros el arte inventa.
Sin son danzan; esto es hecho.
Ya no hay que dudar, aviso
se dé a nuestros ingenieros,
para que el daño reparen,
y viva en todo el desvelo
tan cauto que la fortuna
penda del arbitrio nuestro.
A don Lope voy cobrando
una afición que no entiendo.
Si me cumpliese Alí
la palabra de que presto
libre me dará a mi padre.
Cuando injusta, Leonor, premio
tendrá una pasión que vive
malquista con su silencio.
Salen Muley, Audalla, Alí, Luna y moros.
Perficionose la mina?
Bien parece que mi intento.
Yo, gran señor, no quisiera
que te aventures.
Resuelto
por un aviso, que en nada
te asegura el vencimiento.
Cómo no, si aquel cristiano
que a mi campo llegó huyendo
ha vivido mil peligros,
dice que si con secreto
en la primera estación
de la tarde, cuando el terso
luciente blandón del día
mejora sus lucimientos,
con secreta marcha al muro
nos acercamos, y luego
en la plaza de armas tropa
introducimos, podremos,
aunque Alá lo contradiga,
no solo tomarla, pero
darles lograré en buena hora
a los obstinados pechos
de mi impiedad, y no en vano
crédito le di, supuesto
que las tareas continuas
de sus obras sin aliento
los tienen; y aún más que ellas
los encendidos reflejos
del sol, causando que cuantos
no poco así lo encarezco,
se dejen vencer del sueño.
Nada basta a convencerte?
Solo Audalla me convenció
cuando la razón del labio,
es la opinión de mi acero.
Pues valiente que con p...
Pag. 90
Dice.
Una afición que no entiendo
si me cumpliese Alí
la palabra de que presto
libre me dará a mi padre.
Cuando injusta Leonor, premio
tendrá una pasión que vive
malquista con su silencio.
Salen Muley, Audalla, Alí, Luna y moros.
Perficionose la mina?
Bien parece que mi intento.
Yo, gran señor, no quisiera
te aventurases.
Resuelto,
por un aviso, que en nada
te asegura el vencimiento.
Cómo no?
Si aquel cristiano,
que a mi campo llegó huyendo,
ha vivido mil peligros,
dice que si con secreto,
en la primera estación
de la tarde, cuando el terso
luciente blandón del día
mejora sus lucimientos,
con secreta marcha al muro
nos acercamos, y luego
en la plaza de armas tropas
introducimos, podremos,
aunque Alá lo contradiga,
no solo tomarla, pero
darles lograré en buena hora
a los obstinados pechos
de mi impiedad; y no en vano
crédito le di, supuesto
que las tareas continuas
de sus obras sin aliento
los tienen; y aun más que ellas
los encendidos reflejos
del sol, causando que cuantos
no poco así lo encarezco,
no se rinden a mis armas
se dejen vencer del sueño.
Nada basta a convencerte?
Solo Audalla me convenció
cuando la razón del labio
es la opinión de mi acero.
Pues valiente que compon
Pag. 91
Numero visible superior derecho: 47.
el nuevo estacamiento,
a quien la empresa se fía,
con impaciencia el precepto
tuyo aguarda.
Yo lo sigo,
qué marche.
Ved.
Ya estáis necio;
tú de escogidas milicias
irás con algunos tercios
de retén.
Anhelo así.
Pues atenta.
Yo el primero
seré que su muro pise.
Y del peligro?
Te he propuesto
no para huirle cobarde,
sí para vencerle cuerdo.
Pues seguidme.
Desfilados
los tuyos dicen.
Dentro.
Marchemos.
Mudo pausando el clarín, y caja marciales ecos.
A la muralla llegamos.
Las escalas arrimemos.
Esperad, que yo he de ser
el que antes que todos puesto
tomé en la muralla.
Éntranse por una puerta y salen por otra algunos moros con escalas que arrimarán a los muros, y después Muley y Audalla con rodelas.
Pues
de que me da como a dueño
posesión Ceuta.
Quién noble
osa competir tu aliento?
Dentro dos prodigios
obra tan noble ejemplo.
La superior a la plaza
me miro, y en ella veo
entregadas sus milicias
a un común letargo; cierto
fue el aviso: a sangre y fuego
españoles hoy veremos,
si os escarmienta dormidos,
el que despreciáis despiertos.
Entremos pues.
Ya está mi luna en tu cielo.
La suerte mira en tu cielo.
Pag. 92
Ya los dos mil combatientes
que a Muley vienen siguiendo,
la plaza entraron, y la
parece que dice el eco.
Arma, guerra.
Muley viva.
Traición, traición.
Dentro.
Sarracenos,
nuestro es el día.
Ay de mí!
Desesperar del remedio
sea el último.
En las ondas
quizá piedad hallaremos.
Ya es tanta la confusión,
que van aumentando riesgos
los cristianos contra sí,
pues los que huyen de la gente
en el foso encuentran ya
cristalino monumento.
Guerra, guerra.
Muley viva.
No es posible defendernos.
Españoles, no con tan vil desaliento,
indignamente os rindáis
aun más que al poder al miedo;
aunque la estacada nuestra
han tomado con denuedo,
desalojémoslos de ella.
Tarde o nunca podréis, puesto
que a imitación de Muley
es cada africano un Héctor.
Soldados, levantad tierra,
donde nos fortifiquemos.
Ya del tejón han cedido,
y se retiran.
Arma, arma, guerra, guerra.
Pero qué escucho, mintieron
sus voces, pues ya sin duda,
pues la abren, habrán los nuestros
tomado la puerta; pronto
acudid a socorrerlos.
Córrense los bastidores que serán una puerta empalizada; en algunos moros Muley huyendo y Audalla quedándose.
Huyamos, pues muchas vidas
en cada amago perdemos.
Cómo cobardes huís
de la victoria? reniego
de Alá, y aun de mí, pues no
baste para el vencimiento.
Pag. 93
Numero visible superior derecho: 48.
Cómo cobardes huís
del gran valor, y desprecio
de Alá, y aun de mí, pues no
baste para el vencimiento.
Subir lo esperaron ahora
a nuestro pesar portentos.
Volved los infames rostros,
cobardes.
Pues van huyendo,
con tal precipitación
que no pueden socorrerlos
los que de escolta avanzados
tenían, seguidme, y a ellos
amigos, hasta que en sus
ataques los encerremos.
Por imitar vuestra gloria
fulmina mi espada acero
cada brazo.
Pues la línea
se atreven a entrar resueltos,
cargadlos, y el plomo avise
aun más estragos que estruendos.
Leon.
Muy empeñado le tiene
su temerario denuedo
a don Jerónimo.
En vano,
peleando de soberbio,
cristiano, podrá tu patria
dejar de llorarte muerto.
Aunque ciñó una bala
esto en el hombro izquierdo,
bien he de vender mi vida.
A Muley, a pelear.
Más que es esto,
estremecida la tierra
sepulta en medio el viviente.
Peleemos pues la
mina ha sucedido.
Mas quién sino vos al mísero
Pedro enterrado en los muertos.
Mas esperando que la mina
solo una parte del lienzo
de la muralla ha volado,
y entre sus ruinas aún veis
durar vivo aquel cristiano
moro pues acabe al fuerte.
Disparan después de haberlos entrado los nuestros por sus ataques. Sale Alí y moros tirando a don Jerónimo.
Tiembla y se hunde grande mina. Dentro caen algunos pedazos de muralla sobre don Jerónimo, de modo que parece que el medio cuerpo le tiene enterrado.
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Perdido quedas sin vida?
Podré, mas no sin aliento,
pues más allá del esfuerzo
de un español, el esfuerzo
dura; mas así que me falte
no el ánimo, el movimiento,
que es que aún más que con vista
batalla consigo mesmo.
Qué aún vive!
Ya la cortan dos
bocas, como cerbero tengo,
húmeda vida, que angustias,
mas oh! cuán justo muero,
sabiendo que la consagro
a mi patria, al rey, al cielo.
La gloria.
Lo he de abrir.
Que no nos entierren resueltos.
Perros, a tomar a casa
solos, en distintos riesgos.
A la plaza antes que lleguen
corramos.
El plomo ha hecho
notable estrago en nosotros.
Señor Marqués.
Caballero,
no diréis que no he llegado
a vuestro socorro a tiempo.
Ignora el mundo que estaba
esperando ya momentos
más cercanos y forzosos.
Pues puesto que con sereno
y más opuesto que con cielos
aún rebelado el suceso
venció el más notable
arde del riego nuestro.
Envió Muley la estacada
con dos mil moros, a tiempo
que del sol y la tarde
cobraba tributo el sueño
con que árbitro su coraje,
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Numero visible superior derecho: 49.
de sajional mío de cuerpos
y con sus encubiertas
cuchillas, segando cuellos.
El desorden y la impresa
de tanta confusión fueron
a la realidad posibles,
mas no al encarecimiento.
En fin, de la plaza de armas,
respaldo de cubiertas, bueno
se vio Muley, y aunque fuera
de la ciudad; si tan luego
don Juan Palomino
no echara el rastrillo.
Pero
duróle poco el alarde,
la gloria del vencimiento;
pues don Pedro Marín,
que guardaba un puesto
fuera de la plaza, osada
que glorioso atrevimiento,
corrió el rastro a la puerta
de nuestra estacada, y luego
Jerónimo Marín,
con aquel noble ardimiento,
solo en valor tanto
coraje nos fue infundiendo,
que entre dos mil los moros
y portugueses dentro
de la plaza, y los que al gran
Marín conmigo siguieron,
no más que setenta espadas
en más destrozas pudieron
no solo desalojarlos,
sino en sus ataques mismos
cargarlos.
Notoria es, digna
de que la celebre el tiempo,
qué gente habremos perdido?
Doscientos, a lo que infiero.
Un general de batallas,
seis capitanes, sargentos
mayores, dos, y otros muchos
cabos.
Quién mismo ha muerto?
Don Marín murió.
Lo tan bien.
Sale por la puerta Muley con moros.
Qué haces?
Sentir tanto héroe,
que me ha de morir ahora el
siquiera de cumplimiento.
Quita loca.
Si es posible
lágrimas en mí, confieso
que os inundara al semblante
la compasión de mi pecho.
De sus cenizas será
la fama obelisco eterno.
Muley.
Toda al arma, pues abriros
de nuestras obras protesto
se mantienen restos
las cargas.
Con todo el fuego
Muley avanza a nosotros.
Pues recibámosle; pero
solo a fin de que a la plaza
en orden nos retiremos,
puesta toda la gente
esta avenida le espere.
Hea, mahometanos míos,
dentro avanzo.
Mal podremos
cerrada la puerta.
En vano,
vencer su fortuna puedo,
mas que logre reconocer
vencedor el brazo lento
a los cuarteles volvamos.
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Qué haces?
Sentir tanto héroe,
que me ha de morir ahora el
siquiera de cumplimiento.
Quita loca.
Si es posible
lágrimas en mí, confieso
que os inundara el semblante
la compasión de mi pecho.
De sus cenizas será
la fama obelisco eterno.
Muley.
Toda al arma, pues abiertos
de nuestras obras protesto
se mantienen restos
las cargas.
Con todo el fuego
Muley avanza a nosotros.
Pues recibámosle; pero
solo a fin de que a la plaza
en orden nos retiremos,
puesta toda la gente
esta avenida le espere.
Hea, mahometanos míos,
dentro avanzo.
Mal podremos
cerrada la puerta.
En vano,
vencer su fortuna puedo,
mas que logre reconocer
vencedor el brazo lento
a los cuarteles volvamos.
Oid venos; mi experiencia
avisa que el rey, al juzgar
la fe saberá rompiendo
con treinta mil combatientes
talando va a sangre y fuego
sus Reales.
Señor, oye aviso
será más seguro
tu vivo Muley Ismael,
a quien con el nombre el denso
te heredó, en contemplación
a tu imperio, que usaba al dominio
universal de tu imperio.
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Numero visible superior derecho: 50.
A cuyo amparo acudan
los que de mí malcontentos,
pueden de tus impiedades
pelearse tras tan resueltos.
No prosigas, que se atroda
del vencido, que aliento
lo que fue de la fortuna,
vil e hipótico dueño,
si una gloria abandono?
Así una victoria pierdo?
Y un rey, membrado en mis reinos,
si los bárbaros más los activos
mil desaires no influyeron,
pues sabe el cielo, que en mí
no tiene dominio el cielo.
Y así cautelosamente,
he de triunfar de su temor.
Sale Luna.
Si gran señor, sabemos
por tus desmanes, que allí
tienen desembarco a medio
las paces de la iglesia,
y España.
Pues empecemos
a romperlas; lo que falta
a poder, supla el ingenio:
toca trompeta de muro
llamada del campo a medio.
Tocan un clarín y saldrán al muro el Marqués, Leonor y don Pedro.
Es Muley.
Qué es lo que intentas?
El soberano deseo,
que me escuche.
El Marqués soy.
Quieres que capitulemos
una suspensión de armas,
y canje de prisioneros?
Qué os parece?
Lo que conviene
para reforzarnos, puesto
que al calor dadas continuas
operaciones tenemos,
toda deshecha la gente
que sigue la resistemos.
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Numero visible superior derecho: 51.
A Fátima he visto.
No se acuerda de mí, qué secreto.
Solo para concluir
el particular proyecto
falta le sueltes.
Pues juro
al sagrado Alcorán nuestro
por Alá, por la deidad
que en Meca recibe inciensos,
cumplir cuanto aquí propuse.
Lo mismo a los evangelios
sagrados, donde la fe
atesora sus misterios,
juro.
Pues el canje ahora
se ha de empezar aquí, es ello.
Cúmplame Alí la palabra,
dándole a mi padre luego
libertad.
Sí haré, mas vos
me habéis de cumplir primero
la condición, que faltando
amado objeto, no quiero,
que más que vuestro padre
no sé que tenga sujeto
con quien cambiarse.
Mucho
lo que en mi favor espero.
Si le tiene, porque seas,
que con todo cubras a un tiempo;
lo que en rescate ofreces
de mi padre, no es que dueño
tendría con quien casarse?
Es así.
Pues este bello
joven es Fátima, que
con ella tienes de todos
por ser ella media amistad, cumpliendo
con su honor, y con su fama,
tiene puesto
su deseo en mí.
Salen de muchos capitanes moros presos con don Lope.
De esta suerte.
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No se arremetan a la plaza.
También que faltan creo
víveres y municiones.
El sabio con esto espero,
para efectuar el tratado.
Ya le tienes.
Pues bajemos.
Y Fátima, qué es lo que trazas?
Muy triunfar de todos, tomando tiempo
para lograrlo.
Los pactos
rey moro, ves proponiendo.
Que la tregua por dos meses
hoy sea el primero.
Prosigue.
Que no haya adelantamiento
en las obras, ataque
la suspensión que he propuesto
de armas, se concluya.
Adelante.
Y el tercero
que echo el cómputo en mi campo,
de los prisioneros
sea general el canje.
Pretendes más?
Sí pretendo,
que en estos dos meses
capitulado tu dueño
al rey, no al de acampado,
al bajá de mi reino
que alivio pagaste intento.
Te ensueño lo que solo espero,
aunque el fin ignoro.
El fin
es tregua con esto,
que con mi ausencia en mi campo
no ha de haber desorden que temo.
Favorables los tratados
son todos.
Mucho intereso
en uno.
Con rara astucia
acomodando al tiempo
Muley.
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Gran señor, satisfaceros
procuro: aquesta es mi mano
y ella Fátima.
Dánse las manos.
Agradezco
las tormentas de mi dicha,
por las fortunas del puerto.
Fátima le escribe Alí.
Nueva esclavitud confieso.
Nada que sufrir me queda.
De admirado estoy suspenso.
Señora, dame los brazos.
Luna mía.
Yo estoy lelo.
A Antonio llamado.
Por el río.
Vase.
Don Lope, atento
su Majestad, que Dios guarde,
a nobles servicios vuestros,
de una encomienda mayor
os hace.
Salen el moro primero y segundo, y Antonio López de cautivo.
Señor, vencer
uno manda que me mandó.
Libre está.
Aun no lo creo
de mi desventura.
Yo
basto a vencerla, mi esposo.
Qué miro? Leonor es: va
dame los brazos.
Abrázala.
Qué es esto?
Que a desear haber probado
que las mujeres podemos
aportarles a los hombres,
astucia, valor e ingenio.
Doña Leonor López de Haro
soy, señor Marqués, y puesto
que los premios del valor
son sin circunstancia premios,
vuestra encomienda a Antonio
López, mi padre, le cedo,
pues la que darle ha muerto
traída del tiempo intento
Vase siempre al oficio le tuve
por nombre muy contra el
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Ya se disiparon todas
las confusiones del riesgo.
El peso de la encomienda
tenéis, extraño sujeto!
Pues no sea para mí.
Para quién?
Para D. Pedro
de Guevara, a quien casado
con Leonor, mi hija, tengo,
por poder que me rindió
cuando el trance era nuestro.
Sí la recibí de fe.
Es verdad; pues muriendo
Marín , y siendo quien fin
cierra el caudillo puesto, sí,
Dánse las manos.
A tanta dicha
en vano prepararme puedo.
Y del Nerón africano,
sitiador de Ceuta, demos
fin a la primera parte;
y si el aplauso por premio
mereciere, la segunda
ofrecerán cortos ingenios.
