La obra se abre en Mantua, donde un príncipe español que se presenta con el nombre de don Diego de Aragón vive consumido por un amor peligroso hacia la princesa de Sicilia, justamente la mujer que desea vengar la muerte de su hermano ofreciendo su mano a quien le lleve la cabeza del Infante de Aragón. Ese supuesto don Diego es en realidad el propio Infante de Aragón, que, movido por la pasión nacida al ver un retrato de la princesa, decide aventurarse hasta Sicilia pese a que ella es su enemiga declarada. Para acercarse a su objetivo entra al servicio del Duque de Mantua, uno de los pretendientes de la princesa, y logra que este lo reciba como criado y hombre de confianza. El duque, ignorando su verdadera identidad, lo envía por delante a Sicilia para reconocer el estado de la corte y averiguar las disposiciones de la princesa. Mientras tanto, en Palermo se ve a la princesa todavía dominada por el deseo de vengar a su hermano muerto, aunque delega en su hermana Leonora la elección final del esposo entre los diversos pretendientes. Leonora, por su parte, confiesa a su criada y luego deja entrever que ama secretamente al Duque de Mantua y que desea utilizar su puesto de jueza para favorecer su unión con él.
En Sicilia, la intriga se complica cuando Ramiro, criado del infante, llega disfrazado de falso peregrino y obtiene noticias decisivas: la princesa mantiene públicamente su exigencia de venganza, Leonora será la encargada de juzgar a los pretendientes y el plazo de la elección está próximo. A partir de esa información, el infante y Ramiro trazan una nueva estratagema: el infante fingirá ser el Conde de Barcelona, supuesto amigo del duque, para ganar el favor de Leonora y, mediante ella, acercarse a la princesa. El plan prospera al comienzo. Leonora se siente atraída por el supuesto conde y, al mismo tiempo, cree poder apartar al Duque de Mantua de la princesa para hacerlo suyo. Gracias a una entrevista nocturna, Leonora y el falso conde llegan a un acuerdo: ella procurará inclinar a su hermana hacia él, mientras que él facilitará el matrimonio entre Leonora y el duque. Sin embargo, la escena es oída en parte por el Duque de Mantua, que descubre la traición de su criado y empieza a sospechar que el supuesto conde no es quien dice ser. En medio de estas maniobras cortesanas aparece también la figura cómica de don Brocadán del Cuzco, identidad burlesca asumida por Ramiro, cuyas intervenciones grotescas sirven para entretener a los demás pretendientes y favorecer los encuentros secretos.
En la última jornada, durante una jornada de caza en las afueras de Palermo, el Duque de Mantua enfrenta a su criado y lo obliga a revelar su identidad. Entonces el protagonista confiesa que es el verdadero Infante de Aragón y narra la causa de toda la tragedia: en Zaragoza, sin conocer al rival con quien combatía, hirió mortalmente al príncipe de Sicilia en un duelo nacido de la emulación caballeresca; solo después supo quién era y halló en el pecho del muerto el retrato de la princesa, del que quedó enamorado. Movido por el remordimiento y por ese amor, viajó a Sicilia para entregarse o merecer perdón. El duque, aunque agraviado, reconoce su nobleza y promete defenderlo. Leonora avisa al infante del peligro, y la princesa queda dividida entre el amor y la venganza al saber quién es el hombre que ama. En la escena final, reunidos el rey, la princesa, Leonora y los pretendientes para decidir la elección, cada aspirante expone sus méritos; entonces el falso conde se adelanta, declara ser el propio Infante de Aragón y se ofrece a sí mismo, cumpliendo de modo extremo la condición impuesta. Los demás quieren matarlo, pero la princesa lo defiende, alegando que su acción constituye la mayor fineza amorosa y que su promesa queda satisfecha con su entrega personal. El rey aprueba esta interpretación y ordena que la princesa le dé la mano al infante, mientras Leonora obtiene por esposo al Duque de Mantua. Ramiro recibe recompensa económica, los demás príncipes abandonan su rivalidad y la comedia concluye afirmando que solo quien se aventura puede alcanzar ventura.