Constanza o doña Rufina
Estafadora que simula una fundación piadosa para conseguir un préstamo.
Alonso de Castillo Solórzano
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Citazione suggerita
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
Constanza se presenta en Madrid como una viuda sevillana dispuesta a fundar una capilla y beneficiar a un cura avaro. La falsa obra y unas joyas prestadas por sus cómplices lo persuaden para adelantar mil quinientos escudos. Un cambio de cofrecillos deja al sacerdote con piedras en lugar de prendas, mientras la estafadora se refugia en Illescas.
Constanza emprende la tercera estafa después de las victorias de sus compañeras y regresa a Madrid con el coche y sus cómplices bajo nuevas apariencias. Elige a un cura docto y muy avaro, cuya parroquia puede servir a su proyecto, y se presenta como doña Rufina de Monsalve y Saavedra, viuda sevillana. Le cuenta una historia de orfandad y matrimonio que explica una gran herencia y el deseo de fundar una capilla. La promesa de nombrarlo capellán mayor con una renta considerable vence la reserva del sacerdote y lo lleva a cortejar la voluntad de la supuesta bienhechora.
El cura visita y regala a Constanza, la pone en trato con su hermana y la invita a una academia literaria que celebra en su casa. Mientras versos y músicas ocupan la reunión, la estafadora conserva la apariencia devota y prepara una falsa documentación testamentaria. Mogrobejo busca un hombre que represente al arquitecto de la capilla y unas trazas que hagan creíble la obra. Con las joyas obtenidas por sus compañeras, Constanza manda hacer dos cofrecillos idénticos y plantea la necesidad de un préstamo mientras espera retirar un dinero supuestamente depositado con los Fúcares.
El cura presta mil quinientos escudos sobre las joyas, que la dama muestra con una tasación convincente. Al entregar la prenda, Constanza cambia el cofrecillo verdadero por otro cuyas cajas contienen piedras, y se retira con sus cómplices a Illescas. El sacerdote descubre el fraude al mostrar el contenido a su hermana y busca a la desaparecida sin obtener noticias. La denuncia solo le ocasiona nuevos gastos y tampoco resuelve el robo. A su pérdida se añade la burla de los poetas, que reaccionan con sátiras cuando encuentran cerrada su academia por el disgusto del anfitrión.
Estafadora que simula una fundación piadosa para conseguir un préstamo.
Sacerdote avaro, de nombre no declarado, que espera ganar una capellanía.
Cómplice que prepara la documentación y el falso arquitecto.
Dueña que acompaña a Constanza en su representación de viuda.
Mujer a la que el sacerdote muestra el cofrecillo y con quien descubre el engaño.
Lugar donde Constanza presenta la supuesta fundación de una capilla.
Escenario de la academia y del descubrimiento de las falsas prendas.
Vivienda donde se negocia el préstamo y se cambia el cofrecillo.
Refugio de la estafadora después del robo.
Una apariencia de devoción encubre la intención de robar.
La esperanza de una renta lleva al cura a confiar en la impostora.
La sustitución de las joyas por piedras hace posible la fuga con el préstamo.