Doña Anastasia
Viuda y eje de la acción doméstica y patrimonial; defiende la herencia discutida, mantiene relación con Don Enrique y organiza buena parte de las trazas contra Don Gerónimo.
José de Cañizares
Data di pubblicazione del riassunto: 18 giugno 2026
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Citazione suggerita
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En una casa de Toledo, probablemente en el ambiente urbano contemporáneo del autor, Doña Anastasia intenta defender su herencia mientras maniobra entre su amor con Don Enrique y la llegada del pleiteante extremeño Don Gerónimo Retuerta. La convivencia con Don Gerónimo desencadena visitas ocultas, celos, fingidos fantasmas nocturnos, disfraces y equívocos amorosos que implican también a Andrea, Doña Josefa, Don Julián y Periquito. Cuando se gana el pleito del mayorazgo, las mujeres culminan una burla contra Don Gerónimo, se aclaran las relaciones amorosas y el derrotado huésped abandona la casa para regresar a Medellín.
La acción se abre en Toledo, en una casa de vecindad donde conviven o se relacionan Doña Anastasia, viuda, su parienta Andrea y la vecina Doña Josefa. Doña Anastasia mantiene amores con Don Enrique, pero le explica que, para asegurar la herencia de un mayorazgo discutido, necesita atraer con cortesía a Don Gerónimo Retuerta, pariente extremeño que litiga la posesión de los bienes de su difunto marido. Si el pleito se pierde, ella y Andrea quedarían casi sin recursos, por lo que proyecta hospedar a Don Gerónimo y propiciar que se interese por Andrea. Paralelamente, Andrea y Don Enrique sostienen también una relación afectiva, favorecida por la propia Anastasia, que quiere utilizar a la joven en su estrategia sucesoria. A este enredo amoroso se suman la vecina Doña Josefa, cortejada por Don Julián, y Periquito, hijo de este, estudiante poeta ridículo, además de los criados y acompañantes. Don Gerónimo llega desde Medellín acompañado de Almocafre y de su criado Tocino, mostrando desde el principio una avaricia extrema y un carácter grosero. Poco después, en una merienda junto al río a la que acuden las damas y sus pretendientes, se produce una escena burlesca: la mula de Don Gerónimo se desboca, él cae entre viandas y grasas, y así conoce de forma accidentada a quienes serán sus nuevas huéspedes y rivales.
Ya instalado en la casa, Don Gerónimo ocupa el cuarto bajo y convierte su hospedaje en una fuente constante de molestias: pretende gastar lo mínimo, explota a sus criados y vigila con celo a las mujeres, a las que quiere mantener apartadas de las visitas masculinas. Al mismo tiempo, en la vivienda se desarrolla una compleja intriga nocturna. Don Julián entra de noche, disfrazado de fantasma, con cadenas y ruidos, para visitar a escondidas a Doña Josefa; estos lances provocan el miedo de Don Gerónimo, que interpreta confusamente los sucesos y sospecha de todos. Don Enrique logra entrar en el aposento de Andrea, mientras Anastasia intenta convencer a su amante de que el supuesto fantasma no es invención suya; en medio de registros, escondites y equívocos, Don Julián acaba encerrado en una alacena y luego descubierto, con lo que se aclara parcialmente que algunas apariciones no eran sobrenaturales, sino fruto de los amores clandestinos de la casa. Sin embargo, la confusión no cesa, pues Don Gerónimo, celoso del orden doméstico y cada vez más irritado, refuerza el encierro de las mujeres cerrando puertas y ventanas, lo que mueve a Anastasia y a sus aliadas a planear una venganza cómica contra él. Mientras tanto, Anastasia cita a Don Enrique para mantener vivo su vínculo y Andrea, despechada, cree advertir la inconstancia de los hombres, de modo que la red de celos y fingimientos se hace aún más espesa.
En la tercera jornada las mujeres trazan un escarmiento definitivo para Don Gerónimo, aprovechando una historia que se cuenta sobre una mujer de Medellín, supuestamente burlada por él y convertida en mora o fantasma vengadora. Anastasia, Josefa, Andrea, Manuela y aun el criado Almocafre colaboran en el engaño. A la vez, llega la noticia decisiva de que el pleito del mayorazgo se ha resuelto a favor de Anastasia y Andrea, de modo que Don Gerónimo pierde la posición jurídica que esperaba obtener. Antes de conocer plenamente este fracaso, él es acosado por disfraces, apariciones fingidas, cartas rotas, amenazas de la supuesta mujer ultrajada y toda una escenificación destinada a atemorizarlo y desautorizarlo. En paralelo, los vínculos amorosos terminan por ordenarse: Don Enrique queda unido a Anastasia, Andrea se empareja con Periquito, y Doña Josefa con Don Julián. Abrumado por la pérdida del pleito, por el hurto o desaparición de sus chorizos y por la cadena de burlas sufridas en la casa, Don Gerónimo decide retirarse y volver a Medellín. La comedia concluye así con la derrota del forastero avaro y controlador, el triunfo de las mujeres y la resolución festiva de los enredos sentimentales mediante varias parejas concertadas.
Viuda y eje de la acción doméstica y patrimonial; defiende la herencia discutida, mantiene relación con Don Enrique y organiza buena parte de las trazas contra Don Gerónimo.
Hidalgo extremeño de Medellín que litiga el mayorazgo, llega como huésped a la casa y actúa como rival patrimonial, figura avara, ridícula y finalmente burlada.
Galán relacionado amorosamente con Doña Anastasia y también implicado en los enredos con Andrea; sus celos y visitas secretas impulsan gran parte de la intriga.
Parienta joven de Doña Anastasia, probable heredera si prospera cierta disposición testamentaria; participa en la estrategia contra Don Gerónimo y en los conflictos amorosos de la casa.
Vecina y aliada de Anastasia, objeto del cortejo de Don Julián; sus encuentros secretos originan la falsa fantasmagoría nocturna.
Pretendiente de Doña Josefa, vinculado al negocio del aceite; entra de noche disfrazado de fantasma, causando buena parte de los equívocos.
Hijo de Don Julián, estudiante y poeta burlesco; figura cómica que ronda la casa y termina emparejado con Andrea.
Criado o acompañante de Don Gerónimo, importante en la vertiente cómica y en la fase final, cuando colabora o se deja implicar en las burlas contra su amo.
Criado de Don Gerónimo, asociado a la comicidad del viaje, la economía miserable de su señor y la continua alusión a la comida y la sisa.
Espacio central de la obra, donde se desarrollan las conversaciones amorosas, el hospedaje de Don Gerónimo, los encierros, los registros y las burlas finales.
Aposento donde se instala el huésped extremeño; allí sufre incomodidades, sospechas y escenas relacionadas con los falsos espantos nocturnos.
Lugares decisivos para escondites, entradas secretas, encierros y malentendidos entre los amantes y los supuestos fantasmas.
Zonas de paso fundamentales para oír ruidos, ver bultos, saltar muros y sostener la intriga de visitas clandestinas durante la noche.
Escenario exterior de la jornada primera donde coinciden damas, galanes y criados, y donde la caída de Don Gerónimo provoca un reconocimiento cómico entre los personajes.
Marco urbano de citas, rondas y desplazamientos, mencionado como lugar de espera amorosa y de circulación entre la casa y el resto de la ciudad.
Lugar de procedencia de Don Gerónimo y de un episodio previo de seducción y posible agravio que las mujeres explotan en la burla final; además, señala el destino al que decide regresar.
La disputa jurídica por los bienes de Don Ambrosio mueve la acción y condiciona las relaciones entre Anastasia, Andrea y Don Gerónimo.
La obra articula varios vínculos cruzados, con celos, disimulos, citas y cambios de pareja hasta alcanzar un desenlace concertado.
Don Gerónimo, presentado como miserable, grosero y controlador, termina siendo el blanco de una venganza cómica organizada por las mujeres y su entorno.
Las identidades encubiertas, los disfraces de fantasma o de mujer y las apariencias engañosas sostienen gran parte de la comicidad y de los equívocos.
La casa aparece como espacio donde se intenta regular la conducta femenina, las visitas y el decoro, aunque tales controles son continuamente burlados.
El texto ridiculiza al poeta culterano, al pretendiente fanfarrón, al hidalgo miserable y a los criados interesados mediante un humor verbal y de situación muy marcado.
Los supuestos fantasmas y apariciones no responden a un verdadero prodigio confirmado, sino a maniobras humanas que explotan el temor de los personajes.