Ángelica
Princesa del Catay y centro del conflicto amoroso; primero socorre a Medoro herido, luego lo ama, sospecha de su mudanza por obra de Alcina y actúa para recuperarlo con ayuda del Desengaño.
Salvador de la Cueva
Data di pubblicazione del riassunto: 18 giugno 2026
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Citazione suggerita
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un espacio de guerra carolingia y luego en bosques, alquerías y costas de una tierra sometida a encantos, Ángelica salva a Medoro herido, se enamora de él y ambos proyectan retirarse al Catay. La maga Alcina separa mágicamente a los amantes y atrae a Medoro a su palacio, mientras Orlando llega a la misma selva, descubre los testimonios del amor ajeno y cae en una furia celosa que lo lleva a devastar el lugar. La intervención del Templo del Desengaño rompe el hechizo, devuelve a Medoro a Ángelica, restituye a Orlando su juicio y resuelve que en amor resulta más loca la confianza del favorecido que el dolor del desdeñado.
La acción parte de los amores de Ángelica y Medoro, situados en el marco de la guerra entre las fuerzas de Carlos y sus enemigos africanos. Ángelica, hija del poderoso rey del Catay, llega al conflicto acompañada de Orlando, que la sigue amorosamente, mientras Medoro, príncipe de Mimidia o Memidia según se lee en el texto transmitido, combate en el bando africano. En una escaramuza, Ángelica pelea disfrazada y queda en peligro; Medoro la defiende, pero después resulta herido y abandonado en el campo. Desterrada de los reales cristianos a causa de las rivalidades amorosas que suscita, Ángelica encuentra a Medoro malherido junto a un árbol, lo socorre con hierbas y vendas, y la compasión se transforma en amor. Ambos son acogidos por pastores en una humilde alquería, donde narran su origen y su encuentro, se recuperan de las heridas y deciden vivir retirados mientras esperan ocasión para embarcarse hacia el Catay. En esa soledad, Medoro deja escrito en troncos y paredes que Ángelica le pertenece amorosamente, haciendo pública una dicha que debía haber permanecido secreta.
Mientras Ángelica y Medoro consolidan su amor en una alquería y en los bosques cercanos, la maga Alcina, celosa de esa unión y deseosa de quebrarla, provoca una tempestad y hace llegar engañado a Medoro a su palacio encantado. Allí lo recibe con honores y, valiéndose de su magia, logra apartarlo momentáneamente de la memoria de Ángelica; por otra parte, Orlando, también arrastrado por prodigios y voces ambiguas, desembarca en la misma tierra desconocida con Brunelo y entra en la selva. Al leer en los árboles y en el albergue las inscripciones amorosas de Ángelica y Medoro, Orlando enloquece de celos, destruye el bosque y la casa pastoril, y en su furia libera además a Astolfo, que estaba encantado dentro de un tronco. Astolfo intenta socorrerlo y ambos acaban vinculados al Templo del Desengaño, donde una voz sagrada muestra a Orlando la cueva de los juicios perdidos y comienza a devolverle parcialmente el entendimiento sin borrarle del todo la memoria de su agravio.
En el desenlace, Ángelica, aconsejada por el oráculo del Desengaño, llega al palacio de Alcina con un anillo que rompe el hechizo; Medoro recobra su juicio amoroso, reconoce su fidelidad a Ángelica y rechaza a Alcina. Entonces se plantea en forma de certamen la cuestión central de la comedia, esto es, si en amor enloquece más el desprecio o el favor. La sentencia del Desengaño afirma que resulta más culpable la locura del favorecido que la del desdeñado, porque el beneficio amoroso mal correspondido engendra mayor desorden moral. Restablecido así el equilibrio, Ángelica y Medoro parten al Catay para casarse, Orlando vuelve a la guerra ya desengañado, Astolfo lo acompaña y Alcina queda apartada de sus encantos amorosos.
Princesa del Catay y centro del conflicto amoroso; primero socorre a Medoro herido, luego lo ama, sospecha de su mudanza por obra de Alcina y actúa para recuperarlo con ayuda del Desengaño.
Joven príncipe africano herido en guerra, amado por Ángelica y después hechizado por Alcina; su olvido momentáneo y su posterior restitución desencadenan buena parte de la acción.
Caballero enamorado de Ángelica, desdeñado por ella; al descubrir las pruebas del amor entre Ángelica y Medoro enloquece de celos y solo el Desengaño logra devolverle el juicio.
Hechicera poderosa que, movida por el deseo y los celos, intenta separar a Ángelica y Medoro mediante tempestades, engaños y encantamientos amorosos.
Pariente de Orlando, encantado por Alcina en forma vegetal; es liberado durante la furia de Orlando y participa luego en su auxilio y restitución.
Instancia oracular y correctiva que aconseja a Ángelica, guía a Orlando hacia la recuperación de su entendimiento y resuelve el debate final sobre la locura amorosa.
Acompañante de Orlando en su llegada por mar a la selva encantada; sirve de interlocutor en el descubrimiento del espacio y en los primeros indicios del extravío del héroe.
Pastor que, junto con otros rústicos, acoge a Ángelica y Medoro en la alquería y hace posible el refugio donde madura su relación.
Espacio dominante de la obra, donde se esconden los amantes, donde Orlando descubre las inscripciones que lo enloquecen y donde actúan los encantos de Alcina.
Refugio humilde de Ángelica y Medoro tras la guerra; allí se curan las heridas, se cuenta su historia y se conservan también señales visibles de su amor.
Lugar de lujo y seducción mágica en el que Alcina retiene a Medoro e intenta apartarlo de Ángelica mediante favor, ostentación y hechizo.
Espacio sagrado y correctivo donde Ángelica consulta sus sospechas y donde se orienta la curación moral e intelectual de Orlando.
Ámbito interior asociado al Templo del Desengaño, en el que se representan simbólicamente las distintas locuras humanas y amorosas, incluida la de Orlando.
Marco del traslado mágico de Medoro y de la llegada de Orlando y Brunelo; funciona como frontera entre el mundo bélico inicial y el territorio de encantamiento.
Escenario inicial, no desarrollado de forma continua pero decisivo, porque en él se originan las heridas de Medoro, el encuentro con Ángelica y la posterior cadena amorosa.
La obra examina cómo el amor altera el juicio, sobre todo en Orlando, pero también en Medoro favorecido y en Alcina movida por deseo y celos.
El núcleo argumental y el debate final comparan qué produce mayor extravío: ser desdeñado pese a amar fielmente o ser favorecido y confiarse hasta caer en ingratitud y desorden.
Los celos impulsan la furia de Orlando, la intervención de Alcina y la inquietud de Ángelica cuando teme haber sido sustituida en el afecto de Medoro.
Los encantamientos de Alcina desfiguran la voluntad y la percepción, mientras el Desengaño actúa como fuerza restauradora de verdad, claridad y orden.
La relación entre Ángelica y Medoro se pone a prueba por el olvido inducido y por el problema de si el favorecido corresponde o traiciona el beneficio recibido.
La historia nace en el contexto de la guerra carolingia, donde las rivalidades bélicas se mezclan con pasiones privadas que alteran deberes militares y decisiones personales.
La obra insiste en las consecuencias de hacer públicas las dichas amorosas, pues las inscripciones de Medoro desencadenan la catástrofe celosa de Orlando.