Testo digitale

testo digitale di Premiar por solo saber

Data di pubblicazione: 22 agosto 2026

Metadati dell'opera

Attribuzione tradizionale
Attribuzione stilometrica
No es posible Inconcludente
Genere
Comedia
Stato del testo
Transcripción automática de manuscrito
Origine
El texto procede de la transcripción automática del manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional de España, signatura MSS/3907.

Avvertimento

Può includere errori o omissioni. Se disponi di un'edizione migliore, contattaci con noi per gli aggiornamenti.

Licenza

Questo contenuto è offerto sotto la licenza Creative Commons CC BY-NC 4.0. Riutilizzo consentito su appuntamento; usi commerciali non consentiti.

Licenza Creative Commons CC BY-NC 4.0

Citazione suggerita

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Premiar por solo saber. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/premiar-por-solo-saber.

Prima pagina dell'opera
Prima pagina dell'opera
Ultima pagina dell'opera
Ultima pagina dell'opera

PREMIAR POR SOLO SABER

Jornada primera

Pag. 1

No sé que esté impresa.

+ Premiar por solo saber. El Rey Baltasar. Don Pedro. Don Antonio. } Príncipes. Ramiro. El Conde. Antonio de Nebrija. Por el Padre José de... Silvano, pastor. Bato, gracioso. La Sabiduría. La Lógica. Coros. La Ociosidad. La Justicia.

Salen Silvano y don Pedro de pastores.

Don Pedro.

¿Adónde te quieres ir?

A la corte, que estos riscos,

si un tiempo gustoso albergue,

ya son desiertos esquivos.

Ya la caza de las fieras

de mi tristeza desvío,

y de mi gustoso contento

venenoso parasismo.

No nací yo para el valle,

no sé qué espíritu altivo

alienta mi cobardía

para más nobles peligros.

Tengo barruntos de noble,

y aunque entre sayal nacidos,

son todos mis pensamientos

de nobles deseos hijos.

Pero ya es fuerza descubra

lo que en mi pecho escondido

tuve, abuelo, pues salió

de las regiones de niño.

Yo soy tu Pedro, aunque siempre

más que padre te he querido.

Silvano.

No se frustren, yo te amonesto,

te aconsejo, te aviso:

vive quien eres, y sean

seña de tu principio

noble, generoso, e ilustre,

son tus costumbres registro.

Al pie de un roble te hallé

entre una capa; testigo

de tu nobleza y linaje

con lo costoso y lo rico.

Cerca de ti vi una espada,

y en tu amparo compasivo

te llevé a mi pobre choza,

donde estás desconocido.

Ven, y tomarás la espada

que es de tu padre, e imagino

en cuya sangrienta hoja

se escriben muchos prodigios.

Mas ¿qué miro? ¡Santo Cielo!

acude a su ayuda, hijo.

Entra corriendo don Antonio y dice.

Pag. 2

Don Pedro.

Mis brazos serán Atlante

y sagrado a su peligro.

Éntrase Silvano corriendo.

dentro

Don Pedro.

No está difunto, ¡qué dicha!

Alienta, mas sin sentido.

Salen los dos con Don Antonio en los brazos.

Silvano.

¡Qué gallardo caballero!

Don Pedro.

¡Oh, qué venturoso he sido,

pues por mí vive este hombre!

Silvano.

Ya suspende el entredicho

el desmayo, y toda el alma

restituye a sus sentidos.

Don Pedro.

Es fuerza noble mancebo.

Don Antonio.

¡Ay!

Silvano.

Ya da vida a un suspiro.

Don Pedro.

Mas dudosamente vive.

Silvano.

¡Qué desmayo tan prolijo!

Llevémosle a nuestro albergue

en brazos.

Don Pedro.

De un sudor frío se cubre el rostro,

¡oh desdicha!, diligencia.

Silvano.

Vamos, hijo.

Llévanle en brazos.

Sale la Sabiduría.

Siéntase.

Sabiduría.

¿Hasta cuándo, injusto cielo,

seré blanco del rigor?

¿Siempre vive mi dolor?

¿Siempre muerto mi consuelo?

A vuestra justicia apelo,

la causa de mi desdicha,

ha de estar de mí entredicha,

porque dichosa nací,

y vendrá a ser para mí

infelicidad la dicha?

¿Que he de ser yo desdichada,

porque me hicisteis dichosa?

¿El ser discreta y hermosa

ha de servirme de espada?

¿Por ser de todos buscada

es delito en la mujer?

¿Tú no me diste el ser?

Pues a la razón te cito,

si es ser hermosa delito,

¿no será de tu poder?

Si solo es tuya la culpa,

no mía, ¿por qué razón

de tu culpable ocasión

no admitirás la disculpa?

Si el arbitrio no disculpa

para que avive el rigor,

¿dónde ayuda a mí el dolor?

¿dónde puerto a mi esperanza,

pues llega a ser desconfianza

lo mismo que fue favor?

A quejar cielos quisiera,

porque me tenéis aquí

tan extraña para mí

como del gusto extranjera.

Si es porque mi ser no diera

en manos del vulgo indigno,

será albergue más benigno

de un laberinto el encanto,

tanta fiera, monstruo tanto,

de mi posesión más digno?

¡Qué olvidada estoy de todos!

Ya ninguno me codicia

desde que vuestra injusticia

me enreda por tantos modos.

Ya los más cuerdos, beodos

del vino de ociosidad,

visto la dificultad

deste encanto tan horrible,

orilla de su imposible

desmaya su habilidad.

Y si hay valor tan osado

que al primer monstruo se atreve,

la gramática se muere,

no habrá quien le dé cuidado.

Mirar mi beldad y agrado,

sino quien sabe cierto

que con este solo acierto,

siendo antiguo en la esperanza,

ha de llegar con bonanza

de la dignidad al puerto.

¿Que no haya un príncipe tal,

que el cetro, mando y corona

no dé, sino a quien abona

de las letras el caudal?

¿A uno en años desigual

no mirará por herencia?

Cuando llega a mi advertencia

afán, civil desafuero,

llega el aliento postrero

de su vida, su paciencia.

Cesen los pleitos del alma,

con el feriado del sueño,

apacible desempeño,

dulce de los males calma;

ven, por un rato desarma,

mi pena, que a no tener

esta tregua el padecer,

este mal, esta sirena,

que un rato encanta mi pena,

no era cierto el perecer.

Duérmese y aparece Palas.

Palas.

Encantada divina, bello encanto

de la deidad más libre y más segura,

bello hechizo de tanto

que rendiste a la son de tu hermosura:

¿qué perdidos enojos

malogran de las indias de tus ojos

perlas que, siendo tantas,

das alfombra de perlas a tus plantas?

Suspende ya la queja,

cesen las iras, los enojos deja.

Contra el benigno cielo,

ya su justo desvelo

tiene puesto en el mundo

un príncipe prudente sin segundo.

Baltasar, rey de Egipto, en quien dichosa

de divino y humano unión hermosa

venera el mundo, en su acierto admira

un Séneca prudente,

un Catón eminente,

Pag. 3

Palas.

mas su severidad templó discreto,

sabe diestro sin quiebra del respeto

fingir de su deidad breves desmayos

templar sus luces, humanar sus rayos.

Este pues Rey tan sabio, y entendido

para hacerte dichosa, bien nacida

nuevo Licurgo, nueva ley intenta

que al gobierno, ni al mando mas atenta

ni de la ancianidad al alta cumbre

se suba ya con bárbara costumbre

por sola antigüedad, sino el archivo

de tu belleza y tu deidad cautivo

cautive este enredoso laberinto.

deja pues celestial planeta quinto

el llanto, y abre el pecho a la alegría,

que ya amanece a tu prisión el día.

Palas soy, de las artes inventora,

el día de tu suerte bella aurora.

Vase

y despierta la Sabiduría, y dice.

Sabiduría.

¿Es sueño, es fantasía,

de mi melancolía,

o verdad lo que escucho?

para creído es mucho.

¡Creealo pues el Cielo lo asegura!

porque recelare tanta ventura.

pareme oh para bien! mas, engaño

quede el contento, que se funda en humo.

Vase.

Salen el Rey con una carta

D. Ramiro, y el Conde.

Rey.

¿Qué es esto, Ramiro? ¿a ti

te envían cartas de amor?

¿qué dama es esta?

Don Ramiro.

Señor.

Rey.

No te turbes, ya leí

la firma, y el sobre escrito.

Don Ramiro.

Es amor solo en amagos.

Rey.

De amor los niños halagos

son ya gigante delito.

¡y este pincel! que enmudece

más alto callando habla,

y con el silencio muestra,

de vuestro amor madurez.

¿Así los días gastáis?

los frutos de los engaños

en las flores de los años

bastarda planta lleváis.

lo que debéis decirle Conde

que esto le ha de suceder

primero debe saber

el como, cuando, y por donde.

Intimad la ley, que intento,

contra los siglos constantes

decreto de un Rey amante

de prudente regimiento.

Dadla a saber por ella

pronóstico feliz digno

y a quien se inclina mi estado

en mi camarín real

Vase.

Conde.

Al punto voy, diré luego

la ley, pues ahí vos deja

agravio con lo que tardo

bella generosa rama.

del Rey laurel victorioso

que prodiga de victorias

son su luz, en los dos polos

ya sabéis como Aristóteles

prodigio pasmo, y asombro

hizo la Sabiduría.

parto de su ingenio hermoso

en un ciego laberinto

en la guarda de mil monstruos

que dificultan la empresa

y hacen la dicha de pocos.

y oculta toda peregrina

bella deidad de su rostro

pues de su beldad inmudable

hacen los siglos elogios.

Por lo fiero, y difícil

el laberinto asombroso

de gramática el azote

de retórica los tronos

de lógica los enredos

Física los rebozos

Las éticas los nudos

Política los modos

Monstruos nueve antes que el saber

haga destapar despojos

largos años de pelea

son para vencerlos cortos

solo diré que el Rey manda

que el que quiere de vosotros

ser Fénix de sus cenizas

y resucitado despojo

ha de conquistar valiente

del laberinto el estorvo.

escribiendo en sus hazañas

de Apolo, y Marte el diptongo

el más sabio será Rey

ni apoyarán los sobornos

ni el mayorazgo los años

ni de su nobleza el oro.

No le esmalta con las letras

y el que tuviere un adorno

aunque en los años menor

será mayor para el trono.

Esta ley nueva ala empresa

vaya pues D. Antonio.

si quieres subir al cetro

quita estorvos amorosos.

A Dios.

Vase.

Don Ramiro.

Vete que yo quedo

libre de temores vanos

mayor soy que mis hermanos

de justicia el Reino heredo.

Sale la Ociosidad.

Ociosidad.

¿Qué ley es esta tan iniqua D. Ramiro?

tu sufrimiento, y paciencia admiro

duélete de tu vida tan sin suerte

que más retira a muerte

que reparar cavida

de tantas reprehensiones ofendida.

Pag. 4

Ociosidad.

A tu Padre severo

padastro de tu edad, que extranjero

vives de ti advertido!

con sus celos varios

con su gusto sordo

cuando mas lisonjero el viento en popa

tanta severidad, tal sobre cejo

tanta amonestacion, tanto consejo

si sales, si paseos

si riñes, si festejos

si alegre te entretienes

siempre enturbian tu gusto sus desdenes.

Esto es mudar al tiempo sus edades

no son temeridades

querer que la festiva primavera

de la vista elocuente lisongera

con conceptos de flores

cuando el prado galan la dice amores

funeste tan feliz bella comedia

de un triste invierno la fatal tragedia.

Mira un jardin a quien abril fecunda

o liberal, o prodigo le inunda

con vana tempestad de flores bellas

que mentidas estrellas

hacen el verde suelo

hacer azul aun abreviado cielo

de quien hermosa en cuna de plata

un arroyo o espejos se desata

apacible risueño, y lisongero

no será contrafuero

no será disonancia

que en dulce y apacible consonancia

que esta musica alegre de los rios

con elados enojos

con frigidos desmayos

se truequen en diciembre tantos mayos.

La juventud lozana

es primavera de la edad humana

pues pedirle a un mancebo el alarde

de su vida, de su valor, de un encanto

no es crueldad, injusticia, daño y llanto

salir desta tormenta al dulce puerto

del ocio, y del descanso

haga dulce remanso

de tantas pesadumbres la comedia

yo soy ociosidad que diligente

siempre a tu gusto atenta

en dulce calma resuelvo tu tormenta

vamos al laberinto

no faltaran delicias de Corinto

No quiero que te canses, ni fatigues

mas a rendir sus monstruos te me obligues

Allí por cumplimiento

quieto, alegre y contento

sin la vista de un Padre severo

seras sin trabajar aventurero

después alegre asombro de un rato

repara el daño

que contra el mayorazgo asi derribo

la iglesia te acierte a premio vivo

Don Francisco.

Tu razón me convence ninfa

y a vida tan dichosa

me alaga tu eloquencia

dichoso yo mil veces

que asi de un yugo tan pesado

de casa de mi Padre apremiado

hice que los mas floridos años

de todo gusto extraños

de la paz peregrinos

cesen los desatinos

de un Padre injusto con engaño y maña

fingiendo una patraña

que apoyara el favor de mis amigos

de mi valor testigos

a trueque de doblones

pues ya escuso negociar con dones.

Vanse los dos, y salen Don Antonio y Don Pedro

Don Antonio.

Cien mil gozos pecha y logra

ya el alma suspende quejas

contra los injustos ados

mis despeños y tormentas

agradezco a mis desdichas

pues con tu valor encuentran

Nunca miente el corazón

no se que secreta fuerza

me inclina a quererte amigo

entre suspensiones tiernas

al primer golpe la vista

saco amorosas centellas.

Viste tal vez dos gitarras

templadas de una manera

que si tocan a la una

sin que otra mueva las cuerdas

de la otra se responden

pues tales las almas piensan

tuya y mía, en quietud dichosa

las inclinaciones templa

un mismo influxo de astros

y consonancia de estrellas.

Dentro dize Bato

Bato.

Tira, chota aca, hira

canta

Bato.

Que bien se el mesmo demonio

mire yo argel y viva españa

chota aca, o malva sarro.

Sale a lo alto

Bato.

Que me oyen, pisemos quedo

punto en boca que aquí cerca

un cortesano polido

con mi amo Don Pedro conversa

y si me oye cantar

solo a San Ginés me lleva

a la capilla Real,

para tiple de la iglesia.

Quiero escuchar lo que dizen

escondido entre estas penas.

escondese

Don Antonio.

Quiero que vengas conmigo

escucha atento mi empresa

digna de tu noble ingenio.

Don Pedro.

Como tu gusto me invoca

será muy conforme al mío

Don Antonio.

Una dama noble encierra

la que por sobrarle dichas

faltan ceros a la cuenta

Pag. 5

Don Antonio.

aquí cerca un laberinto

hermosa como discreta,

afable como entendida,

como noble linda y bella.

Su nombre, Sabiduría,

cuyas milagrosas prendas,

si por divinas suspenden,

por imposibles arredran.

Quien la posee está rico,

quien la alcanza tiene en ella

mucho que admiren los siglos,

mucho que envidia muerda.

Si una vez su luz adquiere,

no hay celosos que la ofendan,

pérdidas que la mal logren,

tiranías que la venzan.

Todo el mundo se le rinde,

todo estado la venera,

todo cuidado la busca,

todo corazón la pecha.

Y todos juntos publican

que el que a sus retiros llega

y goza de su imposible

tiene la fortuna llena.

Don Pedro.

Calla, que ya me hallo herido

de una tan oculta flecha,

que sin injuriar los ojos

llega al corazón su fuerza.

Tan sutil hiere en un tronco

un rayo que no se sienta

la corteza, y queda el alma

entre cenizas deshecha.

Qué celestial hermosura...

deja Don Antonio, deja...

a bonos de su deidad,

para batir mi firmeza,

rendida el alma le rindo

a su divina elocuencia.

Vamos, que de el laberinto

serán mi luz las tinieblas.

Sale Bato.

Bato.

Arraca señor nos amo

adónde va, así me deja

por diobre plática ya

para amigo de espasdera.

Don Antonio.

Quién es este?

Don Pedro.

Un pastor

de muy razonada lengua.

Bato.

Aguarde que también quiero

ir a prozar mi vaquera.

Don Antonio.

Quieres venir con nosotros

a ver la encantada bella?

Bato.

Como aser?

que no tengo yo presencia,

talle y brío para ser

el marido de una Reyna?

Esta boca tan pulida,

esta nariz aguileña,

estos mofletes de rosa,

esta frente de azucena,

estas manos de cristal,

que destilan primaveras,

esta pierna a quien envidian

las osas y las resebas

esta heroica pantorrilla,

estos pies de vara y media

no le parece que pueden

enamorar aunque sea

la dama más melindrosa?

que si voarce conociera,

mi ingenio, agudeza y gracia,

este hablar de azúcar piedra,

este reír de rocín,

este mirar de frabuza,

este andar de marquizota,

y otras mil gracias que dejan

mi boca que es imagino

que es entre todas la Reyna

por lo grande y por lo abierto.

Don Pedro.

Vamos.

Bato.

Vamos en hora buena,

que yo me pienso llevar

el recipe de la empresa.

Jornada segunda

Pag. 6

Salen Don Pedro y Don Antonio de Soldados, y Bato a lo ridículo.

Don Pedro.

Ya, Don Antonio, llegamos

al profundo laberinto

a quien de muros gigantes

sirven encumbrados riscos.

Que espesa niebla le oculta,

qué lóbregos escondrijos,

que aver su vista me causa

tu horror, desmaya mis bríos.

Bato.

Pardiez que han de ser esgueba.

Unavo mis calzoncillos

y palomar la camisa,

quien Sancho panza me hizo,

por dónde quieren entrar,

que ni puerta ni postigo

se descubre.

Don Antonio.

Ay más escuro destino

que el nuestro.

Don Pedro.

Allí viene un viejo,

que es el portero imagino.

Oh bravo de figuras.

Bato.

San Onofre, y San Benito

es, el viejo Nicodemus

qué rostro tan espantino

ver bu caro, agua bendita.

Éiganle los exorcismos

al alma de Zancarrón,

barba larga, y antojos

zapato ramplón, casquete

es sin duda, el ante Christ.

Sale Nebrija.

Nebrija.

Quién se atreve a la ventura

que buscáis amados hijos,

queréis entrar al enredo?

ya vuestro intento adivino.

Dos galanes mancebos

Bato.

Yo?

Nebrija.

Vuestra patria?

Don Pedro.

Congo

que está expresa nuestro imán.

Nebrija.

Seáis pues muy bien venidos,

que si los ojos no mienten

tenéis

Pag. 7

Bato.

tener ingenios lucidos.

Si por mi lo dice

nunca tan fina por verdad ha dicho.

Nebrija.

Son valientes los deseos.

Don Pedro.

A las espadas los fio.

Nebrija.

Veamos las armas.

Don Pedro.

Tomad, que a vuestras manos las rindo.

Don Antonio.

Señor, aquí esta la mía.

Nebrija.

Todos son aceros limpios.

Bato.

Señor, asi Dios le guarde

muchos años los colmillos,

que mire la que yo tengo,

y me deje dar un chirlo

porque es donzella, y no ha hecho

mal al mandamiento quinto,

de oreja a oreja será nomas.

Nebrija.

Dejad desatinos

y veamos la manceba.

Bato.

Tome el acero mas limpio,

la gloria de Belianis,

la hija de Montesinos

será un asador,

la honra de los Roldanes

que mas de quatro cabritos

los paso de parte a parte.

Nebrija.

Calla recio.

Bato.

Lo que digo es toda verdad

y verdad de puro vino.

Nebrija.

Que mal ingenio teneis,

vos sereis algun pollino.

Mirad, hijo, esta espada,

tiene muy gordos los filos.

Bato.

A topado con morcillas,

que son gente del gordillo.

Nebrija.

Al fin vamos a la questa,

seguidme que yo dirijo

los pasos en este enredo

gallico de muchos siglos.

Vanse.

Salen D. Ramiro y Ociosidad.

Don Ramiro.

O que lozano florece

de mis años el abril,

dichosa Ociosidad soy,

porque a tu bando segui.

Mientras los otros se afanan

en tan miserable lid

me divierto, me paseo

quieto, contento y feliz.

Hallo amigos de mi gusto

que con halago sutil

suelen bizarros encantar

de mis penas el motin.

Todo es solaz y bureo

sin que tristeza infeliz

mal logre un punto el calor

de mi pecho juvenil.

Ociosidad.

Lozano que ayas hallado

logro al gusto prometo,

cada día creceran

las dichas de mil en mil.

Que necios son los que quieren

atrevidos combatir

un laberinto que incluye

mas encantos que Merlin,

vanos los días que gastan

en empeño tan pueril,

pues acabada la empresa

apenas saven salir.

Quien asienta en mi bandera

seguro puede dormir,

pasear, jugar, alegrarse,

gozar de la vida al fin.

Que te falta? que deseas?

Don Ramiro.

Nada, si siempre va asi

como se despide el juego

que no hallo un maravedi,

y el naipe me dejo en cabras.

Ociosidad.

Ha de faltar un ardid

para estafar algun necio,

no tienes ingenio.

Don Ramiro.

Si.

Ociosidad.

Y necesidad.

Don Ramiro.

También.

Ociosidad.

Pues para saber vivir

el ingenio y la pobreza

es el mejor adivinador;

pide prestado, capea,

estafa, que es un mentir

el mas galante que usa

el mas noble Florentin.

Esta noche que has de hacer?

Don Ramiro.

Hanme venido a pedir

una quadrilla de amigos

que con instrumentos mil

daran musica a una dama.

Ociosidad.

Bien me parece; seguid

de la juventud lozana

el mas dulce frenesi.

Don Ramiro.

Vamos, que es tarde y me aguarda.

Ociosidad.

Pues en mi era el seguir,

que el mas atento cuidado

a tu gusto vive en mi.

Vanse.

Salen Nebrija, Don Pedro y D. Antonio.

Nebrija.

Que ingenios tan peregrinos,

que estudiantes, que habiles,

aveis hallado salida

a mi laberinto ciego.

Bien estais en los principios,

bien se logra el magisterio,

y mis trabajos se luzen,

y pues ya os veo tan diestros

en la gramática, id

a los logicos enrredos

en buena hora, sin pasar

por rethoricos empleos,

porque no son necesarios

sus tropos para venzerlos,

y solo con mi enseñanza

teneis seguro el acierto.

Sedme pues agradecidos,

porque es de villanos pechos

olvidar a quien enseña

los primeros rudimentos.

Don Pedro.

Adios.

Nebrija.

A dios mis hijos,

creced a prosperos sucesos

de bella sabiduría,

gozeis el dichoso centro.

Vanse.

Sale Bato con una arte.

Bato.

Todo ha de ser musa musas,

bien quebrada cabeza tengo.

Duerma.

Pag. 8

Bato.

Buena va voarze señor libro,

por mi vida que yo quiero

registrar otro mejor,

que esto en Nápoles inpreso

con fina estampa de Flandes

de quarenta y ocho pliegos.

Saca una baraja de naipes.

Silvano.

Esta es arte, y esta es vida,

amigo Bato, jugemos.

Siéntase.

Bato.

Aquí seguros estamos.

Vade quinolas? no quiero,

porque es juego de lacayos.

Al truque? es juego de putos.

Al veintiuno? es de bobos.

Vaya al ali. Aquí le tengo.

Este es juego de mujeres,

y agora una cosa advierto

que las mujeres son locas,

pues para afeitarse vemos

que escogen el solimán,

y el ali para sus juegos.

Jugemos a la primera,

que es juego de caballeros.

Tome dos naipes voarze,

yo con otros tantos quedo.

Dos sotes al primer golpe,

Jesús, y qué mal agüero.

Silvano.

Embido yo siete blancas.

Bato.

Si es con copas yo las quiero,

aunque sean siete azumbres.

¡Hai triste de mí que el viejo

asoma por acullá!

Esconde los naipes presto.

Recoge apriesa los naipes, y siéntase en cima dellos. Y saca una pierna, y comienzan a quejar.

Bato.

Hai dolor de mis entrañas,

Jesús, señor, que me muero.

Sale Nebrija.

Nebrija.

¡O qué simple de tres altos,

levántate majadero!

Bato.

Señor, perdone otra vez,

porque en este pie isquierdo

me ha dado mal de costado;

si le plaze al señor maestro

diré la lición sentado.

Nebrija.

Dila, tonto, soy contento.

Dime quál es el principio.

Bato.

Aquello que es escomienzo.

Nebrija.

No te digo, mentecato,

sino que me digas presto

lo que te enseñé en el aula.

Bato.

Viejo mío, no me acuerdo

palabra de lo que dices,

que soi duro de cerbello.

Nebrija.

Pues toma.

Dale un palo.

Bato.

Jugemos limpio,

que no soy nogal que tengo

de dar el fruto con palos.

Nebrija.

Pero eres grande jumento.

Bato.

Que así, pasa adelante.

Nebrija.

Mira que son tres los géneros.

Bato.

Siete son, ya lo he entendido.

Nebrija.

Qué tantos son.

Bato.

Trecientos, y 24 millones,

nueve cientos treinta y medio.

Nebrija.

Hay tan gran rusticidad

que esto sufra? por mi abuelo

que os pondré como amapolas

el circular hemisferio.

Vengan presto los tribunos,

alto, id al aposentillo.

Arrodíllase Bato, y dize.

Bato.

Viejo del Preste, que calvo

abuelo de Nicodemus,

que para contar tus años

faltan a las cuentas ceros.

Por los dientes que te faltan,

por los que te quedan negros,

por tu tez de betunero,

por tu cara de abadejo,

así te veas pasear

caballero en un jumento

con plumas sin ser gallina,

con mitra sin ser San Pedro.

Con gastadores delante

y detrás con paramento,

aventándote las moscas

con un ventalle de cuero,

que no me azotes.

Nebrija.

Traidor, ¿a mí injurias?

Bato.

Yo prometo de no llamarte viejete,

Narciso, sol, y luzero,

cara de pasqua de flores,

perdóname.

Nebrija.

No hay remedio,

pues no sabes la lición

os daré un calzón de ciento.

Levántase Bato, y ve los naipes.

Nebrija.

¿Qué es esto?

Bato.

Con el ayuda del miedo

he purgado el mal humor.

Vámonos de aquí al momento.

Tápese, señor, los ojos,

pu, pu, que mal guele.

Nebrija.

Necio, ¿a mí me quieres dar marro?

Mira que soy perro viejo,

¿en esto el tiempo gastáis?

¿Qué os parece? recogedlos

y desplegad los calzones

que yo hos lo diré allá dentro.

Recoge los naipes llorando, y éntranse, y dize Bato.

Bato.

Hay, hay, hay que me ha matado.

Vanse.

Salen Don Antonio, y Don Pedro vendados los ojos.

Don Pedro.

Hem! quae tenebrae, juro mi concho

bulons humanitatis ingruise

post diem purissima teterrima

noctem pates.

Don Antonio.

Intrincat animum mille nodis

gordijs, totaque mentem stringet

haec dialectica, vastusque per abismu

difficiliu occeanatum praecipitat

aut quidquid capio.

Pag. 9

Don Pedro.

Me quoque fugit

quod cumque vano melior

conamine.

Don Antonio.

Deficio

Don Pedro.

Ita me voluit a quo te honos

contencionis, sic ubi

dat gerendum tam fortiter langui

dus jubes eis? ubinam in difficul

tatibus emicat virtus?

Don Antonio.

Cupido quoque vetus sapientiae

extinguitur non aliter ad Heren

tem. Pigneus abicior: inanis

mentis caligines formenta, vera

abominor gramática, et eloquen

tia probo. scio constancius bis:

cetera valencioribus relinquo,

calces illa moesta haec vitrici

curriculo.

Voyme Don Pedro esto es echo

quieres seguirme.

Vase.

Don Pedro.

Jamás tengo de bolver atrás

que mora bronze mi pecho.

Don Antonio, no te mueve mi amistad

Sabio serás pero ingrato

en lo rústico de Oato

aseguro más lealtad

a Eolos.

Don Pedro.

Vuelvete en buena hora

que aunque por ti lo empeze

no deja el alma por ti

de seguir a quien adora

Airado el mar sus olas agiganta

Puebla de horrores todo el elemento

y hacer constelación del firmamento

La frágil nave su furor levanta.

En tanto asombro que el valor quebranta

el piloto no pierde el sufrimiento

que es de las olas fúnebre escarmiento

un desmayo infeliz en guerra tanta.

Noble nací, y a prueva de rigores

opóngase el furor, seré constante:

Llueva el Cielo desmayos, y furores

Ponga estorvo a mis pasos, soy amante:

Y contra mí se conjuren sus horrores

muro soy a sus iras de diamante.

Sale La Lógica.

Lógica.

Alienta joven gallardo

el vano temor sacude

no sepultes tus hazañas

en cobardes ataúdes.

A un brío determinado

no hay peligros que le injurien

que generosos alientos

pavor al peligro infunden.

Don Pedro.

Quién eres Pólux divino

que con tus divinas luces

en el mar de mis cuidados

gozosa quietud instituyes.

Quítasela.

Corta la venda.

Lógica.

La Lógica soy Don Pedro

que de escuras inquietudes

a nuevo puerto de luz

piadosa te restituye.

Con la espada de tu ingenio

con que pródigo discurres

cortaré los embarazos

de nudos indisolubles.

Los ojos que en el cautiverio

ciegos prisiones incluyen,

ya libres no habrá tinieblas

que por lóbregos acusen

Don Pedro.

Bella deidad que mil soles

en vez de rayos difundes

y ciegos con luz mis ojos

a nueva prisión induzes.

Permite que agradecido

tu blanca mano salude

que despliega de azuzenas

animado mucho dulze.

Lógica.

Levanta cortés mancebo

y a mis aras constituyes

desvelos para mi gusto

más lisonjeros perfumes.

Esta damasquina oja

tu gallardo ingenio empuñe

bella exalación de acero

que por el aire discurre

No habrá enredo que no corte

ni facultad que exceptúe

verdad que no des en tierra

opinión que dificulte

No desmayen en la empresa

tus airosas juventudes

cuando bajel ingenioso

cien Sirtes mares surques

Pag. 10

Lógica.

Aunque de tus navíos

dos voraces avestruces,

Escila y Caribdis se opongan,

medios humildes excluye.

Aunque soberbias sus olas,

hechas gigantes azules,

aspiren a ser estrellas,

enseñadas a ser nubes,

ni su amenaza te espante,

ni sus bramidos te turben,

que me llevas por piloto

de tantas solicitudes.

Qué de peligros te esperan,

aunque tu pecho fluctúe,

qué de enredos te conjuran

a que tu intento se frustre.

Alistado de mis rayos

el peligro no excuses,

no temas los laberintos,

que aunque espantan no confunden.

Yo te llevaré seguro

a los males que encubren

de bella sabiduría,

hermoso, galante numen.

Ánimo, que si valiente

feliz intento concluyes,

eternidad se apercibe

que tus victorias divulgue.

Don Pedro.

Lógica, deidad sagrada,

quién habrá que no se ajuste

a los pasos que adiestras,

quién habrá que no triunfe.

Aunque repare sus iras,

aunque enredos asegunde

este laberinto, en vano

mellar mi pecho presumen.

Que mis ardientes deseos

alma de diamante incluyen,

y ha sudado ser inmoble

contra los golpes ayunque.

Vase Don Pedro.

Lógica.

A ellos, noble mancebo,

aunque por tus pasos cruces,

desharás con esta espada

peligrosas multitudes.

Vase, y suena dentro ruido de pelea. Sale Don Pedro solo con la espada desnuda.

Don Pedro.

Laberintos enredados,

chusma de entes de razón

que no tenéis otro ser

sino el que el ingenio os dio.

Universales más rancios

que la memoria de Noé,

que todos sois tarabillas

fundados en precisión.

Predicables, que al flaco

del acento de una voz

os fiáis que os desfigura,

ya en caballo, ya en león.

¿Por qué os hurtáis a mi espada?

¿Dónde está el antiguo ardor

con que valientes ingenios

no ostentáis la confusión?

¿Dónde estás, materia prima?,

no apadrines la opinión

que fecunda la existencia,

que lo mismo ser te dio.

Si no te basta una forma

para resistirme hoy,

refuerza tu valentía

con la asistencia de dos.

Materia física o armada

de un intricado escuadrón

de predicamentos varios,

¿quieres vencer mi furor?

¿Dónde está el per se que tiene

tu sustancia, pues pensó

por sí solo combatir

los bríos de mi valor?

Accidentillo cobarde,

¿por qué ostentas tu blasón,

pues uno en cinco palabras

abusas consustancial?

Ve a dónde, ¿te has huido?

Que encubre adónde se huyó

tu presencia de la mía

sin tenerla cuando estoy.

Provocándote a pelea,

sin duda se desnudó

el hábito, y como Adán,

desnudo teme mi voz.

Continuo, infinito, raro,

eternidades, que sois

tan cobardes que a mi espada,

como trueno, hizo espanto.

Ya, cobardes, huís

el rayo de mi furor,

que me sobran ya victorias

cuando valor os faltó.

Entrase, y suena ruido de guerra y sale la Lógica con Don Pedro.

Lógica.

Alcides, alienta,

ánimo, Don Pedro,

que airoso peleas,

¡qué bravo, qué diestro!

Ya queda rendido

el continuo fiero,

ya de lo infinito

se apea el esfuerzo,

ya del tiempo alcanzas

el rápido vuelo,

ya el lugar ocupa

el lugar de muerto.

Ya de eternidad

el valor inmenso,

si no te conquistas,

le dejas suspenso.

Ya llegas, valiente,

del norte al extremo,

ya pisas la meta,

ya llegas, ya quedo.

Con mis tiernos brazos

enlazar tu cuello,

venciste, venciste,

bello Marte nuevo.

Calmen los trabajos,

y ya puedes contento,

después de las olas

deste mar soberbio,

cantar el celeuma,

tocar a sosiego,

ya de tus victorias

escucha los ecos.

Pag. 11

Coros.

La sabiduría

ya rasga los velos

que eclipsan al sol

de su rostro bello.

Descúbrese una cortina, y aparece la Sabiduría sentada, y a su lado una silla vacía, y en sus manos una corona de laurel.

Don Pedro.

Qué asombro, qué pasmo

de belleza, el cielo

de sus perfecciones

es suma, y compendio.

Sabiduría.

Qué dudas, Alcides fuerte,

por qué suspendes el paso,

y con no sé qué dichoso escaso

te recelas de tu suerte.

Cuando por gozarte, y verte

del cielo de mi deidad

humano mi majestad,

asustado te retiras

y cobarde en lo que admiras

agravias a la verdad.

Arrodíllase

Don Pedro.

No son desmayos de fe

bella deidad mi tardanza

dudas sí de la esperanza

si soy digno de tu pie.

Confieso que agravio fue

cuando rayo tu semblante,

el no arrojarme al instante

pavimento de tus huellas

de quien las mismas estrellas

no son lisonja bastante.

Sabiduría.

Levanta que tu valor

te sublima a las estrellas

y a este trono, que con ellas

compite de más fulgor.

Deste laurel el verdor

a quien la naturaleza

hizo hidalgo en la fiereza

del invierno vengativo

ufano, soberbio, altivo

florecerá en tu cabeza.

Corónale, y siéntase en la silla y al sentarse, quédese sin hacer caso pasmado mirándole a la cara.

Sabiduría.

Qué miras tan suspendidos

los ojos tan insensibles?

Don Pedro.

Mil hermosos imposibles

que me roban los sentidos.

En tu rostro corregidos

miro floridos defectos,

de los rayos más perfectos,

mintió el lisonjero abril,

aprender de más gentil

hermosísimos conceptos.

Miro tanto de divino,

que queda en calma la fe

si eres mujer o ello fue

que es verdad su desatino.

Santo, bello, peregrino

que miente la facultad

poética en la verdad,

de la bella Cipria diosa

es en ti más venturosa

hermosísima verdad.

Si tan hermosa revista

la nube del cuerpo donde

el sol del alma se esconde

cuál será la luz oculta?

Ya el ingenio dificulta

agraviarte con finito

pues del humano distrito

es desdén tu perfección

y es ya deuda, y no blasón

medirla con lo infinito.

Siéntase, y quédase muy triste con la mano en la mejilla.

Sabiduría.

Bellísimo lisonjero

a no ser tan generosa

mi hermosura quedé hermosa

presunciones vitupero.

Con tu voz dulce jilguero

mudara de parecer

también sabe encarecer

tu elocuencia una hermosura

pero como tu pintura

fue pintar como querer.

Mas qué tristeza importuna,

tan de repente te asalta,

que eclipsa en mí alguna falta

el lleno de tu fortuna?

Deste contento en la cuna,

tristeza tierna enemiga,

nuevo Alcides te fatiga,

tan presto? o es estilo así

que mi vista engendra en ti

opinión que desobliga?

Don Pedro.

Qué hermoso a tu majestad, qué

bizarro desdén airoso

que ese desdén celoso

tanto hermoso tanto bello.

De mí mismo me querello

claro sol de nube ardiente

que causa tan excelente

como tu bello imposible

sea a mis ojos posible

con dicha tan diligente.

Que a la venturosa cumbre

de tu dulce posesión

subir tan sin dilación

es mi mayor pesadumbre.

Bárbara civil costumbre

villanos viles engaños

a costa de pocos daños

merecer una belleza

y avisarla de pereza

la esperanza de mil años.

Qué vulgar agravio fue

el hacer de mi ventura

tan común a tu hermosura

siendo aun tan ruda mi fe.

Corrido el amor se ve

al amaron consonante

cuando se mira triunfante

de tan pocas calidades

que no se dé eternidades

por merecerte un instante.

Pag. 12

Sabiduría.

Mucho obliga lo cortes

y amoroso de trato

sin celos de ser ingrato

ni de amor por interés

queda un tiempo, después

miras al Rey Baltasar

cuya fama singular

tanto mi gusto acaricia

que por tener del noticia

te tengo de acompañar.

vamos veras el real

de parte de mi palacio

donde mora mas despacio

lo curioso, y celestial

es emporio universal

del bien sólido, y estable

gozo, y contento inefable

alla en el vaso sabio

y porque se que le agravio

el mismo sus dichos hable

Jornada tercera

Pag. 13

Salen Don Pedroedro, y la Sabiduría

Don Pedro.

Ya de mi patria piso

soberana deidad, termino breve

en este alberge quiso

dar oriente a mi luz, el ado aleve

y en rusticos sayales

apagar de mi ingenio los fanales

Sabiduría.

O que circulo avaro

corto epiciclo de tu sol divino

como cupo raro

en el de tu valor tan peregrino

y a tan estrecha luna

el lleno se redujo de tu cuna.

Don Pedro.

Esquiva fue conmigo

la deidad inconstante; pues oculta,

con este pobre abrigo,

mi noble ser, mi condición augusta,

cuando a mi noble pecho

sirve el orbe capaz de seno estrecho.

Quisiera aver nacido

en la fenix del mundo Roma

cuyo valor subido

humilla Reinos, y coronas huy

y me pesa que falte

a mi ciencia, y valor tan fijo esmalte

Sabiduría.

Que sospecha tan grave

impones ahi ingenio de ingrato

pues el varon que sabe

y es en ciencias profundas emine

luce, con tal grandeza

que hace noche a la luz de su

a quien mi luz no viste

mendigo de la patria los honores

mas tu que mereciste

obtener mis divinos resplandores

a tu nativo suelo

haces sin otra luz, vistoso Cielo

Don Pedro.

Divino hermoso dueño

no el interés de honra es de mi gusto

la lisonja, y empeño

no, que en tenerte a ti por lo justo

solo lo busco y quiero

para sirva a tus pies de humilladero

el valor, amor, el fuyo

si ardor amante mía es de manera

que por mío se excluyo

un solo instante que sin ti viviera

pues fiera el homicida

de tu dulce memoria, que es mi asida.

Sabiduría.

Que sintieres, Don Pedro ignora

sin mi amor que es terno.

Don Pedro.

tu vista me enamora.

Sabiduría.

que es enormi.

Don Pedro.

arder un sol, la nieve

Sabiduría.

seras firme, y constante

Don Pedro.

tendre a mi vida de diamante.

Dentro el Rey.

Rey.

Favor soberanos cielos

que voces tan dolorosas

Dentro D. Ramiro.

Don Ramiro.

Piedad Cielos que me matas.

Don Pedro.

entre aquellas sombras

veo un bulto

Dentro Ramiro.

Don Ramiro.

Ya me enviste

Don Pedro.

Alla mirarlo me arrojo.

vase

Sabiduría.

Santo Cielo que prodigio!

o que devidas mal logra

la furia de un Leon fiero

en cuyas garras, y bocas

miro, infausto cometa

tanta noble vida agosta.

Ay de mi que ya acomete

al que es de mi luz antorcha

el alma de mi pensamiento

detente fiera no rompas

dos vidas con una muerte.

Que bravo su brío acosa

que gallardo se defiende

que ferible le provoca.

Ya le mata. que desdicha!

ya le avencido, que gloria!

Que valiente que atrevido

que bien mi dicha blasona

de tenerle por amante

agradecido se postra

a sus pies un caballero

de cuya nobleza informa

lo precioso del vestido

el talle, agrado, y persona.

quien será que en solo verle

toda el alma se alboroza.

ya llegan los dos, que talle

que Majestad tan heroica.

Retirase la Sabiduría, y salen el Rey y Don Pedro

Rey.

Otra vez sevan mis brazos

de tus hombros la corona

pues defendiste la mía

de fiera tan espantosa.

Quien eres mancebo fuerte

que en mi pecho se alboroza

el corazón con tu vista

y con violencia forzosa

eres iman de mi amor

Don Pedro.

el alma en calma dudosa

Pag. 14

Don Pedro.

es de deudas bien fundadas

confundida Babilonia.

Qué voces andan, Señor, sospecho.

Rey.

Bien lejos queda, con gloria

de mi majestad, aunque

saber de vasallos, toda.

Rey soy de la sabia Egipto

Baltasar, de cuya heroica

fama no hay tan peregrino

lugar ni región remota.

Pues no escuche sus alientos

salí acaso, y a deshora

un bravo león encuentro

cuyas garras vencedoras

fueron fatales segures

mortal cuchillo de todas

las vidas que me seguían.

La mía también victoria

fuera de su bravo orgullo

a no ayudarme. Deudora

tienes la vida de un Rey.

Don Pedro.

La mía a tus pies postro.

Rey.

Levanta, y dime quién eres

y esta dama bella, hermosa

cuyo sol entre una nube

de un velo claro se emboza.

Don Pedro.

De todo, Señor, doy cuenta.

Entre unas ásperas rocas

que vecinos al empíreo

son gigantes que le asombran

me crie diez y seis años.

Mas cuando el valor informa

es difícil desmentir

sangre noble y generosa.

Vine a revelar mi suerte

y hacer mi dicha dudosa,

sospechando que el sayal

solo era corteza tosca

y velo de mi linaje.

Hice a mi padre notoria

mi duda, en breves palabras

de mi nuevo ser, auroras.

Me dijo: Pedro, a tus dudas

responden en una hoja

del libro de tu prosapia

este acero antiguo toma,

creo que sea de tu padre:

Porque en una silva umbrosa

al pie de un roble te hallé

y a tu lado hallé esta hoja

y en ella escrito que eres

noble. Tú, Pedro, que hasta aquí

me has respetado por padre

no lo soy, no es esta choza

tu propio albergue. Tomé

esta espada que me adorna.

Rey.

Muestra.

Dale la espada, y tomándola se turba el Rey.

Rey.

¿Son sueños, o locas

fantasías de mi engaño

ilusiones fabulosas

las que miro en esta espada?

Mía es, no hay qué dudar; si una vez

duda en cosa manifiesta,

ya me viene a la memoria

de mi esposa la tragedia

las dichas unas con otras

se encuentran. Este es mi hijo

Alma, pecho, ¿qué te estorba

que no le abrace? mas no

el disimular importa

para mejor ocasión

¡Oh, qué verdadera copia

de mi valor tiene el hijo!

¡Cómo el alma se reporta!

qué presto se conocieron

las dos sangres; mal se emboza

la noble entre toscas peñas

mas con sayal se reboza

que su pensión tan notable.

Prosigue, el hilo no rompas

a la relación la hebra.

Don Pedro.

Dejé el sayal, y la choza

para venir a tu corte

con dicha más venturosa.

Porque cansado una tarde

entre floridas lisonjas

de una apacible floresta

libre de injurias fogosas

del sol, me senté en un valle

y oí desde una alta roca

despeñarse un caballero.

Llegué a socorrerle, tan airoso

que de un brazo de mi brazo

indemne al sagrado aporta.

Después de un largo desmayo

¡supe del, qué grande gloria!

que era el príncipe tu hijo

Don Antonio.

Rey.

Como todas

mis desdichas en tus brazos

fin seguro quiero tomen.

Don Pedro.

Informéme de su ingenio

del saber íntegro, y las sombras

que ocultan a la sapiencia

y en una hazaña tan propia

de su sangre, y de la mía

seguíla, y en la derrota

dos bellos, bizarros Martes

a que en el valor exhorta

acometimos la empresa.

La gramática, y retórica

cedieron a nuestro orgullo

mas al embestir la lógica

enmarañados discursos

Don Antonio (perdona

si te ofende lo que digo)

Rey.

Dilo.

Don Pedro.

Señor, las sombras

eran tantas, tanto el vulgo,

de tinieblas pavorosas

que se acobardó su brío.

Rey.

¡Oh villano!

Don Pedro.

Quedé solo

invencible en los peligros

mi fineza, y vencedora

llegó con fin venturoso

desta Reina a la vistosa

morada, y real palacio

esta divina Deidad

esta es la Sabiduría.

Rey.

¿Qué dices? Reina, y Señora

perdonad que como el velo

vuestra hermosura se emboza

aunque en mi pecho abrasa

no es mucho no os conozca.

Descúbrese.

Pag. 15

Descúbrese la Sabiduría y se arrodilla.

Sabiduría.

Baltasar generoso,

cuyo nombre famoso

publica con decoro

en vivas lenguas de metal sonoro

la Fama alada donde el Sol madruga

y donde lo huido de sus rayos

tristes apagan fúnebres desmayos,

permite que el honor que me levanta

sea corona tu dichosa planta.

Rey.

Bella Reina del mundo,

como humillan tus rayos al profundo

levanta pues das leyes

a los más nobles reyes,

y es el mayor blasón de su corona

si lo sabio, y prudente los abona.

Sabiduría.

Alzad, a ver mis victorias

oíd las glorias que lo son las mías,

en ciego, triste laberinto

enlazado, y distinto,

con estancias, y enredos misteriosos

que infunden miedo a pechos valerosos

en mí misma vivía

ajena de alegría

vecina a la tristeza

viendo el olvido, y rústica pereza

de tantos pretendientes

en buscar mis retiros negligentes;

pues al pisar la raya

de lógico discurso se desmaya

la fuerza, y con villana cobardía

el empeño se queda en osadía.

Un día con el llanto de las quejas

cansada el alma los sentidos deja

y en los brazos del sueño

fiado el sosiego de sus penas dueño,

cuando a deshora desde el alto Cielo

con intrépido vuelo

vi surcar por el golfo de los aires

animado vagel con mil donaires

de brío, y gala, y a tu luz divina

adonde yo dormía se encamina.

Era el sexto planeta, Dios alado

que con divino agrado

nuevas me dio de aquesta fortuna

que en tu favor se aúna

la influencia del Cielo soberano

y en su gozo humano

pone realces de deidad sagrada:

un príncipe adornado de esta

prudencia, discreción, feliz jornada

este pues digno del vivir eterno

hace una ley que a ser se restituye

pues del gobierno y mayorazgo excluye

al que de ciencias, y de letras huye

el nombre que a su príncipe ennoblece

es Baltasar, de Egipto Rey augusto,

a cuya fama viene el orbe justo

dijo, y dejóme el sueño regalado,

y en el desengaño enterado,

y agora me ves a ti presente

para que entonces escriba tu piedad

que aqueste con los siglos sustenta

vivas eternidades.

Príncipe sabio, justo, generoso,

en quien miro dichoso

un traslado de Jove tan altivo,

que está mi ser en tu valor más vivo,

por ti vive mi gloria,

es hija de tu victoria

y mi memoria viva y esclarecida,

la tuya viva eternidad de vida.

Rey.

No extrañéis, gran señora, mi cuidado

que ha sido muy menguado

que a hallar en mis vasallos

en quien hizo ya estragos

la pereza, el descuido, la ignorancia,

a mi dictamen ciega repugnancia

tuvieran, mas, y desde agora excluyo

dos hijos del estado, y estatuyo

con más rigor la ley que te ampara.

Sabiduría.

Qué prudencia tan rara.

Rey.

Vamos señora a mi real palacio

donde quiero serviros más despacio.

Vanse.

Sale D. Ramiro con la daga des- nuda, y Octavio huyendo.

Don Ramiro.

Muere fiera, pues corres

infame bandolero.

Este acero vengara mi frenesí

de tu vil, infame fuero.

Octavio.

Los pies me libren de ti.

Vase.

Don Ramiro.

¡Qué tirana ociosidad,

sin verdad,

cuando te embuste creí

qué imprudente ceguedad!

Por ti malogré los días

y el tiempo en juegos gasté;

por ti fe,

seguí locas fantasías,

y fantástico quedé.

Por ti en dura esclavitud

me tiene el vicio arrogado

desdichado,

estragó mi juventud

en mil culpas desalmado.

Pasó, lamentable, ocioso

de mi juventud lozana

tirana,

me robas lo más precioso

que tiene la vida humana.

¡Ay, qué perdí la ocasión

de saberme aprovechar!

el pesar

lleva a pique el corazón

de tristezas en un mar.

¡O inútiles desengaños

que tarde me conocéis!

¡Cuando veis

mal logrados tantos años

entonces me amenazáis!

¿Qué dirá el Rey? ¡ay de mí!

¿como a sus pies llegaré?

¿qué diré?

si pregunta si vencí

qué le responderé.

Ramiro desdichado

infame caballero

del vicio prisionero

a qué mísero estado

pobre, y desconsolado

el vicio, y tu desdicha te han traído?

En qué abismo de males

con las perversas guías

de malas compañías

a tu honor desiguales

miserable te anegas.

Pag. 16

Don Ramiro.

que vas al profundo de miseria y llagas.

hijo de tal tal

cobarde, afrentado,

expulso, y desterrado!

qué pena basta, qué afán?

qué castigo, qué muerte,

quién podrá dignamente aborrecerte?

Yo mismo con mis manos

cruel tirana furia

he de vengar la injuria

de pasos tan villanos:

yo seré el homicida

yo verdugo de infamia tan crecida.

Quiere se matar, y al alzar el bra- zo, sale don Antonio, y Bato, y detié- nenle.

Don Antonio.

Detente, detente hombre.

Don Ramiro.

Qué rémora, o mi furia

fatal intento detiene.

Don Antonio.

Qué rematada fortuna

te obliga a tal desatino!

ay tan feliz coyuntura.

Don Ramiro.

Don Ramiro.

Don Antonio!

Don Antonio.

Ah, tales locuras

tan pródigo de tu vida.

Don Ramiro.

Deja, ah no interrumpas

mis castigos merecidos

que solo podrán mis culpas

purgarse en el mar de sangre

que de mis venas enturbie.

Bato.

Qué dolor le ha recetado

el récipe de esa purga

bien merece que le den

el infierno por confuta.

Don Antonio.

Cesen los locos intentos,

y di, qué te atribula?

qué te da pena? por qué

la vida te es importuna.

Don Ramiro.

Perdióme el amor

de la perdida hermosura

de la ociosidad infame,

de la Tisífone furia:

por ella me vi en las sirtes

de la mísera luxuria

mar amargo y engañoso

que tantas naves sepulta.

los peligrosos vaxios

que fácilmente oculta.

Gasté en juegos, y paseos

en regalos, y blanduras

lo más precioso del tiempo.

y como siempre se aunan

los vicios, y se encadenan

no paró mi disoluta

infame vida hasta que

el linage más alto injuria.

Juntéme con bandoleros

que viven de lo que hurtan

y este borrón a mi honra

eche, si bien está oculta

tan grande maldad a todos.

Mas, hay!, los vicios nunca

ni los pecados se encubren

corrida el alma, y confusa

quiere vengarse en sí misma

y pues la venganza es justa

vuelve el acero a mi mano

Don Antonio, o con la tuya

saca el alma apuñaladas.

Don Antonio.

Deja, deja, esas injustas

necias desesperaciones

si para ti no te excusa

para el mundo que no sabe

persona alguna tus culpas?

para Dios arrepentirte

no es esperanza segura.

Don Ramiro.

Dios lo sabe

no es bastante a que me excluya

del Reino, y de mayorazgo

por su ley?

Ya está difunta

amas que tan poco yo

he logrado la ventura

y a ti no puede eclipsar

el lleno de tu fortuna.

Todo el alma restituyes

a un ser. Ángel, sin duda

has nacido para mí

cómo disimulan

los cobardes de uno

cuando con otros se juntan.

Don Antonio.

Volvamos los dos al Rey

y pues nadie nos acusa,

publicaremos triunfos

que de prisiones duras

queda ya libre la dama.

y si por suerte pregunta

el cómo, quándo, o el dónde

yo satisfaré a sus dudas

con lo poco que he estudiado.

Bato.

Qué mentiras tan membrudas

Don Antonio.

Bato, si haces testimonio

te haré marqués?

Bato.

qué?

Don Antonio.

Rehusas el partido.

Bato.

Dios me libre,

callaré como una mula

callaré como una piedra

si desde aquí me aseguras

lo que costare de renta

con tan noble envestidura.

Don Antonio.

Diez mil ducados, lo menos.

Bato.

En dinero?

Don Antonio.

Aún lo dudas.

Bato.

A horros de media nata?

Don Antonio.

Sí.

Bato.

No hay persona muda

que así calle como yo

Señor Marqués de trutulla

Don Bato de Tracisonda

el ponerse el don postizo

ya mi alma se endimuta,

y haré mucho del Don Diego

luego tendré baraunda

de lacayos y de pajes

un coche con dos mil barras

bellos tapices de Flandes

seis mil burros para rúa.

Hareme ricos vestidos

mas sin pagar las echuras

al sastre que los cosió,

que así los grandes lo usan,

y los chicos caballeros

y el mercader aunque venda

la casa a gritos, que aguarde

el zapatero que pida

bien el zapato, y que espere

Pag. 17

Bato.

que le paguen la p. vida

el día de San Ciruelo.

Don Antonio.

Vamos que tienes facundia

hasta el día deste Santo.

Bato.

Parezcos monge pecuda

cuando se asoma a la reja

sin estorvo de la escucha.

Vanse

Salen el Rey, el Conde, Don Pedro y la Sabiduría.

Rey.

Hoy ha de ver Egipto en mi sentencia

en cuanto estimo su feliz gobierno,

quan de su parte tiene a mi prudencia.

Pues la común costumbre desquaderno

que al mayorazgo el gobernar vincula,

pues aunque[ue] inclina de mi amor paterno

la fuerza a Don Ramiro: se regula

la razón, que de el cetro, y la corona,

al que faltaren méritos anula.

Solo hago heredera la persona

que discreción, y ciencia la apadrina

y del ingenio la viveza abona.

Conde.

Es su resolución muy peregrina

contra quien se conjura la costumbre

que solo dar el Reino determina,

y que suba del cetro a la alta cumbre,

el que vence a los otros con sus años.

Rey.

Si hubiere de otros hijos muchedumbre

que lo merezcan, mas serán extraños

del cetro que sus méritos ganaron?

Conde.

Otros Reyes también disimularon

Rey.

Pues quieres que yo ajuste mi dictamen

con los que ciegamente se engañaron

Sabiduría.

Siglos eternos tu prudencia aclamen

Rey.

Esta a ceder, ninguno me resista.

hace el Águila noble bruto examen

de sus hijuelos en la tierna vista

por ver quien de su sangre bastarda

si al mirar al sol ciego desista

y no vere sies ditono a mi línea

el que quiere gozar de mi apellido

y si el Águila al hijo que falsea

le excluye, le destierra de su nido

ajeno de razón, yo que la tengo

he de estar de sus luces suspendido.

Sale un Page.

Paje.

Albricias señor, que ya

los príncipes han llegado.

Rey.

Que dices?

Paje.

ya se apean

a las puertas de Palacio

Rey.

Abre mil puertas que en ellas

quiero que esteis retirado,

que con pompa así conviene

vaya sin tanto resguardo.

Vase la Sabiduría Don Pedro y el Page.

Salen Don Ramiro y Don Antonio y Bato.

Don Antonio.

Demos vuestra Majestad

los pies.

Bato.

El esta despacio

y con que andara después.

Rey.

Tomad primero mis brazos

venís con salud.

Don Ramiro.

Cumplida.

Rey.

Que bizarros, que gallardos

quien duda que victoriosos

merecéis eternos lauros

Contadme vuestra victoria.

Don Antonio.

Atropellando montes, que frente levantada

hacen a vientos, y nubes afrentas

vistos amenazar, subió a las mismas ruinas,

Pag. 18

Don Antonio.

Ostia nostra tenet diris horrentia formis

Gorgis nisi de fletis vallem penetrare negatur.

Prima fores servat tristi saevaque figura

Gramatice, tenditque plagas et retia circu.

Rethorice vultu coelos imitante serenos

blandiloquio nirem crudelis hyena

Pestilus et senior que se magis fingit amenu.

Mox coecis locies laberintis cincta labores

vera ferens plures liquit ad qua diversis undas.

Nunc vim contendit nunc fraudes docta perurget

seu vim seu fraudes jacet metuenda, sed ista

saeva licet nostros non substantia ad ortus

Cesserunt de illis placida nos valle potimur,

et sophia, per tot casus tua jussa sequentes.

Rey.

Qué bien ha urdido el engaño.

Don Antonio.

Es hermosa,

es desdén

el sol más puro y bizarro.

Qué bien empleados sudores,

qué dulces son los trabajos

en término tan dichoso.

Háblele al oído.

Rey.

Conde, atended a lo que os mando.

Bato.

Señor don Antonio, escuche,

aquel toisón, marquesado,

me hace muchas cosquillas

con esos diez mil ducados.

Don Antonio.

Seguro estarás, si callas.

Bato.

Al buen callar llaman Sancho,

yo me coseré los muslos.

Don Francisco.

El rey, oída, ha mesurado,

mucho temo.

Duque.

Pierde el miedo.

Rey.

La diligencia te encargo.

Vase.

Conde.

Voy y vuelvo por el viento.

Rey.

Mucho vuestros bríos alabo,

bien merecéis la corona,

¿y quién es este criado?

Bato.

Señor, no pido los pies,

sino solo los zapatos,

el marqués de finita

es vuestro real vasallo.

Don Antonio.

Es un simple pastorcillo

que en el camino encontré,

tiene sazonada lengua

aunque simplemente canta.

Bato.

No quitando la virtud

de los que me están mirando...

Don Francisco.

Callas, don Ramiro.

Señor, he sido más tardo

y oí los reveses a Antonio,

así que no era tanto

lo que sabes.

Duque.

Tú mismo te has condenado

pues confiesas por mejor

a don Antonio.

Don Francisco.

Eso es llano,

como dos y dos son diez

y tres y cinco son cuatro.

Pues desde ahora le excluyo,

y doy el imperio y mando

a don Antonio.

Duque.

Señor mío,

yo se lo aviso al rey.

Don Francisco.

No te des de entender.

Duque.

Don Antonio es un romance arno

señor, sino que quien lo quiera

aquí está el billete en fin

que don Antonio adora,

y pues que te levantas

a dignidad tan suprema,

porque más has trabajado,

en esta conquista, dime

si otro fue más gallardo

de mis hijos, que no el tuyo

más hubiera penetrado

el retiro del saber,

y de cierto, y de lo claro

que te dejaría a ti

si fuera, y si hubiera acertado.

Salen el Conde, don Pedro y la Sabiduría ricamente vestidos.

Rey.

Que es muy justo y merecido

que se premien los trabajos.

Conde, haced lo que os he dicho.

Sabiduría.

Escuchad, hijos bastardos,

¿pensábades hacerme espantajos

y ocultar de mis ojos

vuestra villana e infame cobardía?

¿Ver la Sabiduría

conquistar es por suerte

la que conquista vuestro brazo fuerte?

¿Pensábades rebozar con los engaños

tanto tiempo perdido, tantos años?

Fue para mí el ajeno, hoy pisado

primer umbral sagrado

del laberinto ciego,

cuando cobró el fuego

las espaldas sin darlas al trabajo

y con intento bajo

de curiosidad seguisteis las pisadas,

y don Antonio aunque con más grados

valiente seguisteis intento honroso

de la hiedra dejar lo enredoso,

y desmayar cobardes los temores;

y quisisteis, así me fía dar colores,

a tan grande vileza.

Así degeneráis de mi nobleza

que aguáis a aguardar de mi presencia,

la rústica bastarda descendencia.

Ninguno ha de llevar...

Rey.

Llega,

Conde, a tu valor entrega...

Pag. 19

Conde.

ni a morir, de Egipto el cetro, y la corona

Ilustre Rey perdona

si descortés resisto a tu sentencia

advierte la imprudencia

que este no es hijo tuyo, y se quejara

con razón todo Egipto si reinare

un extraño, teniendo naturales

hijos, que en sangre a ti son iguales.

Abrázale

Rey.

Ya es tiempo que descubra amigo Conde

lo que en Don Pedro la fortuna esconde.

Eran de la edad del año

las juventudes más nobles

cuando los ríos se anegan

bello diluvio de flores.

Salí con mi esposa a caza

jamás gustoso deporte

sin temer de mujeres

apresuradas razones.

Tras un corzo diligente

que con alientos veloces

desengañado de ave

hizo dudosos los bosques

se alejaron los monteros

entre unos espesos robles

tan enredosos que asoman

la bajeza a sus fervores

quedamos la Reyna, y yo;

y sordos a nuestras voces

murió el sol, huyóse el día,

feneció su luz la noche.

A sazón tan inoportuna

sintió la Reyna dolores

de su parto, y animoso

mi cuidado la socorre.

En trance tan peligroso

mas tan valientes faiciones

ejecutaron crueles

en ella tantos rigores,

que un parasismo prolijo

eclipsó sus bellos soles

cuando un bello, hermoso infante

sus tiernas entrañas rompe

Recibíle entre mis brazos

al tiempo que resplandores

de una luz dudosa fueron

feliz de mis pasos nobles.

Seguíla por un espacio

mas de repente se esconde

y dejo mis pasos ciegos

en dudosas confusiones.

Sentí muerto entre mis brazos

el niño, que duro bronce

no se enternece de verme

falto de consuelo, y pobre

De improviso arrimo el niño

al pie de un ceñudo roble

y para poderlo hacer

dejé la espada que entonces

tenía acaso en la mano

mientras que le despide

el sentimiento mortal

de mi cara real huyóse.

La memoria de la espada

vuelvo culpando los dioses

quejoso de mis desdichas,

entre confusos horrores

de la noche ya oprimido

de dos relinchos feroces

de los caballos aportó

al fin a lugar adonde

mi esposa entre mil congojas

daba desmayadas voces

consoléla con palabras

animéla con razones

amorosas, ya que alegre

sufriese tan fieros golpes

de la madrastra fortuna

madre hasta allí. Preguntóme

por el niño que parió

contéle el caso, turbóse

lloró sus distintas luces

dióle la pena garrote,

tan fiero que por dos horas

entre mortales sudores

hecho un un parasismo

al fin huyó la noche

vino el día y al albor

mi espada y el sol conformes

a un tiempo me amanecieron

dos resucitados soles.

También dos, o tres monteros

acaso llegan adonde

hallaron de la tragedia

piadosas lamentaciones.

pocos desvelados linces

por mí dejó mi consorte

buscamos el muerto infante

mas entre tantos horrores,

ninguno pudo atinar

oyeron los cazadores

y a mi palacio aportamos

adonde el sol se me pone.

De mi esposa, con la pena

que unidos, y concordes

aun desdichado acometen

de males los esquadrones.

Este pues que veis aquí

este es que los pastores

allaron junto a mi espada.

no estaba muerto, engañóse

Mi turbación que al desmayo

juzgó fatales horrores

hoy nace un hijo a mi dicha

este hermoso bello Joven

Este Don Pedro es mi hijo

tanto enigma no os asombre

esta, la espada conoce

y más el alma conoce

que es centella de mi fuego

que es hijo de quien conforme

me da el valor que le anima

en todo al mío conforme

Este es el que valeroso

venció los monstruos enormes,

los encantos, los enrredos

que esa biduria esconden.

Dame los brazos Don Pedro.

no son imaginaciones

no son sueños los que escuchas

verdades sólidas oyes.

Don Pedro.

¡Qué dicha tan repentina!

Don Antonio.

Son quimeras.

Don Francisco.

Son traiciones.

Conde.

Son encantos los que escucho

Pag. 20

Sabiduría.

En calma el sentido pone

esta dudosa lisonja,

oy se aumentan mis blasones

pues tengo un Rey por amante

que a sus pechos me incorpore,

a las voces de la sangre

que en los nobles corazones.

Rey.

Sabio, eres el mas pequeño

y en tus años menores

te he de coronar por Rey,

pues solo llevas el nombre;

con tu ingenio y con tus letras

estos en años mayores

serán inferiores en brío,

y no merecen que les honre,

pues en su valor el mío

sangre real desconoce;

aprended a ser valientes,

dadme la corona, Conde.

Conde.

Que aciertos, señor, los tuyos,

que altas resoluciones,

digno es su talle del Reino,

no habrá quien tu intento estorve.

Coronanle.

Rey.

Su noble sabiduría

nueva gracia y ley al orbe,

leve trono de su diestra

su divinidad honore,

el Asiento por señor

todo se le reconoce.

Don Pedro.

Vivas, sol de estos años,

y la eternidad tu nombre

aclame, admire, eternice,

alabe, suspenda, adore.

Sabiduría.

Asi premies el valor

de los valientes Jasones,

que, conquistando mi hermano,

haras muchos vencedores.

El premio alienta los bríos,

por el emprenden los hombres

los mas dificiles rumbos,

y a mil peligros se oponen.

Don Francisco.

O maldita curiosidad,

corrido me voy a donde

ni me vean ni me oyan.

Vase.

Don Antonio.

O que yerro tan enorme

hice cuando desvié,

voyme a despeñar de un monte.

Vase.

Bato.

Como nestos convearon

se hicieron mis valedores,

en pollo se ha quedado

mi marquesado, pardiez.

Señor, que le das a Bato?

Bato soy, no me conoces?

Don Pedro.

Yo terné de ti memoria.

Bato.

Hiciéranme agora Conde,

siquiera después de mi

andara dos millones

de años, pues ya se acaba

la comedia, y seré noble

estudiante, y quedaré

como un triste fallecí.

Pues con que nos le den

el eternos años goce.

Señores, aquí da fin

la comedia, que si nombre

mereciere en adelante,

desde agora se le pone

premiar por solo saber,

y vuesarcedes perdonen.

Conque se suele acabar,

dejo para cuando nombren

zurradores, sastres, viejas,

zapateros remendones,

que entonces es bien se diga

con perdon de estos señores.

Finis