Texto digital de Premiar por solo saber
Data de publicação: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Premiar por solo saber. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/premiar-por-solo-saber.
PREMIAR POR SOLO SABER
Jornada primera
Pag. 1
No sé que esté impresa.
+ Premiar por solo saber. El Rey Baltasar. Don Pedro. Don Antonio. } Príncipes. Ramiro. El Conde. Antonio de Nebrija. Por el Padre José de... Silvano, pastor. Bato, gracioso. La Sabiduría. La Lógica. Coros. La Ociosidad. La Justicia.
Salen Silvano y don Pedro de pastores.
¿Adónde te quieres ir?
A la corte, que estos riscos,
si un tiempo gustoso albergue,
ya son desiertos esquivos.
Ya la caza de las fieras
de mi tristeza desvío,
y de mi gustoso contento
venenoso parasismo.
No nací yo para el valle,
no sé qué espíritu altivo
alienta mi cobardía
para más nobles peligros.
Tengo barruntos de noble,
y aunque entre sayal nacidos,
son todos mis pensamientos
de nobles deseos hijos.
Pero ya es fuerza descubra
lo que en mi pecho escondido
tuve, abuelo, pues salió
de las regiones de niño.
Yo soy tu Pedro, aunque siempre
más que padre te he querido.
No se frustren, yo te amonesto,
te aconsejo, te aviso:
vive quien eres, y sean
seña de tu principio
noble, generoso, e ilustre,
son tus costumbres registro.
Al pie de un roble te hallé
entre una capa; testigo
de tu nobleza y linaje
con lo costoso y lo rico.
Cerca de ti vi una espada,
y en tu amparo compasivo
te llevé a mi pobre choza,
donde estás desconocido.
Ven, y tomarás la espada
que es de tu padre, e imagino
en cuya sangrienta hoja
se escriben muchos prodigios.
Mas ¿qué miro? ¡Santo Cielo!
acude a su ayuda, hijo.
Entra corriendo don Antonio y dice.
Pag. 2
Mis brazos serán Atlante
y sagrado a su peligro.
Éntrase Silvano corriendo.
dentro
No está difunto, ¡qué dicha!
Alienta, mas sin sentido.
Salen los dos con Don Antonio en los brazos.
¡Qué gallardo caballero!
¡Oh, qué venturoso he sido,
pues por mí vive este hombre!
Ya suspende el entredicho
el desmayo, y toda el alma
restituye a sus sentidos.
Es fuerza noble mancebo.
¡Ay!
Ya da vida a un suspiro.
Mas dudosamente vive.
¡Qué desmayo tan prolijo!
Llevémosle a nuestro albergue
en brazos.
De un sudor frío se cubre el rostro,
¡oh desdicha!, diligencia.
Vamos, hijo.
Llévanle en brazos.
Sale la Sabiduría.
Siéntase.
¿Hasta cuándo, injusto cielo,
seré blanco del rigor?
¿Siempre vive mi dolor?
¿Siempre muerto mi consuelo?
A vuestra justicia apelo,
la causa de mi desdicha,
ha de estar de mí entredicha,
porque dichosa nací,
y vendrá a ser para mí
infelicidad la dicha?
¿Que he de ser yo desdichada,
porque me hicisteis dichosa?
¿El ser discreta y hermosa
ha de servirme de espada?
¿Por ser de todos buscada
es delito en la mujer?
¿Tú no me diste el ser?
Pues a la razón te cito,
si es ser hermosa delito,
¿no será de tu poder?
Si solo es tuya la culpa,
no mía, ¿por qué razón
de tu culpable ocasión
no admitirás la disculpa?
Si el arbitrio no disculpa
para que avive el rigor,
¿dónde ayuda a mí el dolor?
¿dónde puerto a mi esperanza,
pues llega a ser desconfianza
lo mismo que fue favor?
A quejar cielos quisiera,
porque me tenéis aquí
tan extraña para mí
como del gusto extranjera.
Si es porque mi ser no diera
en manos del vulgo indigno,
será albergue más benigno
de un laberinto el encanto,
tanta fiera, monstruo tanto,
de mi posesión más digno?
¡Qué olvidada estoy de todos!
Ya ninguno me codicia
desde que vuestra injusticia
me enreda por tantos modos.
Ya los más cuerdos, beodos
del vino de ociosidad,
visto la dificultad
deste encanto tan horrible,
orilla de su imposible
desmaya su habilidad.
Y si hay valor tan osado
que al primer monstruo se atreve,
la gramática se muere,
no habrá quien le dé cuidado.
Mirar mi beldad y agrado,
sino quien sabe cierto
que con este solo acierto,
siendo antiguo en la esperanza,
ha de llegar con bonanza
de la dignidad al puerto.
¿Que no haya un príncipe tal,
que el cetro, mando y corona
no dé, sino a quien abona
de las letras el caudal?
¿A uno en años desigual
no mirará por herencia?
Cuando llega a mi advertencia
afán, civil desafuero,
llega el aliento postrero
de su vida, su paciencia.
Cesen los pleitos del alma,
con el feriado del sueño,
apacible desempeño,
dulce de los males calma;
ven, por un rato desarma,
mi pena, que a no tener
esta tregua el padecer,
este mal, esta sirena,
que un rato encanta mi pena,
no era cierto el perecer.
Duérmese y aparece Palas.
Encantada divina, bello encanto
de la deidad más libre y más segura,
bello hechizo de tanto
que rendiste a la son de tu hermosura:
¿qué perdidos enojos
malogran de las indias de tus ojos
perlas que, siendo tantas,
das alfombra de perlas a tus plantas?
Suspende ya la queja,
cesen las iras, los enojos deja.
Contra el benigno cielo,
ya su justo desvelo
tiene puesto en el mundo
un príncipe prudente sin segundo.
Baltasar, rey de Egipto, en quien dichosa
de divino y humano unión hermosa
venera el mundo, en su acierto admira
un Séneca prudente,
un Catón eminente,
Pag. 3
mas su severidad templó discreto,
sabe diestro sin quiebra del respeto
fingir de su deidad breves desmayos
templar sus luces, humanar sus rayos.
Este pues Rey tan sabio, y entendido
para hacerte dichosa, bien nacida
nuevo Licurgo, nueva ley intenta
que al gobierno, ni al mando mas atenta
ni de la ancianidad al alta cumbre
se suba ya con bárbara costumbre
por sola antigüedad, sino el archivo
de tu belleza y tu deidad cautivo
cautive este enredoso laberinto.
deja pues celestial planeta quinto
el llanto, y abre el pecho a la alegría,
que ya amanece a tu prisión el día.
Palas soy, de las artes inventora,
el día de tu suerte bella aurora.
Vase
y despierta la Sabiduría, y dice.
¿Es sueño, es fantasía,
de mi melancolía,
o verdad lo que escucho?
para creído es mucho.
¡Creealo pues el Cielo lo asegura!
porque recelare tanta ventura.
pareme oh para bien! mas, engaño
quede el contento, que se funda en humo.
Vase.
Salen el Rey con una carta
D. Ramiro, y el Conde.
¿Qué es esto, Ramiro? ¿a ti
te envían cartas de amor?
¿qué dama es esta?
Señor.
No te turbes, ya leí
la firma, y el sobre escrito.
Es amor solo en amagos.
De amor los niños halagos
son ya gigante delito.
¡y este pincel! que enmudece
más alto callando habla,
y con el silencio muestra,
de vuestro amor madurez.
¿Así los días gastáis?
los frutos de los engaños
en las flores de los años
bastarda planta lleváis.
lo que debéis decirle Conde
que esto le ha de suceder
primero debe saber
el como, cuando, y por donde.
Intimad la ley, que intento,
contra los siglos constantes
decreto de un Rey amante
de prudente regimiento.
Dadla a saber por ella
pronóstico feliz digno
y a quien se inclina mi estado
en mi camarín real
Vase.
Al punto voy, diré luego
la ley, pues ahí vos deja
agravio con lo que tardo
bella generosa rama.
del Rey laurel victorioso
que prodiga de victorias
son su luz, en los dos polos
ya sabéis como Aristóteles
prodigio pasmo, y asombro
hizo la Sabiduría.
parto de su ingenio hermoso
en un ciego laberinto
en la guarda de mil monstruos
que dificultan la empresa
y hacen la dicha de pocos.
y oculta toda peregrina
bella deidad de su rostro
pues de su beldad inmudable
hacen los siglos elogios.
Por lo fiero, y difícil
el laberinto asombroso
de gramática el azote
de retórica los tronos
de lógica los enredos
Física los rebozos
Las éticas los nudos
Política los modos
Monstruos nueve antes que el saber
haga destapar despojos
largos años de pelea
son para vencerlos cortos
solo diré que el Rey manda
que el que quiere de vosotros
ser Fénix de sus cenizas
y resucitado despojo
ha de conquistar valiente
del laberinto el estorvo.
escribiendo en sus hazañas
de Apolo, y Marte el diptongo
el más sabio será Rey
ni apoyarán los sobornos
ni el mayorazgo los años
ni de su nobleza el oro.
No le esmalta con las letras
y el que tuviere un adorno
aunque en los años menor
será mayor para el trono.
Esta ley nueva ala empresa
vaya pues D. Antonio.
si quieres subir al cetro
quita estorvos amorosos.
A Dios.
Vase.
Vete que yo quedo
libre de temores vanos
mayor soy que mis hermanos
de justicia el Reino heredo.
Sale la Ociosidad.
¿Qué ley es esta tan iniqua D. Ramiro?
tu sufrimiento, y paciencia admiro
duélete de tu vida tan sin suerte
que más retira a muerte
que reparar cavida
de tantas reprehensiones ofendida.
Pag. 4
A tu Padre severo
padastro de tu edad, que extranjero
vives de ti advertido!
con sus celos varios
con su gusto sordo
cuando mas lisonjero el viento en popa
tanta severidad, tal sobre cejo
tanta amonestacion, tanto consejo
si sales, si paseos
si riñes, si festejos
si alegre te entretienes
siempre enturbian tu gusto sus desdenes.
Esto es mudar al tiempo sus edades
no son temeridades
querer que la festiva primavera
de la vista elocuente lisongera
con conceptos de flores
cuando el prado galan la dice amores
funeste tan feliz bella comedia
de un triste invierno la fatal tragedia.
Mira un jardin a quien abril fecunda
o liberal, o prodigo le inunda
con vana tempestad de flores bellas
que mentidas estrellas
hacen el verde suelo
hacer azul aun abreviado cielo
de quien hermosa en cuna de plata
un arroyo o espejos se desata
apacible risueño, y lisongero
no será contrafuero
no será disonancia
que en dulce y apacible consonancia
que esta musica alegre de los rios
con elados enojos
con frigidos desmayos
se truequen en diciembre tantos mayos.
La juventud lozana
es primavera de la edad humana
pues pedirle a un mancebo el alarde
de su vida, de su valor, de un encanto
no es crueldad, injusticia, daño y llanto
salir desta tormenta al dulce puerto
del ocio, y del descanso
haga dulce remanso
de tantas pesadumbres la comedia
yo soy ociosidad que diligente
siempre a tu gusto atenta
en dulce calma resuelvo tu tormenta
vamos al laberinto
no faltaran delicias de Corinto
No quiero que te canses, ni fatigues
mas a rendir sus monstruos te me obligues
Allí por cumplimiento
quieto, alegre y contento
sin la vista de un Padre severo
seras sin trabajar aventurero
después alegre asombro de un rato
repara el daño
que contra el mayorazgo asi derribo
la iglesia te acierte a premio vivo
Tu razón me convence ninfa
y a vida tan dichosa
me alaga tu eloquencia
dichoso yo mil veces
que asi de un yugo tan pesado
de casa de mi Padre apremiado
hice que los mas floridos años
de todo gusto extraños
de la paz peregrinos
cesen los desatinos
de un Padre injusto con engaño y maña
fingiendo una patraña
que apoyara el favor de mis amigos
de mi valor testigos
a trueque de doblones
pues ya escuso negociar con dones.
Vanse los dos, y salen Don Antonio y Don Pedro
Cien mil gozos pecha y logra
ya el alma suspende quejas
contra los injustos ados
mis despeños y tormentas
agradezco a mis desdichas
pues con tu valor encuentran
Nunca miente el corazón
no se que secreta fuerza
me inclina a quererte amigo
entre suspensiones tiernas
al primer golpe la vista
saco amorosas centellas.
Viste tal vez dos gitarras
templadas de una manera
que si tocan a la una
sin que otra mueva las cuerdas
de la otra se responden
pues tales las almas piensan
tuya y mía, en quietud dichosa
las inclinaciones templa
un mismo influxo de astros
y consonancia de estrellas.
Dentro dize Bato
Tira, chota aca, hira
canta
Que bien se el mesmo demonio
mire yo argel y viva españa
chota aca, o malva sarro.
Sale a lo alto
Que me oyen, pisemos quedo
punto en boca que aquí cerca
un cortesano polido
con mi amo Don Pedro conversa
y si me oye cantar
solo a San Ginés me lleva
a la capilla Real,
para tiple de la iglesia.
Quiero escuchar lo que dizen
escondido entre estas penas.
escondese
Quiero que vengas conmigo
escucha atento mi empresa
digna de tu noble ingenio.
Como tu gusto me invoca
será muy conforme al mío
Una dama noble encierra
la que por sobrarle dichas
faltan ceros a la cuenta
Pag. 5
aquí cerca un laberinto
hermosa como discreta,
afable como entendida,
como noble linda y bella.
Su nombre, Sabiduría,
cuyas milagrosas prendas,
si por divinas suspenden,
por imposibles arredran.
Quien la posee está rico,
quien la alcanza tiene en ella
mucho que admiren los siglos,
mucho que envidia muerda.
Si una vez su luz adquiere,
no hay celosos que la ofendan,
pérdidas que la mal logren,
tiranías que la venzan.
Todo el mundo se le rinde,
todo estado la venera,
todo cuidado la busca,
todo corazón la pecha.
Y todos juntos publican
que el que a sus retiros llega
y goza de su imposible
tiene la fortuna llena.
Calla, que ya me hallo herido
de una tan oculta flecha,
que sin injuriar los ojos
llega al corazón su fuerza.
Tan sutil hiere en un tronco
un rayo que no se sienta
la corteza, y queda el alma
entre cenizas deshecha.
Qué celestial hermosura...
deja Don Antonio, deja...
a bonos de su deidad,
para batir mi firmeza,
rendida el alma le rindo
a su divina elocuencia.
Vamos, que de el laberinto
serán mi luz las tinieblas.
Sale Bato.
Arraca señor nos amo
adónde va, así me deja
por diobre plática ya
para amigo de espasdera.
Quién es este?
Un pastor
de muy razonada lengua.
Aguarde que también quiero
ir a prozar mi vaquera.
Quieres venir con nosotros
a ver la encantada bella?
Como aser?
que no tengo yo presencia,
talle y brío para ser
el marido de una Reyna?
Esta boca tan pulida,
esta nariz aguileña,
estos mofletes de rosa,
esta frente de azucena,
estas manos de cristal,
que destilan primaveras,
esta pierna a quien envidian
las osas y las resebas
esta heroica pantorrilla,
estos pies de vara y media
no le parece que pueden
enamorar aunque sea
la dama más melindrosa?
que si voarce conociera,
mi ingenio, agudeza y gracia,
este hablar de azúcar piedra,
este reír de rocín,
este mirar de frabuza,
este andar de marquizota,
y otras mil gracias que dejan
mi boca que es imagino
que es entre todas la Reyna
por lo grande y por lo abierto.
Vamos.
Vamos en hora buena,
que yo me pienso llevar
el recipe de la empresa.
Jornada segunda
Pag. 6
Salen Don Pedro y Don Antonio de Soldados, y Bato a lo ridículo.
Ya, Don Antonio, llegamos
al profundo laberinto
a quien de muros gigantes
sirven encumbrados riscos.
Que espesa niebla le oculta,
qué lóbregos escondrijos,
que aver su vista me causa
tu horror, desmaya mis bríos.
Pardiez que han de ser esgueba.
Unavo mis calzoncillos
y palomar la camisa,
quien Sancho panza me hizo,
por dónde quieren entrar,
que ni puerta ni postigo
se descubre.
Ay más escuro destino
que el nuestro.
Allí viene un viejo,
que es el portero imagino.
Oh bravo de figuras.
San Onofre, y San Benito
es, el viejo Nicodemus
qué rostro tan espantino
ver bu caro, agua bendita.
Éiganle los exorcismos
al alma de Zancarrón,
barba larga, y antojos
zapato ramplón, casquete
es sin duda, el ante Christ.
Sale Nebrija.
Quién se atreve a la ventura
que buscáis amados hijos,
queréis entrar al enredo?
ya vuestro intento adivino.
Dos galanes mancebos
Yo?
Vuestra patria?
Congo
que está expresa nuestro imán.
Seáis pues muy bien venidos,
que si los ojos no mienten
tenéis
Pag. 7
tener ingenios lucidos.
Si por mi lo dice
nunca tan fina por verdad ha dicho.
Son valientes los deseos.
A las espadas los fio.
Veamos las armas.
Tomad, que a vuestras manos las rindo.
Señor, aquí esta la mía.
Todos son aceros limpios.
Señor, asi Dios le guarde
muchos años los colmillos,
que mire la que yo tengo,
y me deje dar un chirlo
porque es donzella, y no ha hecho
mal al mandamiento quinto,
de oreja a oreja será nomas.
Dejad desatinos
y veamos la manceba.
Tome el acero mas limpio,
la gloria de Belianis,
la hija de Montesinos
será un asador,
la honra de los Roldanes
que mas de quatro cabritos
los paso de parte a parte.
Calla recio.
Lo que digo es toda verdad
y verdad de puro vino.
Que mal ingenio teneis,
vos sereis algun pollino.
Mirad, hijo, esta espada,
tiene muy gordos los filos.
A topado con morcillas,
que son gente del gordillo.
Al fin vamos a la questa,
seguidme que yo dirijo
los pasos en este enredo
gallico de muchos siglos.
Vanse.
Salen D. Ramiro y Ociosidad.
O que lozano florece
de mis años el abril,
dichosa Ociosidad soy,
porque a tu bando segui.
Mientras los otros se afanan
en tan miserable lid
me divierto, me paseo
quieto, contento y feliz.
Hallo amigos de mi gusto
que con halago sutil
suelen bizarros encantar
de mis penas el motin.
Todo es solaz y bureo
sin que tristeza infeliz
mal logre un punto el calor
de mi pecho juvenil.
Lozano que ayas hallado
logro al gusto prometo,
cada día creceran
las dichas de mil en mil.
Que necios son los que quieren
atrevidos combatir
un laberinto que incluye
mas encantos que Merlin,
vanos los días que gastan
en empeño tan pueril,
pues acabada la empresa
apenas saven salir.
Quien asienta en mi bandera
seguro puede dormir,
pasear, jugar, alegrarse,
gozar de la vida al fin.
Que te falta? que deseas?
Nada, si siempre va asi
como se despide el juego
que no hallo un maravedi,
y el naipe me dejo en cabras.
Ha de faltar un ardid
para estafar algun necio,
no tienes ingenio.
Si.
Y necesidad.
También.
Pues para saber vivir
el ingenio y la pobreza
es el mejor adivinador;
pide prestado, capea,
estafa, que es un mentir
el mas galante que usa
el mas noble Florentin.
Esta noche que has de hacer?
Hanme venido a pedir
una quadrilla de amigos
que con instrumentos mil
daran musica a una dama.
Bien me parece; seguid
de la juventud lozana
el mas dulce frenesi.
Vamos, que es tarde y me aguarda.
Pues en mi era el seguir,
que el mas atento cuidado
a tu gusto vive en mi.
Vanse.
Salen Nebrija, Don Pedro y D. Antonio.
Que ingenios tan peregrinos,
que estudiantes, que habiles,
aveis hallado salida
a mi laberinto ciego.
Bien estais en los principios,
bien se logra el magisterio,
y mis trabajos se luzen,
y pues ya os veo tan diestros
en la gramática, id
a los logicos enrredos
en buena hora, sin pasar
por rethoricos empleos,
porque no son necesarios
sus tropos para venzerlos,
y solo con mi enseñanza
teneis seguro el acierto.
Sedme pues agradecidos,
porque es de villanos pechos
olvidar a quien enseña
los primeros rudimentos.
Adios.
A dios mis hijos,
creced a prosperos sucesos
de bella sabiduría,
gozeis el dichoso centro.
Vanse.
Sale Bato con una arte.
Todo ha de ser musa musas,
bien quebrada cabeza tengo.
Duerma.
Pag. 8
Buena va voarze señor libro,
por mi vida que yo quiero
registrar otro mejor,
que esto en Nápoles inpreso
con fina estampa de Flandes
de quarenta y ocho pliegos.
Saca una baraja de naipes.
Esta es arte, y esta es vida,
amigo Bato, jugemos.
Siéntase.
Aquí seguros estamos.
Vade quinolas? no quiero,
porque es juego de lacayos.
Al truque? es juego de putos.
Al veintiuno? es de bobos.
Vaya al ali. Aquí le tengo.
Este es juego de mujeres,
y agora una cosa advierto
que las mujeres son locas,
pues para afeitarse vemos
que escogen el solimán,
y el ali para sus juegos.
Jugemos a la primera,
que es juego de caballeros.
Tome dos naipes voarze,
yo con otros tantos quedo.
Dos sotes al primer golpe,
Jesús, y qué mal agüero.
Embido yo siete blancas.
Si es con copas yo las quiero,
aunque sean siete azumbres.
¡Hai triste de mí que el viejo
asoma por acullá!
Esconde los naipes presto.
Recoge apriesa los naipes, y siéntase en cima dellos. Y saca una pierna, y comienzan a quejar.
Hai dolor de mis entrañas,
Jesús, señor, que me muero.
Sale Nebrija.
¡O qué simple de tres altos,
levántate majadero!
Señor, perdone otra vez,
porque en este pie isquierdo
me ha dado mal de costado;
si le plaze al señor maestro
diré la lición sentado.
Dila, tonto, soy contento.
Dime quál es el principio.
Aquello que es escomienzo.
No te digo, mentecato,
sino que me digas presto
lo que te enseñé en el aula.
Viejo mío, no me acuerdo
palabra de lo que dices,
que soi duro de cerbello.
Pues toma.
Dale un palo.
Jugemos limpio,
que no soy nogal que tengo
de dar el fruto con palos.
Pero eres grande jumento.
Que así, pasa adelante.
Mira que son tres los géneros.
Siete son, ya lo he entendido.
Qué tantos son.
Trecientos, y 24 millones,
nueve cientos treinta y medio.
Hay tan gran rusticidad
que esto sufra? por mi abuelo
que os pondré como amapolas
el circular hemisferio.
Vengan presto los tribunos,
alto, id al aposentillo.
Arrodíllase Bato, y dize.
Viejo del Preste, que calvo
abuelo de Nicodemus,
que para contar tus años
faltan a las cuentas ceros.
Por los dientes que te faltan,
por los que te quedan negros,
por tu tez de betunero,
por tu cara de abadejo,
así te veas pasear
caballero en un jumento
con plumas sin ser gallina,
con mitra sin ser San Pedro.
Con gastadores delante
y detrás con paramento,
aventándote las moscas
con un ventalle de cuero,
que no me azotes.
Traidor, ¿a mí injurias?
Yo prometo de no llamarte viejete,
Narciso, sol, y luzero,
cara de pasqua de flores,
perdóname.
No hay remedio,
pues no sabes la lición
os daré un calzón de ciento.
Levántase Bato, y ve los naipes.
¿Qué es esto?
Con el ayuda del miedo
he purgado el mal humor.
Vámonos de aquí al momento.
Tápese, señor, los ojos,
pu, pu, que mal guele.
Necio, ¿a mí me quieres dar marro?
Mira que soy perro viejo,
¿en esto el tiempo gastáis?
¿Qué os parece? recogedlos
y desplegad los calzones
que yo hos lo diré allá dentro.
Recoge los naipes llorando, y éntranse, y dize Bato.
Hay, hay, hay que me ha matado.
Vanse.
Salen Don Antonio, y Don Pedro vendados los ojos.
Hem! quae tenebrae, juro mi concho
bulons humanitatis ingruise
post diem purissima teterrima
noctem pates.
Intrincat animum mille nodis
gordijs, totaque mentem stringet
haec dialectica, vastusque per abismu
difficiliu occeanatum praecipitat
aut quidquid capio.
Pag. 9
Me quoque fugit
quod cumque vano melior
conamine.
Deficio
Ita me voluit a quo te honos
contencionis, sic ubi
dat gerendum tam fortiter langui
dus jubes eis? ubinam in difficul
tatibus emicat virtus?
Cupido quoque vetus sapientiae
extinguitur non aliter ad Heren
tem. Pigneus abicior: inanis
mentis caligines formenta, vera
abominor gramática, et eloquen
tia probo. scio constancius bis:
cetera valencioribus relinquo,
calces illa moesta haec vitrici
curriculo.
Voyme Don Pedro esto es echo
quieres seguirme.
Vase.
Jamás tengo de bolver atrás
que mora bronze mi pecho.
Don Antonio, no te mueve mi amistad
Sabio serás pero ingrato
en lo rústico de Oato
aseguro más lealtad
a Eolos.
Vuelvete en buena hora
que aunque por ti lo empeze
no deja el alma por ti
de seguir a quien adora
Airado el mar sus olas agiganta
Puebla de horrores todo el elemento
y hacer constelación del firmamento
La frágil nave su furor levanta.
En tanto asombro que el valor quebranta
el piloto no pierde el sufrimiento
que es de las olas fúnebre escarmiento
un desmayo infeliz en guerra tanta.
Noble nací, y a prueva de rigores
opóngase el furor, seré constante:
Llueva el Cielo desmayos, y furores
Ponga estorvo a mis pasos, soy amante:
Y contra mí se conjuren sus horrores
muro soy a sus iras de diamante.
Sale La Lógica.
Alienta joven gallardo
el vano temor sacude
no sepultes tus hazañas
en cobardes ataúdes.
A un brío determinado
no hay peligros que le injurien
que generosos alientos
pavor al peligro infunden.
Quién eres Pólux divino
que con tus divinas luces
en el mar de mis cuidados
gozosa quietud instituyes.
Quítasela.
Corta la venda.
La Lógica soy Don Pedro
que de escuras inquietudes
a nuevo puerto de luz
piadosa te restituye.
Con la espada de tu ingenio
con que pródigo discurres
cortaré los embarazos
de nudos indisolubles.
Los ojos que en el cautiverio
ciegos prisiones incluyen,
ya libres no habrá tinieblas
que por lóbregos acusen
Bella deidad que mil soles
en vez de rayos difundes
y ciegos con luz mis ojos
a nueva prisión induzes.
Permite que agradecido
tu blanca mano salude
que despliega de azuzenas
animado mucho dulze.
Levanta cortés mancebo
y a mis aras constituyes
desvelos para mi gusto
más lisonjeros perfumes.
Esta damasquina oja
tu gallardo ingenio empuñe
bella exalación de acero
que por el aire discurre
No habrá enredo que no corte
ni facultad que exceptúe
verdad que no des en tierra
opinión que dificulte
No desmayen en la empresa
tus airosas juventudes
cuando bajel ingenioso
cien Sirtes mares surques
Pag. 10
Aunque de tus navíos
dos voraces avestruces,
Escila y Caribdis se opongan,
medios humildes excluye.
Aunque soberbias sus olas,
hechas gigantes azules,
aspiren a ser estrellas,
enseñadas a ser nubes,
ni su amenaza te espante,
ni sus bramidos te turben,
que me llevas por piloto
de tantas solicitudes.
Qué de peligros te esperan,
aunque tu pecho fluctúe,
qué de enredos te conjuran
a que tu intento se frustre.
Alistado de mis rayos
el peligro no excuses,
no temas los laberintos,
que aunque espantan no confunden.
Yo te llevaré seguro
a los males que encubren
de bella sabiduría,
hermoso, galante numen.
Ánimo, que si valiente
feliz intento concluyes,
eternidad se apercibe
que tus victorias divulgue.
Lógica, deidad sagrada,
quién habrá que no se ajuste
a los pasos que adiestras,
quién habrá que no triunfe.
Aunque repare sus iras,
aunque enredos asegunde
este laberinto, en vano
mellar mi pecho presumen.
Que mis ardientes deseos
alma de diamante incluyen,
y ha sudado ser inmoble
contra los golpes ayunque.
Vase Don Pedro.
A ellos, noble mancebo,
aunque por tus pasos cruces,
desharás con esta espada
peligrosas multitudes.
Vase, y suena dentro ruido de pelea. Sale Don Pedro solo con la espada desnuda.
Laberintos enredados,
chusma de entes de razón
que no tenéis otro ser
sino el que el ingenio os dio.
Universales más rancios
que la memoria de Noé,
que todos sois tarabillas
fundados en precisión.
Predicables, que al flaco
del acento de una voz
os fiáis que os desfigura,
ya en caballo, ya en león.
¿Por qué os hurtáis a mi espada?
¿Dónde está el antiguo ardor
con que valientes ingenios
no ostentáis la confusión?
¿Dónde estás, materia prima?,
no apadrines la opinión
que fecunda la existencia,
que lo mismo ser te dio.
Si no te basta una forma
para resistirme hoy,
refuerza tu valentía
con la asistencia de dos.
Materia física o armada
de un intricado escuadrón
de predicamentos varios,
¿quieres vencer mi furor?
¿Dónde está el per se que tiene
tu sustancia, pues pensó
por sí solo combatir
los bríos de mi valor?
Accidentillo cobarde,
¿por qué ostentas tu blasón,
pues uno en cinco palabras
abusas consustancial?
Ve a dónde, ¿te has huido?
Que encubre adónde se huyó
tu presencia de la mía
sin tenerla cuando estoy.
Provocándote a pelea,
sin duda se desnudó
el hábito, y como Adán,
desnudo teme mi voz.
Continuo, infinito, raro,
eternidades, que sois
tan cobardes que a mi espada,
como trueno, hizo espanto.
Ya, cobardes, huís
el rayo de mi furor,
que me sobran ya victorias
cuando valor os faltó.
Entrase, y suena ruido de guerra y sale la Lógica con Don Pedro.
Alcides, alienta,
ánimo, Don Pedro,
que airoso peleas,
¡qué bravo, qué diestro!
Ya queda rendido
el continuo fiero,
ya de lo infinito
se apea el esfuerzo,
ya del tiempo alcanzas
el rápido vuelo,
ya el lugar ocupa
el lugar de muerto.
Ya de eternidad
el valor inmenso,
si no te conquistas,
le dejas suspenso.
Ya llegas, valiente,
del norte al extremo,
ya pisas la meta,
ya llegas, ya quedo.
Con mis tiernos brazos
enlazar tu cuello,
venciste, venciste,
bello Marte nuevo.
Calmen los trabajos,
y ya puedes contento,
después de las olas
deste mar soberbio,
cantar el celeuma,
tocar a sosiego,
ya de tus victorias
escucha los ecos.
Pag. 11
La sabiduría
ya rasga los velos
que eclipsan al sol
de su rostro bello.
Descúbrese una cortina, y aparece la Sabiduría sentada, y a su lado una silla vacía, y en sus manos una corona de laurel.
Qué asombro, qué pasmo
de belleza, el cielo
de sus perfecciones
es suma, y compendio.
Qué dudas, Alcides fuerte,
por qué suspendes el paso,
y con no sé qué dichoso escaso
te recelas de tu suerte.
Cuando por gozarte, y verte
del cielo de mi deidad
humano mi majestad,
asustado te retiras
y cobarde en lo que admiras
agravias a la verdad.
Arrodíllase
No son desmayos de fe
bella deidad mi tardanza
dudas sí de la esperanza
si soy digno de tu pie.
Confieso que agravio fue
cuando rayo tu semblante,
el no arrojarme al instante
pavimento de tus huellas
de quien las mismas estrellas
no son lisonja bastante.
Levanta que tu valor
te sublima a las estrellas
y a este trono, que con ellas
compite de más fulgor.
Deste laurel el verdor
a quien la naturaleza
hizo hidalgo en la fiereza
del invierno vengativo
ufano, soberbio, altivo
florecerá en tu cabeza.
Corónale, y siéntase en la silla y al sentarse, quédese sin hacer caso pasmado mirándole a la cara.
Qué miras tan suspendidos
los ojos tan insensibles?
Mil hermosos imposibles
que me roban los sentidos.
En tu rostro corregidos
miro floridos defectos,
de los rayos más perfectos,
mintió el lisonjero abril,
aprender de más gentil
hermosísimos conceptos.
Miro tanto de divino,
que queda en calma la fe
si eres mujer o ello fue
que es verdad su desatino.
Santo, bello, peregrino
que miente la facultad
poética en la verdad,
de la bella Cipria diosa
es en ti más venturosa
hermosísima verdad.
Si tan hermosa revista
la nube del cuerpo donde
el sol del alma se esconde
cuál será la luz oculta?
Ya el ingenio dificulta
agraviarte con finito
pues del humano distrito
es desdén tu perfección
y es ya deuda, y no blasón
medirla con lo infinito.
Siéntase, y quédase muy triste con la mano en la mejilla.
Bellísimo lisonjero
a no ser tan generosa
mi hermosura quedé hermosa
presunciones vitupero.
Con tu voz dulce jilguero
mudara de parecer
también sabe encarecer
tu elocuencia una hermosura
pero como tu pintura
fue pintar como querer.
Mas qué tristeza importuna,
tan de repente te asalta,
que eclipsa en mí alguna falta
el lleno de tu fortuna?
Deste contento en la cuna,
tristeza tierna enemiga,
nuevo Alcides te fatiga,
tan presto? o es estilo así
que mi vista engendra en ti
opinión que desobliga?
Qué hermoso a tu majestad, qué
bizarro desdén airoso
que ese desdén celoso
tanto hermoso tanto bello.
De mí mismo me querello
claro sol de nube ardiente
que causa tan excelente
como tu bello imposible
sea a mis ojos posible
con dicha tan diligente.
Que a la venturosa cumbre
de tu dulce posesión
subir tan sin dilación
es mi mayor pesadumbre.
Bárbara civil costumbre
villanos viles engaños
a costa de pocos daños
merecer una belleza
y avisarla de pereza
la esperanza de mil años.
Qué vulgar agravio fue
el hacer de mi ventura
tan común a tu hermosura
siendo aun tan ruda mi fe.
Corrido el amor se ve
al amaron consonante
cuando se mira triunfante
de tan pocas calidades
que no se dé eternidades
por merecerte un instante.
Pag. 12
Mucho obliga lo cortes
y amoroso de trato
sin celos de ser ingrato
ni de amor por interés
queda un tiempo, después
miras al Rey Baltasar
cuya fama singular
tanto mi gusto acaricia
que por tener del noticia
te tengo de acompañar.
vamos veras el real
de parte de mi palacio
donde mora mas despacio
lo curioso, y celestial
es emporio universal
del bien sólido, y estable
gozo, y contento inefable
alla en el vaso sabio
y porque se que le agravio
el mismo sus dichos hable
Jornada tercera
Pag. 13
Salen Don Pedroedro, y la Sabiduría
Ya de mi patria piso
soberana deidad, termino breve
en este alberge quiso
dar oriente a mi luz, el ado aleve
y en rusticos sayales
apagar de mi ingenio los fanales
O que circulo avaro
corto epiciclo de tu sol divino
como cupo raro
en el de tu valor tan peregrino
y a tan estrecha luna
el lleno se redujo de tu cuna.
Esquiva fue conmigo
la deidad inconstante; pues oculta,
con este pobre abrigo,
mi noble ser, mi condición augusta,
cuando a mi noble pecho
sirve el orbe capaz de seno estrecho.
Quisiera aver nacido
en la fenix del mundo Roma
cuyo valor subido
humilla Reinos, y coronas huy
y me pesa que falte
a mi ciencia, y valor tan fijo esmalte
Que sospecha tan grave
impones ahi ingenio de ingrato
pues el varon que sabe
y es en ciencias profundas emine
luce, con tal grandeza
que hace noche a la luz de su
a quien mi luz no viste
mendigo de la patria los honores
mas tu que mereciste
obtener mis divinos resplandores
a tu nativo suelo
haces sin otra luz, vistoso Cielo
Divino hermoso dueño
no el interés de honra es de mi gusto
la lisonja, y empeño
no, que en tenerte a ti por lo justo
solo lo busco y quiero
para sirva a tus pies de humilladero
el valor, amor, el fuyo
si ardor amante mía es de manera
que por mío se excluyo
un solo instante que sin ti viviera
pues fiera el homicida
de tu dulce memoria, que es mi asida.
Que sintieres, Don Pedro ignora
sin mi amor que es terno.
tu vista me enamora.
que es enormi.
arder un sol, la nieve
seras firme, y constante
tendre a mi vida de diamante.
Dentro el Rey.
Favor soberanos cielos
que voces tan dolorosas
Dentro D. Ramiro.
Piedad Cielos que me matas.
entre aquellas sombras
veo un bulto
Dentro Ramiro.
Ya me enviste
Alla mirarlo me arrojo.
vase
Santo Cielo que prodigio!
o que devidas mal logra
la furia de un Leon fiero
en cuyas garras, y bocas
miro, infausto cometa
tanta noble vida agosta.
Ay de mi que ya acomete
al que es de mi luz antorcha
el alma de mi pensamiento
detente fiera no rompas
dos vidas con una muerte.
Que bravo su brío acosa
que gallardo se defiende
que ferible le provoca.
Ya le mata. que desdicha!
ya le avencido, que gloria!
Que valiente que atrevido
que bien mi dicha blasona
de tenerle por amante
agradecido se postra
a sus pies un caballero
de cuya nobleza informa
lo precioso del vestido
el talle, agrado, y persona.
quien será que en solo verle
toda el alma se alboroza.
ya llegan los dos, que talle
que Majestad tan heroica.
Retirase la Sabiduría, y salen el Rey y Don Pedro
Otra vez sevan mis brazos
de tus hombros la corona
pues defendiste la mía
de fiera tan espantosa.
Quien eres mancebo fuerte
que en mi pecho se alboroza
el corazón con tu vista
y con violencia forzosa
eres iman de mi amor
el alma en calma dudosa
Pag. 14
es de deudas bien fundadas
confundida Babilonia.
Qué voces andan, Señor, sospecho.
Bien lejos queda, con gloria
de mi majestad, aunque
saber de vasallos, toda.
Rey soy de la sabia Egipto
Baltasar, de cuya heroica
fama no hay tan peregrino
lugar ni región remota.
Pues no escuche sus alientos
salí acaso, y a deshora
un bravo león encuentro
cuyas garras vencedoras
fueron fatales segures
mortal cuchillo de todas
las vidas que me seguían.
La mía también victoria
fuera de su bravo orgullo
a no ayudarme. Deudora
tienes la vida de un Rey.
La mía a tus pies postro.
Levanta, y dime quién eres
y esta dama bella, hermosa
cuyo sol entre una nube
de un velo claro se emboza.
De todo, Señor, doy cuenta.
Entre unas ásperas rocas
que vecinos al empíreo
son gigantes que le asombran
me crie diez y seis años.
Mas cuando el valor informa
es difícil desmentir
sangre noble y generosa.
Vine a revelar mi suerte
y hacer mi dicha dudosa,
sospechando que el sayal
solo era corteza tosca
y velo de mi linaje.
Hice a mi padre notoria
mi duda, en breves palabras
de mi nuevo ser, auroras.
Me dijo: Pedro, a tus dudas
responden en una hoja
del libro de tu prosapia
este acero antiguo toma,
creo que sea de tu padre:
Porque en una silva umbrosa
al pie de un roble te hallé
y a tu lado hallé esta hoja
y en ella escrito que eres
noble. Tú, Pedro, que hasta aquí
me has respetado por padre
no lo soy, no es esta choza
tu propio albergue. Tomé
esta espada que me adorna.
Muestra.
Dale la espada, y tomándola se turba el Rey.
¿Son sueños, o locas
fantasías de mi engaño
ilusiones fabulosas
las que miro en esta espada?
Mía es, no hay qué dudar; si una vez
duda en cosa manifiesta,
ya me viene a la memoria
de mi esposa la tragedia
las dichas unas con otras
se encuentran. Este es mi hijo
Alma, pecho, ¿qué te estorba
que no le abrace? mas no
el disimular importa
para mejor ocasión
¡Oh, qué verdadera copia
de mi valor tiene el hijo!
¡Cómo el alma se reporta!
qué presto se conocieron
las dos sangres; mal se emboza
la noble entre toscas peñas
mas con sayal se reboza
que su pensión tan notable.
Prosigue, el hilo no rompas
a la relación la hebra.
Dejé el sayal, y la choza
para venir a tu corte
con dicha más venturosa.
Porque cansado una tarde
entre floridas lisonjas
de una apacible floresta
libre de injurias fogosas
del sol, me senté en un valle
y oí desde una alta roca
despeñarse un caballero.
Llegué a socorrerle, tan airoso
que de un brazo de mi brazo
indemne al sagrado aporta.
Después de un largo desmayo
¡supe del, qué grande gloria!
que era el príncipe tu hijo
Don Antonio.
Como todas
mis desdichas en tus brazos
fin seguro quiero tomen.
Informéme de su ingenio
del saber íntegro, y las sombras
que ocultan a la sapiencia
y en una hazaña tan propia
de su sangre, y de la mía
seguíla, y en la derrota
dos bellos, bizarros Martes
a que en el valor exhorta
acometimos la empresa.
La gramática, y retórica
cedieron a nuestro orgullo
mas al embestir la lógica
enmarañados discursos
Don Antonio (perdona
si te ofende lo que digo)
Dilo.
Señor, las sombras
eran tantas, tanto el vulgo,
de tinieblas pavorosas
que se acobardó su brío.
¡Oh villano!
Quedé solo
invencible en los peligros
mi fineza, y vencedora
llegó con fin venturoso
desta Reina a la vistosa
morada, y real palacio
esta divina Deidad
esta es la Sabiduría.
¿Qué dices? Reina, y Señora
perdonad que como el velo
vuestra hermosura se emboza
aunque en mi pecho abrasa
no es mucho no os conozca.
Descúbrese.
Pag. 15
Descúbrese la Sabiduría y se arrodilla.
Baltasar generoso,
cuyo nombre famoso
publica con decoro
en vivas lenguas de metal sonoro
la Fama alada donde el Sol madruga
y donde lo huido de sus rayos
tristes apagan fúnebres desmayos,
permite que el honor que me levanta
sea corona tu dichosa planta.
Bella Reina del mundo,
como humillan tus rayos al profundo
levanta pues das leyes
a los más nobles reyes,
y es el mayor blasón de su corona
si lo sabio, y prudente los abona.
Alzad, a ver mis victorias
oíd las glorias que lo son las mías,
en ciego, triste laberinto
enlazado, y distinto,
con estancias, y enredos misteriosos
que infunden miedo a pechos valerosos
en mí misma vivía
ajena de alegría
vecina a la tristeza
viendo el olvido, y rústica pereza
de tantos pretendientes
en buscar mis retiros negligentes;
pues al pisar la raya
de lógico discurso se desmaya
la fuerza, y con villana cobardía
el empeño se queda en osadía.
Un día con el llanto de las quejas
cansada el alma los sentidos deja
y en los brazos del sueño
fiado el sosiego de sus penas dueño,
cuando a deshora desde el alto Cielo
con intrépido vuelo
vi surcar por el golfo de los aires
animado vagel con mil donaires
de brío, y gala, y a tu luz divina
adonde yo dormía se encamina.
Era el sexto planeta, Dios alado
que con divino agrado
nuevas me dio de aquesta fortuna
que en tu favor se aúna
la influencia del Cielo soberano
y en su gozo humano
pone realces de deidad sagrada:
un príncipe adornado de esta
prudencia, discreción, feliz jornada
este pues digno del vivir eterno
hace una ley que a ser se restituye
pues del gobierno y mayorazgo excluye
al que de ciencias, y de letras huye
el nombre que a su príncipe ennoblece
es Baltasar, de Egipto Rey augusto,
a cuya fama viene el orbe justo
dijo, y dejóme el sueño regalado,
y en el desengaño enterado,
y agora me ves a ti presente
para que entonces escriba tu piedad
que aqueste con los siglos sustenta
vivas eternidades.
Príncipe sabio, justo, generoso,
en quien miro dichoso
un traslado de Jove tan altivo,
que está mi ser en tu valor más vivo,
por ti vive mi gloria,
es hija de tu victoria
y mi memoria viva y esclarecida,
la tuya viva eternidad de vida.
No extrañéis, gran señora, mi cuidado
que ha sido muy menguado
que a hallar en mis vasallos
en quien hizo ya estragos
la pereza, el descuido, la ignorancia,
a mi dictamen ciega repugnancia
tuvieran, mas, y desde agora excluyo
dos hijos del estado, y estatuyo
con más rigor la ley que te ampara.
Qué prudencia tan rara.
Vamos señora a mi real palacio
donde quiero serviros más despacio.
Vanse.
Sale D. Ramiro con la daga des- nuda, y Octavio huyendo.
Muere fiera, pues corres
infame bandolero.
Este acero vengara mi frenesí
de tu vil, infame fuero.
Los pies me libren de ti.
Vase.
¡Qué tirana ociosidad,
sin verdad,
cuando te embuste creí
qué imprudente ceguedad!
Por ti malogré los días
y el tiempo en juegos gasté;
por ti fe,
seguí locas fantasías,
y fantástico quedé.
Por ti en dura esclavitud
me tiene el vicio arrogado
desdichado,
estragó mi juventud
en mil culpas desalmado.
Pasó, lamentable, ocioso
de mi juventud lozana
tirana,
me robas lo más precioso
que tiene la vida humana.
¡Ay, qué perdí la ocasión
de saberme aprovechar!
el pesar
lleva a pique el corazón
de tristezas en un mar.
¡O inútiles desengaños
que tarde me conocéis!
¡Cuando veis
mal logrados tantos años
entonces me amenazáis!
¿Qué dirá el Rey? ¡ay de mí!
¿como a sus pies llegaré?
¿qué diré?
si pregunta si vencí
qué le responderé.
Ramiro desdichado
infame caballero
del vicio prisionero
a qué mísero estado
pobre, y desconsolado
el vicio, y tu desdicha te han traído?
En qué abismo de males
con las perversas guías
de malas compañías
a tu honor desiguales
miserable te anegas.
Pag. 16
que vas al profundo de miseria y llagas.
hijo de tal tal
cobarde, afrentado,
expulso, y desterrado!
qué pena basta, qué afán?
qué castigo, qué muerte,
quién podrá dignamente aborrecerte?
Yo mismo con mis manos
cruel tirana furia
he de vengar la injuria
de pasos tan villanos:
yo seré el homicida
yo verdugo de infamia tan crecida.
Quiere se matar, y al alzar el bra- zo, sale don Antonio, y Bato, y detié- nenle.
Detente, detente hombre.
Qué rémora, o mi furia
fatal intento detiene.
Qué rematada fortuna
te obliga a tal desatino!
ay tan feliz coyuntura.
Don Ramiro.
Don Antonio!
Ah, tales locuras
tan pródigo de tu vida.
Deja, ah no interrumpas
mis castigos merecidos
que solo podrán mis culpas
purgarse en el mar de sangre
que de mis venas enturbie.
Qué dolor le ha recetado
el récipe de esa purga
bien merece que le den
el infierno por confuta.
Cesen los locos intentos,
y di, qué te atribula?
qué te da pena? por qué
la vida te es importuna.
Perdióme el amor
de la perdida hermosura
de la ociosidad infame,
de la Tisífone furia:
por ella me vi en las sirtes
de la mísera luxuria
mar amargo y engañoso
que tantas naves sepulta.
los peligrosos vaxios
que fácilmente oculta.
Gasté en juegos, y paseos
en regalos, y blanduras
lo más precioso del tiempo.
y como siempre se aunan
los vicios, y se encadenan
no paró mi disoluta
infame vida hasta que
el linage más alto injuria.
Juntéme con bandoleros
que viven de lo que hurtan
y este borrón a mi honra
eche, si bien está oculta
tan grande maldad a todos.
Mas, hay!, los vicios nunca
ni los pecados se encubren
corrida el alma, y confusa
quiere vengarse en sí misma
y pues la venganza es justa
vuelve el acero a mi mano
Don Antonio, o con la tuya
saca el alma apuñaladas.
Deja, deja, esas injustas
necias desesperaciones
si para ti no te excusa
para el mundo que no sabe
persona alguna tus culpas?
para Dios arrepentirte
no es esperanza segura.
Dios lo sabe
no es bastante a que me excluya
del Reino, y de mayorazgo
por su ley?
Ya está difunta
amas que tan poco yo
he logrado la ventura
y a ti no puede eclipsar
el lleno de tu fortuna.
Todo el alma restituyes
a un ser. Ángel, sin duda
has nacido para mí
cómo disimulan
los cobardes de uno
cuando con otros se juntan.
Volvamos los dos al Rey
y pues nadie nos acusa,
publicaremos triunfos
que de prisiones duras
queda ya libre la dama.
y si por suerte pregunta
el cómo, quándo, o el dónde
yo satisfaré a sus dudas
con lo poco que he estudiado.
Qué mentiras tan membrudas
Bato, si haces testimonio
te haré marqués?
qué?
Rehusas el partido.
Dios me libre,
callaré como una mula
callaré como una piedra
si desde aquí me aseguras
lo que costare de renta
con tan noble envestidura.
Diez mil ducados, lo menos.
En dinero?
Aún lo dudas.
A horros de media nata?
Sí.
No hay persona muda
que así calle como yo
Señor Marqués de trutulla
Don Bato de Tracisonda
el ponerse el don postizo
ya mi alma se endimuta,
y haré mucho del Don Diego
luego tendré baraunda
de lacayos y de pajes
un coche con dos mil barras
bellos tapices de Flandes
seis mil burros para rúa.
Hareme ricos vestidos
mas sin pagar las echuras
al sastre que los cosió,
que así los grandes lo usan,
y los chicos caballeros
y el mercader aunque venda
la casa a gritos, que aguarde
el zapatero que pida
bien el zapato, y que espere
Pag. 17
que le paguen la p. vida
el día de San Ciruelo.
Vamos que tienes facundia
hasta el día deste Santo.
Parezcos monge pecuda
cuando se asoma a la reja
sin estorvo de la escucha.
Vanse
Salen el Rey, el Conde, Don Pedro y la Sabiduría.
Hoy ha de ver Egipto en mi sentencia
en cuanto estimo su feliz gobierno,
quan de su parte tiene a mi prudencia.
Pues la común costumbre desquaderno
que al mayorazgo el gobernar vincula,
pues aunque[ue] inclina de mi amor paterno
la fuerza a Don Ramiro: se regula
la razón, que de el cetro, y la corona,
al que faltaren méritos anula.
Solo hago heredera la persona
que discreción, y ciencia la apadrina
y del ingenio la viveza abona.
Es su resolución muy peregrina
contra quien se conjura la costumbre
que solo dar el Reino determina,
y que suba del cetro a la alta cumbre,
el que vence a los otros con sus años.
Si hubiere de otros hijos muchedumbre
que lo merezcan, mas serán extraños
del cetro que sus méritos ganaron?
Otros Reyes también disimularon
Pues quieres que yo ajuste mi dictamen
con los que ciegamente se engañaron
Siglos eternos tu prudencia aclamen
Esta a ceder, ninguno me resista.
hace el Águila noble bruto examen
de sus hijuelos en la tierna vista
por ver quien de su sangre bastarda
si al mirar al sol ciego desista
y no vere sies ditono a mi línea
el que quiere gozar de mi apellido
y si el Águila al hijo que falsea
le excluye, le destierra de su nido
ajeno de razón, yo que la tengo
he de estar de sus luces suspendido.
Sale un Page.
Albricias señor, que ya
los príncipes han llegado.
Que dices?
ya se apean
a las puertas de Palacio
Abre mil puertas que en ellas
quiero que esteis retirado,
que con pompa así conviene
vaya sin tanto resguardo.
Vase la Sabiduría Don Pedro y el Page.
Salen Don Ramiro y Don Antonio y Bato.
Demos vuestra Majestad
los pies.
El esta despacio
y con que andara después.
Tomad primero mis brazos
venís con salud.
Cumplida.
Que bizarros, que gallardos
quien duda que victoriosos
merecéis eternos lauros
Contadme vuestra victoria.
Atropellando montes, que frente levantada
hacen a vientos, y nubes afrentas
vistos amenazar, subió a las mismas ruinas,
Pag. 18
Ostia nostra tenet diris horrentia formis
Gorgis nisi de fletis vallem penetrare negatur.
Prima fores servat tristi saevaque figura
Gramatice, tenditque plagas et retia circu.
Rethorice vultu coelos imitante serenos
blandiloquio nirem crudelis hyena
Pestilus et senior que se magis fingit amenu.
Mox coecis locies laberintis cincta labores
vera ferens plures liquit ad qua diversis undas.
Nunc vim contendit nunc fraudes docta perurget
seu vim seu fraudes jacet metuenda, sed ista
saeva licet nostros non substantia ad ortus
Cesserunt de illis placida nos valle potimur,
et sophia, per tot casus tua jussa sequentes.
Qué bien ha urdido el engaño.
Es hermosa,
es desdén
el sol más puro y bizarro.
Qué bien empleados sudores,
qué dulces son los trabajos
en término tan dichoso.
Háblele al oído.
Conde, atended a lo que os mando.
Señor don Antonio, escuche,
aquel toisón, marquesado,
me hace muchas cosquillas
con esos diez mil ducados.
Seguro estarás, si callas.
Al buen callar llaman Sancho,
yo me coseré los muslos.
El rey, oída, ha mesurado,
mucho temo.
Pierde el miedo.
La diligencia te encargo.
Vase.
Voy y vuelvo por el viento.
Mucho vuestros bríos alabo,
bien merecéis la corona,
¿y quién es este criado?
Señor, no pido los pies,
sino solo los zapatos,
el marqués de finita
es vuestro real vasallo.
Es un simple pastorcillo
que en el camino encontré,
tiene sazonada lengua
aunque simplemente canta.
No quitando la virtud
de los que me están mirando...
Callas, don Ramiro.
Señor, he sido más tardo
y oí los reveses a Antonio,
así que no era tanto
lo que sabes.
Tú mismo te has condenado
pues confiesas por mejor
a don Antonio.
Eso es llano,
como dos y dos son diez
y tres y cinco son cuatro.
Pues desde ahora le excluyo,
y doy el imperio y mando
a don Antonio.
Señor mío,
yo se lo aviso al rey.
No te des de entender.
Don Antonio es un romance arno
señor, sino que quien lo quiera
aquí está el billete en fin
que don Antonio adora,
y pues que te levantas
a dignidad tan suprema,
porque más has trabajado,
en esta conquista, dime
si otro fue más gallardo
de mis hijos, que no el tuyo
más hubiera penetrado
el retiro del saber,
y de cierto, y de lo claro
que te dejaría a ti
si fuera, y si hubiera acertado.
Salen el Conde, don Pedro y la Sabiduría ricamente vestidos.
Que es muy justo y merecido
que se premien los trabajos.
Conde, haced lo que os he dicho.
Escuchad, hijos bastardos,
¿pensábades hacerme espantajos
y ocultar de mis ojos
vuestra villana e infame cobardía?
¿Ver la Sabiduría
conquistar es por suerte
la que conquista vuestro brazo fuerte?
¿Pensábades rebozar con los engaños
tanto tiempo perdido, tantos años?
Fue para mí el ajeno, hoy pisado
primer umbral sagrado
del laberinto ciego,
cuando cobró el fuego
las espaldas sin darlas al trabajo
y con intento bajo
de curiosidad seguisteis las pisadas,
y don Antonio aunque con más grados
valiente seguisteis intento honroso
de la hiedra dejar lo enredoso,
y desmayar cobardes los temores;
y quisisteis, así me fía dar colores,
a tan grande vileza.
Así degeneráis de mi nobleza
que aguáis a aguardar de mi presencia,
la rústica bastarda descendencia.
Ninguno ha de llevar...
Llega,
Conde, a tu valor entrega...
Pag. 19
ni a morir, de Egipto el cetro, y la corona
Ilustre Rey perdona
si descortés resisto a tu sentencia
advierte la imprudencia
que este no es hijo tuyo, y se quejara
con razón todo Egipto si reinare
un extraño, teniendo naturales
hijos, que en sangre a ti son iguales.
Abrázale
Ya es tiempo que descubra amigo Conde
lo que en Don Pedro la fortuna esconde.
Eran de la edad del año
las juventudes más nobles
cuando los ríos se anegan
bello diluvio de flores.
Salí con mi esposa a caza
jamás gustoso deporte
sin temer de mujeres
apresuradas razones.
Tras un corzo diligente
que con alientos veloces
desengañado de ave
hizo dudosos los bosques
se alejaron los monteros
entre unos espesos robles
tan enredosos que asoman
la bajeza a sus fervores
quedamos la Reyna, y yo;
y sordos a nuestras voces
murió el sol, huyóse el día,
feneció su luz la noche.
A sazón tan inoportuna
sintió la Reyna dolores
de su parto, y animoso
mi cuidado la socorre.
En trance tan peligroso
mas tan valientes faiciones
ejecutaron crueles
en ella tantos rigores,
que un parasismo prolijo
eclipsó sus bellos soles
cuando un bello, hermoso infante
sus tiernas entrañas rompe
Recibíle entre mis brazos
al tiempo que resplandores
de una luz dudosa fueron
feliz de mis pasos nobles.
Seguíla por un espacio
mas de repente se esconde
y dejo mis pasos ciegos
en dudosas confusiones.
Sentí muerto entre mis brazos
el niño, que duro bronce
no se enternece de verme
falto de consuelo, y pobre
De improviso arrimo el niño
al pie de un ceñudo roble
y para poderlo hacer
dejé la espada que entonces
tenía acaso en la mano
mientras que le despide
el sentimiento mortal
de mi cara real huyóse.
La memoria de la espada
vuelvo culpando los dioses
quejoso de mis desdichas,
entre confusos horrores
de la noche ya oprimido
de dos relinchos feroces
de los caballos aportó
al fin a lugar adonde
mi esposa entre mil congojas
daba desmayadas voces
consoléla con palabras
animéla con razones
amorosas, ya que alegre
sufriese tan fieros golpes
de la madrastra fortuna
madre hasta allí. Preguntóme
por el niño que parió
contéle el caso, turbóse
lloró sus distintas luces
dióle la pena garrote,
tan fiero que por dos horas
entre mortales sudores
hecho un un parasismo
al fin huyó la noche
vino el día y al albor
mi espada y el sol conformes
a un tiempo me amanecieron
dos resucitados soles.
También dos, o tres monteros
acaso llegan adonde
hallaron de la tragedia
piadosas lamentaciones.
pocos desvelados linces
por mí dejó mi consorte
buscamos el muerto infante
mas entre tantos horrores,
ninguno pudo atinar
oyeron los cazadores
y a mi palacio aportamos
adonde el sol se me pone.
De mi esposa, con la pena
que unidos, y concordes
aun desdichado acometen
de males los esquadrones.
Este pues que veis aquí
este es que los pastores
allaron junto a mi espada.
no estaba muerto, engañóse
Mi turbación que al desmayo
juzgó fatales horrores
hoy nace un hijo a mi dicha
este hermoso bello Joven
Este Don Pedro es mi hijo
tanto enigma no os asombre
esta, la espada conoce
y más el alma conoce
que es centella de mi fuego
que es hijo de quien conforme
me da el valor que le anima
en todo al mío conforme
Este es el que valeroso
venció los monstruos enormes,
los encantos, los enrredos
que esa biduria esconden.
Dame los brazos Don Pedro.
no son imaginaciones
no son sueños los que escuchas
verdades sólidas oyes.
¡Qué dicha tan repentina!
Son quimeras.
Son traiciones.
Son encantos los que escucho
Pag. 20
En calma el sentido pone
esta dudosa lisonja,
oy se aumentan mis blasones
pues tengo un Rey por amante
que a sus pechos me incorpore,
a las voces de la sangre
que en los nobles corazones.
Sabio, eres el mas pequeño
y en tus años menores
te he de coronar por Rey,
pues solo llevas el nombre;
con tu ingenio y con tus letras
estos en años mayores
serán inferiores en brío,
y no merecen que les honre,
pues en su valor el mío
sangre real desconoce;
aprended a ser valientes,
dadme la corona, Conde.
Que aciertos, señor, los tuyos,
que altas resoluciones,
digno es su talle del Reino,
no habrá quien tu intento estorve.
Coronanle.
Su noble sabiduría
nueva gracia y ley al orbe,
leve trono de su diestra
su divinidad honore,
el Asiento por señor
todo se le reconoce.
Vivas, sol de estos años,
y la eternidad tu nombre
aclame, admire, eternice,
alabe, suspenda, adore.
Asi premies el valor
de los valientes Jasones,
que, conquistando mi hermano,
haras muchos vencedores.
El premio alienta los bríos,
por el emprenden los hombres
los mas dificiles rumbos,
y a mil peligros se oponen.
O maldita curiosidad,
corrido me voy a donde
ni me vean ni me oyan.
Vase.
O que yerro tan enorme
hice cuando desvié,
voyme a despeñar de un monte.
Vase.
Como nestos convearon
se hicieron mis valedores,
en pollo se ha quedado
mi marquesado, pardiez.
Señor, que le das a Bato?
Bato soy, no me conoces?
Yo terné de ti memoria.
Hiciéranme agora Conde,
siquiera después de mi
andara dos millones
de años, pues ya se acaba
la comedia, y seré noble
estudiante, y quedaré
como un triste fallecí.
Pues con que nos le den
el eternos años goce.
Señores, aquí da fin
la comedia, que si nombre
mereciere en adelante,
desde agora se le pone
premiar por solo saber,
y vuesarcedes perdonen.
Conque se suele acabar,
dejo para cuando nombren
zurradores, sastres, viejas,
zapateros remendones,
que entonces es bien se diga
con perdon de estos señores.
Finis
