testo digitale di Lucidoro aragonés (tercera jornada)
Data di pubblicazione: 22 agosto 2026
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- Attribuzione tradizionale
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- Juan Bautista de Villegas Probabile
- Genere
- Comedia
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- Transcripción automática de manuscrito
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- El texto procede de la transcripción automática de la tercera jornada de un manuscrito de la BNE (signatura MSS/17449/11).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lucidoro aragonés (tercera jornada). BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/lucidoro-aragones-tercera-jornada.
LUCIDORO ARAGONÉS (TERCERA JORNADA)
Pag. 1
BIBLIOTECA NACIONAL
Signatura MSS/17449/11
LUCIDORO ARAGONÉS
Biblioteca Nacional de España
Pag. 2
1.er papel
3.ª Jornada de Lucidoro aragonés
estaba dentro de Valiente Lucidoro y es distinta
Leg.º 29 - 17.449 11
Lucidoro aragonés.
De Juan Bautista Villegas
falta la 1.ª y 2.ª jornada.
Cotejar con Yy - 699 a
Valiente Lucidoro, y se sepa si es de Lucidoro aragonés.
Jornada tercera
Pag. 3
Disparan dentro algunos arcabuces y salga Lucidoro nadando con una cadena al pie y detrás de él los moros
¡Hombre a la mar!
Un esclavo
al mar.
Esclavo a la mar,
¿quién es?
Lucidoro el bravo.
Tiradlo, pues, a matar
y perseguidlo hasta el cano.
Disparan
¿Quién da voces?
Del esquife
traed a popa.
¡A lejalife!
Dadme el esquife y a tierra.
Gracias a Dios que ya en tierra
dejo atrás el arrecife.
Virgen del Pilar, señora,
de estos corsarios crueles
me librad, si ahora es hora.
Entrase.
Boga, canalla.
Proeles,
echadme en la playa agora,
en hombros de dos esclavos.
Salen por dos puertas los moros
Pues, ¿qué ha sido la ocasión
de este alboroto?
Un esclavo
que rompiendo la prisión
se echó a la mar.
Yo le alabo
por hombre de corazón,
porque en noche tan obscura
echarse a Dios y a ventura
a pasar el arrecife,
cosa que aun con el esquife
no deja de ser locura,
promete en fe de buen moro
gran corazón y, ¿quién era?
Pag. 4
El esclavo
Lucidoro.
El que ayer volvió a galera
valía su peso de oro.
Mami, si el que ayer volvió
como obligado quedó
cuando tú me lo fiaste
y en mi poder lo entregaste
porque era su dueño yo,
alabando el hecho honrado
de haberte vuelto a galera
dijo que volvió fiado
que yo libertad le diera
en premio de haber tornado.
Con cara alegre y serena
por más encubrir su pecho
y disimular su pena
dejó que en el pie derecho
le echasen una cadena.
Vino la noche y con ella
ocasión para rompella,
no sé cómo la rompió,
sé que a la mar se arrojó
y que a nado salió de ella
que aunque llegó hecho una sopa
de agua porque sin ropa
se arrojó desde el bajel,
dio a correr, y yo tras dél
salté al esquife de popa.
A las voces y al ruido
de mi alterada galera
tú que estarías dormido
saliste también afuera
y esto es lo que ha sucedido.
Por el sagrado Alcorán
de Meca que es don de esta
por Mahoma y por san Juan
y por los demás que allá
con él sentados están,
que es tan varonil el hecho
que me has contado, que ignoro
que haya de Grecia a este trecho
quien sino ese Lucidoro
y yo pudiera haberlo hecho.
Dicen de adentro algunos.
2
Moros en la costa. ¡Alarma!
¡Alarma, alarma!
Esta es arma
de atalayas.
¡Alarma!
Disparan dentro.
¡Alto, Morato, a embarcar,
que el pueblo está puesto en arma!
Escucha la artillería
de las torres.
Y perdemos
la opinión tuya y la mía.
Leva, ferros.
Calaremos.
Y ea, entenas.
Cía, cía.
Vanse y salen Miguel Barber, Martón, Lorenzo Pi y dos pintadores.
A ellos.
¡Caz, caz, caz!
Que se hubieron de embarcar
estos perros con la vida.
Y no era cosa sabida
que habían de hacerse a la mar.
Una poca diligencia
nos los quitó de las manos.
Yo me holgara en mi conciencia
ver si en saltear cristianos
o moros hay diferencia.
Sale Lucidoro.
¿Dónde me podré esconder
del enemigo poder
que me va siguiendo? ¡Ay, Dios!
¿Qué hombre es este?
¿Quién sois vos?
Este moro debe ser.
Date, perro.
Date.
Date.
Señores, cristiano soy.
Pag. 5
¿Quieres luego, perro, que te mate?
Date luego.
Ya me doy.
Diga el perro, es de rescate.
Señores, que soy cristiano
y no moro, aquesto es llano.
Pues ¿cómo está de ese modo?
Oídme y lo sabréis todo.
Nuestro lance ha sido en vano.
Yo soy un cautivo pobre
que, como si fuera cobre,
el hierro de esta cadena
la rompí y salí a la arena,
cortando el agua salobre.
Huime de la galera
de mi amo Morato arráez
y porque yo no me fuera,
Arnaut, que es otro arráez,
y él salieron afuera.
Al tomar ellos la playa,
descubriólos la atalaya,
y dando aviso al lugar,
pude de ellos escapar
mientras estaban a raya.
Aquesta la causa ha sido
que en tierra saltase el moro
y de lo que ha sucedido.
O este hombre es Lucidoro,
o la memoria he perdido.
Lorenzo Juan...
¿Qué hay, Martón?
¿Es sueño o es ilusión?
Martón y Lorenzo Juan
están aquí.
Sí, aquí están.
¡Oh venturosa ocasión!
Dadme, señores, los brazos,
que ya os conozco y no ignoro
que merezcáis mis abrazos.
Soy Lucidoro.
Ponnos al cuello mil lazos.
¡Oh valiente capitán!
Que detrás de tanto afán
hayamos llegado a verte.
Mía, amigos, es la suerte.
Vuestro el nombre que me dan,
mas ¿qué novedad ha sido
la que os ha juntado aquí?
Y de Jaca os ha traído
carecer, señor, de ti,
en quien nos has desluido;
que después que en Aragón
hubo cierta relación
que estaban sin capitán
en Jaca los que aquí están
sustentando tu opinión,
formóse un campo y salió
en nuestra busca el justicia
y encarándonos, nos cercó;
fue su estrella tan propicia
que allí nos desbarató.
Unos con braveza extraña
murieron en la campaña,
fueron presos también otros,
y escapámonos nosotros
pensando salir de España,
que para alcanzar perdón
del castigo que por ley
se da a nuestra sedición,
queriendo servir al rey
buscamos embarcación,
y por aquesto en Tortosa
estamos.
Extraña cosa.
Dios sabe cuánto me pesa
vuestra suerte, aunque con esa
será la mía dichosa,
porque con la ayuda vuestra
tengo de ir a Zaragoza.
Como gustes nos adiestra,
que de cuanto el alma goza
con verte daremos muestra.
Ven adonde te vistamos
y luego, así como estamos,
llévanos donde quisieres.
Pag. 6
pues nuestro capitán eres.
Muy justo es que te sigamos.
No sé con qué he de pagaros,
señores, tantas mercedes,
pues me dais en vez de daros,
honrar y pagarnos puedes,
no más de con abrazaros.
Vanse y sale Metrilo vestido de camino.
Contentos deseados,
deseos ya cumplidos,
dulce fin de un principio que fue amargo,
palma de los soldados,
digo de los sentidos,
que estuvieron en arma tiempo largo.
Bien podéis sin embargo
permitir que yo os goce,
si ya no es que mi pecho,
aún al estar tan hecho,
del bien que habéis de hacerle no conoce,
y como cosa extraña
en vez de remediarle más le daña.
Si el sobrado contento
suele a veces ser parte
para matar a un hombre de alegría,
no es bien claro argumento,
pues no muero de este arte,
que siento el bien en menos que debía.
Mas no ha pasado el día,
y aún podía acabarme
el contento de vella
cuando me llegue a ella
para adorar su mano y desposarme,
y tocándola es cierto
que volviese a esta vida, aunque esté muerto.
¡Ay locas fantasías
que me lleváis sin riendas
por incultos caminos despeñando!
¡Ay fuentes y aguas frías
que cruzando estas sendas
vais de mis disparates murmurando!
¡Ay aves que cantando
andáis remando en viento,
si vais también a Zuera
donde mi alma espera
decilde a mi señora lo que siento,
mas no la digáis nada
que yo mismo he de dalle la embajada!
Sale Pierres vestido de camino.
Quien trujera calabaza
a pesar del monte y la cuesta
que ya de sudor me cuesta
más que no vale su caza.
Es Pierres.
Sí, Pierres es
que lleve el diablo al camino
y al ladrón que por el vino
tan seco como me ves,
a este le llaman atajo,
llámole yo carretera.
Aun de Zaragoza a Zuera
no hay atajo sin trabajo,
y por aquesto imagino
que se dijo...
Sí, dirán,
mas también dice el refrán:
no hay buen camino sin vino,
y vemos que caminamos
sin beber a más de un' hora.
Yo haré que bebas agora
que cerca del coche estamos.
Agora es bien que se entienda
que fue acuerdo mal pensado
el habernos apeado
para venir por la senda.
Antes a mi gusto ha sido
buen rato el subir a pie
esta sierra mientras fue
el coche por donde ha ido,
que supuesto que ya es noche
y el frío podrá ofender,
no deja de ser placer
salir un rato del coche
y más siendo como era
el apearnos forzoso
Pag. 7
porque el camino es fragoso.
Si yo la bota trujera
poco lo hubiera sentido,
que bebiendo y caminando
vase el camino engañando
y en no beber soy perdido.
Ya poco puede tardar
en juntarnos con el coche.
Antes que venga la noche
nos podríamos secar.
Salgan los pintados y Lorenzo Juan y Martón encarando los pedreñales.
¡Qué gente es esta!
¿Qué digo?
¡Ténganse!
Tenidos somos.
Hagan presto la razón.
Sea san Pierres conmigo.
¡Dejen las armas o mueran!
Aquí el resistir es yerro.
¡Dejen las armas, o cierro!
Señor, demos cuanto quieran.
Señores, tomen mi espada
y no nos maten, por Dios.
Tres son ellos, somos dos,
y había más en emboscada.
Ahora, al fin, quiero lograr
la vida para ofrecella
a mi esposa, pues por ella
me he de dejar saltear.
Señores, tomad aquí
mis armas.
Agora venga
la cadena y cuanto tenga.
La cadena, veisla ahí.
Mirad si lleva ese mozo
algo que importe consigo.
Mi mala suerte maldigo,
pues dio mi gozo en el pozo.
Aquí unos zapatos lleva,
y son y son de mujer,
para quien habían de ser,
señor Adán...
Para Eva.
¿Qué son aquestos papeles
que lleva dentro del pecho?
De poco o ningún provecho.
Son libranzas.
Son cordeles
para atar dos corazones
en la fe del matrimonio.
Son, señores, testimonio
de unas amonestaciones,
y esotras son unas cartas
que escribe mi padre a un tío
de mi mujer, que ya es mío.
Por Dios que son cartas hartas.
Sí señor, son de otras gentes
que, porque el portador era,
conmigo escriben a Zuera
para todos mis parientes.
¿No las veremos?
Bien puedes,
y aun desnudarnos después,
como libertad nos des,
si eres tú quien la concedes.
Nuestro capitán vendrá
y él dispondrá de vosotros,
que no podemos nosotros
hacerlo y quizá lo hará.
Salga Lucidoro y Miguel Barber.
¿Qué gente es esta?
Señor,
dos hombres que a pie venían.
¿Resistiéronse?
Querían,
pero faltóles valor.
Esta cadena traía
y unos papeles aqueste.
Y aquestos zapatos, este.
Zapatos del alma mía.
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¿Y dónde van?
¿Y dónde vais?
A Zuera.
¿Y dónde venís?
De Zaragoza.
Mentís,
porque tan mal los tratáis.
Pintado, trátalos bien,
que este al menos en su talle
dice que es digno de honralle.
Y de servirte también.
Ya que vais a Zuera...
Por
saber, señor, mi venida,
voy, señor, a cobrar vida.
¿Estás muerto?
Muerto estoy,
porque ausente de unos ojos
a quien el alma entregué,
no es mucho, señor, que esté
muerto de muchos enojos.
Y voy, señor, a tornarme
en aquella edad primera
que tuve antes que muriera;
voy, señor, voy a casarme
con un sol, con una luna,
con un ángel voy a Zuera,
adonde un cielo me espera.
Y a mí una moza importuna.
¿Que a Zuera vas a casarte?
Señor, sí.
¿Y puedo saber
quién ha de ser tu mujer?
Bien puedes.
Quiero escucharte.
Glauro, un caballero honrado,
menos pobre que dichoso,
que la dicha y la riqueza
suelen andar juntas poco,
tiene por hija a Ariadna,
una dama cuyo rostro
hace a Diana morena
y negro a su hermano Apolo.
Pensé casarme, salimos
de Zaragoza, y de rastro
veníamos caminando,
y sabe Dios si gozosos.
Hasta que salí del coche
y con Pierres, este mozo,
subí por esta espesura
para divertirme un poco
mientras mi suegro en el coche
va el camino del arroyo.
Sucedió que entre estas peñas
nos asaltasteis vosotros,
que lo tuviera a desgracia
si el capitán fuera otro,
pero pues plugo a los cielos
aunque yo no te conozco
que fueses señor tan noble
como lo dice tu rostro,
si sabes lo que es amor,
y has oído el breve elogio
que de los míos te he dicho,
muéstrate en mí generoso;
deja que a casarme vaya,
pues cautivo no te importo,
y suelto, quizá algún día
verás que más que hablo obro,
y aunque era para Ariadna
aquesta cadena de oro,
como me des libertad
yo te la doy y perdono.
No permitas que me abrase
el fuego que enciende y soplo,
el ciego amor en mi pecho,
y por los ojos reboso.
¿En fin que a casarte vas?
Señor, sí, a casarme voy.
De celos rabiando estoy.
Si tu licencia me das...
Dime primero: esa dama
¿es muy hermosa?
Es un cielo.
¿Quiéresla mucho?
Recelo
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que nadie más que yo ama.
Tiene el amor en mi pecho
tanta abundancia de flechas
que de rotas y derechas
a mí me tienen deshecho.
Fléchalas en mí el amor
con una furia tan brava
que es mi corazón la aljaba
donde las guarda mejor.
Yo ardo, y con mil razones
en su amor, porque en mí siento
que trae fuego el casamiento
para encender corazones.
Y cuando mi ardiente fragua
la hallare tibia, luego
casado, una vez mi fuego
podrá calentar su agua.
Bien se ve que estás perdido
de amor.
¿En qué lo has notado?
En que de cuanto has hablado
cosa alguna has concluido.
No te espantes que el calor
del pecho enciende al celebro.
Ya por locura celebro
tanto fuego y tanto amor.
El fuego tiene poder
para convertir en Libia
la mujer más fría y tibia
y aun casada hacer arder.
Y así no es mucho que yo,
pues aguardo el bien del fuego,
que hable del fuego.
Reniego
del fuego y quien lo parió.
¡Tanto ardéis!
Es de manera
que me abraso, porque siento
fuego en mí.
Pues al momento
los desnudad.
¡Ropa afuera!
Veremos si el amor pudo
hacer tan gran desvarío
y si tendrá miedo al frío
estando un galán desnudo,
que ha mil días que deseo
ver si el amor da calor,
que aunque es efeto de amor
vive Dios que no lo creo.
¿Y el señor no se desnuda?
¿Pues estoy yo enamorado?
También estará abrasado
porque la nariz le suda.
Ea, quítese él la capa,
el vestidillo.
Señores,
en mi vida tuve amores
que me pasasen del sayo.
Ya está desnudo.
Así está
algo más desenfadado.
Toma una cuerda, Pintado,
y en ese árbol lo atá,
que quiero ver el efeto
que hace el frío en un amante.
Pues piensa que no es bastante
el frío a aquesto y sujeto,
ni el cordel que ahora impide
el viaje que llevaba
para hacer que un punto...
Acaba.
que un punto el amor olvide,
que aunque parezca calma
haberme el curso impedido,
muy poco importa el vestido
si está la llama en el alma,
y en parte estoy más contento
del tormento que me das,
pues así se verá más
lo que amo por lo que siento.
Desta suerte no te echo
mal ninguno.
Así es verdad.
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¿El mozo también atado?
Antes recibo provecho,
que como se echa de ver
al viento el antiguo roble,
con el tosco yeso el cobre,
la paciencia en el perder,
los átomos con el sol,
en interés la amistad,
la fe en la dificultad,
el oro con el crisol,
la buena vida en la muerte,
las hazañas por el nombre,
así se conoce el hombre
en sufrir la adversa suerte.
Muy filósofo moral
estás.
Helo estudiado
en aulas de mi cuidado.
Por eso saliste tal.
Agora, bien, quédate así
solo y filosofarás,
que solo mejor podrás,
que no si estamos aquí.
Y entre esas filosofías
que apetecen soledad
disputa de la entidad
de aquese amor que traías.
Queda con Dios.
El gabacho
quede con el Dios Cupido.
Menos sintiera el vestido
cuando estuviera borracho,
que el vino engendra una mona,
y con tomar monas hartas
como con ropa de martas
se abrigara la persona.
Y es el cielo tan contino
en hacernos desafueros
que con dejarnos en cueros
nos han dejado sin vino.
Bien dije yo que el diablo
nos hizo salir del coche.
Si tienes orejas, noche,
como ojos, oye lo que hablo:
no siento tanto la falta
del vestido y lo robado
cuanto siento el verme atado,
a que libertad me falta.
Suelto y desnudo, podía
ir consolado y lo hiciera,
pues libremente ir pudiera
donde estás, señora mía.
Descalzo, helado y desnudo
llegara a tu puerta y creo
que hiciera el ver cual me veo
lo que mi llanto no pudo,
que viéndome por ti tal
tú te dolieras, señora,
de mis males, y sé agora
que no te duele mi mal.
El viento sopla y me siento,
muerto de frío y de miedo,
y estoy atado, y no puedo
volver espaldas al viento.
¡Vive Dios, que me he de helar,
porque hace notable frío!
¿Dónde estás tú, sayo mío,
que me solías abrigar?
¿Dónde fieltro de sayal
te tiene esa gente impía?
¿Dónde estás, Linisa mía,
que no te duele mi mal?
Dice Glauro dentro.
¡Hao, hola, hao!
¡Cielo santo!
Señor.
Pierres.
¿Has sentido
una voz?
Voces he oído,
y de escucharlas me espanto.
¿Por qué?
Por qué puede ser,
que esta cuadrilla atrevida
vuelva a quitarnos la vida.
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Luego acostúmbranlo a hacer
cuando temen que serán
del que roban conocidos,
sin quitarles los vestidos
dicen que muerte le dan;
y puédese sospechar
que aquestos hayan creído
que los hemos conocido
y nos vienen a matar.
Sin duda que así ha pasado
y no se acuerdan do estamos,
y porque les respondamos
estas voces nos han dado.
Dentro grita el escudero
¡Hao, hola, hao!
A gritar
han vuelto otra vez.
Señor,
pues callar es lo mejor,
callemos.
No pienso hablar.
¡Hao, hola, hao!
¡Hao, hao!
Por acá.
¡Hao, por allá!
¿Do está la senda?
Acá, acá.
Encuéntrelos Satanás.
Sale el escudero por una parte y Glauro por otra
¡Válgame Dios!, ¿por adónde
puede estar aquesta senda?
El diablo senda te entienda,
que no sé do estás ni dónde.
Desta vez me echa de ver
que se va acercando a mí.
¿Quién va allá? ¿Quién está ahí?
Estantigua debe ser.
¡Válgame nuestro Señor!
El corazón se me arranca.
Allí está una cosa blanca
y por Dios tengo temor.
¿Quién va allá?
¡Hao! ¿Quién da voces?
Sabe Dios qué tal estoy.
¿Quién es? ¿Quién es?
Yo soy.
Gutiérrez, ¿no me conoces?
¿Es mi señor Glauro?
Sí.
Glauro, de oíllo me alegro.
Señor, aqueste es el negro.
¿Quién hablaba por aquí?
Pierres, señor.
¿Pierres?
Pierres.
Y yo, Metrilo.
¿Quiénes?
Metrilo es.
¿Y los crees?
Nosotros somos, Gutiérrez,
que estamos aquí amarrados
a estos árboles.
¿Qué es esto?
¿Quién desta suerte os ha puesto?
Vellacos desvergonzados.
Gutiérrez, desata a Pierres,
mientras desato a Metrilo.
Cómo ha sido aquesto, dilo.
De mi amo lo diréis, Gutiérrez.
Ciertos bandoleros fueron
los que, habiéndonos robado,
a los dos nos han atado.
¡Jesús, Jesús! ¿Que esto hicieron?
Y doy por muy bien perdida
la hacienda que nos quitaron,
pues por ella nos dejaron,
aunque desnudos, con vida.
¡Que consienta esto Aragón,
tan cerca de la ciudad!
Por Dios, que es gran libertad
y notable sedición.
Si pareciéndome a mí
que estaríais con la noche
perdidos, y de mi coche
no salgo como salí,
Pag. 12
os quedabais amarrados
hasta el día venidero
si ya no fuera primero
que el frío os tuviera helados
No es el frío, pero la ausencia
de mi querida mujer
podía, padre, ofender
faltándome la paciencia
porque el fuego del amor
que de Iola tengo en mi pecho
hace tanto que aun desnudo
estoy muerto de calor
Calor agora recelo
que de mí te estás burlando
porque estoy titiritando
y vive Dios que me yelo
Dalde esa capa, Gutiérrez
Eso sí, deme esa capa
pesar del viento que rapa
las barbas del pobre Pierres
Está bien
Muy poco pesa
¿no me echarán otra encima?
Y si el peso te lastima
Lástime y écheme esa
Ya vas muy bien arropado
Miren si sobra una manta
Gutiérrez, tú te adelanta
donde el coche está parado
y salte con él a cuesta
que nosotros nos iremos
de manera que lleguemos
primero por la ladera
que para el frío es mejor
el ir a pie que a caballo
el coche tienes de hallallo
Bien sé do aguarda, señor
Pues presto el paso adelanta
Esa manta nunca viene
Aquí manta, ¿quién la tiene?
Venga colcha si no hay manta
Vanse y sale Ariama y Linisa
Cánsate ya de llorar
que darás que sospechar
a tu tío y a tu primo
En menos, Linisa, estimo
su gusto que mi pesar
Con todo eso, si reparas
en mirar que aquesto es fuerza
yo sé que te consolarás
o por lo menos por fuerza
de haber llorado te hartarás
Cuán poco entiendes, Linisa,
qué cosa es llanto ni risa
pues me pides por factible
que no llore
Es imposible
Cuando hay ocasión precisa
que ni las cabras de rama
ni de flores las abejas
se puede hartar quien bien ama
Sale Leoberto y Persiles y Lisardo
Ariama
Tío y señor
Muéstrame agora el amor
que como a tío me tienes
pues me alegras y entretienes
con no mostrar tu dolor
finge siquiera un momento
que quieres al desposado
y me darás el contento
que siempre te he procurado
¡Ay, cansado casamiento!
Peor es, señor, tratalla
de ello si enojada
Pues ¿qué hemos de hacer?
Dejalla
que el desposado vendrá
y él sabrá bien consolalla
Mal, primo, de tu recelo
puede nacerme el consuelo
que si ausente me molesta
poco su presencia presta
para mi gran desconsuelo
Dice dentro Lucidoro
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Llama a esa puerta
¡Ah de casa!
Muchacho, mira quién es
¿Quién va? ¿Quién está en su casa?
Ya está
Abran aquí, pues
Mira tú lo que allí pasa
¿Quién llama? ¿Quién está ahí?
Sí, va
¿Quién es?
Abra aquí
¿Quién sois vos?
Soy un criado
de Metrilo
El desposado
Sí es
Corre a abrirle
Soy un viento
El desposado ha venido
Dentro todos.
El desposado
Al momento
esté todo apercibido,
pongan en esa escalera
dos hachas, ¿habéisme oído?
Luces, señor, hay afuera
Todos dentro.
El desposado ha venido
Toda la casa se altera
El desposado, señora,
sube ya
Ya sube agora
el desposado
Ya ha entrado
Dentro todos.
Ya ha venido el desposado
Él venga muy en buen hora.
Ariama, ¿estás en ti?
Mira que entra su merced,
alza ese rostro
¡Ay de mí!
Entra Lucidoro y Martón con los vestidos que quitaron.
Mándeme dar vuesa merced
las manos
Los brazos sí
Vuesa merced me conozca
Por su criado
y por hijo
es razón que os reconozca
quien muestra tal regocijo
Ya mi prima anda muy tosca
Deme vuesa merced licencia
para besar a esta dama
las manos
Esta obediencia
muestra quién sois
Ariama,
miradme y tened prudencia
¡Ay, Dios! Éste es Lucidoro
Mira qué cadena de oro
le ha echado al cuello
Señora,
conforme el alma os adora
está muy poco un tesoro,
y así tendréis por muy llano
que aquesta cadena ha sido
un humilde don tan llano
como el dueño cuya ha sido
Valga venir de esa mano
Si ella tiene algún valor
no es mío
Vuestro es, señor,
y por tal mi alma la estima
¿Ves, Persiles, ya va tu prima
cobrándole al novio amor?
Toda aquesa fuerza tiene
el matrimonio
Aquí hay sillas
Obedecerte conviene
Mas te alzas cuando te humillas;
mi hermano, ¿cómo no viene?
Forzóle a quedarse allá
cierta ocupación forzosa,
pero mañana vendrá,
que yo por ver a mi esposa
vine hoy
Muy bien está
Aquí traigo de mi padre
para vuesa merced aquesta
Dales las cartas.
Pag. 14
y para mi hermano esta,
y estas dos de mi madre;
cuánto tu vista me cuesta.
¿Has estado en Zaragoza?
No.
Pues ¿cómo aquí has venido?
Señor Pierres, ya no roza
pobre ropa.
Del vestido
está picada la moza.
Tate, ya entiendo el engaño:
aquesta, como aquí estoy,
es hembra de aquel picaño,
mas no seré yo quien soy
si desta vez no la engaño.
Háblenos vuesa merced
y guarde la bolsa.
¿Qué?
Que no nos dé las hebillas
y hablemos.
Lindas ardillas,
para entralla con buen pie.
Mi vida, por vida tuya,
que no soy tan descuidado.
Jure amores por la suya.
Sácale las hebillas que quitó a Pierres
Aquí te traigo el calzado
hisopo de mi aleluya.
¿Qué puntos?
Trece y llenas,
rebentaránte en el pie,
bien te las puedes probar.
Mira que el señor nos ve.
Pues vámonos al pajar.
El testimonio.
Aquí está.
Amonestáronse ya.
Así lo dice el papel.
Mi casamiento está en él
si no hay quien lo impida acá,
y así soy de parecer
que se llame a un escribano,
y como se suele hacer
en este reino la mano
nos tome a mí y mi mujer.
Alto pues, llámese luego
al notario.
Bien me cuadra
la ejecución de su ruego.
Salgámonos a esa cuadra
que es más grande y hagan fuego,
y los criados de casa,
mientras tarda el escribano,
pues su señora se casa,
se alegren.
¡Ay villano!
Diles, Pierres, lo que pasa.
Vanse y sale Metrilo, Glauro y Pierres
Aquesta es la casa, dame
Pierres, una capa.
A mí
me da la otra.
Titirití.
¿Todavía tiemblas?
Llame,
que me yelo, ¡Jesús!
Llame, señor, ¡pese a tal!
Tañen dentro y bailan
Canta, tañe Pascual.
Llama, Pierres, llama tú.
Señor, dentro están bailando.
Pues, ¿qué importa? Llama, hijo.
Miren con el regocijo
que nos están aguardando.
Salga Fabio.
Ya salí.
Señor, yo no sé bailar.
Tañen y bailan
Llama Pierres
Vuestra vuelta habéis de dar.
Linisa.
Salga a la ventana
¿Quién está ahí?
¿Es el señor escribano?
Somos escribanos.
No.
No.
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No, pues no puedo yo
abrirle.
Bailan y tañen
Salga Ariodano.
No nos conoció la moza,
vuelve a llamar.
¿Quién va allá?
¿Quién está ahí?
Salga acá,
capateta.
Bailan y tañen
Ande la loca.
Señor, búrlanse de mí.
Pues llama más.
Pierres.
¿Qué, señor?
Andad y sabe
quién da esos golpes ahí.
Señor, no soy Pierres yo.
Sí.
Pues dentro hay otro Pierres.
Quizá dijeron Gutiérrez.
Pierres entendí.
Y yo no.
Llama otra vez.
A la ventana
¿Quién va allá?
Sí va.
¿Quién es?
Quien Metrilo.
¿Qué Metrilo?
El de Cronilo,
¿hay más que uno?
Ése está acá.
¿Cómo es eso?
Mi señor
Metrilo.
¿Cómo se llama?
El marido de Ariama,
si así lo entendéis mejor,
está dentro.
¡Qué consuelo
para un hombre renegado!
¿Qué digo, señor criado?
Ábrame a mí, que me yelo.
¿Quién sois vos?
Yo, yo, y me llamo
Pierres.
Vos seréis Gutiérrez,
porque yo me llamo Pierres
y es Metrilo...
¿Quién?
Bailan y tañen
Mi amo,
y andad para chocarreros,
antes que os eche un ladrillo.
Baile otra vez Lizarillo.
Repícame esos panderos.
Para burla ya es sobrada,
vuelve a llamar.
Mi señor,
por Dios que será mejor
el irnos a una posada,
porque según lo que pasa,
yo apostaré los mostachos
o que venimos borrachos
o que no es esta la casa.
Vuelve a llamar.
Óigame,
¿de veras somos nosotros?
Pues, ¿habíamos de ser otros?
No sé.
Borracho, escúchame acá,
¿no soy yo Metrilo?
Sí,
muy bien te conozco a ti.
Pues llama.
Llamo.
¡Agua va!
¡Ay, que me ha helado los huesos!
Mojóte.
No me mojó,
sino que me salpicó.
Salga el notario con dos criados y una hacha
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Que él goce de sus sucesos,
que lo merece Leoberto,
y los deudos de Ariama.
Llama a esa puerta.
¿Quién llama?
Yo soy.
Señor, ya está abierta.
Salen todos y por otra puerta los bandoleros.
Vuesas mercedes sean bien venidos.
Vuesas mercedes, bien hallados.
Gócense los desposados
más diez veces que han vivido.
¿Qué estoy mirando?
¿Qué digo?
Estése quedo, o repare.
Que lo he de matar si hablare.
Calle, y sirva de testigo.
Sírvanse, vuesas mercedes,
de ser testigos agora.
¡Oh, hija aleve y traidora!
Calle, o disparo.
Bien puedes.
Como aqueste caballero
y esta dama juran ser
de hoy más marido y mujer,
¿quiérenlo ansí?
Así lo quiero.
Y yo, de mi parte, advierto
que legitimo a mi hijo,
y de mi mujer.
¿Qué dijo?
Lisardo es nuestro hijo.
Cierto.
Así pasa, Lucidoro
es de Lisardo padre,
y yo, Ariama, su madre.
El cómo sea, lo ignoro.
Yo lo diré. De Ariama
fui galán, y de doncella
tuve aqueste hijo en ella,
que es prenda por quien me ama.
Y como en ausencia mía
la casó Glauro, fui yo
quien a Berengario dio
la muerte que merecía.
Ausentéme y fui cautivo,
y no queráis más saber,
que vino a ser mi mujer.
Doblada pena recibo.
Calle.
Soltaldos.
Señor,
si es verdad, como será,
lo que nos cuenta, así está
casada Ariama mejor
que yo; claro es de entender
que nunca la pretendiera,
si aquesto que sé, supiera.
Jamás la tengo de ver.
Antes, señor, es razón,
pues el cielo así lo ordena,
que no te dé aquesto pena.
Padre de mi corazón,
yo confieso que mi culpa
es grande, pero, señor,
los yerros que hace el amor,
el mismo amor los disculpa.
Vesme aquí, donde obedezco
todo aquello que me mandes,
aunque por trabajos grandes,
bien a Ariama merezco.
Muévate el verme sujeto
a tus pies y tan rendido,
y si esto no te ha movido,
muévate, señor, tu nieto.
Ea, señor, que del suelo
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sin tu perdón no he de alzarme.
No tengo de levantarme
si no los perdona, abuelo.
Su confesión los abone,
y perdonaldos, hermano.
Abuelo, deme la mano.
Jesucristo los perdone.
Vivas mil siglos, amén.
Sale el Escudero.
El coche está aquí.
Gutiérrez,
seáis bien venido.
Y a Pierres
mal ladrillazo le den.
Pues, ¿quién es Pierres?
Yo soy.
No eres tú Pierres.
Fingido,
con su vestido lo he sido.
Oiga acá, al diablo le doy,
¿no es Pierres?
Mi bien, no es.
Miren qué tal me pusiera
cuando me llamó fiera.
Y dio fin el aragonés.
Va en 44 fojas escritas.
