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testo digitale di La sucesión del pecado

Data di pubblicazione: 22 agosto 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La sucesión del pecado. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-sucesion-del-pecado.

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LA SUCESIÓN DEL PECADO

Jornada primera

Pag. 1

Imprudencia Descuido Apetito El Hombre Recelo Temor Gusto Rigor de Justicia La Verdad, dos en uno El Amor

Sale a la ventana la Imprudencia de mujer, y abajo el Descuido de villano.

Imprudencia.

Descuido, di qué será

que el Apetito no viene.

Descuido.

Yo no sé quién le detiene;

descuidaré, que él vendrá.

No sé yo qué te ha desvelado,

ni qué te cause pasión,

teniendo en cada ocasión

tu descuido por cuidado.

Imprudencia.

He cobrado tanto amor

al Apetito, que le quiero

de suerte que por él muero.

Descuido.

No querer fuera mejor.

Mirad que aún dura el enojo;

no seáis tan loca y vana,

que me huele a la manzana

este amor del Apetito.

Imprudencia.

Con todo aqueso le quiero.

Descuido.

Con el Apetito sé...

Imprudencia.

Sí,

porque, en efeto, fue

Descuido.

aqueste el amor primero.

Pag. 2

Descuido.

Y así es mi afición tan fuerte,

basta el peligro en que os visteis;

¿no os acordáis que estuvisteis

por él sentenciada a muerte?

Imprudencia.

Muy mala razón me das.

Descuido.

Que no, que buena razón es esta.

Imprudencia.

No, porque aquello que cuesta

es lo que se estima más.

Descuido.

El hombre dino es mejor,

no es mejor a este querer,

pero siempre la mujer

apetece lo peor.

No será la mujer fiel

aunque el hombre sea más justo,

porque empece por mal gusto,

y así se queda con él.

Imprudencia.

Descuido, di, ¿quién te sufre?

no sabes lo que esto encierra:

el hombre me huele a tierra.

Descuido.

Y a mí el Apetito a azufre.

Imprudencia.

Quedo, calla, disimula,

de aquella afición pasada,

del Apetito preñada.

Descuido.

¿Y qué pariréis, la gula?

Entra Amor a la conquista,

despierta y abre los ojos,

que en verte dar con antojos

siento que pierdes la vista.

Imprudencia.

Ruido en la calle siento.

Descuido, ahora cuidado,

que mi Apetito ha llegado,

en cuanto quiero os consiento.

Descuido.

Mirad, mujer, qué imprudencia,

qué bien os dieron tal nombre,

guardaos del diablo y del hombre,

no le tentéis de paciencia.

Imprudencia.

Calla, que en eso me afrentas,

no te fíes de mí.

Descuido.

No,

que si una vez le engañó,

lo sabrá engañar docientas.

Sale el Apetito.

Apetito.

A mi Imprudencia he sentido

hablar y está en su balcón,

creo que tengo a ocasión

que no está aquí su marido.

El hombre, quiero pasar.

Imprudencia.

Este es mi bien. ¡Ay, señor!

llegad, no tengáis temor,

que muy bien podéis entrar.

Apetito.

Entraré de buena gana,

pues tu firme amor me adiestra.

Descuido.

Decidme por vida vuestra,

¿lleváisle alguna manzana?

Apetito.

¡Oh, vete tú!

Descuido.

¡Ah, falsa, astuta!

Apetito.

Ya de aquesto se olvidó.

Descuido.

Veis cuán caro le costó,

pues es perdida por fruta.

Imprudencia.

Descuido, ¿qué importa alerta?

Vase y queda el Descuido a la puerta.

Descuido.

No tenéis qué me encargar,

bien podéis segura estar,

que aquí me quedo a la puerta.

El cuidado me han dejado,

harto el dormir me resisto,

mas ¿quién en el mundo ha visto

al Descuido con cuidado?

Pag. 3

Descuido.

Aquí me quiero sentar

si podré al sueño vencer,

mas si se van al placer

no he de quedar yo en pesar.

Salen el Hombre y Recelo

Hombre.

¿Qué te parece, Recelo?

Tres días ha que fingí

hacer ausencia de aquí.

Duérmese

Descuido.

Adiós, vigilia o deseo,

que ya no puedo sufrir

el sueño que me fatiga.

Recelo.

No sé, Hombre, qué te diga.

Hombre.

¿Qué me quieres ya decir?

Recelo.

Yo tengo intención honrada,

porque mal me ha parecido

que estando ausente el marido

la mujer sea visitada.

Hombre.

Mucho mi sospecha crece.

Recelo.

Hombre, porque tu honor celo,

te hablo como recelo;

mira tú qué te parece.

Del apetito el querer

créeme que es infinito,

pues mujer con apetito

di qué bien te puede hacer.

Si de aquella vez primera

que fue hallada en el error

donde te quitó el honor

a tu amistad no volviera,

tú tuvieras más contento,

que no habrá mujer ninguna

que perdonándole una

deje de hacer hasta ciento.

La enmienda será excusada,

porque quisiste tú hacer

con enemigo y mujer

amistad reconciliada.

El toro bravo y furioso,

la onza, el tigre, el león,

con ser fieras sin razón,

el rinoceronte, el oso,

serán a tu imperio más bueno

todo lo sujetarás;

y a una mujer no podrás,

porque no sabe de freno.

¿Qué tiene esta hija de Eva,

que es hija de madre en fin,

que a tu padre llevó al fin,

que esta sumisa te lleva?

Hombre.

Recelo, pesado eres,

no apures más mi paciencia,

que si ello viene de herencia,

excusallo es por demás.

Recelo.

El mal del pasado estrago

sabio sucedió en ti.

Hombre.

Y así lo tomo por mí,

pues que yo también lo pago.

Aunque aquesto no me cuadre,

tomé las obras del nombre,

y así me llaman el Hombre,

de la suerte que a mi padre.

Recelo.

¿Qué tiene, Hombre, esta mujer,

que así a sujetarte viene?

Hombre.

No me dirás lo que tiene,

antes es por no tener.

Y esto hace que me venza.

Recelo.

Pues di, ¿qué no tiene?

Hombre.

Amor,

ni para con Dios temor,

ni para el mundo vergüenza.

Está de sí tan liviana

que si acaso se compone

Pag. 4

Hombre.

En las mejillas se pone

el color de la manzana,

no quieras saber más mal,

que con aqueste apetito

ha hecho gala el sambenito

del pecado original.

Vivo contigo, Recelo,

que estoy por aquel pecado

por el mundo pregonado,

y afrentado por el cielo.

Perdí a la gracia la palma,

y esta mujer lo causó;

que el honor que me quitó

no fue menos que del alma.

Si el alba ríe, es de mí,

y cuando murmura el viento,

dice en el último acento

el honor que ya perdí;

y las aves que fasta hoy

me cantaban, ya no entonan;

que, en vez de cantar, pregonan

por este mundo quién soy.

Recelo.

La mujer, hombre, es villana,

y el que ha entrado por su amor

no lleva de ámbar el olor,

sino de azufre y manzana.

Y a esto hemos venido a ver.

Hombre.

Déjame, Recelo, entrar,

que juntos han de cavar

el apetito y mujer.

Recelo.

¡Muera y cobra tu honor!

Hombre.

Pues puedes cobrarle agora,

ven y muera la traidora

con el aleve traidor.

Vanse y dispierta el Descuido.

Descuido.

El sueño ha sido pesado,

el velar, que bien se advierta;

mas ¿quién ha abierto la puerta?

Por la ventana han saltado.

Dentro.

Recelo.

Adentro me quiero entrar.

Descuido.

A esconder, que el hombre suena.

Salen Apetito e Imprudencia de las manos huyendo.

Apetito.

Sígueme aprisa y sin pena.

Imprudencia.

Camina, que bien sé andar.

Vanse.

Dentro.

Hombre.

No quede criado a vida,

esmalte su sangre el suelo,

míralo todo, Recelo,

todos se han puesto en huida.

Recelo.

Coge, Recelo, la puerta.

Salen Temor y Descuido huyendo cada uno por su parte.

Descuido.

¿Adónde me esconderé?

Temor.

¡Triste de mí! ¿Dónde iré,

quién va?

Descuido.

Mi muerte está cierta,

suba.

Aparte.

Temor.

¿quién es?

Descuido.

El Descuido soy,

¿tú quién eres?

Temor.

El Temor.

Descuido.

Sal, que aquí suena rumor.

Temor.

Yo soy muerto.

Descuido.

Muerto soy.

Sale el Recelo y el Hombre.

Recelo.

Hombre, aquí la razón venza.

Hombre.

¿Quién va?

Temor.

Somos dos criados,

que aquí estamos desviados,

con más miedo que vergüenza,

esperando tu rigor.

Pag. 5

Descuido.

Aquí acabamos los dos

Hombre.

Temor no eres el de Dios

pues has salido traidor

ya que los sentidos quedan

en su sangre revolcados

por criada mal criada

los que los mataron mueran

Temor tu que no temiste

pues sin temor te arrimaste

y tu que te descuidaste

descuido pues te dormiste

Moriréis pero primero

descuido y tu vil temor

dadme cuenta de mi honor

y la mujer por quien muero.

Quien llevó a mi honor la palma

quien con vivo amor excedo

ved que me miran los cielos

y tengo afrentada el alma

responded a esto todos

adónde está esta mujer

que así me ha hecho perder

todo el crédito con Dios.

los árboles se conjuran

y hacen para darme enojos

de las hojas lenguas y ojos

y me miran y murmuran

Que de los vientos heridos

tiemblan cual yo a temblar vengo

que en árbol fue el daño y tengo

los árboles ofendidos

Fue el delito tan villano

que al verme en estas congojas

están temblando las hojas

que son hojas del manzano

Aqueste el tálamo fue

donde con el apetito

la mujer hizo el delito

adonde el honor manchó

Inobediente a Dios fui

por la mujer ved que guerra

que hasta mi madre la tierra

tiembla por ella de mi

la tierra con sus lamentos

mis penas siente inclemente

y así llora con sus fuentes

y suspira con los vientos

ya mi honra se ha acabado

y ha afrentado mi nombre

que si está afrentado el hombre

todo el mundo está afrentado

Descuido.

Pasito hombre hablemos bajo

que la historia sé bien yo

comisteis lo que ella os dio

y no de otro trabajo

bien sabemos como pasa

daos de comer la mujer

y no sabéis entender,

quien entraba en vuestra casa

no aguardes componello

ni digáis que fue desdén

que el comer os supo bien

y consentisteis en ello

de mi os quejaréis de vicio

si os faltó la mujer hoy

bien veis que descuido soy

y que yo he hecho mi oficio

si os llevó vuestro enemigo

la mujer tened querella

de vos o culpadla a ella

y no os disculpéis conmigo

vos pensabais ser rey

y la engañosa culebra

os ha llevado a ginebra

que es donde viven sin ley

yo os he dicho la verdad

que conozco a la mujer

Pag. 6

Hombre.

por libertad y comer

para cualquiera maldad

todos afrentan al hombre

Temor.

qué me dices tu Temor

que te llames pecador

y que te mudes el nombre

Hombre.

pues yo desde hoy te prometo

que el nombre me he de mudar

pecador me he de llamar

en público y en secreto

llámenme pecador

pues lo mismo es afrentado

hasta que esté restaurado

mi nombre con otro nombre mismo

y los que aumentáis mis duelos

y me renováis la afrenta

Descuido.

probarás la sal pimienta

del amor que son los celos

vanse

Hombre.

Recelo sabes qué intento

enviar hoy desde el suelo

al entendimiento al cielo

llámame al entendimiento

Recelo.

dónde está que no parece

Hombre.

pues llámame a la razón

llevará una petición

al cielo que se me ofrece

Recelo.

A ninguno de los dos

veo

Hombre.

pues llámame al pensamiento

que corre por posta al viento

después que ha dado en correo

él dirá lo que en mí encierra

las alas se le han quebrado

Recelo.

que es pensamiento pesado

porque no sale de la tierra

pongamos entre los dos

balas de fuego y tiros

de lágrimas y suspiros

que llegaron hasta Dios

Hombre.

no alcanzaron desde el suelo

yo sé bien que alcanzaré

que una bala de mi pesar

romperá el muro del cielo

y entrando allá proponer

que aquí mi intento se funda

que ya rompió la coyunda

y anda suelta la mujer

y dejarle satisfizo

así libre voluntad

con alas de libertad

que la ate Dios si la hizo

Que quiero vivir sin ella

por que ella fue mi homicida

por ella perdí la vida

y tendré vida sin ella

a la libertad celebro

no la sujetaré yo

porque sabed que tomó

las vueltas de la culebra

Si animal soy racional

y a la del ser degenera

que se ha convertido en fiera

busque otro fiero animal

Aunque vuelva ya sin manos

igual culebra es de temer

démelos Dios sin mujer

y deme treinta manzanas

viviendo solo por mí

no responderé a Dios yo

que la mujer me engañó

ni ella la culebra a mí

Bien por que quiero enviar

luego al tribunal divino

el pleito

Pag. 7

Recelo.

En tu camino

te tengo de acompañar

Hombre.

Si quieres tanto ligero

pretende cogerlos juntos

hacer dos vivos difuntos

de la muerte

Recelo.

tengo miedo

que si la llegas a hablar

a esa adúltera mujer

que a su amor has de volver

mira que sabe hablar

como recelo te quiero

antes avisarte el mal

por que el amor natural

es muy grande hechicero

Hombre.

Recelo no te desmandes

Recelo.

diráse pues mal me pagas

por ti casamientos hagas

que con él a pleito andes

Hombre.

Disfrazado viene

Recelo.

por mí

pues qué gustos vamos con Dios

Hombre.

a verlos si veo los dos

mas si te ven ay de ti

Recelo.

Mudarme es muy mejor

Hombre.

pues ya mudé el ser hombre

Recelo.

cómo

Hombre.

pecador por nombre

ven que eres un pecador

Vase

Sale el gusto con tunicela de color de tierra y pin- / tada en ella muchas frutas, dos músicos, apetito saca / la mujer de la mano y en el tablado ha de haber / un árbol y a los dos lados dos bancos y muchas / manzanas en las ramas del árbol

Gusto.

A que este es gusto del gusto

quién le deja de gastar

porque es vida desmedida

y vida de libertad

Los músicos dicen lo mismo cantado

Gusto.

A quién se pone tasa

en gusto malo ni bueno

que es gusto libre y sin freno

donde el apetito pasa

aquí tiene el placer casa

y jamás entra disgusto

quién le deja de gastar

músicos dicen lo mismo

Apetito.

Este el tálamo ha de ser

que ha de premiar mi afición

que este manzano y blasón

que se pide en el pensil

el gusto del gusto veo

al tuyo digo apeteces

quieres exquisitos por peces

pescados en el leteo

quieres los negros tritones

de esa cama verde y cetrina

que el carro de Proserpina

tiran en vez de faetones

quieres preso por la cola

al serpentino dragón

do tiene asiento Plutón

sobre la rosada bola

quieres poner tus pisadas

donde nunca entró Latona

que este poner la corona

de triunfos en las hadas

Pag. 8

Gusto.

¿Quieres ver las negras pomas

donde el infierno se espeña

cuando por fiesta nos quema

inficionados aromas?

¿Quieres, Gusto, que decoro

que del preñado que encierra

haga mal parir la tierra

tire de lágrima y oro?

Gusto.

Eso es lo que no querrá.

Apetito.

Este tesoro no es harto.

Gusto.

¿No veis que si es de mal parto

que no se le logrará?

Yo sé los bachilleros

de las niñas de sus ojos

que son niños zenezosos

apetecen niñerías.

Apetito.

Daréle al mundo profundo

en su mano

prueba llano.

Gusto.

Dadle en la otra una manzana

y veréis si suelta el mundo.

Apetito.

Gusto, yo no la vendí.

Gusto.

No la vendí sino yo.

Apetito.

En mí no se comenzó.

Gusto.

Si vino a parar en mí.

Apetito.

O que si por mí repara

no apeteció y dejó a Dios.

Gusto.

¿Qué importa que no deis vos

si acaso no lo gustara?

Ya no fuera delito.

Apetito.

Apetito, bien lo entiendo

porque no gustar pudiendo

es vencer al apetito.

Imprudencia.

Al apetito le toca

llevar de aquesto la palma

porque me llegó hasta el alma

del gusto que dio en la boca.

Gusto dejen los enojos

su amargo en la boca está

desde entonces acá

come el alma por los ojos.

Gusto.

Pues si no soy menester

voyme que nada he perdido.

Imprudencia.

En efeto te has corrido

Gusto ¿y te sabes temer?

Gusto.

Sí, pues me desfavoreces.

Imprudencia.

Vuelve al placer primero

que al lado del que más quiero

corona y lauro mereces.

Apetito.

Quien causó aquesta discordia

ya se pondrá a ello remedio

tiene aquí pared y medio

suma y mueva la discordia.

Que consigo propia lidia

desbaratando el solaz

de quien altera la paz

porque es hija de la envidia.

Y para que se concluya

esta es la discordia humana

que no trata de mañana

y pensó que era la suya.

Sale el Hombre vestido en saco de sayo de argo.

Hombre.

Entra conmigo recelo.

Recelo.

Tienes de entrar recelando.

Gusto.

¿Quién sois los que vais entrando?

Hombre.

Juglares.

Pag. 9

Gusto.

venís a pelo

aparte

Hombre.

antes vengo a nivel

porque vengo tiritando

que de mudo y demudado

me han mudado hasta la piel

Imprudencia.

Placer tendremos un poco

los dos

Hombre.

bien dices en eso

que a ti en el juicio sin seso

te criaron me jura loco

Imprudencia.

cómo os llamáis

Hombre.

Pecador

Apetito.

pecador oh qué buen nombre

muy cerca estáis de ser hombre

Imprudencia.

dino ser diréis mejor

porque viendo lo que pasa

si hombre como decís fuera

en lo que estoy no estuviera

y castigara mi casa

Qué son del mundo recelos

Hombre.

pues majaderos decí

quién ha venido hasta aquí

que queréis que sea del cielo

Imprudencia.

en el mundo qué ha pasado

Hombre.

una nueva maravilla

que una mujer en tortilla

asiento a un hombre estrellado

Gusto.

era güevo de avestruz

Hombre.

bien entendéis las querellas

estrellado con estrellas

que en la gracia daban luz

no veis un manzano azul

decid quién este ha plantado

Apetito.

hermano este es un traslado

que dejó el original

Hombre.

¿y aquel manzano segundo?

Apetito.

Hombre.

crecerán los pecados

porque andarán mil traslados

según eso por el mundo

ved recelo lo que pasa

y si la mujer es fiel

pues en lugar de clavel

cría ya el manzano en casa

Imprudencia.

Quien sus dichos no celebra

llegaos hacia aquí

Hombre.

no quiero

Imprudencia.

llega

Hombre.

pues mira primero

si está por ay la culebra

que veo ciertos reflejos

y a la razón advirtió

que el árbol no es sino aquí

no anda la culebra lejos

Imprudencia.

oh pecador hermano

que una culebra teméis

Hombre.

sí porque no me la deis

que tenéis pesada mano

que otra como vos en calma

los sentidos me dejó

porque de una que me dio

tengo ronchas en el alma

no ha llegado ah al profundo

lo que a aquel hombre

Apetito.

qué es ello

Hombre.

que con la manzana al cuello

le ahorcaron por el mundo

Apetito.

y qué quieres te declarar

Pag. 10

Apetito.

¿Quién eres?

Recelo.

¿Buscas disgusto?

Hombre.

Soy almotacén del gusto,

que el placer tengo a pesar.

Vengo, que hay una querella,

¿cómo declaradme aquesto?

Apetito.

¿Qué pesáis?

Hombre.

La fruta peso,

que diz que engañáis con ella.

Pesa el gusto, que cargado

está hasta el corazón,

y al peso del carbón

que es para mí muy pesado.

Dais noramala por buena

la fruta que está en el suelo,

y el fiel que pesa en el cielo

os tiene escrita una pena.

Ya descuelgan un cordel

desde el cielo, no es malicia,

con el peso de justicia

que le han dado a San Miguel.

Gula, gusto y apetito

es lo que agora a pesar viene,

y yo sé que alguno tiene

el corazón tamañito.

Recelo.

Mira que andas ya atrevido.

Hombre.

E importuno y necio estoy.

Apetito.

¿Y quién vendrá a pesar más?

Hombre.

Quien más hubiere comido.

Apetito.

Dime qué has imaginado,

¿pesaré mucho?

Hombre.

¿Y cómo?

Apetito.

¿Por qué?

Hombre.

Porque coméis plomo,

por fuerza seréis pesado.

Mujer.

¿Y yo?

Hombre.

Ambos sois iguales,

aunque la mujer liviana.

Mujer.

¿Qué pesará una manzana

que comí?

Hombre.

Cien mil quintales,

y no lo podré sumar.

Súmelo el peso del cielo,

que no hay pesar en el suelo

con que poderlo pesar.

Apetito.

Pongan el mundo de porfiado,

por pesar y dar ventaja.

Hombre.

¿No veis que el mundo es de paja?

¿Qué ha de pesar el mundo?

Cual la manzana es redonda,

el mundo no se os alcanza.

Pusiéronle en la balanza

y sopló el aire y dio al fondo.

No pudo hacer firme asiento,

y del viento arrebatado,

por eso, sabéis, ha andado

hecho pelota de viento.

Como es de tierra labrado,

al caer se aportilló

el mundo, y va en trozos;

y par diez que me he quebrado.

Y va volando un carro

con rueda como pavón,

y cae como Faetón,

y quebró mis pies de barro.

Y hubiera a ganar certeza

si no topara al caer

hecha piedra una mujer

que me rompió la cabeza.

Pag. 11

Hombre.

Di al cielo querella della,

pedí la echen al profundo,

porque es la piedra del mundo

y andan tropezando en ella;

razones son entendidas,

no está lejos de mí,

porque después que entré aquí

vierten sangre mis heridas.

Gusto.

Según decís que estáis vos

a decir deudos me atrevo

que os podrán valer de nuevo.

Hombre.

Solo lo puede valer Dios,

que para haber de soldar

una tan terrible quiebra

de un áspid de culebra,

solo Dios puede bastar.

Mujer.

La mujer.

Hombre.

Muy mal tratada,

que aunque más livianas

de la cabeza a los pies,

diz que está toda abollada;

y el hombre la ha desahuciado,

porque el figón Gula bruta

le dio no sé qué entre fruta

y el alma se le ha opilado.

Recelo.

Nuestro daño solícitos.

Mujer.

¿Qué tiene que tan mal suena?

Hombre.

El corazón de manzana

y gusanos por pepitas;

diz que cometió un delito

y se fue o la desterraron,

que amancebada la hallaron.

Apetito.

¿Con quién?

Hombre.

Con el Apetito,

y condenados están

en ausencia a llanto eterno,

y a galeras del infierno,

del pecado solimán.

Apetito.

De solimán el pecado,

forzado, no creo yo eso.

Hombre.

Es necio quien lo creyó

ser de solimán forzado.

Aunque deis la verdad,

no vais a vuestro disgusto,

porque si ello fue por gusto,

no vais, sino de voluntad.

Apetito.

Imprudencia, no carece

de malicia esta razón.

Mujer.

Puesta estoy en confusión,

pero un ardid se me ofrece.

¿Conoces al hombre?

Hombre.

Sí.

Mujer.

¿Cómo está, por vida mía?

Hombre.

Ya no está como solía;

se vierta espumosa y leve.

Andar loco como ya

y por la dicha desgracia

perdió del cielo la gracia

y el ser del alma perdió.

Apetito.

El hombre entiendo que es este,

vuestro amigo el Pecado,

creo le ha desfigurado.

Recelo.

Tú verás claro en este.

Pag. 12

Apetito.

Y mientras guía, andaremos

con recato y oiremos,

¿no será mucho mejor

que de una vez le matemos?

Recelo.

Hombre, si quieres salir fuerte,

mata agora a la mujer.

Hombre.

No sé si me he de atrever,

no sé flaqueza más fuerte.

Recelo.

Acuérdate del desdén

del Señor y tu cuidado.

Hombre.

Recelo, estoy delicado,

mala es, y la quiero bien.

Recelo.

Acuérdate que por ella

te perdiste.

Hombre.

Ya me acuerdo;

mas temo que si la pierdo,

qué he de hallarme sin ella.

Recelo.

Muera, que el mundo ha asolado

la falsedad por Apolo,

que mejor vivirás solo

que no mal acompañado.

Imprudencia.

Déxame, pues que me atreva

por el bien que a entrambos cuadre,

y haré lo que con su padre

hizo por ti mi madre Eva.

Yo daré color y afeyte

al engaño, vete tú.

Apetito.

Yo pararé

con Belcebú

en el jardín de deleite;

enviaré al engaño aquí,

el engaño es menester,

Vase Apetito

Imprudencia.

adonde está la mujer

anda, vete y déxame aquí.

Verdad.

Mira, hombre, que enfrena

el apetito que traes;

como no te satisfaces

Hombre.

Déxale que él volverá.

Recelo.

A qué fuera el rigor fuerte,

ella hará nueva traición.

Hombre.

Tienes, Recelo, razón,

solo esta dale muerte.

Imprudencia.

Yo te tengo de matar

y por que estés sepultado

dásela un triste bocado,

haste de determinar.

Verdad.

Rompe sin pereza y quiebra

ese vaso que no es bueno.

Hombre.

Bien.

Imprudencia.

Qué?

Hombre.

Quitar el veneno

de la boca a la culebra.

Imprudencia.

Eso quieres?

Hombre.

Esto quiero.

Imprudencia.

No llegues que es cosa fuerte

que te matará, que es fuerte.

Hombre.

Mataréla yo primero,

no son mis bríos tan pocos.

Imprudencia.

Llega, toma, por tu vida,

verás qué buena comida.

Hombre.

Aqueso es manjar de locos.

Imprudencia.

Ven a manos a las dos,

dalda, señora enemiga,

a la sierpe vuestra amiga,

sino comeosla vos.

Pag. 13

Coge una manzana y dásela, y él no quiere tomarla

Imprudencia.

Ten.

Aparte

Hombre.

Recibo la merced,

que bien estuviera asida

la mano, asida con la fruta,

clavada en una pared.

Imprudencia.

Quita, que me das enojos.

Aparte

Hombre.

Porque di, llégate acá,

porque esa mano me está

dando visos a los ojos,

y un hechizo tiene tu vista,

o qué furia de mujer,

que casi sabes volver

en paz la fiera angustia.

Imprudencia.

Cómo no te determinas?

Recelo.

No mires esos despojos,

porque hay niñas en los ojos

y apetecen golosinas.

Hombre.

No puedo dejar de vellas,

y si en aquesto reparas,

mejor fuera me avisaras

que me viniera sin ellas.

Aparte

Imprudencia.

Recelo, vete a la puerta,

que sola quiero matar,

de mí te quiero apartar.

Recelo.

Ea, que yo estaré alerta.

Aparte

Hombre.

Qué me dejaste en herencia,

padre Adán, que si mataras

tu mujer, no me engendraras,

no puedo salir de esta herencia.

Alto, no me ve el recelo,

mujer, en qué ha de parar?

Cómo que me haga olvidar

aquesta mujer del cielo?

Ya me dispongo al delito,

ya el intento mío calma,

que parece que en el alma

se me ha entrado el apetito.

Qué es esto, dime, mujer?

Qué tienes en ti tan bueno,

que sepa yo que es veneno,

y que lo quiera comer?

Qué es aquesto? O infame madre,

no te acuerdas, homicida,

que le costó a Dios la vida

un delito de mi padre?

Ea, deseos crueles,

aflojad, que me ahogáis,

mirad que no me apretéis

demasiado los cordeles.

Dios por mi padre murió,

ya ha de estar ofendido,

y a ver su sangre vertida,

por ser Dios, le perdonó.

También me perdonará,

pero no quiero huir,

pues vaya sin discurrir.

Imprudencia.

Pecador.

Hombre.

Qué asco me da.

Imprudencia.

No vuelvas a verme más

si me das este disgusto.

Hombre.

Pues yo quiero darte gusto,

mujer, que penado me has.

Pag. 14

Imprudencia.

Sin hombre quiero vivir,

por hacer mi voluntad,

que yo quiero libertad.

Come.

Hombre.

¿Cómo?

Aparte.

Imprudencia.

Has de morir.

Acabóse la concordia,

y quedaré muy ufana,

como yo aquesta manzana,

la misma es de la discordia.

Hombre.

¿Qué me has dado, qué me has muerto?

Falsa, embustera, embustera,

traydora, Circe, hechicera,

por donde huyré no acierto,

pero por aquí me yré.

Recelo.

El hombre bozes, ¿qué es esto?

¡Oh pecador! ¿Qué es aquesto?

Hombre.

Lo que suele.

Recelo.

¿Qué?

Hombre.

Pequé.

¡Ay, Recelo, que me ha muerto

aquesta falsa mujer!

No me quisiste creer.

Sale el Rigor de Justicia y la Verdad de escrivano.

Rigor.

Entra, que todo está abierto.

Recelo.

Ea, justicia tenemos.

Rigor.

Sed preso.

Recelo.

¿Por quién? ¿Por vos?

Rigor.

Por el Rey.

Recelo.

¿Qué Rey?

Rigor.

Dios,

que me dio mandato espreso,

y qué ha sido aqueste ruydo.

Recelo.

Yo diré la verdad.

Verdad.

Pues que lo confessáys,

¿qué es?

Recelo.

Que al hombre han herido.

Verdad.

Es grande la herida de muerte,

no se ve mucho en la persona,

porque es la herida en el alma,

dessa manera, que es de muerte.

Rigor.

¿Y quién le hirió?

Recelo.

No sé cierto,

recelo que su mujer.

Rigor.

Basta, no ay más que saber;

su propia mujer, tan bueno.

Recelo.

Recelo que él se lo quiso.

Verdad.

Indicios averiguados

que es de la manzana

del árbol del parayso.

Recelo.

Essa pendencia fue tal,

según los vi solazarse,

yo sospeché e imaginé

que se avían de llevar mal.

Rigor.

No ay de los dos que fiar,

maridos y sus mujeres,

estaban tan amigados,

luego se han buelto a agraviar.

Recelo.

La mujer no es nada buena,

lo que es al hombre no toco,

que se mata como loco.

Rigor.

Será cuerdo por la pena.

Pag. 15

Verdad.

Prenderase a la mujer

y búsquese un cirujano

Rigor.

y quien le dará por sana

lo que Dios le puede valer

Verdad.

Vamos que ya escriviré

deste caso la maldad

y quien sois vos

Verdad.

la verdad

Verdad.

es cristiano sois de fe

Hombre.

Ay Dios peque

Verdad.

de la herida

se queja este pecador

Verdad.

Vamos que ase dolor

es quien le a de dar la vida

Vanse

Sale el Amor de doctor con su borla en el bonete y su aguja

Amor.

Después que a Dios baje al suelo

con estas fuerzas de amor

y que me dio de doctor

la borla y el grado el cielo

Pudo en el sagrado vaso

de Dios amor tan profundo

quedar offisial del mundo

medico suyo me a hecho

como tiene tal virtud

asiste su amor sin tregua

andaya de casa en casa

combidando con salud

Mil suspiros sean oydo

que an subido desde el suelo

Y han llegado hasta el cielo

y pues Dios el oydo

no quiere dar de ofendido

al hombre amor verdadero

porque amor su heredero

tiene en el puesto los ojos

Muévele Dios de mayores

y acude con el regazo

aunque más le ha ofendido

para sanar si le muera

Sale el Apetito de médico

Apetito.

Ya me dicen questá herido

el hombre y que a de prisa

y sin herida es de muerte

o qué bien me ha sucedido

Pues yo le e de ir a curar

questo mi deseo procura

y pues que sano le cura

yo le acabe de matar

Sale el Recelo

Recelo.

Esto sí que es compasión

y por si mis de padecer

con la enemiga mujer

la han llevado a la prisión

en tanto que se averigua

con mano sana le mato

centella fue del falso

de la enfermedad antigua

Pag. 16

Recelo.

Mas allí un médico veo,

quiérole llegar a hablar.

¿Queréis venir a curar

al hombre?

Apetito.

Y lo deseo.

Amor.

Este médico villano

quiero quitarme esta cura

porque matarle procura.

¿Qué es lo que buscáis, hermano?

Recelo.

Ya lo que busco he hallado.

Amor.

Pues si es que sanar queréis

al hombre no me dejéis.

Apetito.

¿Adónde habéis estudiado?

Amor.

A dónde estudié, en alturas

donde se aprende a Dios.

Apetito.

A Dios de hacer que vos

sois médico de criaturas.

Amor.

Con eso me has satisfecho

a mí me toca la cura

porque el hombre es criatura

y es mi enfermo de derecho.

Apetito.

Con esta razón concluyo

mío es el enfermo y baste.

Amor.

Si porque tú le enfermaste

por eso le llamas tuyo.

Apetito.

Vete ya, rapaz, de aquí

deja el cura.

Amor.

Triste asombre

que para hacer bien al hombre

no haré más nada sin mí.

Zafio mancebo, yo digo

porque para el enfermo

primero se le cura

loco sucio, di conmigo.

Apetito.

Sois niño, no tengo fe.

Amor.

Ni jamás en vos se ha visto,

entré en el Jordán con Cristo

y siempre niño quedé.

Recelo.

Dice el médico, ha de ser

para la experiencia viejo.

Amor.

A este quiero, a ti te dejo.

No hagáis de mí pasatiempo

con vuestras razones vanas,

que si en mí cupieran canas

ya hubiera más que tiempo.

Si claro lo queréis ver

no es razón bien entendida,

si soy la salud y vida,

¿cómo puedo envejecer?

Este viejo que está aquí

mirad si entendiera

del modo que ya estuviera

sin suspirar, y ansí

no sabía qué prendió

la casta de Zabulón

logró fiel quiere decir

que os dirá amor bajo.

Apetito.

Que este rapaz me acobarde.

Pag. 17

Amor.

Y fue de manera el caso

que salió muy de reposo

sin borla y sin capirote

él se quiso graduar.

Y hubo allí cierto certamen

y fue de suerte el examen

que salió sin doctorar.

Que sin haber estudiado

al maestro se oponer

y de puro bachiller

quiso dar en licenciado.

Váyanse

Recelo.

Para rapaz le dejad,

que de corrido he llorado

que la salud ha dejado

por llevar la enfermedad.

Amor.

Bien sano es, bien, más se aguarde,

y más que ansí me dejéis,

pues que ir a llorar es,

podrá ser que sea muy tarde.

Como el recelo que suele

tener alguno, está tal,

y no recele del mal

y del bien se recele.

Lo que sin dolor aplaca

deja al hombre de sí ajeno,

ama y lleva el veneno

y que deje la triaca.

Dentro

Apetito.

A pesar de esos ardides

mirad que está sin sentido.

Hombre.

¡Ay Dios!

Recelo.

El hombre ha pedido

otro médico.

Hombre.

A crueles,

que me matáis, ay mi Dios.

Recelo.

Recelo, que está espirando,

aquí está el que estáis buscando,

médico, ánima, y a vos

tanto cual mostráis saña.

Y jurad en el nombre

de Dios, ved que el mismo hombre

os ruega que le curéis.

Amor.

Al hombre que está en medio

que tiene para su mal

a su remedio principal

por el divino remedio.

Recelo.

Ve a remediar ansias, que hoy

que ansí al fin daña,

porque echa por la entraña,

por la boca mil culebras,

de que vengo a recelar

que aquella jeringa [ilegible]

en lo que a amor [ilegible]

encubierto rejalgar.

El médico que tiene,

y en él [ilegible]

yo le llevé, anduve loco,

y de que en vos tengo fe,

ved que otra medicina

importa agora en aquesto,

y porque le veáis más presto,

corre aquesta cortina.

Pag. 18

Córrese una cortina y aparece en lo alto un árbol, y en él enroscada una culebra que tenga por cabeza una muerte, y a las ramas del árbol atados el hombre y la mujer con cadenas.

Hombre.

Clemencia, Señor.

Amor.

Mirasteis,

y a lo alto no veis

que aquella culebra que

el médico que llevaste

tiene la muerte escondida

que mata para curar,

mas vuelve agora a mirar

la que figuró la vida.

Córrese otra cortina y en lo alto aparece una fuente, y Moisén a un lado teniendo las tablas de la ley, y por los clavos de la cruz salga sangre que ha de tener una cruz.

A este punto se sueltan las cadenas y los cabos dellas quedan asidos a las ramas, y quedando libre el hombre y la mujer, y van bajando.

Amor.

Aqueste es el gran blasón

que ha dado al humano bien,

en que Dios mandó a Moisén

figurar la redención.

Aquesta fuente es el baño

de aquella sangre vertida

de Dios, que en breve envida

de la muerte el fiero daño.

Desde este punto y hora

quede el hombre en libertad,

reconciliad el amistad

con la mujer desde agora,

trátense con afición,

todas sus obras sean buenas,

porque quedan las cadenas

en esa misma prisión.

Hombre.

Médico del cielo santo,

vos la vida me habéis dado,

pues ya Dios me ha perdonado,

Imprudencia.

yo le pagaré en mi llanto.

Apetito.

Salid acá fuera los dos.

Alma.

Dejo el apetito injusto,

que cese gusto, y tengo gusto

solo de servir a Dios.

Acábense las maldades

y alégrese el pecador,

que con Dios el santo amor

ha hecho las amistades.

Imprudencia.

Alábese vuestro nombre,

niño santo, pues que vos,

en medicina de Dios,

habéis dado vida al hombre;

al hombre del apetito,

habéis librado y sanado,

porque cuando dio el bocado

Pag. 19

Imprudencia.

dio con el pecado gran grito.

Pero porque no se asombre

ni desconfíe de vos

alábese vuestro nombre,

niño sabio, pues médico,

con medicina de Dios,

habéis dado vida al hombre.

Hombre.

Señor, pues vida me has dado,

a servirte estoy dispuesto.

Justicia.

Pues tenga fin con aquesto

la sucesión del pecado.

Finis laus deo.