testo digitale di Hacer del amor venganza
Data di pubblicazione: 22 agosto 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Hacer del amor venganza. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/hacer-del-amor-venganza.
HACER DEL AMOR VENGANZA
Jornada primera
Pag. 1
En el margen superior izquierdo: 4
Hacer del amor venganza, jornada primera = Salen el infante Enrique y Dumolino, lacayo, con capas de color, corcaguíes y espuelas.
¿Dónde quedan los caballos?
Atados entre dos olmos
los dejo; pero si vemos
que a las bestias y a los locos
son a quien se ata, señor,
por lo uno y por lo otro
pienso que fuera más justo
el atarnos a nosotros.
¡Cuerpo de tal subida!
Y para llegar a estotros,
cada día regodeo,
con alboroto, vuelve alboroto;
y luego diréis a qué.
Al fin, de pensarlo me corro
y hablar no quisiera en ello,
por no imaginarlo solo.
Al fin, sujetar humilde
un infante valeroso
de Nápoles...
Dumolino,
amor...
Ya lo entiendo todo.
Bien sé qué quieres decirme:
muy mentecato y muy tonto,
que el amor todo lo iguala.
Pag. 2
yo fuera, sí, dichoso
amase correspondido,
mas enamorar a un toro
con pañuelos y con patenas,
a un basilisco con moño,
a una serpiente con saya,
y por decirlo más propio
a una villana que ha dado
en decir nones a todo
que se trata, ¿cuál judía,
así, Pascual, o Bartolo,
y saber más que de amor
del respingo y del corcovo?
Eso basta, Demolino,
y advierte que en los graciosos
son desgracias los donaires
si han de dar algún enojo;
quien me mirase mi dama
o a quien me hablare en su oprobio,
le quitaré dos mil vidas.
La mía, señor, acato,
y porque airado te veo,
cierro al punto a piedra lodo
la boca, y prometo ser
en este caso y en otros
en el silencio un cartujo;
mas ya los cielos piadosos
para que en albricias pueda
pedirte tu desenojo
han puesto como el refrán
dice la conseja al lobo.
Porque, pero no lo digas,
que del efecto conozco
que mi hermosa aurora viene,
que a haber estado este arroyo
tan grande rato suspenso
y correr ya bullicioso,
estar estas flores tristes
y en señal del alborozo
de que sus plantas las huellan
abrirse ya sus cogollos;
no haber pájaro parlero
abierto el pico en el soto,
y ya en solfas naturales
que un sauce dulce coro;
verse el sol flechando rayos
entre abrasados enojos;
y ya tan súbitamente
gozarse el sutil favonio
a ver mudanza en efeto
en fuentes, flores y en todo
cuanto la naturaleza
le dio al campo por adorno;
claro está que solamente
son efetos milagrosos
que de mi aurora producen
los dulces y alegres ojos.
Junto a la fuente ha dejado
el cántaro, y a nosotros...
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se encamina.
¿Ese es favor?
Engañaste en ello.
¿Cómo?
Porque este que de ayer juzgo,
que son de una data todos,
el de ayer, porque enojado
te vio, y en lo más remoto
del monte a solas contigo;
y este, si no por lo propio,
por prueba de su recato;
y pruébolo de este modo.
Aurora es mujer discreta,
tú en amar muy poderoso,
que es lo mismo que atrevido;
la fuente en el paso propio
del camino está, pues ella,
que nos teme licenciosos,
porque a buscarla no vamos
donde notados de todos
podamos ser, ha tenido
o juzgado por ahorro
venir a nosotros; mira
si no fue engaño notorio
el pensar que era favor
lo que fue recato solo.
Varios versos tachados e ilegibles al principio de la columna.
Sale Aurora, serrana.
Aurora mía.
Señor,
advertid que os injuriáis
y por honrarme humilláis
vuestro invencible valor;
mira qué extraño favor,
mas ya mejor lo advertí,
puesto que en tratarme así,
queréis mostrar que soy yo
vuestro por amante, no,
vuestro por vasalla, sí.
Tu resistencia y rigor,
desprecio, tema o desdén...
Ved lo que os está más bien,
ya que eso será, señor.
Que así se premie un amor
cortés, cuando el poder mío
pudo ayer...
¡Qué desvarío!
No lo acabéis de decir,
que no es lo mismo rendir
que forzar un albedrío;
o no blasonéis de amante,
o no digáis que podéis,
porque aquí, señor, perdéis
lo que así ganáis constante,
Pag. 4
que aunque todo es importante,
el poder, bien superior,
no hay donde sea señor
caso de menor valer,
el valerse del poder
como en batallas de amor.
Pues como tanta mudanza
de ayer acá pudo ser,
junto a aquel alisonjear,
no alentaste mi esperanza,
como hoy tu desdén me alcanza,
cuando mi dicha atesora
mi fe, que por vencedora
antes debieras premiarme.
Aparte.
Porque ayer pudo reportarme
aquello, y aquesto agora;
temiendo ver su furor
porque enojado le vi,
de la industria me valí
dando esperanza a su amor.
Todo en ti es cruel rigor.
¿Quieres, Infante, alteza, ver
qué diferencia ha de haber
de estar como estoy agora
junto a una murmuradora
fuente o a un árbol ayer?
Si hoy a ciudad estamos,
su lengua al agua fingimos,
y si mejor lo advertimos,
aunque muda la miramos,
a una pared revelamos,
porque acaso no revele
secretos que guardar suele
la fuente, aunque hermosa y pura,
que tiene lengua y murmura,
¿quién hay que no se recele?
Mas quiere saber tu alteza
por qué ayer favorecí
su amor, y hoy sequedad ha aquí,
desengaños su firmeza
y aunque lo juzgue a extrañeza,
porque ayer junto a ese aliso
favorecerle amor quiso
y aquí finezas ignora;
decirle la causa agora
si he de declararme, es preciso.
Allí en un libro leía
de amor engaños y extremos,
que por aqueso sabemos
tanto en su filosofía;
algo en él me divertía,
que es letura soberana,
y como en la vida humana
todo fastidia y congoja,
allí le doblé la foja,
y aquí me vuelvo a la plana.
Allí una vid se enlazaba
a un olmo a quien le servía
de arrimo en su bizarría
por donde al cielo trepaba;
con su fruto él la honraba.
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en recíprocos amores
y hoy con esquivos rigores
la flor y fruto a un tiempo quita
que basta una vid, necesita
de otra planta los favores.
Sí, mas tan presto mudable,
tan presto tan rigurosa,
ayer fiel, hoy engañosa,
firme allí, aquí variable,
de allí aquí tan poco estable.
De allí aquí ha podido ser
que en materia de querer
te estoy enseñando ansí
que no fíe de aquí a allí
en palabra de mujer.
Quien en cualquiera materia
tan altamente discurre,
aunque a mi discurso apure,
mucho en el sayal encubre,
mas tres brutos con alas,
si no miente la vislumbre,
y siendo rocinos malos,
en caballos los traduce;
tres caballeros se apean,
según lo que se descubre,
los aceros han sacado
los dos contra el uno.
Él suple
de la traición la ventaja
con el valor que le infunde
el peligro de la muerte,
del natural que en él tuve;
perdona, Aurora, que el pecho,
ver traiciones no me sufre
sin que las vengue mi ayuda.
Detente, señor.
¿No injurias
a Aurora con detenerme
mi valor?
No te aventures
donde algún mal te suceda.
Los versos desde "Ay, si aquesta pesadumbre" hasta "tengo de adorar tus luces" están tachados con un gran aspa y llevan la indicación "No" en el margen derecho.
Ay, si aquesta pesadumbre
fuese de amor dulce efecto,
mas ¿qué te importa que busque
mi muerte yo,
el ser mi dueño.
¿Qué dices?
Que se apresure
Lira, acaba, que ya tarda
su favor.
¡Oh, esfinge dulce
de mis sentidos!
¡Oh, tonto,
mayor de marca!
Vase.
Aunque busques
más disculpas al desprecio,
tengo de adorar tus luces.
Ve, señor, que ya te sigue
mi valor, que nunca tuve
quien me tirase del brazo
en ninguna pesadumbre.
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que de sabia está la tonta,
mas porque no se disculpe
tengo de hacer que me entienda,
a ver si también acude.
Saca la espada.
A detenerme... Villanos,
huid, que el huir os cumple,
que va a vosotros mi acero,
porque es un rayo que escupe
de su oficina Vulcano.
¡Oh, buen criado, que acudes
al pan que comes!
Mejor
acudiera yo a una azumbre,
que a ese pan, que tan mal sabe.
¿Es posible que no apresures
el paso?
Estoyme enojando.
¿Es posible que te sufre
el alma, viendo a tu dueño
al riesgo que se introduce,
que en vez de correr, no vuelas?
¿Es posible que te pudres
tú por lo que no te importa?
¿Quieres que aquí te aventure?
¿Quieres que sola te deje
para que en temas te dudes?
Pero ya vuelve el Infante;
¿qué haré yo que me disculpe
de no haberle acompañado
en aquesta pesadumbre?
Pero ya sentí, y sabe
el más peregrino embuste
que arma jurado embustero,
que a poeta se introduce.
Bien el temor disimulas.
Amenázalo con la espada, y él le coge la guarnición, y estando así entrambos, salen el Infante y Carlos.
Cuando yo lo disimule
no debo a nadie alcabala,
y quien aquesto presume
de mí se engaña, y se engaña
otra vez, y hasta diez lunes
se estará engañando siempre.
Y guarde que no me entrufe,
pero ya estoy entrufado,
y para que no lo dude,
¡vive Dios!
Hombre, que sabes...
Ven, Carlos.
...que así procures
mi deshonor; suelta, ahora,
advierte que me destruyes.
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sin que esta ocasión me quites.
¿Qué es eso?
Que es costumbre
esto en el mundo, que en siendo
una mujer, luego use
de su inmunidad en todo.
¿Qué ha sido?
Ya no presumes
lo que puede ser, queriendo
acompañarte.
Ya pude
entender lo que es.
De suerte
se agarró de mí, que estuve
a no mirar
¡Oh, embustero!
De buen aire lo dispuse,
tragáronla lindamente.
No importa que nos escuche
Aurora.
Porque más tiempo
ésta, Alteza, no lo dude,
mi suceso, y este...
Callen,
mientras que Carlos discurre
qué quiere contar la causa,
si es que ya no lo presumen
de esa no vista pendencia
de que me libró mi embuste.
Que ame divina dicha, empleo,
y donde iguala mi dichosa a mi deseo,
venciéndola, que he de ser constante,
que soy dueño solo como firme amante
de una grande hermosura,
puesto que diferirlo no es cordura
delante de una dama,
pues ni añade opinión, ni aumenta fama,
ni es al caso importante;
bien lo puedo callar, y paso adelante,
sin aquellos desvelos
de la penosa injuria de los celos,
porque mi amor pagado,
no deja del sujeto a quien he dado
el alma, no temía
oscura noche en tan alegre día;
que en quien ama sujeto
digno de estimación y de respeto
por el valor que alcanza,
si no hubiere a ser la confianza,
pues lo que estorbar tiene
no el amante a sus méritos previene,
sino al justo respeto
que por sí se negocia un gran sujeto.
Sin temor, pues, de celos,
en ansias de amor o ardientes Mongibelos,
amaba a Laura bella,
ya sé que entraba aquí decirse de ella
con prolijo desvelo.
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¡Oh porfiado estudio perjudicial
para cabello hermoso,
de el sol los rayos que él la dio gozoso,
por advertir que encuadra,
siéndolos mejorados los restaura!
Para frente apasiona
la nieve en ella siempre más hermosa,
cuya garganta bella,
puesto que es de el amor dulce centella,
en término partido,
pedazo de cristal es derretido;
y con frente divina,
cómo puede ser, tú lo imagina;
pues el que visto hubiere
nevada roca cuando el sol la hiere,
por medio despeñados,
desta fragmentos que después helados,
sin que el sol los resista,
espejos de cristal son a la vista,
verá que si el cabello
se compone de rayos de el sol bello,
y la frente de nieve,
que con justa razón decirse debe,
que su garganta hermosa
basa un edificio de jazmín y rosa,
será pedazo bello
de el cristal que derrite su cabello.
Pero vamos al caso,
que faltando al suceso a un error paso,
que disculpa no alcanza,
y no la quiero dar con mi alabanza
a la más torpe culpa,
que el atreverse de amor no la disculpa;
pues fiarle a un criado
un noble su afición y su cuidado
y atreverse grosero
a ser amante de quien fue tercero;
y la maldad más grave,
y la que menor de el castigo suave,
aunque a pensar me obliga
que por serlo tan vil no se castiga;
si bien yo, que ofendido,
solo excepción de aquesta regla he sido,
porque el que me ofendía
muchas obligaciones me tenía,
fui con él más sangriento,
aunque no sé, por Dios, si fue mi intento
castigarle lo ingrato
más que lo aleve de su infame trato;
y ansí el que ultraja alteza
y va a favorecer, dio a tal bajeza
lugar dentro en su pecho,
y que no lo intentara, y satisfecho
estoy de aquese bravo,
antes que de la vida el justo plazo
le acortara ya caliente,
tal desvarío, calor el alma siente;
si hubiérades sabido
que iba yo a socorrer a un fementido,
a un aleve, a un villano,
que, olvidando favores de mi mano,
traidor se precipita,
y la de otra hermosa solicita,
conócele el deseo,
que en los traidores ojos se le veo;
quiero satisfacerme,
busco en su casa modo de esconderme,
por si a la otra culpada
hallo que es el traidor como ella honrada.
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el caso disimulo
con el castigo la maldad regulo
a muerte le condeno
busco quien la ejecute, hallo a Liseno
y a Otabio dos criados
que saberlo me prometen, convidados
de la cruel envidia
que en verle mi valido la fastidia
ofrecen cuanto pido
cuando faltaron pues contra mi valido
busco camino y traza
hallo la antigua de el salir a caza
para ella los prevengo
y por hacer el castigo al campo vengo
quieren ejecutarle
y tu alteza señor llega a estorbarle
ya el villano era muerto
sálgote al paso que es traidor te advierto
suspéndeste de oíllo
quieres saber el caso, yo decíllo
tráesme donde te cuente
diga agora tu altiva lo que siente.
tan a mi gusto has andado
Carlos en este castigo
que hoy el nombre de mi amigo
esta acción te ha granjeado
el pensamiento el cuidado
en dama de mí querida
sin temer perder la vida
quien pusiese
y que antes no se muriese
de el temor que de la herida
sola una cosa en rigor
en esta acción has errado
y haber encomendado
a otro brazo a otro valor
la venganza de tu honor
a ser venganza la mía
miro de y el día
pero siendo como es llano
castigo solo, otra mano
ese ejecutarle debía.
si he de dar mi parecer
puesto que el duelo no ignoro
digo que es acción que un moro
aún no la pudiera hacer
que atrevido que el poder
que temerario que fuerte
no hay quien tema si se advierte
(y esta es verdad conocida)
menos al diablo en la vida
y más a dios en la muerte
mucho te debe el rigor
pues no lo pudo templar
haber llegado a char
por medio de ese traidor
de tu dama el firme amor
con que te estima y te ama
y solo suyo te llama
cuando otro subiera estimado
hallar traidor admirado
por ser constante a su dama.
si el daros satisfacción
permitís
no puede ser
Pag. 10
que es tarde y me he de volver
a mi aldea, que es razón.
¿Qué dices de mi afición,
Aurora?
Que siempre esquivo
tendré el corazón, no altivo,
que sois príncipe discreto,
yo muy humilde sujeto,
y que entre villanos vivo.
Por eso hay prado y hay fuente,
y agua que habrá menester.
Por eso no puede haber
quien la gaste fácilmente.
Y el sol es ya suficiente
para dos años y más.
Yo sé que te obligarás
de mi llanto y mi dolor.
Yo que he de guardar mi honor.
Yo que el diablo podrá más.
¿Es desprecio?
Es valor.
¿Es crueldad?
Recato es
del peligro.
¿Es interés?
Has dicho bien, de mi honor.
Quiéreme.
Como a señor.
¿Parécete mal?
Porque
no sois gallardo.
Mi fe
paga.
Imposible será.
Pues mi amor te obligará.
Mucho has dicho, no lo sé.
Vanse y salen el conde, Aurelio padre de Aurora, y Nise, de villana.
¿Dónde, Nise, Aurora está?
Señor, a la fuente fue.
¿Y vuestro padre?
No sé,
mas sé que no tardará,
que anda con poca salud
y es hora de haber venido.
¿Parece que habéis sentido,
y os causa alguna inquietud,
el que Aurora no esté en casa?
Aquesta melancolía...
Yo me la traía.
No es nueva en vos, ni aun escasa,
que es bien cumplida, a la fe.
Ea, decid la verdad,
y amor.
¿En esta edad?
Pues tan viejo sois, yo sé
que, aunque os hacéis de agravio,
que en lo que es la edad yo fío
que mienta más vuestro brío
que confiese vuestro labio.
Tímido ladrón tal vez,
cuando quiere ejecutar.
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sus lobos, temiendo dar
en las manos del juez,
no busca para hallar paso
que cobarde osadía,
aquella parte del día
en que el sol muere en su ocaso.
Pareciéndole, señor,
que la noche le asegura,
y que mientras más obscura,
se disimula mejor;
pues sacad cuenta que tal
embuste de un viejo, pues
insidia, estolidez
y su término fatal
sabéis que no se asegura
de aqueste día infelice
que así, señor, nos lo dice
en sus armonías locura,
cuanto más en ella ha entrado,
presume del viejo, que es error
que para sustos de amor
está más disimulado.
Mas si, como oí decir,
en nuestra aldea os quedáis
y en ella, conde, pensáis
por algún tiempo vivir,
si os trae alguna afición,
debéis, señor, reparar
que en la aldea no ha lugar
aquesta comparación.
Porque hay tonto acá tan grave,
tan preciado de entendido,
que aún lo que no ha sucedido
dice que lo entiende y sabe.
Maliciosa estás.
Sospecho
que en nada me sabéis ultraje,
que nunca tan tosco traje
cubrió más sencillo pecho;
mas Aurora es ésta.
Sale Aurora.
Aurora.
Conde y señor.
Nise, aguarda allá afuera.
Mi obediencia
es hija de tus palabras.
Mira si tu padre viene
y vuelve a avisarme.
Hermana,
¿qué es lo que me quiere el conde?
Solo sé que a ti te aguarda;
lo demás él se lo sabe.
¿Así te vas?
Bien guardada
quedas contigo.
Vase Nise.
Bien dices,
que la más segura guarda
y su misma estimación
en la que es mujer honrada.
Siéntase el conde.
Aparte.
Aprenda del alma mía
Pag. 12
Ay, hija de mis entrañas,
si lo que ignoras supieras,
Aurora.
Pues, ¿y lo que mandas?
Siéntate en aquesta silla.
Aparte.
Pues yo, a tu lado sentada,
¿qué dirá quien eso viere,
si fuese tal mi desgracia
que me enamorase el viejo,
que no de muy mala gana
me mira todas las veces
que viene a Belflor?
Aparte.
Turbada
como confesa la veo.
No te asientes.
Mira.
Basta,
que yo lo mande.
Señor,
¿en qué cosa de importancia
sentada puedo servirte?
Si supieras lo que guarda
el pecho, no extrañarías.
Yo no quiero saber nada
de tu pecho, sino solo
qué es lo que agora me mandas,
que me tienes...
Aparte.
No te turbes.
Cómo se ve mi vasalla,
y a tan impensado honor
hoy mi pecho la levanta,
está turbada. Ea, Aurora,
Siéntase retirada.
Por ver en lo que esto para
me he de sentar, mas, ¡por Dios!
que si los límites pasa
de las leyes del recato,
que ha de hallar en mis palabras
más asombros, más castigos,
más furias, más amenazas;
pero baste de rigores,
porque es ira demasiada
antes de saberse el delito,
prevenirse a la venganza.
Ya estoy sentada, señor.
Pues ¿por qué tan retirada?
Lleguemos. La vergüenza
la impide. ¡Ay, mi prenda amada!
Prenda y amada estoy, que sospecho
descubriose la maraña.
El viejo está enamorado.
¡Ay, mujer más desgraciada!
Hoy un infante por muerto
y un viejo agora por nada.
Aparte.
Llora el Conde.
¡Ay!, si sabe el alma mía
que a un mismo tiempo ha de darla
un placer lleno de penas
y un honor lleno de infamias,
cuánto me enternece el verla.
Ay, que llora y se regala
conmigo, esto va perdido;
no pensé que fuera tanta
la fuerza de amor, él debe
de ser una buena alhaja.
Mi cielo, a deciros que dudo
sabe, Aurora...
Aquí se acaba.
Pag. 13
de declarar, y yo pienso,
sin responderle palabra,
dejarle a medio sermón
y volverle las espaldas.
¿Sabes, pues, hermosa Aurora,
que en aquella edad temprana,
hermoso abril de la vida,
primavera de sus galas,
con quien el mayo compite
y nunca se desengaña,
amé una dama tan bella
cuanto discreta? Repara
en que esta virtud prefiero,
no sin legítima causa,
pues mi opinión imagino
que así dejo acreditada,
pues amor para hermosura,
si la discreción le falta,
puede ser apetecida,
pero no del cuerdo amada.
De la bellísima Porcia,
del gran duque de Ferrara
sobrina, y que hoy su heredera
sería, si mi desgracia
no hubiera desvanecido
mis altivas esperanzas
de ser de Ferrara duque,
puesto que en secreto estaba
casado con ella, cuando,
siendo tú su prenda cara,
pues las costaste la vida
al salir de sus entrañas,
naciste, querida Aurora.
Levantose Aurora.
Hablará para mañana,
señor, que me habéis tenido
entre confusiones varias,
llena de dos mil temores.
Porque, si ya te levantas...
Soñaba, y no era buen sueño,
y desperté alborotada.
Vuélvese a sentar.
Esta impensada tragedia
fue, ocasión, bella Porcia,
que aqueste es tu propio nombre,
para que no me casara
yo con tu madre, pues luego
que gozó luces sagradas,
murió su padre y tu abuelo,
que era quien solo estorbaba
nuestras dichas, por haber
(ya dicha antigua en Italia)
entre nuestras dos familias
disensiones, que acabadas
fueron con su muerte; mira
si fue pequeña desgracia
para ella, que me quiso,
para mí, que la adoraba,
para ti, pues al fin fue
forzoso que te criara
oculta en aquesta aldea.
Dirás tú agora, Aurora,
que por qué, habiendo tenido,
por tanto tiempo, ocultada
esta historia, te la cuento
agora, a fuerza tirana
de la envidia y la lisonja,
mas porque te satisfagas...
Pag. 14
pues ya escuchaste tus dichas,
oye ahora mis desgracias.
¡Ay, Aurora! Si tú fueras
varón, cómo consolaras
hoy a este viejo afligido;
mas pues el cielo lo trata
desta manera, paciencia.
Señor, mira que me matas
con aquesas dilaciones,
y una muerte dilatada
son muchas muertes a un tiempo,
y ya los límites pasan
de las paternales leyes.
Mejor ha sido ignorarla
que saber una desdicha,
y más cuando toca...
Acaba,
que dice más tu silencio
que puede ser tu desgracia.
En deshonor, en afrenta,
¿Qué dices?
y aun en infamia,
sin saberse mi delito.
¡Qué rigor! Y lo que agrava
más mi dolor, sin saber
qué infame lengua villana
con el Rey me ha descompuesto;
aunque premisas muy claras,
que casi son evidencias,
tengo, que un Carlos me agravia.
Desterrado de la corte,
sin estimación, sin fama,
sin la gracia de mi Rey,
y en la mal intencionada
lengua del vulgo sin honra,
que a quien pierde una privanza
tales peligros le siguen,
y aun mayores le amenazan.
Vengo a morir a tus ojos,
y ansí como el que declara
algún secreto en la muerte
que la conciencia le agrava,
para que heredes mi estado
(pues el tuyo de Ferrara
parece casi imposible
si otro favor no te ampara,
y más cuando ansí me veo),
quiero dejar declarada
la verdad por si el cielo,
favoreciendo tu causa,
se duele de tu justicia,
y cuando al fin no lo haga,
si puede haber en la muerte
algún consuelo que valga
contra sus fieros rigores;
ya acabará consolada
mi vida, como yo sepa
que heredera de mi casa
y mi estado te dejo,
porque después de casada
me des nietos valerosos
que puedan por esta causa
volver, si acaso la envidia
después de muerto me achaca
culpas que no he cometido
y que hoy mi inocencia paga.
Si es el darle al afligido,
cuando cuenta sus desgracias,
Pag. 15
(Aparte.)
En vez de consuelo a penas,
el ayudarle a llorarlas;
si el que las sufre busca
solo consuelo a sus ansias,
y le tienen las ofensas
solamente en las venganzas;
darte consuelo, señor,
quiero en esta ocasión rara.
¡Imaginación!, ¿no dices
que Carlos ha sido causa
de tus desdichas?
En él
sospecho por las palabras
que me dijo el Rey.
Presumo
que a ofenderse encaminaban
su honor.
No sé otra mía,
¿quisieras ver castigada
su intención, si acaso fue
echarte de la privanza
que con el Rey has tenido?
Aquesa es acción de otra
tan natural en el hombre
que pocos de ella se escapan.
Pues contra esa sola
que tú de tu parte hagas,
te verás vengado.
Dila.
Que como hasta aquí ocultada
tengas mi historia.
¿Qué dices?
Con eso solo...
Eso basta.
¿Conoces tú a Carlos?
Sí.
Vete a descansar y calla,
que tú verás su castigo
y cumplida mi palabra.
Vase el Conde.
Con eso alivio me parto.
Si es que hay vida con infamia,
ni me alteró aquella dicha,
ni esta desdicha me espanta;
ni era posible a mi suerte
ser yo menos desdichada:
el ser tan noble era fuerza,
que ya en ocasiones varias
me dictó el alma esta dicha,
y mi estrella esta desgracia.
¡Oh, nunca, padre, me hubieras
dicho, oh, nunca, me contaras!
Mas rendirse al accidente,
y tibio afecto del alma,
postrarse al dolor, flaqueza;
ceder al hado inconstancia,
pues entregarme a la pena
y que el llanto me deshaga,
es ir contra mí el delito,
y ser yo la castigada.
Muera, pues, el sentimiento;
muera en su primera infancia,
y la venganza se lleve
toda la atención del alma.
Yo he prometido a mi padre
una cosa no contraria
a nuestra naturaleza,
aunque por el modo extraña;
él dijo: para que a Carlos
en el honor no le agravia,
luego esta venganza ya
no se ha de hacer con la espada.
Pag. 16
+
Pues quedarse sin castigo
no puede ser, porque basta
después de estar yo ofendida
haber quedado empeñada
con mi padre en la promesa
de su ejecución; pues valga
el discurso, por si puede
haber camino, haber traza
de satisfacer mi injuria
y no dejar empeñada
su persona, en que se sepa
que sucede por su causa
a Carlos ningún disgusto.
Aunque, pues ninguno alcanza
a saber que su destierro
es por su ocasión, se salva,
con esto, toda sospecha
pues cualquiera será vana
que contra mi padre hubiere,
si este inconveniente falta.
Aquesta dificultad
ya con esto queda llana,
mas otra mayor me queda,
que es la de más importancia:
yo no tengo de dar muerte
a Carlos, pues encargarla
a otro brazo es sospechoso,
que no hay en la vida humana
secreto alguno seguro;
y el que entre dos se dilata,
tiene ya para no serlo
aun más que principios. Haga
el discurso, pues, ahora,
entre dudas tan contrarias,
un esfuerzo peregrino.
De tan ingeniosa traza
que ni yo a Carlos dé muerte,
ni otro alguno por mi causa,
ni el conde en ello intervenga,
ni el mundo sospeche nada,
ni el mismo Carlos presuma
de su castigo la causa,
y venga a quedar con gusto
mi padre, desempeñada
mi promesa, Carlos muerto,
y cumplida mi palabra.
Difícil parece todo,
aunque quien vuelva la cara
a lo que a Carlos sucede,
hoy con el hombre que matan
sus criados en el monte,
si como yo lo repara,
verá que bastante ejemplo
me ha dado, para que haga
como el ingenio me ayude,
la venganza más extraña
por el más nuevo camino
que en naciones dilatadas
ha celebrado la historia
y ha encarecido la fama.
Pues con lo que ya he pensado,
verá el mundo, que injuriada
sabe cualquiera mujer
vengarse de quien la agravia.
Hase con que se acaba la primera jornada.
Jornada segunda
Pag. 17
Cruz en la parte superior central.
Salen Aurora y Nise de villanas.
Aparte.
Ofendo mi voluntad
cuando dudas de mi amor,
que no te daré favor
en cualquier dificultad.
Eres mi hermana, y dejando
aparte esta obligación,
es tanta la estimación
con que te estoy respetando,
que aunque la mayor nací,
siendo en mí tu voz preceto,
lo que no por tu respeto
no hiciera, Aurora, por mí.
De las señas que he notado
presumo que el conde es
amante de Aurora.
Aparte.
Pues
de esa suerte has alentado
mis esperanzas rendidas
a afectos tan naturales,
como en ocasiones tales
suelen tener oprimidas
las mujeres, cuando van
de decir a otra mujer
flaquezas que en nuestro ser
tan disculpadas están,
te he de contar mi dolor.
Así empiezo mi venganza,
negada a toda esperanza,
expuesta a cualquier rigor,
si le solicita quien
ama ignorando su amor,
donde es dudoso el favor
y casi cierto el desdén.
Pag. 18
Yo, Nise. Mas, ¿para qué
con preámbulos refiero
mi dolor? Yo, Nise, quiero,
ya mi pena te conté.
Si tanta resolución
tienes ahora en amar,
como has tenido en contar
esa amorosa pasión,
tú serás insigne amante
más que pudo haber por ti
en ese amor.
Oye.
Di.
A mí me adora el infante,
de escucharme se admiró.
Infante, ¿qué es lo que escucho?
¿Hate parecido mucho?
Pues aún no le estimo yo.
¿Al infante?
No te espantes.
Cuando empiezan a criar
los niños, los suelen dar
aquese nombre de infantes.
También mil veces oí
que entre los nombres que encierra
la variedad de la guerra,
infantes llaman allí
a los que a pie son bastantes
a rendir mayor poder;
y el tuyo debe de ser
de alguno de estos infantes;
Papel.
Pues, porque veas que es cierto
lo que he dicho, este papel
que diráte en él
que aquí, esta noche encubierta,
vendrá el tal infante a verte.
Líneas tachadas al inicio de la segunda columna: de tus hermosos ojos [...] / el cual antes que se vea contigo para que le prevengas / la parte donde quieras que te vea [...] / fue al aposento de mi señor [...] / Nise. Don Juan [...]
Mira que los hombres son
todos engaño y traición,
no quiera alguno cogerte
con astuta cautela
para triunfar de tu honor.
Yo sé que es grande señor
el que por mí se desvela.
¿De qué lo infieres?
Regala,
su talle, su entendimiento
muestra que su nacimiento
la mayor nobleza iguala.
Como de esos picarones
hay que andando algo pulidos
donde no son conocidos
se fingen grandes varones,
quiero ver con evidencia
si es caballero fingido
o noblemente nacido;
pues haz aquesta experiencia:
pídele que algo te dé,
y si ves que fanfarrón
a la primer petición
se da luego, júzgale
por picarón bien vestido,
que se quiere acreditar
de hombre noble con el dar,
vicio que está tan perdido
entre caballeros ya.
Tres versos cancelados al final de la hoja. El entintado impide una restitución segura; solo se distinguen «que no vanidad estraga», «el que [ilegible] debe paga» y «cuanto más el que algo da».
Pag. 19
Aparte.
El consejo que me diste
el alma lo agradeció,
mas porque veas que yo
temo lo que tú temiste,
aquí me importa fingir,
con esta decir que quiero
a Carlos, con que hoy espero
mi venganza proseguir.
No es Enrique, así se llama
el infante a quien he dado
el alma, sino un criado
suyo, que ignora la llama
del fuego que vive en mí;
mas, él viene, yo quisiera,
Nise, que mi amor supiera,
para eso te daba aquí
cuenta de mi voluntad.
¿Cómo ha de ser?
Mientras llega
y avisa el modo.
Salen Carlos y Remolino, y apártanse los dos a hablar en secreto.
Él te entrega,
si va a decir la verdad,
una gentil comisión.
En ablandar tanta dureza,
debe de pensar su alteza
que ha mudado condición,
y de ayer acá esta arpía.
Fuera de que es sospechado
que está con otro cuidado,
porque cuando yo traía
el papel, el conde estuvo
en parte donde me vio
hablar con ella, y mandó
que me llamasen, y anduvo
conmigo tan receloso,
que por callar del infante
el amor, que era amante
de Aurora me fue forzoso
decirle, esto es, lo cual
con un suspiro escuchó,
con que a mí me persuadió
a tener sospecha igual
que el viejo le tiene amor.
Pero la que veo allí
pienso que es Aurora, sí;
a ella llégate, señor,
habla tu mensajería;
que en otro fuera amistad,
en ti obediente lealtad,
como en mí alcahuetería.
Quedad bien, hermana,
allí retirada espero.
Vase Aurora.
Bella Aurora...
Caballero,
¿qué mandáis?
¡Hay tal villana!
Que viéndole, se encubrió.
Saber de aquella quisiera,
engañadora compañera,
mi venida disgustó
y así, en viéndome, ausentó
la luz de estos montes, y adora
que si no ya, agora
el encubrir su arrebol,
porque delante del sol
no puede estar la aurora.
Agradezcoos el favor,
mas como solo os quedéis
lo que deseáis sabréis.
¡Ah, Remolino!
Señor.
¿Notaste en Nise
el rigor?
Vete, que importa
a buscar,
y a su alteza ve a contar
lo que hoy aquí me pasa.
Vase.
Ya estamos solos, mas yo,
para poderos hablar
más cortésmente, quisiera
el nombre de vos saber.
Ni sé qué es menester,
ni sé qué importar pudiera,
ni sé si cuando lo fuera
era desmentir a mi honor
daros más cuenta, señor,
de lo que os he dado así.
Ya vuestro nombre entendí,
dicho Nise con primor.
Pues ya mi nombre sabéis,
también es bien que sepáis
que Carlos sé que os llamáis,
y que andáis con disfraces
a mi hermana, a quien debéis
tanto amor, y aun apercibe
al desdén que en vos concibe
el que de su suerte os quiere.
Pag. 20
que todo lo que no muere
es todo lo que en vos vive,
ved pues cuando así os adora
cómo pudiera esperar
que llegaseis a hablar
de parte de quien no ignora
sino desprecios de Aurora,
desdenes en su derecha
si ya no ha sido su alteza
de aquellos amantes necios
que aguardan a los desprecios
cuando sobra la tibieza.
Puesto que he de responderos
tener presente quisiera
a Aurora, porque supiera
que los impulsos primeros
de pensamientos ligeros
en mí con igual rigor
castigara mi valor
a ser capaz de tener
aún las sombras de ofender
a quien tengo por señor,
demás de que cuando en mí
ese respeto no hubiera
por dos blasones debiera
no pagar su amor aquí,
pues la que ya un día vi
ayer casta dama, quiero
por cuya hermosura muero,
y os publica amor igual
o falta a lo racional
eso, Nise, a vuestra hermana
diréis.
o tiene el gusto grosero,
y aunque esta razón por sí
debiera ser suficiente
la segunda es más urgente
por lo que toca a mí,
pues si para darla al rey, sí,
al infante he de ofender
qué amor me puede tener
la que no sabe pundonor
de haberme de ver traidor
para verla de querer.
Difícil empresa sigo
tanto mayor cuanto juzgo
a Carlos gran caballero
que igualará, no lo dudo,
su valor con su nobleza,
a quien de poder le astuto
más que lo amoroso y tierno,
y así atendiendo a lo uno
y no olvidando lo otro
seguiré estos dos apuntes
porque consiga el primero
lo que no pudo el segundo,
y el genio y arte alcanzaron
lo que la fuerza no pudo
en las venganzas que busco.
Voyme, ya que a su repuesta
la daré de ese disgusto.
Vase Nise y sale Aurora.
Con quien lo que unió el amor
la cortesía no pudo
pues ni aún un cortés engaño
en los labios no cupo
que mi amor entretuviese
si no le pagase astuto,
tan fácil ciencia en el hombre
que la ignora ninguno,
no es menester que ella diga
lo que yo misma presumo
de lo infeliz de mi suerte,
que es el más triste infortunio
pues prevenir su suceso
en su dicha cada uno
y de todas las estrellas
el más desdichado influjo,
qué bien vengado, qué bien
satisfecho el rigor tuyo
habrá dejado al amor
de las victorias y triunfos
que alcancé de sus engaños
siendo inexpugnable muro,
que sus pasadores fieros
que fueron a un mismo punto
si de acero, a las de Carlos
al tocar mi pecho duro
en los rigores del noto
débil caña o frágil junco
rayo de la ardiente esfera
que en mí hicieron aquel fruto
que suelen precipitados
sobre imperios de Neptuno.
Pag. 21
A así, que grave pena,
a ti sí que dolor sumo
dar ocasión de venganzas
a aquel a quien di disgustos,
o quien perdiera la vida
por no llegar a este puerto
antes que a los daños den
a manos del dolor suyo.
Porque es lisonja del hado
no le dar otro verdugo
sino dejarle morir
de su pena a cada uno.
A mis quejas sordos,
como a mi consuelo mudos,
pues ni me atendéis a aquellos,
ni a estos impedir el curso,
en que os injurio mi afecto,
en que os ofendo pregunto
que así queréis castigarme
con rigor tan importuno.
Mas, ¿qué pregunto a los cielos,
si pienso que el darles plugo
por castigo a mi soberbia
con los ayes que escucho?
Muera del peligro, muera
quien en su riesgo se puso,
y quien a ti, cielos, mata,
muera a desdenes, injustos,
no injustos, pues me castigan
con los que a tu dueño injurio,
que también tiene el amor
sus precisos estatutos,
que como es rey soberano
de la voluntad y el uso...
en las que inobediencias
son criminales insultos.
A Carlos, ¡qué desdichado
fue mi amor, pues al fin vino
de hallar en ti tal lealtad
impedimento tan justo
para que mi fe no pagues!
No te culpo, no te culpo,
que es tu lealtad lo primero,
y después todos, segundo,
que si a un deseo entregada,
que como mujer no es mucho,
si llevada del un afecto
sin dar lugar al discurso
si era lícito a tu honor
viera a tu lealtad seguro
pagar mi amor, se os dije,
a quien solamente juzgo
quien a verte en él, sabiendo,
atendió, así lo presumo,
mas a mi quietud ocultos.
Que uno acá trate disgustos
ya que a mejor luz lo atiendo,
que advertida lo discurro
sin más afecto del alma,
que el de tu opinión y gusto,
sino que en cualquier acción
cuando te adoro, te injurio.
En con ser Carlos solo
de hoy más pienso al ver estudio.
Entran el infante, y el conde, y de Molino.
Aparte.
Porque es la mayor fineza
la señal de amor más puro.
Mas el infante y el conde
a un mismo tiempo procuro.
Dando al infante desvelos
no dar a mi padre alguno.
A toda ella yo entonces,
cuando del sueño profundo,
vertiendo un volcán el pecho,
y los ojos dos diluvios,
desperté en sudor envuelta.
Y así acordando, dije
entre el silencio nocturno:
¿qué será, verdad, y despierto,
si soñado sabe tal fruto,
para fingido no es malo?
Mas, agora, importó mucho
no dejar hablar a Carlos;
no entienda de mis discursos
su lealtad en dique.
Aurora.
Y mi lícito señor.
Que ya escucha
el infante Ciro, bien
prevenirse a Aurora supo
con lo fingido del sueño
a los celosos disgustos
de su alteza, si escuchó
alguna razón
que busque.
Prueba mayor de mi agravio,
que a verlos hallado juntos.
¡Cielos, dadme sufrimiento
o quitadme, pues es justo,
vida que es tan desdichada,
llena de tanto infortunio!
Señor, recatado mira,
al conde verás que es cierto.
Aparte.
Ama a Aurora.
Ya le advierto.
Pag. 22
que pensativo suspira
desde el punto que llegó.
Quien tanto me preguntaba,
claro está que a Aurora amaba;
entiendo que a Carlos vio
con este mudo semblante.
Eso, señor, no me admira,
que es forzada la mentira
de decir que era su amante.
Carlos, el haberle hallado
a quien ocasión igual
más mira, a culpa de tal
que ha llegado por volado
a hablar con ella.
A villana,
a vil hija.
Celos son.
Ella da satisfacción.
Señor...
La duda estallará,
disimula.
Pues con Carlos,
con mi mayor enemigo
no hay satisfacción conmigo.
A poder un viejo darlos,
buena ocasión para celos.
Perdonad, hermosa Aurora,
que una sospecha traidora,
unos dudosos desvelos...
¿Y esto es por Carlos?
De suerte
suspendieron mi sentido.
No hay dudar, todo lo ha oído;
mas pues en Diego tan fuerte
a mi honor, el infante,
diré de Aurora el amor,
primero ha de ser mi honor.
Que no haya sido bastante
mi presencia a detener
a esta villana, a esta aleve.
A Carlos.
Mucho yerra, al cielo debe.
No hay que esperar,
ella es libre, ella es liviana.
Ojo al viejo.
Yo me quiero
retirar, porque a mi padre
le he disgustado, y ya pienso
que para dejar a Carlos
con el infante malpuesto,
de que ha dado claro indicio
pues la cabeza no ha vuelto
a ir para mirarle, todo
lo que ha importado, se ha hecho.
Señor, si me dais licencia...
Bella Aurora, deteneros.
¡Vive Dios, que el conde y caduca!
De que se vaya...
Un remedio
lo estorbará, dile a Carlos
que alguna cosa fingiendo
se la lleve de aquí.
Bien dices.
Escucha, Carlos.
¡Ah, fiero
instrumento de mi infamia!
Yo he de dejar y muy presto
satisfechos mis cuidados.
Pag. 23
Así mi honor satisfecho
pudieses dejar.
No es tarde.
Ya he penetrado tu intento.
Pues ejecútale, Carlos.
Apartaos de este puesto,
os tengo, conde, que hablar.
Lo mismo también deseo.
Seguidme, pues.
Yo me holgara,
mas ya veréis que no puedo
dejar a su alteza agora.
Otro día nos veremos
y hablaremos más despacio,
que, aunque viejo, valor tengo.
Él piensa que es pesadumbre;
asegurarle pretendo.
Seguro vais donde os llamo,
como seguro, no es cierto,
yendo este acero conmigo,
siendo yo quien le gobierno.
No os alteréis.
Aparte.
Con mi padre
habla Carlos en secreto,
y el semblante demudado
le acusa; algún mal sospecho,
que está ofendido de Carlos,
y ya con nuevos recelos
de haberle hallado conmigo
cuando el rendirse vinieron.
Esto me importa atajar,
y pues ya al infante veo
celoso de Umar, que es Carlos,
que es el fin de mis deseos,
nueva ocasión de cuidados
tengo de darle; sospecho,
señor, que Carlos y el conde
según por las señas veo
están con algún disgusto,
y así a vuestra alteza ruego
no permita...
¿Qué te importa
a ti?
Que siempre deseo
todo buen suceso a Carlos,
porque Carlos...
¡Qué embeleco!
Que por el viejo el cuidado,
y hace al otro el instrumento.
Id donde Carlos os llama,
conde, que yo gusto de ello.
Eso no ha de permitirlo
ni mi valor ni mi ruego.
Sabed lo que os digo, conde:
¡vive Dios, que ya son celos
los que no fueran cuidados
a no advertirlos tan ciertos!
Pues vuestra alteza lo manda,
sin replicar obedezco.
Pues ¿un príncipe cristiano,
contra la piedad y el cielo,
a un traidor desafío
ha de dar lugar?
¿Qué puedo
sufrir tan viles agravios?
¡Vive Dios!
Vase el conde y Carlos.
Que a mi despecho
tengo de ir con mi enemigo.
Pag. 24
De mala gana va el viejo,
caballero, no me espanto.
No sé cómo tanto tiempo,
ingrata Aurora, ha podido
contener tal sufrimiento
un pecho lleno de agravios
por no confesar sus celos.
De los dos, señor.
De quien
preguntas tan ciego
piensas que viví de mi amor,
o me juzgas por tan necio,
que no he visto en tus acciones,
en tus ojos, en tu afecto,
la ocasión de tus cuidados
que asilada a mi desprecio
tú admites?
Tan frío amante.
Tú en semejante sujeto.
Díselo claro.
Empleada,
aun yo propio me avergüenzo
en pensar que me compita.
Hombre de tan poco pelo,
digo bien, que el conde es calvo.
Aparte.
Yo he logrado mis intentos,
oyó cuanto a Carlos dije,
a esto importa dar esfuerzo.
Señor, un honesto amor...
Vive Dios, que en un momento
dice la verdad.
Que apenas
ha pasado de deseo,
no presumo yo que os cuadra,
de que debéis ofenderos,
demás de que en mi albedrío
no adquirió dominio el vuestro
para que no pueda yo
admitir el pensamiento
de quien para ser mi esposo...
Demoliro, el juicio pierdo,
pues él quiere ser lo tuyo.
Y así lo que le deseo.
Fuego de Dios en tal gusto.
Y él está conforme en eso.
Aun él me niega esperanzas
que amante lograr espero,
y así, alta Alteza, pido
que puesto que mis deseos,
cuando yo estimo mi honor,
no tendrán jamás efeto,
se sirva de no estorbar
mis hidalgos pensamientos,
que aunque cubre humilde traje
al parecer tosco pecho,
para poder competir
el más noble nacimiento,
el conde sabe quién soy,
y él os lo dirá a su tiempo.
Ha dicho bien, ella es noble
y para casarse el viejo
está informando sin duda
de su ilustre nacimiento,
¿qué más claro ha de decirlo?
Pues vive Dios, que primero
que al conde le dé la mano...
¿Qué ha de ver el puto viejo?
¡Ay, semejante desdicha,
que a lo que escucho, los celos...
Pag. 25
de honor que aquí el conde tuvo
cuando llegó a hablarme, pienso
que de amor los ha juzgado
el Infante, ¡ay tal suceso!
El conde tu esposo antes.
Ruido dentro y dicen.
Muera quien a nuestro dueño
pretende quitar la vida.
¿Qué ruido es ese?
Sale Nise.
Que el pueblo,
convocado contra Carlos
porque con el conde, atrevido,
sacó la espada, le sigue
para matarle, si el cielo
no le socorre.
¿Qué es esto?
Dicen que ha habido
Vase el Infante.
por celos,
dice quien lo oyó.
Dice Carlos dentro y el conde.
¡A villanos!
Labradores, deteneos,
mirad que es Carlos mi amigo.
El conde intenta ponerlos
en paz, pero no es posible.
Ya tengo
para enmienda de este engaño
una gran traba.
Los cielos,
infeliz Carlos, te valgan.
Cayó.
¡Ay!, ¿qué veo?
¡Ay, esposo!, ¡ay, dulce dueño!
Desmáyase Aurora.
Llega.
No miréis que a Carlos matan.
Vase el Infante.
Deja, hermana.
Vuelve Aurora.
Los ojos abrió.
¡Ay, mi dueño!
¡Ay, Carlos mío!
Esto es malo.
Sosiégate, que sospecho
que está apaciguado todo.
No sosegaré hasta verlo,
vamos, hermana.
Este Carlos,
y este amor te quita el seso.
Mucho en poco tiempo supe.
Esto queda bien dispuesto.
Pag. 26
Vanse Nise y Aurora
que este criado dirá
cuánto me causó, a su dueño
desengañaráse Enrique.
Bien dicen que los ingenios
adonde más fuerza cobran
es en los grandes aprietos.
Ninguno de vos se admire
lo que por vengarme intento,
pues por lograr la mujer,
un vengativo deseo
ni hará de la vida caso
ni tendrá al honor respeto.
Yo hallé lo que no pensaba.
Grande mina he descubierto.
Carlos amante de Aurora,
el encanto se ha deshecho.
Mucho el quedarme importó.
Voy a avisar a mi dueño.
Lo cobarde en el lacayo
fue agora de gran provecho,
y será la vez primera
que en amorosos sucesos
ha importado a la maraña
ser gallina el escudero.
Pues que viene a tan buen tiempo,
Sale el Infante
Ya está todo apaciguado.
Señor.
¿Qué es lo que me quieres?
Decirte que un tonto eres,
y que yo soy un menguado,
¿A qué fin?
Advierte,
sabe que en cuanto pensamos
de Acorde nos engañamos,
que en otro amor se divierte
Aurora.
¿Qué es lo que dices?
Lo que yo mismo, que sé,
atiéndeme y te diré
cosas que te escandalicen,
mas Carlos viene, no puedo
decirte nada.
¿Qué importa
que él lo escuche?
Él me reporta,
que le he cobrado gran miedo,
y de que le oí contar
la muerte de aquel criado,
mas esto está remediado,
conque antes de llegar
nos vamos.
Has dicho bien.
Vanse y sale Carlos
Cielos, ¿qué es esto que vi?
Si me vio el Infante, ni
que esta acción estudien,
dicen bien con la sospecha
que tengo de que quejoso
de Aurora el amor; mas yo
pienso dejar satisfecha
la suya aunque esté quejoso.
Pag. 27
Sale Aurora.
de mí, que no sé a deber
mi honor por una mujer
en lance tan peligroso;
sepa que siempre leal
le ha servido mi valor,
y si de Aurora el amor
prosigue en ser desleal
del Infante a la fineza,
licencia le pediré,
y en Nápoles me estaré,
para que con su belleza
Aurora de mi lealtad
triunfar no pretenda en vano,
que si al imperio tirano
se rinde de una beldad
el hombre, solo con verla,
con hermosura y amor
una mujer, ¿qué valor,
qué lealtad no ha de temerla?
Mas ella viene, yo quiero,
puesto que hoy no pudo ser,
desengañarla y saber,
aunque parezca grosero,
qué intención su amor alcanza;
aunque podré responder
que amante, hermosa y mujer
no vive sin esperanza.
Sosegar no me deja mi cuidado
hasta que vea logrado
el fin que busco, cautelosa amante,
de Carlos; a aquesta de su semblante,
tengo de conocer si aquel criado
cuenta al Infante amado
de lo que oí, que yo, que si lo ha hecho,
toda mi pretensión sea satisfecho.
Hablarle quiero agora.
¡Oh, Carlos valeroso!
¡Oh, bella Aurora!
Como tan enojado o divertido,
o por qué os hablo yo, tan ofendido
os tiene mi amor tanto,
os ofende mi llanto,
mi firmeza os enoja,
no os deberá mi pena y mi congoja
sino de remediarla,
siquiera la piedad de escucharla.
Aparte.
Hablarla con blandura
importará alabando su hermosura,
porque es la vanidad de la belleza
la que más ablanda su dureza.
Hermosa Aurora, cese la porfía
de una queja amante que os ofenda,
sin tocar en grosero, aunque parezca
difícil, y aunque no se compadezca,
sin peligrar en tan costosa fama,
el decir desengaños a una dama
más será cortesía.
Hablando aquí aventuro aqueste día,
y si callar procuro,
la lealtad y el honor aquí aventuro.
¿Quién dudará que debe ser primero
el honor en un noble caballero?,
y así en vez de costosos desengaños
Pag. 28
Salen el Infante y Rumolino.
solo con preveniros cuántos daños
se seguirían de que yo aquí os viese,
persuadiros querría, si pudiese,
que dejéis una empresa en que tan cierto
el sentimiento de mi parte advierto;
no porque en vos agora
no admire una hermosura vencedora,
una belleza extraña.
Escucha sin llegar.
Agora me engaña.
Un ingenio divino,
un aseo y donaire peregrino,
una alma en cada aliento,
y muchas en cualquier movimiento,
y en fin todas las partes que han podido
suspender el sentido
de quien las reconoce y las admira
y por ellas suspira,
aunque tan mal pagado
que pudiera hacer queja mi cuidado.
¿Esto es por el infante?
¿No te dije yo bien que era su amante?
Ya lo has visto bien claro.
Esto puedo escuchar.
Pero reparo
y lo veréis, señora,
que no ignorando yo cuánto os adora
el infante, mi dueño,
que no fuera delito en mí pequeño
cuando amigo me llama
y me fía su amor contra la fama
que de noble he ganado,
serle traidor amigo y aleviado.
Rumolino, ¿qué es esto?
Que el desengaño te llegó tan presto
que lo estoy escuchando,
y, cómo puede ser, le estoy dudando.
Mas oye, que prosigue, no hables recio.
Y porque conozcáis lo que yo aprecio,
Aurora, hermosos ojos,
del sol envidia y de sus rayos rojos
con quien ellos compiten,
que emulación menor no se permiten,
puesto que es vuestro genio peregrino,
dadme modo o camino
para que amaros pueda
sin que a lo justo de quien sois exceda,
sin ofensa de un duque,
sin que mi agravio mi traición publique,
sin peligrar mi fama,
sin los precisos celos de mi dama,
sin que mi fe se ofenda,
y sin que el mundo mi traición entienda,
que como esto allanéis ser luego quiero
desde aquí vuestro amante verdadero.
El viento se nos muda.
Con esto, pues, y con que abierta duda
satisfagáis, pudiera
ser que remedio nuestro amor tuviera.
Estos ya son agravios.
Calla, pues, hasta el fin oyen los sabios.
¡Válgate Dios, el Carlos, qué de sustos
nos das, qué de alegrones y disgustos!
Mi vida, si se libra en su respuesta
el logro de mi amor.
La duda es esta.
Pag. 29
Dejando aparte oposición de estrellas
pues no siempre la culpa tienen ellas
porque habiendo nacido
tan gallardo, su alteza, y tan lucido
en todas sus acciones
si letras y armas son quien da blasones
en que él es tan famoso
que en el sí de demás lo poderoso
y a no haberlo nacido
con su mismo valor lo hubiemos sido
pues sin lisonja alguna
él se hiciera asimismo su fortuna
porque, cuando conozco, cuando veo
tantas partes en él
A tu deseo
porque le he penetrado
puedo ya responder lo que has dudado
es porque de su alteza
no es pagado el amor, pues su firmeza
su entendimiento y gala y valor
con quien ninguna en todo se iguala
por si lo han merecido
no es la duda esta
Sí.
Pues esto ha sido
¿No suele el sol al calor
de sus rayos levantar
del más inferior lugar
denso sí humilde vapor
que en la región superior
del aire el que antes asido
un desprecio conocido
de la planta más violenta
apenas no se contenta
con ser cristal de Leteo
habiéndole fabricado
primero que arriba sube
palacio de hermosa nube
donde viva más guardado
de suerte lisonjeado
es del sol de quien nace
y tanto en la nube hace
que con sus rayos la hirió
y el que el vapor levantó
la derriba y la deshace?
Lo mismo pues acontece
a la que contra su honor
templo de gran señor
ser en el mundo apetece
como vapor sube y crece
en su vanidad altiva
y como en su fe excesiva
tanto un señor se adelanta
lo mismo que la levanta
eso mismo la derriba.
El diablo puede argüir
con mujer de este caudal.
Aunque nunca será igual
mi modo de discurrir
paréceme que en subir
vapor y aunque derribado
bajar cristal desatado
alguna dicha alcanzó.
No es dicha la que costó
un pesar anticipado
vapor fue, viose cristal
y el que en gran lugar le puso
ese mismo le dispuso
su precipicio fatal
dolor que no tiene igual
presto subió y bajó presto.
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viose humilde y en gran puesto,
fue luz, presto se eclipsó,
y pues fue mucho, perdió,
mirad qué dicha hay en esto.
Aquí no hay más que escuchar.
Llegan el Infante y Remolino.
Yendo a la respuesta agora
de aquellos inconvinientes
que tu lealtad acrisolan,
y propones a mi amor,
a que es razón que responda
y con que satisfaga,
hoy mi dicha se mejora
con una sola razón.
Mucho harás con una sola,
satisfacer tantas deudas,
siendo tan precisas todas.
¡Gran desdicha!
De rodillas.
Vuestra alteza,
señor...
¿De qué te congojas,
Carlos, cuando yo escuche
la lealtad que en ti se apoya?
Levanta del suelo y llega
a mis brazos, y aun son poca
satisfacción a lo mucho
que es justo que reconozca
de nobleza y de lealtad
en lo que has mostrado agora.
El edificio dio en tierra.
Vase.
Y tú, mas calla la boca,
agravios que siente el alma,
que si de suerte apasionan
los celos que enajenando
el sentido y la memoria
a su valor no advertido
y a su obligación forzosa
negado, el hombre más cuerdo
suele a veces decir cosas
que a un no culpado dicen,
aunque a la razón conforman;
mas quiero agora faltarme
entre mis ansias celosas
al alivio de la queja
y al favor de la congoja,
por no faltar enojado
a la obligación forzosa
de la nobleza que heredo
y del valor que me informa.
Ven, Carlos. Ven, Remolino,
y aunque sé que más gustosa
que a pesar de tu desvío,
este juramento, Aurora:
vive Dios, que aunque en tu ausencia
entre penas amorosas
adolezca destos celos
y muera de tus memorias,
que a este prado ni a esta aldea,
ese monte ni esas rocas,
para buscar tu hermosura
no han de ver más mi persona.
Vase.
Tiene gran razón su alteza
que ha andado muy cautelosa,
y sabe de amor de infantes
mucho menos cada hora;
cuerpo de tal con la... ¡No iré!
Y escucha, Carlos...
Vase.
Perdona,
que escuchar es imposible.
¿Quién dirá que cuando todas
mis esperanzas tenía
puestas solo en una cosa
que era enamorar a Carlos,
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porque de la muerte propia
que él con su criado hizo
porque a su dama enamora
dándole en el monte muerte,
pues no menos briosa
es la condición de Enrique,
también se la diese yo agora;
puedan quedarme esperanzas,
que mi venganza dispongan.
Parece que es imposible,
que este desengaño sobra,
para quedar engañado
de la lealtad valerosa
de Carlos, contemple a Enrique,
con que será (quien lo ignora)
persuadirle a lo contrario,
empresa dificultosa.
Pues no lo ha de ser, que yo
lo he pensado ya de forma,
que, sin que de ellos salgan,
con una traza ingeniosa,
Enrique a buscarme vuelva
con nuevas ansias celosas,
Carlos amores me diga,
y el mismo infante los oiga,
con que quedemos a un tiempo
Carlos sin aquesta gloria,
yo con este nuevo triunfo,
él sin vida, y yo gustosa.
A Inese voy a buscar,
que un papel y su persona
han de ser a un tiempo mismo,
si mi dicha no lo estorba,
principio de mi venganza
como fin de mis congojas.
Vase, con que se da fin a la segunda jornada.
Personas de esta comedia: El infante don Enrique. Flemolino, gracioso. El conde Aurelio, viejo. Carlos, galán. Dinabel, galán. Aurora, villana. Inese, villana.
Jornada tercera
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Salen el Infante y Remolino.
¿No has querido, en fin, salir
de la aldea de Belflor?
No he de olvidar.
¿Eso un hombre ha de pensar?
¿Eso un hombre ha de decir,
con celos, al que es honrado?
Que amor no se le ha olvidado,
y más si en agravio tocan,
cuando hasta a un bruto provocan
a tan celoso cuidado,
que puede, trocando el nombre,
en caso de honor igual,
dudarse porque te asombre
si el bruto es el racional
o el irracional es hombre;
y ansí, a tu nuevo valor
ofendes y a tu deidad.
Remolino.
Gran señor.
Usa de tu libertad,
deja mi dolor.
Si te enojo, perdón pido.
¿Tan fácil te ha parecido,
hacia turbador de estado,
a un amor tan dilatado
tan apresurado olvido?
¿Tan fácil es de olvidar
lo que se llegó a querer
con amor tan singular?
Pues ese amor ha de ser
el más fácil de acabar.
Una razón al intento
y no en forma de argumento.
Pag. 33
que aquí no tiene lugar.
Claramente ha de probar
tan difícil pensamiento.
Amor es fuego, y mayor
donde subiere más amor
amar y perseverar
su calor, y el olvidar
resolverse su calor.
El fuego, señor, consume
cualquiera materia, luego
fácilmente se presume
que donde es mayor el fuego
más resuelve y más resume.
Pues si a mayor proporción
se debe hacer toda acción
y es fuego amor, claro está
que donde es mayor, dará
más fácil resolución.
¡Qué vana sofistería!
Fundada en filosofía.
Tan difícil opinión
solo con esta razón
pienso que se probaría.
Mira, cualquier sinrazón
de quien más obligación
nos tiene, damos cuidado
que hasta el cielo está adornado
de esta ilustre condición.
Luego donde es el amor
mucho, y mucho el sentimiento,
con modo más superior
obrará el entendimiento
en sentir cualquier rigor.
Luego a ofensa conocida
de amor en la ardiente llama
se ve que lo que en la vida
con más afectos se ama
más fácilmente se olvida.
Dejando esta duda a un lado
de ti quisiera saber
en qué desierto o poblado
viste a esta Circe o mujer
que así te tiene encantado,
cuándo este amor comenzó,
que de justicia me debes
el que no lo ignore yo,
sino es que a pecar te atreves
en lo que jamás pecó
ninguno de cuantos amos
en las comedias que vemos
con sus lacayos miramos.
Puesto que tiempo tenemos
Sí, que a Carlos aguardamos.
Porque es el rato mejor
que tiene un amante, hablar
en la historia de su amor,
este alivio quiero dar
a mi pena y mi dolor.
Un mes habrá que libre mi deseo
blasonaba de suyo, mi cuidado
siendo mi altivo y más gustoso empleo
pisar el monte y discurrir el prado
cuando más por castigo que trofeo
para herirme el amor contra mi agrado
la mano al arco tan furioso aprieta
que le sobró el cuidado y la saeta.
Pudiérale decir cuando se ampara
Pag. 34
del rigor de que entonces se aprovecha
o que ignora la flecha que dispara
o que fía al rigor más que a la flecha
pues en diciendo Aurora cosa es clara
que toda diligencia se está hecha
sin que se necesite para amarla
de otro cuidado más que de nombrarla
Cazando pues Antonio discurría
un día el más feliz que lograra verla
aunque el más desdichado y triste día
puesto que no ha podido merecerla
agua una clara fuente la ofrecía
que por que más tardase en el cogerla
si primero el cristal desperdiciaba
perla a perla después le destilaba
En seguimiento de una corza herida
que en los cristales de la clara fuente
últimos paroxismos de la vida
restaurar pretendía en su corriente
si ya no como plata derretida
la que corre en raudal y solamente
es su materia poderosa y rica
por remedio más cierto se le aplica
y llego cuando vi tanta belleza
mas no llego mi afecto me llevaba
que ardiendo en ira al ver su ligereza
si la corza corría yo volaba
en la fuente la alcanzo y con destreza
vibro el venablo sin mirar que estaba
presente Aurora a tanta acción que luego
murió en el aire si nació en el fuego
entre el amago y golpe, mas prosiga
un ejemplo más bien aqueste intento
no viste tierno infante a quien castiga
piadoso padre con rigor violento
que entre el temor la pena y la fatiga
con el semblante ofrece el escarmiento
y en mucho afecto a compasión no poca
el maternal auxilio humilde invoca
no de otra suerte el animal postrado
o a falta del aliento en la carrera
o a sobra del carmín que ha derramado
que de toda ocasión nacer pudiera
entre los pies de Aurora que ha besado
(que también hay lisonja en una fiera)
si pretende obligar a los favores
que modere le pide mis rigores
ella lo hace y yo más advertido
de la ira, depuestos los enojos
porque a su ruego supliqué rendido
lo que ya me mandaron unos ojos
y reparando en que cortés no he sido
cuando el alma les ofrezco por despojos
en estar a caballo, de él me apeo
por ponerme más bien en mi deseo
mas ay que un mes ha ya que con él lucho
y de él apenas a esperanzas llego
y aun si el desdén y el desengaño escucho
no se apaga mi amor, tal es mi fuego
mucho es lo que padezco y notar mucho
que no es mayor el bien por quien me ciego
o muera en mi dolor tan dilatado
este es mi amor, ya sabes tú su estado
Qué mucho que aguardes fines
tenga, señor, como ves
un amor que tan aguado
desde su principio fue
Sale Rise con un papel.
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(Aparte.)
Con orden de Aurora vengo
y con aqueste papel,
para que, fingiendo aquí
que las personas troqué,
y que al infante he tenido
por Carlos, que puede ser,
pues que le conozco y ignora,
al infante se le dé.
También me mandó que hiciese,
más que gasto tiempo, pues
él mismo os lo dirá
lo que me mandó hacer.
Y así, ejecutarlo quiero.
Pienso que habéis vos de ser,
por las señas que me han dado,
para quien este papel
traigo, de Aurora; ¿no sois
Carlos, su amante fiel?
Esto dijo que dijese.
Cuerpo de tal, ¿esta es
Nise, otra hermana de Aurora?
No debe de conocer
a Carlos; di que eres tú.
Yo soy Carlos, ¿qué queréis?
Dale Nise el papel.
Esto os envía mi hermana,
y puesto que habéis de ser
vos la respuesta, que así
pienso que os lo encarga en él,
no tengo más que aguardar.
Que yo voy a disponer
el modo con que esta noche
en el jardín os habléis,
que este favor quiere haceros.
Oíd, esperad.
(Aparte.)
Retírase Nise al paño.
Haré
mucha falta en casa, adiós.
Allí me retiraré
mientras lee el papel, que luego
por él tengo de volver.
Yo obedezco y no sé más.
Válgate Dios la mujer
tan de repente o de golpe,
que pudiera en buena ley
de quínolas, como dicen,
valer dos dedos más. Lee
el papel, que estoy temblando,
aunque quisiera saber
dónde a Carlos enviaste.
A que sepa le envié
a qué por la posta vino
de la corte Pinabel,
que pienso que trae sin duda
la nueva de cómo el rey
mi hermano le ha levantado
el destierro al conde.
Fue
buen vasallo, mas advierte:
quita la nema al papel
sin rasgarle, por si acaso
fuese importante después
volverle a cerrar.
Abre el papel y lee.
Bien dices.
Sutilmente la quité.
Aunque cuando ejecutando hoy tus favores llegó
Su Alteza, y por el aviso que le dieron mis ojos, de
quien se recataba a tan buen tiempo y tan discre-
tamente mudaste las razones que pudieran
engañar al más advertido celoso, que presumo
que puede ser, con todo esto, y cuidadosa no
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hubiese excusado nuestro amor, y disimulado
por entonces, de este cuidado podrás sacarme
esta noche que te espero, como tenemos concertado,
Dios te guarde. Tu Aurora.
Ya leyó el papel, y agora
salgo yo a saber mi papel.
Cortesano caballero,
aunque lo debéis de ser
por el traje que vestís,
más que el trato que tenéis.
¿Úsase en la corte acaso,
aunque el modo de allá es,
Aparte.
Dásele.
No paréis, más adelante,
que tanta razón tenéis,
y disimular me importa,
que no sé qué os responder.
Por ser de Carlos amigo
me he atrevido, como veis,
a aquesta descortesía.
No lo digáis así,
que si queréis buscar,
pienso que a palacio fue,
y este diamante negocié
que me hagáis esta merced.
Es de oro, trato tan bueno,
que de un modo cortés
me ha templado un gran disgusto
que tener con vos pensé.
¿Quiere mucho Aurora a Carlos?
Rematada está por él.
¿Y él págala?
Con amor.
Id con Dios.
Que vida os dé.
Apártase Nise, y guarda aquel papel y saca otro.
Guardo este papel y saco
aqueste, porque ha de ser
otro que le llevo a Carlos,
aunque ignoro para qué.
Vase Nise.
¡Oh traidor Carlos, oh aleve!
Mas, ¿quién te vio encarecer
su valor y su lealtad?
¡Oh fuego de Dios en él!
No muy bendito, señor,
pudiera decir a fe,
cuando la suya alabaste.
¡Vive Dios, amigo infiel!
¡Vive Dios, traidor vasallo!
Que tu vida ha de no ser
satisfacción de mi enojo.
Repara, señor, más bien,
que hasta averiguar mejor
si culpado Carlos es,
que aquí puede haber engaño;
no hay razón que falte de él.
Pues en lo que Nise ha dicho,
pues en lo que yo escuché,
y aquese papel confirma,
¿qué engaño ha podido haber?
Alabando su hermosura,
¿no estaba cuando llegué?
¿Requiebros no la decía?
De todo me acuerdo bien,
mas mira que he reparado
en que tiene esta mujer
muchas señas de embustera.
Conmigo esta noche ven,
que con lo que yo he pensado,
la verdad se ha de saber.
¿Qué prueba de su traición
mayor, que si acaso él...
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a verse con ella va.
Esta noche.
Dices bien.
Vive Dios, Carlos aleve,
qué sabes tú si lo es.
Que si sombra de traición
hoy en tu lealtad se ve,
que he de quitarte la vida,
y cómo pudiera ser
poder volvértela a dar,
eso era quererle bien.
Muchas veces te la diera
por quitártela después.
Vanse y salen Pinabel de camino y Carlos con una carta.
Vuélveme a dar los brazos,
que de amistad serán eternos lazos,
y sea Pinabel también venido
cuanto esta nueva deseada ha sido
de mi ardiente deseo,
que en fin nos llama el rey, Arquelao,
tanto estoy de esta nueva deseoso,
que no sé si la dude.
Qué dichoso
puedes, Carlos, llamarte,
pues hoy fortuna entre los dos reparte
si de esta causa por caminos varios
dos efectos contrarios,
pues si a ti aquesta nueva
de mi desdicha prueba
te da tan gran contento,
a mí pena y tormento;
si a ti mucha alegría,
a mí tan desigual melancolía,
que pienso que la vida ha de costarme
sin poder remediarlo y remediarme.
Son tan indiferentes tus razones,
tan llenas de dudosas confusiones,
que aunque darte quisiera
algún alivio entre tu pena fiera,
como tanto la encubres,
no en mis consuelos mi amistad descubres.
Aparte.
No es capaz mi cuidado o mi castigo
de poderse contar ni al más amigo,
y digo bien, porque será ignorante
el hecho, tendrá a desaire, y el semblante,
el que una traición cuente
al más amigo ni al mejor pariente.
Pésame que haya sido
tan extraño tu mal que haya tenido
aquese inconveniente,
mas de cualquier manera siempre siente
el alma, como es justo,
tus penas, Pinabel, y tu disgusto;
mas vuelta me aguarda, a darle vamos
aquesta carta, que aunque nos llevamos
nuevas de mucho gusto,
es orden que me dio guardar, es justo.
Sale Nise con un papel.
Gracias a Dios, señor Carlos,
que os halló mi diligencia,
después que ha más de dos horas
que os busco con una nueva
que pienso que ha de valerme
unas albricias muy buenas.
Así me lo ha dicho Aurora,
y dice que porque vea
vuestra nobleza, que amas,
que su amor la estima y precia,
que leáis este papel,
donde veréis claras muestras
de esta verdad que yo publico.
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Hermosa Nise, la lengua
suspendió a ese recado,
y perdonadme que sea
de corta, si no de vicio,
el papel, que aunque debiera,
por ser quien le envía Aurora
y vos quien le trae respuesta,
más noble y más cortesana,
en esta ocasión es fuerza
a mi nobleza faltar
por cumplir con mi nobleza.
[Aparte.]
Viendo de Aurora que Carlos
tomar el papel quisiera,
más valdréme de la traza
que me previno ella misma.
A muy buen puerto he llegado
cuando pensé que tuviera
mi cuidado mejor paga,
y el costar, como me cuesta,
una muy gran pesadumbre
el que a vuestras manos venga
este papel, porque ahora
cuidadosa y con cautela,
a quien llegué a preguntar
si era de vos, porque apenas
con la noche os conocía,
fingiéndoselo se entrega,
de manera dél, que ha sido
gran ventura el que pudiera
sacársele de las manos,
hasta que a voces y a quejas,
después de haberle leído,
hice que me le volviera;
y al fin, miren para qué.
Según lo que Nise cuenta,
era el infante, sin duda,
quien tomó el papel, y es fuerza
el verle yo, por saber
lo que en él leyó su Alteza;
no sea que intente a Aurora
alguna cosa que ofenda
a mi lealtad. Bellarisa,
no fuera justo, no fuera
razón, que en deuda tan grande,
desagradecido a ella,
diese al través, que facilisa,
y así, porque no la tenga
vuestra hermosura, de mí,
que de esto mi honor se precia,
por vos el papel recibo.
Yo me doy por satisfecha,
no hagáis fuerza a lo que es gusto,
ni lo que es razón, violencia,
y así, no os le pienso dar,
que es mi hermana Aurora, y fuera
desprecio de su hermosura
y de su valor afrenta
que pudiese el fuego más
en vos, que no su belleza.
Si os ofende la lisonja,
por ser en todo discreta,
si os agravia el agasajo
y os enoja la fineza,
no ya por vos, por Aurora
le estimaré.
Pues por ella
os le doy, muy advertid
que ha de llevar la respuesta.
Perdonad, Pinabel.
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Lee Carlos el papel.
Aunque es prevención tan vana,
por cortesana y conmigo
excusada diligencia.
Válgame el cielo, Nise,
lo que de este papel siento;
porque tan grande mudanza
en distancia tan pequeña,
en una mujer que hoy
con amorosas finezas
a su amor me persuadía,
parece imposible, fuera
de que enviarme a llamar
para darme el papel, si era
lo mesmo que haberle enviado
dentro de aqueste, sospecha
y no pequeña me da,
de que hay en esto cautela;
pero yo he de asegurarme;
y ha de ser de esta manera:
¿Qué suspenso habéis quedado?
Pues ¿no es de admirar si es aquesta
la nueva más venturosa,
si es la más dichosa nueva
que tuve en mi vida, cuanto
el no haber visto sintiera
este papel, Nise hermosa?
De agradecimiento aprenda
esta cadena, no paga.
Lindo oficio de estafeta
si así los portes se pagan.
Por ser vuestra, es bien que tenga
conmigo la estimación
que merecen prendas vuestras.
Ved a qué hora podré
verme con Aurora.
Aparte.
Vase.
Aquesta
es la mejor, y pues ya
de mi casa estamos cerca,
a esta esquina os esperad;
y en haciendo yo una seña
y señal que Aurora sale,
y podréis hablar con ella
lindamente a su pedido.
Yo llevo gustosas nuevas
a mi hermana.
Pinabel,
esta es una diligencia
que importa al Infante, y quiero,
aunque ha de ser yo por fuerza
quien la ha de hacer, si es posible,
no haberlo yo, y que se entienda
que soy yo quien la ejecuta;
pues a tan buen tiempo llegas,
fingiendo tú mi persona,
que por noche y tan dispuesta
a engaños, que será obscura
según los principios muestran,
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Aparte.
Basta, Carlos, no prosigas,
que vive Dios que me afrentas
en facilitarme tanto
lo que de tu gusto sea,
ya te he entendido, y me holgara
ya que me ocupas que fuera
en cosa más importante,
porque vieses la fineza
de mi amistad, él, sin duda,
quiere a aquesta aurora y piensa
que pierde para conmigo
por ser villana grosera,
y ha tomado aquesta excusa que,
por disculpar su flaqueza,
quiero dejarme engañar,
pues él tiene por afrenta
que yo lo sepa.
Aunque falto
a lo que manda su Alteza,
que fue el venir a buscarte
para saber con quién casaba,
dejaste al conde y me aguarda
que le lleve la respuesta;
la que le traes es tan mala
que ha de dársela es fuerza,
quiero que modere el disgusto
los pesares de esta nueva.
Salen Nise y Aurora, una recatada y otra bata.
Si lo más dificultoso
habemos ya conseguido,
que es haber Carlos venido,
el Infante, que celoso
con el papel que leyó
debe estar de Carlos ya,
quién duda que vendrá
como lo previne yo.
Es muy natural acción
en un celoso; demás
que no dudes que verás
lograda tu pretensión,
que en acciones que advertí
y en palabras que escuché
esa verdad confirmé,
mas mira que aguarda allí
Carlos, que se resistió
a venir de tal manera
que si aquello no dijera
de que Enrique el papel vio
no hubiera venido, y puede,
como forzado ha venido,
haberse ya arrepentido,
y saber que burlado quede
tu intento.
Llámale, pues,
que mientras que Enrique venga
con que a Carlos entretenga
he ya pensado.
Cortés
y agradecido andarás
estimando este favor,
que a tu prudencia y valor
dejo todo lo demás.
De todo advertido estoy.
Allí espero retirado;
procura abreviar, y advierte
que está su Alteza aguardando.
Llegad, Carlos, que mi hermana
os espera ya.
Y yo aguardo.
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Llegase Pirabel y entran el Infante y Remolino
a que vos me aviséis
creo
que a buen tiempo hemos llegado.
Allí un bulto se divisa
de un hombre y si no me engaño
dos mujeres, sí, bien digo, en la reja
que con él hablan.
Serán Carlos,
Aurora y Nise.
Bien dices.
Pues la noche encubre tanto
desde aquí saber podremos
quién es y qué están hablando.
Llegad, Carlos valeroso.
Mejor alevoso, Carlos,
hubieras dicho.
Roguemos
a Dios por este cristiano
que según veo su vida
no daré por ella un clavo.
Para quitarle mil vidas
cuando de el papel llamado
viene, otro indicio espero.
Éste ha sido temerario
mas lo que dicen escucha
que aquí puede haber engaño
y serviráte siquiera
de justificar el caso.
Detrás de Carlos he visto
dos bultos mas que me espanto
el Infante y Remolino
serán porque en el cuidado
de rebozarse lo advierto.
Aquí agora de mi engaño
aquí de mi ingenio agora
que necesito de entrambos
cómo haré que Carlos siga
y que Enrique esté escuchando
palabras que le desvelen
que en el fin de mis cuidados
más equívocas razones
que hagan dos sentidos varios
al papel que leyó en Enrique
y al que también leyó Carlos
que han de sacar de este empeño.
Como mi amor ha adivinado
el riesgo en que estaba, vida
hoy se viera al excusarnos
el Infante, tío, dueño
a no ser vos tan gallardo
y en todas obras, acciones
tan prevenido a los casos
que tocan a vuestro honor
para salir de un cuidado
y sacaros del riesgo
en que os contemplo, si acaso
no satisfecho su alteza
de vuestra lealtad ha dado
indicio de algún enojo
que llegase a sentir tanto
os escribí aquel papel.
Puede decirlo más claro.
Por escribir el papel digo
solamente procurando
mi bien pues tanto intereso
supuesto que tanto gasto
en amar, mas la vergüenza
pero mi honesto recato
pasar de aquí no me dejan.
Pag. 42
Ya sabéis vos a quién Carlos
Que de un amigo me encubriese
un amor tan declarado,
¿qué me responderé?, que apenas,
según confieso, me hallo,
sé lo que diga; mas quiero,
pues él me encargó aquí tanto
que agradeciese su amor,
decir lo que enamorado
Carlos también le dijera
si él lo estuviera escuchando.
Oigamos lo que responde;
Dios ponga tiento en sus labios
como en sus manos al otro.
Aunque quiera mi cuidado,
aunque intente mi deseo,
y uno y otro, temerarios
esfuerzos del alma, anhelen
para no dejarme ingrato
a tantos favores vuestros,
del alma dulces regalos,
no sabré pagar, bien mío.
¿Qué importa que sepa Carlos
que hablo por su amor tan tierno,
si algunos celos villanos
son causa que no la vea,
y aquí tengo averiguado
un amor tan verdadero?
Antes en esto le hago
una amistad que algún día
la estimará cortesano.
Digo, pues, hermoso dueño,
que solamente callando
podrá encarecer la lengua...
Esto está ya declarado.
Ya castigado verás que lo está.
¡Presto, villano,
traidor y mal caballero,
de tu traición a las manos!
Dale el Infante con la daga y éntrase cayendo Pinabel.
¡Santos cielos, ay de mí!
Muerto soy.
Ya se lograron
mis intentos.
¡Ay, desdicha
grande y dichosa!
Sale Carlos con la espada desnuda.
¡Qué villano!
¡Qué traidor!
Aún no está muerto;
debe de tener ensalmo
contra heridas de antubión.
Señor, vuestra Alteza aguarde,
porque...
A mis manos te has vuelto,
pues morirás a mis manos;
defiéndete, si pudieres.
Saca la espada el Infante.
Advierta, más reportado,
vuestra Alteza...
Vamos, Nise.
Oye, Aurora, espera un rato,
porque a la luz de tus ojos,
porque a la luz de tus rayos,
infunda en él tu presencia
un espíritu alentado,
con que iguales estaremos,
porque si aquí le aventajo
en la razón de la queja
y en el valor de mi brazo...
Pag. 43
Sale el Conde con un criado que trae una hacha encendida.
Esa ventaja le quiero
dar con que iguales estamos.
¿Hacia aquí suena el ruido
de las espadas?
Si el labio
a mi disculpa permites,
verás...
Cielos soberanos,
¿no es Carlos el que allí veo,
y el de la espada en la mano
el infante que le quiere
quitar la vida, qué aguardo?
¿Que a darle favor no llego?
Pues que ya desengañado
estoy de aquella sospecha
que tuve de él, digo tanto,
con tan grande amigo mío,
¿qué ha podido ocasionarlo,
gran señor?
Su muerte impides.
Cierra, señor, cierra el labio,
que está vengando su ofensa
y su traición castigando.
Conde, reportarme quiero.
Mire, estas esgrimas no alcanzo.
Si como Aurora me dice
en castigo del agravio
que de Carlos sospeché
queréis dar la muerte a Carlos,
su poca culpa refiera
aquesta carta que acabo
de recibir, donde el Rey
mi señor, de propia mano
secretamente me avisa,
después de haberme mandado
que vuelva a la corte, que un
fiero traidor que, procurando
mi deshonor...
Dice dentro Pinabel.
Santos cielos,
justamente castigado
de mi traición muero ahora.
¿Qué es aquello?
Llega, Fabio.
Llega y sabrás, mas, ¿qué miro?
Pinabel es que pagando,
como él dijo, su traición,
pues de todos mis trabajos
fue la ocasión, como el Rey
mi señor y invicto hermano
de ira, alteza, me escribe,
en su sangre revolcado
yace muerto.
Vuestra alteza
le dio la muerte, pensando
que a Carlos mataba.
El cielo,
que siempre tiene cuidado
de defender la inocencia...
Y suceso más extraño.
Me ha librado, porque yo
temiendo algunos engaños
de Aurora, mas no es aquesto
para que se diga a tantos,
no es justo que por mí pierda.
Porque estimo ese recato
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Y porque sepas también
que a los cielos soberanos
debes aún más que imaginas,
y porque quede admirado
el mundo de este suceso,
y si no, desengañado,
advertido, Vuestra Alteza,
que son sus intentos vanos
si con quitarme imaginas...
Escúcheme atento un rato.
Puesto, señor, que tan cortés amante
aún más que perseguís, y tan constante,
que cuando siendo vos tan poderoso
y tan humilde yo, casi forzoso
pareció que conmigo hubierais sido,
si menos gran señor, más atrevido.
Para la ofensa del honor, y mía,
tal fue, Vuestra Alteza, recato y cortesía,
que parecemos (perdonadme agora)
vos el humilde y yo la gran señora;
aunque mal lo he pensado,
que nunca tal señor habéis andado,
ni hecho acción que os consiga mayor fama
que cuando sois cortés con una dama,
que deje ese vuestro amor en este estado
y de mi padre el conde, sea admirado.
Vuestra Alteza está y mi pensada nueva
no en el agravio mío el labio mueva
a preguntar dudando, y no advertido,
porque quien lo que soy ha conocido
me hiciera agravio y no justo,
si aquesta nueva le cogió de susto.
Puesto que a voces mi valor desvía
tal afecto a mi espíritu, y no envidia,
que fuera agravio de mi ser valiente,
no ser jamás que aurora solamente.
Pero volviendo al infeliz destierro
del conde, que es motivo a tanto yerro,
y a dar mayor esquiveza,
si hoy por Carlos el cielo revolviera.
Digo que presumiendo que alteria
culpó a su esposo por fingir el día
que de la corte desterrado vino
y vengarla al punto determino.
Acuérdome que Carlos dio la muerte
a un criado, ya sabes de qué suerte,
y la causa también, del lance valgo,
y enamorarle pretendí más algo.
De tan dudosa empresa tan vencida,
que no sé cuál pudiera estar con vida:
o mi poca hermosura en no obligarle,
o mi poca cautela en no engañarle.
Pues de suerte a mi amor se ha resistido,
de sola su lealtad favorecido,
que fue (decir pudiera)
roca a su mar, mas poco aplauso fuera.
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y así solo diré que fue obstinado
hijo de su nobleza y tu criado,
y así el papel que a él se llevó agora
y las demás acciones (que esto ignora)
todas se encaminaban solamente
a que tú, con espíritu valiente,
celoso de Carlos y ofendido,
le quitases la vida, tal ha sido
de la mujer el obstinado anhelo
si castigar intenta aquel desvelo
que enamorando a Carlos mi esperanza
hacer quería del amor venganza.
De las palabras del rey
nacieron tantos engaños,
porque, como aquí me escribe,
fueron de aqueste criado
y el conde Arnaldo traiciones,
con que yo he vivido en tanto
descrédito de tu honor
que no sé, famoso Carlos,
qué satisfacción...
Es fácil,
dándole a Aurora la mano.
Como ella acepte, lo yo
mis estados renunciando
en él, y advirtiendo que es,
aunque humilde se ha criado,
del gran duque de Ferrara
heredera en los estados
que hoy gobierna Ricaredo,
porque en secreto casado
con su madre porfía, atreve
cuyo suceso dilato
para mejor ocasión.
Pues siendo eso así, y que se
vuestro amor divierte a Carlos,
y puesto que a tal señora
un rey puede dar la mano,
que a mí me ha de ser más justo
pues con favor de mi hermano
mejor que Carlos podré
restituirle en su estado.
Ahora sí soy dichosa.
Esta señora y mi mano,
y este el fin de este suceso.
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perdonad si no acertaron
el poeta en escribirle
y el actor en agradaros.
Danse, con que se acabó la famosa comedia de Hacer del amor venganza.
Fin
