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testo digitale di El premio de la humildad y la traición castigada

Data di pubblicazione: 22 agosto 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El premio de la humildad y la traición castigada. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-premio-de-la-humildad-y-la-traicion-castigada.

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EL PREMIO DE LA HUMILDAD Y LA TRAICIÓN CASTIGADA

Pag. 1

Mss 15546

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Página en blanco.

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D. Vicente [ilegible] y Mz. de la Torre. El premio de la humildad y la traición castigada. Comedia en 3 act.

Pag. 5

D. Vicente Ximénez y Lloris, de la Torreta. El premio de la humildad y la traición castigada. Comedia en 3 actos. Leg. 19

Jornada primera

Pag. 6

COMEDIA FAMOSA EL PREMIO DE LA HUMILDAD Y LA TRAICIÓN CASTIGADA De Don Vicente Ximénez y Lloris de la Torreta Personas que hablan en ella. Policeto Alastro Sireno Marina Rosaura Clavela Martín Rodulfo Faustino Ludovico Estanislao Rey Música.

Con ruido de tormenta dicen dentro Rodulfo, Sireno y otros.

Unos.

¡Cielos, favor!

Otros.

¡Cielos, amparo!

Rodulfo.

Echad de la nave la proa a los bajos

de este monte, a la aspereza.

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Rodulfo.

antes que furioso el mar, con su braveza,

nos eche a todos a pique.

Sireno.

Salga a tierra Rodulfo en el esquife

a este respaldo de montaña,

porque del mar la fuerte saña

que nos eche a fondo recelo.

Rodulfo.

Válgame la piedad del santo cielo.

Salen cayendo.

Rodulfo.

Que después que de Venecia hemos salido,

tan triste el corazón, tan afligido

el pecho, siempre ha estado,

viéndome de la mar amenazado

con el temido choque de aquel risco,

que aún dudo si es la tierra la que piso.

Sireno.

Felicidad ha sido, que del daño

hayamos conseguido el desembarco

en el repecho de esta sierra.

Unos.

Áncoras echad, y tomad tierra.

Rodulfo.

No he visto en mi vida tempestad más fiera.

Sireno.

Del aire y del mar pelota fue ligera

la nave, pues del cielo a las arenas

con lamentos clamaron nuestras penas.

Rodulfo.

Qué mal hace el que, sin mandar mares y vientos,

entrega a tan vanos elementos

la joya más preciosa que es la vida.

Sireno.

Fiera desgracia has tenido en tu partida,

¿y has de volverte a embarcar?

Rodulfo.

No, Sireno, que imagino

que el lugar está vecino

y hay poco que caminar,

y será mucho mejor

que por tierra caminemos,

que no que en la mar esperemos

otra tormenta mayor;

ya que piadosos los cielos

me han permitido esta dicha,

no quiero de otra desdicha

tener mayores recelos.

Sireno.

Tu consejo es acertado;

mejor será el caminar

por tierra.

Rodulfo.

A escarmentar

basta ya con lo pasado.

Sireno.

No sé qué causa has tenido

para salir de Venecia,

y de la mar y su inclemencia

sus riesgos haber corrido;

cosa que de aquesta acción

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Sireno.

Caso me tiene admirado,

y sin causa no has tomado

tan fuerte resolución.

Rodulfo.

Si pretendes escuchar

la causa que dio motivo,

atiéndeme.

Sireno.

Favor recibo

de llegarla a declarar.

Rodulfo.

Ya sabes, Sireno amigo,

que de esta ciudad suprema,

república celebrada

de las plumas y las lenguas;

ya porque la cerca el mar,

pues en su cristal sustenta

tan suntuosos edificios,

labrados de fuertes piedras,

donde inmortales para siempre,

a los siglos que se esperan

ofrece a sus moradores

vivir edades eternas.

De aquesta insigne ciudad,

que ya sabes es Venecia,

soy su Senador, en quien,

por haber nacido en ella

de ilustres padres, alcanzo

el blasón de la nobleza;

referirte de intereses,

es excusado, pues cierta

tienes la averiguación

de mis bienes y mis rentas.

Mas abajo de mi casa

vivía una dama bella,

a quien llamaban Lucinda,

que para vivir con penas

creo que los Cielos santos

dispusieron que viviera

tan cerca de sus umbrales,

porque Cupido tuviera

mirándola cada instante

apuntadas sus saetas,

y en el blanco de mi amor

para que presto muriera,

con este amoroso hechizo

llevado con su belleza,

viví mucho tiempo, dando

con igual correspondencia

Lucinda a mi estimación

repetidas las finezas.

Supo mi padre este empeño,

y con tirana violencia

Pag. 9

Rodulfo.

para que yo la olvidase

dispuso casarme a fuerza

con Aminta, hija de Claudio

también senador, que era

de aquellos pasados tiempos

mi antecesor, pues hereda

mi persona por su muerte

el título de su herencia.

Puse en plática a mi padre

declarándole que era

más de mi gusto Lucinda

que no Aminta, y que atenta

esta verdad, no era justo

que de mi pecho saliera

este amor, que era primero,

que no toda su obediencia:

quedó mi padre ofendido

viéndome con tan revuelta

determinación, y sordo,

cerrando todas las puertas

a la razón, y avariento

con Aminta, porque eran

más sus riquezas, redujo

el albedrío a la fuerza.

¡Oh, bárbaro interés! que, como

embotando las potencias,

dejas lo que es de razón

por adquirir más riquezas:

porque ¿qué ley hay que mande

en la voluntad, si reina

como libre el albedrío

en sentidos, y potencias?

En fin, a mis pocos años

tuvo mañas y tuvo fuerza

mi padre para quitárme

de los ojos esta venda.

Mal he dicho, que oprimiendo

infantiles primaveras,

de mi poca edad, me puso

reducido a la violencia

de dar el sí de casarme

con Aminta. ¡Oh obediencia

infame! y ¡oh fieros padres!

Los que obstinados intentan

dominar más que no Dios;

porque si los Cielos dejan

las almas, con libertad,

¿qué ley ha de haber que quiera,

que lo que Dios deja libre

respetos humanos tuerzan?

Pag. 10

Rodulfo.

al fin casé con Aminta,

no por mi gusto, por tema

de mi padre, mas Lucinda,

con superior influencia,

siempre se quedó en mi pecho

estampada la belleza

de su hermosura, pues las

con amante competencia

al imán de sus dos soles,

que con celajes, engendran

cautividades al alma,

trayéndola prisionera:

así olvidado de mí

con ansias, males, y penas

fui abrasada mariposa

quedando, a sus luces bellas,

batallando en sus reflejos,

hechas las alas de cera.

Con ella quedé abrasado,

y ella a mi amor atento

tan fina correspondió,

con sus amantes finezas,

que unidas las voluntades

corrimos los dos parejas;

pues lo que el yugo de padre

tiranizó, con violencia,

por el interés de Aminta,

no fue bastante su fuerza

a estorbar no fuese dama

quien para esposa era buena.

De esta acorde unión quedaron

en sus entrañas impresas

reliquias, que confirmaron

nuestra estimación perfeta;

pues del gustoso embarazo

que nueve meses sustenta,

del retrato en el archivo

la humana naturaleza,

dio a este plazo, ¡qué ventura!

un infante, con perfetas

señas de ser un pedazo

de mi corazón, pues lleva

de mi misma semejanza

calificadas las señas.

En este tiempo mi esposa,

casi en una hora mesma

que Lucinda, también dio

de este lazo de la Iglesia

el fruto de bendición,

con otro infante; y apenas,

Pag. 11

Rodulfo.

salió a luz del mundo, cuando

a un accidente sujeta

pagó Aminta con la vida

el tributo a la fiera

de la parca, que mortal,

la muerte, como sangrienta

a nadie perdona, airada

de su tirana violencia.

Dispuse de los infantes

con secreto, y con prudencia

a este lugar, que distante

divide el mar de Venecia,

los remití, con cuidado,

a Faustino, que en la aldea

de esta población, que es

tan limitada y pequeña,

que apenas el forastero

halla de su sitio señas;

porque cercada del mar,

y abrasada de las peñas,

su vecindad limitada

habita en esta aspereza;

para que cuidase de ellos,

y los criase sin señas,

de que fuesen hijos míos

ni de mi antigua nobleza;

estos, tengo la noticia,

que viven con tal miseria,

que desdicen de quien son,

pues entre cabras y ovejas,

como rústicos pastores

ignora el lugar que sean

hijos míos, pues Faustino

tanto el secreto reserva,

que aun ellos mismos ignoran

su calidad, y nobleza:

estos ya de veinte abriles

gozan de las primaveras;

en este rústico albergue,

y como la sangre es buena,

que haga su oficio, pues

ni se aparta, ni se hiela

de aquel calor engendrado,

que comunica a las venas

pues es cierto que sin llamas

siempre revive ella mesma:

Vengo, Sireno, a buscarlos

pues, como a hijos, me lleva

este paternal cariño

a traerlos a Venecia,

Pag. 12

Rodulfo.

para ceder al legítimo,

lo que le toca de herencia

de mi estado y de mis bienes

de senador, y de rentas:

y aunque al otro, que del gusto

fue hijo, yo ya no pueda,

por bastardo, adelantarle

con iguales conveniencias,

no le puedo ya faltar

con medios, y con que tenga

para mantener su estado,

una debida decencia:

esta es, Sireno, la causa

que con tanta diligencia

nos embarcamos, y esta es

el cuidado que me lleva

a estas montañas: la causa

de la pasada tormenta

esta ha sido, y finalmente,

como mis dos hijos vea,

y me los lleve conmigo,

a la ciudad de Venecia,

daré por bien empleado,

de todas estas tragedias,

lo que el mar me ha fatigado

pues no hay dicha que no tenga

antes de estar conseguida

tormentos, ansias, y penas.

Sireno.

Tanto me tiene admirado

el suceso referido,

que estoy, ya de haberle oído,

ahora con gran cuidado

de servirte, como amigo,

y muy cierto servidor.

Rodulfo.

Bien lo creo de mi amor,

pongo al cielo por testigo,

que mi deseo es parejo

con la amistad que te tengo.

Vamos, supuesto que vengo

para llevarme a mis hijos.

Sireno.

Tan corta es la distancia,

que hay desde aquí al lugar

que solo con levantar

los ojos la vista alcanza.

Rodulfo.

Pues tan breve es el camino,

según desde aquí se ve,

vamos, que de verlo, que

con lo que yo me imagino,

que ha de ser tanto el contento

al ver a mis prendas amadas

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Rodulfo.

que hará como a deseados,

llegando al conocimiento,

locuras la voluntad.

Sireno.

Y cuando vea a sus hijos,

verás, con mil regocijos,

vinculada su amistad.

Vanse y salen Policeto y Marina deteniéndole.

Marina.

Aunque al monte te has salido

huyendo, por no escucharme,

atento tienes de estarme

hasta saber lo que ha sido,

el venirse Alastro a hablar.

Policeto.

Yo no tengo que saber

lo que yo acabo de ver.

Y así no quiero escuchar.

Marina.

¡Terrible el tormento es!

Que no quieras atender

la verdad.

Policeto.

Ha de ver

perder tiempo; que esto es

con toda resolución;

que no quiero, mi enemiga,

que mi amorosa fatiga,

con rendida adoración,

logre, te estoy diciendo.

Marina.

Pues, mirando la disculpa,

¿no ves que no tengo culpa,

pues le estoy aborreciendo?

Policeto.

Pues fuera mucho mejor

no dar a su voz oído.

Marina.

¿Y de eso culpa he tenido

para ver tanto rigor?

Policeto.

Sí, enemiga, que es constante,

que la que llega a escuchar,

está muy pronta a entregar

la voluntad a otro amante.

Marina.

¡Parece que mientes, loco!

Policeto.

¿De qué infieres que lo estoy?

Marina.

De que sabiendo quién soy,

me tengas a mí en tan poco;

vive el cielo que ofendida

estoy de tu sinrazón.

Policeto.

¿Qué quieres, si el corazón

llora la mortal herida

de los celos que me matan;

y a Alastro miro, que necio,

perdido por tu amor, y que...

Marina.

Ten los labios, que desatan

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Marina.

tan inadvertidamente

esos villanos acentos.

Policeto.

Pues déjame en mis tormentos,

que muera míseramente,

repartiendo a estas peñas

las penas de mi dolor,

y dejaré de mi amor

allí estampadas las señas;

pues en la eterna memoria

viendo mi trágico fin

dirán, aquí tuvo fin

de Policeto la historia;

pues viendo que malogrado

se vio, con una hermosura

llorando su desventura

cayó al valle despeñado,

sirviendo de monumento

a mi cadáver, la pira

de estos peñascos; pues mira

bien claro el conocimiento,

que en mujer no hay confianza,

pues claramente se ve,

que quien fía de su fe

tiene vana su esperanza.

Marina.

¡Vive el cielo, fementido,

que aunque muero de adorarte

no he de dejar de culparte!

¿A qué llegas, atrevido,

a desconfiar de mí?

Pero ya la causa sé.

Policeto.

¿Y cuála es?

Marina.

Que te entregué

todo el corazón a ti;

y ahora, como cansado,

por poderte desechar,

quieres ingrato tomar

por pretexto, haber hallado

un acaso que no fue,

así en tu ofensa mi engaño.

Policeto.

Recelo, ¡no sea engaño!

Llora.

Marina.

¿Y cuándo yo te engañé?

Policeto.

No llores, triste de mí,

que me enterneces el pecho.

Marina.

Pues, dime, ¿yo qué te he hecho,

que tan fiero contra mí

siempre con rigor estás?

Policeto.

Ya mi enojo se acabó.

Haz que no te vea yo

llorar, que no puedo más,

resistir, viendo tu encanto.

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Policeto.

te pido no me des celos,

¿que pueda una mujer, cielos,

rendir tanto con el llanto?

Marina.

fía de mí, pues que soy

tuya con toda lealtad.

Danse las manos.

Policeto.

En fe de aquesta verdad,

el alma y mano te doy.

Marina.

y yo, rendida y amante

la recibo, con tal gusto

acabándose el disgusto,

y adorándote constante.

Sale Martín, villano.

Martín.

¡Ay, Dios! ¿Y con qué contento

las manos los dos os dais,

cuando buscados estáis?

Policeto.

pues ¿qué hay?

Martín.

escucha atento.

aquí al lugar han venido

muchísimos caballeros,

pajes, mozos y escuderos,

con el traje muy florido.

Marina.

¿qué puede ser?

Martín.

no lo sé,

bien que del monte el camino

han tomado, con Faustino.

Policeto.

Dices bien, porque se ve,

por la falda del collado

venir gente de respeto.

Salen Faustino, pastor, y Alastro, Rodulfo, Sireno, y criados.

Faustino.

Gracias a Dios, Policeto,

que ya te habemos hallado.

Policeto.

Padre, ¿qué es lo que mandáis?

Faustino.

a darte una nueva vengo,

que te ha de ser de gran gusto,

pues hoy disponen decreto,

que a mejoras de fortuna

que yo soy padre supuesto.

Policeto.

pues ¿quién es?

Rodulfo.

Yo te lo diré,

dame los brazos primero,

que yo soy tu padre.

Policeto.

¿Cómo?

de turbado a hablar no acierto,

pues ¿qué causa habéis tenido,

para tenerme encubierto?

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Policeto.

Tanto tiempo, con el traje

de villano: bien el pecho

me decía esta verdad;

aunque la guardó el silencio.

Rodulfo.

Porque convino a tu madre

por su honor, y su respeto

el ocultarte.

Policeto.

¿Qué es esto?

Una estatua soy de hielo:

¡Respeto y honor ha dicho!

¡Oh, cielos! ¡Qué infamia recelo!

Faustino.

Yo te doy el parabién

de que ya ha llegado el tiempo

de darte por conocido.

Sireno.

Y de ser amigo vuestro

te doy la mano, pues yo

en la amistad tanto medro,

amigo de vuestro padre.

Marina.

Y yo, señor Policeto,

como a humilde servidora,

pues no ignoráis que me precio

de serlo, la enhorabuena

te doy de aqueste suceso;

¡Ay de mí! Que mi esperanza

ya se la ha llevado el viento.

Que si amante fue pastor,

hoy viéndose caballero,

olvidará lo que humilde

hizo de mi amor aprecio.

Policeto.

A todos os doy los brazos

en señal de que agradezco

las finezas que me hacéis.

Alastro, amigo, ¿qué es esto?

Cuando todos con aplausos,

de júbilos y festejos,

me abrazan, ¿solo tú estás

para conmigo severo?

Alastro.

Sí, Policeto, que yo

también gozo a un mismo tiempo

mayor fortuna que tú,

porque si feliz el Cielo

hijo de Rodulfo, yo...

Con más ventajas puedo

decir que soy el mejor

de los dos, pues que merezco,

con mayores calidades

ser su hijo.

Policeto.

Ello creo,

que viven los cielos que

por lo que eres te venero.

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Policeto.

que castigue la arrogancia

de un loco atrevimiento.

A los dos.

Rodulfo.

Tened, Policeto; Alastro,

procurad con más respeto

respetar a vuestro hermano,

porque si os hizo el Cielo

con otras prerrogativas,

no lo debéis a vos mesmo,

sí solo a Dios, y a Dios

le dad las gracias, y advierto

a tu fuerte natural,

que enfrenes ese denuedo,

porque si eres mi hijo,

este otro no lo es menos,

y al fin los dos sois hermanos

y el que pase descompuesto,

a atropellar la razón,

con algún atrevimiento,

tendrá de mi indignación

con un castigo, escarmiento.

Policeto.

Yo, señor, por si he faltado,

con humilde rendimiento

pido perdón a mi hermano

pues entre hermanos no hay duelos,

dándome la enhorabuena,

que criándonos el Cielo,

hechuras de tu persona,

o solos hijos de tu aliento,

estoy tan agradecido

de haber sido compañero

suyo en estas soledades,

que desde ahora me ofrezco

de serle no solo hermano,

sino criado, supuesto

que en servir uno a su sangre

nada pierde de su derecho.

Rodulfo.

¡Qué humildad!

Sireno.

¡Qué bien hablado!

Marina.

¡Qué galán!

Rodulfo.

¡Qué discreto!

Alastro.

¡Vive Dios, que no me obliguen

todos estos rendimientos!

Faustino.

Yo solo tengo la culpa

que Alastro sea soberbio,

pues siendo él el bastardo,

y al contrario Policeto

legítimo; recelando

su natural, tan soberbio,

previniendo inconvenientes,

de su ambición y su afecto,

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Faustino.

le he dicho a Rodulfo, que

su legitimo heredero

era Alastro, y el bastardo

Polireto, escondiendo

la verdad, pues el engaño

dispuso con tal secreto

que nadie suyo lo sabe

y ya me pesa de haverlo

dispuesto asi pues Alastro,

por el engaño, ya hecho,

de su legitimo hermano

hace ahora menos precio

Martin.

Diganme, señor Faustino

yo tengo algo de bueno?

sabe uste si acaso soy

algun Príncipe encubierto?

Faus.

no solo eres un pastor

Mar.

de quien me engendro reniego

y tambien quien me pario

pues soy el que, solo, tengo

las dichas con tropezones.

Dentro Rosaura.

Rosau.

Ay de mi! valedme Cielos!

Rod.

que voz es aquella que

viene su triste lamento

por el ayre?

Polir.

por el monte,

desbocado, un bruto fiero

montado de una mujer,

con novelos movimientos,

por la desusada senda,

sin obedecer al freno,

baja de la cumbre al valle

despeñado, y sin aliento

pide la dama socorro.

y creo, de tanto riesgo,

ninguno aventure la vida

al librarla

vase

Siren.

ea presto

al socorro.

vase

Alas.

La vanidad

llevarme, solo pretendo

de librar, de esta mujer

con noble empeño.

vase

Rod.

por esta parte, del monte,

vere si atajarle puedo

al caballo su carrera

vase

Faus.

yo tambien, aunque soy viejo

procurare el ayudarte.

vase

Mar.

Yo solo he de ir, siguiendo

de Polireto los passos.

Pag. 19

Mar.

porque no se en mi pecho

que traygo, que en un breve instante,

a estar sin el no me atrevo

Mas y yo porque parte irè

para librarla del riesgo?

por aquessa, a que voy ora

por este camino! menos

que està el caballo apartado.

pues por donde irè mas presto

al socorro? por ninguna

parte, ni menos lo pienso

porque mirandolo bien

a mi quien me mete en esto,

de detenerle el caballo,

y que a caderas bolviendo

me de dos pares de coces,

mas que la lleve el infierno

miren que viene a importar,

mujer mas, o mujer menos.

Sale Polireto trayendo en sus brazos a Rosaura desmayada

Poli.

Ya de el riesgo estàs segura.

descansa prodigio bello.

buelva a tu Jazmin la rosa,

restaura el perdido aliento,

mira que parece mal,

que le falte tanto Cielo,

La hermosura que se viste.

ay de mi! que todo el pecho

compadezido, a su mal,

siente el tragico sucesso

de su desmayo.

Rosau.

ay de mi!

Poli.

Vida me has dado.

Rosa.

que es esto?

en donde estoy!

Poli.

en mis brazos,

y libre ya de tu riesgo.

Alon.

Corrido estoy de mirar,

que llegasse Polireto,

primero que yo, a romper

del caballo el curso fiero;

aparta villano, y deja

en mis brazos, desde luego,

la hermosura de essa Dama

Poli.

para que! si a su remedio

ya no eres menester!

y procura mas atento

Pag. 20

Policeto.

Alastro, por ti, y por mí

tratarme con más respeto

que soy tu hermano.

Alastro.

Eres,

de los hombres menosprecio,

un bastardo, mal nacido,

hijo vil de un adulterio.

Embístense y luchan.

Policeto.

¡Válgame el cielo! ¿Que escuche

semejante atrevimiento?

Solo quitarte la vida

os sirviera de escarmiento.

Rosaura.

Hombres, tened, esperad,

reportad vuestro denuedo,

y no en trabada pendencia

os precipitéis; advertid:

si me habéis dado la vida

librándome de aquel riesgo

no será razón, que ahora

audaces y desatentos,

dando a mi susto, más pena

pase a extremo, de groseros

la atención entre los dos.

Policeto.

Yo resistirme no puedo

a tu mandato, porque

tu ley para mí es precepto

Alastro.

No me doy por convencido

porque yo solo pretendo

el destruirle, y ajarle.

Policeto.

Pues perdonad, que no puedo

aunque sea este mi hermano

por ahora obedeceros.

Vuelven a luchar, y salen Rodulfo, Sireno, Faustino, Marina y Martín.

Rodulfo.

Ya parece, que esta dama

está libre; mas ¿qué es esto?

Policeto, Alastro, ¿cómo,

delante de mi respeto

inadvertidos pasáis,

a proseguir el empeño?

Policeto.

La culpa tiene mi hermano

pues pasa su atrevimiento

de los límites corteses;

Alastro.

No soy de tan poco aprecio,

para que atrevido intente

con infames ajamientos,

este mi hermano oponerse

y destruir mis intentos.

Pag. 21

Alastro.

de socorrer a esta dama

atreviéndose primero

que yo, a suspender del bruto

el curso, y el movimiento.

Rodulfo.

Cortés y atento mi hermano,

nuestra obligación cumpliendo,

se desempeñó por todos,

con lucido y noble ardimiento.

No debéis juzgar agravio

el acudir el primero,

porque esta acción, Alastro,

a los nobles y discretos

advertirá, ya que todos

gozamos de sus aciertos;

y en fin yo le do mil gracias

de este tan feliz suceso,

pues estorbó con tal dicha

de aquesta dama el despeño,

a quien doy la enhorabuena

de verla libre, que es cierto

que sintiendo tal ruina

con tal fortuna me alegro.

Rosaura.

Yo, señor, de merced tanta

la fineza hoy agradezco,

que siempre está vinculada

la piedad en nobles pechos;

y aunque por ser extranjera

me falte el conocimiento

de dar a vuestra persona

el debido tratamiento,

supla pues, esta ignorancia

la falta de tantos yerros.

Rodulfo.

Aunque pudiera, señora,

con este mismo argumento,

pediros que perdonarais

mis faltas, pues os confieso

que la ignorancia desluce

los altivos pensamientos,

y ansí me podréis tener

solo por criado vuestro,

pues solo para serviros,

con humilde rendimiento,

soy Rodulfo, de Venecia

primer Senador; y puedo

aquí, y en esta ciudad

ofreceros cuanto tengo

y cuanto valgo, porque

los que ya nobles nacieron

sabrán por vuestra hermosura

aventurar todo el resto.

Rosaura.

Otra vez agradecida,

la mano, señor, te beso.

Pag. 22

Rosaura.

Y así ya, por ser quien eres,

y por ser mujer, no puedo

excusar cansarte, que

decirte de mis sucesos

la desgracia, que me trae

a parajes extranjeros.

Dentro Ludovico.

Ludovico.

Desde esa cumbre del monte

regístrese todo el centro

hasta encontrar a Rosaura.

Dentro Clavela.

Clavela.

Ya que me parece la veo

segura del precipicio.

Rodulfo.

¿Quién son los que discurriendo

bajan la montaña?

Rosaura.

Los míos

son, que me buscan y viendo

que ya libre del peligro

estoy, se vienen contentos,

mis criados a este sitio.

Sale Ludovico.

Ludovico.

Señora, los pies os beso,

dándole al Cielo las gracias

de verte libre.

Sale Clavela.

Clavela.

No puedo,

viendo segura, mi vida,

tener el entendimiento

mesurado, porque el gusto

suele hacer muchos extremos.

Rosaura.

El Cielo os guarde.

Ludovico.

Y a todos

agradezco, caballeros,

dando repetidas gracias,

la fineza que habéis hecho

con mi señora Rosaura,

Duquesa de Mantua.

Rodulfo.

¡Cielos!

¿Qué escucho? ¡No estoy en mí

de esta nueva! Desde luego

prevenid en el lugar

lo importante.

Rosaura.

Pues primero

me has de escuchar, ya que sabes

quién soy.

Rodulfo.

Señora, deseo

darte gusto.

Aparte.

Sireno.

No estoy en mí

a vista de este suceso.

Aparte.

Alastro.

¡Qué otro lograse el librarla!

¡Corrido estoy, vive el Cielo!

Pag. 23

Policeto.

Dicha tuve de haber sido

en tal desgracia el primero

que llegase a libertarla

de un infeliz despeño.

Marina.

No me cabe gusto alguno

de que fuese Policeto

el primero que llegase

a socorrerla, que es cierto

que siendo mujer, y hermosa,

puede darme muchos celos.

Martín.

No pudo mejor arenga

el diablillo haber dispuesto

para que estos dos hermanos,

que como gatos y perros

están siempre, intigui migui

sus naturales opuestos.

Rosaura.

Muy ilustre Senador

de Venecia, a quien el cielo

prospere su vida para

que la eternicen los tiempos.

Yo soy hija de Clotaldo,

de aqueste nombre el primero,

que de Mantua fue su Duque,

cuyos prodigiosos hechos,

aunque el hado avaramente,

sañudo, como sangriento,

le haya usurpado las victorias,

no por eso, no por eso

dejarán de eternizarse

en los siglos venideros.

Con el Duque de Milán,

¡oh, cómo turbado el pecho,

para articular desdichas,

da muestras de sentimiento!

Éste, pues, como a mi primo,

¡malhaya mi parentesco!

pues por su sangre ambiciosa

estas desdichas padezco.

Que bien dicen que el peor

enemigo, es el que deudo

en sus venas inficiona

de tanta envidia el veneno.

Éste pues, como de Mantua

pretendía algunos derechos

sobre si había el ducado

de pagar o no qué feudo,

por aquitar sediciones

de escrituras y de pleitos

y de la guerra, que al fin

en los príncipes no es nuevo

Pag. 24

Rosaura.

declarar las pretensiones

con la pluma del acero;

y para que no llegasen

estos pretensos opuestos

a difinir por las armas

esta causa, dispusieron

acabar en matrimonio

la pretensión de estos drechos,

determinando casarme

con mi primo. ¡Qué mal medio

que es unir la voluntad

adonde no está el afecto!

Porque, como no tenía

albergue dentro del pecho,

por razón de estar cerradas

las puertas; y el pensamiento,

que es el timón que gobierna

de amor los lazos estrechos.

Siempre contra este opuesta

la nave de mis desprecios,

la proa, y de las borrascas

de sus fuertes elementos,

dándole fieros combates,

bien que de combates fieros,

si la nave es de alto bordo,

aguanta del mar soberbio

cualquier rompida borrasca

de huracanes que deshechos

batallan con el bajel,

feroces aguas y vientos.

Así, pues, yo de mi primo

bandeando con mil despegos

a su amorosa pasión

naciente; con desprecios,

pagaron con tiranías

sus amorosos requiebros;

pasaron a ser agravios

mis desdenes, formó duelo

de mis desaires, y al fin

ofendido y poco cuerdo,

se retiró a sus estados,

mostrando su sentimiento

del mirarse despreciado,

que los poderosos pechos

tienen por ultraje aun

el más leve menosprecio;

declarose por contrario,

publicó guerras, y luego

con levas y con reclutas

de sus comarcanos pueblos.

Pag. 25

Rosaura.

alistó treinta mil hombres,

pobló los campos amenos

de militares escuadras,

y entrando a sangre y fuego

por el estado de Mantua,

tantos estragos haciendo,

que pagaron mis vasallos

la culpa que no tuvieron;

mi padre con pocas fuerzas,

corto de poder, y viejo,

resistió de su contrario

cuanto pudo, pero fueron

en vano las resistencias,

porque mi primo, soberbio,

siendo la fortuna toda

de su parte, a los primeros

lances que en la guerra dio

la carga de sus encuentros,

chocando las dos naciones

cara a cara y cuerpo a cuerpo,

quedó para mi desdicha

cortado de un vencimiento

mi padre el Duque, y mostrando

de su valeroso aliento

aquel valor que los Príncipes

tienen en tales encuentros,

pero fue en vano su brío,

porque cercado, al momento,

conocido del contrario,

le llevaron prisionero;

no mitigó aquí la saña

mi primo, porque siguiendo

para Mantua su derrota

la puso sitio, y aquellos

que de dentro la ciudad

de mi padre mal contentos

vivían, siendo a la parte

de mi primo más afectos,

le dieron segura entrada

y escalando los soberbios

muros, para mi palacio

disponen ponerle cerco

para hacerme prisionera.

Y Ludovico, al momento,

por una mina secreta

que, las entrañas rompiendo

de la tierra, la salida

de su cavernoso centro

me dio sagrado seguro,

pues con un bruto ligero

Pag. 26

Rosaura.

Disfrazada de mi traje

y con el nombre supuesto,

con esto, y una criada,

y poco acompañamiento

para el decoro o estado,

de Venecia el primer puerto,

de a mar discurriendo vamos,

pagando con el dinero

flete para que me pase

a la ciudad de Palermo,

en donde glorioso reina

mi tío, que guarde el cielo,

Estanislao Segundo

de su nombre en este reino,

para que de su sagrado,

como a rey y como a deudo,

me ampare y tome venganza

de Milán, restituyendo

a mi padre sus dominios,

que alevemente soberbio

le tiranizó mi primo,

haciéndole prisionero.

Apenas con este afán

el camino discurriendo

de esta fragosa montaña,

cuando el andaluz inquieto,

con sus humos castellanos,

inobediente a mi freno,

no oprimido de la rienda,

nada a mi orden sujeto,

con ademán orgulloso,

todo el manejo rompiendo,

desmesurando los pasos,

embistiendo los asientos,

y al fin desbocadamente,

sin embarazarle el peso,

midió desde el monte al valle

con precipitado riesgo,

que no pudo percibirse

de mi veloz movimiento

si fue salto o fue carrera;

porque uno y otro siendo

seguro en la ligereza

de tan arrojado vuelo,

no siendo bruto con alas,

como corrió tan ligero.

Perdí el sentido y la vista,

pues era forzoso, siendo

enlazada con mis ansias

la muerte en tantos agüeros.

Pag. 27

Rosaura.

cobré en mí, pero no sé

si fue tarde, o si fue presto,

y en los brazos de este joven

miro que estoy confundiendo

el discurso y la memoria

de mis trágicos sucesos,

pues considero que estoy

con mi altivo pensamiento

sin mi padre, sin mi estado,

fugitiva de mi Reino;

pues ya el sitial de mi alcázar

le ocupa tirano dueño,

pues pobre, triste, abatida,

perseguida, sin remedio,

sin amparo, desdichada,

sin alivio, ni consuelo,

solo para padecer

infortunios, desconciertos,

males, ansias, y desdichas,

estragos, y vituperios;

parece que la fortuna

amontonando tropiezos

se conspira contra mí

con estragos tan sangrientos,

que solo para desdichas

pienso que me guarda el Cielo.

Rodulfo.

Señora, vuestra desgracia

sabe el Cielo, que la siento,

no por el estado que

tiranamente violento

el de Milán os usurpa

teniéndole prisionero

a vuestro padre, porque

los bienes con el tiempo

se restauran, y se pierden,

pues este mundo es un compuesto

en quien anda la fortuna

en lo próspero, y adverso,

desdichados y dichosos,

afligidos, y contentos;

al poderoso le quita

y al más pobre le da aumentos.

Solo porque sois mujer

tengo grande sentimiento,

porque ¿qué mayor desdicha

puede decretar el Cielo

que a una mujer principal

que ha tenido lucimientos

pobre y extranjera pase

peregrinando a otro Reino?

Pag. 28

Rodulfo.

pero no os aflijáis

que desde ahora os ofrezco

serviros en el viaje

humilde criado vuestro,

no solo yo, pero cuantos

amigos, y compañeros

y estos dos hijos que veis

Alastro este, y Policeto

este otro, que aunque están

con este traje grosero

es por varios accidentes,

que me importó que encubierto

sirviesen criados, y hoy

para traérmelos vengo

desde Venecia a esta aldea

y con ellos al momento

doy la vuelta a la ciudad,

y en este vago elemento

en una ensenada que

forma este monte soberbio

tengo una ligera nave

y no solo os prometo

que llegaréis a Venecia

conmigo sino que luego

con la misma embarcación

te conduciré a Palermo.

Rosaura.

Vivas mil siglos, señor.

Sireno.

Señora, yo también aprecio

servirte en esta jornada,

que desde ahora me ofrezco

acompañarte a Sicilia.

Policeto.

Señora, saben los Cielos

que te deseo servir,

Alastro.

y aunque obediente y sujeto

estoy a mi padre, no

excuso el ser todo vuestro.

Policeto.

¡Ay, soberana beldad

que fácilmente en mi pecho

se queda tu bello rostro

en mi corazón impreso!

Rosaura.

El Cielo guarde tu vida.

¡Ay, amor, cómo tu imperio

avasalla voluntades!

Pues creo de Policeto

que llevo dentro del alma...

Pero tente pensamiento,

que no te rindas, humano,

a un tosco sayal grosero.

Alastro.

Corrido estoy que mi hermano

goce por su atrevimiento

Pag. 29

Rodulfo.

Vamos todos a embarcarnos

aunque del mar voy opuesto,

por la pasada tormenta.

Policeto.

Vuelvo a mi patria contento,

si bien me parece mal

que Alastro sea soberbio;

pero el trato de la corte

le enmendará tantos yerros.

Rosaura.

Yo ya tengo que adorar,

amor, ten el arco quedo.

Policeto.

Apasionada locura.

Marina.

Cuidado aparta el recelo.

Alastro.

Callar y sufrir envidia.

Faustino.

Yo por este engaño temo

en Alastro un precipicio.

Rodulfo.

Preciara que Policeto

fuera Alastro, porque es

un natural más compuesto.

Marina.

Seguridad me promete

el amor, por este medio.

Alastro.

Hasta que tome venganza

no descansará mi pecho.

Sireno.

Qué opuestos en los humores

son Alastro y Policeto.

Ludovico.

De haber logrado Rosaura...

Pag. 30

Vase.

Ludovico.

esta dicha estoy contento.

Vase.

Clavela.

Las criadas solo sirven,

y así adelantarnos quiero.

Rosaura.

¡Policeto!

Policeto.

¿Qué me mandas?

Rosaura.

¡Decoro, que me despeño!

Pero, ¡yo no puedo más!

Solo decirte pretendo...

Policeto.

¿Qué, señora?

Rosaura.

Estoy turbada.

¡Qué cobarde que me aliento!

Que de tan grande fineza

ya sé que obligada debo

pagarte.

Policeto.

Tente, señora,

que no cabe en nobles pechos

interés.

Rosaura.

Dime, ¿qué cabe?

Policeto.

Solo un divinísimo respeto

que no pasa a declararse.

Rosaura.

¡Cielos, sobrado le aliento!

Pues, ¿por qué?

Policeto.

Porque temo

que, declarado el secreto,

vivirá muerta esperanza

sin tener mi mal remedio.

Rosaura.

De una enfermedad parece

que estamos los dos enfermos.

Policeto.

Pues, señora, a padecer

o a morir estoy resuelto.

Rosaura.

Mal haces.

Policeto.

¿Por qué, señora?

Rosaura.

Porque tal vez el silencio

con callar nada consigue.

Mas, ¿qué digo? Yo me pierdo.

Mi padre quiere embarcarse,

yo me voy; guárdete el cielo.

Policeto.

Nada consigue el que quiere

en la cárcel del silencio

sepultar sus pasiones;

pues, corazón, toma aliento

y cobra las esperanzas,

que confío con el tiempo

de Rosaura. Mas, ¿qué digo?

¿Adónde vas, pensamiento?

Una mujer que de Parma

es heredera y de excelsos

doseles y majestades

compone su parentesco,

y yo siendo de un estado...

Pag. 31

Policeto.

humilde aunque cavallero

como es posible mas yo

conquien arguyo? amor ciego

o quitame la pasion!

o prestame atrevimiento!

IORNADA SEGVNDA

Salen Alastro vestido de gala y Faustino

Faus.

notable resolucion

es la que intentas

Alas.

Faustino

ya que trazas de la suerte

de que yo fuesse el legitimo

y Policeto el bastardo

aqueste engaño te estimo

pues de estar cierto aseguro

tener mayorazgo fixo

heredando de mi padre

rentas, estados, y oficio

de Senador de Venecia

Faus.

Como si fueras mi hijo

siempre a mas mi inclinacion

desde mi infancia o principio

has tenido de mi parte

y a hora, en el archivo

del silencio, importava

que tengamos escondido

este secreto, porque

si llegasse algun resquicio

a descubrirse, mi vida

se halla en grande peligro

Alas.

fialo de mi cuydado

y pondras en el olvido

esse temor, que seguro

estas, pues ya ves con migo

la ira tenaz depender

a Policeto.

Faus.

Solo digo,

que me hallaras tan constante

como dispuesto a encubrirlo:

Alas.

presto has de hacer que uno

que no sea conozido

de mi padre con secreto

recatado, y advertido

y entregue aqueste papel

y despues con el aviso

venga a darte corazón

que yo aseguro, Faustino,

Pag. 32

Alas.

que se dara a Polixeto

en su desgracia, principio;

porque despues, que mi padre

tenga el papel rezeuido

con la traicion que dispongo

veras, en que precipicio

pongo a mi hermano y con esto

dejo el rezelo vensido

que se descubra mi engaño

y yo asseguro el camino

de mi venganza

Faus.

pues dame

el papel q ue de un amigo

que tengo de confianza

sin darme por entendido

hare que ponga en las manos

de Rodulfo, sus escritos

Dale el papel.

Alas.

toma, que Marina Viene

muy cuydadosa a este sitio

a ser iman de mi amor

pues ya inagradable echizo

despues que en la corte estoy

mudo su desden, en finos

alagos, pero ya es tarde

para dar a sus cariños

atension, pues de pastor

deje el traxe, y al luzido

estado de la nobleza

siendome el hado propicio,

me ha transladado, con que

si esto a buena luz lo miro

ya no cabe que ame noble

lo que pastor he querido.

q ue mas cuando estando solos

que no es mi hija me has dicho

Faus.

Yo Alastro, con Marina

aun rreconozco prodigio

mayor que en vosotros dos

Alas.

como, o por que?

Faus.

como visto,

esta a las montañas que

de nuestro lugar vezinas

estan, de tan tierna edad

declarando, por indicios

segun se uieron que en

el monte hauia nazido

pues de una Corza, lleuada

la dejó en el aprisco

de mis cabras, y yo entonzes

de las piedades mouido

Pag. 33

Faustino.

La llevé a mi choza e hice

que Albana, que así se dijo

mi mujer, y vuestra aya

que allá en los eternos siglos

descansa, con pobres pañales

y con alimento hizo

cobrar su perdido aliento

y al amparo, y al abrigo

como si fuera mi hija

con vosotros, y conmigo

se crió.

Alastro.

Notable caso,

con todo, por lo que has dicho,

tengo de amarla.

Faustino.

Pues queda

en paz.

Vase.

Alastro.

Dios vaya contigo.

Sale Marina de gala.

Marina.

A que se fuese mi padre

esperé en este retiro

de esotra cuadra porque

no quise romper el hilo

de estar hablando los dos.

Alastro.

Marina, vida en quien vivo,

dentro de mis esperanzas,

adorado dueño mío,

qué amante...

Marina.

Será, señor,

que de esa frase los estilos

no puedo yo comprender

según crianza y modo

si son fines a mi amor

o son con dobles fingidos.

Al paño Policeto de gala.

Policeto.

Siguiendo triste a Marina

vengo fuera de mí mismo

pues desde que vi a Rosaura

creció mi loco delirio,

pero perdida esperanza,

busca a tu pasión alivio,

que quien ama un imposible

no es amor sino capricho,

y más cuando ya a Sicilia

embarcada en el navío,

asistida de Sireno,

marchó a ver al Rey Julio,

y dejando esta memoria,

busque nuevo amor alivio

con Marina, pues fue esta

con mis amantes cariños

en aquellas soledades

mis amorosos principios.

Pag. 34

Policeto.

Aunque en desigual estado,

pero, ¿qué es lo que miro?

Hablando está con Alastro

mi hermano. ¡Cielos divinos!

Escuchemos desde aquí,

desta cortina escondido,

que de una vez el examen

podré hacer, si es que fino

me quiere su corazón,

o con amores fingidos

me engaña; que en las mujeres

no es novedad lo que digo,

pues las más mudan amantes

como mudan los vestidos.

Alastro.

Con tan corta confianza,

¿tienes granjeado a fino

el corazón?

Marina.

Sí, Alastro.

Alastro.

De escucharte estoy corrido.

Siempre te adoré constante,

y ahora...

Policeto.

¡Cielos! ¿Qué he oído?

Alastro.

Puedo, Marina, decirte

que para mí fuiste un

roca en la aspereza, y

un peñasco endurecido

a quien nunca le ablandaron

mis lágrimas y suspiros.

Marina.

Solo fue recato en mí,

lo que tienes por desvío.

Alastro.

¿Y a Policeto?

Marina.

Yo nunca

inclinación le he tenido,

que solo por pasatiempo...

Policeto.

¿Qué escucho?

Alastro.

¿Qué aguardas? Dilo.

Marina.

Daba atención a sus ansias

porque, sin ser atrevido,

con humilde cortesía,

prudente como advertido,

nunca excedió su cuidado

de sus corteses estilos.

Alastro.

¿Y tú le querías?

Marina.

Nunca

en mi pecho sus cariños

tuvieron entrada.

Policeto.

¡Cielos!

¿Es verdad esto que he oído?

¡Ah, fementida! ¡Ah, falsa!

Mujer que con doble estilo...

Pag. 35

Policeto.

burlaste a mi amor pagado

de tus halagos fingidos.

Alastro.

Pues en fe de la verdad

que confío que me han dicho,

mira si me das palabra

de ser mía.

Marina.

Aunque estimo

la fineza, no es posible

que la admita el pecho mío.

Policeto.

Volved a vivir, cuidados,

que Marina lo que dijo

será por su honor, y yo,

como sea ansí, lo estimo.

Alastro.

¿Por qué?

Marina.

Porque considero

que de pastor has venido

a un mayorazgo a Venecia,

noble, poderoso y rico;

y a mi desigual estado

tiene distancia consigo,

pues una humilde villana:

Alastro.

Quedo bastante entendido,

no pases más adelante,

que siendo ese el motivo,

vencido está el embarazo,

si tu pecho está vencido.

Marina.

¿Cómo, Alastro?

Alastro.

Como yo,

sabiendo cierto prodigio,

sé que serás de mi igual,

porque nunca el Cielo hizo

sino con mucho cuidado

los acasos sucedidos.

Marina.

¿Pues qué sabes?

Alastro.

Que una corza

te dejó entre los apriscos

de esos ganados que tiene

en las montañas Faustino.

Policeto.

¿Otra mayor novedad

es esta?

Marina.

¡Cielos divinos!,

valedme, que esta noticia

enajenado el juicio

le tiene. ¿Luego no es padre

a quien debo el ser nativo

Faustino?

Alastro.

Claro está.

Marina.

Tanto agradezco y estimo

esta noticia que has dado

a mis dudas, que me obligo,

Pag. 36

Marina.

de ser tuya desde luego.

Alastro.

Y yo esa palabra te admito.

Policeto.

¿Ah, falsa, que bien engañas?

Saldré, porque tan crecido

tengo el fuego, que me abrasa

con mis celos, que imagino

sin ser exageración

que abrasaré a los dos vivos.

Alastro.

¿Luego ya eres mía?

Marina.

Sí.

Danse los brazos.

Alastro.

Pues en fe de esto te pido

los brazos.

Marina.

Tuyos son ya.

Alastro.

Y yo en ellos confirmo

la palabra que te di.

Sale.

Policeto.

Yo no, que fuera delito

cara a cara, y a mis ojos

viendo los agravios míos

sufrirlos por omisión,

que no soy yo tan sufrido

teniendo amor con mis celos

¡que no sepa sacudirlos!

¡Ah, fementida mujer!

Aparte.

Marina.

Estatua de mármol frío

soy.

Aparte.

Riñen.

Alastro.

Policeto escuchó

de Marina lo que dijo,

y solo podrá la espada

dar a su vida el castigo.

Policeto.

Con la lengua de mi acero

he de vengar, atrevido,

de mis celos los agravios.

Marina.

¡Quién se vio en igual conflicto!

Padre, Rodulfo, señor,

acudid que en este sitio

Policeto está riñendo

con Alastro.

Alastro.

¡Estoy corrido

que tenga tanto valor!

Riñendo.

Policeto.

Siento reñir con quien amo,

pero teniendo razón

y en lo más ser ofendido,

perdone mi sangre, que

hallándome bien nacido,

mientras no se acaba el duelo

con nadie tengo partido.

Dentro.

Rodulfo.

Aquí son las cuchilladas.

Martín.

Señor, Rodulfo, Faustino,

venid que los dos se matan,

Alastro, tened los bríos.

Pag. 37

Pónense al duelo.

Alastro.

¿Tú le amparas? Mas me irrito.

Policeto.

¿Tú le defiendes? Aparta.

Salen Rodulfo, Faustino y Martín.

Rodulfo.

¿Qué es esto? ¿Cómo atrevidos

en mi presencia los dos,

airados y vengativos,

atropellando respetos

de la sangre, desunidos

siempre en pendencias? ¿Qué es esto?

¿Sois hermanos o enemigos?

Policeto.

Señor, cuando la razón

sobra, nunca es delito

el desenvainar la espada

contra un hermano.

Alastro.

Digo

que agradezca...

Rodulfo.

Basta,

¿por qué causa o qué motivo

fue el disgusto entre los dos?

Policeto.

Señor, solamente ha sido...

Alastro.

Esperad, que yo también

podré, como vos, decirlo,

y aun mejor.

Rodulfo.

Calla, Alastro,

habla tú.

Alastro.

Pues me retiro,

si lo tiene de decir

Policeto, y no me admiro

que con tanto atrevimiento

quiera apostarlas conmigo

un villano desleal,

a quien le dio el ser de hijo,

y bastardo al fin, que basta

para infamia haber nacido

mancha de su madre, pues

fue engendrado en un delito.

Policeto.

¡Vive el cielo, que el agravio

que cara a cara me has dicho

he de verle satisfecho

con tu vida!

Rodulfo.

¿Tú, atrevido,

pasas un paso adelante?

¿Verás mi enojo?

Policeto.

Rendido

estoy, señor, a tus plantas,

si bien del todo corrido,

pues ves que tengo un hermano,

Pag. 38

Policeto.

que solamente ha nacido

para publicar la infamia

que tu mismo has cometido,

y siendo tuyo este agravio

veo que estas tan remisso

que ni padre lo castigas

ni como amante que has sido

de mi madre no te atajas,

si quiera por tu honor mismo;

y assi para que otra vez

señor no tenga un hijo

semejante atrevimiento

desde a hora te supplico,

con ruegos, con humildades

a essas tus plantas rendido

me concedas la licencia

(si con lagrimas te obligo)

para dejar a Venecia

goze los gustos cumplidos

mi hermana, quedandoselo,

llore yo en mis retiros

las afrentas, y baldones

que de Alastro he rezebido.

Rod.

Policeto, aunque conozco

la razón, nunca permito

dar semejantes licencias,

a ninguno de mis hijos.

Poli.

Señor, ya entiendo el enigma

de todo lo que me has dicho,

pues si no me das licencia,

y no evitas el peligro,

del empeño de los dos

yo me tomare el permisso.

Vase.

Fran.

Yo me voy para buscar

a Alastro, y darle el aviso

como ya queda el papel

del secreto que me dijo,

en las manos de su padre

pues con esto conseguimos

Alastro sus intenciones,

y yo libre del cuchillo.

Poli.

Ya enemiga, quedaras

sin el embarazo mio.

goza tus glorias, con esse

amante, que yo corrido,

de tu traicion, y mi agravio

de mi dolor oprimido,

por no verte en otros brazos

de Venecia me retiro

para siempre por mi alibio.

Pag. 39

Poli.

que consigue un enemigo,

a una falsa a una engañosa

una desleal, que ha sido

la Sirena de un amor,

que con el canto fingido

a un tiempo me engaña el alma

y me embota los sentidos.

muda estas pero bien haces

porque es tan feo un delito

que a falta de la razón

solo callando da indicios

bastantes de tu traicion.

habla. niega lo que he visto

y lo que tengo escuchado,

di que todo fue fingido,

para engañar a un hermano

pues teneys tales estilos

que patente la verdad

y descubierto el delito,

sabeys buscando otras trazas

formar nuevos laberintos,

mentir a un tiempo, y dejar,

el engaño bien bestido.

Mar.

un monte tengo en los pies,

y los labios oprimidos

sin poder hablar palabra

viendo lo que me ha sucedido

me retiro por no verle,

pues solo con mi retiro

podre decirle, callando

la culpa que yo he tenido.

Vas

Poli.

Sin responderme palabra

de mi presencia te has ido?

pero bien haces, supuesto

que publicado el delito

con mudas voces declaras

la maldad, que has cometido;

o mujeres (a las que son

inconstantes, no lo digo

que en deydades soberanas

no halla tan bajo estilo)

que dire y de aquesta infamia

ay alguno que abatido

de su dama, y de su sangre

que llore tan ofendido

como yo tantas desdichas?

ay alguno que subido

a la cumbre de las glorias,

que en sus arpones Cupido

las distribuye gozando

Pag. 40

Policeto.

de inapetecido hechizo

los favores, que después

precipitado al abismo,

caiga tropezando en celos,

que es el más fiero cuchillo

que puede entre dos amantes

ensangrentar los filos?

¿Hay alguno?

Martín.

No hay alguno,

que aquí estaba yo escondido,

esperando a que acabases

de hablar, porque vive Cristo

que entre los demás que hizo

el poeta divertido

está sin formar dos versos

a este Martín, que ha nacido

para reventar comedias,

de los mirones el silbo,

porque al fin, los mosqueteros

los traen en el bolsillo

como el asno con la burra,

que se entona con relinchos.

Policeto.

Martín, no estoy para gracias.

Martín.

Pues, ¿qué piensas que he venido

yo para echarlas? Te engañas,

y juro por san Francisco

y santa Quiteria y cuantos

santos merecen propicio,

que reviento de pesar

de lo que Alastro te dijo.

Policeto.

No acuerdes a la memoria

los dolores del martirio,

que hoy, dejando la corte,

con el tiempo y el olvido

daré fin a mis agravios,

pues solo el cielo me hizo

para blanco de mi afrenta.

Martín.

¿Ya has perdido el juicio?

¿Dejar quieres a Venecia?

Policeto.

Sí, Martín.

Martín.

Muy crecido

es y de marca mayor

el disparate que has dicho.

¿No fuera mucho mejor

buscar pretexto o camino

para moler a patadas

a Alastro?

Policeto.

Calla, atrevido,

que te quitaré la vida

si pasas inadvertido,

Pag. 41

Policeto.

que es mi señor, y es mi padre.

Vase.

Rodulfo.

Ese es el yerro, que advierto,

mayor de tus valentías,

pues, ¿tú riñes con tu hermano,

tú le sacas en mi cara,

como un esgrimidor, los aceros,

y de tu insolente enojo

no te disculpas? Te ruego

no me des tales disgustos,

porque ¡vive el cielo!, que si

haces el menor exceso

siquiera del pensamiento,

no sirviéndome el reparo

de amor y de padre afecto,

haré el mayor escarmiento

que en mi casa se haya visto.

Y con esto,

retírate de mi vista.

Policeto.

¡A qué infelicice estado

llegué! ¡Qué trágico suceso!

¡A los principios reñir

a un tiempo hermano y padre!

Martín.

Yo he de advertirte ahora

que pues ves todo el infierno

de la corte conjurado,

tires la toalla, y huyendo

de tu furia y de su furia,

busquemos otro hemisferio,

vamos, que es lo más seguro.

Policeto.

¿Has de ser tú en mis acciones

consejero en lo adverso?

Martín.

Digo que yo te aconsejo,

y pues dices que se muda

a Palermo el Rey en breve,

¿por qué no nos mudaremos?

Policeto.

Pudiera, Martín, el ir

ser consuelo a mis tormentos,

pero habiéndome ofendido

Alastro con tal denuedo,

pues mancha de la razón

es huir el desafío.

Martín.

Pues para esto, más seguro

es no reñir y salvarse.

Policeto.

Tú hablas, Martín, con miedo.

Martín.

Es que a un cobarde...

Policeto.

Basta,

que por tal furia, hoy pretendo...

Mas, ¿quién viene?

Salen Rosaura y Ludovico.

Rosaura.

Aquí podemos

Ludovico, hablar un poco,

Pag. 42

Rosaura.

de Milan, y en la que has traydo,

de Sisilia y los otros que han venido

con memoriales al Consejo

y el Juez ha de ser como el espejo

que ha de estar sin mancha alguna

que la claridad no empañe de su luna

y con silencio y gran secreto,

importa el governar con tal respeto.

pues yo me retiro, y con cuydado

podras los negocios del senado

mirar los con sosiego, y con reposo,

Vase.

Fran.

el papel Astolfo ya se dio..

Astol.

Soy venturoso

oy quedare vengado

y el sugeto de mis iras castigado

Vas

Rod.

aqui Estanislao escrive

como por vengar su agravio

tan prudente como sabio,

toda su armada apercibe.

para hacer a Milan guerra

a la Ciudad de Venesia

pide favor, y que necia

peticion? cuando la tierra

ya ha ofrezido al de Milan

que en todo le assistiria

a lo cual la señoria

con un cuydadoso afan

dispone con todas veras,

de dineros, y soldados,

imbiarle bien pagados

el socorro en las galeras.

el que ha llegado primero

siempre remedio ha tenido

y el que no es admitido

señales que fue el postrero.

aqui dize el de Milan

que todos los potentados

alistan contra el las armas,

reconociendo el agravio,

que al Duque Maximiliano

teniendole aprisionado

siendo suyo, lo cual

adelanta el enviado

para que la señoria

antes que se llegue el plazo

de abrir la campaña quiere

hallarse bien preparada,

de las tropas, y el socorro:

este papel muy zerrado,

oy un hombre me le dio,

Pag. 43

Lee.

Lee.

Rodulfo.

cuando salí del senado:

la nema quiero romper

y leerle, ¡Cielo Santo!

¿Qué miro? Áspides son

sus letras inficionando

la vista, con lo que lee

el pecho tengo turbado.

¿Pero qué es esto, valor?

Ya a esto el veneno a los labios,

y a los ojos, agotemos

toda la ponzoña al vaso.

«Polizeto, vuestro hijo,

para ampararse de muerte

procura darte la muerte».

(¡Ay fuerte hado prolijo!)

«Porque por haber nacido

bastardo, Alastro hereda

como legítimo, y queda

Polizeto, aborrecido

de mirarse sin estado,

pretende el con su mano

matar a padre, y hermano,

advertido estás, cuidado.»

¿Quién vio en el mundo homicida

mayor? ¿Se ha visto acaso,

en los anales del tiempo,

otro hijo, que bárbaro,

avariento de los bienes,

para poder heredarlos

darnos la muerte pretenda

a mí y a su mismo hermano?

Salen Polizeto, y Martín.

Polizeto.

Señor, rendido, a tus pies

la bendición a esa mano,

te pido, para partirme.

Martín.

Y yo, para acompañarlo,

también me voy.

Rodulfo.

Traidor,

homicida, aleve, falso,

¿para asegurar tu intento

vienes con estos engaños,

y alevoso, matarme quieres?

Polizeto.

¿Yo, señor?

Enséñale la carta.

Rodulfo.

Tú, inhumano,

mira tu delito aquí,

que contra Alastro tu hermano

y contra mí solicitas.

Polizeto.

¿Qué miro? Y qué estoy turbado

Pag. 44

A voces.

Rodulfo.

Más que segundo Caín,

te podré decir villano,

que eres, viven los Cielos,

que viendo, delito tanto,

que has de llorar, de mis iras

oscuramente el estrago.

Faustino, Sireno, amigos,

Marina, Femisio, Alastro!

Socorredme que me mata

aquí dentro, este inhumano.

Polizeto.

Señor, ¿qué dices? Primero

yo me mataré.

Martín.

El diablo

ha urdido aqueste embeleco.

Dentro Alastro.

Sale.

Alastro.

Todos entrad que llamando

está mi padre, ¿qué es esto

señor?

Salen Alastro, Sireno, Marina y Faustino.

Polizeto.

Sin vida, he quedado.

Rodulfo.

Pretender este alevoso

darnos la muerte.

Polizeto.

Es engaño.

Rodulfo.

Mas con engaños me ofendes,

mira este papel Alastro,

que me avisa su traición.

Sireno, amigos, miradlo.

Ap.

Alastro.

Logróse bien mi designio.

Ap.

Faustino.

Bien su industria se ha logrado.

Ap.

Sireno.

No me puedo persuadir.

Ap.

Marina.

¿Quién vio más horrible caso?

Alastro.

Viven los Cielos, traidor,

que castigará mi brazo

tu tan enorme delito.

Rodulfo.

Detente que tanto agravio,

es incapaz del castigo,

pues en las leyes no he hallado

a semejante delito

castigo proporcionado,

pero yo con nueva ley,

pretendo de este villano

con severa invención hacer

con él un mísero estrago,

cuya ejecución será

meterle dentro de un barco

sin piloto, ni timón,

desnudo, desarbolado,

sin remos el buque, corto,

y con los ojos vendados,

Pag. 45

Rodulfo.

en alta mar le dejad

a la inclemencia del hado,

sujeto; obren con él,

de ese mar mediterráneo

las iras, y de sus olas

a golpes atormentado,

quede este bastardo, vil

en su espuma sepultado.

Vase.

Polizeto.

Aguardad, esperad, detente.

Alastro.

¿Aquí en das voces villano?

Traidor, fementido, aleve.

Arrodillase.

Polizeto.

Saben los Cielos hermano

que es testimonio, y en fe

de aquesta verdad, postrado

a tus pies, te pido, y ruego

con la voz, y con el llanto

que de mí te compadezcas.

Alastro.

Los ruegos son excusados,

y de ser hermano mío

nunca se ocupen tus labios,

nombrándome, que un traidor

infame, siendo bastardo,

no puede haber en sus venas

sangre buena, ea, llevadlo

padezca, y llore, y con él

también voy a este villano.

Vase.

Martín.

De quien me engendró reniego

yo en el quinto no he pecado.

Polizeto.

Faustino, si la piedad

puede en ti, pues me has criado

te ruego, suplico, y pido

que de todos mis naufragios,

sea la intercesión tuya

con mi padre.

Faustino.

Será en vano

que delito tan atroz

no puedes ser perdonado.

Vase.

Polizeto.

Sireno, pues ves que todos

la protección, y el amparo,

le niegan a este infeliz

que a muerte está condenado,

sin ser parte, en tal delito,

admítele a tu sagrado.

Sireno.

Sabe el Cielo que lo siento,

pero tu padre ha mandado

que nadie te dé socorro

y así no vale mi amparo.

Vase.

Polizeto.

Marina si la piedad

cabe en los pechos humanos,

siendo mujer, te suplico

Pag. 46

Polizeto.

te duelas de mis trabajos,

Marina.

La ley manda, que te mueras,

tu padre así lo ha ordenado,

yo no te puedo valer

el Cielo te dé su amparo.

Vase.

Polizeto.

A quién con mis tristes ruegos

piedad pediré pues no hallo

para mis adversidades,

remedio entre los humanos.

Martín, Martín.

Martín.

Grita allá:

yo no me mastines tanto

que en mí no tienes remedio

porque también condenado

voy a padecer contigo.

Polizeto.

¿Por qué Martín?

Martín.

Por criado,

que es un mal que se inficiona

como tiña con los amos.

Vase.

Polizeto.

Cielos de vuestra clemencia

solo la piedad aguardo,

pues sabéis, cómo divinos

lo inocente que me hallo,

y contra este testimonio,

permitid que como falso

restituyan a mi honor,

el punto que le han quitado,

y que sean sus castigos

tan enormes y pesados

como este que padezco.

Cielos, la venganza aguardo.

Vase.

Salen Estanislao, Ludovico, Rosaura, Clave- la y acompañamiento.

Estanislao.

En esta apacible quinta,

del campo supremo alcázar

que es retrato de Amaltea

pues florida su compaña

forma hermosas primaveras

con las flores, y las plantas,

y aves canoras, que el viento

con sonoras consonancias,

de sonora armonía

ocupan la región vaga,

y por otra parte el mar

formando ricos de plata

con promontorios de espumas

enlazadas con el agua

hacen de ley tan subida

Pag. 47

Estanislao.

y puedes aquí Rosaura

desviar melancolías

que tu alegría embarazan.

Despide de tu tristeza,

tanto pesar y descansa

el pecho, de tantas penas,

que confío, que lograda

has de ver muy brevemente

de tu primo la venganza,

pues ya para conseguir

este designio, mis armas

se alistan contra Milán,

pidiendo a las comarcanas

repúblicas, que me envíen

socorro pues abrasadas

y a cenizas reducidas

han de verse las murallas

del ducado de Milán.

Goce libertad amada

vuestro padre, y primo mío

vuelva a recobrar de Mantua

la debida posesión

restituyendo a su patria,

las personas de los dos,

y mientras esto se agranda

procura aliviar tus penas,

y desahogar tus ansias.

Rosaura.

Señor vuestra Majestad

me favorece, con tantas

honras, que ya de mi vida

no acierto a daros las gracias;

pero está tan combatido

de las desdichas pasadas,

el pecho, que no me sirven

ni los campos, ni la caza

de alivio alguno, tanto

es el tormento, que avisan

a la memoria.

Llora.

Clavela.

Señora

esas tristezas aparta

que ya no sirve el sentir

de alivio.

Ludovico.

Mira que pasas

a arriesgar la vida con

ese llanto que desatan

vuestros ojos.

Ap.

Rosaura.

¡Ay fortuna!

¿Qué quieres de mí? ¿Por cuántas

partes quieres combatirme?

Dime enemiga si basta

Pag. 48

Rosaura.

haber perdido a mi padre,

y venir a tierra extraña

perdiendo la posesión

de mis estados, y casa?

Sino que también de amor

me tienes atormentada,

pasando de agradecida,

a quedar apasionada

con tan desigual estado

como ves en que se halla

hoy Polizeto conmigo.

Estanislao.

Procurad el alegrarla

ya con música, y paseo,

ya con el mar, y la caza

que temo su perdición

si sujeta, a tantas ansias

entristece el corazón.

Ludovico.

Mucho siento su desgracia.

Clavela.

¿Quieres para divertirla

que cante?

Estanislao.

Si que me mata

su tristeza.

Ap.

Rosaura.

¿De qué sirven

diligencias, si me acaban

con tanto dolor mis penas?

Amor tirano, ya basta,

desvía de mi memoria

mi pasión desesperada.

Canta Clavela.

Músicos y Clavela.

Sujeta a un cuidado vive

aquella hermosa troyana,

viendo que quema y amor

la destierran de su patria.

Rosaura.

Cielos, parece que el verso

se compone de mis ansias,

pues amor, y guerra, son

de tantos males la causa.

Clavela canta.

De las perlas que sus ojos

destilan, adorna el nácar

de sus mejillas, rompiendo,

fuentes de dolor al alma.

Estanislao.

De poco alivio te sirven

las sonoras consonancias.

Rosaura.

Antes, sus versos señor

a mi dolor se comparan

que a un triste solo le admite

es quien mejor le acompaña.

Estanislao.

Pues volved al tono, y letra.

Clavela.

Obedezco lo que mandas.

Ap.

Rosaura.

¡Quién pudiera, mi pasión,

de la memoria borrarla!

Pag. 49

Clavela canta.

Perdió con su libertad

de su amor las esperanzas,

pues quien adora imposibles

solo en precipicios para.

Dicen dentro Polizeto, y Martín.

Polizeto.

¡Ay de mí! ¡Cielos, piedad!

Martín.

¡Misericordia, que paga

un mezquino culpas que

no las cometió, soñadas!

Rosaura.

¿Qué voces han sido estas

que me llegan hasta el alma?

Estanislao.

Desgobernado un barquillo

sin macervelas, ni jarcias

corriendo cruel destino,

por encima de las aguas,

viene, a discreción del viento.

Ludovico.

Y chocando ya en la playa

con feliz bordo, se arrojan

dos infelices, atados

las manos, con ligaduras,

y con las vistas vendadas

tropezando con la arena

llevando torpes las plantas

llegan cayendo a este sitio.

Salen Polizeto y Martín con las manos atadas atrás y los ojos vendados, y caen en el tablado.

Polizeto.

Del Cielo el poder me valga.

Martín.

Y a mí también, que estoy

ciego pues la vista falta.

Estanislao.

¡Válgame Dios! Ludovico,

guiadles aquí.

Rosaura.

¡Ay desgracia!

Guíales.

Ludovico.

Hombres infelices, que

del mar la fiereza, y saña,

para aborto de la espuma,

os arroja a esta playa,

venid, y cobrad aliento.

Polizeto.

¿Quién con piedad tan hidalga

nos socorre?

Martín.

Será, creo

algún tritón de las aguas

que nos volverá a embarcar.

Rosaura.

Enternecido, de lástima

tengo el corazón.

Clavela.

¿Qué pena?

Estanislao.

Desatadles,

Pag. 50

Ap.

Polizeto.

¿A quién con tanta

piedad? pero ¿qué miro?

Ap.

Rosaura.

¿Cielos, la vista se engaña?

¿O lo fingirá el deseo?

¿No es Polizeto?

A.

Polizeto.

Rosaura,

¿no es la que tengo presente?

¡La lengua tengo turbada!

Ludovico.

¡Cielos divinos! ¿No es

Polizeto?

Martín.

¡Brava danza!

¡Señores, estoy seguro!

¡Me volverán a la barra!

Rosaura.

Como tan remisa mente

estoy, que no se declara

a vista de este portento

favor. ¡Polizeto!

Ap.

Polizeto.

Él habla.

tropezando con los labios,

no acierta a decir palabra.

Señora, feliz fortuna

logro de tantas borrascas,

mirándome a vuestros pies

que humilde beso.

Rosaura.

Levanta

a mis brazos, no repare

el decoro circunstancias,

para entregarte con ello

Polizeto, toda el alma.

Estanislao.

Rosaura, dime ¿quién es?

¿estos pues, finezas tantas

en tu aplauso temeresen?

Rosaura.

No se extrañe que obligada

mi vida a este aún favor,

cuando el bruto en desbocada

carrera me despeñó

al soto de una montaña

pues atajando su curso

de hallarme libre, fue causa

éste es Señor Polizeto

hijo de aquél que la fama

del orbe, tanto publica

que cabeza hoy se halla

del senado de Venecia

y quien con acción gallarda

me embarcó para Sicilia.

Polizeto, ¿en qué reparas?

Llega a besarle la mano

a mi tío.

Polizeto.

La ignorancia

Pag. 51

Polizeto.

de no conoceros suplé

el que rendido a tus plantas

no sacrifique primero,

la fortuna que hoy lograda

llego en tu real sagrado

a conseguir pues de tantos

tormentos, me veo libre

a donde la vida, y alma

con humilde rendimiento

tengo ofrecida a tus plantas.

Estanislao.

Para recibirte, tengo

mis brazos, de ellos te enlaza

pues obligado de ti

según me dijo Rosaura

estoy, a tu bizarría.

Martín.

Yo señor, soy de la faria

un onastín de Polizeto.

Polizeto.

Quita necio.

Martín.

Tu charada

también la tengo de echar

que de Reyes y de Papas

también se los tratamientos.

Sepa su insolencia alta

que yo de su reverencia

estoy a su merced sacra

agradecido, y no quiero

ir escaso de su santa

paternidad, los chapines

le beso.

Estanislao.

Ea, levanta,

que tienes donayre en todo.

Martín.

Mírense en mis palabras

mesuradas, y medidas

que el mismo Rey las alaba.

Estanislao.

La novedad de venir

surcando la región vaga

con tan extraño peligro

me fuerza a pediros me hagas

relación de tus fortunas

que ha de ser grande la causa.

Polizeto.

Solo, señor a mi desdicha,

y un testimonio que infama

mi lealtad, de algún traydor

que no puede cara a cara

su brío apostar conmigo

y se valió de una infamia

de dar un papel secreto

a mi padre en que declara

que yo pretendo, ¿qué pena?

¡La lengua tengo turbada!

Pag. 52

Polizeto.

darle muerte juntamente

con mi hermano, y acabadas

sus dos vidas, levantarme

con la herencia de su casa;

acción que juro a los Cielos

que me corro de pensarla

cuanto y más de repetirla.

Al fin, no fueron palabras

bastantes a satisfacer

tan fiera maldad, y manda

sin admitirme a descargo

mi padre, que fiera saña

que en este corto barquillo

que a la lengua de las aguas

estoy, viendo; con los ojos

vendados, manos atadas

y entregados al destino

de la bravesa inhumana

del mar, allí nos dejaran,

mas volviendo por mi causa

los Cielos, que siempre ellos

y su providencia sacra,

a los que están inocentes,

con su clemencia los guardan.

Dieron las guías a este barco

hasta arrojarlo a la playa

de tu reyno, donde espero

de tus piadosas entrañas

la protección, como a Rey,

pues de un supremo monarca

que es antorcha.

Estanislao.

Tente espera

porque con menos palabras

tienes de mí conseguido

el patrocinio, pues tantas

obligaciones confiesa

mi sobrina, que atracara

y así te daré porque

por mí, como por Rosaura

te ofrezco el interponerme

con tu padre, y a tu patria

escribiré que...

Polizeto.

Detente

que aunque te rindo las gracias

no puedo admitir la oferta,

ni menos señor, que hagas

semejante interseción,

a quien con tal infamia

sin admitir mis disculpas

fue tan inhumanas,

Pag. 53

Polizeto.

me castigó, ¿y no es padre

sino fiera, pues de biscaños

que tigre la más cruel

a las reliquias amadas

de sus hijos, no les suple

la imperfección de sus faltas?

pues si esto hacen los brutos

como con quien un ata me pague

estando inosente en todo

a vista de tal infamia

quieres que busqué desvelos

para volver a su gracia.

Vos sois una antorcha que es

de los planetas monarca

que con sus luces al mundo

da esmaltes de fino nácar

pues con bellos esplendores

hebras de oro debana

que míseramente tienen

mi padre, mi hermano y patria

de llorar de esta sentencia

la más pública venganza,

que del uno al otro polo

se ha visto ni ver aguardan

los que mortales hoy viven

y para esto postrada

mi humildad abre sus pies

te suplico de es, en la plaza

más inferior de tus tropas,

me admitas, porque en tus armas

alistado, de mi acero

severa fiereza tanta

que tendrá a sombidia la muerte

de mi rencor y mi saña.

Martín.

Y yo prometo también

como un mastín que ladra

dar tenasadas, y hacerles

mil costuras en las cazas.

Estanislao.

Aunque el partido que pides

es conveniente a mis armas

no te puedo conceder.

Polizeto.

¿Por qué?

Estanislao.

Porque de tu patria

espero tener socorro,

pues a Sireno con cartas

para tu padre, y Venecia

les llevo esta embaxada.

Polizeto.

Ese socorro no esperes.

Estanislao.

¿Cómo?

Polizeto.

Como declarada

Pag. 54

Esta.

está por Milán Venecia,

pues con sus galeras trata

con tropas y con dinero

inviarle socorro.

Basta

Polidoro desde ahora

de general de mis armas

tienes el bastón. gobierna

de mis tropas las escuadras:

lloren Milán, y Venecia

pues contra mí se declara

por ti y por mi su milicia.

Poli.

Deja señor que a tus plantas

humilde ponga la boca

en estas huellas que estampas

sacrificándote vida,

valor, albedrío, y alma.

(Polidoro se levanta)

Ros.

Yo de mi parte señor

te doy rendida las gracias

pues que Polidoro honra

su bastón, alborotas alma

que ya a superior fortuna

Esta.

fuera faltar a quien yo

si yo lo contrario obrara

lo que importa es a la corte

volver al punto, y la armada

prevenir para que marche,

contra Milán, y esta llana

república de Venecia,

que contra mí se declara.

Polir.

Dices bien obre el valor

suena el clarín y la caja

teman tu poder invicto

Venecia Milán, y Mantua

Fid.

Yo también en esta guerra

he de seguir tus pisadas.

Mar.

Yo juro a San que también

lo haré. pero no haré nada

que no soy mastín de presa

sino de aquellos que ladran.

Clau.

Yo voy para tu partida

que se prevengan las damas.

Polir.

y yo a gobernar las tropas

de Italia con bizarra

lealtad voy.

Ros.

deténgase.

Vuestra excelencia, que aún falta

darle yo la enhorabuena.

Pol.

y yo, señora las gracias

Pag. 55

Pol.

debo rendir a tu alteza

de tanto favor pues gana

mi crédito la opinión

por el invicto monarca

Estanislao vuestro tío

sol de aquesta esfera aura,

de Sicilia que Dios guarde.

Rosa.

Solo yo la interesada

soy de tus dichas

Polir.

Señora

alma no camines para

no aspires a un imposible

porque de tan soberana

gloria no es posible que

tengas alguna esperanza.

Ros.

Corazón desahoguemos

la estrechez de tantas ansias

que no hay amor, que secreto

sepa su pasión callarla

Polidoro?

Polir.

Gran señora.

Ros.

Te acuerdas de la palabra

que en los montes de Leonida

te dije?

Polir.

como olvidarla

puedo

Ros.

Vuelvo a advertirte

que los que prudentes callan

no consiguen, que humildades,

que en obligaciones tantas

pueden ser favorecidas

si con el amor escasas

si unidas con el silencio,

del desahogo se apartan

pues no en todos tiempos es

la humildad siempre premiada.

Polir.

Señora espera, detente.

Ros.

que quieres?

Pol.

qué te acobarda

corazón? nunca el respeto

llega atrevido a las aras

de la grandeza

Ros.

Polidoro

el amor todo lo allana,

y lo disculpa, pues no

es valiente el que no ama.

Polir.

Bastante se ha declarado

alienten mis esperanzas,

y no por cobarde pierda

los favores de Rosana.

Pag. 56

Polir.

esta música me alegra

Venus y Marte me valgan;

con mi amor, y mi valor

para que diga la fama

que mi rey a Polidoro

honrando con mano franca

puso el bastón en sus manos

para azote de su patria.

Jornada tercera

Pag. 57

JORNADA TERCERA

Dice dentro Polidoro con ruido de batalla y desembarco.

Polid.

Soldados todos a tierra

desocupando las naves,

abordad en los esquifes

y el que atrevido intentare

impedir el desembarco

luego a cuchillo se pase:

no quede alguno con vida

verted de su amad su sangre

lloren su fatal ruina

los Venecianos acaben

al furor de mis enojos,

y mueran mi ardiente coraje

los infelices que habitan

de Venecia estos parajes,

quede abrasado el país;

tiñan de purpúreo esmalte

estas fértiles campañas,

paguen con sus vidas, paguen

lo que fementidamente

mi aleve hermano, y padre,

sin esperar la razón

ni hacer del delito examen,

publicándome traidor

desamparado, me abaten

al más enorme castigo

al precipicio más grande

que de fieras idolatrías,

vieron las gentilidades;

pero no importa que el cielo

dispuso con sus piedades

que con la misma ruina

del precipicio se hallase

para el castigo, el azote,

de tan bárbaras maldades,

pues poblada la región

de esos salobres cristales,

trepando aguas, y vientos,

Pag. 58

Polid.

con galeotas, y naves

vengo talando los montes,

y asolando las ciudades

por caudillo de Sicilia

con cuarenta mil infantes

que a pesar de vuestras furias

desembarcan en la margen

de esos pastos, que esmaltan

con cristalinos esmaltes

toda la costa la azotan

pues toda la costa baten,

conozcan de Polidoro

su república, y mi padre,

que animado de mis furores,

vuelvo yo mismo a vengarme

lloren Venecia, y Milán

sus sinrazones; y todos

padezcan míseramente

ellos con ellos se acaben.

sean de espanto y de horror

tantos asombros y males

como, en mis iras, esperan

gima el clarín por el aire

con ronco metal sus voces,

y sea la vaqueta el parche

aborten esos morteros

bombas, que quemen, y abrasen

sus suntuosos edificios,

vomiten balas, que abrasen

murallas, y fortalezas

hasta que de mi coraje

lo hidrópico de mi sed,

con tantas vidas apague,

que la muerte en su guadaña

con su guadaña descanse.

Ludo.

Ya todos los enemigos,

viendo ejército tan grande

desampararon el campo.

y los nuestros el alcance

van siguiendo de su fuga.

Pol.

pues el ejército marche

Ludovico, en seguimiento,

del enemigo, sin darle

cuartel alguno: qué es esto?

Lud.

esta es la salva que hacen

con la capitana, toda

la república de naves

porque desembarca el rey

y Rosana.

Pol.

Con las reales

Pag. 59

Pol.

personas es justo que

llegando a desembarcarse

la salva Real se haga.

Lud.

Ya pisan las majestades

las arenas de esa playa

Pol.

pues voy a sacrificarme

a Estanislao y Rosaura.

Lud.

no es menester, que ya salen

de esa colina, y los pasos

conducen a esta parte.

Salen el Rey, Rosaura, Clavela, y acompañamiento

Polir.

Permita tu Majestad

bese sus pies.

Esta.

nuevo Marte

dame los brazos que ya

de tu valor arrogante

espero tener victoria

pues prudente, y vigilante,

rompiste del enemigo

las líneas, y los ataques

que embarazaban el paso

para pasar adelante.

Lud.

Ya en precipitada fuga

huyen todos.

Pol.

es tan grande

Señor la obligación mía

de servirte, y de animarme

en la causa interesado.

de esta guerra: dejo a parte

el serviros, y a Rosaura

ponerla en Mantua, y sacarla

de tan cruel tiranía

como padece, su padre

que ingrato el duque de Milán

sin atender a su sangre

bárbaramente deshizo

de su grandeza el esmalte,

pues siendo esto lo más

me aviva por tantas partes

la memoria de mi agravio.

perdonen los paternales

respetos, que estos no pueden

con tiranía tan grande

mantener su obligación.

pues como a fiera que sale

escatando de los montes

sus riscos y portos valles,

buscando la mansa oveja,

Pag. 60

Pol.

reserva, con su coraje

hasta que bárbaramente

su hidrópica sed apague;

así yo en estos países

de Venecia, tan audaces

mis furias, como sangrientas

desnudando los alfanjes

y tus gentes valerosas

derramarán tanta sangre

que cubierto todo el suelo

de sus tropas militares,

de cadáveres sangrientos,

de heridos, y palpitantes

corazones, que acabando

con agonías mortales

diga envidiosa la muerte

mirando tanto cadáver

suspende hombre el rigor

no pases mas adelante

porque quedará este mundo

sin quien tributo me pague?

Ros.

Solo en Polidoro espero

la libertad de mi padre

y el usurpado dominio

de Mantua.

Estan.

Quién al aire

publica con la vaqueta

armonías militares?

Lud.

Voy a saber lo que ha sido

Polir.

Mirándome ya triunfante

no temo, del enemigo

que pueda, en alguna parte

infestar a nuestras tropas.

Rosau.

Amor, no quieras matarme

ay Polidoro!

Polir.

Qué dicha

tendrán mis felicidades

restituyendo a Rosaura

a su trono, y a su padre

librarle del cautiverio,

y ya llegado este lance.

gozando en paz sus estados

merecer dichoso amante

sus favores. mas qué digo?

detente lengua no pases

a pronunciar imposibles

que es la distancia muy grande

ser princesa, y yo humilde

Caballero.

Mas.

quiere mostrarse

Pag. 61

Mas.

vuesa merced, señora mía

a este pobre vergonzante

con algún pícame coro

de los que suele flecharle

Cupido?

Clav.

Y quién le ha dicho

al grandísimo bergante

que hago caudal de lacayos?

Mas.

dígame, no son iguales

entre vuesa merced, y yo

para unirse las dos partes?

Clav.

como iguales, si soy dama

de la duquesa, y de antes

que Cristo viniese al mundo

tengo todo mi linaje

de hidalguías generosas.

Mas.

y puede ser que Judayque

según fue antes de Cristo.

Clav.

él miente, como un infame.

Mas.

perdone Vuesa merced

porque mi casta no sabe

sino buscar de las perras

aquella especie que lamen.

Lud.

Gran señor la novedad

de la salva, que escuchaste

es que Nápoles te invía

para esta guerra de infantes,

y caballos doce mil

con todos sus equipajes;

y seis millones; y todo

se ha unido ya en los Reales

de tu ejército; y también

tengo otro de que avisarte,

que todos los venecianos

viendo tu poder tan grande,

y no poder resistirle

han resuelto retirarse

en esa ciudad de Crema

para impedir que no pasen,

siendo fuerte esta ciudad

vuestras tropas adelante.

Esta.

estimo de Clodoveo

los favores que me hace

engrosándome las tropas

con sus huestes, esto nace

de pretender a Rosaura

en casamiento y juntarse

Mantua con este reino,

es conveniencia muy grande.

Pol.

Valgame el cielo qué he oído!

Pag. 62

Pol.

desconfianza matadme.

Ros.

qué apartado está mi pecho

para admitir de otro amante

casamiento mientras que

Polidoro no me falte?

Estan.

el haberse hecho fuertes

los enemigos me hace

discurrir algún recelo

que mi designio embarace,

porque la ciudad de Crema

tiene fortalezas grandes

Polir.

aunque sus muros labrados

estén de duros diamantes

reducidos a cenizas

los verás a breve instante.

formando la artillería

a un tiempo cuatro combates

verás que sus edificios,

arruinados se abaten.

sin que Nápoles te ayude

solo conmigo hay bastante,

pues llevo para vencerles

mucho; pero lengua baste

no digas amor que pasas

atrevida a declararte

lo que importa a los respetos

de la duquesa que calle;

y para que reconozcas

de mi valor arrogante

que lo que promete cumple

y que hacer y decir sabe

tengo de ser el primero

que las murallas asalte,

para rendir la ciudad

o morir en el combate.

Estan.

oh veneciano valiente

retrato fuerte de Marte,

aguarda, detente, espera

pero ciego de coraje

con las tropas se ha avanzado

vamos que quiero alcanzarle

que no quiero que la vida

pierdan sus temeridades.

Mastín.

Yo señores por Dios Santo

si decir tengo verdades

no quiero nada con guerras

que suenan mal sus combates

Clave.

Con qué valor Polidoro

con los sicilianos hace,

para cobrarte el estado,

Pag. 63

Clave.

tan fuertes hostilidades!

Ros.

Calla Clavela, y su nombre

no me acuerdes, que bastante

estoy yo de agradecida

de sus hechos inmortales,

y heroicos beneficios.

y que pesares pasarme

este respeto, verdugo

de aquella mujer, que nace,

con altos prerrogativas

que no puede, siendo amante,

recompensar las finezas.

ser agradecida y darse

al partido del amor.

pues es justo, que le pague

a quien valiente se expone

por restaurar a mi padre

a que le quiten la vida.

Clav.

la obligación es muy grande

pero hay mucho inconveniente

Ros.

cuáles?.

Clav.

pretender casarse

vuestro primo el de Milán

contigo, y por otra parte,

el Rey de Nápoles quiere

ser tu esposo y ambos iguales

a los dos en competencias

el uno robó a tu padre

y le ha usurpado el estado,

y el otro por ayudarte

tropas de socorro envía

con que no podrás librarte,

de ser de uno de los dos,

porque las guerras se acaben,

esposa.

Rosau.

mientras yo tenga

a Polidoro no es fácil.

Polir.

puesto el cerco a la ciudad

tengo ya, y a darle parte

vengo al Rey, pero aquí está

Rosaura. ansias mortales

que queréis, de un infeliz

mejor será retirarme

Ros.

Polidoro. acaso os vais

por estar yo? sin hablarme

volvéis la espalda?

Polir.

señora

si me voy es por no darte

en la soledad disgustos,

que a veces las soledades

Pag. 64

Polir.

le sirven de compañía

a quien espera constante

alguna esperanza heroica

de grandezas y majestades.

Ros.

declárate que no puedo

yo penetrar esa frase

Polis.

bien claramente, el enigma

deja entenderse, pues sabes

que el de Nápoles te invía

estas tropas militares,

en socorro de las tuyas

para cobrar a tu padre

y restaurar el estado,

el cual seguro le dejes

eternos para que logres

a Nápoles, pues amante,

pretende de tu belleza

Clodoveo, que te cases

con su persona, y:

Ros.

detente

no pases más adelante

que a donde no reina amor

los intereses no valen.

Poli.

vida los cielos te den.

alma desvía los males

pues Señor a Clodoveo

Ros.

si prosigues en hablarme

más de esta materia, solo

te dará respuesta el aire

Clav.

tiene razón la Duquesa.

Polis.

no sé en qué pudo enojarse

su alteza!

Clav.

en que dices

que el de Nápoles casarse

quiere con ella.

Polis.

y de esto

ha llegado a agraviarse?

Clav.

pues de por sí, que si, por sí!

pues sabe que de lo bastante

que de tal empleo tiene

pensamientos muy distantes.

Pol.

Como?

Clav.

como a ti te estima

como a dueño, y como amante.

Poli.

Oye Clavela.

Etan.

Polidoro?

Polir.

Señor

helada la sangre

tengo en las venas alienta

corazón y no desmayes

Pag. 65

Polir.

qué manda tu majestad?

Esta.

que me huelgo de encontrarte

para reñirte, o mozo,

tus locas temeridades

que no es ser pero valiente

saber un hombre guiarse

y más hombre como vos

que tanta falta me hace.

y pena de mi merced,

si atrevido aventurases.

al escalar la muralla,

tu vida que capitanes

tengo del valor que puedes

en esta guerra fiarles

con tu mando, este arrojo.

mas no tu vida, pues sabes

lo que importa tu persona

Poli.

Señor los pechos leales

arrebatados del celo

sirviendo a las majestades

a ningún peligro atienden

Esta.

Lo estimo, y lo dicho baste

pues me doy por bien servido

de que tu vida se guarde.

Poli.

Favorecido del Rey,

victorioso de mi padre,

de Rosaura enamorado,

de ella venturoso amante,

estoy, según por su boca

ha llegado a declararse

Clavela, pues loco amor

qué más quieres ensalzarte.

tente fortuna, que quiero

afianzados los goces,

tener contigo porque

no pases a ser mudable

después de pisar las cumbres

a los abismos bajarme

Salen Rodulfo, Alarico, y Marina

Rod.

Ya que la fortuna me ha llevado

a verme del enemigo sitiado

pues rompiendo el campo, y ya deshecho

del enemigo: helado tengo el pecho

con pensar que siempre he sido

de todos vencedor, y estoy vencido

pues todos los pasos, y caminos

tiene del campo tomado, y los vecinos

de aquesta ciudad de Crema

Pag. 66

Rod.

están alborotados, que fuerza tema

algún levantamiento escandaloso

que no sea a la república provechoso

pues la gente toda se halla,

no habiéndose visto nunca en batalla

con un alboroto, y turbulencia

que la plebe civil forma pendencia.

y esta su vecindad alborotada

temiendo no sea de las tropas castigada

por haber intentado con violencia

negar el paso, con gallarda resistencia

Alar.

en vano padre y señor ha sido

el desembarco haberles impedido

pues el enemigo con soberbia, y saña

de muertos ha cubierto la campaña

y tendré por conveniente, y acertado

pedir la capitulación.

Rod.

yo he inviado.

a Sireno al campo del enemigo

para ver si alguna capitulación consigo

dándoles para Mantua todo el paso,

sin poner a sus tropas embarazo.

Mari.

quien por Rosaura creyera

que esto que ves pasar sucediera

Alar.

de la caja la señal que hemos huido

declara que Sireno ya ha venido

de dar la embajada que tu envías.

Rod.

permita el cielo que sea de alegría.

Sireno! amigo!

Siren.

Señor mal despachado

vengo del enemigo

Rod.

qué te ha pasado?

Siren.

diré lo que pasa con breve acento.

si a mi voz señor estás atento.

salí como embajador

o enviado que se estila

de la guerra que se entabla

entre campos enemigos

política militar

pues con este permitido

seguro, los generales,

usando el Real estilo,

admiten las embajadas

sin que pasen atrevidos

algunos de los soldados

a quebrantar los avisos.

Llegué señor al Real

del ejército enemigo

que a vista de la ciudad,

está de su gente el sitio

Pag. 67

Siren.

y apenas entré en la tienda

del General, cuando admiro

asentado en su sitial

Rod.

¿A quién, Sireno?

Sirer.

A mi hijo,

Polizeto.

Rod.

¡Cielos, qué dizes!

Alon.

Ese engaño tuya ha sido

pues cuando de Polizeto

en el golfo cristalino

a la inclemencia del hado

para pagar su delito

en sus alcobas neptuno

le tiene ya sumergido

¿cómo es posible que sea

mi hermano?

Sire.

Lo que yo digo

es la verdad.

Mans.

Que estoy

confusa de agüeste aviso.

Rod.

Sea lo que quisiere; di

la respuesta.

Sir.

Lo que dijo

fue que piedad no esperasses,

porque viene vengativo

Pag. 68

Alas.

pues yo voy a obedecerte

y a descifrar el echizo

de este encanto, que te tiene

tan engañado Parezido.

Mar.

Cielos, como Polizelo

de tanto estrago y peligro

pudo librarse?

Rod.

Como es

posible, Cielos divinos,

que Polizelo escapase

de tan enorme castigo?

Y te trato con templanza

a la embaxada?

Licaso.

No he visto

en el mundo otra humildad,

pues cortesmente me dijo

que no podia a la patria

conceder algun alivio,

y cuando se enfurecio,

poniendose muy altivo,

fue que le dije que estavas

por governador metido

en esta Ciudad.

Rod.

Ay de mi!

No me admiro esso, me admira

que Polizelo responda

agradablemente conmigo,

pues con barbara impiedad,

del primer lance movido,

sin admitir mi descargo,

colerico, inadvertido,

sin Dios, sin ley, sin razón,

le arrojé en el peligro.

Pero ya las destempladas

caxas me dan el aviso,

como, sin dar la embaxada,

a mi son, segun el uso,

digo con el despojo a las instancias de Alastro

del campo del enemigo.

Pr.

Ya se acerca a la presencia.

Rod.

Que te sucede, hijo mio?

Sale Alastro con los ojos bendados y las manos atadas detras.

Alas.

Con estas demonstraciones

podras tener conocido

lo que me pasa, y el son

deste bastardo estilo,

pues apenas del real

Pag. 69

Alas.

pise el anchuroso sitio,

cuando, sabiendo que esteva,

pones luego facil concilio,

sin concederme audiencia,

ni privilegiarme el sitio

de embaxador, con las manos

atadas y desvalido

de la piedad, con los ojos

bendados, por el camino

de la Ciudad me llevaron

de un a en otra conduzido.

Rod.

Luego no viste a tu hermano?

Alas.

No por cierto, pero es fixo

que Polizelo esta alli

por cavo del enemigo,

escuchando de sus voces,

pues que colerico dijo,

a todos sus oficiales

que arruinassen con tiros

la muralla.

Rod.

Quien se vió

en tan terrible martirio!

Idas.

Viva Estanislao: Soldados,

a Crema, pues que impedimos

prevenido el paso.

Ludo.

Los muros

que la circuyen altivos,

queden de la artilleria

a ruinas reduzidos.

Dentro.

Suena, generosa

Mar.

La ciudad

ya se arruina con los tiros.

Rod.

Valgame el Cielo, mil veces!

Amigos, querido hijo,

yo determino el salir,

y, ver si podre, rendido,

alcanzar de Polizelo

piedad en este conflicto.

Alas.

El tiempo pierdes en vano.

Lio.

Yo lo dije en su principio.

Rod.

Pues por algun medio tengo

de evitar tanto peligro.

Ay hijo, permita el Cielo

que te ablande el ruego mio!

Salen Estanislao, Polizelo, Rosaura, Clavela, Maximo, y Soldados, y tocan caxas.

Poliz.

Ya toda la artilleria

con nueva furia y denuedo

Pag. 70

Poli.

da bateria a la plasa

Estani.

Suyo pareze el empeño,

pues al partido que ofrezen

no dan quartel.

Poli.

Ni le quiero

la Ciudad he de entregarle

vaya con padre que tengo,

a pesar de su infamia,

sobrado poder, y el Cielo

para castigo me embia

de tan barbaro decreto.

Ros.

de lo fiero, y lo galan

bien une los dos extremos.

Max.

yo tambien para vengarme

boto a San lillo que tengo

de comerme, en la Ciudad

unos xamones de puerco.

Clav.

Linda venganza tendras

Max.

desta manera me vengo

lo demas es disparate

que en el quinto a Dios no ofendo

Clarin

Sale Ludovico

Esta.

Las puertas de la Ciudad

a la llamada han abierto,

Repara q en un caballo un anciano

con venerable respeto

de la Ciudad ha salido

con mucho acompañamiento.

Ludo.

de la Ciudad gran Señor

Salio Rodulfo y pidiendo

esta lizenzia de entrar

Vase

Esta.

yo por mi parte no puedo

negar su entrada, mas tu

rezebiras Policleto

su enbaxada pues de Rey

limitado poder tengo,

en esta guerra por ser

contra padre y tuyo el duelo.

a Policleto

Vase con clavela

Ros.

yo por mi parte te imito

no de tu padre el respeto

sino el de la injusticia

que te hizo en otro tiempo

has de atender pues mi causa

gustosa por ti la cedo.

Sale Rodulfo

Ludo.

entrad, Señor, que ya tienes

audiensia.

Rod.

Si es que merezco

besar a su Magestad

las plantas: pero que veo?

Poli.

proseguid, de que os turbais?

Rod.

fuerza es turbarme pues vengo

Pag. 71

Rod.

creyendo hablar con el Rey,

y hallo a mi hijo en su puesto.

Pol.

Quien es vuestro hijo?

Rod.

Tu.

Poliz.

Te engañas, no puedo serlo.

Rod.

No niegas el ser mi hijo,

Polizelo?

Polize.

Si, lo niego,

prosigue con la embaxada.

Rod.

Vive el Cielo, que primero

has de darme el si de padre,

pues que por hijo te tengo.

Poliz.

Ni uno soy, ni otro eres.

Rod.

Luego lo niegas?

Pol.

Lo niego.

Rod.

No estoy en mi de turbado!

Por que causa?

Pol.

A ti mesmo

puedes mexor preguntarlo

que no a mi, que no deseo

de tu tirana crueldad

traer al entendimiento

aquel tu decreto injusto,

claramente conociendo

que quien se olvida de padre

con tan infame decreto

razón es que de ser hijo

se imite a mi rigor fiero.

Rod.

Yo obré como Juez entonces.

Poliz.

Y yo como al Rey, que tengo

en su ausencia su poder,

advirtiendote, que puedo

obrar, como a presidente,

con mas rigor que tu mesmo.

Rod.

No ay contra un padre rigor.

Poliz.

Con lo mismo te convenzo:

Tu injusticia no te hizo

con tu hijo? pues con seño,

sin admitir el descargo,

le condenaste primero.

Rod.

En el mar de mis pesares

cerrados veo los puertos!

Poli.

A lo que vienes prosigue

y no perdamos el tiempo.

Rod.

Que se hizo tu humildad!

Que ahora estas tan severo?

Poli.

Esto lo aprendi de ti,

y archivado en mi pecho

lo he guardado, para darte

lo que diste, en otro tiempo.

Pag. 72

Poli.

Y para escusar razones

que no son ya de provecho,

o prosigue la embaxada,

o retirate o tu puesto.

Rod.

Con tanta resolucion,

ya no tengo otro remedio

para acabar con la vida

que decirte a lo que vengo.

De esta Ciudad prodigiosa

de Crema, que esta yaziendo

de la furia de tus armas

su tragico fin sangriento,

de quien soy governador,

si bien plugiera a los Cielos

nunca que lo huviera sido,

pues por defenderla veo

que me hallo al precipicio

mas fatal del escarmiento.

Al fin, de esta con su nombre,

postrado a tus pies, te ruego

que te compadezcas de ella,

pues los nobles y plebeyos

se sacrifican, rendidos

a tu rey el rendimiento;

merezcan esta piedad:

mira en ella...

Poliz.

Deteneos,

y les direys de mi parte

a todos los que esten dentro,

que se apresten a morir,

que es el ultimo remedio.

Rod.

Esso respondes, ingrato?

Poliz.

Ha salido de tu pecho

esta ingratitud.

Rod.

Pues mira

que es tu patria!

Poliz.

No lo creo,

que a ser Venecia mi patria,

procurara, en otro tiempo,

como a madre de sus hijos,

salir a la causa de ellos.

Rod.

Mira que lo pido yo!

Poli.

Menos lo hare, por tu ruego.

Rod.

Mira mis canas.

Poli.

Quisiera

venerarlas, mas no puedo.

Rod.

Mira que soy yo tu padre.

Poli.

No te conozco en tu puesto,

que a mi no me conociste.

Rod.

Ya es passado

Pag. 73

Poli.

Yo lo tengo

muy presente, porque al fin

lo que mas ofende al Cielo

es la tirania.

Rod.

Pues yo,

sin alcanzar el remedio,

no me he de salir de aqui.

Poli.

Tambien pasare grosero

a no atenderte por ti,

y no quieras, desatento,

que lo que ha sido cordura,

falte ahora a los respetos.

Rod.

No ay piedad?

Poli.

No ay piedad.

Rod.

No ay remedio?

Poli.

No ay remedio.

Rodul.

No ay alivio?

Poli.

No ay alivio.

Rod.

No ay clemencia?

Pol.

No la tengo.

Rod.

Mira que rendida llora.

Poliz.

Mira el plomo y mira el fuego.

Rod.

Y pide misericordia.

Poli.

Sobre su estrago violento:

y para darle el asalto,

pongan a los muros sobervios

las escalas, y os use

de los que suban primero.

Rod.

Pues afligido en mis ansias

me voy ya, pero te advierto,

que su estrago oy sera

mi pyra y mi monumento.

Poli.

Sabe el Cielo soberano

con los pesares que quedo

de su ruego, y mis rigores:

pero no puede ser menos,

que aunque quisiera, por mi parte

dejar la causa del duelo,

por el puesto y el oficio

es imposible el hacerlo.

O ley de razón de estado!

y a penas! pero, que ziento?

como, con tantos agravios,

ahora yo me enternezco?

Mueran todos, viva el Rey,

solo su parte defiendo;

viva Rosaura que es

el idolo que venero,

como imprimido caracter

con lineas y bosquejos.

Pag. 74

Poli.

la imagen de su hermosura

traygo esculpida en el pecho,

goze el estado de Mantua,

salga de su cautiverio

su padre, y el de Milan

pague al furor de mi acero,

de su tirana venganza

tan viles atrevimientos.

Muera mi... pero detente

lengua, que decir no puedo

muera mi padre, que aun

para pensado no es bueno,

que aunque yo viva ofendido

y obre, con rigor severo

pero, no puedo el amago

executar porque tengo

a sus canas y persona

no se que oculto respeto,

que se suspenden las iras,

mas que digo, solo intento

solicitar mi venganza,

pero maldigo el empeño

de Estanislao y Rosaura

pues a los dos solo debo

la vida, el ser y el honor

de esta grandeza y aprecio:

pero ya la artilleria

trepando, sube a los vientos

de la Ciudad, las murallas

con rigor van combatiendo.

Ludov.

Ya estan las brechas abiertas;

Estan.

pues, con orden y concierto,

vayan avanzando tropas

a los muros. Polizelo?

Poliz.

Gran Señor, que me mandays?

Esta.

Que tu sales con tu intento

combatiendo la Ciudad.

Poliz.

Señor, esto ya es empeño

Esta.

Que en no ser furia tu padre.

Pol.

Yo ya le de consentimiento,

pero, en mis obligaciones,

lo primero es lo primero;

pues a quien debo la vida

y el honor solo defiendo.

Pero que llamada es esta?

Sale Ludovico.

Lud.

De la Ciudad han abierto

los portales y la plebe

desplegando, por el viento,

blanca bandera de paz,

viene a voces diziendo:

Pag. 75

Dentro todos.

Viva Estanislao, viva.

Esta.

Esto no tiene remedio,

recibeles con piedad,

perdona el agravio vuestro;

pues no puede ya el castigo

obrar con tanta violencia

a rendirnos la Ciudad

lo noble y plebe del pueblo.

Poli.

Señor, pues que tu lo mandas

yo solamente obedezco,

que el que sirve solo trata

de darle gusto a su dueño.

Todos.

Viva Estanislao Rey

de Secilia.

Dentro Rodul.

Todos a un tiempo

entrad conmigo a entregar

las llaves a Polizelo.

Salen Rodulfo, Liceño, Alastro y Florina con una fuente en que trae unas llaves y hombres y mujeres.

Flari.

Yo, Señor, ya que no valen

de padre y hermano, ruegos,

para romper la dureza

de tu diamantino pecho,

de aquesta Ciudad de Crema,

con los nobles y plebeyos

todos los demas venimos,

con alborozos y festexos,

a poner en vuestras manos

las llaves, de ella soy dueño;

mirad si sera razón

que obreys con ayrado zeño

con los que rendidos teneis,

y si pretendes, resuelto,

proseguir con tu venganza,

no cabe en los nobles pechos

tan fuerte acción que repasse

a deslucir nobles hechos,

pues donde no ay resistencia

ya no cabe el vencimiento.

Poli.

Tan armado de furores

estoy, que juro a los Cielos,

que a no ser gusto del Rey

no amansara mis intentos,

tanto es mi rencor, y tanta

es mi ira. Alzad del suelo,

que yo os concedo perdon

por mi Rey, que a no ser esto

Pag. 76

Poli.

de un genio, no pasara

a conceder Polizelo

perdon tan contra mi gusto;

pero, permitiendo el Cielo,

disponed con Ludovico,

con el mismo rendimiento,

beseis las manos al Rey,

que ya en su trono excelso

se mio que nos esta aguardando.

Tod.

Vivas los siglos eternos.

Lud.

Vamos pues a obedecer

el orden de Polizelo.

Rod.

Vamos, y repitan todos

al son del marcial accento:

Tod.

Viva Estanislao, viva.

Rod.

La eleccion tuvo mi acierto.

Entrega las llaves Marina a Ludovico y vanse todos y quedan Marina, y Polizelo.

Marina.

Yo de aqueste regozijo

seguir el aplauso quiero

porque en brindar gozos

tiene de parar el quento.

Sale Rosaura al paño.

Rosau.

Ya la ciudad a mi tio

rindio la obediencia, y vengo

a darle la enorabuena

a Polizelo: mas Cielos,

que miro? con una dama

esta aqui hablando. Seria

que fuera, que mi amor

padeciese los desprecios

de algun agravio? ha, pesares!

que poco dura un contento!

Mar.

Señor ya que la ocacion

permite este breve tiempo

no la quiero mal lograr

pues no ignoras, que en tu pecho

tuvieron lugar las ansias

de amor.

Rosa.

Que escucho, Cielos?

a traydor!

Poli.

Marina es verdad

lo que me dizes, no puedo

negarlo.

Ros.

A, fementido!

Poli.

pero ya es otro tiempo.

Mar.

Para quien finos amantes

nunca ay mudanza.

Ros.

Ha zelos!

Pag. 77

Poli.

Falsa, enemiga, inconstante

acuerdate del despecho

que tu...

Ros.

vivid corazón.

Poliz.

me pagaste con desprecio,

para admitir a mi hermano

por tu amante, y por tu dueño.

Mari.

Fue violencia del poder.

Pol.

No ay violencia cuando es cierto

el amor.

Ros.

Que bien la riñe!

Cuydados examinaos.

Mari.

Compadecida a tus males

siempre estuve.

Poliz.

No lo creo.

Pues contigo mis desgracias

no hallaron algun consuelo.

Mari.

Fue temer de vuestro padre

el rigor, y assi te ruego,

como a norte de mi amor

si con lagrimas te puedo

ablandar, pues se que ellas,

enternecian tu pecho,

siempre que las destilava

en algun disgusto nuestro.

Poliz.

Mas me ofende, que me obliga.

que como a falsa no puedo

ni dar credito a su llanto

ni hacer ofensa a mi dueño.

Ros.

Sin responderla se fue.

Mari.

Ruego ingrato a el justo Cielo

que te castigue, y me vengue

tanto tropel de desprecios.

plegue a Dios.

Sale.

Ros.

Tente Marina

que para darte remedio

de la entrada de la tienda

escuche tu sentimiento

y fia de mi. (A pesares!

como me matays con zelos?)

que remediare tus males.

Mari.

Tu vida guarden los Cielos.

Ros.

Pues sigue con los demas

esta aclamacion del pueblo,

que para siempre soy tuya.

Mari.

Tu precepto obedeciendo

hermosa Rosaura voy.

Amor dadme el vencimiento.

Sale Polizelo.

Poli.

No estoy en mi: y a fortuna

llego tu lance postrero

Pag. 78

Poli.

de ver yo...

Ros.

Traydor, infame,

desleal, mal cavallero,

como a una dama, que adoras,

o quisiste por lo menos,

pagado de tu fortuna

y preziado de sobervio,

olvidas de su belleza

las finezas que algun tiempo

recebiste de su amor.

Poliz.

Señora, valgame el Cielo!

Yo amor! yo dama! te engañas.

Ros.

Si lo niegas, mas me ofendes,

a leve que no podras

negarme; yo me despeño,

zelosa con mi pasion;

decoro, guarda el respeto,

pues claramente Marina

quejosa de tus desprecios...

pero yo, compadezida

de su llanto, con empeño

estoy que casarte tienes

con ella.

Poli.

Esperad, Teneos:

como casarme! por vida

de Estanislao, que primero

dare la garganta a un lazo,

y los labios a un veneno,

antes que con ella case.

Ros.

Amor albricias, mas quiero

dissimular. Esso es fuerza

el obedecer, que contento

esta el corazón, porque yo

gran gusto recibo de ello.

Poliz.

Yo pesar, y no podras

aunque contrastes mi pecho,

rendirle con tu poder.

Ros.

Mucho has dicho.

Poliz.

Pues de cierto

veras aquesta verdad.

Ros.

No la vere, porque a un tiempo

se tienen de celebrar

tu boda, y mi casamiento.

Poli.

Con quien?

Ros.

Con el Rey de Napoles.

Pol.

Una estatua soy de yelo.

Ros.

Pues para su execucion

solamente de ti espero

que me domines a Mantua.

Saben los Cielos que miento.

Pag. 79

[Rosaura].

con lo que digo, pues solo

lo digo por darte celos,

que advirtáis a mi padre

ap.

ap.

ap.

Vase

Poliseto.

pues desde aquí te prometo

no volver a tu presencia

hasta que vea, y sujeto

el estado, y a tu padre

libre de tanto tormento,

y rendido a tus pies todo.

Cielos divinos, ¿qué tengo?

¡sin mí estoy! ¡Loco me hallo!

sin duda he perdido el seso

y después podréis lograr

con el lazo de Himeneo

el matrimonio. ¡qué digo!

mi vida acabe primero

que yo en la primer batalla

pondré descubierto el pecho

a las balas porque acaben

conmigo tantos tormentos.

Y en él duplique las glorias

el felice casamiento

enlazando la corona

sus sienes siglos eternos.

Rosaura.

espera, detente, aguarda

Dent[ro] Pol[iseto].

en cumplir lo que te ofrezco

me verán, y no otra vez

pues rabiando estoy de celos.

Salen Estanislao, Ludovico, Rodulfo, Alamiro, Marina, Clarvela, Jireno y Mastín.

Estan[islao].

Ya que a la campaña quedan

todos los pasos abiertos

entren las tropas en Mantua

sujeten hoy mis ejércitos

las altiveces soberbias,

pues al derribar afectos

le entregaron el estado

trayéndole prisionero

a mi Primo, y su Rosaura

fía de mí, y Poliseto

que gozarás con tu padre

el estado, que resuelto

tiranizó el de Milán.

ap.

Rosaura.

Tanto señor, mal me aliento

como a su sangre y sobrina

la fineza te agradezco

que ya por mí, y por mi padre

te beso los pies.

Estan[islao].

Tenéis

ap.

Alamiro.

Cielos, ¿quién pensar pudiera

Pag. 80

[Alamiro].

que escapase Poliseto

de tanta desgracia?

Rod[ulfo].

¿Quién

pensara que los Cielos

tan prodigioso milagro

hiciesen con Poliseto?

Cajas dentro

Todos.

¡Viva Poliseto, viva!

dentro Polis[eto]

Poliseto.

Soldados no digáis eso

viva el gran Duque de Mantua

vuestro legítimo dueño.

Todos.

¡Viva, viva!

Esta[nislao].

¿Qué alboroto

hoy en el campo?

Ludo[vico].

No puedo

adivinar lo que sea.

Esta[nislao].

Mira quién causa el estruendo

de las trompetas y cajas.

Sale Poliseto, y a su lado el Duque de Milán y soldados

Polis[eto].

No es menester que gallego...

por última despedida

ofreciendo a los pies vuestros

mi libertad juntamente

libre ya de prisionero,

a vuestro primo y tu padre

señora que guardé el celo

porque el Duque de Milán

viendo el poder de mi ejército

dejó abandonada a Mantua

y a Milán se pasó huyendo,

y entonces el pueblo todo

dio libertad a su dueño,

y con Real aparato

a tu ejército salieron.

Esta[nislao].

Primo, recibo en mis brazos

el regocijo de veros

ya con libertad.

Rosau[ra].

Padre

la mano y brazos a un tiempo

dad a Rosaura vuestra hija.

Duq[ue].

Hija, mil veces contento

después de tantas borrascas

hallar venturoso puerto!

Esta[nislao].

Feliz día es para todos.

Ros[aura].

A Poliseto debemos

estas victorias tan grandes.

Esta[nislao].

A su lealtad daré el premio.

Duq[ue].

Y yo de tantos aplausos

daré a sus timbres el mérito.

Poli[seto].

De su Majestad y alteza

Pag. 81

[Poliseto].

estimo el favor, mas tengo

una palabra empeñada

a una dama prometiendo,

darla gusto, y determino

sin volver la cara al riesgo

sacrificar, con las balas

mi vida en los dos ejércitos.

Esta[nislao].

Espera, Poliseto.

Duq[ue].

Aguarda

y no arrojado, y resuelto

perturbes de aqueste día

tan felice vencimiento.

Ros[aura].

Poliseto, la palabra

que diste a la dama pienso

que ya queda satisfecha

y yo en su nombre, te ruego

que suspendas tu designio.

Dentro Faustino

Faus[tino].

¡Valedme piadosos Cielos!

Den[tro].

¡Tiradle, muera, pues huye!

Disparan

Faus[tino].

¡Cielos piedad, que soy muerto!

Cae herido Faustino al teatro y salen soldados siguiéndole

Estan[islao].

¿Qué es esto?

Sold[ado].

De esa montaña

recatado, y encubierto

este pastor acechaba

y llamándole los nuestros

hizo fuga, y sospechando

no fuese espía le dieron

una bala y desde el monte

vino a este llano, cayendo.

Rod[ulfo].

¡Válgame el Cielo, el herido

es Faustino!

Alam[iro].

¡Santos Cielos!

Faustino es!

Mar[ina].

¡Qué lástima!

de mirarle de este extremo.

Faus[tino].

no son las heridas mías

son causa, el Cielo ha dispuesto

para confesar la infamia

este castigo, y pues tengo,

en su última esperanza

la vida, escuchad atentos

porque el alma ya batalla

para salirse del cuerpo.

En los montes de Venecia

en un limitado pueblo

que le servía, crié a dos

hijos de Rodulfo, estos,

siendo legítimo el uno,

Pag. 82

Muere

[Faustino].

y el otro bastardo invento

trocar de los dos las suertes,

solicitando, avariento,

que el bastardo que es Alamiro

quedase por heredero,

y juntamente con este

malquistando a Poliseto

que es el legítimo hijo

con un testimonio fiero

que pretendía matar

a su padre, y para esto,

Alamiro me dio un papel

para que en todo secreto

yo le entregase a su padre

hícelo, así y al momento

su padre le sentenció

con un banquillo poniendo

la inocencia de su hijo

a la saña de este fiero

monstruo de cristal, y ya

que me ha concedido el Cielo

que confiese la verdad

porque sea manifiesto

al mundo sabed, que ha sido

testimonio, que el aliento

lucha para dar el alma

al parasismo postrero.

Sireno.

Ya con la vida acabó

Mast[ín].

pues muera el viejo embustero

que puso en tanto trabajo,

a Mastín y Poliseto.

ap.

Alam[iro].

mi engaño se descubrió.

Polis[eto].

a vista de este portento.

Esta[nislao].

Tente Poliseto, aguarda

que justiciero pretendo

aquí quitarle la vida.

Polis[eto].

Antes gran Señor, si ruegos

tienen lugar y yo alcanzo

contigo algún valimiento,

te suplico le perdones.

Lleven a Alamiro

Esta[nislao].

Por ti solo le concedo

la vida, pero ha de estar

mientras tenga vida preso.

a Poliseto

Rod[ulfo].

Justo ha sido su castigo.

Hijo, ya ves descubierto

el engaño.

Polis[eto].

no prosigas

que yo perdono tus yerros.

Esta[nislao].

Rosaura, ya que tu padre

está libre y yo no puedo

Pag. 83

[Estanislao].

excusar que te dé estado

bien que desea ser vuestro

el Rey de Nápoles, mas

aquí en finezas le debo

y a su padre, y al estado

restauro, gallardo aliento

solo conozco que es digno

de reconocerte dueño

y pidiéndole a tu padre

la licencia desde luego

dadle la mano de esposa

al príncipe Poliseto.

Poli[seto].

Príncipe Señor te engañas

Esta[nislao].

príncipe serás muy presto.

Ros[aura].

gustosa te doy la mano

Poli[seto].

y yo con el alma la acepto

Mar[ina].

Señora, ¿y la palabra

de ser mío Poliseto?

Ros[aura].

No dije tal, que pondría

a vuestras penas remedio.

Duq[ue].

Yo estimando la elección

gustoso estoy con tal yerno

Mar[ina].

El primer hombre es aqueste

que se alegra de ser suegro.

Rod[ulfo].

Y yo besando, a sus plantas

tantas honras agradezco

al Duque

Esta[nislao].

No lloras en este día

que todo es gloria que es esto

Duq[ue].

Lloro, primo, la pérdida

de una otra hija que tengo

que nació en este monte

y una corza al momento

que salió a luz, y es nació

por su desgracia en el yermo

se la llevó.

Estan[islao].

¡Grande dicha!

Rod[ulfo].

Oye, Señor, el suceso

más raro que ha sucedido

en los anales del tiempo.

Esta, Señor, es Marina

tu hija, que quiso el Cielo

que la corza la llevase

a Venecia, y con el mismo

pastor que a mis dos hijos

crió, y allí con ellos

también se crió.

Duque.

¿Qué escucho?

¡Volved a vivir contento!

¡dadme hija mía los brazos!

Mar[ina].

Dudo si es verdad o sueño

Pag. 84

[Marina].

hermana llega a abrazarme

Esta[nislao].

Tu estado tengo dispuesto

en un convento en Italia

Mar[ina].

Ya a mi albedrío es ajeno.

Todos.

Y tenga dichoso fin

la historia de Poliseto

pues es justo a los humildes

que den también darles el premio.

Fin.

Aquí termina el texto de la obra teatral. En el folio siguiente (recto), que forma parte de la misma imagen, se encuentra una carta manuscrita ajena al texto de la comedia, cuya transcripción es la siguiente: