Texto digital de El premio de la humildad y la traición castigada
Data de publicação: 22 de agosto de 2026
Metadados da obra
- Atribuição tradicional
- Atribuição estilométrica
- Vicente Exímenez y Lloris Segura
- Gênero
- Comedia
- Estado do texto
- Transcripción automática de manuscrito
- Procedência
- El texto procede de la transcripción automática del manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional de España, signatura MSS/15546.
Aviso
Pode incluir erros ou omissões. Se você tiver uma edição melhor, entre em contato conosco conosco para atualizações.
Licença
Citação sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El premio de la humildad y la traición castigada. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-premio-de-la-humildad-y-la-traicion-castigada.
EL PREMIO DE LA HUMILDAD Y LA TRAICIÓN CASTIGADA
Pag. 1
Mss 15546
Pag. 2
Página en blanco.
Pag. 3
Página en blanco.
Pag. 4
D. Vicente [ilegible] y Mz. de la Torre. El premio de la humildad y la traición castigada. Comedia en 3 act.
Pag. 5
D. Vicente Ximénez y Lloris, de la Torreta. El premio de la humildad y la traición castigada. Comedia en 3 actos. Leg. 19
Jornada primera
Pag. 6
COMEDIA FAMOSA EL PREMIO DE LA HUMILDAD Y LA TRAICIÓN CASTIGADA De Don Vicente Ximénez y Lloris de la Torreta Personas que hablan en ella. Policeto Alastro Sireno Marina Rosaura Clavela Martín Rodulfo Faustino Ludovico Estanislao Rey Música.
Con ruido de tormenta dicen dentro Rodulfo, Sireno y otros.
¡Cielos, favor!
¡Cielos, amparo!
Echad de la nave la proa a los bajos
de este monte, a la aspereza.
Pag. 7
antes que furioso el mar, con su braveza,
nos eche a todos a pique.
Salga a tierra Rodulfo en el esquife
a este respaldo de montaña,
porque del mar la fuerte saña
que nos eche a fondo recelo.
Válgame la piedad del santo cielo.
Salen cayendo.
Que después que de Venecia hemos salido,
tan triste el corazón, tan afligido
el pecho, siempre ha estado,
viéndome de la mar amenazado
con el temido choque de aquel risco,
que aún dudo si es la tierra la que piso.
Felicidad ha sido, que del daño
hayamos conseguido el desembarco
en el repecho de esta sierra.
Áncoras echad, y tomad tierra.
No he visto en mi vida tempestad más fiera.
Del aire y del mar pelota fue ligera
la nave, pues del cielo a las arenas
con lamentos clamaron nuestras penas.
Qué mal hace el que, sin mandar mares y vientos,
entrega a tan vanos elementos
la joya más preciosa que es la vida.
Fiera desgracia has tenido en tu partida,
¿y has de volverte a embarcar?
No, Sireno, que imagino
que el lugar está vecino
y hay poco que caminar,
y será mucho mejor
que por tierra caminemos,
que no que en la mar esperemos
otra tormenta mayor;
ya que piadosos los cielos
me han permitido esta dicha,
no quiero de otra desdicha
tener mayores recelos.
Tu consejo es acertado;
mejor será el caminar
por tierra.
A escarmentar
basta ya con lo pasado.
No sé qué causa has tenido
para salir de Venecia,
y de la mar y su inclemencia
sus riesgos haber corrido;
cosa que de aquesta acción
Pag. 8
Caso me tiene admirado,
y sin causa no has tomado
tan fuerte resolución.
Si pretendes escuchar
la causa que dio motivo,
atiéndeme.
Favor recibo
de llegarla a declarar.
Ya sabes, Sireno amigo,
que de esta ciudad suprema,
república celebrada
de las plumas y las lenguas;
ya porque la cerca el mar,
pues en su cristal sustenta
tan suntuosos edificios,
labrados de fuertes piedras,
donde inmortales para siempre,
a los siglos que se esperan
ofrece a sus moradores
vivir edades eternas.
De aquesta insigne ciudad,
que ya sabes es Venecia,
soy su Senador, en quien,
por haber nacido en ella
de ilustres padres, alcanzo
el blasón de la nobleza;
referirte de intereses,
es excusado, pues cierta
tienes la averiguación
de mis bienes y mis rentas.
Mas abajo de mi casa
vivía una dama bella,
a quien llamaban Lucinda,
que para vivir con penas
creo que los Cielos santos
dispusieron que viviera
tan cerca de sus umbrales,
porque Cupido tuviera
mirándola cada instante
apuntadas sus saetas,
y en el blanco de mi amor
para que presto muriera,
con este amoroso hechizo
llevado con su belleza,
viví mucho tiempo, dando
con igual correspondencia
Lucinda a mi estimación
repetidas las finezas.
Supo mi padre este empeño,
y con tirana violencia
Pag. 9
para que yo la olvidase
dispuso casarme a fuerza
con Aminta, hija de Claudio
también senador, que era
de aquellos pasados tiempos
mi antecesor, pues hereda
mi persona por su muerte
el título de su herencia.
Puse en plática a mi padre
declarándole que era
más de mi gusto Lucinda
que no Aminta, y que atenta
esta verdad, no era justo
que de mi pecho saliera
este amor, que era primero,
que no toda su obediencia:
quedó mi padre ofendido
viéndome con tan revuelta
determinación, y sordo,
cerrando todas las puertas
a la razón, y avariento
con Aminta, porque eran
más sus riquezas, redujo
el albedrío a la fuerza.
¡Oh, bárbaro interés! que, como
embotando las potencias,
dejas lo que es de razón
por adquirir más riquezas:
porque ¿qué ley hay que mande
en la voluntad, si reina
como libre el albedrío
en sentidos, y potencias?
En fin, a mis pocos años
tuvo mañas y tuvo fuerza
mi padre para quitárme
de los ojos esta venda.
Mal he dicho, que oprimiendo
infantiles primaveras,
de mi poca edad, me puso
reducido a la violencia
de dar el sí de casarme
con Aminta. ¡Oh obediencia
infame! y ¡oh fieros padres!
Los que obstinados intentan
dominar más que no Dios;
porque si los Cielos dejan
las almas, con libertad,
¿qué ley ha de haber que quiera,
que lo que Dios deja libre
respetos humanos tuerzan?
Pag. 10
al fin casé con Aminta,
no por mi gusto, por tema
de mi padre, mas Lucinda,
con superior influencia,
siempre se quedó en mi pecho
estampada la belleza
de su hermosura, pues las
con amante competencia
al imán de sus dos soles,
que con celajes, engendran
cautividades al alma,
trayéndola prisionera:
así olvidado de mí
con ansias, males, y penas
fui abrasada mariposa
quedando, a sus luces bellas,
batallando en sus reflejos,
hechas las alas de cera.
Con ella quedé abrasado,
y ella a mi amor atento
tan fina correspondió,
con sus amantes finezas,
que unidas las voluntades
corrimos los dos parejas;
pues lo que el yugo de padre
tiranizó, con violencia,
por el interés de Aminta,
no fue bastante su fuerza
a estorbar no fuese dama
quien para esposa era buena.
De esta acorde unión quedaron
en sus entrañas impresas
reliquias, que confirmaron
nuestra estimación perfeta;
pues del gustoso embarazo
que nueve meses sustenta,
del retrato en el archivo
la humana naturaleza,
dio a este plazo, ¡qué ventura!
un infante, con perfetas
señas de ser un pedazo
de mi corazón, pues lleva
de mi misma semejanza
calificadas las señas.
En este tiempo mi esposa,
casi en una hora mesma
que Lucinda, también dio
de este lazo de la Iglesia
el fruto de bendición,
con otro infante; y apenas,
Pag. 11
salió a luz del mundo, cuando
a un accidente sujeta
pagó Aminta con la vida
el tributo a la fiera
de la parca, que mortal,
la muerte, como sangrienta
a nadie perdona, airada
de su tirana violencia.
Dispuse de los infantes
con secreto, y con prudencia
a este lugar, que distante
divide el mar de Venecia,
los remití, con cuidado,
a Faustino, que en la aldea
de esta población, que es
tan limitada y pequeña,
que apenas el forastero
halla de su sitio señas;
porque cercada del mar,
y abrasada de las peñas,
su vecindad limitada
habita en esta aspereza;
para que cuidase de ellos,
y los criase sin señas,
de que fuesen hijos míos
ni de mi antigua nobleza;
estos, tengo la noticia,
que viven con tal miseria,
que desdicen de quien son,
pues entre cabras y ovejas,
como rústicos pastores
ignora el lugar que sean
hijos míos, pues Faustino
tanto el secreto reserva,
que aun ellos mismos ignoran
su calidad, y nobleza:
estos ya de veinte abriles
gozan de las primaveras;
en este rústico albergue,
y como la sangre es buena,
que haga su oficio, pues
ni se aparta, ni se hiela
de aquel calor engendrado,
que comunica a las venas
pues es cierto que sin llamas
siempre revive ella mesma:
Vengo, Sireno, a buscarlos
pues, como a hijos, me lleva
este paternal cariño
a traerlos a Venecia,
Pag. 12
para ceder al legítimo,
lo que le toca de herencia
de mi estado y de mis bienes
de senador, y de rentas:
y aunque al otro, que del gusto
fue hijo, yo ya no pueda,
por bastardo, adelantarle
con iguales conveniencias,
no le puedo ya faltar
con medios, y con que tenga
para mantener su estado,
una debida decencia:
esta es, Sireno, la causa
que con tanta diligencia
nos embarcamos, y esta es
el cuidado que me lleva
a estas montañas: la causa
de la pasada tormenta
esta ha sido, y finalmente,
como mis dos hijos vea,
y me los lleve conmigo,
a la ciudad de Venecia,
daré por bien empleado,
de todas estas tragedias,
lo que el mar me ha fatigado
pues no hay dicha que no tenga
antes de estar conseguida
tormentos, ansias, y penas.
Tanto me tiene admirado
el suceso referido,
que estoy, ya de haberle oído,
ahora con gran cuidado
de servirte, como amigo,
y muy cierto servidor.
Bien lo creo de mi amor,
pongo al cielo por testigo,
que mi deseo es parejo
con la amistad que te tengo.
Vamos, supuesto que vengo
para llevarme a mis hijos.
Tan corta es la distancia,
que hay desde aquí al lugar
que solo con levantar
los ojos la vista alcanza.
Pues tan breve es el camino,
según desde aquí se ve,
vamos, que de verlo, que
con lo que yo me imagino,
que ha de ser tanto el contento
al ver a mis prendas amadas
Pag. 13
que hará como a deseados,
llegando al conocimiento,
locuras la voluntad.
Y cuando vea a sus hijos,
verás, con mil regocijos,
vinculada su amistad.
Vanse y salen Policeto y Marina deteniéndole.
Aunque al monte te has salido
huyendo, por no escucharme,
atento tienes de estarme
hasta saber lo que ha sido,
el venirse Alastro a hablar.
Yo no tengo que saber
lo que yo acabo de ver.
Y así no quiero escuchar.
¡Terrible el tormento es!
Que no quieras atender
la verdad.
Ha de ver
perder tiempo; que esto es
con toda resolución;
que no quiero, mi enemiga,
que mi amorosa fatiga,
con rendida adoración,
logre, te estoy diciendo.
Pues, mirando la disculpa,
¿no ves que no tengo culpa,
pues le estoy aborreciendo?
Pues fuera mucho mejor
no dar a su voz oído.
¿Y de eso culpa he tenido
para ver tanto rigor?
Sí, enemiga, que es constante,
que la que llega a escuchar,
está muy pronta a entregar
la voluntad a otro amante.
¡Parece que mientes, loco!
¿De qué infieres que lo estoy?
De que sabiendo quién soy,
me tengas a mí en tan poco;
vive el cielo que ofendida
estoy de tu sinrazón.
¿Qué quieres, si el corazón
llora la mortal herida
de los celos que me matan;
y a Alastro miro, que necio,
perdido por tu amor, y que...
Ten los labios, que desatan
Pag. 14
tan inadvertidamente
esos villanos acentos.
Pues déjame en mis tormentos,
que muera míseramente,
repartiendo a estas peñas
las penas de mi dolor,
y dejaré de mi amor
allí estampadas las señas;
pues en la eterna memoria
viendo mi trágico fin
dirán, aquí tuvo fin
de Policeto la historia;
pues viendo que malogrado
se vio, con una hermosura
llorando su desventura
cayó al valle despeñado,
sirviendo de monumento
a mi cadáver, la pira
de estos peñascos; pues mira
bien claro el conocimiento,
que en mujer no hay confianza,
pues claramente se ve,
que quien fía de su fe
tiene vana su esperanza.
¡Vive el cielo, fementido,
que aunque muero de adorarte
no he de dejar de culparte!
¿A qué llegas, atrevido,
a desconfiar de mí?
Pero ya la causa sé.
¿Y cuála es?
Que te entregué
todo el corazón a ti;
y ahora, como cansado,
por poderte desechar,
quieres ingrato tomar
por pretexto, haber hallado
un acaso que no fue,
así en tu ofensa mi engaño.
Recelo, ¡no sea engaño!
Llora.
¿Y cuándo yo te engañé?
No llores, triste de mí,
que me enterneces el pecho.
Pues, dime, ¿yo qué te he hecho,
que tan fiero contra mí
siempre con rigor estás?
Ya mi enojo se acabó.
Haz que no te vea yo
llorar, que no puedo más,
resistir, viendo tu encanto.
Pag. 15
te pido no me des celos,
¿que pueda una mujer, cielos,
rendir tanto con el llanto?
fía de mí, pues que soy
tuya con toda lealtad.
Danse las manos.
En fe de aquesta verdad,
el alma y mano te doy.
y yo, rendida y amante
la recibo, con tal gusto
acabándose el disgusto,
y adorándote constante.
Sale Martín, villano.
¡Ay, Dios! ¿Y con qué contento
las manos los dos os dais,
cuando buscados estáis?
pues ¿qué hay?
escucha atento.
aquí al lugar han venido
muchísimos caballeros,
pajes, mozos y escuderos,
con el traje muy florido.
¿qué puede ser?
no lo sé,
bien que del monte el camino
han tomado, con Faustino.
Dices bien, porque se ve,
por la falda del collado
venir gente de respeto.
Salen Faustino, pastor, y Alastro, Rodulfo, Sireno, y criados.
Gracias a Dios, Policeto,
que ya te habemos hallado.
Padre, ¿qué es lo que mandáis?
a darte una nueva vengo,
que te ha de ser de gran gusto,
pues hoy disponen decreto,
que a mejoras de fortuna
que yo soy padre supuesto.
pues ¿quién es?
Yo te lo diré,
dame los brazos primero,
que yo soy tu padre.
¿Cómo?
de turbado a hablar no acierto,
pues ¿qué causa habéis tenido,
para tenerme encubierto?
Pag. 16
Tanto tiempo, con el traje
de villano: bien el pecho
me decía esta verdad;
aunque la guardó el silencio.
Porque convino a tu madre
por su honor, y su respeto
el ocultarte.
¿Qué es esto?
Una estatua soy de hielo:
¡Respeto y honor ha dicho!
¡Oh, cielos! ¡Qué infamia recelo!
Yo te doy el parabién
de que ya ha llegado el tiempo
de darte por conocido.
Y de ser amigo vuestro
te doy la mano, pues yo
en la amistad tanto medro,
amigo de vuestro padre.
Y yo, señor Policeto,
como a humilde servidora,
pues no ignoráis que me precio
de serlo, la enhorabuena
te doy de aqueste suceso;
¡Ay de mí! Que mi esperanza
ya se la ha llevado el viento.
Que si amante fue pastor,
hoy viéndose caballero,
olvidará lo que humilde
hizo de mi amor aprecio.
A todos os doy los brazos
en señal de que agradezco
las finezas que me hacéis.
Alastro, amigo, ¿qué es esto?
Cuando todos con aplausos,
de júbilos y festejos,
me abrazan, ¿solo tú estás
para conmigo severo?
Sí, Policeto, que yo
también gozo a un mismo tiempo
mayor fortuna que tú,
porque si feliz el Cielo
hijo de Rodulfo, yo...
Con más ventajas puedo
decir que soy el mejor
de los dos, pues que merezco,
con mayores calidades
ser su hijo.
Ello creo,
que viven los cielos que
por lo que eres te venero.
Pag. 17
que castigue la arrogancia
de un loco atrevimiento.
A los dos.
Tened, Policeto; Alastro,
procurad con más respeto
respetar a vuestro hermano,
porque si os hizo el Cielo
con otras prerrogativas,
no lo debéis a vos mesmo,
sí solo a Dios, y a Dios
le dad las gracias, y advierto
a tu fuerte natural,
que enfrenes ese denuedo,
porque si eres mi hijo,
este otro no lo es menos,
y al fin los dos sois hermanos
y el que pase descompuesto,
a atropellar la razón,
con algún atrevimiento,
tendrá de mi indignación
con un castigo, escarmiento.
Yo, señor, por si he faltado,
con humilde rendimiento
pido perdón a mi hermano
pues entre hermanos no hay duelos,
dándome la enhorabuena,
que criándonos el Cielo,
hechuras de tu persona,
o solos hijos de tu aliento,
estoy tan agradecido
de haber sido compañero
suyo en estas soledades,
que desde ahora me ofrezco
de serle no solo hermano,
sino criado, supuesto
que en servir uno a su sangre
nada pierde de su derecho.
¡Qué humildad!
¡Qué bien hablado!
¡Qué galán!
¡Qué discreto!
¡Vive Dios, que no me obliguen
todos estos rendimientos!
Yo solo tengo la culpa
que Alastro sea soberbio,
pues siendo él el bastardo,
y al contrario Policeto
legítimo; recelando
su natural, tan soberbio,
previniendo inconvenientes,
de su ambición y su afecto,
Pag. 18
le he dicho a Rodulfo, que
su legitimo heredero
era Alastro, y el bastardo
Polireto, escondiendo
la verdad, pues el engaño
dispuso con tal secreto
que nadie suyo lo sabe
y ya me pesa de haverlo
dispuesto asi pues Alastro,
por el engaño, ya hecho,
de su legitimo hermano
hace ahora menos precio
Diganme, señor Faustino
yo tengo algo de bueno?
sabe uste si acaso soy
algun Príncipe encubierto?
no solo eres un pastor
de quien me engendro reniego
y tambien quien me pario
pues soy el que, solo, tengo
las dichas con tropezones.
Dentro Rosaura.
Ay de mi! valedme Cielos!
que voz es aquella que
viene su triste lamento
por el ayre?
por el monte,
desbocado, un bruto fiero
montado de una mujer,
con novelos movimientos,
por la desusada senda,
sin obedecer al freno,
baja de la cumbre al valle
despeñado, y sin aliento
pide la dama socorro.
y creo, de tanto riesgo,
ninguno aventure la vida
al librarla
vase
ea presto
al socorro.
vase
La vanidad
llevarme, solo pretendo
de librar, de esta mujer
con noble empeño.
vase
por esta parte, del monte,
vere si atajarle puedo
al caballo su carrera
vase
yo tambien, aunque soy viejo
procurare el ayudarte.
vase
Yo solo he de ir, siguiendo
de Polireto los passos.
Pag. 19
porque no se en mi pecho
que traygo, que en un breve instante,
a estar sin el no me atrevo
Mas y yo porque parte irè
para librarla del riesgo?
por aquessa, a que voy ora
por este camino! menos
que està el caballo apartado.
pues por donde irè mas presto
al socorro? por ninguna
parte, ni menos lo pienso
porque mirandolo bien
a mi quien me mete en esto,
de detenerle el caballo,
y que a caderas bolviendo
me de dos pares de coces,
mas que la lleve el infierno
miren que viene a importar,
mujer mas, o mujer menos.
Sale Polireto trayendo en sus brazos a Rosaura desmayada
Ya de el riesgo estàs segura.
descansa prodigio bello.
buelva a tu Jazmin la rosa,
restaura el perdido aliento,
mira que parece mal,
que le falte tanto Cielo,
La hermosura que se viste.
ay de mi! que todo el pecho
compadezido, a su mal,
siente el tragico sucesso
de su desmayo.
ay de mi!
Vida me has dado.
que es esto?
en donde estoy!
en mis brazos,
y libre ya de tu riesgo.
Corrido estoy de mirar,
que llegasse Polireto,
primero que yo, a romper
del caballo el curso fiero;
aparta villano, y deja
en mis brazos, desde luego,
la hermosura de essa Dama
para que! si a su remedio
ya no eres menester!
y procura mas atento
Pag. 20
Alastro, por ti, y por mí
tratarme con más respeto
que soy tu hermano.
Eres,
de los hombres menosprecio,
un bastardo, mal nacido,
hijo vil de un adulterio.
Embístense y luchan.
¡Válgame el cielo! ¿Que escuche
semejante atrevimiento?
Solo quitarte la vida
os sirviera de escarmiento.
Hombres, tened, esperad,
reportad vuestro denuedo,
y no en trabada pendencia
os precipitéis; advertid:
si me habéis dado la vida
librándome de aquel riesgo
no será razón, que ahora
audaces y desatentos,
dando a mi susto, más pena
pase a extremo, de groseros
la atención entre los dos.
Yo resistirme no puedo
a tu mandato, porque
tu ley para mí es precepto
No me doy por convencido
porque yo solo pretendo
el destruirle, y ajarle.
Pues perdonad, que no puedo
aunque sea este mi hermano
por ahora obedeceros.
Vuelven a luchar, y salen Rodulfo, Sireno, Faustino, Marina y Martín.
Ya parece, que esta dama
está libre; mas ¿qué es esto?
Policeto, Alastro, ¿cómo,
delante de mi respeto
inadvertidos pasáis,
a proseguir el empeño?
La culpa tiene mi hermano
pues pasa su atrevimiento
de los límites corteses;
No soy de tan poco aprecio,
para que atrevido intente
con infames ajamientos,
este mi hermano oponerse
y destruir mis intentos.
Pag. 21
de socorrer a esta dama
atreviéndose primero
que yo, a suspender del bruto
el curso, y el movimiento.
Cortés y atento mi hermano,
nuestra obligación cumpliendo,
se desempeñó por todos,
con lucido y noble ardimiento.
No debéis juzgar agravio
el acudir el primero,
porque esta acción, Alastro,
a los nobles y discretos
advertirá, ya que todos
gozamos de sus aciertos;
y en fin yo le do mil gracias
de este tan feliz suceso,
pues estorbó con tal dicha
de aquesta dama el despeño,
a quien doy la enhorabuena
de verla libre, que es cierto
que sintiendo tal ruina
con tal fortuna me alegro.
Yo, señor, de merced tanta
la fineza hoy agradezco,
que siempre está vinculada
la piedad en nobles pechos;
y aunque por ser extranjera
me falte el conocimiento
de dar a vuestra persona
el debido tratamiento,
supla pues, esta ignorancia
la falta de tantos yerros.
Aunque pudiera, señora,
con este mismo argumento,
pediros que perdonarais
mis faltas, pues os confieso
que la ignorancia desluce
los altivos pensamientos,
y ansí me podréis tener
solo por criado vuestro,
pues solo para serviros,
con humilde rendimiento,
soy Rodulfo, de Venecia
primer Senador; y puedo
aquí, y en esta ciudad
ofreceros cuanto tengo
y cuanto valgo, porque
los que ya nobles nacieron
sabrán por vuestra hermosura
aventurar todo el resto.
Otra vez agradecida,
la mano, señor, te beso.
Pag. 22
Y así ya, por ser quien eres,
y por ser mujer, no puedo
excusar cansarte, que
decirte de mis sucesos
la desgracia, que me trae
a parajes extranjeros.
Dentro Ludovico.
Desde esa cumbre del monte
regístrese todo el centro
hasta encontrar a Rosaura.
Dentro Clavela.
Ya que me parece la veo
segura del precipicio.
¿Quién son los que discurriendo
bajan la montaña?
Los míos
son, que me buscan y viendo
que ya libre del peligro
estoy, se vienen contentos,
mis criados a este sitio.
Sale Ludovico.
Señora, los pies os beso,
dándole al Cielo las gracias
de verte libre.
Sale Clavela.
No puedo,
viendo segura, mi vida,
tener el entendimiento
mesurado, porque el gusto
suele hacer muchos extremos.
El Cielo os guarde.
Y a todos
agradezco, caballeros,
dando repetidas gracias,
la fineza que habéis hecho
con mi señora Rosaura,
Duquesa de Mantua.
¡Cielos!
¿Qué escucho? ¡No estoy en mí
de esta nueva! Desde luego
prevenid en el lugar
lo importante.
Pues primero
me has de escuchar, ya que sabes
quién soy.
Señora, deseo
darte gusto.
Aparte.
No estoy en mí
a vista de este suceso.
Aparte.
¡Qué otro lograse el librarla!
¡Corrido estoy, vive el Cielo!
Pag. 23
Dicha tuve de haber sido
en tal desgracia el primero
que llegase a libertarla
de un infeliz despeño.
No me cabe gusto alguno
de que fuese Policeto
el primero que llegase
a socorrerla, que es cierto
que siendo mujer, y hermosa,
puede darme muchos celos.
No pudo mejor arenga
el diablillo haber dispuesto
para que estos dos hermanos,
que como gatos y perros
están siempre, intigui migui
sus naturales opuestos.
Muy ilustre Senador
de Venecia, a quien el cielo
prospere su vida para
que la eternicen los tiempos.
Yo soy hija de Clotaldo,
de aqueste nombre el primero,
que de Mantua fue su Duque,
cuyos prodigiosos hechos,
aunque el hado avaramente,
sañudo, como sangriento,
le haya usurpado las victorias,
no por eso, no por eso
dejarán de eternizarse
en los siglos venideros.
Con el Duque de Milán,
¡oh, cómo turbado el pecho,
para articular desdichas,
da muestras de sentimiento!
Éste, pues, como a mi primo,
¡malhaya mi parentesco!
pues por su sangre ambiciosa
estas desdichas padezco.
Que bien dicen que el peor
enemigo, es el que deudo
en sus venas inficiona
de tanta envidia el veneno.
Éste pues, como de Mantua
pretendía algunos derechos
sobre si había el ducado
de pagar o no qué feudo,
por aquitar sediciones
de escrituras y de pleitos
y de la guerra, que al fin
en los príncipes no es nuevo
Pag. 24
declarar las pretensiones
con la pluma del acero;
y para que no llegasen
estos pretensos opuestos
a difinir por las armas
esta causa, dispusieron
acabar en matrimonio
la pretensión de estos drechos,
determinando casarme
con mi primo. ¡Qué mal medio
que es unir la voluntad
adonde no está el afecto!
Porque, como no tenía
albergue dentro del pecho,
por razón de estar cerradas
las puertas; y el pensamiento,
que es el timón que gobierna
de amor los lazos estrechos.
Siempre contra este opuesta
la nave de mis desprecios,
la proa, y de las borrascas
de sus fuertes elementos,
dándole fieros combates,
bien que de combates fieros,
si la nave es de alto bordo,
aguanta del mar soberbio
cualquier rompida borrasca
de huracanes que deshechos
batallan con el bajel,
feroces aguas y vientos.
Así, pues, yo de mi primo
bandeando con mil despegos
a su amorosa pasión
naciente; con desprecios,
pagaron con tiranías
sus amorosos requiebros;
pasaron a ser agravios
mis desdenes, formó duelo
de mis desaires, y al fin
ofendido y poco cuerdo,
se retiró a sus estados,
mostrando su sentimiento
del mirarse despreciado,
que los poderosos pechos
tienen por ultraje aun
el más leve menosprecio;
declarose por contrario,
publicó guerras, y luego
con levas y con reclutas
de sus comarcanos pueblos.
Pag. 25
alistó treinta mil hombres,
pobló los campos amenos
de militares escuadras,
y entrando a sangre y fuego
por el estado de Mantua,
tantos estragos haciendo,
que pagaron mis vasallos
la culpa que no tuvieron;
mi padre con pocas fuerzas,
corto de poder, y viejo,
resistió de su contrario
cuanto pudo, pero fueron
en vano las resistencias,
porque mi primo, soberbio,
siendo la fortuna toda
de su parte, a los primeros
lances que en la guerra dio
la carga de sus encuentros,
chocando las dos naciones
cara a cara y cuerpo a cuerpo,
quedó para mi desdicha
cortado de un vencimiento
mi padre el Duque, y mostrando
de su valeroso aliento
aquel valor que los Príncipes
tienen en tales encuentros,
pero fue en vano su brío,
porque cercado, al momento,
conocido del contrario,
le llevaron prisionero;
no mitigó aquí la saña
mi primo, porque siguiendo
para Mantua su derrota
la puso sitio, y aquellos
que de dentro la ciudad
de mi padre mal contentos
vivían, siendo a la parte
de mi primo más afectos,
le dieron segura entrada
y escalando los soberbios
muros, para mi palacio
disponen ponerle cerco
para hacerme prisionera.
Y Ludovico, al momento,
por una mina secreta
que, las entrañas rompiendo
de la tierra, la salida
de su cavernoso centro
me dio sagrado seguro,
pues con un bruto ligero
Pag. 26
Disfrazada de mi traje
y con el nombre supuesto,
con esto, y una criada,
y poco acompañamiento
para el decoro o estado,
de Venecia el primer puerto,
de a mar discurriendo vamos,
pagando con el dinero
flete para que me pase
a la ciudad de Palermo,
en donde glorioso reina
mi tío, que guarde el cielo,
Estanislao Segundo
de su nombre en este reino,
para que de su sagrado,
como a rey y como a deudo,
me ampare y tome venganza
de Milán, restituyendo
a mi padre sus dominios,
que alevemente soberbio
le tiranizó mi primo,
haciéndole prisionero.
Apenas con este afán
el camino discurriendo
de esta fragosa montaña,
cuando el andaluz inquieto,
con sus humos castellanos,
inobediente a mi freno,
no oprimido de la rienda,
nada a mi orden sujeto,
con ademán orgulloso,
todo el manejo rompiendo,
desmesurando los pasos,
embistiendo los asientos,
y al fin desbocadamente,
sin embarazarle el peso,
midió desde el monte al valle
con precipitado riesgo,
que no pudo percibirse
de mi veloz movimiento
si fue salto o fue carrera;
porque uno y otro siendo
seguro en la ligereza
de tan arrojado vuelo,
no siendo bruto con alas,
como corrió tan ligero.
Perdí el sentido y la vista,
pues era forzoso, siendo
enlazada con mis ansias
la muerte en tantos agüeros.
Pag. 27
cobré en mí, pero no sé
si fue tarde, o si fue presto,
y en los brazos de este joven
miro que estoy confundiendo
el discurso y la memoria
de mis trágicos sucesos,
pues considero que estoy
con mi altivo pensamiento
sin mi padre, sin mi estado,
fugitiva de mi Reino;
pues ya el sitial de mi alcázar
le ocupa tirano dueño,
pues pobre, triste, abatida,
perseguida, sin remedio,
sin amparo, desdichada,
sin alivio, ni consuelo,
solo para padecer
infortunios, desconciertos,
males, ansias, y desdichas,
estragos, y vituperios;
parece que la fortuna
amontonando tropiezos
se conspira contra mí
con estragos tan sangrientos,
que solo para desdichas
pienso que me guarda el Cielo.
Señora, vuestra desgracia
sabe el Cielo, que la siento,
no por el estado que
tiranamente violento
el de Milán os usurpa
teniéndole prisionero
a vuestro padre, porque
los bienes con el tiempo
se restauran, y se pierden,
pues este mundo es un compuesto
en quien anda la fortuna
en lo próspero, y adverso,
desdichados y dichosos,
afligidos, y contentos;
al poderoso le quita
y al más pobre le da aumentos.
Solo porque sois mujer
tengo grande sentimiento,
porque ¿qué mayor desdicha
puede decretar el Cielo
que a una mujer principal
que ha tenido lucimientos
pobre y extranjera pase
peregrinando a otro Reino?
Pag. 28
pero no os aflijáis
que desde ahora os ofrezco
serviros en el viaje
humilde criado vuestro,
no solo yo, pero cuantos
amigos, y compañeros
y estos dos hijos que veis
Alastro este, y Policeto
este otro, que aunque están
con este traje grosero
es por varios accidentes,
que me importó que encubierto
sirviesen criados, y hoy
para traérmelos vengo
desde Venecia a esta aldea
y con ellos al momento
doy la vuelta a la ciudad,
y en este vago elemento
en una ensenada que
forma este monte soberbio
tengo una ligera nave
y no solo os prometo
que llegaréis a Venecia
conmigo sino que luego
con la misma embarcación
te conduciré a Palermo.
Vivas mil siglos, señor.
Señora, yo también aprecio
servirte en esta jornada,
que desde ahora me ofrezco
acompañarte a Sicilia.
Señora, saben los Cielos
que te deseo servir,
y aunque obediente y sujeto
estoy a mi padre, no
excuso el ser todo vuestro.
¡Ay, soberana beldad
que fácilmente en mi pecho
se queda tu bello rostro
en mi corazón impreso!
El Cielo guarde tu vida.
¡Ay, amor, cómo tu imperio
avasalla voluntades!
Pues creo de Policeto
que llevo dentro del alma...
Pero tente pensamiento,
que no te rindas, humano,
a un tosco sayal grosero.
Corrido estoy que mi hermano
goce por su atrevimiento
Pag. 29
Vamos todos a embarcarnos
aunque del mar voy opuesto,
por la pasada tormenta.
Vuelvo a mi patria contento,
si bien me parece mal
que Alastro sea soberbio;
pero el trato de la corte
le enmendará tantos yerros.
Yo ya tengo que adorar,
amor, ten el arco quedo.
Apasionada locura.
Cuidado aparta el recelo.
Callar y sufrir envidia.
Yo por este engaño temo
en Alastro un precipicio.
Preciara que Policeto
fuera Alastro, porque es
un natural más compuesto.
Seguridad me promete
el amor, por este medio.
Hasta que tome venganza
no descansará mi pecho.
Qué opuestos en los humores
son Alastro y Policeto.
De haber logrado Rosaura...
Pag. 30
Vase.
esta dicha estoy contento.
Vase.
Las criadas solo sirven,
y así adelantarnos quiero.
¡Policeto!
¿Qué me mandas?
¡Decoro, que me despeño!
Pero, ¡yo no puedo más!
Solo decirte pretendo...
¿Qué, señora?
Estoy turbada.
¡Qué cobarde que me aliento!
Que de tan grande fineza
ya sé que obligada debo
pagarte.
Tente, señora,
que no cabe en nobles pechos
interés.
Dime, ¿qué cabe?
Solo un divinísimo respeto
que no pasa a declararse.
¡Cielos, sobrado le aliento!
Pues, ¿por qué?
Porque temo
que, declarado el secreto,
vivirá muerta esperanza
sin tener mi mal remedio.
De una enfermedad parece
que estamos los dos enfermos.
Pues, señora, a padecer
o a morir estoy resuelto.
Mal haces.
¿Por qué, señora?
Porque tal vez el silencio
con callar nada consigue.
Mas, ¿qué digo? Yo me pierdo.
Mi padre quiere embarcarse,
yo me voy; guárdete el cielo.
Nada consigue el que quiere
en la cárcel del silencio
sepultar sus pasiones;
pues, corazón, toma aliento
y cobra las esperanzas,
que confío con el tiempo
de Rosaura. Mas, ¿qué digo?
¿Adónde vas, pensamiento?
Una mujer que de Parma
es heredera y de excelsos
doseles y majestades
compone su parentesco,
y yo siendo de un estado...
Pag. 31
humilde aunque cavallero
como es posible mas yo
conquien arguyo? amor ciego
o quitame la pasion!
o prestame atrevimiento!
IORNADA SEGVNDA
Salen Alastro vestido de gala y Faustino
notable resolucion
es la que intentas
Faustino
ya que trazas de la suerte
de que yo fuesse el legitimo
y Policeto el bastardo
aqueste engaño te estimo
pues de estar cierto aseguro
tener mayorazgo fixo
heredando de mi padre
rentas, estados, y oficio
de Senador de Venecia
Como si fueras mi hijo
siempre a mas mi inclinacion
desde mi infancia o principio
has tenido de mi parte
y a hora, en el archivo
del silencio, importava
que tengamos escondido
este secreto, porque
si llegasse algun resquicio
a descubrirse, mi vida
se halla en grande peligro
fialo de mi cuydado
y pondras en el olvido
esse temor, que seguro
estas, pues ya ves con migo
la ira tenaz depender
a Policeto.
Solo digo,
que me hallaras tan constante
como dispuesto a encubrirlo:
presto has de hacer que uno
que no sea conozido
de mi padre con secreto
recatado, y advertido
y entregue aqueste papel
y despues con el aviso
venga a darte corazón
que yo aseguro, Faustino,
Pag. 32
que se dara a Polixeto
en su desgracia, principio;
porque despues, que mi padre
tenga el papel rezeuido
con la traicion que dispongo
veras, en que precipicio
pongo a mi hermano y con esto
dejo el rezelo vensido
que se descubra mi engaño
y yo asseguro el camino
de mi venganza
pues dame
el papel q ue de un amigo
que tengo de confianza
sin darme por entendido
hare que ponga en las manos
de Rodulfo, sus escritos
Dale el papel.
toma, que Marina Viene
muy cuydadosa a este sitio
a ser iman de mi amor
pues ya inagradable echizo
despues que en la corte estoy
mudo su desden, en finos
alagos, pero ya es tarde
para dar a sus cariños
atension, pues de pastor
deje el traxe, y al luzido
estado de la nobleza
siendome el hado propicio,
me ha transladado, con que
si esto a buena luz lo miro
ya no cabe que ame noble
lo que pastor he querido.
q ue mas cuando estando solos
que no es mi hija me has dicho
Yo Alastro, con Marina
aun rreconozco prodigio
mayor que en vosotros dos
como, o por que?
como visto,
esta a las montañas que
de nuestro lugar vezinas
estan, de tan tierna edad
declarando, por indicios
segun se uieron que en
el monte hauia nazido
pues de una Corza, lleuada
la dejó en el aprisco
de mis cabras, y yo entonzes
de las piedades mouido
Pag. 33
La llevé a mi choza e hice
que Albana, que así se dijo
mi mujer, y vuestra aya
que allá en los eternos siglos
descansa, con pobres pañales
y con alimento hizo
cobrar su perdido aliento
y al amparo, y al abrigo
como si fuera mi hija
con vosotros, y conmigo
se crió.
Notable caso,
con todo, por lo que has dicho,
tengo de amarla.
Pues queda
en paz.
Vase.
Dios vaya contigo.
Sale Marina de gala.
A que se fuese mi padre
esperé en este retiro
de esotra cuadra porque
no quise romper el hilo
de estar hablando los dos.
Marina, vida en quien vivo,
dentro de mis esperanzas,
adorado dueño mío,
qué amante...
Será, señor,
que de esa frase los estilos
no puedo yo comprender
según crianza y modo
si son fines a mi amor
o son con dobles fingidos.
Al paño Policeto de gala.
Siguiendo triste a Marina
vengo fuera de mí mismo
pues desde que vi a Rosaura
creció mi loco delirio,
pero perdida esperanza,
busca a tu pasión alivio,
que quien ama un imposible
no es amor sino capricho,
y más cuando ya a Sicilia
embarcada en el navío,
asistida de Sireno,
marchó a ver al Rey Julio,
y dejando esta memoria,
busque nuevo amor alivio
con Marina, pues fue esta
con mis amantes cariños
en aquellas soledades
mis amorosos principios.
Pag. 34
Aunque en desigual estado,
pero, ¿qué es lo que miro?
Hablando está con Alastro
mi hermano. ¡Cielos divinos!
Escuchemos desde aquí,
desta cortina escondido,
que de una vez el examen
podré hacer, si es que fino
me quiere su corazón,
o con amores fingidos
me engaña; que en las mujeres
no es novedad lo que digo,
pues las más mudan amantes
como mudan los vestidos.
Con tan corta confianza,
¿tienes granjeado a fino
el corazón?
Sí, Alastro.
De escucharte estoy corrido.
Siempre te adoré constante,
y ahora...
¡Cielos! ¿Qué he oído?
Puedo, Marina, decirte
que para mí fuiste un
roca en la aspereza, y
un peñasco endurecido
a quien nunca le ablandaron
mis lágrimas y suspiros.
Solo fue recato en mí,
lo que tienes por desvío.
¿Y a Policeto?
Yo nunca
inclinación le he tenido,
que solo por pasatiempo...
¿Qué escucho?
¿Qué aguardas? Dilo.
Daba atención a sus ansias
porque, sin ser atrevido,
con humilde cortesía,
prudente como advertido,
nunca excedió su cuidado
de sus corteses estilos.
¿Y tú le querías?
Nunca
en mi pecho sus cariños
tuvieron entrada.
¡Cielos!
¿Es verdad esto que he oído?
¡Ah, fementida! ¡Ah, falsa!
Mujer que con doble estilo...
Pag. 35
burlaste a mi amor pagado
de tus halagos fingidos.
Pues en fe de la verdad
que confío que me han dicho,
mira si me das palabra
de ser mía.
Aunque estimo
la fineza, no es posible
que la admita el pecho mío.
Volved a vivir, cuidados,
que Marina lo que dijo
será por su honor, y yo,
como sea ansí, lo estimo.
¿Por qué?
Porque considero
que de pastor has venido
a un mayorazgo a Venecia,
noble, poderoso y rico;
y a mi desigual estado
tiene distancia consigo,
pues una humilde villana:
Quedo bastante entendido,
no pases más adelante,
que siendo ese el motivo,
vencido está el embarazo,
si tu pecho está vencido.
¿Cómo, Alastro?
Como yo,
sabiendo cierto prodigio,
sé que serás de mi igual,
porque nunca el Cielo hizo
sino con mucho cuidado
los acasos sucedidos.
¿Pues qué sabes?
Que una corza
te dejó entre los apriscos
de esos ganados que tiene
en las montañas Faustino.
¿Otra mayor novedad
es esta?
¡Cielos divinos!,
valedme, que esta noticia
enajenado el juicio
le tiene. ¿Luego no es padre
a quien debo el ser nativo
Faustino?
Claro está.
Tanto agradezco y estimo
esta noticia que has dado
a mis dudas, que me obligo,
Pag. 36
de ser tuya desde luego.
Y yo esa palabra te admito.
¿Ah, falsa, que bien engañas?
Saldré, porque tan crecido
tengo el fuego, que me abrasa
con mis celos, que imagino
sin ser exageración
que abrasaré a los dos vivos.
¿Luego ya eres mía?
Sí.
Danse los brazos.
Pues en fe de esto te pido
los brazos.
Tuyos son ya.
Y yo en ellos confirmo
la palabra que te di.
Sale.
Yo no, que fuera delito
cara a cara, y a mis ojos
viendo los agravios míos
sufrirlos por omisión,
que no soy yo tan sufrido
teniendo amor con mis celos
¡que no sepa sacudirlos!
¡Ah, fementida mujer!
Aparte.
Estatua de mármol frío
soy.
Aparte.
Riñen.
Policeto escuchó
de Marina lo que dijo,
y solo podrá la espada
dar a su vida el castigo.
Con la lengua de mi acero
he de vengar, atrevido,
de mis celos los agravios.
¡Quién se vio en igual conflicto!
Padre, Rodulfo, señor,
acudid que en este sitio
Policeto está riñendo
con Alastro.
¡Estoy corrido
que tenga tanto valor!
Riñendo.
Siento reñir con quien amo,
pero teniendo razón
y en lo más ser ofendido,
perdone mi sangre, que
hallándome bien nacido,
mientras no se acaba el duelo
con nadie tengo partido.
Dentro.
Aquí son las cuchilladas.
Señor, Rodulfo, Faustino,
venid que los dos se matan,
Alastro, tened los bríos.
Pag. 37
Pónense al duelo.
¿Tú le amparas? Mas me irrito.
¿Tú le defiendes? Aparta.
Salen Rodulfo, Faustino y Martín.
¿Qué es esto? ¿Cómo atrevidos
en mi presencia los dos,
airados y vengativos,
atropellando respetos
de la sangre, desunidos
siempre en pendencias? ¿Qué es esto?
¿Sois hermanos o enemigos?
Señor, cuando la razón
sobra, nunca es delito
el desenvainar la espada
contra un hermano.
Digo
que agradezca...
Basta,
¿por qué causa o qué motivo
fue el disgusto entre los dos?
Señor, solamente ha sido...
Esperad, que yo también
podré, como vos, decirlo,
y aun mejor.
Calla, Alastro,
habla tú.
Pues me retiro,
si lo tiene de decir
Policeto, y no me admiro
que con tanto atrevimiento
quiera apostarlas conmigo
un villano desleal,
a quien le dio el ser de hijo,
y bastardo al fin, que basta
para infamia haber nacido
mancha de su madre, pues
fue engendrado en un delito.
¡Vive el cielo, que el agravio
que cara a cara me has dicho
he de verle satisfecho
con tu vida!
¿Tú, atrevido,
pasas un paso adelante?
¿Verás mi enojo?
Rendido
estoy, señor, a tus plantas,
si bien del todo corrido,
pues ves que tengo un hermano,
Pag. 38
que solamente ha nacido
para publicar la infamia
que tu mismo has cometido,
y siendo tuyo este agravio
veo que estas tan remisso
que ni padre lo castigas
ni como amante que has sido
de mi madre no te atajas,
si quiera por tu honor mismo;
y assi para que otra vez
señor no tenga un hijo
semejante atrevimiento
desde a hora te supplico,
con ruegos, con humildades
a essas tus plantas rendido
me concedas la licencia
(si con lagrimas te obligo)
para dejar a Venecia
goze los gustos cumplidos
mi hermana, quedandoselo,
llore yo en mis retiros
las afrentas, y baldones
que de Alastro he rezebido.
Policeto, aunque conozco
la razón, nunca permito
dar semejantes licencias,
a ninguno de mis hijos.
Señor, ya entiendo el enigma
de todo lo que me has dicho,
pues si no me das licencia,
y no evitas el peligro,
del empeño de los dos
yo me tomare el permisso.
Vase.
Yo me voy para buscar
a Alastro, y darle el aviso
como ya queda el papel
del secreto que me dijo,
en las manos de su padre
pues con esto conseguimos
Alastro sus intenciones,
y yo libre del cuchillo.
Ya enemiga, quedaras
sin el embarazo mio.
goza tus glorias, con esse
amante, que yo corrido,
de tu traicion, y mi agravio
de mi dolor oprimido,
por no verte en otros brazos
de Venecia me retiro
para siempre por mi alibio.
Pag. 39
que consigue un enemigo,
a una falsa a una engañosa
una desleal, que ha sido
la Sirena de un amor,
que con el canto fingido
a un tiempo me engaña el alma
y me embota los sentidos.
muda estas pero bien haces
porque es tan feo un delito
que a falta de la razón
solo callando da indicios
bastantes de tu traicion.
habla. niega lo que he visto
y lo que tengo escuchado,
di que todo fue fingido,
para engañar a un hermano
pues teneys tales estilos
que patente la verdad
y descubierto el delito,
sabeys buscando otras trazas
formar nuevos laberintos,
mentir a un tiempo, y dejar,
el engaño bien bestido.
un monte tengo en los pies,
y los labios oprimidos
sin poder hablar palabra
viendo lo que me ha sucedido
me retiro por no verle,
pues solo con mi retiro
podre decirle, callando
la culpa que yo he tenido.
Vas
Sin responderme palabra
de mi presencia te has ido?
pero bien haces, supuesto
que publicado el delito
con mudas voces declaras
la maldad, que has cometido;
o mujeres (a las que son
inconstantes, no lo digo
que en deydades soberanas
no halla tan bajo estilo)
que dire y de aquesta infamia
ay alguno que abatido
de su dama, y de su sangre
que llore tan ofendido
como yo tantas desdichas?
ay alguno que subido
a la cumbre de las glorias,
que en sus arpones Cupido
las distribuye gozando
Pag. 40
de inapetecido hechizo
los favores, que después
precipitado al abismo,
caiga tropezando en celos,
que es el más fiero cuchillo
que puede entre dos amantes
ensangrentar los filos?
¿Hay alguno?
No hay alguno,
que aquí estaba yo escondido,
esperando a que acabases
de hablar, porque vive Cristo
que entre los demás que hizo
el poeta divertido
está sin formar dos versos
a este Martín, que ha nacido
para reventar comedias,
de los mirones el silbo,
porque al fin, los mosqueteros
los traen en el bolsillo
como el asno con la burra,
que se entona con relinchos.
Martín, no estoy para gracias.
Pues, ¿qué piensas que he venido
yo para echarlas? Te engañas,
y juro por san Francisco
y santa Quiteria y cuantos
santos merecen propicio,
que reviento de pesar
de lo que Alastro te dijo.
No acuerdes a la memoria
los dolores del martirio,
que hoy, dejando la corte,
con el tiempo y el olvido
daré fin a mis agravios,
pues solo el cielo me hizo
para blanco de mi afrenta.
¿Ya has perdido el juicio?
¿Dejar quieres a Venecia?
Sí, Martín.
Muy crecido
es y de marca mayor
el disparate que has dicho.
¿No fuera mucho mejor
buscar pretexto o camino
para moler a patadas
a Alastro?
Calla, atrevido,
que te quitaré la vida
si pasas inadvertido,
Pag. 41
que es mi señor, y es mi padre.
Vase.
Ese es el yerro, que advierto,
mayor de tus valentías,
pues, ¿tú riñes con tu hermano,
tú le sacas en mi cara,
como un esgrimidor, los aceros,
y de tu insolente enojo
no te disculpas? Te ruego
no me des tales disgustos,
porque ¡vive el cielo!, que si
haces el menor exceso
siquiera del pensamiento,
no sirviéndome el reparo
de amor y de padre afecto,
haré el mayor escarmiento
que en mi casa se haya visto.
Y con esto,
retírate de mi vista.
¡A qué infelicice estado
llegué! ¡Qué trágico suceso!
¡A los principios reñir
a un tiempo hermano y padre!
Yo he de advertirte ahora
que pues ves todo el infierno
de la corte conjurado,
tires la toalla, y huyendo
de tu furia y de su furia,
busquemos otro hemisferio,
vamos, que es lo más seguro.
¿Has de ser tú en mis acciones
consejero en lo adverso?
Digo que yo te aconsejo,
y pues dices que se muda
a Palermo el Rey en breve,
¿por qué no nos mudaremos?
Pudiera, Martín, el ir
ser consuelo a mis tormentos,
pero habiéndome ofendido
Alastro con tal denuedo,
pues mancha de la razón
es huir el desafío.
Pues para esto, más seguro
es no reñir y salvarse.
Tú hablas, Martín, con miedo.
Es que a un cobarde...
Basta,
que por tal furia, hoy pretendo...
Mas, ¿quién viene?
Salen Rosaura y Ludovico.
Aquí podemos
Ludovico, hablar un poco,
Pag. 42
de Milan, y en la que has traydo,
de Sisilia y los otros que han venido
con memoriales al Consejo
y el Juez ha de ser como el espejo
que ha de estar sin mancha alguna
que la claridad no empañe de su luna
y con silencio y gran secreto,
importa el governar con tal respeto.
pues yo me retiro, y con cuydado
podras los negocios del senado
mirar los con sosiego, y con reposo,
Vase.
el papel Astolfo ya se dio..
Soy venturoso
oy quedare vengado
y el sugeto de mis iras castigado
Vas
aqui Estanislao escrive
como por vengar su agravio
tan prudente como sabio,
toda su armada apercibe.
para hacer a Milan guerra
a la Ciudad de Venesia
pide favor, y que necia
peticion? cuando la tierra
ya ha ofrezido al de Milan
que en todo le assistiria
a lo cual la señoria
con un cuydadoso afan
dispone con todas veras,
de dineros, y soldados,
imbiarle bien pagados
el socorro en las galeras.
el que ha llegado primero
siempre remedio ha tenido
y el que no es admitido
señales que fue el postrero.
aqui dize el de Milan
que todos los potentados
alistan contra el las armas,
reconociendo el agravio,
que al Duque Maximiliano
teniendole aprisionado
siendo suyo, lo cual
adelanta el enviado
para que la señoria
antes que se llegue el plazo
de abrir la campaña quiere
hallarse bien preparada,
de las tropas, y el socorro:
este papel muy zerrado,
oy un hombre me le dio,
Pag. 43
Lee.
Lee.
cuando salí del senado:
la nema quiero romper
y leerle, ¡Cielo Santo!
¿Qué miro? Áspides son
sus letras inficionando
la vista, con lo que lee
el pecho tengo turbado.
¿Pero qué es esto, valor?
Ya a esto el veneno a los labios,
y a los ojos, agotemos
toda la ponzoña al vaso.
«Polizeto, vuestro hijo,
para ampararse de muerte
procura darte la muerte».
(¡Ay fuerte hado prolijo!)
«Porque por haber nacido
bastardo, Alastro hereda
como legítimo, y queda
Polizeto, aborrecido
de mirarse sin estado,
pretende el con su mano
matar a padre, y hermano,
advertido estás, cuidado.»
¿Quién vio en el mundo homicida
mayor? ¿Se ha visto acaso,
en los anales del tiempo,
otro hijo, que bárbaro,
avariento de los bienes,
para poder heredarlos
darnos la muerte pretenda
a mí y a su mismo hermano?
Salen Polizeto, y Martín.
Señor, rendido, a tus pies
la bendición a esa mano,
te pido, para partirme.
Y yo, para acompañarlo,
también me voy.
Traidor,
homicida, aleve, falso,
¿para asegurar tu intento
vienes con estos engaños,
y alevoso, matarme quieres?
¿Yo, señor?
Enséñale la carta.
Tú, inhumano,
mira tu delito aquí,
que contra Alastro tu hermano
y contra mí solicitas.
¿Qué miro? Y qué estoy turbado
Pag. 44
A voces.
Más que segundo Caín,
te podré decir villano,
que eres, viven los Cielos,
que viendo, delito tanto,
que has de llorar, de mis iras
oscuramente el estrago.
Faustino, Sireno, amigos,
Marina, Femisio, Alastro!
Socorredme que me mata
aquí dentro, este inhumano.
Señor, ¿qué dices? Primero
yo me mataré.
El diablo
ha urdido aqueste embeleco.
Dentro Alastro.
Sale.
Todos entrad que llamando
está mi padre, ¿qué es esto
señor?
Salen Alastro, Sireno, Marina y Faustino.
Sin vida, he quedado.
Pretender este alevoso
darnos la muerte.
Es engaño.
Mas con engaños me ofendes,
mira este papel Alastro,
que me avisa su traición.
Sireno, amigos, miradlo.
Ap.
Logróse bien mi designio.
Ap.
Bien su industria se ha logrado.
Ap.
No me puedo persuadir.
Ap.
¿Quién vio más horrible caso?
Viven los Cielos, traidor,
que castigará mi brazo
tu tan enorme delito.
Detente que tanto agravio,
es incapaz del castigo,
pues en las leyes no he hallado
a semejante delito
castigo proporcionado,
pero yo con nueva ley,
pretendo de este villano
con severa invención hacer
con él un mísero estrago,
cuya ejecución será
meterle dentro de un barco
sin piloto, ni timón,
desnudo, desarbolado,
sin remos el buque, corto,
y con los ojos vendados,
Pag. 45
en alta mar le dejad
a la inclemencia del hado,
sujeto; obren con él,
de ese mar mediterráneo
las iras, y de sus olas
a golpes atormentado,
quede este bastardo, vil
en su espuma sepultado.
Vase.
Aguardad, esperad, detente.
¿Aquí en das voces villano?
Traidor, fementido, aleve.
Arrodillase.
Saben los Cielos hermano
que es testimonio, y en fe
de aquesta verdad, postrado
a tus pies, te pido, y ruego
con la voz, y con el llanto
que de mí te compadezcas.
Los ruegos son excusados,
y de ser hermano mío
nunca se ocupen tus labios,
nombrándome, que un traidor
infame, siendo bastardo,
no puede haber en sus venas
sangre buena, ea, llevadlo
padezca, y llore, y con él
también voy a este villano.
Vase.
De quien me engendró reniego
yo en el quinto no he pecado.
Faustino, si la piedad
puede en ti, pues me has criado
te ruego, suplico, y pido
que de todos mis naufragios,
sea la intercesión tuya
con mi padre.
Será en vano
que delito tan atroz
no puedes ser perdonado.
Vase.
Sireno, pues ves que todos
la protección, y el amparo,
le niegan a este infeliz
que a muerte está condenado,
sin ser parte, en tal delito,
admítele a tu sagrado.
Sabe el Cielo que lo siento,
pero tu padre ha mandado
que nadie te dé socorro
y así no vale mi amparo.
Vase.
Marina si la piedad
cabe en los pechos humanos,
siendo mujer, te suplico
Pag. 46
te duelas de mis trabajos,
La ley manda, que te mueras,
tu padre así lo ha ordenado,
yo no te puedo valer
el Cielo te dé su amparo.
Vase.
A quién con mis tristes ruegos
piedad pediré pues no hallo
para mis adversidades,
remedio entre los humanos.
Martín, Martín.
Grita allá:
yo no me mastines tanto
que en mí no tienes remedio
porque también condenado
voy a padecer contigo.
¿Por qué Martín?
Por criado,
que es un mal que se inficiona
como tiña con los amos.
Vase.
Cielos de vuestra clemencia
solo la piedad aguardo,
pues sabéis, cómo divinos
lo inocente que me hallo,
y contra este testimonio,
permitid que como falso
restituyan a mi honor,
el punto que le han quitado,
y que sean sus castigos
tan enormes y pesados
como este que padezco.
Cielos, la venganza aguardo.
Vase.
Salen Estanislao, Ludovico, Rosaura, Clave- la y acompañamiento.
En esta apacible quinta,
del campo supremo alcázar
que es retrato de Amaltea
pues florida su compaña
forma hermosas primaveras
con las flores, y las plantas,
y aves canoras, que el viento
con sonoras consonancias,
de sonora armonía
ocupan la región vaga,
y por otra parte el mar
formando ricos de plata
con promontorios de espumas
enlazadas con el agua
hacen de ley tan subida
Pag. 47
y puedes aquí Rosaura
desviar melancolías
que tu alegría embarazan.
Despide de tu tristeza,
tanto pesar y descansa
el pecho, de tantas penas,
que confío, que lograda
has de ver muy brevemente
de tu primo la venganza,
pues ya para conseguir
este designio, mis armas
se alistan contra Milán,
pidiendo a las comarcanas
repúblicas, que me envíen
socorro pues abrasadas
y a cenizas reducidas
han de verse las murallas
del ducado de Milán.
Goce libertad amada
vuestro padre, y primo mío
vuelva a recobrar de Mantua
la debida posesión
restituyendo a su patria,
las personas de los dos,
y mientras esto se agranda
procura aliviar tus penas,
y desahogar tus ansias.
Señor vuestra Majestad
me favorece, con tantas
honras, que ya de mi vida
no acierto a daros las gracias;
pero está tan combatido
de las desdichas pasadas,
el pecho, que no me sirven
ni los campos, ni la caza
de alivio alguno, tanto
es el tormento, que avisan
a la memoria.
Llora.
Señora
esas tristezas aparta
que ya no sirve el sentir
de alivio.
Mira que pasas
a arriesgar la vida con
ese llanto que desatan
vuestros ojos.
Ap.
¡Ay fortuna!
¿Qué quieres de mí? ¿Por cuántas
partes quieres combatirme?
Dime enemiga si basta
Pag. 48
haber perdido a mi padre,
y venir a tierra extraña
perdiendo la posesión
de mis estados, y casa?
Sino que también de amor
me tienes atormentada,
pasando de agradecida,
a quedar apasionada
con tan desigual estado
como ves en que se halla
hoy Polizeto conmigo.
Procurad el alegrarla
ya con música, y paseo,
ya con el mar, y la caza
que temo su perdición
si sujeta, a tantas ansias
entristece el corazón.
Mucho siento su desgracia.
¿Quieres para divertirla
que cante?
Si que me mata
su tristeza.
Ap.
¿De qué sirven
diligencias, si me acaban
con tanto dolor mis penas?
Amor tirano, ya basta,
desvía de mi memoria
mi pasión desesperada.
Canta Clavela.
Sujeta a un cuidado vive
aquella hermosa troyana,
viendo que quema y amor
la destierran de su patria.
Cielos, parece que el verso
se compone de mis ansias,
pues amor, y guerra, son
de tantos males la causa.
De las perlas que sus ojos
destilan, adorna el nácar
de sus mejillas, rompiendo,
fuentes de dolor al alma.
De poco alivio te sirven
las sonoras consonancias.
Antes, sus versos señor
a mi dolor se comparan
que a un triste solo le admite
es quien mejor le acompaña.
Pues volved al tono, y letra.
Obedezco lo que mandas.
Ap.
¡Quién pudiera, mi pasión,
de la memoria borrarla!
Pag. 49
Perdió con su libertad
de su amor las esperanzas,
pues quien adora imposibles
solo en precipicios para.
Dicen dentro Polizeto, y Martín.
¡Ay de mí! ¡Cielos, piedad!
¡Misericordia, que paga
un mezquino culpas que
no las cometió, soñadas!
¿Qué voces han sido estas
que me llegan hasta el alma?
Desgobernado un barquillo
sin macervelas, ni jarcias
corriendo cruel destino,
por encima de las aguas,
viene, a discreción del viento.
Y chocando ya en la playa
con feliz bordo, se arrojan
dos infelices, atados
las manos, con ligaduras,
y con las vistas vendadas
tropezando con la arena
llevando torpes las plantas
llegan cayendo a este sitio.
Salen Polizeto y Martín con las manos atadas atrás y los ojos vendados, y caen en el tablado.
Del Cielo el poder me valga.
Y a mí también, que estoy
ciego pues la vista falta.
¡Válgame Dios! Ludovico,
guiadles aquí.
¡Ay desgracia!
Guíales.
Hombres infelices, que
del mar la fiereza, y saña,
para aborto de la espuma,
os arroja a esta playa,
venid, y cobrad aliento.
¿Quién con piedad tan hidalga
nos socorre?
Será, creo
algún tritón de las aguas
que nos volverá a embarcar.
Enternecido, de lástima
tengo el corazón.
¿Qué pena?
Desatadles,
Pag. 50
Ap.
¿A quién con tanta
piedad? pero ¿qué miro?
Ap.
¿Cielos, la vista se engaña?
¿O lo fingirá el deseo?
¿No es Polizeto?
A.
Rosaura,
¿no es la que tengo presente?
¡La lengua tengo turbada!
¡Cielos divinos! ¿No es
Polizeto?
¡Brava danza!
¡Señores, estoy seguro!
¡Me volverán a la barra!
Como tan remisa mente
estoy, que no se declara
a vista de este portento
favor. ¡Polizeto!
Ap.
Él habla.
tropezando con los labios,
no acierta a decir palabra.
Señora, feliz fortuna
logro de tantas borrascas,
mirándome a vuestros pies
que humilde beso.
Levanta
a mis brazos, no repare
el decoro circunstancias,
para entregarte con ello
Polizeto, toda el alma.
Rosaura, dime ¿quién es?
¿estos pues, finezas tantas
en tu aplauso temeresen?
No se extrañe que obligada
mi vida a este aún favor,
cuando el bruto en desbocada
carrera me despeñó
al soto de una montaña
pues atajando su curso
de hallarme libre, fue causa
éste es Señor Polizeto
hijo de aquél que la fama
del orbe, tanto publica
que cabeza hoy se halla
del senado de Venecia
y quien con acción gallarda
me embarcó para Sicilia.
Polizeto, ¿en qué reparas?
Llega a besarle la mano
a mi tío.
La ignorancia
Pag. 51
de no conoceros suplé
el que rendido a tus plantas
no sacrifique primero,
la fortuna que hoy lograda
llego en tu real sagrado
a conseguir pues de tantos
tormentos, me veo libre
a donde la vida, y alma
con humilde rendimiento
tengo ofrecida a tus plantas.
Para recibirte, tengo
mis brazos, de ellos te enlaza
pues obligado de ti
según me dijo Rosaura
estoy, a tu bizarría.
Yo señor, soy de la faria
un onastín de Polizeto.
Quita necio.
Tu charada
también la tengo de echar
que de Reyes y de Papas
también se los tratamientos.
Sepa su insolencia alta
que yo de su reverencia
estoy a su merced sacra
agradecido, y no quiero
ir escaso de su santa
paternidad, los chapines
le beso.
Ea, levanta,
que tienes donayre en todo.
Mírense en mis palabras
mesuradas, y medidas
que el mismo Rey las alaba.
La novedad de venir
surcando la región vaga
con tan extraño peligro
me fuerza a pediros me hagas
relación de tus fortunas
que ha de ser grande la causa.
Solo, señor a mi desdicha,
y un testimonio que infama
mi lealtad, de algún traydor
que no puede cara a cara
su brío apostar conmigo
y se valió de una infamia
de dar un papel secreto
a mi padre en que declara
que yo pretendo, ¿qué pena?
¡La lengua tengo turbada!
Pag. 52
darle muerte juntamente
con mi hermano, y acabadas
sus dos vidas, levantarme
con la herencia de su casa;
acción que juro a los Cielos
que me corro de pensarla
cuanto y más de repetirla.
Al fin, no fueron palabras
bastantes a satisfacer
tan fiera maldad, y manda
sin admitirme a descargo
mi padre, que fiera saña
que en este corto barquillo
que a la lengua de las aguas
estoy, viendo; con los ojos
vendados, manos atadas
y entregados al destino
de la bravesa inhumana
del mar, allí nos dejaran,
mas volviendo por mi causa
los Cielos, que siempre ellos
y su providencia sacra,
a los que están inocentes,
con su clemencia los guardan.
Dieron las guías a este barco
hasta arrojarlo a la playa
de tu reyno, donde espero
de tus piadosas entrañas
la protección, como a Rey,
pues de un supremo monarca
que es antorcha.
Tente espera
porque con menos palabras
tienes de mí conseguido
el patrocinio, pues tantas
obligaciones confiesa
mi sobrina, que atracara
y así te daré porque
por mí, como por Rosaura
te ofrezco el interponerme
con tu padre, y a tu patria
escribiré que...
Detente
que aunque te rindo las gracias
no puedo admitir la oferta,
ni menos señor, que hagas
semejante interseción,
a quien con tal infamia
sin admitir mis disculpas
fue tan inhumanas,
Pag. 53
me castigó, ¿y no es padre
sino fiera, pues de biscaños
que tigre la más cruel
a las reliquias amadas
de sus hijos, no les suple
la imperfección de sus faltas?
pues si esto hacen los brutos
como con quien un ata me pague
estando inosente en todo
a vista de tal infamia
quieres que busqué desvelos
para volver a su gracia.
Vos sois una antorcha que es
de los planetas monarca
que con sus luces al mundo
da esmaltes de fino nácar
pues con bellos esplendores
hebras de oro debana
que míseramente tienen
mi padre, mi hermano y patria
de llorar de esta sentencia
la más pública venganza,
que del uno al otro polo
se ha visto ni ver aguardan
los que mortales hoy viven
y para esto postrada
mi humildad abre sus pies
te suplico de es, en la plaza
más inferior de tus tropas,
me admitas, porque en tus armas
alistado, de mi acero
severa fiereza tanta
que tendrá a sombidia la muerte
de mi rencor y mi saña.
Y yo prometo también
como un mastín que ladra
dar tenasadas, y hacerles
mil costuras en las cazas.
Aunque el partido que pides
es conveniente a mis armas
no te puedo conceder.
¿Por qué?
Porque de tu patria
espero tener socorro,
pues a Sireno con cartas
para tu padre, y Venecia
les llevo esta embaxada.
Ese socorro no esperes.
¿Cómo?
Como declarada
Pag. 54
está por Milán Venecia,
pues con sus galeras trata
con tropas y con dinero
inviarle socorro.
Basta
Polidoro desde ahora
de general de mis armas
tienes el bastón. gobierna
de mis tropas las escuadras:
lloren Milán, y Venecia
pues contra mí se declara
por ti y por mi su milicia.
Deja señor que a tus plantas
humilde ponga la boca
en estas huellas que estampas
sacrificándote vida,
valor, albedrío, y alma.
(Polidoro se levanta)
Yo de mi parte señor
te doy rendida las gracias
pues que Polidoro honra
su bastón, alborotas alma
que ya a superior fortuna
fuera faltar a quien yo
si yo lo contrario obrara
lo que importa es a la corte
volver al punto, y la armada
prevenir para que marche,
contra Milán, y esta llana
república de Venecia,
que contra mí se declara.
Dices bien obre el valor
suena el clarín y la caja
teman tu poder invicto
Venecia Milán, y Mantua
Yo también en esta guerra
he de seguir tus pisadas.
Yo juro a San que también
lo haré. pero no haré nada
que no soy mastín de presa
sino de aquellos que ladran.
Yo voy para tu partida
que se prevengan las damas.
y yo a gobernar las tropas
de Italia con bizarra
lealtad voy.
deténgase.
Vuestra excelencia, que aún falta
darle yo la enhorabuena.
y yo, señora las gracias
Pag. 55
debo rendir a tu alteza
de tanto favor pues gana
mi crédito la opinión
por el invicto monarca
Estanislao vuestro tío
sol de aquesta esfera aura,
de Sicilia que Dios guarde.
Solo yo la interesada
soy de tus dichas
Señora
alma no camines para
no aspires a un imposible
porque de tan soberana
gloria no es posible que
tengas alguna esperanza.
Corazón desahoguemos
la estrechez de tantas ansias
que no hay amor, que secreto
sepa su pasión callarla
Polidoro?
Gran señora.
Te acuerdas de la palabra
que en los montes de Leonida
te dije?
como olvidarla
puedo
Vuelvo a advertirte
que los que prudentes callan
no consiguen, que humildades,
que en obligaciones tantas
pueden ser favorecidas
si con el amor escasas
si unidas con el silencio,
del desahogo se apartan
pues no en todos tiempos es
la humildad siempre premiada.
Señora espera, detente.
que quieres?
qué te acobarda
corazón? nunca el respeto
llega atrevido a las aras
de la grandeza
Polidoro
el amor todo lo allana,
y lo disculpa, pues no
es valiente el que no ama.
Bastante se ha declarado
alienten mis esperanzas,
y no por cobarde pierda
los favores de Rosana.
Pag. 56
esta música me alegra
Venus y Marte me valgan;
con mi amor, y mi valor
para que diga la fama
que mi rey a Polidoro
honrando con mano franca
puso el bastón en sus manos
para azote de su patria.
Jornada tercera
Pag. 57
JORNADA TERCERA
Dice dentro Polidoro con ruido de batalla y desembarco.
Soldados todos a tierra
desocupando las naves,
abordad en los esquifes
y el que atrevido intentare
impedir el desembarco
luego a cuchillo se pase:
no quede alguno con vida
verted de su amad su sangre
lloren su fatal ruina
los Venecianos acaben
al furor de mis enojos,
y mueran mi ardiente coraje
los infelices que habitan
de Venecia estos parajes,
quede abrasado el país;
tiñan de purpúreo esmalte
estas fértiles campañas,
paguen con sus vidas, paguen
lo que fementidamente
mi aleve hermano, y padre,
sin esperar la razón
ni hacer del delito examen,
publicándome traidor
desamparado, me abaten
al más enorme castigo
al precipicio más grande
que de fieras idolatrías,
vieron las gentilidades;
pero no importa que el cielo
dispuso con sus piedades
que con la misma ruina
del precipicio se hallase
para el castigo, el azote,
de tan bárbaras maldades,
pues poblada la región
de esos salobres cristales,
trepando aguas, y vientos,
Pag. 58
con galeotas, y naves
vengo talando los montes,
y asolando las ciudades
por caudillo de Sicilia
con cuarenta mil infantes
que a pesar de vuestras furias
desembarcan en la margen
de esos pastos, que esmaltan
con cristalinos esmaltes
toda la costa la azotan
pues toda la costa baten,
conozcan de Polidoro
su república, y mi padre,
que animado de mis furores,
vuelvo yo mismo a vengarme
lloren Venecia, y Milán
sus sinrazones; y todos
padezcan míseramente
ellos con ellos se acaben.
sean de espanto y de horror
tantos asombros y males
como, en mis iras, esperan
gima el clarín por el aire
con ronco metal sus voces,
y sea la vaqueta el parche
aborten esos morteros
bombas, que quemen, y abrasen
sus suntuosos edificios,
vomiten balas, que abrasen
murallas, y fortalezas
hasta que de mi coraje
lo hidrópico de mi sed,
con tantas vidas apague,
que la muerte en su guadaña
con su guadaña descanse.
Ya todos los enemigos,
viendo ejército tan grande
desampararon el campo.
y los nuestros el alcance
van siguiendo de su fuga.
pues el ejército marche
Ludovico, en seguimiento,
del enemigo, sin darle
cuartel alguno: qué es esto?
esta es la salva que hacen
con la capitana, toda
la república de naves
porque desembarca el rey
y Rosana.
Con las reales
Pag. 59
personas es justo que
llegando a desembarcarse
la salva Real se haga.
Ya pisan las majestades
las arenas de esa playa
pues voy a sacrificarme
a Estanislao y Rosaura.
no es menester, que ya salen
de esa colina, y los pasos
conducen a esta parte.
Salen el Rey, Rosaura, Clavela, y acompañamiento
Permita tu Majestad
bese sus pies.
nuevo Marte
dame los brazos que ya
de tu valor arrogante
espero tener victoria
pues prudente, y vigilante,
rompiste del enemigo
las líneas, y los ataques
que embarazaban el paso
para pasar adelante.
Ya en precipitada fuga
huyen todos.
es tan grande
Señor la obligación mía
de servirte, y de animarme
en la causa interesado.
de esta guerra: dejo a parte
el serviros, y a Rosaura
ponerla en Mantua, y sacarla
de tan cruel tiranía
como padece, su padre
que ingrato el duque de Milán
sin atender a su sangre
bárbaramente deshizo
de su grandeza el esmalte,
pues siendo esto lo más
me aviva por tantas partes
la memoria de mi agravio.
perdonen los paternales
respetos, que estos no pueden
con tiranía tan grande
mantener su obligación.
pues como a fiera que sale
escatando de los montes
sus riscos y portos valles,
buscando la mansa oveja,
Pag. 60
reserva, con su coraje
hasta que bárbaramente
su hidrópica sed apague;
así yo en estos países
de Venecia, tan audaces
mis furias, como sangrientas
desnudando los alfanjes
y tus gentes valerosas
derramarán tanta sangre
que cubierto todo el suelo
de sus tropas militares,
de cadáveres sangrientos,
de heridos, y palpitantes
corazones, que acabando
con agonías mortales
diga envidiosa la muerte
mirando tanto cadáver
suspende hombre el rigor
no pases mas adelante
porque quedará este mundo
sin quien tributo me pague?
Solo en Polidoro espero
la libertad de mi padre
y el usurpado dominio
de Mantua.
Quién al aire
publica con la vaqueta
armonías militares?
Voy a saber lo que ha sido
Mirándome ya triunfante
no temo, del enemigo
que pueda, en alguna parte
infestar a nuestras tropas.
Amor, no quieras matarme
ay Polidoro!
Qué dicha
tendrán mis felicidades
restituyendo a Rosaura
a su trono, y a su padre
librarle del cautiverio,
y ya llegado este lance.
gozando en paz sus estados
merecer dichoso amante
sus favores. mas qué digo?
detente lengua no pases
a pronunciar imposibles
que es la distancia muy grande
ser princesa, y yo humilde
Caballero.
quiere mostrarse
Pag. 61
vuesa merced, señora mía
a este pobre vergonzante
con algún pícame coro
de los que suele flecharle
Cupido?
Y quién le ha dicho
al grandísimo bergante
que hago caudal de lacayos?
dígame, no son iguales
entre vuesa merced, y yo
para unirse las dos partes?
como iguales, si soy dama
de la duquesa, y de antes
que Cristo viniese al mundo
tengo todo mi linaje
de hidalguías generosas.
y puede ser que Judayque
según fue antes de Cristo.
él miente, como un infame.
perdone Vuesa merced
porque mi casta no sabe
sino buscar de las perras
aquella especie que lamen.
Gran señor la novedad
de la salva, que escuchaste
es que Nápoles te invía
para esta guerra de infantes,
y caballos doce mil
con todos sus equipajes;
y seis millones; y todo
se ha unido ya en los Reales
de tu ejército; y también
tengo otro de que avisarte,
que todos los venecianos
viendo tu poder tan grande,
y no poder resistirle
han resuelto retirarse
en esa ciudad de Crema
para impedir que no pasen,
siendo fuerte esta ciudad
vuestras tropas adelante.
estimo de Clodoveo
los favores que me hace
engrosándome las tropas
con sus huestes, esto nace
de pretender a Rosaura
en casamiento y juntarse
Mantua con este reino,
es conveniencia muy grande.
Valgame el cielo qué he oído!
Pag. 62
desconfianza matadme.
qué apartado está mi pecho
para admitir de otro amante
casamiento mientras que
Polidoro no me falte?
el haberse hecho fuertes
los enemigos me hace
discurrir algún recelo
que mi designio embarace,
porque la ciudad de Crema
tiene fortalezas grandes
aunque sus muros labrados
estén de duros diamantes
reducidos a cenizas
los verás a breve instante.
formando la artillería
a un tiempo cuatro combates
verás que sus edificios,
arruinados se abaten.
sin que Nápoles te ayude
solo conmigo hay bastante,
pues llevo para vencerles
mucho; pero lengua baste
no digas amor que pasas
atrevida a declararte
lo que importa a los respetos
de la duquesa que calle;
y para que reconozcas
de mi valor arrogante
que lo que promete cumple
y que hacer y decir sabe
tengo de ser el primero
que las murallas asalte,
para rendir la ciudad
o morir en el combate.
oh veneciano valiente
retrato fuerte de Marte,
aguarda, detente, espera
pero ciego de coraje
con las tropas se ha avanzado
vamos que quiero alcanzarle
que no quiero que la vida
pierdan sus temeridades.
Yo señores por Dios Santo
si decir tengo verdades
no quiero nada con guerras
que suenan mal sus combates
Con qué valor Polidoro
con los sicilianos hace,
para cobrarte el estado,
Pag. 63
tan fuertes hostilidades!
Calla Clavela, y su nombre
no me acuerdes, que bastante
estoy yo de agradecida
de sus hechos inmortales,
y heroicos beneficios.
y que pesares pasarme
este respeto, verdugo
de aquella mujer, que nace,
con altos prerrogativas
que no puede, siendo amante,
recompensar las finezas.
ser agradecida y darse
al partido del amor.
pues es justo, que le pague
a quien valiente se expone
por restaurar a mi padre
a que le quiten la vida.
la obligación es muy grande
pero hay mucho inconveniente
cuáles?.
pretender casarse
vuestro primo el de Milán
contigo, y por otra parte,
el Rey de Nápoles quiere
ser tu esposo y ambos iguales
a los dos en competencias
el uno robó a tu padre
y le ha usurpado el estado,
y el otro por ayudarte
tropas de socorro envía
con que no podrás librarte,
de ser de uno de los dos,
porque las guerras se acaben,
esposa.
mientras yo tenga
a Polidoro no es fácil.
puesto el cerco a la ciudad
tengo ya, y a darle parte
vengo al Rey, pero aquí está
Rosaura. ansias mortales
que queréis, de un infeliz
mejor será retirarme
Polidoro. acaso os vais
por estar yo? sin hablarme
volvéis la espalda?
señora
si me voy es por no darte
en la soledad disgustos,
que a veces las soledades
Pag. 64
le sirven de compañía
a quien espera constante
alguna esperanza heroica
de grandezas y majestades.
declárate que no puedo
yo penetrar esa frase
bien claramente, el enigma
deja entenderse, pues sabes
que el de Nápoles te invía
estas tropas militares,
en socorro de las tuyas
para cobrar a tu padre
y restaurar el estado,
el cual seguro le dejes
eternos para que logres
a Nápoles, pues amante,
pretende de tu belleza
Clodoveo, que te cases
con su persona, y:
detente
no pases más adelante
que a donde no reina amor
los intereses no valen.
vida los cielos te den.
alma desvía los males
pues Señor a Clodoveo
si prosigues en hablarme
más de esta materia, solo
te dará respuesta el aire
tiene razón la Duquesa.
no sé en qué pudo enojarse
su alteza!
en que dices
que el de Nápoles casarse
quiere con ella.
y de esto
ha llegado a agraviarse?
pues de por sí, que si, por sí!
pues sabe que de lo bastante
que de tal empleo tiene
pensamientos muy distantes.
Como?
como a ti te estima
como a dueño, y como amante.
Oye Clavela.
Polidoro?
Señor
helada la sangre
tengo en las venas alienta
corazón y no desmayes
Pag. 65
qué manda tu majestad?
que me huelgo de encontrarte
para reñirte, o mozo,
tus locas temeridades
que no es ser pero valiente
saber un hombre guiarse
y más hombre como vos
que tanta falta me hace.
y pena de mi merced,
si atrevido aventurases.
al escalar la muralla,
tu vida que capitanes
tengo del valor que puedes
en esta guerra fiarles
con tu mando, este arrojo.
mas no tu vida, pues sabes
lo que importa tu persona
Señor los pechos leales
arrebatados del celo
sirviendo a las majestades
a ningún peligro atienden
Lo estimo, y lo dicho baste
pues me doy por bien servido
de que tu vida se guarde.
Favorecido del Rey,
victorioso de mi padre,
de Rosaura enamorado,
de ella venturoso amante,
estoy, según por su boca
ha llegado a declararse
Clavela, pues loco amor
qué más quieres ensalzarte.
tente fortuna, que quiero
afianzados los goces,
tener contigo porque
no pases a ser mudable
después de pisar las cumbres
a los abismos bajarme
Salen Rodulfo, Alarico, y Marina
Ya que la fortuna me ha llevado
a verme del enemigo sitiado
pues rompiendo el campo, y ya deshecho
del enemigo: helado tengo el pecho
con pensar que siempre he sido
de todos vencedor, y estoy vencido
pues todos los pasos, y caminos
tiene del campo tomado, y los vecinos
de aquesta ciudad de Crema
Pag. 66
están alborotados, que fuerza tema
algún levantamiento escandaloso
que no sea a la república provechoso
pues la gente toda se halla,
no habiéndose visto nunca en batalla
con un alboroto, y turbulencia
que la plebe civil forma pendencia.
y esta su vecindad alborotada
temiendo no sea de las tropas castigada
por haber intentado con violencia
negar el paso, con gallarda resistencia
en vano padre y señor ha sido
el desembarco haberles impedido
pues el enemigo con soberbia, y saña
de muertos ha cubierto la campaña
y tendré por conveniente, y acertado
pedir la capitulación.
yo he inviado.
a Sireno al campo del enemigo
para ver si alguna capitulación consigo
dándoles para Mantua todo el paso,
sin poner a sus tropas embarazo.
quien por Rosaura creyera
que esto que ves pasar sucediera
de la caja la señal que hemos huido
declara que Sireno ya ha venido
de dar la embajada que tu envías.
permita el cielo que sea de alegría.
Sireno! amigo!
Señor mal despachado
vengo del enemigo
qué te ha pasado?
diré lo que pasa con breve acento.
si a mi voz señor estás atento.
salí como embajador
o enviado que se estila
de la guerra que se entabla
entre campos enemigos
política militar
pues con este permitido
seguro, los generales,
usando el Real estilo,
admiten las embajadas
sin que pasen atrevidos
algunos de los soldados
a quebrantar los avisos.
Llegué señor al Real
del ejército enemigo
que a vista de la ciudad,
está de su gente el sitio
Pag. 67
y apenas entré en la tienda
del General, cuando admiro
asentado en su sitial
¿A quién, Sireno?
A mi hijo,
Polizeto.
¡Cielos, qué dizes!
Ese engaño tuya ha sido
pues cuando de Polizeto
en el golfo cristalino
a la inclemencia del hado
para pagar su delito
en sus alcobas neptuno
le tiene ya sumergido
¿cómo es posible que sea
mi hermano?
Lo que yo digo
es la verdad.
Que estoy
confusa de agüeste aviso.
Sea lo que quisiere; di
la respuesta.
Lo que dijo
fue que piedad no esperasses,
porque viene vengativo
Pag. 68
pues yo voy a obedecerte
y a descifrar el echizo
de este encanto, que te tiene
tan engañado Parezido.
Cielos, como Polizelo
de tanto estrago y peligro
pudo librarse?
Como es
posible, Cielos divinos,
que Polizelo escapase
de tan enorme castigo?
Y te trato con templanza
a la embaxada?
No he visto
en el mundo otra humildad,
pues cortesmente me dijo
que no podia a la patria
conceder algun alivio,
y cuando se enfurecio,
poniendose muy altivo,
fue que le dije que estavas
por governador metido
en esta Ciudad.
Ay de mi!
No me admiro esso, me admira
que Polizelo responda
agradablemente conmigo,
pues con barbara impiedad,
del primer lance movido,
sin admitir mi descargo,
colerico, inadvertido,
sin Dios, sin ley, sin razón,
le arrojé en el peligro.
Pero ya las destempladas
caxas me dan el aviso,
como, sin dar la embaxada,
a mi son, segun el uso,
digo con el despojo a las instancias de Alastro
del campo del enemigo.
Ya se acerca a la presencia.
Que te sucede, hijo mio?
Sale Alastro con los ojos bendados y las manos atadas detras.
Con estas demonstraciones
podras tener conocido
lo que me pasa, y el son
deste bastardo estilo,
pues apenas del real
Pag. 69
pise el anchuroso sitio,
cuando, sabiendo que esteva,
pones luego facil concilio,
sin concederme audiencia,
ni privilegiarme el sitio
de embaxador, con las manos
atadas y desvalido
de la piedad, con los ojos
bendados, por el camino
de la Ciudad me llevaron
de un a en otra conduzido.
Luego no viste a tu hermano?
No por cierto, pero es fixo
que Polizelo esta alli
por cavo del enemigo,
escuchando de sus voces,
pues que colerico dijo,
a todos sus oficiales
que arruinassen con tiros
la muralla.
Quien se vió
en tan terrible martirio!
Viva Estanislao: Soldados,
a Crema, pues que impedimos
prevenido el paso.
Los muros
que la circuyen altivos,
queden de la artilleria
a ruinas reduzidos.
Suena, generosa
La ciudad
ya se arruina con los tiros.
Valgame el Cielo, mil veces!
Amigos, querido hijo,
yo determino el salir,
y, ver si podre, rendido,
alcanzar de Polizelo
piedad en este conflicto.
El tiempo pierdes en vano.
Yo lo dije en su principio.
Pues por algun medio tengo
de evitar tanto peligro.
Ay hijo, permita el Cielo
que te ablande el ruego mio!
Salen Estanislao, Polizelo, Rosaura, Clavela, Maximo, y Soldados, y tocan caxas.
Ya toda la artilleria
con nueva furia y denuedo
Pag. 70
da bateria a la plasa
Suyo pareze el empeño,
pues al partido que ofrezen
no dan quartel.
Ni le quiero
la Ciudad he de entregarle
vaya con padre que tengo,
a pesar de su infamia,
sobrado poder, y el Cielo
para castigo me embia
de tan barbaro decreto.
de lo fiero, y lo galan
bien une los dos extremos.
yo tambien para vengarme
boto a San lillo que tengo
de comerme, en la Ciudad
unos xamones de puerco.
Linda venganza tendras
desta manera me vengo
lo demas es disparate
que en el quinto a Dios no ofendo
Clarin
Sale Ludovico
Las puertas de la Ciudad
a la llamada han abierto,
Repara q en un caballo un anciano
con venerable respeto
de la Ciudad ha salido
con mucho acompañamiento.
de la Ciudad gran Señor
Salio Rodulfo y pidiendo
esta lizenzia de entrar
Vase
yo por mi parte no puedo
negar su entrada, mas tu
rezebiras Policleto
su enbaxada pues de Rey
limitado poder tengo,
en esta guerra por ser
contra padre y tuyo el duelo.
a Policleto
Vase con clavela
yo por mi parte te imito
no de tu padre el respeto
sino el de la injusticia
que te hizo en otro tiempo
has de atender pues mi causa
gustosa por ti la cedo.
Sale Rodulfo
entrad, Señor, que ya tienes
audiensia.
Si es que merezco
besar a su Magestad
las plantas: pero que veo?
proseguid, de que os turbais?
fuerza es turbarme pues vengo
Pag. 71
creyendo hablar con el Rey,
y hallo a mi hijo en su puesto.
Quien es vuestro hijo?
Tu.
Te engañas, no puedo serlo.
No niegas el ser mi hijo,
Polizelo?
Si, lo niego,
prosigue con la embaxada.
Vive el Cielo, que primero
has de darme el si de padre,
pues que por hijo te tengo.
Ni uno soy, ni otro eres.
Luego lo niegas?
Lo niego.
No estoy en mi de turbado!
Por que causa?
A ti mesmo
puedes mexor preguntarlo
que no a mi, que no deseo
de tu tirana crueldad
traer al entendimiento
aquel tu decreto injusto,
claramente conociendo
que quien se olvida de padre
con tan infame decreto
razón es que de ser hijo
se imite a mi rigor fiero.
Yo obré como Juez entonces.
Y yo como al Rey, que tengo
en su ausencia su poder,
advirtiendote, que puedo
obrar, como a presidente,
con mas rigor que tu mesmo.
No ay contra un padre rigor.
Con lo mismo te convenzo:
Tu injusticia no te hizo
con tu hijo? pues con seño,
sin admitir el descargo,
le condenaste primero.
En el mar de mis pesares
cerrados veo los puertos!
A lo que vienes prosigue
y no perdamos el tiempo.
Que se hizo tu humildad!
Que ahora estas tan severo?
Esto lo aprendi de ti,
y archivado en mi pecho
lo he guardado, para darte
lo que diste, en otro tiempo.
Pag. 72
Y para escusar razones
que no son ya de provecho,
o prosigue la embaxada,
o retirate o tu puesto.
Con tanta resolucion,
ya no tengo otro remedio
para acabar con la vida
que decirte a lo que vengo.
De esta Ciudad prodigiosa
de Crema, que esta yaziendo
de la furia de tus armas
su tragico fin sangriento,
de quien soy governador,
si bien plugiera a los Cielos
nunca que lo huviera sido,
pues por defenderla veo
que me hallo al precipicio
mas fatal del escarmiento.
Al fin, de esta con su nombre,
postrado a tus pies, te ruego
que te compadezcas de ella,
pues los nobles y plebeyos
se sacrifican, rendidos
a tu rey el rendimiento;
merezcan esta piedad:
mira en ella...
Deteneos,
y les direys de mi parte
a todos los que esten dentro,
que se apresten a morir,
que es el ultimo remedio.
Esso respondes, ingrato?
Ha salido de tu pecho
esta ingratitud.
Pues mira
que es tu patria!
No lo creo,
que a ser Venecia mi patria,
procurara, en otro tiempo,
como a madre de sus hijos,
salir a la causa de ellos.
Mira que lo pido yo!
Menos lo hare, por tu ruego.
Mira mis canas.
Quisiera
venerarlas, mas no puedo.
Mira que soy yo tu padre.
No te conozco en tu puesto,
que a mi no me conociste.
Ya es passado
Pag. 73
Yo lo tengo
muy presente, porque al fin
lo que mas ofende al Cielo
es la tirania.
Pues yo,
sin alcanzar el remedio,
no me he de salir de aqui.
Tambien pasare grosero
a no atenderte por ti,
y no quieras, desatento,
que lo que ha sido cordura,
falte ahora a los respetos.
No ay piedad?
No ay piedad.
No ay remedio?
No ay remedio.
No ay alivio?
No ay alivio.
No ay clemencia?
No la tengo.
Mira que rendida llora.
Mira el plomo y mira el fuego.
Y pide misericordia.
Sobre su estrago violento:
y para darle el asalto,
pongan a los muros sobervios
las escalas, y os use
de los que suban primero.
Pues afligido en mis ansias
me voy ya, pero te advierto,
que su estrago oy sera
mi pyra y mi monumento.
Sabe el Cielo soberano
con los pesares que quedo
de su ruego, y mis rigores:
pero no puede ser menos,
que aunque quisiera, por mi parte
dejar la causa del duelo,
por el puesto y el oficio
es imposible el hacerlo.
O ley de razón de estado!
y a penas! pero, que ziento?
como, con tantos agravios,
ahora yo me enternezco?
Mueran todos, viva el Rey,
solo su parte defiendo;
viva Rosaura que es
el idolo que venero,
como imprimido caracter
con lineas y bosquejos.
Pag. 74
la imagen de su hermosura
traygo esculpida en el pecho,
goze el estado de Mantua,
salga de su cautiverio
su padre, y el de Milan
pague al furor de mi acero,
de su tirana venganza
tan viles atrevimientos.
Muera mi... pero detente
lengua, que decir no puedo
muera mi padre, que aun
para pensado no es bueno,
que aunque yo viva ofendido
y obre, con rigor severo
pero, no puedo el amago
executar porque tengo
a sus canas y persona
no se que oculto respeto,
que se suspenden las iras,
mas que digo, solo intento
solicitar mi venganza,
pero maldigo el empeño
de Estanislao y Rosaura
pues a los dos solo debo
la vida, el ser y el honor
de esta grandeza y aprecio:
pero ya la artilleria
trepando, sube a los vientos
de la Ciudad, las murallas
con rigor van combatiendo.
Ya estan las brechas abiertas;
pues, con orden y concierto,
vayan avanzando tropas
a los muros. Polizelo?
Gran Señor, que me mandays?
Que tu sales con tu intento
combatiendo la Ciudad.
Señor, esto ya es empeño
Que en no ser furia tu padre.
Yo ya le de consentimiento,
pero, en mis obligaciones,
lo primero es lo primero;
pues a quien debo la vida
y el honor solo defiendo.
Pero que llamada es esta?
Sale Ludovico.
De la Ciudad han abierto
los portales y la plebe
desplegando, por el viento,
blanca bandera de paz,
viene a voces diziendo:
Pag. 75
Viva Estanislao, viva.
Esto no tiene remedio,
recibeles con piedad,
perdona el agravio vuestro;
pues no puede ya el castigo
obrar con tanta violencia
a rendirnos la Ciudad
lo noble y plebe del pueblo.
Señor, pues que tu lo mandas
yo solamente obedezco,
que el que sirve solo trata
de darle gusto a su dueño.
Viva Estanislao Rey
de Secilia.
Todos a un tiempo
entrad conmigo a entregar
las llaves a Polizelo.
Salen Rodulfo, Liceño, Alastro y Florina con una fuente en que trae unas llaves y hombres y mujeres.
Yo, Señor, ya que no valen
de padre y hermano, ruegos,
para romper la dureza
de tu diamantino pecho,
de aquesta Ciudad de Crema,
con los nobles y plebeyos
todos los demas venimos,
con alborozos y festexos,
a poner en vuestras manos
las llaves, de ella soy dueño;
mirad si sera razón
que obreys con ayrado zeño
con los que rendidos teneis,
y si pretendes, resuelto,
proseguir con tu venganza,
no cabe en los nobles pechos
tan fuerte acción que repasse
a deslucir nobles hechos,
pues donde no ay resistencia
ya no cabe el vencimiento.
Tan armado de furores
estoy, que juro a los Cielos,
que a no ser gusto del Rey
no amansara mis intentos,
tanto es mi rencor, y tanta
es mi ira. Alzad del suelo,
que yo os concedo perdon
por mi Rey, que a no ser esto
Pag. 76
de un genio, no pasara
a conceder Polizelo
perdon tan contra mi gusto;
pero, permitiendo el Cielo,
disponed con Ludovico,
con el mismo rendimiento,
beseis las manos al Rey,
que ya en su trono excelso
se mio que nos esta aguardando.
Vivas los siglos eternos.
Vamos pues a obedecer
el orden de Polizelo.
Vamos, y repitan todos
al son del marcial accento:
Viva Estanislao, viva.
La eleccion tuvo mi acierto.
Entrega las llaves Marina a Ludovico y vanse todos y quedan Marina, y Polizelo.
Yo de aqueste regozijo
seguir el aplauso quiero
porque en brindar gozos
tiene de parar el quento.
Sale Rosaura al paño.
Ya la ciudad a mi tio
rindio la obediencia, y vengo
a darle la enorabuena
a Polizelo: mas Cielos,
que miro? con una dama
esta aqui hablando. Seria
que fuera, que mi amor
padeciese los desprecios
de algun agravio? ha, pesares!
que poco dura un contento!
Señor ya que la ocacion
permite este breve tiempo
no la quiero mal lograr
pues no ignoras, que en tu pecho
tuvieron lugar las ansias
de amor.
Que escucho, Cielos?
a traydor!
Marina es verdad
lo que me dizes, no puedo
negarlo.
A, fementido!
pero ya es otro tiempo.
Para quien finos amantes
nunca ay mudanza.
Ha zelos!
Pag. 77
Falsa, enemiga, inconstante
acuerdate del despecho
que tu...
vivid corazón.
me pagaste con desprecio,
para admitir a mi hermano
por tu amante, y por tu dueño.
Fue violencia del poder.
No ay violencia cuando es cierto
el amor.
Que bien la riñe!
Cuydados examinaos.
Compadecida a tus males
siempre estuve.
No lo creo.
Pues contigo mis desgracias
no hallaron algun consuelo.
Fue temer de vuestro padre
el rigor, y assi te ruego,
como a norte de mi amor
si con lagrimas te puedo
ablandar, pues se que ellas,
enternecian tu pecho,
siempre que las destilava
en algun disgusto nuestro.
Mas me ofende, que me obliga.
que como a falsa no puedo
ni dar credito a su llanto
ni hacer ofensa a mi dueño.
Sin responderla se fue.
Ruego ingrato a el justo Cielo
que te castigue, y me vengue
tanto tropel de desprecios.
plegue a Dios.
Sale.
Tente Marina
que para darte remedio
de la entrada de la tienda
escuche tu sentimiento
y fia de mi. (A pesares!
como me matays con zelos?)
que remediare tus males.
Tu vida guarden los Cielos.
Pues sigue con los demas
esta aclamacion del pueblo,
que para siempre soy tuya.
Tu precepto obedeciendo
hermosa Rosaura voy.
Amor dadme el vencimiento.
Sale Polizelo.
No estoy en mi: y a fortuna
llego tu lance postrero
Pag. 78
de ver yo...
Traydor, infame,
desleal, mal cavallero,
como a una dama, que adoras,
o quisiste por lo menos,
pagado de tu fortuna
y preziado de sobervio,
olvidas de su belleza
las finezas que algun tiempo
recebiste de su amor.
Señora, valgame el Cielo!
Yo amor! yo dama! te engañas.
Si lo niegas, mas me ofendes,
a leve que no podras
negarme; yo me despeño,
zelosa con mi pasion;
decoro, guarda el respeto,
pues claramente Marina
quejosa de tus desprecios...
pero yo, compadezida
de su llanto, con empeño
estoy que casarte tienes
con ella.
Esperad, Teneos:
como casarme! por vida
de Estanislao, que primero
dare la garganta a un lazo,
y los labios a un veneno,
antes que con ella case.
Amor albricias, mas quiero
dissimular. Esso es fuerza
el obedecer, que contento
esta el corazón, porque yo
gran gusto recibo de ello.
Yo pesar, y no podras
aunque contrastes mi pecho,
rendirle con tu poder.
Mucho has dicho.
Pues de cierto
veras aquesta verdad.
No la vere, porque a un tiempo
se tienen de celebrar
tu boda, y mi casamiento.
Con quien?
Con el Rey de Napoles.
Una estatua soy de yelo.
Pues para su execucion
solamente de ti espero
que me domines a Mantua.
Saben los Cielos que miento.
Pag. 79
con lo que digo, pues solo
lo digo por darte celos,
que advirtáis a mi padre
ap.
ap.
ap.
Vase
pues desde aquí te prometo
no volver a tu presencia
hasta que vea, y sujeto
el estado, y a tu padre
libre de tanto tormento,
y rendido a tus pies todo.
Cielos divinos, ¿qué tengo?
¡sin mí estoy! ¡Loco me hallo!
sin duda he perdido el seso
y después podréis lograr
con el lazo de Himeneo
el matrimonio. ¡qué digo!
mi vida acabe primero
que yo en la primer batalla
pondré descubierto el pecho
a las balas porque acaben
conmigo tantos tormentos.
Y en él duplique las glorias
el felice casamiento
enlazando la corona
sus sienes siglos eternos.
espera, detente, aguarda
en cumplir lo que te ofrezco
me verán, y no otra vez
pues rabiando estoy de celos.
Salen Estanislao, Ludovico, Rodulfo, Alamiro, Marina, Clarvela, Jireno y Mastín.
Ya que a la campaña quedan
todos los pasos abiertos
entren las tropas en Mantua
sujeten hoy mis ejércitos
las altiveces soberbias,
pues al derribar afectos
le entregaron el estado
trayéndole prisionero
a mi Primo, y su Rosaura
fía de mí, y Poliseto
que gozarás con tu padre
el estado, que resuelto
tiranizó el de Milán.
ap.
Tanto señor, mal me aliento
como a su sangre y sobrina
la fineza te agradezco
que ya por mí, y por mi padre
te beso los pies.
Tenéis
ap.
Cielos, ¿quién pensar pudiera
Pag. 80
que escapase Poliseto
de tanta desgracia?
¿Quién
pensara que los Cielos
tan prodigioso milagro
hiciesen con Poliseto?
Cajas dentro
¡Viva Poliseto, viva!
dentro Polis[eto]
Soldados no digáis eso
viva el gran Duque de Mantua
vuestro legítimo dueño.
¡Viva, viva!
¿Qué alboroto
hoy en el campo?
No puedo
adivinar lo que sea.
Mira quién causa el estruendo
de las trompetas y cajas.
Sale Poliseto, y a su lado el Duque de Milán y soldados
No es menester que gallego...
por última despedida
ofreciendo a los pies vuestros
mi libertad juntamente
libre ya de prisionero,
a vuestro primo y tu padre
señora que guardé el celo
porque el Duque de Milán
viendo el poder de mi ejército
dejó abandonada a Mantua
y a Milán se pasó huyendo,
y entonces el pueblo todo
dio libertad a su dueño,
y con Real aparato
a tu ejército salieron.
Primo, recibo en mis brazos
el regocijo de veros
ya con libertad.
Padre
la mano y brazos a un tiempo
dad a Rosaura vuestra hija.
Hija, mil veces contento
después de tantas borrascas
hallar venturoso puerto!
Feliz día es para todos.
A Poliseto debemos
estas victorias tan grandes.
A su lealtad daré el premio.
Y yo de tantos aplausos
daré a sus timbres el mérito.
De su Majestad y alteza
Pag. 81
estimo el favor, mas tengo
una palabra empeñada
a una dama prometiendo,
darla gusto, y determino
sin volver la cara al riesgo
sacrificar, con las balas
mi vida en los dos ejércitos.
Espera, Poliseto.
Aguarda
y no arrojado, y resuelto
perturbes de aqueste día
tan felice vencimiento.
Poliseto, la palabra
que diste a la dama pienso
que ya queda satisfecha
y yo en su nombre, te ruego
que suspendas tu designio.
Dentro Faustino
¡Valedme piadosos Cielos!
¡Tiradle, muera, pues huye!
Disparan
¡Cielos piedad, que soy muerto!
Cae herido Faustino al teatro y salen soldados siguiéndole
¿Qué es esto?
De esa montaña
recatado, y encubierto
este pastor acechaba
y llamándole los nuestros
hizo fuga, y sospechando
no fuese espía le dieron
una bala y desde el monte
vino a este llano, cayendo.
¡Válgame el Cielo, el herido
es Faustino!
¡Santos Cielos!
Faustino es!
¡Qué lástima!
de mirarle de este extremo.
no son las heridas mías
son causa, el Cielo ha dispuesto
para confesar la infamia
este castigo, y pues tengo,
en su última esperanza
la vida, escuchad atentos
porque el alma ya batalla
para salirse del cuerpo.
En los montes de Venecia
en un limitado pueblo
que le servía, crié a dos
hijos de Rodulfo, estos,
siendo legítimo el uno,
Pag. 82
Muere
y el otro bastardo invento
trocar de los dos las suertes,
solicitando, avariento,
que el bastardo que es Alamiro
quedase por heredero,
y juntamente con este
malquistando a Poliseto
que es el legítimo hijo
con un testimonio fiero
que pretendía matar
a su padre, y para esto,
Alamiro me dio un papel
para que en todo secreto
yo le entregase a su padre
hícelo, así y al momento
su padre le sentenció
con un banquillo poniendo
la inocencia de su hijo
a la saña de este fiero
monstruo de cristal, y ya
que me ha concedido el Cielo
que confiese la verdad
porque sea manifiesto
al mundo sabed, que ha sido
testimonio, que el aliento
lucha para dar el alma
al parasismo postrero.
Ya con la vida acabó
pues muera el viejo embustero
que puso en tanto trabajo,
a Mastín y Poliseto.
ap.
mi engaño se descubrió.
a vista de este portento.
Tente Poliseto, aguarda
que justiciero pretendo
aquí quitarle la vida.
Antes gran Señor, si ruegos
tienen lugar y yo alcanzo
contigo algún valimiento,
te suplico le perdones.
Lleven a Alamiro
Por ti solo le concedo
la vida, pero ha de estar
mientras tenga vida preso.
a Poliseto
Justo ha sido su castigo.
Hijo, ya ves descubierto
el engaño.
no prosigas
que yo perdono tus yerros.
Rosaura, ya que tu padre
está libre y yo no puedo
Pag. 83
excusar que te dé estado
bien que desea ser vuestro
el Rey de Nápoles, mas
aquí en finezas le debo
y a su padre, y al estado
restauro, gallardo aliento
solo conozco que es digno
de reconocerte dueño
y pidiéndole a tu padre
la licencia desde luego
dadle la mano de esposa
al príncipe Poliseto.
Príncipe Señor te engañas
príncipe serás muy presto.
gustosa te doy la mano
y yo con el alma la acepto
Señora, ¿y la palabra
de ser mío Poliseto?
No dije tal, que pondría
a vuestras penas remedio.
Yo estimando la elección
gustoso estoy con tal yerno
El primer hombre es aqueste
que se alegra de ser suegro.
Y yo besando, a sus plantas
tantas honras agradezco
al Duque
No lloras en este día
que todo es gloria que es esto
Lloro, primo, la pérdida
de una otra hija que tengo
que nació en este monte
y una corza al momento
que salió a luz, y es nació
por su desgracia en el yermo
se la llevó.
¡Grande dicha!
Oye, Señor, el suceso
más raro que ha sucedido
en los anales del tiempo.
Esta, Señor, es Marina
tu hija, que quiso el Cielo
que la corza la llevase
a Venecia, y con el mismo
pastor que a mis dos hijos
crió, y allí con ellos
también se crió.
¿Qué escucho?
¡Volved a vivir contento!
¡dadme hija mía los brazos!
Dudo si es verdad o sueño
Pag. 84
hermana llega a abrazarme
Tu estado tengo dispuesto
en un convento en Italia
Ya a mi albedrío es ajeno.
Y tenga dichoso fin
la historia de Poliseto
pues es justo a los humildes
que den también darles el premio.
Fin.
Aquí termina el texto de la obra teatral. En el folio siguiente (recto), que forma parte de la misma imagen, se encuentra una carta manuscrita ajena al texto de la comedia, cuya transcripción es la siguiente:
