Doña Bernarda
Viuda de Guadalajara y hermana mayor de doña Jusepa. Dirige el viaje a Madrid para casar a la joven con don Gómez, pero acaba enamorándose de don Fernando y cediendo al amor que antes intentaba controlar.
Tirso de Molina
Date de publication du résumé: 18 juin 2026
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Citation suggérée
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
Desde Guadalajara hasta el Madrid cortesano, el accidente de un coche pone en relación a doña Bernarda y doña Jusepa con don Fernando de Aragón y don Duarte de Noroña, alojados frente a la casa donde las mujeres quedan casi encerradas. Mientras Jusepa es destinada a casarse con el viejo don Gómez, los dos galanes intentan entrar en contacto con las hermanas mediante disfraces, regalos y conversaciones a través del torno, lo que desencadena celos, sospechas y escenas de gran enredo. Al final, el sótano y el torno permiten vencer la reclusión doméstica: Jusepa se une con don Duarte y Bernarda acepta a don Fernando, frustrándose así el proyecto de matrimonio con el anciano rico.
La obra comienza con el accidente de un coche cerca de la venta de Viveros, cuando viajan desde Guadalajara a Madrid doña Bernarda, viuda, su hermana menor doña Jusepa y la esclava Polonia. Don Fernando de Aragón presencia el vuelco, auxilia a las viajeras y queda prendado de Bernarda, a la que lleva desmayada hasta la venta. Allí averigua por Polonia la situación de las dos mujeres: Bernarda conduce a Jusepa a Madrid para casarla con don Gómez, un rico capitán indiano de unos setenta años, mientras que ella misma espera recibir dinero con que rehacer su vida. Ya en Madrid, las hermanas se instalan en una casa comprada por el viejo pretendiente, concebida casi como encierro: la joven ha de vivir retirada, con torno y celosías que limiten cualquier trato exterior. La casa queda frente a la posada donde se alojan don Fernando y su amigo portugués don Duarte de Noroña, de modo que ambos comienzan a observar a las nuevas vecinas y a concebir medios para acercarse a ellas.
Don Fernando, ayudado por criados, por la huéspeda MariRamírez y por varios intermediarios de la trama, decide entrar en casa fingido de barbero para asistir a Bernarda, que debía ser sangrada tras la caída. El engaño le permite contemplarla de cerca, aunque la visita acaba con sospechas, altercados y la irrupción de don Luis, sobrino de don Gómez, que vigila celosamente la honra de la casa. Paralelamente, la acción amorosa se duplica: don Duarte se enamora de doña Jusepa tras verla tropezar al salir a misa, y los galanes recurren a regalos, billetes, disfraces de toquera o mercero y conversaciones a través del torno para ganarse el favor de las mujeres. Jusepa manifiesta claramente su rechazo a casarse con un anciano y se muestra receptiva al portugués, mientras Bernarda, aunque reprende a su hermana y pretende mantener el plan del matrimonio interesado, empieza a inclinarse hacia don Fernando. Los enredos se complican con los celos de Bernarda, que cree ver a don Fernando con otra dama en la posada, y con sus visitas fingidamente moralizadoras a la habitación del aragonés, donde bajo pretexto de corregirlo deja ver su propio interés amoroso.
En la tercera jornada, el conflicto se acelera ante la inminente llegada de don Gómez a Madrid. Los criados descubren que la casa de las hermanas y la posada de los galanes se comunican por el sótano, y ese paso subterráneo, unido al torno, se convierte en instrumento decisivo para burlar la clausura impuesta. Polonia y Santarén facilitan la comunicación, y doña Jusepa sale de casa para reunirse con don Duarte, incluso disfrazada de portuguesa para engañar a Bernarda en una de las escenas más ingeniosas del enredo. Finalmente la verdad se impone: Jusepa declara que ya está casada con don Duarte, y, rodeada por la presión afectuosa de los demás personajes, Bernarda acepta la mano de don Fernando, cuya nobleza, hacienda y constancia quedan subrayadas. Para evitar el choque con el anciano prometido, se decide no esperarlo en la casa, y Santillana queda encargado de explicarle lo sucedido. La comedia concluye así con la victoria del amor juvenil y de la astucia sobre el matrimonio impuesto, el encierro doméstico y la vigilancia celosa, todo ello articulado por los recursos cómicos del sótano y el torno que dan título a la obra.
Viuda de Guadalajara y hermana mayor de doña Jusepa. Dirige el viaje a Madrid para casar a la joven con don Gómez, pero acaba enamorándose de don Fernando y cediendo al amor que antes intentaba controlar.
Joven hermana de Bernarda, destinada a un matrimonio con un anciano rico que rechaza. Su deseo de libertad amorosa la lleva a corresponder a don Duarte y a participar activamente en los enredos.
Galán aragonés que socorre a Bernarda tras el accidente del coche. Enamorado de ella, idea disfraces y estratagemas para acercarse a la casa y termina siendo aceptado como esposo.
Caballero portugués y amigo de don Fernando. Se enamora de doña Jusepa, mantiene con ella el principal enredo amoroso juvenil y finalmente se casa con ella.
Esclava de la casa y mediadora esencial entre amos y galanes. Favorece los encuentros, transmite mensajes y participa en los ardides que hacen posible el desenlace.
Capitán viejo y rico, probablemente indiano, que ha comprado la casa madrileña y pretende casarse con doña Jusepa. Aunque su presencia escénica es reducida en el texto conservado, su llegada impulsa toda la intriga.
Sobrino de don Gómez, celoso guardián de la honra familiar. Sospecha de las maniobras de los galanes y contribuye a aumentar la tensión del conflicto.
Huéspeda de la posada fronteriza y colaboradora de los amantes. Su casa sirve de centro de observación y de apoyo para los engaños y comunicaciones.
Criado o ayudante vinculado a la posada y a los galanes, de función cómica y activa en las tretas. Interviene en la apertura del paso por el sótano y en varias mediaciones.
Escudero o criado de la casa de las hermanas. Su vigilancia y sus dudas participan en los equívocos, y al final queda encargado de informar a don Gómez de lo sucedido.
Espacio central de la acción en Madrid, comprado por don Gómez para mantener a Jusepa recogida. En él se concentran la vigilancia, los celos y los encuentros clandestinos.
Lugar situado enfrente de la casa de las hermanas. Funciona como observatorio de los galanes y como base desde la que preparan disfraces, regalos y engaños.
Dispositivo doméstico que permite recibir objetos y mensajes sin contacto directo. Se convierte en un mecanismo dramático clave para la comunicación amorosa y el enredo.
Paso subterráneo descubierto entre la casa y la posada. Su función es decisiva en la tercera jornada, pues hace posible las entradas secretas y el triunfo final de los amantes.
Lugar del accidente inicial y del primer encuentro entre Bernarda y don Fernando. Allí se expone la situación de las hermanas y se pone en marcha el conflicto amoroso.
Espacio de la salida matinal de las mujeres y del primer acercamiento entre don Duarte y Jusepa. Une devoción aparente y ocasión amorosa, rasgo propio del ambiente cortesano.
Marco urbano en el que se sitúan la casa y la posada. Representa el Madrid activo, curioso y propicio a encuentros, espionajes y fingimientos.
La acción contrapone los afectos de Bernarda y Jusepa con el proyecto de casar a la joven con un anciano rico. El desenlace favorece las uniones nacidas del deseo y la afinidad.
La casa, el torno, las redes y las llaves simbolizan el control sobre las mujeres. Toda la comedia muestra cómo ese sistema de clausura intenta gobernar su conducta y cómo termina siendo burlado.
Los personajes recurren constantemente a identidades fingidas, billetes, regalos y tretas para alcanzar sus fines. El artificio cómico mueve la acción y desencadena los reconocimientos finales.
La riqueza de don Gómez y la promesa de dotes condicionan las decisiones de Bernarda. La obra presenta el choque entre conveniencia material y voluntad amorosa.
Don Fernando y don Duarte actúan de forma solidaria, y los criados y mediadores sostienen sus planes. La trama depende de una red de colaboraciones que hace posible vencer los obstáculos.
La corte aparece como lugar de encuentros, apariencias, circulación de mercancías y rumores. Ese ambiente urbano favorece tanto el deseo como la sospecha y la pérdida de control.