Moisés
Figura central de la acción bíblica, libertador de Israel y mediador de los mandatos divinos; instituye la cena del cordero, guía al pueblo por el desierto y explica el sentido de los prodigios.
Pedro Calderón de la Barca
Date de publication du résumé: 18 juin 2026
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Citation suggérée
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En el Egipto bíblico de la Pascua y del éxodo, la obra muestra cómo Moisés guía a Israel tras la institución de la cena del cordero, cuya sangre libra a los hebreos de la plaga que cae sobre los primogénitos egipcios. Durante la marcha por el desierto, el pueblo cruza el mar Bermejo, recibe agua endulzada por un madero, sombra y luz en columnas celestes y el maná, mientras Moisés explica el sentido religioso de esos auxilios. Al llegar a Moab, la Idolatría logra seducir a Zambrí y a otros israelitas por medio de Corbí y del culto a Belfegor, hasta que Finés castiga la prevaricación y la obra concluye afirmando el valor del cordero como figura del viático sacramental.
El auto parte de la noche de la última plaga de Egipto y de la contemplación, por parte de figuras alegóricas como la Idolatría y Baal, del misterio por el cual la justicia divina hiere a los primogénitos egipcios y respeta las casas marcadas con la sangre del cordero pascual. Para explicar ese prodigio, se recuerda de forma ordenada la historia del pueblo hebreo en Egipto: la llegada de los descendientes de Jacob, su multiplicación, la opresión impuesta por Faraón y el nacimiento de Moisés, salvado de las aguas y criado por la hija del rey. Luego se evoca su huida, la visión de la zarza ardiente y la misión recibida de Dios para pedir a Faraón la salida de Israel al desierto; ante la negativa del monarca, se suceden las plagas y queda patente que el poder de los magos paganos es limitado frente al de Dios. Finalmente, se instituye la cena del cordero, que ha de comerse en familia, con pan ácimo, lechugas amargas, vestidos de camino y dispuestos para partir, mientras los egipcios padecen la muerte de sus primogénitos y los hebreos se preparan para el éxodo.
La parte central de la obra desarrolla esa cena pascual como núcleo doctrinal y dramático. Moisés, Aarón y María explican a los presentes, entre ellos Libio, Finés y Zambrí, el sentido de sus ritos: el nombre de Pascua como tránsito, el cordero como viático para la salida, la prohibición de que lo coman quienes no pertenecen plenamente a la ley, el valor penitencial del pan ácimo y de las lechugas amargas y la significación del cordero asado. Terminada la cena, una señal celeste ordena la marcha, y el pueblo sale de Egipto mientras Faraón los persigue. Entonces tiene lugar el paso del mar Bermejo, que se abre para Israel y se cierra sobre los egipcios; después, en el desierto, surgen nuevas pruebas. El pueblo se queja por la sed en Sur y por el agua amarga, hasta que Moisés arroja en ella un madero que la vuelve dulce; más adelante, se lamenta por el hambre, y Dios responde con la columna de nube de día, la columna de fuego de noche y el don del maná, alimento celestial que sostiene a los caminantes. A lo largo de estas escenas, las figuras alegóricas van señalando prudentemente que todos esos hechos prefiguran una salvación futura más alta, vinculada a sacramentos y al “gran Sacramento” eucarístico.
En la última parte, la Idolatría y Baal, incapaces de vencer por la fuerza a un pueblo asistido por Dios, deciden corromperlo por medio del engaño y del placer. En los campos de Moab, Corbí y otras mujeres madianitas salen al encuentro de Israel con músicas, halagos y promesas de descanso, buscando que los hebreos adoren a Belfegor y rompan su fidelidad. Una parte del pueblo vacila, y Zambrí, seducido por Corbí, se convierte en ejemplo principal de esa caída, arrastrando tras de sí a otros israelitas. Moisés y Aarón intentan detener el desorden, pero es Finés, movido por su celo religioso, quien ejecuta el castigo y mata a Zambrí en el momento de su sacrilegio. El desenlace subraya así que los auxilios divinos recibidos en el camino no aprovechan de igual modo a todos: el mismo viático puede ser vida o condena según la disposición moral de quien lo recibe. Por eso la obra concluye reuniendo el cordero, el agua, el madero, el maná y la penitencia en una interpretación sacramental unitaria, centrada en la Eucaristía como pan vivo bajado del cielo y como verdadero viático para el tránsito del hombre.
Figura central de la acción bíblica, libertador de Israel y mediador de los mandatos divinos; instituye la cena del cordero, guía al pueblo por el desierto y explica el sentido de los prodigios.
Personificación alegórica del culto falso; observa con temor los misterios de Israel e intenta después perder al pueblo mediante engaños y seducciones.
Figura demoníaca vinculada a la idolatría egipcia y pagana; dialoga con Idolatría, interpreta los hechos desde el bando enemigo y traza la estrategia para corromper a los hebreos.
Israelita fiel, presentado como figura de confianza en Dios; contrasta con Zambrí y culmina la acción castigando su sacrilegio con un gesto de celo religioso.
Israelita principal en la caída final; seducido por Corbí y por el culto idolátrico, se convierte en ejemplo del mal uso del viático y de la infidelidad del pueblo.
Hermano y colaborador de Moisés, asociado a la conducción religiosa de Israel y a la explicación litúrgica de la Pascua y de los alimentos rituales.
Hermana de Moisés, acompaña la alabanza del pueblo tras el paso del mar y participa en la dimensión coral y celebrativa de la comunidad salvada.
Madianita de elevada condición, instrumento principal de la seducción idolátrica en Moab; atrae a Zambrí y favorece la apostasía de parte de Israel.
Personaje de tono más bajo y a veces cómico, cercano a los hebreos; formula preguntas sobre la cena y ayuda a hacer explícito el sentido doctrinal de la acción.
Monarca de Egipto y antagonista histórico del pueblo hebreo; su dureza provoca las plagas, la Pascua y la persecución frustrada en el mar, aunque no domina la escena final.
Marco inicial de la opresión de Israel, de las plagas y de la institución de la Pascua; representa la esclavitud de la que el pueblo es liberado.
Espacio decisivo de la noche pascual, donde se celebra la cena ritual y se manifiesta la protección divina frente al castigo que cae sobre Egipto.
Ámbito principal del tránsito de Israel tras la salida de Egipto; en él se desarrollan las pruebas, las murmuraciones del pueblo y los auxilios divinos.
Lugar del gran paso milagroso que salva a los hebreos y destruye al ejército egipcio, convirtiéndose en punto de ruptura definitiva con la servidumbre anterior.
Estaciones del camino desértico en las que el pueblo experimenta sed, hambre y descontento; allí se producen el milagro del agua endulzada y la preparación para el don del maná.
Espacio concreto de la crisis de la sed, transformado por el madero arrojado por Moisés y cargado de sentido simbólico en la obra.
Territorio al que llega Israel al final y donde se organiza la tentación idolátrica mediante recibimientos festivos, mujeres paganas y culto a Belfegor.
Espacio de la prevaricación final de Zambrí y de otros israelitas; allí se consuma el sacrilegio y tiene lugar la intervención punitiva de Finés.
La obra presenta el cordero pascual como figura del alimento sagrado que prepara al hombre para el tránsito, y culmina identificándolo con el pan vivo del gran Sacramento.
La salida de Egipto estructura la acción como paso de la servidumbre a la libertad, tanto en el plano histórico del pueblo de Israel como en el moral y espiritual sugerido por el auto.
El conflicto principal enfrenta la obediencia al Dios de Israel con los cultos falsos representados por Baal, Belfegor, Corbí e Idolatría, especialmente en la tentación de Moab.
Los mismos dones sagrados benefician a los fieles y perjudican a los culpables, idea repetida al final para mostrar que no basta recibir el viático si falta la disposición recta.
El pan ácimo y las lechugas amargas se explican como signos de penitencia y de disposición interior necesaria para acercarse dignamente al cordero.
La peregrinación entre pruebas, murmuraciones y milagros muestra la fragilidad de Israel y la continua providencia de Dios mediante agua, nube, fuego y maná.
Desde la muerte de los primogénitos hasta el perdón implorado tras el pecado de Zambrí, la obra insiste en que Dios castiga el mal pero también protege, guía y se apiada de su pueblo.
Los episodios del cordero, las aguas, el madero y el maná se enlazan como figuras que, según la propia obra, anuncian realidades sacramentales futuras de la fe cristiana.