Don Juan de Mendoza
Caballero cristiano y sobrino del marqués de Santillana; huye con doña Elvira, busca amparo en Granada, sufre prisión y persecución, y protagoniza los rescates finales.
Lope de Vega Carpio
Date de publication du résumé: 18 juin 2026
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Citation suggérée
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En tiempo de la frontera entre Castilla y Granada, don Juan de Mendoza huye con doña Elvira de Vivero, disfrazada de paje, y ambos buscan refugio en la Alhambra de Mahomad, donde el amor del rey por la dama desencadena prisiones, engaños y separaciones. Gran parte de la acción transcurre en Granada, sus torres, jardines y palacios, mientras Jazimín Bencerraje protege noblemente a don Juan, salva su vida y media entre la fidelidad amorosa, el honor y el abuso del poder real. La trama se resuelve entre Granada, Dinadámar e Iznatorafe, cuando se rescata a Elvira y a Daraja, se aclaran los equívocos ante Fernando e Isabel y quedan premiadas la amistad entre cristiano y moro, la constancia amorosa y la defensa del honor.
La acción comienza en el ámbito cortesano castellano, cuando doña Elvira de Vivero huye de palacio disfrazada de paje junto a don Juan de Mendoza, con quien mantiene una relación amorosa y proyecto de matrimonio. Los sorprende don Luis de Vivero, tío de Elvira, que, aunque advierte la gravedad del caso, decide favorecer la huida por amistad con la casa de Mendoza y les aconseja marchar a Granada, donde podrán ampararse sin dejar de guardar el honor. Ya en la corte granadina, presidida por Mahomad y la reina Fátima, comparecen también Jazimín y su esposa Daraja. Don Juan y Elvira llegan aún disfrazados, y el rey moro los recibe con gran honra; sin embargo, pronto sospecha que el supuesto paje es en realidad una mujer. La sospecha se confirma con una carta del rey Fernando dirigida a la frontera, en la que se ordena prender a don Juan y a doña Elvira si llegan a Granada. Mahomad manda arrestarlos, pese a la oposición de Jazimín, que recuerda que un rey debe proteger a quien ha llegado a su amparo. Desde ese momento, el deseo del rey por Elvira y la tensión entre hospitalidad, poder y pasión quedan planteados como núcleo del conflicto.
Mahomad se deja arrastrar por su deseo de poseer a doña Elvira y ordena separarla de don Juan. Aunque en un primer momento manda matar a este, Jazimín, fiel a su palabra y a la nobleza de los Abencerrajes, decide salvarlo en secreto: le proporciona un disfraz de moro, le facilita la huida de Granada con ayuda de Zulema y hace creer que ha muerto. Elvira, prisionera, resiste las pretensiones del rey y mantiene su lealtad a don Juan, mientras Mahomad descuida el gobierno de Granada por su pasión. En la segunda jornada, esta desordenada situación política se hace visible: los cortesanos lamentan que el rey no atienda a la guerra ni al reino, y Jazimín asume buena parte del gobierno. Gracias a los manejos de Jazimín y Zulema, don Juan y Elvira consiguen comunicarse por cartas, aunque un intercambio equivocado provoca que don Juan crea, por un tiempo, que Elvira le ha sido infiel y se ha entregado al rey. El malentendido se aclara cuando don Juan, oculto aún en territorio fronterizo, vuelve a encontrarse con Elvira y con Jazimín, que le demuestra su lealtad. Paralelamente, una incursión cristiana dirigida por Sancho de Cárdenas captura a Daraja, esposa de Jazimín, en Dinadámar, lo que introduce un nuevo motivo de conflicto y venganza cruzada entre cristianos y moros.
En la tercera jornada, el problema de Daraja y el de Elvira se entrelazan. Don Luis de Vivero acude a Granada para pedir a su sobrina a cambio de Daraja, pero Mahomad, cegado por su deseo, rechaza el trato. Jazimín, en cambio, persevera en su amistad con don Juan y urde un plan decisivo: facilita que este entre secretamente en las torres Bermejas, donde Elvira está encerrada, y la saque disfrazada de moro. Mientras tanto, don Juan, con ayuda de Zulema y aprovechando la captura de Daraja por los cristianos, trama otra estratagema para rescatar a la esposa de Jazimín en Iznatorafe, fingiendo venir con orden de entrega. La artimaña tiene éxito, y Daraja es recuperada. El desenlace se traslada al campo cristiano ante Fernando e Isabel: allí comparecen Daraja, Jazimín, don Juan y Elvira, se esclarecen los engaños y se reconoce la excepcional amistad entre el caballero cristiano y el hidalgo moro. Don Juan obtiene el perdón por haber sacado a Elvira, don Luis acepta el matrimonio al haber sido ella rescatada y restituida con honra, y Jazimín y Daraja deciden bautizarse para poder casarse cristianamente, junto con Zulema. La comedia concluye así con la restauración del honor, la recompensa de la lealtad y una resolución conciliadora entre enemigos de distinta fe.
Caballero cristiano y sobrino del marqués de Santillana; huye con doña Elvira, busca amparo en Granada, sufre prisión y persecución, y protagoniza los rescates finales.
Noble moro, cuñado del rey Mahomad y esposo de Daraja; es el gran mediador de la obra, protege a don Juan, salva su vida y encarna la amistad noble entre enemigos de distinta fe.
Dama cristiana, sobrina de don Luis de Vivero; huye de palacio con don Juan, resiste las pretensiones de Mahomad y mantiene su fidelidad amorosa y su defensa del honor.
Rey de Granada; acoge primero a don Juan, pero después, enamorado de Elvira, abusa de su poder, la mantiene presa y descuida el gobierno del reino.
Esposa de Jazimín; representa un modelo de mujer noble y fiel, y su captura por los cristianos desencadena parte esencial del desenlace.
Tío de doña Elvira; al principio facilita prudentemente la huida de los amantes y después procura recuperarla por vía diplomática ante Granada y ante los Reyes Católicos.
Criado moro de gran importancia práctica en la intriga; ayuda a don Juan a escapar, lleva cartas y participa en los engaños que permiten los rescates.
Alcaide cristiano de Iznatorafe; captura a Daraja y luego es engañado por la estratagema organizada para liberarla.
Reina de Granada y hermana de Jazimín, según se infiere del tratamiento familiar; presencia y comenta la acción cortesana y participa en la acogida inicial de los cristianos.
Rey de Castilla; su autoridad pesa sobre toda la acción fronteriza y en el desenlace ofrece el marco de justicia y perdón final junto con Isabel.
Espacio central de la obra; allí se refugian los protagonistas, se desarrolla el conflicto con Mahomad y se manifiestan tanto el esplendor cortesano como el desorden político.
Residencia regia y lugar de acogida, sospecha, prisión y deseo; concentra la relación entre hospitalidad cortesana y abuso de poder del rey moro.
Lugar de reclusión de doña Elvira en la tercera jornada y escenario del plan secreto con que don Juan consigue sacarla de Granada.
Espacios de recreo y salida de la corte granadina; allí se produce la captura de Daraja por los cristianos, hecho decisivo para el nudo final.
Castillo fronterizo cristiano gobernado por Sancho de Cárdenas; es el lugar donde Daraja queda cautiva y donde se ejecuta el engaño para rescatarla.
Marco general de la acción bélica y amorosa; articula huidas, cautiverios, incursiones militares y la relación entre caballeros de religiones enfrentadas.
Procedencia de varios personajes cristianos y punto de referencia político desde el que actúan Fernando y don Luis de Vivero; su función es sobre todo contextual y diplomática.
La relación entre don Juan y Jazimín muestra una lealtad excepcional que supera la enemistad entre cristianos y moros y organiza buena parte de la acción.
La huida de Elvira, su resistencia ante Mahomad y los esfuerzos de don Juan y de su tío por restituirla se articulan constantemente en torno al honor.
Al amor fiel de don Juan y Elvira se opone la pasión posesiva de Mahomad, que intenta imponerse por fuerza y desencadena el conflicto principal.
Mahomad descuida la guerra y la administración de Granada por su pasión amorosa, lo que provoca críticas internas y facilita el avance cristiano.
La trama se basa en prisiones, disfraces, cartas equivocadas, suplantaciones y estratagemas que permiten salvar a los personajes cautivos.
La obra presenta un mundo de contacto continuo entre Castilla y Granada, donde conviven enfrentamiento militar, cortesía mutua y conversiones finales.
El desenlace otorga relevancia al bautismo de Jazimín, Daraja y Zulema, que sella una salida conciliadora y legitima el cierre de los conflictos.