à> Date de publication: 22 août 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Simón Mago castigado. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/simon-mago-castigado.
Simón Mago, castigado =
Comedia en 3 jornadas.
Leg.º 2.º
4-6
20
595
S 4 N.º 1.º Simón mago, castigado Nu. 1.º 6 42
Simón Mago castigado
San Pedro
Simón mago
Mozco
Clemente
Dionisio
Publio, criado
Nerón, emperador
Faburcio, cónsul
Aureliano, senador
Dorosinda, dama
Laurencia, dama
Asmodeo, demonio
Liberio, capitán
Tiburcio, criado de Faburcio
Ambaldo, criado de Aureliano
Claudios, dos
Cristo, nuestro señor
San Pablo
Jornada Primera. Salen San Pedro y Dorosinda, canta un gallo.
Prosigue, Pedro, tu historia.
No es mucho que un gallo estorbe
a mi pretensión.
Pues de gallos
te turbas.
Siendo sus voces
que mis entrañas penetran.
Prosigue.
Di.
Oye.
Fuese al huerto aquel cordero,
amansador de leones,
para orar, acompañado
de sus discípulos doce;
escogió a tres, Juan y Diego,
y del que no merece nombre
de Pedro, que, aunque tan malo,
entre los tres le escogió,
y apartándose algún poco
de nosotros, con sudores
mortales oró tres veces,
sangre derramando noble,
en la humilde y rica tierra,
gloriosa de verse entonces
honrada con tal tesoro;
y como tal viéndole,
después que primera vez
su sudor creció al doble
su angustia, congoja y pena,
y muy lleno de aflicciones
nos visitó, y nos halló
durmiendo, que el sueño rompe
con el amor muchas veces
ya que a amarle obliga al hombre.
Despertónos con fervor,
y a mí con voz dolorosa,
diciéndome: "Simón, ¿duermes?
¿No pudisteis esta noche
una hora velar conmigo?"
Mas, dejando esto, que ponen
varias cosas de importancia
a mi amarga obligación,
vino el discípulo vil
que te he dicho, de traidores
origen, principio y fuente,
y cual otro Sinón conformes
con mucha gente de guerra,
cuyos viles corazones,
apoderados de envidia,
llenos de alquitrán y azufre,
daban incendio al deseo;
y, soberbios y feroces,
rabiosos y endemoniados,
entraron al huerto, adonde
estaba el cordero sacro;
y, voluntario, salióles
a recibir, preguntando:
"¿A quién buscáis?" Y ellos, torpes,
"A Jesús de Nazareno,"
dijeron. Y dijo entonces:
"Yo soy," y con esta voz,
cosa extraña, derribóles
en tierra, mas prosiguiendo
sus dañadas intenciones,
y les dejó le prender;
y el falso Judas llegóse,
y dando beso de paz,
con paz en guerra le envuelve,
motivo para decirse en suma:
su grave pasión, que entonces
puede convertirse entera;
jamás se vieron rigores,
ni más extraños tormentos;
que dando lugar al golpe,
se congregaron los males:
incomprensible volición
que Cristo, de vituperios,
de escarnios, mofas, baldones,
de Anás llevado a Caifás,
y de Pilatos a Herodes;
y puesto en la coluna humilde,
cansándose los sayones,
sufrió con paciencia inmensa
más de cinco mil azotes;
una corona de espinas
el celebro traspasóles,
dando lugar a sus burlas,
desatinos y furores;
y vestido como loco,
le adoraban los burlones.
Poniendo en la mano cañas
al que es criador de robres
sobre los débiles hombros
de sangre esmaltados noble
pusieron la cruz pesada
y a llevarla aligérose
mas faltándole las fuerzas
otro Simón ayudóle
diferente de este mago
que hoy a Roma descompone
finalmente en una cruz
murió puesto entre ladrones
cielo compendio de males
y epílogo de dolores
mira Dorosinda bella
si es justo que me aficione
de aquel que murió de amor
y muera por él de amores
mira si concurren causas
para que yo me enamore
de este Rey enamorado
digno de inmensos loores
pena que las piedras duras
tuvieron porque se asombren
los judíos, sin sentimiento
el sol dorado eclipsóse
rompióse el velo del templo
y con todo esto no rompen
los velos de su vergüenza
los incorregibles hombres
quién hay de entrañas de tigre
que si pondera el desorden
de esta canalla maligna
y por Cristo tantas razones
para amarle y veneralle
con aquellos no se enoje
y confiese ser un ciego
dando guerras y disensiones
yo te ruego Dorosinda
así le mires y goces
en eternidad de siglos
así de laurel corones
celestial, aquestas sienes
que no adores tantos dioses
que mis consejos adviertas
buena doctrina no arrojes
lo fingido y falso dejes
lo bueno y seguro tomes
el corazón rectifiques
el perdido tiempo cobres
afectos en el alma bordes
el vicio del alma borres
en lo bueno te reformes
a caridad te provoques
gustos sensuales desveles
el cuerpo indómito domes
a nerones mil no temas
que las mayores traiciones
no pueden quitar al alma
aquel sempiterno bosque
salir de un Reino donde tantos
juntos pecan por ser conformes
al gusto del enemigo
y a tantos dioses destrompes
mira que son los placeres
inconstantes y veloces
transitorios y caducos
no te engañen no te estorben
no te embaracen el cielo
no te caigas no te postres
no te dejes encantar
que es gran lástima que llores
eternamente los daños
si mueres dura e inmóvil
considera que mujeres
que hay fuego que corresponde
a los vasos de lujuria
tormentos de pasiones
que los viciosos y malos
males que sembraron cogen
pues los cautivos de amores
paren de infierno dolores
que el premio que en su reino
Lucifer les propone
y que a muchos en corte cortos
en su corte les da corte
que alas batieron al aire
desbarata el aire las torres
y beben eterno viento
los locos camaleones
este siempre incorregible
este desorden de orden
tragando veneno envuelto
sin pensar ahogarse
a la muerte celadora
de lascivias presunciones
antes de apagar su sed
a matalla anticípase
que los cabellos dorados
de infinitos absalones
por tener en el aire
en el aire el fin les pone
que a sus dulces amargos
paren pecados atroces
que al mozo en flor le marchitan
la gala, la vida en flores
y al soberbio y empinado
le deja humillado y pobre
postrando de Babilonia
las entronizadas torres
por tanto mi Dorosinda
mi santo celo conoce
y perdona si te digo
que sigues amando Simones
deja a Simón, deja el ciego
no pierdas las ocasiones
de aprovecharte del tiempo
que huye y sin sentir corre
déjales vanos dioses
y a aquel Señor reconoce
por Dios, que en la cruz humilde
Mis desvelos, ostentaciones
al encantador Simón,
a quien ayuda y socorre
Nerón, favorece y ama,
y le cuenta entre los dioses:
no le escuches, no le trates,
que en el alma mil legiones
tiene de demonios viles,
y los fines desconoce
de su rematada vida;
que yo prometo, aunque corte
Nerón mi cabeza, luego
dar muchas sutiles facciones,
de sus embustes, y encantos,
de sus enredos, y errores,
que no es bien que esta serpiente
con venenos y ficciones
mil ciudades envenene,
y agora a Roma emponzoñe.
Y pues abrasa mil Troyas,
con cautelas y invenciones,
no es Simón, sino Sinón,
traidor, disimulado y doble:
desterradle de Roma,
donde la bestia diforme,
con los profanos alientos,
maliciosas presunciones,
y del demonio con engaños,
de que es la sabandija el Norte,
al encantador soberbio,
con encantar, encantole,
humillose por el suelo
su gravedad y inclinaciones,
allanando por la tierra
de su gravedad los montes:
que dentro de su alcázar,
donde tres mil escuadrones
de fuertes, que siempre el flaco
se pinta rinoceronte,
con disimulados visajes,
el vil demonio, que note,
y con crecientes de culpas
al infierno aumente.
Tú, pues, Dorosinda hermosa,
el recto camino escoge
ahora por Dios Cristo,
y huye de tantos soles,
que no alumbran en su presencia,
sino ciegos encantadores,
que cual sirenas te encantan,
y en salud con tiempo ponte;
deja la gentilidad,
y os requiero que conformes
con los dioses, que inventaron
dioses, a los cuales diste
pena eterna en el infierno.
por ser feroces dragones,
hombres, y algunos sin nombre,
y grandes sus renombres;
bajan al centro de los avernos,
que con prisión de bronce,
Sirven al eterno fuego,
y cual viles galeotes,
con remos de desesperanza ,
reman, gimen, penan, vocean,
y no matan su comida ,
cantando siempre canciones
tristes, fieras y amargas;
aunque en el mundo les hubieren
dado a Dorosinda, son
sus dioses; sus galardones
tienen de riqueza en penas;
por ser en verdad tan pobres.
Y si fueron en el mundo
grandes, del oro adoradores,
tan fuera del oro están,
que apenas alcanzan cobres;
y les dan, porque fundaron,
siendo del mal cazadores,
torres de viento en el aire,
en infierno torreones,
tan fuertes, que no es posible
que salgan; porque les sobre,
sobre los vientos, la pena,
y con vida larga asisten.
Y ordenó el Supremo Rey,
que su ofensa y dolor de
sus pecados, ya paguen,
alcancen de gloria nones;
y que los dioses fingidos,
y sus trances, y aduladores,
y guerreros que derraman sangre,
sanguinolentos, no acoge
en las moradas de gloria,
sino en eternas prisiones.
Vente, pues, mujer, conmigo,
no adores ídolo torpe,
que yace en infierno.
Júpiter, Saturno, y mil,
o por decir cien millones
de los dioses que adoráis,
solo fueron defensores
de la vana gente ingrata,
precipitada y deforme.
Y enemiga de sus cuerpos,
aquel que viera, viento móvil,
y donde al gusto mil horas
desconoce todas veloces;
por tanto, es bien, Dorosinda,
que dejando confusiones,
a seguir el bien disponte;
que me holgaré que, trocada
de tu insana locura, cobres;
lágrimas derrames, dirijas
y el alma consagre, y seas
esposa del Dios verdadero;
y es grande deshonra de hombres
ser loadores de poco,
y por lo largo, aduladores.
Y yo, por bien parecerlo,
aunque importa que te exhorte...
Mas de largo, callar quiero
y te ruego me perdones
que cuando atiendo mi celo
y revuelvo los bigotes
me holgare no a darte cortas
a tan largas persuasiones
¡Oh, Pedro!, pues me ofreces cierta
nueva deidad, y no es razón
siendo tu ley la mas casta
que cierre en el corazón
jamás probada, la puerta
que ese señor que predicas
tanta mudanza me inclina
y cuando mi bien suplicas
con palabras medecinas
a mi enfermedad aplicas
no quiero vivir en guerra
teniendo en el mal desuelo
que grande imprudencia encierra
quien por cosas de la tierra
deja las cosas del cielo
Buscaré eternas coronas
por repentinas suertes
que siendo bueno me abonas
me truecas y me conviertes
me enciendes y me aficionas
De mí que blandad me sacas
mi vana locura secas
das al veneno triacas
mis incendios torpes truecas
y intensas llamas aplacas
ya yo prometo, deseo
desvistiendo la riqueza
y desterrando el placer
continua fortaleza
contraria al ser de mujer
mi laberinto derechas
Cejas, sembrando provecho
y obras arrancando malas
que con tus palabras solas
ya me traspasan el pecho
pues justa y altiva revista
ponme ya Pedro en tu lista
porque en adorar a Cristo.
y celestes indias conquisto
y moriré en la conquista
que el alma piadosa y rica
me enamora y alimenta
cuerda me vuelve de loca
me fortifica y alienta
inspira mueve y provoca
dejare al falso meson
a que solicite enojos
y se embravezca león
poniendo en Cristo los ojos
y en su rabia el corazón
y aunque me tome venganza
y impiedades administre
he de vencer sin mudanza
blandiendo la fuerte lanza
varonilmente en el ristre
y dar pavorosos asombros
trocando naturalezas
Así con rara fiereza
de mujeres flacas vieres
fortalezas de varones
seré de Dios vivo templo
que tan otra me contemplo
que nuevo renombre obres
en el ganar santas obras
que, a la manera de mi ejemplo,
esta luz a mis sentidos
en vanidad ocupados
y en jugueytos embebidos
en dormir aprovechados
sin aprovechar dormidos
y aun nuevas alas quiero
poniendo noche al lucero
de tus rayos refulgentes
dejo dioses aparentes
y volare al verdadero
que con tus palabras solas
ya divino ser me encumbras
estorbos del mal asolas
con un crisol me acrisolas
y con tu lumbre me alumbras
Tanto en los contentos creces
apenas palabras me gozo
cuando escucharte ofreces
que ya viejo me remozo
que ya seco reverdeces
¡Oh, mujer!, si bien supieses
cuánto me haces que abraces
tripudios y en vicios ases
por la cruz y ricas paces
la cristiana ley profeses
gracias al cielo le doy
que eres divina de humana
glorioso y ufano estoy
cuando me prometes hoy
las armas de mañana
a defenderte me obligo
alienta sus esperanzas
que estando Cristo contigo
poco podrán asechanzas
del envidioso enemigo
que el mortífero veneno
del vil contrario no ofende
a quien es de veras bueno
que solo el diablo le vende
al que está del diablo lleno
que si en Cristo te rearmas
y a nueva vida reformas
te dará el cielo armas
que tú en Dios te conformas
su gran discreción confirmas
que es tan liberal y llano
que inmensa riqueza ofreces
para alzar ese humano
al negro etíope enblanqueces
y al cerbero dejas en laces !
y así, conversa, te ruego
que no le dejes cegar
a traves del camino ciego
que aún no siempre ha de acertar
suele despertar el fuego
tu buena mudanza alabo
que es justa razón que ceses
de admirar artes y setas,
que por quitarte los enojos,
gusté de verme esclavo.
Huye del mago Simón,
que en sus pecados se baña,
y con barata ficción
mil corazones engaña
con doblado corazón;
y a Nerón, aunque me quite
la cabeza, le diré
que a desterralle se apreste,
que no es bien que en Roma esté
tanto daño y tanta peste.
Entran Marco, Clemente y Dionisio.
Mucho le ayuda el demonio
a este mago y hechicero.
No dudes.
Su vida, infiero
que da de tal testimonio.
¡Oh, Pedro, oh sacro lucero
que con rayos refulgentes
hombre con tanto alcance
de sol salido en oriente!
Marco, Dionisio y Clemente,
evitad las alabanzas;
¿cómo os va con el oficio
de predicar?
Bien nos fuera
si, haciendo al diablo servicio,
Simón mago no estuviera
en Roma. Que ya su ruina
y desvergüenza notable
nos amenaza muerte terrible,
por su vida abominable
que es un mal intolerable,
ser un hombre incorregible;
el templar su desconcierto
es imposible, que al cabo
de toda virtud desierto,
en todos los vicios vivo,
dormido al bien y despierto
a su inclinación proterva,
contra Dios se descomide,
nueva ponzoña fragua,
cualquiera bondad despide
y cualquiera maldad conserva;
y así sus daños abraza,
sin freno se amenaza,
y solicitando el robo,
mil ovejas este lobo
con sus dientes despedaza;
y es muy justo, pues no es justo
sino un hombre despeñado,
y se pinta tan robusto
siendo flaco y arrojado,
esclavo vil de su gusto,
que instruye los corazones,
cuando a formarse endereza
enredos y encantos varios,
y a mil sangrientas manos,
en su arrogante anhelo,
que es razón, Pedro, que luego
temples su arrojo profano,
y oficiado soberbio y ciego,
y a todos dice que es Dios.
Y abraza a todos su fuego
en el Tiber en dos puentes
ay un letrero que responde
que le conozcan las gentes
que dice: Simón, Dios santo,
que con tretas diferentes
y embustes nuevos a todos
tiene de seso privados
y encenagados en lodos.
De mirarse encenagados,
ha sido su malicia muda,
y esto es causa que no crezcan.
El aviso en él, dormido,
y no es mucho que carezcan
del asenso, y se desvanezcan.
El loco desvanecido
hace milagros fingidos
contra su Nombre Católico
y adormece los sentidos,
y a mil hombres bestializa
que a su doctrina vendidos,
y dando rienda a su mal,
vuelto bruto irracional,
y en todo su rigor inico,
perder a Cristo solicita;
enemigo capital,
que ayudado de Nerón,
cuya crueldad inhumana
pone a Roma confusión
heréticas y paganas,
y dilata su indignación,
que por ser tan pertinaz,
la guerra en el alma encierra,
y es de la paz incapaz,
tiene con guerreros paz,
y con pacíficos guerra,
y olvidado de sí mismo,
cayó en su profundo abismo,
y encantado con su encanto,
pensando ser Justo, y santo,
aborrece al cristianismo,
y no poniendo remedio,
pues tampoco su ser doma,
y anula cualquiera medio
de quitar luego a Roma
esta cizaña de en medio
crecerá desesperado;
y apenas habrá personas
que siga a Cristo de grado,
porque un hombre apasionado
induce hombres inficionados.
Hoy ha cobrado renombre,
que no se yo de que suerte,
se ha resucitado un hombre;
ha fingido que la muerte
de sus portentos se asombre.
Haga que tiemble el profundo,
dando velas a mi celo,
si en mis castigos me fundo,
que me reconozca el cielo
y que me venere el mundo.
Haré que el sol luz no dé
y nocturnos vuelva,
si quiero sus luces claras,
que imperios mil y fieras
estén debajo mi pie,
de aqueste vuelo arrogante,
soberbio, empinado y vano,
a Lucifer semejante,
quien apenas es enano
se hará temer por gigante,
que con palabras airadas
de sus entrañas deshechas
pone aunque al viento arrojadas
en mil plazas mil espadas,
en mil cobardes mil flechas,
y teniendo de su parte
al emperador Nerón,
que de suerte que hace león
y del feble hace manso,
pone en alto su cabeza
y sin mirar que es ceniza
quiere de Dios la grandeza;
sus errores por mi causa
ya a vengar se enderezan.
Que aquí Dios permita en Roma
que con fingidos encantos
ocasión de honra le toma,
que sus contentos en llanos
los vuelve en pena y daños.
Vamos luego, que si engaño
he de mostrar a Nerón,
ya verá presto su daño,
teniendo también razón
que es cosas de desengaño.
Corasinda, adiós, que yo os lo encargo.
Y confieso su fortaleza,
si a vuestro fuego me allego,
imposible le es oscuro
que deis luz con el ciego.
Vanse y queda Dorotea.
A puro amor liviano, torpe, incasto,
cautivo, esclavo, libre y deshonesto,
que ya mi corazón está dispuesto
al defecto y fino amor que da el casto;
mi honor se entibia, mi valor contrasto,
si al mundo sigo, y a mi mal me apresto,
dejar conviene pasatiempos presto,
que el ser de racional en que me gasto;
dejaré arrinconado el trato injusto,
que, eterno Rey, do con razón te quisto,
para parando en llanto el dulce gusto,
viendo tras dulce Abril amargo agosto,
y es bien que deje al diablo y siga a Cristo.
Vase, y salen Simón Mago y Asmodeo.
¿Qué es lo que temes, Simón?
Quien padece ha su deseo.
Que te alegres es razón.
¡Quién te da pena!
Asmodeo,
temo en aquesta ocasión
que a Corasinda importuna parezca
si viere que esta no hiciere
que eternice mis esperanzas.
Haré que anden a mis requisitos,
por mí se vean mudanzas,
de verte medrado vivo
y me aflige tu disgusto,
que yo en tu gusto me avivo,
ya soy esclavo y cautivo
de tu voluntad y gusto.
Sabrás, pues, que Pedro aquel
que es enemigo de entrambos,
el que mostró ser gallina
y turbado al canto del gallo,
el que con ánimo grande
y viéndose de mil cercado,
que, digno de estos sin la tarja,
cortó la oreja de Malco,
el que por tanto pecar
se fue trasformado en pescado,
según desecha la carne,
después que solicitó
mi perdición y mi daño,
y por sacarme los ojos
gusta de verse milano,
ha de persuadir mil necias
a razón y con encantos,
y con aparentes muestras
hacer que parezcan milagros;
y como Nerón (apenas
está de mí confiado)
en su presencia jamás
hice portentosas cosas,
podrá ver que mi probanza
se vaya presto acabando,
si no hicieres lo que agora
te diré.
Pero, ¿qué esclavo
no salva la diligencia,
el desvelo y el cuidado
con que procuro servirte?
Ya sé que siempre velando
me defiendes y me guardas,
que de ti mi remedio aguardo.
Advierte, pues, con portentos
este Pedro que he nombrado,
que le conoces muy bien,
muy indigno de mi enojo,
pues mil años me persigue
trayéndole a mis oídos
muchas veces con sermones
y con ejercicios varios;
con su ejemplo a penitencia
ha persuadido intentando,
ha perturbado una dama
que es angélico retrato,
a la que el sol no la envidia,
hace a su valor agravio,
porque las rojas mejillas
dan...
o son resplandecientes rayos
de tal modo que las lineas
quedan ciegas en mirallas.
es un octubre Florisinda
y Nerón está cebado
y por ella, que su soldado
ablanda al bronce, y al mármol
de tratarle algunas veces
tanto mal que ha resultado
que convencida y trocada
la gentilidad dejando
a algun maestro por lo externo
que negando los abrazos
a Nerón, que así lo confieso
desa deidad que enojado
imagina que es ufana
y le enfurece el pecho ingrato
aconsejada de Pedro
que con veras le ha rogado
que conserve castidad
vuelva los ecos vanos.
Pretendo pues que en su cuerpo
rica morada y palacio
muy digno de su persona
entres y con mil regalos
des guerra a su corazón
al fiero atormentando
sus entrañas que dan fuego
a carámbanos helados,
que viendo la ansia Nerón
que no goza lastimado
que procure su remedio.
Y yo entonces muy ufano,
muy presumido y soberbio,
muy arrogante y inchado,
mandaré que salgas luego,
y obediente a mi mandato
saldrás sin tardanza alguna,
disimulando el engaño,
que resultarán de aquí
dádivas que ofrecen largas
honras, premios y mercedes,
fama, privanza y aplauso,
porque viendo esto Nerón
quedará desengañado
y se cantará mi nombre
a los relevados orbes,
tendránme por hombre justo,
pacífico, probo y santo,
y hará cuanto yo ordenare
mi privanza asegurando.
Y Florisinda también
sabiendo que la he librado
del tormento que conviene
que le des extraordinario,
estimará mis consejos,
y volverá a las posadas
glorias dulces con Nerón,
olvidando a Pedro el calvo
y los cristianos impulsos,
dará riendas al regalo,
que en considerar que rostro
me enciendo, quemo y abraso,
y antes parando en ello,
de celos con ciegos salgo.
Y no me darás disgusto
si sus moradas allanando
mi fuego de Babilonias
en ella puedes apagallo,
esto mi deseo y te ruego,
te lo suplico y encargo
que procures mi vida.
yo procuraré procurallo
pondrélo luego por obra
tu gusto solicitando,
que yo entre penas peno
jamás descanso alcanzo,
quédate aquí que yo voy
a hacer lo que mandas.
a Dios,
con la dilación me enfuego.
no tendrás con diferillo
pena, que luego será.
mi sosiego está a tu cargo.
Vase. Asmodeo
Temo de la privanza nunca estable
un amargo vaivén, dolor terrible,
oh voltaria fortuna, no es posible
mirarte sosegada y inmutable;
el gozo trucaste en pesar notable
con los lloros revocas lo risible,
eres para mil ansias insufrible
incomportable, dura, intolerable;
o das estados a veces inflexibles
cuando prometes la bonanza al doble,
con muerte haciendo sellar las revolubles
al rico en ocasión dejas inmoble
que nunca es fingida, aleve y doble
que el nudo desatará indisolubles.
Entra el emperador Nerón, Fabricio y Aureliano
¡Oh, Simón, tan solo aquí
divirtiendo el pensamiento
la soledad escogí
el regocijo y contento
con veros se aumenta en mí,
y habiendo participado
las excelencias de Apolo
de tantas gracias dotado
no conviene que este solo
quien nos honra acompañado.
Sacra majestad soberana,
cuando tal favor escucho
mi humildad abatida
y aunque soy poco, oso mucho
el nuevo favor me anima.
vuestra fama Simon que en Roma luce
y con nuevos loores me persuade
a daros honra con renombre induce,
y a daros fama con razón me alienta
grande valor se esconde y introduce
en vos, digno sois de honra, mucho aguardo
de vuestras obras, y por santas toma
que causan mil desvelos a gran Roma
que con amor eterno inseparable
os amo, noble pecho,
varón facundo y de valor notable.
tendréis propicio y liberal mi pecho
que me muestro benigno y favorable
y a dignos de renombre y sospecho
que aun en ellos mi intento es estribar
y son la causa del contento vuestro
que el valor de un ingenio apasionado
que es digno de aplausos, aplauso ofrezco
no le niego amistad, doy le mi lado
su autoridad autorizo y engrandezco
y debe por mil causas a los honrados
verse atesorar honor, y no encarezco
vuestro merecimiento, y armas que
hoy venero por dioses, pues Dios os llama
que dicenme que mil veces dando el vuelo
a la suprema esfera do se encierra
Apolo, y Marte os remontáis al cielo
desamparando la emisferia áurea
por el estrago fiero que ay encierra
hacéis en los ejercicios de guerra
que sois el más soberbio, arrogante
y que a vuestro rayo penetrante
que desmembrais mil veces a los muertos
con grande imperio los volvéis a vida
que tiene en vuestro nombre aplausos y puertos
la nave de los cielos oprimida
por estos casos que me cuentan ciertos
y a ilustrar vuestro nombre me convida
mi grande celo pues honrando al mundo
os conoce por solo y sin segundo
yo gusto de Simón que en mi presencia
saque un armado del campo luminoso
poniendo bastante en la eminencia
hicierais algún caso prodigioso
de los casos que cuentan de su esfera
hacéis a todos hoy día glorioso
blasonen de Roma y es muy justo
pues que sabéis dar gusto, dadme gusto
A tu majestad me pone en alto
me levanta, sublima, y engrandece
y es forzoso que quede corto, y falto
según la obligación se alarga y crece
que de honor con el favor mi pecho esmalto
nuevo vigor jamás sentido ofreces
en este corazón que nuevo anhelo
mueve mi voluntad, y da al vuelo
tu majestad señale el tiempo, cuando
no igualando los hechos a mis intentos
mi grande celo y voluntad premiando
que soy tan corto a las larguezas, siendo
quiere otra vez el cielo ir volando
con nuevas alas del ligero viento
a quien ser pasmo y asombro de lo que
ofende mi vida y afrenta me emplea
quien viene de los dioses recibiendo
tanto caudal, y les venera, y honra
por lo que al ser amas, y al atrevido
dando a quien no les honra gran deshonra
quien solícito siempre ha pretendido
vuestra estimación, su gloria nombre y honra
informa obrando su valor dichoso
que a quien Apolo, y Marte tan mal le trata
quien a los cristianos y su amor persigue
y en sombras vana, y fiereza andado
por seguir a quien le persigue
Dios de deidades, que es eclipsado
quien hace a todos que su ruina obligue
a ser de todos con razón honrado
estima, y ama a todos de mil modos
merece estimación y amor de todos
agravio grande os hace el ciego y rudo
que saca a plaza su imprudencia toda
pues con mayor respeto puede el mundo
hacerse con silencio cuerdo y sabio
que el mayor cicerón que puede dudo
soldar hablando el recibido agravio
y el gran merecimiento nos provoca
a decir desvergüenzas de su boca
todo el vulgo hoy estima y es muy ciego
pues obras portentosas y señales
nos dais de merecer el nombre augusto
siendo célebres, raros desiguales
seguir en todo vuestro intento y gusto
y en láminas de bronce ya inmortales
ver hoy a vos memorias que eternizas
Roma, y sus grandezas, y autorizas
Entra Tiberio
Noble emperador de Roma
perdona si nuevas traigo
que han de causarte disgusto
Dorotea está en palacio
rabiosa, y endemoniada
que no sé quién ha causado
en ella tal accidente
Dorotea, oh cielo santo
si el alma tengo en la suya
cómo con ella no rabio
cómo conservo la vida
sin ir a pesarme sus daños
Fabio venga a mi presencia
no te aflijas que a mi cargo
tomo hacer que el enemigo
como cometa volando
desampare su belleza
y habite en lugares aptos
de su deforme figura
si mi sosiego y descanso
en que ella le tenga estriba
qué hago yo Simón que aguardo
si de su pasión dependo
caí semimuerto privado
es posible que el demonio
sin respecto de los rayos
de esta divina hermosura
pudo soberbio, y osado
atreverse a dar tormento
a un serafín, un milagro
un asombro de belleza
mucho lo siente
está edificado
está por ella, ya viene
Plega a Dios que el inhumano
de miralla endemoniada
no se vuelva endemoniado.
Yo pienso que no le falta
cosa alguna para estarlo.
Entran Aristarco y Tiburcio y Tiberio y Claudio asidos de Dorotea, que ha de dar grandes voces.
Cielos, tierra, fuego, mares,
estrellas, planetas, vientos,
no ceséis de atormentar
a quien procura tormentos
por tener uso en penar.
Días callados, Dios airado,
caed mil veces conmigo,
que tantos daños ha causado.
Soplad, venga fuego, fuego,
que todo el abismo se ha llegado.
No podemos entre todos
aplacalla.
¡Qué fuerza extraña!
Rayos pide.
En él se baña.
Haré probar de mil modos
a los demonios mi saña.
A vuestro largo poder
no es mucho que el cielo rinda.
Haré temblar y temer
al profundo.
¡Qué linda
que está, tan otra ayer!
¡Ay, rey, tan privado de seso,
fiera, arpía, hambrienta loba,
que de cuellos con exceso
la vida acortas!
Confieso
que la fiera parece loba.
¡Ay, peregrina hermosura!
ciego con mirarte, pierdo,
y mi locura asegura
el mirarte con locura.
Que no es posible ser cuerdo
mirando el sol eclipsado,
y tu raro entendimiento
del vil demonio ocupado.
Haré volar por el viento
a quien su daño ha causado.
Tente, a do vas, ¿qué escuchas?
¡Ay, duro mago!, que encantos
y engañando con edictos
tu fingido nombre ensalzas,
¿qué pretendes?, ¿qué codicias?,
¿qué solicitas?, ¿qué aguardas?
Para atormentar mi vida
penas y tormentos causas.
Presto el fuego riguroso
que me consume y abrasa
dará su fin merecido
a tus protervas entrañas,
que prometiéndote vida
cuando caricias alargas,
verás la arrogante muerte
deshacer tus arrogancias,
veloz a mostrar se apresta
la segadora guadaña.
Tú, que de setenta cortes
y de mil homicidios matas,
tú, que ciudades y tierras
riges, gobiernas y abarcas,
hará presto que te bañes
donde mi pecho se baña;
no imagines que es posible
que por tus encantos salgas,
que excusando tus embustes
mis rigores te amenazan.
Tú, que con gusto pretendes
emperador, cuando matas,
cuando mil cabezas cortas
y en homicidios descansas,
tus culpas repriman atroces
obras continuas, inhumanas,
que presto estarás conmigo
ardiendo en eternas llamas.
Eleva tu soberbia al cielo,
que esta razón grave ensanchas,
y con vanidad de gustos
el cuerpo glotón regalas
en lujuriosos colchones,
lozanías, y hacienda gastas,
acudiendo siempre al dote
de las importunas damas.
Lóbregas, eternas moradas
que es bien que acompañen penas
a quien en vida acompañas
por un pensamiento solo.
Desde las sillas más altas
al más profundo abismo
mi fortuna adversa baja,
y tú te ostentas tanto
que entre muchos te adelantan,
determinarte soberbio
en tu poder y privanzas.
Ya en el cielo tu sentencia
está sellada y firmada,
que tendrán sanguinolenta
tus sanguinos días pausa,
que yo vengo juntamente
con atormentar el alma
de esta dama, que en tu centro,
agora a notificalla.
¿Qué es lo que dice Asmodeo,
que sus palabras me espantan?
Mil tormentos pronostica,
y adversidades declara.
Agora es tiempo, Simón,
de dar blasón a la fama,
que os sube a suprema esfera.
¿Qué hago en lugar, para
el rigor del enemigo?
que le serán mis palabras
fuertes rayos y saetas
y aun apenas arrojadas
harán que salga volando
sin dilación ni tardanza
no es razón tener deudo
Simon, menos esperanzas
yo te mando fácil demonio
que al eterno fuego vayas
que a esa mujer no atormentes
y que luego al punto salgas
sin causarle daño alguno
no quiero salir que bastan
mis palabras a creer
que aquí tenga asiento y casas
mas dime qué pretendías
qué es esto que así me engañas
el vil demonio Asmodeo
muero de pesar y rabias
señor aqueste demonio
debe ser de mayor marca
y para sacarle importa
ejercitar la templanza
que muchos de ellos no salen
ni se expelen sin las armas
del ayuno y oración
o vil y infame canalla
Entra San Pedro
Noble emperador Nerón
de Marte en las guerras hijo
qué esperas amargo fin
de tus sabrosos principios
oye, escucha, atiende, advierte
a los venenosos silbos
de una enroscada serpiente
de un áspero basilisco
que vienes a eludir, que siempre
con engaños y artificios
mil corazones encanta
siendo de maldad abismo
este que imita entre sirenas
ásperos feroces libios
y que participando el ser
como de encantos mismos
es Simón a quien si negases
por dos milagros fingidos
por dios le venera Roma
siendo de su nombre indigno
yo te ruego que conozcas
que en su presencia lo digo
porque se avergüence y corra
desamparado del auxilio
del demonio a quien invoca
con aparentes indicios
milagros inventa falsos
falsos fabrica prodigios
y porque tengas noticia
que a decir verdad aspiro
y no conforman sus hechos
con sus arrogantes dichos
haz que traigan un difunto
y a quien le volviere vivo
toda licencia os ofrezco
la vida que había tenido
por verdadero en milagros
y por digno de castigo
a quien procura con engaños
siendo de Dios enemigo
con nombre de Dios en la tierra
mi riguroso cuchillo
probará tu atrevimiento
si no dieres testimonio
desto sacando al momento
de Dorosinda un demonio
que le da pena y tormento
y ya que vemos ocasión
si tantos bien te concedes
y libre de tal prisión
puedes mostrar hoy que puedes
lo que no pudo Simón
que pues te pintan tan fuerte
y ha venido tiempo advierte
si a su mal no dieses medio
de ver tu error en medio
de los filos de la muerte
que con tanta libertad
tú me ultrajes en mi presencia
basta
tu temeridad
pagará, y loca insolencia
no aprobando por verdad
tus palabras con tus obras
salir falso te has de ver
poniendo en ejecución
su remedio nombre cobras
vida nueva y opinión
quien tan preso pasará
Dorosinda tanto carga
afuera afuera ay de mí
temblando y las
suertes amargas
aparta aparta de mí
qué gran lástima provoca
del va huyendo
Claudia loca
llévame de aquí
enemigo
afuera salgas me obligo
y que enmudezca su boca
yo te mando que al momento
con este amargo tormento
sal y grande atrevimiento
sal que en nombre de Cristo
de esta mujer
mi tormento
pretende oh cielo airado
vencer la furia es fuerza
y es fuerza salir forzado
mas yo vengaré de grado
mis salidas de por fuerzas
sale
Sale el demonio y escóndese Dorotea.
Aquel demonio no es posible
volver a su senda, mas
así, con furia terrible,
ha asolado a Satanás
a su fuego irresistible.
Gracias debes dar al cielo,
que te dio la franca mano,
siendo instrumento mi celo,
que hizo tal obra.
Yo gano
cuando remontáis el vuelo,
con hazaña tal, la vida;
que el alma a la suya unida,
y de entero amor transportada,
con la suya es consorciada,
y sin la suya es perdida.
Yo podré de aquí adelante
acudir, Pedro, a palacio;
que no tenéis semejante,
y importa tratar despacio
con hombre tan importante
negocios de calidad;
que vos seáis muy justo
para saber la verdad,
pues estimo vuestro gusto,
y honro vuestra autoridad.
Y a resolver un misterio
pondré los altos que escribo,
y sabréis volver por vos.
De la boda, amor de dos,
he dado feliz suceso;
y si agora no he sacado,
el demonio lo ha causado
por estar ayuno, mas creo
que se sirve mi deseo
pues que justo está fundado;
y podré desengañarte
haciendo en aquesta suerte
de todas dudas quitarte,
y para quitarme es parte
huir de eterna la muerte,
que dentro de mí me consumo;
y tal a mis ojos veo
que se vuelve el pago en humo.
Húndese Dorotea en humo y sale el demonio Asmodeo.
Que te he de adorar presumo,
y a Pedro, animal de tierra;
otra virtud, y ya quedo
libre de tormentos y guerras;
grande santidad encierras.
Venceos,
que hoy a vos concedo,
aunque indigno pecador,
los grados que ha dado Cristo.
Huye, angustia; cesa, dolor;
y en el albedrío conquisto
varios tesoros de amor;
que en su gusto resbalado,
en conseguirle me desvelo,
por forzoso es el cuidado
de procurar su consuelo,
para quedar consolado.
Y a mí también me va bien;
yo agradezco
el desvelo que has tenido;
dale a Cristo a quien ofreces
el corazón y el sentido.
Sospecho atropellaredes
esta prisión singular,
no con tan grande hazaña,
que el cielo puede quedar
permanente en su lugar.
Dura
dentro del alma el pesar
que me despedaza oculto,
y desangradas mis venas
en un abismo de penas
me dan arena y sepulto.
Vanse todos y quedan Tiburcio, Aniceto y Claudia.
Gracias a Dios, oh Claudia, que mis ojos
tus ojos pueden ver, que son espejos
donde, a mirarme, yo voy de lejos,
de mi rara belleza los despojos;
que de mí amante soy, que tengo enojos
cuando, recapacitando, al ver reflejos
no tomas del amor dulces consejos,
jamás antojadiza a mis antojos.
Si no guardas tu cara para brazos,
dadte prisión amante, a que te abrazo;
y estimas que te quiere en hermosos lazos;
que según apeteces mis estragos,
haré que tengas presto tus halagos,
que se os face el pavo por los rastrojos.
Pues son mis ojos entendidos dellos,
pues varios rayos por resquicios echas,
pues cuanto más te miro con más flechas
me aseteas el corazón y mis cabellos;
para que mi dulce amor no me despaches,
y a que pues no desecho, me deseches,
por firme yo te ruego que te estreches,
si de luz de la luna no te empaches;
amo, pues yo te escucho, no me escuches,
como, pues me desmacho, no despaches;
ten mis angustias fieles si por dichos,
que excediendo en belleza y gracia apruebas;
tripas de los menudos y melcochas,
pues con perdón agrego mis salchichas.
Huélgome mucho de mirar los besos,
pero nunca miráis que me dais ascos;
dejad los ruegos de cursor los flascos,
que no os conviden a cenas en reyescos,
sosegad los suspiros, los gregüescos,
que sois los dos muy buenos cascos,
desde los zapatos hasta bascos,
que nunca me enamoro de peñascos;
son mateos los que buscan tales mateos,
son proseos los que buscan tales proseos,
y en bruscos los que buscan tales bruscos,
que siendo locos vanos necios sujetos,
cuando muy chamuscados cual ansarones,
tendréis muy imposibles mis chamuscos.
Cuando serafin te das,
sin alas para seraphin,
vencedor sangre y desdenes,
las verdugas del vestir,
porque quieres ser hermosa,
chofeta sirve sin fin.
Si me niegas el olor
de tu potranca nariz,
vos que salís de un mono,
envidia causa al abril.
¿Por qué me matas con rigor,
pudiéndome dar el sí?
eres mi bien, a mi gusto,
más sabrosa que el jazmín.
Y si esquivas en el alma
estrellas que yo te di,
¿por qué te espantas, dulzura,
y dejas por matachin
a quien procura matarse
por verte con vida a ti?
Pues si yo te estimo tanto
y busco tu galardón,
¿por qué me arrinconas a mí
en cuatro maravedís?
Ten lástima de este muerto
que perece más allí,
que los tesoros del mundo
el suelo de su chapín,
que de tal modo calzado
quiero su gusto seguir;
y a vueltas de verle faltas
gustoso me hallaréis.
Vuelve los divinos ojos,
estratagema y ardid,
por ablandar corazones,
para bajar bravezas,
para abrazar a los chirlos.
Y almas fuertes y albedríos,
y dueños, pues sabes
que soy artífice en perdiz,
no pretendas mis despojos,
si no quieres guerra y líos,
que si hablares mal a Claudia,
prometo por San Crispín
de rebanarte los sesos.
¿Qué dices, estantigua?
sin duda que soberbia,
y atrevida Filomena,
debe estar muy ocupada
del vino de su taberna.
Antes prometo mil veces
a darte muerte recibir,
antes que dejar a Claudia,
que su donaire gentil
por acuerdo con mi memoria,
y es por extremo feliz,
quien ama sus raras prendas.
Que a mí me priva de mí,
y siendo sus gracias unas,
enamora y prende a mil,
tu Claudia que nos escuchas.
Sácame de duda, di:
¿a quién amas de los dos?
no te precies de ruinas mías,
que hay muy poco que escoger,
porque de pesados sois,
y aprovechan a modorros,
sois siempre para mí
dos alanes y asnos desorejados,
ocasión de reír.
Dejad ya de perseguirme,
echando en faltas y advertid,
que para mozelones míos
y estoy tan codorniz.
Y a estos gallos graves,
más que yo he de engañar aquí tanto.
Que las torres de Babilonia y sus
arribas del presumir,
que quien apenas es ganso,
y de asno se haga neblí,
que hay con cuentos y razones
a la locura matriz,
y cargados de desdenes
imposibles proseguir,
pues de sus súplicas no curo,
que no me habéis de rendir
con los tesoros de Arabia,
ni todo el Potosí.
¿Eso dices, dueño mío?
¿Cómo he de olvidarme así?
Cautivos mis pensamientos
fueron principio de mi
gozo y gloria y consuelos,
pues estoy en infierno sin
tu vista angélica y bella.
¡Qué propia llaga, ay de mí!
si cruel olvido me pones,
me as de dejar morir.
Un daño irreparable me amenazas,
si dura en tu hermosura la fiereza,
abrásame el dolor y la tristeza,
pues tu belleza ingrata no me abrazas.
Vuélvome loco cuando voy a cazas,
cuando mas blando soy, dice durezas,
si es tu hueca y hinchada cabeza,
como voz de atambor y calabazas.
Mi fuego se convierte ya en cenizas,
advierte que tu cara me alboroza,
que en tu lámpara pienso ser lechuza,
que no habiendo piedad si amor me rechazas,
por fuerza perderé bazo y mozas,
pues ni dices mas por voluntades ajenas.
Vivid majaderos muchos años,
y nunca tengáis de leales obras buenas,
cargados de torozones y de venenos,
os den la muerte y os persigan daños.
Daréis a la polilla muchos paños,
si se los hiere el tiempo, y no pequeños
dolores tengáis, sirvaos de leñas,
ardéis en el amor buscando engaños,
no me animo a querer hoy desatinos.
Otro soldado el fin de las visiones
por un leon alcance por ay puños,
asi falte la tiña de los niños,
como te faltaren muchos rasguños,
que nunca haras moneda con mis cuños.
Vase Claudia
Aguarda, aguarda, ay Dios, que asi se escapa.
En mil fracasos mi fortuna topa.
No hay sastre que cortar pueda su ropa.
Es de los duendes un compas, mapa.
Porque procure daros gualdrapa,
mude de fabricar aquesta sopa.
Si por sus cocos burlas, todo es popa.
Si es mando sutileza, serle capa.
Merece que le den con una tripa.
Asiento grande su inchazon ocupa.
Que labrador ayuno en ella chupa.
Traga de los mayores que una tripa.
Mal haya quien la muerde y quien la chupa.
Muerome por las vuas de estas cepas.
Finis.
Sale Fabio solo
Confuso estoy, absorto y pensativo,
que adore un Dios, oiga Dioses tantos
de Atenas, me encantan mil encantos
en varias cosas, sin firmeza estribo,
no sé qué hacerme, aflige pesar esquivo,
mudo ando el que en pena goza en llantos
de Pedro importan los impulsos santos
seguir, a Cristo y a su ley cautivo;
conviene a solo un Dios, que es Dios de veras,
y seguir de la cruz el estandarte.
que yo con muchos Dioses me enemisto,
que es vano aquel que adora plata y oro,
a Juno, Venus, Neptuno, y Marte
y al sol olvido de justicia, Cristo.
Sale Aureliano
Vaya el demonio mi enemigo arredro
que seguir tantos dioses es locura
yo dejo el laberinto y espesura
de falsos dioses y con firme medro
los yerros de Atenas he dejado a Pedro
que a tantas almas alumbrar procura.
deje del falso bien la noche oscura
vuélvase cedro el levantado cedro
cesó el engaño, la tormenta y calmas,
lleno de gracia los gozosos senos,
dejando el alma enamorada y rica,
por Pedro tantos bienes alcanzan almas,
que el hombre bueno multiplica buenos
y el malo muchos males multiplica.
Sale Laurencia dama
Basto de Pedro el encendido celo
con que el camino de la gloria enseña
a deshacer el bronce, mármol, peña
hacer fuego la nieve, lumbre el hielo.
al deslumbrado luz, terreno cielo
al verde tronco, correosas leñas
y a las más secas rica miel despeña,
corta las alas, y deshace el vuelo
por el alcance, luz, y desengaño,
los corazones mil, y las de damas
pasiones necias del amor marchita
es piedra imán divina en sus amores,
y piedra imán de fieras, tierna brama,
y piedra imán divina, hierros quita.
Laurencia, y Aureliano,
¿cómo os va en el camino
de dejar el rito vano
de los dioses?
Es insano
quien anda a caza del viento
y de racional privado,
sin ver la luz en la cruz
quiere vivir deslumbrado.
Yo parezco que la luz
que la sombra ha entenebrado
ya dejo tiranos vanos,
y al enemigo resisto,
que es de necios buscar tiento
y sendas trocando humanos
y errores, con Pedro, a Cristo.
Ya con vara poderosa,
que va causándome enojos
mi antigua vida y noblezas,
y dominó los antojos
de mi pecho la dureza;
que la luz ya comunica
Pedro, medicina aplica
a mi grave enfermedad,
dando a los ojos claridad,
y mi pecho molifica.
y no es bien me muestre ingrata,
yo, que ciega, cuando oraba,
con tan soberanos medios
dar a mi salud remedios,
y mis enredos desata;
antes muy agradecida,
en su fe constante y fuerte,
sin que un bien nada me impida,
buscar temporal mi muerte,
por ganar eterna vida;
ya dentro a mi bien me exhorta,
y todos los miedos acorta,
que, para que me aligera
los sentidos y espera,
y el corazón me conforta,
que, abreviando la jornada,
por mis entrañas deseada,
quisiera, de amor prendada,
en mi pecho aguda espada,
en el alma, agudas flechas.
Yo también, Laurencia hermosa,
que hoy en el alma escribo
que se ha de ver envidiosa
su pecho de amor cautivo,
y de tus glorias gozosa
que aunque persiga Nerón,
pues vengo con Pedro, medro,
y digno de lauro y blasón
tengo de seguir a Pedro
y perseguir a Simón.
Imagino que valdrá
luego a cumplir el concierto.
Hombre que ya muerto está,
mal le dará vida al muerto.
Alguna ficción hará,
y algún aparente engaño,
por dar de su astucia asomo.
Ves, aumentando su daño,
quien sirve un año al demonio.
Demonio, al cabo del año.
Entran Nerón, Simón y Dorotea.
¡Oh, caballeros justos,
faltos en esta ocasión,
que abrió su pecho a un susto!
Vengamos, oh Nerón,
a ser siervos de tu gusto.
Veréis un raro portento
en Simón, que compró,
que de salir con su intento,
se aumenta el merecimiento,
cuanto en honrarle por yo.
Tu cesárea majestad
mis pensamientos anima,
y mueve mi voluntad;
mi poco caudal sublima,
y levanta mi humildad.
Tenéis tan grande opinión
de toda Roma, blasones,
y con sonoro blasón,
unos hacéis pregones,
que causan admiración.
Y con prodigios tan raros,
por muchas causas me muevo,
viendo avivarse alabanzas,
y siendo tal el honraros,
A pagar deudas que debo
a un cristiano vil, fingido,
quien dirá cuándo se vea
un monstruo con el vestido,
con vestidura de oveja,
que tiene el lobo escondido;
o encantador o hechicero
atreve a decir que es Dios,
que fingiéndote cordero,
vierte el veneno en él;
y con disfraz tercero,
mueve a Roma en mil embarazos.
Mal mi apetito se doma,
donde el demonio en lazos,
que asombro dejó a Roma,
quien se libró de sus abrazos,
a quien de asirlos se pone,
en las ocasiones y en el fuego,
a quemarse se dispone,
y el niño Cupido, y ciego,
almas cazó de su compás.
Y yo ansí buscando puerto,
pues de Nerón siempre dura,
del incendio y desconcierto,
hacer vida en el desierto,
adonde viva segura.
Y importa una resplendencia
poniendo en Dios mi cuidado,
por querer salvar conciencias,
y hacer grave penitencia
de los pecados pasados.
Descúbrese el difunto. Y entran Pedro, Marcos, Clemente y Dionisio.
Entran Tiburcio y Ambrosio llevando entre los dos un difunto amortajado, y Líbero dándoles priesa.
Pesadumbre, el grande exceso;
acabad de andar.
Es tan extraño su peso
que da corporal pesar.
Aguardad.
Que nos caemos.
Pregunto, hombre, llevalle, ¿cómo?
Si una aldea llevéis,
si pesa...
¡Qué peso, es plomo!
Más que plomo.
No es leve humano.
Jugando, mirad que aguarda
el emperador.
No tope.
Una legua ha de andar.
Antes que al puerto llegue.
Pudieran los dos albardar.
Dejad de afligirnos más.
Pues llevadle vos.
Yo, cierto.
Que nos matará acá atrás.
Que yo siento que en este muerto
va por carga Satanás.
La tardanza me incita.
A hundir párate, descarga.
Satanás, fiera infinita.
Por Dios, que si revivía,
que me ha de pagar la carga.
Ya, señor, en tu presencia
está el difunto.
Llamad
a Pedro, que por su ausencia
desluce su autoridad.
Gastada está mi paciencia.
Tu majestad me perdone,
que no ha sido mi tardanza
de mis temores indicio,
ni de mis promesas falta,
que ocurrió en esta ocasión
quitar de la boca un alma
del vil lobo Satanás,
y fue de mucha importancia
el ganarla para Dios,
y perderé por ganarla
mi propia vida, y si mal
mientras paso los embarazos.
Habrá disculpa a los abonos,
no hace la tardanza tanta,
que agora vino el difunto,
y dejad ya las palabras,
que den luego fruto las obras.
Mostróse la farsa
de este loco encantador,
y humillará su arrogancia.
Veremos sus embelesos
y ficciones en qué paran.
Es sirena, y el demonio
con sus encantos le encanta.
quien manda a su majestad
que comience
vuestra fama
podéis confirmar primero
para toda Roma os ensalce
y daréis nuevo renombre
a los pasados romanos
obedecerte es razón
príncipe de los moradores
eternos, que a vuestra deidad
esta, fundo mi esperanza
en que pues en todo tiempo
me favoreces y amparas
y con efeto te invoco
que os ruego que no salgan
con vacías mis pretensiones
y largas promesas falsas
Baal, Bercebu, mi causa
a vuestro poder remito
alentad mis fuerzas flacas
¿Cómo se llama el difunto?
Nuño Léntulo se llama.
Pues lentulo yo te mando
que vuelvas a vivir almas
luego al punto con el cuerpo
ya veo decirle tratas
y parece que menea
la cabeza
menea la cabeza
cosa extraña
da voces que no te entiende
Pues que los dioses me faltan
no debe importar que a una
y mis ruegos son livianos
si en el poder de los dioses
¡Oh, vil fortuna, mal hayas
quien estorba mis intentos
Si los dioses Simón causan
que resucitar no puedas
un dios a fijo que no aguarda
a Pedro a ver a Dios menor
y será igual la desgracia
Bastóle el nuevo león
su grave inclinación amansa
el no salir con su intento
le ha servido de cuartana
luego vi que sus hechizos
embustes y aire paraban
a quien no falto el demonio
el demonio le hace falta
será Nerón poco cuerdo
si el castigalle dilata
pues cuando engañar pretende
sus obras le desengañan
a quien mil pactos ofrece
no le obedece la parca
mostrad Pedro el gran valor
y prudencia que acompaña
a esa vida inculpable
y tan venerables canas
ya podéis empezar luego
(hablando con el difunto)
tan rara empresa
aun que todas
las graves dificultades
que trae el cielo las allano
Señor vuestro nombre invoco
y se que una palabra
es segura firme estable
y que en ningún tiempo engaña
haced que conozcan todos
el gran poder y eficacia
de vuestro Divino nombre
y requiriendo la victoria
que olviden el culto
de su engañosa idolatría
que corazones rebeldes
sabe mejor vuestra gracia
ablandar los bronces duros
y hacer rocas a los canos
a vuestra potencia hoy fío
mis ruegos y mi esperanza
que sois la suma deidad
vos que no sabéis de engaños
oídme
que yo en su nombre te mando
Lentulo y tengas vida
Aquí se levanta el difunto y hace espavientos amortajado
¡Oh, hazaña nunca pensada!
¡Qué suceso tan espantoso!
¡Qué extraña y nueva fantasma!
los cabellos se me erizan
aun al mismo Pedro espanta
mi corazón con terrores
se encoge, aterido, y pasma
rosa ceniza y amarilla
se marchitan rosas y lirios
al mjro Nerón la cara
que ha pasmado mirando
a todos tiembla la barba
No os espantéis, que de onel
y quitado la victoria
a solo a nuestro Dios
dad de tal obrar las gracias
yo mortaja viva fui
que pudiera conquistarla
no me mortaja el amar
aun no lo es esto, pues los dos
para ahora a tratar
el diablo
pienso que por dios Nerón
señor que gloria de Dios
no os espantéis
que una cosa estraordinaria
cause tal admiración
que en láminas estampadas
a Roma es bien se confiesen
tan peregrinos hazaños
Vamos, y pedís al muerto,
que me hiela las entrañas,
y quitalle aquellos despojos
a mis potencias del alma,
pues el cielo de aquellas suertes
me oprime, tormenta y calma,
y parece que el prestigio
de algún mal que me amenaza.
Vamos, que el cielo se mueva,
a dejar sendas contrarias
del camino de la vida,
y reteniéndole la carga,
vuelve a su centro, del cuerpo,
+ con vida menos humana.
Vanse Nerón, y San Pedro, y el difunto.
¿Veis a Simón? ¿Qué decís de esto?
Autoridad que me provoca,
pues veréis hoy vuestro pleito
de encantador, necio y loco,
de vano, borracho y cuba.
Pues anda cabeza abajo,
aunque con vino se asoma,
engaña causando espantos;
vuélvase a Roma, y si en Roma
se quieren nuestros encantos.
Vase Tiburcio.
Valor será que por tierra
así encantado se rinda,
sus pelos, que al diablo encierra,
y no soy yo Dorosinda,
si Nerón no te destierra.
Vase Dorosinda.
Tu vida en vicios cursada
hoy a conocerte empieza;
quedó engañada, aunque amada,
la merece tu cabeza
estar en horca colgada.
Vase Laurencio.
¡Oh, lobo vil, embustero!
Ya tu engaño considero;
no me engañen tus hazañas,
que a más de dos engañas
por ser mayor majadero.
Vase Liberio.
Mal eterno te amenaza,
si no dejas tu embeleco,
que el diablo astuto te caza
y te pierde vano y hueco
por ganarte calabazas.
Vase Aníbal.
Y aconsejarte me apreste
en irme de este así;
no es mucho que el verme cueste,
que corre peligro en mí
de inficionarme su peste.
Vase Fabricio.
Suerte amarga, acerba, esquiva,
tu torre de vientos advierte,
y tu palacio derriba,
que es gran vergüenza que vivas,
hombre tan digno de muerte.
Vase Aureliano.
Salióte de manantial,
y diste bien tu asomo,
de tu pequeño caudal;
deja al demonio, animal,
pues te despeña el demonio.
Vase Marco.
Pues mirándote la suerte,
medras con encantos poco,
quien prevenido advierte,
hombre envenenado y loco,
la ponzoña oculta vierte.
Porque en las nubes te pones
y con demonios compites,
eternas teme prisiones,
pues de demonios legiones
y en el alma inmunda admites.
Vase Dionisio.
¿Qué es lo que puedo y sufro, que no reviento,
ya en fuego no me baño y me consumo,
pasó mi presunción en viento y humo,
y solo quedo al fin con humo y viento?
¡Oh reniego del cielo y firmamento!
en un abismo de dolor me sumo,
que he de privarme de vivir presumo,
según me aflige y hiere el pensamiento.
¿Cómo, crueles Dioses, que mis afrentas,
queráis, desamparándome alborotado,
no dándoles pavor a mis encantos?
Salióme vana mi esperada cuenta,
que pueda más un dios crucificado
que graves dioses, sin afrenta, tantos.
¿Qué es esto? ¿En mis encantos medro,
que la fortuna mintió,
y a lo que no pude yo
pudiese hacer este Pedro?
Soy caña, penséme cedro;
soy flaco, penséme fuerte,
y al aspecto de la muerte
me dará presto el dolor,
que mi descarado humor
en deshonor se convierte.
Veneno mi pecho encierra,
y un imposible conquisto,
en querer no haber visto,
porque con continuada guerra,
mi corazón le resisto.
Y le abomina mi celo;
daré presto al cielo vuelo,
que el alma por velle muere;
y si en el cielo estuviere,
tengo de echalle del cielo.
Y hasta la suprema esfera,
muchas veces he volado,
y volveré remontado
a mi privanza primera,
y viendo que se aligera...
A la suprema región
cobrase nueva opinión
tendrá mi privanza asiento
dejaré al vulgo contento
y muy contento a Nerón.
No bajo de estos compasos
por no cumplir mi deseo
trocada mi suerte veo
en tanta mengua me puso
que mal mi endiosado brío digo
que mal con mi intento salgo
que poco en el tiempo valgo
y valiendo en el tiempo poco
muchos me tienen por loco
y pocos tienen en algo.
Perseguiré clementense
aquel ya Pedro a quien
su mal disfraza por bien
así que toda la gente
con rigor o con prudente
dan forzada resistencia
que es muy grave penitencia
que como muerte la siento
cuando le miro en aumento
llevar menguas con paciencia
buscar remedio conviene
para ganar lo perdido
que en la angustia sumergido
el grave dolor me tiene
que presto el disgusto viene
y para marchitar los gustos
vehemencia, cielos justos
que dan sin firmeza alguna
en menguas de mi fortuna
mil crecientes de disgustos.
Entran Tiburcio y Claudia
Descubre sin rigor tu cara angélica
robadora del alma de este hidrópico
que quisiera beberte, y con mil lágrimas
tus amores suplica, que son médicos
ambrosías, suaves, dulces, néctares
y resucitan infinitos Lázaros.
Basta que engordas, siempre ensorbecético
y mi vida persigues persiguiéndome
cuando yo te desecho de propósito
y son tus esperanzas tan inútiles.
Vase Simón por la otra puerta.
Infelice fortuna por qué atajas
me prosperas prisiones y altos cortos
de mi subida la esperanza cortas
y cuando más me subo más me abajas
por qué razón me abates y me ultrajas
y me persigues despojas y reportas
a estos bajos simos me exhortas
siendo vario el contento con las barajas
no me puedo sufrir en varias esferas
y si solo un lugar dios se hallara
y este solo lugar dios le tuviera
por contemplarme en alto es cosa clara
ya por este lugar guerra le hiciera
y por ponerme en él le desterrara
No te parezca, Claudia enfadosísima
si por subir amor ciego y lóbrego
tus rayos busco, dando altos vuelos
que son dignos por Dios de beneméritos
de la inmensidad y gravedad de un príncipe
dichoso, muchas veces sonles debajos
donde duerme tu cuerpo, y encendiéndoles
convierte en lumbre, y fuego los carámbanos
ay reina de mi amor, ay que tus manos
pudiese ya cogellas este mísero
que aguarda mucho el fatigable estómago
y con mis fuerzas flacas auxilios frágiles
que estoy sin ti desmadejado, insípido
triste, confuso, preso y melancólico
porque me des la muerte despreciándome
porque quitas mis bríos ensoberbeciéndome
y negando tu vista jucundísima
el mal contemplo en mí de triste Tántalo
comunica tu sol a mis antípodas
salga en oriente ya, deje el zodiaco
renueve luego mis sentidos débiles
de fortaleza nueva a los espíritus
muévelos por la esperanza y mirándote
se vuelven linces ojos de cernícalo
y si me das favor cobraré un ánimo
que en poco tiempo me convierta en Júpiter
en Sansón o en un Julio César y Hércules
y rendirán a reyes siendo esclavos
en cuanto a la amistad, ay odorífera
ay clara aurora refulgente y cándida
ay sirena de amor que encantándome
quieres que me consuma afligidísimo
dulce alborotadora de los rábanos
cuya virtud dichosa afila última
huele más que un podenco, aquí ablandándome
estoy, y procurando tus rígidos
castigos, y severa vuélveme el felice
rostro, provocador de los inmóviles
corazones, que puede al más indómito
hombre, volvelle oveja o un mansísimo
cordero, y ablandar a las durísimas
peñas y al mayor bronce ay si lástimas te en
pena, que yo padezco indelebles
dolores e íntimo arrepulgadísimo
Claudia, quita rigores, y con faustos
respuestos, remédiame mi decaído
sufrimiento y paciencia, que mostrándome
cara de invierno revuelves cálida
canícula, al constante y más lunático
amante, que conocen los infelices
tiempos, váleme, acojo que basilisquísimo
pobre, dame consuelo, reina, dándome
tu auxilio, y si no, dejen mi exánime
cuerpo a enterrar al punto muchos clérigos
Mucho peor es un discurso pícaro
y por eso me enfado yo certísima
que el vino causa en ti un estómago cólico
que darás en ser cuerdo si creyéndome
dejas de andar con pasos bachilleros
y vas a dormir la mona, pesado
que estás enfermo, rematado y esquivo,
y buscas imposibles pretendiéndome.
Deja de andar de noche y ser murciélago,
muda tu vana mostra y corrigiéndote,
podrás llegar a ser venturosísimo.
No te muestres tan loco, torpe y húmedo,
más que los secos valles enjugados;
templad extraño fuego babilónico,
que yo me agradaré de ti sosegándote.
Buscas hacer tu amor por buenos términos,
que no quiero, si dejas el recelarlo,
valgan engaños antes que oscureciéndome,
me deshonres y dejes por mecánica,
que a muchas con palabras falsas y mimos
las engañan los hombres y, ultrajándolas,
así se infaman por malas y por públicas.
¡Ay, ángel soberano!, que satánico
puede desear cosa, Penélope,
romana Porcia, Cenónice y ínclita
Lucrecia en castidad y honor sumísimo,
Virgilio debe con sus versos célebres
y el maestro de Nerón, célebre Séneca,
que agora vive, o los de Aristóteles,
engrandecer tu nombre, sublimándole.
Si eres de todo honor y amor dignísima,
yo digo que soy tuyo y, reportándome,
haré de voluntad tu esclavo íntimo.
Pon en mi libertad dulce retórica,
palabras fervorosas, largos prólogos,
que brotan las entrañas, adorándote,
más alto grado y nido superísimo,
toda mi libertad.
Que sirves de empresa,
si sigues tu maldad con pasos ágiles,
y abobadas se van en el galápago,
preciaste de valiente, haces estrépito,
derrocas con tu voz puertas, los pájaros,
y en la ocasión te muestras cobardísimo.
Domus, mira por ti, y remudándote
propicia me hallarás.
Vaya, dama rígida.
Te veo bien y solitaria tórtola,
si huyes yo podré ver, y gozándome.
No me deja clamar Pedro y Ciriaco.
que para sol eres luna,
y son tinieblas.
Vanse y salen Fabricio, Aniceto, y Laurencio
Que porfíe este Simón,
dando de sí testimonio
en su mala inclinación.
Tiénele preso el demonio
y peca con tal porfía.
Libremente,
tanto el vicio,
sin querer dar en la cuenta,
predomina en el soberbio,
que en su pecho se aposenta,
y le tiene por oprobio.
Mil veces ha disputado
Pedro con él y ha mostrado
su divina providencia, y ya
de la arrogancia confieso
que este Simón ha dejado
más evidentes en sus antojos,
viendo presente su mengua
dando espuela a su enojo,
le sobra vana y baladí lengua,
si le faltan claros ojos,
y con diabólica hiedra
su grave inclinación destierra
de honrar a Pedro y industrias,
su vil corazón maltrata,
haciendo de usos injurias,
fácil por las paces pocas,
quedase de recias temas,
con sus pareceres de cosas,
el pecho arrogante quema,
y sembrando sutiles abrojos,
quita al fin rindiendo a oscuras,
haciendo mil falsedades,
y ablandando entrañas duras,
de mil cuerdos mil corduras,
de mil buenos mil bondades,
y pone haciendo desprecios
de Dios, porque entienden pocos,
y les vende en vagos precios
mil errores en mil necios,
mil locuras en mil locos,
y merecen sus intentos
vanos humos arrogantes,
pues es sembrador de vientos,
mil cruces en mil instantes,
mil muertes en mil momentos,
que yo indigno se lave ya
de poner en él el pie,
y tan mal con manos lava,
que mil muertes me dará,
quien mil muertes me le dé.
Ya le he visto disputar,
pensando llevar la palma;
le supo Pedro enfrenar,
cuando procuró negar
la inmortalidad del alma
con discretas razones,
haciendo al contrario guerra,
facilitando quistiones,
derribó luego por tierra
sus errables opiniones;
grande ingenio si se advierte,
muestra que es sabio, cuerdo y fuerte,
divina serena de alta,
que bien la quistión ventila,
exagita y controvierte;
probó con aqueste ejemplo,
dejando al contrario en calma,
cuya vanidad contemplo,
Pedro, de Dios vivo templo,
la inmortalidad del alma:
no puedes, dice, negar,
porque para hacer agravio,
dioses y sabios no quitan.
que en su providencia es sabio
y justiciero en juzgar
pues si Dios es justiciero
para permitir que el malo
los instantes ligeros
tenga en el mundo regalo
hacienda imperio dinero
que aumentan su ganancia
fama amor y nombre cobre
engañando su arrogancia
de todo tenga abundancia
y cualquiera bien le sobre
y el bueno viva ultrajado
pobre triste y abatido
rompido hambriento y pisado
llagado enfermo y corrido
preso inquieto y asombrado
claro está que si no hubiera
sino esta vida que el bueno
al malo le precediera
y que Dios no permitiera
velle de miserias lleno
de ver que el malo hace agravios
dando su maldad licencias
al bueno, y cerrar sus labios
que conoce que es de sabios
no vengarse y es prudencia
pues siendo Dios justiciero
que aguarda que no castiga
al lobo feroz y duro
que a despedazalle obliga
pues despedaza al cordero
pues sin duda es cierto
que fuera Dios muy injusto
y que ordenara sin concierto
las cosas cuando muerto
a los viciosos de su gusto
fuera de clemencia ajeno
y aun de mil malicias lleno
si aumentara su regalo
diera las glorias al malo
y todas penas al bueno
luego bien saco de aquí
que hay otra vida en la cual
pague el malo el frenesí
de precipitarse en mal
y tener cuenta de sí
donde el soberano Juez
la arrogancia y presunción
quite del vano y soez
y del altivo la altivez
del hinchado la hinchazón
y el bueno que estaba hollado
de mil trabajos cercado
pena angustia y desconsuelo
goce los gozos del cielo
muy contento y consolado
y vengue sus desprecios
con los baldones y agravios
que inventan estos necios
a los discretos y sabios
de esta suerte le probó
Pedro su intención y luego
de su razón se burló
que quiso quedarse ciego
Ya que su ceguera vio
enmendarle es por demás
al procurar arrogante
ser siervo de Sathanás
y va pecando adelante
y este pecado atroz
claro está recién plantado
es muy fácil de arrancar
pero no si está arraigado
que es como sarna el pecado
que siempre incita a rascar
que este Simón es notable
la malicia es invencible
monstruo, una fiera indomable
un salvaje abominable
duro peñasco insensible
y así con encantos tantos
suele volar por los vientos
a muchos causando espantos
mas la soberbia y contentos
trueca la fortuna en llantos
y alguna vez probará
si de su hinchazón sobrada
alas a sus intentos da
de Dios la purísima espada
que su cerviz cortará
dijo ayer que se quería
subir al cielo y dejar
la tierra pues no había
a su persona estimar
que su ausencia llorarán
por sin mirar que es ceniza
para subir se aligera
de vicios su fuego atiza
y a toda la suprema esfera
su gravedad entroniza
Entra Nerón emp., Pedro, Clemente, Macario y Simón mago
Huelgome que hayáis venido
Pedro en tiempo que mostrar
Simón su poder ha querido
y agora para volar
al Capitolio ha subido
quedaréis desengañado
de su virtud grande presto
y de mirarlo asombrado
que no pudiera hacer esto
sin ser de Dios ayudado
y no es razón que arguyáis
ni busquéis sino honralle
siempre liberal me halláis
que yo estimo el estimalle
y estimalle no escusáis
Siento que tu majestad
no conozca que es engaño
cuanto intenta, es falsedad
e importará con su daño
que se aclare la verdad
pues Dios corrige y doma
su vil corazón el mundo
con mi celo a Roma
O dar a entender al mundo
el bien de su muerte en Roma.
Oh caballeros, muy presto
veréis que tengo razón,
sea estimarles hoy dispuesto
a Simón, pues de Simón
echa de su fama el resto.
Diz que quiere volar
al cielo, y a su presencia
honrar sabe y estimar,
y nos quiere castigar.
No os impacientéis con su ausencia
mal, señor, su mal conoces,
que con fingidos desprecios
cubre delictos atroces,
y esperanzas fatales
son de sirena sus voces.
Entran Liberto, Dorotea, Tiburcio, Anibaldo y Claudia.
Ya puede tu majestad
ir a ver a Simón,
que con grande autoridad
sube al cielo su hinchazón
y ensoberbece su gravedad.
En el capitolio te espera,
y aunque de carga agravado
tenga que dará carrera,
que el cuerpo grave y pesado
para subir se aligera.
Vamos a verlo, que espanto
me vuelve, que aunque poco humano,
cierta virtud tenga de santa.
No le verá Pedro en vano,
si cuando su encanto le encanta.
Notable ocasión se ofrece
de echar por tierra su vana
soberbia.
Si hoy no perece
Simón, a adorarle mañana
cualquier deidad se engrandece.
Van caminando un poco hacia la trampa del teatro, y dice Simón que ha de estarse alto antes de volar.
Hombres imprudentes, locos,
que, pues no conocéis bien
la fuerza de mi poder,
me juzgáis ciegos, siendo lince,
parecéis por arrojados,
y os hacéis incorregibles
por creeros que por mago
falso, será que me prive
de ver hoy, pues en tan pocos
al mismo vuelo me miréis;
y a los dioses inmortales
me suplican y me piden
que desampare la tierra,
y contra vosotros vibre
la lanza de mi furor,
y los desmaye y aniquile,
y haciendo perpetua guerra,
vengue a mi diestra terrible.
Los castigaré en ausencias
con mil plagas insufribles,
entonces querréis, tontos,
donde Júpiter asiste,
valeroso se me reserva
a mi pompa convenible,
todos los dioses me aguardan,
y a dioses solo es posible
que me den honra bastante,
y mi autoridad estimen;
ya por mí a ruego Vulcano
mil volcanes apercibe,
y plagas exorbitantes
que los consuman y lastimen,
ya Plutón y Proserpina
muchos tormentos terribles
en infernales cavernas
para ese cuerpo os previenen,
por mi venganza así ordenan.
Y Neptuno hará que el Tíber
entre a vuestras propias casas,
y sus corrientes derriben,
ensoberbeciéndose el mar;
si entráis en el envite
los peces a cuerpos muertos,
aun después del convite,
de comer los peces cuerpos
indignos de que los miren.
Vientres, tan nobles
con manjar que a los ruines
destruya, fieros y villanos,
como a todos los vomiten.
Y a Ceres pondrá en la tierra
por tajos crueles que sirven,
mil abrojos, mil espinas,
mil cicutas, que os priven
superfluidades en los panes,
y de Dios la ocasión os quite
deseo epicúreo gustoso
cosas de abundancia y pingües.
Ya Baco el licor tan dulce,
para alivio, os prohíbe,
y por no estimar vosotros
ni conozcáis mis insignes
prendas, quitaros pretendo,
y hora hago incruento eclipse
las antes fértiles viñas
de tan poco y seco origen,
que ya los bebedores
el licor de vino admiten
en los estómagos anhelosos,
y dentro se hacen viles
para que en los ecos cobren
según el vino os rinde;
tendrán por primera muerte,
por cosas funestas y tristes,
carecer del vino amigo
que en sus entrañas se imprime;
poniendo en prisión y bretes
en las entrañas del epíteto
a minerva los ingenios.
Hacellos suele sutiles
y por quitaros de estragos
que los enfrene y bestialice
porque vuestras vidas se asimilen
a brutos irracionales
blasones de vuestra estirpe
como sois de los villanos
que os gobiernan y los rigen
envidiosos corridos os tienen
que os parezca insoportable
conservar vidas con ellos
que es justo que los abomine
y buitres y milanos
pasmados quiero que os envíe
no con una lanza ordinaria
sino con dardos que ericen
vuestros cabellos que lloren
tengáis lamentables fines
finalmente todos juntos
porque ultrajarme quisisteis
pues que aborrecen los dioses
amenazan y maldicen
y pretendiendo dejaros
al cielo quiero subirme
que con ausencias tan largas
es muy justo que los castigue
que con soberano aplauso
para honrarme y recibirme
toda la celeste curia
dándome nombre sublime
se apercibe y se previene
y pues soy inexorable
para vosotros omicidas
hoy quiero que se publiquen
y me veáis levantado
volar por los cielos libres
de las prisiones del cuerpo
que importan padecer
delante de vuestros ojos
las asperezas que habéis
para aterraros siempre
de asombrarme y subirme
veréis hoy mi providencia
y mi furia invencible
que permanece en mi trono
años muchos, que hoy amotine
que acobarde los valientes
y fuertes atemorice
pues en lugar de ponerme
en mil de todos timbres
procurasteis humillarme
despreciarme y abatirme
y a los milagros fingidos
crédulos con causa deis
sin advertir en mis obras
nunca aparentes efígies
sino verdades y indicios
de un pecho raro y invencible
pero para qué dilato
el asombraros sin partirme
cuando merecéis deshonras
y que panteras y tigres
despedacen vuestras carnes
que parece incomportable
con todo el castigo os libro
que más importan castigos
algunos castigos leves
mientras con eterno tizne
vuestros cuerpos ennegrezco
a quien honran los hollines
y me voy aligerando
quedad sin mí gente ingrata
ya sin temor del amago
quiero en veloces alas
procurar que se entronicen
en los cielos mi persona
porque en la tierra me envidien
Dicho esto se levanta Simón en alto
Caso espantoso y extraño
Ligero a los cielos vuela
Todo es encanto y engaño
Él sus daños no recela
mas yo veréle sudando
Atento le está mirando
Pedro.
Con soberbio estruendo
a los cielos va trepando
Humilde vendrá cayendo
pues se ensancha levantando
Mas que hinchado y grave Luzbel
puede igualarse con él
Miren que alguno va
Presto la tierra verá
Caer con el antiguo tropel
El miralle danos Pedro
Triste presagio señala
Imitarále presto una bala
y ha de derribar al cedro
Pues os suplico Dios inmenso
que derribéis la hinchazón
de este loco, y fuego intenso
herede con confusión
quedando vano y suspenso
porque aquesta gente entienda
y quite de dar espantos
vayan admitiendo enmienda
sus embelecos y encantos
y su salvación pretenda
que sea aquesta ocasión
cuando con tal presunción
su grave pecho se ve
de levantar vuestra fe
que se cayese Simón
y ganando mil perdidos
a falsa secta apegados
del vil demonio vencidos
tendrán luz los deslumbrados
dejando dioses fingidos
aquesto señor os ruego
Por el bien universal
caiga el hechicero luego,
llevando herencias de mal,
eternidades de fuego.
Falsease do ha de caer Simón
¡Ay, Fortuna!, que soy muerto.
¿No huyes a que de él va a grado?
Oh, con aparente acierto,
su soberbia le ha burlado
cuando aseguraba el puerto.
Cae a plomo de lo alto
¿Qué es esto? ¿Aquel Simón,
quien en darte guerra da
nueva guerra al corazón?
Piérdese mi fuerza ya.
No os lleguéis a mí, dejadme
entre mi sangre bañado;
si queréis merced hacerme,
solicitad ya perderme,
el corazón traspasadme,
ya con la muerte conquisto
eterno reino ganado,
con armas de mi pecado,
y renegando de Cristo.
Ya aborrezco renegado
de ti, Pedro, ahora contento
viendo presente mi muerte,
que has sido de ella instrumento;
y heredo de nuevo en verte
graves y terribles tormentos.
Cansáisme, afligen entrañas,
y me atormenta el dolor
cuando en mi sangre te bañas;
llega, llega, pescador,
come, come, mis entrañas,
pues aumentando mi vuelo
con un lance has procurado
dar fin funesto a mi celo,
y perdiendo el cielo he dado
en tu cauteloso anzuelo.
¡Oh, vengador!, que intentas
de tus falaces doctrinas
fuera de necias afrentas
que buscas, que determinas
para mis ansias violentas,
que loco y deslumbrado
vuelvo, pues aunque aplicas
a tus errores cuidados,
por Dios aquel que predicas,
que muero de crudo picado.
Con enredos y quimeras
al errado vulgo alteras
a seguir tus opiniones,
falsedad de tantas traiciones,
y veneno en tantas ponzoñas,
y aunque reventado aquí
y luchando con la muerte,
ya tus engaños temí;
no me engañarás, advierte,
que llevo un Argos en mí,
y en mil pedazos deshecho
para asombro de la luz,
y celando mi provecho,
dejó su dita la cruz,
borró de tu amante pecho.
Mejor será conocer,
Simón, por no condenarte,
que tiene mi Dios poder
para arruinarte y llevarte
donde te humille el caer;
y pues la muerte te llama,
y es caso el mayor forzoso,
no le des menguas a la fama,
huye el daño riguroso
de las homicidas llamas.
Con el temporal morir
procura la eterna vida,
que, queriéndote rendir,
Dios holgará que tu caída
sirva para subir.
Conoce el Dios verdadero
y de blasfemias aparta,
que, sirviendo al diablo fiero,
dará de fuego, ligero,
parte a tu vida tan corta.
Mas si a tantos desconciertos
dieres de mano, su amor
tendrás, y abrazas por ciertos,
que a cualquiera pecador
son brazos con vida abiertos.
Tus veloces pensamientos
mira por ahora atajes;
agradece sus intentos,
pues compra con sus trabajos
tus sempiternos contentos.
No quieras incorregible,
con ser terco e inmutable,
llegar a padecer terrible
llama intensa, intolerable,
y escuridad invisible.
Que tendré dolor de ti
buscando salvarte yo,
y ganes, rebelde, ansí,
de tu vida eterna el no,
de tu muerte carnal, sí.
Mira que ya con la muerte
te conformas agonizando,
que es caso fuerte, advierte,
de te condenar penando
por ser obstinado y fuerte;
que el hombre que tiene en poco
su salvación, es ingrato,
pues su vida vende en poco,
desvanecido, un insensato,
un infiel, bárbaro y loco,
que entre las penas extrañas
por gastar el tiempo en vano
por premio de sus hazañas
tiene perpetuo gusano
que le abrase las entrañas.
y este solo premio esperas
quien del vicio se aficiona
a sus siervos galardona
el demonio, y remunera
advierte pues cuán mal haces
si veneno siempre encierras
adentro, y falsos disfraces
en tomar del diablo quieras
y dejar de Cristo paces
inspiraciones o bien te muevas
a buscar seguridad
porque Satanás te eleva
y bajo mi voluntad
carga de bienes lleva
teme el castigo futuro
que fortalece tu muro
detente Simón ay de mí
no te burles de mí
cuando tu dolor procuro
mira permaneces ciego
y te importa lo que ruego
porque tus escuros cejos
te cegaron de los enojos
y brotan vistas de fuego
y verás que de tu fin dudo
mal fin en noche tan fría
castigos de tu maldad
de larga profundidad
y constante rebeldía
en el tiempo que te queda
pues la muerte te amenaza
y el vivir mucho te veda
tus medos desesperados
y tus lazos desenlaza
al bien el alma dirige
cuando mi afición te ayuda
que tu tormento me aflige
la ruda constancia muda
y antiguo vicio corrige
entre tus crudos preceptos
si despreciares tesoros
verás llamas inmortales
pagando finidos gozos
con incomportables lloros
¿Qué dices? Responde, advierte.
que estás en forzoso trance
de agonías contumaces
cuyo cargo alcanza a vencerte
porque la vida te alcance
Pedro fiero aparta aparta
que me atormenta escucharte
no hay quien el pecho me parta
cuando mi vida se acabe
pues rogando que se parta
adentro de la afligida
servirme están convidando
a presurar la partida
pues me lo están demandando
que hoy la parca despida
muy sin provecho aconsejas
no procures cansarte
que así bien de mí te alejas
que aunque más quieran excusarse
cierran luego mis orejas
al alma que a ti aprisionadas
a prometer largo imperio
y la sujetan vencidas
que Asmodeo me convida
a muy grande refrigerio
aguarda aguarda ya voy
no lo dudes yo te creo
venturoso en verte soy
llega ya llega Asmodeo
que el alma a vida te doy
¿Qué aguardas? ¿Por qué detienes
los brazos? Llévame luego
a los prometidos bienes
ya me parece que vienes
todo cuanto soy te entrego
¿A quién temes? ¿Por qué tardas?
cuando en mi custodia velas
y con cautela me guardas
¿Qué sospechas? ¿Qué recelas?
Te encoges y acobardas.
yo soy tuyo acaba ya
que tu dilación me enoja
y ofendida el alma está
quítame de esta congoja
que la vida me la da
prométesme lauro y palma
por ser envidia un milagro
y quitan y pones deidades
al aleve o de un sagrado
y así te consagro el alma
que aconseja y renueva
que no sin causa me admira
cuando tanta pausa llevas
¿Por qué te encoges? ¿Retiras
cuando ya a llevarme vienes
Presto, presto, que me ofendo
y con tal tormento espero
pues darte mi ser pretendo
Llévame donde que quisieras
que a ti el alma te encomiendo
Dicho esto, salen dos vestidos de demonios y se llevan a Simón maltratándole.
¡Oh, espectáculo terrible!
¡Qué asombros son del cielo!
¿Dónde está Simón?
su vuelo
lugar eterno insufrible
adquiere de desconsuelo
pues con grande diligencia
grande conato y deseo
enredando su conciencia
engañador a su modo
y con extraña violencia
al infierno le han llevado
porque perpetuo tormento
el Altísimo ha ordenado
que tenga penar violento
pues le ofendió de grado
ya es esto dioses, Simón
que vuestro honor procuraba
y en lugar de galardón
con tan triste muerte acaba.
O vuestra ley es confusión,
o acaso he llegado a entender
que es con su vida y poder
aunque con delitos medro,
pues en los templos un Pedro
hace a veces temer,
indicios me dan muy claros
de otra flaqueza, agora
si la tengo que ampararos.
Si así, muere el rogador
que pone el adorno a los
ídolos y dioses visibles
y que lo que Pedro predica
es deidad, duda terrible,
la imaginación me aplica
y con fuerza irresistible
queda el sentido turbado,
que parece humilde fe
predicándole afrentado
tener por Dios al que fue
en la cruz crucificado.
Y de tal modo se altera
mi corazón al pensallo,
que cuando aquí lo pondero,
pues entrambas partes hallo
bronces, en volverme cera.
De tantos milagros he oído,
tampoco a ablandarme vengo,
con todo al impulso resisto
que por imposible tengo
recibir la ley de Cristo
y los vanos desvelos
por ser tan prolijos, declaro
de mí, darles fe, y claro,
que su luz aparta el lazo
hacen de bronce mi pecho.
Y este Pedro a quien tenía
grande afición, ha aumentado
mi pena y melancolía
por haber tu vida guardado
ahora que pierda la mía.
Disimulad, quítese, y dar
orden, que el impaciente muera,
que me mata el dilatar
y no conviene esperar
pues a todos rompe altera.
Vamos Pedro, yo he quedado
confuso, del suceso admirado.
Justo, sin causa admirado,
de sus vicios el exceso
por sus vuelos le ha llevado
volando a los excesivos
Quiero,
pues son ya sus preceptos,
seguir al Dios verdadero,
y vuelvo a los vuestros, vanos,
muramos entrambos al punto,
quiero al desierto partirme.
Tan triste de aquesto,
qué importa ya convertirme,
si el cuerpo alentar infundo
en este áspero suceso.
Será de tan cruel llanto
donde quien no vivió, anocheciere.
Y el que mal vive, mal muere.
Causa lamento y llanto.
¡Ay de suceso!
El furor
soberbios vientos quietos.
Ay de tal venerador.
Al infierno por cohetes
le llevaron, volador.
Vanse todos, y queda Tiburcio y Claudia
Qué meditas de aquesto Claudia mía.
Que te parece de Simón el bravo,
doy las gracias a Pedro, a Pedro alabo
que quitó su ambición, y su osadía.
Verás qué prosopopeya pretendía
subir al cielo.
¡Miserable esclavo!
Quedó pelado el desdichado nabo,
y pelóse quien pelos no tenía.
Pelóse Pedro el calvo, y Eliseo
y calvo también en todo me parece.
Será por cierto calvo y venerable,
logró su esperanza, así lo creo.
Quien supo darle el pago,
así fenece
la hinchazón del altivo y miserable;
mas dejando esto aparte, qué pretendes
de los ojos y belleza que adora,
pues no soy yo traidor, perra traidora,
A unos pregones, qué vista que te vendes,
soy descendiente acaso de los duendes
que espantan de mí, oh cantimplora,
tal bebedor de lagos te enamora,
zángano como tu amo, porque ofendes,
porque revuelves títere, ten clemencia
destos lamentos, de congoja y penas,
mientras no pare el de mi amor dibujo,
que si con tragos, y tan mortal previenes,
tú noramala calandria no te bajares,
me volveré Simón, demonio o brujo.
Bien Tiburcio recomiendas y aprovechas
habiendo visto un caso tan extraño;
con justa causa de quererme espanto,
a tus bravatas tire el Dios flechas
porque se entierre el vano deseo.
Vuelves a tus pollas amoroso pavo,
como suele flaquear, dejad engaño,
queden, ay, esperanzas satisfechas
de mi cierto rigor.
Yo soy discreto;
querrásme, Claudia, bien?
Antes la muerte
tendré por diversión si esto acumulas.
Oh, de discreto palabra te prometo,
yo siéndolo, palabra de quererte.
Discreto, que te conoceré tus médulas.
Finis.
Vista esta proposición que se ha de emendar, con esto, tres de marzo de [...]
[...]
Este auto de Simón Mago se puede representar quedando en él su propósito.
Jornada 3.ª de Simón mago castigado, sale Dorotea con vestido de penitente
Gracias a Dios que puedo
apacentar el alma en dulces pastos
y del mundo el enredo
dejé, profanidad de obscenos pasos
y en aqueste desierto
huyo borrascas y me acojo al puerto
Por asprezas continuas
y altivas encumbradas y altas cuestas
rebeldes unas, ruinas
sincero pecho le presento a Dios
de él enamorada
el alma busca celestial jornada
cuan contenta y gozosa
logrando lauros, honras, premios y palmas
en la victoria honrosa
libre de enredos me consuela el alma
y de gloria sedienta
con divinos impulsos me alimenta
Dejé dioses fingidos
dignos por mucha causa de dejados
venciendo los sentidos
en ocultos demonios transformados
y a solo un Dios adoro
digno de inmenso amor, honra y decoro
ya dejando el pecado
con nueva gracia, de rebelde soy medrosa
lloro el tiempo pasado
y tengo siempre en la memoria a Pedro
que haciendo al diablo guerra
doctrinas falsas y ficción destierra
Por él mi rebeldía dejo
la luz abrazo y el destierro escojo
tomando su consejo
galas y faustos y vanidad arrojo
por el cielo suspiro
a gloria eterna permanente aspiro
no sé con qué pagarle
bien tan inestimable y beneficio
su amor recompensa halle
pues me sacó del laberinto o vicio
prisiones y cadenas
silbos de cocodrilos y sirenas
y aquí segura y sola
gozos me presta el verdadero Apolo
que en el bien me acrisola
veneraré por Dios la sola al solo
a amar a dioses tantos
la ceguera y del demonio encantos
Persíganme Nerones
que a penas largas el amor me exhorta
no temo las prisiones
del pecho, seno, y corazón conforta
Por el bien me aligera
angustia consolada y refrigera
y dándome su gracia
salida ya del miserable remo
de mi antigua falacia
ningún tormento ni desgracia temo
al gozo adentro empino
y oponen graves trances la flaqueza animo
la mujeril flaqueza
virtud de grado abraza
a varonil fortaleza
cuando brama el contrario y amenaza
y si el furor ataca
su fuego de alquitrán, que vuelve en ceniza
en un tiempo llorosa
seguí mi gusto sin temor de penas
convertida en cristianas
rompo del diablo la infernal cadena
fuerza divina
en dos torrentes el amor me afina
que buscando le probara
tanto y tanto con el cuerpo lucho
gózale, y sé de él que
que sirvo poco y le castigo mucho
mas advierto que vienen, me escondo
que me estorban de mi gloria el despecho
Se esconde Doro. y salen Nerón, Fabio y Aurelio y luego
¿Dónde está la que mi libido ha causado
tan grande daño al corazón fogoso
que piensa reventar, y rebotado
comerle las entrañas?
es forzoso
tan grande sentimiento, pues ha dado
no causa de mil escándalos
dañoso
es el su nombre a todos, si del cielo
de Simón su bondad, precia su celo
mas importa, que temple sus rigores
fingiendo abominallos
Aquí nos dijeron
que habitaba la ingrata
por pastores
en una cueva, sin pensar la vieron
y dieron de ello aviso
Mis dolores
con su mengua y bajeza me crecieron
y a pagos la ingrata tan altivos
a un amor tan largo con presentes daños
oh cautelosa fiera, oh homicida
que hoy de rabia, y de furor desecho
Temple, señor, su enojo
Si me olvida
qué juzgo sin ella de ningún provecho
Porque pides templanzas
aunque perdidas,
no es imposible hallarlas.
Sospecho
que los que de envidiosos la han llevado,
los dioses que mi muerte han procurado,
o belleza divina y refulgentes
rostros a ningún humano semejantes;
corales la color y esparcías perlas,
Venus oculta de mi pecho amante,
que desentierra bellezas excelentes
aparece delante de mí mal despuesto
o las aguas te aneguen de Aqueronte.
Y el llanto sonoroso...
amaba tanto
que muestra los indicios.
Una cueva
se muestra allí.
¿Qué dices? En ese saxo
entrad en ella, mi razón me lleva,
que juzgo de oro, donde todo cuento.
A mí que se ofrece,
amor te lleva.
Cual colgado Absalón de los cabellos,
que muerto se le halle siendo bellos.
Entran en una cueva donde ha de estar Dorada.
¡Oh venturosa suerte, ello es sin duda!
¿Dónde huyes, mujer? Tente, detente,
huye de mí, dejadla, cielos acudid
a defenderme de tan fiera gente.
Soltadla afuera.
Pídome ayuda.
Y tened temor.
Sácanla afuera y mírala Nerón atentamente y dice después:
¡Oh transparentes!
Sol que alumbras oculto al hemisferio,
águila rara del cesáreo imperio.
Dorosinda mi bien, amor invencible,
que así me huyes dejado, cielo hermoso,
que hoy visto en mí, que con dolor terrible,
me dejas sin tu vista tenebroso,
porque al amor escondes invencible
tu rayo celestial y luminoso,
por qué me dejas en lóbrega oscura
despintando en desiertos tu hermosura.
Cuando adoro de tus hermosos ojos
que encienden los carámbanos helados,
dulces esclavos de mi amor, que aflojan
prestan a los del lince o quebrantados,
cuando muestra bajel temor de enojos
mi larga voluntad y mis cuidados,
huye sin ocasión de mi presencia,
y me matas, ingrata, con ausencia.
Cuando sirvo del todo a tu afición de esclavo,
que me parece amor aunque me peses,
y excusas de aplacarme y claro,
el que gustas de aplicarte y ese
grado te exalto al cielo de oro y alabo,
o inmensura que abrigas los deseos,
o fénix que del fuego coge nuevos,
y memoria ingrata, con haber ofendido,
cuando olvido de mi nombre avisado,
temor pensando contemplarte airada,
cerrar, verán del sentenciar gustos
gusto que privaba de ti...
y cuando triunfa una deidad fiera
la aparición de la que se enamoraba
caí en humilde ruego impertinencia,
y me matas, ingrata, con ausencia.
Cuando apartados de penar de dolo,
continuando cantos de alegría,
los bellos rayos del hermoso Apolo,
por ser no sin melindres el cuidado,
y el blanco cuello tan nevado y solo,
cuando envidia a la nieve en blanquería,
desbuscando blancuras de espesura,
y me matas, ingrata, con ausencia.
Cuando contentos, aparto a vocas
probando amor en mí por consuelo,
que de ley y sedada, quieres loca
loco volver al que te adora cuerdo,
cuando cojo de mí extrañas poco,
cuando me abrasa mi amor, ascuas y fuego,
porque mi daño procuras la sentencia,
y me matas, ingrata, con ausencia.
Cuando con ser señor de un cautivo,
ajenos males por tu amor descarto,
y tu rostro, ay tal, me satisfago,
y haber tu aurora refulgente parto,
cuando tus raras prendas solemnizo,
porque contino amor, mi cara aparto,
me das tan desigual correspondencia,
y me matas, ingrata, con ausencia.
Así pagas mi amor, así mi celo,
la fee de amistad con menosprecio largo,
ocultas, loca, el cristalino cielo,
cuando el manifestalla, ay, mi amargo,
que de amarme duermes sin amarme celo,
rigores cargas, suspiciones cargo,
que el que ofrezco mi mal le reconozco,
a su reforma, que se de repente,
vuelva y vuelva mi bien a tener seso,
no me enloquezcas, que si bien lo cuerdas,
que no puedo olvidarte, te convida,
al alma que asidos conociendo tuya unida.
Indisculpable a mi amor que conservo y pongo,
mi vida, pon de desengaños todos,
que si ves que venzas a ocultos tal desierto,
a ti sola que nos honra descubierta,
yo soy, Pedro, de su vida indigno,
cáuselas, pues en tu constante pecho,
mi grado por ti adora, pobre indigno,
y creo, que le verás pedazos hecho.
jamás verá benévolo y benigno
mi semblante, quedando satisfecho
mi agravio, ansí de ver sus ansias justas,
pues de ofenderme y despreciarme gustas,
¿y qué respondes, mi bien? Deja el desierto,
y ansí de mi disgusto se revuelve
la calma, deja, pues convida el puerto;
vuelve vista a mi ojos, vuelve, vuelve,
no duermas, gloria, pues me ves despierto,
quien amor tan pacífico revuelve,
quien felice y dichosa margarita
cristal procura y mi corona quita,
estampa de la venus, sacra diosa,
que al cielo falta por honrar la aurora,
si haces tu nieve fuego poderosa,
y en sola esfera de mi sol te adora,
clavel hermoso, alejandrino vaso,
despojo habido en amorosa guerra,
¿qué dices? responde, habla, advierte,
que al sí me darás vida, el no, la muerte.
Emperador ilustre, no pretendas
que vuelva a contemplar las despeñadas,
del alma aparto las incastas prendas,
de una vida irracional pasadas;
no ofendas tu valor y no me ofendas,
que sin temor de rigurosa espada
saldré a las fuerzas de tu amor resuelta,
que animan siempre mis intentos cristianos,
dejé los falsos dioses que engañaban,
mi celo de buscar verdades ciertas,
y los torpes demonios procuraban
dar a mi voluntad placeres muertos,
en falsos vidrios su valor fundaban,
ofrecen a virtud glorias inciertas;
mas ya por Pedro me encamino y medro,
al verdadero sol de la alborada,
a quien vivos contentos los enredos
del mundo dejo, vanidades y lazos,
firmes tendré los pies, estables, quedos,
sin que den a tropiezos embarazos,
lejos estoy de femeniles miedos,
aumenta tu furor, hazme pedazos,
que en mi valor para vencer abunda
la cólera fogosa y furibunda.
Otra mudanza.
Muere siempre protervo el que es cristiano.
Verá desd'hoy de veras la venganza.
Quien muda su intento.
Aureliano.
Esto quiso de la infernal venganza
castigo de mis culpas y ruegos,
que a otro ciego dios invocas ciego,
que aunque pérfida, Dorida bella,
indómita mirarte y desbocada,
Júpiter deje el cielo, su querella,
hundiendo agora la arrogante espada
en fuertes pechos y altivos cuellos,
y tú esclava de furor en ti domada
sirvas a otros con tan locos recelos;
presto verás tu destrucción y muerte.
Quiere disimular y aplacallo,
y aun procuro de guardar secreto,
porque en ti no haya soliviantos locos,
hoy pones tu hermosura en tantos aprietos
ese bello tesoro del cabello de oro,
porque quieres perdelle, que de veras,
cuando amor te convida a tal ventura,
tus tormentos y penas apresuras,
ablandarás a aquel que es bronce duro.
Y no se espera en mi ardor
no me espanto.
Su brazo riguroso,
porque de verse airoso
grande en su ira le tengo.
Virgen santa,
su gracia, su amistad yo me procuro.
Beberéme con palitos su garganta,
soberano valor.
No rinda pecho.
Buen fin buscará su provecho.
Vanse, y salen Dionisio y Clemente.
Siempre el malo galardona
con maldad los beneficios,
al digno de honor baldona,
que cual ciego a sus vicios
su voluntad le aprisiona;
mal de Pedro la afición
paga el ingrato Nerón,
el ya conocer a Dios,
pero el prendelle será
para su eterna prisión,
que de baja ley da señal.
De que su ley hoy ignoren,
que se ha vuelto irracional,
pues le procura su mal
cuando procura su bien.
Si sus daños conocieran
y las tinieblas dejaran,
sus dioses aborrecieran,
a los buenos ampararan
y cual buenos procedieran;
pero es lástima mirar
tantos hombres engañados,
que queriendo idolatrar
van atesorando pecados,
se procuran condenar.
Muy mal que beban resabios
en aqueste turbio enredo,
a las claras aguas quedo,
fuente de pureza todos,
y atributo ciego ídolo,
que no es bien la confesión,
seguir de los dioses vanos,
a los dioses sin razón,
y entre su trato profano
procurar su perdición.
Entra Marco.
Del mundo que la dama que es honesta
que guarda bien su vida en su recato,
el rufián pecador, que a calalla se entremete,
que sacar peces del amor se apresta,
ya le dice palabra descompuesta,
le ofrece halago con diversas veces,
ni dádivas recibe ni bellezas,
con que el traidor deshonor se manifiesta,
del fin con que despide la cizaña
el cobarde aumentador del vicio,
gozoso de coger larga cogida.
De este modo al demonio, que le engaña,
debiera despedir, falso enemigo,
quien goza deseo de perpetua vida.
Ya que a Dionisio y Clemente
están, quiero hablalles, cielo,
que con rigor inclemente
paga a Nerón el buen celo
de Pablo, tan diligente
en buscar su salvación.
A Dionisio
¡Oh, Marco amigo!
Vengo lleno de pasión
por causa de un enemigo.
Que es de inhumano blasón,
pues, ¿qué has medrado?
A Pablo
han llevado preso.
Pones
en mi corazón venablo.
Cuando...
Agora.
¡Qué traiciones!
Busca diligente el diablo
para disgustar a los justos
del mundo.
¡Oh, maestro insigne!
No mereces con injustos
tratos, que Nerón se indigne;
mas engañan sus gustos,
son dioses de su albedrío,
y tantos cienos de vicios
que en cólera se abrasan,
y de corazón los traspasan,
dando a los peores el brío.
A Pedro con diligencia
le buscan, y a los dos
les promulgan la sentencia
por manifestar a Dios
y desterrar pestilencia;
que con diabólico estruendo
quieren, su muerte ordenando,
los que a falsos dioses sirviendo,
condenarse e idolatrando;
mas el salvarse creyendo
en Cristo luz verdadera.
Dando riendas al vicio,
y mirando su ceguera,
son pecadores de juicio
indómita gente y fiera;
y el demonio con engaños
les lleva, y fingido afecto,
después de los cortos años,
al cobro así del efeto
a los sempiternos daños,
donde la inmensa caterva
abrasa, y nunca esquiva,
que tienen ciegos por Dioses,
para que su labor penosa
muestre eternidad activa.
Entra Pedro.
Del modo que procura el avariento
su riqueza guardar en plata y oro
que tiene por su dios aquel tesoro
y aunque a la verdad, escoria y viento
del mundo, y con falso fundamento
guarnece el ídolo, de oro
de ese modo está, y sabio el que advierte
debe guardar que su tesoro es el alma
y guardarse del toro, que es el diablo
advierte Pedro, mal hace
en no partirse de Roma
vamos a hablalle.
en él nace
nuevo amor, cuando no doma
Nerón su rigor
deshace
con crecientes de furores
sus pies reprimiendo quedos
y aumentando sus amores
los montes de los rigores
y los gigantes de miedos
¡Oh, Pedro!, el cielo os aliente
obra grande por trofeo
que importa seáis valiente
pues Nerón con mal deseo
empieza a perseguiros.
Clemente,
Dios conmigo, llevo la cruz,
no temo persecuciones,
ni me postrarán prisiones,
que en esto rindo mi suerte,
y mi voluntad a aficiones,
y aunque Nerón arrogante
traiga tormentos destorvo,
seré en firmeza diamante,
en predicar diligente,
y en el padecer constante,
que el más precioso tesoro
no es de estimar, plata y oro
que con ellos me enemisto
deseo el padecer por Cristo
a quien venero y adoro
¡Oh, el bien universal!
Pedro debéis ausentaros
de Roma que es grande mal
el perder, con ocultaros
su puesto, la sangre real,
¡Qué república es dichosa!
y así os ruego que os partáis
mientras con furia inhumana
a Nerón el tiempo allana,
lleno de arrogancia vana
de los nuevos sucesos,
procuran Pedro obligaros
y al diablo con sus destrozos
no os mataréis en porfiaros
que mataros y en quedaros
os quedo bien satisfecho.
y hora volviendo al engaño
señuelos, y al bronce del pecho
es el pararos gran daño
y el porfiaros sin provecho
que en conservar vuestra vida
está el reciente bautismo
halláis puerto de guarida
y el morir temo que impida
la vida del cristianismo
todos Pedro os suplicamos
lo mismo, no queráis
que en perderos a vos perdamos
nuestra vida, procuréis
y la vuestra procuramos
tanto me habéis persuadido
que me acobarda el miedo
si mi celo de amor rendido
si mi vida importa, quedo
de vuestros ruegos vencido
iréme luego de Roma
mientras su alevoso furor
Nerón indómito doma
o soberbio emperador
ocasión en ella tomas
de perseguiros
ya viene
que no os detengáis un punto
por cualquier parte que os viene
la muerte ahí junto
que si siento
que vos la tengáis me tiene
yo me voy, adiós amigos
Pedro, adiós.
el cielo os guarde
de tan fiera enemiga
vuestra obra santa nos diga
después no vayáis por cobarde
Vanse ellos por una p[ar]te y Pedro anda algún poco y dice después.
Contento vive aquel que vive unido
con lazo conyugal a mujer buena,
que aunque es su prisión un yugo y pena,
la mujer: no hay castigo sin marido.
Contento vive el hombre que ha salido
de largo captiverio y de cadena,
contento el vengativo, si condena
el Juez a su contrario aborrecido.
Contento quien acaso algún tesoro
halla, y el hombre que embiste de s[u] gusto
en gozo, por lo que saca, nueva suerte.
Contento el que le sobra el oro,
pero no tan contento como el Justo
cuando por Cristo le procuran muerte.
De mi voluntad mayor
quisiera de amor desecho
pagos de reconvenir
ya por el común provecho
poner por carga el vivir
por esta causa me salgo
de Roma y fuera razón
aunque esto me estima en algo
que conozca Nerón
que para estimarlo valgo
Mal con su vida concuerda
que más quiere, y me provoca
ya dolor porque se pierde,
condenarse siendo loco
y salvarse siendo cuerdo.
Más quiere rebelde, aleve,
obstinado y pertinaz,
ser del deleite cautivo,
aunque conoce el disfraz
del falso bien fugitivo.
Y mudando su gobierno,
gobernándose olvidado,
reinos conquistar eterno,
y al soberbio es un infierno
el sujetarle humillado.
Y con gran pena registro,
el ver que su daño ha visto
y en su secta persevera.
Que quiera que no quiera,
la adora y sirve a Cristo.
Y de su afición cautivo,
en el más íntimo asiento,
por el contento recibo,
en las entrañas le escribo,
y en el corazón le llevo.
Sale Cristo nuestro señor
¿Adónde, soldado, vas,
huyendo de aquella suerte?
¿Por qué la ocasión dejas
de victoria, pues buscas
eterna vida en la muerte?
¡Ay, mi Dios, qué es lo que veo!
¡Qué grande merced, Señor!
Voy y en serviros me empleo;
soy fénix que de un deseo
crecen alas de amor.
¿Adónde vais tan enamorado
de cruz, tu jornada hacer,
de algún corazón prendado?
Voy a Roma, Pedro, a ser
otra vez crucificado.
Crucificado, Señor,
otra vez; de amor indicios
son, y de inmenso valor,
que por desterrar los vicios
os pone en tierra el amor.
¿A quién hay que no le asombre
tan excesivo querer,
pues postrando vuestro nombre,
tenéis sed de padecer
porque no padezca el hombre.
Ya con pocas oraciones,
corroborando el sentido
y fuerzan a mil pasiones,
cuando hoy considero herido,
sediento de corazones.
No basta la cruda muerte
de la ignominiosa cruz,
blasón del amor tan fuerte,
con que a nosotros de luz
debe la victoria y suerte.
Pero este leño endiosado,
un enamorado pecho
que al amor acostumbrado,
está en su centro deshecho
y refrigerio, llagado.
Buscando tiernos nudos,
de muchos a quien amáis,
por salvar ovejas perdidas;
no me espanto que vengáis
a renovar las heridas.
Que dando de amor señales,
padecéis por dar suerte
a estas obras desiguales,
por libraros de mil muertes,
por bienes dais mil males.
Por desterrar pecados,
cargas insolentes tantas
de mil hombres arrojados,
mil ahogos en mil estados,
mil sogas en mil gargantas.
Y yo, divino cordero,
pues mi muerte queréis,
que por vivir tanto muero,
padecer mil muertes quiero,
pues mis muertes padecéis.
Y aquellas palabras dos
que de mí debéis de oíllas,
no curáis encubríllas,
que es grande consuelo oíllas.
Mucho, Pedro, habéis porfiado,
y a mí que el corazón
te mueve una nueva pasión,
darte quiero galardón
de esta tu rica corona.
Vuelve a Roma, donde luego
puedas sosegar el fuego;
con pasión tan valerosa,
que te prenderá por luz
Nerón que se mira ciego.
Y juntamente con Pablo,
alcanzando la victoria
y causando envidia al diablo,
gozaréis perpetua gloria.
Verme figura de retablo,
no, mi Dios, es merced
que con silencio encarezco;
de tormentos tengo sed,
mi voluntad os ofrezco,
y mi corazón tened.
Por correspondencia corta,
que me hacéis grandes cargos,
cuando la obra me exhorta,
que a deudas que son tan largas,
el más largo se acorta.
A quien tal firmeza ayudo,
honro y a su servicio acudo,
que dando premio al trabajo,
valga el afán y allá subo,
y de esta subida bajo.
Quede Pedro en paz, que yo presto
en la gloria me veréis.
Quedo sin veros funesto.
Tras eclipsis vendrá el mes.
A obedeceros me presto.
Vase, y Cristo no por
¡Oh, felice prisión, oh, claro día,
seguro bien, y refrigerio cierto,
das a la borrasca larga alegre puerto
tras el largo pesar, larga alegría!
¡Oh, cruz preñada de Dios, y madre mía,
donde la vida aciertas al que es muerto,
dejando el falso bien, el dulce incierto
que tantas almas al infierno envía!
Llena de gloria posesión se toma;
aquí de mi contento cruz recibo,
y largos bienes des, tras cortas calmas.
Corriendo voy a mi prisión, a Roma;
serás mi esposo dulce, amado y vivo,
donde os celebre entre ciprés y palmas.
Vase, y salen Nerón, Fabio, Aurelio, Angelo, Baldo y Tiburcio.
Ya viene a dar ingrato el pago,
conveniente a su dureza,
y dejando el tierno halago,
vengo a mirar su belleza;
a mi saña satisfago.
No quiso sacrificar
a los dioses; por haber
será en vano importunar;
quise mi enojo encender,
y con el fuego apagar.
Y viendo que amor, o accidente
en tiempo que yo muy veloz,
que los ánimos valientes
hacen de hombres mujeriles,
y valiente en fortalezas,
por convidar sus bellezas
acostumbrada a batallas,
quise rogando ablandalla;
mas ya que vi mi flaqueza,
ya con la cruz halla cobro
su soberbia y mi poder,
venganza en sus prendas tomo,
despechada aquesta Roma,
y quiero miralla arder.
Descúbrese una cortina donde ha de estar Coronada muriendo en una cruz.
Triste espectáculo.
¡Oh, fuerte
mujer, diserta y dichosa!
A la vida vence su muerte,
¡qué sentencia lastimosa!
¡Qué mejor alegre suerte!
Dios inmenso y divino,
excelso rey de soberano imperio,
que alumbras el camino,
das al alma consuelo y refrigerio;
en vos pongo mi vida,
que grande amor a tal afición convida.
Muchos cielos quisieron,
arrepentida del antiguo vicio,
perder, por vos, que fueron
del amor vuestro soberano indicio,
pues el mayor probado
es soldado en la cruz aventajado,
y el pensar que el primero,
vuestro rey por la cruz ignominiosa,
y en el sacro madero,
la sangre derramada, no le honrosa,
pon en mi nueva fuerza
y a penas graves corazón me esfuerza,
y voy, sacras heridas,
de sangre inestimable bañadas,
causa de tantas vidas,
a do en el corazón van estampadas,
que a padecer tampoco
la envidia de los otros me provocó,
y de colmado siento
excesos largos de mi vida antiguos,
y aumentando el tormento,
en el alma el sosiego apaciguo,
mis tormentos extraños,
quieren morir contentas mis entrañas.
Ya la pago de mi culpa,
la pena fuerte me traspasa el alma,
ciego encanto me culpa,
y puesta gala por su causa el alma,
no tengo fundamento,
ni ofensa vuestra con que el ser siento.
Estaba cual dormida,
el mundo todo, mi vida idolatrando
de liviandad vencida,
sus claros deleites estimando,
aplausos que ando triunfando,
salí animada a Pedro, árbol y piedra.
Yo os suplico y os ruego,
que el Rey perdone mi pasada historia,
y a el apetito ciego,
vuelta corría tras la fingida gloria,
cediendo, y desbocada,
procurando maldad desenfrenada;
mas después que los ojos,
oscura antes, a la luz vuestra vuelvo,
con muy graves enojos,
en tibias mis lágrimas resuelvo,
y visto el desengaño,
de ellos y de mi sangre formo un baño.
Yo ignoro mi daño,
de averos ofendido la piedad hidalga;
en que mi bien confío,
salga mi sangre, ya mi sangre salga,
que con la gota que quede,
gozo solo al alma causar puede,
fue bien inestimable,
manifieste Pedro el teatro,
y con dolor notable.
La larga ausencia de mis bienes lloro
arrepentida.
Clemencia con mi muerte ahora pido.
¡Esposo, dulce esposo!
Y vos, piadosos y amorosos brazos,
tened en ellos reposo;
y enriquecida con eternos lazos
de amor inseparable,
bienes poseo seguros y inmutables.
Conceda, señor, ruego,
el recíproco amor indisoluble;
de modo dame fuego
que ni el mal con rigores ni la pena anuble,
antes bien los tormentos
vengan a ser de amor los fundamentos.
Y si no, poco estimara,
den en mis pechos agudas flechas,
que con ellas me libraré;
y los contrarios, en amor desvelos,
aumentarán las glorias
con las penas, blasón de la victoria;
y a la muerte cercana,
las alas corto de mi buen deseo,
y muriendo cristiana,
en vos mis pulsos y mis consuelos ves;
que fueron gran desgracia,
morir, si riega, de abundante gracia;
que da divino y blanco,
patente a todos la celeste fuente,
ya haciendo al negro blanco,
pasando de trabajos el torrente,
que da a los desiguales
bienes eternos por pequeños males.
A vos, señor, hoy pido,
en tal piedad mi petición fundando,
no tengáis en olvido
a quien de vos se acuerda agonizando.
Jesús, ya voy muriendo...
A vos, mi Dios, el alma os encomiendo.
Muere Sorosinda.
Ya ha muerto la tigre hircana,
o despechada mujer
que con belleza inhumana
deshonra del ser, en ser
afrentada por cristiana.
Tu mala amistad pagaste,
y a mi fe correspondiste,
pues mi valor ultrajaste
por un Pedro en lo que hiciste,
y por Pedro me negaste.
Que tu condición fiera roca,
desvanecida, pues provoca
mi amor, que en amor concuerda
con segar la vida cuerda,
que perder la vida loca;
ya me ha dejado confuso,
admirado y del suceso,
pues sufriendo tantos daños
en lo mejor de los años
venida a perder el seso,
que merezca el pudridero,
dejarte privo de luz,
ni tan imprudente revés
que en una juventud crasa
con ignominia mayor.
Mas Pedro con fuerza tanta
sus errores solemniza
y doctrina pregoniza,
que a mil cuerdos esclaviza
y a mil prudentes encanta.
Pero conviene guardarse,
atentos, del no meterse,
si de mí quiere librarse,
entre cuevas ocultarse
y entre breñas esconderse.
Entra Arsenio.
Guarde mil años el cielo
a tu majestad, ya queda
preso Pedro, que su celo
ningún trabajo le veda;
antes, con mayor desvelo,
sin temer persecuciones,
predicando ha venido,
cual cordero a las prisiones.
Hoy, el escarnio habiendo,
ya agora los comprendo;
de su doctrina arcana,
que ocultamente en el trigo
pone, y avienta engaño,
ya es bien que con su daño...
Di, aunque mi enemigo,
oh invictísimo emperador,
de humana sangre sediento,
a ser ciego del mismo honor,
solo con matar contento,
alterando rigor;
tu vida injusta y tirana
vengativa armada mano
revuelve siendo inhumana;
otro Diomedes tirano,
bebedor de sangre humana;
que ves en Pedro, que Pedro
sus entrañas rompe duro
y humillar quieres al cedro;
tú su desmedro procuras,
pero él procura tu medro;
amas a pasiones ciegas,
despeñados intentos,
cansado de pocos fuegos;
no valen justos ruegos,
ni encarecimientos flacos;
y así requiero regalle,
por Pedro que es entender
darle fuego y aumentarle,
que en la tierra no hay poder
de reducirle y mudarle.
Antes quiero mi consciencia
ver a solas y mudarme
y a mi patria sin resistirme
de este inhumano apartarme
y hacer grave penitencia.
Jamás creyera, señor,
que tan presto se rompieran
vínculos de tanto amor
y que con deshonra muriera
con colmos de tu favor,
mas la mejor esperanza
muere presto y la firmeza
presto a la mudanza alcanza
que en mujeres la flaqueza
es el centro de mudanza
y porque amor no dura
y en mujeres disparates
junta, tamaños y locuras
pues muda presto quilates
la fe de vana hermosura.
¡Rara y extraña impresión
hizo Cristo y Pedro en ellos
pues trocando sus excesos
en Jesús puso la silla
sentidos y corazón
y trocó firme en intento,
de morir en este tan bajo,
pues su veleta en los vientos
y los regalos por trabajos
y estimar por tormentos.
Tanto he sentido su muerte,
que cuando el llanto calla
sangriento animal se convierte
y en rigurosa batalla
con el dolor controvierte.
Vamos, que ardiendo fuego
a la muerte se concluya,
ve, Pedro, pues mi ruego
no te asiste y destruya
y de la guarda reniego.
Y tu rabia la dilata
le precipita
Mi rabia de melancolía,
tan fiero, altivo león
de su guardiana necesita.
Vanse todos y quedan Aníbal y Tiburcio.
Tiburcio, mi amigo viejo y íntimo,
como nos va, me da el andar pasmados,
por no dormir, absortos en la hermosura
de Claudia que compite con los cielos
que yo por bella, grave y tan soberbia,
falto de seso, su truhanería alabo,
se engríe, se enlozana y pavonea
prestando alas a sus veloces ojos,
muchas veces me enfado, y sus melindres,
desdenes, muecas y el reírse deja,
que a nadie besa y menosprecia un poco,
y todo el mundo le parece poco
a su locura presuntuosa y grave,
garbos tocando en prosopopeyas,
y en blancura pulida, airosa y donaire
se piensa ser la antonomasia misma.
Ay, Aníbal amigo, y bien conoces
que tiene condición intolerable,
que se pinta discreta, noble y cuerda,
y aunque de cuerda adolece, necesito,
mas ay de mí, que el rapazuelo ciego
me tiene desatinado y caduco,
que en ver su cara se me parte el seso
y un diablo de alquitrán se me reviste
que me enciende y penetra las entrañas.
Moriréme, por Dios, si llora el estómago,
no gustaré mis bellos dulces bocados
si no son medicamentos y sana espiritual
para quitar la sed de aqueste hidrópico.
Mas, ¿quién puede mirar sus ojos bellos,
amorosas ventanas de mi muerte,
o tocadores de rubí en estopas,
sin perderse, encenderse y derretirse?
Pues los inviernos en veranos vuelve,
las nieves blancas en inmensos fuegos.
Ay, triste de mí, que sus venenos dulces
bebí tan sin pensar, y queda el alma
como paja a los vientos, sin el cuerpo,
que labios y pestañas que narices,
mejillas, grana y abreviada boca
de nuevo el seso en contemplallas pierdo,
de amores, que victoria aguardes
coronas, silencio, que su dedo agarran
inquietan, buscan, solicitan, prenden,
persiguen, chupan bolsas y la paciencia,
no me aprovecha acaso, tarda mucho
este clavel divino y bella rosa
a dejar loco a un morcillo torpe
y por no hablar calla y doy mordiscos.
Amoroso, vergante, lindo loco
Tiburcio, y rematado te contemplo,
gastados tienes los fogosos hígados,
bebiendo vino del amante viejo
que acorta fuerzas y comida a veces,
privado pienso que las noches gastas,
y tengo pena, majadero andante,
que a matices perturbes y serenes,
y porque de serenarte solo en Roma
podrás sacar de Claudia tomadero.
Vanos ilustres, allana la constancia
y cuando te canses, Aníbal, do
de nuevo fuerzas y vigores cobro
y tengo de morir en la conquista.
Entra Claudia.
Oh triste de mí, si dos no creyeran
un tan amargo y desdichado numen
o suceso funesto y lamentable,
mas aquí están hablando los dos locos.
quiero gastar con ellas algún rato,
y al fin si os causo a la postre angustias,
y medio confuso la Dorotea
yo a Anibal do, y a Burcio dar.
¡Oh, ilustres auroras,
que matizáis los campos con las perlas
y con trenzado aljófar os enriquece,
dando pureza a vuestros hermosos lazos
de mi esperanza, y mi remedio, pilotos,
estrellas que medís con el alba, magos,
demostráis repulgentes en el oriente
que no menos parecéis, amigos,
pues que a mi vista mi contento anuncian,
conocer que hace que entienda,
hoy descansad ya de desvelarme,
que procurar que me consuma amando.
Intenso sigues, demostrarte tierno.
Es por razón que mi vida se endurece.
Poco estima mi amor, y no imagino
pague mi visitar y haber negado
aunque venda lisonjas nuevo dueño,
que hay tiernas muchas lágrimas de hombres
tiranos, con falacias son hipócritas
que aunque muestran palabras halagüeñas
con meloso donaire acicaladas
tienen adentro la traición oculta
y engañan mil por deciros bobas
que el Amor arrojaron por palabras.
Que luego negra mi bellosa tez,
nunca contemple mi honra vez,
un bofetón me dé un villano atroz,
engaze con locos en las jaulas voz,
esclavo muera y afrentado en Fez,
falte a mi vientre siempre el dulce arroz,
Derríbeme algún macho de una coz,
mi cabeza machaque un almirez,
en un anzuelo me mire cual lombriz,
y mi vida persiga un abestruz,
provéase en mis barbas un rapaz,
y mis narices corte mi nariz,
sino te adoro por mi vida mi luz,
do mi gloria alcanzo mi descanso y paz.
Mis ojos cieguen sin mirar su luz,
tenga en mis pleitos riguroso Juez,
un asno viejo avieje mi albornoz,
Cágueme todo con afrenta el buz,
dispárenme un mosquete o arcabuz,
peguen mujeres con tes de pez,
roto me vuelva semejante a pez,
y otra dama se seque del arcaduz,
déme un caballo rigurosa coz,
no coja mi reclamo codorniz,
algún Judas me bese con disfraz,
un rayo me consuma muy veloz,
si no adoro tus labios y nariz,
y eres mi bien mi gozo y mi solaz.
Y escupan todos en tu blanca faz,
y tenga cual membrillo amarillez.
Alcance por esposo algún soez,
vano, un imposible, loco y pertinaz,
enquiero una tyranuez despaz,
trabajos venganza de vejez.
Jamás llegue mi flecha a madurez,
ni sueltas me gocen del regaz,
por grave golpe me dereche al miz,
y todos les parezca duro atroz,
me dominen con furia y con capuz,
mil perdices me dejen por perdiz,
si como os amo otra sirva de cruz,
para ser enemiga de la luz.
Pues tu, Claudia severa,
porque vivas, cuando muero,
y con imitación de fiera
cuando un vellocino espero,
¿para qué espero despojos?
no me pongas en balanza
pues es razón que convenza
amor libre de mudanzas
que mi voluntad te venza.
No obligues mi esperanza,
mucho extremo se holgará
el que te adora y venera
que fingida amistad declara
y mostrándome cuñado
no fueses menos avara,
que el aguardarme de a un lado,
¡Oh, dichoso quien te camina!
goce sin guerras ni riñas
que quien goza de las mías
dudar puede muchas ruinas.
Entra Laurencia por la otra puerta
No riquezas humanas ni tesoro,
cuyo fin instantáneo considero,
no galas pompas fausto o dinero,
plata de Potosí, de Arabia el oro,
no de Pasiphae el adorado toro,
fingido, fabuloso o verdadero,
que parió al Minotauro monstruo fiero,
guardando al natural poco decoro,
no el humano placer, o refrigerio,
belleza rara o apariencia hermosa,
que postraron a los dioses o que rinda,
no el alto cedro dilatado imperio
es de envidiar, sino la cruz honrosa
donde murió por nuestras enmiendas.
Yo me voy, venid conmigo,
que aunque se disimular,
y mi voluntad no digo,
por obligaros a amar
a un someterme obligo,
silencio por se excusar
sin a ti dar una seña
tendréis en amor ganancia,
porque la firme constancia
ablanda la firme peña,
venid y volved después
a verme.
Sin ver tu gloria.
Un higo.
(Se vuelve el mesonero de redrojos de pepitorias, haciendo befa a sus pies.)
Vanse por diferentes puertas entre los dos, y queda Laura a solas.
Enternecida he quedado
de ver humildad en la cruz
que murió por la luz
y nueva luz he cobrado.
¡Oh, venturoso el soldado,
no cobarde, ni haragán,
que siguiendo al capitán
a la cruz corre contento,
pues por pequeño tormento
eterna gloria le dan!
De un amargo parasismo,
solicitando un remedio,
me sacó el alma de Pedro,
limpiándome de sí mismo,
de el tan profundo abismo.
Dejé la pesada fe,
que mi hado tan feo,
y vuelvo a la eterna fe,
supe dejarme a mí mismo,
y lo mayor que deseo,
y olvidados de los tratos,
y por nuevas sendas voy,
la cruz abrazando, doy
a la vanidad ultrajes,
deshechos pompas y trajes,
en Cristo y Pedro escudado.
Pongo cualquiera prendado
de amor, y digno de honor,
en Cristo por mi Señor
y en Pedro por abogado.
Gracias a Dios que refreno,
el alma y espíritu aplaco,
no adorando al falso Baco,
ni a la incasta Venus ciega,
no a Juno, Vesta engañosa,
Neptuno, Apolo y Vulcano,
y a tantos dioses que en vano
cuento, por perjuicio entero,
sino al pío, al verdadero
Dios inmenso y soberano.
En sus errores combatido,
estaba velando, y alerto,
para sanidad de mi alma
para dirección dormida,
sino ya trocando la vida,
y aumentando santidad,
haré vista a la verdad,
que cautiva el corazón;
la despierta en diversión
y dormida en vanidad;
que sin temor del tirano,
su ley falsa hollaré
con la mía bajo del pie,
aunque me corte la mano,
que por el nombre cristiano,
para ganar lauro y palmas,
que hoy dispensa la victoria,
abrazando los tormentos
que llevan a los contentos
y eternos gozos al alma.
Vase, y sale Publio vestido como ermitaño.
Vime en el mundo en la cárcel de la muerte,
y hoy naciendo un poco de nueva vida,
y busco el desierto donde vive el que se advierte,
que tiene áspera la cerviz rendida,
que es grande indiscreción que quede el hombre
donde el demonio sus redes le impida;
ganar pretendo sin tardo nombre,
de cristiano, apartado del bullicio,
que no hay razón que el padecer me asombre,
que da al discreto un diverso indicio,
que quien de ocasiones desviar se aparta,
procura la virtud, y deja el vicio;
por mejor, Magdalena deja a Marta,
quiero decir, que la vida deja activa
por la contemplativa, que descarta
las obras de la carne altivas,
y en Dios retiene pensamientos castos,
y a la vana olvidando fugitivas,
instantes de placer, amores bastos,
que el tiempo siempre en sus propósitos gasta,
doliéndole perder el tiempo gastado,
o vidas que una aleve quitan la casta,
donde se logra el bien, se alcanza gloria,
se conserva el valor, y no contrasta
el recato, que a un leve viento escoria,
contento, deja de riquezas humanas
ganando pobre celestial victoria;
que la vida bestial, libre y profana,
solo busca el carnal e insensato,
que aumenta más su imprudencia insana,
llora después el depravado trato,
que de rematada vida, cuando en penas
se queja el cuerpo, se consume ingrato,
y amarga libertad que a un condenado
excesivos tormentos al deleite
que eternos bienes a las obras buenas,
conoce entonces el fingido afeite,
promesas falsas del placer mundano,
cuando le deja por faltarle aceite,
en la puerta del esposo, y llama en vano,
como las otras vírgenes tan locas,
que el contento perdieron soberano,
golpes entregan infernales bocas,
que el bien tan caduco, breve y corto,
lo pierden muchas, y se salvan pocas;
por tanto aquí, mi Dios, mi bien me exhorto,
a buscar vuestra paz, que sois el dueño
de mi vida segura, y alas corto
a la ocasión, y vencedor estoy del sueño;
quiero dormir un poco, mas no tanto,
que se vuelva pesado el halagüeño
cuerpo, rendido al ejercicio santo.
Pónese a dormir y sale Simón Mago con llamas de fuego
Rabiando, su fuerza han roto
las infernales cavernas,
donde, amontonando culpas,
penas acumulando penas,
las abrasadas entrañas
eternamente retumban
sin esperanza de alivio
ni lugar de penitencia,
condenamientos a llorar
quise volar con soberbias
alas, encumbrado al cielo,
sin posarme a tierra,
y postrando tras mi vuelo
este terreno con las fuerzas
de su poder ahogadas
de intolerables miserias.
Broten las fogosas olas;
mil incomparables lástimas
que el corazón me traspasan
y intensamente atormentan.
Mal haya el extraño peso
de los pecados que llevan
apegadas mis falsas glorias;
al abismo empujan deudas.
¡Oh fuego, oh muerte, oh rabia, infiernos y penas,
graves angustias y perpetuas guerras!
Mal hayan tantos encantos
que, entregando mis potencias
al gusto del enemigo,
alargué al vicio las riendas.
Comprar intenté la gracia
a un tiempo, y agora quedas
de desgracias llena el alma
y es bien que desgracias vendas.
Voluntario me la daba
ver y por cosas de ellas
lleno de engaños ocultos
desposeí la vana ciencia,
despreciéla, no advirtiendo,
¡oh costosa inadvertencia!
que el pobre con ellas malo,
y rico oscuro con ellas.
Yo, buscando mi provecho
en permanencias eternas,
joyas pretendí comprar
tan inestimable prenda;
mal haya mi vano aplauso,
pues en perpetuas galeras,
como forzado por Dios
el alma infelice rema,
que prestos que se amaynoran
de mi gravedad las velas,
incitados, trocando gozos
en penalidades eternas.
¡Oh fuego, oh muerte, oh rabia, infiernos y penas,
graves angustias y perpetuas guerras!
Quién pensara que llegando
ya con vana mente al peso
alcanzara tal pesar
y tan pesada sentencia.
Quién pensara que las flores
se amarchitan y secas,
y con vanidad del mundo
pusieran tal carga a cuestas.
Quién pensara que un deleite
de tan poca subsistencia
produjera espinas tantas
y tantos daños produjera.
¡Ay de mí, que por ser loco,
con mis porfías, firmes peñas,
engendraron altos vuelos
de tal fuego mil cegueras!
¡Ay de mí, que el apetito,
horno hacelle arder, y tenella,
incendio, predominando
cláusulas ser de mis deseos;
¡Ay de mí, que con el ay
estragos fieros lamenta
mi desesperada suerte!
Que ningún remedio espera,
y a las perdidas del tiempo
ganancias sin tiempo heredan
del inextinguible fuego;
y las entrañas penadas,
sostenerlos irrefragables;
en vano el que apela apela,
que a todas apelaciones
cierra la clemencia puerta.
¡Oh fuego, oh muerte, oh rabia, infiernos y penas,
graves angustias y perpetuas guerras!
Con el semblante halagüeño
la lisonjera villana,
al inadvertido amante
le transporta, y le degüella,
con apacibles caricias
le abisma, sumerge, anega,
previerte, en éxtasi pone,
entorpece, y embelesa.
¡Ay engaños no pensados,
cuán lejos estuvieran
de vivir vida de burlas
si supiera aquestas veras!
No me precipitara a peñas
que con tanta diligencia
procurara mi salvación,
ni cerrara mis orejas
del perdón, que hallar procuran,
en la divina puerta tengan
mis angustias aliviadas;
y mis tormentos aumentan
¡oh vil ponzoñosa araña!
Razón es que me entretejan
telas de insufribles daños,
pues formé tan flojas telas.
Venga conmigo el verdugo
y gusano de conciencia
que mis pesares despierte
cuando llamas me alimentan,
y a mi enemigo, Dios,
Para siempre me destierras
de la deseable patria
donde el bueno se deleita,
a fuego, a muerte, a rabia infame y penas,
graves angustias y perpetuas quiebras.
Vase Simón, y va despertando Fénila.
Vete, vete, agua, agua,
que aguardan visiones y penas,
fuego, condenación, pesar,
la que a mi ser turbas el alma,
que a Simón Mago te diste;
aparta, aparta, no vengas
a atormentarme con culpas
y con palabras funestas,
y a quien alegra el acierto
camina, no te detengas,
que el volar te dio el cielo
y pocas medras, si en ellas.
Acaba de despertar.
¡Válgame Dios, qué pesado
sueño! Las carnes me tiemblan,
y se erizan los cabellos.
Desperté, y tengo impresas
a la visión mi memoria,
que mis pecados me acuerdan
lo que a Simón el Mago
de llamas cercado enseñan,
así en el infierno, oh cielo,
triste y lastimosa herencia.
Yo sentí, soñando, aquesto,
suspiros de tal manera
que, aunque ellas de paso falsas,
me espantan las verdaderas.
Si el sueño atormenta así, almas,
con que el infierno suena,
y si será tan verdadero
que graves dolores me cercan,
yo me quiero escarmentar
en las cabezas ajenas;
que se arrepiente pagando
quien de grado no escarmienta,
que escuche; y si cobardes,
con vigilancia y prudencia,
las cabezas altas paren
cortadas y de cabezas.
Vase, y salen Nerón, Fabio, Aureliano y Liberio.
Ya los dos que alborotaban
a Roma, su merecido
tienen.
Sus culpas pagaban,
pues dejando encarecido
y ansí el error predicaban.
Descubridles, que es razón,
pues con tan vana esperanza
tienen pensar galardón,
que se deba mi venganza
en su muerte y su pasión.
¡Oh fiera voraz, hambrienta!
No de sangre humana, sedienta.
Muerte, pues con tal tormento
se gana la cruz honrosa,
del cielo, honroso asiento.
Descubren en diferentes partes a S. Pedro crucificado cabeza abajo, y han de estar cerca de él Clemente y Marcelo, y en otra parte a S. Pablo degollado y el verdugo cerca de él.
Ahora, Jesús mío,
en el árbol mi vida reverdece,
y el abundante río
de gracia, riega el alma y enriquece;
abrásame que siento
que es el tormento mi menor tormento,
¡oh cruz, que me convidas
con coronas ínclitas, a vos tejidas,
porque con muchos bienes
la priesa de la muerte no detienes
y el grande bien conquisto
con mucho padecer amando a Cristo.
Abajo, Rey del cielo,
por contemplar los altos, mi cabeza
pongo, alentando el celo,
mirándome en mi aborrecida bajeza,
que un hombre que es tan bajo
mira que es justo la cabeza abajo.
¡Oh claro sol de mi vida!
El trono espero en vos dichoso fruto,
y a la muerte atrevida,
pagar de todos el común tributo,
pues yo que así pretendo,
el alma en vuestras manos encomiendo.
Ya han muerto, a quien tanto daño
con mil engaños hacían;
muertos, con su sangre me baño,
e imágenes, que a porfía
para abatir con engaño.
A Pablo también, que ha sido
quien a Roma ha perturbado,
y tantos locos vencido,
y su ley tan obscurecido,
falso Dios es despreciado.
Contento estoy de su muerte,
y apenas mi saña aplaco,
que hace al fiero tiemble el fuerte,
que matare a fuerte y flaco,
si a su secta se convierte.
¡Oh Pablo, maestro mío!
Gano vida, muerte siento,
que cuando a templar porfío
el inefable sentimiento,
hacen mis lágrimas río.
Seréis, pues, honrando al mundo,
siendo divino lucero,
en la doctrina profundo,
en las penas el primero,
en las glorias sin segundo.
En tan excelsa victoria,
Pedro, pues con obras buenas
el llanto dejáis y penas,
gozaréis eterna gloria,
pues a mí me afligen penas.
antes pasada la guerra
en tal muerte me consuelo
y perpetua paz encierra.
Dos lumbres hay de la tierra
fueron a alumbrar al cielo.
¡Oh, cuántos perdistes, Roma!
No en perder a Pedro y Pablo,
arda Nerón pues no doma
su furor, y sirva al diablo
como a estotra y Sodoma,
que el Senado se abrasa,
dentro de su pecho encierra.
Ya vengó su corazón.
Con aquesto se destierra
de Roma la confusión,
y estará su majestad
contento y con paz sobrada
en su alivio y libertad.
Con tanta temeridad
aún no sosiega mi espada.
Muy poco quedó vengado,
insaciable frenesí.
Lleva en el pecho abrasado,
y acaba, Senado, aquí
Simón Mago castigado.
Finis.