digitanler Text von Simón Mango canstigando | BITESO
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digitanler Text von Simón Mango canstigando

Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Simón Mago castigado. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/simon-mago-castigado.

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SIMÓN MAGO CASTIGADO

Stanrt

Pang. 1

Simón Mago, castigado =

Comedia en 3 jornadas.

Leg.º 2.º

4-6

20

595

Pang. 2

S 4 N.º 1.º Simón mago, castigado Nu. 1.º 6 42

Pang. 3

Simón Mago castigado

Jornada primera

Pang. 4

Personas

San Pedro

Simón mago

Mozco

Clemente

Dionisio

Publio, criado

Nerón, emperador

Faburcio, cónsul

Aureliano, senador

Dorosinda, dama

Laurencia, dama

Asmodeo, demonio

Liberio, capitán

Tiburcio, criado de Faburcio

Ambaldo, criado de Aureliano

Claudios, dos

Cristo, nuestro señor

San Pablo

Jornada Primera. Salen San Pedro y Dorosinda, canta un gallo.

Dorosinda.

Prosigue, Pedro, tu historia.

Pedro.

No es mucho que un gallo estorbe

a mi pretensión.

Dorosinda.

Pues de gallos

te turbas.

Pedro.

Siendo sus voces

que mis entrañas penetran.

Dorosinda.

Prosigue.

Dorosinda.

Di.

Pedro.

Oye.

Fuese al huerto aquel cordero,

amansador de leones,

para orar, acompañado

de sus discípulos doce;

escogió a tres, Juan y Diego,

y del que no merece nombre

de Pedro, que, aunque tan malo,

entre los tres le escogió,

y apartándose algún poco

de nosotros, con sudores

mortales oró tres veces,

sangre derramando noble,

en la humilde y rica tierra,

gloriosa de verse entonces

honrada con tal tesoro;

y como tal viéndole,

después que primera vez

su sudor creció al doble

su angustia, congoja y pena,

y muy lleno de aflicciones

nos visitó, y nos halló

durmiendo, que el sueño rompe

con el amor muchas veces

ya que a amarle obliga al hombre.

Despertónos con fervor,

y a mí con voz dolorosa,

diciéndome: "Simón, ¿duermes?

¿No pudisteis esta noche

una hora velar conmigo?"

Mas, dejando esto, que ponen

varias cosas de importancia

a mi amarga obligación,

vino el discípulo vil

que te he dicho, de traidores

origen, principio y fuente,

y cual otro Sinón conformes

con mucha gente de guerra,

cuyos viles corazones,

apoderados de envidia,

llenos de alquitrán y azufre,

daban incendio al deseo;

y, soberbios y feroces,

rabiosos y endemoniados,

entraron al huerto, adonde

estaba el cordero sacro;

y, voluntario, salióles

a recibir, preguntando:

"¿A quién buscáis?" Y ellos, torpes,

"A Jesús de Nazareno,"

dijeron. Y dijo entonces:

"Yo soy," y con esta voz,

cosa extraña, derribóles

en tierra, mas prosiguiendo

sus dañadas intenciones,

y les dejó le prender;

y el falso Judas llegóse,

y dando beso de paz,

con paz en guerra le envuelve,

motivo para decirse en suma:

su grave pasión, que entonces

puede convertirse entera;

jamás se vieron rigores,

ni más extraños tormentos;

que dando lugar al golpe,

se congregaron los males:

incomprensible volición

que Cristo, de vituperios,

de escarnios, mofas, baldones,

de Anás llevado a Caifás,

y de Pilatos a Herodes;

y puesto en la coluna humilde,

cansándose los sayones,

sufrió con paciencia inmensa

más de cinco mil azotes;

una corona de espinas

el celebro traspasóles,

dando lugar a sus burlas,

desatinos y furores;

y vestido como loco,

le adoraban los burlones.

Pang. 5

Pedro.

Poniendo en la mano cañas

al que es criador de robres

sobre los débiles hombros

de sangre esmaltados noble

pusieron la cruz pesada

y a llevarla aligérose

mas faltándole las fuerzas

otro Simón ayudóle

diferente de este mago

que hoy a Roma descompone

finalmente en una cruz

murió puesto entre ladrones

cielo compendio de males

y epílogo de dolores

mira Dorosinda bella

si es justo que me aficione

de aquel que murió de amor

y muera por él de amores

mira si concurren causas

para que yo me enamore

de este Rey enamorado

digno de inmensos loores

pena que las piedras duras

tuvieron porque se asombren

los judíos, sin sentimiento

el sol dorado eclipsóse

rompióse el velo del templo

y con todo esto no rompen

los velos de su vergüenza

los incorregibles hombres

quién hay de entrañas de tigre

que si pondera el desorden

de esta canalla maligna

y por Cristo tantas razones

para amarle y veneralle

con aquellos no se enoje

y confiese ser un ciego

dando guerras y disensiones

yo te ruego Dorosinda

así le mires y goces

en eternidad de siglos

así de laurel corones

celestial, aquestas sienes

que no adores tantos dioses

que mis consejos adviertas

buena doctrina no arrojes

lo fingido y falso dejes

lo bueno y seguro tomes

el corazón rectifiques

el perdido tiempo cobres

afectos en el alma bordes

el vicio del alma borres

en lo bueno te reformes

a caridad te provoques

gustos sensuales desveles

el cuerpo indómito domes

a nerones mil no temas

que las mayores traiciones

no pueden quitar al alma

aquel sempiterno bosque

salir de un Reino donde tantos

juntos pecan por ser conformes

al gusto del enemigo

y a tantos dioses destrompes

mira que son los placeres

inconstantes y veloces

transitorios y caducos

no te engañen no te estorben

no te embaracen el cielo

no te caigas no te postres

no te dejes encantar

que es gran lástima que llores

eternamente los daños

si mueres dura e inmóvil

considera que mujeres

que hay fuego que corresponde

a los vasos de lujuria

tormentos de pasiones

que los viciosos y malos

males que sembraron cogen

pues los cautivos de amores

paren de infierno dolores

que el premio que en su reino

Lucifer les propone

y que a muchos en corte cortos

en su corte les da corte

que alas batieron al aire

desbarata el aire las torres

y beben eterno viento

los locos camaleones

este siempre incorregible

este desorden de orden

tragando veneno envuelto

sin pensar ahogarse

a la muerte celadora

de lascivias presunciones

antes de apagar su sed

a matalla anticípase

que los cabellos dorados

de infinitos absalones

por tener en el aire

en el aire el fin les pone

que a sus dulces amargos

paren pecados atroces

que al mozo en flor le marchitan

la gala, la vida en flores

y al soberbio y empinado

le deja humillado y pobre

postrando de Babilonia

las entronizadas torres

por tanto mi Dorosinda

mi santo celo conoce

y perdona si te digo

que sigues amando Simones

deja a Simón, deja el ciego

no pierdas las ocasiones

de aprovecharte del tiempo

que huye y sin sentir corre

déjales vanos dioses

y a aquel Señor reconoce

por Dios, que en la cruz humilde

Pang. 6

Pedro.

Mis desvelos, ostentaciones

al encantador Simón,

a quien ayuda y socorre

Nerón, favorece y ama,

y le cuenta entre los dioses:

no le escuches, no le trates,

que en el alma mil legiones

tiene de demonios viles,

y los fines desconoce

de su rematada vida;

que yo prometo, aunque corte

Nerón mi cabeza, luego

dar muchas sutiles facciones,

de sus embustes, y encantos,

de sus enredos, y errores,

que no es bien que esta serpiente

con venenos y ficciones

mil ciudades envenene,

y agora a Roma emponzoñe.

Y pues abrasa mil Troyas,

con cautelas y invenciones,

no es Simón, sino Sinón,

traidor, disimulado y doble:

desterradle de Roma,

donde la bestia diforme,

con los profanos alientos,

maliciosas presunciones,

y del demonio con engaños,

de que es la sabandija el Norte,

al encantador soberbio,

con encantar, encantole,

humillose por el suelo

su gravedad y inclinaciones,

allanando por la tierra

de su gravedad los montes:

que dentro de su alcázar,

donde tres mil escuadrones

de fuertes, que siempre el flaco

se pinta rinoceronte,

con disimulados visajes,

el vil demonio, que note,

y con crecientes de culpas

al infierno aumente.

Tú, pues, Dorosinda hermosa,

el recto camino escoge

ahora por Dios Cristo,

y huye de tantos soles,

que no alumbran en su presencia,

sino ciegos encantadores,

que cual sirenas te encantan,

y en salud con tiempo ponte;

deja la gentilidad,

y os requiero que conformes

con los dioses, que inventaron

dioses, a los cuales diste

pena eterna en el infierno.

por ser feroces dragones,

hombres, y algunos sin nombre,

y grandes sus renombres;

bajan al centro de los avernos,

que con prisión de bronce,

Sirven al eterno fuego,

y cual viles galeotes,

con remos de desesperanza ,

reman, gimen, penan, vocean,

y no matan su comida ,

cantando siempre canciones

tristes, fieras y amargas;

aunque en el mundo les hubieren

dado a Dorosinda, son

sus dioses; sus galardones

tienen de riqueza en penas;

por ser en verdad tan pobres.

Y si fueron en el mundo

grandes, del oro adoradores,

tan fuera del oro están,

que apenas alcanzan cobres;

y les dan, porque fundaron,

siendo del mal cazadores,

torres de viento en el aire,

en infierno torreones,

tan fuertes, que no es posible

que salgan; porque les sobre,

sobre los vientos, la pena,

y con vida larga asisten.

Y ordenó el Supremo Rey,

que su ofensa y dolor de

sus pecados, ya paguen,

alcancen de gloria nones;

y que los dioses fingidos,

y sus trances, y aduladores,

y guerreros que derraman sangre,

sanguinolentos, no acoge

en las moradas de gloria,

sino en eternas prisiones.

Vente, pues, mujer, conmigo,

no adores ídolo torpe,

que yace en infierno.

Júpiter, Saturno, y mil,

o por decir cien millones

de los dioses que adoráis,

solo fueron defensores

de la vana gente ingrata,

precipitada y deforme.

Y enemiga de sus cuerpos,

aquel que viera, viento móvil,

y donde al gusto mil horas

desconoce todas veloces;

por tanto, es bien, Dorosinda,

que dejando confusiones,

a seguir el bien disponte;

que me holgaré que, trocada

de tu insana locura, cobres;

lágrimas derrames, dirijas

y el alma consagre, y seas

esposa del Dios verdadero;

y es grande deshonra de hombres

ser loadores de poco,

y por lo largo, aduladores.

Y yo, por bien parecerlo,

aunque importa que te exhorte...

Pang. 7

Pedro.

Mas de largo, callar quiero

y te ruego me perdones

que cuando atiendo mi celo

y revuelvo los bigotes

me holgare no a darte cortas

a tan largas persuasiones

Dor.

¡Oh, Pedro!, pues me ofreces cierta

nueva deidad, y no es razón

siendo tu ley la mas casta

que cierre en el corazón

jamás probada, la puerta

que ese señor que predicas

tanta mudanza me inclina

y cuando mi bien suplicas

con palabras medecinas

a mi enfermedad aplicas

no quiero vivir en guerra

teniendo en el mal desuelo

que grande imprudencia encierra

quien por cosas de la tierra

deja las cosas del cielo

Buscaré eternas coronas

por repentinas suertes

que siendo bueno me abonas

me truecas y me conviertes

me enciendes y me aficionas

De mí que blandad me sacas

mi vana locura secas

das al veneno triacas

mis incendios torpes truecas

y intensas llamas aplacas

ya yo prometo, deseo

desvistiendo la riqueza

y desterrando el placer

continua fortaleza

contraria al ser de mujer

mi laberinto derechas

Cejas, sembrando provecho

y obras arrancando malas

que con tus palabras solas

ya me traspasan el pecho

pues justa y altiva revista

ponme ya Pedro en tu lista

porque en adorar a Cristo.

y celestes indias conquisto

y moriré en la conquista

que el alma piadosa y rica

me enamora y alimenta

cuerda me vuelve de loca

me fortifica y alienta

inspira mueve y provoca

dejare al falso meson

a que solicite enojos

y se embravezca león

poniendo en Cristo los ojos

y en su rabia el corazón

y aunque me tome venganza

y impiedades administre

he de vencer sin mudanza

blandiendo la fuerte lanza

varonilmente en el ristre

y dar pavorosos asombros

trocando naturalezas

Así con rara fiereza

de mujeres flacas vieres

fortalezas de varones

seré de Dios vivo templo

que tan otra me contemplo

que nuevo renombre obres

en el ganar santas obras

que, a la manera de mi ejemplo,

esta luz a mis sentidos

en vanidad ocupados

y en jugueytos embebidos

en dormir aprovechados

sin aprovechar dormidos

y aun nuevas alas quiero

poniendo noche al lucero

de tus rayos refulgentes

dejo dioses aparentes

y volare al verdadero

que con tus palabras solas

ya divino ser me encumbras

estorbos del mal asolas

con un crisol me acrisolas

y con tu lumbre me alumbras

Pedro.

Tanto en los contentos creces

apenas palabras me gozo

cuando escucharte ofreces

que ya viejo me remozo

que ya seco reverdeces

¡Oh, mujer!, si bien supieses

cuánto me haces que abraces

tripudios y en vicios ases

por la cruz y ricas paces

la cristiana ley profeses

gracias al cielo le doy

que eres divina de humana

glorioso y ufano estoy

cuando me prometes hoy

las armas de mañana

a defenderte me obligo

alienta sus esperanzas

que estando Cristo contigo

poco podrán asechanzas

del envidioso enemigo

que el mortífero veneno

del vil contrario no ofende

a quien es de veras bueno

que solo el diablo le vende

al que está del diablo lleno

que si en Cristo te rearmas

y a nueva vida reformas

te dará el cielo armas

que tú en Dios te conformas

su gran discreción confirmas

que es tan liberal y llano

que inmensa riqueza ofreces

para alzar ese humano

al negro etíope enblanqueces

y al cerbero dejas en laces !

y así, conversa, te ruego

que no le dejes cegar

a traves del camino ciego

que aún no siempre ha de acertar

suele despertar el fuego

Pang. 8

Pedro.

tu buena mudanza alabo

que es justa razón que ceses

de admirar artes y setas,

que por quitarte los enojos,

gusté de verme esclavo.

Huye del mago Simón,

que en sus pecados se baña,

y con barata ficción

mil corazones engaña

con doblado corazón;

y a Nerón, aunque me quite

la cabeza, le diré

que a desterralle se apreste,

que no es bien que en Roma esté

tanto daño y tanta peste.

Entran Marco, Clemente y Dionisio.

Marco.

Mucho le ayuda el demonio

Clemente.

a este mago y hechicero.

Dionisio.

No dudes.

Su vida, infiero

que da de tal testimonio.

Marco.

¡Oh, Pedro, oh sacro lucero

que con rayos refulgentes

hombre con tanto alcance

de sol salido en oriente!

Pedro.

Marco, Dionisio y Clemente,

evitad las alabanzas;

¿cómo os va con el oficio

de predicar?

Marco.

Bien nos fuera

si, haciendo al diablo servicio,

Simón mago no estuviera

en Roma. Que ya su ruina

y desvergüenza notable

nos amenaza muerte terrible,

por su vida abominable

que es un mal intolerable,

ser un hombre incorregible;

el templar su desconcierto

es imposible, que al cabo

de toda virtud desierto,

en todos los vicios vivo,

dormido al bien y despierto

a su inclinación proterva,

contra Dios se descomide,

nueva ponzoña fragua,

cualquiera bondad despide

y cualquiera maldad conserva;

y así sus daños abraza,

sin freno se amenaza,

y solicitando el robo,

mil ovejas este lobo

con sus dientes despedaza;

y es muy justo, pues no es justo

sino un hombre despeñado,

y se pinta tan robusto

siendo flaco y arrojado,

esclavo vil de su gusto,

que instruye los corazones,

cuando a formarse endereza

enredos y encantos varios,

y a mil sangrientas manos,

en su arrogante anhelo,

que es razón, Pedro, que luego

temples su arrojo profano,

y oficiado soberbio y ciego,

y a todos dice que es Dios.

Clemente.

Y abraza a todos su fuego

en el Tiber en dos puentes

ay un letrero que responde

que le conozcan las gentes

que dice: Simón, Dios santo,

que con tretas diferentes

y embustes nuevos a todos

tiene de seso privados

y encenagados en lodos.

Dionisio.

De mirarse encenagados,

ha sido su malicia muda,

y esto es causa que no crezcan.

El aviso en él, dormido,

y no es mucho que carezcan

del asenso, y se desvanezcan.

El loco desvanecido

hace milagros fingidos

contra su Nombre Católico

y adormece los sentidos,

y a mil hombres bestializa

que a su doctrina vendidos,

y dando rienda a su mal,

vuelto bruto irracional,

y en todo su rigor inico,

perder a Cristo solicita;

enemigo capital,

que ayudado de Nerón,

cuya crueldad inhumana

pone a Roma confusión

heréticas y paganas,

y dilata su indignación,

que por ser tan pertinaz,

la guerra en el alma encierra,

y es de la paz incapaz,

tiene con guerreros paz,

y con pacíficos guerra,

y olvidado de sí mismo,

cayó en su profundo abismo,

y encantado con su encanto,

pensando ser Justo, y santo,

aborrece al cristianismo,

y no poniendo remedio,

pues tampoco su ser doma,

y anula cualquiera medio

de quitar luego a Roma

esta cizaña de en medio

crecerá desesperado;

y apenas habrá personas

que siga a Cristo de grado,

porque un hombre apasionado

induce hombres inficionados.

Dionisio.

Hoy ha cobrado renombre,

que no se yo de que suerte,

se ha resucitado un hombre;

ha fingido que la muerte

de sus portentos se asombre.

Pang. 9

Simón.

Haga que tiemble el profundo,

dando velas a mi celo,

si en mis castigos me fundo,

que me reconozca el cielo

y que me venere el mundo.

Haré que el sol luz no dé

y nocturnos vuelva,

si quiero sus luces claras,

que imperios mil y fieras

estén debajo mi pie,

de aqueste vuelo arrogante,

soberbio, empinado y vano,

a Lucifer semejante,

quien apenas es enano

se hará temer por gigante,

que con palabras airadas

de sus entrañas deshechas

pone aunque al viento arrojadas

en mil plazas mil espadas,

en mil cobardes mil flechas,

y teniendo de su parte

al emperador Nerón,

que de suerte que hace león

y del feble hace manso,

pone en alto su cabeza

y sin mirar que es ceniza

quiere de Dios la grandeza;

sus errores por mi causa

ya a vengar se enderezan.

Pedro.

Que aquí Dios permita en Roma

que con fingidos encantos

ocasión de honra le toma,

que sus contentos en llanos

los vuelve en pena y daños.

Vamos luego, que si engaño

he de mostrar a Nerón,

ya verá presto su daño,

teniendo también razón

que es cosas de desengaño.

Corasinda, adiós, que yo os lo encargo.

Corasinda.

Y confieso su fortaleza,

si a vuestro fuego me allego,

imposible le es oscuro

que deis luz con el ciego.

Vanse y queda Dorotea.

Dorotea.

A puro amor liviano, torpe, incasto,

cautivo, esclavo, libre y deshonesto,

que ya mi corazón está dispuesto

al defecto y fino amor que da el casto;

mi honor se entibia, mi valor contrasto,

si al mundo sigo, y a mi mal me apresto,

dejar conviene pasatiempos presto,

que el ser de racional en que me gasto;

dejaré arrinconado el trato injusto,

que, eterno Rey, do con razón te quisto,

para parando en llanto el dulce gusto,

viendo tras dulce Abril amargo agosto,

y es bien que deje al diablo y siga a Cristo.

Vase, y salen Simón Mago y Asmodeo.

Asmodeo.

¿Qué es lo que temes, Simón?

Simón.

Quien padece ha su deseo.

Asmodeo.

Que te alegres es razón.

¡Quién te da pena!

Simón.

Asmodeo,

temo en aquesta ocasión

que a Corasinda importuna parezca

si viere que esta no hiciere

que eternice mis esperanzas.

Asmodeo.

Haré que anden a mis requisitos,

por mí se vean mudanzas,

de verte medrado vivo

y me aflige tu disgusto,

que yo en tu gusto me avivo,

ya soy esclavo y cautivo

de tu voluntad y gusto.

Simón.

Sabrás, pues, que Pedro aquel

que es enemigo de entrambos,

el que mostró ser gallina

y turbado al canto del gallo,

el que con ánimo grande

y viéndose de mil cercado,

que, digno de estos sin la tarja,

cortó la oreja de Malco,

el que por tanto pecar

se fue trasformado en pescado,

según desecha la carne,

después que solicitó

mi perdición y mi daño,

y por sacarme los ojos

gusta de verse milano,

ha de persuadir mil necias

a razón y con encantos,

y con aparentes muestras

hacer que parezcan milagros;

y como Nerón (apenas

está de mí confiado)

en su presencia jamás

hice portentosas cosas,

podrá ver que mi probanza

se vaya presto acabando,

si no hicieres lo que agora

te diré.

Asmodeo.

Pero, ¿qué esclavo

no salva la diligencia,

el desvelo y el cuidado

con que procuro servirte?

Simón.

Ya sé que siempre velando

me defiendes y me guardas,

que de ti mi remedio aguardo.

Advierte, pues, con portentos

este Pedro que he nombrado,

que le conoces muy bien,

muy indigno de mi enojo,

pues mil años me persigue

trayéndole a mis oídos

muchas veces con sermones

y con ejercicios varios;

con su ejemplo a penitencia

ha persuadido intentando,

ha perturbado una dama

que es angélico retrato,

a la que el sol no la envidia,

hace a su valor agravio,

porque las rojas mejillas

dan...

Pang. 10

Simón.

o son resplandecientes rayos

de tal modo que las lineas

quedan ciegas en mirallas.

es un octubre Florisinda

y Nerón está cebado

y por ella, que su soldado

ablanda al bronce, y al mármol

de tratarle algunas veces

tanto mal que ha resultado

que convencida y trocada

la gentilidad dejando

a algun maestro por lo externo

que negando los abrazos

a Nerón, que así lo confieso

desa deidad que enojado

imagina que es ufana

y le enfurece el pecho ingrato

aconsejada de Pedro

que con veras le ha rogado

que conserve castidad

vuelva los ecos vanos.

Pretendo pues que en su cuerpo

rica morada y palacio

muy digno de su persona

entres y con mil regalos

des guerra a su corazón

al fiero atormentando

sus entrañas que dan fuego

a carámbanos helados,

que viendo la ansia Nerón

que no goza lastimado

que procure su remedio.

Y yo entonces muy ufano,

muy presumido y soberbio,

muy arrogante y inchado,

mandaré que salgas luego,

y obediente a mi mandato

saldrás sin tardanza alguna,

disimulando el engaño,

que resultarán de aquí

dádivas que ofrecen largas

honras, premios y mercedes,

fama, privanza y aplauso,

porque viendo esto Nerón

quedará desengañado

y se cantará mi nombre

a los relevados orbes,

tendránme por hombre justo,

pacífico, probo y santo,

y hará cuanto yo ordenare

mi privanza asegurando.

Y Florisinda también

sabiendo que la he librado

del tormento que conviene

que le des extraordinario,

estimará mis consejos,

y volverá a las posadas

glorias dulces con Nerón,

olvidando a Pedro el calvo

y los cristianos impulsos,

dará riendas al regalo,

que en considerar que rostro

me enciendo, quemo y abraso,

y antes parando en ello,

de celos con ciegos salgo.

Y no me darás disgusto

si sus moradas allanando

mi fuego de Babilonias

en ella puedes apagallo,

esto mi deseo y te ruego,

te lo suplico y encargo

que procures mi vida.

Asmodeo.

yo procuraré procurallo

pondrélo luego por obra

tu gusto solicitando,

que yo entre penas peno

jamás descanso alcanzo,

quédate aquí que yo voy

a hacer lo que mandas.

Simón.

a Dios,

con la dilación me enfuego.

Asmodeo.

no tendrás con diferillo

pena, que luego será.

Simón.

mi sosiego está a tu cargo.

Vase. Asmodeo

Simón.

Temo de la privanza nunca estable

un amargo vaivén, dolor terrible,

oh voltaria fortuna, no es posible

mirarte sosegada y inmutable;

el gozo trucaste en pesar notable

con los lloros revocas lo risible,

eres para mil ansias insufrible

incomportable, dura, intolerable;

o das estados a veces inflexibles

cuando prometes la bonanza al doble,

con muerte haciendo sellar las revolubles

al rico en ocasión dejas inmoble

que nunca es fingida, aleve y doble

que el nudo desatará indisolubles.

Entra el emperador Nerón, Fabricio y Aureliano

Nerón.

¡Oh, Simón, tan solo aquí

Simón.

divirtiendo el pensamiento

la soledad escogí

Nerón.

el regocijo y contento

con veros se aumenta en mí,

y habiendo participado

las excelencias de Apolo

de tantas gracias dotado

no conviene que este solo

quien nos honra acompañado.

Simón.

Sacra majestad soberana,

cuando tal favor escucho

mi humildad abatida

y aunque soy poco, oso mucho

el nuevo favor me anima.

Nerón.

vuestra fama Simon que en Roma luce

y con nuevos loores me persuade

a daros honra con renombre induce,

y a daros fama con razón me alienta

grande valor se esconde y introduce

en vos, digno sois de honra, mucho aguardo

de vuestras obras, y por santas toma

que causan mil desvelos a gran Roma

que con amor eterno inseparable

os amo, noble pecho,

varón facundo y de valor notable.

Pang. 11

Nerón.

tendréis propicio y liberal mi pecho

que me muestro benigno y favorable

y a dignos de renombre y sospecho

que aun en ellos mi intento es estribar

y son la causa del contento vuestro

que el valor de un ingenio apasionado

que es digno de aplausos, aplauso ofrezco

no le niego amistad, doy le mi lado

su autoridad autorizo y engrandezco

y debe por mil causas a los honrados

verse atesorar honor, y no encarezco

vuestro merecimiento, y armas que

hoy venero por dioses, pues Dios os llama

que dicenme que mil veces dando el vuelo

a la suprema esfera do se encierra

Apolo, y Marte os remontáis al cielo

desamparando la emisferia áurea

por el estrago fiero que ay encierra

hacéis en los ejercicios de guerra

que sois el más soberbio, arrogante

y que a vuestro rayo penetrante

que desmembrais mil veces a los muertos

con grande imperio los volvéis a vida

que tiene en vuestro nombre aplausos y puertos

la nave de los cielos oprimida

por estos casos que me cuentan ciertos

y a ilustrar vuestro nombre me convida

mi grande celo pues honrando al mundo

os conoce por solo y sin segundo

yo gusto de Simón que en mi presencia

saque un armado del campo luminoso

poniendo bastante en la eminencia

hicierais algún caso prodigioso

de los casos que cuentan de su esfera

hacéis a todos hoy día glorioso

blasonen de Roma y es muy justo

pues que sabéis dar gusto, dadme gusto

Simón.

A tu majestad me pone en alto

me levanta, sublima, y engrandece

y es forzoso que quede corto, y falto

según la obligación se alarga y crece

que de honor con el favor mi pecho esmalto

nuevo vigor jamás sentido ofreces

en este corazón que nuevo anhelo

mueve mi voluntad, y da al vuelo

tu majestad señale el tiempo, cuando

no igualando los hechos a mis intentos

mi grande celo y voluntad premiando

que soy tan corto a las larguezas, siendo

quiere otra vez el cielo ir volando

con nuevas alas del ligero viento

a quien ser pasmo y asombro de lo que

ofende mi vida y afrenta me emplea

Fabio.

quien viene de los dioses recibiendo

tanto caudal, y les venera, y honra

por lo que al ser amas, y al atrevido

dando a quien no les honra gran deshonra

quien solícito siempre ha pretendido

vuestra estimación, su gloria nombre y honra

informa obrando su valor dichoso

que a quien Apolo, y Marte tan mal le trata

quien a los cristianos y su amor persigue

y en sombras vana, y fiereza andado

por seguir a quien le persigue

Dios de deidades, que es eclipsado

quien hace a todos que su ruina obligue

a ser de todos con razón honrado

estima, y ama a todos de mil modos

merece estimación y amor de todos

Aur.

agravio grande os hace el ciego y rudo

que saca a plaza su imprudencia toda

pues con mayor respeto puede el mundo

hacerse con silencio cuerdo y sabio

que el mayor cicerón que puede dudo

soldar hablando el recibido agravio

y el gran merecimiento nos provoca

a decir desvergüenzas de su boca

todo el vulgo hoy estima y es muy ciego

pues obras portentosas y señales

nos dais de merecer el nombre augusto

siendo célebres, raros desiguales

seguir en todo vuestro intento y gusto

y en láminas de bronce ya inmortales

ver hoy a vos memorias que eternizas

Roma, y sus grandezas, y autorizas

Entra Tiberio

Tiburcio.

Noble emperador de Roma

perdona si nuevas traigo

que han de causarte disgusto

Dorotea está en palacio

rabiosa, y endemoniada

que no sé quién ha causado

en ella tal accidente

Nerón.

Dorotea, oh cielo santo

si el alma tengo en la suya

cómo con ella no rabio

cómo conservo la vida

sin ir a pesarme sus daños

Fabio venga a mi presencia

Simón.

no te aflijas que a mi cargo

tomo hacer que el enemigo

como cometa volando

desampare su belleza

y habite en lugares aptos

de su deforme figura

Nerón.

si mi sosiego y descanso

en que ella le tenga estriba

qué hago yo Simón que aguardo

si de su pasión dependo

caí semimuerto privado

es posible que el demonio

sin respecto de los rayos

de esta divina hermosura

pudo soberbio, y osado

atreverse a dar tormento

a un serafín, un milagro

un asombro de belleza

Fabio.

mucho lo siente

Aur.

está edificado

está por ella, ya viene

Pang. 12

Aurelio.

Plega a Dios que el inhumano

de miralla endemoniada

no se vuelva endemoniado.

Fabio.

Yo pienso que no le falta

cosa alguna para estarlo.

Entran Aristarco y Tiburcio y Tiberio y Claudio asidos de Dorotea, que ha de dar grandes voces.

Dorotea.

Cielos, tierra, fuego, mares,

estrellas, planetas, vientos,

no ceséis de atormentar

a quien procura tormentos

por tener uso en penar.

Días callados, Dios airado,

caed mil veces conmigo,

que tantos daños ha causado.

Nerón.

Soplad, venga fuego, fuego,

que todo el abismo se ha llegado.

Tiburcio.

No podemos entre todos

aplacalla.

Tiburcio.

¡Qué fuerza extraña!

Aristarco.

Rayos pide.

Claudio.

En él se baña.

Simón.

Haré probar de mil modos

a los demonios mi saña.

Nerón.

A vuestro largo poder

no es mucho que el cielo rinda.

Simón.

Haré temblar y temer

al profundo.

Nerón.

¡Qué linda

que está, tan otra ayer!

Dorotea.

¡Ay, rey, tan privado de seso,

fiera, arpía, hambrienta loba,

que de cuellos con exceso

la vida acortas!

Nerón.

Confieso

que la fiera parece loba.

¡Ay, peregrina hermosura!

ciego con mirarte, pierdo,

y mi locura asegura

el mirarte con locura.

Que no es posible ser cuerdo

mirando el sol eclipsado,

y tu raro entendimiento

del vil demonio ocupado.

Simón.

Haré volar por el viento

a quien su daño ha causado.

Dorotea.

Tente, a do vas, ¿qué escuchas?

¡Ay, duro mago!, que encantos

y engañando con edictos

tu fingido nombre ensalzas,

¿qué pretendes?, ¿qué codicias?,

¿qué solicitas?, ¿qué aguardas?

Para atormentar mi vida

penas y tormentos causas.

Presto el fuego riguroso

que me consume y abrasa

dará su fin merecido

a tus protervas entrañas,

que prometiéndote vida

cuando caricias alargas,

verás la arrogante muerte

deshacer tus arrogancias,

veloz a mostrar se apresta

la segadora guadaña.

Tú, que de setenta cortes

y de mil homicidios matas,

tú, que ciudades y tierras

riges, gobiernas y abarcas,

hará presto que te bañes

donde mi pecho se baña;

no imagines que es posible

que por tus encantos salgas,

que excusando tus embustes

mis rigores te amenazan.

Tú, que con gusto pretendes

emperador, cuando matas,

cuando mil cabezas cortas

y en homicidios descansas,

tus culpas repriman atroces

obras continuas, inhumanas,

que presto estarás conmigo

ardiendo en eternas llamas.

Eleva tu soberbia al cielo,

que esta razón grave ensanchas,

y con vanidad de gustos

el cuerpo glotón regalas

en lujuriosos colchones,

lozanías, y hacienda gastas,

acudiendo siempre al dote

de las importunas damas.

Lóbregas, eternas moradas

que es bien que acompañen penas

a quien en vida acompañas

por un pensamiento solo.

Desde las sillas más altas

al más profundo abismo

mi fortuna adversa baja,

y tú te ostentas tanto

que entre muchos te adelantan,

determinarte soberbio

en tu poder y privanzas.

Ya en el cielo tu sentencia

está sellada y firmada,

que tendrán sanguinolenta

tus sanguinos días pausa,

que yo vengo juntamente

con atormentar el alma

de esta dama, que en tu centro,

agora a notificalla.

Simón.

¿Qué es lo que dice Asmodeo,

que sus palabras me espantan?

Nerón.

Mil tormentos pronostica,

y adversidades declara.

Agora es tiempo, Simón,

de dar blasón a la fama,

que os sube a suprema esfera.

Simón.

¿Qué hago en lugar, para

el rigor del enemigo?

Pang. 13

Simón.

que le serán mis palabras

fuertes rayos y saetas

y aun apenas arrojadas

harán que salga volando

sin dilación ni tardanza

Nerón.

no es razón tener deudo

Simon, menos esperanzas

Simón.

yo te mando fácil demonio

que al eterno fuego vayas

que a esa mujer no atormentes

y que luego al punto salgas

sin causarle daño alguno

Doros.

no quiero salir que bastan

mis palabras a creer

que aquí tenga asiento y casas

mas dime qué pretendías

Simón.

qué es esto que así me engañas

el vil demonio Asmodeo

muero de pesar y rabias

señor aqueste demonio

debe ser de mayor marca

y para sacarle importa

ejercitar la templanza

que muchos de ellos no salen

ni se expelen sin las armas

del ayuno y oración

Nerón.

o vil y infame canalla

Entra San Pedro

Pedro.

Noble emperador Nerón

de Marte en las guerras hijo

qué esperas amargo fin

de tus sabrosos principios

oye, escucha, atiende, advierte

a los venenosos silbos

de una enroscada serpiente

de un áspero basilisco

que vienes a eludir, que siempre

con engaños y artificios

mil corazones encanta

siendo de maldad abismo

este que imita entre sirenas

ásperos feroces libios

y que participando el ser

como de encantos mismos

es Simón a quien si negases

por dos milagros fingidos

por dios le venera Roma

siendo de su nombre indigno

yo te ruego que conozcas

que en su presencia lo digo

porque se avergüence y corra

desamparado del auxilio

del demonio a quien invoca

con aparentes indicios

milagros inventa falsos

falsos fabrica prodigios

y porque tengas noticia

que a decir verdad aspiro

y no conforman sus hechos

con sus arrogantes dichos

haz que traigan un difunto

y a quien le volviere vivo

toda licencia os ofrezco

la vida que había tenido

por verdadero en milagros

y por digno de castigo

a quien procura con engaños

siendo de Dios enemigo

con nombre de Dios en la tierra

Nerón.

mi riguroso cuchillo

probará tu atrevimiento

si no dieres testimonio

desto sacando al momento

de Dorosinda un demonio

que le da pena y tormento

y ya que vemos ocasión

si tantos bien te concedes

y libre de tal prisión

puedes mostrar hoy que puedes

lo que no pudo Simón

que pues te pintan tan fuerte

y ha venido tiempo advierte

si a su mal no dieses medio

de ver tu error en medio

de los filos de la muerte

Simón.

que con tanta libertad

tú me ultrajes en mi presencia

basta

Nerón.

tu temeridad

pagará, y loca insolencia

no aprobando por verdad

tus palabras con tus obras

Pedro.

salir falso te has de ver

poniendo en ejecución

su remedio nombre cobras

vida nueva y opinión

quien tan preso pasará

Doro.

Dorosinda tanto carga

afuera afuera ay de mí

temblando y las

suertes amargas

aparta aparta de mí

Claudia.

qué gran lástima provoca

del va huyendo

Doro.

Claudia loca

llévame de aquí

Pedro.

enemigo

afuera salgas me obligo

y que enmudezca su boca

yo te mando que al momento

con este amargo tormento

sal y grande atrevimiento

sal que en nombre de Cristo

de esta mujer

Dor.

mi tormento

pretende oh cielo airado

vencer la furia es fuerza

y es fuerza salir forzado

mas yo vengaré de grado

mis salidas de por fuerzas

sale

Pang. 14

Sale el demonio y escóndese Dorotea.

Pedro.

Aquel demonio no es posible

volver a su senda, mas

así, con furia terrible,

ha asolado a Satanás

a su fuego irresistible.

Gracias debes dar al cielo,

que te dio la franca mano,

siendo instrumento mi celo,

que hizo tal obra.

Nerón.

Yo gano

cuando remontáis el vuelo,

con hazaña tal, la vida;

que el alma a la suya unida,

y de entero amor transportada,

con la suya es consorciada,

y sin la suya es perdida.

Yo podré de aquí adelante

acudir, Pedro, a palacio;

que no tenéis semejante,

y importa tratar despacio

con hombre tan importante

negocios de calidad;

que vos seáis muy justo

para saber la verdad,

pues estimo vuestro gusto,

y honro vuestra autoridad.

Y a resolver un misterio

pondré los altos que escribo,

y sabréis volver por vos.

Amón.

De la boda, amor de dos,

he dado feliz suceso;

y si agora no he sacado,

el demonio lo ha causado

por estar ayuno, mas creo

que se sirve mi deseo

pues que justo está fundado;

y podré desengañarte

haciendo en aquesta suerte

de todas dudas quitarte,

y para quitarme es parte

huir de eterna la muerte,

que dentro de mí me consumo;

y tal a mis ojos veo

que se vuelve el pago en humo.

Húndese Dorotea en humo y sale el demonio Asmodeo.

Asmodeo.

Que te he de adorar presumo,

y a Pedro, animal de tierra;

otra virtud, y ya quedo

libre de tormentos y guerras;

grande santidad encierras.

Pedro.

Venceos,

que hoy a vos concedo,

aunque indigno pecador,

los grados que ha dado Cristo.

Nerón.

Huye, angustia; cesa, dolor;

y en el albedrío conquisto

varios tesoros de amor;

que en su gusto resbalado,

en conseguirle me desvelo,

por forzoso es el cuidado

de procurar su consuelo,

para quedar consolado.

Dorotea.

Y a mí también me va bien;

yo agradezco

el desvelo que has tenido;

dale a Cristo a quien ofreces

el corazón y el sentido.

Sabina.

Sospecho atropellaredes

esta prisión singular,

Aurelio.

no con tan grande hazaña,

que el cielo puede quedar

permanente en su lugar.

Simón.

Dura

dentro del alma el pesar

que me despedaza oculto,

y desangradas mis venas

en un abismo de penas

me dan arena y sepulto.

Vanse todos y quedan Tiburcio, Aniceto y Claudia.

Tiburcio.

Gracias a Dios, oh Claudia, que mis ojos

tus ojos pueden ver, que son espejos

donde, a mirarme, yo voy de lejos,

de mi rara belleza los despojos;

que de mí amante soy, que tengo enojos

cuando, recapacitando, al ver reflejos

no tomas del amor dulces consejos,

jamás antojadiza a mis antojos.

Si no guardas tu cara para brazos,

dadte prisión amante, a que te abrazo;

y estimas que te quiere en hermosos lazos;

que según apeteces mis estragos,

haré que tengas presto tus halagos,

que se os face el pavo por los rastrojos.

Aniceto.

Pues son mis ojos entendidos dellos,

pues varios rayos por resquicios echas,

pues cuanto más te miro con más flechas

me aseteas el corazón y mis cabellos;

para que mi dulce amor no me despaches,

y a que pues no desecho, me deseches,

por firme yo te ruego que te estreches,

si de luz de la luna no te empaches;

amo, pues yo te escucho, no me escuches,

como, pues me desmacho, no despaches;

ten mis angustias fieles si por dichos,

que excediendo en belleza y gracia apruebas;

tripas de los menudos y melcochas,

pues con perdón agrego mis salchichas.

Claudia.

Huélgome mucho de mirar los besos,

pero nunca miráis que me dais ascos;

dejad los ruegos de cursor los flascos,

que no os conviden a cenas en reyescos,

sosegad los suspiros, los gregüescos,

que sois los dos muy buenos cascos,

desde los zapatos hasta bascos,

que nunca me enamoro de peñascos;

son mateos los que buscan tales mateos,

son proseos los que buscan tales proseos,

y en bruscos los que buscan tales bruscos,

que siendo locos vanos necios sujetos,

cuando muy chamuscados cual ansarones,

tendréis muy imposibles mis chamuscos.

Pang. 15

Pro.

Cuando serafin te das,

sin alas para seraphin,

vencedor sangre y desdenes,

las verdugas del vestir,

porque quieres ser hermosa,

chofeta sirve sin fin.

Si me niegas el olor

de tu potranca nariz,

vos que salís de un mono,

envidia causa al abril.

¿Por qué me matas con rigor,

pudiéndome dar el sí?

eres mi bien, a mi gusto,

más sabrosa que el jazmín.

Y si esquivas en el alma

estrellas que yo te di,

¿por qué te espantas, dulzura,

y dejas por matachin

a quien procura matarse

por verte con vida a ti?

Pues si yo te estimo tanto

y busco tu galardón,

¿por qué me arrinconas a mí

en cuatro maravedís?

Ten lástima de este muerto

que perece más allí,

que los tesoros del mundo

el suelo de su chapín,

que de tal modo calzado

quiero su gusto seguir;

y a vueltas de verle faltas

gustoso me hallaréis.

Vuelve los divinos ojos,

estratagema y ardid,

por ablandar corazones,

para bajar bravezas,

para abrazar a los chirlos.

Y almas fuertes y albedríos,

y dueños, pues sabes

que soy artífice en perdiz,

no pretendas mis despojos,

si no quieres guerra y líos,

que si hablares mal a Claudia,

prometo por San Crispín

de rebanarte los sesos.

Amdo.

¿Qué dices, estantigua?

sin duda que soberbia,

y atrevida Filomena,

debe estar muy ocupada

del vino de su taberna.

Antes prometo mil veces

a darte muerte recibir,

antes que dejar a Claudia,

que su donaire gentil

por acuerdo con mi memoria,

y es por extremo feliz,

quien ama sus raras prendas.

Que a mí me priva de mí,

y siendo sus gracias unas,

enamora y prende a mil,

tu Claudia que nos escuchas.

Claudia.

Sácame de duda, di:

¿a quién amas de los dos?

no te precies de ruinas mías,

que hay muy poco que escoger,

porque de pesados sois,

y aprovechan a modorros,

sois siempre para mí

dos alanes y asnos desorejados,

ocasión de reír.

Dejad ya de perseguirme,

echando en faltas y advertid,

que para mozelones míos

y estoy tan codorniz.

Y a estos gallos graves,

más que yo he de engañar aquí tanto.

Que las torres de Babilonia y sus

arribas del presumir,

que quien apenas es ganso,

y de asno se haga neblí,

que hay con cuentos y razones

a la locura matriz,

y cargados de desdenes

imposibles proseguir,

pues de sus súplicas no curo,

que no me habéis de rendir

con los tesoros de Arabia,

ni todo el Potosí.

Pro.

¿Eso dices, dueño mío?

¿Cómo he de olvidarme así?

Cautivos mis pensamientos

fueron principio de mi

gozo y gloria y consuelos,

pues estoy en infierno sin

tu vista angélica y bella.

Amdo.

¡Qué propia llaga, ay de mí!

si cruel olvido me pones,

me as de dejar morir.

Simón.

Un daño irreparable me amenazas,

si dura en tu hermosura la fiereza,

abrásame el dolor y la tristeza,

pues tu belleza ingrata no me abrazas.

Vuélvome loco cuando voy a cazas,

cuando mas blando soy, dice durezas,

si es tu hueca y hinchada cabeza,

como voz de atambor y calabazas.

Mi fuego se convierte ya en cenizas,

advierte que tu cara me alboroza,

que en tu lámpara pienso ser lechuza,

que no habiendo piedad si amor me rechazas,

por fuerza perderé bazo y mozas,

pues ni dices mas por voluntades ajenas.

Claudia.

Vivid majaderos muchos años,

y nunca tengáis de leales obras buenas,

cargados de torozones y de venenos,

os den la muerte y os persigan daños.

Daréis a la polilla muchos paños,

si se los hiere el tiempo, y no pequeños

dolores tengáis, sirvaos de leñas,

ardéis en el amor buscando engaños,

no me animo a querer hoy desatinos.

Pang. 16

Claudia.

Otro soldado el fin de las visiones

por un leon alcance por ay puños,

asi falte la tiña de los niños,

como te faltaren muchos rasguños,

que nunca haras moneda con mis cuños.

Vase Claudia

Aníbal.

Aguarda, aguarda, ay Dios, que asi se escapa.

Tiburcio.

En mil fracasos mi fortuna topa.

Aníbal.

No hay sastre que cortar pueda su ropa.

Tiburcio.

Es de los duendes un compas, mapa.

Aníbal.

Porque procure daros gualdrapa,

Tiburcio.

mude de fabricar aquesta sopa.

Aníbal.

Si por sus cocos burlas, todo es popa.

Tiburcio.

Si es mando sutileza, serle capa.

Aníbal.

Merece que le den con una tripa.

Tiburcio.

Asiento grande su inchazon ocupa.

Aníbal.

Que labrador ayuno en ella chupa.

Tiburcio.

Traga de los mayores que una tripa.

Aníbal.

Mal haya quien la muerde y quien la chupa.

Tiburcio.

Muerome por las vuas de estas cepas.

Finis.

Jornada segunda

Pang. 17

Sale Fabio solo

Fabio.

Confuso estoy, absorto y pensativo,

que adore un Dios, oiga Dioses tantos

de Atenas, me encantan mil encantos

en varias cosas, sin firmeza estribo,

no sé qué hacerme, aflige pesar esquivo,

mudo ando el que en pena goza en llantos

de Pedro importan los impulsos santos

seguir, a Cristo y a su ley cautivo;

conviene a solo un Dios, que es Dios de veras,

y seguir de la cruz el estandarte.

que yo con muchos Dioses me enemisto,

que es vano aquel que adora plata y oro,

a Juno, Venus, Neptuno, y Marte

y al sol olvido de justicia, Cristo.

Sale Aureliano

Aur.

Vaya el demonio mi enemigo arredro

que seguir tantos dioses es locura

yo dejo el laberinto y espesura

de falsos dioses y con firme medro

los yerros de Atenas he dejado a Pedro

que a tantas almas alumbrar procura.

deje del falso bien la noche oscura

vuélvase cedro el levantado cedro

cesó el engaño, la tormenta y calmas,

lleno de gracia los gozosos senos,

dejando el alma enamorada y rica,

por Pedro tantos bienes alcanzan almas,

que el hombre bueno multiplica buenos

y el malo muchos males multiplica.

Sale Laurencia dama

Laur.

Basto de Pedro el encendido celo

con que el camino de la gloria enseña

a deshacer el bronce, mármol, peña

hacer fuego la nieve, lumbre el hielo.

al deslumbrado luz, terreno cielo

al verde tronco, correosas leñas

y a las más secas rica miel despeña,

corta las alas, y deshace el vuelo

por el alcance, luz, y desengaño,

los corazones mil, y las de damas

pasiones necias del amor marchita

es piedra imán divina en sus amores,

y piedra imán de fieras, tierna brama,

y piedra imán divina, hierros quita.

Fabio.

Laurencia, y Aureliano,

¿cómo os va en el camino

de dejar el rito vano

de los dioses?

Aur.

Es insano

quien anda a caza del viento

y de racional privado,

sin ver la luz en la cruz

quiere vivir deslumbrado.

Yo parezco que la luz

que la sombra ha entenebrado

ya dejo tiranos vanos,

y al enemigo resisto,

que es de necios buscar tiento

y sendas trocando humanos

y errores, con Pedro, a Cristo.

Laur.

Ya con vara poderosa,

que va causándome enojos

mi antigua vida y noblezas,

y dominó los antojos

de mi pecho la dureza;

que la luz ya comunica

Pedro, medicina aplica

a mi grave enfermedad,

dando a los ojos claridad,

y mi pecho molifica.

y no es bien me muestre ingrata,

yo, que ciega, cuando oraba,

con tan soberanos medios

dar a mi salud remedios,

y mis enredos desata;

antes muy agradecida,

en su fe constante y fuerte,

sin que un bien nada me impida,

buscar temporal mi muerte,

por ganar eterna vida;

ya dentro a mi bien me exhorta,

y todos los miedos acorta,

que, para que me aligera

los sentidos y espera,

y el corazón me conforta,

que, abreviando la jornada,

por mis entrañas deseada,

quisiera, de amor prendada,

en mi pecho aguda espada,

en el alma, agudas flechas.

Fabio.

Yo también, Laurencia hermosa,

que hoy en el alma escribo

que se ha de ver envidiosa

su pecho de amor cautivo,

y de tus glorias gozosa

que aunque persiga Nerón,

pues vengo con Pedro, medro,

y digno de lauro y blasón

tengo de seguir a Pedro

y perseguir a Simón.

Aur.

Imagino que valdrá

luego a cumplir el concierto.

Laur.

Hombre que ya muerto está,

mal le dará vida al muerto.

Fabio.

Alguna ficción hará,

y algún aparente engaño,

por dar de su astucia asomo.

Laur.

Ves, aumentando su daño,

quien sirve un año al demonio.

Pang. 18

Laurencia.

Demonio, al cabo del año.

Entran Nerón, Simón y Dorotea.

Nerón.

¡Oh, caballeros justos,

faltos en esta ocasión,

que abrió su pecho a un susto!

Aurelio.

Vengamos, oh Nerón,

a ser siervos de tu gusto.

Nerón.

Veréis un raro portento

en Simón, que compró,

que de salir con su intento,

se aumenta el merecimiento,

cuanto en honrarle por yo.

Simón.

Tu cesárea majestad

mis pensamientos anima,

y mueve mi voluntad;

mi poco caudal sublima,

y levanta mi humildad.

Nerón.

Tenéis tan grande opinión

de toda Roma, blasones,

y con sonoro blasón,

unos hacéis pregones,

que causan admiración.

Y con prodigios tan raros,

por muchas causas me muevo,

viendo avivarse alabanzas,

y siendo tal el honraros,

Dorotea.

A pagar deudas que debo

a un cristiano vil, fingido,

quien dirá cuándo se vea

un monstruo con el vestido,

con vestidura de oveja,

que tiene el lobo escondido;

o encantador o hechicero

atreve a decir que es Dios,

que fingiéndote cordero,

vierte el veneno en él;

y con disfraz tercero,

mueve a Roma en mil embarazos.

Mal mi apetito se doma,

donde el demonio en lazos,

que asombro dejó a Roma,

quien se libró de sus abrazos,

a quien de asirlos se pone,

en las ocasiones y en el fuego,

a quemarse se dispone,

y el niño Cupido, y ciego,

almas cazó de su compás.

Y yo ansí buscando puerto,

pues de Nerón siempre dura,

del incendio y desconcierto,

hacer vida en el desierto,

adonde viva segura.

Y importa una resplendencia

poniendo en Dios mi cuidado,

por querer salvar conciencias,

y hacer grave penitencia

de los pecados pasados.

Descúbrese el difunto. Y entran Pedro, Marcos, Clemente y Dionisio.

Entran Tiburcio y Ambrosio llevando entre los dos un difunto amortajado, y Líbero dándoles priesa.

Líbero.

Pesadumbre, el grande exceso;

acabad de andar.

Tiburcio.

Es tan extraño su peso

que da corporal pesar.

Aguardad.

Ambrosio.

Que nos caemos.

Líbero.

Pregunto, hombre, llevalle, ¿cómo?

Si una aldea llevéis,

si pesa...

Tiburcio.

¡Qué peso, es plomo!

Ambrosio.

Más que plomo.

Líbero.

No es leve humano.

Jugando, mirad que aguarda

el emperador.

Tiburcio.

No tope.

Líbero.

Una legua ha de andar.

Ambrosio.

Antes que al puerto llegue.

Tiburcio.

Pudieran los dos albardar.

Líbero.

Dejad de afligirnos más.

Ambrosio.

Pues llevadle vos.

Líbero.

Yo, cierto.

Tiburcio.

Que nos matará acá atrás.

Que yo siento que en este muerto

va por carga Satanás.

Líbero.

La tardanza me incita.

Ambrosio.

A hundir párate, descarga.

Tiburcio.

Satanás, fiera infinita.

Líbero.

Por Dios, que si revivía,

Ambrosio.

que me ha de pagar la carga.

Líbero.

Ya, señor, en tu presencia

está el difunto.

Nerón.

Llamad

a Pedro, que por su ausencia

desluce su autoridad.

Tiburcio.

Gastada está mi paciencia.

Pedro.

Tu majestad me perdone,

que no ha sido mi tardanza

de mis temores indicio,

ni de mis promesas falta,

que ocurrió en esta ocasión

quitar de la boca un alma

del vil lobo Satanás,

y fue de mucha importancia

el ganarla para Dios,

y perderé por ganarla

mi propia vida, y si mal

mientras paso los embarazos.

Nerón.

Habrá disculpa a los abonos,

no hace la tardanza tanta,

que agora vino el difunto,

y dejad ya las palabras,

que den luego fruto las obras.

Marcos.

Mostróse la farsa

de este loco encantador,

y humillará su arrogancia.

Clemente.

Veremos sus embelesos

y ficciones en qué paran.

Dionisio.

Es sirena, y el demonio

con sus encantos le encanta.

Pang. 19

Simón.

quien manda a su majestad

que comience

Nerón.

vuestra fama

podéis confirmar primero

para toda Roma os ensalce

y daréis nuevo renombre

a los pasados romanos

Simón.

obedecerte es razón

príncipe de los moradores

eternos, que a vuestra deidad

esta, fundo mi esperanza

en que pues en todo tiempo

me favoreces y amparas

y con efeto te invoco

que os ruego que no salgan

con vacías mis pretensiones

y largas promesas falsas

Baal, Bercebu, mi causa

a vuestro poder remito

alentad mis fuerzas flacas

Tiburcio.

¿Cómo se llama el difunto?

Nerón.

Nuño Léntulo se llama.

Simón.

Pues lentulo yo te mando

que vuelvas a vivir almas

luego al punto con el cuerpo

Tiburcio.

ya veo decirle tratas

y parece que menea

la cabeza

menea la cabeza

Aníbal.

cosa extraña

Tiburcio.

da voces que no te entiende

Simón.

Pues que los dioses me faltan

no debe importar que a una

y mis ruegos son livianos

si en el poder de los dioses

¡Oh, vil fortuna, mal hayas

quien estorba mis intentos

Nerón.

Si los dioses Simón causan

que resucitar no puedas

un dios a fijo que no aguarda

a Pedro a ver a Dios menor

y será igual la desgracia

Rubo.

Bastóle el nuevo león

su grave inclinación amansa

Aníbal.

el no salir con su intento

le ha servido de cuartana

Marco.

luego vi que sus hechizos

embustes y aire paraban

Clemente.

a quien no falto el demonio

el demonio le hace falta

Dionisio.

será Nerón poco cuerdo

si el castigalle dilata

pues cuando engañar pretende

sus obras le desengañan

Liuj.

a quien mil pactos ofrece

no le obedece la parca

Nerón.

mostrad Pedro el gran valor

y prudencia que acompaña

a esa vida inculpable

y tan venerables canas

ya podéis empezar luego

(hablando con el difunto)

Pedro.

tan rara empresa

aun que todas

las graves dificultades

que trae el cielo las allano

Señor vuestro nombre invoco

y se que una palabra

es segura firme estable

y que en ningún tiempo engaña

haced que conozcan todos

el gran poder y eficacia

de vuestro Divino nombre

y requiriendo la victoria

que olviden el culto

de su engañosa idolatría

que corazones rebeldes

sabe mejor vuestra gracia

ablandar los bronces duros

y hacer rocas a los canos

a vuestra potencia hoy fío

mis ruegos y mi esperanza

que sois la suma deidad

vos que no sabéis de engaños

oídme

que yo en su nombre te mando

Lentulo y tengas vida

Aquí se levanta el difunto y hace espavientos amortajado

Tiburcio.

¡Oh, hazaña nunca pensada!

Aníbal.

¡Qué suceso tan espantoso!

Lelio.

¡Qué extraña y nueva fantasma!

Tiburcio.

los cabellos se me erizan

Aníbal.

aun al mismo Pedro espanta

Tiburcio.

mi corazón con terrores

se encoge, aterido, y pasma

Lelio.

rosa ceniza y amarilla

se marchitan rosas y lirios

al mjro Nerón la cara

que ha pasmado mirando

Tiburcio.

a todos tiembla la barba

Pedro.

No os espantéis, que de onel

y quitado la victoria

a solo a nuestro Dios

dad de tal obrar las gracias

Tiburcio.

yo mortaja viva fui

que pudiera conquistarla

no me mortaja el amar

Pedro.

aun no lo es esto, pues los dos

para ahora a tratar

Aníbal.

el diablo

pienso que por dios Nerón

Pedro.

señor que gloria de Dios

Nerón.

no os espantéis

que una cosa estraordinaria

cause tal admiración

que en láminas estampadas

a Roma es bien se confiesen

tan peregrinos hazaños

Pang. 20

Nerón.

Vamos, y pedís al muerto,

que me hiela las entrañas,

y quitalle aquellos despojos

a mis potencias del alma,

pues el cielo de aquellas suertes

me oprime, tormenta y calma,

y parece que el prestigio

de algún mal que me amenaza.

Pedro.

Vamos, que el cielo se mueva,

a dejar sendas contrarias

del camino de la vida,

y reteniéndole la carga,

vuelve a su centro, del cuerpo,

+ con vida menos humana.

Vanse Nerón, y San Pedro, y el difunto.

Tiburcio.

¿Veis a Simón? ¿Qué decís de esto?

Autoridad que me provoca,

pues veréis hoy vuestro pleito

de encantador, necio y loco,

de vano, borracho y cuba.

Pues anda cabeza abajo,

aunque con vino se asoma,

engaña causando espantos;

vuélvase a Roma, y si en Roma

se quieren nuestros encantos.

Vase Tiburcio.

Dorosinda.

Valor será que por tierra

así encantado se rinda,

sus pelos, que al diablo encierra,

y no soy yo Dorosinda,

si Nerón no te destierra.

Vase Dorosinda.

Laurencio.

Tu vida en vicios cursada

hoy a conocerte empieza;

quedó engañada, aunque amada,

la merece tu cabeza

estar en horca colgada.

Vase Laurencio.

Liberio.

¡Oh, lobo vil, embustero!

Ya tu engaño considero;

no me engañen tus hazañas,

que a más de dos engañas

por ser mayor majadero.

Vase Liberio.

Aníbal.

Mal eterno te amenaza,

si no dejas tu embeleco,

que el diablo astuto te caza

y te pierde vano y hueco

por ganarte calabazas.

Vase Aníbal.

Fabricio.

Y aconsejarte me apreste

en irme de este así;

no es mucho que el verme cueste,

que corre peligro en mí

de inficionarme su peste.

Vase Fabricio.

Aureliano.

Suerte amarga, acerba, esquiva,

tu torre de vientos advierte,

y tu palacio derriba,

que es gran vergüenza que vivas,

hombre tan digno de muerte.

Vase Aureliano.

Marco.

Salióte de manantial,

y diste bien tu asomo,

de tu pequeño caudal;

deja al demonio, animal,

pues te despeña el demonio.

Vase Marco.

Clemente.

Pues mirándote la suerte,

medras con encantos poco,

quien prevenido advierte,

hombre envenenado y loco,

la ponzoña oculta vierte.

Dionisio.

Porque en las nubes te pones

y con demonios compites,

eternas teme prisiones,

pues de demonios legiones

y en el alma inmunda admites.

Vase Dionisio.

Simón.

¿Qué es lo que puedo y sufro, que no reviento,

ya en fuego no me baño y me consumo,

pasó mi presunción en viento y humo,

y solo quedo al fin con humo y viento?

¡Oh reniego del cielo y firmamento!

en un abismo de dolor me sumo,

que he de privarme de vivir presumo,

según me aflige y hiere el pensamiento.

¿Cómo, crueles Dioses, que mis afrentas,

queráis, desamparándome alborotado,

no dándoles pavor a mis encantos?

Salióme vana mi esperada cuenta,

que pueda más un dios crucificado

que graves dioses, sin afrenta, tantos.

¿Qué es esto? ¿En mis encantos medro,

que la fortuna mintió,

y a lo que no pude yo

pudiese hacer este Pedro?

Soy caña, penséme cedro;

soy flaco, penséme fuerte,

y al aspecto de la muerte

me dará presto el dolor,

que mi descarado humor

en deshonor se convierte.

Veneno mi pecho encierra,

y un imposible conquisto,

en querer no haber visto,

porque con continuada guerra,

mi corazón le resisto.

Y le abomina mi celo;

daré presto al cielo vuelo,

que el alma por velle muere;

y si en el cielo estuviere,

tengo de echalle del cielo.

Y hasta la suprema esfera,

muchas veces he volado,

y volveré remontado

a mi privanza primera,

y viendo que se aligera...

Pang. 21

Simón.

A la suprema región

cobrase nueva opinión

tendrá mi privanza asiento

dejaré al vulgo contento

y muy contento a Nerón.

No bajo de estos compasos

por no cumplir mi deseo

trocada mi suerte veo

en tanta mengua me puso

que mal mi endiosado brío digo

que mal con mi intento salgo

que poco en el tiempo valgo

y valiendo en el tiempo poco

muchos me tienen por loco

y pocos tienen en algo.

Perseguiré clementense

aquel ya Pedro a quien

su mal disfraza por bien

así que toda la gente

con rigor o con prudente

dan forzada resistencia

que es muy grave penitencia

que como muerte la siento

cuando le miro en aumento

llevar menguas con paciencia

buscar remedio conviene

para ganar lo perdido

que en la angustia sumergido

el grave dolor me tiene

que presto el disgusto viene

y para marchitar los gustos

vehemencia, cielos justos

que dan sin firmeza alguna

en menguas de mi fortuna

mil crecientes de disgustos.

Entran Tiburcio y Claudia

Tiburcio.

Descubre sin rigor tu cara angélica

robadora del alma de este hidrópico

que quisiera beberte, y con mil lágrimas

tus amores suplica, que son médicos

ambrosías, suaves, dulces, néctares

y resucitan infinitos Lázaros.

Claudia.

Basta que engordas, siempre ensorbecético

y mi vida persigues persiguiéndome

cuando yo te desecho de propósito

y son tus esperanzas tan inútiles.

Vase Simón por la otra puerta.

Simón.

Infelice fortuna por qué atajas

me prosperas prisiones y altos cortos

de mi subida la esperanza cortas

y cuando más me subo más me abajas

por qué razón me abates y me ultrajas

y me persigues despojas y reportas

a estos bajos simos me exhortas

siendo vario el contento con las barajas

no me puedo sufrir en varias esferas

y si solo un lugar dios se hallara

y este solo lugar dios le tuviera

por contemplarme en alto es cosa clara

ya por este lugar guerra le hiciera

y por ponerme en él le desterrara

Tiburcio.

No te parezca, Claudia enfadosísima

si por subir amor ciego y lóbrego

tus rayos busco, dando altos vuelos

que son dignos por Dios de beneméritos

de la inmensidad y gravedad de un príncipe

dichoso, muchas veces sonles debajos

donde duerme tu cuerpo, y encendiéndoles

convierte en lumbre, y fuego los carámbanos

ay reina de mi amor, ay que tus manos

pudiese ya cogellas este mísero

que aguarda mucho el fatigable estómago

y con mis fuerzas flacas auxilios frágiles

que estoy sin ti desmadejado, insípido

triste, confuso, preso y melancólico

porque me des la muerte despreciándome

porque quitas mis bríos ensoberbeciéndome

y negando tu vista jucundísima

el mal contemplo en mí de triste Tántalo

comunica tu sol a mis antípodas

salga en oriente ya, deje el zodiaco

renueve luego mis sentidos débiles

de fortaleza nueva a los espíritus

muévelos por la esperanza y mirándote

se vuelven linces ojos de cernícalo

y si me das favor cobraré un ánimo

que en poco tiempo me convierta en Júpiter

en Sansón o en un Julio César y Hércules

y rendirán a reyes siendo esclavos

en cuanto a la amistad, ay odorífera

ay clara aurora refulgente y cándida

ay sirena de amor que encantándome

quieres que me consuma afligidísimo

dulce alborotadora de los rábanos

cuya virtud dichosa afila última

huele más que un podenco, aquí ablandándome

estoy, y procurando tus rígidos

castigos, y severa vuélveme el felice

rostro, provocador de los inmóviles

corazones, que puede al más indómito

hombre, volvelle oveja o un mansísimo

cordero, y ablandar a las durísimas

peñas y al mayor bronce ay si lástimas te en

pena, que yo padezco indelebles

dolores e íntimo arrepulgadísimo

Claudia, quita rigores, y con faustos

respuestos, remédiame mi decaído

sufrimiento y paciencia, que mostrándome

cara de invierno revuelves cálida

canícula, al constante y más lunático

amante, que conocen los infelices

tiempos, váleme, acojo que basilisquísimo

pobre, dame consuelo, reina, dándome

tu auxilio, y si no, dejen mi exánime

cuerpo a enterrar al punto muchos clérigos

Claudia.

Mucho peor es un discurso pícaro

y por eso me enfado yo certísima

que el vino causa en ti un estómago cólico

que darás en ser cuerdo si creyéndome

dejas de andar con pasos bachilleros

y vas a dormir la mona, pesado

Pang. 22

Claudia.

que estás enfermo, rematado y esquivo,

y buscas imposibles pretendiéndome.

Deja de andar de noche y ser murciélago,

muda tu vana mostra y corrigiéndote,

podrás llegar a ser venturosísimo.

No te muestres tan loco, torpe y húmedo,

más que los secos valles enjugados;

templad extraño fuego babilónico,

que yo me agradaré de ti sosegándote.

Buscas hacer tu amor por buenos términos,

que no quiero, si dejas el recelarlo,

valgan engaños antes que oscureciéndome,

me deshonres y dejes por mecánica,

que a muchas con palabras falsas y mimos

las engañan los hombres y, ultrajándolas,

así se infaman por malas y por públicas.

Pedro.

¡Ay, ángel soberano!, que satánico

puede desear cosa, Penélope,

romana Porcia, Cenónice y ínclita

Lucrecia en castidad y honor sumísimo,

Virgilio debe con sus versos célebres

y el maestro de Nerón, célebre Séneca,

que agora vive, o los de Aristóteles,

engrandecer tu nombre, sublimándole.

Si eres de todo honor y amor dignísima,

yo digo que soy tuyo y, reportándome,

haré de voluntad tu esclavo íntimo.

Pon en mi libertad dulce retórica,

palabras fervorosas, largos prólogos,

que brotan las entrañas, adorándote,

más alto grado y nido superísimo,

toda mi libertad.

Claudia.

Que sirves de empresa,

si sigues tu maldad con pasos ágiles,

y abobadas se van en el galápago,

preciaste de valiente, haces estrépito,

derrocas con tu voz puertas, los pájaros,

y en la ocasión te muestras cobardísimo.

Domus, mira por ti, y remudándote

propicia me hallarás.

Domus.

Vaya, dama rígida.

Te veo bien y solitaria tórtola,

si huyes yo podré ver, y gozándome.

No me deja clamar Pedro y Ciriaco.

Claudia.

que para sol eres luna,

y son tinieblas.

Vanse y salen Fabricio, Aniceto, y Laurencio

Fabricio.

Que porfíe este Simón,

dando de sí testimonio

en su mala inclinación.

Laurencio.

Tiénele preso el demonio

y peca con tal porfía.

Aniceto.

Libremente,

tanto el vicio,

sin querer dar en la cuenta,

predomina en el soberbio,

que en su pecho se aposenta,

y le tiene por oprobio.

Mil veces ha disputado

Pedro con él y ha mostrado

su divina providencia, y ya

de la arrogancia confieso

que este Simón ha dejado

más evidentes en sus antojos,

viendo presente su mengua

dando espuela a su enojo,

le sobra vana y baladí lengua,

si le faltan claros ojos,

y con diabólica hiedra

su grave inclinación destierra

de honrar a Pedro y industrias,

su vil corazón maltrata,

haciendo de usos injurias,

fácil por las paces pocas,

quedase de recias temas,

con sus pareceres de cosas,

el pecho arrogante quema,

y sembrando sutiles abrojos,

quita al fin rindiendo a oscuras,

haciendo mil falsedades,

y ablandando entrañas duras,

de mil cuerdos mil corduras,

de mil buenos mil bondades,

y pone haciendo desprecios

de Dios, porque entienden pocos,

y les vende en vagos precios

mil errores en mil necios,

mil locuras en mil locos,

y merecen sus intentos

vanos humos arrogantes,

pues es sembrador de vientos,

mil cruces en mil instantes,

mil muertes en mil momentos,

que yo indigno se lave ya

de poner en él el pie,

y tan mal con manos lava,

que mil muertes me dará,

quien mil muertes me le dé.

Fabricio.

Ya le he visto disputar,

pensando llevar la palma;

le supo Pedro enfrenar,

cuando procuró negar

la inmortalidad del alma

con discretas razones,

haciendo al contrario guerra,

facilitando quistiones,

derribó luego por tierra

sus errables opiniones;

grande ingenio si se advierte,

muestra que es sabio, cuerdo y fuerte,

divina serena de alta,

que bien la quistión ventila,

exagita y controvierte;

probó con aqueste ejemplo,

dejando al contrario en calma,

cuya vanidad contemplo,

Pedro, de Dios vivo templo,

la inmortalidad del alma:

no puedes, dice, negar,

porque para hacer agravio,

dioses y sabios no quitan.

Pang. 23

Fabricio.

que en su providencia es sabio

y justiciero en juzgar

pues si Dios es justiciero

para permitir que el malo

los instantes ligeros

tenga en el mundo regalo

hacienda imperio dinero

que aumentan su ganancia

fama amor y nombre cobre

engañando su arrogancia

de todo tenga abundancia

y cualquiera bien le sobre

y el bueno viva ultrajado

pobre triste y abatido

rompido hambriento y pisado

llagado enfermo y corrido

preso inquieto y asombrado

claro está que si no hubiera

sino esta vida que el bueno

al malo le precediera

y que Dios no permitiera

velle de miserias lleno

de ver que el malo hace agravios

dando su maldad licencias

al bueno, y cerrar sus labios

que conoce que es de sabios

no vengarse y es prudencia

pues siendo Dios justiciero

que aguarda que no castiga

al lobo feroz y duro

que a despedazalle obliga

pues despedaza al cordero

pues sin duda es cierto

que fuera Dios muy injusto

y que ordenara sin concierto

las cosas cuando muerto

a los viciosos de su gusto

fuera de clemencia ajeno

y aun de mil malicias lleno

si aumentara su regalo

diera las glorias al malo

y todas penas al bueno

luego bien saco de aquí

que hay otra vida en la cual

pague el malo el frenesí

de precipitarse en mal

y tener cuenta de sí

donde el soberano Juez

la arrogancia y presunción

quite del vano y soez

y del altivo la altivez

del hinchado la hinchazón

y el bueno que estaba hollado

de mil trabajos cercado

pena angustia y desconsuelo

goce los gozos del cielo

muy contento y consolado

y vengue sus desprecios

con los baldones y agravios

que inventan estos necios

a los discretos y sabios

de esta suerte le probó

Pedro su intención y luego

de su razón se burló

que quiso quedarse ciego

Sau.

Ya que su ceguera vio

enmendarle es por demás

al procurar arrogante

ser siervo de Sathanás

y va pecando adelante

y este pecado atroz

claro está recién plantado

es muy fácil de arrancar

pero no si está arraigado

que es como sarna el pecado

que siempre incita a rascar

que este Simón es notable

la malicia es invencible

monstruo, una fiera indomable

un salvaje abominable

duro peñasco insensible

y así con encantos tantos

suele volar por los vientos

a muchos causando espantos

mas la soberbia y contentos

trueca la fortuna en llantos

y alguna vez probará

si de su hinchazón sobrada

alas a sus intentos da

de Dios la purísima espada

que su cerviz cortará

dijo ayer que se quería

subir al cielo y dejar

la tierra pues no había

a su persona estimar

que su ausencia llorarán

por sin mirar que es ceniza

para subir se aligera

de vicios su fuego atiza

y a toda la suprema esfera

su gravedad entroniza

Entra Nerón emp., Pedro, Clemente, Macario y Simón mago

Nerón.

Huelgome que hayáis venido

Pedro en tiempo que mostrar

Simón su poder ha querido

y agora para volar

al Capitolio ha subido

quedaréis desengañado

de su virtud grande presto

y de mirarlo asombrado

que no pudiera hacer esto

sin ser de Dios ayudado

y no es razón que arguyáis

ni busquéis sino honralle

siempre liberal me halláis

que yo estimo el estimalle

y estimalle no escusáis

Pedro.

Siento que tu majestad

no conozca que es engaño

cuanto intenta, es falsedad

e importará con su daño

que se aclare la verdad

pues Dios corrige y doma

su vil corazón el mundo

con mi celo a Roma

Pang. 24

Pedro.

O dar a entender al mundo

el bien de su muerte en Roma.

Nerón.

Oh caballeros, muy presto

veréis que tengo razón,

sea estimarles hoy dispuesto

a Simón, pues de Simón

echa de su fama el resto.

Diz que quiere volar

al cielo, y a su presencia

honrar sabe y estimar,

y nos quiere castigar.

Aureliano.

No os impacientéis con su ausencia

mal, señor, su mal conoces,

que con fingidos desprecios

cubre delictos atroces,

y esperanzas fatales

son de sirena sus voces.

Entran Liberto, Dorotea, Tiburcio, Anibaldo y Claudia.

Tiburcio.

Ya puede tu majestad

ir a ver a Simón,

que con grande autoridad

sube al cielo su hinchazón

y ensoberbece su gravedad.

En el capitolio te espera,

y aunque de carga agravado

tenga que dará carrera,

que el cuerpo grave y pesado

para subir se aligera.

Nerón.

Vamos a verlo, que espanto

me vuelve, que aunque poco humano,

cierta virtud tenga de santa.

Clemente.

No le verá Pedro en vano,

si cuando su encanto le encanta.

Marco.

Notable ocasión se ofrece

de echar por tierra su vana

soberbia.

Dionisio.

Si hoy no perece

Simón, a adorarle mañana

cualquier deidad se engrandece.

Van caminando un poco hacia la trampa del teatro, y dice Simón que ha de estarse alto antes de volar.

Simón.

Hombres imprudentes, locos,

que, pues no conocéis bien

la fuerza de mi poder,

me juzgáis ciegos, siendo lince,

parecéis por arrojados,

y os hacéis incorregibles

por creeros que por mago

falso, será que me prive

de ver hoy, pues en tan pocos

al mismo vuelo me miréis;

y a los dioses inmortales

me suplican y me piden

que desampare la tierra,

y contra vosotros vibre

la lanza de mi furor,

y los desmaye y aniquile,

y haciendo perpetua guerra,

vengue a mi diestra terrible.

Los castigaré en ausencias

con mil plagas insufribles,

entonces querréis, tontos,

donde Júpiter asiste,

valeroso se me reserva

a mi pompa convenible,

todos los dioses me aguardan,

y a dioses solo es posible

que me den honra bastante,

y mi autoridad estimen;

ya por mí a ruego Vulcano

mil volcanes apercibe,

y plagas exorbitantes

que los consuman y lastimen,

ya Plutón y Proserpina

muchos tormentos terribles

en infernales cavernas

para ese cuerpo os previenen,

por mi venganza así ordenan.

Y Neptuno hará que el Tíber

entre a vuestras propias casas,

y sus corrientes derriben,

ensoberbeciéndose el mar;

si entráis en el envite

los peces a cuerpos muertos,

aun después del convite,

de comer los peces cuerpos

indignos de que los miren.

Vientres, tan nobles

con manjar que a los ruines

destruya, fieros y villanos,

como a todos los vomiten.

Y a Ceres pondrá en la tierra

por tajos crueles que sirven,

mil abrojos, mil espinas,

mil cicutas, que os priven

superfluidades en los panes,

y de Dios la ocasión os quite

deseo epicúreo gustoso

cosas de abundancia y pingües.

Ya Baco el licor tan dulce,

para alivio, os prohíbe,

y por no estimar vosotros

ni conozcáis mis insignes

prendas, quitaros pretendo,

y hora hago incruento eclipse

las antes fértiles viñas

de tan poco y seco origen,

que ya los bebedores

el licor de vino admiten

en los estómagos anhelosos,

y dentro se hacen viles

para que en los ecos cobren

según el vino os rinde;

tendrán por primera muerte,

por cosas funestas y tristes,

carecer del vino amigo

que en sus entrañas se imprime;

poniendo en prisión y bretes

en las entrañas del epíteto

a minerva los ingenios.

Pang. 25

Simón.

Hacellos suele sutiles

y por quitaros de estragos

que los enfrene y bestialice

porque vuestras vidas se asimilen

a brutos irracionales

blasones de vuestra estirpe

como sois de los villanos

que os gobiernan y los rigen

envidiosos corridos os tienen

que os parezca insoportable

conservar vidas con ellos

que es justo que los abomine

y buitres y milanos

pasmados quiero que os envíe

no con una lanza ordinaria

sino con dardos que ericen

vuestros cabellos que lloren

tengáis lamentables fines

finalmente todos juntos

porque ultrajarme quisisteis

pues que aborrecen los dioses

amenazan y maldicen

y pretendiendo dejaros

al cielo quiero subirme

que con ausencias tan largas

es muy justo que los castigue

que con soberano aplauso

para honrarme y recibirme

toda la celeste curia

dándome nombre sublime

se apercibe y se previene

y pues soy inexorable

para vosotros omicidas

hoy quiero que se publiquen

y me veáis levantado

volar por los cielos libres

de las prisiones del cuerpo

que importan padecer

delante de vuestros ojos

las asperezas que habéis

para aterraros siempre

de asombrarme y subirme

veréis hoy mi providencia

y mi furia invencible

que permanece en mi trono

años muchos, que hoy amotine

que acobarde los valientes

y fuertes atemorice

pues en lugar de ponerme

en mil de todos timbres

procurasteis humillarme

despreciarme y abatirme

y a los milagros fingidos

crédulos con causa deis

sin advertir en mis obras

nunca aparentes efígies

sino verdades y indicios

de un pecho raro y invencible

pero para qué dilato

el asombraros sin partirme

cuando merecéis deshonras

y que panteras y tigres

despedacen vuestras carnes

que parece incomportable

con todo el castigo os libro

que más importan castigos

algunos castigos leves

mientras con eterno tizne

vuestros cuerpos ennegrezco

a quien honran los hollines

y me voy aligerando

quedad sin mí gente ingrata

ya sin temor del amago

quiero en veloces alas

procurar que se entronicen

en los cielos mi persona

porque en la tierra me envidien

Dicho esto se levanta Simón en alto

Nerón.

Caso espantoso y extraño

Fabio.

Ligero a los cielos vuela

Aurelio.

Todo es encanto y engaño

Bordón.

Él sus daños no recela

mas yo veréle sudando

Libio.

Atento le está mirando

Pedro.

Tito.

Con soberbio estruendo

a los cielos va trepando

Amb.

Humilde vendrá cayendo

pues se ensancha levantando

Marcos.

Mas que hinchado y grave Luzbel

puede igualarse con él

Dionisio.

Miren que alguno va

Clemente.

Presto la tierra verá

Lau.

Caer con el antiguo tropel

Fron.

El miralle danos Pedro

Dionisio.

Triste presagio señala

Claudia.

Imitarále presto una bala

y ha de derribar al cedro

Pedro.

Pues os suplico Dios inmenso

que derribéis la hinchazón

de este loco, y fuego intenso

herede con confusión

quedando vano y suspenso

porque aquesta gente entienda

y quite de dar espantos

vayan admitiendo enmienda

sus embelecos y encantos

y su salvación pretenda

que sea aquesta ocasión

cuando con tal presunción

su grave pecho se ve

de levantar vuestra fe

que se cayese Simón

y ganando mil perdidos

a falsa secta apegados

del vil demonio vencidos

tendrán luz los deslumbrados

dejando dioses fingidos

aquesto señor os ruego

Pang. 26

Todos.

Por el bien universal

caiga el hechicero luego,

llevando herencias de mal,

eternidades de fuego.

Falsease do ha de caer Simón

Simón.

¡Ay, Fortuna!, que soy muerto.

Tito.

¿No huyes a que de él va a grado?

Lelio.

Oh, con aparente acierto,

Nerón.

su soberbia le ha burlado

cuando aseguraba el puerto.

Cae a plomo de lo alto

Nerón.

¿Qué es esto? ¿Aquel Simón,

quien en darte guerra da

nueva guerra al corazón?

Simón.

Piérdese mi fuerza ya.

No os lleguéis a mí, dejadme

entre mi sangre bañado;

si queréis merced hacerme,

solicitad ya perderme,

el corazón traspasadme,

ya con la muerte conquisto

eterno reino ganado,

con armas de mi pecado,

y renegando de Cristo.

Ya aborrezco renegado

de ti, Pedro, ahora contento

viendo presente mi muerte,

que has sido de ella instrumento;

y heredo de nuevo en verte

graves y terribles tormentos.

Cansáisme, afligen entrañas,

y me atormenta el dolor

cuando en mi sangre te bañas;

llega, llega, pescador,

come, come, mis entrañas,

pues aumentando mi vuelo

con un lance has procurado

dar fin funesto a mi celo,

y perdiendo el cielo he dado

en tu cauteloso anzuelo.

¡Oh, vengador!, que intentas

de tus falaces doctrinas

fuera de necias afrentas

que buscas, que determinas

para mis ansias violentas,

que loco y deslumbrado

vuelvo, pues aunque aplicas

a tus errores cuidados,

por Dios aquel que predicas,

que muero de crudo picado.

Con enredos y quimeras

al errado vulgo alteras

a seguir tus opiniones,

falsedad de tantas traiciones,

y veneno en tantas ponzoñas,

y aunque reventado aquí

y luchando con la muerte,

ya tus engaños temí;

no me engañarás, advierte,

que llevo un Argos en mí,

y en mil pedazos deshecho

para asombro de la luz,

y celando mi provecho,

dejó su dita la cruz,

borró de tu amante pecho.

Pedro.

Mejor será conocer,

Simón, por no condenarte,

que tiene mi Dios poder

para arruinarte y llevarte

donde te humille el caer;

y pues la muerte te llama,

y es caso el mayor forzoso,

no le des menguas a la fama,

huye el daño riguroso

de las homicidas llamas.

Con el temporal morir

procura la eterna vida,

que, queriéndote rendir,

Dios holgará que tu caída

sirva para subir.

Conoce el Dios verdadero

y de blasfemias aparta,

que, sirviendo al diablo fiero,

dará de fuego, ligero,

parte a tu vida tan corta.

Mas si a tantos desconciertos

dieres de mano, su amor

tendrás, y abrazas por ciertos,

que a cualquiera pecador

son brazos con vida abiertos.

Tus veloces pensamientos

mira por ahora atajes;

agradece sus intentos,

pues compra con sus trabajos

tus sempiternos contentos.

No quieras incorregible,

con ser terco e inmutable,

llegar a padecer terrible

llama intensa, intolerable,

y escuridad invisible.

Que tendré dolor de ti

buscando salvarte yo,

y ganes, rebelde, ansí,

de tu vida eterna el no,

de tu muerte carnal, sí.

Mira que ya con la muerte

te conformas agonizando,

que es caso fuerte, advierte,

de te condenar penando

por ser obstinado y fuerte;

que el hombre que tiene en poco

su salvación, es ingrato,

pues su vida vende en poco,

desvanecido, un insensato,

un infiel, bárbaro y loco,

que entre las penas extrañas

por gastar el tiempo en vano

por premio de sus hazañas

tiene perpetuo gusano

que le abrase las entrañas.

Pang. 27

Pedro.

y este solo premio esperas

quien del vicio se aficiona

a sus siervos galardona

el demonio, y remunera

advierte pues cuán mal haces

si veneno siempre encierras

adentro, y falsos disfraces

en tomar del diablo quieras

y dejar de Cristo paces

inspiraciones o bien te muevas

a buscar seguridad

porque Satanás te eleva

y bajo mi voluntad

carga de bienes lleva

teme el castigo futuro

que fortalece tu muro

detente Simón ay de mí

no te burles de mí

cuando tu dolor procuro

mira permaneces ciego

y te importa lo que ruego

porque tus escuros cejos

te cegaron de los enojos

y brotan vistas de fuego

y verás que de tu fin dudo

mal fin en noche tan fría

castigos de tu maldad

de larga profundidad

y constante rebeldía

en el tiempo que te queda

pues la muerte te amenaza

y el vivir mucho te veda

tus medos desesperados

y tus lazos desenlaza

al bien el alma dirige

cuando mi afición te ayuda

que tu tormento me aflige

la ruda constancia muda

y antiguo vicio corrige

entre tus crudos preceptos

si despreciares tesoros

verás llamas inmortales

pagando finidos gozos

con incomportables lloros

¿Qué dices? Responde, advierte.

que estás en forzoso trance

de agonías contumaces

cuyo cargo alcanza a vencerte

porque la vida te alcance

Simón.

Pedro fiero aparta aparta

que me atormenta escucharte

no hay quien el pecho me parta

cuando mi vida se acabe

pues rogando que se parta

adentro de la afligida

servirme están convidando

a presurar la partida

pues me lo están demandando

que hoy la parca despida

muy sin provecho aconsejas

no procures cansarte

que así bien de mí te alejas

que aunque más quieran excusarse

cierran luego mis orejas

al alma que a ti aprisionadas

a prometer largo imperio

y la sujetan vencidas

que Asmodeo me convida

a muy grande refrigerio

aguarda aguarda ya voy

no lo dudes yo te creo

venturoso en verte soy

llega ya llega Asmodeo

que el alma a vida te doy

¿Qué aguardas? ¿Por qué detienes

los brazos? Llévame luego

a los prometidos bienes

ya me parece que vienes

todo cuanto soy te entrego

¿A quién temes? ¿Por qué tardas?

cuando en mi custodia velas

y con cautela me guardas

¿Qué sospechas? ¿Qué recelas?

Te encoges y acobardas.

yo soy tuyo acaba ya

que tu dilación me enoja

y ofendida el alma está

quítame de esta congoja

que la vida me la da

prométesme lauro y palma

por ser envidia un milagro

y quitan y pones deidades

al aleve o de un sagrado

y así te consagro el alma

que aconseja y renueva

que no sin causa me admira

cuando tanta pausa llevas

¿Por qué te encoges? ¿Retiras

cuando ya a llevarme vienes

Presto, presto, que me ofendo

y con tal tormento espero

pues darte mi ser pretendo

Llévame donde que quisieras

que a ti el alma te encomiendo

Dicho esto, salen dos vestidos de demonios y se llevan a Simón maltratándole.

Nerón.

¡Oh, espectáculo terrible!

¡Qué asombros son del cielo!

¿Dónde está Simón?

Pedro.

su vuelo

lugar eterno insufrible

adquiere de desconsuelo

pues con grande diligencia

grande conato y deseo

enredando su conciencia

engañador a su modo

y con extraña violencia

al infierno le han llevado

porque perpetuo tormento

el Altísimo ha ordenado

que tenga penar violento

pues le ofendió de grado

Nerón.

ya es esto dioses, Simón

Pang. 28

Nerón.

que vuestro honor procuraba

y en lugar de galardón

con tan triste muerte acaba.

O vuestra ley es confusión,

o acaso he llegado a entender

que es con su vida y poder

aunque con delitos medro,

pues en los templos un Pedro

hace a veces temer,

indicios me dan muy claros

de otra flaqueza, agora

si la tengo que ampararos.

Si así, muere el rogador

que pone el adorno a los

ídolos y dioses visibles

y que lo que Pedro predica

es deidad, duda terrible,

la imaginación me aplica

y con fuerza irresistible

queda el sentido turbado,

que parece humilde fe

predicándole afrentado

tener por Dios al que fue

en la cruz crucificado.

Y de tal modo se altera

mi corazón al pensallo,

que cuando aquí lo pondero,

pues entrambas partes hallo

bronces, en volverme cera.

De tantos milagros he oído,

tampoco a ablandarme vengo,

con todo al impulso resisto

que por imposible tengo

recibir la ley de Cristo

y los vanos desvelos

por ser tan prolijos, declaro

de mí, darles fe, y claro,

que su luz aparta el lazo

hacen de bronce mi pecho.

Y este Pedro a quien tenía

grande afición, ha aumentado

mi pena y melancolía

por haber tu vida guardado

ahora que pierda la mía.

Disimulad, quítese, y dar

orden, que el impaciente muera,

que me mata el dilatar

y no conviene esperar

pues a todos rompe altera.

Vamos Pedro, yo he quedado

confuso, del suceso admirado.

Pedro.

Justo, sin causa admirado,

de sus vicios el exceso

por sus vuelos le ha llevado

volando a los excesivos

Doro.

Quiero,

pues son ya sus preceptos,

seguir al Dios verdadero,

y vuelvo a los vuestros, vanos,

muramos entrambos al punto,

quiero al desierto partirme.

Niso.

Tan triste de aquesto,

qué importa ya convertirme,

si el cuerpo alentar infundo

en este áspero suceso.

Mar.

Será de tan cruel llanto

donde quien no vivió, anocheciere.

Clemente.

Y el que mal vive, mal muere.

Cas.

Causa lamento y llanto.

Laura.

¡Ay de suceso!

Aur.

El furor

soberbios vientos quietos.

Fabio.

Ay de tal venerador.

Amb.

Al infierno por cohetes

le llevaron, volador.

Vanse todos, y queda Tiburcio y Claudia

Tiburcio.

Qué meditas de aquesto Claudia mía.

Claudia.

Que te parece de Simón el bravo,

doy las gracias a Pedro, a Pedro alabo

Tiburcio.

que quitó su ambición, y su osadía.

Verás qué prosopopeya pretendía

subir al cielo.

Claudia.

¡Miserable esclavo!

Tiburcio.

Quedó pelado el desdichado nabo,

y pelóse quien pelos no tenía.

Pelóse Pedro el calvo, y Eliseo

y calvo también en todo me parece.

Claudia.

Será por cierto calvo y venerable,

logró su esperanza, así lo creo.

Tiburcio.

Quien supo darle el pago,

así fenece

la hinchazón del altivo y miserable;

mas dejando esto aparte, qué pretendes

de los ojos y belleza que adora,

pues no soy yo traidor, perra traidora,

A unos pregones, qué vista que te vendes,

soy descendiente acaso de los duendes

que espantan de mí, oh cantimplora,

tal bebedor de lagos te enamora,

zángano como tu amo, porque ofendes,

porque revuelves títere, ten clemencia

destos lamentos, de congoja y penas,

mientras no pare el de mi amor dibujo,

que si con tragos, y tan mortal previenes,

tú noramala calandria no te bajares,

me volveré Simón, demonio o brujo.

Claudia.

Bien Tiburcio recomiendas y aprovechas

habiendo visto un caso tan extraño;

con justa causa de quererme espanto,

a tus bravatas tire el Dios flechas

porque se entierre el vano deseo.

Vuelves a tus pollas amoroso pavo,

como suele flaquear, dejad engaño,

queden, ay, esperanzas satisfechas

de mi cierto rigor.

Tiburcio.

Yo soy discreto;

querrásme, Claudia, bien?

Claudia.

Antes la muerte

tendré por diversión si esto acumulas.

Pang. 29

Tiburcio.

Oh, de discreto palabra te prometo,

Claudia.

yo siéndolo, palabra de quererte.

Tiburcio.

Discreto, que te conoceré tus médulas.

Finis.

Pang. 30

Vista esta proposición que se ha de emendar, con esto, tres de marzo de [...]

[...]

Este auto de Simón Mago se puede representar quedando en él su propósito.

Jornada tercera

Pang. 31

Jornada 3.ª de Simón mago castigado, sale Dorotea con vestido de penitente

Doro.

Gracias a Dios que puedo

apacentar el alma en dulces pastos

y del mundo el enredo

dejé, profanidad de obscenos pasos

y en aqueste desierto

huyo borrascas y me acojo al puerto

Por asprezas continuas

y altivas encumbradas y altas cuestas

rebeldes unas, ruinas

sincero pecho le presento a Dios

de él enamorada

el alma busca celestial jornada

cuan contenta y gozosa

logrando lauros, honras, premios y palmas

en la victoria honrosa

libre de enredos me consuela el alma

y de gloria sedienta

con divinos impulsos me alimenta

Dejé dioses fingidos

dignos por mucha causa de dejados

venciendo los sentidos

en ocultos demonios transformados

y a solo un Dios adoro

digno de inmenso amor, honra y decoro

ya dejando el pecado

con nueva gracia, de rebelde soy medrosa

lloro el tiempo pasado

y tengo siempre en la memoria a Pedro

que haciendo al diablo guerra

doctrinas falsas y ficción destierra

Por él mi rebeldía dejo

la luz abrazo y el destierro escojo

tomando su consejo

galas y faustos y vanidad arrojo

por el cielo suspiro

a gloria eterna permanente aspiro

no sé con qué pagarle

bien tan inestimable y beneficio

su amor recompensa halle

pues me sacó del laberinto o vicio

prisiones y cadenas

silbos de cocodrilos y sirenas

y aquí segura y sola

gozos me presta el verdadero Apolo

que en el bien me acrisola

veneraré por Dios la sola al solo

a amar a dioses tantos

la ceguera y del demonio encantos

Persíganme Nerones

que a penas largas el amor me exhorta

no temo las prisiones

del pecho, seno, y corazón conforta

Por el bien me aligera

angustia consolada y refrigera

y dándome su gracia

salida ya del miserable remo

de mi antigua falacia

ningún tormento ni desgracia temo

al gozo adentro empino

y oponen graves trances la flaqueza animo

la mujeril flaqueza

virtud de grado abraza

a varonil fortaleza

cuando brama el contrario y amenaza

y si el furor ataca

su fuego de alquitrán, que vuelve en ceniza

en un tiempo llorosa

seguí mi gusto sin temor de penas

convertida en cristianas

rompo del diablo la infernal cadena

fuerza divina

en dos torrentes el amor me afina

que buscando le probara

tanto y tanto con el cuerpo lucho

gózale, y sé de él que

que sirvo poco y le castigo mucho

mas advierto que vienen, me escondo

que me estorban de mi gloria el despecho

Se esconde Doro. y salen Nerón, Fabio y Aurelio y luego

Nerón.

¿Dónde está la que mi libido ha causado

tan grande daño al corazón fogoso

que piensa reventar, y rebotado

comerle las entrañas?

Fabio.

es forzoso

tan grande sentimiento, pues ha dado

no causa de mil escándalos

Aurelio.

dañoso

es el su nombre a todos, si del cielo

de Simón su bondad, precia su celo

mas importa, que temple sus rigores

fingiendo abominallos

Nerón.

Aquí nos dijeron

que habitaba la ingrata

Fabio.

por pastores

en una cueva, sin pensar la vieron

y dieron de ello aviso

Nerón.

Mis dolores

con su mengua y bajeza me crecieron

y a pagos la ingrata tan altivos

a un amor tan largo con presentes daños

oh cautelosa fiera, oh homicida

que hoy de rabia, y de furor desecho

Aurelio.

Temple, señor, su enojo

Nerón.

Si me olvida

qué juzgo sin ella de ningún provecho

Pang. 32

Fabio.

Porque pides templanzas

aunque perdidas,

no es imposible hallarlas.

Nerón.

Sospecho

que los que de envidiosos la han llevado,

los dioses que mi muerte han procurado,

o belleza divina y refulgentes

rostros a ningún humano semejantes;

corales la color y esparcías perlas,

Venus oculta de mi pecho amante,

que desentierra bellezas excelentes

aparece delante de mí mal despuesto

o las aguas te aneguen de Aqueronte.

Fabio.

Y el llanto sonoroso...

Aurelio.

amaba tanto

que muestra los indicios.

Fabio.

Una cueva

se muestra allí.

Nerón.

¿Qué dices? En ese saxo

entrad en ella, mi razón me lleva,

que juzgo de oro, donde todo cuento.

Fabio.

A mí que se ofrece,

amor te lleva.

Aurelio.

Cual colgado Absalón de los cabellos,

que muerto se le halle siendo bellos.

Entran en una cueva donde ha de estar Dorada.

Nerón.

¡Oh venturosa suerte, ello es sin duda!

Dorada.

¿Dónde huyes, mujer? Tente, detente,

huye de mí, dejadla, cielos acudid

a defenderme de tan fiera gente.

Nerón.

Soltadla afuera.

Dorada.

Pídome ayuda.

Nerón.

Y tened temor.

Sácanla afuera y mírala Nerón atentamente y dice después:

Nerón.

¡Oh transparentes!

Sol que alumbras oculto al hemisferio,

águila rara del cesáreo imperio.

Dorosinda mi bien, amor invencible,

que así me huyes dejado, cielo hermoso,

que hoy visto en mí, que con dolor terrible,

me dejas sin tu vista tenebroso,

porque al amor escondes invencible

tu rayo celestial y luminoso,

por qué me dejas en lóbrega oscura

despintando en desiertos tu hermosura.

Cuando adoro de tus hermosos ojos

que encienden los carámbanos helados,

dulces esclavos de mi amor, que aflojan

prestan a los del lince o quebrantados,

cuando muestra bajel temor de enojos

mi larga voluntad y mis cuidados,

huye sin ocasión de mi presencia,

y me matas, ingrata, con ausencia.

Cuando sirvo del todo a tu afición de esclavo,

que me parece amor aunque me peses,

y excusas de aplacarme y claro,

el que gustas de aplicarte y ese

grado te exalto al cielo de oro y alabo,

o inmensura que abrigas los deseos,

o fénix que del fuego coge nuevos,

y memoria ingrata, con haber ofendido,

cuando olvido de mi nombre avisado,

temor pensando contemplarte airada,

cerrar, verán del sentenciar gustos

gusto que privaba de ti...

y cuando triunfa una deidad fiera

la aparición de la que se enamoraba

caí en humilde ruego impertinencia,

y me matas, ingrata, con ausencia.

Cuando apartados de penar de dolo,

continuando cantos de alegría,

los bellos rayos del hermoso Apolo,

por ser no sin melindres el cuidado,

y el blanco cuello tan nevado y solo,

cuando envidia a la nieve en blanquería,

desbuscando blancuras de espesura,

y me matas, ingrata, con ausencia.

Cuando contentos, aparto a vocas

probando amor en mí por consuelo,

que de ley y sedada, quieres loca

loco volver al que te adora cuerdo,

cuando cojo de mí extrañas poco,

cuando me abrasa mi amor, ascuas y fuego,

porque mi daño procuras la sentencia,

y me matas, ingrata, con ausencia.

Cuando con ser señor de un cautivo,

ajenos males por tu amor descarto,

y tu rostro, ay tal, me satisfago,

y haber tu aurora refulgente parto,

cuando tus raras prendas solemnizo,

porque contino amor, mi cara aparto,

me das tan desigual correspondencia,

y me matas, ingrata, con ausencia.

Así pagas mi amor, así mi celo,

la fee de amistad con menosprecio largo,

ocultas, loca, el cristalino cielo,

cuando el manifestalla, ay, mi amargo,

que de amarme duermes sin amarme celo,

rigores cargas, suspiciones cargo,

que el que ofrezco mi mal le reconozco,

a su reforma, que se de repente,

vuelva y vuelva mi bien a tener seso,

no me enloquezcas, que si bien lo cuerdas,

que no puedo olvidarte, te convida,

al alma que asidos conociendo tuya unida.

Indisculpable a mi amor que conservo y pongo,

mi vida, pon de desengaños todos,

que si ves que venzas a ocultos tal desierto,

a ti sola que nos honra descubierta,

yo soy, Pedro, de su vida indigno,

cáuselas, pues en tu constante pecho,

mi grado por ti adora, pobre indigno,

y creo, que le verás pedazos hecho.

Pang. 33

Nerón.

jamás verá benévolo y benigno

mi semblante, quedando satisfecho

mi agravio, ansí de ver sus ansias justas,

pues de ofenderme y despreciarme gustas,

¿y qué respondes, mi bien? Deja el desierto,

y ansí de mi disgusto se revuelve

la calma, deja, pues convida el puerto;

vuelve vista a mi ojos, vuelve, vuelve,

no duermas, gloria, pues me ves despierto,

quien amor tan pacífico revuelve,

quien felice y dichosa margarita

cristal procura y mi corona quita,

estampa de la venus, sacra diosa,

que al cielo falta por honrar la aurora,

si haces tu nieve fuego poderosa,

y en sola esfera de mi sol te adora,

clavel hermoso, alejandrino vaso,

despojo habido en amorosa guerra,

¿qué dices? responde, habla, advierte,

que al sí me darás vida, el no, la muerte.

Dori.

Emperador ilustre, no pretendas

que vuelva a contemplar las despeñadas,

del alma aparto las incastas prendas,

de una vida irracional pasadas;

no ofendas tu valor y no me ofendas,

que sin temor de rigurosa espada

saldré a las fuerzas de tu amor resuelta,

que animan siempre mis intentos cristianos,

dejé los falsos dioses que engañaban,

mi celo de buscar verdades ciertas,

y los torpes demonios procuraban

dar a mi voluntad placeres muertos,

en falsos vidrios su valor fundaban,

ofrecen a virtud glorias inciertas;

mas ya por Pedro me encamino y medro,

al verdadero sol de la alborada,

a quien vivos contentos los enredos

del mundo dejo, vanidades y lazos,

firmes tendré los pies, estables, quedos,

sin que den a tropiezos embarazos,

lejos estoy de femeniles miedos,

aumenta tu furor, hazme pedazos,

que en mi valor para vencer abunda

la cólera fogosa y furibunda.

Aur.

Otra mudanza.

Fabio.

Muere siempre protervo el que es cristiano.

Nerón.

Verá desd'hoy de veras la venganza.

Aure.

Quien muda su intento.

Dori.

Aureliano.

Aur.

Esto quiso de la infernal venganza

castigo de mis culpas y ruegos,

que a otro ciego dios invocas ciego,

que aunque pérfida, Dorida bella,

indómita mirarte y desbocada,

Júpiter deje el cielo, su querella,

hundiendo agora la arrogante espada

en fuertes pechos y altivos cuellos,

y tú esclava de furor en ti domada

sirvas a otros con tan locos recelos;

presto verás tu destrucción y muerte.

Fabio.

Quiere disimular y aplacallo,

y aun procuro de guardar secreto,

porque en ti no haya soliviantos locos,

hoy pones tu hermosura en tantos aprietos

ese bello tesoro del cabello de oro,

porque quieres perdelle, que de veras,

cuando amor te convida a tal ventura,

tus tormentos y penas apresuras,

ablandarás a aquel que es bronce duro.

Pang. 34

Todos.

Y no se espera en mi ardor

no me espanto.

Pablo.

Su brazo riguroso,

porque de verse airoso

grande en su ira le tengo.

Todos.

Virgen santa,

su gracia, su amistad yo me procuro.

Nerón.

Beberéme con palitos su garganta,

soberano valor.

Pablo.

No rinda pecho.

Todos.

Buen fin buscará su provecho.

Vanse, y salen Dionisio y Clemente.

Dionisio.

Siempre el malo galardona

con maldad los beneficios,

al digno de honor baldona,

que cual ciego a sus vicios

su voluntad le aprisiona;

mal de Pedro la afición

paga el ingrato Nerón,

el ya conocer a Dios,

pero el prendelle será

para su eterna prisión,

que de baja ley da señal.

De que su ley hoy ignoren,

que se ha vuelto irracional,

pues le procura su mal

cuando procura su bien.

Clemente.

Si sus daños conocieran

y las tinieblas dejaran,

sus dioses aborrecieran,

a los buenos ampararan

y cual buenos procedieran;

pero es lástima mirar

tantos hombres engañados,

que queriendo idolatrar

van atesorando pecados,

se procuran condenar.

Muy mal que beban resabios

en aqueste turbio enredo,

a las claras aguas quedo,

fuente de pureza todos,

y atributo ciego ídolo,

que no es bien la confesión,

seguir de los dioses vanos,

a los dioses sin razón,

y entre su trato profano

procurar su perdición.

Entra Marco.

Marco.

Del mundo que la dama que es honesta

que guarda bien su vida en su recato,

el rufián pecador, que a calalla se entremete,

que sacar peces del amor se apresta,

ya le dice palabra descompuesta,

le ofrece halago con diversas veces,

ni dádivas recibe ni bellezas,

con que el traidor deshonor se manifiesta,

del fin con que despide la cizaña

el cobarde aumentador del vicio,

gozoso de coger larga cogida.

De este modo al demonio, que le engaña,

debiera despedir, falso enemigo,

quien goza deseo de perpetua vida.

Ya que a Dionisio y Clemente

están, quiero hablalles, cielo,

que con rigor inclemente

paga a Nerón el buen celo

de Pablo, tan diligente

en buscar su salvación.

A Dionisio

Dionisio.

¡Oh, Marco amigo!

Marco.

Vengo lleno de pasión

por causa de un enemigo.

Clemente.

Que es de inhumano blasón,

pues, ¿qué has medrado?

Marco.

A Pablo

han llevado preso.

Dionisio.

Pones

en mi corazón venablo.

Marco.

Cuando...

Clemente.

Agora.

¡Qué traiciones!

Busca diligente el diablo

para disgustar a los justos

del mundo.

Dionisio.

¡Oh, maestro insigne!

No mereces con injustos

tratos, que Nerón se indigne;

mas engañan sus gustos,

son dioses de su albedrío,

y tantos cienos de vicios

que en cólera se abrasan,

y de corazón los traspasan,

dando a los peores el brío.

Marco.

A Pedro con diligencia

le buscan, y a los dos

les promulgan la sentencia

por manifestar a Dios

y desterrar pestilencia;

que con diabólico estruendo

quieren, su muerte ordenando,

los que a falsos dioses sirviendo,

condenarse e idolatrando;

mas el salvarse creyendo

en Cristo luz verdadera.

Dando riendas al vicio,

y mirando su ceguera,

son pecadores de juicio

indómita gente y fiera;

y el demonio con engaños

les lleva, y fingido afecto,

después de los cortos años,

al cobro así del efeto

a los sempiternos daños,

donde la inmensa caterva

abrasa, y nunca esquiva,

que tienen ciegos por Dioses,

para que su labor penosa

muestre eternidad activa.

Entra Pedro.

Pedro.

Del modo que procura el avariento

su riqueza guardar en plata y oro

Pang. 35

Pedro.

que tiene por su dios aquel tesoro

y aunque a la verdad, escoria y viento

del mundo, y con falso fundamento

guarnece el ídolo, de oro

de ese modo está, y sabio el que advierte

debe guardar que su tesoro es el alma

y guardarse del toro, que es el diablo

Marco.

advierte Pedro, mal hace

en no partirse de Roma

Clemente.

vamos a hablalle.

Dionisio.

en él nace

nuevo amor, cuando no doma

Nerón su rigor

Marco.

deshace

con crecientes de furores

sus pies reprimiendo quedos

y aumentando sus amores

los montes de los rigores

y los gigantes de miedos

Clemente.

¡Oh, Pedro!, el cielo os aliente

obra grande por trofeo

que importa seáis valiente

pues Nerón con mal deseo

empieza a perseguiros.

Pedro.

Clemente,

Dios conmigo, llevo la cruz,

no temo persecuciones,

ni me postrarán prisiones,

que en esto rindo mi suerte,

y mi voluntad a aficiones,

y aunque Nerón arrogante

traiga tormentos destorvo,

seré en firmeza diamante,

en predicar diligente,

y en el padecer constante,

que el más precioso tesoro

no es de estimar, plata y oro

que con ellos me enemisto

deseo el padecer por Cristo

a quien venero y adoro

Dionisio.

¡Oh, el bien universal!

Pedro debéis ausentaros

de Roma que es grande mal

el perder, con ocultaros

su puesto, la sangre real,

¡Qué república es dichosa!

y así os ruego que os partáis

mientras con furia inhumana

a Nerón el tiempo allana,

lleno de arrogancia vana

de los nuevos sucesos,

procuran Pedro obligaros

y al diablo con sus destrozos

no os mataréis en porfiaros

que mataros y en quedaros

os quedo bien satisfecho.

y hora volviendo al engaño

señuelos, y al bronce del pecho

es el pararos gran daño

y el porfiaros sin provecho

que en conservar vuestra vida

está el reciente bautismo

halláis puerto de guarida

y el morir temo que impida

la vida del cristianismo

Marco.

todos Pedro os suplicamos

lo mismo, no queráis

que en perderos a vos perdamos

nuestra vida, procuréis

y la vuestra procuramos

Pedro.

tanto me habéis persuadido

que me acobarda el miedo

si mi celo de amor rendido

si mi vida importa, quedo

de vuestros ruegos vencido

iréme luego de Roma

mientras su alevoso furor

Nerón indómito doma

Dionisio.

o soberbio emperador

ocasión en ella tomas

de perseguiros

Marco.

ya viene

Clemente.

que no os detengáis un punto

por cualquier parte que os viene

la muerte ahí junto

Pedro.

que si siento

que vos la tengáis me tiene

yo me voy, adiós amigos

Clemente.

Pedro, adiós.

Marco.

el cielo os guarde

de tan fiera enemiga

Dionisio.

vuestra obra santa nos diga

después no vayáis por cobarde

Vanse ellos por una p[ar]te y Pedro anda algún poco y dice después.

Pedro.

Contento vive aquel que vive unido

con lazo conyugal a mujer buena,

que aunque es su prisión un yugo y pena,

la mujer: no hay castigo sin marido.

Contento vive el hombre que ha salido

de largo captiverio y de cadena,

contento el vengativo, si condena

el Juez a su contrario aborrecido.

Contento quien acaso algún tesoro

halla, y el hombre que embiste de s[u] gusto

en gozo, por lo que saca, nueva suerte.

Contento el que le sobra el oro,

pero no tan contento como el Justo

cuando por Cristo le procuran muerte.

De mi voluntad mayor

quisiera de amor desecho

pagos de reconvenir

ya por el común provecho

poner por carga el vivir

por esta causa me salgo

de Roma y fuera razón

aunque esto me estima en algo

que conozca Nerón

que para estimarlo valgo

Pang. 36

Pedro.

Mal con su vida concuerda

que más quiere, y me provoca

ya dolor porque se pierde,

condenarse siendo loco

y salvarse siendo cuerdo.

Más quiere rebelde, aleve,

obstinado y pertinaz,

ser del deleite cautivo,

aunque conoce el disfraz

del falso bien fugitivo.

Y mudando su gobierno,

gobernándose olvidado,

reinos conquistar eterno,

y al soberbio es un infierno

el sujetarle humillado.

Y con gran pena registro,

el ver que su daño ha visto

y en su secta persevera.

Que quiera que no quiera,

la adora y sirve a Cristo.

Y de su afición cautivo,

en el más íntimo asiento,

por el contento recibo,

en las entrañas le escribo,

y en el corazón le llevo.

Sale Cristo nuestro señor

Cristo.

¿Adónde, soldado, vas,

huyendo de aquella suerte?

¿Por qué la ocasión dejas

de victoria, pues buscas

eterna vida en la muerte?

Pedro.

¡Ay, mi Dios, qué es lo que veo!

¡Qué grande merced, Señor!

Voy y en serviros me empleo;

soy fénix que de un deseo

crecen alas de amor.

¿Adónde vais tan enamorado

de cruz, tu jornada hacer,

de algún corazón prendado?

Cristo.

Voy a Roma, Pedro, a ser

otra vez crucificado.

Pedro.

Crucificado, Señor,

otra vez; de amor indicios

son, y de inmenso valor,

que por desterrar los vicios

os pone en tierra el amor.

¿A quién hay que no le asombre

tan excesivo querer,

pues postrando vuestro nombre,

tenéis sed de padecer

porque no padezca el hombre.

Ya con pocas oraciones,

corroborando el sentido

y fuerzan a mil pasiones,

cuando hoy considero herido,

sediento de corazones.

No basta la cruda muerte

de la ignominiosa cruz,

blasón del amor tan fuerte,

con que a nosotros de luz

debe la victoria y suerte.

Pero este leño endiosado,

un enamorado pecho

que al amor acostumbrado,

está en su centro deshecho

y refrigerio, llagado.

Buscando tiernos nudos,

de muchos a quien amáis,

por salvar ovejas perdidas;

no me espanto que vengáis

a renovar las heridas.

Que dando de amor señales,

padecéis por dar suerte

a estas obras desiguales,

por libraros de mil muertes,

por bienes dais mil males.

Por desterrar pecados,

cargas insolentes tantas

de mil hombres arrojados,

mil ahogos en mil estados,

mil sogas en mil gargantas.

Y yo, divino cordero,

pues mi muerte queréis,

que por vivir tanto muero,

padecer mil muertes quiero,

pues mis muertes padecéis.

Y aquellas palabras dos

que de mí debéis de oíllas,

no curáis encubríllas,

que es grande consuelo oíllas.

Pedro Cristo.

Mucho, Pedro, habéis porfiado,

y a mí que el corazón

te mueve una nueva pasión,

darte quiero galardón

de esta tu rica corona.

Vuelve a Roma, donde luego

puedas sosegar el fuego;

con pasión tan valerosa,

que te prenderá por luz

Nerón que se mira ciego.

Y juntamente con Pablo,

alcanzando la victoria

y causando envidia al diablo,

gozaréis perpetua gloria.

Pedro.

Verme figura de retablo,

no, mi Dios, es merced

que con silencio encarezco;

de tormentos tengo sed,

mi voluntad os ofrezco,

y mi corazón tened.

Por correspondencia corta,

que me hacéis grandes cargos,

cuando la obra me exhorta,

que a deudas que son tan largas,

el más largo se acorta.

Cristo.

A quien tal firmeza ayudo,

honro y a su servicio acudo,

que dando premio al trabajo,

valga el afán y allá subo,

y de esta subida bajo.

Quede Pedro en paz, que yo presto

en la gloria me veréis.

Pedro.

Quedo sin veros funesto.

Pang. 37

Cristo.

Tras eclipsis vendrá el mes.

Pedro.

A obedeceros me presto.

Vase, y Cristo no por

Pedro.

¡Oh, felice prisión, oh, claro día,

seguro bien, y refrigerio cierto,

das a la borrasca larga alegre puerto

tras el largo pesar, larga alegría!

¡Oh, cruz preñada de Dios, y madre mía,

donde la vida aciertas al que es muerto,

dejando el falso bien, el dulce incierto

que tantas almas al infierno envía!

Llena de gloria posesión se toma;

aquí de mi contento cruz recibo,

y largos bienes des, tras cortas calmas.

Corriendo voy a mi prisión, a Roma;

serás mi esposo dulce, amado y vivo,

donde os celebre entre ciprés y palmas.

Vase, y salen Nerón, Fabio, Aurelio, Angelo, Baldo y Tiburcio.

Nerón.

Ya viene a dar ingrato el pago,

conveniente a su dureza,

y dejando el tierno halago,

vengo a mirar su belleza;

a mi saña satisfago.

No quiso sacrificar

a los dioses; por haber

será en vano importunar;

quise mi enojo encender,

y con el fuego apagar.

Y viendo que amor, o accidente

en tiempo que yo muy veloz,

que los ánimos valientes

hacen de hombres mujeriles,

y valiente en fortalezas,

por convidar sus bellezas

acostumbrada a batallas,

quise rogando ablandalla;

mas ya que vi mi flaqueza,

ya con la cruz halla cobro

su soberbia y mi poder,

venganza en sus prendas tomo,

despechada aquesta Roma,

y quiero miralla arder.

Descúbrese una cortina donde ha de estar Coronada muriendo en una cruz.

Aurelio.

Triste espectáculo.

Fabio.

¡Oh, fuerte

mujer, diserta y dichosa!

Aurelio.

A la vida vence su muerte,

¡qué sentencia lastimosa!

Coronada.

¡Qué mejor alegre suerte!

Dios inmenso y divino,

excelso rey de soberano imperio,

que alumbras el camino,

das al alma consuelo y refrigerio;

en vos pongo mi vida,

que grande amor a tal afición convida.

Muchos cielos quisieron,

arrepentida del antiguo vicio,

perder, por vos, que fueron

del amor vuestro soberano indicio,

pues el mayor probado

es soldado en la cruz aventajado,

y el pensar que el primero,

vuestro rey por la cruz ignominiosa,

y en el sacro madero,

la sangre derramada, no le honrosa,

pon en mi nueva fuerza

y a penas graves corazón me esfuerza,

y voy, sacras heridas,

de sangre inestimable bañadas,

causa de tantas vidas,

a do en el corazón van estampadas,

que a padecer tampoco

la envidia de los otros me provocó,

y de colmado siento

excesos largos de mi vida antiguos,

y aumentando el tormento,

en el alma el sosiego apaciguo,

mis tormentos extraños,

quieren morir contentas mis entrañas.

Ya la pago de mi culpa,

la pena fuerte me traspasa el alma,

ciego encanto me culpa,

y puesta gala por su causa el alma,

no tengo fundamento,

ni ofensa vuestra con que el ser siento.

Estaba cual dormida,

el mundo todo, mi vida idolatrando

de liviandad vencida,

sus claros deleites estimando,

aplausos que ando triunfando,

salí animada a Pedro, árbol y piedra.

Yo os suplico y os ruego,

que el Rey perdone mi pasada historia,

y a el apetito ciego,

vuelta corría tras la fingida gloria,

cediendo, y desbocada,

procurando maldad desenfrenada;

mas después que los ojos,

oscura antes, a la luz vuestra vuelvo,

con muy graves enojos,

en tibias mis lágrimas resuelvo,

y visto el desengaño,

de ellos y de mi sangre formo un baño.

Yo ignoro mi daño,

de averos ofendido la piedad hidalga;

en que mi bien confío,

salga mi sangre, ya mi sangre salga,

que con la gota que quede,

gozo solo al alma causar puede,

fue bien inestimable,

manifieste Pedro el teatro,

y con dolor notable.

Pang. 38

Coronada.

La larga ausencia de mis bienes lloro

arrepentida.

Clemencia con mi muerte ahora pido.

¡Esposo, dulce esposo!

Y vos, piadosos y amorosos brazos,

tened en ellos reposo;

y enriquecida con eternos lazos

de amor inseparable,

bienes poseo seguros y inmutables.

Conceda, señor, ruego,

el recíproco amor indisoluble;

de modo dame fuego

que ni el mal con rigores ni la pena anuble,

antes bien los tormentos

vengan a ser de amor los fundamentos.

Y si no, poco estimara,

den en mis pechos agudas flechas,

que con ellas me libraré;

y los contrarios, en amor desvelos,

aumentarán las glorias

con las penas, blasón de la victoria;

y a la muerte cercana,

las alas corto de mi buen deseo,

y muriendo cristiana,

en vos mis pulsos y mis consuelos ves;

que fueron gran desgracia,

morir, si riega, de abundante gracia;

que da divino y blanco,

patente a todos la celeste fuente,

ya haciendo al negro blanco,

pasando de trabajos el torrente,

que da a los desiguales

bienes eternos por pequeños males.

A vos, señor, hoy pido,

en tal piedad mi petición fundando,

no tengáis en olvido

a quien de vos se acuerda agonizando.

Jesús, ya voy muriendo...

A vos, mi Dios, el alma os encomiendo.

Muere Sorosinda.

Nerón.

Ya ha muerto la tigre hircana,

o despechada mujer

que con belleza inhumana

deshonra del ser, en ser

afrentada por cristiana.

Tu mala amistad pagaste,

y a mi fe correspondiste,

pues mi valor ultrajaste

por un Pedro en lo que hiciste,

y por Pedro me negaste.

Que tu condición fiera roca,

desvanecida, pues provoca

mi amor, que en amor concuerda

con segar la vida cuerda,

que perder la vida loca;

ya me ha dejado confuso,

admirado y del suceso,

pues sufriendo tantos daños

en lo mejor de los años

venida a perder el seso,

que merezca el pudridero,

dejarte privo de luz,

ni tan imprudente revés

que en una juventud crasa

con ignominia mayor.

Mas Pedro con fuerza tanta

sus errores solemniza

y doctrina pregoniza,

que a mil cuerdos esclaviza

y a mil prudentes encanta.

Pero conviene guardarse,

atentos, del no meterse,

si de mí quiere librarse,

entre cuevas ocultarse

y entre breñas esconderse.

Entra Arsenio.

Arsenio.

Guarde mil años el cielo

a tu majestad, ya queda

preso Pedro, que su celo

ningún trabajo le veda;

antes, con mayor desvelo,

sin temer persecuciones,

predicando ha venido,

cual cordero a las prisiones.

Nerón.

Hoy, el escarnio habiendo,

ya agora los comprendo;

de su doctrina arcana,

que ocultamente en el trigo

pone, y avienta engaño,

ya es bien que con su daño...

Arsenio.

Di, aunque mi enemigo,

oh invictísimo emperador,

de humana sangre sediento,

a ser ciego del mismo honor,

solo con matar contento,

alterando rigor;

tu vida injusta y tirana

vengativa armada mano

revuelve siendo inhumana;

otro Diomedes tirano,

bebedor de sangre humana;

que ves en Pedro, que Pedro

sus entrañas rompe duro

y humillar quieres al cedro;

tú su desmedro procuras,

pero él procura tu medro;

amas a pasiones ciegas,

despeñados intentos,

cansado de pocos fuegos;

no valen justos ruegos,

ni encarecimientos flacos;

y así requiero regalle,

por Pedro que es entender

darle fuego y aumentarle,

que en la tierra no hay poder

de reducirle y mudarle.

Pang. 39

Fabio.

Antes quiero mi consciencia

ver a solas y mudarme

y a mi patria sin resistirme

de este inhumano apartarme

y hacer grave penitencia.

Fabio.

Jamás creyera, señor,

que tan presto se rompieran

vínculos de tanto amor

y que con deshonra muriera

con colmos de tu favor,

mas la mejor esperanza

muere presto y la firmeza

presto a la mudanza alcanza

que en mujeres la flaqueza

es el centro de mudanza

y porque amor no dura

y en mujeres disparates

junta, tamaños y locuras

pues muda presto quilates

la fe de vana hermosura.

¡Rara y extraña impresión

hizo Cristo y Pedro en ellos

pues trocando sus excesos

en Jesús puso la silla

sentidos y corazón

y trocó firme en intento,

de morir en este tan bajo,

pues su veleta en los vientos

y los regalos por trabajos

y estimar por tormentos.

Nerón.

Tanto he sentido su muerte,

que cuando el llanto calla

sangriento animal se convierte

y en rigurosa batalla

con el dolor controvierte.

Vamos, que ardiendo fuego

a la muerte se concluya,

ve, Pedro, pues mi ruego

no te asiste y destruya

y de la guarda reniego.

Fabio.

Y tu rabia la dilata

Fabio.

le precipita

Aure.

Mi rabia de melancolía,

tan fiero, altivo león

de su guardiana necesita.

Vanse todos y quedan Aníbal y Tiburcio.

Aníbal.

Tiburcio, mi amigo viejo y íntimo,

como nos va, me da el andar pasmados,

por no dormir, absortos en la hermosura

de Claudia que compite con los cielos

que yo por bella, grave y tan soberbia,

falto de seso, su truhanería alabo,

se engríe, se enlozana y pavonea

prestando alas a sus veloces ojos,

muchas veces me enfado, y sus melindres,

desdenes, muecas y el reírse deja,

que a nadie besa y menosprecia un poco,

y todo el mundo le parece poco

a su locura presuntuosa y grave,

garbos tocando en prosopopeyas,

y en blancura pulida, airosa y donaire

se piensa ser la antonomasia misma.

Tiburcio.

Ay, Aníbal amigo, y bien conoces

que tiene condición intolerable,

que se pinta discreta, noble y cuerda,

y aunque de cuerda adolece, necesito,

mas ay de mí, que el rapazuelo ciego

me tiene desatinado y caduco,

que en ver su cara se me parte el seso

y un diablo de alquitrán se me reviste

que me enciende y penetra las entrañas.

Moriréme, por Dios, si llora el estómago,

no gustaré mis bellos dulces bocados

si no son medicamentos y sana espiritual

para quitar la sed de aqueste hidrópico.

Mas, ¿quién puede mirar sus ojos bellos,

amorosas ventanas de mi muerte,

o tocadores de rubí en estopas,

sin perderse, encenderse y derretirse?

Pues los inviernos en veranos vuelve,

las nieves blancas en inmensos fuegos.

Ay, triste de mí, que sus venenos dulces

bebí tan sin pensar, y queda el alma

como paja a los vientos, sin el cuerpo,

que labios y pestañas que narices,

mejillas, grana y abreviada boca

de nuevo el seso en contemplallas pierdo,

de amores, que victoria aguardes

coronas, silencio, que su dedo agarran

inquietan, buscan, solicitan, prenden,

persiguen, chupan bolsas y la paciencia,

no me aprovecha acaso, tarda mucho

este clavel divino y bella rosa

a dejar loco a un morcillo torpe

y por no hablar calla y doy mordiscos.

Aníbal.

Amoroso, vergante, lindo loco

Tiburcio, y rematado te contemplo,

gastados tienes los fogosos hígados,

bebiendo vino del amante viejo

que acorta fuerzas y comida a veces,

privado pienso que las noches gastas,

y tengo pena, majadero andante,

que a matices perturbes y serenes,

y porque de serenarte solo en Roma

podrás sacar de Claudia tomadero.

Tiburcio.

Vanos ilustres, allana la constancia

y cuando te canses, Aníbal, do

de nuevo fuerzas y vigores cobro

y tengo de morir en la conquista.

Entra Claudia.

Claudia.

Oh triste de mí, si dos no creyeran

un tan amargo y desdichado numen

o suceso funesto y lamentable,

mas aquí están hablando los dos locos.

Pang. 40

Claudia.

quiero gastar con ellas algún rato,

y al fin si os causo a la postre angustias,

y medio confuso la Dorotea

yo a Anibal do, y a Burcio dar.

Tiburcio.

¡Oh, ilustres auroras,

que matizáis los campos con las perlas

y con trenzado aljófar os enriquece,

dando pureza a vuestros hermosos lazos

de mi esperanza, y mi remedio, pilotos,

estrellas que medís con el alba, magos,

demostráis repulgentes en el oriente

que no menos parecéis, amigos,

pues que a mi vista mi contento anuncian,

conocer que hace que entienda,

hoy descansad ya de desvelarme,

que procurar que me consuma amando.

Claudia.

Intenso sigues, demostrarte tierno.

Tiburcio.

Es por razón que mi vida se endurece.

Claudia.

Poco estima mi amor, y no imagino

pague mi visitar y haber negado

aunque venda lisonjas nuevo dueño,

que hay tiernas muchas lágrimas de hombres

tiranos, con falacias son hipócritas

que aunque muestran palabras halagüeñas

con meloso donaire acicaladas

tienen adentro la traición oculta

y engañan mil por deciros bobas

que el Amor arrojaron por palabras.

Tiburcio.

Que luego negra mi bellosa tez,

nunca contemple mi honra vez,

un bofetón me dé un villano atroz,

engaze con locos en las jaulas voz,

esclavo muera y afrentado en Fez,

falte a mi vientre siempre el dulce arroz,

Derríbeme algún macho de una coz,

mi cabeza machaque un almirez,

en un anzuelo me mire cual lombriz,

y mi vida persiga un abestruz,

provéase en mis barbas un rapaz,

y mis narices corte mi nariz,

sino te adoro por mi vida mi luz,

do mi gloria alcanzo mi descanso y paz.

Aníbal.

Mis ojos cieguen sin mirar su luz,

tenga en mis pleitos riguroso Juez,

un asno viejo avieje mi albornoz,

Cágueme todo con afrenta el buz,

dispárenme un mosquete o arcabuz,

peguen mujeres con tes de pez,

roto me vuelva semejante a pez,

y otra dama se seque del arcaduz,

déme un caballo rigurosa coz,

no coja mi reclamo codorniz,

algún Judas me bese con disfraz,

un rayo me consuma muy veloz,

si no adoro tus labios y nariz,

y eres mi bien mi gozo y mi solaz.

Claudia.

Y escupan todos en tu blanca faz,

y tenga cual membrillo amarillez.

Alcance por esposo algún soez,

vano, un imposible, loco y pertinaz,

enquiero una tyranuez despaz,

trabajos venganza de vejez.

Jamás llegue mi flecha a madurez,

ni sueltas me gocen del regaz,

por grave golpe me dereche al miz,

y todos les parezca duro atroz,

me dominen con furia y con capuz,

mil perdices me dejen por perdiz,

si como os amo otra sirva de cruz,

para ser enemiga de la luz.

Tiburcio.

Pues tu, Claudia severa,

porque vivas, cuando muero,

y con imitación de fiera

cuando un vellocino espero,

¿para qué espero despojos?

no me pongas en balanza

pues es razón que convenza

amor libre de mudanzas

que mi voluntad te venza.

Aníbal.

No obligues mi esperanza,

mucho extremo se holgará

el que te adora y venera

que fingida amistad declara

y mostrándome cuñado

no fueses menos avara,

que el aguardarme de a un lado,

¡Oh, dichoso quien te camina!

goce sin guerras ni riñas

que quien goza de las mías

dudar puede muchas ruinas.

Entra Laurencia por la otra puerta

Lau.

No riquezas humanas ni tesoro,

cuyo fin instantáneo considero,

no galas pompas fausto o dinero,

plata de Potosí, de Arabia el oro,

no de Pasiphae el adorado toro,

fingido, fabuloso o verdadero,

que parió al Minotauro monstruo fiero,

guardando al natural poco decoro,

no el humano placer, o refrigerio,

belleza rara o apariencia hermosa,

que postraron a los dioses o que rinda,

no el alto cedro dilatado imperio

es de envidiar, sino la cruz honrosa

donde murió por nuestras enmiendas.

Claudia.

Yo me voy, venid conmigo,

que aunque se disimular,

y mi voluntad no digo,

por obligaros a amar

a un someterme obligo,

silencio por se excusar

sin a ti dar una seña

tendréis en amor ganancia,

porque la firme constancia

ablanda la firme peña,

venid y volved después

a verme.

Pang. 41

Anto.

Sin ver tu gloria.

Fr.o.

Un higo.

(Se vuelve el mesonero de redrojos de pepitorias, haciendo befa a sus pies.)

Vanse por diferentes puertas entre los dos, y queda Laura a solas.

Lau.

Enternecida he quedado

de ver humildad en la cruz

que murió por la luz

y nueva luz he cobrado.

¡Oh, venturoso el soldado,

no cobarde, ni haragán,

que siguiendo al capitán

a la cruz corre contento,

pues por pequeño tormento

eterna gloria le dan!

De un amargo parasismo,

solicitando un remedio,

me sacó el alma de Pedro,

limpiándome de sí mismo,

de el tan profundo abismo.

Dejé la pesada fe,

que mi hado tan feo,

y vuelvo a la eterna fe,

supe dejarme a mí mismo,

y lo mayor que deseo,

y olvidados de los tratos,

y por nuevas sendas voy,

la cruz abrazando, doy

a la vanidad ultrajes,

deshechos pompas y trajes,

en Cristo y Pedro escudado.

Pongo cualquiera prendado

de amor, y digno de honor,

en Cristo por mi Señor

y en Pedro por abogado.

Gracias a Dios que refreno,

el alma y espíritu aplaco,

no adorando al falso Baco,

ni a la incasta Venus ciega,

no a Juno, Vesta engañosa,

Neptuno, Apolo y Vulcano,

y a tantos dioses que en vano

cuento, por perjuicio entero,

sino al pío, al verdadero

Dios inmenso y soberano.

En sus errores combatido,

estaba velando, y alerto,

para sanidad de mi alma

para dirección dormida,

sino ya trocando la vida,

y aumentando santidad,

haré vista a la verdad,

que cautiva el corazón;

la despierta en diversión

y dormida en vanidad;

que sin temor del tirano,

su ley falsa hollaré

con la mía bajo del pie,

aunque me corte la mano,

que por el nombre cristiano,

para ganar lauro y palmas,

que hoy dispensa la victoria,

abrazando los tormentos

que llevan a los contentos

y eternos gozos al alma.

Vase, y sale Publio vestido como ermitaño.

Pub.

Vime en el mundo en la cárcel de la muerte,

y hoy naciendo un poco de nueva vida,

y busco el desierto donde vive el que se advierte,

que tiene áspera la cerviz rendida,

que es grande indiscreción que quede el hombre

donde el demonio sus redes le impida;

ganar pretendo sin tardo nombre,

de cristiano, apartado del bullicio,

que no hay razón que el padecer me asombre,

que da al discreto un diverso indicio,

que quien de ocasiones desviar se aparta,

procura la virtud, y deja el vicio;

por mejor, Magdalena deja a Marta,

quiero decir, que la vida deja activa

por la contemplativa, que descarta

las obras de la carne altivas,

y en Dios retiene pensamientos castos,

y a la vana olvidando fugitivas,

instantes de placer, amores bastos,

que el tiempo siempre en sus propósitos gasta,

doliéndole perder el tiempo gastado,

o vidas que una aleve quitan la casta,

donde se logra el bien, se alcanza gloria,

se conserva el valor, y no contrasta

el recato, que a un leve viento escoria,

contento, deja de riquezas humanas

ganando pobre celestial victoria;

que la vida bestial, libre y profana,

solo busca el carnal e insensato,

que aumenta más su imprudencia insana,

llora después el depravado trato,

que de rematada vida, cuando en penas

se queja el cuerpo, se consume ingrato,

y amarga libertad que a un condenado

excesivos tormentos al deleite

que eternos bienes a las obras buenas,

conoce entonces el fingido afeite,

promesas falsas del placer mundano,

cuando le deja por faltarle aceite,

en la puerta del esposo, y llama en vano,

como las otras vírgenes tan locas,

que el contento perdieron soberano,

golpes entregan infernales bocas,

que el bien tan caduco, breve y corto,

lo pierden muchas, y se salvan pocas;

por tanto aquí, mi Dios, mi bien me exhorto,

a buscar vuestra paz, que sois el dueño

de mi vida segura, y alas corto

a la ocasión, y vencedor estoy del sueño;

quiero dormir un poco, mas no tanto,

que se vuelva pesado el halagüeño

cuerpo, rendido al ejercicio santo.

Pang. 42

Pónese a dormir y sale Simón Mago con llamas de fuego

Simón.

Rabiando, su fuerza han roto

las infernales cavernas,

donde, amontonando culpas,

penas acumulando penas,

las abrasadas entrañas

eternamente retumban

sin esperanza de alivio

ni lugar de penitencia,

condenamientos a llorar

quise volar con soberbias

alas, encumbrado al cielo,

sin posarme a tierra,

y postrando tras mi vuelo

este terreno con las fuerzas

de su poder ahogadas

de intolerables miserias.

Broten las fogosas olas;

mil incomparables lástimas

que el corazón me traspasan

y intensamente atormentan.

Mal haya el extraño peso

de los pecados que llevan

apegadas mis falsas glorias;

al abismo empujan deudas.

¡Oh fuego, oh muerte, oh rabia, infiernos y penas,

graves angustias y perpetuas guerras!

Mal hayan tantos encantos

que, entregando mis potencias

al gusto del enemigo,

alargué al vicio las riendas.

Comprar intenté la gracia

a un tiempo, y agora quedas

de desgracias llena el alma

y es bien que desgracias vendas.

Voluntario me la daba

ver y por cosas de ellas

lleno de engaños ocultos

desposeí la vana ciencia,

despreciéla, no advirtiendo,

¡oh costosa inadvertencia!

que el pobre con ellas malo,

y rico oscuro con ellas.

Yo, buscando mi provecho

en permanencias eternas,

joyas pretendí comprar

tan inestimable prenda;

mal haya mi vano aplauso,

pues en perpetuas galeras,

como forzado por Dios

el alma infelice rema,

que prestos que se amaynoran

de mi gravedad las velas,

incitados, trocando gozos

en penalidades eternas.

¡Oh fuego, oh muerte, oh rabia, infiernos y penas,

graves angustias y perpetuas guerras!

Quién pensara que llegando

ya con vana mente al peso

alcanzara tal pesar

y tan pesada sentencia.

Quién pensara que las flores

se amarchitan y secas,

y con vanidad del mundo

pusieran tal carga a cuestas.

Quién pensara que un deleite

de tan poca subsistencia

produjera espinas tantas

y tantos daños produjera.

¡Ay de mí, que por ser loco,

con mis porfías, firmes peñas,

engendraron altos vuelos

de tal fuego mil cegueras!

¡Ay de mí, que el apetito,

horno hacelle arder, y tenella,

incendio, predominando

cláusulas ser de mis deseos;

¡Ay de mí, que con el ay

estragos fieros lamenta

mi desesperada suerte!

Que ningún remedio espera,

y a las perdidas del tiempo

ganancias sin tiempo heredan

del inextinguible fuego;

y las entrañas penadas,

sostenerlos irrefragables;

en vano el que apela apela,

que a todas apelaciones

cierra la clemencia puerta.

¡Oh fuego, oh muerte, oh rabia, infiernos y penas,

graves angustias y perpetuas guerras!

Con el semblante halagüeño

la lisonjera villana,

al inadvertido amante

le transporta, y le degüella,

con apacibles caricias

le abisma, sumerge, anega,

previerte, en éxtasi pone,

entorpece, y embelesa.

¡Ay engaños no pensados,

cuán lejos estuvieran

de vivir vida de burlas

si supiera aquestas veras!

No me precipitara a peñas

que con tanta diligencia

procurara mi salvación,

ni cerrara mis orejas

del perdón, que hallar procuran,

en la divina puerta tengan

mis angustias aliviadas;

y mis tormentos aumentan

¡oh vil ponzoñosa araña!

Razón es que me entretejan

telas de insufribles daños,

pues formé tan flojas telas.

Venga conmigo el verdugo

y gusano de conciencia

que mis pesares despierte

cuando llamas me alimentan,

y a mi enemigo, Dios,

Pang. 43

Simón.

Para siempre me destierras

de la deseable patria

donde el bueno se deleita,

a fuego, a muerte, a rabia infame y penas,

graves angustias y perpetuas quiebras.

Vase Simón, y va despertando Fénila.

Fénila.

Vete, vete, agua, agua,

que aguardan visiones y penas,

fuego, condenación, pesar,

la que a mi ser turbas el alma,

que a Simón Mago te diste;

aparta, aparta, no vengas

a atormentarme con culpas

y con palabras funestas,

y a quien alegra el acierto

camina, no te detengas,

que el volar te dio el cielo

y pocas medras, si en ellas.

Acaba de despertar.

Fénila.

¡Válgame Dios, qué pesado

sueño! Las carnes me tiemblan,

y se erizan los cabellos.

Desperté, y tengo impresas

a la visión mi memoria,

que mis pecados me acuerdan

lo que a Simón el Mago

de llamas cercado enseñan,

así en el infierno, oh cielo,

triste y lastimosa herencia.

Yo sentí, soñando, aquesto,

suspiros de tal manera

que, aunque ellas de paso falsas,

me espantan las verdaderas.

Si el sueño atormenta así, almas,

con que el infierno suena,

y si será tan verdadero

que graves dolores me cercan,

yo me quiero escarmentar

en las cabezas ajenas;

que se arrepiente pagando

quien de grado no escarmienta,

que escuche; y si cobardes,

con vigilancia y prudencia,

las cabezas altas paren

cortadas y de cabezas.

Vase, y salen Nerón, Fabio, Aureliano y Liberio.

Liberio.

Ya los dos que alborotaban

a Roma, su merecido

tienen.

Nerón.

Sus culpas pagaban,

pues dejando encarecido

y ansí el error predicaban.

Descubridles, que es razón,

pues con tan vana esperanza

tienen pensar galardón,

que se deba mi venganza

en su muerte y su pasión.

Fabio.

¡Oh fiera voraz, hambrienta!

Aureliano.

No de sangre humana, sedienta.

Pedro.

Muerte, pues con tal tormento

se gana la cruz honrosa,

del cielo, honroso asiento.

Descubren en diferentes partes a S. Pedro crucificado cabeza abajo, y han de estar cerca de él Clemente y Marcelo, y en otra parte a S. Pablo degollado y el verdugo cerca de él.

Pedro.

Ahora, Jesús mío,

en el árbol mi vida reverdece,

y el abundante río

de gracia, riega el alma y enriquece;

abrásame que siento

que es el tormento mi menor tormento,

¡oh cruz, que me convidas

con coronas ínclitas, a vos tejidas,

porque con muchos bienes

la priesa de la muerte no detienes

y el grande bien conquisto

con mucho padecer amando a Cristo.

Abajo, Rey del cielo,

por contemplar los altos, mi cabeza

pongo, alentando el celo,

mirándome en mi aborrecida bajeza,

que un hombre que es tan bajo

mira que es justo la cabeza abajo.

¡Oh claro sol de mi vida!

El trono espero en vos dichoso fruto,

y a la muerte atrevida,

pagar de todos el común tributo,

pues yo que así pretendo,

el alma en vuestras manos encomiendo.

Nerón.

Ya han muerto, a quien tanto daño

con mil engaños hacían;

muertos, con su sangre me baño,

e imágenes, que a porfía

para abatir con engaño.

A Pablo también, que ha sido

quien a Roma ha perturbado,

y tantos locos vencido,

y su ley tan obscurecido,

falso Dios es despreciado.

Contento estoy de su muerte,

y apenas mi saña aplaco,

que hace al fiero tiemble el fuerte,

que matare a fuerte y flaco,

si a su secta se convierte.

Dionisio.

¡Oh Pablo, maestro mío!

Gano vida, muerte siento,

que cuando a templar porfío

el inefable sentimiento,

hacen mis lágrimas río.

Seréis, pues, honrando al mundo,

siendo divino lucero,

en la doctrina profundo,

en las penas el primero,

en las glorias sin segundo.

Clemente.

En tan excelsa victoria,

Pedro, pues con obras buenas

el llanto dejáis y penas,

gozaréis eterna gloria,

pues a mí me afligen penas.

Pang. 44

Clemente.

antes pasada la guerra

en tal muerte me consuelo

y perpetua paz encierra.

Marcos.

Dos lumbres hay de la tierra

fueron a alumbrar al cielo.

Fabio.

¡Oh, cuántos perdistes, Roma!

Aureliano.

No en perder a Pedro y Pablo,

arda Nerón pues no doma

su furor, y sirva al diablo

como a estotra y Sodoma,

que el Senado se abrasa,

dentro de su pecho encierra.

Fabio.

Ya vengó su corazón.

Libio.

Con aquesto se destierra

de Roma la confusión,

y estará su majestad

contento y con paz sobrada

en su alivio y libertad.

Nerón.

Con tanta temeridad

aún no sosiega mi espada.

Fabio.

Muy poco quedó vengado,

insaciable frenesí.

Aureliano.

Lleva en el pecho abrasado,

y acaba, Senado, aquí

Simón Mago castigado.

Finis.

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