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Texte numérique de A más desdén más amor

Date de publication: 21 juin 2026

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Citation suggérée

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de A más desdén más amor. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/mas-amor-mas-desden.

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A MÁS DESDÉN MÁS AMOR

Pag. 1

A más desdén, más amor

Comedia

Personas.

Personas

Don Juan

Don Rodrigo

Federico, viejo

Polilla, lacayo

Doña Luisa

Doña Blanca

Eugenia, criada

Felicia, criada

Don Pablo Bravo de Sotomayor

Jornada primera

Pag. 2

Polilla

A más desdén, más amor.

Manda, señor ajustar

mis cuentas al mayordomo.

¿Qué dices borrado? ¿cómo?

No tienes que te cansar,

porque no te he de servir

si me dieses un millón?

Pues ¿por qué, di la razón?

No me quiero yo morir.

y detrás de la impaciencia

que tu enfado me causó

no te ppuedo temer yo.

Señor con buena conciencia.

de servirte la razón

es mi humor que te divierta

y en esto que no lo aciertas

me obliga a restitución

no quiero como hombre bajo

que el mogollón me sustente

el que dijere miente

Yo vivo de mi trabajo

y aunque me llaman Polilla,

sufriendo tales desaires,

pues parecen mis don aires.

la doncellez de justilla

Que en gustadoras se van

no quiero pues mal lo tomas,

que de Polilla te sirvas.

y ni servirte yo don Juan.

Pues tienes tan mal humor

y nadie la causa sabe

consúltala a un hombre grave

y aconsejese un prior

Pag. 3

Don Juan

Salgamos de estas quimeras

que nos tienen tan en calma

Bervebú llevará el alma,

que a hablar acierta de veras.

Es muy de veras mi amor

es muy verdad mi cuidado,

muy cierto el ser desdichado,

muy sin remedio el rigor.

es doña Luisa muy cruel,

Yo a su desdén muy constante

ella me desprecia amante

cuando yo la adoro fiel.

Será imposible, aunque quieras

más divertir mi tormento.

si tan de veras lo siento

no hablar Polilla de veras.

Nunca de amor has sabido

Nunca un rigor has llorado?

nunca estude en endemoniado,

nunca tan menguado he sido

Yo me tiento, no me empleo

busco agrado, no rigores,

y así tienen mis amores,

el logro con el deseo.

ni me aflijo ni atormento

ni me canso en pretender.

porque no es una mujer

hábito o corregimiento.

Si dice que no me quiere

respondo que no la quiero,

y al mismo paso me muero.

que la tal por mí se muere

fáciles busca y baratos

los amores mi persona.

y dúrame una pregona

a un menos que unos zapatos.

¿Quieres tú que enamorado

como estás de doña Luisa,

que enceño en vuelve la risa

Pag. 4

Polilla

la blandura en desagrado.

hecho añicos el color

de puro quebrado adrede,

que de la mañana excede

el lucientísimo albor.

me dé amorosa inquietud,

Quien hace seno sé su intento,

lindura lo macilento

gala la pica salud.

la que por desprecio viñe

contra rendidos despojos,

con sus dos tan negros ojos,

que pienso que se los fine.

la anque cobarde ninguno

bien se ve en su bizarría,

no entiendo esta valentia,

pues riñen dos contra uno.

de boca tan mejurada,

que la embaraza un piñón

y de tan gran perfección

que en su vida pidio nada.

tan garboso y entendido

y tan airoso el aseo,

que es un Bóreas el meneos

y un solano, lo prendido.

No, señor, tengo ojeriza

con toda grave lindura,

para mí no hay hermosura

como una moza rolliza.

sin pretensión ni recados

sin billetos ni criadas,

que la obligue amanotadas

yyme enamore abocados.

una montaña un diluvio

de mujer robusto y franco

que sin ser jarito hay blanco,

y sin desmayado hay rubio.

Pag. 5

Polilla

cuyos pies se llamen patas,

Mebadísima mujer,

porque no siempre ha de ser

lo blanco como unas natas

cuya boca, nunca poca

fresca como una mañana

de a arrobas jazmín y grana

porque es muy grande la boca

cuándo pide es un calzado,

Esto pidiendo licencia,

y es solo la diferencia,

sobre sia de ser cerrado,

ycuros regalos son

piedo

no persigos ni graciones,

costones y cañamones,

y dos cuartos de turrono

rindiéndose a toda prisa

sin melindre ni respeto,

quiere tú el desdén secreto,

de la hermosa doña Luisa.

y déjame a mí querer

sin que mi gusto te asombre

a ella yo, porque soy hombre,

y ella a mí, porque es mujer.

ydel arcadia pastor

orillas de este arroyuelo.

pide a sus ondas consuelo

que alivie tanto rigor.

divierte tantos enfados.

habla por un solo Dios,

que parece vue los dos

venimos desafiados.

Aquí entre tanto que el sol

efimera luminosa,

providamente reposa,

ydentro del mar español.

tan corteses los ardores

tan partido y liberal

Pag. 6

Don Rodrigo

que es la vida del cristal,

y es el galán de las flores.

esperar el fin intento,

de mí advertido cuidado

que es muy peligroso estado,

el llegarse un casamiento.

y deveré la verdad

si la averiguo dichoso

al hacerme escrupuloso

han estado hablando

mi mucha curiosidad

YPolilla, repare

la verdad te digo

que le recondcen mirando

sólo tú te has engañado

¿Quieres que me haya olvidado

del talle de don Rodrigo

Pues si tan seguro estás,

¿Qué esperas si no te ve

Llega, señor, hablale.

espérate y lo verás,

mi odrigo.

yo que debo a mi cuidado,

de él no haberme vos buscado,

la tibieza que os infama.

abracente

Don Juan disculpen mis brazos

la culpa que me imputáis

y luego si me escucháis,

repetidos estos lazos

Sabréis si tengo ocasión

que me pueda disculpar

pacienciaca y escuchar

porque va de relación

Yo don Juan, habrá dos años,

cuando en mis labios apenas

heridos del primer bozo

se vieron adultas nuevas.

pasé a Italia con don Juan,

de Mendoza, cuya herencia

Pag. 7

Don Rodrigo

por pariente más cercano

faltándole descendencia.

me tocaba como el ser

de su militar escuela

yrepudiable heredero

sujéteme a su obediencia

donde pude fácilmente

de la durísima guerra

sin trabajos ni vigilias,

prevvenir las experiencias,

tanto puede el arte tanto

corregida la nobleza.

el más noble os más valiente

sin que la virtud se ofenda.

No todos nacieron nobles,

y si elegirse pudiera

en los mayores monarcas.

trbiéramos la ascendencia.

al noble por sí le debe

laminas el bronce eternas

quien de su valor desciende

tiene lo noble más cerca.

de las españolas hpuestes

las o valerosas banderas

contra el francés belicoso,

sequí en Italia y Proenza

llí de mi obligación.

di bastantesimás mpuestras

por más que en propia alabanza

ypresumido desmerezca.

cuerpo a cuerpo en la campaña,

armado de todas piezas,

de un atrevido arrogante

rendí la furia francesa.

Desafióme el Bretón,

y yo, como quien hereda

de tanto ilustre ascendiente,

las obligaciones mesmas

Pag. 8

Don Rodrigo

el duelo acepte glorioso,

de verme ya donde puedan

apellidar mi valor,

las naciones extranjeras

medimos, pues las espadas

pedazos las lantas hechas,

sin que los campos juzgasen

entre los dos diferencia.

dos veces nos abrazamos,

hasta que la vez tercera,

de mi floraje o primida,

cayó su arrogancia muerta.

quién de la causa de Dios

fue cobarde en la deffensa

que vil mire su osadía

y que valiente mi modestia.

Aélámome victorioso

la muchedumbre que atenta

de un campo y otro esperaban,

o mi victoria o mi afrenta.

el duque de Feria luego.

me honro con una jineta

partí con mi tercio a Flandes,

porque gusto su excelencia.

die siempre en mayores riesgos

quiso experimentar mis fuerzas

qué valor será pequeño

si los mayores le alientan

Adonde de mi valor

vio la perfidia flamenca

rebelde a Dios y a su rey

costosísima experiencia.

envióme a llamar mi padre,

que cuidadoso concierta,

mi casamiento, porque

con nietos que le sucedan.

en descansada vejez

tenga mustre desconden

Pag. 9

Don Rodrigo

y para vvenir a España,

pedí licencia a su alteza.

hoy llegó a Madrid, adonde

mis escrúpulos conciertan,

que para templar mis ansias

me valga de una experiencia.

No dudo don Juan, no dudo,

de que mi padre escogiera

para mi esposa mujer

de virtud nobleza y prendas,

tales que juzque dichoso

mi casamiento y que sea

tal el fin, que yo confiese

qué humilde no la merezca

Paro en esta parte yo,

tengo miedo de manera

que su virtud no dudando,

más mis temores es fuerzan,

los peligros de la corte

que a la mayor entereza

a la virtud más constante

la opinión más atenta.

harán socobrar Osagel

que cuando en popa las velas

dondas quietas navegando

vientos seguros la alientan.

¡Ay escollos, hay bajios,

donde rotas las entenas

o en los peñascos se rompe,

o peligra en el arena.

y puede sin ser culpado

su fama una infame lengua

hacer culpa su virtud.

y y delito su inociencia

yno quiero ro ignorante

que mi poca diligencia

me despeñe donde tantos

he visto, que se aespeñan

Pag. 10

Don Rodrigo

y para acertar seguro

lo que si una y vez se ierra,

ni lo remedia el cuidado,

ni la atención lo remedia

criado envié delante

a que posada prevenga,

donde oculto y recatado

sin que ninguno lo sepa.

averigue, si dichoso

mi persona descubierta,

pueda llamarme su esposo

y que mi esposa me vea

A quien antes de partirme

en igual correspondencia

de ví en honestos favores,

segurísimas ternezas

Pero temo que un ausente

en grande peligro queda

por más que le asegurasen

alpartir lágrimas tiernas.

pretisa senda en los aires

seguro fruto en la tierra.

camino cierto en las ondas,

y conforme conveniencia

en todos los elementos.

es más fácil que se vea

que firme con un ausente

la mujer de más firmeza

Esta es mi duda don Juan,

esta amigo es mi sospecha

está mío congoja ha sido

y mi diligencia es esta?

está la causa de hallarme.

donde ninguno me vea

esperando a mi criado

ya que las luces sucedan

las sombras, porque ocultarme

pueda de aqpuesta manera

confiando mi venida,

l voz y de las tinieblas c de in

Pag. 11

Don Juan

No se puede aconsejar

en tal caso don Rodrigo,

sólo no puede un amigo

en esta materia hablar.

así alegre de que os vi

ccontento de que os halle

lo que os debo os pagaré,

con daros cuenta de mí.

Dichoso vos ¿que dudáis,

dichoso vos, ¿qué teméis

pues ser dichoso podéis

y lo contrario ignoráis.

No

yo, que a vista del bien

corro fortuna en mi amor.

zozobrando en un rigor,

peligrando en un desdén

y en tan continuo penar

alcanzo por desagravio

con poco gusto el agravio

de mala gana el pesar.

que aun de rigores avara

cuando a sufrirlos me animo,

porque ve que los estimo

en dar pesares repara

didad a quien no se atreve

en sus bellos arreboles,

todo el ardor de dos soles

a derretir tanta nieve

pues porque crezca mi mal

se vuelve al llanto y al ruego

a la luz de tanto fuego

endurecido cristal,

siendo cuando más me empeño

con entereza constante,

toda en dureza un diamante

toda en desagrado un jeño

y es mi amor tan desigual,

¿Quién esto creyera quién

que la quiero yo más bien

cuando me trata más mal.

Pag. 12

Don Juan

en la postrer diligencia

libro el vivir don Rodrigo,

porque está ha de ser testigo

y de mi amorosa experiencia

de una señora su amiga.

solicito a una criada

que de mi llanto obligada

a que liberal la obliga

Mi voluntad poco escasa

que enamorado lo ha sido

esta noche ha prometido,

que ha de meterme en su casa.

una pared las divide,

donde rompida una puerta

para mis ansias abierta

por más que ingrata lo impide

Mis ansias ha de escuchar

y moriré consolado

del delito de que he hablado

No del ansia de callar

A dos riesgos va mi amor

en lo que esta noche intento

de su amiga al escarmiento.

de su dureza al rigor.

mas todo lo ha de vencer,

en esta desconfianza

el morir sin esperanza

y el saberla yo querer.

Harto mejor vencieras

tu imposible pretensión,

si tanto escudo y doblón.

a aquella infame le das.

mujer de tan peregrina

habilidad tan mañosa

que es con ella poca cosa

la nombrada celestina

Ved cuanto mejor estado

es mi dolor entendido

el de un mal aun no sabido

que el de un desdén declarado

Pag. 13

Federico

y os servirá de consuelo,

que yo tengo en mi pasión

el rigor en posesión,

vos en duda el desvelo

Mi criado viene allí.

Pues venid sabréis después.

¿Quién ingrato dueño es,

de mi amor, como de mí.

y si os parece encubriros

en mi posada podréis

puesto que en cuanto mandéis

sabéis que yo he de serviros.

Yo teniendo, por Dios

dolor de su mal deseo

con mi fregonil empleo,

haré burla de los dos.

Luisa y Federico viejo

dalen dona

Luisa llegó el día,

de tu bien mi contento y alegría

ya mi vejez alcanza

el término postrero a mi esperanza.

ya en tu dichosa suerte

los rigores no temo de la muerte.

que estando tú casada

nada me aflige, me congoja nada.

Poco puede tandar luisa dichosa

que le llamas mi esposo y él tu esposa

también te llame a ti, porque las hiedras

en regalada unión envidien medras.

a tu dichoso estado.

bella la dama noble el despojado

uno y otro del tiempo en los rigores

mármoles excediendo vividores.

con feliz sucesión en lazo fuerte,

sin temor del imperio de la muerte.

dlicis

Ya, señor mi obediencia

te habrá dicho otras veces la experiencia,

Pag. 14

Doña Luisa

ya también mi muerte.

será muy cierta aquí si no la advierte

Haz a tu gusto en todo.

pues el tuyo ha de ser de cualquier modo

y mi desdicha cierta

he de quedar de obedecerte muerta?

dando¡ay triste, la mano

al que me ordenas tú aqumiento a un tirano

a un cruel homicida

pues mpuestren tu semblante por mi vida.

tus galas y tu aseo,

la gustosa que vives en tu empleo.

No des que murmurar a quien te advierte,

con envidia quizás de tanta suerte.

como gozas dichosa,

que es mucha novedad naciendo hermosa.

Puédate a Dios, que yo me voy ccontento,

de que tan cerca esté tu casamiento.

y yo a morir me quedo,

puesto que a todas en desdicha excedo.

pues por ajeno gusto

le daré a mi pesar a un dueño injusto,

de mi arbitrio tirano,

sin alma el sí, sin voluntad la mano

ignorando yo ahora triste suerte,

el dueño de mi injuria y de mi muerte.

Ea la que a estado arechantos se fuel viejo

Como en centrene deemon

Mucha novedad ha sido

Dime, señora, a veñido

tu padre la reprensión.

del grito temerosa

me fui, porque se el rigor

del padre predicador,

pero no me he estado ociosa

porque con Eugenia he estado

Pag. 15

Doña Luisa

sin saberlo doña Blanca

que siempre a tu gusto franca

las dos hemos concertado,

que esta noche esté la puerta

que sale a su mirador

para mostrar tu rigor,

con todo secreto abierta.

llí a don Juan hablarás.

y pareciéndote bien,

toda serás un desdén

y de las tuyas harás.

en lástima ad tu vida.

y templa tu condición

no hagas desesperación

una paciencia otendida

no trates con tal desdén,

nadie a ti en el mundo igual

¿ómo si quisieses mal?

al que estás queriendo bien?

Poquísimo se te alcanza,

de esto que llaman amor,

todo ha de ser un rigor.

desprecios, desconfianza

porque en llegando a saber

que son los hombres queridos

son sus finezas olvidos,

su agasalo no querer.

supasa, desobligar

tratar mal su rendimiento

su caricia, un escarmiento,

y su blandura un pesar.

nadie a conocerlos llega,

sino gozó su rigor,

que sólo al juego de amor

alcánzamás el que juega.

No es mi intento muy oscuro.

no infames más mis rigores

pues lo pierdo en los favores

y en el desdén le aseguro

Pag. 16

Doña Blanca

llamen a la puerta que

Mira que llamando están

será la que sirva todo

de esotra casa a la puerta.

la comedia para distin

Nunca yo la tengo abierta

guir las dos casas de

Jesús, que prisa se dan.

Blanca y d Luisa

Yo soy bien puedes abrír

jornen a llamar

Doña Luisa, amiga mía?

abre Felicia y saleda

nunca dichosa sería

Blanca con una carta

si te pudiese encubrir

en la mano y Eugenia

la dicha grande en que estoy

y albricias a recostarte

darte de mis bienes parte.

Pues eres, lo que yo soy

en esta carta me avisa

su partida y don Rodrigo

haciendo al cielo testigo

de su amor y de la prisa

con que viene a dar los brazos

a lo que dice que adora

tierno gime y triste llora

no repetir tiernos lazos

en mi cuello cada instante,

juzgando siglos las horas

mas tu, amiga, como ignoras

que es ser ausente y amante

desahogada juzgarás

facilidad mi ccontento,

no sientes, lo que yo siento

y así de mí te reirás.

pero puesto que has de holgarte

justo fpuese o injusto

de todo lo que es mi gusto

he querido darte parte

de aqpuesto bien que ignoro

tu amor, lo que amor obliga,

porque eres sola mi amiga,

y te correspondo yo?

Pag. 17

Felicia

Blanca, amiga? Él parabién

de lo que bien te ha de estar,

no le embaraza ignorar

yo del amor, que también

que he de holgarme en rigor

de lo que fuere tu dicha.

temo mi propia desdicha,

por eso excuso el amor.

que lo amable, lo perfecto,

obliga sin diligencia,

aunque no a correspondencia,

lo apacible del objeto.

en la esquiveza que ves

sólo temo en los amantes,

el que como fueron antes

no los he de hallar después.

Loca doña Blanca está

doña Luisa también

de qué si no quiere bien?

si cuidado no le da

ser despreciada o querida.

si nunca ha tenido celos,

si nada le da desvelos,

y con tan holgona vida,

y con tan follón descuido

siempre a ajeno llanto sorda,

que a dedad de puro yerda

sun miserable estallido.

Calla Eugenia, qué reviento,

advierte que estoy resuelta

si me dieses otra vuelta,

de decirte cuanto siento,

cuánto sé cuanto he pensado

cuanto he sabido callar,

cuanto llegó a imaginar.

de su desdén y suenfado

Juángelio en copias es,

el que tan agudamente

dijo de todo sirviente

el píndaro cordobés.

Pag. 18

Eugenia

pues que parte como un ipotro

introducirse importuno,

entre la boca del uno

entre la oreja del otro.

y con propiedad no poca

imitan la comadreza,

que concibe por la oreja

para parir por la boca.

viendo en ajeno perjuicio

el tremendo dia final

un criado de metal

la trompeta del juicio.

Doña Luisa quiere bien.

muy bien a don Juan,

más disimula, su afán.

yy pública su desdén.

porque dice que es forzoso

si se torciese a su ruego

ser don Juan ingrato luego,

que supiese que es dichoso

así quiere asegurar.

con no hacerle algún favor

que don Juan la tenga amor,

y ella nunca que llorar.

Esta noche quiere hablar

con él, y tú has de querer,

sin que se llegué a saber,

npuestra intención ayudar.

nada engenia te divierta,

Yo sé que avisada estás,

y así esta noche tendrás,

abierta siempre la puerta

Yo me tienes que advertir?

ni tienes que agradecer

por don Juan lo había de hacer.

que ya me lo envió a decir.

y me huelgo que interpretas

de tu ama los semblantes

que revueltos los amantes

es ganancia de alcahuetes.

Pag. 19

Salen don Juan y Polilla

Doña Luisa

abierta la dejaré

esta engenia concuidado,

de cuanto me has encargado

No dudes que le tendré.

Sí, Blanca, por vida tuya

mi padre puede venir,

y si llega a descubrir

la puerta es fuerza que arguía

Mi

Felicia en este secreto.

dices bien, Quédate a Dios

no se rompa de las dos

por un instante el secreto.

oy amor lo que me cpuestas,

¡Ay amor, lo que me debes,

pues a mi rigor te atreves,

Pues ¿qué locuras son estas.

aun conmigo mi rigor

templo venciendo el desdén,

Yo sí que he de querer bien

pues que me pagan mi amor.

ni aun inclinada quiero

a ninguno confesarme,

dichosa puedo llamarme

pues correspondida muero.

seréle para cumplir,

mi gusto y mi condición.

a pagada obligación

Quien se puede resistir.

Esto es casi querer bien,

Esto pasa de adorar,

alma sufrir y callar

y a más amor más desdén.

o que hora es

serán las doce

Mi estómago lo dirá

Comienzas Polilla ya

Pag. 20

Polilla

pues es verdad, se conoce

mejor a te de español,

en mi estómago fiel,

que hora es mejor que en él

más firme reloj del sol.

mi pretina índice es

hacía las ocho algo Floja

pero si el hambre se enoja

más tirante hacia las tres.

y a este paso se conoce,

sin que nunca haya mentido,

si son, si serán o han sido,

las tres las nueve o las doce

Adelántate y la seña

que tienes de Eugenia harás,

en gentil locura das.

y en linda cosa se empeña

un hombre honrado y de bien

que hagas tema de un dolor

que te venzas de un rigor.

que te rindas aun desdén

Si hacerte quiere un pesar,

el mejor medio no es

responderla muy cortés,

que no le quieres tomar.

pues no le tomara yo,

sólo porque ella quisiera

Voto a Dios, si me le diera,

la madre que me parió.

No me aconsejes a mí

que yo sé lo que he de hacer

y yosé que he de perder

dase delilla

el juicio andando trasti

Bien sé que todos dirán,

que es tema ya mi dolor,

y se también que mi amor

esgún repetido afán.

más ciegos discurrirán

mi triste desasosiego.

valiente al riesgo me entrego

Pag. 21

Don Juan

para hacer al mal cobarde

que el que sin dar mpuestras arde

no puede llamarse fuego.

del fuego la actividad

se calífica en la llama,

y la constancia en quien ama

asegura su verdad

quién rige la voluntad

por el favor o el desdén

no se llame amante, quién

huye siempre el disfavor

sólo así se tiene amor,

sólo así se quiere bien.

¡uien ama sin más respeto,

más deseo ni ambición,

que adorar la perfección

ese tiene amor perfecto.

mas quién solicita inquieto

ver posible lo que adora,

lo que es voluntad ignora,

y su fineza es mentira,

su ambición es quien suspira,

y su apetito quien llora.

Yo sólo el nombre de amante

e llegado a merecer

que olvidado se querer

siempre al rigor más constante

yo, sin que a nadie le espante,

mi firmeza nunca oída

en mi fineza ofendida,

en mi verdad despreciada.

juzgo siempre aventurada

y gloriosamente mi vida

lo que adoro es didad,

Examen es su rigor,

si ha examinado mi amor,

Luego sabrá que es verdad

dudarme la voluntad

en rigor no es despreciarla,

Pag. 22

Sale Polilla.

Éntrese.

Eugenia

favor ha sido el dudarla

porque no se opone

que no niega quien propone

puesto que antes se dispone

si se convence a pagarla.

No dude quien con mentira

más finge, cuando más siente

el que las congojas miente

y alienta mas no suspira

Quien cobarde se retira

del pesar del disfavor

y tenga yo en el rigor,

de mi adorada fineza,

a más rigor, más firmeza

a más desdén más amor

Ya hice la seña y salió

luego Eugenia a responder

entrarás, mas ha de ser

pero ya la puerta abrió

ella el orden te dará

¿Qué has de observar?

el secreto

el recato y el respeto

llegpuese o al

en dig

primero me encargara

cuerta que tendrá

d lito

Eugenia

abierta Eugenia

es don Juan.

yo se

vienes a muy linda hora,

aunque no está mi señora

acostada, y pues te di

con tanto riesgo y cuidado

lugar, ven paso y Polilla

podrá tomar una silla

en medio de lo empedrado.

porque acá no puede entrar.

quédate Polilla aquí,

quedaranso pesia mí

cierre du

y al primero que inventar

quiso en comedia lacayos,

mal haya, aunque sea mi padre

no les parió también madre,

siempre han de esta

Pag. 23

Polilla

de lo era de tusa

al desdichado sirviente

el sol la nieve y el hielo,

suyo ha de ser el desvelo

siempre ha de ser el que miente.

Quien de todo está culpado

siempre de tal calidad,

que no siendo la verdad

y quiebra por lo más delgado,

Pero en vano es el quejarme

pues nadie quiere valerme.

Claro está Eugenia y a duerme,

Yo también quiero acostarme.

el acalle en lo mullido,

que a quien tiene buena gana,

los quijarros le son lana,

y bellón, lo empedernido.

en medio me pienso echar,

y si un brazo me quebrare

algún coche que pasare

a don Juan le ha de costar

el curarme, su dinero

qué mal sirviente me llamo,

si no soy el que a mi amo

le destruyese el primero.

pero Polilla y regalos,

son dos contrarios en uno,

ruego a Dios que no haya alguno

que me la sacuda a palos.

Solo Eugenia es quien pudiera

sin que fpuese maravilla

picarse de la Polilla

cosa que bien me estuviera

Pero soy tan desgraciado

que como Polilla peno

pues me han dejado al sereno,

Y siendo yo el que estoy piado.

más quiero echarme a dormir,

porque si el alba porfía

y busca de quien se ría

échese Adán

de mí no se ha de reir.

Pag. 24

Vanse Feli y duque tie

nesa puerta falsa entre

Felicia

felicia

genia con don

en genia.

Por la puerta que

divide las dos casas

avísale a tu señora.

y Felicia por oa

como don Juan que la adora

está ya aguardando aquí.

No está el viejo recogido

y así es forzoso esperar.

a que se vaya a acostar,

seáis don Juan, bien venido

un poco aquí os esperad

mientras llamo a doña Luisa

aprisa Felicia, a prisa

vuelve con la brevedad,

pide el desasosiego.

Pues ves que soy en mi amor.

todo incendio, todo ardor,

todo llama y todo fuego.

Ya mi señora está aquí,

mejor es Felicia mía,

Que digas que vino el día

que el sol ha venido di

Enternecete a su amor.

que no es de Dios ¿qué has de estar

mármol siempre a su pesar.

Pues ya no templo el rigor.

Ea, pues sillas tomad?

que Eugenia, y yo, aguardaremos,

a ver estos dos extremos.

de ternura y de crueldad.

Elaguardando esa puerta

por si importaré el entrar

yo dentro, por avisar

si acaso el viejo despierta

Mientras que los dos habláis.

Ya don Juan estoy aquí.

Pag. 25

El broquel ar

Doña Luisa

porque no tengáis de mí,

tantas quejas como dais.

Siéntense y ponga

si yo hubiera creído,

mado al pie de la silla

que uno solo de tantos fineza

quizás me resolviera,

yYa que no quisiera agradeciera.

mas la ajena experiencia,

hace que dude en la menor licencia.

porque en breves instantes

dejan de ser, y son, finos amantes.

Vos apenas me visteis

cuando en mi amor ardiente os encendistes.

Vos apenas me hablastes,

cuando luego dijisteis que me amasteis

¿Quién queréis vos que de crédito luego,

a tal ansia, a tal llama y a tal fuego.

Mayor violencia al fuego se presume,

cuando voraz he intrepido consume.

implacable furioso y arrogante,

populosa ciudad en breve instante,

que cuando lentamente

muchos años la llama siempre ardiente,

durar la deja, puesto que su estrago,

parece ruina y solo queda amago.

Si el fuego es mucho irreparable es luego,

lo demás es calor, pero no es fuego.

Fuego es mi amor si luego no abrasara,

mal sin la actividad se acreditara,

incendio son mis ansias y mi ruego,

¿Qué mucho que me abrasen si soy fuego?

¿Qué mucho si sois sol que en un instante

a tantas luces ciego, ardiese amante.

porque no habéis de dar crédito luego,

a tal ansia, a tal llama, y a tal fuego.

Don Juan? Aunque sea verdad?

que padecéis y sentís,

Pag. 26

Don Juan

No sé como lo decís,

que parece novedad.

en mi claro está es verdad

lo que ahora os he escuchado,

bien os juzque enamorado,

pero en el modo de amar

viendo vpuestro amor pintar,

es sólo lo que he dudado.

No es voluntad nueva no,

lo que es amor repetido,

qué novedad fuera olvido.

y no te he olvidado yo.

afecto, que se imprimió

tan hijo de tu hermosura.

que constantemente dura

contra el desdén y el rigor,

si no ha de llamarse amor

no se libra de locura.

al verte el adorarte,

se sigue sin libertad,

como arguyes novedad,

de mí que supe mirarte?

bien puede templar el arte,

de alguna, llama el rigor,

fuego también el amor,

se precipita cobarde,

yel que entre cenizas arde

también, señora es ardor.

Mires o hables ha de ser

forzosísimo el morir,

Muere quien te llega a oír,

¿omo quien te llega a ver.

a majestad del poder

de una hermosura entendida,

continuada o repetida,

la victoria de tal suerte,

que por dar más veces muerte,

algunas veces da vida

Pag. 27

Ruédese el broquel

el broquel rodó

El broquel está arrimado al pie de la silla.

Sale Felicia alborotada al ruido.

Ruido.

Doña Luisa

y puesto que inclinación

es en todos el amarte,

no se excusa de adorarte,

la más se verá elección.

con violencia o con razón

tanto tu imperio dilatas,

que al que miras o al que tratas,

cobarde o necio resista

a tu trato o a tu vista,

si no se muere le matas.

el desearme o el verme

la vida puede costar,

luego el que se arriesga a amar

también se arriesga a perderme.

según eso en defenderme

de una voluntad rendida

ando cuerda y prevenida,

pues atiendo juntamente

al riesgo del accidente,

y al peligro de la vida.

si por inclinación

o por fuerza, quién me ve

muere constante en su fe,

doblada es tu obligación.

no es desdén, sí, galardón,

don Juan, no verte ni hablarte,

premio es con alma y con arte

pues con no verte ni oírte,

tu excusarás el morirte,

y yo excusaré el matarte.

pues cómo triste fui yo

¿Qué es eso? ¿Quién anda ahí

Responde tú. ¡ay de mí triste,

¿Quién podrá que estoy turbado

¡Ay dicha más mal lograda.

Pag. 28

sale Luisa

Entrense d u

enque por la puerta falsa

Federico

¿Qué ha sido esto?

Ya se viste.

que a la escasa luz que está

en su aposento lo veo.

Vete presto.

Mi fin creo

Felicia

que se me ha llegado ya.

Id os don Juan que estoy muerta,

mi amor que es tan desgraciado

sólo al peligro ha acertado,

mas al remedio no acierta,

Venid conmigo, señor,

antes que su padre salga

aquí la industria nos valga,

aquí me valga el amor?

¿Quién salió ahora de aquí.

Nadie, señor,

pues no ohi el ruido yo.

¿Cómo estáis las dos así.

sin acostan, y a tal hora

Aquí me quede rezando,

dormime.

y yo velando

cuardo el sueño a mi señora,

Y aquello que es?

Yo señor.

no sé nada que dormía,

Grande es la desdicha mía?

Perdido veo mi honor.

Aquí le ledio a guardar

mi hermano y yendo a pasar

con la saya tope en él.

rodó y a echa el ruido,

Pues ¿qué broquel es aquél?

Pag. 29

sale ddon Rodigo.

Don Rodrigo

siendo, por Dios

conformes estáis las dos,

Esto es, señor, lo que ha sido

Pues ¿cómo estáis tan turbadas?

pues no lo habemos de estar,

de haberte hecho inquietar.

Están las puertas cerradas.

sí señor

Pues recogeos?

que os he de dejar desnudas,

Say más riesgos, ¡Ay más dudas,

HAy más peligro, ¡ay más miedos.

Hasta que la aurora fría

envuelta en rojo arrebol,

despierte avisando al sol,

que es hora que venga el día.

de asistir con cuidado,

centinela en mi decoro

amante del bien que adoro,

aunque a su amor recatado

en esta calle, por ver

si la voluntad tan franca

con que escribe doña Blanca

dando su amor a entender.

es de suerte que envidioso

pueda quedarle a mi amor.

si hay algún pretensor,

que me obligue a estar celoso.

que son tales mis desvelos

que porque la ve primero

Polilla durmiendo

mi pensamiento ligero,

con notable confusión,

estoy la llave buscando.

en las sombras tropezando

de mi propia turbación.

Pag. 30

Cierra la puerta.

Éntrese.

Vaya don Juan

Don Rodrigo

Ya con la llave he topado.

pues vete, señor con Dios,

que aqpuesta noche los dos,

Buen lance habemos echado.

¡Cielos, ¿Qué es esto que veo?

haceislo por darme enojos

ojos, o hacéis trampantojos,

con fantasmas al deseo.

Ven y sabrás lo que el diablo

ha ordenado, y como voy

Mas loco sin duda estoy.

pues no miro con quien hablo

este hombre se me ha encubierto

y quién es he de saber.

A este hombre he de conocer,

aunque aquí me deje muerto.

ago

la esquina quiero volver

por mejor asegurarle,

Dar quiero vuelta a la calle .

para poderle coger

mas a mi salvo, que aquí

no es razón alborotar.

por aquí le he de atajar.

Voyle a atajar por allí.

No será para decir,

pesar de quien me parió,

despierta Polilla, y no

pisarme? No han de dormir

las gentes? Miren la prisa,

con que va, él está hecho un zaque

Pag. 31

Polilla

Dios, por ser quien es, me saque

de Don Juan y Doña Luisa.

A más amor, más desdén.

Fin del acto primero.

Jornada segunda

Pag. 32

Salen Don Juan y Polilla.

Polilla

¿Qué propio es de amantes necios?

Quejarse de su fortuna

cuando la ocasión se pierde

que solicitan.

Don Juan

Mi furia

quieres aumentar, Polilla,

con esas razones tuyas,

pues a más dolor me incitas,

cuando templarme procuras?

Polilla

Pues hártate de quejar.

Don Juan

Ni quieres, di, que discurra

en desdichas evidentes,

sucedidas por mi culpa.

¡Que se rodase el broquel!

¡Oh suerte infeliz o injusta,

influencia de los astros,

que así ocasionas robusta

desdichas prevenidas,

ejecuciones caducas

a puro anterioridad!

Pues porque mejor se cumpla

lo indefectible del hado,

que se terminó en la injuria

de algún planeta severo,

antes que sus trenzas rubias

y rayos desate el sol,

que campo y flores ilustra,

el día del mal suceso

muy más que su luz madruga.

Oh, cómo no sabe el hombre,

cómo aunque más discurra,

Pag. 33

Don Juan

no percibe los peligros

que a nuestros ojos se ocultan.

O cómo en la misma causa

que sus esperanzas funda,

donde promete aumentos,

los pesares ejecuta.

Polilla

¡Ay tan necio Beltenebros,

a una tórtola viuda

puedes prestarle gemidos

y sollozos a una tumba!

¿Qué tienen que ver los astros

con los broqueles? Ninguna

simpatía hay en los dos,

si no es que si el arte la influya.

A fe que si el broquel fuera

de corcho, estofado en pluma,

o en algodón, que no hiciera

su ruido tanta runfla.

Don Juan

¿Comienzas ya?

Polilla

Ya comienzo.

Don Juan

Pues dime, si de una industria

hija ya de mis sobornos,

tantos daños me resultan,

que perdí abrasarme, ¡ay cielos!,

en aquellas luces puras,

mariposa a tantos rayos,

¿no quieres que mi fortuna

maldiga una y muchas veces?

Polilla

Digo que es causa muy justa.

Don Juan

De un yerro tantos pesares,

de un favor tan grandes dudas.

Hidras mis desdichas son,

pues que de una nacen muchas.

Polilla

¿Que perdiese la ocasión?

Mira no pierdas por una

tan leve el juicio agora,

en ti te cobras o te bajas ,

que estás perdido de enojo.

Don Juan

Di, Polilla, que mis dudas

Pag. 34

Don Juan

tienen lo más en los celos,

que a matarme se conjuran

lo vivo de un sentimiento

y lo agudo de una injuria.

Aquel hombre que al salir...

Polilla

¿Son celitos?

Don Juan

Dificultas

en que tenga celos?

Polilla

No,

mas si conoces por brújula,

mira quién es la tapada.

Sale Eugenia con manto tapada.

Eugenia

Señor don Juan.

Don Juan

De mis dudas

sola tú, Eugenia, pudieras

sacarme.

Eugenia

Este papel supla

el silencio de la lengua.

Dale Eugenia un papel y apártale a leerle.

Polilla

¿Qué hay, señora malas pulgas?

Eugenia

¿Qué hay, señor costal de paja?

Polilla

¿Qué hay, mi señora arcabuza,

pues se carga con dinero

siempre al honor apunta?

Eugenia

Miente el borracho.

Polilla

A ella digo;

si conmigo se repunta,

por Cristo, de echar el trapo.

Eugenia

Mire que no sé de burlas,

y le haré moler a palos.

Polilla

Es muy hábil de esa industria,

como de eso ha hecho moler.

Don Juan

Bien, por Dios; buena es la culpa

que doña Luisa me pone,

y el riesgo que me acumula.

¿Qué hay de nuevo por allá,

Eugenia?

Eugenia

Tristezas muchas,

pesares sin fin ni cuenta,

lágrimas que no se enjugan,

rigores en Federico

y la pobre cerradura

Pag. 35

Eugenia

del jardín clavada ya.

Ves aquí sabido en suma

todo cuanto allá hay de nuevo.

Don Juan

Pues, Eugenia, si procuras

mi gusto, mi bien, mi aumento,

y acaso no repugnas

en que vivan hoy porque

mis esperanzas difuntas,

aguarda y responderé

a este papel.

Polilla

Dificultad.

Ahora el sepan cuantos .

Eugenia

Aquesa es materia tuya,

porque ya el señor don Juan

puede de experiencias muchas

conocer mi buen deseo;

pero veo tantas dudas

que no me atrevo.

Polilla

A más que

se atreve, si acaso empuña.

Eugenia

Qué cansado.

Don Juan

Majadero,

calla, Polilla.

Polilla

Echo pullas.

Eugenia

Temo a doña Luisa tanto,

y es tan grande su locura

en esto del pundonor,

que rehúso no descubra

a doña Blanca el secreto,

en viéndose las dos juntas,

y me despida de casa.

Don Juan

Esta mía será tuya

cuando tal te sucediese,

si por eso lo rehúsas.

No temas nada, aquí estoy.

Eugenia

Digo, pues tanto me apuras,

que le escribas.

Polilla

Don Rodrigo.

Don Juan

Viene a cuento;

pues no suba.

Polilla

¿Cómo no, si está ya aquí?

Don Juan

Tápate, Eugenia, y procura

que no te vea al salir,

y con Luisa me disculpa.

Pag. 36

Don Juan

Mientras, Polilla te lleva

el papel, que de tu industria

fío todos mis desvelos.

Eugenia

Muy bien puedes, pues soy tuya.

Vase Eugenia. Sale Don Rodrigo.

Don Rodrigo

A quien es tan grande amigo

como vos, por descansar

mis ansias vengo a contar,

si no os canso.

Don Juan

Don Rodrigo,

excusado es cumplimientos

donde amistad se profesa;

bien podéis, fiado en esa,

aparte encarecimientos,

decirme vuestra pasión,

sin que os quede que dudar,

que a todo me habéis de hallar

con mucha satisfacción.

Don Rodrigo

Ya os conté, amigo don Juan,

como antes de mi partida,

vivía en ajena vida,

y pretendía galán

la más superior belleza

de esta corte, a cuyos ojos

eran rendidos despojos

mi cuidado y mi firmeza.

Y como el tiempo que ausente

me tuvo la obligación,

precisa de mi opinión,

la adoré tan tiernamente

que medía los instantes

prolijos siglos cansados,

que se aumentan los cuidados

en dos que se ven distantes.

Que de mi padre el cuidado,

viendo con el que partí,

me hizo venir aquí,

por tener ya concertado

mi casamiento con quien

me daba tantos desvelos,

Pag. 37

Don Rodrigo

por ser un monstruo de hielos

y un portento de desdén.

Como pretendí, escondido

unos días, o encubierto,

ver mi desengaño cierto

o mi contento cumplido.

Que el hombre que toma estado,

y no examina con quien,

tiene seguro el bien,

o tiene poco de honrado.

Yo, pues, que de estos extremos

el medio quise elegir,

por poder, don Juan, vivir

sin los peligros que vemos

en el honor cada día;

esta noche, oh justo cielo,

alumbrado de un recelo

que al desengaño me guía,

fui a su calle, y procurando

ver de mi esposa el recato,

y hallar en su pecho ingrato

lo que estaba deseando,

vi, don Juan, nunca mis ojos

vieran tan gran desengaño,

pues vi sin remedio el daño,

y que así aumenta mis enojos.

Un hombre vi que salía

de su casa al tiempo que

junto a la esquina llegué,

que su calle dividía;

y por poder más seguro

saber quién es de mi honor

el áspid de aquella flor,

hice un yerro, yo os lo juro.

Con la esquina me encubrí,

viendo que hacia mí venía;

fue la desdicha mía

que como pasos no oí,

volviendo a reconocer

la calle, tanto me ofusco,

como no hallo lo que busco,

que casi a medio correr.

Pag. 38

Don Rodrigo

Busqué al que me daba enojos

hacia la noche obscura,

y aunque mi honor lo procura,

no le vi más de mis ojos.

Y así, pues que de mi afán

tanta parte daros quiero,

y pues sois tan verdadero

amigo, señor don Juan,

esta noche hemos los dos

de asistir con gran cuidado

su calle, y a vuestro lado

tanto confío de vos.

Hemos de reconocer

a quien me viene a injuriar,

pues no se podrá escapar,

que el castigo que he de hacer

a los dos consultaremos,

si queréis venir conmigo.

Don Juan

Ya sabéis que os soy amigo,

porque juntos templemos

vos el dolor, yo mis penas,

infinitas para dichas;

veréis cómo mis desdichas

son consuelo en las ajenas.

Polilla

De desprecios infinitos

os contará mil rigores;

por Dios, que son los señores

dos gentiles motolitos.

Don Juan

Era la estación del año

en que a los montes y selvas

les da el abril nueva vida

en flores, frutos y perlas.

Noble ambición del deseo,

bellísima primavera,

florida satisfacción

contra nevadas querellas,

el enero que cobardes

tuvo oprimidas las fuerzas

de tanto galán del soto,

la siempre verde que deja

lucientísimos laureles,

Pag. 39

Don Juan

que la esquivez ya depuesta,

con novedad amorosos,

la campaña lisonjean.

Donde galán Manzanares

piadosa sierpe se muestra,

en cristalinos esfuerzos,

que sus caudales desmientan.

Pues próvido en el invierno,

en cada rama condensa

la nieve, con que el estío

flores y mieses se alientan.

Cuando una mañana yo,

a tiempo que el sol apenas,

dejando el marino lecho,

tiende la rubia melena.

Dudosa la luz del día,

cuando el alba se espereza

del campo en la verde cama

de claveles y violetas,

para despertar en rayas

de ardores que mansos puedan

vivificar a las plantas,

que alumbren, pero no ofendan.

Bajaba al parque tan triste,

y tan libre, que pudiera

ser el desprecio de cuantos

rinden amorosas penas.

Debía de ocasionar,

don Rodrigo, mi tristeza,

el estar mi cautiverio

de mi libertad tan cerca.

Que como es divina el alma,

sin costarle diligencias,

lo contingente averigua,

y lo por venir penetra.

Triste, al fin me bajé al parque,

verde y florida palestra

de todo joven amante,

de toda airosa belleza.

Que a la luz de tantos soles,

que se dividen en crenchas,

y que en volumen ardiente

se componen y se ostentan,

Pag. 40

Don Juan

su verdor no se marchita,

que era victoria pequeña

a quien da muerte a las almas,

no ser vida de las selvas.

Cuando a la atención de todos,

también mi atención me lleva

un prodigio de hermosura,

y un portento de belleza.

Bajaba aquí, don Rodrigo,

mis fatigas se renuevan,

mi espíritu se acobarda,

mi valor desalienta.

Porque el acuerdo me mata

de cuando en la edad primera

de mi inclinación burlaba

de amor venenos y flechas.

Hasta que en esta hermosura

mis rendimientos empiezan,

mis libertades se rinden,

y se postran mis soberbias.

Bajaba, pues, una dama

del parque la verde cuesta,

a ser alma de las flores,

que con sus rayos alienta.

Rápido cendal la oculta,

mas tan claro en las serenas

luces de sus bellos ojos,

que en vano cobarde intenta

encubrir de tanto incendio

la blanda llama severa,

que mata cuando da vida,

y alumbra más cuando ciega.

Pues entre el velo y el nácar,

sus dos lucientes estrellas,

en rayos negros difusas,

los rayos del sol desprecian.

A quien coronan dos lis,

por reina de la belleza,

emulación de Cupido,

desprecio de sus saetas.

Cogida en su blanca mano,

que la máquina sustenta,

Pag. 41

Don Juan

de aquel escollo con alma,

y de esta racional fiera.

Que en desagrados, en ceños,

en despegos y enterezas,

todo su imperio confía,

todo su poder ostenta.

Su breve y airoso pie

tan velozmente se vuela,

que ni las flores oprime,

ni menos aja la hierba.

Que unas y otras a porfía

se valen de la presteza

para que puedan besarle

en señal de su obediencia.

Porque tan breve y airoso

a su hermoso dueño lleva,

que entre la hierba se duda

y entre las flores se niega.

La que admiración de todos,

la que hermosa competencia

de todas, pero tan breve

que no aguardan que las venza,

fue mi primero cuidado,

fue principio de mis quejas,

fue la causa de mi llanto,

y mi fatiga primera.

Porque como a lo imposible

me inclino naturaleza,

y la que posible miro,

la juzgo hazaña pequeña.

Mi peligro examinando,

y averiguando quién era

el origen de mis males,

y el principio de mis penas,

una criada que tiene

a la conquista me alienta,

asegurando favores

que mi fe no experimenta.

Dos años habrá que sigo

flor constante la entereza

de un sol helado que abrasa,

de un hielo ardiente que quema.

Pag. 42

Don Juan

Tantos, a que al llanto mío

áspid venenoso cierra

de mis cobardes suspiros

las siempre ingratas orejas.

Jamás tan juntas se vieron

en una naturaleza

tan desconformes efectos

de ingratitud y belleza.

Si rinde hermoso su imperio,

su desagrado no acierta

a sujetar blandamente

lo que imperiosa sujeta.

Tan avara de sí misma,

que aun a sus ojos se niega

sin consentir a sus rayos

que gocen de su belleza.

Esquiva no se permite,

cuando amorosa desdeña,

y oprimiendo libertades,

las sujeciones desprecia.

Y es como el avaro rico,

que en la mayor opulencia,

contento en la posesión,

sus tesoros no dispensa.

En fin, deste desagrado,

deste ceño, esta fiereza,

enamorado padezco

el despego y la entereza.

Si me rindo, no la obligo;

si la adoro, me desprecia;

cuando la huyo, me sigue,

y imperiosa me sujeta.

Este, amigo, es mi cuidado,

esta es ahora mi queja,

este el fuego que me abrasa,

este el ardor que me quema.

Esta el ansia que me aflige,

y esta, en fin, es la violencia

que da vida y mata a un tiempo

con desprecio de mis penas.

Pag. 43

Polilla

Mira que es tarde, señor;

deja agora esa materia,

tan postema para mí;

escribe aquella respuesta

que sabes.

Don Juan

Has dicho bien.

Yo voy, con vuestra licencia,

a escribir cierto papel,

pues después daré la vuelta.

Vanse. Salen Doña Luisa y Felicia.

Felicia

Gracias a Dios que estás más cariñosa,

eso sí, pesia tal, no rigurosa,

obstinada al desdén siempre constante,

ha de estar tu semblante

publicando desprecios y rigores,

sin divertirte ni admitir amores.

De quien escollo firme a tus enojos

ofrece por despojos,

desde que el sol en su luciente carro,

galán sale y bizarro,

en diluvios de fuego desatado,

hasta que en cuna de zafir su lado,

la que deja más pura se desata,

y de una luz en otra se dilata,

lágrimas y suspiros,

sin que de Pelio los ardientes giros,

ni de Clicie la luz siempre importuna

mejoren su fortuna,

que a sufrir tus rigores destinada,

ni el sol le aflige ni la luz le enfada.

Tales son de don Juan los galanteos,

que ajusta su fortuna a tus deseos.

Doña Luisa

Felicia, sí; mas el papel que viste,

que Eugenia le llevó con tal cuidado,

es muy distinto de lo que has pensado.

Diferente materia es la que trata,

que al paso que es constante, soy yo ingrata.

No admite mi firmeza semejante;

blando es el bronce, tierno es el diamante.

Pag. 44

Doña Luisa

¿Has visto acaso algún castillo fuerte

(con este símil pienso convencerte)

a quien sirve de muro

un eminente risco, firme y duro,

tan feroz, tan soberbio y empinado,

que ni de él tiempo el diente más osado

a morderle se atreve,

sin que a su costa su dureza pruebe,

ni le fatiga en giros veloz pluma,

que aun no se atreve a su eminencia suma,

la que al ardiente rayo asiste atenta,

y los más breves átomos le cuenta,

águila perspicaz al sol más puro?

Considera, Felicia, que este muro

nació primero que el castillo fuese

edificado, sin que careciese,

para defensa de su fortaleza,

del castillo asesorio a su dureza.

Este castillo soy; a él me compara,

y en que las peñas del desdén repara,

de entereza y recato

nacieron antes que no yo buen rato.

Menos fuerte soy yo que mis desdenes,

y pues de fuerte en opinión me tienes,

cuando tal fortaleza en mí no hubiera,

mi desdén de mi amor me defendiera.

Felicia

También he visto torres encumbradas

a conquistas del tiempo derribadas,

y con temblor la tierra

del estable elemento que en sí encierra

a la fuerza sutil de un terremoto;

también se ha visto algún peñasco roto,

causando tan terrible movimiento

un condensado, un oprimido viento,

o espíritu delgado,

en sus cavernas cóncavas guardado.

Peñasco es fuerte tu desdén esquivo,

y tu entereza chapitel altivo.

La voluntad el aire consistente

que entró sutil, y casi no se siente.

Ignórala el sentido,

hasta que ya, cual viento enfurecido,

Pag. 45

Felicia

oprimida de enojos,

la cárcel rompe y sale por los ojos.

Y el chapitel altivo que hizo guerra

a su fuerza rendido yace en tierra.

Y últimamente el elevado risco,

el castillo más fuerte y obelisco,

al viento del amor si persevera,

es resistir al sol con blanda cera,

numerar con el dedo las estrellas,

en líquido cristal estampar huellas.

Goza tu juventud verde y florida,

no estés a tu desdén agradecida,

admite cariñosa, escucha amante,

pues ama cada cual su semejante.

Mira la tierra, el fuego, el mar y viento,

que cualquiera elemento,

según filosofía,

te enseñarán de amor dulce armonía.

Allí en el viento mira

la plebe de las aves cómo gira,

su libertad amando,

y los rayos más puros adorando.

El águila verás que presta sube

a tronar de plumas parda nube.

La exhalación ligera

revienta por salir, y ama su esfera,

en blancas mariposas desatada

en la región segunda congelada.

Mira la nieve pura,

como amante procura

la tierra, a quien tan grande amor la debe,

que aun no ha caído cuando se la bebe.

Al mar vuelves los ojos,

con paz o con enojos,

verás que enseña amor si airado brama,

por abrazar al viento,

que de sus firmes brazos se ve exento.

Coronadas de nácar y azucenas,

amor se ve en las ninfas y sirenas.

La concha ama al rocío de la aurora,

y en su cóncavo breve la atesora.

Pag. 46

Felicia

De amor en verdes lazos

se dan dulces, tiernísimos abrazos

las yedras y las parras,

en jazmines, en olmos y pizarras.

Y en todas las esferas

se varía el amor de mil maneras.

Sólo en tu pecho grave,

contra toda razón, amor no cabe.

Sale Federico y apártanse a hablar las dos.

Federico

Dime, honor, que así me llevas,

arrastrado de un dolor,

¿qué sirve tener valor

si a tantos riesgos le pruebas?

Nuevas penas, ansias nuevas,

mi noble pecho combaten,

y porque más se dilaten,

conjurado en mi pasión,

dispone tu indignación

que de una vez no me maten.

Porque de una vez muriendo

del mal que vieron los ojos,

tuvieran fin los enojos

que el alma está padeciendo.

Mas quieres, a lo que entiendo,

que entre el morir y el penar

tenga más fijo lugar

la duda de un desengaño,

que el duelo propio del daño,

por tener más que matar.

¡Qué claro está que a saber

con certeza, oh justo cielo,

los escrúpulos del duelo

que en mi mengua vengo a ver,

que no tuviera que hacer

la muerte; que el sentimiento

me matara tan violento,

que si la muerte llegara

en mí de sobra se hallara

ejecutado su intento.

Mas entre dudas y penas

tengo tal desasosiego,

Pag. 47

Federico

que exhala el sentido el fuego,

que se discurre en las venas?

Pues si en acciones ajenas

tiene el honor propio daño,

cualquier remedio es extraño,

si el riesgo llega a nacer,

concebido en la mujer,

y engendrado del engaño.

Doña Luisa

¡Ay padre!

Felicia

¡Ay triste de mí!

Mas que tenemos sermón.

Federico

Luisa y Felicia son

las que están hablando allí.

Tratando estarán de mí,

quién lo duda.

Doña Luisa

¡Quién pudiera

excusar de que me viera!

Felicia

¿Quién las pudiera escuchar,

por poder asegurar

el recelo que me altera?

Mírenle.

Doña Luisa

Ya me han visto.

Felicia

Ya nos vio.

Doña Luisa

Háblale, pues fuerza ha sido.

Felicia

Pues señor, ¿tan divertido?

Federico

¿Quién no lo está como yo,

cuando su enemigo vio?

¿Quién si ve un escollo fuerte

navegando, que le advierte

el peligro que hay en él?

¿Quién, si ve al verdugo cruel,

que espera a darle la muerte?

Estos tres riesgos prevengo

en la suspensión que ves.

Mayor mi peligro es,

mientras más cerca te tengo.

Si a mirarte me detengo,

un contrario admiro en ti,

y escollo en la mar, pues vi

tus yerros, verdugo fuerte

tu amor, pues quiere dar muerte

al honor con que nací.

Pag. 48

Felicia

Estamos buenas agora,

ejemplitos de mañana,

el diablo está en Cantillana,

fuerte está el viejo, señora.

Doña Luisa

Terrible está, ¿quién lo ignora,

Felicia? Mas su cuidado

nace de haberle yo dado

tan suficiente ocasión,

que es precisa obligación

hasta ponerme en estado

de mi padre el procurar

mi honor y recogimiento.

Felicia

Pues métate en un convento,

y no tendrá que guardar;

que quererte así apremiar

es solo dar ocasión

a mayor resolución,

porque siempre en la mujer

la privación suele ser

causa de la ejecución.

Doña Luisa

Es verdad, yo lo confieso,

y aun con mi propio escarmiento

tal guerra en el alma siento,

que a no parecer exceso...

Felicia

Pues no por eso

lo dejes.

Doña Luisa

Y va a decir,

que comienzo ya a sentir

un no sé qué acá escondido,

que no le deja al sentido

razón para discurrir.

Felicia

Eso es amor.

Doña Luisa

Golpes dan

a la puerta del jardín.

Felicia

No basta de noche, sin

que de día venga don Juan.

Doña Luisa

No, que es cortés y galán,

y no tendrá atrevimiento

de ponerme en detrimento,

como anoche.

Felicia

Voylo a ver.

Pag. 49

Doña Luisa

Ya conozco tu poder,

amor, ya me das tormento.

Abre la puerta y salen Blanca y Eugenia.

Doña Blanca

Amiga y señora mía,

no vengo como otras veces

a referirte mis gustos,

y a que me des parabienes.

No vengo, no, a darte cuenta

de que mi adorado ausente

tiernas finezas me escribe,

me adora tiernamente,

porque su ingratitud

pudo en término tan breve

causar efectos tan varios;

solo vengo porque templen

mis pesares tus discursos.

Señora, a que me aconsejes

como dueño y como amiga,

pues entrambas cosas eres,

el medio que he de elegir

en una ocasión tan fuerte,

que ni el dolor la averigua,

ni el sentimiento la entiende.

Doña Luisa

Ojalá que mi discurso,

Blanca, fuera suficiente

para poderte servir.

Prosigue, que aquí me tienes.

Felicia

¡Felicia amiga!

Doña Blanca

Señora.

Doña Luisa

¡Oh cuántas dudas padece

mi recato, hasta saber

lo que esta mujer me quiere!

Si sintió anoche el ruido

de don Juan.

Felicia

Cuando eso fuese,

negárselo es lo que importa.

Doña Luisa

Pues eso qué duda tiene.

Doña Blanca

Diferentes tiempos causan,

siempre, efectos diferentes;

solo mis desdichas son,

constantes y permanentes.

Pag. 50

Doña Blanca

Ayer te conté, señora,

felicidad de mi suerte,

y hoy te contaré desdichas,

que a humano valor exceden.

Lo que va de ayer a hoy

cabida en mi mal no tiene,

porque en mi mal los agravios

a los gustos se prefieren.

Don Rodrigo está en Madrid,

amiga del alma, y siempre

son verdades las desdichas,

solo las fortunas mienten.

Siempre fue la mala nueva,

eficaz y permanente;

solo las buenas son falsas,

símbolo de mis placeres.

Porque estar él en Madrid,

sin visitarme ni verme,

cuando ausente yo le juzgo,

gran misterio comprehende.

Eugenia aquesta mañana,

Eugenia, que está presente,

es testigo en mi desdicha,

y testigo tan conteste,

que es de vista, no de oídas.

Y así debo justamente

dar crédito a mis pesares,

que en matarme se convienen.

Al salir de San Martín

le vio, y admirando el verle,

celosa de mi cuidado,

pudo en un discurso breve

discurrir su prevención,

lo que si yo atentamente

estuviera vacilando,

pudiera ser no supiese,

que era fuerza que el agravio

tanto allí me enfureciese

como el primer movimiento

no está en manos de las gentes.

Pag. 51

Doña Blanca

Que arrojada o temeraria,

viendo un lance tan urgente,

o ciega llegase a hablarle,

o mil desaires hiciese.

Al fin ella le siguió

tan sagaz y cautamente,

que no negó a mis enojos

que este recurso tuviesen.

Informada sabe en suma

solo el recelo que tiene

es que piensa que un criado

pudo verla; y por si fuese

verdad, y la hubiese visto,

y por si mi suerte fuese

tan adversa y tan contraria,

quisiera, si te parece,

buscar quien le fuese a hablar,

y en secreto de él supiese

lo que le obliga a ocultarse,

cuando ya avisada tiene

desde Flandes su partida;

que en los hombres fácilmente

lo que a la noche adoraron,

a la mañana aborrecen.

Y puede ser, triste yo,

si acaso me sucediese

tal desdicha, que lo esté,

que olvida presto un ausente.

Y será muy gran desdoro

a mi opinión, si supiese

el vulgo, que él me dejó,

y la causa se encubriese.

Pues como estoy ya sin padre

dos años ha, y es tan débil

la honra, que es como el vidrio,

que al primer golpe perece,

fácil podrá presumir

lo que muy difícilmente,

aun a largos desengaños

no podrá satisfacerse.

Pag. 52

Doña Blanca

Este, amiga, es mi cuidado,

mi dolor, amiga, es este,

porque en caso tan confuso

lo que he de hacer me aconsejes.

Doña Luisa

Si la pregunta y respuesta

un mismo caso requieren,

a quien me pregunta dudas,

dudas debo responderle.

¿No podrá ser que tu esposo

haya venido a ser huésped

de algún amigo secreto,

donde pueda, confidente,

con prevención, con recato,

por algún inconveniente,

estar guardado unos días?

Doña Blanca

No, amiga, que si eso fuese

no pareciera de día.

Doña Luisa

¿Y si acaso previniese

dineros, joyas y galas,

y mientras que se previenen

no quiere para contigo

haber llegado; que siempre

los más discretos amantes

se sujetan a estas leyes?

Doña Blanca

Puede ser,

pero no me lo parece,

que no soy tan venturosa.

Doña Luisa

Y también como prudente

no puede ser, Blanca amiga,

pues se ha visto tantas veces,

que de tu honesto recato,

receloso atentamente,

quiera lince penetrar

los más ocultos retretes,

y satisfacer su duda;

que el galán que está presente,

no recela tantos daños,

no tantos miedos padece,

pues ve su mal, o su bien,

Pag. 53

Doña Luisa

como aquel que vive ausente.

Y que satisfecho ya

de tu honor, cándida nieve,

vaya a tu casa esta noche

y a besar tu mano llegue?

Doña Blanca

Ay amiga, ese cuidado,

tanto en mis recelos crece,

que me tiene, cual me ves;

mi cuidado, amiga, es ese.

Pues el honor tan sutil,

tan claro y tan transparente,

que no es honor el honor

que lo es y no lo parece.

Y puede ser que en mi daño

haya lengua maldiciente,

que informe mal en mi ausencia,

que aunque al mismo sol excede

en la pureza mi honor,

hacerle retirar puede,

aun cuidado escrupuloso,

una lengua maldiciente.

Eugenia

Y cómo que puede.

Doña Luisa

Al fin,

¿qué determinas?

Doña Blanca

Si fuese

posible hacerme un favor.

Doña Luisa

Todo cuanto yo pudiere

te doy palabra de hacer.

Doña Blanca

Con tal voluntad la ofreces,

que me animas a decirlo.

Hablan aparte.

Felicia

Impertinente

es el señor desposado.

Eugenia

Ay hermana, mil dobleces

como estos hay en los hombres,

fuego en todos que los queme.

Doña Blanca

En mí tendrás una esclava

rendida a tus pies, me tienes.

Doña Luisa

Sella, señora, mi rostro.

Levanta, mira que ofendes

Pag. 54

Doña Luisa

al cielo, en postrar sus luces

en tierra.

Doña Blanca

Cuando así fuese,

seremos, cielos, las dos,

mas con distinción tan fuerte,

que estando rendida yo

a tus pies, que en luz excedes

los rayos puros del sol,

yo que lloro mis desdenes,

seré el cielo de la luna,

y tú, que así resplandeces,

serás el de las estrellas.

Felicia

Astróloga está esta gente.

Doña Luisa

Estimo, Blanca, el favor

en el grado que se debe;

no por cielo superior,

sino porque es bien que acepte

que sea estrella yo,

vos uno de los siete

planetas.

Eugenia

Mira, señora,

que es tarde y tiempo se pierde.

Doña Luisa

Pues dame, Felicia, el manto.

Felicia

¿Adónde vas?

Doña Luisa

Brevemente,

pues has de venir conmigo,

lo sabrás.

Felicia

Y si viniese

tu padre, y no te halla en casa?

Doña Blanca

Cuando aqueso sucediere

yo la sabré disculpar.

Felicia

No tengo que responderte.

Vanse todas. Salen Don Juan, Don Rodrigo y Polilla cargado de maletas y ropa de camino, y arrójalo entrando.

Polilla

Valga el diablo las maletas,

y el alma que las formó.

He de andar cargado yo

como amalona con tetas ,

Pag. 55

Polilla

al hombro por el lugar.

¿Soy acaso algún pollino,

por hacer gusto al vecino,

mil veces hoy cantar?

La barriga me creció,

mas no así me ha sucedido,

pues tomara de partido

llenarla de vino yo.

Don Rodrigo

Guarda, Polilla, esa ropa,

y vuelve por la demás,

que el estómago hinchirás,

si es que en eso no más topa

tu enojo; de todo cuanto

te brindaré tu elección.

Polilla

Como haya vino y jamón,

tragando mi mal espanto.

Mas solo me maravilla

ver, perdóname si topa,

que entregues, señor, tu ropa

a que la guarde Polilla.

Vase cogiendo la ropa.

Don Rodrigo

En todo, señor don Juan,

mostráis bien quien sois.

Don Juan

Quisiera

ocasiones en que fuera

de provecho.

Don Rodrigo

Sois galán,

sois cortés, sois caballero,

y en hombres de partes tales

siempre favores iguales,

merced igual espero.

Don Juan

Al fin que os vino siguiendo

la criada?

Don Rodrigo

Don Juan, sí;

por eso me mudo aquí

y su intención divirtiendo,

he dejado mi posada

con tal presteza, por ver

la vida de esta mujer,

y mi intención declarada.

Pag. 56

Don Juan

A la noche iré con vos,

y de tan penosa calma

saldrá con sosiego el alma.

Don Rodrigo

Yendo a la noche los dos.

¿Quién duda que mi sosiego

mejorará de fortuna?

Sepamos una por una

quién es el hombre, que luego

con acuerdo dispondremos

lo que me tocará hacer.

Don Juan

Claro está que así ha de ser,

que no es bien que aventuremos

la opinión de esa señora,

que estará bien descuidada,

porque acaso una criada

sea quien su honor desdora.

Polilla

Dirán que no vengo presto;

aquí está ya el carruaje,

reniego de mi linaje

y del gusto que anda en esto.

Don Rodrigo

Polilla, tengo un criado

muy conocido, y así,

te di este cuidado a ti,

por salir yo de cuidado.

Mas yo lo satisfaré:

guárdalo con lo demás.

Polilla

Oye vusted, no digo más,

muy servidor de vuste.

Vase Polilla.

Salen tapadas Doña Luisa y Felicia.

Doña Luisa

A lindo tiempo llegamos

para venirle siguiendo.

Felicia

Don Juan vive, a lo que entiendo,

en esta casa en que estamos.

Doña Luisa

Viva o no viva, pues ya

en aquesto me empeñé,

a casa no volveré,

sin hablarle, que así habrá

Pag. 57

Doña Luisa

más en que arriesgarme pueda

la amistad de doña Blanca.

Felicia

Tú quieres de riesgos franca

que uno y otro te suceda.

¿Si te conocen?

Doña Luisa

No harán,

que yo la voz mudaré;

pues la palabra empeñé

y aguardándome estará

Blanca, yo tengo de hablarle.

Felicia

Pues déjame preguntar,

que aquí puedes esperar

a la puerta de la calle

de casa. No hay aldaba.

Es oye, ¿a quién digo?

Llame Felicia a la puerta.

Don Juan

¿Quién llama?

Felicia

Al señor don Rodrigo

una señora buscaba;

suplicóle en cortesía,

nos le llame.

Don Juan

No está aquí.

Felicia

A mí me han dicho que sí.

Don Rodrigo

Grande desdicha sería,

si de la ceniza huyendo,

viniese dado en el fuego

de mayor desasosiego.

Don Juan

Esperad, que ya os entiendo.

¿Quién es quien pregunta aquí

por don Rodrigo?

Felicia

Yo soy,

temblando y turbada estoy.

Don Juan es, pobre de mí.

Retírate más, señora,

no te vea.

Doña Luisa

Ay triste yo.

Don Juan

En aquesta casa yo

vivo solo, y nadie ignora

Pag. 58

Don Juan

de qué me llamó don Juan,

no don Rodrigo. Mas ¿quién

son las que con tal desdén,

tan gustosos comos dan

veremos la tapada?

Felicia

No es la tapada mujer

que a nadie se deja ver.

Don Rodrigo

De Blanca es esta criada,

he de verla; porque a mí,

si no es que ella me ha seguido,

nadie puede haber sabido

que yo me he mudado aquí.

A verlo voy.

Ha llegado Don Juan a hablar con Doña Luisa y procura la descubrir.

Doña Luisa

Caballero,

ni está puesto en cortesía,

que intentéis tal grosería,

ni enseñar el rostro quiero.

Don Juan

¿Pues grosería es querer

correr ese negro velo

para adorar vuestro cielo?

Doña Luisa

Eso por gusto ha de ser,

no por fuerza.

Don Rodrigo

Pues por Dios,

que si no es ciego mi antojo,

que conozco yo aquese ojo,

y a mí me conocéis vos.

Felicia

Si es a vos, a quien buscamos,

¿por qué no he de conoceros?

¿De qué sirve el esconderos?

¿De qué aprovecha el negaros?

Bien sé que sois don Rodrigo,

y sé también que os importa,

que hagáis la plática corta,

que tiene allí vuestro amigo.

Don Rodrigo

¿Me importa?

Felicia

Y mucho.

Don Rodrigo

Pues voy,

si a don Rodrigo buscáis,

Pag. 59

Don Rodrigo

no es con quien hablando estáis,

que yo don Rodrigo soy.

Esta dama me parece

que no os busca a vos, y así,

pues viene a buscarme a mí,

si mi amistad lo merece,

dejadnos solos.

Don Juan

Sí haré,

que mal mis celos resisto.

Apártase Don Juan y queda como escuchando. Sale Polilla.

Polilla

Tapada y sola, yo embisto,

pues con buen tiempo llegué,

y tanta fortuna alcanza,

después de tantos enojos,

mi suerte: sean tus ojos

el puerto de mi esperanza.

Vea tierra, por Dios santo,

por ver si eres quien presumo,

que aunque no es tu manto de humo,

me huele a huma tu manto.

¿Eres Catalina?

Felicia

No.

Polilla

¿Aldonza?

Felicia

Menos.

Polilla

¿Lucrecia?

Felicia

No soy, amigo, tan necia.

Don Rodrigo

Pues no he de merecer yo

ver quien tan larga noticia

de todas mis cosas tiene?

Doña Luisa

Solo el oírme os conviene,

que el verme será malicia.

Lo que os digo es que paguéis

con más fineza un amor.

Don Rodrigo

Ya os respondo que es rigor

el que más no os declaréis.

Don Juan

Los sentidos tengo en calma.

Pag. 60

Don Juan

por oír lo que se trata,

no le deis nombre de ingrata.

Don Rodrigo

De constante sí la palma.

Lo cierto es que vos tenéis

el amor muy divertido,

y yo en mi vida fui querido;

y esto, pues tanto sabéis

de mis cosas.

Don Juan

Todas son

confusiones para mí,

cuantas oigo.

Doña Luisa

Yo cumplí,

señor, con mi obligación.

A Dios os quedad.

Don Juan

Sin duda,

el juicio he de perder;

es demonio esta mujer,

pues así dos voces muda.

Tan diferente es la que habla

de la con que a mí me habló,

que dudo si es ella o no.

Polilla

Basta esa sola palabra

para que yo me derrita.

Felicia

A Dios, señor socarrón.

Polilla

Doncellita, con perdón,

continua esta visita.

Doña Luisa

A Dios, señor, os quedad,

que con haberla servido

a mi amiga, habré cumplido

con ella y con mi amistad.

Vanse las dos.

Don Rodrigo

Notable caso, ¿quién es?

No he podido averiguar.

Don Juan

Mucho hay aquí que dudar.

Mayor mi desdicha es.

Polilla, ¿no es doña Luisa

Pag. 61

Don Juan

la que a don Rodrigo habló?

Polilla

Que es ella apostara yo,

a pagar de mi camisa.

Don Rodrigo

¿En fin se fue la tapada?

Don Juan

Y confuso me dejó.

Don Rodrigo

No lo quedará más yo,

pues ni razón señalada

con que poder inferir

lo que fuese no advertisteis.

Solo pasó lo que visteis:

llegar, hablar y partir.

Don Juan

Pues cómo supo tan presto,

sin haber vos avisado,

esta posada?

Don Rodrigo

Cuidado

ha puesto don Juan en esto.

Eso no alcanzo a saber.

Don Juan

Ni yo a persuadirme acierto,

que si no fuera concierto,

viniera así esta mujer.

Mas me aumenta mis recelos

ver tanta curiosidad.

Don Rodrigo

Esta noche la verdad

averiguarán mis celos.

Don Juan

Conmigo le he de llevar,

sin dejarle de mi lado,

y mi celoso cuidado

a luz tengo de sacar.

Todo esto cada uno aparte.

Don Rodrigo

En esta noche presente

mi curiosidad sabrá

si el amor de Blanca está

seguro, estando yo ausente.

Don Juan

Y esta noche mi dolor,

si esto no llegase a ser,

se resolverá en tener

a más desdén, más amor.

Fin del acto segundo.

Jornada tercera

Pag. 62

Salen doña Blanca vestida de hombre con espada, y Eugenia criada deteniéndola.

Eugenia

La vida podré perder,

mas no has de pasar de aquí.

Doña Blanca

Pues ¿qué pretendes de mí?

Eugenia

Que mires que eres mujer

principal, y que es acción

temeraria la que intentas;

que tu ilustre sangre afrentas

y desdoras tu opinión.

Doña Blanca

¿A mujer determinada

das consejos?

Pues ¿cuándo, dime, se vio

mujer reparar en nada

estando cual yo resuelta?

Eugenia

Una por una, señora,

que yo no he de soltarte ahora.

Doña Blanca

Suelta, no seas necia, suelta;

dejaréte en las manos

la capa.

Eugenia

Terrible estás.

Doña Blanca

Con eso apresuras más

mis pensamientos tiranos.

No sería vano intento

querer parar con la mano

un arroyo, cuando ufano

se precipita violento

a ser despojo de un valle,

que ambicioso de cristal

gasta todo su caudal

en flores para hospedalle;

cuando bañado en su espuma

caballo arranca violento

a ser por la tierra viento

o a ser por el viento pluma.

Pag. 63

Doña Blanca

Temeraria acción no fuera

de ingenio bien ignorante

oponérsele delante

a detener su carrera;

o cuando toro furioso

esgrime su media luna

porque su amor le importuna

otro novillo celoso,

¿no sería disparate,

y bien digno de reír,

el llegarle a despartir

en medio de su combate?

Pues mucho más fácil es,

ya que me llego a enojar,

con la mano sosegar

estos precipicios tres

que detener mi rigor.

Soy mujer determinada,

adoro, estoy olvidada,

tengo celos, tengo amor;

y así, aunque con más decoro

me procures sosegar,

es como querer parar

el río, el caballo, el toro.

Eugenia

Pues ¿qué pretendes hacer?

Doña Blanca

Ya que mi apetito sigo,

a casa de don Rodrigo

quiero irme a satisfacer

esta noche, ¡ay triste yo,

pues a tan mísero estado

me ha traído mi cuidado!

Pues doña Luisa le habló

y no pudo averiguar

su intención tan encubierta,

veré si mi industria acierta,

que el traje dará lugar

a que le pueda seguir;

pues hace la noche obscura

que, si nuevo amor procura,

no se me podrá encubrir.

Pag. 64

Doña Blanca

Su designio sabido,

si yo soy tan desdichada

que llego a ser la olvidada

cuando él de mí tan querido,

en el centro del olvido

sepultaré mis desvelos,

que no hay caudal para celos

de un agravio repetido.

Porque fuera caso injusto

si, por quererle yo bien,

me pagase con desdén

y emplease en otra el gusto.

Y cuando fortuna esquiva,

compadecida a mi mal,

se muestra tan liberal

a mi voluntad cautiva,

que me ofrece este vestido,

pues en un baúl quedó,

que acaso abierto dejó

mi hermano mal advertido

cuando a Salamanca fue,

que se pudo descuidar

fácilmente en el cerrar,

dime la razón por qué

no animas también mi intento,

cuando aun la fortuna avara,

pródiga en dar, no repara

el principal instrumento.

Eugenia

Ayúdete la fortuna

mil veces enhorabuena,

que yo de piedad ajena

no pienso darte ninguna;

que ayudar a un precipicio

contrario de la salud

no lo tengo por virtud,

antes lo tengo por vicio;

y mi lealtad no imagina,

cuando te miro mortal,

dar a tu penoso mal

veneno por medicina.

Pag. 65

Eugenia

Antídoto sí, que es justo,

pero la ponzoña no;

que no sé de ayudarte yo

a matarte por tu gusto.

Seré la primer criada

que divierte la intención

en la amorosa pasión

a que su ama está inclinada.

Doña Blanca

No te pido yo consejos,

que no me detengas pido;

que quien de amor y de olvido

está como tú tan lejos

bien sé que ha de proponerme

terribles inconvenientes,

mas futuros contingentes

tampoco podrán moverme.

Que es amor de calidad

que, si no se arroja ciego

al riesgo, al peligro, al fuego,

no es amor, sí liviandad.

Ya sé que querrás decirme

que voy sola y que pudiera

disponer de otra manera

ver si don Rodrigo es firme.

Pues me puede suceder

con una ronda encontrar,

¿y qué puedo aventurar

llegándome a conocer?

Mi opinión, y aun en tal caso

la vida, porque en rigor

por defender el honor

de la vida no haré caso.

Mas, como voy de desdichas

tantas acompañada,

Eugenia, no temo nada

cuando aventuro mis dichas.

Que son cobardes previene

un filósofo, y fundó

su razón, pues siempre halló

que nunca una sola viene.

Pag. 66

Doña Blanca

Mas en mi opinión repara

y verás que son valientes,

pues en cualquier accidente

la acometen cara a cara.

Eugenia

No tengo que te advertir

cuando lo discurres todo.

Doña Blanca

Cierra, Eugenia, y sea de modo

que en llegando pueda abrir

la puerta, sin que el ruido

sea ocasión de inquietar

cuando me vuelva a acostar

el más vigilante oído.

Están hablando a la puerta, y sale don Rodrigo.

Don Rodrigo

Ya que mi dolor es tal

y me trae tan sin sosiego,

que entre hielos y entre fuego

peno en tormento mortal,

quiero, por satisfacer

mis dudas, oh justo cielo,

sacar a luz mi recelo

y mi desengaño ver.

En esta calle he de estar

hasta que el rojo arrebol

salga del mar español

a arder, lucir y dorar;

y aun con sus rayos ardientes

no templará mis desvelos,

que no reparan los celos

jamás en inconvenientes.

Argos seré vigilante

en mi cuidadoso afán;

por eso engañé a don Juan,

por eso vengo delante,

a ver si acaso consigo

asegurar mi dolor,

que en las materias de amor

no hay amigo para amigo.

Eugenia

Emparejado no más;

si el ruido he de evitar,

porque no haya que llamar,

cuando vuelvas hallarás.

Pag. 67

Doña Blanca

La calle es esta, y aquella

la casa de doña Blanca;

y mi desdicha bien franca,

pues tan presto me atropella.

Don Rodrigo

¿Qué es esto, cielos, qué es esto?

¿Aquel hombre no salió

de allá y la puerta cerró

muy paso? No hay duda en esto.

De allá salió, vive Dios,

y pues así se dispone,

su decoro me perdone,

que nadie la erró de dos.

Anoche se me escapó

este hombre por atender

al honor de Blanca y ser

mujer principal; mas yo,

pues veo que no repara

ella misma en su opinión,

no tengo esa obligación;

mirarle tengo la cara,

aunque aquí pierda la vida,

que tan perdida está ya

cuando en mi honor blanca da

tan penetrante la herida.

Y saber, oh justos cielos,

si es mi muerte más templada

puede ser que una criada

sea quien me causa celos.

Yo mismo me lisonjeo,

miren cuál es mi dolor,

que anticipo a su rigor

el remedio que no veo.

¿Que hay lances tan desdichados

en que un hombre en sus enojos

niega el crédito a los ojos

por hacerlos más templados?

Un hombre volvió la esquina

y en la calle se ha parado,

y aun parece que cuidado

hacia mi casa le inclina.

Pag. 68

Don Rodrigo

¡Válgame Dios! ¿Quién será?

Mas ya se acerca hacia mí.

Véngase acercando don Rodrigo, y retírese doña Blanca encubriéndose mucho.

Don Rodrigo

Retirarme quiero aquí.

Caso imposible será,

aunque se esconda en el centro

de la tierra, el encubrirse

como anoche.

Doña Blanca

Él no quiere irse.

¿Hay más azaroso encuentro?

A mí viene, triste yo.

Don Rodrigo

¿Quién va?

Doña Blanca

¿Quién me lo pregunta?

Yo estoy difunta;

no quiero decirlo.

Don Rodrigo

No.

Pues me lo habéis de decir,

y quién sois he de saber.

Doña Blanca

Caso imposible ha de ser.

Don Rodrigo

Pues yo os haré descubrir.

Doña Blanca

Yo estoy determinada;

la vida podrá costarme

si el rostro habéis de mirarme,

será a la luz de esta espada.

Sacan las espadas; tropieza don Rodrigo en su capa y caiga. Batallan.

Don Rodrigo

¡Válgame Dios, yo caí!

Fuerte azar.

Doña Blanca

Retirada extraña.

Cayó, o la vista se engaña;

pues ¿qué hay que aguardar aquí?

No procuro matar,

sólo encubrirme procuro;

de esta casa haré seguro,

aquí me pienso amparar.

Arrojándose a entrar en una casa, sale al encuentro Federico con espada y broquel.

Federico

¿Qué ruido es este en mi casa?

Doña Blanca

Señor, si sois caballero,

amparad a un forastero;

luego os diré lo que pasa,

que temo.

Federico

Pues no temáis;

que si os amparáis de mí,

seguro estaréis aquí,

guardado en mi casa estáis.

Pag. 69

Federico

Esa llave es de un jardín;

si vuestro temor acierta,

abrid con ella la puerta

y entraos dentro.

Doña Blanca

Sois al fin

caballero.

Federico

Mientras voy

a ver lo que hay en la calle,

justo ha sido el amparalle;

esto debo a ser quien soy.

Entre doña Blanca. Viene corriendo don Rodrigo con la espada desnuda a la misma casa.

Don Rodrigo

En esta casa se entró

y en ella le he de matar.

Federico

Aqueso fuera a no estar

de por medio yo.

Pues ¿cómo tan ciegamente

a mi casa os arrojáis?

¿Qué pretendéis? ¿Qué buscáis?

Don Rodrigo

Vengo tras un delincuente

que me ha herido.

Federico

Saca aquí una luz, Felicia,

que he de ver si esto es malicia.

La bizarría española

no es ir todos al caído,

antes es obligación

ayudarle, que es razón.

Don Rodrigo

Ya os digo que estoy herido

y que en esta casa entró

quien le he venido siguiendo;

con esta industria pretendo

conocer quien me agravió.

Salen doña Luisa y Felicia con luz. Alumbra Felicia.

Doña Luisa

¿Qué ruido es este, señor?

Tú con espada y rodela.

Federico

Llega, Felicia, esa vela;

veréle el rostro mejor.

Federico

Caballero, perdonad,

que el no haberos conocido

me ha hecho andar divertido

en esta casa obscuridad;

y de ella os podéis servir.

¡Qué bien vuestro talle abona

lo noble de la persona!

Pag. 70

Federico

Mas debisteis de advertir

la casa, porque aquí

no está el hombre que buscáis;

y si no os aseguráis

ni me dais crédito a mí,

discurrilda toda, y luego

tendréis más satisfacción.

Don Rodrigo

Mayor es mi confusión,

mayor mi desasosiego.

Sólo el haber conocido

al hombre con quien reñía

era lo que pretendía,

porque yo no estoy herido;

en mi capa tropecé,

que cuando a terciarla fui

un cabo de ella pisé.

Mas pues no tiene remedio,

no hay sino disimular.

Federico

Mirad si os queréis curar.

Doña Blanca

Sólo este pudo ser medio

para lograr mi intención

sin que me hayan conocido.

En el jardín siento ruido;

de la puerta la invención

que une las casas hará

que, sin que nadie lo advierta,

me valga yo de la puerta,

y estando en mi casa ya,

si buscaren el que entró

en el jardín, pensarán,

puesto que no me hallarán,

que por las tapias saltó.

Para ahora es el valor;

no hay cosa dificultosa

para una mujer celosa.

Ya estoy dentro. ¡Ay, ciego amor,

cómo cobarde mi daño

le busco y le solicito,

me advierto y me precipito,

me engaño y me desengaño!

Abre la puerta. Vase Blanca y cierra la puerta.

Pag. 71

Federico

Puesto que herido no estáis

y el hombre con quien reñisteis

no está aquí, como ya visteis,

sin razón os alteráis.

Vamos, que pues es tan leve

como decís la ocasión,

en fe de esa relación

a componerlo se atreve

la gana de haceros gusto.

Federico

Hija, así te guarde Dios,

para evitar que los dos

rompan en mayor disgusto,

ve con presteza, y al hombre

que en el jardín hallarás,

de mi parte le dirás

que nada hay porque se asombre;

su contrario no está herido,

y que, en quietándose todo,

yo lo pienso hacer de modo

que me quede agradecido,

si el caso lo permitiere;

pero de todo le avisa,

porque te lo ruego, Luisa,

y por lo que sucediere.

Vase doña Luisa, y vuelve Federico a hablar con don Rodrigo.

Federico

Vamos, señor, y mandad

a cuantos en casa estamos,

seguro que obedezcamos

todos vuestra voluntad.

Don Rodrigo

Yo, señor, a obedecer

iré con vos y a callar,

que no pueda averiguar

quién el hombre pueda ser.

Vanse todos. Salen don Juan y Polilla.

Don Juan

Tras un silbo bien

va corriendo mi esperanza;

ella corre y no le alcanza,

porque corre el bien más bien.

Pag. 72

Don Juan

Temeroso de un desdén,

flacamente solicito

lo que nunca facilito

vencer tan duro rigor,

porque no quede al amor

resabios del apetito.

Si hubiera una posesión

que esperanzas engendrara,

con ella solicitara

el alma nueva ocasión;

pero en tanta dilación,

sufriendo, esperando, amando,

padeciendo y no gozando,

¿quién no llora, quién no siente,

y teniendo el dolor presente

y el premio sin saber cuándo?

Síguele mi pensamiento

tan cobarde y encogido

que, de primo prevenido,

ha de mal lograr su intento.

Don Rodrigo no ha un momento

que de mi casa faltó,

y cuando pensaba yo

no dejarle de la mano,

gano por ella, y ufano

mi pensamiento burló.

Para las once tenía

concertado que estuviese

en casa, para que fuese

a ver al que le ofendía;

y mi celo pretendía

para las once también

sacar a luz el desdén

de doña Luisa, tan fuerte,

mejora en mi adversa suerte

convirtiendo el mal en bien.

Si en la causa se aumenta

que se acrecienta mi fuego,

pues ando como hombre ciego

tras lo que el sentido tienta.

Pag. 73

Don Juan

Que si don Rodrigo intenta

conquistar el bien que adoro,

aunque su designio ignoro,

si mi suerte fuese tal,

en lance tan desigual

perdonara su decoro.

Que un amor tan verdadero,

si se ve tan mal premiado,

lo que tuvo de callado

lo convertirá en parlero;

diré a voces cómo muero

del dolor de haber sufrido

un desdén tan repetido,

y en lance tan duro y fuerte

daré mil veces la muerte

a quien la causa haya sido.

Polilla

Pues ¿cómo en desdicha tanta,

sin saber, lloras tus duelos,

causa fija de tus celos,

y la pena se adelanta?

Quien del amago se espanta

el golpe tendrá de sobra;

nuevo aliento en tu mal cobra

porque no mueras del susto,

puesto que entre amor y el gusto

los celos me tan zozobra .

Los ojos pueden mentir

y las sospechas también;

más vale dudar el bien

que los males prevenir.

Don Juan

Amor, penar y sufrir

os conviene en tal rigor;

lisonjead el dolor,

pagad agradecido

más firmeza a más olvido,

a más desdén, más amor.

Polilla

¿Qué tendrá que agradecerte

doña Luisa en tu desvelo,

si arriesgas al primer celo

Pag. 74

Polilla

el perderla y el perderte?

Porque has de dejar vencerte

de un pensamiento traidor;

¿para cuándo es el valor,

la prudencia para cuándo,

si no le pagas amando

a más desdén, más amor?

Don Juan

Entre peñas quebrantado

baja culebra de plata,

arroyo que se desata

a ser diluvio del prado,

y págale de contado

la tierra con su verdor

fragancias en cada flor

por el susto que le dio;

¿y no podré pagar yo

a más desdén, más amor?

Hace el ruiseñor con alas

que le dan belleza suma,

y apenas es flor de pluma

o ramillete con alas,

cuando sonoro en las salas

del astuto cazador

paga armónico el rigor

con que allí le aprisionó;

¿y no podré pagar yo

a más desdén, más amor?

Salta el pez, que ufano gira

entre las ovas y lamas,

y apenas bajel de escamas

sobre las ondas se mira,

cuando en la red no respira

que le puso el pescador,

y a dinero el disabor

le paga si le vendió;

¿y no podré pagar yo

a más desdén, más amor?

Pag. 75

Don Juan

Conejuelo fugitivo,

bullicio del verde soto,

sale a ver el alboroto

tan tímido como esquivo

del can, que ufano y altivo

le solicita al albor;

y paga en el asador

la pólvora que costó;

¿y no podré pagar yo

a más desdén, más amor?

Pues si pagar también sabe

en una y en otra esfera

a quien su quietud altera

conejo, arroyo, pez y ave,

¿por qué no en mi pecho grave

lugar tendrá superior,

pues es mi instinto mejor

el pagar agradecido

más firmeza a más olvido

y a más desdén, más amor?

Polilla

Soliloquio reverendo

has hecho, viven los cielos,

cuando a tus dudosos celos

lisonjas voy previniendo.

Tu amor es, a lo que entiendo,

víbora del pensamiento,

pues su mejor nutrimento

es el veneno mortal;

consuélate con tu mal,

aunque por decir reviento.

Pues doña Luisa tirana,

y que matarte concierta

con celos, pues encubierta

como viste esta mañana,

Pag. 76

Polilla

tan amable, tan humana

estuvo con don Rodrigo;

y no quieras más testigo

para su malicia clara

sino el darte cara a cara

higas con tu propio amigo.

Don Juan

Polilla, ten, no acabes

de ejecutar tu vil lengua;

heridas que son en mengua

de quien malicia no cabe.

¿No es el mismo honor tan grave

como doña Luisa es?

Polilla

¡Qué ciego estás, pues no ves

tus daños y la malicia

de aquella sabia Felicia

en materia de interés!

Mujer es, Dios es mi padre,

que si cien reales le dan

entregará al gran sultán

por concubina a su madre.

No hay cosa que más le cuadre

que hacer una tercería,

y es tan mañosa esta arpía

que juntara por dinero

de París un caballero

con una dama de Hungría.

Procura satisfacerte

y no pierdas la ocasión;

goza de la prevención,

pues tu inquietud es tan fuerte.

A ganarla o a perderte

aventura tu caudal;

y si su malicia es tal

que no admite ningún medio,

muere, señor, del remedio

si es que has de morir del mal.

Don Juan

Las cuantas son.

Polilla

No sé; a fe

mirarélo en la pretina,

que es muestra tan peregrina

que en toda mi vida erré.

Don Juan

Siempre has de estar de un humor.

Polilla

Siempre yo gasto el que ves;

Pag. 77

Polilla

mejor mi magistral es

que el que receta el doctor.

¿Quién me mete a mí en pudrirme

por lo que ni va ni viene?

Tenga celos quien los tiene,

que yo no quiero morirme.

Don Juan

Quiero acechar por la puerta

si acaso Eugenia parece;

linda ocasión se me ofrece,

que pienso que está entreabierta.

Llega a mirar la puerta don Juan.

Don Juan

Mirarlo quiero mejor;

ha podido el pensamiento

prevenirle más contento

a mi insufrible dolor.

Abierta está; pues yo quiero,

ya que nadie me ha sentido,

ver quién me mata de olvido

la causa por quien muero.

Arrempuja y abre la puerta.

Polilla

Quédate tú,

que yo voy a ver si acaso

sale el sol en que me abraso

llevará Belcebú

el alma, que tal quedara.

¿Soy por dicha yo de bronce

para estar desde las once

hasta que el Aurora clara

de carcajadas de risa,

hecho estafermo de todos,

mientras tú por varios modos

te alegras con doña Luisa?

No, señor, allá he de entrar;

mira tú cómo ha de ser,

también me sé defender,

también me sé aventurar.

Y no te puede estar mal

para lo que se ofreciere

un criado que te espere

Pag. 78

Don Juan

siquiera en este portal.

Pues en él puedes quedarte

mientras al jardín me voy,

a ver si tan feliz soy

que a Luisa le dé parte.

¡Bellos daños que ha causado

un celoso pensamiento!

Polilla

Por decírtelo reviento:

si a Eugenia no has avisado

ni sabe que estás allí,

¿no es terrible barbarismo

aventurarte tú mismo

a que nos cojan aquí?

Nos hagan, juro a Dios,

a buen librar un gigote;

al riesgo vamos a escote,

porque si coge a los dos

la trampa Federico,

hombre de tanto valor,

que aun en él es lo menor

ser tan principal y rico,

¿qué salida puede haber

lloviendo sobremojado?

Don Juan

Ya estás, Polilla, cansado.

Un aposento ha de haber

de Eugenia en este zaguán,

al subir de la escalera;

en él, mientras salgo, espera,

siendo aposento me dan.

Que si la fortuna avara

a los osados ayuda,

su favor tiene sin duda

mi amor, que en nada repara.

Polilla

Plega a Dios que por bien sea.

Mas ¿cómo veré yo atento

el tal, señor, aposento?

¿Quién habrá que aquesto crea?

Luego se reirán

de una comedia, si acaso

hacen en ella algún paso

como este y no lo crean;

pues que es muy posible crean,

y tan posible que a fe

Pag. 79

Polilla

que se hace aquesta, porque

más de cuatro lo desean.

Vase cerrando la puerta. Sale al jardín doña Luisa.

Doña Luisa

Entre sus confusiones,

que me causan mis propias turbaciones,

vengo a buscar al hombre que escondido

mi padre, de su riesgo prevenido,

en este jardín tiene asegurado.

Oh ciego Dios alado,

discurriendo en la fuerza de tu imperio

y admirando el misterio

del veneno mortal de tus saetas,

pues con ellas abrasas y sujetas

el pecho más seguro,

el mármol frío y el cristal más puro.

Al rayo breve de la luz flamante

con que mi padre quiso en breve instante

conocer al que dijo estar herido,

si bien descolorido

y con la turbación desfigurado,

atendí con cuidado

y pude percibir, si mis antojos

no engañaron los ojos,

que es don Rodrigo aquel que esta mañana

hablé por doña Blanca más humana,

mientras él a su amor más encogido,

pues su firmeza paga con olvido.

Bastante desengaño en mis amores,

pues se truecan finezas a rigores,

pues la ternura en pena se convierte,

la memoria en olvido, el gusto en muerte.

Cuál sea la ocasión de haber reñido

Pag. 80

Doña Luisa

me tiene con cuidado; no haya sido

por alguna que Blanca le haya dado.

Quiero, para salir de este cuidado,

buscarle. ¡Ah, señor! La noche obscura

le oculta entre las ramas.

Anda buscando por el jardín. Sale don Juan abriendo la puerta falsa.

Don Juan

Quien procura

gozar de la ocasión no sea cobarde;

piérdese presto y cóbrase muy tarde.

Esta es la primer vez, sin duda alguna,

que le quedo deudor a la fortuna.

A medida se ha hecho del deseo;

en el jardín estoy, y aun no lo creo;

de nadie fui sentido.

Doña Luisa

Hacia aquellos jazmines siento ruido;

el temor le congoja,

sombras le representa cualquier hoja

de las que el viento mueve,

pues inmóvil a un paso no se atreve.

Don Juan

¡Qué bien la industria acierta,

que blandamente pude abrir la puerta!

¡Qué osado es el temor, qué licencioso!

Buscar quiero gozoso,

si el gusto no baraja la codicia,

a mi amiga Felicia,

porque avise primero

cómo vengo amorío del mal que muero,

cómo vengo a templar en mis ardores

las cenizas que ocultan estas flores.

Doña Luisa

Ya pienso que me ha visto,

pues hacia mí se inclina.

Don Juan

Mal resisto

el gusto que a este punto el alma siente.

Hacia allí se oye gente,

y el bulto es de mujer que entre las sombras

de la lóbrega noche y las alfombras

de las murtas, jazmines y las gualdas,

le diviso las faldas.

Pag. 81

Doña Luisa

Por coger la ocasión por el cabello,

ya parece que más asegurado

con paso lento viene acá inclinado.

Satisfacerle más su temor quiero.

¡Ah, señor! ¿Oís, caballero?

Acercándose a don Juan.

Don Juan

¿Quién llama?

Doña Luisa

Bien podéis, llegaos un poco.

Don Juan

¿Quién no se vuelve en este lance loco?

Doña Luisa es quien llama y asegura

que lleguen a gozar de su hermosura;

a otro sin duda espera.

Pluguiera a Dios un rayo me partiera

antes que haber llegado a caso extraño

tan cierto el mal, tan claro el desengaño.

Doña Luisa

¿No respondéis, señor? Ved que una dama

es la que espera y llama.

Don Juan

Quitadme, oh justos cielos,

la vida, no la pierda yo de celos.

Quiero fingir que soy quien ella piensa.

¿Quién llama? ¡A tal amor, tal recompensa!

¿Quién en tanto temor, tal desconsuelo

comunica la gloria de su cielo

a un alma tan preciada de ser suya?

Doña Luisa

Mi padre, porque aquesto se concluya

y quedéis a su amor agradecido,

sabiendo la ocasión cuán leve ha sido,

me envía a que os avise de su parte,

que pretende con arte,

viendo que no hay agravio que lo impida,

que la amistad de entrambos quede unida,

y que dadas las manos en los brazos

afiancen la paz eternos lazos.

Don Juan

Menos es el morir que la violencia

Pag. 82

Don Juan

con que mata ofendiendo esta sentencia,

pues en cuantas palabras voy oyendo

mata desengañando y ofendiendo.

Pues vuestro padre quiere que, agraviado

mi honor, mi gusto, mi ansia, mi cuidado

con empeño tan fuerte

que es sombra del menor la acerba muerte,

con hombre tan tirano,

unir la paz en lazos que esta mano,

este brazo, esta espada

resolverán en humo, en viento, en nada.

Luego pondré primero a aquesta casa

un rayo es el aliento que me abrasa;

incendio es mi dolor, y mis enojos

lanzarán centellas por los ojos.

Doña Luisa

Reportaos, que de cólera estáis ciegos

y parecéis volcán que escupe fuego.

Mi padre, de su mismo honor llevado,

pretende ya que, en casa habéis entrado,

no dejaros salir sin que primero,

si es que sois caballero,

hagáis lo que está bien a su decoro.

Don Juan

Vuestro padre no ignoro

que es quien es, su valor y su nobleza,

como tampoco extraño la fiereza

de vuestra condición siempre tirana,

pues pagáis a mi amor tan inhumana,

tan hosca, tan esquiva,

que con dominio fuerte siempre altiva,

despreciando lo humilde en mis amores,

experimento solos los rigores.

Doña Luisa

¡Jesús, qué turbación! ¿Qué es lo que escucho?

Morir aquí no es mucho,

pues en lance tan fuerte

lo menos es morir; dulce es la muerte.

Vos, don Juan, me ponéis en tal empeño;

vos en mi casa, vos, tan hecho dueño,

tan libre en las acciones

que me arriesgáis a tales ocasiones;

vos contra mi opinión sacáis la espada,

vos la calle y mi casa alborotada

tenéis; y de mi padre hacéis sagrado

en vuestro atrevimiento.

Pag. 83

Doña Luisa

¿Qué es vuestro pensamiento, en qué se funda,

sin ver el daño que a mi honor redunda?

¿Qué es el vuestro de meter a un hombre,

por quien me habláis a mí con tan buen nombre,

en esta parte, y a pedir la mano

y los brazos venir, con que ya ufano,

y en tantos logros rico,

dueño vuestro se llame, y Federico,

con gusto y regocijo,

en repetidos lazos le llame hijo?

Don Juan

¿Don Juan? A disparate semejante

no hay respuesta que dar, si por amante

os licenciáis a tales desconciertos

cuando veis que mis riesgos son tan ciertos.

No pienso yo que estáis favorecido

de suerte que podáis tan atrevido

perderme a mí el decoro.

Lo que decís y la ocasión ignoro.

A no estar de mi padre la inocencia

tan ajena de vuestra diligencia

de por medio, os hiciera entre las manos

mil pedazos; tan viles, tan villanos

son vuestros pensamientos

que quisiera ponerles escarmientos

de suerte que quedara

memoria eterna de mi injuria clara.

Agradecedlo a quien aquí os ha entrado,

que si no, yo os dejara castigado

tan necio y libre antojo

sin quedar con escrúpulos de enojo.

Don Juan

Pues ¿queréisme negar lo que estoy viendo?

Doña Luisa

¡Mi padre, triste yo!

Salen Federico, don Rodrigo y Felicia con luz.

Federico

Ya, Luisa, entiendo

que le habrá dado parte del concierto,

y pues no me ha avisado,

sin duda que no es cosa de cuidado.

Don Rodrigo

Pues ya a la ocasión llegué,

Pag. 84

Don Rodrigo

para quedar satisfecho

descanso daré a mi pecho,

y al hombre conoceré.

Sabré de cierto quién

es el cruel robador

de mi vida y de mi honor,

de mi gusto y de mi bien.

Doña Luisa

¡Ay, triste de mí, qué haré

en riesgo tan conocido!

Don Juan

Yo, pues su intento he sabido,

el remedio buscaré.

Federico

Hija, ¿estás sola?

Doña Luisa

Señor,

aquí estaba; hablar no acierto,

ocupada, mal divierto

mi pena.

Federico

Llegad, señor.

Que quiero que, pues de mí

se fió este caballero,

quedéis amigos primero

que los dos salgáis de aquí;

que, puesto que la ocasión

es tan leve y no hay ofensa

ni causa de recompensa,

me corre la obligación

de que los dos juntamente

me hagáis este favor.

Don Rodrigo

Ya yo os he dicho, señor,

que a todo estoy obediente.

Don Juan

En que a mí me está muy bien

conocer a quien me agravia.

Federico

Doña Luisa, como sabía

ya de mi parte también

la palabra le ha pedido;

y así las manos os dad,

porque con vuestra amistad

os quede yo agradecido.

Don Rodrigo

¡Cielo! ¿No es este don Juan?

Don Juan

¡Cielo! Es aquel don Rodrigo.

Pag. 85

Federico

En gran confusión están

los dos.

Don Rodrigo

Oh traidor, al fin

mi sospecha salió cierta.

Don Juan

Con su muerte cosa es cierta

mis pesares tendrán fin;

mataréle, vive el cielo.

Doña Luisa

¡Ay, desdichada de mí!

Todo se descubre aquí.

Para la piedad apelo

de mi padre: a aquestos pies,

si ya mi yerro merece

perdón, humilde se ofrece

mi vida a que me le des,

o a que la quites, pues ya

causa soy de tantos daños.

Arrójase a los pies de Federico.

Federico

¡Ay, tan graciosos engaños!

Mi hija turbada está

de que estos hombres se vean

sin volverme la respuesta.

Levanta, que no es aquesta

de las causas que desean

mis piedades. Deja ahora

que concluya lo que trato.

Alzándola del suelo.

Doña Luisa

¡Ay, amigo tan ingrato!

¡Ay, amistad tan traidora!

Federico

¿Qué os suspendéis, caballeros?

Esta causa es mía ya,

y en ella empeñada está

mi opinión, y aun mis aceros.

Hacedme aqueste favor

y daos al punto las manos,

y pues sois tan cortesanos,

agradecedme el amor

con que trato de serviros

y no le ofendáis así,

que esto ya me toca a mí.

Supuesto que no habéis de iros

sin hacerlo.

Pag. 86

Don Rodrigo

Confusión extraña; no sé qué hacerme,

no acabo de resolverme

en tan confusa ocasión.

Don Juan

Engañar al viejo quiero

porque me deje salir

antes que llegue a reñir;

con don Rodrigo hablar quiero.

Caballero, ingratitud

parece no obedecer

a quien con tal proceder

trata de nuestra quietud;

mas dad primero licencia

para que hablemos los dos

a solas.

Don Rodrigo

Esa, por Dios,

es mi propia diligencia.

Federico

Pues sea así.

Apártanse a hablar don Juan con don Rodrigo, y Federico con doña Luisa.

Don Juan

Hacia esta parte

nos podemos retirar.

Un caso te he de contar

que pienso que ha de admirarte.

Federico

No es bueno que cuando entró

el que estaba aquí escondido,

que, o ya del miedo encogido,

que me lo pareció,

jurara que ahora es

con más de un coto mayor.

Doña Luisa

Es encogido el temor,

sí, muy encogido es.

Don Juan

Ya digo que si supiera,

si llegara a entender

que era vuestra pretensión

Pag. 87

Don Juan

con quien la mía es también,

que no la hubiera seguido;

que era ingrato proceder

quitarle a un amigo el gusto.

Mas esto hase de entender

siendo muy a los principios,

porque es rigurosa ley

cuando hay empeños mayores

el amor retroceder.

Y así, supuesto que estoy

en el empeño que veis,

y que el dejar de adorarla

caso imposible ha de ser,

os pido en paz, don Rodrigo,

y que en paz también me dejéis

conquistar este imposible

y esta fiereza vencer;

porque si no, la amistad

de los dos se ha de perder,

que estimo en menos la vida

que el imposible que veis.

Y cuando por cumplimiento

de amistad la mano os dé

aquí dentro, allá en el campo

me sabré satisfacer.

Don Rodrigo

Don Juan, sobre lo que es cierto

el habernos de perder,

y aun forzoso es por negarme

lo que tan claro se ve.

Ni conozco a doña Luisa

ni sé quién es tal mujer;

sólo sé que doña Blanca

es a quien adoro y es

la prenda que más estimo,

y que yo os acuchillé

sobre el salir de su casa.

Don Juan

El juicio he de perder.

¿Vos me habéis acuchillado?

Pag. 88

Don Juan

Lindo cuento. Pues ¿por qué

os entrasteis a esta casa

cuando por qué tropecé

y caí os fuisteis corriendo?

Y anoche decid por qué,

procurando conoceros,

os seguí como sabéis.

Don Rodrigo

Don Rodrigo, no os parezca

modo de satisfacer

lo que os digo: vive Dios

que lo que decís no sé;

ni conozco a doña Blanca.

En esta casa que veis

entró, porque una criada

movida del interés,

o a mis lágrimas movida,

galante como cortés,

me da entrada por la suya;

que aquella puerta que veis

comunica entrambas casas.

Don Juan

¿Posible es que me neguéis

que los dos hemos reñido?

Don Rodrigo

Lo que os digo verdad es,

y no hay más verdad por Dios.

Don Juan

Pues yo no lo he de creer

antes de satisfacerme.

Don Rodrigo

¿Y aqueso cómo ha de ser?

Don Juan

Como, supuesto que vos

me decís que no sois quien

riñó conmigo, es forzoso

que aquí otro hombre ha de haber.

Téngole de buscar.

Don Rodrigo

A ello os ayudaré

también de muy buena gana,

y para que comencéis

discurramos el jardín.

Federico

Señores, ya basta; si es

que habéis de hacer lo que os pido,

aqueste favor me haréis.

Pag. 89

Don Rodrigo

Imposible caso es

mientras una diligencia

no hacemos, que ahora veréis;

porque es mayor mi desdicha

supuesto que no soy quien

se acuchilló, y hay otro hombre.

Esta puerta he de romper

y ver si paso a otra casa.

Da golpes a la puerta falsa.

Doña Luisa

Muerta estoy, Felicia, ¿ves

qué infelice estrella tengo?

Felicia

Paciencia.

Federico

Pues yo también

quiero verlo, pues me importa.

Don Rodrigo

Poco ha sido menester

para abrirla.

Don Juan

Ya ella estaba

abierta cuando yo entré.

Llegan todos de tropel a la puerta; ábrenla y sacan las espadas. Sale doña Blanca medio desnuda de hombre, con la espada desnuda, y Eugenia con una hacha encendida.

Doña Blanca

Pues ¿cómo es esto en mi casa?

Gentil grosería es

el derribarme la puerta

a coces y a puntapiés.

Si os nace ese atrevimiento

por verme sola y mujer,

Pag. 90

Doña Blanca

varonil esfuerzo tengo

para saber defender

mi honor, mi agravio y mi casa.

Don Rodrigo

¿Qué es lo que mis ojos ven?

¡Ay, tan gran desenvoltura!

Doña Blanca

A los extremos que veis

obligan las sinrazones

de un ingrato proceder.

Supe cómo habéis venido

y que os tratáis de esconder

de mí sin saber la causa;

pues porque Eugenia os vio ayer

mudasteis posada al punto.

A una amiga envié a saber

la causa de vuestro olvido,

cuando, como sabéis bien,

está pendiente mi honor

de vuestro ruin proceder.

Llegó a la posada a tiempo

que pudo reconocer

el criado que llevaba

la ropa; y ya vos sabéis

lo que pasó en este lance.

Tuve celos, quise ver,

siguiéndoos de esta manera,

la pérdida de mi bien

y el logro en vuestros amores.

Aqueste vestido hallé

en un baúl de mi hermano;

salí esta noche y aun bien

los pies en la calle puse,

cuando, sin saber por qué,

un hombre me acuchilló;

él cayó, yo eché a correr

y amparome un caballero,

que es el que presente veis,

en este jardín, adonde,

como la ocasión hallé

tan ajustada al deseo,

por esta puerta me entré

en mi casa.

Don Rodrigo

Luego vos

fuisteis quien acuchillé.

Doña Blanca

Si sois vos el que cayó,

el contrario yo seré.

Don Rodrigo

Pues ¿quién fue el hombre que anoche

Pag. 91

Don Rodrigo

de vuestra casa también salió?

Doña Blanca

¿De mi casa?

Don Juan

Sí.

Don Juan

A mí toca el responder,

porque fui yo, don Rodrigo,

que por esta parte entré

a conquistar industrioso

una hermosura cruel.

Felicia

En mi casa vos, ¡ay cielos!

¿Cómo es eso?

Don Juan

Si una fe

merece logros tan grandes,

ya que así me declare,

no quiero morir cobarde.

Humilde pido a esos pies

que me tengáis por esclavo

si por hijo no queréis.

Don Rodrigo

Supuesto que satisfecho

la mano le ofrezco a quien

así supo granjear

con tanto amor tanta fe.

Don Juan

Yo también os lo suplico,

porque se logren también

dos firmezas más constantes,

de un amor y de un desdén.

Sale Polilla.

Polilla

Y yo que escondido estaba,

conózcame vuested

por polilla de su casa;

se lo suplico también.

Federico

¿Qué tengo que replicar

cuando es mi propio interés

granjear tan noble yerno?

Como ella quiera, ya es

doña Luisa vuestra esposa.

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Doña Luisa

Y yo, pues me aseguré

que su amor es verdadero,

eterna será mi fe.

Felicia

Lindo día para todos.

Polilla

Pues antes que aquí se den

las manos, cuando el amor

brinda a la razón que hacéis,

dos cosas, senado ilustre,

os suplico por merced,

que no me caséis: la una,

porque temo a una mujer

más que al diablo por la suegra,

porque el mismo Lucifer

es tan contrario a los hombres

como una suegra lo es;

la otra, que a esta comedia

los yerros le perdonéis,

admitiendo los deseos

y haciendo a su autor merced.

Fin.