à> Date de publication: 22 août 2026
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Ce contenu est proposé sous licence Creàtive Commons CC BY-NC 4.0. Réutilisàtion àutorisée àvec citàtion ; usàges commerciàux non àutorisés.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los amantes no vencidos. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-amantes-no-vencidos.
7. El Príncipe peregrino, y 3.o del Cielo. A Don Diego Aluarez, Pinto, y Riuera, Hijo mayor de D. M.el P.o y Rib.a fol. 122. 8. El divino Areopagita. Al R.do pe. fr. Geronimo de Paris del Orden de S. Fran.co Vicario de Choro de Cordoua fol. 146. 9. El Negro del Seraphin.. Al R.do Padre Antonio Pacheco Predicador insigne de los Clerigos menores fol. 167. 10. El Cauallero Assisio. 1.a p.te Al R.do pe. fr. Bernardino Pacheco Pred.or y Conf.or de Sta Clara de Martos fol. 188. 11. El mejor Padre de pobres. 2.a p.te Al R.do pe. fr. Joan de Malla Pred.or del Or- den de S. F.co de la Prou.a de Fran.a fol. 209. 12. El Alferez de Cristo 3.a parte. Al R.do Pe. fray Joan de la torre Predicador y Guardian del Conu.to de san fran.co de la Villa de Martos. fol. 229.
~ Los Amantes no vencidos. ~ I ~
A la Señora Doña Cathalina de Ribera Mujer de Don Manuel Aluarez Pinto y Ribera Señor de la villa de chilue. ches Albollaque, y la celada caualle. ro del orden de Santiago ~ La gloria de dos amantes, si virgen el uno, el otro virgen; amantes no vencidos de nuestra flaqueza humana, ni ni del mas cruel tirano que produxo la Romana monarchia, presento a vmd; claro esta que siendo amantes, y tan dichosos no podia dejar de venir a manos de quien solo se emplea en amar al mas dichoso amante de nuestros siglos como lo es el señor Don Manuel Aluarez pinto y Ribera su digno esposo de vmd; cumple vmd con el blason lusitano que es todo amor, el, cumple con el amor q deue a tan reciproco amor, por que solo esta lealtad de amor, se halla en pechos lusita- nos, en quien solo el niño dios hallo dulce morada; y cuando no fuera asi, por sus muchas partes natiuas y adquisitas meresia ser amado de tan illustre pe- cho como el de vmd; en los barrios de la Basilica destos virginales amantes tan Santos como venturosos, nos criamos los dos, digna alabanza de aquella antigua fundasion de Vlixes patria nuestra, aunque al presente infelice por ser traydora asu propio Rey natural nuestro catholico felipe quarto que Dios guarde, con este fundamento tome por assumpto el celebrar vidas tan Santas, y el dedicarle a vmd esta pequeña obra; el don es corto, grande el subjeto a quien se dedica, quien le presenta pobre, y asi deue ser admetido de tanta generosidad: vmd le resiba, que la grandeza de su animo hara grande lo poco que le ofresco, cuya persona guarde Dios como deseo. granada, Diciembre 14 de 1640 ~ ~ ~ ~ ~ capellan y sieruo de vmd. Don R.o Pacheco
- Los Amantes no Vencidos -
[línea tachada]
Jornada Primera
Personas de ella
San Julián, Antonio sacerdote, Clodio Mago, Santa Basilisa, Cinthia Dama, Marcia criada, Andronio galán, Pasquín lacayo, dos Demonios.
Sale Andronio galán, y Pasquín lacayo
Desdichado pensamiento
pues fuiste tan desdichado,
dale alivio a mi cuidado,
y a mi ser, vuelve su aliento,
que es bastante el sentimiento
de lo que el alma padece,
para que la muerte diese
fin, a la tristeza mía,
pues sola la cobardía
en mí siempre permanece.
¡Ay amor, desdicha fue
poner los ojos mortales,
en quien sobre naturales
efectos castos hallé!
Ciego dios, dime, ¿qué haré?
pues cuando quiero mostrar
al bien que adoro, que amor
prende un alma, y ser posible,
hallo en esto un imposible,
y de imposibles un mar,
cuando el pecho solemniza
dentro en sí, a la que adoro,
vuelvo a ver, que lo que ignoro
eso, su desdén lo pisa.
¡Ay divina Basilisa
cuya célebre hermosura,
es el veneno que apura
mi afligido corazón!
pues sola tu sinrazón
es causa de mi locura.
Liberal le da sus rayos
a la tierra, el rubio sol,
cuyo cándido arrebol
produce floridos mayos,
de aquellos tristes desmayos
del invierno, vuelve en sí,
todo el campo alegra allí
tanta variedad de flores,
olvidando los rigores,
del tiempo, y su frenesí.
Es sol la bella deidad
que adora mi pensamiento,
y cuando pienso contento
que rayos de su beldad
darán con dulce igualdad
su luz a mi pecho triste,
entonces nublado viste,
con que flores del deseo,
marchitas siempre las veo
sin saber en qué consiste.
Siempre lamentando estás
tu suerte, y varia fortuna,
anda en tus cascos la luna
o ya apriesa, o por compás?
Eso es Pasquín por demás
dejar de quejarme yo,
que quien imposibles vio
imposibles de vencer,
no podrá dejar de haber
quejas, Pasquín.
Eso no,
porque las damas de agora
forjadas en interés,
dan las manos, y aun los pies
por aquel oro que adora
su viejo padre, que ignora
de tu amor la rica prenda,
dale tú toda una tienda
de ricas joyas, verás
cómo tú con ella das
patas arriba.
Pretenda
el noble vencer su amor
con amor, con la constancia,
porque la perseverancia
suele aplacar el furor
de quien le causa el dolor,
Calla, pues, que solo el oro
reina en ellas.
No lo ignoro,
porque es común en aquellas
que para damas son bellas,
no para ilustre decoro;
la que adora el alma mía
es la más rica y más noble,
a mis combates es roble,
desdén todo a mi porfía,
ella burla, y se desvía
de todo galán paseo,
ella que solo su deseo
es con la casta Diana,
es divina, aunque es humana,
con que burla el Himeneo.
Cinthia viene.
Déxale,
que también tiene sus penas,
¡oh, qué de ellos que en cadenas
ciego amor, falso y sin fe!
Por más que me desvíe
no te puedes escapar,
ella se vino a topar
con quien penas come, y bebe.
Pues venga Cinthia, y se lleve
las penas de tanto amar,
con ella viene una moza
que rolliza, y que bien hecha,
tírale amor una flecha
y en corazón acosa,
¡vive amor que no es mocosa!
más es Venus, que Diana;
más apuesto que es más llana
que una plaza en muladar.
Yo, bien me pienso allanar
si ella conmigo se allana.
Sale Cinthia, dama, y Marcia, criada, con mantos.
Desde que suele Febo prevenirse
a dar la luz que esconde el cano Atlante
fuentes mis ojos son, que el que es amante
de tanto sol, no puede dividirse;
lo mismo pasa, desde que cubrirse
la noche empieza, negro su volante,
hasta que envía al alba radiante
que ayude en llanto al alma a derretirse;
el día no socorre a mi tormento,
ni la noche me da dulce esperanza,
ni siento medio alguno en tantos daños:
el tiempo corre, corre el pensamiento,
y mientras tanto bien el alma alcanza,
paso suspensa mal logrados años.
¡Oh, Cinthia hermosa!
¡Oh, Andronio!
¿adónde tanta belleza?
Al templo de Venus voy,
por dar vado a tanta fuerza,
como amor en mí ejecuta.
¡Dichoso aquel por quien llega
tu corazón a encenderse!
Miente quien dice, ¡ay belleza!
que rinde con sus dos soles
y al hombre fuerte sujeta,
pues quiero, y no soy querida,
si me abrazo, helado queda,
cuando a mirarle contemplo;
y a hablarle amor me lleva,
él se ríe, cuando lloro,
y lloro, cuando me fuerzan
a llorar tantos desprecios
como en Julián se ostentan,
que el ser de mármol parece
a mis voces, y a mis quejas,
el hielo de sus palabras
más me encienden y atormentan,
que aunque heladas parecen, heladas
abrasan como discretas,
vive el alma en confusiones,
si bien, dulces son las penas
solo por quien las padezco,
y Julián ser causa de ellas.
Y su merced, reina mía,
diga, ¿de quién tiene quejas?
¿si tiene en su casa Julián
algún mozo guardaespuelas
que le desprecie? porque
le cortaré las dos piernas,
¡vive Marte!
A Baco jure
que es el dios de las tabernas,
¿piensa el pícaro lacayo,
que soy fregona de aquellas
que acuden a los mandiles
del establo en que se acuesta?
por el sol, y por la luna
por la madre de amor bella
que haga le den doce puntos
en su cara de cazuela.
Ea, ¿bravatas conmigo,
fregonilla bachillera?
allá para su rufián
de quien es la mandilera
echar podrá las de a doce,
que conmigo aquellas levas
son pedradas que rebate
la fuerza de mi mollera,
que por las luces de Apolo,
por el cabello que peina,
que la coja, y la levante?
¿Hasta dónde?
A mi cabeza,
no hagamos cara de flores,
no haya más cara embustera,
dame esa mano de plomo
¿para qué?
para comella.
Aquesto paso, esto siento,
¿tan cruel es, como en belleza,
es Cinthia sola en el mundo?
Los dos padecemos fuerza,
amar, querer, y seguir
es forzoso, pues aumentan
desprecios, el fuego vivo
que a los dos nos atormenta.
Venus te dé su favor,
el ciego Dios favorezca
tu intención.
Mañana quiero
verte Andronio.
Vanse.
Amor desea
nos comuniquemos los dos.
Mañana, aunque es tan fea,
le veré.
Miente el lacayo,
ya me desdigo hechicera.
Es lo más presto.
Pues yo
soy tan travieso que a ella,
con mis niñerías pienso,
¿hechizarme? mal lo piensa,
Vanse, y sale San Julián, muy galán.
¿Qué gloria puedo tener
Señor eterno, si pierdo
de virgen, el dulce ser,
déme ese divino acuerdo
tu voluntad a entender?
el maestro que me diste
al casamiento resiste,
de su parecer estoy,
con que entreteniendo voy
glorias con que amor me enviste,
solo tú sabes Señor
lo que mi carne padece,
mas como tiene temor
al espíritu obedece,
con que aplaca su furor,
desde que cristiano soy,
unido con vos estoy
inmenso Dios de tal suerte
que solo la cruda muerte
me apartará de vos hoy,
pero el tal apartamiento
es unirme más a vos,
porque aguarda el pensamiento
que suba el alma mi Dios
a gozar eterno asiento
y así no me apartaré
con amor, con viva fe,
nunca de vos, que mirando
vuestra gran deidad, amando
en el cielo viviré,
en estos floridos prados
cuya hermosura contemplo,
se aumentan más mis cuidados,
porque dan un vivo ejemplo
a sentidos descuidados,
porque con sus bellas flores
os dan siempre mil loores,
yo con más obligaciones
soy tan corto en mis razones
que no os sé decir amores
pero pues razones faltan,
a las obras me remito
que son las que más me exaltan,
con que a todo mi apetito,
y a mi voluntad le esmaltan,
el morir por vos Señor
oponiéndome al furor
de estos dos emperadores,
despreciando sus rigores,
y todo vano temor.
De una carroza se apea
una hermosura sin par,
un cielo, donde se arrea
quien tal gracia pudo dar
al alma, que le hermosea,
¡Quién será mujer tan bella!
Si fuera gentil, en ella
contemplara alguna diosa,
porque mujer tan hermosa
no es mujer, ángel es ella.
Sale Santa Basilisa con manto, sola.
Sola, esposo de mi alma,
pero con vos, y sin mí;
pues de amor llenáis la palma,
he venido alegre aquí,
porque vivo puesta en calma,
cuando no os contemplo, esposo,
a solas; porque amoroso
deis alivio al pecho mío,
porque mi libre albedrío,
por ser vuestro, es más glorioso.
Amo la virginidad
que tanto, señor, amáis;
esta, esposo, asegurad,
que si vos no la guardáis,
no habrá en mí seguridad.
Gallardo mozo, alma mía,
¿qué sientes? ¿O qué osadía
es aquesta que en ti miro?
¿Si es gentil? ¿De qué me admiro,
triste de su gallardía?
Llegar quiero, por saber
quién es este ángel humano,
con tal beldad, y tal ser;
será bien ser cortesano
con tan hermosa mujer.
¿Alguna diosa del prado
seréis, señora, que helado
me tiene tanta hermosura?
Soy cura de una locura,
y descuido de un cuidado;
esto basta, andad, señor,
porque aquí no reina amor,
y por sola cortesía
di lugar a esa osadía.
Aparte.
De hablarla tengo temor;
si atrevido fui, señora,
fue porque me pareció
que erais del sol el aurora;
perdonad, si el alma vio
secretos que el alma adora.
Aparte.
¡Qué galán, qué cortesano!
¡Oh, si fuera este cristiano,
cómo le amara de veras!
Aparte.
Mujer, si cristiana fueras,
te adorara, aqueso es llano.
¿Cómo os llamáis?
Julián.
¿Y vos, deidad soberana?
De Basilisa me dan
el nombre.
¿Inmortal Diana
seréis?
Aparte.
Soy mortal, ya van
perdidos mis pensamientos,
pero con castos alientos,
Marte os guarde.
El mismo a vos.
Vase.
No vencida voy, mi Dios,
que en vos están mis cimientos.
No vencido quedo, Amor,
pero si cristiana fuera,
amara solo su honor,
que a ser virgen le trajera,
que fuera mi bien mayor.
Alma sola, el bien que amáis
es el bien en quien halláis
todos los bienes del cielo;
este solo es buen desvelo,
y no aqueste en que pensáis.
Sale Cinthia sola, y con manto.
Yo me alegro, caballero,
ser tan buena la ocasión
de hallaros; que el corazón
os sigue siempre ligero;
mucho tiempo ha que sabéis
de mis dulces pensamientos,
la gloria de mis intentos
no resistir procuréis.
Yo os adoro, quiero, y amo,
más que a mí, ¿cómo es posible
que halle en vos un imposible
tanto amor? ¿Como el reclamo
de mi voz, dulce Julián,
huis? Pues el alma adora
lo que la vuestra no ignora,
siendo noble, y tan galán.
Hombre sois, no piedra no,
mas si yo piedra adorara,
entiendo que le ablandara,
y a un hombre no puedo yo.
¿Todos los dioses que adora
aqueste imperio romano
amor tuvieron? Si es llano,
¿quién cosa tan clara ignora?
Si siendo dioses tuvieron
amorosos los deseos,
pues sus mayores trofeos
al niño ciego rindieron,
¿cómo puede ser que un hombre
tenga fuerzas y valor,
para escaparse de amor?
¿Cosa es digna que me asombre?
Siempre el hombre a la mujer
le ruega, pide, y pasea,
que alcanzar lo que desea
le aviva su noble ser,
hoy en vos es al contrario,
pues mujer de tantas prendas
cual yo soy, pide por prendas
amor firme, y no voltario,
yo ruego, yo solicito
al que hacer esto debía,
que no puede el alma mía
dejar un dulce apetito,
volved, Julián querido,
del letargo, o dulce sueño,
que o habéis de ser mi dueño
o que me deis muerte os pido.
Asombrado, Cinthia hermosa,
me tiene vuestra osadía;
bien veo que amor os guía
en esta acción amorosa,
pero mirad la nobleza
y el honor de vuestra casa,
si amor la causa os abrasa,
está primero la alteza
de vuestro antiguo linaje;
si sois mujer, sois doncella,
y en vos, Cinthia, cualquier mella
es gran afrenta, es ultraje;
casar no pienso en mi vida,
ni rendir pienso al amor
mi pecho, y casto valor,
que será ser homicida
de mí mismo.
Aparte.
Resuelta estoy
a rendir un bronce duro.
Vase.
Por estar de vos seguro,
os dejo, Cinthia, y me voy.
El corazón helado,
suspensa el alma a tantas sinrazones,
el sentido turbado,
como quien le parece ve visiones,
sí, llena de aflicciones,
temblando de corrida, y desdeñada,
de esperanzas de amor, desesperada,
y el vario pensamiento
sin consuelo ninguno, y sin aliento,
la voz medrosa, pues apenas puede
salir, y en el camino ahogada quede,
me ha dejado un temor
si fiera en condición, en alma humano.
En confusiones tantas,
el alma, ¿qué remedios me apercibe?
Pues cual sirena encantas,
ingrato y desdeñoso, a quien revive
de la muerte en que vive
¿con oír de tu voz el eco solo?
Fálteme amor, no de su luz Apolo,
niégueme Venus bella
el grato oído siempre a mi querella,
firme para mi mal esté mi suerte,
viva muriendo, y fálteme la muerte,
pues me burla un tirano,
si fiera en condición, en alma humano.
No se le niegue al alma
la gloria de querer un dulce ingrato;
llévese, pues, la palma,
de firme siempre sí, de pecho grato.
y tocando arrebato
Procure altiva luego la venganza,
pues que pierde de todo la esperanza;
pero no, que me lleva
el corazón asido, que reprueba,
que es todo el bien de aquesta triste vida,
aunque alentado me dejó corrida
mostrándose tirano
si fiera en condición, en alma humano.
Aunque se venga el cielo
abajo todo, y luego me confunda;
aunque falte en el suelo
la luz del sol, que bella le fecunda;
aunque en él se infunda
todo el poder de Júpiter, y Juno;
y le dé su tridente el gran Neptuno
para de mí escaparse;
y para libre de mi amor hallarse;
le he de seguir con medios tan extraños
que dé fin a mi vida y a sus años,
ya que me fue tirano,
si fiera en condición, en alma humano.
Va para entrarse, y encuentra con Andronio y Pasquín lacayo.
¿Qué prisa señora llevas?
¿qué ha sucedido, qué tienes?
que tan demudada vienes,
son de mis ansias las pruebas
el color! que tú renuevas
con tus preguntas Andronio?
pues son claro testimonio
de la pena he sentido,
que de todo ha perdido.
Aparte.
Esta, ha visto algún demonio,
porque no puede ser menos,
según viene de furiosa,
si allá se dejó la moza
debe sus sentidos llenos
de azabaches, y venenos
porque a mí no se me da,
mas pues que sin marca va
plegue a Baco, que no tenga
gusto, que al justo le venga,
si es justo, no le vendrá.
Esto Andronio me pasó
con aquel mi dulce ingrato,
que tomara de barato
afable verle allí yo,
le desenvuelto notó,
el modo de hablar allí,
cuando a mi amor persuadí
a su ingratitud más fiera,
y me dejó de manera
que mi sentido perdí;
por mi abuelo soberano,
amigo Andronio te juro,
que no vivirá seguro
de mí nunca este tirano,
mi amor le pondrá tan llano,
que después llorando sienta
esta desdicha sangrienta,
o me pagará su vida,
aunque quede corrida.
Aparte.
Su grande furor la alienta
líbreme Dios de mujer
una vez determinada,
porque hasta verse vengada
no para el femíneo ser,
para habella de entender
es fuerza, y es necesario
pedir a algún boticario
un ungüento de juicio,
porque sin este artificio
entiéndala un judiciario.
Tus penas, oh Cinthia hermosa
siento, y más que no las mías
pues entre las tropelías
que pasas, es venturosa
la hora que el alma goza
de la vista del objeto
a quien está tan subjeto
tu albedrío, y tu razón,
con que vive el corazón
por breve espacio quieto,
mas yo triste, si procuro
ver el subjeto que adoro,
para verle al cielo imploro
y ni un día hay seguro;
que si le tengo por guarda,
¡qué más favor, Dios divino!
vamos alma a la pelea
que será contra mí mismo,
venceré, pues llevo a Dios
por guarda de un mancebo, y moza
Vase, y salen Andronio, Cinthia, y Marcia.
Ya que se llega la noche,
y a tender empieza el manto
de tinieblas tristes, lleno,
cubierta de insultos varios,
en este aposento Cinthia,
aguardaremos al mago
que nos ha de hacer dichosos
en aquesta noche a entrambos,
no hay que temer Cinthia mía
que amantes, y enamorados
si se muestran atrevidos,
romperán por mil peñascos,
en esta noche podremos
dar fin a nuestros cuidados,
acometiendo valientes
estos imposibles altos,
¿Permita el amor Andronio,
pues que sin amor amansó
subjetos tan imposibles?
sus imposibles venzamos,
si bien tú, como más fuerte
llegarás con ello al cabo,
o por su gusto, o por fuerza,
o dándole algún desmayo,
mas yo que a pelear voy
con un tigre fiero, y bravo,
¿qué fuerzas podré tener
para por fuerza llevallo?
¡Qué engañada Cinthia vives!
si en Basilisa no hallo
gusto para se rendir?
será muerte, aun pensarlo
a que se rinda por fuerza,
por ser un duro peñasco
su femenil condición,
no hay sino morir amando,
tú sí, que puedes vencer
a tu narciso adorado,
con lágrimas con suspiros,
con desdenes, con halagos,
que una mujer vencer puede
el hombre más fuerte, y bravo,
que es propiedad de mujer
de león, volverle manso.
¿Está mi imposible enemigo
tan resuelto a seguir casto
a nuestra casta Diana?
que no sé si enamorado
procura seguirla en todo
ya por imposible hallo
se rinda nunca a mi gusto?
Puede amor facilitarlo,
Aquí sale al paño Pasquín, y pónese a escuchar.
si me concede ese bien
colgaré en su templo santo
mis lágrimas, y suspiros
y aquestas penas que paso,
Sale.
¡lindas cosas colgará
para qué quiere el vellaco
del amor? ¿las penas tuyas!
ni tus suspiros, y llantos,
dale tu plata acendrada,
el oro puro, acendrado,
blancas perlas como el puño
aljófar, para sus brazos?
ricas telas de Milán,
de Nápoles, los brocados,
de España las galas bellas
¿que sus damas inventaron?
que esto, Amor recibirá,
y no suspiros amargos,
que amor, todo es interés,
lo demás es excusado,-
¡vienes bueno!
al niño amor
con oro Cinthia acallarlo,
que es metal que rinde todo,
y lo allana todo, al cabo,
has hecho lo que mandé,
aquí viene el señor mago
que en su cara quien es dice;
Entra pues:
¡paso hidalgo!
¿entra? por qué ya le esperan
estos dos señores diablos,
el uno es hembra, y no fea,
y el otro como vos, macho,
Sale Clodio mago viejo, con ropa de levantar.
Minerva os guarde señores
que es de la ciencia amparo,
porque sin ella quien hay
que no viva desdichado,
vos Andronio me llamasteis,
ved qué mandáis?
Seáis llegado
Clodio amigo, con salud;
que el remedio está en la mano
con vuestra venida aquí.
ved, ¿a qué soy necesario?
que os acudiré con gusto!
el negocio es bien pensarlo
antes que se dé al efecto,
aquí los tres apartados
trataremos del remedio;
razón es, el consultarlo.
Apártanse los tres.
con mil deseos de verle.
Señora Marcia, me hallo
que le quiero, juro a Venus,
más que a la miel el muchacho;
todo el amor me espeluza
este corazón de macho,
y de no ser que apetece
a la hembra este lacayo,
en cuanto los dos están
con aqueste viejo mago,
nos demos los dos un verde
si es que le sirvo para algo.
El señor Pasquín pensará,
porque estoy aquí despacio
con su merced cara a cara,
que me tiene ya en el lazo;
mal lo piensa, porque soy
tan taimada, que no valgo
para mula de alquiler
un real, ¿qué digo? un cuarto.
Mire, quien me ha de querer
ha de quererme despacio,
ha de rondarme de noche,
y de día, enamorando,
y así, desde el alfiler
me ha de dar, hasta el zapato,
porque a veces con la suela
se mida el rostro vellaco,
y en lo de pedirme celos
ha lo de ver, y callarlo;
si así quiere, Pasquín mío,
llegue, y toque aquesa mano.
En cuanto a rondar de noche
digo, que ronde el diablo,
que tengo de noche miedo
aun a la sombra de un gato;
cuanto a enamorar de día
ya me voy acomodando,
pero sin los alfileres
porque bien vino picado,
algún día el zapatico
le daré, cuando barato
valiere el cuero, que agora,
Marcia mía, vale caro.
En cuanto a pedirle celos
costumbre es, disimularlos,
aunque claramente vea
que bajan de los tejados
las insignias valerosas
del que fue de Europa caco,
que pues los sufren millares
es bien los sufra tu amado;
si así me quieres, fregona,
dame esa aplomada mano.
Digo que quiero, y requiero.
Pues vamos a echar un trago.
Vanse.
Digo, señores, que haré
lo que me pedís, y cuanto
más fuere, en servicio vuestro,
y más, si para más valgo.
Y pues los dos esta noche,
estáis tan determinados
a cumplir vuestros deseos,
vuestro amor, sublime, y alto?
no os turbéis, cuando veáis
los familiares que llamo,
porque a cada uno, el uno
ha de hacer el campo franco,
el ver, sufrir, y callar
os conviene.
Insigne mago,
de Julián al aposento
ir pretendo.
El justo hado
os dé lo que le pedís.
Si mi gloria, y bien alcanzo,
¡todo mi tesoro es poco!
Pues, señores, apartaos.
Aquí se desvíe cada uno por su parte hacia donde estarán los hornos en que han de volar, y el mago haga en el suelo con un bordón unas rayas, y póngase en medio de ellas.
Plutón, soberbio Rey del triste infierno,
donde la muerte para siempre reina,
en cuya hondura, con furor eterno
su poder grande, mil miserias peina:
tu Proserpina, a quien todo el averno
sujeto, te obedece por su reina,
oíd la voz en ese oscuro lago,
del siervo más fiel, de Clodio mago.
Por la Estigia Laguna vos conjuro,
por los tormentos que padecen fieros
en cóncavo fatal, Palacio oscuro
los espíritus, vuestros compañeros:
por ese fuego eterno, que seguro
vive, de consumir los lisonjeros,
por ese cetro que, siempre ostentando
vuestro poder está manifestando,
que a dos familiares más continuos
de ese Palacio, siempre furibundo,
enviéis a mi presencia; sin que Minos
fatal estorbe, su venida al mundo:
sin estruendo vendrán, sin torbellinos
sujetos a mi voz, saber profundo
para que en ellos haga el gusto mío
conforme a mi querer, poder, y brío,
si no, por el Estigio, y negro lago
os juro de meter del Sol los rayos
en ese oscuro reino, y tal estrago
hagan en él, que os den cien mil desmayos:
y allí entonces sabréis quién es el mago
que os conjura, y apercibe a estos ensayos
con esta luz de Apolo, a vuestro reino,
en quien altivo agora furias peino.
Ea, que es tarde pues, oh Reyes tristes?
vengan los dos que pide mi pujanza,
y pues mi voz, y fuerza conocisteis
dad cumplimiento luego a mi esperanza:
si no, os juro a Júpiter que vistes
en guerra alguna vez, puesto en balanza
el reino que heredastes de Saturno,
que me queje de vos a la gran Juno.
Salen dos Demonios.
¿Qué nos quieres cruel, que está temblando
de tus conjuros, el infierno junto!
Lo que pretendo aquí, y lo que os mando
es, que luego al momento, en este punto
este mozo llevéis, que vive amando
adonde sea a Basilisa adjunto
en su mismo aposento, porque quiero
serle en esto un amigo verdadero;
y tú, a la mujer que ves presente
adonde Julián está, le pone!
Si te es otra cosa conveniente
tú, como sabio, a ello nos dispone:
¿Aquesto haréis por mi bien fácilmente?
¿Llégate, mozo, a mí?
¿Mujer te pone
todo el miedo?
¿El amor me favorezca?
Goce, mi bien, amor, y no padezca.
Vuelan todos cuatro, cada dos por su parte.
Vase Clodio, y salen Pasquín y Marcia.
Señor, es tarde, ¡qué es esto!
Marcia, Marcia, ¿tú no viste
que aquí quedaron los tres?
Grande confusión me oprime.
¿Por dónde salir pudieron?
¡Por la puerta es imposible!
Si no es por la ventana,
o la pared desportillen,
¡el mago se los llevó
por los aires!
¿No es posible?
Que había de haber ruido.
Ello es cosa bien fatible.
Ahora bien, querida Marcia,
vamos los dos al jengibre
picante, de nuestro gusto,
¡hasta que la luz repique
los cencerros de sus rayos!
Los diablos te repliquen,
que temo que tú también
te vuelvas luego invisible
y aquí me dejes sola.
Eso no, dulce alfeñique.
Vase, y salen Santa Basilisa, descompuesta, y Andronio tras ella.
No huyas, ingrata mía,
que escaparte es imposible
del que llega a verte sola,
que es mi amor quien te persigue.
No trates, fiero tirano,
no trates de perseguirme,
que antes me daré la muerte
que goces de un pecho firme.
Ya que no quieres por bien,
por fuerza habrá de cumplirse
mi deseo, ¡y tú burlada
quedarás!
¡Es imposible
que alcances lo que pretendes!
Ahora verás el timbre
de tu honor puesto por tierra,
que ya solo rabia me aflige.
Andan asidos.
Jesús mío, socorredme,
porque este villano oprime
mis fuerzas ya.
Basilisa,
¡he de vencerte y rendirte!
Ha de hacerse dentro un grande terremoto con piedras.
El cielo se viene abajo,
la tierra los aires mide,
mi cuerpo tiembla y recela
la muerte que en mí se imprime.
Huir conviene de aquí,
pues temores me persiguen,
que el escapar con la vida
a veces el alma pide.
Vase.
Gracias te doy, Señor mío,
pues me conservaste virgen,
que bien parece obra tuya
el dejarme alegre y libre.
Vase, y sale San Julián, medio desnudo, y Cinthia con él.
¿En este aposento, Cinthia,
entraste? ¿Cómo pudiste?
No eres ángel, mujer sí,
y mujer que incasta vive,
algún demonio te trajo,
¿qué otra cosa no es posible?
¿A dar tan fiera batalla
al que solo en Dios vive?
Sale de aquí, deshonesta,
porque el mirarte me aflige
el alma, que está temblando
deste combate terrible.
Julián del alma mía,
vida, por quien solo vive
la que sola adora en ti
como a objeto más sublime.
No quiero de ti por fuerza
cosa alguna, pues que sigue
la fortuna el dulce intento
de un amor tan justo y firme.
Solo quiero, dulce bien,
que en mí aquesos ojos fijes,
que así mirándome amor
hará que tierno me mires.
Ea, dulce bien del alma,
este amor tierno recibe,
vuelve en ti, querido mío,
¿de blandura el alma viste?
Si el fuego me abrasa, Cinthia,
y en dulzuras tan terribles
el corazón titubea,
el alma siempre está firme.
Antonio, ¿cómo podré
librarme si me persigue
aquesta beldad traidora
que casi, casi me rinde?
Antonio sacerdote de dentro.
¡Con pedir ayuda al cielo!
Esta voz mi intento impide.
¿Qué temor es el que tengo?
¡El corazón se me aflige!
¡Con solo salir de aquí
quedaré de todo libre!
Sí, que el miedo me atormenta
y procura destruirme.
Habrá mil ocasiones
en que pueda a mí rendirle,
que es de carne, es hombre al fin,
y a mi amor podrá rendirse.
Voyme, que temo esta voz
que a mi corazón oprime,
que basta a darme temor
una voz. ¡Caso terrible!
Vase.
Sin vuestra ayuda, Señor,
vencer yo fuera imposible
este enemigo cruel
que da tanto en perseguirme,
mas siempre con tal favor
venceré, seré felice,
pero quien se llega a vos
nunca al demonio le rinde.
Vase.
Jornada 2ª Personas de ella: San Julián, su padre, Santa Basilisa, Antonio sacerdote, Andronio galán, Cinthia dama, Cristo, Pasquín lacayo, Marcia criada.
Sale San Julián y su padre.
¿Tú me respondes así?
¿Tú me pierdes el respeto?
¿Siendo tú solo el objeto
y el espejo en que me vi?
¿Y tú me muestras a mí,
siéndome siempre obediente,
la respuesta inobediente?
¿No admites de un padre viejo
el saludable consejo
que desechas fácilmente?
¿Cómo aquesto puede ser?
Siendo tú, Julián, el hijo
que con dulce regocijo
siempre estuviste en un ser
dependiente del querer
de un padre que te adoro
desde el punto que te dio
al mundo tu santa madre,
siendo consuelo de un padre
que ser padre mereció.
Cristianos somos los dos,
los dos a Cristo adoramos,
y los dos le confesamos
en la Trinidad, un Dios.
Dios pues, con su misma voz
nos pronuncia un mandamiento,
cuyo divinal intento
fue que el hijo honrase en todo
a sus padres de tal modo
con obra, con pensamiento,
y de todo su querer
solo un punto no se aparte,
le obedezca en toda parte
que así se deja entender,
consiste el obedecer
al padre en lo que es tan justo.
De que os caséis es mi gusto,
no os mando no, que os matéis,
y ni que la muerte deis
a nadie, que fuera injusto,
solo en vos mi casa queda,
y la gran nobleza mía,
esta pues es mi porfía
porque sois vos quien la hereda.
Esto ha de ser, porque pueda
tener yo la vejez buena,
y vea mi casa llena
de renuevos de amor,
que ya la muerte y su furor,
a muerte vil me condena.
Huyendo tu reprensión
tan justa como de padre,
he estado, y que me cuadre
es, señor, justa razón,
mas siempre mi corazón
obediente se ha mostrado
a todo lo que ha mandado
tu gusto, padre querido,
Y en haberte obedecido,
he puesto todo cuidado;
no voy contra el mandamiento
de Dios, no, que es santo y justo,
mas voy reparando al susto
que dar suele un casamiento,
que es bueno tu pensamiento
yo lo confieso, señor,
porque de padre el amor
te obliga a que me case,
y en ello se satisface
tu nobleza y tu valor;
pero advierte que soy mozo,
que el cautivarme tan presto
me será largo y molesto,
si triste y feo lo hermoso;
que para ser glorioso
el varón solo ha de estar,
porque aquesto de casar
toda la gloria le empide
que puede tener, pues mide
tanto bien con tal pesar.
¿Esto ha de ser, Julián?
no repliques.
¿Pues que das
en que ha de ser? por demás
es porfiar, pues me dan
obligaciones que están
pendientes de mi obediencia,
a no hacerte resistencia,
y ocasión a que te pida
una merced, que en la vida
otra pediré.
Licencia
te doy, hijo, para que
pidas lo que tú quisieres.
Pídote que no aceleres
el casarme, hasta que dé
cuenta a quien solo por fe
conozco, por solo un Dios,
que me inspire a mí y a vos
lo que en esto hacer debemos,
que bien es que lo tratemos
con tal Dios, señor, los dos.
Yo me alegro y regocijo
con tu santo pensamiento,
bien se muestra ser tu intento
justo, como de tal hijo;
porque el mismo Dios nos dijo:
consultadme en la oración,
el trabajo y la aflición,
que allí consuelo os daré,
vos lo haced, que yo lo haré
dentro de mi corazón,
para lo cual, Julián mío,
siete días os concedo,
con que satisfecho quedo
de haberos visto tan frío.
Sujetar el albedrío
a la razón os conviene;
¡Dios os guarde!
Vase.
Si esto tiene
dificultad, sumo Dios,
¿alumbradme, Señor, vos?
pues de vos todo el bien viene.
Sale Antonio, sacerdote.
¿Julián?
Padre querido.
¿De qué se trata?
En pesares
que se vienen a millares,
es el trato más subido
que he tenido por agora.
Con los trabajos se gana
la gloria más soberana,
que es gozar la suma aurora;
los trabajos que te vienen
agora sombra serán
de aquellos, hijo Julián,
que la gloria te previenen.
Esos para mí son gloria,
que no, Antonio, el casarme,
pues mi padre quiere darme
una esposa transitoria;
aspirando soberano
a casamiento inmortal,
quiere que acepte el mortal
lazo de un bien que es humano.
¿No te asombre el ver que quiere
casarte tu noble padre?
¿Qué bien habrá que me cuadre,
o qué bien habrá que espere
perdiendo la castidad?
¿Si unido vivo con Dios?
Desto, ¿qué os parece a vos?
Como es Dios suma bondad,
¿consultarle es buen camino?
porque el mejor te dará,
pues disponiéndote va
para bien más peregrino.
Recoge, pues, tus sentidos,
y humilla tu corazón
ante Dios en la oración,
y dejarás confundidos
tus temores.
El que sabe
mi aflición, me la remedie.
A Dios pediré que medie
tu pena, pues es tan grave.
Vase.
Sale Cinthia sola.
En soledades mudas,
retrato y confusión del alma mía,
de todo el bien desnudas,
de penas visto siempre mi alegría,
adonde eternamente
la gloria de un amor tendré presente;
que solo soledades
sirven de gloria a un alma entristecida,
si de ella son deidades,
ligan los engaños desta triste vida,
pues vive en esperanza
de un bien que tarde o nunca el bien alcanza.
Aquí suspensa miro
postrado en tierra todo mi deseo,
aquí solo un suspiro
el alma alienta, bien que en desvaneo
el aire le convierte,
con que aumento la vida, huye la muerte.
Dejáronme burlada
las esperanzas de un presente engaño,
el alma lastimada
nunca considero que tanto daño
hacerle pudo triste,
quien de crueldades solo el alma viste.
¡Ay, dulce amor cobarde!
¿agora sientes la ocasión perdida?
Has venido muy tarde,
que es ya tu cobardía conocida,
pues la ocasión dejaste,
es bien que penas fuesen lo que hallaste.
El llanto aquí me sobra,
porque me falta siempre la alegría,
porque nunca se cobra
lo perdido una vez por cobardía,
y así le aumentan penas
glorias palpables de lo dulce ajenas.
¡Ay, ingrato enemigo!
Si casto te contemplo de una parte,
por otra es buen testigo
amor, que casi te venció el arte,
si alguna voz ligera
el arte y el amor aún destruyera.
Mas vivo confiada
que ha de vencer amor, que es siempre augusto,
y aunque fui desdeñada
de un corazón cruel, fuerte y robusto,
todo el tiempo lo cura,
todo lo vence, en fin, vana hermosura.
Sale Marcia, criada.
En este punto se apea
a la puerta, señora, de la quinta,
Andronio, que desea
ganar a Basilisa en presa, y pinta.
Él perderá sin duda,
si con la paciencia no se escuda.
Dile que suba.
Ya llega.
Vase.
Sale Andronio de camino, y Pasquín, lacayo.
Seáis, señor Andronio, bien venido,
el ánimo sosiega
con vuestra vista.
Júpiter subido
os guarde, Cinthia hermosa,
y os haga en los amores venturosa.
Ya para mí las dichas
de la tierra volaron hacia el cielo,
y solo las desdichas
estables se quedaron por consuelo,
que, solo por ser mías,
permanecen en mí noches y días.
Mas, ¿qué venida es esta,
si tanto tiempo habéis de aquí faltado?
Si no os fuere molesta,
¿deseas la razón?
Ausente he estado.
¿Y dónde?
Oye, si quieres.
Di, pues ya que a decirlo te prefieres.
Cuando de aquel aposento
por el aire fui volando,
entre confuso y medroso,
de un familiar llevado,
dije conmigo dentro en casa
de mi imposible adorado;
y en un aposento grande
de su beldad relicario,
donde recostado vi
un ángel, con cuerpo humano,
porque ángel llamarse puede
quien tiene pecho tan casto,
blanco sepulcro de lienzo
es la guarda y el erario
de una alma bella y gentil,
encerrada en cuerpo ingrato,
adonde de varias telas
vi ricas obras colgando,
que al cuarto de su lecho
hacen reflejos sus rayos;
no lejos, deshecho en agua
en que el cuerpo se ha bañado,
bulle el honor de Pancaya
en vaso que le da el Tajo,
sobre un bufete encendida
una vela, que acabando
la vida, nos representa,
que a la muerte todos vamos.
A contemplar su beldad
alegre estuve y pasmado;
porque del decir al ver
hay gran distancia en contarlo.
Sentéme sobre la cama,
tomando su blanca mano,
que al desgaire estaba puesta
sobre el pecho honesto y blanco,
y llevándola a mi boca,
besé cristal helado aquel
que tanto incendió mi pecho,
y siempre vive abrasado,
y tanto siento.
por ver si le derretía
mi fuego, que luego en llanto
se volvió todo al momento
que le estuve contemplando.
Al menearle, despierta,
si bien de su aliento blando
mi boca gozado había
lo que envidia amor tirano,
y como un hombre remiso
sobre su cama sentado,
pasmada, si bien resuelta
se levanta como un rayo,
quiere dar voces, mas yo
no medroso ni turbado,
con razones le aquieté,
efectos de un hombre sabio.
Luego gallarda, la vela
coge el cristal de su mano,
y huye veloz a otra sala,
a quien voy siguiendo el paso,
y viendo su ingratitud,
de todo desesperado,
por fuerza gozar la quise,
mas fue en vano mi trabajo.
En este punto (desdicha
grande fue) que entre los brazos
tuve el sol de Basilisa
mas suspenso, que parado,
hubo tan gran terremoto,
que el cielo se viene abajo,
me parece; ¡o que se hunde
la tierra! Quedéme helado,
de mí se apartó mi sol,
¿quién no se hubiera dejado?
¡Qué más valiera morir
entre tan divinos lazos!
El miedo, y temor de muerte,
confusamente cercaron
el alma, y cuerpo, que fueron
en la ejecución tan tardos.
Salí del rico aposento
solo, y triste; rabiando
por ver la ocasión perdida
que amor, y el arte alcanzaron.
A mi casa me fui luego
Cinthia, tan desesperado,
que sin esperar al alba,
con Pasquín, en un caballo
fuera de todo mi acuerdo
vuelta di a todo el campo,
dando al aire mil suspiros,
envueltos en triste llanto.
El Aurora salió luego,
como quien viene burlando
de un amante tan cobarde,
esparciendo risa al prado.
Volvíme luego al momento,
y una maleta tomando,
a caminar me dispuse
al territorio romano,
adonde me estuve el tiempo
que de tu presencia falto,
por ver si olvidar podía
este mi imposible ingrato.
Pero cuanto más estoy,
más me siento apasionado,
que el que una vez quiso bien
es tomar trabajo en vano.
Di la vuelta a nuestra patria,
adonde llegué, buscando
una fugitiva ingrata;
al amor más firme, y raro,
vine a tan buena ocasión,
que en una litera al campo
salía, con que a las flores
iba mil envidias dando.
Salió de ella, y puso el pie
en el suelo, quedé helado,
porque vi en breves puntos
del sol un átomo claro,
lleguéme, y si atrevido,
dígalo amor, pues temblando
le dije, todo suspenso,
entre confuso, y pasmado:
cual corderillo paciente
la mansedumbre he mostrado,
a las sinrazones tuyas,
que mi amor acrecentaron,
trasquilaronme, el amar
de la lana me privaron,
que en ti son ingratitudes
vellones de lana helados,
y como arrastro los pies,
y varios sujetos altos,
polvo se me pega, y polvo
que a infinitos ha cegado
pero tú, por no cegar,
previenes duro reparo,
que como los ojos cierras
por burlar dulces halagos,
conservas la vista entera,
polvo ninguno te ha entrado,
que no puede entrar el polvo
en ojos, que van cerrados.
Ya, los de todos te llevas,
pechos duros, vuelves blandos;
siendo pues, ablandar hombres
primer sol, que ablanda el barro,
con tu venida gallarda,
se han alegrado los campos,
y del vientre alternativo
hierbas y flores brotaron,
efectos hermosos todos,
que produces, sol preclaro,
que cuando sin sol, las plantas
fertilidad conservaron,
y sin responder palabra,
las esmeraldas del campo
pisó con blancos cristales,
efectos de pecho ingrato.
Yo, viendo tantos desdenes,
de todo desesperado,
procuré saber su vida,
sus salidas, y sus pasos,
y hallé, que tanta modestia,
el mostrar pecho tan casto,
nace de ser Basilisa
hija de padres cristianos.
No faltó luego también,
quien dijese, que de tu amado
que era cristiano, y por eso
tan honesto, humilde y casto,
un regocijo en el alma
me causó, que luego alcanzo
cómo vengarnos los dos
de estos hechiceros magos.
Aquí viene un presidente,
cuyo nombre es Marciano,
a borrar de aqueste imperio
al nombre de un Dios humano
que estos adoran, que es Cristo,
y que fue crucificado
como dicen, por envidia
de todo el pueblo judaico,
con amenazarle en
el bien de tu pecho amado,
yo también a Basilisa
¿qué diremos? ¿son cristianos?
haremos, hagan por fuerza
lo que no hicieron de grado,
y rendidos vendrán luego
cruzados entrambos brazos
a nuestro gusto, si no
por Júpiter soberano,
de no cesar, hasta que
viertan su sangre inhumano,
que ingratitudes merecen
darles fin tan apocado,
pues padecemos nosotros,
padezcan también entrambos,
luego procuré de verte,
dijéronme que en el campo
en tu quinta retirada
estabas; conque a caballo
subí luego, y a darte vengo
razón, Cinthia, de este caso,
para que juntos los dos
el remedio confiramos.
Yo te agradezco, señor,
aqueste discurso largo
que de tus tragedias cuentas,
tus caminos, y tus pasos,
aunque los tuyos han sido
en todo desgraciados,
miedo todo, y confusiones,
o de Júpiter milagros,
en mí, si oírme quisieres
verás sucesos tan raros,
que sientas, que menos son
tus rigurosos trabajos.
Luego a ti, ¿te han sucedido
nuevos prodigios?
Y tantos,
que por eso, en esta quinta
confusa, me he retirado.
Sin duda que aquestos son
grandes y famosos magos?
Oye mis sucesos pues,
Di, señora, extraño caso,
Cuando arrebatada fui,
Andronio, de tu presencia,
me vestí de ánimo fuerte,
sin temor de alguna fuerza,
que mujer determinada
en cualquier hecho que intenta,
procura que venga a colmo,
aunque la vida se pierda,
en una casa me hallé
y en un aposento de ella
que ostentaba colgaduras
de ricas, y pardas telas,
dos bujías en bufetes
vi, que daban su luz bella
al aposento en que estaban,
ostentando su belleza,
retirado en una parte
con las rodillas en tierra,
con los ojos hacia el techo,
con entrambas manos puestas,
vide a Julián orando,
y en llanto, toda resuelta
la capacidad de un hombre
que a mí tanto me atormenta,
y como ruido hice
volvió luego la cabeza,
como rayo se levanta,
y confuso a mí se llega,
de mi venida pregunta,
y él como, con tal tibieza,
que bastaba con su yelo
a helar del sol las guedejas,
persuadile con razones,
y más que amorosas quejas,
que el yelo que el pecho helaba
casi, a que le abrace deja,
si bien, siempre estuvo fuerte
nunca dando de amor muestras,
colores le van, y vienen,
como que llevan ligeras
mensajes al corazón
de algunas dulces centellas
que le arroja tanto fuego
como mi pecho aposenta,
cuando ya me parecía
que de rendirse las muestras
daba el bien de mi querido?
por merecidas finezas,
exclama por un Antonio,
ay de mí, no sé quién sea,
porque se mira rendido
y le abraza mi belleza,
el cual, luego le responde,
desde el centro de la tierra,
con pedir ayuda al cielo
cesará tanta tormenta,
esta voz, sola bastó,
a dar principio a la pena
que me embiste, y que me acaba,
como bien mi cara muestra,
porque fue tan grande el miedo
que en este punto me cerca,
que tuve por gloria mucha
dejarle, y salirme afuera,
como en la calle me vi,
sí con vida, medio muerta,
con el miedo, y confusiones,
luego caí en la cuenta,
de lo mal que hice en salirme,
pues que perdió mi flaqueza
la ocasión que tuve asida,
a tiempo por la melena,
y toda desatentada,
a mí misma, me hago fuerza,
y me obligo a desterrarme,
pues que no supe tenella,
aquí me vine a esta quinta,
por ser propia, y ser hacienda
de mis padres, donde lloro
si tierna, su triste ausencia,
en cuanto a ser el cristiano,
bien lo conocí en las muestras,
mas nunca el amor repara
en lo que tanto condenas,
y no permitan los dioses
que a quien el alma me lleva,
y como cautiva tiene,
que su sangre haga se vierta,
yo le adoro, y quiero verle,
que con eso se contenta,
el alma, que de adorarle
vive solo, en él se alegra,
y si tú, tomas venganza
en tu Basilisa bella,
no será firme tu amor,
mas lujuria te gobierna,
viva Julián, y viva
mi esperanza casi muerta,
que solo procuro yo
que vida muy larga tenga,
que aunque venga el presidente,
y este mundo se revuelva,
solo bastará mi brazo,
a matar al que le ofenda,
por Júpiter soberano,
que nadie me hará que tuerza,
el propósito que tengo,
y la venganza que piensa
el alma tomar de agravios?
o rendida su belleza
ha de venir a mis pies!
eso será, cuando muerta,
porque el valor de un cristiano,
no hay tormentos que le venzan,
si no quiere, a costa alguna?
está de grado, o por fuerza
hará mi gusto, señora?
sale Marcia criada
las mesas están ya puestas,
y la comida se enfría?
esto por agora deja,
porque yo remito al tiempo
el minorarse tus quejas,
que el de tantas confusiones
nos sacará?
aparte
mal lo piensas,
que yo les quitaré la vida,
porque mi venganza ordena
la muerte, con odio altivo,
y al otro vil, por su hacienda,
vanse
entre tantos torbellinos
señora Marcia, ¿se ablanda,
o helóse su condición?
antes me abrasa, que hiela,
venga el pícaro a comer,
porque le tengo la mesa
aderezada.
bien haya
quien mal le quiere con priesa
vanse, sale San Julián solo
Eterna luz del día,
lucero hermoso, y claro,
y celestial amparo
del alma, que se guía
de Norte tan divino
en este fatal, y áspero, camino.
mi entendimiento alumbra,
y tu voluntad muestra
a quien, tu mano diestra
felizmente le encumbra,
puesto do su deseo
eres solo señor? su digno empleo,
la mente bien confusa,
turbado el pensamiento,
vuelto en pena el contento
que el alma no recusa,
si en ti la cruda guerra
que en sí contiene paz, y dulce encierra
mi padre señor manda
que me case por fuerza,
obedecer es fuerza,
que es justa su demanda,
que a vuestro mandamiento
en honrarle obedece mi contento.
he propuesto Dios mío,
llevar toda mi vida,
en castidad unida
el alma a vos, con brío
tal, que viere la muerte
antes que pierda, quien me aumenta en suerte
aquellas afliciones,
me quitan el sentido,
el verme compelido,
me quitan los blasones
que en vos tener pudiera,
si me vence mi padre en la carrera.
mirad mi Dios que es justo
me deis algún consuelo,
y pues veis que este celo
de mi padre es injusto,
hacedme manifiesto
vuestro gusto señor divino en esto.
aparece le Cristo en lo alto
Julián
querido mío!
obedece a tu padre, que yo lo quiero,
entrega el albedrío,
a mi querer eterno, porque espero
coronarte de flores
que lo merecen castos tus primores.
no perderás cazando
aquesa joya tú que tanto estimas,
mas antes levantando
el virginal pendón, que en mí sublimas,
esposa pienso darte
que siendo virgen pueda acompañarte.
amantes no vencidos
de la carne, del mundo, y del Demonio,
os llamarán subidos,
como de ello daréis el testimonio,
pues como dos estrellas
a muchos serviréis de luces bellas.
virgen será contigo
la mujer que te tengo señalada,
le servirás de abrigo,
sí, corto tiempo, a Basilisa amada,
porque es mía su suerte,
y la tuya, será por mí la muerte.
llevarla presto pienso
al coro virginal, porque le espera,
y a ti trabajo inmenso
te aguarda Julián en la carrera,
de que saldrás (querido)
amante vencedor, nunca vencido.
vase
el que os ama, dichoso
señor, puede llamarse,
si llega a titularse,
en vos halla reposo,
en todo tan cumplido.
que me llamáis amante no vencido,
Esta es la Basilisa
un Ángel en belleza,
pues su gentileza
mi amor se le eterniza,
llegue pues, porque unidos
nos llamen los amantes no vencidos.
Sale su padre solo
los días han ya pasado,
que aquí Julián te di,
resuélvete, y dame el sí,
hoy de mí tan deseado,
porque al padre obedeciendo
a Dios, obedeces hijo!
dame aqueste regocijo
pues ves que me voy muriendo
porque antes de mi muerte
deje en mi casa heredero,
el sí de tu boca espero,
con que aumentarás mi suerte.
ya que mi padre mío
me puedes buscar esposa,
que en ello el alma se goza,
y alienta con nuevo brío,
que obedeceros es justo,
pues Dios me lo manda, padre,
haced lo que más os cuadre,
que daros quiero ese gusto.
dame los brazos; el alma
en ellos, se regocija,
ya no temo que me aflija
pues la pongo en dulce calma;
y este bien adivinando
traté de buscarte esposa,
halléla, rica, y hermosa,
noble como tú, que amando
acierto, vive también
y es Basilisa su nombre?
aparte
que este nombre, no me asombre?
es cierto que me está bien,
vamos hijo a disponer
el tratado casamiento.
nombre que me da contento
y a gusto debe de ser.
vanse, y sale Cinthia sola
Martirio largo, asomos de la muerte,
carcoma del vivir, tormenta altiva,
donde todo el placer, penas cultiva,
trocando dichas, por pesada suerte,
Mal sin medida, riguroso, y fuerte,
trabuco descompuesto, que derriba
con ecos breves, la esperanza viva
que glorias de un bien dulce me previerte,
a cuantos males paga el alma censo,
pues nunca merecí verme en el limbo,
donde ni penas hay, ni gloria reina:
si a tanta sin razón remedio pienso,
miro rendir la flor como el corimbo
a manos del rigor que el tiempo peina.
sale santa Basilisa vestida humildemente, sola, y con manto
si hay señora en vos bondad,
socorred una doncella,
a quien el mundo atropella
por guardar virginidad,
mi llanto os mueva a piedad,
si no os moverá mi celo.
qué ha sido tu desconsuelo?
que me case, y darme esposo
quieren mis padres forzoso,
lo que no permita el cielo,
pues le tengo prometido
servirle siempre constante
solo admito por amante
aun sin igual, preferido,
al hombre más presumido
más rico, bello, y galán,
como dicen que me dan,
pero al fin él es mortal,
quiero un amante inmortal,
que en mis deseos van,
aparte
qué mundo es este que veo
tan trocado a nuevo ser?
cómo se puede entender
castidad, hasta en deseo!
si el casamiento es arreo
que una mujer tanto precia,
cómo, o por qué, le desprecia?
la castidad se introduce!
no es malo, pero se use
es de gente torpe y necia.
¿Eres cristiana, señora?
porque solo en los cristianos
hay dones tan soberanos.
Aparte.
¿Si diré quién me enamora?
mi remedio se empeora
si aquí le digo que sí.
Doncella, ¡no temas!, di,
porque segura estarás.
Si tu seguro me das,
te diré lo que hay en mí.
Di, que muy seguramente
hablar puedes.
Soy cristiana,
y a la Deidad soberana
de mi Dios tengo presente
en el alma.
¿Grandemente
queréis al Dios que adoráis?
Dios quiere él, como le amáis,
bien merece le adoréis,
y sus actos veneréis
así como le estimáis.
De aqueste tu Dios deseo
saber quién es, o quién fue,
porque guardarle tal fe,
si no es tal, es devaneo.
Es del alma dulce arreo,
y aunque son personas tres,
una sola Deidad es,
que el mundo crio de nuevo,
y los dioses que repruebo
son el solio de sus pies.
Porque son planetas bellos
que crio por bien del hombre,
y a todos les dio su nombre
y los efectos que en ellos
admiráis; pero en aquellos
que al mundo fueron famosos
por sus vicios, ¿qué gloriosos
nombres les dais, o por qué?
Pues claramente se ve
que han sido todos viciosos.
Al hombre, que fue primero
en gracia, Dios le crio,
y como aqueste pecó,
el pecado entró ligero
en todo el humano apero,
con que la gloria se cierra;
por dar paz a tanta guerra,
a redimir baja el mundo
del dulce seno el segundo,
gloria del cielo y la tierra;
tomó nuestra carne humana
en el vientre de María,
nació, dando luz al día,
y predica a gente vana
la penitencia, que allana
del alto cielo el camino,
y así, como a buscar vino
solamente pecadores,
los hombres como traidores,
viendo el traje peregrino,
con odio, con ambición,
le dieron muerte afrentosa,
y al tercero día goza
el mundo su resurrección,
luego su predicación,
sus discípulos, notoria
hacen su fe con gran gloria
al mundo, que predicaron,
y con milagros mostraron
de Cristo la gran victoria.
¡Con gran razón le adoráis,
ya le adoro yo también,
con que se olvida un desdén
pues tan lindo Dios amáis!
Gracias a Dios, pues me dais
gran señor tal compañera,
¡quien al grande Antonio viera
porque el bautismo le diese!
Sale Antonio, sacerdote.
Yo soy, Basilisa, ese
que aguardó esta ocasión fuera.
¿Tú eres Antonio?
Cinthia, sí,
porque Cristo te guardó
para este tiempo, en que yo
te diese el bautismo aquí.
Pecadora fuiste allí,
hoy, Cinthia, santa serás;
tú, Basilisa, darás
la mano al que por esposo
Dios te señala glorioso,
que tiernamente amarás;
¡esto es voluntad de Dios!
Cúmplase su voluntad.
El bautismo, Padre, dad
a una pecadora atroz.
Idos, Basilisa, vos,
a vuestra casa al momento.
¡A Dios, padre!
Gran contento
llevo, señora, en llevaros
en agua santa a bañaros.
He cobrado nuevo aliento.
Vanse.
Vanse y salen Andronio y Pasquín.
¿A Marcia darás recado?
En la ventana la vi,
y abaja ya viene aquí.
Sale Marcia, criada.
Seas, señor, bien llegado.
¿Dónde, Marcia, Cinthia está?
Agora de aquí salió.
¿Sabes dónde?
¿Qué sé yo?
Pero el corazón me da
que aprende a ser hechicera,
mágica, encantadora.
¿Cómo así?
De aquí fue agora,
más que una cebra ligera,
con un viejo venerable,
a mi parecer, gran mago,
y allí enfrente, en ese lago,
mostrándole el rostro afable,
sacando un vaso del agua,
se lo echó luego, al momento,
sobre la cabeza.
El cuento
lindamente Marcia fragua.
Yo, que estaba en la ventana
mirando aquesto, volví
los ojos al cielo, y vi
que una nube soberana
bajaba sobre los dos
y daba de sí mil rayos.
¿No te causó mil desmayos?
Sábelo Marte, mi Dios.
¡Caso extraño, por mi vida!
La mentira es bien compuesta,
si es verdad, ella es de fiesta
con los demonios.
Corrida
estoy, señor, pues no crees
lo que aquí te digo. En fin,
¿que burlas también, Pasquín?
Pues te lo verás después,
que el tiempo todo descubre.
¡Yo te creo, Marcia mía!
mas en mí la fantasía
toda de un sudor me cubre,
porque no sé qué adivino
del agua, de nube, y viejo.
A mí me quita el pellejo,
si vuela en un golondrino,
¿no fue en busca de un amante?
Aparte.
Vase.
Cristiana esta se volvió,
que por eso reprobó
con un ánimo constante
mi intención el otro día,
cuando hablé del presidente,
contra la cristiana gente
que de Roma aquí venía.
Si es así, ella vendrá
tan otra de lo que fue,
que luego en ella se ve.
Si es ficción, ¿esto qué da
Cinthia a entender? Yo me voy
flores coger al jardín;
viniendo, dile, Pasquín,
a Cinthia, cómo aquí estoy.
Si es hechicera tu ama,
también, Marcia, lo serás,
porque sin duda me das
un hechizo que me inflama.
Cuando estoy de ti ausente,
y en tu presencia, a dos tragos
de tan gustosos estragos,
no te quisiera presente,
sino verme donde viera
de un aloque dos azumbres,
que me hiciera ver más lumbres
que hay en la celeste esfera.
Llora.
Todo, Pasquín, lo merezco,
porque en persona tan vil
puse mi amor más gentil;
yo lo quise y lo padezco.
No más, fregona querida,
no haya más, que eres mi alma,
por quien ella se desalma,
y no se quita la vida.
¿Eres mío?
Seré tuyo.
¿No lo has sido?
¿Tanto, cuánto?
Pues yo me vuelvo a mi llanto.
¡No vuelvas!, que de esto arguyo
que sois mujeres diablos,
pues hacéis de un triste hombre,
que se borre, y quite el nombre,
y se quede en los establos.
Sale Cinthia, sola.
¿Quién está aquí?
Pasquín,
que ha venido con Andronio.
Aparte.
Cara trae de un demonio,
siendo toda un serafín.
¿Y tu amo?
Vanse.
Cogiendo flores
en ese jardín está,
vamos a llamarle.
Ya
sois, Jesús, vos mis amores.
Dichosa el alma, que en vos
pone toda su esperanza,
pero qué bienes no alcanza
quien goza de tan buen Dios?
dichoso el día en que vi
el ángel de Basilisa,
pues de un Dios de amor me avisa
que dio la vida por mí;
bien dichosa fue mi suerte
pues me guardó para esposa
mi Jesús! qué venturosa!
pues de otro amor me divierte;
Sale Andronio solo.
Cinthia mía?
Antes, Andronio,
que vayas más adelante,
pues no pienso verte más
en esta, ni en otra parte,
sabrás, pues, que Basilisa
llegó aquí, por ocultarse
de sus padres, que querían
obligarla a que se case;
claramente supe que era
este soberano ángel
cristiana, en alma y cuerpo,
y Cristo, su dulce amante;
curiosa saber quise
de su fe, fue su lenguaje
tan penetrante, que luego
me venció, paso adelante,
propuse tomar su fe,
con ánimo tan constante,
que si me dieran la muerte,
me fuera aquí deleitable;
y pidiéndole el bautismo
vino aquí en pobre traje,
un Antonio sacerdote,
santo, viejo, venerable;
Dios le trajo, es infalible!
porque quiere que se salven
pecadoras como yo,
llenas de infinitos males;
tú sabes cuántos insultos
he cometido, tú sabes
cómo he estado tan perdida
por Julián? paso adelante,
antes que tratase Antonio
del bautismo santo darme,
a Basilisa le dijo
que se volviese a sus padres,
y aceptase el casamiento,
porque esposo virgen darle
quería el eterno Dios,
en todo inescrutable,
que este Julián sería,
y segura desposarse
podría, porque los dos
vivirían sin tocarse;
fuese Basilisa en fin,
yo salí con él al valle,
adonde, medio el bautismo
sagrado, paso adelante,
ya cristiana, Andronio, soy,
ya Cristo es mi dulce amante,
que este solo es verdadero
es siempre firme, es amable;
ya Julián no es querido,
en cuanto a lo deleitable,
en cuanto a cristiano sí,
por ser santo es bien amarle;
los amores se acabaron,
ya no me da que se case,
porque en mí tanto lo vive
un Dios, que es tan fino amante;
luego a la ciudad te vuelve,
no me veas, ni me hables
jamás, Andronio, en tu vida,
quédate adiós, esto baste;
Vase.
Cielos, qué es esto que oigo,
que Basilisa se case
con Julián? Caso afrentoso
y digno, de eterno ultraje!
por Apolo soberano,
por Juno, Venus, y Marte,
que he de hacer tan gran venganza
en estos viles, que baste
a recompensar el daño
que en mi corazón renace,
con los celos que estos dos
casándose, quieren darme,
venga el presidente, venga,
que no ha de quedar linaje
de cristianos; que no muera?
y de Cinthia he de vengarme
pues que se ha vuelto cristiana,
dejando que le engañasen
aquel viejo sacerdote,
y aquel fugitivo ángel;
Vase.
Jornada 3a Personas de ella San Julián, su padre, Cristo, tres ancianos, el presidente, Celio su hijo, Santa Basilisa, Cinthia Dama, Nuestra Señora (no habla), dos vírgenes que cantan, Marcianilla su mujer, Marcia criada de Cinthia, Andronio galán, Pasquín lacayo, dos ángeles que cantan, un soldado, un atambor, Antonio sacerdote.
Salen los músicos cantando lo que quisieren, dos galanes, y dos damas de acompañamiento, y San Julián, su padre, y Santa Basilisa vestida ricamente, y se sentarán en sillas, y las damas en almohadas.
Ya con la gloria de veros
entre lazos de Himeneo,
cesó todo mi deseo,
agora solo en quereros,
como a hijos verdaderos
lo que de vida me queda,
me emplearé; para que pueda
esperar de junta tal,
sucesión tan sin igual
que a todos siglos exceda;
vos Basilisa querida,
como tan prudente, y bella,
en quien Dios esmalta, y sella
su virtud rara, y subida,
la lámpara que encendida
lleváis cual virgen prudente,
no falta con lo presente,
y matrimonio dichoso,
seguís siempre a vuestro esposo,
seguidlo, con casta mente,
la castidad conyugal,
es a Dios acepta tanto,
que honró las bodas en cuanto
estuvo en vida mortal;
él nos dio ejemplo tal,
en Caná de Galilea,
cuando su madre desea
ver el agua vuelta en vino,
milagro, que allí convino
porque todo el mundo vea
que las bodas, él las hizo,
cuando al hombre y la mujer,
juntó su divino ser,
en el terrenal paraíso,
con esta junta, eternizo
mi sangre ilustre, a quien da
valor esta boda ya,
pues aguardo los renuevos
de bellos pimpollos nuevos
que presto amor me dará;
Padre, y señor, con la gloria
de este bien, que gozo, y veo,
se aumenta todo el deseo
de otra nueva ejecutoria;
mi voluntad es notoria
al que entiende el pensamiento
más oculto; un dulce aliento
de continuo vive en mí,
y así me promete aquí
felicidad, y contento;
Cómo, Julián querido,
no habláis vos? por qué estáis triste?
El alma temor se viste
y suspende mi sentido
estoy, señor, suspendido
en aqueste siempre gozo,
hízome Dios tan dichoso
con la esposa que me da!
que elevada el alma está
en su ser maravilloso;
y vos, esposa querida,
como sois divina humana,
vuestra beldad soberana
tiene toda suspendida
el alma; que es compelida
a quereros de tal suerte!
que sola podrá la muerte
dividirme a mí de vos,
porque nos hizo a los dos
uno, en la vida mi suerte,
A vos, dulce esposo amado,
el conyugal Himeneo
Me dio, por mi rico empleo,
y me quitó de un cuidado;
vive en vos bien empleado
ya, mi alegre corazón,
pues me dicta la razón
que no llego a merecer
un bien tal, que llegó a ser,
por gloria de mi blasón.
Al daros principio den
estos galanes y damas,
porque del amor las llamas
más encendidas estén.
¿Y vos, Julián, también
danzaréis con vuestra esposa?
¿Queréis, Basilisa hermosa,
ser en todo la primera?
En serviros se aligera
mi voluntad amorosa.
Danzan los desposados, y luego las damas y galanes, conforme a la disposición del tiempo y voluntad del autor, y después traerán danzando a los desposados. Saldrá Andronio, embozado, y Pasquín, y se pondrán aparte.
Aparte.
Dejadme ver embozado
al dueño de mi albedrío.
¿Con qué gala y con qué brío
habla con el desposado?
¿Es este un nuevo cuidado
que te dio Cupido, Amor?
Su gloria virá en dolor
si vivo yo, convertida.
Los dos gozarán la vida,
gustosa y dulce al sabor,
mientras que llega la pena
que su ingratitud merece.
¡Oh, Pasquín, si así lo viese,
mi ventura fuera buena!
¿Si tu beldad me enajena,
tu gracia me eleva más?
¿Si tanto favor me das
que me corra será fuerza?
Aparte.
¡Que padezca amor tal fuerza!
Sale Julián, y danzarán; danzan una dama y un galán.
Levántanse.
Esto basta por agora,
porque apriesa con su coche
camina la negra noche
huyendo a la blanca aurora.
¿Esta música canora
para el día será buena?
Vase embozado.
Vamos, que mi grande pena
me hace reventar aquí.
Vase.
¿Qué mensaje me da a mí,
que reviente, o no, de pena?
Vanse todos, quedan Julián, su padre y Santa Basilisa.
Aparte.
Vase.
Al tálamo conyugal
os doy por habitación;
con medida y con razón
sea el trato, y no brutal.
¡Dios inmenso e inmortal
os dé su bendición plena!
¡Cama, que es de amor llena,
os alcance, hijos amados!
Ya voy fuera de cuidados.
¿Su contento me enajena?
Estoy bien maravillada,
dulcísimo esposo mío,
de lo que siento, y deseo
que me digas, si prolijo
no te fuere, si lo sientes.
¿Qué es, dueño de mi albedrío?
¿Qué sientes, que tanto muestras
maravillarte?
He sentido
que siendo tiempo de invierno
y que al campo agosta el frío,
que nos dé flores la tierra
tan suaves, que el sentido
penetren con el olor
que de ellas aquí recibo,
que me agradan de tal suerte,
y me dan un nuevo brío
de guardar la virginidad,
que es deseo que he tenido
toda mi vida; y forzada
de mis padres he venido
en aqueste desposorio
por darles gusto, que el mío
fue ser virgen, con que en mí
fue el tálamo aborrecido.
El suave olor que sientes,
querida esposa y bien mío,
el tiempo no le ocasiona,
que solo nace de Cristo,
amante firme de castos,
el cual como buen amigo,
por su castidad les da
todos los premios subidos
que tiene en su trono etéreo,
para todos sus queridos,
los cuales yo te prometo
si consintieres conmigo
en que amándole los dos
vivamos castos y limpios,
y seremos de su gloria
los vasos más escogidos.
Amado esposo del alma,
yo tengo bien entendido
ser así lo que tú dices,
por lo cual, mi dulce amigo,
no hay cosa más agradable
al alma, te certifico,
que el guardar castidad siempre,
con ánimo casto y limpio;
y así, señor, si tú quieres
pierda la carne sus bríos,
y en oración ocupados,
demos loores divinos
al que a nosotros informa
de pensamientos tan limpios,
de siempre castos deseos
en nosotros peregrinos.
Siempre entendí, Basilisa,
de tu gallardo y divino
entendimiento, darías
gusto al alma y al sentido,
al cielo nuevos cuidados
con dos gratos regocijos,
pues los hacen cuando miran
que apacientan castos lirios
dos amantes que se quieren,
con amor tan firme y fijo,
que aborrecen lo que es carne,
y solos viven en Cristo.
Démosle gracias, esposa,
por tanto bien como miro
dentro en tu pecho, que es solo,
después de Dios, solo mío.
Es justo que se las demos,
esposo dulce y querido,
porque a entrambos nos confirme
el celo de que me visto.
Pónense de rodillas San Julián a la mano derecha y Santa Basilisa a la mano izquierda.
Inmenso Dios del alma,
dulce amante,
gracias, Señor, os doy,
con llano pecho,
por este bien que miro
en lazo estrecho,
unido amor,
nunca inconstante.
En castos lirios bien
seré triunfante,
los dos apacentando
en casto lecho,
mil gracias os daremos,
que es derecho,
como a tan dulce amado,
el ser constante.
A vos la gloria os doy,
por bien tan alto,
os rindo gracias,
gracias ostentando,
por el bien que me dais,
os rindo gloria.
Confirmad tanto bien,
me halle falto.
¡Oh, buen Jesús!, haced que siempre amando
alcancemos los dos casta victoria.
Córrese una cortina y aparecen un trono de muy grande majestad, todo sembrado de flores, y en dos sillas estarán Cristo y Nuestra Señora. Al lado de Cristo estarán dos ángeles, que cantarán lo que abajo se dirá, a que responderán dos vírgenes, que estarán al lado de Nuestra Señora. Estarán, más, dos varones ancianos, uno de un lado y otro de otro, con dos guirnaldas de flores en las manos, y estará otro varón anciano, vestido de blanco, y tendrá en la mano un libro grande, abierto, y si quisieren más ostentación de ángeles y vírgenes, pueden hacerlo.
cantan los dos primeros, y responden los segundos
Venciste, Julián divino,
venciste, vencido has,
que es gloria del vencedor
en la guerra ostentar paz.
Venciste, eres Basilisa,
pues creíste al que te da
los consejos más divinos,
que el cielo te pudo dar.
Los amantes no vencidos
todo el mundo os llamará,
porque los castos deseos
derechos a Cristo van.
Ufana, menospreciaste
deleites que al alma dan
para siempre triste infierno,
de Dios ausente, que es más.
Venciste, Julián divino,
venciste, vencido has,
que es gloria del vencedor
en la guerra ostentar paz.
Notificad mi sentencia,
y decreto inescrutable
a los dos, pues tan amable
me es en todo su presencia.
salen los dos ancianos, y se juntan al otro que tiene el libro en la mano, y les coronan con las guirnaldas.
Levantaos, vencedores,
pues que sois de Dios benditos,
y en nuestro número escritos
seréis los dos.
Estas flores,
y guirnaldas olorosas,
serán los premios subidos
de amantes nunca vencidos,
en batallas amorosas.
levántanse, ya laureados, y pónense de rodillas delante del tercero anciano, que tiene el libro.
Dichosos vosotros dos,
pues que tanto merecéis,
que con nosotros seréis
participantes de Dios.
Este libro toma, y lee
el inefable decreto
del que es en todo perfecto,
y a quien seguiste en tu fe.
lee San Julián, en el libro esta sentencia
Cualquiera que, deseando servirme, menospreciare los deleites vanos del mundo,
como tú, Julián, has hecho, será escrito en el número de aquellos que no fueron
coinquinados con mujeres; y Basilisa, por el ánimo que tiene de permanecer
virgen, será puesta en el coro de las vírgenes, cuyo primer lugar tiene María mi madre.
y encerrando el libro, dirá toda la música, con sus instrumentos, Amén.
En este libro que veis,
están los varones castos
escritos, que fueron siempre
verdaderos y templados,
los humildes, mansuetos,
los clementes sublimados,
y aquellos que no tuvieron
caridad fingida, y trato,
los que sufrieron pacientes
muchos, e inmensos trabajos,
que en estos, siempre está Dios,
dándoles favores altos,
los que dejaron por Cristo
a sus padres más amados,
la mujer, hijos, y hacienda,
del alma cierto embarazo,
y los que por Dios sus vidas
contentos, con amor grato
dieron, venciendo en certamen
la crueldad de los tiranos,
como tú, casto Julián,
harás con pecho gallardo,
a quien ya contento el cielo
vencedor te aclama raro.
en acabando el anciano de hablar, vuelven los ángeles, y vírgenes a cantar el cuarteto de arriba, que dice venciste Julián divino, y luego se cubre la apariencia.
Venturosa mil veces,
oh mi Julián amado,
pues que tomé los consejos
que tu pecho soberano
me dictó, pues los misterios
que mis ojos vieron, altos,
me dicen quién eres tú,
y quién tu pecho más casto.
Dichoso yo, Basilisa,
pues merezco que el estado
que aborrecí tantas veces
por agradar al muy alto,
me sirva hoy de gusto, y gloria;
pues me hubiera ya pesado
por el contento que gozo
no admitir el ser casado
y más con esposa tal.
Este matrimonio santo
a los dos, nos servirá
de estar juntos como hermanos.
Vamos, y callar un bien
los misterios soberanos
nos conviene.
Dulce esposo,
quién dirá bienes tan altos.
vanse, y sale el Presidente Marciano, su mujer Marcia arriba, Celio, su hijo muchacho, y soldados
Y ya que habitamos la ciudad famosa,
y la mejor de todo aqueste imperio,
por quien Roma es señora venturosa
del Asia; y lo será del hemisferio:
es justo, pues se mira tan gloriosa
Antioquía, que lleve algún cauterio
en tanta enfermedad, y mal cristiano,
como ha venido, en pueblo tan romano.
Publicaréis un bando temeroso
pena de muerte, a aquel que no dijere
de cualquiera cristiano, que glorioso
culto a los Dioses, por amor no diere:
sea plebeyo, noble, o poderoso,
si escapar de infame muerte quiere,
sacrifique a los Dioses, a quien veo
rendida Roma, y su mayor trofeo.
Lo que mandas, oh claro presidente,
pondré sin dilación por obra luego.
vanse los soldados
Andad, que es bien que muera esta simiente
pues quitan al imperio su sosiego.
Es justo, Marciano, que inclemente
y severo te muestres, que en el fuego
nos dirán estos magos hechiceros
si son los Dioses sacros verdaderos.
Confunde, padre, gente que les niega
a nuestros Dioses, culto soberano,
sus cuellos corta, y a darle gloria llega
con derramar su sangre, a Roma, ufano.
Eres mi hijo al fin, mi sangre riega
tus venas, que eres noble, eres romano,
pues que me mueves con razones vivas
a obras, si preclaras, más altivas.
A Cristo mostraré que reina solo
Júpiter santo, que nos es propicio,
que son Dioses Mercurio, Marte, Apolo,
que ellos solos merecen sacrificio,
quien del Tíber dorado al gran Pactolo,
el incienso no ofrece en su servicio.
Andad, porque os prometo que en mí reina
tan solo la crueldad, que furias peina.
vanse
Los Amantes no vencidos
Salen Andronio y Pasquín lacayo.
¿Qué ha gozado a Basilisa
un hombre vil, que por casto
fue tenido? Es imposible.
Ya de ella estaba enfadado.
No puede ser que se enfade
en ver un ángel humano
junto a sí.
¡Ello es sin duda
que a dos días de cazado
se aborrece el pan de caza!
No digas tal, porque al paso
que te mira, más se quiere
un objeto soberano.
Ellos del coche se apean,
y querrán dar vuelta al campo.
¿Quién duda que aquí las flores
se le humillen, por milagro
de sola naturaleza,
y por ser bello retrato
de la hermosa, y blanca Venus?
Si es cristiana, es del Diablo.
Salen Julián, y Basilisa con manto.
El Presidente ha venido,
cuyo nombre es Marciano,
tan cruel, como gentil,
tan gentil, como hombre bajo,
es infalible mi bien
que la acción que agora aguardo
ha de ser, (dichoso yo)
dar muerte al pueblo cristiano.
Gran valor ha menester
que anime mi pecho casto,
en este combate fiero
para vencer un tirano;
tú libre estarás mi bien
de tan cruel embarazo,
porque Dios, de aquesta muerte
te ha, señora, reservado;
yo fío en su ser divino
que me tendrá de su mano,
dándome victoria tal
que deje el mundo asombrado.
¿Quién podrá, querido esposo,
verte preso, y aprisionado,
como si fueras ladrón,
solo porque eres cristiano?
¿No permita Dios eterno
que tal vea, esposo charo,
y antes que sea, me lleve
a un cielo sacro santo?
¿Viste en el verde corumbo,
que de espinas rodeado,
encubre la blanca rosa,
que abrir quiere el sol preclaro,
y al salir la roja Aurora,
mándale penetre un rayo
porque su color fragante
ostente bizarra al campo?
Así mi bien fugitivo
cual rosa, le encubre el manto,
y los rayos de mi amor
le penetran, con cuidado,
para que salga, y dé muestras
de su beldad, en el prado,
adonde la negra noche
hace honra al rostro casto.
¡Bueno estás por vida mía!
Y perdona si te enfado,
si no sacas de aquí cosa,
¿por qué das en porfiado
y a querer un imposible?
Porque quiero, adoro, y amo,
y querré, mientras que viva.
¡Cajas oigo, que han tocado!
Tocan.
¿Como el Presidente vino
echar mandará algún bando?
Mas si fuera el bando agora
contra todos los cristianos.
Sale Cinthia, con manto.
Aquestas cajas me dicen
que es bando de Marciano;
quiero oír lo que contiene,
hacia aquí, cubierta al manto.
Tocan.
Querida esposa del alma,
caja es esta, y será bando,
aguardemos para oírle.
Sea así, Julián amado.
Sale un atambor, y el soldado, y después de haber tocado, le echará el bando siguiente.
Bando.
Marciano, Presidente de Antioquía por los padres conscriptos, y senado del pueblo Romano, etc. A todos los moradores de esta dicha ciudad dice, que él ha sabido que hay en ella muchos hombres, y mujeres que sin temor de los soberanos Dioses, dan nuevo culto a un hombre crucificado, y le adoran por Dios, en desprecio del Imperio Romano, y sus Emperadores, por lo cual, y por evitar las magias, y hechicerías a que estos son dados con
De Don Rodrigo Pacheco. 17
nombre de cristianos manda, so pena de muerte, y perdimiento de bienes, que el que conociere, o supiere algunos destos, o supiere las partes, casas, o conventículos donde se juntan a sus supersticiones, le den luego aviso, para que sean castigados conforme a las leyes del Imperio Romano; mándase publicar, porque venga a noticia de todos =
Este bando le ha de traer escrito el soldado y lo ha de ir relatando a atambor, y vanse.
Ya la venganza, señor,
destos dos está en tu mano.
¿Quién ha de ir contra una Diosa
de aspecto bello, y gallardo?
¿Estas eran las fanfarrias?
Si fueras tú castellano
¡no me espantara! pues es
¡solo palabras, y lazos!
¿Pues agora qué has de hacer
por no caer en el bando?
De Julián daré noticia,
y muera infame, afrentado;
De Cinthia la daré yo
porque a Marcia le ha quitado
la afición que a mí me daba;
¡mueran los perros cristianos!
Vanse.
Ello es hecho, dulce esposa,
hecho mi ventura el fallo,
dichoso yo, pues espero
dar al mundo un mal bocado.
¿No te puedes escapar
de tan inmenso trabajo,
con hacer alguna ausencia?
No, mi bien, que soy cristiano,
y he de morir por la fe
de un solo Dios soberano.
En casa, esposo, veremos
lo convenible.
Pues vamos.
Vanse.
Escapar no podré yo
de tan temerario bando
pues Cinthia, morir por Cristo
es forzoso, y necesario;
venderé toda mi hacienda
y en pobres haré el erario
rico, para que en el cielo,
goce a Dios, mi esposo charo;
vos, Señor, que conocéis
un corazón humillado,
aceptad el sacrificio
que aquí de mi vida os hago.
Vase.
Salen Pasquín, y Marcia.
Ya que tan dichoso fui
mi querida y bella Marcia,
que encontrase con tu gracia,
en aquesta calle aquí,
es necesario, y forzoso
que demos la traza agora
de vengarnos: tu señora
¿es cristiana? Y glorioso
nombre, aquí se nos previene,
si al Presidente damos
el aviso, y nos hallamos
con la hacienda que ella tiene,
porque es nuestra por derecho
la mitad.
¡Ya no hay de qué!
¿Cómo no?
Porque ella fue
a venderla.
¡Mal provecho
te haga, fregona, amén,
esa nueva que me das!
Si tan enojado estás
yo lo estoy, Pasquín, también;
prevengamos la venganza
de aquesta vil hechicera.
Harto mejor manera fuera
que entraran más en la danza.
¡Julián, y Basilisa
en esta danza entrarán!
En cárcel oscura están
porque el odio al amor pisa.
¿Y cuándo aviso daremos
al Presidente, Pasquín?
Mañana se dará fin
a la tela que tejemos,
vamos agora a buscar
otros testigos también.
Eso, no faltará quien
vaya, Pasquín, a jurar,
¡sea verdad o mentira!
También tú murmuras, Marcia.
Esta es, Pasquín, una gracia
a que todo el mundo aspira.
Vanse, y sale Santa Basilisa sola.
Señor, ¡en tanta opresión
está vuestra cristiandad,
que temo, que la verdad
ande puesta en opinión!
¡Un hijo de perdición
con los tormentos que inventa,
vuestros justos atormenta!
Y alguno bien podrá ser
que le falte fuerza, y ser,
y ponga la fe en afrenta;
ayer mis padres murieron,
¡y esta noche a Julián!
Muere su padre Barlan,
qué dichoso fin tuvieron,
pues tantos males no vieron
como se aparejan, miro,
en quien solo me remiro,
y a quien tengo por esposo,
cuyo amor más glorioso
y sus virtudes admiro,
no vea yo gran Señor,
su muerte, no, que es mi vida,
que es cierto será homicida
de mi propia, el vil temor,
hoy me siento con valor
mi Jesús, para morir,
porque no podré sufrir
ver dar muerte a mi Julián.
Y que a mí no me la dan,
siendo uno solo el vivir
de los dos, pues tan unidos
nos tenéis inmenso Dios,
pues somos uno los dos
y a vuestro amor tan asidos.
De vuestros bienes os pido
sea yo participante,
antes que mi dulce amante,
que será feliz mi suerte,
si me dais Señor la muerte,
y a mi amor premio bastante.
Una voz de dentro, y póngase de rodillas
Venid esposa querida,
a gozar los bienes míos,
pues merecen esos bríos
la corona prometida.
A gozar de eterna vida
voy contenta, voy Señor;
dale a mi Julián valor
en esta cruda pelea,
salga el alma pues desea
gozar de Dios sin temor.
Quédese muerta de rodillas junto al vestuario, para que la puedan cubrir con una cortina a su tiempo, y sale San Julián
¡Grandes mercedes me hacéis,
gran Señor sin merecerlo,
sois benigno, y con hacerlo
a mi amor correspondéis;
solo me dejáis, y veis
que en tiempo tal me conviene,
de vos todo lo que viene
tomo con gusto Señor!
¡Qué, quien tiene tanto amor
como vos, buen gusto tiene,
sin suegros, y padre quedo,
solo con mi corderilla,
tan santa, y sin mancilla
que bien Señor decir puedo
que a todo el hombre le excedo
por la esposa soberana
que me habéis dado! ¡si humana!
en el modo tan divina
que es en todo peregrina,
y sobre todo cristiana,
en tiempo que tantos males
ofuscan el acatamiento,
en mirarla hallo contento,
y placer, en penas tales,
hoy con las muertes fatales
que en mi casa han sucedido,
vengo a tomar compelido
descanso en los brazos bellos,
de quien solo he usado de ellos
como hermano, y no marido.
Ésta es, sí, orando está,
vuela al cielo el alma santa,
oye pues, que no me espanta
pues a Dios su oración va.
¡Basilisa! ¡esposa! ya
Señor, entiendo el misterio,
ella es muerta, el cautiverio
ya del alma se acabó
pues a vos Señor voló!
Goce Reina, a tanto imperio,
yo quiero, lo que queréis,
con aquesto estoy contento,
venga la muerte, y tormento
pues libre Señor me veis,
tiempo es ya de que me deis
el gusto todo cumplido,
muera yo, pues he subido
a tener la fe divina,
que procura e imagina
destruir un fementido.
Sale Antonio viejo, sacerdote
Presto verás tu deseo
cumplido, no tengas pena,
porque Dios así lo ordena
para tu mayor trofeo,
lo que perdiste bien veo,
pero en el cielo ganado
lo verás, Julián amado,
cuando con rica corona
de que ya tu fe blasona,
te mirarás coronado,
y lo que conviene agora,
es que demos sepultura,
a quien toda la hermosura
goza de la suma aurora.
Aunque el alma padre llora
el perder su compañera,
los secretos considera
del que todo lo dispone,
el cuerpo Julián compone,
que tu gloria se acelera.
Vanse, y cubren con la cortina el cuerpo de la santa, y salen el presidente y Andronio
Aquese celo agradezco
que a nuestros dioses mostráis,
que con eso, indicio dais
de nobleza, con que ofrezco
hacer que gustoso viváis,
¿es noble?
¡De lo mejor
de aquesta ciudad, señor!
¿Es rico?
¿Y todo lo ha vendido
y a los pobres repartido?
Aparte.
¿Y cristiano? Gran valor.
¡Apolo os guarde!
Al tormento,
¿hará que deje esa fe?
¡Él os guarde! pero sé
que tiene divino aliento.
Vase.
Pues yo se le sacaré,
será grande mi ventura
si a tanto loco doy cura,
y a su principio le vuelvo.
En matarles me resuelvo,
y en dar fin a su locura.
Salen Pasquín, y Marcia
Yo señor, habla tú Marcia
que me turbo.
¿Qué queréis?
¡Hablad pues! ¡y no os turbéis!
Yo señor por desgracia...
¿Qué sois, lacayo diréis?
Aparte.
Eso propio, y su excelencia
bien lo sabe, y su presencia
me lo dice.
¡Oh Marcia mía!
añada mi cobardía
en esta santa audiencia.
El bando oímos señor
sobre los magos cristianos,
que tan alegres, y ufanos
burlan sin ningún temor
de los dioses soberanos,
y a dar aviso venimos
de una cristiana que vimos
hacer mil hechicerías.
Yo le vi, no ha muchos días
mil demonios a racimos
pendientes del cuello suyo.
Aparte.
¿Simple es este, y de esto arguyo
la maldad de estos cristianos?
tan mágicos, como vanos,
con que de todo concluyo
con ellos de aquesta vez.
¿Pues los simples os dan voces
que acudamos por los dioses?
¿Y quién esa mujer es?
Gran señor, así te goces
que es cristiana, y quiso bien
a un Julián, que también
es cristiano, como es ella,
mas nunca en él hizo mella.
¿Por qué?
Mostrole desdén.
Aparte.
Demos fin a tanto engaño
como aquesta gente tiene,
de molde aquesto me viene,
que el reparar tanto daño
es lo que agora conviene.
¿Su nombre?
Cinthia se llama.
¿Es hermosa?
Gentil dama.
¿Es noble?
Gran señor, sí.
¿Es rica?
Le conocí
rica en hacienda, y en fama.
¿Pues agora?
Todo dio
a pobres, al tiempo cuando
mandaste echar aquel bando.
¿Pues por qué?
Porque pensó
escapar de ti volando.
Andad, que a tanta malicia
es reparo mi justicia.
¡Marte guarde a su merced!
Vanse.
Hartar pretendo la sed
en sangre de esta inmundicia.
Vase, y sale Andronio solo
¿Que murió todo mi bien?
¿Que el consuelo me faltó?
¿Que el alma, sola se halló
sin tanta gloria? ¿Por quién
alcanzara vida yo?
¡Oh Júpiter inhumano!
¡tú no eres soberano,
no inmortal! ¡infame sí!
pues que me quitas así,
de que goce un bien humano,
muera Julián, porque
fuera causa de tanto mal,
pase tormento inmortal.
mira hacia dentro
pues que lo pasa mi fe
sin un bien, que es ya mortal,
este ruido de gente
que sera? al insolente
Julián, preso le lleuan,
sobre ti mil rayos llueuan,
pues por ti, viuo impasiente,
entre confusiones tales,
me alegro con lo que ueo,
y se alienta mi deseo
de venganza; que sus males
dan mas gloria a mi tropheo,
voy a ver le dar tormento,
para que salga contento
de haber sido causa yo,
del mal que se le siguio
de su injusto casamiento _
vase, y sale el presidente marciano.
el valor de los cristianos
me confunde grandemente,
pues no bastan mil tormentos
para que venserse dejen,
ni blandura, ni palabras
bastan, ni la misma muerte,
que es cierta señal que estan
obstinados, y rebeldes,
por el soberano Júpiter,
que es el dios mas preheminente
que apuros tormentos viles,
han de morir, o uenserles,
sientase en una silla, y salen soldados, y
traen a san Julián preso, en cuerpo
este es el mago señor
a quien mandaste prender.
quien eres?
cristiano soy
y tu nombre.
Julián es,
eres noble?
y bien nazido,
pues si bien nacido eres,
como oluidas te a los dioses
que adoran todas las gentes,
porque adoro un solo dios
que solo es omnipotente,
y que muerto en una cruz
al peccado dio la muerte,
que esos Dioses que adorais,
son buenos para sartenes
los que son de hierro hechos,
los de piedra, en las paredes
para esquinas seran buenos
por que alli ponerse pueden,
los de madera, en el fuego
me parese que se quemen,
estos son los Dioses vuestros,
pues niguno, poder tiene
para ver, hoyr, ni hablar,
mirad pues si me conuiene
adorar en tales Dioses,
que tu adoras presidente,
y hases que adoren otros
que son como tu insolentes,
siempre los cristianos sois
aun que humildes, bachilleres,
que como sois magos todos
hablais atreuidamente,
no quiero gastar palabras,
los tormentos que te dieren
por mi te responderan,
vengan mas, si mas quisieres?
lleualde, y muera con ellos,
o sacrifique.
bien puedes
matar el cuerpo, que el alma
no podras nunca uenserle,
vase, queda sentado marciano, y sale
Cinthia en cuerpo, pobremente vestida
yo soy la cristiana cinthia,
marciano presidente,
que a mis hoydos llego
que mandaste me prendiesen,
aqui estoy, cristiana soy
es cusa que vaya gente
a buscarme, vesme aqui
trata luego de prenderme,
ap.
que aya tanto atreuimiento
en una donzella? miente
quien dize que los cristianos
no son magos insolentes,
llegaos donzella aqui,
por que hablaros me conuiene
con secreto
ya me llego
di presidente que quieres
hablan los dos, y dize de dentro Julián y le responde una voz
Cristo Jesús de mi alma
a tu sieruo favorece,
siempre mi querido estoy
a tu lado
ap.
en vos alta
me parese
la voz de Julián aquella?
Cristo reyna, y Cristo vense,
animo Julián divino
por que el alma nunca muere -
y no trates fiera bestia
el procurar de vencer me
con halagos, ni blanduras,
porque estiercol me prometes
sale andronio, en cuerpo, y pasquin
yo soy cristiano también,
y bien puedes presidente
con la furia de tu pecho,
mandar pues, que me atormenten,
que es esto dioses divinos
marte vil, como consientes
en tu pueblo tanto mal?
Andronio, tu me parese
que el juisio, se te ha buelto?
ya le perdi muchas veses
pero agora estoy con el
que lo que he visto, aparente
ha sido? que un Angel vi
que con lauro preheminente
coronaua la cabesa
al gran Julián
tu mientes,
porque yo no ui de na da
y mas estaua presente,
encantamientos seran
de aquese mago insolente,
animo, Andronio querido
Cristo uiua
Cristo reyne
en este corason
y en los dos, eternamente.
valgate el Diablo andronio
con hechizeros te metes?
tu pagaras con la vida?
vase
llama, llama aquesa gente?
vosotros desuenturados
de balde quereis la muerte,
eso es vida para mi?
a mi la gloria me ofreses,
salen los soldados, y sacan a s. Julián
desnudo, todo sangriento, y las manos atras
cuanto agora Julián
sacrificar me parese
te esta bien?
como te engañas
con las muestras aparentes
que en mi uez?
aquestos dos
al fuego luego los lleuen
y mueran quemados viuos
pues a los dioses, se atreuen,
y aqueste mago hechisero
que esta agora tan rebelde
ala infame carcel uaya
pues a mi tanto se atreue,
vase
perdona illustre Julián,
que como justo, bien puedes,
perdonar, a un peccador,
que aqui te traxo a la muerte!
no ay de que, querido andronio
a gosar el premio vete
que dios te da, como Justo,
aunque tu a la postre vienes,
animo cinthia gallarda,
que mejor esposo tienes
en Cristo crucificado,
que en un peccador aleue,
dadme los brasos hermanos,
y morid alegremente,
que tras vos, otros iran
de caza del presidente,
abrasanse, y lleuan a los dos por una parte
y a san Julián por otra; sale Antonio
ya la hora se llego
en que mi vida se acabe,
ya la muerte me es suaue,
si della me reseruo
hasta agora, el que es supremo,
quiere el censo pague agora,
la vida no me enamora
y asi la muerte no te mo,
en caza del presidente
en una carcel cruel,
esta mi Julián, y en el
viue el santo Job pasiente,
quiero ver si puedo hablar le
si no ay nadie por aqui,
una luz, miro hacia alli,
esta es la puerta? si al darle
con mi visita, algun consuelo,
me diesen aqui la muerte?
felice fuera mi suerte,
pues descansara en el cielo _
sale el presidente, y Pasquin lacayo
aqueste maldito viejo
es quien a cinthia engano
y el mismo la Baptiso
yo le sacare el pellejo.
ven aca mago hechizero.
que quieres?
haber uenia
a Julián!
y que queria?
pues yo mostrartele quiero,
con que preso quedaras
a eso solo señor vengo,
o que ventura que tengo
pues presto la lloraras,
Llama los soldados, que yo
le daré gusto al momento.
Vase.
Todo me será contento,
y el morir, porque si muero
por mí en cruz...
Aquí, señor.
Salen.
¿Están todos?
A este viejo
sacaréis el vil pellejo
si no sacrifica.
Amor
tendré a Dios, hasta morir.
Y a Julián, luego sacad
y de nuevo atormentad.
¿Quién esto podrá sufrir?
Vanse todos, queda Pasquín, y sale Marcia.
Ya murió Pasquín, Andronio,
y Cinthia también murió.
Satanás se los llevó,
¿cómo hará con ese Antonio
que fue quien les bautizó?
No sé qué diga, Pasquín,
desta ley.
Ella es, en fin,
seminario de hechiceros.
Antes, que son verdaderos
santos todos, es mi fin.
¡Bueno por Marte, si agora
dieras tú en eso, Marcia!
Tuve a Cinthia, mi señora,
lástima.
¡Qué linda gracia!
¿No la vi yo encantadora?
Yo no la tuve de Andronio,
¿cómo daré testimonio,
con haber comido el pan
en su casa?
¿Y Julián?
Ese es gran mago, o demonio.
Salen soldados, y sacan a San Julián desnudo y todo ensangrentado, y viene abrazado con él Celio, muchacho, hijo del presidente.
No me apartaré de ti,
amado Julián mío,
que soy cristiano también
y tu ley confieso, y sigo;
yo vi que unos bellos mozos
comensales de divinos,
en tu cabeza ponían
corona de mil zafiros;
abrió Dios mis tiernos ojos,
para que en este martirio
te siga, y tú me lleves
a mi luz, Julián, contigo.
Sale el presidente Marciano.
Apartad. Celio, ¿qué es esto?
¡Tú hechicero! ¡Hijo querido!
¿Tú también eres cristiano?
¡Dioses!, ¿qué es esto que he visto?
Julián, infame mago,
vuélveme el amado hijo
que me quitan tus mentiras,
y tus vanos desvaríos.
Mi profesión es verdad,
no son mentiras ni hechizos,
pero es cierto que lo son
los amores de mi Cristo;
aquí tienes a tu Celio
que abrazado está conmigo,
que si amor tiene de Dios,
muerto le verás, no vivo.
Huyamos, Marcia, de aquí,
que si me ve, soy perdido,
que también podrá a mí darme
Julián algún hechizo.
Yo también cristiana soy.
Julián, dame el bautismo.
Yo me cojo, que si espero
de mí hará también lo mismo.
Vase.
Llevadme aquesta mujer,
y echadla en espeso río
para que allí se bautice.
Reciba mi alma Cristo.
Llévanla los soldados.
¡Dichosa tú que te hallaste
tan breve y feliz camino!
¡Ah, el nuestro será bien presto!
Falta otro adjunto al martirio.
Sale Marcianila, mujer del presidente.
¡Ay de mí, señor!, ¿qué es esto?
¿Qué es esto, Celio querido?
Guarda ya tu vida, hijo;
mira, Celio, aquestos pechos,
que leche te han dado, unidos
al amor de madre, en fin,
que con dolor te ha parido.
No lloréis, madre, cristiano
soy, y seré, no vencido,
porque Dios me alienta el alma
con aliento peregrino.
Llega aquí, llega a esta parte,
háblame: dime qué ha sido
el mal que tienes, ¡mi Celio!,
de algunos viles hechizos.
Apártanle, no hable.
Crudelísimo Julián,
vuelve a sus padres el hijo,
de mi familia te duele,
pues que causa desto has sido;
sin señor mi casa dejas,
vuélvemele, Julián, vivo,
pues muerto le miro ya
a manos del más amigo;
haré-
haré que te vayas libre,
y con valor más subido,
saldrás de mis manos fieras,
y seré siempre tu amigo.
De tus ofertas haré
el caso, juez altivo,
como que si nunca fueran,
ni hubieran nunca sido,
porque solo mi deseo
es, que aqueste corderillo,
que de lobos tan voraces
por bien suyo, fue nacido,
me acompañe felizmente
en este corto camino,
que al alto cielo nos lleva
por la vía del martirio.
Los que mandaste quemar,
degollar, y echar al río,
las estrellas pisan ya,
y gozan del uno y trino;
ya nos aguardan contentos,
no muertos, mas siempre vivos,
porque gocemos con ellos
los favores más divinos;
de mí, ¡no hay más que esperar!
Y porque será perdido
tu trabajo, habla agora
a Celio, tu amado hijo.
¿Tú qué respondes a esto,
dulce Celio?
Julián dijo
todo cuanto decir puedo;
¡pero oye!
Di.
Pues digo,
nace entre espinos la rosa,
y por nacer entre espinos,
no pierde el suave olor
que nos aviva el sentido,
ni los espinos crueles,
por nos haber producido
la bella rosa, no dejan
de punzar al más amigo;
así padre, en esta ocasión
el oficio del espino
que es lastimar, que yo daré
olor, cual rosa, subido,
negarte quiero por padre,
que quiero por padre a Cristo,
tú, por amor de tus dioses
me puedes negar por hijo,
no por serte así piadoso,
quiero perder el abismo
de aquella eternidad santa,
por quien muero, y por quien vivo.
¡Toma la espada, cruel!
Y haz de verdugo oficio,
porque mi sangre será
mi verdadero bautismo.
Todo lo que Celio dice
es verdad, yo lo confirmo;
cristiana soy, Marciano,
y siga la madre al Hijo.
¡Ay, que darme más tormentos,
dioses falsos, y fingidos,
porque si queréis matarme
por mis infames delitos,
otros géneros de muertes
hay que darme! Y no que miro
que me matan, y atormentan
mis enemigos y amigos;
¡es pestilenciera esta ley!
que se pega de los mismos
con quien hablan y conversan,
y enciende a feroces bríos.
¿Víboras en mis entrañas
engendráis? ¿Con que han salido
al mundo, cual vivos reznos,
solo para destruiros?
¡Entrad dentro en esa sala!
Vosotros, soldados míos,
cortad aquestas cabezas,
cesarán tantos hechizos.
Ánimo, matrona justa,
pues ganas esposo en Cristo.
Qué alegre voy, madre mía,
de haber nacido tu hijo.
No hay que confortarme a mí,
porque en el cielo ya miro
mi corona más triunfante,
ganada por el martirio.
Llévanlos santos los soldados.
¿A tan grandes desventuras
como en mi casa han caído,
solo falta que debajo
me cojan a mí, pues vivo
entre penas tan extrañas?
Que de miedo de unos cruos
emperadores romanos,
mato a mi mujer, y hijo.
Sale Pasquín, lacayo.
¡Mira, señor! Enojado
parece que aquí le miro...
¿Qué quieres?
No quiero nada.
¿Qué hay de nuevo? Presto, dilo.
Va un gran mal en la ciudad
en todos los edificios,
con el grande terremoto
que esta noche ha sucedido;
en pie no ha quedado templo,
y en ceniza los ídolos
se volvieron. Ve, señor,
que este justo castigo
de los tormentos que has dado
y muertes que has cometido
de los cristianos, que son
todos por santos tenidos;
manda presto que los suelten
antes que acaben contigo.
Ya remedio no les siento.
¿Son muertos? Somos perdidos.
Sale un soldado.
Ya murieron los tres magos;
si verlos quieres, más vivos
parecen que muertos no.
Estoy de veras corrido
de no vencerles. Mostrad.
Corren una cortina y abren un bufete adonde estarán las tres cabezas, que han de hablar.
¡Mujer infame, mal hijo,
y tú, fiero Julián!
¿Cesaron ya tus hechizos?
Tu tormento empieza ahora.
Tú perderás el juicio.
Gusanos te comerán.
Por cruel, fiero y atrevido,
¿aun estos mágicos muertos
no han cesado?
Eso nunca he oído,
tal portento, y casi estoy,
o del todo, confundido.
En la plaza, en un gran fuego,
sean luego consumidos
los cuerpos de estos ingratos,
de sí propios enemigos.
Vamos y damos remedio
a los males sucedidos,
con que tienen fin dichoso
los amantes no vencidos.
Cúbrese la apariencia y dese fin a la comedia.
Sub correctione sanctae Matris Ecclesiae.