à> Date de publication: 22 août 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las luces del Evangelio, San Simón y Judas. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/las-luces-del-evangelio-san-simon-y-san-judas.
Comedia nueva de
Las luces del Evangelio San Simón y Judas.
Comedia en 3 jornadas.
Leg.º 2.
4-6.
12
San Simón.
San Judas Tadeo.
Baradach.
Nural.
El Rey.
Zaroes, barba.
Un niño.
Aminta.
Diana.
Flora, criada.
Hortaco
El Demonio.
Dos ángeles.
Soldados.
Descúbrese un templo, y en el altar el Demonio, junto a él Zaroes; y por una parte sale Baradach y soldados, y por otra Diana y damas.
¡Viva el grande Baradach,
nuevo capitán de Persia!
Cajas.
Al templo de Marte llegue
feliz, y dichoso Baradac que queda
a Marte dar envidias,
si por Dios sus alientos no se dieran;
llegue, llegue glorioso,
bizarro venga,
donde voces sonoras
suaves cadencias,
con militares ecos
dulces alternan.
Viva el grande Baradac
nuevo capitán de Persia.
Si Marte no se agraviara,
que deidad no le veneran,
pudiera decir, divina
Diana, que en tu presencia,
sola adoración mereces
de tu sol la deidad bella.
Daré invicto Baradac,
más acertada respuesta;
en prevenir, que de Marte,
en la suntuosa esfera,
Zaroes su sacerdote,
primer afecto merezca.
De Babilonia salí
con el cargo, que la Media
Majestad de mi rey, pone
en el valor de mi diestra:
porque teniendo noticia,
que en el imperio de Persia
murió Adón su rey,
un solo instante suspensa
no permitió mi partida,
conociendo, que dispuestas
tantas persas valentías,
contra indianas resistencias,
sin general, tardarían
en sujetar sus soberbias;
y por eso hoy, que tres días
desde mi entrada se cuentan,
a surcar espumas quiero
no eximirme, porque vean,
que vencer sus altiveces,
son de mi entrada las fiestas.
Verá Miral, este fiero
indio altivo, que se eleva,
ya por rey, que su castigo
le encontró con la diadema.
Por eso, raros ilustres,
al templo de Marte (esfera
también de Diana); puesto,
llego obsequioso, aquí seas,
pues oráculo de Marte,
tantos favores franqueas;
quien de Marte, ciego, soy
el suceso de mi empresa,
que si mi ofrenda es del caso,
para que el culto le venza;
un alma puedo ofrecerle,
conociendo, que no diera
tanto menos, que sabiendo
que entre deidades no reina,
la envidia, pues sacrifico
lo que Diana me presta.
(turbado)
Baradás, pongo en Amor,
por ser en lo sacro, treguas,
que aunque Marte le conozca,
no ignoro yo que se ofenda.
Devoto a saber viniste
el fin que tendrá tu empresa,
y yo que le sé, de Marte,
digo, que, sí, -ya, la lengua
turbada, ¿qué es esto?, digo
que siendo, por, que fiereza,
Marte, ¿qué ocasión?; pero oye.
(Instrumentos)
que en misteriosas cadencias
avisan esas dulzuras,
que sonoramente alternan.
(Canta)
Baradac, cuyo valor,
mi aliento, mi orgullo,
y mi poder renueva;
su culto no se atreva
a lograr mis acentos,
no, observando en mi voz los mandamientos.
En Persia, donde dominas,
con celo, con ira,
y con valor, si intentas
mi favor, no consientas,
sin que a dudarlo acudas,
predicaciones de Simón y Judas.
Búscalos en tus provincias,
atento, prudente,
rendido, no atiendas.
Y si no, no pretendas,
cuando lo dificulto,
volver a oír mi voz, ni ver mi bulto.
Y como oírme y verme tu amor quiera,
muera Simón,
muera Simón,
y Judas,
(Vase ocultando el altar, y acaba con la música, y terremoto de encubrirse)
Judas muera.
Baradac, Marte en sus voces
fue quien atento me acuerda,
que no me dejó avisarte,
el suceso de tu empresa.
Pues, persas, no permitáis
que nuestra deidad se ofenda.
Y regístrese, no solo
el largo imperio de Persia,
mas el mundo, hasta saber
qué es Simón.
Dentro.
(y Judas)
¡Penitencia!
¿Qué voz?
¿Qué acento?
¿Qué anuncio?
¿Es el que teme mi ciencia?
(Sale por una puerta Morante y por otra Flora)
¡Señor!
¡Señora!
Un encanto,
un asombro,
De manera,
que es hombre siendo esqueleto
viviente.
De macilenta
color,
Llega al templo ahora.
Por su palacio aquí llegas.
Los dos diciendo, en voces asombrosas:
Salen
¡Penitencia!
¡Qué pasmo!
¡Qué admiración!
¡Pese a mí, que ya penetra
mi pesar lo que os suspende!
¿No les bastaba a mis penas
huir de vuestra doctrina,
donde Mateo la enseña,
que arrojado salí huyendo
de la India, porque en ella
aquel mi crédito todo
convertir supo en ofensa?
Pues no aquí penséis lo mismo;
noble Baradac, ¿qué esperas?
Simón y Judas son.
Somos
discípulos que no niegan
su Maestro Jesucristo.
Y por él, que nos lo ordena,
a enseñar su fe venimos
corrigiendo los que yerran.
Marte, no mando que oyeses;
mueran los dos luego, mueran.
Tente, Zaroes.
Aguarda,
Morlaco.
¿Qué es lo que intentas?
Oír para condenar,
que sin culpa no hay sentencia.
El gusto de Marte basta.
Como no calle tu lengua,
diré quién, ya que lo ignoran,
enseñó tus malas ciencias.
¿Quién sois, varones? ¿Quién sois,
asombros?
¿Quién os alienta
a tener valor que evite
no vengar de Marte ofensas?
Simón y Judas, hermanos
somos, de nación hebrea.
Quien nos alienta es Jesús,
cuya fe viene mi lengua
a enseñaros, religión
que solo se llama cierta.
¿Esto escuchando, qué aguardas?
di que Marte se obedezca.
Decid, falsos, ¿los dos sois
los que en religiones nuevas
alzaros queréis por reyes?
esto lo sabe mi ciencia.
Todo lo que sabes tú
es solo de esa manera.
Y lo que inventas mintiendo,
en otros lo representas.
Que Saceos dejen de hacer
todo el año una cuaresma.
¿Luego yo ser rey procuro?
Y si la duda me aprietas,
haré que tú mismo aquí
el que lo confiese seas.
Pues no, que el tal me parece,
que lo hará como lo cuentas.
Zaroes, ¿qué prevenciones
imaginas en pobreza
tal?
¿Qué vanidad propones
en tan humildes presencias?
Perdone Marte que intente
oír antes que los prendan,
o destierren.
Esa razón
es razón que yo agradezca.
Pues, Simón; pues, Judas, yo
fío en mi valor, la empresa
de un adalid, a que me animo.
Id adonde que a la vuelta
os escucharé.
No dilates
oír lo que, cuando quieras,
no puedas, que siendo humano,
está la muerte tan cerca,
que muchos siglos que tarde,
que está distante no prueban.
Ciego a la luz que te aguarda
será preciso te venzan;
lleva la luz de estas voces,
para que triunfes con ellas.
Juzgo que sois poderosos,
más que las deidades vuestras.
Con Jesús sí somos, pero
sin él, habrá quien nos venza.
¿Más poderosos quién juzga?
no ver que ignorando, en la Persia,
los dioses enmudecieron.
Y no han de daros respuestas
falsas; hasta que nosotros
a su voz demos licencia.
Válgame Dios, si harán estos
que callen en la cazuela.
El poder de las deidades
no hay quien sujetarle pueda.
Quieres verlo, di que rompan
las voces, para que con ellas,
por su crédito y el tuyo,
no enmudeciendo aquí, vuelvan.
Marte hablará, haros saber
que sus enojos fomentan,
no solo ocultar la voz,
pero que su altar merezcan
ver (oír que) no os dan la muerte,
Yo puedo hacerte, que quieras,
dejar mirar su altar.
Descubre el altar del demonio
Mira
cuánta fue su resistencia.
Mira cómo para oírte
no se ocultan.
Que suspensa,
sus asombros me han dejado.
Flora, ¿tú te descubrieras
si fueras tapada?
Sí,
Morlaco, que no soy fea.
Zaroes, pide que anuncien
el suceso de mi guerra.
Pide que no han de decirlo,
ni tú tampoco aunque mientas.
Que no han de decir, si ya
han hecho que yo lo sepa.
¿Y cuál es?
Que, si, que, ya,
Fata que tartamudeas.
Habla Zaroes.
No aquí,
porque,
Vaya al hilo, echad fuera,
Zaroes, ¿qué dices?
Digo,
que ya, sí, que,
Linda treta.
Que ya, sí, que, pues aquello,
yo también meto litera.
Simón, este asombro quiero
que a tu voz le fenezcas.
Dadme los dos qué fin
me prometen tales guerras.
Óyelo de un raro modo
para que con él entiendas
lo que son tus dioses. Oye
que ellos te darán respuesta,
y dirán lo que no saben,
porque conozcas que yerran.
Di, atrevido simulacro,
que ya tienes la licencia.
Durará la guerra mucho.
Canta
Mucho durará la guerra.
En que habrá diversas muertes.
Canta
En que habrá muertes diversas.
Sin que venzan, ni tú triunfes,
Canta
Sin que tú triunfes, ni venzan.
¿Quién os ha dicho ese engaño?
¿Quién ese engaño os enseña?
También Marte no se libra
con ser deidad de la ofensa.
Qué deidad puede ser quien
no se conoce que yerra.
Simón, suspenso me tiene
el oráculo que muestra,
porque, ¿qué fama será,
ir y volver sin empresa?
Baradac, aunque las luces
del día sean tinieblas,
de la India tendrás hoy
embajador, que pretenda
tu amistad, y se asegure
de su Rey en la obediencia.
Y os digo que en albricias
todo mi poder te diera.
¿Qué embajador se te da,
porque, Baradac, no creas
que del Indio sois mandado,
porque con falsas promesas,
deste pérfido apóstata,
para hacerte reverencia?
Temo que sea así; ¡holas!
¡Soldados!
¿Qué nos ordenas?
Aparte.
A los dos, y a Zaroes
prended; veremos si llega
este embajador; quien miente
para que el castigo tenga.
Cinco líneas tachadas ilegibles.
¿A mí prenderme, teniendo
la sacerdotal diadema?
Prendednos, que los rigores
nuestras verdades desean.
Pero en tanto, ved a quién,
a quién rendís obediencia.
Hace la cruz Judas, y hundiéndose el altar, se levantará el demonio, como a oponerse a una nave que de un lado irá saliendo con almirante y soldados, con tormentas.
¡Qué tempestad!
¡Qué borrascas!
¡Qué espanto!
¡Qué horrores!
¡Qué penas!
Flora, ¿dónde estás?
Aquí,
¿por qué lo preguntas?
Buenas,
porque entendí que fregando
estabas, como hay tal gresca.
Echa el esquife al agua.
Líneas tachadas a continuación.
¿Cómo, al puerto, sin que yo
lo estorbe? Para que mientras
el aviso verdadero
de Simón, y Judas, crezca
al enojo, el agua gima,
el viento abrase, perezca
el que pájaro marino,
surca las saladas sendas,
rayos para combatirle,
ecos, de las nubes sean.
¿No veis, pues el templo acaso
en la altura desta sierra,
da lugar; a tanta vista,
no veis una nave envuelta
en olas, cuyas entrañas,
bien que en roncas cadencias
pronuncian...
¡Dios, piedad!
¡Clemencia!
¿Cómo clemencia?,
si me importa otro fin,
crezca el furor, la ira crezca.
Dañado espíritu, en vano
oponerte al cielo piensas,
el naufragio será puerto,
y bonanza la tormenta.
¿No veis que Marte es el mismo,
que la tempestad fomenta,
vengando, así, los enojos
de ultrajarle su grandeza?
Él es, quien, roto el altar,
en los aires se sustenta,
haciendo que el mar se asuste
porque lástimas refiera.
Dioses, piedad.
Piedad, dioses.
Si es Marte deidad, espera
ver su valor.
Fiera horrible,
bate el vuelo, el furor deja.
¿Qué decís?
¿Con quién habláis?
Marte, pues te ofenden, mueran
todos.
Al puerto la entrada
desocupa, aparta, deja,
que sin ti será puerto el puerto,
que contigo fue tormenta.
Enojos, ¿dónde estáis?
(la cruz)
Donde
no se animan contra estas.
No les venceréis.
¿A dónde
está, Marte, que se niega
a mis ojos?
Y a los míos,
patente se considera.
Al mar, aunque cristal tanto,
no podrá apagar su hoguera.
(Cae precipitado, y acaba de pasar la nave)
Al mar bajo, porque el agua
conmigo fuego se vuelva.
Para verle, ya faltó
todo el caudal de mi ciencia.
Pues la tregua el mar concede,
echa el esquife a tierra.
Simón, Judas, esta furia
es de otro poder seña.
¿Tenéis acaso las nubes
a vuestras voces sujetas?
Con Dios fuera fácil ser,
quien tanto poder tuviera,
pero no somos los dos
motivos de la tormenta.
Zaroes sabe la causa.
Marte su enojo no niega,
él solo en borrascas de agua,
ira anuncia a la tierra.
¿No le viste a una voz sola
(siendo mi Dios quien la alienta)
dejar libre el paso, que
a la nave estorbar piensa?
Fue ocultarse, y deidad quiso
dar lugar a la clemencia.
Por vida de que este viejo
miente más que seis poetas.
Zaroes, yo no lo entiendo,
pero como verdad sea,
que el embajador no falte,
mentirosa haré tu ciencia.
Pues oye ya de la nave
los que a este templo se acercan.
Por el rey de Babilonia
Zaroes y Baradac, venza,
la India y Baradac.
(Cajas. Sale Miral y acompañamiento.)
Generoso Baradac,
sabiendo que la grandeza
del templo de Marte habitas,
mi rendimiento desea,
para una embajada mía
porque soy Miral, audiencia.
Concediéndola, de mis brazos
pediré que me concedas
lugar, de que un falso, injusto
castigo en mi enojo tenga,
y mi acero mismo...
Aguarda.
Qué es aguardar, por mi abuela,
que merece el cielo estar,
con tanta lengua de fuera.
Nosotros nunca venimos
a quitar vidas ajenas.
Venimos, sí a dar la vida,
que es vida de las eternas,
la fe de Cristo.
Qué escucho,
qué religión nueva es esta?
En defensa de quien hace
tales obras, Zaroes fuera
corto aplauso a mi cuchilla,
a no tener la defensa
de los dos; Miral, si el caso
de admirar saber espera
asombros.
Para escucharla,
permíteme que refiera,
que habiendo de la India toda
conseguido la grandeza,
de verme su rey: fue solo
de admirarlo, mas a fuerza
de reducirlos, a ser
de su rey; que a querer esta
corona, para mí, nueva,
si falta quien lo confiesa,
en quien a sus pies se pone;
pues a su rey representas,
lloro en verme a sus plantas,
pues temí no verme en ellas,
cuando el mar furioso.
Oculte
tu llanto, lo que ya llega
a mi oído, cuando sabes,
que de ese falso la ciencia,
aunque errada, pudo hacer
lo que deshizo la cierta,
de Simón y Judas,
Cómo
a Marte no temes, piensas
que no tomará a su cargo
de sus ministros la ofensa.
Tome o no de Persia luego
sal donde yo no te vea.
no Baradac, que nosotros
no somos causa de ofensas.
basta vuestro gusto solo
en esta parte; mas sea
el todo de lo adquirido
de su cargo, en la riqueza,
para los dos.
Dios te guarde,
que admitimos la oferta.
hacen que se van
a Dios, a Dios que en nosotros
solo vive.
Penitencia
tened varones Ilustres,
aguardad, y no os ofenda
mi deseo, vuestro gusto,
solo logre lo que quiera,
enseñad vuestra doctrina,
segura tenéis licencia.
esto solo oír quería,
para huir de su presencia.
otra ley admites, como
sino que el Rey te lo conceda,
a Babilonia iré donde
dándole de tu error cuenta,
vengue de Marte el agravio,
y satisfaga mi ofensa.
vase
Por presto que vayas, antes
llego, por que yo sea,
a quien en Judas, y Simón
si me acompañan intenta
llevarle el mayor trofeo
que habrá tenido su diestra.
yo seré quien a gozar
enseñanzas de su ciencia,
vaya a Babilonia.
Importa,
no por dar tan presto a Persia,
Baradac luego si aquí
algo la semilla crezca
de nuestra verdad, tendrá
Babilonia parte en ella.
Medio hay para todo. Judas,
se quede, donde no tenga
estorbos a la enseñanza,
de que le siga quien crea
nuestro Dios por verdadero.
este templo, que ya niega
su poder que a Marte sirva,
a la Majestad suprema
de su Dios le rindo.
Yo
por él admito la ofrenda.
Baradac si callé, acaso
fue no creyendo pudieras
consentir que nuestros dioses
por falsa razón se ofendan,
pero si es cierto que faltas
al culto de su grandeza,
yo faltaré, con quitarla
aunque la di, a tu obediencia;
al Rey iré que es Monarca.
yo por que engaños no creas,
de Zaroes, y de Arfaxad, ya
que falsos dioses a pruebas,
prima suya, iré a poder
haceros más resistencia.
Yo iré a enseñarle verdades.
Yo a que ficciones no creas.
A eso le hará repugnancia
el cielo, que me gobierna.
Simón, ven a Babilonia.
Yo iré solo.
No pudiera
yo acompañarte.
No.
Y yo,
que habrá tres horas y media,
que rabiendo estoy por ser
un santo; , e iré muy cerca
aprendiendo como el christus
de los niños en la escuela.
Por compañero le admito.
¿Pues cómo a mí me desechas?
Porque contigo hay peligro
de que vanidad parezca.
Qué virtud,
todo es fingir.
Mientes, ¡y mire cómo mienta!
Eso no ha de hacer, hermano.
Sea muy enhorabuena.
A Babilonia, soldados.
A Babilonia, que sea
estorbo de estos errores.
A Babilonia, que pueda
ser defensora de Cristo,
la que de Martelo eras.
Tadeo, el Señor te guarde.
Vanse.
Simón, el Señor nos vea,
y nos dé amparo, porque
lleguen a oír,
Penitencia.
¿Esto, Miral, no te agrada?
Solo los dioses me llevan.
Criados, a preveniros,
que yo haré que solo venza
Simón, y su acento.
Vase.
¡Ay,
Diana hermosa!, que fuera,
que por ser tu gusto solo
no repugne lo que apruebas.
Si el rendimiento pudiera,
en la jornada, señora,
serviros.
Habiendo tanta
ocasión que lo convenga,
en que defendáis de Cristo
la fe, que mi amor confiesa;
mi amor de esta suerte solo,
no os negará la licencia.
A ser suyo me dedico,
pues fiel ser vuestro no me niega.
(Vanse)
Dejad que asegure dudas,
para no dudar respuestas.
Llora, penitencia, llora
ya digo que penitencia,
mira qué eres, ya sé yo,
mira que Marte es un bestia,
mira que si no me crees
eres una...
¿Qué?
Una aquella.
Morlaco, yo soy penitencial.
No, penitencia en mi conciencia,
en Babilonia veremos,
si será, si vas a ella.
Que eres una Babilonia
y eres una...
¿Qué?
Una aquella.
Por no cansarme te digo,
(Vanse)
Ya digo que penitencia.
(Sale el Rey y Jacomo)
El sol eclipsado yace
haciendo la luz tiniebla
que en la hermosura de Aminta
llora, gime, siente y pena.
Mudad tono, que si el canto
en triste canción empieza,
será para su belleza,
la alegría mayor llanto.
Inventad a su dolencia
si otros medios son ajenos,
la suspensión a lo menos
mientras dura la elocuencia.
Que sale la aurora, plantas,
que el sol ya parece tierra
en Aminta con rayos,
con risas, con llantos, con flores, con perlas.
(Salen damas)
Cesad, cesad, si mis furias
no queréis que desvanezca
vuestros acentos, y que perezca
quien en festejos me injuria.
Hermana, a razón distinta,
esta enfermedad conviene;
dime el sentido que tiene
pasión tan extraña, Aminta.
Un ardor tan solo siento,
un incendio me fulmina,
me quema un rayo furioso,
me abrasa una llama viva.
Repara que en tu grandeza
corta actividad, indigna
es que el ser tuyo no sea
quien tu ser mismo corrija;
¿qué pides? ¿qué quieres? Mandar,
ordena, que te domina
cuanto me rinda obediencias.
Yo haré que todo se rinda,
mi aliento convertirá
el orbe todo en cenizas.
Locura a tu mal le llamo,
¿Cómo locura si miras,
que soy...
(Sale)
Zaroes, señor,
a besar tus pies se inclina.
¿Qué es esto? ¿Tú en Babilonia,
como el templo, sin ir vistas,
de las de Marte?
Permite,
primero que te lo diga,
besar la mano a la infanta.
(Aparte)
¿Sabes quién soy?
No me privan
ni ciencia, saber, ministro
de la región que dominas,
quien a mis conjuros dejas
su poder; que quien avisa
en la infanta, será aquí
quien mis combates reciba.
Rey de Babilonia invicto,
Baradac a quien envías
por tu sol, y en Persia
contra Marte.
Mas no digas.
¿No escucharás?
No, que solo
reparar en tu venida,
decir contra Marte, basta,
sin que lo demás prosigas.
Como contra Marte, aunque
es Baradac quien estimas,
muera, señor, pues impone
nuevas leyes en tus climas.
¿Tú qué sabes?
Lo que yo,
hay muchos que lo publican,
los apartados en vengarle,
tardos en que...
(Cajas)
¡Baradac viva!
(Dentro)
¡Penitencia!
¡Penitencia!
¡Viva Miral, y la India!
¿Qué novedades son estas?
Di solo que no a mi vista,
llegue este acento horroroso
que me espanta, si publica...
(Dentro)
¡Penitencia!
¡Penitencia!
¡Hola! Que lo siente Aminta,
no dio ansí.
(Dentro)
¡Viva Diana!
¿Pero qué escucho? Si digan...
(Dentro)
(Cajas)
¡Viva Miral!
¿Qué es aquesto?
¿Quién diréis?
(Dentro)
¡Baradac viva!
(Salen con Simón, Baradac, Diana y Miral con dos caos)
Cómo no ha de entrar conmigo
llega Simón.
Quien lo impida
será trofeo a mi enojo,
lleguemos.
¡Diana prima!
Baradac, ¿qué es esto? ¿Quién
es Miral?
El que se mira
a tus pies para su triunfo.
Hermano, yo muero,
Aminta.
No hay en mí gusto, este hombre
quitad de aquí que me irrita.
antes en Aminta solo
es su alivio. Pues dos días
habrá, que ignorada causa
en accidentes fatiga
su hermosura, y pues se enciende
de este esqueleto a la vista,
el fuego de sus pasiones
quitadle, por si se alivia.
Quitadle de aquí.
Rey, oye,
que a curarla es mi venida.
Este es quien en Persia
introdujo las doctrinas
que Baradac contra Marte,
y tus leyes apadrina.
Dos versos tachados e ilegibles.
Este es el que a Marte enmudece,
este quien su altar derriba.
Este es (con otro) quien dice,
que son deidades mentidas
nuestros dioses, cuya ofensa
a mí me alcance, y la India.
¿Este es quien convertirá
en sabia una vieja, y tía?
¿Este quien la muerte sola
me dará por medicina?
Este quien puede a la muerte
darla valor con que viva.
Este es quien dice que es Marte,
es un cuero, y solo digas,
que le vi dar de su estado,
cosa que es en mí continua.
Soy quien a Cristo confiesa
para tantas maravillas,
No le escuches.
¿Su voz oyes?
No le asientas.
Su ley mira.
Huye rigores.
¿Qué es huir?
Pues acaso, ¿no hay justicia?
Hombre, tan absorto estoy
que te escuchara a la vista,
de tantas contradicciones
a no dar pesar a Aminta,
Zaroes, halle tu ciencia
tregua alguna a su fatiga.
No la hay mirando a Simón.
Sí la hay contra tus mentiras.
¿Cómo?
Así. Monstruo infernal,
que en cárcel mortal habitas,
enmudece mientras oyen
de mis verdades las noticias.
No, sí, cuando...
Calla.
Ta,
que ya no hay bachillerías.
¿Cómo infernal monstruo dices
es quien en su cuerpo anima?
Por ser su mal ese solo,
y pues Zaroes publica
tanta ciencia, di que mande
que la deje, ya que altiva
su ciega potencia dice
que hasta en la tierra domina.
Que es espíritu, si es su mal,
mal que solo en medicinas
tiene remedio:
Conozcan
de esta suerte tus mentiras;
a esta señal, monstruo fiero,
este trono en que te miras
desecha.
Exi foras, exi,
exi foras, maledicta.
(Cae desmayada)
Ya obedezco, ya, Simón,
que no hay valor que resista
tu virtud, pero ¿qué importa
que de esta parte desista,
si tantas en que me oculte
me dará la idolatría?
Etna, rayo, trueno soy,
o mal haya tu doctrina.
Zaroes, ¿viste quién era?
Diga el tío, huyó la tía.
¿Qué pasmo?
¡Ay de mí!, ¿qué has hecho?
Quitarla, señor, la vida.
Murió del dolor.
Sí tal,
que así la historia lo avisa.
¿Esa es la cura?
La cura
ella ya la dice viva.
(Vuelve)
¡Ay de mí!, hermano, Diana,
Baradas.
Señora.
Amintas,
¿qué sientes?
Un gozo, un gusto,
un contento, una alegría,
de este asombro en la presencia.
Feo viejo, trueque esa pinta.
Señor, para tantos gustos
no sin causa es mi venida,
y más si Rudal, rey hoy
de las ya vasallas Indias,
es quien pone en tu presencia
sujetas las rebeldías,
para esto el reinar fue solo,
porque a mi precepto unidas,
pueda reducirte las
que no pudiera divisas.
Por eso hice en la Persia,
en Siroes (cuya milicia
conoces) mejor gobierno,
y con Diana,
tu prima,
que a solo lograrlo,
que a Simón la doctrina
escuches, llega estorbando
que Zaroes...
no te diga
corazón, que si le escuchas,
destruyes tu monarquía.
Pues la India negará
los obsequios que te envía.
Yo quiero oírlo, y mi gusto
¿quién habrá que le resista?
Ninguno, para que así
Simón sus intentos diga.
Pues oigan, sabrán verdades,
que lo demás es mentira.
Cristo es el Dios verdadero,
cuya razón se publica
con razón, que en disputas,
a pruebas de maravillas,
crió Dios en el principio
cielo, y tierra, y a su misma
imagen al hombre, haciendo
cuando le manda que vida
el mundo, que un feudo corto
a su Majestad le rinda.
de una fruta
no comiese la florida
sazón, pero como tuvo
sacada de su costilla
una unión enamoradiza,
tan amorosa caricia,
que cuando ruega parece,
que es solo cuando domina.
Esta engañada de quien
(un paréntesis lo diga)
era Luzbel, de Dios mismo
Ángel tan bello que, a vistas,
él, de su excelencia grande
della fabricó su ruina;
porque anunciada a los altos
solios de las jerarquías,
la encarnación prodigiosa,
promulgó con fiera envidia
que como quien de Dios fue
la criatura más limpia,
a un hombre (aunque Dios también
sea) es justo que se rinda.
Esta razón (si es razón
proposición tan inicua)
las tres partes de los cielos,
atrae, a rumores movida.
Miguel se le opuso, solo
con una humildad divina,
y con los suyos echó
al soberbio de la silla.
Cayó al Infierno con todos
los ciegos que le seguían,
y una voz dijo: ¡Ay del mundo
que allá baja la malicia!
Luzbel, por serpiente queda
para el caso convertida,
esta que vio su venganza,
para con Dios destruida,
en el hombre que es su imagen
el esquite solicita.
Por esto (cerrando ya
el paréntesis) nociva
en el árbol enroscada,
a la mujer da noticia,
que comiendo aquella fruta,
como a Dios la adorarían;
creyólo, rogóle al hombre,
vencióle, comió la misma
pena; que a la culpa vino
tan pronta que no es distinta.
Sacólos del regalo,
un ministro de justicia,
y en el Tribunal Supremo
de las tres Personas unidas,
que siendo en Personas tres,
son sola una esencia misma;
el Padre, el Hijo, y el Santo
Espíritu le publican,
al hombre sentencia recta,
que a su pecado castiga,
que el hombre, dice: y sus hijos
en pecado se conciban,
original, y se llamen
por la nación hijos de iras.
Ley universal que puesta
en el orbe fue sabida
tres veces, por Job pregonero.
En la ley natural diga,
sin pecar, pues no pecó
como el espíritu afirma,
si maldijo solamente,
no la noche, ni aquel día
que nació y le concibieron,
sino el pecado, sabida
original causa a tantas
adversidades distintas.
De esta ley fue pregonero
David, en la ley escrita,
que dijo: en pecado fui
concebido. Y esta misma
culpa los nacidos tienen,
y los que nacer podían.
En la ley de gracia sea
pregonero, con debida
sentencia, Pablo que dijo
con su elegancia divina:
en Adán todos pecaron,
y la gracia necesitan.
Esta de la primer culpa
fue la pena que en justicia
nos dañó a todos; dispuso
la omnipotencia divina,
ya que tenía anunciado
que su hijo se conciba
en Madre Virgen, también
sin pecado concebida,
que esta sola se vio exenta.
Porque fue del Padre hija,
del hijo madre, y esposa
del espíritu, que asista
de estar ya para el misterio
señalada, aunque dirija
su ser de Adán: pudo Dios,
y quiso verla excluida
en esta intacta azucena,
esta rosa sin espina.
Nació Cristo, concebido
sin varón, obra divina
del amor, para que a costa
de su sangre se redima
el pecado original,
que el bautismo santo limpia.
Creció, empezó sus milagros,
obligando a que le sigan,
Judas Tadeo y yo fuimos,
siendo hermanos, de María
Cleofé hijos, hermana
de la Madre más divina,
de la más pura doncella
que dio a luz las luces mismas.
Con Santiago otro hermano
a quien la fama apellida
Menor, por diferenciarle
de otro que el Mayor publica
el mundo; al apostolado
llamados con la voz misma
del Salvador, quien fue preso
una noche, ya que había
la sacerdotal grandeza
dado, con dulce alegría
a doce, entre quien el uno,
desagradecido avisa,
por un interés villano,
contrarios viles, que habían
determinado quitar
la vida a la mesma vida.
en una cruz le pusieron
donde la muerte atrevida,
a sola la humanidad
el mejor aliento quita.
Glorioso resucitó
de su muerte al tercer día,
triunfante subió a los cielos,
y abrazando sus doctrinas,
predicarlas nos impone
del orbe por las provincias,
para cuyo acierto santo
el espíritu ilumina
nuestras voces, con los dones
de arcanas sabidurías,
en Egipto derramé,
la verdad, que ya creída
me dio lugar a que en Persias
viese a Tadeo, que habías
a Mesopotamia dado,
de tanto acierto noticia.
Rey ilustre mira y oye,
la razón que se publica:
que un Dios solamente
es que lo viviente anima.
sus dioses son las serpientes
repartiéndose en mentiras;
y aun mentir no pueden menos
que mi Dios se lo permita.
deja el error, huye engaños,
eterna tu monarquía
en el alma, que esta sola,
puede durarte una vida.
Y tu más gloria tendrás,
supuesto que en ti se fía,
que a tus juicios será fácil
que tus vasallos se rindan,
y las partes de su gloria,
serán en ti un todo unidas.
¿Cómo este Dios si lo es,
que le vendiesen no evita?
Porque quiso morir solo,
porque el daño se redima.
¿Cómo este muere si es Dios,
enmudece a nuestra vista?
Porque furioso en silencios
sus rigores nos noticia.
como ese Dios, si lo es,
¿de la muerte no se libra?
Hombre pudo morir, no
su omnipotencia divina.
¿Cómo se convierte Marte
en polvo vil, a mi vista?
Mía destrucción notando
a costa de sus ruinas.
Este Marte, y este borracho,
este cuero.
Loco, quita.
Ese, erre, te, erre, is,
y el cristus de abajo arriba,
y el be, a, ba; ¿somos niños?
Pues esto no es la cartilla.
Zaroes, Simón, vasallos,
otros efectos nos digan,
si Simón miente, a su ciencia
nada Zaroes le libra:
de este su Dios; un asombro
vea Simón que le rinda.
Y si no, yo, pregonero
he de ser de su doctrina.
Mi voz le dará a la fama.
Yo, mi aliento.
A buenas vistas.
Zaroes, vuelve por Marte,
que mi valor le apadrina.
¿Qué ha de volver, contra quién,
si el demonio aún me libra?
Por eso quedas mujer,
que es todo una cosa misma.
Con palabras, no con obras,
mi ciencia hará maravillas;
espíritus, ahora es tiempo
que sumo poder me asista;
mirad si vuelve por mí
Marte.
21
En los extremos del teatro se levantan dos dragones.
¡Qué asombro!
¡Ay, Amintas!
¡Ay, Diana!
¡Qué portento!
¡Ay, que es mi suegra y mis tías!
Compañero, que me agarran,
compañero, cómo gritan
los tudescos, compañero,
y dan con la compañía.
¡Simón!
¡Simón!
Su muerte
no habrá valor que la impida.
Suspenso ánimo.
Este rayo,
este trueno,
Tan malignas
visiones, de otra manera,
con estas sierpes,
es justo que se les embista;
en nombre de Dios os mando,
que sin quitarles las vidas,
maltratéis a quien de Cristo
las verdades no publican.
¡Ay de mí!
Los dragones agarran a Zaroes y a Muralto maltratándolos.
¡Válgame Apolo!
Buen salto, por vida mía.
Líneas tachadas
Huid a esta señal, fieros
ministros de la malicia.
Allanan, y en la cazuela
viera yo esta trementina.
Húndese mitad de Zaroes con los dragones.
¿Tragólos la tierra?
Sí.
Pero quedarán con vida.
Como si ya no parecen.
Como si ya no se miran.
Ay, que estoy en un tris de
meterme una capuchina.
Mirad que los dos parecen,
para que encontrados digan.
Cristo es el Dios verdadero.
Iré a sembrarlo en las Indias.
Sube y vase.
En otro estado, Simón,
yo asolaré tu doctrina.
Sube y vase.
Aún temía.
¿Qué asolará, sin que tú
a tu muerte te resistas?
Vase.
Simón, licencia concedo,
tus santas voces anima.
Vase.
Pues, hijos, Cristo es Dios hombre.
Vase.
Dichosa la que te oiga.
Vase.
Feliz el que te escuche.
Vase.
¿Y qué dices tú, Florilla?
Que soy gentil todavía,
quítese, vayas noramala.
Flora, penitencia.
Calla.
Vanse.
Digo que penitencías,
que un poeta da licencia
de decirlo ansí, o ansínas.
Fin de la primera jornada.
Folio 22. Madrid, 25 de octubre de 1624. El autor lleve esta comedia al señor doctor Francisco Zallo Guerrero, para que vea si tiene algo contra la santa fe, y con lo que dijere la traiga. [Rúbrica] Esta comedia de san Simón y Judas no tiene cosa contra de nuestra santa fe y buenas costumbres. Madrid, y marzo 23 de 1625. Doctor don Francisco Zallo Guerrero. [Rúbrica]
[ 24
S. Simón y Judas, o Las Luces del Evangelio.
24
Sale el Rey con una carta
¿Cómo, esta osadía pudo
tener Suamir, sabiendo
mi poder? ¿Cómo no teme
Zaroes mi enojo fiero?
Juro yo que hará cenizas
tantos rebeldes mi fuego.
Baradac, soldados, hola.
Sale
Señor, ¿qué ordenas?
Atento,
te lo dirán, si le lees
la noticia de este pliego.
Lee.
Señor, llegó a Suamir
Zaroes, que vino huyendo
de Simón, cuya doctrina
mandas que escuche tu imperio,
convocó los ciudadanos
del sol, y la luna, al templo,
donde consiguió lloroso,
que crean por desaciertos
las verdades de Simón,
con cuyo error tanto hicieron,
que negándote el poder,
por su capitán fue electo
para resistir que escuchen
de Simón los documentos,
y si no acudes.
Ya basta,
Baradac, este consejo
y aviso, nacido viene
de algún leal, que aunque veo
sin firma su razón, parte
a Juamir eligiendo
la mejor gente en los persas,
y abrasándola con ellos,
castiga así, que a Simón
culpen, cuando le venero.
Y quien como yo admite,
mis leales, admitieran
admiraban del Dios, que confieso
líbrese de sus estragos, sepárese de tu incendio.
Zaroes tan atrevido
a Su Majestad, es medio
de esas rebeldías, no
tanto gran Señor, mi pecho
estimara, presentarte
el brío el mayor trofeo,
como estimaré vengar
en el de Simón, atento
a su verdad, las ofensas.
Como culpa lo discreto
en él, su virtud lo diga,
su piedad, su amor su anhelo,
en enfermos que en sanarlos
no hay más distancia que verlos.
Persia de Tadeo juzgo
sentirá iguales portentos.
Porque estos solos ser pueden
el camino para el cielo.
Que otro más que yo, presuma
estimar a Simón siento,
dígolo por mirar ese
ilustre cristiano nuevo,
que por no dejar de ver
a Simón, de mis imperios
no se ausenta, estimación
que en mi estimación la tengo.
Por eso Zaroes muera
que ofende a Simón. Mas quiero
con un discurso cristiano,
darle un aviso discreto
en piedad, Baradac yo
a Zaroes, en un pliego,
cariñoso he de mover
a que conozca su yerro,
espera aquí que mi mano
misma será más afecto,
después que tú el portador
seas, que diera mi reino
por rendido a Simón
de Zaroes lo discreto.
Mudar parecer tan justo,
no le juzgaré por yerro.
Vase.
Aquí espera, ¡ay Prima, cuánto
de tus luces es el fulgor,
compuestos en materias que
más abrasa a más lejos.
Sale.
De Aminta cuando amor quieres
librarme dándome aliento,
para que al Rey de Diana
pida el favor que venero?
Si el Rey estará,
Si estás,
en su cuarto, ingrato dueño,
tanto sin él le tienes, tanto
su vista procuras, siendo
siempre donde yo lo vea,
para que me maten celos.
La verdad es que he llegado,
cuando en el cuarto te encuentro
de Aminta, después que algunas
finezas te oyó el recelo.
Con la Infanta no podía
negarme yo al cumplimiento,
y si con el Rey podías,
tal vez que te he visto atento,
en cortesanas, que
para mi fe fueron celos.
¿Podía yo no escucharles?
Una dama puede hacerlo.
Fuiste galán cuando a otra dama
agravias con los respectos.
Al Rey buscabas aoras.
Si el Rey estará diciendo,
iba a decir, con Amintas.
Y yo en su cuarto te encuentro.
Hagamos una experiencia,
que salga el Rey aquí espero,
yo me ocultaré a hablalle
y veremos.
No, primero
he de oír yo con Amintas.
Antes tú.
Tú antes.
Ocúltase Baradac.
Eso no puede ser, que el Rey llega,
y a la experiencia me entrego.
Prima, dejé a Baradac
aquí, porque aqueste pliego
para su ausencia,
¿Su ausencia,
pues dónde sirve?
En eso,
vano fuera divertir
la ocasión que me da el tiempo,
sin Aminta que me estorbe,
divina Diana,
Sin dar
cuidado alguno, Señor,
saber quisiera, a qué efecto
es la ausencia en Baradac.
Al paño.
ver su sentimiento.
No diviertas así, prima,
el tiro a mi deseo.
Porque en amor caen solo,
Porque en su Imperio
las novedades quisiera
saber, qué leal mi pecho,
Al paño.
en mi ausencia solo trata;
sanó esta ausencia mis celos.
Después diré,
Al paño.
Sin tu vista,
Diana hermosa, pretesto
de mi detención, ¡qué supe
hacerle tener por celo!
En todo siendo una parte,
no vivo pues, más que veo.
No fíes de mí.
Dejadme,
que fío mi amor, que en eso
de ausencia a vos no os importa,
Al paño.
Ingratitud. Y ahora celos.
Al paño.
No se resiste muy mal;
mas, ¿si será fin al mío?
¿Cuándo yo en amor he hablado?
Nunca. Pero siempre en celos.
Mirando que ya la sospechas,
no están los despegos lejos.
Templad ardor que es tan vano,
Al paño.
¡Qué firme que es el consejo!
Si templaré en el cristal
de esa mano.
¿Qué oyes?
Cielos,
¿qué escuché?
Sabré indignada...
El correr amor es yerro.
¿Cómo, no yo...
Sale.
Señor, quise,
esto importa.
Llego a tiempo.
Mayor daño temí.
¿Qué
quisisteis, Miral?
Atento
saber, porque ofende alguno.
¿A quién?
A quién yo venero.
¿Cómo pues vos?
¿Qué he sentido?
¿Quién vio pesares más nuevos?
¿Pretendéis?
Yo hablaba solo
del amor con que pretendo
a quien se ofende en...
Empuña.
Ea, calla,
que tu voz...
Sale.
Señor, el pliego.
Le he escrito, pero en Miral
le firmará aquí mi acero.
Señor, ¿qué causa?
¿Qué ofensa
que a hablar no me deja, he hecho
en decir que?
Dásele.
Vase.
Basta, aquí.
Por Diana, y su respeto
callaré que Baradac
no es razón sepa mi estremo.
Baradac, parte mañana
a Asumir, lleve él el pliego.
Miral, aunque rey, soy hombre,
ocasión me dará el tiempo.
Diana, Amurita os espera,
primo y rey soy, harto siento.
Vase.
¡Mal haya, ay amor, la industria
que me costó tanto precio!
Baradac, yo estoy absorto.
El rey se enoja severo,
no dudando que prosiga
en decir, quien cuando atento
estimo a Simón, se atreve,
en su amis...
Amor, bueno
está este, salvo conduco,
de albricias doy unos celos.
Quede ansí Diana bien
con Baradac, no poniendo
ocasión a que el enojo,
presumo fue lo que siento,
en el rey.
Miral, al rey
hablad declarando.
Vase.
Eso,
si no tuviera valor
él lo hiciera, pero siendo
hombre y rey, y habiendo Diana,
puedo yo decir lo mesmo.
Lo mismo me hiciera yo.
aquí sabido el duelo,
andar a la vista sea,
de mi valor el consejo,
pero si me ausento, ¿cómo?
(Sale)
(Ocúltase)
Aminta sale a este puesto,
ya oíste lo que hablé, oculta
procura decir lo mesmo,
porque si me irritas...
Aminta,
oye, espera.
(Sale)
¿Tenéis miedo
Baradac, de que yo llegue?
¿Qué llamáis?
Que me vio, temo.
Era a quien yo llamé,
era...
¿A quién?
(Sale)
Al compañero
busco.
A Morlaco llamabas.
Sí, porque yo vine a cuento.
¿Qué le querías?
Señora,
ya se echaron el primero.
Pues si no sirvo ya, busco,
digo a Simón, porque esto
de ser yo obispo, va largo,
y le he de decir que luego
reniego de un sastre si
no obispo.
Dejando necios...
Di, pues dónde está Simón,
¿no sabes?
Él anda hecho,
un pregonero de Dios,
y en un milagro cada uno.
Saca diablos de mujeres,
porque todos son caseros,
ya sana haciéndose cruces,
ya bautiza sin ser cueros.
Ya
Vete y búscale, que
hablar a Simón deseo.
Voy.
¿Tú le sirves bien?
Cómo
hablar la excusa con esto.
(con humilde rendimiento)
¿Qué es servirle? Ya no quiere,
criado, porque él a todos
los dice mis compañeros,
si yo tomo alguna cosa,
él lo sabe ya sin verlo,
y si no la doy a pobres,
dice: fuera, compañero.
Y el villano se detiene.
Vete ya.
Ya te obedezco.
¿Predica mucho?
Y no suda.
La industria le vino a tiempo.
Y si digo que descanse,
dice: fuera, compañero.
Bien está, vete.
Ya voy.
Dime, ¿dónde?
Pues ¿qué es esto
Baradac? Bien digo yo
que solamente tenéis miedo,
si porfía mas es rabia.
Vete ya.
a Dios compañeros;
así que yo seré obispo
porque sino...
que?
(Vase)
no serlo.
muy cobarde sois,
señora
quien mira al sol ciega luego,
mas si divierte los ojos
no es yerro de su incendio,
Celo le pide, y no hay quien
a Celo le pinte ciego.
mas claramente no pudo
declararle sus afectos.
si señora pero como?
(ap
Baradac, ya se engendró
esta cobardía, el día
es solo enemigo mío.
en el jardín con las sombras
esta noche, considero
que las tinieblas no espanten,
como las luces han hecho
(ap
si hiciera pero una ausencia
que ahora no oyese su acento.
contra Zaroes.
(sale)
Zaroes
que culpa tiene?
que susto?
que miro?
tú?
yo soy:
quien no sabéis, ni a que vengo.
el que culpáis sin saber
justa ocasión para hacerlo.
(sale)
el Rey sale.
que le oí?
que estoy a tus plantas puesto.
(Sale)
salir puedo ahora que
ocasión tendrán mis celos.
pues como contra Simón
causas?
escúchame atento.
que de causas, si infeliz
aun en retiros no tengo
quietud, desde que dejé
señor tu palacio regio.
sin crédito en mis estudios,
sin honores en mi puesto,
en Babilonia escondido
de Simón oí portentos.
hoy que tuve la noticia,
que algún villano pecho,
enemigo mío avisa
una mentira en un pliego.
a volver por mi, me saca
de mi retiro el aliento:
a prevenirte no más,
que su amor resistiendo
oye de Simón las voces,
en esa carta los medios
pone, con decir que yo
soy quien su audacia fomento,
para que te determines
a su castigo tú mesmo,
queriendo ansí, los traidores
llevarte donde sangrientos,
una alevosía, que da
darte muerte, y en efeto
a ser la carta verdad,
firmara su pluma el eco.
Llegase en Suamir, si yo
sus calles pisé y sus temples,
y sépase en Babilonia
si he vivido en los secretos.
Este aviso de mi estudio
es lealtad, y podrás verlo,
en que vengo a que Simón
me venza, porque atendiendo
a su verdad falta poco,
para creer sus acentos.
Eso solo te perdona
sea cierto, o no sea cierto
el error que ya en Simón
penetras lo verdadero.
Veréme con él, que puede
ser que venza, si no venzo.
Estas asechanzas que bien
en Zaroes represento,
que el Rey descuide en quitar
tanta semilla que él mesmo,
sembrando en Suamir, hará
que no nazca el evangelio.
¿Dónde Simón estará?
Yo le llamé.
(Sale.)
El compañero.
(Sale.)
Jesús Dios eterno sea,
quien nos dé a todos su reino.
Simón, Zaroes desea
arrepentido.
A lo menos,
si se arrepiente, aunque sea
Zaroes el demonio mesmo,
a quien ofendió pedirle
su perdón sabrá mi ruego.
Y me perdonará, mas
soy yo quien no me arrepiento.
Si ha de ser disputa, empieza.
En disputa no me venzo,
pero en obras será agora
la lid, pues de Marte tengo
el poder.
Tal eres tú.
¿En qué?
En ser calvo y bermejo.
Veamos quién de los dos
vence un imposible.
El eco
de Baradac le proponga.
Pues sea ver de todos
la enseñanza en Persias, cuyo
cuidado pasa a tormento.
Este es mayor imposible,
a que guardar puta silencio
en la cazuela, ¡ay, es nada!
que hay urracas que es un cuento.
Ciencia mía a ejecutar
más en obras, que en acentos.
Poder de Jesús, a hacer
resistencia a los infiernos.
(Cantan.)
A vencer sale la luz
las tinieblas del abismo.
Al son de canto a los dos lados en dos nubes se van apartando, y una Hostia como el sol en medio.
que en un sol falso imaginen
apagar el verdadero.
(Canta parte, oculta en el mismo San Judas. Al mismo tiempo se descubre el Ídolo en el Altar Mayor. Y a lo alto se asoman a la tramoya con un Ángel y con el Demonio.)
A triunfar sale el poder,
que contra dioses y nieblas,
serán las luces tinieblas,
serán sombras los luceros.
A la lid, a la lid,
al encuentro, al encuentro,
y viva quien venzas,
por sol verdadero.
Espíritus, ya ha bastado
antes que con lo que temo,
seáis vencidos y el triunfo
quede por mí en lo suspenso.
Eso no, que ha de saberse
lo mentiroso, y lo cierto.
Simón, Zaroes, pues cómo
se multiplica Tadeo?
Aquí hay mentira, y verdad.
Y más si miro en mi templo,
ni a Marte que se adoraba,
ni a Jesús a quien venero.
Y rendí la casa.
Cómo
el sol deidad, que tuvieron
más errores por Dios,
consigue aquí altares nuevos?
Qué hay que dudar quien ha visto
que digan verdad los viejos,
en no siendo santos.
Todo
lo dirá el prodigio mesmo.
Dígalo, ea, engaños, diga
porque sepáis que Tadeo,
conoció su error, y dice
de Persia en el alto templo.
(Llega y júntase a Judas)
Persas no mentís, que el sol
merece mejor obsequio.
Simón me engañó, creed
agora mi voz y a los bellos
rayos de Apolo, aplaudid
sonoramente, diciendo
A Apolo viva que es Dios,
vivan los rayos de fuego,
que es vida del alma,
que es alma del cuerpo.
Persas, a Cristo son dignos
esos sacrificios píos.
Apolo es astro criado
del poder de Dios supremo,
a su culto oigan solo
ecos que promulgue el cielo.
El Sol de Justicia Cristo
viva solo, cuyo eterno
poder, es regalo
es gusto, es consuelo.
Una ciencia es igual.
Mientes,
y yo atiendo al efeto.
(Ábrese todo el sol, vese el Niño que hace a Cristo; desde donde de balanza: y ocultándose el del sol solo: se precipitan el Sol y Demonio. Y Judas y el Ángel suben.)
Simón y Judas serán
las luces del Evangelio.
Yo diré quién sois, y a
qué son voces mis incendios.
Vivan, vivan en Judas
y Tadeo
las luces prodigiosas
del Evangelio.
digo, que Zaroes podía
ser del diablo compañero.
¡Vivan Judas, y Simón!
Hijos, no; atribuyolo al cielo;
alabad, a sosegarlos,
el Señor me dé su acierto.
(Vase.
Pregone yo los asombros,
publique yo sus portentos,
explique yo sus hazañas,
venere yo sus aciertos,
diciendo con tantos vivan:
Las luces del evangelio.
(Vanse.
Pues como no se hace caso
de mí, que soy compañero,
hago más milagros ya,
que Judas el despensero.
Compañero.
(Sale.
Flora mía,
en viéndote no reniego,
que desde que soy un santo
soy un santo con todo eso.
¿Qué milagros haces?
¿Qué?
Mira, ayer vino no menos,
que una suegra, y me pidió
para no mentir remedio;
díjela que se muriese
porque era imposible menos.
Lindo milagro.
Aún bien que,
ando tras quitarle, al bueno
de mi compañero, un palo
que él con él hace portentos,
y yo si le quito haré,
en ti el milagro primero.
¿Cuál?
¿Cuál? Volverte cristiana.
Que es gordo, oyes, y tieso.
¿Qué cristiana? Antes seré
el demonio mismo.
¡Arredro!
¿Qué dice? ¡Ay de mí, Morlaco!
(Enfurécese.
¡Que me abraso, que me quemo!
Pues sopla.
Volcán soy.
¡Ah, cuál!
¡Poltrón embustero,
(Dale.
te he de ahogar!
¡Ay, ay, ay!
¡Compañero, a compañero!
(Sale.
¿Morlaco?
(Sale.
¿Flora?
¿Qué voces?
Un villano, un embustero
que se me atrevió aquí.
¿Cómo?
¿Estás loco?
Por el puerco
de Marte juro.
Ea, vete.
Voyme, pero digo, ello
dirá en quitándole el palo
al hermano compañero.
(Vase.
Dime, Diana.
Pues soy
Yo, Aminta, que tienes miedo.
Flora, mirad.
Al paño tap. sol.
Ya he entendido,
y ya he entendido que tengo
teniendo lugar en quien,
me llamo con sus acentos:
ocasión para vengar
las ofensas del infierno.
Ténganme por Flora y que aunque,
que ya que en Simón no puedo,
vengan, en estos mis furias.
La noche llega, ea fuego
de mi astucia, todos enojos
sean desde hoy sus contentos.
Trace, forma, industria, traza
no quede a mi ciencia, puesto
que todo lo necesito
a lo que al efeto intento.
La noche llega, y el jardín
sabrá mejor lo que puedo.
Yo muy tibia al fin te vi.
Yo siempre así muy discreto.
Llega a los dos.
El Rey sale.
Vase.
Pues teatro
sea el jardín de mis celos.
Vanse los dos.
Dónde, pero fuese como
esperándome en tal puesto
Aminta, y también, podré
cumplir, mas discurso necio
si no se divide nunca,
como en el mismo empeño.
Vase.
Que no llegasen sus paces
estuve astuta, mintiendo
en venir el Rey, astucias
al jardín, industria alientos.
Dentro.
Amor sienten las plantas
cuando sintieron,
los hurtos que con la noche
son de su deidad trofeos.
No sientan, no avisen,
las hojas que es ciego,
si las sombras le sirven
de seña más cierto.
Sale.
Como mi pecho asegura
de Baradac en mi intento,
que vendrá al jardín, consiento
que le llame esta dulzura,
que rendido con terneza,
mi amor tenerle, si ha oído
que su temor prevenido,
es amor, asegurado,
que lo indigno declarado
es para verse admitido.
Sale.
Antes que Aminta, que Diana,
solo en mí un respecto en fin,
venga a esperarme al jardín,
vendrá a esperarme Diana;
con esta mi afecto allanas,
disculparme, pues diré,
con lo que la dejaré,
que a su amor voy precisado,
por el Rey determinado,
y con las dos cumpliré.
Sale.
Para conseguir sus daños,
ya su fineza me ayuda.
Fuerza es que mi error acuda
a acreditar sus engaños
en almas que por tantos años
fueron mías, hoy Simón
(Dentro)
estorba la perdición,
no ara, pues astuto traza,
que lo que ganan en fe
pierdan en desesperación.
El amor cuidadoso
siempre es perfecto,
cuando, trata con lo sabio
no solicita secreto.
no avisen, no sientan,
caso los que ciegos
si las sombras le sirven
de decir más cierto.
Ea, astucia, lógrese
de mi error algún intento.
Baradac, es este.
(acercándose)
Atento
quien es de las dos sabré.
(en medio de los 2)
Esto me importa; hablemos.
es?
es quien recelo?
(apartase)
Baradac.
Ya sin desvelo
dejo su duda,
Señora,
trueque Baradac ahora,
el nombre de Aminta en cielo.
Y venís muy temeroso,
y así recelarlo puedo;
(sacale)
Señora, el teneros miedo
es venir muy animoso.
De dudarlo presto seréis,
Para mi temor estorvo
si Diana llegas, pero
si ahora tengo temor solo.
hace de sentir, y dar.
tiempo en mi fe tan dichoso
como esta noche merezco,
Pues el Rey que duda absorto
Siendo incierto el favor
que hoy conoció por Demonio,
y el verdadero en su amor
es motivo de alborozo.
Con este pliego me manda
esta noche acudir pronto
a saber.
(al oído a Aminta)
mientras que el pliego
no le tiene;
tan forzoso
es este presto viaje,
no lo creo, cuando noto
que mentís, pues aun el pliego
no es testigo en vuestro abono.
Pues aunque la sombra estorba
no le divisan los ojos.
(al oído a Aminta)
no, que lo trazo yo, el tacto
te ara el engaño notorio.
que deis tocalle, pero
el tacto dirá.
(Dasele)
no estorvo.
que le admitáis.
(al oído a Aminta)
es papel
que suple su engaño todo
lo leéis ahora
no.
Pues, ¿cómo ha de ser?
(cógele)
mis ojos,
en mi cuarto los testigos
serán.
ahora pues entremos.
Señora, el seguiros fuera
(ruido de Armas)
Para vos indecoroso.
Soldados al Jardín, que
en él es el alboroto.
(vuelve)
Pues yo vuelvo, no se empeñe
allí, pues le dejo solo.
Atención, que aun yo no acierto
tantos enredos que formo.
(Sale y Miralem, envainando)
No quiero que se conozca
ser yo causa del enojo.
Pues, qué haré?
Escuchadme.
(Vase)
Aquel ruido
del Rey, y Miral supongo
pueda ser Amor, y dudo,
esta vez aparte ponga.
(Vase)
Yo haré que el Jardín no miren,
y el día en el Parque solo
me tendrá.
Yo os buscaré.
(Ruido de Armas)
Llegue a esta ausencia un estorbo.
(Sale)
Ay de mí, si Baradac,
es dueño de aquel enojo
que escucho.
Quién?
(Apártase Flora, y llega Diana)
Soy Diana.
Albricias Amor que oigo.
(Sale)
Que a Baradac no halle?
(Llega a Aminta)
Yo por el sujeto tuve este corto
espacio, que a mis astucias
importa.
Cuándo este logro
yo merecí?
Cuándo en sombras
pudo hacer mi Amor notorio
Infeliz yo que ignoro
con cuánta razón adoro.
Que al rumor de llegar a inquirir
temen.
Dejaros, conozco,
fuera error.
Miral serás;
de tus pies trofeo corto.
Este en todo el que quisiere
saber cómo estoy en todo.
(Apártase)
Miral, Cielos, error grave.
Veré si el remedio logro.
(Llega a Aminta, deja a Diana agarrando a Floro)
Cómo, señora, consigo
tanto bien.
Porque conozco
que el fingir con conmigo no,
ni el desaire, y el decoro.
Yo en qué fingí?
(Apártase)
Yo en mi cuarto
lo veré.
Señora, cómo?
(Vase)
Que papel es este que
mi Amor lleva tan absorto?
Iré a verle, pues cesó
el empezado alboroto.
en su cuarto
pues, qué es esto?
(Llega a Miralem)
Yo
ser su cobarde.
(Vase)
Mas, cómo
pudo Fortuna, valor
que me de atrever a todo.
Vence en el engaño, cuándo
en ello no están mis logros.
El error hecho, los pasos
me corta.
(Sale)
Visto el contorno
de estas plantas ya en el ruido
cuál causa tuvo, no noto
más, ¿quién?
Conócelos, y paren
a celos, y amor notorio.
Baradac, en el rumor,
te juzgo mi temor todo.
No, bella Aminta, porque
me aparté a saber.
¡Qué oyes!
Lo que para vuestras penas,
fue quien lo trazó el demonio.
Ya que vuelvo, dueño mío,
engañarla es forzoso,
ansí por que me deje.
¿Quién pudo,
tener celos más notorios?
El papel.
¿Qué papel, dime?
Villano, ciego, alevoso.
Diana, cielos, ¡qué susto!
¿Me conoces?
No conozco.
Tirana ansí fin diré
y el rey...
¿Cómo, dime, cómo
te acuerdas en evidencias,
de lo que es indicio solo?
Sale.
Mas tras él llegan.
Di aviso
que el jardín defiendan...
Conozco
mi error con disculpas quiera
Diana hermosa.
¿Qué oigo?
Traidor, siendo Aminta a quien
le ocasionas.
Tiren.
¡Rayos broto!
Muere, traidor.
Tengo aliento.
Sale.
Saca la espada y se pone al lado del rey.
Amor, ya llegaste al colmo;
mas, ¿qué rumor?
¡Ay de mí!
Dentro.
Luces, soldados.
Ea, asombros
de confusiones, no tienes
en Simón tu furia estorbos.
Salen soldados con luces y Aminta.
¿Quién sin respecto?
Del afecto
quito a mi ser los estorbos.
¡Judas a mi lado, cielos!
Yo contra el rey, cielos, cómo.
Si a sus pies rendido,
error de la noche solo
pudiera obligarme,
Preso
Baradac, pero yo cómo
sin causa le ofendo; ¿qué es?
ansí sospechas estorbo.
Señor, si el no obedecerte
en la ausencia, que animoso
ordenaste, te ha irritado.
No fue mucho, siendo el amor propio,
favor, que honesto hurto,
¿Qué oigo?
Al rey al oído.
Ahora piensa,
que a no ser de Aminta esposo
Baradac, tu honor se queda
a murmuraciones pronto.
¿Qué locura, amor, a Aminta,
el acento mueve?
Absorto
lo que en Diana encendí,
es lo que noto, es Aminta en quien conoció
la pena de los mis pesares.
La prudencia sea el todo
de mi acierto, Baradac.
Si amante es favores corto,
donde Aminta a las hermosuras
fue de tu ausencia el estorbo,
suspéndala ya su mano,
pasa deste amante a esposo.
¡A cuándo espera mi muerte!
¡Ay, Diana!, ¿cómo, cómo
te he de perder?, ¿no es mejor
morir rendido a tus ojos?
¿Qué te suspendes?
Señor,
yo nunca merecí todo,
el favor que has intentado.
Vive el cielo, que mi enojo,
ya en vano oculta.
¡Ay de mí!
¿Qué es esto, Baradac?, ¿cómo
medroso aquí, y allá atrevido?
En el margen hay una inserción para Miracielos señalada con una cruz (+)
Cielos, dile que noto
confuso a resolverme,
que a la duda tiempo corto
lugar me daba el silencio.
¿Yo atrevido?
Vive el cielo,
en tu resistencia, ¡hola!
Prendedle, que mis enojos
harán, mas ¿qué haré, ay de mí,
si sé que mal como rompo,
lazos, sin romper mis venas?
Apartad pues de mis ojos
su presencia.
Baradac,
Ingrato cruel.
¿Qué oigo?
Diana, lleva a su cuarto
a tu prima; idos nosotros
con este aleve.
¿Quién pudo
verse en dudas tan absorto?
Diana, por ti la vida,
perderé constante en todo.
(Vase)
Baradac, ¿cómo me juzgas?
Pero al decirlo me ahogo.
(Vase con soldados)
Aminta, ¿quién ocasiona
tus locuras?
El Demonio.
(Vase)
Pesares, ¿quién de una vez
tantos pudo unir?
Yo solo.
(Vase)
Desdichas, ¿por qué ocasiones
me acosan?
Por mis antojos.
(Vase)
Dudas, ¿en qué pararéis,
pues no os entiendo?
En ahogos.
Para que ansí me asegure,
en que desesperen todos,
y sean sus desconsuelos,
los trofeos del Demonio.
Fin de la 2ª Jornada.
Cajas.
Dentro.
Simón, muera.
Dentro.
Muera Judas.
Dentro.
Penitencia.
Dentro.
Penitencia.
Sale.
Aunque sea en peligros.
Sale.
¿Quién eres tú que articulas,
solo entre tantas mentiras,
la verdad en...
Sale.
Penitencia.
Tadeo.
Simón.
Benditas
sean del Señor las horas
que en esta me da su vista.
Para que sea consuelo
de nuestra fe en la alegría,
de verse que a Persia ido,
sembrada de la doctrina
de nuestra ley, de tal forma
que puede con maravilla
creerse que, en esta planta,
son las raíces espigas.
De Babilonia el imperio
tan crecido se acredita
en la ley cierta que hay santos
que la penitencia trilla.
Sola esta ciudad Suamir
en su locura acredita
que la cosecha no gusta,
pues el agua no apadrina.
Y por eso aquí venimos,
Simón y yo, con su encina,
a tratar de beneficios
y echar fuera simonías.
Por saber que esta ciudad
tanto culpa tu doctrina,
al riesgo de su amenaza
buscar mi gloria quería.
Y al entrar en ella, hallando
estos acentos que dictan,
unos diciendo:
Cajas
¡Nival
viva!
Y otros:
¡Marte viva,
y muera Simón!
Las causas,
en ti solo conocidas,
en Nival extraño.
Son
las que mi acento te dicta.
Preso Baradac, culpado
en el desdoro de Aminta,
libertarle Nival piensa.
Pues convocando la India,
al Rey altivo a Suamir
a fuerza de armas altivas,
dándole plazas y fuerzas
de su grande monarquía,
y no pudo no ganarle
a Baradac, que a la ira
del Rey preso, y a su lado
siempre procuró que viva
en un encierro una muerte,
que esta es muerte antes que vida.
Dice Nival que sin culpa
el Rey le prende y castiga;
y en este intento no estorban
su furor Diana, Aminta,
ni mi voz, que al Rey seguimos
las dos por hermana y prima,
y yo, porque no se pierda
la fe cierta en las mentiras.
Tres días ha que en Suamir
entró el Rey, y estos tres días
a que no le veo, no,
sin causa de que, a la vista
Nival su campo todo,
quiso justar mis doctrinas.
Yo, que le dejaba atento,
buscando de las malicias
de Suamir el remedio,
sus ciudadanos avisan
a Nival que no me ampare,
con tan arrestadas iras
que de la ciudad las puertas
de hierro y de fuego unidas
resistencia piensan pueden
ser de mi entrada, y no miran
que puedo con Jesús todo
hacerlo polvo y ceniza.
Fiero el enemigo rizo
murallas de industria anima,
pero al valor de los Cielos
desealas el ruego. Y mira.
Pues que dices ha de entregarse
de un salto esta fuerza altiva,
cosa es que no nos cansemos,
no la haré en toda mi vida.
Pues Tadeo, al poder grande
de Jesús humilde, pida
su voz este rendimiento.
Que su virtud nos asista,
pide, Simón.
(Cajas).
¡Arma!
Esta es otra maravilla,
que en el muro dizen unos...
¡Arma, arma!
Y apellidan
otros en el campo...
¡Guerra!
(En una muralla a un lado con soldados).
Y soy yo quien lo motiva.
Espíritus que a mi ciencia
asistís, de la familia
infernal, hoy poder
necesito, que peligra
Suamir, sitiada hoy
de Simón a la voz unida.
(Al otro lado de la muralla).
Ciudadanos, ¿quién sin ser
orden mío a Simón quita
la entrada en Suamir? Las puertas
abrid, aunque hoy al abrirlas
Miral triunfe, pues importa
más que a Simón no resistas.
No me obliguéis a que baje
del balcón en que os noticio,
permitiéndolo mi alcázar,
a irritar esta cuchilla.
(Sale. Caja).
Un dios valeroso, no.
Se ejecuten vuestras iras,
hoy por vencer a Suamir
y por a Baradac viva
tanto como porque Suamir
de Simón oiga las limpias
razones que a la verdad
solamente se dedican.
Rey invicto, Miral fuerte,
Zaroes, Suamir invicta,
no a furores, no a venganzas,
no a sinrazones o riñas,
ni defensa, pues será
ella sola pena mía.
Entrar a sangre y a fuego
no acostumbra mi doctrina,
que solo a las resistencias
balas de acentos las tira.
Judas, mi hermano, y será
solo el favor que me envía
hoy el cielo, que porque cuando
en Zaroes, quien respira
rabias que a Suamir alienta,
es el demonio. A rendirla
la palabra de Dios basta,
sobra de Zaroes la ira.
Y basta este palo para
Zaroes y sus costillas.
Zaroes, ¿tú, uno como
él, no fuiste maravilla
que en Babilonia estragó
la tierra?
Sí, tuve vida,
y la tengo en Simón, nota
que todo aquello es mentira.
Tadeo, tus pies merezca,
de haberte visto, la dicha.
No esta tuya en este asalto
quieras, gran Miral, que impida...
Que, como en Suamir, uno y no
me viste en estos tres días.
Porque capitán me llamo
de los que a Simón fatigan,
y presumir es tuya,
la defensa en Marte es mía,
y a su Rey nunca hace ofensa
quien a su Dios apadrina.
¿Cómo apadrinar, si yo
para llegar más aprisa
me ampararé a que las puertas
de contorno a Simón no sirvan?
Rey de Babilonia, esta
es lid de virtud, de vista,
no es intento, que la batalla
empiécese en maravillas.
Empiécese, que tantas brechas
nuestras verdades conquistan.
Empiécese, si hay fiera parte
que a tu engaño contradiga.
Empiécese, siendo la escala
que a su razón arrimas
el favor que al cielo pido.
Nunca rindes sino hechizas.
Empiécese, que si allá sube
yo empezaré con la encina.
Asistidme ahora, ministros
del abismo, que podáis
ser que no se necesite
de sumir humanas iras.
Sube, Simón, pues prometes
vencerme con maravillas
a fuerza de la virtud
del Dios que solo publicas.
Sube sin artificio, arrímase a Judas ayudándole y cayendo a este dice que aunque se anima...
Baja, Zaroes, pues dices
que Marte el poder te envía
a fuerza de su favor.
Mostrando aquí que lo miran y el viento o ir en ascenso solo
Sí haré.
Yo subiré arriba.
Para que, vencido el muro,
a las puertas este asista,
yo que entraré publicando.
Cantan.
Solo quien vence viva,
guerra, guerra.
Al lado de Zaroes baja el ángel encima, y él se va apartado de la muralla. Simón empieza a subir y el demonio se descubre con donde en tramoya.
Arma, arma.
Diga el aire.
El aire diga.
Contra el muro que el infierno
defiende estorbando
su entrada y salida.
Contra el que asaltar presume
murallas que Marte
por trono domina.
Arma, arma.
Guerra, guerra.
Diga el aire.
El aire diga.
Cesando en igualdad, los dos se detienen.
Zaroes, sí vences.
Simón,
si triunfas.
Cómo se admira,
Rey, un engaño, mira,
presto verás las mentiras.
A pleito maldito baja,
lo mismo es aquí que arriba.
Pues si Marte puede hacer
que el viento sea mi silla,
Pues si el aire me da escalas
para que tus fuerzas rindas,
No es ofensa de las igualanzas.
Será vencerte rendirlas.
Cantan.
Al muro, al muro, Simón,
enarbola atento
de la fe divina
el estandarte glorioso,
para que tu virtud viva.
Canta.
A tierra, a tierra, Zaroes,
tus plantas, sabio,
con tu ciencia suma;
porque si por Marte bajas,
no bajas, pues te sublimas.
No más dudas te consientes,
pongas, dragón fiero, a vista
de tanta atención el cielo,
solo lo que es cierto viva.
Caen Zaroes, y el Demonio. Y Simón sube al muro, y el ángel vuela; y el Demonio como arroja.
Pues estas luces enciendan
llamas que mi incendio digan.
Para que venzan las luces
el evangelio divinal.
¡Válgame todos los dioses!
Allá va la reta y la...
Simón, tu Dios es el grande.
Zaroes cayó sin la vida.
Eso fue por excusarme
que le tome la medida.
Si el muro venció Simón,
a la cruz las puertas nos rindan.
asen Casar
¡Viva Mural! ¡Arma, guerra!
No, soldados, no se diga
que para entrar a Suanir
Judas la entrada me avisa;
toca a retirar, que solo
a que Suanir no diga...
Mueran Judas y Simón...
Los seguirá mi cuchilla.
Mural, no en este proceso
se fíe tu valentía,
que de mi enojo a la furia
no te aseguro la vida.
Tadeo, a Suanir, diciendo...
Simón, a Suanir, y digan
mil voces...
¡Penitencia!
Vase.
Porque entonces yo resista,
viva Simón, y a mirar
la entrada se le resista.
Vase.
Presto espero en Dios que sean
paces en las dos castras.
Tadeo, a Suanir te sigo.
Vase.
Ven sin temor, que me avisa
el cielo que están cercanas
a quietudes las fatigas.
Dale.
Como un atún le dejaron
al mal viejo, ¡vive Cristo!,
que no se levanta a oras,
que al andar de la encina
cuerpo de Apolo, con él
quería ser parasita.
Como juro a san que pienso
sino miento que respira.
Pues tome, a moro muerto...
Salen soldados.
Aquí está, llegad aprisa,
llevemos el cadáver.
Cadáver, pues no reviva.
¿Qué hace?
Un milagro que piensan
que no hago yo maravillas.
A palos intenta hacerle.
Le admiran.
Pues diga hombre, ay que a su mujer
a palos la resucita.
Levántase.
Téngase.
En vano,
Simón...
¡Cómo que...!
Imagina...
Mas ¡ay!, soy tonto.
Que crea...
los errores con que
hechiza;
si no se acaba en mí, no,
una soberbia, una envidia
que a ser poderoso llama
la fuerza de mi avaricia.
Amigos, Marte me ha dado
vida, seguidme, que avisa
él que le ampare me manda
que quite a Simón la vida.
Vanse.
Vamos, que a vados haremos
rojeos destas cuchillas.
Vase.
Y tú irás, calvo, peor
que Calvino, y unos digan
que fue que te emborrachó,
pues tan presto resucitas.
Esto, ¿sábelo ya Simón?
Saberlo bien que, a mi vista,
santo soy en nueve meses,
pues Morlaco nueva vida
ponernos a hacer milagros,
que si en dar palos estriba,
mujeres hay que el milagro
han menester cada día.
Salen Simón y un soldado.
Hijo, con la caridad
forzosa, ya mi alegría
le sigue, que es gloria mía,
y querrá oír la verdad.
Padre, pues crueldad
de su Emir te ha ocultado,
y no admite lo elevado
del palacio por mansión,
admita de mi afición
esta casa y mi cuidado.
Cuidado...
Y yo deseo
seguir de su ley el bando,
aunque no me determino,
pero si por mí el milagro
de sanar una mujer,
cuyo dolor ignoramos,
hiciere para seguirle,
atropellaré embarazos.
Mire, yo no puedo, pero
quien puede en mí dispensarlo
es Jesús, Dios poderoso;
tráigala, y su mal sepamos.
Vase.
Voy por ella, y para ello
llevaré amigos, que si tanto
su enojo y cólera crece,
si no quiere yo no basto.
Siéntase.
Duérmese.
¡Oh, divino Señor!, poned
en mi humildad tanto amparo,
que el enemigo, que importa,
las asechanzas del engaño,
a mi vil cuerpo, que poco
se fatiga, y cansado,
por pensión humana al sueño
está contra mí llamando.
En volviendo, despertarme
podrá, y este breve rato
que se concede, será
prevención para el cansancio.
Sale.
Cama de posadas esta...
me han dicho ser. Pues pidamos
posada, a quien ya cierto
cansado de hacer milagros,
y ninguno me cayó
en mi vida más trabajo
que estorbarle a un tabernero
que agua los cueros cristianos,
y en esto gastando el tiempo,
al compañero no hallo.
Pasemos a la sierra, que
luego volveré a buscarlo.
¿Dónde el dueño de esta casa
estará? Pero aquí, ¡ah, hermano!
mas, ¿qué miro?, ¿el compañero?
Es; como yo soy Morlaco.
Chitón, dejemos que duerma,
que con él aquí soy amo.
(Salen dos soldados con Flora.)
Tenla bien.
No hay que soltarla.
¿Qué es tenerme a mí, villanos?
¿Sabéis que soy el demonio?
Padre, aquí está.
Paso, paso,
que si por milagros vienen,
yo no los hice por santo.
A Simón buscaba, que
aquí le hallé.
Veamos,
¿qué se quiere?
Que sane
¡Lindo chasco!
Para eso he de despertarle,
pues no sanaré yo al diablo.
¿De qué suerte?
No es lo propio,
si a una mujer aquí sano.
¿Qué has de sanar, embustero?
¿No me conoces?
Es barro.
¿Y tú no conoces, Flora,
lo que te dije del palo?
Pues sánala, hermano.
Ea,
ténganla bien, ¿que si acaso...?
¿Qué es de tenerme, si al infierno
subiré con estos brazos?
(Suéltanla los soldados.)
¡Que me ahoga!
¡Que me ahoga!
Téngase o tome este palo.
(Dale.)
Pese a tu mano, y también
pese a quien te le dio cuanto
poder en él puso para
que un alma que, tiempo ha tanto,
juzgóse por mía, temiendo
en su cuerpo poder falso,
pierda mi rencor, que envías
hasta el abismo.
(Cae en tierra.)
Y fue a palos.
¡Ay de mí!, ¿dónde?, ¿quién?
¿Lloras?
¿Qué sientes?
Sustos, descansos,
para conocer de Judas
y de Simón los milagros.
¿Qué dice?
Que son asombros.
Pues esto lo hizo Morlaco.
Flora, penitencia,
y viva
solo el Dios de los cristianos.
Dentro.
Penitencia.
Penitencia,
(Levántanse.)
que aún a voz, venzo al descanso.
Que con esta voz me llama.
mi error.
¡Qué alegría!
Hermano,
ya desvenció al demonio
el cielo, en virtud de un palo.
¡Qué mucho si es un madero
quien puso al infierno espanto!
Mortal vivía que el ídolo
sanó a Flora.
Calle, hermano.
Simón fue en virtud del leño.
Cristo solo sea alabado.
Sale con soldados.
Y vuestra pasión, quien ponga
fin a mi tormento falso.
Ciudadanos, a mi ciencia
nada hay oculto, llevadlos
al templo.
Adoren a Marte.
Que nos llevéis no dilato,
pues el cielo lo permite.
Que adore sus simulacros,
ingrato a los cielos, piensa
que es en vano.
Ea, llevadlos.
Que purgue mi enojo altivo
antes que el Rey a su amparo
acuda o darán la vida
a Marte los holocaustos.
Vea aquí la ocasión en que
me quitan hacer milagros.
Vengan.
Daré yo el aviso
de su error en el palacio.
Señor, si tú lo permites,
llegue de mi gloria el plazo.
Llévanlos.
Jesús, pues tú lo consientes,
empiece yo donde acabo.
Vase.
Encierra a ese vil también,
que aunque por su enojo alcanzo
en el rey mi muerte, iré
contento en ver que embarazo
con matarlos que riamos.
Oigal a vos, con que vamos.
Suelte el palo y venga preso.
Así me paga el milagro.
Yo dije que la sanara
y la hizo cristiana.
Hermano,
pues cuando estuvo mejor
Yo no le pedía tanto,
y en él daré testimonio
del enojo que me ha dado.
Usted sea bien mirado,
aunque sea usted el demonio.
Ve luego el grande error
de su fe y en semejantes
penas crea amarte.
Antes
mártir que no confesor.
Ea, pues su error ha visto,
el de ir a padecer.
Dígale que no ha de ser.
¿Por qué?
Vase.
Por un voto a Cristo.
Descúbrenlos luz sentados.
Buscando la crueldad
un tormento el más sentido.
hallar tan solo ha podido
de una prisión la impiedad,
por mayor seguridad.
Pues su furia conocida
dice con pena sentida
llegándola a discurrir,
que pareciera vivir
quitarle a un preso la vida.
A mujer, que potestad
te dio el error de un agravio,
pues aunque mienta tu labio,
solo el deciros es verdad.
Aminta, con necedad
dices que a tu honor me obligo.
Sale.
Baradac.
Aural, vienes.
El oro es grande poder,
él para tu prisión abre
la puerta, aunque contra el Rey.
Verte solo me permite
el Alcaide. Piensa que
medio a libertarte trae,
eludirá mi poder.
Que si a su amor no combato,
es solo porque temes
la victoria que gano.
Así la muerte te dé,
yo sé que sin culpa mueres.
Ya el dilatarte el Rey
la muerte, es porque en la vida
le da muerte más cruel.
Noble Aural, solo tengo
razones para atender
al riesgo en que estás, si viene
el Alcaide; avisa que
en mi prisión...
Sale.
Gente viene.
Señor, estórvame, pues,
ocultándote, que pueda
verte quien lo diga al Rey.
¿A dónde?
Aquí.
Al paño.
¡Ay, Diana!
Toda la causa eres
que no declare en Aminta
que fui yo solo el que erré.
Vase.
Ya entraba quien fuere.
Sí,
aunque mi muerte ha de ser.
Sale.
Y la mía cuál será,
que en el sentido sentí
que soy tu muerte, y seré
también la que morirá.
Diana, mi bien, pues ya
tengo mi muerte segura,
hoy estimo la ventura
de que me veas en tal ser,
que muero solo por ver
perdida ya tu hermosura.
¿Qué ha escuchado mi atención?
Ea, Amor, pues esto ves,
razón será que ya dé
fin justo a tu sinrazón.
¡Qué pena!
Con atención
oyere a qué vienes, dado
que es agravarme el cuidado
te espera. Pues advierto
que el Rey te enviará aquí
para verse así vengado.
Baradac, ah, dejemos
vanas finezas y vamos
a lo que importa.
Como otras voces dio paso
a mi aviso que pronunció,
y ya con mayor sobresalto.
Aminta cercana espera
seña segura en un parto
de lo que aquel papel prueba
que ejecutaréis.
Sale.
Entrando
el Rey, y a el alcaide
dijo la torre temblando,
y yo te aviso.
¡Ay de mí!
¿Y yo sin valor?
Mal rato.
¿Aquí ocultos?
No, señora.
Dudo qué hacer.
¡Qué embarazo!
Mata la luz.
En esa pieza,
Así tanta duda salvo.
Buenas noches, cava-
lleros.
¿Qué hiciste?
Matela acaso.
Sale.
Baradac.
¿Quién?
El Rey soy.
Pediré luz a un criado.
No haré tal.
A los que vengo
sin la luz podré acertarlo.
¿Quién está contigo?
¡Ay triste!
Sí, por mí lo dice acaso.
Señor, solo estoy, que es esta
la pena del encerrado.
Saca la espada.
Pues fenezcan de una vez
las llamas en que me abraso.
Obligarte a tus honores
he querido en tiempo tanto;
Mural piensa que por él
darte la muerte dilato,
y porque se desengañe
solo a darte muerte llamo
mi cólera. Las venganzas
no hacen duelo más bizarro.
Apártate, Baradac.
¡Ay, cielos, muerta he quedado!
Sale.
Su defensa es mía, pues
sin armas está, yo salgo.
Señor, y yo.
No le hables,
porque podrá hallarte ablando.
Con Mural.
Ya mi acero... Mas, ¿qué es esto?
¿Espada tienes, villano?
¿Qué es esto?
Valerosos cielos,
Miral por mí se ha empeñado.
¿Con armas de veras?
Yo con armas, es engaño.
Vase.
Una traición temo aquí.
Procuraré averiguarlo.
Sale con espada.
Varonil aliento, antes
que llegue al colmo mi daño,
venguemos unas ofensas;
Diana no me vio, y puesto
que a la entrada me dio paso
el secreto de una puerta,
a la decisión le llamo.
La puerta abierta dejé, para que a algún embarazo, cuando entrarle no me plugo, vengaría mi cerrarlo con mi aliento que seré en la vuelta rayo.
Sin voces a defenderle
me obligo.
Donde hay cuidado
se apartó Baradac.
Vase, y dentro Aminta.
Puerta
abierta, pues ¿a qué aguardo?
¿Dónde hay de mí? De Diana
me verán sin reparo.
Baradac.
Dame la muerte,
si a eso vienes, que aguardo.
Sale.
A eso vuelvo.
Ya conozco de este reparo
de esta traición el pagar.
Su muerte dice que aguarda.
Pero, ¿qué dudo?
Así acaso
al arma. Con mi pena y tu enojo.
Encuéntranse los 3 con espadas.
Cáesele la espada.
Yo a mí contigo, tirano.
Pero, ¡ay infeliz! Con armas,
muerto el ánimo, a la mano
el temor me la usurpó.
Diana. Muerta estoy, pe- ro ¿qué toco? Puerta, ¡a qué in- feliz reparo! Vase.
A la torre entrad, soldados.
Antes vénganse mis iras.
Mucho en Miral siento el daño.
Vase.
Temor, ¿dónde más la puerta?
Al cielo, dadme amparo.
Al paño.
Luces llegan, viene aquí.
Si el lance me da algún paso...
Soldados con luces.
¡Como cobarde!
¿Qué es esto?
Tener infelices a dos.
Traidor, poco te ha servido
el disimulo, villano,
de arrojar la espada, ya
no tuvies temor acaso.
Cuántas para tu traición
son las evidencias que hallo.
Falso en mentirme las armas,
en lo demás serás falso,
desleal en atreverte
a mí. Pero ya que aguardo,
honores quise adquirirte.
en darte muerte mi brazo
pero no, ya donde vean
este enojo. Contigo acabo
nótenme que en vil suplicio
hha de dar tu muerte espanto.
Término, señor, pequeño
te pido, no para daros
disculpa, si para que,
muera yo como cristiano.
No hay razón que me detenga,
ea, llevadle forzado.
(Llévanle.)
Mirad por ti, me detuve,
pues temo, amigo, tus daños.
(Vase.)
A mi ira, salga a dar
de la infamia el más vil parto
para que haya más objetos
en que arda mi fuego airado.
(Sale.)
(Vase.)
Silencio mío, no culpes,
no arrestarme en el amparo
de Baradac, si a la acción
que llaman mis desengaños
solo corriera peligros,
y tengo tan cerca el campo.
(Sale Zaroes, y soldados: descúbrese el templo del Demonio, en el altar con un tridente grande.)
Hoy Marte a tu deidad ofrecer creo,
a mi fortuna, el mayor trofeo;
que ya rendidos en prisiones duras
Simón y Judas sientan desventuras
hoy que ya sus hechizos señalaron
y contra tus decoros se acabaron
pues librarse no pueden ni lo ordenan
de este encierro cruel adonde penan;
hhhe de rendirlos juzgo sin pesares
a que adoren postrados tus altares.
En detener la ejecución no quepas,
que el rey a caso Zaroes te llega
a donde apenas, entran maltratados
los de quien presurosos tus cuidados,
y si a marte rendidos no veneran,
en vil suplicio a tu furia mueran;
que si después el Rey busca su muerte,
tu amor se opone, todo a defenderte.
Pues con el horror que enseña
este suplicio vil, que a caso es seña
de tantos desdichados,
que a Marte si ofendieron indignados,
ministros suyos, a su vista dieron ,
muerte en venganza del error que hicieron;
que la ruina de la muerte viendo amagos
a temer de sus vidas los estragos
descubrid pues, atentos,
a ver si vencen más, que los escarmientos
para que el rey después, con un breve espacio,
pueda llevar noticias al palacio.
(Sale con Baradac, y soldados.)
Aquí un vil cuchillo sea
en afrentoso teatro
de Baradac, al templo a las puertas, que vean el castigo mas extraño
Señor,
Que pasmo.
A darte favor que el Rey Jove,
mi intento, hoy vendrá a librarlos.
Tu convida
Atento solo
a Marte al culto sagrado.
Luego en el Muro
No ignoro
de Simón, y de su hermano
las ficciones con que, ciego
su doctrina acreditaron.
Muchas razones son ya
las que llaman mi cuidado
a creer su verdad. Oye,
cuál es, di, el embarazo.
Nada, él a prisión sale.
A Baradac indignado
conducía a darle muerte
en afrentoso teatro,
y la suspendo al instante
que ver tus ciencias alcanzo;
no hay discurso que me aparte,
ya no me aparte en vano,
de recelar y creer
que es Baradac ingrato
y no es en mi ofensa, pues
a lo que creo, solo alcanzo.
Por si Aminta... pero esto
me molesta. Voy al caso.
Obligo a amarte a que enseñes
el puerto de estos naufragios,
el alivio de estas dudas,
de este dolor el reparo,
y volverá a ser tu ciencia
del poder de Marte pasmo.
Sale.
Si acertare tu Dios...
Sale.
Y si no miente tu labio...
Créase tu deidad falsa.
Apláudanse sus engaños.
Simón, Tadeo.
¡Ay de mí!
Absorto estoy.
Cómo franco
de la prisión el camino
hallasteis.
Por juicios altos
de Dios.
Que a su poder solo
no hay quien le ponga embarazo.
¿Presos? Pues ¿quién sin mi gusto?
No importa el averiguarlo.
Callaré, pues callan; juzgo,
señor, que desean soldados
de Suamir quien los ha preso.
Todo el cielo ha de juzgarlo.
Simón, Tadeo, al auxilio
pido acuda el desamparo
de mi razón, si esta pena
que sin delitos aguardo
el cielo ordena, rogad
que me sirva de descargo
para la gloria que espero
con otros favores altos.
Los juicios supremos nunca
los ha sabido el humano;
por eso es causa
no quiso hasta aquí enseñarnos
su disculpa, que saldrás
ya libre de los engaños,
Zaroes, que el Rey espera,
en las dudas recelando
que dio a Marte quien es
contra su honor el tirano.
Ahí tienes tus falsedades,
ahí tienes tus simulacros;
di que anuncien tus mentiras.
Si con hechizos o engaños
a Marte ofendéis, Suamir
toda se junta a vengarlo.
¿A Marte ofenden hechizos?
Luego es Dios solo en encantos.
Esa Zaroes que dices
digo que...
den el lauro
porque para desmentirte
será un portento el contrario.
Sale Flora trayendo un niño.
Aminta, que sabiendo
de Baradac el estrago,
que es muerte también, pidió
de sus errores al parto.
Que es dar muerte que es un niño
como un muchacho,
que piensan que no estoy libre
aunque estaba preso y salio,
y de las torres de Texas,
salí de un brinco cual gato.
¿Que esto vea, sin la muerte?
A Marte no se haga agravio.
¿Que esto mire, con la vida?
¿Que esto escuche, y no me mato?
Vamos diciendo verdades,
ninguno puede agraviaros;
sino, dígalo el niño,
basta, mama teta a dos.
Deydad falsas,
infiel ministro,
di el error,
di los engaños,
di tu poder,
di tu ciencia.
Tu, joven tierno, en alto
acento al primero día
que tu vida tubo plazo,
di si la deidad fingida
miente o no.
Lindo muchacho.
El infante ha de ablar.
Si.
Ahora veras sus engaños.
Ablar, oyes Flora, tenle,
que pensare que es encanto.
Tenle tu, que ya en los ombros
estan mal los arrumacos.
Marte supremo, por ti,
y por mi vuelva tu lauro.
Canta.
¡Ay, misero de mi!
¡Ay, desdichado!
Que a la luz del evangelio
no hay sombras que puedan
vestirse de rayos.
Baradac fue quien de Aminta
logró alevoso los brazos.
Llegan al paño destapan, y abla un niño dentro.
Mientes, deidad engañosa,
que Baradac no es culpado,
y el cielo para su auxilio
en mi pone hoy este pasmo.
¡Que asombro!
¡Que admiracion!
¡Que horror!
El lindo muchacho.
Simón, Judas, solo falta
que mi ofensor conozcamos.
Disculpar al inocente
pudo el cielo, y dignarnos
no al culpado descubrir.
Es hechizo este.
Es encanto.
Cajas.
Viva Niral, y que culpe
a Baradac muera.
Andallo.
Muera, pues esta sin culpa.
siendo la gente que traigo
para quien sienta que yo
de Aminta logre los brazos.
No será sino que aplauden
las glorias que goza Suamis,
y más, si a unión tan dichosa,
otra con Diana añado.
Esta mano tiene dueño.
Pues es tiempo de hablar claro,
esta mano, señor, fue
la causa de males tantos.
Mira, Zaroes, en qué
todo tu error ha parado.
Mintió Marte.
Aunque la vida
me cueste sabré vengarlo.
(Dos soldados dando lanzadas a los Santos, y caen.)
Mueran, mueran.
¡Ah, crueles!
¡Ah, traidores!
¡Ah, villanos!
¡Ah, infames!
A fe con este,
es un niño, fuera un canto.
Muera Suamis.
Suamis muera.
Dulce Jesús, en tus manos
pongo el espíritu mío,
admite mis holocaustos.
(Muere.)
Dulce Redentor, el alma
te vuelvo que tú me has dado.
(Muere.)
(Van bajando dos ángeles que soltarán a los Santos, encendiéndose dos hachas que traen, y al mismo tiempo...)
Si el dragón sirvió de imagen
de la deidad de su engaño,
vea de Simón y Judas
empezar, en acabando,
siendo luces en la vida,
en la muerte serán rayos
para quien ellos guio,
sombras armar con engaños.
Luces viven, luces mueren,
dan a un tiempo como ingratos
sombras; pican fuego, exhalan
iras, penas, vencen llantos.
Zaroes, esta es tu ciencia
y a tu crueldad es el pago.
(Hunde, y el altar se oculta.)
Penaré mi ciencia al tiempo,
y en glorias vuelven sus daños.
Pagaré infeliz haber
puesto en su aliento mis manos.
(Cantan.)
(Suben.)
Sus males, y previenen
luces del Evangelio, soberanos
para durar eternos,
en penas, en gustos,
en gloria, en estragos,
en el cielo, y abismo
han empezado.
(Ocúltanse.)
Baradai.
Diana.
Flora.
Morlaco.
Niño.
¡Qué pasmos!
¡Qué asombros!
¡Qué confusiones!
No son tal, sino milagros
de Simón y Judas, cuya
comedia pone postrado
el Autor del ingenio a tus pies,
hoy pidiendo, con el muchacho,
un perdón como si fuera
la pascua el aguinaldo.
que bien sabrá pedir, siendo
intercesores del caso.
Las luces del Evangelio,
Simón y Judas, hermanos.
Fin de la tercera jornada.
San Simón
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+ Ángel 2º - tachado
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+ Soldado 2 - tachado
+ Soldado 3 - tachado
+ Morlaco - tachado