à> Date de publication: 22 août 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La descendencia de los Vélez de Medrano. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-descendencia-de-los-velez-de-medrano.
202
✝
Comedia de la descendencia de los Vélez de Medrano. Figuras siguientes: Adarramén, rey de Córdoba. Alí, sobrino suyo. Mahomad, secretario de Adarramén. Cayro, secretario de Alí. Celino, capitán. Ardina, mora. Axa, dama. Barrabás. Bercebú. Don García, rey de Navarra. La reina, su mujer. Infanta Clara, sobrina del rey. Don Felis, capitán. Máximo, espía. Nuestra Señora. San Andrés. Un ángel.
Compuesta por Francisco de Tamayo, el sevillano.
Salen Ardina y Axa, moras, y sacan un vestido de cristiano.
Comiénzame a desnudar,
Axa, y advierte el oído
si oyes algún ruido
que aquí nos pueda estorbar.
¿Oyes algo?
No, señora.
Nada de eso se te antoje.
Ese vestido descoge,
vísteme luego a la hora.
Dime qué quieres hacer
agora vestida de hombre.
Axa, nada no te asombre,
después lo podrás saber.
Mas en vestirme te apresta,
porque me va mucho en ello.
Ponte, señora, este cuello,
que la ropa ya está puesta.
¿Quedóte noticia entera
del vestido del cristiano?
Yo le vestí por mi mano,
verá de aquesta manera.
Púsose un sayo primero
como este, y por consiguiente
un cuello, ansí propiamente,
y como aqueste un sombrero,
y unas mangas como aquestas,
y un gregüesco, y medias calzas,
y para tener las calzas
ligas de esta suerte puestas.
¿Y qué zapatos se puso?
Puso unos alpargatados,
picados y acuchillados
que llaman ellos al uso.
Al fin, de esta suerte iba
aquel cristiano que viste.
De aquesta manera viste.
En esta manera estriba
todo el fin de mi tormento.
Acaba de declararte.
Yo te daré de ello parte.
Por darte aquese contento,
date priesa, por tu vida.
Señora, no falta nada,
sino cíñete esa espada.
La espada ya está ceñida.
Esas ropas guardarás
en un cabo de esta selva,
y hasta que a volverte vuelva
no las des.
Pues, ¿dónde vas?
Dírelo. Parezco agora
cristiano.
Con ese traje,
más estás cristiano paje
que no una princesa mora.
No quisiera que sintieras,
Axa mía, lo que siento.
¡Oh, qué terrible tormento!
Señora, ¿lloras de veras?
Demás que de veras lloro
con el alma y corazón.
Dame del llanto razón.
Porque me destierra un moro.
¿De qué manera?
Que vivo
olvidada de Alí,
y tengo entendido en mí
que de otra vive cautivo;
y ansí, mientras que yo vengo
de Navarra, ten secreto.
Eso yo te lo prometo.
Pues mucho aquí me detengo.
¿Al fin, señora, te vas?
Voyme, que me cumple ansí.
Pues, ¿qué haré yo sin ti?
Dime, ¿cuándo volverás?
Yo no sé si volveré,
Axa, mas aquesta tierra
que voy a meterme en guerra
de la cual no escaparé.
Abrázame antes que parta,
que aunque me aparto de ti,
tú no te apartas de mí,
y dame luego esa carta
que tomaste en mi aposento.
Vesla aquí, señora mía,
y ruego a Alá que algún día
te vea con el contento
que quiere tu libertad,
y mi corazón desea.
Ruego yo a Alá que te vea
con mucha prosperidad.
Vase Axa.
A Córdoba de mi alma,
¿es posible que te dejo?
No me voy, aunque me alejo
de ti, que en ti dejo el alma.
No me alejaré de ti,
aunque más de ti me alejo,
porque el rato que te dejo
me dejará el alma a mí.
No dejaré de tener
sin ti, mi bien, por dudoso,
ni jamás tendré reposo
hasta que te vuelva a ver.
Vase, y salen Adarramén, Cayro, Alí y Celino, moros.
Ha querido encumbrarme la fortuna,
mi querido sobrino, en su alta rueda,
tanto, que ya sin mácula ninguna
por blasón y trofeo decir pueda
que en todo cuanto alumbra sol y luna,
si con victoria salgo, en lugar queda;
tan victorioso un rey no vieron solo
en cuantos reinan hoy de polo a polo.
La causa de ello yo, aunque lo atribuyo
a fortuna y su rueda, como es llano,
que dar y quitar bienes es de suyo,
digo que mi gran fama vuestra mano
me la aumenta, y al fin digo y concluyo
que el valor de ese brazo soberano
me da renombre tal, caro sobrino,
y me hace que sea de más bien dino.
Eso a los capitanes valerosos
que de la insigne Córdoba has alabado,
lo puedes, rey, decir, que deseosos
de darte la victoria lo han mostrado,
tan invencibles siempre y belicosos,
que al mundo tienen ya atemorizado;
tanto, que por sus hechos tu gran fama
por todo el universo se derrama.
Testigo de esto son, allá en Castilla,
muchas villas y pueblos de su tierra,
que aunque el rey de Granada y de Sevilla
quisieron defendértelos por guerra,
han quedado sujetos a tu silla.
Aqueso y el valor que dentro encierra
ese pecho invencible y alma tuya,
hace que aquesta palma te atribuya.
No gastemos el tiempo, pues que estamos
en Navarra, la insigne y belicosa,
mas de conformidad todos hagamos
que la adquirida fama victoriosa,
pues tan subidos en la fama vamos,
no la vuelva fortuna de envidiosa.
Mas con esfuerzo y ánimo pujante
llevemos nuestro honor siempre delante.
Dos meses ha, señor, que tus soldados
tienen cercada la ciudad de Estella;
con aquestos que agora son llegados,
manda que tu sobrino dé sobre ella.
Dices bien; de los fuertes y esforzados
escoge cuatro mil, que es gente bella,
para poner en tierra su castillo,
siendo, como seréis, de ellos caudillo.
Holgárame que el cielo me hiciera
tan venturoso, poderoso tío,
que otro Sansón o Hércules yo fuera,
y otro más pujante en poderío,
para que por tu fama antes pusiera
en peligro cualquiera el brazo mío,
para encumbrarte tanto en tu fortuna
que casi compitieras con la luna;
mas confía en aqueste brazo fuerte
y en el poder supremo de Mahoma,
que ha de hacer en tu favor de suerte
que en todo lo que el orbe en cerco toma,
antes que la temida y triste muerte,
que a los pechos más fuertes rinde y doma,
venga a rendir el tuyo soberano,
que a Navarra te doy llana en tu mano.
No es menester, señor, ofrecimiento
adonde la razón tanto requiere;
no hay quien por ti no muera muy contento,
y aun por verse morir muriendo muere.
No hay para qué hablar de cumplimiento,
que adonde tu sobrino Alí fuere,
por ruin es tenido el de tu hueste
que en competencia el arma no se apreste.
Mi parecer, señor, es que la gente
se arrime poco a poco al fuerte muro,
y retírese un tercio solamente
para favorecer al mal futuro,
que, guardado de aqueste inconveniente,
tu real quedará, señor, seguro,
sin que pueda socorro de la tierra
entrar, ni ellos salir a darte guerra.
Discretamente hablas; vamos luego
a mi tienda real y échese un bando
que den en la ciudad a hierro y fuego,
a ningún hombre de ellos perdonando;
y no te vuelva a ser benigno el ruego,
antes el hierro en medio atravesando,
les sal a recibir.
Dalo por hecho.
Por el jardín te ve derecho.
Vanse, y sale el rey don García de Navarra, y don Felis y otros cristianos.
Temor terrible, capitanes fuertes,
tengo en el alma del asalto fiero
que nos dio Adarramén; dos tantas muertes
hizo probar al presente acero,
tantas graves desdichadas suertes;
a nuestro desastrado e infausto agüero
atribuyo de aquesto el mal suceso
por nuestro mal vivir, y esto confieso.
Ya debe de querer el justo cielo
darnos, amigos, este crudo pago,
pues permite que en nuestro patrio suelo
nuestro enemigo haga tal estrago;
veo, pues nos castiga tan sin duelo,
que Navarra se vuelve otra Cartago,
pues tanta gente ya nos falta de ella,
y agora combatida nuestra Estella.
Rey invencible, esfuérzate y confía
en aquel gran Señor que es uno y trino,
Foliación manuscrita: 204v
y en la Virgen santísima María,
madre pía de aquel Verbo divino,
que trocará tu pena en alegría
y al moro torcerá el falso camino,
dejándote en su casa vitorioso,
libertada Navarra y con reposo.
Sale Máximo, espía.
Nuevas traigo, gran Rey, de las espías
que envió tu majestad, y son muy ciertas.
¿Qué son?
Adarramén dentro en dos días
quiere el real poner junto a las puertas
de la ciudad, si no se lo desvías,
y en un punto las piensa ver abiertas,
combatiendo el castillo a pura guerra
hasta allanar los muros por la tierra.
¿De dónde lo supistes?
Lo supimos
de un moro que hallamos escondido
entre unas peñas cuando claro vimos
las tinieblas haber desfallecido.
Y a pura fuerza al fin le compelimos
hasta que declaró aquesto que has oído,
y esta es pura verdad.
¡Oh, caso triste,
si Dios, por su bondad, no lo resiste!
Mandó, cual dijo, un tercio se quedase
en un secreto bosque para estorbo
del socorro de gente que llegase,
y que el río atajasen, porque un sorbo
de agua a la ciudad no le llegase;
y ansí, poniendo el pecho al hierro corvo,
unos al agua van, otros al muro,
haciendo fosos para más seguro.
Yo sé cierto que todos los humanos
no podrán detener el raudal río,
pues arrimarse al muro son muy vanos
sus pensamientos y es gran desvarío.
Ellos vienen a dar en nuestras manos,
si nosotros hacemos cual confío;
échese un bando luego que hacemos
que la victoria en casa la tenemos.
Las puertas se abran luego, y de arrebato
salga el tropel de a pie y los de a caballo,
delante, que yo sé que en breve rato
habemos de poder desbaratallo,
y esto se ha de hacer con tal recato
que, cuando Adarramén pueda pensallo
y su fiero sobrino venga a punto,
a estar mi campo con el suyo junto.
Alto, vamos sobre esta gente perra,
destrúyase esta ley tan enemiga,
hagámoslos dejar aquesta tierra,
no haya niño ni viejo que no diga
por todo aqueste campo: «¡guerra, guerra!»
El que fuere soldado, ese me siga.
Digan y sepan todos cómo hago:
¡al arma, al arma, ayúdenos Santiago!
Tocan la caja y vanse dando voces, y sale Alí y Cayro, su secretario.
Confuso estoy, por Alá.
Malhayan mis pensamientos,
que doy en pensar contentos,
cuando el Rey en guerra está.
No sé qué mudanza fiera
en estas entrañas mora,
que ansí en ellas cada hora
tan de raíz se apodera.
¡Ah, Cayro!
Señor.
¿Qué hora es?
Aunque el reloj no he oído,
a lo que tengo entendido,
deben de ser ya las tres.
Por el sol lo podrás ver,
si sabes de astrología,
cual yo de melancolía.
Has dado en quererlo ser;
mas dime por qué razón
lo eres.
No sé dar cuenta
de un nuevo ser que se aumenta
de nuevo en mi corazón.
La puerta de ese aposento
guarda y advierte no venga
alguno que me detenga
un profundo pensamiento
que en este punto me ha dado.
Seguro puedes estar
que naide lo ha de estorbar.
Con eso estoy descuidado.
Siéntase como dormido.
¡Bravo caso, por Mahoma,
por verdadero he hallado:
que un amoroso cuidado
un pecho de acero doma!
Quien vio en Córdoba a Alí,
galán, bizarro entre damas,
que ya de amorosas llamas
llevaba a todas tras sí.
Quien le vio en tantos torneos
llevar la victoria y palma,
y rendirle el mundo el alma
tras los gallardos meneos,
que calle de la Feria arriba
a caballo iba haciendo,
y tras él todos diciendo:
«¡Viva Alí, viva, viva!».
Quien vio el gallardo jaez,
notado en la bizarría
de aquella caballería
de Córdoba y de Jerez.
Quien lo ha visto en campo armado,
que quien lo ve junto así
entiende que tiene allí
a todo el mundo a su lado.
Quien lo ve agora que tiene
en el casco esta quimera
Sale Ardina.
¿Hay gente por aquí fuera?
¿Quién habla fuera, quién viene?
Yo soy.
¿Con qué atrevimiento
te atreves a entrar aquí?
¿No ves que duerme Alí?
Sal fuera del aposento.
Sosiégate, por tu vida,
que entré por no saber más.
¿Quién eres o adónde vas?
Breve sabrás mi venida.
De Córdoba soy enviado
a Alí con esta carta
de Ardina, mira si es harta
ocasión de haber entrado.
Tienes razón, fuera vete,
que al punto se la daré.
Dásela, que yo estaré
detrás de aqueste retrete.
De pensamiento te aparta.
Señor, ¿oyesme?
¿Qué quieres?
Escúchame, si oír quisieres,
de tu Ardina cierta carta.
¿Qué es lo que me escribe Ardina?
Por aquesta lo verás.
¿Vinieron con esta más?
No, que no se determina.
de escribirte como suele.
Deben de ser causa celos.
Sí, serán, o algunos duelos
que ya por su causa duele.
Ahora bien, de esto te aparta,
y lee alto el papel.
Haces burla del cruel.
Oiga tu alteza la carta:
«La más triste y olvidada
que jamás hombre olvidó».
¡Qué bien sospechaba yo!
En celos viene fundada.
Di adelante.
«Esta te escribe
de tu descuido quejosa».
¡Ah, cielos, y qué celosa
que viene!
¡Ah, perro! Y aún vive
tal desamor.
«Di, traidor,
¿es de firme enamorado
vivir tú tan descuidado
en conservarme tu amor?»
Sal. Punto, no digas más.
¿Quién trujo aqueste recado?
De Ardina cierto criado.
Vuelve el rostro y lo verás.
Yo soy, Alí, el mensajero.
¿De dónde eres?
Por mi mal,
de Córdoba natural,
y hijo de un escudero,
que, cual la afición me inclina,
en palacio se crio,
y por sus méritos yo
era ya paje de Ardina.
¿Cómo te vistes ansí?
Para no pasar con mengua
por Castilla, que la lengua
de mi padre la aprendí.
Por Alá, que me contenta
su modo de proceder,
y que al primer parecer
a mi Ardina representa.
Ten este anillo guardado,
y métete allí en mi tienda,
y haz que ninguno entienda
que vienes con tal recado.
Vase Ardina.
No sé si responderé.
Sí, señor, y el amor viva.
Mejor me diré que le escriba.
Óyeme, señor, ¿por qué?
Por cierta ocasión
que tengo yo acá en mi pecho.
¿No me dirás qué te ha hecho?
Diré, mas con condición
que no saldrá de tu boca
para persona viviente,
porque será inconveniente
que mucho a mi honra toca.
Como lo mande tu alteza,
no daré en decillo paso,
aunque sobre el mismo caso
perdiese yo mi cabeza.
Pues, mi Cayro, has de saber
que la verdadera causa
por quien tanto hago pausa
de escribir a esa mujer,
es porque, andándome un día
por Córdoba paseando,
y por un jardín mirando
mil cautivos que allí había,
apartado de allí un trecho,
vide uno arrodillado,
para el cielo levantado
el rostro, brazos y pecho.
Y vi que del alto cielo
una claridad salió,
tan trasparente que yo
tuve en vella gran consuelo,
y por incomprensivo
modo la vide bajar.
hasta cercar el lugar
adonde estaba el cautivo,
quedé yo una estatua hecho.
Tonto de ver tal visión,
y por saber la ocasión,
casi abrasado mi pecho,
al cautivo me llegué.
Después de aquesto acabado,
y que me diese un traslado
de la oración, le rogué.
Diome un papel que tenía
de mujer una figura,
y en brazos una criatura,
y por letra Ave María.
Y es tanto el gozo que siento
aquel día que la digo,
que no puedo estar conmigo
de gloria, gozo y contento.
Por Mahoma, brava cosa
es esta que me has contado;
si de la suerte ha pasado
que me cuentas,
más copiosa
te la podría mostrar.
Holgaréme, por mi vida.
Aquí la traigo escondida,
y te la quiero enseñar.
Búscala y no la halla.
¿Qué es aquesto? ¡Santo Alá!
Señor, ¿qué te ha sucedido?
Cayro, que se me ha perdido,
porque en mi seno no está.
Míralo bien.
Bien lo veo,
que no está do la dejé.
¿Qué es esto, Alá? Pues, ¿por qué
me has quitado mi deseo?
Príncipe, vuelve a acordarte,
que en otro cabo estará.
Ya nadie la hallará.
Voces suenan: ¡tente aparte!
Sale Celino, capitán, de rebato.
Invencible Alí, ¿qué te ha tenido
de esta cruda batalla descuidado?
¿Posible es que a tu oreja no ha venido
el daño que fortuna nos ha dado?
Mira que tu real valla ha rompido,
y el campo todo ya desbaratado,
y el rey anda en peligro de la vida,
que temo que la tenga ya perdida.
Que vaya solo yo con Cayro agora
poco socorro es a tal fortuna,
porque si tan derrota se apeora,
la ayuda de los dos será ninguna.
Todo el temor desecha, gente mora,
Celino, y no recibas pena alguna,
mas cuenta y recopila tu memoria
cómo lleva el cristiano la victoria.
Yo lo diré, señor. El rey, tu tío,
esta tarde movió toda tu gente,
y fueron invencible poderío
a ponerse al castillo frente a frente,
y dende allí nos manda, a desvarío,
que cada cual se muestre diligente
en arrimar un foso o cobertizo
que para la defensa un moro hizo.
Juntámonos mil hombres los más fuertes,
de los del campo libres de embarazos,
y con cabezas y hombros de mil suertes,
el cobertizo alzamos en los brazos,
y al arrancar causó a los más las muertes
que, cayendo, los hizo mil pedazos,
porque era tan pesado, grueso y duro,
que bastaba romper un fuerte muro.
Y vinieron otros mil y, en lugar destos,
arrimaron los hombros por debajo,
que aunque eran de cerviz y brazos tiestos,
206v
los agobiaba el peso para abajo.
al fin llegaron en el peso enhiestos
aunque en llegar pasaron gran trabajo
porque de arriba el paso defendían
tantos que de los nuestros mil morían
estando ya debajo la muralla
el cobertizo el Rey se entretenía
en resistir aquella vil canalla
que con furioso ímpetu venía
entran pues de refresco a la batalla
diciendo con estruendo y vocería
que sin pensar nos puso en breve rato
en funesto y mortal trance y rebato
vamos si habemos de ir señor que es tarde
antes que el campo aflicto y espantado
no desmaye del todo y se acobarde
porque no quedará vivo soldado.
Vase Celino.
andemos ya más tiempo no se aguarde
que va nuestro real desbaratado
entremos voceando guerra guerra
vuelvan sobre ellos húndase la tierra
de mala gana voy por vida mía
porque aunque vaya yo ha de ser en vano
pero voy porque mucho holgaría
de coger a mis manos un cristiano
que me vuelva a escribir la avemaría
alto amigos las armas en la mano
vamos todos diciendo guerra guerra
volved los míos húndase la tierra
Suena dentro la batalla y salen Adarramén y Mahomad y otros moros.
no quiere el santo Alá caros amigos
que llevemos victoria de esta Estella
los miedos y pavores son testigos
que me dieron amigos solo en vella
huyamos ya de nuestros enemigos
apartémonos luego todos della
que imposible será entralle el armada
si su Dios se la tiene tan guardada
tengo un temor y espanto de haber visto
tantos cuerpos allí hechos pedazos
y el polvo con la sangre rojo mixto
aquí cabezas piernas allí brazos
que muy claro se vee librarlos Cristo
y en la fuerza y destreza de sus brazos
que han hecho a nuestra costa tanto estrago
hace que lo atribuya a su Santiago.
lástima tengo Rey de tu sobrino
que andará ya perdido si no es muerto
tomemos luego todos el camino
enderezado algún seguro puerto
alto vamos señor y de camino
la gente que en huir hizo concierto
de paso por delante llevaremos
y nuestro roto campo ordenaremos
Vanse y sale Alí con la espada en la mano y Cayro con él.
es posible cielo santo
que la fortuna enemiga
tan de veras me persiga
en lo que yo quiero tanto
posible es que de mi mano
tan libres se han escapado
mil cristianos que he encontrado
sin coger ningún cristiano
no sé en qué pienso o qué hago
como viendo este suceso
no arrebato el mundo en peso
y en los brazos le deshago.
ah señor vuélveste loco
esa cólera mitiga
que a tu sobra de fatiga
aprovechará muy poco.
Mal mi pecho has entendido,
digo que no me pesara
si una nueva me llegara
que era mi estado perdido.
Pues, ¿por qué penarte quieres?
Porque tan solo un cristiano
no me ha venido a la mano.
No hay por qué te desesperes,
que ya que en la gente vil
no has cogido solo uno,
tiempo te vendrá oportuno
donde cojas más de mil.
No trates con tanta mengua
a cristianos, que contino
que lo dices me amohíno
cuando en ellos pones lengua.
Pues ¿qué pena te da a ti?
¿Por ventura eres cristiano?
Yo no soy, sino pagano;
empero, pésame a mí
cuando en aquesto se toca.
Eso me fuerza que diga
que tienes con ellos liga.
¡Ah, Cayro, punto en la boca!,
que si alguna liga tuviera,
no tanto el secreto mora
en mí, que luego a la hora,
Cayro, no te lo dijera.
Por Mahoma que me admira
tu alteza, pues causa hay.
Hay, porque decir que no hay,
será decirte mentira.
Si quies saber la ocasión,
escúchame y está atento,
porque por el pensamiento
se gobierna la razón:
sábete que como yo
muchas veces he rezado
de la oración el traslado
que el cautivo me enseñó,
tengo de nuevo en mi pecho,
de mudanza, un no sé qué,
por donde claro se ve
que en mí tal mudanza ha hecho.
Que si posible me fuera
poner esta vida y ciento
por los cristianos, contento
sin réplica las pusiera.
Y aquesta es la principal
causa que me escandalice
cuando veo que se dice
de cristianos algún mal.
Haces al fin cual si fueras
cristiano y a toda ley.
Sí, que por vida del rey
que te lo digo de veras.
Apártate de abusiones,
quién te las hace creer.
Vase Cayro.
¡Ah, Cayro! Hazme placer
de dejar esas razones,
y entra por el instrumento
que dentro en mi tienda queda,
y cántame algo que pueda
darme agora algún contento.
Que creo que de otra suerte
no habré de ser remediado,
ni se ha de poder dar vado
aqueste dolor tan fuerte.
Mas ¿qué digo?, ¿qué alegría
me puede música dar,
si no he podido hallar
quién me dé el avemaría?
¡Oh, qué dolor tan cruel,
cruel sin comparación,
207v
que me dé tanta pasión
el verme sin un papel.
Sin duda que no merezco
traer conmigo tal cosa,
pues, ¡qué pasión tan rabiosa!
Por verme sin él padezco.
Sale Cayro con la guitarra.
Ya traigo, no tengas pena.
Arrímame acá esa silla
y cántame una letrilla
que te parezca que es buena.
Siéntase Alí como dormido, y canta Cayro "Penas tiene mi corazón y tiene razón", y en cantando dice:
Quedado se me ha dormido.
Quiérome salir acá,
quizá se le olvidará
esta pasión que ha tenido.
Va a salir, y el ángel dice de adentro: "¡Alí!" tres veces, y levántase Alí alborotado, y dice:
¡Santo Alá! ¿Quién llama aquí?
¡Ah, Cayro! ¿Qué ha sucedido?
Señor, una voz he oído
que tres veces dijo: "Alí".
Suena la música y aparece un azor con un avemaría en el pico y pónesele en la mano, y dice el ángel de adentro:
Recibe el avemaría,
Alí, bajada del cielo,
que por tu ferviente celo
la Virgen sacra te envía.
Vuelve a sonar la música y sube el azor y vase, y Alí quedó con el avemaría.
¡Oh Alá santo y divino,
poderoso y soberano!
Vuelve a este moro cristiano,
pues de tal merced es dino.
¡Oh oración santa y sagrada
de aquella Virgen María,
de mí serás cada día
con más devoción rezada!
Quiero en mi pecho ponerte,
aunque parezca atrevido,
porque ninguno ha nacido
que ansí merezca traerte.
¡Santo Alá! ¿Qué es lo que veo?
¡Oh, qué celeste visión!
Alégrate, corazón,
que tienes lo que deseo.
¿Qué te parece de aquesto?
¿Quién habrá que no se asombre?
Yo digo que ningún hombre
en tal no se ha visto puesto.
En eso verás aquí
si es vana mi oración.
Yo pido, señor, perdón
de cuanto reprehendí.
Si tú a rezarla te obligas,
yo te la trasladaré.
Yo, señor, me holgaré.
Pues a ninguno lo digas.
Vanse, y suena gran ruido de cadenas y fuego, y salen Barrabás y Bercebú.
Bercebú, ¿qué llanto es ese?
¿Por qué es tu ronco llorar?
¿Qué te puede atormentar,
que tan de veras te pese?
Déjate, Barrabás,
que el corazón me revienta.
Di qué es lo que te atormenta,
porque estás de ese arte tú.
Háceme agravio terrible,
Barrabás, esta María
de enviar el avemaría
por un milagro visible
a aquese moro Alí,
sobrino de Adarramén,
que ya has sabido tú bien
que era su alma para mí.
No me bastó en el camino
quitalle la del cristiano,
sino que agora en la mano
se la dio en un pergamino.
Grande agravio se me hace,
y la razón lo condena.
Dame de oíllo tanta pena
que el alma se me deshace;
yo digo que no es bien hecho,
y que es agravio evidente,
con que manifiestamente
nos quita nuestro provecho.
Mi contento va perdido.
Barrabás, germano mío,
de tu dañado albedrío
consejo demando y pido.
Desnúdase y queda como paje.
Bercebú, menos tibieza
requiere lo que pretendes.
Desnúdate, si me entiendes,
esa forma de tristeza,
y toma un traje galano;
dígote galano un traje
que parezcas propio paje
vestido en traje cristiano.
Y este retrato de aquella
sobrina del rey navarro,
más linda que la que el carro
guía de Diana bella,
presenta luego a Alí;
que si al punto que la viere
a tu amistad no volviere,
yo quiero pagar por ti.
Aquí no hay más que hacer,
desnudo estoy, Barrabás,
infórmame de esto más,
no me acierte allá a perder.
Tú te has de ir a presentar
diciendo que eres cristiano,
y que para ser pagano
esa ley vas a dejar,
y que pretendes quedarte
para siempre en su servicio;
y trastórnale el juicio
con la estampa estando aparte,
y cuando de la centella
lo hubieres abrasado,
yo tendré especial cuidado
de hacer lo propio con ella;
que si por ventura acierta
a traballe la princesa,
no dejará por la presa
persona viva ni muerta,
antes tema tomará
y tanta ira contra el rey,
que cuanto quiere esa ley
muy más la aborrecerá.
Príncipe infernal, bien hablas,
mucho tu habla me anima,
con la endemoniada enigma
con que mi provecho entablas.
Quiero partir como viento
a buscar buena ocasión
de ejecutar tu intención
con mi diabólico intento.
Lucifer te dé gobierno.
208v
que sacas en tu provecho.
Voyme a Navarra derecho.
Y yo me bajo al infierno.
Sacan los pajes sillas y salen el Rey Don García, y la Reina y la Infanta Clara, y Don Felis, y siéntanse.
Por cierto que escandaliza
el tumulto y vocería.
El vulgo es, señora mía,
que al parecer soleniza
esta pasada victoria
que del moro hemos tenido.
Cierto que, según he oído,
es dina de gran memoria.
Dina de memoria tanta
que el que fue presente a vella,
de solo pensar en ella,
se atemoriza y espanta.
¿Qué corazón podría haber
que no hiciese mudanza
si tan sangrienta matanza
llegara entonces a ver?
Que viera como una sierra
ir rompiendo a los caballos
y aquellos atropellallos
y a los otros echar por tierra;
a cuál de la silla sacar
de un encuentro larga pieza;
a cuál rota la cabeza
con un asta en tierra estacar;
cuál pierde un brazo o una mano,
cuál pierna, pie, muslo o lado;
cuál de una flecha pasado
da al cielo voces en vano;
cuál va cayendo y lanzando
de sangre mil espadañas;
cuál abiertas las entrañas
de muerte va agonizando;
cuál se ve en polvo ahogado,
cuál quebrantado los huesos,
cuál de los encuentros gruesos
sin aliento se ha quedado.
Al fin, señoras, fue guerra
de tan sangrienta batalla
que de miralla a contalla
va cual del cielo a la tierra.
Ese trabajo tenemos
estas que somos mujeres;
si no son fiesta o placeres
nada por milagro vemos.
Digo que si me hiciera
el cielo hombre y no mujer,
nada dejara de ver
aunque por vello muriera.
No tuviera obligación,
no ánimo para vello,
pero doy gracias por ello
a quien tengo obligación.
Tocan adentro una trompeta.
Máscara alguna tenemos,
que la grita suena en casa.
Sentémonos mientras pasa.
Razón es que nos sentemos.
Sale Cupido y lleva preso a un cristiano, y el cristiano a un moro. Dan cédulas el moro a la Reina, y el cristiano a la Infanta, y vanse.
La máscara va muy buena.
Según ha dado a entender,
cautivos deben de ser
los dos que van en cadena.
De ser cautivos, si son,
pero por saber nos resta
si por honra de la fiesta
es de amor esta prisión.
En la cédula vendrá
la queja del prisionero.
Ahora bien, leella quiero,
ahora veamos qué dirá:
"Del mundo puede vencer
y tener victoria estrella,
si hay tales damas en ella".
A damas le da el poder.
Esa la fama pedrica
donde la victoria mora.
Leamos aquesta agora,
veremos qué significa:
"Poco a mi mal aprovecha
ser del mundo vencedor,
si a mí me vence el amor".
Gustado ha de amor la flecha.
Vuelven a tañer.
Otra máscara nos viene,
porque ya en el patio suena.
La pasada ha sido buena,
veamos lo que esta tiene.
Sale Cupido asido de un cautivo y el cautivo preso de un cristiano, y el cristiano asido de los cabellos de la Ocasión. Da una cédula el moro a la Reina, y el cristiano otra a la Infanta.
Buena va aquesta por cierto.
Serán muy poco entendidos,
por ir todos cuatro asidos.
Hanse fecho de concierto.
Pocos tal concierto aciertan.
Cosas en amor fundadas,
aunque sean desconcertadas,
ellas propias se conciertan.
Presto se podría ver
por lo que escriben ahí.
Esta me dio el moro a mí,
quiero la primero leer:
"Cautivo soy de un cristiano
y me deja, aunque soy suyo,
por amor, y de amor huyo".
Para aquel fue amor humano.
Humano fue, por mi vida.
Mas veamos la razón
del que lleva la Ocasión
de los cabellos asida:
"No hago caso de victoria
cuando la ocasión me llama
al servicio de mi dama".
Por Dios que tanta memoria
no puede pagada ser
sino es con doblado amor.
Pues da el galán tal favor,
bien le deben de querer.
Vuelven a tañer.
Otra máscara ha sonado,
aguardemos qué traerá.
Por cierto, buena será,
si es como las que han pasado.
Sale una mora vendados los ojos, y Cupido detrás della ciego, y un hombre armado asido de Cupido ciego también; dan cédulas y vanse.
Va cierto maravillosa
y de sobrado entender.
No puede otra cosa ser
sino maraña amorosa.
aquel de armas se apercibe,
mas no le aprovechará.
La cédula lo dirá,
leámosla a ver qué escribe:
"Soy vencedor y vencido.
De esta mora, y a mi ruego,
hallo su amor sordo y ciego".
Quite el de en medio a Cupido.
No hace nada si lo quita,
aunque más se martirice.
Leámos a ver qué dice
aquesta cédula escrita:
"Soy esclava del esclavo
que me entrega el alma y vida,
y por otro voy perdida".
¡Oh, qué desdichado esclavo!
En cualquier arte y tráfago
viene delante el amor.
Máximo viene, señor.
Quiera Dios no sea aciago.
Sale Máximo espía y dice.
Cristianísimo rey, a quien triunfante
sigo contino con la fe sagrada,
aquel que lo criado manda y rige,
aquesta madrugada antes que Febo
desbaratase las escuras nieblas
de la asombrada noche, estando puesto
entre unas yerbas, juncos y espadañas,
de una laguna que al real contrario
por la parte de oriente se avecina;
vi que del enemigo fue acordado
que el rey Adarramén luego partiese
por algún bastimento y gente a Córdoba.
Y ansí esta madrugada se partieron,
dejándose a Alí con poca gente
en guarda del real, suspenso el cerco.
Y aun pensaba según la confianza
que de su esfuerzo y brazo tiene el tío,
que queda en quedar él el mundo todo.
Brava es la gentileza y valentía
que por el mundo suena de este mozo,
que dicen que es cortés como valiente.
Mucho más hay en él que acá se suena,
el rey en su alabanza nunca cesa.
Mejor máscara es esta que las otras,
yo tengo confianza en Jesucristo
que si otra vez el moro vuelva a Estella,
que escarmentado volverá huyendo.
Publíquese esta nueva, porque todos
cobren nuevo vigor y den al cuerpo
con más fiestas un poco de descanso.
Máximo, hazme placer de irte al muro,
que junto con el muro, y allí aguarda,
porque te quiero dar cierto recado.
Haré, señora mía, tu mandado.
Vanse, y salen Cayro y Ardina.
Al fin que Ardina la bella,
por Alí muriendo está.
Juro por el santo Alá
que tengo lástima de ella,
aunque más por otro cabo
me da contento su daño,
que he de dar en serle extraño,
pues me trató como esclavo.
Pregunto, Cayro, a qué fin
has dicho aqueso que dices.
Razón es te escandalices.
Mas yo lo diré, Ardina:
sabe que me da alegría
de vella que anda muriendo.
Porque una tarde viniendo
de un jardín que el rey tenía,
en un lugar apartado,
le descubrí mi afición,
y no mostró más pasión
Foliación: 210
que tú por mí la has mostrado
antes convertida en fiera
no mirando mi valor
me mostró gran desamor
como si fuese quienquiera
y no hizo caso della
dejome la abencerraje
por Alí rey de linaje
mas no como yo cegrí
Cayro, a risa me provoca
lo que dices si es de veras
quisiera que me creyeras
no te creo que me toca
a mí mi parte de ver
que tan presto te aparejas
para formar tantas quejas
del dicho de una mujer
no mirabas la ocasión
que a hacello la forzaba
ya vide que Alí andaba
metido en su pretensión
mas fuera más acertado
bajarse y no ir tan alta
con Alí, que ya le falta
la palabra que le ha dado
ella al fin lo quiso bien
mas yo la veo de manera
que arrepentir se quisiera
de su sobrado desdén
ya sé yo que está de suerte
que si otra vez la hablaras
otros favores llevaras
que cuando dio en no quererte
Ardayn, estás burlando
acaso de verme ansí
yo sé que Ardina de ti
se acuerda de en cuando en cuando
que al fin dices que se acuerda
no se acordará cual yo
porque ningún paso doy
que de la memoria pierda
este te doy por favor
de Ardina aunque en ausencia
que yo sé que en su presencia
te será de algún valor.
este es suyo, ¡oh bello anillo!
cuatro mil veces te beso
que por ti salgo de un peso
de amor que no sé decillo.
Sale Bercebú.
a muy buen tiempo he llegado
que están en conversación
y esta es muy buena ocasión
de acabar lo comenzado.
¡hola, Ardayn!, ¿no es cristiano
este que a nosotros viene?
traje de cristiano tiene
pon luego a la espada mano
cristiano, si no hay valor
en ti para resistencia
date, irás a la presencia
de Alí nuestro señor.
valor demasiado tengo
mas defenderme no quiero
que por vuestro prisionero
de mi voluntad me vengo
que ha mucho que he deseado
la ley de Cristo dejar
y aquestaltra tomar
y por aqueso de grado
aquí a los dos me presento
para que allá me llevéis
y vuestra ley me enseñéis
pues vamos luego al momento
vamos, amigos, andemos
que solo aqueso procuro
bien puedes venir seguro
con nosotros caminemos.
[Folio 210v]
Vanse y sale la Infanta y Máximo.
Máximo, porque te quiero
descubrir mi pensamiento,
me has de hacer juramento
en esta mano primero
que secreto guardarás.
Por la mano que esta toca,
que no saldrá de mi boca;
y esto, infanta, lo verás
andando el tiempo si vivo.
Y porque mejor lo creas,
ruego yo a Dios que me veas,
antes de un hora, cautivo,
si, mientras que yo viviere,
saliere de aqueste pecho,
sea en daño o en provecho
del rey, de mí o quien quisiere.
Sábete que la gran fama
de los hechos de Alí
está impresa tanto en mí,
que en fuego de amor me inflama.
Halo el rey tanto alabado
y los que llevó consigo,
que como te dije digo,
que siento el pecho abrasado.
Y ansi, Máximo, quisiera,
pues en tu mano es hacello,
que alcanzase solo a vello,
o hablallo, si pudiera.
Que de mí serás pagado
como a ello te apercibas,
con lo que a tu gusto vivas
para siempre descansado.
Responde, no estés dudoso.
Señora mía, por fuerza
lo estaré, porque no tuerza
la traza el hado alevoso,
que podría suceder,
si el rey esto imaginase,
que a los dos matar mandase,
y aun se podría perder
la ciudad dando llegada
de esa suerte al enemigo.
De eso no te pene, amigo,
que hablar no es dalle entrada;
cuanto más que no hablaré
por darte a ti más seguro,
sino como llegue al muro
desde el muro lo veré.
Yo le dejaré llegar
cuando aquí venir le vea,
y si tu alteza desea,
desde aquí lo puede hablar.
¿Viene a punto señalado?
Desde el punto que anochece,
casi hasta que amanece,
se pasea rebozado.
Bien está, pues quede ansi,
hasta que la noche venga.
Tu alteza no se detenga,
que no faltará por mí.
Vanse y salen Alí, Ardina, Cayro y Bercebú.
¿A qué hora se partió
a Córdoba Adarramén?
No hubo el sol salido bien
cuando de mí se apartó.
Ansi, Bercebú amigo,
¿qué dices, que te ha movido
esto que de mí has oído
para pasarte conmigo?
Yo te lo agradezco, cierto;
mas, ya que dejaste al rey,
no quisiera que en tu ley
hicieras tal desconcierto.
Porque, en cuanta tierra he andado,
otro cristiano no he visto
que renegase de Cristo
como has hecho tan de grado.
Asómase la infanta.
Cansada estoy de esperar,
de aquí veo un hombre estar;
válame Dios, si es Alí.
Paréceme que se vuelve,
¡ay, Dios!, fortuna cruel.
¿No le veis ir, si es él,
verse, si a traza se resuelve?
De hablar luego se apreste,
porque allí queda asomada.
Ventura es esta sobrada,
allá voy.
¡Ay, Dios!, ¿si es este
quien anda abajo palizada arriba?
¿Quién es?
Bien pregunta, a fe.
Guardia, ¿quién vive?
No sé,
si tú no quieres que viva.
¿Qué dices?
Que soy soldado
que desde hoy a mediodía
hago de mi parte espía.
Desde hoy ya estaba cansado.
De estar cansado, si estaba,
porque aguardando el favor
que me da ese mirador
de esperar desesperaba;
mas ya que claro y abierto
veo el cielo para mí,
y el tormento que hay en mí
en contento lo convierto.
¿Qué es la causa?
Vista tal.
¡Bravo requiebro de espía!
Es este, por vida mía.
Ansí conviene a mi mal.
Holgábame conocer,
fuera de burla, quién es.
Si gustas saber quién es,
presto lo podrás saber.
Soy criado de Alí,
un mozo de mucho nombre.
Ese nombre de ese hombre
me ha puesto en el muro aquí.
Que soy de la infanta bella
criada, y por su decoro
aguardo aquí a ese moro
para hablalle por ella.
También Alí a mí me hace
que venga a hablar por él.
Y diga, ¿dónde está él?
Por cierto, de ello me place.
Mas quisiera que primero,
pues se quieren los ausentes,
nos diésemos los presentes
fe de amor firme y entero.
Sí haré, si me da gusto.
En lo que estoy sospechosa.
No es persona generosa
quien ofende tan real gusto.
Mi diosa, Alí me llamo,
y por el propio Alí
a hablarte vengo aquí,
porque requiero y te amo.
Pues la infanta es la que está
hablándote de su parte.
¡Ay, cielos!, que en contemplarte
temor al alma me da.
¡Oh, si me hubiera venido
mucho antes esta ventura,
o si el ver tu hermosura
jamás me fuera escondido!
Quejosa estoy de la luna,
porque aunque presente ves
todo el fin de mi deseo,
no veo cosa ninguna.
Para eso no he menester
que luna ni sol me alumbre,
que tú me das clara lumbre
para poderte bien ver,
aunque soy como villano
en decir esto.
¿Por qué?
Porque aún no me dan el pie,
y ya me tomo la mano.
mano, y fiel corazón
a tu voluntad entrego.
Pero agora no me llego
a tu pensada razón.
Pues ¿a qué razón, señora?
A que, siendo de otra ley,
no podrás, aunque eres rey,
verme cual me ves agora.
¡Ah, Diosa mía! No te ofenda
aqueso en solo un cabello,
aunque deje yo por ello
ley, honor, vida y hacienda.
Alguna prenda querría
que me dieses de tu mano.
Quien su pecho ha puesto llano,
¿qué dará, señora mía?
Mas quiero darte esta liga
de mi pierna la derecha.
Esta será venda y flecha
para el amor que me obliga.
Y aquesta cruz que traigo al cuello
pondrás luego en su lugar.
Liga que merece estar
ligada a cuello tan bello,
será dalle poca palma
si en la pierna la trabase,
y luego no la vendase
en los ojos y en el alma.
Señor, señor, gente he oído.
Vámonos de aquí, que es hora.
Bien dice Bercebú, en buen hora,
que ya la guarda ha salido.
Vanse. Y salen dos hombres armados, y dan una vuelta y éntranse. Y sale Cayro.
Traigo sospechosa espina
que, viniendo tras Alí,
vi de pasar por aquí
al mensajero de Ardina;
y quisiera saber cierto
a qué vino a este lugar,
que me hace sospechar
que ha venido a algún concierto.
Sale Ardina.
Gente suena.
¡Oh, tiempo amargo!
¡Cómo me has sido cruel!
Quiero apartarme, si es él,
para que pase de largo.
Agora es tiempo, cielo,
que salga de este pecho triste y ronco
el lamentable duelo
de la desdicha bronco,
más que la amarrada estuvo al tronco.
¡Oh cielo empíreo y santo,
que con tiernas estrellas, sol y luna
si de mi triste llanto
tienes lástima alguna,
mátame, y no seré en esto importuna.
¡Oh sierra levantada,
que con tus peñas hasta el cielo alcanzas,
¿por qué, si lástima da
estas de mis mudanzas,
algo que me despeñe no abalanzas?
¡Oh santo Alá! En confusión
me pone este lamentar,
que es mujer en el llorar
y en el vestido, varón.
¡Amor, a desdichada,
más que cuantas nacieron sin ventura
en hora desastrada,
y en fuerte coyuntura,
entregaste a Alí tu hermosura!
¡Oh ventura extraña y brava,
de más que de dioses digna!
Por mi asma, que es Ardina
la que ser Ardayn pensaba.
¡Oh más duro que fierro,
corazón de diamante o tigre fiera!
¿Por qué me dejas, perro?
¿Por qué quieres que muera?
¿Por qué de mí te vas de esa manera?
¿Cómo puedo sufrir tanto,
sabiendo claro que es ella,
y cómo de tal querella
dejo que prosiga el llanto?
Quiérome llegar corriendo
a hablalla, mas primero
hacer un ruido quiero,
que no la he visto, fingiendo.
Hace un ruido.
Cayro es aqueste. ¡Ay de mí!
¿Ha oído mi lamentar?
Yo quiero disimular.
¿Quién se queja por aquí?
Por Mahoma, bravo pecho
es el de aquesta mujer,
que hombre podía hacer
el disimulo que ha hecho.
Ardayn, ¿quién lamentaba
en lugar tan apartado?
A saber eso he llegado,
que a pasión me provocaba.
Santo cielo, ¿dónde iría?
No sé, paréceme a mí
que sonaba por aquí.
Yo por aquí lo oía.
Sin duda que se escondió.
No la busques, déjala,
ayúdela el santo Alá,
que a compasión me movió.
Bien dices, quédese agora
llorando su desventura,
que su descanso procura
la que sus trabajos llora.
Ardayn, no se me quita
de este anillo el corazón,
y la pasada afición
con vello en mí resucita.
No hay hora que no se encienda
de nuevo Ardina en mi pecho,
y aquesto que por mí has hecho
es causa de que se prenda;
y no sé si agradecerte
esto que has hecho por mí,
o si me queje de ti,
por causarme nueva muerte.
Mas, al fin, siendo memoria
de la que amo y tanto amé,
cualquier dolor que me dé
me lo convierten en gloria.
Pluguiera a este cielo santo
que remediarte pudiera
con ruegos que yo hiciera,
que tú no penaras tanto.
¡Ah, Ardayn, y cuán humano
te me muestras con la boca!
Yo sé que la que esta toca
tiene mi gloria en su mano.
Yo sé que si tú la alcanzas,
dando el sí, no con hablar,
sino solo con callar,
mis tormentos remediaras.
Holgárame si el provecho
tuvieses como confías
en prendas y cosas mías.
Pero confuso me has hecho
oír, que de remediarte
mucho mejor con callar.
Yo me quiero declarar,
y decirte de qué arte.
Mas me holgaré que digas.
Esas ansias callaré,
que no, amigo, yo diré
a Ardina esas fatigas.
¿Por qué?
Porque pienso yo,
que cuando tienes secretas
mis ansias, el sí me acetas,
y si hablas, dices no.
¿Soy yo Ardina o su presencia?
No, mas eres Ardayn.
212v
que en las tres letras del fin
consiste la diferencia.
Por cierto, mucho te debo
por el amor que me tienes.
Todos esos son desdenes
para matarme de nuevo.
Ahora bien, haz como quieras,
que a todo yo callaré.
¿Burlaste?
No burlo, a fe,
que lo digo muy de veras.
Pues esta mano divina
quiero tomar en mi mano,
porque siendo propia mano
de Ardayn, lo fue de Ardina,
y dos mil veces la beso
con el corazón y boca,
boca que aunque aquí la toca,
no la merece, confieso.
En confusión me has dejado.
Declárate, por tu vida.
Es tanto de mí querida
porque a su mano has tocado.
También esos ojos bellos
quiero mirar libremente,
porque viendo ojos y frente
veo los de Ardina en ellos;
y en esos gloriosos brazos
me quiero agora enlazar,
porque ansí me veré estar
enlazado en unos lazos
más bellos que los desnudos
de la bella Venus cuando
Adonis iba enlazando
con mil amorosos nudos.
Sale Bercebú, y hacen que luchan.
¡Ay, que viene Berdilón!
Teneos bien, que vos caeréis.
¿Pensáis que aunque ansí me veis
que me falta corazón?
¡Hola! ¿Qué hacéis aquí?
Venímonos a luchar.
Ya es tarde para jugar,
vamos, que llama Alí.
Si tan de priesa nos llama,
vámonos los dos corriendo.
Idos luego, porque entiendo
que se quiere ir a la cama.
Vanse los dos y queda Bercebú.
Al contrario me va saliendo
cuanto he andado trazando,
que el amor se va aumentando
muy en paz, según voy viendo.
Yo me voy luego a contallo
al rey, que sabiendo el caso,
él querrá, más que de paso,
de Navarra desterrallo;
y podrá ser que se encienda,
al desmán, parar la tierra
tan sangrienta en la guerra,
que tenga fin mi contienda.
Sale la Infanta con Máximo, la espía.
Máximo, pues que te has hecho
de mis secretos archivo,
y de la suerte que vivo
te manifiesto mi pecho,
no quisiera que anduvieras
tan corto en darme contento,
sino que a mi mandamiento
te aplicases más de veras.
Dígolo porque te mando
que bajes luego a mirar
si acude Alí al lugar
que suele, y vaste escusando.
Yo, señora, no me escuso
de obedecer tu mandado.
sino que mi triste hado
tanto temor en mí puso,
que el miedo me hace cobarde;
mas determinado estoy
de aguardallo allí todo hoy,
aunque el rey a mí me aguarde.
Anda, bien, vete en buen hora,
y avísame cuando esté
junto al muro.
Sí haré.
Pero sosiega, señora,
que me parece que viene
don Felis y el rey acá.
El rey con don Felis va,
algunos negocios tiene;
vete como yo apartando
donde no te pueda ver,
y procura de entender
qué es esto que van tratando.
Apártanse los dos a una parte y salen el rey y don Felis hablando.
¿Estamos solos?
Nadie no parece.
Pues no hay rumor de gente, quiero darte
cuenta estrecha de aquello que sucede,
mi fama, si se sabe en cualquier parte.
Si es aquesa ocasión donde se ofrece
que ofrezca brazo y pecho al fiero Marte,
por ti yo lo haré.
Menester era,
mas no sea de hacer de esa manera.
¿Ya viste cuando estaba ayer conmigo
hablando aquel mancebo?
Sí, le cierto.
Pues díjome que el propio era testigo
que mi sobrina Clara hizo concierto
de dalle aqueste mozo, mi enemigo,
una noche el castillo y muro abierto,
y un modo para que a ella le sacase
y a Córdoba consigo la llevase.
Avisóme también que por el muro,
junto adonde el cimiento del castillo
asienta en el peñasco grueso y duro,
está un muy secreto rinconcillo,
de donde la habla el moro muy seguro,
y que ella le responde y sale a oíllo
encima de un balcón o miradores
que rematan los anchos corredores.
Por Dios, que tengo atónito el sentido,
y me hallo confuso y espantado,
tanto que no pudiera ser creído
de mí, si me lo hubiera otro contado;
mas, al fin, pues que aqueso ha sucedido,
tu alteza, gran señor, está obligado
a atajar esas cosas por tal vía
que nadie lo entienda.
Y eso querría,
y ansí, tú propio, en esa torre fuerte,
a Clara, mi sobrina, luego encierra,
hasta que la consuma allí la muerte;
y a Alí le daremos tanta guerra,
que en breves días se verá de suerte
que dejará, sin duda, aquesta tierra;
y ansí, quedaré ya libre y vengado
del yerro que uno a otro se han causado.
No conviene, señor, que eso sea hecho;
a la reina le manda que la guarde,
de modo que tú quedes satisfecho,
y a Alí escribiremos esta tarde
que levante el real, y que, de hecho,
a Córdoba camine, y más no aguarde,
que viéndose sin gente, en tanto aprieto,
por fuerza lo hará, yo te prometo.
Bien dices, yo me voy luego a decille
a la reina que de ella no se aparte;
tú puedes a Alí luego escribille,
y por embajador al punto parte
a dalle la embajada y requerille
de parte de mi reino y de mi parte
que lo haga, y el secreto te encomiendo.
Señor, a hacer eso voy corriendo.
Vanse, y sale la Infanta y Máximo de adonde estaban apartados.
¿Dónde en el mundo hay mujer
que sea tan desdichada?
Aun no he comenzado nada,
y ya lo ha venido a saber
quien fue el tirano atrevido
que fue con tal disparate.
Del cielo un rayo me mate,
mi señora, si yo he sido.
¡Oh, qué desdichado amor!
No sé qué me haga desto.
Lo que has de hacer, haz presto,
y no te ocupe el temor.
Tinta y papel traigo aquí,
y pluma; escribe una carta
para que luego me parta
a entregársela a Alí;
que cuando haya de partir,
sin ti no ha de dar un paso.
Aqueso me hace al caso,
comienza luego a escribir.
Empieza a escribir Máximo.
Escribo, pues.
Porque obliga,
porque obliga,
la afición,
la afición,
al corazón,
corazón,
que con fatiga,
fatiga,
sintiendo que vas
vas,
ausente de sus ojos,
ojos,
y que sus despojos
despojos,
no verás más;
más;
considera la pena
pena,
que tendrás sin ti
sin ti,
el corazón, que en mí
mora y vive.
Gente suena.
¡Ay de mí! La Reina es,
guárdalo, no te lo lleve.
Quien saca siete de nueve,
quedan dos, y estos son tres.
Sale La Reina.
Date priesa, por tu vida,
que tu tardanza me espanta.
¿En qué se entiende aquí, infanta?
¿En qué cuenta estáis metida?
Señora, estoyle sumando
qué tantos extraños fueron
los que en la guerra murieron.
Esta cuenta me está dando.
¿Acabas ya de sumalla?
Sí, señora.
¿Y cuántos fueron?
Tres mil y ciento murieron
en esta cruda batalla.
Lástima sería de ver.
Deja cuenta como aquesta,
que me siento mal dispuesta
y no lo quiero saber.
Si hay en qué servirte pueda,
señora, yo lo haré.
Contento recibiré,
aquí, si por vos no queda.
Pedíle al Rey que os pidiese,
porque indispuesta me siento,
que conmigo en mi aposento
estos días os tuviese,
que con vos pienso tener
un poquito de alegría.
Yo lo haré, señora mía,
por darte aquese placer.
Pues vamos, infanta bella.
Ya he caído en lo que intenta.
Ten con esa carta cuenta,
y dame respuesta della.
Vanse las dos, y queda Máximo.
Al punto la llevo a casa,
esto ha salido bien hecho.
A Alí me voy derecho
a decille lo que pasa.
Vase y salen Alí y Celino.
Celino, grande contento
me has dado con esta carta,
que ya pesadumbre harta
me daba el detenimiento
que hacía el Rey mi tío.
Señor, no ha podido más,
empero agora verás
gente tal que yo confío
que aunque se volviese Estella
roca de acero en el suelo,
o cuando al más alto cielo
se subiese hecha estrella,
la ferocidad que encierra
en sí gente tan famosa,
sin más armas ni otra cosa,
dará con ella por tierra.
Buena gente es para mí.
Y ¿adónde quedan, Celino?
Real asentó en el camino
el Rey, tres leguas de aquí.
Pues estése agora allá
y despacha un mensajero,
diciéndole al Rey que quiero
que agora no venga acá,
sino que ansí como viene
se detenga con su gente,
porque hay cierto inconveniente
que detenerse conviene;
y que yo avisaré a qué hora
y a qué tiempo ha de llegar.
Vase.
Yo lo voy a despachar.
No quiero que venga agora,
porque me ha de ir a la mano
en esto que he comenzado.
Sale Bercebú.
Aquí un cristiano ha llegado
de parte del rey cristiano.
Désele al momento entrada.
Sale Don Felis.
Prospere a tu alteza el cielo.
Levantaos luego del suelo.
Príncipe, con embajada
vengo, con esta que escribe
el propio Rey Don García.
¿Qué es lo que a decir me envía?
Dice aquí que, porque vive
fuera de la libertad
que el cielo le da en su tierra,
que por paz luego o por guerra
desampares la ciudad.
¿Y el Rey me escribe eso a mí?
Señor, sí.
Pues vuelve, amigo,
y dile al Rey que yo digo
que sus cartas recibí,
y que yo responderé
al recado que me envía
dentro de hoy en todo el día.
Vase.
Señor, yo se lo diré.
A buen tiempo me despide,
que me dan con gente priesa.
Sale Cayro.
De parte de la princesa,
un cristiano puerta pide.
Pues, ¿quién la puerta le veda?
Entre sin réplica alguna.
Sale Máximo, espía.
Encúmbrete la fortuna
en la cumbre de su rueda.
Vengáis en buenhora, hermano,
¿qué traéis?
Este recado,
que la infanta me ha mandado
que lo pusiese en tu mano.
en mi mano ya está puesto,
agora bien, veamos qué es,
responderemos después.
Por Alá, no entiendo aquesto.
¿Déjola yo o quién la deja,
para qué tenerse quejar,
que yo la quiero dejar?
Tachadura en el margen izquierdo: Garc)
Señor, con temor se queja,
porque ha sabido su tío
lo que contigo ha tenido,
y el correo que te ha venido
pidiéndote este desvío,
es porque ansina lo ordena
el Rey, y ella teme más
de no verte si te vas,
que de dalle el miedo pena.
Cayro, porque este se parta
a la princesa volando,
como agora voy notando,
la escribirás una carta,
y di que aunque en estas manos
viniese de golpe el cielo,
y me convirtiese el suelo
en sierras todos sus llanos,
y que aunque la mar faltase
de su centro a darme guerra,
y saliese de la tierra
un fuego que me abrasase,
que no me apartaré della
la distancia de un cabello.
Vase.
Al punto voy a hacello.
Saca el retrato.
Suena música y dice el Ángel de dentro.
¿Cuál piloto sin estrella
me partiera yo sin ti,
Clara mía y cielo mío,
que a tu celeste albedrío
llevas las almas tras ti?
¡Qué loco habrá de dejar
ausentes tus ojos bellos,
que en tus dorados cabellos
pudiera un punto olvidar!
¿Quién está un momento ausente
de aquesa cara hermosa?
¿Quién a boca tan graciosa
no está contino presente?
¿Quién tus cristalinos pechos
no deshace a puros besos?
¿Quién de sus brazos y desos
no hace lazos estrechos?
Responde, mi diosa, habla,
porque verte hablar deseo,
mira que viva te veo
aunque pintada en tabla.
¿Qué es lo que haces, Alí,
en qué estás embelesado?,
que a Dios tienes enojado
del descuido que hay en ti.
No es tiempo de estar agora
pensando en cosas del suelo,
vuelve el pensamiento al cielo,
que es donde la gracia mora.
Saca la oración.
¡Santo Dios! ¿Qué voz terrible
es aquesta que sonó?
¡Ay de mí, que me espanto
con su retumbo invisible!
¡Oh, qué descuidado he sido
en cumplir mi devoción!
Pues que en lugar de oración
ando en amores metido.
Vaya fuera lo mundano,
y no pare más conmigo
este retrato enemigo,
no pares más en mi mano.
ven acá, tú verdadero,
de la que Virgen quedó
después que Virgen parió
a aquel virginal cordero.
Tú eres el que sacando
me estás contino de yerro.
Híncase de rodillas y sale Bercebú.
Cual al bramar del becerro
viene la vaca bramando,
ansí vengo yo a saber,
por las voces que este da,
en qué pensamiento está
o lo que quiere hacer.
Ya lo he visto, triste lance
se me ordena en este día,
que está en el Ave María
y no habrá quien le dé alcance.
¡Oh, cómo de envidia rabio!
Ayuda, viejo Aquerón,
con figura de dragón,
pues eres mago tan sabio,
que quizá se espantará
y no la rezará más.
Sale un dragón.
¡Oh, qué espantable que vas!
¿Qué es aquesto? ¡Santo Alá!
¡Ay de mí, que muerto soy!
¡Oh, Madre de Dios, Señora,
dadme vos esfuerzo agora
en el peligro en que estoy!
Quiero armarme con la cruz,
porque dicen que es señal
que libra de todo mal,
en el nombre de Jesús.
Hace la cruz y desaparece.
¡Ah, enemigo! ¿Quién te enseña
esa defensa tan fuerte?
¿Quién te enseña a darme muerte
con tan vitoriosa seña?
¡Ah, diablos!, que me consumo
de pura rabia y coraje;
estoy por dejar el traje
y desvanecerme en humo.
Socorre, Plutón sapiente,
dende tu carro de fuego,
y aparécete aquí luego
en figura de serpiente,
que tú me lo has de espantar
de arte que quede medroso.
Sale una sierpe.
¡Oh, prodigio monstruoso!
¡Ay, que me quiere tragar!
¡Oh, Virgen, Madre de Dios,
que al ojo veo mi muerte!
¡Y en coyuntura tan fuerte,
Señora, ayudadme vos!
En virtud de esta gloriosa
cruz, que en mi frente y mi pecho
hago, de este trance estrecho
me libra Dios, de tal cosa.
Hace la cruz y desaparece.
¡Oh, que al temor más le esfuerza
y pone más devoción,
y no he de hallar visión
que en tal camino le tuerza!
Ya ninguna cosa siento
con que poder asombralle,
ni aquesta tarde quitalle
de aqueste tan santo intento.
¡Oh, Astorol!, sal de tu cueva,
y socorre mi apretura
con una enorme figura,
horrible, espantable y nueva.
Folio 215v
que podría ser que en verte
dejase yo de pecar,
o que bien lo has de espantar.
Sale un diablo feo.
Agora veo mi muerte.
Jesús crucificado,
Hijo de Santa María,
socórreme en este día
contra este falso dañado.
Y vos, Virgen, que con él
sois del mundo intercesora,
libradme en aquesta hora
de esta visión tan cruel,
en virtud de la cruz santa
que hago en mi pecho y frente.
¡Valme Dios omnipotente!
Libre de esto que me espanta.
Hace la cruz y desaparece.
Harto estoy ya de asombrarte
con enredos y visiones,
y de aquesas oraciones
nunca he podido apartarte.
Pero, ¿qué he de hacer agora
sin poderte resistir?
Quiérome de aquí partir,
donde el llanto eterno mora.
Vase y desaparece Bercebú, y suena la música y aparece el ángel con la cruz en la mano.
Esfuerza, fuerte varón.
Ángel soy de Dios enviado,
a decirte que pagado
está Dios de tu oración;
y ansí te digo de parte
de aquella Virgen María
que recibas alegría,
Porque hoy quiere mostrarte
aquel rostro angelical
para que la fe recibas,
y como cristiano vivas,
en virtud de esta señal;
y también con ella vendrá
Andrés, el apóstol mismo,
y este dándote el bautismo,
nombre santo te dará.
Prepárate, varón santo,
para lo que aquí te digo,
la gracia quede contigo
del propio Espíritu Santo.
Suena la música y vase.
Gracias te doy, Dios eterno,
que te muestras tan benigno
a un pecador que es tan digno
de las penas del infierno.
Y a vos, Virgen escogida,
madre y esposa de Dios,
gracias os doy que por vos
es ya mi gloria cumplida.
¡Ah de fuera! ¡Hola! ¿Hay alguno?
¡Hola, pajes! ¿Qué hacéis?
¿Ninguno no respondéis?
¿Hay alguien?
Sí, señor, uno.
Sale Bercebú.
¿Qué es aqueso, Berbilón,
de qué estás descolorido?
Señor, he estado metido
en una gran confusión;
que uno aquí procuraba
sin agraviallo matarme.
Pues ¿no podías llamarme?
Señor, hartas voces daba.
Ven conmigo a mi aposento,
que quiero un recado darte.
y con él luego te parte,
que parezcas propio viento,
y antes de un hora lo da
al propio rey don García,
porque hoy en este día
tiene de venir acá.
¡Oh, cómo me voy perdiendo
en aquesto que este ordena!
¿Qué dices?
Que enhorabuena
iré yo, y vendré corriendo.
Vanse, y sale Ardina.
Vide a Bercebú subir
con Alí medio corriendo;
confusa estoy, porque entiendo
que a la ciudad deben de ir.
Sale Cayro y apártase a un lado.
¿Quién se ha escondido de mí?
¡Oh, qué triste y desdichado
me hizo mi triste hado!
¿Quién lamenta por aquí?
Que estuviese con Ardina,
y que muy claro supiese
que era ella, y me encubriese
aquella beldad divina.
¡Oh, qué corto de ventura
para amores he nacido!
Aqueste me ha conocido,
no hay irse en tal apresura.
¡Oh, sol del alma, que está
puesta ante ti de hinojos!
Vuelve acá tus claros ojos,
da gloria a mi alma ya.
No permitas que de ese arte
viva aqueste que te adora;
no te receles, señora,
que los pies quiero besarte.
No es tiempo ya de que estés
al que te adora encubierta;
habla, mi bien, ¿estás muerta?
Dame esos divinos pies.
¡Hola, Cayro!, estás sin ser,
¿no echas de ver que soy hombre?
Diosa mía en solo el nombre.
Diferencias de mujer
eso te hace decir
tu demasiada afición.
Díceme el corazón
que no me puede mentir.
A causa de estar tan dura,
al que te ha hecho su cielo,
¿por qué con tan triste velo
me encubres tu hermosura?
Abre, señora, esos brazos,
y descubre tus cabellos,
y con esos ojos bellos
hazme el alma mil pedazos.
Ahora bien, no digas más,
Cayro, porque Ardina soy.
Eres el cielo do estoy
colocado.
Tente atrás.
Pues, ¿por qué, señora mía,
te encubrías para mí?
No me encubrí yo por ti,
que por Alí me encubría.
Ya no te quiere Alí,
diosa mía, sino yo.
Si Alí ha dicho que no,
quien adora, ¿dirá sí?
No canses, perla divina,
que ya te ha dado de mano,
que quiere, siendo cristiano,
casarse con la sobrina
de este rey de aquesta tierra.
No hay que aguardar de esa suerte,
Es querer contra la muerte
defenderse a pura guerra.
Déjalo, que aquí estoy yo,
que haré cuanto quisieres;
dame esa mano, si quieres.
Espera, que le motivo
Para convertirse tanto.
Unas visiones del cielo
que le enviaba Dios al suelo
de grande terror y espanto.
También estás tú engañado.
Yo haré bien lo que digo,
porque he sido buen testigo
de todo cuanto ha pasado.
Da muestra de eso que cuentas,
de suerte que yo lo vea,
que como esto verdad sea,
daré todo lo que intentas.
Pues esa mano te pido,
en fe de que cumplirás,
que esta tarde lo verás
en un lugar escondido,
adonde yo te pondré
sin que ninguno lo sienta.
Pues con eso soy contenta,
vamos, que yo lo haré.
Vanse y salen el rey don García y Alí.
Príncipe ilustre he quedado
tan obligado contigo,
que de obligación me obligo
a servirte cual criado,
que a un príncipe que en el suelo
tanta fama y nombre alcanza,
a su infinita alabanza,
tiene ya obligado al cielo.
Rey, si un pecho tan altivo
como ese tuyo se sumilla,
no tengas a maravilla
que me dé por tu cautivo;
mas esto dejado aparte,
pues aquí hay comodidad,
si me oye tu majestad,
quiero mi vida contarte.
No habrá para mi corona
de tanto contento y gloria,
que aplicar a mi memoria
los fechos de tal persona.
Sabe, Rey, que yo tenía
mucho ha una devoción
de rezar una oración
que dicen avemaría;
y poniéndome a rezalla
un día muy afligido,
porque se me había perdido
y no podía hallalla,
y estando entre mí confuso,
vide un azor que en el pico
trujo la oración que explico
y en la mano se me puso,
y tomando un pergamino,
oí una voz que decía:
«La Virgen este te envía,
que por fe eres de ella dino».
Primero me había llamado
tres veces otra gran voz,
y otra sonó más feroz
estando hoy aquí postrado;
y aparecióme después
un ángel que me decía
que aquesta tarde vendría
la Virgen con san Andrés,
y que el agua del bautismo
me daría de su mano,
y ansí quiero ser cristiano,
movido antes de mí mismo.
Estoy, por Dios, tan suspenso
de aquesto que vas contando,
que entiendo que estoy soñando,
o no sé lo que me pienso.
Y vuelto a lo de la tierra,
quiero que sepas, señor,
que estoy cautivo de amor
tanto, que me da tal guerra,
que si tú, Rey, me negases
tu sobrina a quien adoro,
me había de quedar moro
hasta que me la entregases.
Pues ¿quién había de negar
a tal hombre su sobrina?
¡Oh, qué música divina
es esta que oigo sonar!
Suena la música y sale San Andrés con un manual en la mano, y Nuestra Señora con un capillo, y un ángel con una fuente y salero, y otro con agua bendita y vela.
Devoto mío, ya es hora
para que conmigo valgas,
que ya, muy de veras, salgas
de secta tan pecadora;
alegre recibirás
el bautismo consagrado,
y con él serás lavado
de hoy para siempre jamás.
Andrés, mi apóstol querido,
administra el sacramento.
Y tú, rey bueno, que atento
tienes el humano oído,
mi hijo te ha fecho digno,
por lo que por él peleas,
de que todo aquesto veas
y le prestes padrino
de este devoto ahijado,
que hoy recibe nuestra fe;
y yo madrina seré
en misterio tan sagrado.
Suena la música y vanse, y salen Cayro y Ardina.
No sé si traigo sentido,
según vengo de espantada.
¡Ay de mí, Cayro, qué errada
en esta secta he vivido!
Claro he visto que son vanos
aquestos dioses que quiero,
y que solo es verdadero
este Dios de los cristianos;
y yo luego ya, de buena gana,
dejaría nuestra ley;
si quiere admitirme el rey,
yo me volveré cristiana.
Pues sabe, Ardina querida,
que si en ser moro he durado,
es porque me has estorbado
tú sola con tu venida.
Pero ya que satisfecha
estás de aquesto que has visto,
recibe la ley de Cristo
y aquesta falsa desecha.
Ahora bien, pues que Alí
tan de veras me ha dejado,
déjolo, y tú que has estado
tan firme en quererme a mí,
toma luego aquesta mano
de mujer con buena gana
de volverme ya cristiana,
como te vuelvas cristiano.
Abre, diosa, aquesos brazos,
que con firmezas concluyo,
y enlázame como a tuyo
con dos mil nudos y lazos;
y vámonos al momento
al rey don García mismo,
y pidámosle bautismo,
y él hará este casamiento.
Vanse, y salen Adarramén, Celino y Mahomad.
¡Oh, de Mahoma reniego,
porque tal hace y consiente!
¡Hola, Mahomad! Que mi gente
en armas se ponga luego;
y a aquel traidor de Alí,
a pesar del mundo todo,
de cualquier manera o modo,
me lo traigan preso aquí;
que yo le daré un castigo
tan cruel y riguroso,
que ningún rey poderoso
lo haya fecho a su enemigo.
217v
Perro vil, de mala casta
e infame traidor villano,
¿qué te movió a ser cristiano?
¡Basta, señor, basta, basta!
Repórtate, que estas cosas,
aunque más terribles sean,
hasta que claro se vean
suelen salir fabulosas.
Sépase antes claramente.
Con el rey quedaba ya,
y lo que digo dirá
a voces toda la gente.
Alto, adereza tres yeguas
y todos tres como un viento
corramos en un momento
por la posta estas tres leguas.
Vanse y sale Bercebú solo.
¿A dónde me iré huyendo
de esta gente que ha venido
con aqueste convertido,
que ansí me andan persiguiendo?
Y aquel que más me atormenta
sobre todos es Andrés;
quiero arrojarme, que este es,
quizá en mí no vendrá a cuenta.
Sale el Rey, y Alí bautizado con una alba de belfa vestida, y San Andrés con un escudo que tiene pintada una aspa en medio y un azor con él, a Bercebú.
Pues de belfa estás vestido,
y lavado por mi mano
y por Dios hecho cristiano,
toma, Andrés, aqueste escudo,
con el azor que colgada
lleva la traición del pico
en campo de plata rico,
sobre la mano asentada,
y el aspa, que es mi blasón,
donde fui martirizado,
porque por mí te fue dado
el nombre en tu conversión.
Armas son de fe constante,
porque constante serás,
Andrés, y no pecarás
contra Dios de aquí adelante.
Da voces Bercebú.
¡Quién sufriera tanta pena!
Andrés, no me des tal pago;
no me dirás qué te hago
para tenerme en cadena.
Déjame ir a sepultar
a las cuevas infernales.
Traidor, tus hechos y males
tengo de manifestar.
Quiero que veas agora
quién era el que te servía,
y borrar de ti quería
la fe que tienes agora,
Y en virtud del que sacó
a las almas del infierno,
y con su poder eterno
las puertas dél quebrantó.
Te mando que te desnudes
la cristalina vestidura
y que de aquella figura
que andas siempre no te mudes.
Siempre me has de atormentar
a donde quiera que estés.
No me atormentes, Andrés,
acaba con desnudar.
Mira, Andrés, qué torpe y ciego
estabas, y qué engañado.
Vete al infierno, dañado,
a tu morada de fuego.
Desaparece dando voces.
Suprema sabiduría,
tú que lo riges y ordenas,
gracias te doy, que mis penas
acaban en este día.
Dame, Dios, gracias que esté
firme y constante en tu amor,
para que amor ni temor
no me aparten de tu fe.
Y tú, gloriosa oración
que me alcanzaste tal palma,
yo te meteré en mi alma
y dentro en mi corazón.
¡Oh, príncipe singular,
venturoso y noble Andrés,
dame esos dichosos pies,
que te los quiero besar!
¡Oh, cristianísimo rey!,
esos tuyos me da a mí,
pues me ha fecho Dios por ti
merecedor de tu ley;
pues esos brazos te pido,
y ese don de ti merezca,
porque de veras me ofrezca
a quien en tanto amerezca.
Alto rey, yo te los doy,
mi alma a tu amor rindiendo,
en señal que me encomiendo
a tu servicio desde hoy.
Vámonos, porque la reina
lo sepa, y todo mi reino,
y vean que ya en mi reino
otro rey de nuevo reina.
Vanse, y salen Adarramén, Celino y Mahomad.
Desdichados, gran rey, habemos sido,
porque según me dicen esta tarde
con el rey don García se ha partido,
y venimos en vano y en el aire.
¡Ah, infame perro bajo, malnacido,
traidor que te conviertes de cobarde!
Pues ¿qué locura es esta que le ha dado?,
si no medra, ¿qué busca en reino extraño?,
que si no ha de medrar en este reino,
y es, sin medrar, morir como tacaño;
mal medrará holgándose en mi reino;
no ha medrado conmigo, soyle extraño;
medrará y fuera rey, aunque yo reino;
¿qué medra con el rey?
Nada ha medrado,
ni medre quien tal traición ha ordenado.
Recoge aquese campo tú, Celino,
y en lugar de Alí pasa la gente
a Córdoba con la otra que ayer vino,
de modo que la lleves brevemente;
tomaremos los dos otro camino
para en Córdoba entrar secretamente,
que no quiero de nadie ser sentido
por entrar sin Alí tan abatido.
Vanse, y sale el rey don García y Alí.
Hanme dicho que moíno
Adarramén se partía.
Y va tanto, que decía
a voces por el camino:
«¿Qué ha de medrar aquel perro?,
¿y ha de medrar algo? No.
¿Qué locura le movió,
sin medrar, hacer tal yerro?».
Medráis con blasón, señor,
que son fe sus chapiteles,
aspa y oración y el Vélez,
que es en blanco, vence el amor.
Junto aqueste letrero
poned las que os doy,
porque habéis de ser desde hoy
de Dios real caballero;
que con el nombre cristiano
y el «no medra» del revés,
harán un mosén Andrés,
después Vélez de Medrano.
Sale la Reina y la infanta.
18v
¡Oh, serenísima Infanta!,
merezca poner mi boca
adonde tu planta toca.
Príncipe ilustre, levanta,
que esa es mucha cortesía
para quien poco merece;
que en los tuyos si se ofrece
pondré luego aquesta mía.
Señora, eso no es razón.
Infanta, de hablar te aleja,
y tú, Príncipe, esto deja
para otra conversación.
Con vuestro consentimiento
y con el de mi señora,
quiero fenecer agora
un real prometimiento.
Yo me siento por dichosa
en que al momento sea fecho;
fuera de ser mi provecho,
seré en ello venturosa.
Pues este es vuestro marido,
y vos sois ya su mujer,
y aquesto se ha de facer
porque se lo ha prometido.
Digo que en nombre de suya
con este abrazo concluyo.
Señora, en nombre de suyo
con este mi amor concluya.
Salen Cayro y Ardina.
Rey cristiano, pues que a Dios
nuestro Señor ha querido
servirle, en fe convertido,
queremos decir los dos,
que, siendo el padrino mismo,
nos mandes la fe enseñar
y primeramente dar
agua del santo bautismo.
Gracias a Dios, que os ha puesto
en camino verdadero.
Digo que facello quiero,
y que lo haré muy presto.
Abrázame, Cayro amigo,
que como amigo leal
siempre en el bien y en el mal
quisiste quedar conmigo.
Y tú, Ardayn, ven acá.
Ardina, de en cuando en cuando.
Ardayn, ¿estás burlando?
Que no hay Ardayn ya.
¡Oh, mi Ardina! Pues, ¿por qué?
Eso no tira de ahí;
si dirás de Cayro, sí,
que no me faltó su fe.
Para bien seas casado,
y para bien seas casada,
que tú vas bien empleada,
y tú estás bien empleado.
Todo aquesto ha sido gloria.
Para mi persona, al fin,
entremos y demos fin
a la recitada historia.
FINIS [Rúbrica]