à> Date de publication: 22 août 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El testamento de Cristo. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-testamento-de-cristo.
Son interlocutores: En la prime- ra escena un hijo de la ley vieja y otro de la ley nueva que piden la herencia por el testamento: Un simple de la ley natural, que pide de comer: la Fe, ante quien se causa el pleito. Dos letrados, el uno teólogo de Gracia, y el otro jurista de Escritura, que informan: El Pontífice, que hace la deci- sión del pleito. Las figuras son de esta suerte El hijo de la ley de Gracia, entra muy galán, al tiempo. El hijo de Escritura, sale a lo antiguo, muy gallardo. El de la ley natural, sale de simple. La Fe, sale de blanco, y con un cáliz en la mano, y dos Gracias con túnicas blancas, y con alas de ángeles. El Pontífice, con capa y tiara de tres coronas, sobre un ro- quete y un libro en la mano y dos Cardenales a su lado.
El abogado de Gracia, con sus insignias de doctor teólogo. El de Escritura, con hábito fariseo, de maestro de leyes. Jornada primera, en la cual entran después de el introito, los tres hijos de la ley de Gracia, y de Escrip- tura, y Naturaleza, y dice el de Gracia.
O sabe poco el letrado
o tú le informaste mal,
pues en lo más principal
vienes menor en senado.
Dices que no hay competencia
en ser el hijo primero,
y quieres ser heredero
sin saber lo que es la herencia.
Menos debe de saber
el que no te desengaña
que no mira que te daña
en dejarte pretender.
Que no tiene fundamento
decirte que has de heredar,
pues no le puede constar
de haber visto el testamento.
Y aunque informara otra cosa
a quien en la causa aboga
más de que la sinagoga
fue de Dios amada esposa,
y legítimo el matrimonio.
legítimo y también
como el testamento bien
muestra de ello el testimonio.
Por cierto, muy confiado
te haces de tu justicia;
no ha llegado a tu noticia
que fue dos veces casado.
Mi madre fue la primera
con quien Dios se desposa,
si otra cosa sucediera,
es sin firme una quimera.
Más suerte que la segunda,
pues que pudo de él valer.
Mejor es que el necio calle.
Y la bestia en que se funda.
Y no pudo pasalle a costa,
por bien que lo procuró,
y de días se cansó,
según me parece estotra.
Antes no fue de la suerte
que murió de enamorado,
con la segunda casado
y estotra le dio la muerte.
Eso sí, dile al grosero
cómo de ser hijo de Dios,
porque sabrá de los dos
cuál es mejor y primero.
Pues no burles del villano,
que aunque rústico parece,
también piensa que merece
sustento como un hermano.
Por cierto, pues pretendes
lo mismo, puede saber él
tanto en el derecho de él
como el que tú de ti entiendes.
¡Oh, qué bien que lo mediste!
Y tú, ¿igualaste a los dos?
Muchos hijos tuvo Dios,
no burles de lo que oíste.
Este es de naturaleza
hombre simple e inocente,
y puede ser pretendiente
como quien tiene pobreza.
No me da ningún cuidado
tu justicia ni la de él,
porque el pueblo de Israel
fue entre todos mejorado.
Y aunque cualquiera pretenda,
a mi doctor le parece
que a mí solo pertenece
el mayorazgo y hacienda.
Pues ¿cómo? ¿No ha de haber nada
para el que de hambre muere?
Lo que hacienda de Dios fuere
es mío a puerta cerrada.
Fue Dios misericordioso
cuando hizo testamento,
que allí dejó su sustento
al pobre y menesteroso.
Estar harto es mi demanda,
traed pleito allá los dos,
que yo solo sé que hay Dios
y dadme lo que me manda.
Y en fin estarás contento
con que te den vino y pan.
Pues eso ya me lo dan,
pero quédome hambriento.
No falta sino decirme
que también ha de igualarme.
No quiero sino hartarme,
que ya no puedo sufrirme.
El pleito tienes por llano
y estás de él muy satisfecho,
y no tienes más derecho
a la herencia que un villano.
Ya veo que de ofenderme
andas buscando ocasión,
porque esa comparación
solo sirve de correrme.
Pues hasta ahora no has dado
la razón por qué pretendes.
Si la digo, y no la entiendes,
decilla será excusado.
Mas, ¿qué razones alega
tu doctor para decir
que a ti te han de preferir,
pues justicia te lo niega?
Y caso puesto y negado
que hijo puedas llamarte,
¿cómo no supo nombrarte
los bienes que has heredado?
La tierra en que Dios dotó
a mi madre esposa y fiel,
donde brota leche y miel
y mil bienes que le dio.
En aquella Palestina
do mi madre alegre estaba
entiendo se figuraba
otra tierra más divina.
Llanamente, en todo puedo
estar sin ningún desvelo,
sea tierra o sea cielo,
siendo de Dios, yo lo heredo.
Pues que hijo sea yo
me lo muestra por mil vías,
por él lo dijo Isaías
que por suyo me crió.
Y pensó que estaba dudando
y dijo porque lo creas:
cata aquí y un lugar de Oseas
que hijo te está llamando.
Mira cuán mal entendido
tiene el caso ese letrado;
hijo si fuiste llamado,
mas yo soy el escogido.
El mayorazgo y hacienda
no es cosa acá transitoria,
antes es la eterna gloria,
y es menester que se entienda
que mientras se va a gozar
quiso el testador divino
dejarnos para el camino
alimentos que gastar.
Y cuando eso fuese ansí,
que en mi provecho lo apruebo,
¿piensas que es agora nuevo
este punto para mí,
pues en prendas de la herencia
alimentos Dios me dio
otra vez donde mostré
particular providencia,
y en señal de que era cierto
que por Cristo sucediese,
quiso Dios que me lloviese
allá el maná en el desierto.
Pardiez, qué osadas cosillas
que decís, a daquesto vos
sed vos el hijo de Dios
y dadme de merendar.
Fáltate el conocimiento
que si no yo te llevara
y a manjar te convidara
que no quedaras hambriento.
No debes pobre de estar
pues ofreces gran merienda.
Tengo una preciosa prenda
que me puede descuidar,
que no está el alma convertida
ni el villano está enseñado,
que en solo dalle un bocado
le dieran sustento y vida.
Es para darme matraca,
si me habéis de convidar
no me podréis contentar
con una pierna de vaca.
Manjar debe ser preciado
ese que sustenta tanto.
Es la sangre y cuerpo santo
del mismo Dios consagrado.
¡Oh, qué hermosos bocados!
Pardiez, comételos tú.
¿Estamos en el Perú
que comen hombres asados?
Dame tú una suerte olla
de carne, berzas, tocino,
buen lechón, buen palomino,
buen capón, perdiz y polla.
Gazpachos y migas que coma,
berenjena en ajo y queso,
no me convides a seso
que, pardiez, asco me toma.
Calla, necio porfiado,
que estorbas a mi razón,
en fin huyes la ocasión
de decir lo preguntado.
He tenido gran temor
que no tienes de entendello,
mas si quisieres creello,
sabe que es de este tenor.
Verdad es que hijo fuiste
llamado en el Testamento,
pero cuanto al cumplimiento
la herencia de Dios perdiste.
Y que todos no le guardastes,
y como no le cumplistes,
desheredados perdistes
los bienes porque pecastes.
Y este, como se acabase,
porque a Dios no satisfizo,
otro Testamento hizo
que valiese y que durase.
por el cual ha promulgado
nueva ley y rito nuevo,
no me parece que debo
tenerlo mejor fundado.
¡Oh, qué punto tan donoso,
que los hijos que pecamos
en hacienda no heredamos
o derecho riguroso!
Ya que yo no niego, hermano,
que fue muy notable yerro
adorar aquel becerro
y cualquiera ídolo vano;
pero Dios me castigó
y luego quedé su amigo,
y fue de muerte el castigo,
que no me desamparó
ni deshizo el testamento,
antes, nombrándome hijo,
por su misma boca dijo
que había de ocupar su asiento.
Y si promulgó otra ley
o no, no me meto en ello,
que muy bien pudo hacello
porque es absoluto Rey;
pero si mil promulgase,
no puede perjudicar
a la que quiso ordenar
para que siempre durase.
No estabais sin razón,
pues te conocí sin ella.
Mas antes, por no tenella,
te hallas en confusión,
y que yo tengo de mi parte
el testamento y verdad.
La última voluntad
es la que ha de condenarte,
porque el nuevo testamento
que ordenó Dios en su muerte
es inviolable y es fuerte,
y es divino sacramento;
y como es el entenderlo
cosa sobrenatural,
acomodaste muy mal
a sentarte bien en ello.
Mas, pues estás confiado
de tu justicia y derecho,
propongamos este hecho
a juez desapasionado.
Pues luego, sin dilación,
para mí no había juez malo,
porque un alcalde de palo
viera clara mi razón.
Dos castañetas, dos coces,
si queréis, yo estas diré.
Hagamos juez a la Fe,
que tú también la conoces.
Noticia tengo de ella,
y esa lo juzgará bien,
que mis pasados también
confiaron mucho en ella.
¿Veisla allí resplandeciendo
y a todo el mundo alumbrando?
Vente conmigo llegando,
verás lo que está diciendo.
Ahora entabla Fe con dos gracias y cantando van Cum ergo. Y prosigue la gracia.
Reina, que sirviendo a Dios
haces que le conozcamos,
ante ti nos presentamos
en cierta duda todos.
Queremos saber la herencia
de Dios a quien pertenece,
este juicio se te ofrece,
que des en él tu sentencia.
Proponed vuestras demandas,
que aunque haya dificultades,
os daré de la verdad
última resolución,
porque, viniendo acordados
en lo que habéis de pedir,
lo mandaré definir
aquí luego en mi estrado.
Reina, serásme propicia
en este negocio mío,
que de tu bondad confío
me guardarás mi justicia.
Mas quiero te suplicar
que te informe mi letrado,
que yo no estoy enseñado
para saber disputar.
Venga ante mí quien quisiere,
pues es caso de importancia;
no pretenderá ignorancia
el que la sentencia oyere.
Pese a mi, ¿qué linda moza?
Quien se casara con ella.
Juro a San que sois tan bella,
que es dichoso aquel que os goza.
¡Oh, qué chapadas razones!
Solo en veros estoy harto,
de esa mano quiero un cuarto
más que de otra mil doblones.
Poned luego en que me siente;
id al administrador
de los bienes del Señor,
que se halle aquí presente,
porque se ha de sentenciar
un pleito muy importante,
y quiero que esté delante
que lo ha de determinar.
Aquí se entra la Gracia y sígola Fe.
Muy bien lo sabemos tratado,
y pues esto se ha de hacer,
será menester traer
cada cual a su letrado.
Un gusto se satisfaga
a su parte, más que la mía.
¡Guay del pobre y de su día,
pues falta quien bien le haga!
Ahora se salen y como se van
se va descubriendo el tribunal
donde está el pontífice; y sen-
tados todos, dice el pontífice:
Divina y alta Señora,
ya vengo a vuestro servicio.
Venís a hacer vuestro oficio
como lo veréis ahora,
porque ha de tener efecto
aquí un pleito que veréis.
De contino me hallaréis
a vos, Señora, sujeto.
Ahora entran los pleiteantes
y los abogados; y dice el hijo
de la ley de Gracia:
Guía y camino del cielo,
principio de salvación,
en cuya resolución
estaba nuestro consuelo,
sujetos todos venimos
a la declaración tuya,
porque ante ti se concluya
el pleito que propusimos.
Siéntense los abogados,
informen de su derecho.
Con eso estoy satisfecho
que seremos bien juzgados.
Es tan sabroso el alcalde
que no puede juzgar mal.
Proponed lo principal.
A ese villano apartalde.
En tu divina presencia
los dos en suma diremos
lo que en derecho entendemos,
teniendo de ello licencia.
Solo podéis apuntar,
que aquí bien se entiende todo.
Haráse de aquese modo.
Luego podéis comenzar.
Excusado será alterar
en cosa tan sin contienda,
pedir que le den su hacienda
al hijo que ha de heredar,
argúyese llanamente:
es hijo, luego heredero;
que en parte sea el primero
yo no hallo inconveniente.
La razón por él aboga,
que es el mejor de los dos,
pues que se casó con Dios
su madre, la sinagoga;
que hijo se haya llamado
es tan sabida verdad,
que alegar autoridad
parece que es excusado.
Lo que toca a su hacienda
también es cosa notoria,
promesa tuvo de gloria,
que de así quiero que se entienda,
y mientras no se le fuese
fueron los bienes dotales
muchos bienes temporales
para que se entretuviese.
Y ni tan poco se consiente
decir que porque pecó
que Dios le desheredó,
porque eso es impertinente,
pues en cualquiera ocasión
con la enmienda fue su amigo,
que para el mal hay castigo
y para el bien galardón.
Y mi ley, si quieren dejalla,
dice aunque me ofendería
la misericordia mía
no quiero de él apartalla,
y aunque despedille pueda,
por ser tanta mi bondad,
quiero que en esta verdad
ningún daño le suceda.
que dijo Dios le nombrase
perpetuo, no es maravilla,
pues que dijo que en su silla
para siempre se sentase.
Si esta ley quiso ordenar
porque gustó de hacello,
una jota ni cabello
della no puede faltar.
Y si otra ley pronunciase,
perfeta, buena y entera
había de ser, de manera
que esta no perjudicase.
Porque sería claro faltar
lo prometido por él,
y como dicen, es fiel,
que así no puede negar.
¿Ha de faltar agora,
si con tanto cumplimiento
le ha dado siempre sustento
en prendas desta mejora?
El abundoso maná,
y aquel cordero sabroso,
y el pan dulce milagroso
como a Elías lo dará.
No hallo dificultad,
antes con mucha razón
él tiene la posesión
y le han de dar propiedad.
En esto no me aprovecho
de alegar autoridades,
porque todo son verdades
fundadas en el derecho.
Decid, ¿tenéis otra cosa
que alegar o que decir,
desto se puede inferir
lo demás, Fe poderosa.
Dad vos vuestra razón
en término brevemente,
porque luego aquí al presente
se dé la declaración.
La ley antigua se funda
que los bienes ha de haber,
como primera mujer,
y no sabe que hay segunda.
Y que hay claro fundamento
por donde son heredados
los hijos que son llamados
deste nuevo casamiento.
Porque la primera madre
adúltera fue llamada,
y por ley averiguada
pudo desechalla el padre.
Y hay expreso testimonio
que no le defiere,
en que repudiada fue
y disuelto el matrimonio.
Reina, si tengo licencia,
diré sola una razón
para dar la absolución
de aquella misma sentencia.
Que se colige de allí
no haberla desamparado,
porque dijo: si has pecado,
con todo vuélvase a mí.
Y eso es hacer que me acuerde
en mi favor de otra cosa,
que la mujer alevosa
dicen que la dote pierde.
No es menester disputar,
pues hay de todo noticia.
Alego de mi justicia.
Dejad a ese otro informar.
En fin, como no cumplió
con lo que estaba ordenado,
fue el testamento anulado,
porque Dios le revocó.
Y claramente lo pruebo,
aunque no es menester prueba,
pues hizo escritura nueva
y de testamento nuevo.
Y que hubiese de ser ansí,
había ya muchos días
que lo dijo Jeremías,
y referírelo aquí.
Dice Dios: "Tiempo ha de haber
en que para mi contento
he de ordenar testamento
que para siempre ha de ser".
Porque, como no duraron
en el otro que había hecho,
quiso quedase deshecho
visto que no le guardaron.
Y este nuevo que se ordenó
fue tal y tan acordado
que, de muy enamorado,
con su sangre le escribió.
Y yo no sé qué están pidiendo
del testamento, ignorando
por qué él le estaba ordenando
y ellos le estaban vendiendo.
Que dos veces se casase,
¿qué razón alguna hubo
en que los hijos que tuvo
iguales no los dejase?
Y muy bien cabe en amor,
pues que siempre le ha tenido,
que dejase preferido
al que es primero y mayor.
Ya está dicho que estorbáis
al que nos está informando.
Y aunque más esté estorbando,
reina, vos al cabo estáis.
Pues, ¿qué es lo que más pedir,
que haga a vuestro derecho?
Por mi parte está tan hecho
cuanto dello vos sentís.
Pero digo últimamente
que se advierta de una cosa:
que la Iglesia fue la esposa
que Dios amó tiernamente.
Con ella quedó casado,
y ella guarda el testamento,
y hace el cumplimiento
a sus hijos por su mandado.
Y pues los hijos primeros
viven en oscuridad,
no pretendan la heredad,
déjenla a los verdaderos.
Pues yo diré una razón
que hasta agora no se ha advertido.
A los dos he ya entendido;
cese ya la información.
Y a mí me han de escuchar
para saber lo que pido.
Tú estás ya bien conocido,
no has menester informar.
Padre Santo, en quien no cabe
yerro, porque Dios lo quiso,
poniendo del paraíso
en vuestra mano la llave;
pues os toca el cumplimiento
de lo que Él quiso ordenar,
a vos toca el declarar
las dudas del testamento.
Porque sois el todo en ello,
el juicio remito a vos,
que por eso os puso Dios
en su lugar para ello.
Deste caso de manía
quiero dar resolución,
llevando en tal ocasión
a vos por segura guía.
Dos veces quiso testar
la divina omnipotencia,
y ansí tenéis competencia
por cuál se tiene de estar.
En la primera llamó
los hijos al cumplimiento,
y entonces conocimiento
sobrenatural les dio.
Y fueles representado
el Mesías, dulce nombre,
que había de salvar al hombre,
librándole del pecado.
Y en virtud del Salvador
y de su merecimiento,
hubo en aquel testamento
gracia dada con amor.
Este bien que Dios les dio,
apenas le conocieron,
porque no le cumplieron,
se revocó y anuló.
Y así procuró hacer
otro nuevo, firme y fuerte,
con tal orden y de suerte
que pueda permanecer.
Y fue de tanto vigor
que ya no había de revocallo,
porque, después de ordenallo,
murió luego el testador.
Esto estuvo figurado
en los hijos de Abrahán,
que al uno la herencia dan
y el otro fue desechado.
El cristiano es escogido,
y el que es hijo verdadero,
y como tal heredero
es a todos preferido.
Y más de suerte es la sentencia,
que aunque suyo es el cristiano,
cualquiera será su hermano
si hace su diligencia.
Que si torna a renacer
en el divino bautismo,
participará lo mismo
que los hijos han de haber.
Que cosa es cierta y notoria
que cumpliendo el testamento
les han de dar su sustento,
mientras no les dan la gloria.
y este sabroso sustento
que a los herederos dan
en forma de vino y pan
es Dios en el sacramento.
quedose Dios por memoria
en este manjar divino
porque coma en el camino
el que camina a la gloria.
y aunque es de tanta dulzura
quien le hubiere de gustar
primero se ha de probar
si quiere vida segura.
es un manjar soberano
que no sufre encubrimiento
ni se concede al doliente
que es propio manjar de sano.
la iglesia está muy dispuesta
de enseñar y sustentar
no tenéis que replicar
porque la sentencia es esta.
yo voy muy edificado.
yo voy confuso y dudado.
lo que aquí se ha definido
es lo que ha de ser guardado.
yo me he de tornar a nacer
páriame la tierra, ¡hasca!
¡pardios, que el diablo los nazca!
quiérome al fin conocer
y a vuestra santa obediencia
padre santo me someto
y aquí en presencia prometo
de cumplir vuestra sentencia.
pues yo propósito llevo
de no perder el comer
yo me quiero deshacer
y tornarme a hacer de nuevo.
ya que os han desengañado
si queréis en gozo veros
procurad de disponeros
cada cual según su estado.
yo quiero de nuevo probarme
pues la sentencia está dada
que aunque de mí no sé nada
no soy tan justificado.
en estando bautizado
he de quedar tan sangriento
que he de comer de contento
a la oreja medio lado.
aquí se cierra el tribunal
y vanse los de afuera
y dice la Gracia
qué extremada autoridad
el pontífice mostró.
como aquel a quien Dios dio
la suprema potestad.
hasta aquí estuve engañado
ya por bautizarme muero.
aquel juez verdadero
de la sombra me ha sacado.
¡oh, Dios guarde aquel buen viejo
que tan bien lo sentenció!
Juro a mí que llegó
a desnudarme el pellejo.
Pues haciendo diligencia
todos somos de heredar,
ayudadme aquí a cantar,
celebremos la sentencia.
Línea ondulada que marca el final de la obra y la separa de la siguiente.