à> Date de publication: 22 août 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El sacro Iris Setavino, Virgen Santa de la Seo. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-sacro-iris-setavino.
El Iris Setavino Sacra Virgen de la Seo. en Xativa su Autor Don Gabriel Gámez. 1653
Esta nueva, bien que ruda Obra, concisa demostración de los Portentos de Nuestra Señora con la advocación de la Seo de la Ciu- dad ilustre de Játiva, y a San Felipe, dividida en diversidad de tiempos, y puesta en tres distintos Actos, con variedad en ellos de Personajes, sujeta, rinde, y postra su Autor Ga- briel Gámez, al parecer de nues- tra Santa Madre Iglesia, y quien por ella goce Cargos de su bien elegi- do Censor; protestando el Au- thor que da por no dicho lo que fuere aun muy leve disonan- cia contra los Católicos Chris- tianos Dogmas, y buenas cos- tumbres, y así lo jura y de- clara. Játiva y Agosto 14 de 1653.
Sethab, Játiva, oye, atiende, mira, cuanto mi voz amante te previene, oye el concurso cómico, oy aspira, la Deidad celebrar que te mantiene oy un Diseño del favor que gira dà al Teatro un Ingenio si le tiene mas que Ingenio no cede su Tropheo al celebrar la, Virgen de la Seo.
Demonio | Primer Angel | Ines Federico | Seg.do Angel | Columbino Enrrique | D.a Margarita | 2 Espiri.s malos D.n Pe.o Bar.a | D.a Juana | Mus.ca Acompa.to
Verase en el frontis del Teatro una imi- tacion que bosqueje â la Ciudad de S.n Pheli- pe, y ante ella, tres Peñascos corporeos: el de en medio con el Castillo, y Murallas; los de los lados, solo de Ricos, y de las Cimeras de estos, abriendose â su tiempo, vajaran despeñados los dos Spiritus malos; de el de en medio, abriendose, saldrà el Demonio con desespe- racion, y al abrirse suben Llamas, y Rayos, cruzando el Tablado, oyendose Truenos, y entanto que el Demonio dentro del Pe- ñasco Representa, se oirà Terremoto â lo lejos, y al mismo canta el quatro Triste.
Cruja el último seno de la Tierra
y el lazo que la une, o que la cierra
rompa su trabazón, y en parasismos
deliren con horror sus hijos mismos
entonando al compás de mi quebranto,
lisonjas el suspiro en triste llanto.
Música a 4 con sordinas
¡Ay mísera de ti, Setabis bella,
que no es alivio el llanto de tu pena!
Pues fúnebre el cromático realce
despojo se arruine y se deshaga
con estrépito cruel este obelisco
que es de Setabis bella duro aprisco
y al estallido infiel, todo el Averno
arroje con mi furia al mismo Infierno.
¡Ay mísera! etc. Ahora lo anotado.
Monarca horrible del Baratro y Letheo,
que con cuidado confunde a tu deseo
que con saña cruel, furia inaudita
nos sacas del horror que te acredita:
¿Qué te da pena?
¿Qué te da cuidado?
De un receloso ardor vivo abrasado
no oís el triste canto, el tierno acento
que compadece al orbe, para al viento,
pretendiendo alcanzar en las piedades
socorros que minoren impiedades?
Ya le atendemos, sí, pues escuchamos
que al compás del dolor, decir miramos
¡Ay mísera! etc.
a solo triste
Como yaces afligida,
ciudad, en pena cruel,
sin hallar quien al dolor
remedio alguno te dé.
Pues Príncipe y señor, daño no infiero
que dé esta voz, a tu vigor severo.
Antes bien en la pena, que lamenta
a tu preciso genio, lauro aumenta.
Pues es blasón de tu confuso Abismo
el horror, la tristeza y parasismo.
¡Oh cómo desesperados Genios míos
no penetráis sus tristes ecos píos!
Como conmigo en esta pena dura
no llegáis a inferir por conjetura
que puede este dolor, y este desvelo
hallar piedad...
¿En quién?
En ese cielo,
donde humillados pechos, y contritos
hallan perdones para los delitos.
Pero cese mi voz, pare el acento,
por no dar a mis penas más aumento,
y refieraos mi voz, si en ella cabe,
de mi fiero dolor, la causa grave.
Aquesta ciudad que yace
de ese obelisco a la falda
padrón, que a los tiempos dice
valor, denuedo, y pujanza;
pues que sus habitadores
como por elección sacan
los efectos que promulgo
del albergue que los guarda:
esta cuya antigüedad
casi al tiempo se compara
puesto que... pero ¿qué digo?
calle el labio, cese el habla,
que será violento, que
mi ardor profiera alabanzas,
que por verdaderas sean
impropias de quien las trata;
demás, que en el orbe ya
las dio la prensa a su estampa,
y de lo ya dicho, que
novedad mis voces sacan.
Diva ciudad setavina,
por disposiciones altas
del que admirable en sus juicios
luce, brilla, reina, y manda,
si ya no es ruina al castigo,
vacila ya desdichada;
pues de contagiosa peste
al horror, y a la desgracia,
para escarmentar delitos,
padece infeliz la saña.
Qué mucho, si el siempre eterno
solo Divino Monarca,
de ofensas que le baldonan
castiga lo que se agravan:
y así, con permisión suya,
toda esta esfera infectada
tengo ya, porque sea estrago
el que con pecar me halaga.
Ya el horror ha dado indicio
de que el Dios de las venganzas,
si no olvida las piedades
a lo menos las recata.
Ya lo llora la ciudad,
y ya dolorosa exclama,
para remitir la ofensa
no sé si contritas ansias,
pues veo que entre el castigo,
esta ceguedad humana,
sin mirar lo que escarmienta,
sigue aquello que la daña.
¡Mas oh rigor! que este exceso,
que en mí pudiera ser causa
de que el infernal horror
victoria alguna alcanzara,
es, el que da a mis dolores
furias más desesperadas.
No os admiréis, no extrañéis
lo que profieren mis ansias,
cuando del veneno he visto
sacar dulce la triaca.
No os pasme mi conjetura,
pues aunque por mía, es vana,
para aumentarme rigores
el imaginarlo basta.
Mas no es imaginación
pues: /¡aquí fallece el habla!/
tienen: /¡rabio al pronunciarlo!/
por: /¡ahógueme mi saña!/
Auxiliatriz: /¡qué tormento!/
aquella que: /¡fuerte ansia!/
en su Apocalipsi, Juan
vio, que del sol adornada,
circuida la sien de estrellas,
la luna alfombra a sus plantas,
de mi engreída cerviz
los siete cuellos domaba.
La que ante siglos prevista
en la mente soberana,
sin mácula concebida
de aquella original mancha,
fue presentada a los ojos
de las jerarquías sacras,
que adorándola princesa
en sus nueve coros manda,
logrando el mismo dominio
en fuego, aire, tierra, y agua.
Este poder, este exceso,
que la omnipotencia sacra
dio a María, en mi altivez,
(que entonces se erigió vana)
consternó: mas no repita
vuestra pena, y mi desgracia,
que la calle por sabida,
y es más sentirla, expresarla.
¡Oh fantástica altivez
a que de yerros te arrastras,
por conquistar imposibles,
que son tu misma desgracia!
Publiqué, en fin, el intento,
toqué a guerra, y la batalla
presenté con mis parciales,
y no con poca pujanza,
pues la tercer parte, de
la vecindad sacrosanta,
armas tomó en mi favor,
y puesto en celestial valla,
toca el furor las trompetas,
rimbomba envidia las cajas,
la altivez vibra el acero,
y el ceño publica al arma.
Vanamente confiado,
sin que opuesto imaginara,
que nunca piensa el altivo
encuentre quien le contrasta,
iba a embestir, cuando miro,
que de su lealtad llevada
valerosa inteligencia
todas mis furias rechaza.
Preséntase en los espacios
de ese celestial alcázar
con invencible poder
de multitud soberana
con Quis sicut Deus, que hizo
que tiemble con mis escuadras.
Mas rehaciendo mi altivez,
dije al punto: toca, avanza,
guerra, guerra, confidentes,
parciales, al arma, al arma.
Dispara mi horror las furias;
munición la zarza escuadra;
crujen truenos, fuego brilla;
todo estrago es, todo saña;
Viva el rey, muera el traidor
dice la hueste contraria;
la mía dice: Luz bella
ilumine, pues abrasa.
Todo es confusión y asombro,
tiemblan las altas bisagras,
estremécense los polos;
vacila todo aquel mapa,
hasta que Miguel valiente
en la celeste campaña,
cuerpo a cuerpo solo emprende
vencer tan heroica hazaña.
Solo, pues, me busca, armado
de aceradas armas blancas,
de peto y morrión luciente,
tajante bruñida espada,
escudo fuerte en quien miro,
que con letras de oro graba
por blasón: ¿Quién como Dios?
Traba la lid, y al trabarla,
repíteme la inscripción;
el eco solo me espanta;
titubea mi valor,
tanto, que al ver que desmaya,
Miguel, venciste, le digo:
e infiel despojo a sus plantas,
mi cerviz huella, y me arroja
de las celestes moradas.
Pero antes que el precipicio
logre mi fortuna ingrata,
previniendo que al caído
aun la confidencia ultraja,
y que los que me siguieron
acaso no les pesará,
del ser confidentes, vibro
de mis enojos la cauda.
Ya la enrosco, ya la engrío,
y ondeándola con saña
la tercer parte de estrellas
traje a mí, porque bajaran
a pagar con mi delito
la pena de ofensa tanta
siendo ya bestias horribles
los que antes luces con gracia.
Precipitados en fin
del eterno sacro alcázar,
con estrepitante aullido
cortamos la región vaga,
y en los senos de la tierra
dimos, pues no vuestra audacia
lo ignora, que el repetirlo,
es querer más avivarla,
para que más el encono
os induzca a las venganzas.
Ciudadanos de las sombras
que de sí mismas se espantan
vivimos: ved qué dolor,
admirad, qué angustia, qué rabia,
verse espíritus obscuros,
los que antes brillantes llamas.
Solo por una altivez
de que aun no siento la saña;
solo porque a una mujer
rendir su cerviz no trata
el que de esplendores fue
fiel modelo, línea, o pauta!
¡Mas, oh rigor! que conozco,
aunque mi envidia me abrasa,
que si ante todos los siglos
fue prevista, fue creada
hija del Eterno Padre,
madre del Hijo que la ama
del Santo Espíritu esposa
del sacro triclinio grada,
que con razón, con ley justa,
por prerrogativas altas
emperatriz de los cielos
debe ser, y en sus escuadras
como dominante numen
mandar, y regir sagrada:
y yo ser (no lo merezco)
el escabel de sus plantas.
No extrañeis que lo confiese,
que uno es que mi embidia osada
lo sienta, otro que conozca
su perfeccion elebada,
que sobre las Gerarquias
Divina excede, y se esmalta,
y lo conoce mi Ciencia,
y aun no, à cuanto es, alcanza.
Pero què digo? Yo expreso
loores de quien me vltraja?
no lo digo: si lo digo:
yo miento: no miento en nada.
ô Maria! ô Deidad bella!
cuánta gracia, cuánta gracia
hallaste en Dios, que el Demonio
publica tus alabanzas!
mas no puede menos, cuando
tu nombre, sintiendo, exclama.
Pero mi inhiesta cerbiz,
mi infiel soberbia, mi rabia,
mi embidia cesar no puede,
pues mis Yras denodadas,
aunque mi ruina penetren,
siempre te miran contraria.
Esta Ciudad Setavina
ya os dige que està inflamada
de Pestilencial contagio.
Esta en primorosas Aras
vn Simulachro venera
de Maria, en quien se esmaltan
de: Morena soy, y hermosa,
las verdades que se cantan.
Tan prodigio luce, y brilla,
que su hechura soberana,
por darse à entender Divina
se niega a noticia humana
su principio, pues no puede
la mas sutil perspicacia
saber su origen, ni el como
en tanta Ciudad se halla,
pues authentico Ynstrumento
no se encuentra, aunque à las Barras
de aquel gran Conquistador
quieran indagar las Planas.
Aqueste retrato es medio
por quien logran, quien alcanzan
los Setavinos, Portentos
que à la admiracion la pasman.
Seguros en sus Prodigios
animan sus confianzas,
tanto, que aun en los peligros
descuidan lo que contrastan
Tal es la fee, tal el celo
con èsta Ymagen Sagrada,
que al impetrar, tienen antes
por logro, lo que esperanza.
Ya en Chromaticos ôisteis,
que lamentan su desgracia,
y han de acudir al mirar
de Dios la Ira enojada
con tal permanencia, al sacro
bello Iris de sus Borrascas,
a la Virgen de la Seo,
por quien no dudo, que hayan
de encontrar benignidades
en la Omnipotencia sacra
que ahora rigores fulmina;
pues Maria Soberana
presentando el atributo
o advocacion, con que el ansia
la suplica, al infinito,
su Deidad casi obligada
se halle a la Piedad, supuesto
que si el medio de la instancia,
seo, es, y corresponde
por Iglesia, a Sedes Sacra
del Omnipotente, y
Maria tambien se halla
Sacra sedes del Triclinio,
acordando, quien retrata
las Glorias de su descanso
en la mansion de sus gracias,
de las piedades obstente
Maravillas siempre altas,
y remitiendo sus Iras,
lo que es tormenta, sea calma.
Este recelo vasallos,
de los Avernos me saca
a pretender con vosotros
encender mas lo que daña,
y todo acabe, antes que
al Juez pida la Abogada.
Si nuestro afan conseguimos
logramos la dicha ufana,
de que sea tanto estrago
recreo de nuestra saña,
y que Portentos que temo,
que la intercesion alcanza,
en los Setavinos Pechos
fuerzas lo Devoto añada.
Desesperados Amigos,
sea efecto la esperanza,
y logren las brevedades
el triumpho en empresas altas.
Corred el Ayre, infestando
activamente su estancia
comunicando el influjo
al fuego, a la Tierra, al Agua:
que yo en Setabis me quedo,
donde con astucia, y maña
en los ultimos peligros
logre Triumphos que amenazan,
sin que olvide ser a todos
la cicuta y la cizaña.
Estad aprestados siempre
a mis órdenes, pues halla
mi conjetura impaciente
(atropellando distancias
ya de transcursos sucesos,
ya de futuras desgracias
que presentes hago en este
rudo poético mapa
licencia que da al ingenio
el numen que el medio alcanza)
que el simulacro divino
por la fe que le consagran
ha de dar a los abismos
pérdidas cuando batalla.
Silbo
A furias mueran todos,
y la florida comarca
setabense, entre ruinas
llore esta vez desolada.
No a adquirir el favor llegue
de esa imagen, en quien halla,
aun de furiosos estragos,
amparos que los contrastan.
Gima el ámbito, lamente
desgracias, sobre desgracias.
todo sea horror, todo ceño,
todo iras, todo rabias,
todo ruinas, todo injurias,
y en acciones encontradas
vea contra sí esta esfera,
fuego, viento, tierra y agua.
No repugnan tus preceptos
el venerar tu ley alta.
Prompta mi obediencia muestra
la fe que fiel te consagra.
Y así rompiendo del viento
la esfera que dañar mandas
te obedezco.
Yo rompiendo
de la tierra a las entrañas
elevaré de sus poros
nubes en vapor que exhala.
Se enganchan en vuelos cruzados y los detiene el Demonio, oyendo que cantan los ángeles, que pasan encontrados en dos carros: el 1º todo de gloria, con brillantes resplandores, trayendo en la mano un ramo de oliva, y en su cúpula, una paloma blanca, en acción de volar, con un ramito de oliva en el pico, y un pequeño arco iris transparente en las uñas.
El 2.º en un carro de fuego transparente adornado de llamas y nubes opacas; en la mano una espada de fuego, y encima del carro se verá otro ángel de recortado con un azote en la mano amenazando; cantan los ángeles, y se quedan suspensos el Demonio, y sus dos espíritus, y sonando la música dice el. silbo 2.º
(a quien juicios sobresaltan)
Tened, cesad al impulso;
suspended la acción airada,
que mi recelosa idea
parece que me predice,
como en acciones contrarias,
no sé que aprehensiones, que
hiela una; y otra abrasa,
alentando el rigor esta,
frustrando aquella mi saña;
y que rompiendo del viento
las mansiones, que dilata
Divinas Inteligencias
por su vaga esfera cantan.
En nuestra horrible aprehensión
las mismas especies vagan.
Llorad, mortales, llorad,
y en contritas confianzas,
aplacad al que dar sabe
consuelos, favor, y gracia. silbo 3.º
Temed, mortales, temed,
al que al empuñar la espada,
aún la mayor resistencia
es ruina, estrago, o nada.
A dúo
Piadoso Dios Divino:
Señor de las venganzas:
Piedad tened del pueblo:
Castigad ignorancias:
Sea vuestro Hijo
quien motive el perdón
de el que os agravia.
Pasan los Ángeles
Sienta vuestro estrago
quien motiva el rigor
con lo que agravia.
¡Oh! cómo formó el recelo
cuerpo de lo que ideaba,
pues siente como real
lo mismo que imaginaba,
recordando a la aprehensión
esta alternativa instancia
del cautivo Israel Pueblo
rigores que lamentaba,
en cuya ansiosa opresión;
de angélicas eficacias,
en opuestas opiniones
formó el discurso batalla.
Es cierto, pues uno alienta,
todo cuanto otro desmaya.
Pues al vigoroso extremo
aplicad vuestras cizañas,
y no logre las piedades
quien los rigores atraiga.
Pues a infectar.
A dañar.
Vuelan cruzados con ruido
Tras la setavina arrogancia.
Eso sí, crezca el contagio
con intención tan dañada
que el llegar a padecerla
sea desunirse el alma.
Misericordia, señor,
tremendo el día no caiga
en que los cielos, y tierra,
mueva tu deidad sagrada.
Vase y salen Federico, y Columbino. Mutación de Sala
Qué bien que suena en mi oído,
el lamento de estas ansias,
y más cuando airado intento
ir infundiendo cizañas,
porque principien mis triunphos
donde las vidas acaban.
Vosté está endiablat impertinente?
Déjame, no me hables, que impaciente
he de seguir el ansia en que me abraso,
que esto es destino en mí, que no es acaso.
Vosté está perdut.
Sí, estoy perdido
por la beldad que afable me ha rendido.
Y quién es ese hechizo soberano
(y dejo ya de hablarte en valenciano)
por quien estás en tiempo como aqueste
una bazofia todo, hecho una peste.
La que en mi pecho amantemente lidia
del orbe el pasmo, si del sol envidia,
y aun al verla tal vez él de corrido
con embozos de nubes se ha escondido.
Dime, señor, su nombre, porque quiero
que cuando ardiente el sol queme severo
se ponga a una ventana (¿qué te asombra?)
y a aqueste quitasol, gozar la sombra.
La que el aliento y vida me limita
es, Columbino, bella Margarita.
Margarita es? Qué linda perla!
Échate al agua, y vamos a cogerla.
No es, Columbino, Margarita hermosa?
Qué Margarita, dime no es preciosa.
Cap de Déu sagranat, que es la fadrina
como así me la quiero peregrina.
pero en Játiba, amic, si ve un dones,
que lladres del meu cor...
Deja razones
que por necias me cansan, y enfadosas.
¡Ay que son las chiquetas molt hermosas!
Mas dejando esto a un lado, ¿qué previenes,
que con tal ira, y tal enojo vienes?
Vengo a entrar en su casa, que un recelo
me impide mi quietud, me da desvelo,
sin que pueda hallar calma,
que dé sosiego al pecho, alivio al alma.
Esos, si bien me explico,
soponcios son de celos, Federico.
Celos son.
Si lo son, ¡linda simpleza!
Buen quebradero tienes de cabeza.
Y ¿de quién, dime, son?
De Don Enrique,
que por que mis congojas multiplique
se opone a mi favor enamorando,
a la hermosa deidad que estoy amando.
¿Y ella le corresponde?
No sé cierto.
Pues si lo ignoras, di, ¿no es desacierto
que tomen tus vigores
sin darte el pasto, recios los dolores?
Y entrar con tal pavana
a tener una noche toledana,
pues si el viejo te encuentra en el emboque
Montescos ha de haber, y Capeletes.
Y fuera de esto, ¿no puede con su hermana
Don Enrique tener su caravana?
No puede, no, que solo Margarita
viuda la voluntad, a amar incita;
y en fin, lo he imaginado.
Por aquesto,
apprehensio facit casum, dice el texto.
Y ¿quién te dará entrada?
El medio de Inesilla la criada.
¿Que también Ineseta,
reverendas pretende de alcahueta?
Vamos a entrar, que estoy de amor perdido.
Y yo lo estoy también de haber oído
que a tal empleo la vista se congenie:
pero no hay nadie ya que no se engenie.
Y en esto de zurcir las voluntades
a borbotones hay habilidades.
Vamos a entrar.
Escúchame, te pido:
¿no es mejor saber antes si ha salido
de la casa de su padre?
Ese cuidado
ya, Columbino, le tengo reparado:
pero obstáculo alguno no se indicia,
pues como el cargo ejerce de justicia,
poco asiste en su casa, cuidadoso
de este accidente que corre contagioso,
y sé que anda de ronda, porque impida
algún exceso en pena tan crecida.
Y por aquesto tú, con ansias ciegas,
al vejete Longinos se la pegas
y andas enamorando,
cuando toda la gente está apestando.
Todo lo vence amor, y no es delito
que yo esté enamorando
Sale el Demo.
Lo contrito
se te puede alabar.
Si yo invisible
fomento sus deseos, ¿qué imposible
se dará en tal fineza?
así mudará el fin de mi fiereza,
a que fiel se destina.
Si es mi intento
para el honesto fin de casamiento
¿a qué se opone?
A nada, aunque proteste,
que si te casas, te tocó la peste.
Mas saberlo he querido,
porque escrúpulo habrá en algún fruncido,
que diga que es mal hecho
proponer al presente este despecho,
sin que se acuerde en su melancolía,
que esto es el mundo, y hay esto cada día;
pues es pensión humana (no es tibieza)
de Adán en cualquier hijo, la flaqueza.
¿Y has de entrar por la puerta (esto te digo)
de casa principal?
Por el postigo
me dijo la criada.
Qué bien la tiene urdida la taimada
aunque es cosa, señor, que da sospecha
que tú entres por donde ella tantos echa.
¡Qué desatino!
Tate; que si es pulla.
el que mal le parezca, que la engulla.
No me detengas más, que entrar pretendo.
Pues al avance, y vamos combatiendo,
que si es para casar, todo se apoya
toca al arma señor, y arda Troya.
aunque salgas del pleito en las rencillas
con las cosas de amor, mas sin costillas.
Vanse
A todo mi astucia osada
asistir quiere pues miro
que puede darme algún triunfo
este, que advierto delirio
que atropella el riesgo propio,
y aun el del honor más limpio:
Ya están dentro de la casa;
y ya Enrique prevenido,
de la infiel criada, presto
(de D.ª Juana al cariño)
vendrá ciego; aquí mi astucia,
riesgos invente fingidos
porque con ellos consiga
lo que en mi mente imagino;
mas la criada que de ambos,
es aleve medio indigno,
sale a esperar a la puerta
a don Enrique; ¡oh, enemigos
domésticos! ¡Qué demonios
sois contra quien os da abrigo!
Sale a la puerta Inés.
Válgate amor lo que tarda
en venir el Enriquillo;
poco le pica la sarna
del incendio de Cupido
pues tanto tarda.
¡A tener
licencia de algún dominio,
yo pagara tu cuidado
con confundirte al abismo!
¿Si llegará? Mas ya siento
pasos, como el que a un bautizo
va convidado, que corre
del caso al agasajito.
Sale Enri. embozado.
De Inés avisado vengo
al logro de mis cariños:
¿si estará donde avisó?
Digo, ce, ce, ¿es don Enrico?
a media voz
Sí, yo soy.
Pues acabemos
que estaba mi alma en un hilo,
viendo que tanto tardabas.
Inés mía, yo...
Maldito
deja esas frases de gato
y entra al punto.
Ya te sirvo.
Vase.
Mejor te sirvo yo a ti,
y al otro ya recogido.
Venme ustedes aquí, con
dos pichones en el nido,
que a mis dos amas palomas,
arrullan con sus suspiros.
Los cuatro ha días que se aman,
y ellas, con el denguecito
de: lo primero es la honra,
y que el cura eche el bendito
yugo, quite allá, nequaquam,
nada menos que aristinos,
los traen azorados, tanto,
que yo, que así los he visto,
me compadecí, y los traigo
adonde no pierdan ripio,
y más en tal confusión
como hay ahora, y que el Tío
anda en ocupos, y en fin,
porque ha habido sus cumquibus.
Mas voy a lo que me toca;
abur señores, y chito...
Vase.
¡Ah, infame! ¿quién no penetra
tus discursos? pues a Enrico
vas a conducir al cuarto
de Juana; pues Federico
con Margarita, ya amante
(aunque con cortés estilo)
pretende persuadir fiel
disculpas de lo atrevido.
Mas pues spíritu impuro
todo penetro, y registro,
prevenga mi engaño ahora
sus celosos precipicios.
Salen Federico y Margarita.
Oye, Margarita, escucha,
cese tu enojo, bien mío.
No tenéis no, que cansaros,
que es atrevimiento indigno
de quien soy, que atropelléis
sagrados de este retiro,
donde aun el sol para entrar
padece riesgo en el vidrio.
¿Qué confianza os motiva
a tan ciego desatino?
¿es amarme, pretender
arriesgar el honor mío,
con arrojos, que fomenten
inexcusables delitos,
que el discurso del que atiende,
da por hechos en su arbitrio?
Quien el logro solicita,
a mi pundonor debido,
no en delirantes extremos
ha de formar sus cariños,
pues que pierde lo arrojado
la dicha por lo atrevido.
Para conseguir mi afecto
en lazo de amor tranquilo,
es loco medio, que en mí
solicitéis los asilos;
que no puede darlos, quien
tiene su poder conciso.
Ya os he dicho, que si amante
pretende vuestro cariño
mi mano, (que de otra suerte
fuera loco desvarío,
y aun delito, que no hallara,
para su culpa, castigo:)
solo mi Padre, es quien puede
dar a vuestro afán alivio,
pues que mi albedrío, pende
solo de aquel albedrío;
que en las Damas nobles, nunca
tiene otro fuero, el arbitrio.
Ya lo sé; mas mi amor ciego
receloso:
¿Qué habéis dicho?
recelos conmigo, cuando
mi desdén, mi genio altivo,
al mayor atrevimiento
le fabrica desperdicio?
Idos de mi vista luego,
que son muchos desvarios,
los que a fuerza del decoro
(por escusar precipicios,
que el escándalo fomente)
os sufre mi honor altivo.
Recelos, decís? qué es esto?
cuando de esa voz lo indigno
aun ya esposo, me agraviara,
qué hará, no siéndolo mío?
Si aun es mi voluntad mía
cómo, vuestros desatinos,
de lo que es arbitrio en mí,
quieren fabricar dominios?
Si yo erré:
Ea, dejadme:
idos, al instante, idos,
que yo querré:
Qué he escuchado
Lo que fuere gusto mío.
Este desdén, a mi engaño
ayudará, en lo que arbitrio;
pues en él, lo desconfiado
con sus razones avivo.
No os vais?
No, que he de saber
primero quién es:
Qué gritos
son aquestos? cuando mi amo
con la runfla de Ministros
viene a casa, que como hace
luna esta noche, lo he visto.
Qué dices?
Lo que relato.
Ay de mí! que comprehendido
el aliento, no discurro
qué hacer en tanto conflicto!
No andemos con turbaciones,
que son estremos ya antiguos:
vamos al caso, que viene.
Pues qué he de hacer?
Ya lo digo.
Que el señor por esa Puerta,
vaya a mi cuarto, y quedito
allí se esté, hasta que al viejo
la vuelta cojamos.
Sigo
por fuerza aquese dictamen:
aleve, ya que me miro,
en tan evidente riesgo
por ti, que ya lo he sabido;
mas a quien en él me ha puesto
yo sabré darla castigo.
Por no causarte disgustos,
lo que dice, haré: aunque impíos,
Vase
mi desconfianza aumentan
estos desdenes esquivos...
Entre usted aprisa, que llega:
su señora, a su retiro
se entra.
Vase
Ya lo hago así;
que después a su delito,
mi noble enojo dará
la pena que ha merecido...
Vase.
Ya habrá piedad, pues todicas
tenéis estos parasismos,
y reventáis por andar
a lo de salta Perico.
Mas voy a acudir ahora
a los otros pichoncicos
que estarán... más allá voy
que no es tiempo de decirlo.
Miren lo que son criadas
que a ser cierto lo que finjo,
en un peligro forzoso
los pone, sin que al delito
ni una, ni otra, diesen causa
pues ella obró por su arbitrio.
Pero astucias, conseguid
la ruina que solicito.
Salen Enrriq. y D.ª Juana.
Digo que no me aseguro
pues como en mi prima, miro
prendas que rindiendo hechizan,
sin que atormente su hechizo,
vivo lo desconfiado
en mí, como precisivo.
Aquesa desconfianza
da a mi amor más incentivo
pues que si os amaba hermosa,
discreta me habéis rendido.
También de lo necio, es
la desconfianza indicio:
pero cese esta porfía,
que será necio delirio
el perder por ella el tiempo
y más cuando es el peligro
evidente, si mi padre,
a casa vuelve, y ha oído
mi hermana que aquí os halláis,
y fuera en vos gran delito
que escuchase ella que dais
a otras aras sacrificio.
Señora, no pretendáis
aumentar más mi martirio
yo (como he dicho) os adoro
y de vuestra luz al giro
si me abrasa mariposa
fénix mi vida, repito.
Esas lisonjas dejadlas,
pues que no admite mi oído
sino verdades que apuren
evidencias del cariño;
y en fin, si como decís
me amáis, decídselo a mi tío,
que él podrá decir si debo
pagaros lo que os he oído.
¡Oh cómo el tesón honesto
de las dos, obra más bríos
en la devoción que tienen
de la Seo al gran Prodigio,
porque en todo, mis intentos
puestas escudo tan divino!
Señora, nunca mi amor
los límites ha rompido
que debe, pues solo intenta
no ignorar, con lo atrevido,
si al contarle lo que anhelo
tendréis vos ceño o desvío.
Yo, si él gusta...
Pues mañana
le suplicaré rendido
con amantes atenciones
que el matrimonio...
Sale Inés.
A espacito,
que viene el impedimento
en el vejete su tío.
¿Qué dices?
Que llegará
si ya no llegó al registro.
¡Ay de mí! ¿Qué haré?
¿Te turbas?
Ese paso ya está visto.
No se admiren que el amor
siempre va por un camino.
Usted se esconda, o se vaya,
que si entra el Justicia, Enrique,
con doscientos y galeras,
no paga usted el delito.
Pues yo, ¿dónde?
¿Usted se turba?
cuando esperé un voto a Cristo.
Mi valor...
Que no hay ya tiempo,
que llega el viejo.
Al proviso,
señor Enrique, ausentaos,
no os encuentre.
Por San Lino,
váyase usted por ahí,
y dando con los hocicos
en aquel cuarto que está
frente por frente del mío,
escondeos; tú, señora,
ve de tu prima al retiro.
Ya lo hago.
Vase.
Ya te obedezco.
Va.
Al retortero este tío
nos trae; si ahora se encuentra
Enrique con Federico,
con los huevos hemos dado
en la ceniza; a impedirlo
Vase.
voy al punto: aqueste viejo
es el diablo.
Vase.
Bien ha dicho
pues yo he fingido aparente
al mismo que habéis temido,
engaños, a avivar celos
en sus amantes delirios.
Sale Columbino
Sale Federico
Qué largas que son las horas
si las cuenta un escondido,
a quien chinches, pulgas, piojos,
le han dado cruel martirio.
Oculto un zaquizamí
hasta ahora me ha tenido
donde mi amo me dejó
y vengo a ver si ha salido.
Qué oscuro está! y yo no sé
por dónde voy.
encuentra con Columbino
Del retiro
en que he estado oculto salgo
a ver qué ocasión ha sido
la de no venir:
San Braulio:
acabóse: me han sentido;
con cien palos me contento.
Sale Enrique
encuentra con Columbino
Parece que hacia este sitio
gente viene: ver pretendo
si quién es dice el oído...
pero, ¿quién va?
Por acá 19
otro escollo? acabó esto:
por aquí me cerca Duero
y por acá:
encuentra Federico con Enrique
Quién altivo
profana esta casa?
Quién
sabrá daros el castigo
que merecéis.
Tómate esa:
esto es peor:
Es Enrique?
Sí.
Sale el Demonio
Buena la hemos hecho:
porque el otro es Federico.
Ahora astucias, ahora
el ceño avivad impío.
Pues vuestra vida a mi acero
acabará.
Riñen y de cuando en cuando solo se buscan
De mis bríos
será la vuestra despojo
y más si sois Federico.
El mismo soy.
No lo dije
por el olor te distingo:
Pues mis celos:
Pues mi enojo:
Da el Demonio a Columbino
Han de acabaros.
Quedito
que yo no soy ni uno ni otro
y me cascan.
Bufoncillo
paga tú también mi enojo.
Sale Inés con luz
A ver vengo yo, qué ruido
es este.
Vengar mis celos
Castigar a un atrevido.
Inés se pone en medio
Ténganse ustedes, señores,
que mis amas lo han sentido
y están que mueren de pena.
Morirá al enojo mío.
Por la Virgen de la Seo.
suspéndense
que ceséis, y en otro sitio
más que os matéis.
¡Ah tirana!
que has frustrado mis designios.
A esa invocación, no aliento.
A esa voz, me he suspendido.
Pues idos al punto, ya
que no llegó el amo mío
por algún acaso, que
lo estorbó.
Si he fingido
su apariencia, yo, ¿qué mucho?
vase
Voyme, que fuera de aquí
castigaré a un atrevido...
vase
No ha de hallar en ti mi esfuerzo
objeto para el castigo...
Vase
Pues por aumentar sus ceños
asistirlos solicito
ya que el País con su nombre
aún es contra mis arbitrios...
Vase.
¡Ah Ineseta! quién te viera
colgada por el gallillo
ya que tu manifatura
es causa de este embolismo...
vase.
Anda a escarzar, mequetrefe,
que algo ha de haber de bullicio
donde mi cuarto a espadas
eche, para dar motivo
que no ande siempre lo serio
quebrándonos los oídos.
pero voy a que mis amas
de sus flatos uterinos
dejen los soponcios, ya
que bastante me han reñido...
Salen riñendo Federico y Enrique, y el Demonio y Columbino, con ellos
Ahora veréis si irritada
en vuestra vida, mis celos
satisfago.
Dándoos muerte
aun no estaré satisfecho.
Señor, yo estoy a tu lado,
tírale por el brazuelo.
dale el Dem.
Pues eres valiente, toma...
¡Harre allá, que me han deshecho
sin saber cómo, ni cuándo,
la caja de aquestos huesos!
¡Que no se acabe mi enojo!
¡Que no te rinda mi esfuerzo!
¿Que no haya quien meta paz
entre estos dos?
Sale Don Pedro y Gente
¿Qué es aquesto?
Dar muerte a un traidor.
Quitar
la vida, a quien ya me ha muerto.
Cómo, por vida del Rey,
no os suspende mi respeto?
Vive Dios, que de mi enojo
seáis los dos escarmiento.
Vendióla el viejo podrido.
Señor:
Señor:
¿Qué es aquesto?
decidlo pues.
Gran montante
es un Juez para estos cuentos.
Una cólera:
Un enojo
Ahora venís con eso,
cuando el Pueblo lamentando
su desdicha está sintiendo?
¡Ay de mí!
¡Jesús mil veces!
Valme, Virgen de la Seo.
Piedad, Señor, Piedad,
y no severo
entres Señor, en Juicio
con tu Pueblo.
Prosiga el llanto, y no llegue
el suspiro triste al cielo.
¿Quién oyendo estos clamores,
formar puede aun leve aliento
que no sea acompañando
el dolor de aquel lamento?
y demás de esto, ¿qué osado,
loco, necio atrevimiento
a estas horas, y a mis puertas
escandaliza grosero
la ciudad, atropellando
los merecidos respetos,
que no solo por mi cargo
sino por el Blasón regio,
tiene mi Casa?
Señor.
Atrás uno, y otro, atendiendo
yo sabré poner brioso
tan público hoy el remedio,
que mi escrúpulo asegure,
y se satisfaga el pueblo.
y así, hasta tanto que logre
en obra poner el medio
vuestras mismas casas sirvan
de cárcel, no de recreo,
y al escándalo por ahora
a su castigo, que luego
mis bríos que ardientes viven,
satisfarán mis recelos;
ya entendéis.
Sí, mas sabed
que en quien somos, es primero
que el recelo nunca borre
lo que matiza el obsequio.
Vanse.
Andar, estas frases tienen
construcción de casamiento.
¿Que añadan a mis cuidados
otros, aquestos mozuelos?
Yo pondré remedio al daño.
Pero ¿qué confuso estruendo
es el que se oye? Escuchad.
Es el continuo del pueblo.
Dentro.
Hágase una rogativa
a la Virgen de la Seo,
porque su piedad remedie
cuanto se está padeciendo.
Salga en procesión el sacro
simulacro, que su aspecto
transforme luego en triaca,
lo que ahora mata veneno.
¡Que de día y noche sea
esta fiel ansia del cielo!
Piedad, Señor, piedad, y no severo
entres en juicio hoy con este pueblo.
¡Válgame Dios! ¿Que no escuche,
en cuanto vigilo atento,
otro cuidado? Forzoso
es convenir a este afecto.
Avisad para mañana
temprano al Ayuntamiento
que es preciso proponer
que al cabildo reverendo
de los señores canonges
se haga súplica, y discreto
convenga con lo que a voces
pide amotinado el celo.
Haráse.
Vanse y queda el Demonio y Columbo.
¡Con qué prudencia
respondió el agarra cuerpos!
Mas, señores, ¿este bodrio
de ayes, música, y de retos
suceder puede? Que juzgo
que está el caso algo violento;
pero minime, nequaquam,
que si cuando anda el flagelo
los hijos de Adán tuviesen
intercadencias de cuerdos,
las flaquezas de lo humano
echaran por esos cerros.
bene discurrivi; andalle,
¿va que doy en ser discreto?
Dale
Si serás, si mis furores
te dejan llegar a serlo...
Fíngese dar golpes a Pedro.
¡Cáspita! Juguemos limpio,
¿quién me da donde el sol mesmo
aun no se ha atrevido a dar?
¡Ay de mí! que mis astucias
no lograrán sus desvelos!
¡qué ansia! ¡qué pena! oh, vosotros
comuneros, viles genios,
que el aire dañáis, aviven
vuestros vigores lo intenso,
pues que ya lo digestivo
basta, para lo suspenso.
arriba los 2 espíritus
Ya obedecemos...
Padezcan
pues yo temores padezco.
Y pues ya la eterna llama
ilumina el universo
vayan borrando las iras
cuanto ella alienta encendiendo.
Mas ¿qué impensada zozobra
infiel combate mi pecho,
que sin ver lo que le inmuta,
acá en mi aprehensión lo veo?
Va bajando, o saliendo una tramoya que venga cubierta de nubes de hori- zonte, y el sol en lo alto, como cuando sale, y a su tiempo, desgajándose las nu- bes, se ve en el medio de abajo sentado el Ángel 1.º y cuando convenga, se dividi- rá la tramoya en cuatro partes: si ser puede; en las que se verán: Santa Anas- tasia, en una; Santa Basilisa, en otra: San Fé- lix, en otra: y San Roque, en otra; y abri- éndose el sol, se verá dentro un retrato de Nuestra Señora de la Seo, y así que todo esto se aparezca, de los asientos donde venga cada santo, se descuelgan adornos varios, hasta el tablado, y canta el Ángel.
ahora la visualidad de Nuestra Señora y Santos
No podrá tu furor, bestia indomable
la setabina estancia, esfera amable,
arruinar con tus ceños, pues que fía
sus auxilios, y alivios en María,
teniendo a un mismo tiempo estos atlantes
que en su favor impetran vigilantes
con que tu infiel desvelo, ansia inhumana
será, aquel, nada siempre, y ésta, vana.
Cruge el ábrego furioso
brama el mar enfurecido,
y del ceño temeroso
se ve el náutico oprimido
y es su alivio el lamentar.
Mas a influjos del halago
de un piadoso amor constante,
es tropheo lo que estrago
pues que sale el sol brillante
y da a todo su alentar.
Interin el retornelo para repetir dice.
repite aria y se oculta
Las piedades de María,
e impetración de estos santos
vuelve en gozos los quebrantos
y la pena en alegría..
vase
Qué miro! mi aprehensión, oyó el recelo
contra el terrible afán de mi desvelo
pues en ellos mi pena infiel avisa,
que Anastasia, Félix, y Basilisa,
medianeros atlantes de esta estancia,
impetran su favor con vigilancia,
siendo también Sabá por abogado
quien para el feliz logro se ha agregado.
cuando María (¡o ansias!) de la Seo
esfuerzo añade a dichas del tropheo
mas contra tal auxilio, y eficacias
prosigan mis cautelas sus audacias
que mayor nombre añade a mis corajes
con tanto amparo, padecer ultrajes..
La rogativa Señor
a la Virgen de la Seo.
Salga en procesión su sacro
simulacro siempre bello.
Hijos, ya está concedido
cuanto pide vuestro celo.
ya la sacrosanta Imagen
en andas está, que atento
a vuestro eficaz fervor
el Cabildo reverendo
lo concedió, ya saldrá
el Iris de nuestro pueblo.
Vítor, Vítor: Viva, viva
nuestra Madre de la Seo.
Andar, andar: ya los juicios
están locos de contento.
sale Demonio
El fervor como confiado
espera el bien de su Cielo!
Y como yo entre zozobras
receloso, no sosiego.
Señor, nuestra Santa Imagen
es nuestro total remedio.
Verdad es; al templo vamos
porque salga su sol bello,
del contaminado aire
a borrar el daño infecto.
Vamos.
Vase con el uno.
¡Qué alegre voy!
y más cuando también dejo
cuerdamente remediado
aquel escándalo hecho
a mi puerta...
Vase.
El viejo va
que no cabe en el pellejo.
Señores, no hay que admirar,
habiendo logrado diestro
el primer cuento a las almas
por lo que piden los cuerpos.
Luego después como un cohete
fue a visitar los mancebos,
y vistas las circunstancias
de su fulminado pleito,
falló: sentenció casorio,
y ellos: Bolo, respondieron:
porque como cada cual
por cada una estaba muerto
no hubo apelación: amigos,
esto hace estar dispuesto
de la materia el aquel...
ya me entendéis: volaverunt.
Pero voyme, que el bullicio
dice sale el Iris bello
setavino en procesión:
pero digo, caballeros,
porque no dejemos cosa
para otros actos; advierto
que a Inesilla, a cazar monas
la envió el socarrón viejo:
si la vieren, díganla
que yo: mas chito: Laus Deo.
¡Vítor, viva la señora
Santa Imagen de la Seo!
Bajan los dos genios con ruido.
¿Con qué prisa, oh ansia cruel!
atropella el ansia el tiempo
prediciendo a mis pesares
el rigor de los tormentos.
Ya es insufrible mi pena,
ya no puedo, ya no puedo
tolerar solo, el terrible
afán de lo que padezco.
Comuneros genios míos
favoreced al rey vuestro
que sin que llegue a morir
está de dolor muriendo.
Ya, príncipe, te asistimos
para tu mayor lamento;
¿qué nos quieres?
Que conmigo
gocéis del mal en que peno.
¿No veis que nuestros designios
frustra ya el autor eterno
a instancias de la deidad,
que huella mi altivo cuello?
Ya el caso nos lo predice,
en lo que dispone el ruego.
Vítor la sagrada Imagen
Virgen Santa de la Seo.
¿No veis el Sol de María
brillando en su solio regio
salir anunciando el triumpho
en procesión, por el pueblo?
¿no oís ya en las armonías
el deprecativo verso?
pues dicen voces cadentes:
O Bone Deus, Trinus et Unus
exaudi preces, populi huius.
¿No veis cómo a los balcones
por verla salen enfermos?
Y libres ya del contagio
repite su ardiente celo.
Vítor nuestra bella Imagen
Virgen Santa de la Seo.
¿No veis que al real aprisco
llega del Iris portento
donde de Clara las hijas
viven más, por morir menos.
y el sacro bulto, parece
(sea tradición del tiempo)
que los argentados lirios
mueve en fe del vencimiento
y ya al extremo el contagio
huye lo vago del viento?
¿y que el coro virginal
la bienvenida aplaudiendo
aves sonoras saludan
al Alba bella diciendo:
Stella matutina. Stella.
ora pro nobis: ora: ora Deum
Salus infirmorum: salus.
sedes sapientiae: sedes.
ora &a.
¿No veis en vuestra aprehensión
alusivo este trophéo
al que en tiempo de Gregorio
en Roma, se vio, pues bellos
ángeles, temo que entonan
el mote, cuando dijeron:
Regina Celi letare
contento alleluya contento
quia quem meruisti portare
contento &a.
Resurrexit sicut dixit
contento &a.
ora pro nobis Deum alleluya &a.
¿No veis, porque lo alusivo
más crezca en lo que aprehendo
que como cesa el estrago
cual allá el ángel severo
que el acero vibró airado
ya envaina el bruñido acero
y sacras inteligencias
apartan oscuro el velo
que demostraba del daño
el envenenado extremo?
Desde que el Demonio dice el verso que va señalado antes, con esta señal # va saliendo un cortinón de nubes, que ha de coger todo el frontis del vestu- ario, e irá pasando de una parte a otra, y le va siguiendo, el Ángel que salió en el carro de Gloria al princi- pio; y por la parte contraria, sale el Ángel del carro de fuego, envainan- do la espada de fuego, y el carro de este, se van transformando las nu- bes en Gloria, y del carro de el de Gloria, la Palomita, que tiene en las uñas, el Iris; este, se extiende más, para lo que será de fuelle; luego que todo esto se ha cubierto, se verá una mutación de Cielos de Bambali- nas, todos once; y en el último el bosquejo de la Gloria, y por los la- dos, en orden, en carros pinta- dos, toda la Corte Celestial, según
el orden en que se pinta, y en el centro, a la Virgen, con un retrato en las manos de Nuestra Señora de la Seo, como que le va a presentar al solio de la Santísima Trinidad; véanse también los cua- tro Santos ya dichos, todo bien ilumi- nado, y se advierte, que los dos Ánge- les, pueden ser pintados, para que las que los hayan, no falten a cantar.
¿No ves Príncipe, que
ahuyentado el negro velo
se descuadernan las once
hojas, que forman los cielos?
Callad, que al volver el triunfo
de aquesa Deidad al templo
lo ve mi aprehensión, pues miro
que al solio del siempre Eterno
el original hermoso
de la Imagen de la Seo
al Triclinio le presenta
acordando lo ya expuesto,
de que por: ¡tiemblo al decirlo!
la advocación: ¡enmudezco!
de Seo: ¡fiero vigor!
que es, sedes sacra: no puedo
hablar, díganlo las voces
que por María en acentos
acordes lo expresan, pues
yo tanto esplendor viendo,
huyo a mi esfera, corrido
de que en este acto expuesto
queda ya del Iris sacro
por el Ingenio el portento
que de las Nieves el día
logró el setavino pueblo.
Húndense los 3.
Pues la Tierra nos confunda
antes que digan los ecos.
Dios soberano, y en personas trino
Padre, Hijo, y Esposo, a quien me inclino
por medio de mi Imagen de la Seo
Setabis pide en tanto afán recreo:
vuestro favor le dé pues ruega amante
por el sacro atributo, que constante
la Gloria aplaude, que con fiel caricia
midió vuestro Poder, vuestra Justicia,
pues que Seo, que es sedes por mi gloria
vuestro descanso dice a la memoria.
Todo gloria todo amor
goce amante en fiel consuelo
quien con su fervor, y celo
mi Deidad sabe obligar.
Logre Setabis la palma
por la devoción, que amante
de la Seo, al sol brillante
fina ostenta en su anhelar.
Yo a quien vuestra omnipotencia,
tutelar Ángel del pueblo
destinó, de celo tanto
os dedico los extremos.
Mi sacra piedad a instancias
del hermoso amable medio,
ya purificando el aire
el rigor deja suspenso.
Salen todos
Milagro, milagro, a voces
se aplauda tanto portento.
Hijos ya cesó el contagio
díganlo tantos efectos
Vítor nuestra santa Imagen
bella Virgen de la Seo.
Vítor, vítor.
Sí señores
vítor, y revítor, pero
aquí da fin este acto
para que entrando diversos,
haga el Poeta ostensión
corta de aqueste Iris bello
Diciendo las almas, viva
nuestra Madre de la Seo.
Pues sacra Piedad, a instancias
de su hermoso, amable medio
ya purificando el aire
el vigor dejó suspenso.
Acabase la Jornada primera procurando
que la visualidad, música, y voces, to-
do sea a un tiempo
El Demonio
Vicenta
2 Espíritus malos
Doña María de Bargas
2 Ángeles
Don Miguel de Guevara
Doña Josepha
Calabaza
Doña Michaela
Ambrosio
Doña Clara
Rute
Música
unos valencianos
Dentro Música triste con sordinas,
y sale el Demonio, y los dos espíritus
¡Ay de mí! ¡Terrible ardor!
cómo ayrado desespero,
sin mirar que al horror fiero
más se enciende mi vigor.
¡Ay dolor! ¡Ay triste mal!
¡Ay furor! ¡Ay dura pena!
¿Quién gime?
¿Quién llora?
¿Quién siente?
¿Y lamenta?
Donde ya el llanto
Ni admira.
Ni engaña.
Ni duda.
Ni altera.
Sale Demonio
Vuestro Príncipe, vasallos,
el ítem. Gime, siente, llora, y lamenta.
Pues ¿quién osado se atreve?
¿Quién osadamente intenta?
Darte pesar?
Darte ahogos?
Si Rey de la estancia negra
eres árbitro del ceño
del vigor, y la tristeza.
Un rencor, que penetrando
de mi pecho las cavernas,
crueles despechos labra
gusano infernal del Etna
y en desesperados odios,
tanto mi enojo fomentan,
que en la llama que produce
fénix soy, que en él se quema.
De qué me sirve, vasallos,
que ostentando mi grandeza,
ardiente el solio que piso
Monarca vuestro me eleva,
si al motivo de lograrlo
se añade activa otra pena.
Vuelva al centro, vague al lago
de Aqueronte, en cuyas negras
ondas simas, sin que falte,
fétidas aguas, le obtengan
que si el poder que señala,
más mi vituperio muestra
qué sirve, qué lo ostentoso
a quien en tormentos pena.
Di de tu inquietud la causa.
Pues queréis que la refiera
cuando no la ignora, no
el ámbito que me estrecha?
Como son las ignominias
tus forzosas permanencias,
cómo puede quien te asiste
extrañar lo que te afrenta?
Si blasón es de tu imperio
el llanto, el rigor, y pena
quién ha de admirar en ti
que lo que te honra, te aqueja?
Decís verdad, pues en mí
es siempre, por que más sienta,
esencial constitutivo
el rigor, el mal, la queja;
pero la que a mi altivez
lamentando desespera
es la de aquel vilipendio,
aquel desprecio, y afrenta
que en el siglo antecedente
de seiscientos y cuarenta
padecí en Setavi, en
Játiva, que ya regia
(por que ni aun en la voz quede
indicio, muestra, ni seña,
que no publique la fe,
que acrisolada en sí acendra)
en San Felipe transmuta
por Cesárea Real Potencia
sus primitivos renombres,
por que brille, por que sea
Cristiana la voz que exprese
lo precioso de tal perla.
Sethab no es ya, por que yo
a la antigua voz no deba
de gentílicas memorias
ceguedades que me aprecian.
Ni Játiva, por que huye
de ciega infiel corruptela
la expresión que incluye en sí
de la versión agarena,
pues Sethab, Xathab pronuncia
el alarbe, que interpreta
delicioso largo espacio,
y aunque bella permanezca
cual dice su positura,
no pretende, aunque la tenga,
que la voz que el viento corre
acuerde lo que desprecia
por más que el tiempo corrompa
aquella voz, en aquesa.
Pero, ¿dónde voy?, ¿qué digo?
Vasallos, mi obtusa idea,
como ofuscada, corrió
pautas que otro delinea;
y así, volviendo a la causa
que con rigor me atormenta
digo: que en el triste solio
de luz, que no alumbra, y quema,
quise ostentar mi poder,
quise mostrar mi tristeza
al son fúnebre del canto,
que horribles forman sirenas
cuyas cláusulas no alivian,
aunque adornen a la idea,
para ver si conmovida
vuestra leal asistencia,
aun antes que a mis preceptos,
ella a mi afán se conmueva.
¡Ea, vasallos, vengad
conmigo tantas ofensas
a pesar del simulacro
Divino, que los defienda!
Y puede ser que nos dé
ocasión la contingencia,
de que esté el original
sentido por tanta ofensa
como ese género humano
hace contra quien le alienta.
A mi pesar, ahora hablo:
no puede, porque la bella
Madre de Piedades, nunca
recata lo que ella ostenta.
Y más cuando, (¡qué rigor!)
nunca olvida su terneza
que quiso el mismo ofendido
ser del yerro recompensa.
Callad, ¿qué decís? Callad,
como vuestra voz me acuerda
una fineza que al hombre,
lo que a mí me ultraja, eleva.
Como necios, me acordáis
de esa infinita clemencia
el extremo, cuando el hombre
desagradecido a ella
se olvida por su apetito
de lo que acordarse deba!
Vive mi ira, mi enojo,
que aunque impura inteligencia,
en llegando a esta memoria,
en corriendo por mi idea
del Poderoso el amor,
y del humano la ofensa,
aunque míseras distancias
sin comparación inmensas,
que encendidos mis volcanes,
que mi cólera más ciega,
(a operar libre) que al hombre
en pavesas redujera.
Ofendido, quien a un fiat
crio la máquina bella
del celeste pavimento,
y de la terrestre esfera
con cuanto en él se contiene
y cuanto se incluye en esta?
y no caducan los orbes?
y el hombre no se amedrenta?
cómo los cuatro elementos
pues le deben, se mantengan,
como airados con su acción
tanta ingratitud no vengan?
no soy rugiente león?
no soy lobo que se ceba
en mortal carne? no soy
del mar indomable bestia?
no soy salamandra ardiente
que el incendio me recrea?
cómo a rugidos no atrueno
toda la cóncava esfera,
y a mis garras son estragos
cuantos lo ingrato fomentan?
cómo mi voracidad
su hambre no sacia fiera?
cómo a mi aliento los mares
todo el coto no atropellan,
porque en segundo naufragio
se anegue toda la tierra?
cómo el fuego de que aliento
no fulmina de centellas
activos globos que abrasen
a cuantos errados pecan?
Príncipe, ¿qué haces?
Pues no es
opuesto a mi altiva idea
cuanto profieres?
Rebelarme
de la esclavitud que observa
a mi pesar mi altivez
del que dueño me sujeta
e irritado del agravio
exclamé; pero aquí advierta
vuestra furia, que no es, no,
porque no quiera que ofendan
los hombres a Dios, sino es
que recorriendo mi ciencia
el favor que al hombre hace
y el vigor que en mi se ostenta,
enardeado mi enojo,
de ver cuanto le franquea
siendo de especie tan vil,
y yo siendo de tan regia,
merezca con él, el hombre
lo que mi ser no merezca.
Y así, vasallos, al arma
muera el hombre, muera, muera,
no solo por el pecado
en la vida que le alienta.
Yo te desagraviaré
cuando en nubes macilentas
ocupe el aire, y desgajen
truenos, rayos, y centellas.
Y al mismo empeño obligado
congelaré cuando llueva
en corpulentos granizos,
pesadas, y duras piedras.
Yo en sus ánimos, que a Marte
emulan, por lo que alientan,
influyendo sediciones
haré enemigas contiendas,
y más ahora que tengo
para el logro de mi idea
ya introducido en dos pechos
el encono, y la soberbia.
Pues al asumpto.
A la lid.
A lograr:
Tramoya de Ángel 1º.
Es vana empresa
cuanto en vuestro vigor hoy se interesa
pues no podrá el Leteo,
competir la Deidad, no, de la Seo.
No puede el Olimpo
la falda elevarse,
pues ha de humillarse
siempre a su beldad.
¡Ay de tu furia
lo altivo, y sañudo
cederá al escudo
de tanta Deidad!
Repite y ocúltase
¿Quién suspendió mi ardor?
¿Quién mi coraje?
Pues prediciendo mi forzoso ultraje,
repite a mis anhelos
inútil la invasión de mis desvelos?
Déjate de temores
y aviva el ansioso mar de tus furores.
Decís bien, no me obligue
al recelo, poder que me atosigue.
Volad, en esas fieras,
del aire a circundar vagas esferas,
y repita conmigo vuestro aliento,
para lisonja infiel de mi tormento,
furores, cierra, cierra,
Guerra, contra este pueblo, Guerra, Guerra.
Vuelan los dos, éntrase el Demonio, y salen
Dª. Michaela y Josepha con mantos.
Sígueme aprisa.
Señora,
aguarda, ¿vas convidada?
que parece como trotas,
que vuelas, mas que no andas.
¡Ay Josepha, que un cuidado
me trae desasosegada,
tanto, que no admite alivio
en lo que airado contrasta!
Pues ¿qué ha habido?
Que mi hermano,
amante de Dª. Clara
como sabes, ha tenido
con D. Miguel de Guevara,
ese forastero, que
me sirve con finas ansias,
no sé qué disgusto, que
le obliga a tomar venganza,
y temo que ha de perderse:
Anda, que eso es patarata,
que si cuando se tuvieron
no se dieron de estocadas,
cólera que ya pasó,
es como flato que pasa.
No digas tal, (¡ay de mí!)
pues quien de vengarse trata,
tolera lo que le ofende,
por vengar lo que le agravia.
Además, que receloso
Don Miguel, de Doña Clara
su hermana está, porque ha dado
mi hermano en galantearla
públicamente.
¡Qué tonto!
A la susodicha dama,
¿por qué no la toca el cuadro,
que el otro rebozo ama?
Señora, los hombres todos
(¡o mal fuego en ellos caiga!)
dicen: pues si ella me admite,
¿no hago nada en festejarla?
¿Qué potro, di, no relincha
si ve la yegua, que para?
Luego todo aquese enojo,
debe ser, si se repara,
con la Clara de esa yema,
o la Yema de esa Clara,
que si se para la yegua
el potro, ¿ha de relincharla?
No seas loca, que...
Detente,
retírate a esta ensenada,
porque hay en campaña moro
con su mora en la estacada,
y si mal no brujuleo,
el hermano es, y la hermana.
Dices bien: el pecho todo,
¡ay de mí! se sobresalta
recelando que no venga:
El susodicho Guevara.
Sí, porque temo un azar.
¡Ay, señora! que esas bascas,
no es porque le cargue el otro
sino es, porque estás cascada.
Mira, yo no lo quisiera.
¡Ay qué tierna mermelada!
Deja de malicias.
retíranse.
Sí,
y a la vela retírate...
Salen Doña Clara, y Vicenta, con mantos, y Don Manuel
Luego, dueño mío, que
me dio aviso que bajabas,
Vicenta, a este ameno sitio
a hermosear sus estancias,
girasol de tus dos soles,
vengo a beber, salamandra,
ese incendio que me alienta,
ese ardor que me arrebata.
Es el demonio mi amo,
qué bien entre el fuego se halla!
Señor don Manuel, oíd;
si esa fineza que esmalta
vuestro afecto entre las voces,
es de ella artífice, el alma,
segura podré obviar
ceños que impone la fama.
Ay señora, que me ha dicho,
el señor Manuel de Vargas,
que se hace tortilla, con
la claridad de tu Clara.
Sí, y eres tú la sartén,
en que ella se fríe.
Calla
no nos sientan.
Toma
aunque viniera una armada
no lo sintieran, que están
con lo que dicen en babia.
Suspenso, Clara divina,
aquesas desconfianzas
me tienen, cuando el amarte
sabes, mi bien que es del alma
obediencia, pues en ella
como dominante te hallas,
el efecto de quererte
es precisión de tal causa
sin que pueda el albedrío,
en la sujeción que ama,
no sentir lo que le oprime,
por seguir lo que idolatra.
Qué fineza!
Que eso digas?
qué tremenda pampringada
y más el niño, que tiene
un alma de una tarada,
que tragará, si trae tocas,
una burra con su albarda.
No es mucho que desconfíe
quien con méritos se halla
para ser querida.
Ay que
la Clarita se derrama!
Que no calles?
Pues no ves
qué cuitadita se amaga,
teniendo trastienda más
que tuvo Atecón lilaylas.
No quieras amado dueño,
diga, que como en tu cara
une amor las perfecciones
que arpones son de su aljaba,
dejar de amarte no puede
quien logra el bien de mirarla.
Jesús qué embuste! el mozuelo
es de lisonjas el mapa.
Calla, que gusto de oírle.
Pues síguele donde vaya,
que si viene con Basquiña
dirá a Herodes, aun más maulas.
Pues, señor, porque acredite
mi pecho vuestras palabras,
y consiga los sosiegos
quien anhela, según habla,
mi hermano puede el alivio
daros en mí, si él lo manda.
¡Ay que la pica el gusano
del casorio, y ya se rasca!
mas, ¡ay, señora!, que viene
el hermano, de esta hermana.
¿Qué dices?
Que se encontraron
los Meteoros, y Guardas.
Mucho una desgracia temo.
Mas siento yo la desgracia
que el ingenio, como pollas
aquí nos tenga empanadas,
mas si es forzoso el acecho
tráguelo aquel que lo masca.
Salen Don Miguel, Calabaza, y el Demo-
nio, que se queda al paño.
Calabaza, ¿hacia este sitio
están?
Como hay Calabazas,
que así me lo sopló el otro
que te he dicho.
De mi saña
fue cautela, dando forma
a mi ser para lograrla,
de humano, por ir consigo
que la emulación que arraiga,
salga, obrando sus efectos,
irritada a la venganza.
¡Vive el vigor de mi ira
que le he de matar!
Mas ma-
toca, que allí están los dos,
embásale por la panza,
y verás en vez de sangre
qué bazofia que le sacas.
¡Ay, señora, a mi amo he visto!
¿Qué dices? ¡estoy turbada!
Llega Don Miguel.
Así traiciones castiga
el que mira a su venganza.
Y así se defiende, quien
de un cobarde, vil, se agravia.
Señora, llegó el azar.
Bien temí yo que llegara.
Hermano...
Tirana, vil,
morirás también.
Es chanza
que yo la defiendo.
Andallo
la pendencia, es impensada:
el Demonio, nos la ha urdido.
No lo dudes.
¿A qué aguardas?
Huye, señora.
No puedo.
Cual se tiran a las panzas.
Ya no puedo más, tened.
Detiene a don Miguel, y Clara a don Man.
Pues, tú estás ahí, Tirana?
Detente, señor.
Qué gresca!
las dos la han hecho trocada.
Apartad.
Quitad.
En mí
probad primero la saña.
No hay quien acuda, señores?
Que se matan, y no miran,
que media mi calabaza.
Salen de valencianos, labradores, Ambrosio, y otros dos con garrotes.
Tenev de aì.
Fuera digo.
Esto se redujo a danza,
pues anda el paloteado
bailando a la valenciana.
Ya mi agravio es imposible,
que por ahora satisfaga.
Ya es el vengarme difícil.
Pues qué es esto?
Nada.
Nada.
pero yo me vengaré
dando muerte a quien me agravia.
Vase.
Yo os buscaré por lograr
en los dos esa amenaza.
Vase.
Cavallers, miren vostés
que estic yo ací.
Gran palabra
si no un pobrete bigotes
de perrito chino.
Què parla?
Lo que diu.
Mes què diu.
Ya está dit.
Siga mi ansia
lo que me aconseja amor.
Vase.
Lo que amor me induce, haga.
Vase.
Audaz, las dos como rayos
van, como libres se hallan.
A que resulta de aquí,
alguna acción valenciana.
Ya lo veréis, pues en todos
induzco ceguedad tanta,
que a ellas, su fama desdore,
y a ellos, arriesgue su fama.
Veamos si aquestos los cascos,
le quiebran a Calabaza.
Pues, y bien, seo fanfurriñas,
qué tenemos?
Vostet vacha
en la clau de la seu,
y no me enfade.
Usted vaya
so vejete podrigorio,
a afeitarse aquesas canas,
que a no ser por las señoras:
yo le hiciera:
Qué?
La barba.
dan contra el.
Ha el abxe...
Riñe con ellos
Hà perxos! mis cascos
dixan quien es calabaza...
Ataradle.
Que negroso
cual la calabaza cascan.
Dale.
Casca le.
Vase corrd.
Eso no
vinagres, si es que me alcanzan
vengan, que yo les espero
en los confines de Ytalia..
Espexat' cagat de poto
gallinaza.
Calabazas.
Dexaulo anar, puix se fuch;
y anem prompt â la llabrada
del arroz, ans que ploga
y ensi perxa lo que tant
en casa de goich nos fà.
Dela Seu la Abogada
sens perdue farà cullgain
mes que volen.
Vanse
Ella ofasa..
vase
Què confiados! ò Cielos!
en su patrocinio se hallan?
pero muy presto veràn
vana toda su esperanza.
mas entanto, no se pierda
de mi cautela la saña,
è induzca en los dos contrarios
mas activa la venganza...
.
Hija las dos nos quedamos
frias aquì como estatuas.
Calla, que aquesto es dar tiempo
para alguna Zarabanda.
Pues yo en ella à mi Ama siga.
Y yo en ella, siga â mi Ama.
Pues Hija, agur; cada cual
tome su senda â buscarla.
Vase
Eso digo, tu por aì,
y yo por acà muchacha..
.
vase
La vicenta, aun tiene sus
entusiasmos de Guapa,
y ya pudiera sentar
los Juanetes de sus Patas.
y mas (ahora lo publico
aun que Calabaza calla)
cuando presumo que quiere
ser Almibar de su casa.
pero esa, voyla, que yo
aunque el silencio lo guarda,
soy, y he de ser, el Arrope
de cascos de calabaza...
.
Sale dn Manuel, con otros de embozo armados.
Amigos, pues vuestro afecto
a mi venganza se auna
aquí de vuestro socorro
lograr espero la ayuda.
Usted eche hombres que acá
haremos de todos tumba.
Pues en esta parte ocultos
espero, que el odio cumpla
lo que solicito, pues
por este sitio, no hay duda
ha de pasar a su casa;
pero porque no presuma
él, ni el mundo, que mi brío
acompañado le busca
de vosotros, porque acaso
recelo alguno me ofusca;
primero, solo con él
medir mi acero procura
la destreza, y el denuedo:
y si acaso dificulta
vuestra razón, que por qué
os traigo para mi ayuda,
sabed me motiva a ello
tener noticia segura
de que acompañado anda
buscándome, con que escusa
mi brío la contingencia
de que su venganza cumpla
con los que trae, y después
la fama, que al fin divulga
como quiere los sucesos,
no diga, en lo que promulga
que él solo pudo vencerme:
y así, pues tantos a una,
y uno solo es disparate
que de tantos a la furia
se defienda, con que así
porque contingencia alguna
no haya, y lo que suceda
os traigo.
Pues ucé acuda
al niquiscocio, y apriete,
que si se ofrece habrá tunda.
Pues retiraos aquí.
Que se haga.
Que se cumpla,
que ya por andar a cloques
se bailan las coyunturas.
Retíranse, y salen por distintas Puertas Doña Michaela, y Josepha de hombres, con es- padas, y de la misma suerte Doña Clara y Vicenta
Señora, ¿dónde, hecha un Cid,
vas con la espada desnuda,
matando solo de verte,
aun los que verte rehúsan,
y yo con este recado
de matar, aunque sean pulgas?
¿Adónde quieres que vaya?
donde mi amor no me escusa;
pues vengo a guardar amante
a Guevara, a quien la furia
de mi hermano matar quiere.
¡Pues gran defensa es la tuya!
mas échale tú una albarda
y a él le harás más matadura.
Déjame, no me persuadas,
que en quien como yo vincula
amor su imperio, a su amante,
defender siempre procura.
Haces bien, que para andar
a golpes, eres membruda,
y de un soplo, como aprietes,
cátate, que todos te huyan.
Deja disparates, y
en esta parte te oculta.
Póngome de acecho, como
vecino que todo juzga.
Retíran.
Retírate aquí conmigo
por si para el que amor busca.
Retíran.
Pues, señora, al escondite;
y falda en cinta, si empujan.
Salen por medio de embozo y armados D. Miguel con gente, y el Demonio, siguiéndolos, y arriba, se previene avocada la tramoya en que bajen los dos ángeles, que cantan dúo a su tiempo.
Por aquí mi furor halla espera
al que infiel me ha ofendido, porque muera.
Pues nosotros venimos a tu lado,
el mundo venga, y no te dé cuidado.
Y más llevando, para hacer más plaza,
por escudo este casco calabaza,
con quien el más membrudo,
calabacearse en este mundo pudo;
porque yo, si me enfrasco,
cascas haré a Longinos con un casco.
Ya a mi astuta cautela,
el odio en ambos ciegamente anhela;
el Cielo me permita,
que el ceño crezca, que así los precipita.
Vaya tramoya
No lograrás intento tan sañudo,
pues brilla de la Seo el fuerte escudo.
defendiendo al que amante
con feè la adora, tierno, fiel, constante.
Al arma comboque
tu furia inhumana
Tus ceños repitan
batalla, batalla.
que en vano el estrago
lograrà el amago
de tu actividad.
Pues vibra valiente
favor soberano
Pues flecha su acero
el numen humano
Repiten.
Que rinde el despeño
de tu altivo ceño
con su potestad. ...
Que aun tema mi recelo en esta empresa,
que el fin no alcance que tanto me interesa.
De cobarde don Manuel,
amigos, se habrà ocultado.
Si ha temido?
El que es honrado
nunca teme don Miguel.
Viñon
Me alegro, que con tu muerte...
mi venganza, no dilato.
Antes veràs que te mato.
Salen los embozados de don Miguel.
Veràse si es de esta suerte
Salen los de don Manuel
Y de estotra.
A mi valor
todos sois pocos traydores.
Ay que se matan señores
prevengan un confesor
Cada una se pone al lado de su amante,
y dan buelta al Tablado.
Este es mi Amante, a su lado
he de morir.
Y yo pajas.
Voto a Brios que se hace rajas
cada cual desesperado.
Muere cobarde.
A tu intento
darà mi valor venganza.
Que buena que anda la Danza
aunque està el caso violento.
Si de mi furor las olas
los mueben, no es mucho infiero
Lo que no puede el acero
acabenlo las pistolas.
Eso es mejor, por que asi,
alebe, tu traycion pagues.
Echan mano a las pistolas, descargan, y
don Miguel solo, tira a don Manuel, y cae.
Ha gallina, no te amagues
Allà và esta.
Ay de mi!
Virgen santa de la Seo.
valme...
Cae.
Librarte podrá
ese amparo.
No lo hará
que ya es mío este tropheo.
Huyamos, que muerto queda.
Qué importa, si en vuestro alcance
vamos.
Aqueste es un lance
que el mismo Diablo le enreda.
Echan mano otra vez a las Espadas, unos, y otros, y éntranse riñendo, y hasta aquí cantan los Ángeles, y se ocultan.
dale a calabaza
Infame, me desespero,
no lo niego, no, ni arguyo.
¡Ay de mí! Yo también huyo
que me queman el trasero..
vase.
¡Qué lástima!
¡Qué desdicha!
mi bien, señor, Dueño mío.
Llega a Don Atanasio que se levanta muy aprisa.
Quién pretende: mas espera
aleve, que aún estoy vivo.
Señor, detente, que somos
Clara, y Vicenta.
¿Qué he oído?
pues cómo:
Deja extrañezas,
y dime si estás herido,
pues la embenenada sierpe
de Plomo ardiente, advertimos
se cebó en ti.
Y por las Tripas
juntico de este bolsillo.
que yo lo brujuleé
con más miedo, que el mío mismo.
Yo, nada siento.
¿Qué es esto?
cuando fue el impulso mío
quien la Bala dirigió,
¿cómo no obró lo encendido?
Míralo bien.
Sí señor
haz de tu cuerpo registro.
Hace lo que di- cen los versos
Yo no encuentro: mas aquí.
¿qué es lo que veo?
Aturdido
el pobre señor está:
¿Qué mucho, lo esté? si miro
que el Plomo horadó las Bolsas
del Ante con que me ciño,
y estoy sin lesión.
A ver
si tienes ahí escondido
de Muralla algún pedazo
con Cal, y canto, y Ladrillo.
Esta estampa (¡qué milagro!)
del soberano prodigio
de la Virgen de la Seo
solo hay. pero ¿qué miro?
en el batido Papel
que muestra el bulto Divino
las Balas impresas veo.
¡Qué milagro!
¡Qué martirio!
¡qué pena! que en todos riesgos
se ostente su Patrocinio!
que Iris de serenidades
a borrascosos peligros?
de rodillas
Bella Imagen, Sacro Escudo..
de mi vida, amparo mio,
sagrada defensa mia
soberano patrocinio
de todos, cómo señora,
merecer puedo tu auxilio?
vos conmigo tal Milagro?
tal Portento vos conmigo?
cuando indigno a tanto exceso
me miro por mis delitos?
pero sois de Pecadores
Madre, y al ver que este Hijo
de la muerte en los horrores
esperaba mas peligro,
no quisisteis se perdiese
el alma, que fiel os dedico.
Que esto mis rencores oigan,
y no me trague el abismo!
El Diablo Predicador
se nos buelbe el pobrecito.
Madre del hijo Sagrado,
Hija del Padre Divino,
Esposa del santo Amor,
de toda la Gracia Archivo;
yo os doy palabra señora,
porque en algo agradecido
me muestre a tanto favor,
que perdone a mi Enemigo,
y que ansioso su amistad
anhele, aunque este ofendido
Que no muera al escuchar
este fervor encendido!
Atónita estoy de que el Diablo,
nos predique tan contrito.
Pasmada estoy.
Doña Clara?
Qué mandáis?
Venid conmigo,
que a vuestro Hermano a pedirle
Perdón, solamente aspiro,
y a decirle (por que dure
la amistad eterna al Siglo)
que con vuestra mano, eche
a mi vida aquestos grillos.
Andar, aunque santurrón
le tienta lo humano al Niño.
Vamos señor, aunque temo
que si que falto, ha advertido,
de casa, execute ayrado
algun exceso conmigo.
Venid señora, que yo
con ruegos sabré impedirlo
que a todo me expongo, viendo
cuanto al Cielo le he debido.
Vamos, pues.
Vanse los dos.
Vamos.
Andares
a ponerme como un brinco
voy al instante, mas ahora,
señores, he de decirlo:
el caso de este Milagro
fue como va referido,
las circunstancias, y el todo
es lo que Dios es servido.
Calla.
Vase.
¡Ay de mí! ¿quién me sopla
el cuerpo? que me ha encendido
y parece que me abraso
aunque de miedo tirito.
Vase.
¿Que tanto el favor esmere
este celestial Prodigio
con todos? que así derribe
del Mar de su Patrocinio
los Cristalinos vertientes
tan en todo difusivos,
que a todos, y a cada uno,
alcance lo Cristalino?
¡Oh Ciudad! ¡Oh Pueblo! cómo
no te aclamas a los siglos
dichoso, pues en ti obtienes
este bien, aqueste hechizo.
Mas no juzgues que por esto
mi rencor, mi ceño altivo,
ha de ceder, porque airado
contra ti, como Enemigo
he de procurar tu Ruina
sin que estorben mis designios
ni el extremo al pronunciarlo,
Simulacro tan Divino,
ni el Cielo, cuando soy quien
con infieles desvaríos
se opuso atrevidamente
a ese consistorio Trino.
Salen don Miguel, doña Micaela, Josefa y Calabaza.
No tienes que persuadirme
que he de vengarme.
Miguel,
¿que todavía cruel
perseveres?
Es pedirme
un imposible.
Mas apuras
la cólera en él, que guarda,
pues es a modo de Albarda
aqueste, en sus mataduras.
Y dígalo aquella faz
vomitando a lo indigesto,
mil muertes por cada gesto,
cruda siempre, y siempre agraz.
¿Que de la Bala lo airado,
ardiente no le parase?
Deja, ese mal no repare
que de otro está bien parado.
¿De cuál calabaza?
Infiero,
según advierto en mi afán,
que de las hijas de Adán
tiene, como yo, el mal fiero.
¿Tú? ¿qué dices?
No te asombre
que yo he sido en conclusión
con los hombres muy varón,
mas con las mujeres, hombre.
Atiza que ya la venganza
es ruindad.
No lo recato
yo solo en matarle trato.
El hombre está de matanza.
¿No conoces sus rencillas
con juramentos rollizos?
dice que ha de hacer chorizos
de él, si no puede morcillas.
¿Pues tan valiente es sin par?
Es un hombre furibundo;
no se encontrará en el Mundo
quien mejor sepa embasar.
Aquiesos son desatinos.
¿Cómo que? que aquestos días
le vi embasar diez sandías
mil melones, y pepinos.
Que no te he de persuadir
cuando viniendo a buscarte
para vengarme, y matarte
por ver mi hermano morir,
persuadida de mi amor
contigo llegué a quedarme
sin que tema el infamarme.
Ese, señora, es favor
que recompensa mi amar
no solo con el afecto,
sino con aquel respeto
con que te llego a tratar.
Este rencor inhumano,
en mí es natural porfía.
Aquesa es antipatía
que es un morbo todo insano
que del cuerpo acá en las tripas
anda sin juicio, ni fe,
bailando el paracumbé
con el estómago, y tripas.
Es un mal con gran solapa.
De eso hay mucho por acá.
Quien lo duda, claro está
que de él ninguno se escapa.
Pero ¿qué miro? Allí viene
del que has de ser homicida.
¡Triste de mí!, que es mi hermano.
Sale Dem.
Por que mi furor consiga
lo que pretende, invisible
he de encender su ojeriza.
Pues mataréle.
Aquí hay
del demonio una bolina.
salen Don Antonio y Doña Clara, y Vizenta tapadas
Señor Don Miguel.
echa mano a la espada
Pues cómo:
Tened, y vuestra osadía
lo que ha de dar al enojo
délo a la razón.
Mis iras
no admiten espera alguna.
El mozo es como una ardilla.
¡Ay de mí!
Aquí es señores
de los finados el día.
saca la estampa
Señor Don Miguel, oídme
que en razones muy sucintas
os satisfaré: atendedme,
y después la bizarría
vuestra, obre lo que quiera,
si mi voz no os apacigua.
Yo vengo determinado
a que de nuestra ojeriza
cese el ceño, pues lo manda
esta Deidad, que divina,
sacándome del peligro
amparo fue de mi vida.
Vuestro valor con el plomo
ardiente, que me fulmina
atrevidamente airado
darme muerte quiso, y Pía
esta Deidad, el portento
obró que admira a la vista.
Con este auxilio, este medio
¿quién puede haber que resista,
(cuando me ampara) ceder
enojos que el ceño aviva?
Bien conocéis cuánto cedo,
pues en vuestra casa misma
viendo a mi hermana, no avivo
la cólera, que precisa
en el alma por la honra,
vivir debe siempre activa,
y el que viere que su ardor
lo que ha de abrasar entibia,
cómplice me hará a la infamia,
que a su arbitrio fiscaliza.
Mas desenfrenado juzgue
quien quiera la acción, que mi ira,
a celestiales impulsos
cede el furor que la excita
que no hay a poder divino
humano poder que insista.
Para que nuestra amistad
al tiempo constante, siga
sea indisoluble nudo,
que afiance tanta dicha,
que a vuestra hermana merezca
por esposa, mi caricia.
la mía, pues ya el exceso
tierna inclinación indicia,
en vuestros amantes brazos
lo que os expreso compira.
la beldad de doña Clara
me acompaña: qué os admira:
el que en excesos de amor
lo que otra ejecute, imita?
A donde las dan, las toman
dicen por estas corillas.
Hermano, yo:
Si yo hermano:
Miren las dos hermanitas
una, que lo que vee, hace,
y otra, que hace lo que mira!
para monas, cierto que
tienen dos mil monerías.
le dan.
Ha Picaro, con mi ama
andas tú, en alicantinas?
Tened femíneas arañas.
Qué es eso?
Estas sabandijas,
que me rascan, y me arañan
donde me escuece, y no pica.
Señor Don Manuel, mirando
lo que decís, mi ojeriza
depone a vuestras razones
todo el rencor de sus iras
y más cuando advierto en mí
desde que vi esa Divina
Imagen, no sé qué impulso
que con acción atractiva
rinde alegre mi albedrío
a lo mismo que os concilia.
Da a Calabaza
Esto más, furores míos
de mi rencor a la vista.
Ay, que me han desbaratado
de un golpe cuatro costillas.
Loco, qué hablas?
Lo que digo;
aquí hacia la rabadilla
me han pegado, y por detrás.
Hijo, pues quién es quien tira?
Señala atrás
Tú lo sabes, que a esa parte.
tú sola eres la que tiras?
Ha Puerco!
Límpiame tú
pues tú de todo me limpias.
Dejad locas digresiones
y pues a una acción unidas
se ven nuestras voluntades
no haya, por que las divida
instante que medie, al punto
vamos donde se confirman
Vamos luego, qué contento!
Ay como se regocilan
las dos niñas de sus ojos,
aunque algo más la chiquilla!
no es mucho, la paga al ojo
vee, de lo que solicita.
No se omita diligencia,
que puesto que facilita
dificultades (que pueden
ser violentas a la vista
del que atiende) quien no tiene
opuesto que le resista,
seguros de que se estrañe,
por el poder que domina
vamos donde la obediencia
lo que debe sacrifica.
Vanse D.n Mig.l D.n Man.l D.a Mich.a y D.a Clara
Andan, a casarse van
quién dirá que no es pamplina
del Poeta, el Cuentecito,
que la digresión motiva?
vase
Yo, que por vilipendiarme
con favores que authorizan
suple el paliar el caso
lo que es darme a mí ignominias:
mas presto de mis furores,
probarán cuanto fulminan
la Comarca, y la Ciudad,
pues.. pero la acción lo diga.
Con que aquí los tres solitos
hemos quedado, chiquillas?
No lo ve?
ap.te
Sí, ya lo veo
porque el caso otro no dicta;
mas señores, quién se ve...
entre aquestas dos vasijas
que no pretende apurar
si están llenas, o vacías?
Hijas, aquí entra el singulto
con que Miquel discurría.
Deje de entusiasmos
de Padre, y vsted prosiga.
Os enoja el Padrearvos
pues a fe queridas mías
que aún que me Madreeis vosotras
que yo no me enojaría.
mas sobre todo Canela,
y al cuerpo del cuento Ninfas:
ya sabéis que sois de mi ojo,
cada cual viviente niña.
De qué ojo?
De este ojo
que lagañas me destila
ya sabéis que he solapado
por vuestra fama, esta activa
como se me llamacion
de amor, que picaba, y pica.
aquí en paz, y en paz deseo
que con amistad sencilla
cada cual me diga, lo
que cada cual determina.
llévese el gusto lo que
se ha de llevar la Justicia
y pues soy solo, y no puedo
dividirme en partes, hijas
elija la mejor parte
la que mi parte se elija.
Pícaro, infame, traidor,
ingrato, aleve, homicida,
Tarquino cruel de esta Porcia
que en desvergüenza entarquinas
ahora te vienes con esas?
después que me has dado...
Chispas.
Palabra de ser mi...
Cohombros.
Esposo?
Linda partida!
Cómo es eso? pues a mí
no me has dado...
Longanizas.
La misma palabra.
Andallo.
De esposo, con...
Chiribías.
Testigos mil?
Pues ahí
todo el punto está chiquillas,
y por eso quiero que
vuestra determinativa,
Bula de composición
dé, al caso de esta cosita.
Yo composición, teniendo
trescientas prerrogativas
en favor de mi derecho?
Yo tengo dos mil torcidas
Pues ninfa, para el candil
que las tome el que te sirva
que yo de Pepita soy
toditica la Pipita.
vase.
Esto escuchan mis oídos
esto aquestos ojos miran,
sin que en furias, y volcanes
vuelva basquiña, y mantilla:
mas tú me la pagarás
gomia de las doncellitas,
avestruz de todo fierro,
y tabuzón de la vista:
pues he de ser vengándome en tu vida
Holofernes, Herodes, y un Atila...
Afufólas, y ella va
más que enojada, corrida
del caso.
Qué importa, si
soy yo el tu autem de homicidas
y de guapa, a guapa, ego
lleve la borla mi vida.
Pues ya que se vino el caso
rodado; por lo de arriba
en que encendieron los amos
la llama que oculta ardía
dame esos vástagos cinco
de azucenas etiopisas.
Dame tú esos calambucos
propios hijos de las Indias
Tómalos; ¡ay, qué azabaches!
Dácalos; ¡ay, qué morcillas!
Y quiera amor.
Y amor quiera
que el que uniones fertiliza
dé del árbol de Himeneo
cuatro peras para almíbar.
Vanse y sale el Demonio
Ya de mi oprobio la indecible saña
sale con todo el cielo a la campaña,
que no será extrañeza, no, en mi aliento
si ya titubeó su firmamento.
Cubran de nubes esa etérea estancia
de mis secuaces ya la vigilancia,
y brotando por agua heladas piedras
no lleguen a adquirir preciosas medras
estos campos opimos
que fructifican granos a racimos.
Tale, devore, mieses, plantas, flores,
el rencoroso ardor de mis rigores,
sin que pueda estorbar mi infiel deseo
ese prodigio hermoso de la Seo.
Ea, secuaces, ya llegó la hora
que suspensa hasta ahora
tuvo aquel caso con lo digresivo,
empiécese a mostrar ya lo nocivo
de mi rigor, para que el trofeo
cause la deidad del cruel Leteo.
Salen los valencianos
Vacha, amics, a traballar,
cada hu prenga son puesto,
uns, al plantel del arròs,
atres, acudisquen presto
a replegarme les fruites,
y tot lo bo a replegatins.
Atres, a segar forment
han de anar, puix que ya luego
se n'ana pasa.
Vosté es dueño
y lo que'l volga farem.
Ahora lo veréis, protervos.
Espíritus que en el aire,
esperando mis preceptos,
corréis invisibles, todo
cuanto hay en su espacio hueco,
formas levantando en él,
nubes que broten ardiendo
rayos, de quien sea indicio
después el trueno tremendo;
desgájese pues, en lluvias
de granizos opulentos
lo que antes agua en la esfera
era vertiente, y ya es yelo.
Anem traballar, a presa
que se fa tart...
Da un trueno.
¡Qué trueno!
¡Qué tronada tan furiosa!
Si yo la formo, no es nuevo.
la violenta brevedad.
Mare de Deu de la Seo
valenos.
Vamos aprisa
al amparo de su Templo,
y a que Rute, las campanas
al instante toque a Vuelo.
Ay de mí! mi sementera
con aquesto, volaverunt.
Corre, córrela, tío Ambrosio.
Ya lo que puc, voy haciendo.
Vanse como dicen
No ha de valer, no, tu amparo
contra mis injustos ceños.
Ya en la Ciudad presurosos
entraron, y ya los ecos
exclaman favor, pues dicen.
Dentro
Mare de Deu de la Seo
pietat.
Rute, toca
las campanas luego a tiempo.
Sale Rute de sacristán jorobado.
Ya voy, señores, que al Diablo
yo se la he de armar con queso.
Fuego de Dios, por allí
viene el Nublado soberbio...
Vase.
Al templo, al templo vecinos
de la Virgen de la Seo.
En vano podrá su asilo
daros favor, que mis ceños
rebeldes, se han de oponer
a su favor; el terreno
con su opimo fruto, tale
la Nieve.
Rute aparece arriba tocando las campanas
Caballeros,
no hay que temer, que yo ya
las campanas bamboleo.
Hijo de Dios, por allí
viene el Nublado más grueso;
(Aunque atropelle distancias)
dura Piedra, en fríos Hielos.
Véanse en uno, dos estragos
por más que fuesen diversos
que si es ostentar prodigios,
no es imbertir desacierto
diga el caso del Milagro
pues no es muy del caso el tiempo.
Piedad Madre Soberana
Piedad.
Ese campo bello
que da en verdes hojas siempre
frondoso fiel alimento
al Gusano, que a la Seda
forma precioso compuesto
se devore, se arruine y se pierda.
¡Jesús! qué horroroso trueno.
Tañen dentro.
A este bufón, este susto
he de darle.
Como está tocando las campanas a vuelo, ha de salir fuera de la torre, colgando de la cuerda de una, Rute.
¿Qué es aquesto?
Virgen santa que me caigo,
que me muero, que me muero.
Llama quien te favorezca.
Madre de Deu de la Seo
favor, señora...
Vuelve dentro Rute.
Ya todo
el concurso está en el templo.
Ahora se ve el templo, y la más gente que sea posible en él, de rodillas delante de un altar, que imite al de Nuestra Señora, y se ve la santa imagen, como está en él con las vidrieras echadas.
Rigores, ahora, ahora,
caigan rayos, suenen truenos,
y heladas piedras devoren
todo este opimo terreno.
No he de dejar de tocar
aunque esté el diablo hecho un perro.
Piedad, señora, piedad.
Qué bien me suena el lamento.
Cantan los dos ángeles.
Qué importa que airado
Qué importa que fiero
intentes la ruina
si no has de triunfar.
Pues este prodigio
Pues este portento
es Iris que muestra
la serenidad.
¿Qué miro? ya mis enojos
frustra el divino portento
ya en el viento siendo Iris
y ya mostrándose al pueblo
hermosos arcos de paz,
y ya canta unido el eco.
Cuando de nuestra oración
se os sacrifica el empleo
Madre de Dios de la Seo
dadnos vuestra bendición.
La música será cantando todos unísonos y sonarán bajo los instrumentos.
¡Oh, furores! contra mí
prevenid más los tormentos
ya huyó la nieve, ya vuelve
todo al tranquilo sosiego.
¡Qué milagro!
Ya la nieve
y la lluvia toda ha deshecho.
Es verdad, pero la piedra
que siguió después, su hielo
habrá devorado el campo.
¿Qué dice usted, caballero,
acaso nuestra Patrona
de las suyas no habrá hecho?
No lo dudo.
Mis señors,
vostés ascoltent.
¿Qué es eso?
Que la piedra que ha caigut
no ha tocat res, (¡qué portento!)
la horta, ni encara, señors,
en una fulla.
¿De cierto?
En lo castell y ciutat
sols se veu el tremendo
montó de la pedregada.
Es favor que nos da el cielo
por la Virgen.
Sí lo dije.
Nuestra Madre es mucho cuento.
La meu horta, cavallers,
quedó llibre.
Yo me alegro,
tío vegete, por no verle
pinchat a vostet.
Aqueso
os dejad, y decid: ¡Víctor,
nuestra Madre de la Seo!
¡Víctor, víctor!
¡Qué rigores!
¡Qué horror! ¡Qué pena y tormento!
¡Oh, ciudad, repetid gracias,
aumentad activo el celo,
pues tenéis por protectora
la que frustra mis intentos;
y ya que en aqueste acto
de su favor algo he expuesto,
ocultaré la altivez
del espíritu que expreso
en las ondas de Aqueronte
porque no escuche el acento
que suena en el viento acorde
y repite alegre el eco.
Húndese con estrépito, finalizan los ángeles, y dicen las voces.
¡Viva nuestra Madre, viva,
Virgen santa de la Seo!
Personas que hablan en ella
Sor Gertrudis. Un confesor de Santo Domingo. Una niña, hermana suya.
María: Isabel. Una lega de Santo Domingo. Dos ángeles.
Gitanas y gitanos. Tío Antón Barba. Calabaza.
Dentro Musica
Dale que dale | viva yo alegre
toma que toma | y arda Bayona
Hà charanguero | 1º. llega acia acatus
Què quieres doona | 2º. No quiero Tonta
Toma que dale | viva yo alegre
Dale que toma | y arda Bayona
Dice dentro Calabaza
Mujer por acà: que el Tasco
arde, como llueben Tortas.
Sale y Isabel con el Niño.
Ya voy, què quieres?
Que bengas
por aquesta senda angosta,
que va â Beninganim desde
nuestro gran Lugar la Llosa.
Si es todo vn camino.
Pues
toca soleta, y azoga.
Poco â poco.
Den. Git.
Anda Laurica.
Juan Verdes, ya voy, mas toca.
Fin de fiesta esto parece,
de Autos de Granada.
A toya
dà al Panderillo, y Zonaja.
Sobre cual caso es la cosa.
Gitanas son, y Gitanos.
Gran Gente para una Proa.
salen 2 Gitanas y 2 Gitanos tocando y baylando
Dale que dale &c.
Buenos dias buena gente.
Buenos se los dè Moscobia.
Eso es Pulla?
Nada de eso.
Y adonde con la Pichona?
Ay voy â atràs.
Zape fijo.
A una cierta Higuiscoda.
Me alegro.
Ay hija mia!
y va vsted de aquesta forma,
con el Hato de su vientre,
cargadica?
Si señora.
Pues el que hizo el Cohombro,
por que al hombro no le echa?
La que hasta ahora le llebò,
llebele tambien ahora.
Què donoso que es! què bello!
guardele Dios.
De tus drogas.
mas donde bueno, señores?
A Madrid, porque â mi Porras
le han tocado la Plimplastra
en Valencia.
Linda Solfa!
Porque agarró a cierto quídam
yo no sé qué cierta mosca.
Pues a fe que por acá
ni se agarra, ni se toca.
Dijo, y ya lo sé, y por eso,
donde la tañan, nosotras
vamos.
Sí que ustedes bailan
al din dan bien la chacona.
Pues por vida de la Laura
que ha de bailar uste ahora
ya que lo nombró, y reviente
al que le canse la trova.
Señora, eso es disparate.
Dijo en esta vida bona
en donde menos se cata
se sienta el rancho, y hay goya.
Pues ucé mi reina, acatux
conmigo a una vuelta.
Soga,
usted con otra voltee,
no voltee con estotra.
Hasta aquí has de ser mordaz.
Hija, vino el cabe en bola,
mas si ha de ser hijas mías
al cuento, y arda Bayona.
Sí que es fuerza caminar.
Hija, y lo mismo nosotras.
Pues tóquese a la salud
del que esto por hueso roa.
Calle, que esto de alegrarse
en cualquiera tiempo es hora.
Pues vaya de zarandeo
y a lo revuelto.
Moscas.
Cant. a 4. Dale, que dale, etc... Bailan
Ea, hijas, acabóse,
aquí paz, y después gloria.
Esto se hizo sin desgracia.
A Dios, hijo.
A Dios, señoras.
Ahora, tañan, y al cantico
porque alivie la zozobra.
Cant. a 4. Dale, que dale, etc. Vanse cantando
Vive Caifás que esta vida
es, como se ve, gran cosa
ello, todo el campo es casa
es cualquiera suelo alcoba
ellos cuando quieren bailan
y ellos cuando gustan tocan.
Mas, mujer, vamos andando
que ya parece que es hora.
Vamos.
¿Y el chiquillo?
Duerme,
va lo mismo que una rosa.
Cuidado al pasar el río,
no caigas, y haya zamboas.
¿Ya está cerca?
Verle allí.
Vamos a pasarle.
Ahora
mira al pasar lo que haces,
que si caes te remojas
y entonces serás Pescada
ya que no lo eres ahora.
Mutación de Río
Por aquí a pasarle voy.
Pues cuidado si te ahogas.
Calla, agorista del Diablo.
Yo lo aviso.
La Señora
de la Seo, me dé ayuda.
Mucho puede aquesa Aurora,
mas asegúrate bien,
ya que el Diablo en esta Troba
quiere el Poeta descanse
allá en sus negras Mazmorras,
y si acaso está, no veo
justo, enredo, ni Tramoya.
Isabel entra en el Río, y Cae
Válgame Dios, deslicé;
Virgen de la Seo, hermosa,
valedme.
Ella te libra.
¡Ay que mi mujer se ahoga!
¡Socorro, socorro, que
se pone hecha una sopa,
y no la quiero Pescada,
aunque en remojo está ahora!
¡Señores, acá, socorro,
que no haya un Diablo que me oiga,
aunque más me desgañito
por ayudar a la moza!
¡Mujer, si sabes nadar
el tiempo ha llegado ahora,
tiende los remos, y dale
y a ca esta parte remolca!
Sale Isa.
¡Jesús, María! La Virgen
me libró de esta zozobra.
¿Mujer, sales viva?
Calla,
no estés de gracias ahora,
que a no ser por el favor
de nuestra Madre, y Señora,
sin duda mi calabaza
ahogádome hubiera.
Sopas;
¿y la viste?
¡A Dios pluguiera!
No es eso para ti, boba,
que aunque tú eres muy Cristiana
eres muy poco devota.
Volvámonos al Lugar,
que he de ponerle en memoria
el Milagro por Padrón.
No es menester que le pongas
que yo le he visto; mas vamos,
¿pero y el Niño?
Una Rosa
(como dije ya) va hecho,
y mucho mejor ahora.
¿Os habéis mojado?
Sí.
¡Qué linda estará la ropa!
yo apuesto que si la exprimes
que no saldrá el agua sola.
¡Qué cuidados!
Jesús, pues
¿no voceé, que te ahogas?
¡Linda frescura!
Más fresca
tú estarás, pues te remojas.
desde la maza de fragas
a las costas de Bayona.
pero volvamos a casa
en donde a tu salud boba
entre tanto que te enjugas
yo remojaré mi ropa
echando dos pitos, para
gritar mejor, que te ahogas.
Yo a dar gracias a la Virgen.
Pues salga el Diablo, y azoga.
Vanse, y sube un Carro de fuego, en el recostado el Demonio, los dos espíritus, y canta Música triste.
Tormentos obrad feroces
contra el ser que constituyo
y crezca inmortal la pena
que lamento, y no rehúso
¡Ay furias!
¡Ay rabias!
¡Tormentos!
¡Disgustos!
Que en fiera impaciencia
sin sosiego sufro
Príncipe.
Señor.
Dejad
que en el ardiente Vesubio,
que sin acabar abrasa,
mi desesperado orgullo
pues no puede hallar alivio
padezca en lo que acumulo.
¿Qué es esto? como desmaya
del daño en el vigor sumo,
quien tiene entre los tormentos
todo su Imperio, seguro?
¿Cómo flaquea el aliento
a quien en el ceño duro
de las desesperaciones
tiene su mejor refugio?
Ya sé que entre lo tremendo
del horror, en mi vínculo
el blasón mayor; ya sé
que en eternos infortunios,
ánimo me da el vivir;
decreto que no rehúso,
mas esta hidrópica sed
que con anhelo sañudo
padezco; de que sea el daño
sosiego a su anhelo injusto,
me atormenta, al advertir,
que el Triclinio, y solo uno,
todas mis ansias estorbe
con su Poder absoluto
siendo ya todo piedad
pero mi mayor disturbio.
Príncipe, ¿qué dices? calla
que bien se advierte que obtuso
batalla entre los Vigores
tu infiel Rebelde discurso!
¡Cómo, oh Monarca, conozco
que de tu pesar lo adusto
oprime con pesadeces
hoy de tu ciencia, lo infuso
y que su opresión no deja
que en los Cóncavos impuros
de tu mente, vague vano
lo sutil de su conjunto!
¿Por qué lo decís?
Atiende.
Escúchame.
Ya os escucho
El Triclinio Soberano
en Personas, y en ser uno,
de sus atributos, puede
faltar nunca al atributo?
¿Puede en su Divina Clemencia
faltar lo recto, y lo justo,
cuando en perfecto equilibrio
uno, y otro, vive sumo?
No puede, no, que su Regia
Majestad, en igual punto
su Equidad siempre mantiene
eterno el Blasón de Justo.
Pues si Dios de las Venganzas,
y de los ejércitos es, sumo,
y estos atributos dicen
Vigor, como a su atributo
ceder puede, quien no puede
faltar a lo que es tan suyo?
Diga del antiguo Pueblo
Israelítico, en mi asunto
la verdad, cuando en castigos
observó, cuanto ahora juzgo.
Confirmó aquel Campeón,
que ascendió por alto impulso
de Sinaí a la Eminencia,
las verdades que promulgo.
pues lastimado de ver
el Vigor con que Dios justo
castigaba de su Pueblo
los Idólatras insultos
le Rogaba compasivo
le suplicaba confuso,
suspendiera los efectos
de tan activo atributo.
Si esto es así, ¿qué recelas,
que falte, aun en leve punto
aquel Poder sagrado
al antiguo blasón suyo?
Justa y recta obstenta siempre
la Majestad, cuyo asunto
no puede ser variable,
ni lo será, ni ser pudo,
el premio y castigo obstenta
en equitativo punto,
pues el premio al que merece
no retarda, como justo,
al que del Rigor es reo,
castiga Juez absoluto.
Aunque espíritus rebeldes
falaces genios impuros
todos sois, y esas verdades
ajenas de todos juzgo,
puesto que sois del engaño
origen, pauta, y conjunto:
lo que proferís violentos
ni niego, extraño, ni dudo;
y más cuando aquí la ciencia
infusa, recorre puntos,
que en sí misma reconcentra
sin que oiga el eco otro alguno,
porque vacilara en él
la verdad por nuestro influjo.
Con todo (¡ay de mí!) con todo,
supuesto lo que os escucho,
miro, noto, experimento,
que es la piedad atributo
que ejerce ya más, el que
todo puede, y todo pudo.
Reo infausto del Pecado
nace el hombre en este mundo,
no por culpa cometida
en su persona, o su gusto,
sí que contrajo este daño,
en la cabeza que obtuvo.
Transcendental mayorazgo
para el hombre fue el insulto,
tanto, que en Adán pecaron
cuantos nacieron al mundo.
Sentencia fue inexcusable
y con todo (¡ay de mí!) hubo
quien libre de la sentencia
fue concepta sin el Yugo.
No por esto, no por esto
del Decreto lo absoluto
se vició; no porque el mismo
que poderoso le impuso,
supo reservar del daño,
a la que en gracia produjo:
pues pudiendo cuanto quiere,
allí lo que quiso pudo,
que un infinito poder
y infinita ciencia juntos
penetran, pueden, y hallan
lo que no humano discurra.
A todo el hebreo pueblo
(parificando el asumpto)
sentenció Asuero a la muerte
y con todo una Esther hubo
privilegiada al vigor
y exempta del infortunio:
Luego si supo este Rey
dar al decreto recurso,
cómo darle no sabría
quien todo sabe, y lo supo.
Mira aquí al Rey de Venganzas
ya con piedad, que mi estudio
te lo recuerda, porque
te desdiga contra el tuyo.
A ti (aquí son mis pesares!)
A ti (aquí mi ardor actúo!)
A ti (pero sea respuesta
sin que lo recto, y lo justo
decaer pretenda, el extremo
que es en extremos lo sumo.)
Nació la exempta, y bajó
de ese Triunvirato puro,
de amor instado a su seno
el Verbo que quiso, y pudo.
Con hipostática unión
formar, y tejer un nudo,
en que divino, y humano
puede mantenerse en uno.
Bajó pues, y en la prevista
ante siglos, tomó puro
carne mortal, y nació
dejando intacto el concluso
huerto, en que toda la gracia
la misma gracia redujo.
Viéndose humano, y mirando
a todos los hombres juntos
reducidos al castigo,
que el primer borrón indujo
sintió piadoso, y humano,
que quien esta parte obtuvo
en tal desgracia se hallase,
y amante fino se expuso
a destruir con su muerte
la muerte que a todos cupo.
Recató de las venganzas
aquel supremo atributo
porque se vio humano, y dijo
cesa ya el antiguo uso.
Este de encarnar extremo
este de morir asumpto
piadoso anhelo, que amante
a tal fineza le indujo,
(sin que lo justo, y lo recto
pierda su ser absoluto)
hacen que ya a las piedades
esté propenso, y difuso.
y más cuando de su Madre
obligado al tierno arrullo
se mira, pues como Niño
le vistió, y fajó desnudo,
cuando pretende vibrar
las iras su brazo justo
le impide la Madre tierna
el incontrastable impulso,
como diciendo, suspende
el movimiento del pulso,
Hijo mío, que está opreso
por mí, el brazo a lo sañudo,
y yo no le desenlazo
sino a piedades que aduno,
pues soy de misericordias
centro grave, hermoso punto,
y tú en el cruento solio
de la Cruz, árbol robusto,
me hiciste de pecadores
tierna Madre, fiel refugio:
y es forzoso, hijo querido,
que no falte al atributo;
y si no, suspende el ceño,
como con mi empeño cumplo.
Mirad si con causa (¡oh ansias!)
en mis penas me confundo,
pues veo le ata la Madre
de rigores el impulso;
pues sé también que a una voz,
que de el hombre en su infortunio
la ofensa remite, oyendo
su contrito eco profundo
y más, cuando (¡qué rigores!)
aun María (¿tal pronuncio?)
en sus retratos ostenta
de las piedades lo sumo:
dígalo de esta Ciudad
el hermoso sacro bulto
de la Seo, en quien encuentra
por mi tormento, tan uno
el pedir, y conceder
que es uno del otro punto.
Luego, Príncipe, ¿ya en ti
se rinde el altivo orgullo?
Luego, ¿ya que contra Dios
fuiste opositor perjuro
se te olvida?
¿Luego porfías
ya tu altivez?
¿Qué os escucho?
¿Yo rendirme? ¿Qué decís?
¿Yo humillarme? Necio susto.
Cuando es imposible en mí
por decretos absolutos,
para que no lo humillado
me arrepienta del insulto,
pagando así eternamente
mi altivo arrojado impulso?
volved, repetid, volved,
con mi ceño siempre adusto,
mil millares de millares
(y aun es nada) a ver perjuros
rebeldes, y contumaces
contra Dios, contra ese bulto
de la Seo, contendiendo
contra su favor difuso.
Partid, pues, y no parezca
mas de vosotros ninguno,
si a la Guerra que os envío
de ella no traéis el triunfo.
Sepa, advierta, note, mire
de San Felipe el concurso
que favor, y daño obstentan
campal Batalla en un punto,
favoreciendo esa Imagen
y Luzbel dañando injusto.
Vuelan rápido
Pues obediencia, y precepto
sea en nosotros tan uno
que no distinga el que observa
cuál fue primero al asumpto.
Obstente la agilidad
en espíritus impuros
que no se perdió al perder
el mejor extremo suyo.
Y en anuncios del Trofeo
(volviendo al seno confuso
para disponer socorros
invisibles, para el triunfo)
vuelva avivando los ceños,
el Infernal canto adusto
sus tristezas repitiendo
con él todos mas sañudos.
mui Piano.
Tormentos &c.
Mutación de Selva, y un Pozo, cuyo brocal esté a raíz de la tierra, con algunas ramas, que como basculeando le descubran, y salen bailando, y cantando al compás de Dulzaina, y Tamboril, Antón, Calabaza, María, y Isabel, vestidos a la valenciana.
Viva viva lo alegre, del regocijo
que minora cansancios, de los caminos.
Ea fadrins, así
de festa vacha, pues miro
que la Ciudad está prompta
y en llegando, afora digo.
Vamos, que yo a la salud
del fruto de mi Marido
con él daré cuatro vueltas
ya que no pueda seis brincos.
Hija, que al trote has hecho
después que al Lugar venimos
de la Ciudad.
Calabaza
esto es andar al estilo;
que lo que se usa, no
se escusa, dijo mi Tío.
El uso de aquesa rueca
al mundo le ha perdido.
mes vacha de festa.
Vacha
prompte siga.
En el bullicio
yo no entro que voy deprisa
a traer este cestillo
a les monches del Portal
de ous, que encargo he tenido
de sor Gertrudis García,
y sentiré que a los brincos
se me quiebren, y me quede...
sin ous, no es este el dicho?
pues hija, no temas que
no te faltarán fresquitos
por que de ous yo tinc querida,
mas de un millar en un nicho
que les gallines els ponen
tots les dies, frescos, lindos.
Foc de Deu, y qué mentira.
Créelo, que yo lo afirmo
Marieta, y aun aquí
de aquellos traigo, cocidos,
un parell, y azúcar, para
dar la papa a mi chiquillo
Ea fadrins dexau
de raonar, y principio
dat a la festa;
Vostet
a dit bé.
Pues al proviso
vacha de festa, en loor
de nuestro supremo asilo.
Vacha, pues me puso buena
cuando tuve el tabardillo.
A mí me libró de ahogarme
cuando me caí en el río.
Sí, y yo que te ahogabas
socorro decía a gritos.
Y a mí me sanó un tumor
que tuve en este tobillo.
En lo que toca a tumores
ha estado plagado el tío.
Y vostet tío calabaza
no ha estat perdut de podrido.
sale el Demo.
Ea callen las comadres,
y vaya de regocijo...
Eso será si mi enojo
no os frustra vuestro bullicio.
por quien le hacéis, que me ofende
el culto, y aun lo sencillo.
Vaya, y cantaré a la Virgen,
una copla por principio.
Vaya al son de la dulzaina
y al compás del tamborcillo.
Mas aquesta sencillez
aumenta mis precipicios.
Virgen Madre de la Seo,
de nuestras penas alivio,
señora, favorecednos,
contra el común enemigo.
¡Víctor mil veces! Marieta
vaya a la salud dos brincos.
Tío Antón, conmigo acá,
con licencia de mi Niño.
Yo no sé, pero allá voy.
Yo con mil canas me arrisco.
Mejor relincho dijera
pues el alcácer ha olido.
¡Viva la Mau de la Seo!
Tocan y bailan, y a su tiempo cae María en el pozo, que será escotillón.
¡Viva, viva!
A ti martirio
así pagaréis.
¡Jesús!
Mau de la Seo, bien mío,
favorecedme.
Detente.
Baja Nuestra Señora en un balancín. Se adornará con ángeles, y los atributos calados, y iluminados.
Pobre mujer, yo te asisto,
que quien con fervor me llama,
no puede tener peligros.
¡Qué horror! ¡Qué pena! ¡Qué asombro!
¡Qué milagro! ¡Qué prodigio!
Ay que cayó Mariquita.
Tropezó, mas no ha caído,
que está en el pozo en el aire.
Socorrámosla.
Divino
auxilio me ampara, pues
suspensa estoy.
Mis auxilios
no faltan a quien me invoca
con fervor.
Estamos lindos,
Marica en el pozo, y todos
suspensos, viendo el prodigio.
Toma la mano.
A un tiempo sube la tramoya y etcétera.
¡Jesús,
qué favor tan peregrino!
¿Te has hecho mal?
¿Te has mojado
desde el fin, hasta el principio?
Nada tengo, buena estoy,
que acá el interior sentido
del alma, al pedir favor,
vio a la Virgen, que al prodigio
me socorrió.
¿Tú la viste?
Sí, señores, como he dicho.
El Padrón que está en el templo
ex pozo, indicia lo mismo.
Vamos a dar gracias.
Vamos.
A la Virgen.
Sí, y venimos
a tiempo que hay rogativa
para que riegue los trigos,
que está el campo seco.
Andallo.
¿Hay en nada su prodigio,
que a unos alivia mojando,
y a otros sin mojar, da alivio?
cierto Madre que sois vos
a gusto de nuestro pico.
Amic, la Mare de la Seo,
es toda, de todo auxilio.
¿Qué esto escuche?
la anem
Seo Vegeto Bigotillos,
espere que se ha de ir
con fiesta, baile, y bullicio
por darle al Diablo dos figas.
Pues toca, y al canto Amigo.
Este dé en la Cauera.
canta.
Pues va una copla al prodigio.
El Diablo quiso a María
hacerla Rana, en el Pozo,
y la Virgen, dijo, tente,
y quedó el Diablo hecho un Mono.
Vítor la Virgen; y el Diablo
lleve, al que no diga Vítor.
Vítor mil veces.
Entranse tocando y bailando y Calabaza, detiene a María, al entrar
Que sufran
este desprecio, mis bríos!
¡Ah Marieta!
¿Qué vols?
Óyeme este secretico,
que entre col, y col, lechuga
todo hortelano ha metido.
¿Cómo va de ous, Querida?
Aquí van en el cestillo.
Dígolo...
¿Por qué lo dice?
Por lo que he dicho, lo digo.
vase.
Anda cap de ru...
vase
Mejor
dijeras Borriquillo.
porque afilo las orejas,
tiro coces, y relincho....
¿Que esté oprimido mi impulso
por el de mayor dominio
para no volver ceniza
a cuantos me han ofendido?
Mas ¿qué me admiro, qué extraño,
cuando este afán es debido
a mi altivez, por opuesta,
al de la Seo Prodigio?
¡Oh Ciudadanos! y cómo
(aunque más esté encendido
vuestro celo en lo Devoto
del simulacro Divino)
no sabéis cuánto tenéis
en su bulto Peregrino.
pues (tolere lo devoto
si hay disonancia al oírlo)
la milagrosa piscina
remedio a todos peligros
tenéis en él, advirtiendo,
para admiración del siglo,
que si allá a impulsos del Ángel,
aquel piélago movido
antídoto universal
era, al general conflicto
de los dolientes, aquí
abriendo aquel cristalino
vidrio, que de su beldad
guarda el celeste prodigio
halla todo mal remedio
en su océano tranquilo;
pero ¿para qué recuerdo
lo que he de dar al olvido,
porque este al último fin
me dé lo que solicito?
vuelva mi enojo a sus ceños,
porque no lo difusivo
del acto, moleste, y traiga
mi vigor en él unidos
mis inminentes estragos,
aunque atropelle al unirlos
distancias del tiempo, que
en el numen, no es delito
(cuando es ostentar los casos)
la inversión al repetirlos,
ya penetrante mi vista
(que presenta los retiros
aun más distantes) advierte,
que a alcanzar el fiel rocío
de María, junto el pueblo
asiste en su domicilio;
que confiados le esperan
cuando exclama el eco pío.
Mutación de templo, en que se ve el Altar de Nuestra Señora y su imagen, gente de rodillas, dos frailes dominicos, uno de coro, y otro donado, y cantan.
Virgen Madre de la Seo
pues eres sacro rocío
de la sequedad y litio
líbrenos vuestro recreo.
echad vuestra bendición
a los campos por trofeos,
Virgen santa de la Seo
dadnos pues consolación.
Van parando nubes, y se finge llover
sale Rute muy alegre
Ya dio el favor, ya la lluvia
riega el campo.
víctor, víctor
la Madre de Dios de la Seo
de San Felipe Vecinos,
que ya la Plata está en casa.
De contento salto, y brinco:
que en abriendo la vidriera
nuestra Madre haga (¡qué lindo!)
de las suyas. ¡Gran milagro!
Devotos echadla un vitor.
Vítor la Virgen sagrada.
Milagro, milagro Amigos.
Vase.
Aplaudid con alegrías
el Portento, que adora impío
mi Ceño, entrará vengando
oprobios con que me incito.
Bajan los dos Ángeles y cantan a dúo
Oh que en vano previenes
el enojo, y la saña que mantienes
pues la beldad, a quien todo consagro,
añadirá Milagro a otro milagro.
Dúo
Caiga el Rocío.
Lluevan las Nubes
y en dulces riegos, cause sosiegos
la tempestad.
Pues que María.
Sol, Luz, y Guía,
es el anhelo, del fino Celo
de esta Ciudad...
repiten y se van
Aunque más mi mal expresen
mis temores aprehensivos
siga (atropellando el tiempo)
mi rigor lo ejecutivo.
Ahora, ahora confidentes
id formando en los recintos
del aire, Nubes que broten
dando el trueno su estallido
Globos de fuego que abrasen
de María el Domicilio
Pasan Nubes muy obscuras, y salen el
Religioso y Calabaza
Gracias a Dios que ya el campo
dará al Pueblo fruto ópimo.
Yo juzgo, aunque más produzca,
que no por aqueso el trigo
se ha de abaratar, pues Sastres
los Cosecheros impíos
por una anega te arrancan
a un Pobre los entresijos.
Calle, no sea mordaz
Como mordaz Padre mío,
mi Isabel, y yo, (que ha poco
que de la Llosa venimos
con otros de allá) compramos
a un cosechero maldito
una barrella, pero el
genovés, en lo bendito,
por moderata ganancha
medio por medio ha adquirido.
Si saldrá el Doctor Don Pedro
Pérez, que el ir es preciso
muy pronto a consolación
al convento donde asisto
de confesor, que Gertrudis
la novicia, está en peligro.
¿No es, padre, esa susodicha
cuñada del susodicho
sacerdote?
Sí.
Truenos.
Pues, padre,
a lo que yo he oído
del chirurgo, mi amigote,
mejor está, pues me dijo
circuncidará la parte
sin que haya allí circuncisos.
Pero, ¡ay, padre, qué tronazo!
¡Válgame el Manto, y Domingo!
Aún es poco.
Ave María.
Padre nuestro, que me birlo.
Volvamos al templo.
Vanse.
Se ve Rute en la torre tocando.
Vamos,
que aún allá está recogido
todo el pueblo. Rute, toca
esas campanas, por Cristo.
Truenos.
Se ve el templo como antes.
Acá estoy ya; hecha viviente
de la campana, racimo.
¡Cap de Deu! Y qué tronada...
Por la punta de Anna miro
que viene el Diablo nublado,
pero al badajo, y repico.
¡Oh, infame! ¿Quién te quitara
la vida?
Anda por el aire el gorro.
¡Qué torbellino!
El Diablo me lleva el gorro:
pero al badajo, y repico.
¡Piedad, Madre de la Seo!
Qué bien me suena el gemido.
Ahora, ministros, ahora,
caiga en globos desprendido
el fuego de mi alquitrán,
y todo arda encendido.
Cae dentro del templo un globo de fuego, revienta, esparciendo chispas, y da un gran trueno.
¡Jesús, qué rayo!
¡Jesús!
Pero al badajo, y repica.
Virgen Madre de la Seo
favorecednos.
¿Qué he visto?
Sale el Ángel, y cúbrese todo.
¿Qué has de ver bestia indomable
del oscuro laberinto,
sino es que Dios por María
los defiende.
Ya lo he visto,
confúndanme mis temores.
Antes para tu castigo
has de ver, que a todos llega
de María el patrocinio
cuando a la que pretendió
en Carcagente, de Cristo
ser esposa, y lo frustraron
inescrutables sus juicios,
porque la quiso casada,
y de bendición con hijo;
motivando en ella este,
y en su prudente marido
que el siglo menospreciando
fueren ambos (por su auxilio)
él, al aprisco de Mata,
de Guzmán ella, al aprisco.
Y así has de ver... pero ceso
que el efecto ha de decirlo.
Vuela.
¡Oh rigores! obedezca
vuestro furor, oprimido.
Vase.
Salen el Religioso, y el Dr. Pérez
Padre confesor, ¿no ha visto
del prodigio lo excelente?
No hay duda que es gran portento;
pues que ya aquel globo ardiente
precipitado, buscando
pábulo donde se cebe,
quedar suspenso en el aire,
y en él, violento romperse,
esparciendo en el espacio
del templo, la activa especie
de su compuesta, y dejar
los que lo vimos indemnes,
es maravilla, que admiro
por milagrosa.
Bien puede
lo acaecido acreditarlo,
y más cuando no se advierte
con verdad, cómo, o por dónde
el sacro templo penetre
pues indicio de su ruina
para esta acción no se infiere.
Ni aun en la que al dividirse
acaecer pudo, pues leve,
del artificio a los cuartos,
dañó solo; pero cesen
portentos, que el inquirirlos
más espacio y tiempo quiere.
Sí, Padre, pues los prodigios
no ignora, no, que se deben
dejar solo al que los hace
a que solo los penetre.
Ya deponga el argumento,
porque el afán de que pruebe
cada uno su idea, olvida
a veces lo reverente.
El acaecido prodigio
fue en el Alcázar luciente
de María de la Seo,
luego ¿quién, quién dudar puede
que su piedad ostentó
el efecto que acaece?
¿Quién podrá, calificando,
que defensora se ostente
de esta Ciudad y comarca
favores, que la defienden?
Si es admirable en sus Santos
el supremo Omnipotente
Dios, ¿qué será con María,
en quien difundidos tiene
los poderes de su gracia,
de su poder los poderes,
y tanto, que a ser posible,
que Dios de ser Dios cediere,
solo por su amor cediera
porque María lo fuere?
Ternezas de Hijo, y amante
¿qué no obligan? y en quien tiene
las perfecciones que incluyen
esos Once Orbes Celestes.
Cesemos de esas verdades
que a todos son evidentes,
y así Don Pedro, dejando
distancias tan eminentes
como hay de divino a humano,
sepa señor que me tiene
muy enternecido el caso
de Gertrudis.
¿A quién puede
reverendo Padre mío
piadoso no enternecerle,
cuando se espera divida
humano artífice, el leve
ramo del humano árbol
que el mismo tronco mantiene?
Su resignación al lance
admira.
¿Cuándo la pierden
en peligros las que Hijas
del grande Guzmán se ostenten?
Ilumina (no es pasión)
el blandón que el Can sostiene,
tanto las potencias, que...
ven lo mejor, aunque cieguen.
Son divinas ceguedades
perspicaces vistas siempre.
Por eso ella impelida
de tan visibles especies,
ha anhelado fervorosa,
que una medida le lleven
de esa beldad de la Seo,
en quien confiada, advierte,
que ha de lograr los alivios
en lo que triste parece.
De aquella luz resplandores
su fiel ceguedad impelen,
mas si es de la fe blasón
qué mucho que ella la ciegue.
Sí que con ella ve más;
que otro que lince la pierde.
Yo la medida la envié
confiado ciegamente
en la Mensurada, que
en tal zozobra la aquiete;
Y a mí también del cuidado
que me fatiga, al saberse
que por hallarse impedida
las religiosas resuelven
(aunque sentidas) que al siglo
vuelva.
Sí, he oído esa especie.
Salen María, Calaza, Isabel y el tío Antón
Padre vicario, mi amo
reverendo! una y mil veces
a vuesa reverendísima
beso desde el pie al copete
la capilla, el manto, y
escapulario.
Detente
loco: María, Isabel,
señor Antón?
¿Tío vegete?
¿Se van ya al lugar?
Se van;
pero por donde se fuesen.
Que hables así, donde lo oye
su reverencia merced.
Mujer del diablo, ¿qué dices
crítica de las de allende.
¿Conque al lugar vuelven?
Sí:
aunque ahora nos detiene
junto al convento, el saber
qué acaso le sobreviene
a sor Gertrudis García
pues dicen:
¿Qué te detiene?
que la cortan una pierna,
pues que no solo las tienen
las nueces, si no también
hombres, niños, y mujeres,
y aun frailes, y monjas.
Loco,
¿por qué, di, no han de tenerles?
Porque son con su licencia,
animales de otra especie.
¿Qué hablas?
Que son animales,
et probatur de esta suerte;
animal, est omnis vivens,
frailes, y monjas, vivientes
sunt (si en este mundo comen)
ergo infertur evidenter
que monjas, y frailes, sunt
animales, y el ribete
de otra especie, claro está,
pues no son del mundo gente.
¿Qué siempre has de ser bufón?
¿y lo racional?
Aqueso
extremo es el ribetico,
que eleva lo de la especie.
Señor Dotor, como he dicho
su merced pues me le enseñe
al nietecico, que quiero
sea Canonche.
Bien pueden
asegurarse será
un philosopho excelente.
Pues mire señor Dotor
que a mi Higito, me le tiene
de enseñar, aquello de
barbas, daxis, y celexem
que cuando caí en el río
ofrecí que cura fuere.
No lo dude.
Vanse.
Padre mío
vuesa reverencia quiere,
que a consolación volvamos
porque el cuidado me tiene
deseoso de saber
¿lo que a Gertrudis sucede?
Sí señor Doctor.
Vanse.
Pues todos
allá vamos...
Sig.
Vase, y sale el Demonio.
Llueve,
y éntrome acá que me mojo
el adagio decir suele.
¡Mas válgame Dios! Señores,
el Padre, y el Dotor Pérez,
¿y lo que sabrán de letras
sagradas? si no me miente
el discurso, sabrán tanto
como el burro de Juan Piernes.
Ya Luzbel, el precepto
que se impuso, obedece,
en su aprehensión mirando
lo que mirar su ceño nunca puede.
Entrar en el redil
me estorba aquel luciente
can, que el blandón oprime
que al cristiano rebaño brillos vierte.
Espere aquí el castigo,
o mejor, desespere,
pues ya la valla mide
la adalid que al favor fiel se previene.
Véase la celda de sor Gertrudis, esta, sentada en una silla, y una lega en pie, ambas vestidas de dominicas.
Amante Jesús mío,
esposo, a quien le debe
el alma con que alienta
el humano bajel, que el golfo impele.
A ti dueño, mi amor solo,
ya el plazo llega breve,
en que al dolor que siento
más cruel el remedio le acreciente.
Valedme, amores míos,
Divino Dios, valedme,
y el mérito al lograrlo
os sirva este dolor, que desfallece.
Guzmán amado padre,
por mí abogad al verme
implorar tierna hija,
favores que alcanzar del que los puede.
Vicente, Luis, paisanos,
cómo el amor no os mueve
de la que fiel patricia
con fraternal amor el vuestro anhele?
Peligros de la vida
me amenazan crueles,
vigilad, no se pierda
la mejor parte que al dueño se le debe.
Sacratísima madre,
centro de todos bienes,
blanco de todo afecto,
esfera donde acude quien bien quiere.
A vos madre me acojo,
madre apacible eres
de pecadores, esta
hija indigna, señora, se os ofrece.
Socorredme piadosa,
no estorbe un accidente
que del más sacro esposo,
esposa no se aplauda, la esposa que le quiere.
El alma en este lazo
señora fiel se estreche
la gloria de este enlace
mis continuos anhelos hoy sosieguen.
Señora de la Seo
en quien vincula y tiene
remedio todo el daño,
hállele el mío en vos, pues darle puedes.
Norte del que naufraga,
Puerto seguro siempre,
Triaca de la vida
pues la disteis al mundo que adolece.
Favor, Señora, os pido
si alivios me convienen;
mas ¡ay! que mis pecados
vuestro oído piadoso hoy ensordecen.
Señora, a mí me pesa,
pésame una, y mil veces,
que a vos, y a vuestro Hijo
ilusa, necia, ciega así ofendiere.
Misericordia, Madre,
piedad, piedad, no llegue
a perder esta alma,
y pierda el cuerpo la parte que fallece.
Hermana, ¿qué es aqueso?
sosiéguese, sosiegue
que aquí está la medida
de la Madre que el bien da a todo.
Dale una Medida de N. S. de la Seo.
Hace que ata la Medida con honestidad.
se duerme
Llegue:
Medida soberana
de quien medir no pueden
inmensas estaturas
que inmensa gracia, incluyen excelentes.
Llega y oprime el mármol
de este edificio débil,
sostiene: mas ¿qué es esto
que el sueño los sentidos entorpece.
Sosiéguese Hermanita,
mas ya la Hermana duerme,
pues yo también mis lomos
entrego a estas literas que me mecen.
échase, y duerme
¡Oh cruel castigo, que así
mi altivez a esto sujetes!
mas ¿qué es esto? hurta la vista
lo que ciega ver no puede.
Vase, baja Tramoya con una Niña vestida, como N. S. de la Seo, y Ángeles que cantan a Dúo.
Descansa, descansa.
Sosiega, sosiega.
Pues tu fe y tu anhelo
le paga ya el Cielo
de aquesta beldad.
Y así en quieta calma.
Y así en fiel sosiego.
Tu pecho respire
No, no, no delire,
que ya alienta, ya.
Hija, sosiega, descansa,
pues mi grande patrocinio
te asiste, que a mis devotos
nunca en su aflicción olvido,
y a ti, hija, por tu anhelo,
por el fervor encendido
con que esposa ser deseas
de mi amado, tierno Hijo,
con agradable fineza
te favorezco, pues miro
que hija mía eres dos veces, para
místicos cariños,
una por mujer, y otra
por esposa del bien mío,
y esmero yo mis afectos
con las esposas de Cristo;
séle fina, y queda en paz
con tu esposo, en quien respiro.
Baja la Virgen, la toca y vuelve a subir, y en tanto cantan
Orbes, aplaudid alegres
que este celestial Prodigio
sacra Virgen de la Seo
es el Iris Setavino.
Despierta Gertrudis
Qué alivio tan soberano
en mis sueños he tenido,
pues el alma que no duerme
me pareció que había visto
a la Reina de los Cielos
en la forma del divino
simulacro de la Seo;
mas ¡ay Dios! y ¡qué prodigio!
¡Yo estoy buena! Hermana, hermana.
¿Qué me quiere? ¡Sueño lindo! Despierta.
Referirlo aun no sabré.
Ya estoy buena, y se lo afirmo.
¿Qué dice? Que me parece
es sueño.
Da unos pasos
Buena estoy, digo,
que en él, con el alma, vi
que de la Seo el Prodigio,
tocándome, me sanó.
Mire cómo ando...
A decirlo
voy por el convento todo;
¡Milagro, milagro, grito!
Vase dando voces
Vase.
Yo a la Iglesia a dar voy gracias
al Padre, a la Madre, al Hijo...
Sale toda la compañía
¡Milagro, milagro, Madres!
¿Qué será esto?
Que el Curiangrio
habrá hecho ya de las suyas.
Qué lástima...
Sale el doctor.
Regocijo
diréis mejor, pues Gertrudis
por el soberano auxilio
de la Virgen de la Seo
sana está.
¿Quién se lo ha dicho?
La portera.
Pues librose
de una y buena.
A referirlo
vamos al pueblo.
Primero
falta aquí el Laudetur Christus.
Pues devotos, encended
de vuestro fervor lo activo
dando por tantos favores
para la obra.
Cumquibus.
Y que al ignorante ingenio
perdonen que tan conciso
a un mar de milagros, haya
sondeado en algo.
Sí oímos.
Con la música,
Orbes, aplaudid alegres
el que el celestial prodigio
sacra Virgen de la Seo
es el Iris Setavino.
Acabe a un tiempo, voces, música, y tramoya