Susana
Protagonista de la obra, hija de Elcías y esposa de Joaquín; destaca por su hermosura y, sobre todo, por su firme honestidad frente a la amenaza, la calumnia y la condena injusta.
Luis Vélez de Guevara
تاريخ نشر الملخص: 18 يونيو 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Babilonia, durante el cautiverio hebreo bajo Nabucodonosor, Susana se casa con Joaquín mientras la corte del rey se ocupa de sus bodas con Sofonisba y de la organización política de los judíos desterrados. En el jardín de la casa de Joaquín, los jueces Acab y Sedequías intentan forzar a Susana, y al ser rechazados la acusan falsamente de adulterio, de modo que la joven es condenada a muerte pese a su defensa y a la incredulidad de su familia. Cuando Susana va a ser ejecutada en la plaza pública, Daniel demuestra mediante un interrogatorio separado que los dos ancianos mienten, la inocente queda libre y los falsos jueces son castigados por su abuso y su falso testimonio.
La obra sitúa su acción principal en Babilonia durante el cautiverio del pueblo judío bajo Nabucodonosor. Al comienzo, el rey recibe con gran aparato a Sofonisba, reina de las amazonas, que le propone matrimonio y alianza política; Nabucodonosor acepta y celebra sus bodas, mientras se presenta también la situación de los hebreos desterrados. Entre ellos destaca Elcías, anciano respetado, cuya hija Susana es celebrada por su extraordinaria hermosura y, sobre todo, por su honestidad. Joaquín, rico hebreo del linaje de Judá, solicita casarse con ella, y Elcías accede, confiando en la virtud de su hija y en la nobleza del pretendiente. Paralelamente, el pueblo hebreo elige como jueces a dos ancianos, Acab y Sedequías, con confirmación del rey. En otro episodio decisivo, Nabucodonosor intenta forzar a Elcías a entregar a Susana como concubina, pero este defiende con firmeza el honor y la sangre de su hija; la violencia del rey se interrumpe por la aparición del joven profeta Daniel, que reprende al monarca, protege a los hebreos y anuncia implícitamente una autoridad superior a la del poder terreno.
Tras la boda de Joaquín y Susana, la nueva esposa vive recogida en la casa y jardín de su marido, espacio de dicha conyugal y de aparente tranquilidad. Sin embargo, Acab y Sedequías, ya constituidos en jueces del pueblo hebreo, se dejan arrastrar por el deseo al contemplar a Susana y reconocen en secreto la pasión desordenada que ambos sienten por ella. Aprovechando una ocasión en que Joaquín está ausente, los dos viejos permanecen escondidos en el jardín mientras Susana, acompañada al principio por sus criadas, se dispone a bañarse. Cuando queda sola, irrumpen y le exigen que ceda a sus deseos, amenazándola con acusarla falsamente de adulterio con un joven si se resiste. Susana, cercada por una elección trágica entre la deshonra y la muerte, decide no pecar y confiar en Dios, aun sabiendo que la calumnia puede perderla. Los viejos dan voces, convocan a los demás y, abusando de su autoridad judicial, la declaran culpable. Elcías, Joaquín y los criados reaccionan con estupor e incredulidad, pero la condición de jueces de los acusadores da fuerza pública a la mentira; Susana es prendida, procesada y condenada a morir apedreada, mientras su padre y su marido oscilan dolorosamente entre la confianza en su inocencia y el peso social de la acusación.
El desenlace une el proceso de Susana con la crisis religiosa y política de Babilonia. Daniel interpreta para Nabucodonosor el sueño de la estatua de diversos metales, explicando la sucesión de imperios y el futuro reino del Mesías; pese a ello, Sofonisba impulsa al rey a exaltarse como divinidad, levantar una estatua y exigir adoración universal, en un clima de soberbia pagana que agrava el contraste con la justicia de Dios. En la plaza pública, Susana es conducida al suplicio entre el llanto del pueblo, de Elcías y de Joaquín, y mantiene hasta el final su inocencia. Cuando parece inminente la ejecución, Daniel interviene en nombre de Dios y reclama un nuevo examen. Separa a los dos jueces y pregunta a cada uno bajo qué árbol vieron el supuesto adulterio; Acab responde una cosa y Sedequías otra, contradiciéndose de manera concluyente. Queda así demostrada la falsedad del testimonio, Susana es declarada libre y ejemplo de castidad perseguida, y los dos viejos reciben la pena correspondiente por su calumnia. Nabucodonosor reconoce la autoridad de Daniel y lo retiene en su casa para el gobierno del reino, mientras Elcías y Joaquín recuperan con júbilo a Susana y la obra concluye con la reivindicación de la inocencia, la justicia divina y el castigo del abuso de poder.
Protagonista de la obra, hija de Elcías y esposa de Joaquín; destaca por su hermosura y, sobre todo, por su firme honestidad frente a la amenaza, la calumnia y la condena injusta.
Joven profeta del Dios de Israel que protege al pueblo hebreo, interpreta el sueño de Nabucodonosor y salva a Susana al descubrir la contradicción de los falsos testigos.
Hebreo noble y rico del linaje de Judá, esposo de Susana; su felicidad matrimonial se quiebra por la acusación y acompaña dolorosamente el proceso hasta la vindicación final.
Padre de Susana, anciano respetado entre los hebreos cautivos; concierta el matrimonio de su hija, defiende su honor y sufre de manera intensa durante el juicio y la sentencia.
Uno de los dos jueces del pueblo hebreo; movido por el deseo hacia Susana, participa en la tentativa de violencia y en la falsa acusación que provoca su condena.
El otro juez hebreo implicado en la trama contra Susana; comparte con Acab la pasión desordenada, la amenaza y el falso testimonio que Daniel desenmascara.
Rey de Babilonia, vencedor de Jerusalén y señor de los cautivos; interviene en la confirmación de jueces, desea inicialmente a Susana, escucha a Daniel y al final acepta su autoridad.
Reina de las amazonas y esposa de Nabucodonosor; su presencia refuerza el marco cortesano babilónico y participa en la exaltación del poder del rey y de su idolatría.
Marco general de la obra y ciudad del cautiverio hebreo, donde confluyen la corte de Nabucodonosor, la vida de los desterrados y el conflicto entre poder pagano y fe de Israel.
Espacio doméstico central de la acción, primero asociado al matrimonio y la felicidad conyugal, y después escenario del baño de Susana, de la agresión de los viejos y del origen de la calumnia.
Espacio público donde se hace visible la sentencia contra Susana y donde Daniel interviene para invertir el proceso y revelar la verdad ante todos.
Lugar de audiencias, bodas regias, consultas políticas y decisiones judiciales, además de escenario de la interpretación del sueño y de la afirmación soberbia del poder real.
Espacio ausente pero constantemente evocado por los hebreos cautivos como patria perdida, referencia de su identidad y horizonte de liberación.
La obra se centra en la defensa de Susana, cuya virtud es sometida a violencia, sospecha pública y condena, pero finalmente queda reconocida.
Acab y Sedequías abusan de su cargo de jueces para convertir su deseo en acusación legal, mostrando cómo la autoridad puede pervertirse cuando falta integridad moral.
Cuando la justicia terrena falla, la intervención de Daniel manifiesta que Dios conoce los secretos, protege al inocente y castiga a los culpables.
La acusación contra Susana afecta no solo a la protagonista, sino también a Elcías y a Joaquín, que viven la posible deshonra como una crisis personal y social de enorme gravedad.
La acción se desarrolla entre judíos deportados en Babilonia, y la memoria de Jerusalén, la organización interna del pueblo y la espera del Mesías forman parte constante del trasfondo dramático.
La figura de Nabucodonosor, alentada por Sofonisba y contrastada con Daniel, muestra la tendencia del poder imperial a absolutizarse y exigir adoración.