La obra comienza con la llegada a la corte de Aragón de dos hidalgos jóvenes, don Bernardo de Cabrera y don Lope de Luna, decididos a buscar fortuna al servicio del rey don Pedro. Bernardo, catalán e hijo de Sancho de Cabrera, aspira a continuar los servicios de su linaje; Lope, leonés e hijo de don Martín de Luna, se presenta como un noble valiente pero perseguido por la mala fortuna. Ambos sellan una amistad ejemplar y se acompañan de sus respectivos criados, entre ellos el gracioso Lázaro. En el palacio, mientras el rey aparece distraído por su pasión por Leonora, dama cercana a la infanta Violante, concede a Bernardo un puesto en su cámara al reconocer el nombre y servicios de su padre. Poco después llega la noticia de una nueva rebelión en Cerdeña, y el rey ordena a Bernardo que se prepare para la campaña. Al mismo tiempo, la vista de la infanta Violante despierta en Bernardo un amor inmediato, mientras en el entorno femenino del palacio también surge interés por él: la propia infanta empieza a fijarse en su figura, y Leonora y otras damas observan su ascenso con atención.
En el desarrollo de la primera y segunda jornada se cruzan dos líneas de acción: la fortuna política de Bernardo y la desdicha amorosa y cortesana de don Lope. Antes de partir, Bernardo declara imprudentemente su inclinación por la infanta a Leonora, quien lo induce a escribir un papel amoroso; sin embargo, la mediación se enreda, y Violante, enojada por no verse preferida, acaba revelándose de manera equívoca y contribuye a que Bernardo comprenda que su amor es imposible o, al menos, no correspondido de forma clara. Paralelamente, en la campaña de Cerdeña y después en la guerra naval contra Génova, Bernardo obtiene grandes victorias, pero al narrarlas al rey atribuye generosamente buena parte de la gloria militar a don Lope, cuya valentía e ingenio resultan decisivos en ambas empresas. Mientras Bernardo es colmado de mercedes —conde, almirante, mayordomo mayor y ayo del príncipe—, Lope sigue sufriendo reveses: el rey lo sorprende escribiendo a Leonora, interpreta el hecho como traición por tratarse de la mujer que él mismo pretende y manda prenderlo. Aunque luego queda libre, continúa marginado del favor real, aun cuando su amigo intenta interceder por él y comparte con él bienes y honras con lealtad extraordinaria.
La tercera jornada muestra el punto culminante de la prosperidad de Bernardo y el desenlace de los enredos amorosos. Recibido triunfalmente en Zaragoza tras la victoria naval, Bernardo vuelve a ocultar modestamente el nombre del soldado que arrebató el estandarte enemigo y derribó al general genovés, aunque todos acaban entendiendo que se trata de Lope. El rey, sin advertirlo en un primer momento, sigue colmando a Bernardo de nuevas dignidades. En paralelo, Lope vive engañado por una intriga nocturna: cree que la infanta lo ama y que se casará con él, pero después descubre que la cita amorosa y los billetes procedían en realidad de Dorotea, dueña de la infanta, que buscaba atraerlo para sí. Desengañado y desesperado, llega a pensar en retirarse del mundo. Finalmente, una relación escrita sobre las campañas de Cerdeña y Génova hace visible ante el rey el verdadero mérito de Lope, y don Pedro reconoce su error. A la vez, organiza los matrimonios que deben restaurar el orden cortesano: Leonora ha de casarse con el conde de Ribagorza, Violante con don Bernardo de Cabrera y, de manera probable según el pasaje final, don Lope de Luna queda destinado a casarse con Dorotea. Así concluye la comedia con la consolidación de la fortuna de Bernardo, el reconocimiento tardío del valor de Lope y la resolución matrimonial de los conflictos de amor, honra y privanza en la corte aragonesa.