Lucrecia
Protagonista de la comedia, dama española enamorada de Osorio que, para defender su honor y salvar a su amante, actúa con gran ingenio bajo múltiples disfraces, entre ellos el de don Pedro de Soto.
Juan Bautista Diamante o Juan Pérez de Montalbán o José de Cañizares
تاريخ نشر الملخص: 18 يونيو 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Nápoles virreinal de la guerra y el honor, Lucrecia sigue a Osorio desde España, descubre sus amores con Laura y ve cómo una riña callejera por esa dama acaba con el barón de Rocafeliz herido y con Osorio preso en Castel Novo. Para salvar a su amante y averiguar la verdad, Lucrecia permanece clandestinamente en Nápoles y, bajo sucesivos disfraces de criado, soldado, gitano, ciego y caballero llamado don Pedro, recupera dinero, engaña a Laura, libera a Osorio y prepara la restitución de su propio honor. En el desenlace, ante el virrey y los principales implicados, Lucrecia revela sus engaños, prueba que Osorio le debe matrimonio, logra que Laura quede para Octavio y obtiene finalmente la mano de Osorio, quedando recompensada su constancia.
La acción comienza en Nápoles, adonde han llegado Lucrecia y el capitán don Fernando Osorio, a quien ella ama y con quien parece haber salido de España bajo palabra de matrimonio. Osorio se muestra desde el principio como soldado valeroso pero también como hombre disipado, jugador y poco constante, mientras su criado Mochila enumera con tono burlesco las prendas y bienes que su amo ha ido malvendiendo. En medio de una escena de celos, Lucrecia descubre indicios de una relación de Osorio con Laura, pues aparece un retrato de esa dama y enseguida llega un mensaje del conde Octavio Farnesio: enamorado secretamente de Laura y perseguido por el virrey, pide a Osorio que, cobrando dinero para el galanteo, la corteje en su nombre y la defienda frente al barón de Rocafeliz, rival amoroso. Osorio acepta, en parte por obligación caballeresca y en parte porque reconoce que la Laura del retrato es la misma dama napolitana que ama en secreto. Lucrecia, herida por la sospecha, decide vigilar. Poco después, en la calle, el barón aborda a Laura; Osorio interviene con violencia, se produce una pelea y el inglés cae gravemente herido. El virrey, don Gonzalo Fernández de Córdoba, acude al lugar, aprecia el valor de Osorio pero, para guardar el orden público y la honra comprometida, manda prenderlo en Castel Novo. Además, creyendo que la dama implicada es Lucrecia, ordena buscarla para enviarla de vuelta a España. Ante esta amenaza, Lucrecia finge partir, pero en realidad resuelve permanecer en Nápoles disfrazada para asistir a su amante preso, averiguar la verdad sobre Laura y defender simultáneamente su amor y su honor.
En la segunda jornada, Lucrecia despliega una compleja red de disfraces y engaños que justifican el título de la obra. Se introduce en el hostal de Maestro Felipe transformada en Perico, mozo de mesón, y allí gana la confianza de Liseta, hija del mesonero, que se enamora de ella creyéndola hombre y le ofrece incluso matrimonio. Desde ese nuevo puesto, Lucrecia intercepta noticias decisivas: sabe que el barón ha muerto finalmente, con lo que la situación de Osorio se agrava, y también logra recuperar, mediante una burla en la oscuridad, el dinero que Mochila había hurtado a su amo. Después, adoptando traza de gitano y acompañado por otros fingidos gitanos, entra en casa de Laura y, mediante supuestas artes adivinatorias, la incita a los celos al insinuarle que existe una dama española unida a Osorio, además de anunciarle la llegada por mar de otro enamorado, don Pedro de Soto, supuesto hermano de esa dama. Paralelamente, Lucrecia consigue acceso a la prisión como soldado y, aprovechando la oscuridad y un equívoco con una licencia del virrey, libera a Osorio y queda ella misma encerrada en su lugar por unas horas, hasta que otra confusión hace que el propio virrey, creyendo sacar al preso, termine facilitando sin saberlo la fuga de Lucrecia. A partir de entonces, la protagonista adopta definitivamente la identidad masculina de don Pedro de Soto y Meneses, hermano de sí misma, con la que podrá moverse como caballero sin levantar sospechas inmediatas.
En la tercera jornada, ya convertida en don Pedro, Lucrecia se instala con autoridad en el mismo mesón y maneja a Liseta, a los criados y hasta a Mochila, que entra a su servicio sin reconocerla del todo. Cuando Osorio acude a buscar noticias de quien lo socorrió, el falso don Pedro se le presenta como hermano de Lucrecia y le muestra una carta en la que la dama recuerda que viajó a Nápoles fiada de la palabra matrimonial de Osorio y que su hermano trabaja para asegurar su libertad y concertar bodas que restituyan el honor de todos. Osorio reconoce entonces que no puede negar la obligación contraída con Lucrecia, aunque sigue enamorado de Laura. Al mismo tiempo, Laura, informada por Juana y por los engaños previos del gitano, recibe al supuesto don Pedro, queda sorprendida por su extraordinario parecido con Lucrecia y acaba confesando que el virrey quiere casarla con Osorio para salvar su reputación. Don Pedro le asegura entonces que Osorio ya está casado con su hermana y le promete probarlo. El virrey reúne finalmente a los implicados para forzar la boda entre Laura y Osorio, pero Lucrecia irrumpe primero como don Pedro y enseguida revela su verdadera identidad. Explica uno por uno sus disfraces de mozo, soldado, gitano, ciego y caballero, presenta la sortija, la licencia y el papel del conde como pruebas de cuanto ha sucedido, y muestra que actuó siempre para conservar su honor, auxiliar a Osorio y desenredar la confusión. A la vista de ello, el virrey reconoce la legitimidad de su causa: restituido ya el honor de Laura, ordena que ella se case con el conde Octavio, mientras Osorio, obligado por su antigua palabra y por la deuda moral contraída, da la mano a Lucrecia. Liseta queda compensada con promesas económicas, Mochila se ve libre del castigo temido y la comedia concluye celebrando los ingeniosos engaños de la protagonista, identificados expresamente con los de Pedro de Urdemalas.
Protagonista de la comedia, dama española enamorada de Osorio que, para defender su honor y salvar a su amante, actúa con gran ingenio bajo múltiples disfraces, entre ellos el de don Pedro de Soto.
Capitán español valeroso pero inconstante, jugador y enamorado de Laura, cuya palabra previa con Lucrecia y cuya prisión provocan el núcleo del conflicto dramático.
Dama napolitana amada por Osorio y por el conde Octavio, alrededor de cuya honra se desencadenan los duelos, los celos y la solución final del enredo.
Noble enamorado de Laura que encarga a Osorio cortejarla en su nombre y termina siendo el esposo dispuesto para restaurar su honor en el desenlace.
Máxima autoridad política y militar en Nápoles, encargado de imponer justicia tras la muerte del barón y de ordenar las bodas que resuelven el conflicto.
Criado de Osorio, cobarde y cómico, implicado en deudas, hurtos y engaños, cuya conducta sirve de contrapunto burlesco a la acción principal.
Hija del mesonero Maestro Felipe, enamorada del falso Perico, útil para los planes de Lucrecia mientras esta se oculta en el hostal.
Criada y confidente de Laura, mediadora en varias escenas amorosas y testigo importante de los engaños urdidos por Lucrecia.
Rival amoroso de Osorio por Laura; su enfrentamiento con el capitán desemboca en la herida y muerte que agravan el conflicto judicial y de honra.
Marco general de la acción, ciudad virreinal italiana donde convergen los personajes españoles y napolitanos, y donde se desarrollan los conflictos de amor, honra y justicia.
Espacio clave del enredo y de la comicidad, donde Lucrecia se disfraza de mozo, organiza varios engaños y controla información decisiva sobre Osorio y Laura.
Prisión de Osorio tras la pelea con el barón, lugar fundamental para las escenas de riesgo, el disfraz de soldado y la fuga preparada por Lucrecia.
Ámbito del cortejo amoroso y de los celos, donde acuden el barón, Octavio, los falsos gitanos y el supuesto don Pedro, y donde se decide parte de la solución final.
Espacio de tránsito donde se producen encuentros, seguimientos, desafíos y la riña en que el barón resulta mortalmente herido.
Espacio adoptado por la protagonista en la tercera jornada para consolidar su ficción como caballero y enfrentarse a Osorio desde una posición de aparente autoridad masculina.
La acción gira sobre todo en torno a la necesidad de que Lucrecia vea reconocido el compromiso matrimonial de Osorio y recupere el honor puesto en peligro por su conducta.
La protagonista resuelve el conflicto mediante una sucesión de disfraces y ficciones que le permiten circular por distintos espacios sociales y controlar la información.
Las relaciones entre Lucrecia, Osorio, Laura y Octavio muestran amores cruzados, sospechas, cambios de lealtad y reacciones extremas provocadas por los celos.
La intervención del virrey y la amenaza de castigo tras la muerte del barón subrayan la dimensión política y judicial del conflicto amoroso.
Frente a la pasividad que cabría esperar, Lucrecia actúa con decisión, diseña planes complejos y conduce por sí misma el desenlace.
Junto al drama de honra de los principales, la obra incorpora un plano cómico a través de Mochila, el mesón, Liseta y los juegos verbales vinculados a los disfraces.