María
Figura central del auto y procuradora de los hombres fieles; solicita que sus devotos sean reconocidos y premiados como hijos suyos.
Lope de Vega Carpio
تاريخ نشر الملخص: 18 يونيو 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un ámbito celestial e intemporal, la Virgen pide ante el Padre eterno que los fieles justos sean reconocidos como hijos suyos, mientras Luzbel lo impugna alegando el pecado del hombre. El pleito se desarrolla como una audiencia alegórica en la corte del cielo, donde se aducen el bautismo, la penitencia y los méritos de santos y devotos, entre ellos san Bernardo, santa Catalina y probablemente otros servidores eminentes de María. La sentencia confirma el privilegio pedido, exalta la devoción mariana y culmina con la victoria sobre el demonio, especialmente asociada al rosario como insignia y arma espiritual de los hijos de María.
El auto presenta una acción alegórica situada en un tribunal celestial convocado para decidir si ciertos hombres pueden recibir el nombre de hijos de María. La Virgen comparece como procuradora de los fieles y pide al Padre eterno que premie a sus devotos y declare legítimo ese título, fundándolo en el amor divino y en la dignidad singular de quien es a la vez hija, esposa y madre en relación con Dios. Frente a ella se alza Luzbel como fiscal del género humano: sostiene que María no puede tener más hijo que Cristo y que los hombres, por nacer en pecado original y recaer además en culpas propias, no son dignos de llamarse hijos suyos. La escena se ordena como una audiencia solemne, con intervención de figuras celestiales como san Pedro, el ángel custodio y otros ministros del consistorio divino, que leen peticiones, memoriales y decretos.
En el desarrollo del pleito, la parte favorable a los hombres responde a las objeciones del demonio con argumentos doctrinales y jurídicos propios del auto sacramental. Se afirma que el bautismo borra el pecado original, que la confesión y la contrición restituyen la gracia al pecador arrepentido y que, por la pasión de Cristo, los hombres pueden recobrar dignidad espiritual y acceso a la gloria. A partir de ese principio general, se presentan ejemplos concretos de quienes han merecido con especial claridad el nombre de hijos de María. El texto conservado destaca sobre todo a san Bernardo, alabado por su devoción mariana, su vida virtuosa, su doctrina y su defensa de la fe, y a santa Catalina de Alejandría, descrita como virgen sabia, esposa de Cristo y vencedora de herejes y del dragón infernal. También se alude, aunque con menor desarrollo y a veces de manera fragmentaria, a san Juan Evangelista, al apóstol Santiago, a san Francisco y a los devotos del rosario, todos ellos integrados en una comunidad espiritual amparada por la Virgen.
La sentencia final se inclina decididamente contra Luzbel. El Padre eterno confirma que quienes viven en virtud, se acogen a los remedios sacramentales y perseveran en la devoción a María pueden gozar del premio y del título pedido. María da gracias por la merced alcanzada y los santos o devotos comparecientes son reconocidos como hijos suyos, cada uno según los méritos que el proceso ha hecho valer. En el tramo último cobra especial relieve el rosario, presentado incluso por un galán devoto con sus insignias, como arma espiritual eficaz contra el dragón infernal y como señal visible de pertenencia a María. El desenlace convierte la audiencia en celebración: el demonio queda vencido, se ensalza el honor de la Virgen y se proclama que los hijos de María, especialmente los del rosario, triunfan con su amparo en la lucha contra el mal.
Figura central del auto y procuradora de los hombres fieles; solicita que sus devotos sean reconocidos y premiados como hijos suyos.
Fiscal y antagonista principal; se opone a la pretensión de María y acusa a los hombres de indignidad por el pecado original y las culpas personales.
Juez supremo del consistorio celestial; escucha el pleito, valora los argumentos y dicta la sentencia favorable a María y a sus devotos.
Uno de los principales testigos o pretendientes al título; aparece como gran devoto de la Virgen, modelo de virtud y defensor de su honra.
Virgen y esposa de Cristo que comparece para sostener su derecho al nombre de hija de María por su pureza, sabiduría y firmeza frente a los enemigos de la fe.
Ministro del tribunal que ordena la audiencia, lee escritos y da fe de las informaciones presentadas.
Portero o ministro del tribunal celeste; participa en la disposición de la audiencia y se asocia además al poder de absolver al pecador arrepentido.
Figura representativa de quienes rezan la corona mariana; en el desenlace encarna de forma visible a los hijos de María vinculados al rosario.
Espacio principal de la acción; en él se celebra la audiencia donde se debate y decide jurídicamente la filiación mariana de los fieles.
Centro solemne del tribunal, ocupado por la majestad divina y asociado a la autoridad desde la que se pronuncia la sentencia.
Ámbito escénico inmediato en el que se ordenan asientos, papeles, memoriales e intervenciones de los personajes alegóricos.
Espacio evocado como lugar de caída y esclavitud de Luzbel y de condenación del pecado, contrapuesto al amparo celestial de María.
Marco inferido de las vidas ejemplares de santos y devotos, donde se practican la virtud, la penitencia y la devoción del rosario que luego son juzgadas en el cielo.
La obra gira en torno a la posibilidad de que hombres santos o devotos reciban verdaderamente el nombre de hijos de María por gracia, amor y mérito espiritual.
María actúa como defensora y mediadora de sus fieles ante el tribunal divino, pidiendo para ellos honra, protección y premio.
El conflicto se apoya en la oposición entre la acusación del pecado y los remedios del bautismo, la confesión y la pasión de Cristo, que restauran al hombre.
Luzbel intenta impedir la exaltación del hombre y de la Virgen, pero acaba vencido por la justicia divina y por las armas espirituales de los fieles.
El rosario aparece como práctica privilegiada de pertenencia a María y como instrumento eficaz para combatir al enemigo infernal y obtener su favor.
Las figuras de san Bernardo, santa Catalina y otros personajes muestran mediante su vida y sus méritos cómo se hace visible esa relación filial con la Virgen.