Jezabel
Reina de Israel y esposa de Acab, hija del rey de Sidón; impulsa el culto de Baal, persigue a los profetas, intenta seducir a Nabot y maquina su muerte, encarnando el poder tiránico que domina la casa y el reino.
Tirso de Molina
تاريخ نشر الملخص: 18 يونيو 2026
تنبيه
فيما يلي ملخص آلي غير مُراجع للعمل، أُنشئ باستخدام ChatGPT (النموذج 5.4) انطلاقًا من النص المتاح. قد يتضمن أخطاء وسهوًا. إذا لاحظت مشكلات أو تناقضات، فنرجو التواصل معنا لإدراج التحديثات.
صيغة استشهاد مقترحة
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En el Israel bíblico de Acab y Jezabel, con acción principal en Samaria, Jezrael y el monte Carmelo, la reina impone el culto de Baal, persigue a los profetas y somete políticamente al rey. Nabot, vecino de Jezrael, rechaza tanto las proposiciones deshonestas de Jezabel como la venta de su viña a Acab, y la reina consigue su muerte mediante una acusación falsa y un apedreamiento judicial. Tras la sequía anunciada por Elías y los castigos que alcanzan a la casa real, Jehú mata a Jorán, entra en Jezrael y ordena despeñar a Jezabel, con lo que se consuma la venganza de Nabot y la restauración del orden religioso y político.
La acción se sitúa en el reino bíblico de Israel, con centros principales en Samaria y Jezrael, bajo el gobierno del rey Acab y de su esposa Jezabel, hija del rey de Sidón. Desde el comienzo se presenta una relación política y amorosa marcada por el dominio de Jezabel sobre el rey. Ella rechaza someterse plenamente a su marido mientras Israel no abandone el culto del Dios de Sión para adorar a Baal, y Acab, rendido a su voluntad, ordena altares, templos y bosques sagrados para el nuevo culto, además de la persecución de los profetas fieles a la antigua ley. Frente a esta situación se alzan personajes piadosos como Raquel y Nabot, matrimonio ejemplar de Jezrael, que condenan tanto la idolatría como la deshonestidad moral que asocian al culto de Baal. Jezabel manda llamar a Nabot al jardín real y, fingiendo primero dormir y después recurriendo a insinuaciones más claras, intenta seducirlo y apartarlo de su fidelidad a Dios, al rey y a su esposa. Nabot rechaza con firmeza tanto la idolatría como el adulterio, y Jezabel, humillada, amenaza vengarse. Poco después el profeta Elías irrumpe ante los reyes y anuncia un castigo divino: mientras no se arrepientan, el cielo se cerrará y sobrevendrá una gran sequía.
La segunda parte desarrolla las consecuencias de esa profecía. Durante tres años el reino padece hambre y esterilidad, sufrimiento que afecta tanto a la corte como al pueblo y que se representa también mediante escenas de pastores y personajes rústicos. Mientras tanto, Abdías, mayordomo del rey pero fiel en secreto al Dios de Israel, protege a cien profetas escondidos. Elías permanece oculto y es alimentado milagrosamente, según se refiere, hasta que decide enfrentarse de nuevo al poder real. En paralelo, otro conflicto se agrava en Jezrael: Acab desea incorporar a sus jardines la viña de Nabot, situada junto al palacio, y se la pide primero como compra o trueque. Nabot se niega respetuosamente porque la ley hereditaria de sus padres y su religión no le permiten vender ese patrimonio. El rey se retira airado y abatido, pero Jezabel toma el asunto en sus manos. Antes intenta de nuevo doblegar a Nabot mediante una escena alegórica en la que le hace contemplar símbolos de corona, espada, toca, piedras y sangre, como ofertas y amenazas de poder, amor y muerte; sin embargo, él persevera en su honra. Entonces Jezabel urde una trama judicial: usando el anillo del rey, escribe a las autoridades de Jezrael para que sobornen testigos falsos, acusen a Nabot de blasfemar contra Dios y contra el rey, lo juzguen sin admitir defensa y lo hagan apedrear. La sentencia se cumple y Nabot muere como inocente, mientras Raquel, entre celos previos y dolor verdadero, entiende finalmente la magnitud de la persecución y maldice a los reyes por su crimen.
Tras la muerte de Nabot, Acab toma posesión de la viña, pero el castigo profético no tarda en confirmarse. Elías vuelve a intervenir y anuncia la ruina de la casa real. Más adelante se informa de la muerte de Acab en batalla, herido por una flecha, y de la de su sucesor Ocozías, cumpliéndose así las amenazas divinas. En la jornada final asciende Jehú, ungido en secreto por mandato de Dios para destruir la descendencia de Acab y vengar la sangre de los profetas y de Nabot. Cuando Jehú se levanta contra el rey Jorán y lo mata, avanza sobre Jezrael. Jezabel, lejos de arrepentirse, intenta salvarse recurriendo una vez más al artificio de su belleza: se adorna, se asoma a una ventana o torre y pretende halagar al vencedor. Al mismo tiempo, Raquel comparece ante Jehú y le presenta la causa de Nabot, incluso mostrando las piedras manchadas de sangre como testimonio de la injusticia. Jehú ordena entonces que derriben a Jezabel, y sus propios servidores la precipitan desde lo alto; después su cuerpo es despedazado por los perros, en un final que la obra presenta como ejecución de la justicia divina. Raquel puede dar por vengado a su esposo, Israel queda libre de la tiranía idolátrica, y el desenlace extrae una enseñanza política y doméstica: la catástrofe del reino se ha debido, según afirma expresamente el texto, al desorden que produce una mujer cuando manda sobre la casa y sobre el rey.
Reina de Israel y esposa de Acab, hija del rey de Sidón; impulsa el culto de Baal, persigue a los profetas, intenta seducir a Nabot y maquina su muerte, encarnando el poder tiránico que domina la casa y el reino.
Vecino principal de Jezrael y esposo de Raquel; hombre justo y fiel a su ley, rechaza la idolatría, la seducción de Jezabel y la venta de su viña, y muere inocente por una conjura judicial.
Rey de Israel, militarmente victorioso al comienzo pero moralmente sometido a Jezabel; consiente la idolatría, desea la viña de Nabot y participa en el desorden político que desencadena el castigo divino.
Profeta del Dios de Israel que reprende a Acab y Jezabel, anuncia la sequía, desafía a los sacerdotes de Baal y profetiza la ruina de la casa real.
Esposa de Nabot; al principio teme y cela la cercanía entre su marido y la reina, pero después se convierte en la principal voz del duelo y de la demanda de justicia por su esposo.
Caudillo militar ungido por mandato divino para destruir la casa de Acab; derrota a Jorán y ordena la muerte de Jezabel, ejecutando la venganza profetizada.
Mayordomo del rey que, pese a servir en la corte, permanece fiel al Dios de Israel y protege en secreto a los profetas perseguidos durante la sequía.
Ciudad fundamental de la trama donde viven Nabot y Raquel, se sitúan la quinta y la viña codiciada por Acab, se organiza el proceso contra Nabot y se consuma la caída de Jezabel.
Sede principal del poder regio e idólatra, asociada al gobierno de Acab y Jezabel, a la implantación del culto de Baal y a la persecución de los fieles al Dios de Israel.
Espacio nuclear del conflicto político y moral; su posesión desencadena la codicia de Acab, la intriga de Jezabel y el martirio del propietario.
Lugar de recreo palaciego junto a la viña, escenario de la tentativa de seducción de Jezabel y símbolo de un poder cortesano mezclado con deseo, lujo y corrupción.
Espacio profético y de retiro donde Elías permanece oculto durante parte de la sequía y donde tiene lugar la prueba decisiva frente a los sacerdotes de Baal.
Ámbito de persecución, penitencia y auxilio milagroso, desde el que Elías resiste al poder de los reyes y recibe sustento providencial.
Centro de mando desde el que Jezabel dicta órdenes, trama la condena de Nabot y desde cuya altura se visualiza, al final, su propia caída.
La obra muestra cómo el poder regio, manipulado por Jezabel y consentido por Acab, se convierte en instrumento de persecución, injusticia y violencia contra súbditos inocentes.
El conflicto central enfrenta el culto de Baal, impuesto desde la corte, con la defensa del Dios de Israel sostenida por Elías, Nabot, Raquel y otros personajes fieles.
Las profecías, la sequía, las derrotas y las muertes finales presentan una cadena de sanciones que corrigen los crímenes de la casa real y reparan la sangre derramada.
La negativa de Nabot a corresponder a Jezabel y la fidelidad de Raquel convierten el matrimonio en un núcleo ético opuesto a la lujuria y al adulterio cortesano.
La condena de Nabot se apoya en cartas, testigos sobornados y una apariencia legal que encubre un asesinato político, subrayando la perversión de la justicia.
Según la perspectiva explícita del texto, la inversión del orden doméstico y político se encarna en Jezabel, cuyo ascendiente sobre Acab conduce a la ruina familiar y estatal.
La viña de Nabot no es un bien cualquiera, sino herencia familiar vinculada a la ley y a la memoria de los antepasados, de modo que su defensa se vuelve también defensa de un orden legítimo.