La obra comienza con una violenta emboscada entre los Agolancios y los Ballones. Clara de Agolancia presencia o conoce de inmediato el asesinato alevoso de su padre y de su hermano durante una jornada de caza en el campo, y reacciona con furia guerrera, deseando vengarse y hasta quitarse la vida. Sus criados y allegados, entre ellos Camilo y el gracioso Mollete, la contienen y la llevan a la ciudad, donde busca refugio en casa de su amiga Isabela, porque la justicia ha de intervenir en el conflicto entre ambas familias. En esa casa se descubre otro nudo dramático: Isabela mantiene un trato amoroso secreto con Lotario, pero la llegada inesperada de su hermano Federico obliga a esconder al galán. La entrada de Clara, deshecha por el dolor, altera aún más la situación. Mientras Clara relata la muerte de los suyos y reafirma su deseo de castigo, Federico la acoge con cortesía y respeto, e Isabela le ofrece amparo. Sin embargo, el texto muestra también que Lotario ha dividido su atención amorosa y que Clara, al reconocerlo en esa casa, comprende que ha sido engañada, aunque por el momento disimula su conmoción.
La acción avanza con un doble proceso de encierro y desplazamiento afectivo. Clara permanece durante dos meses en casa de Isabela mientras se apaciguan las enemistades entre Agolancios y Ballones. En ese tiempo, Federico se enamora de ella con constancia creciente y termina declarándole su voluntad de casarse. Clara, por su parte, sigue dominada por su carácter altivo y marcial: se viste de hombre, participa en fiestas ecuestres y torneos, y expone con crudeza su vida pasada de vanidad, libertad desmedida, gusto por las armas y trato con amantes a quienes castigaba con violencia si la ofendían. Pese a esa confesión, Federico insiste en su amor y ambos acuerdan la boda. Paralelamente, Isabela, herida por la traición de Lotario y presionada por Laura, acaba inclinándose hacia Camilo, cuya perseverancia amorosa empieza a ser premiada. En uno de los episodios decisivos, Clara sale de noche armada para vigilar la casa de Isabela, convencida de que Lotario volverá a visitarla. Cuando él aparece, Clara lo hiere gravemente, consumando así una venganza nacida a la vez de los celos, del honor ofendido y de su temperamento violento.
El giro principal de la obra se produce cuando, ya encaminada hacia el matrimonio con Federico, Clara visita una iglesia o convento franciscano y experimenta una súbita conversión interior. Allí oye una llamada sobrenatural que la interpela por su nombre y, ante la imagen de Cristo, reconoce la vanidad de su vida pasada, se arrepiente de sus pecados y decide abandonar galas, armas y placeres mundanos. Desde ese momento se entrega a la penitencia extrema, a la limosna y a la oración, hasta el punto de transformar su casa en espacio de caridad para pobres y mendigos. El demonio, personificado en escena, intenta hacerla recaer mediante engaños, recuerdos de su antigua vida y visiones en que reaparecen Lotario e Isabela, pero Clara resiste gracias a la ayuda divina y a la intercesión celestial. Finalmente recibe una confirmación sobrenatural de su nueva vocación: se le manda tomar el hábito en el convento de las Damianitas de Santa María de los Ángeles. Mientras Isabela queda encaminada al matrimonio con Camilo y los criados cierran la acción con notas cómicas, Clara renuncia al mundo y culmina su tránsito de mujer belicosa y vengativa a venerable penitente, fundamento hagiográfico de toda la comedia.