Pedro Crespo
Labrador principal de Zalamea y luego alcalde; padre de Leonor e Inés, eje de la acción y defensor inflexible del honor familiar y de la justicia pública.
Lope de Vega Carpio
تاريخ نشر الملخص: 18 يونيو 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la villa de Zalamea, probablemente en el contexto de un alojamiento militar camino de la campaña de Portugal, Pedro Crespo es elegido alcalde mientras dos capitanes cortejan engañosamente a sus hijas Leonor e Inés. Tras una primera tentativa frustrada y el castigo del sargento, los capitanes sacan a las jóvenes del pueblo con promesas de matrimonio, las abandonan deshonradas en el campo y dejan atado al propio Crespo para afrentar su honor. Recuperadas las muchachas y reunidas las pruebas, el alcalde prende a los culpables en un cortijo, los obliga a casarse y luego los ahorca, y finalmente el rey valida su justicia y lo hace alcalde perpetuo.
En Zalamea se presenta un conflicto inicial entre el honor doméstico y la presencia de soldados alojados en la villa. Pedro Crespo, labrador acomodado y padre de Leonor e Inés, es elegido alcalde pese a sus reparos por no considerarse hombre letrado; sin embargo, desde el primer momento demuestra un fuerte sentido práctico de la justicia al corregir abusos cotidianos, como el engaño de un tendero, y al reprender la mala conducta de quienes perturban la comunidad. Al mismo tiempo, descubre que los capitanes don Diego y don Juan cortejan en secreto a sus hijas mediante billetes y promesas de matrimonio, ayudados por criados y mensajeros. Crespo intenta contener el peligro, advierte a los soldados y vigila su casa, pero los galanes perseveran en su propósito y preparan la fuga nocturna de las jóvenes. Cuando intentan sacarlas de casa, el alcalde y sus hombres salen al encuentro, se produce una refriega y uno de los implicados, el sargento, queda preso mientras los demás huyen.
En la segunda parte, la autoridad de Crespo se afirma públicamente. El alcalde manda castigar al sargento por haber infamado a doncellas honradas, resistiendo las amenazas de los capitanes y aun la presión del maestre de campo don Lope de Figueroa, a quien explica que actúa en nombre del rey y de la justicia local. Aunque llega a deportar al sargento y luego, por prudencia, modera el alcance del castigo, el conflicto principal no se resuelve: don Diego y don Juan ejecutan su venganza contra la casa del alcalde. Logran sacar a Leonor e Inés con promesas amorosas y, ya fuera del pueblo, revelan que su intención no es casarse, sino deshonrarlas para vengar la afrenta sufrida por su gente. Abandonan a las dos mujeres en el campo con palabras crueles y atan además a Pedro Crespo a un árbol para obligarlo a contemplar la ruina de su honra. Bartolo, criado o gañán fiel, consigue liberarlo, mientras el padre queda sumido en una mezcla de dolor, vergüenza y deseo de reparación. Desde entonces, Crespo apenas sale de casa, mantiene el juzgado en su vivienda y soporta en silencio la desdicha, sin saber primero con certeza dónde están sus hijas.
La jornada final muestra cómo la desgracia privada se transforma en acción judicial. Crespo sigue ejerciendo como alcalde con el mismo rigor con que se aplica la ley a sí mismo y a sus deudores, hasta que dos mujeres agraviadas, que resultan ser Leonor e Inés aunque al principio no se explicita de forma inmediata, comparecen ante él con las cédulas de matrimonio que les dieron los capitanes y le piden justicia y clemencia. El alcalde las acoge en su casa como si fueran hijas y decide protegerlas mientras prepara la captura de los culpables. Con ayuda de vecinos armados, de Bartolo y de los alguaciles, sorprende en un cortijo a don Diego, don Juan y sus acompañantes; allí los reduce, les obliga primero a casarse con Leonor e Inés para restaurar jurídicamente su estado y, acto seguido, los manda ahorcar. Cuando llega el rey y conoce lo sucedido, se plantea el problema de si un villano podía ejecutar a caballeros; Crespo sostiene que forzar doncellas es delito digno de muerte y que él ha procedido conforme a justicia. El monarca aprueba sustancialmente su actuación, reconoce su valor como juez, concede dote conventual a las muchachas, que serán monjas según la decisión final del padre, y nombra a Pedro Crespo alcalde perpetuo de Zalamea.
Labrador principal de Zalamea y luego alcalde; padre de Leonor e Inés, eje de la acción y defensor inflexible del honor familiar y de la justicia pública.
Hija de Pedro Crespo, cortejada y engañada por uno de los capitanes; su deshonra desencadena buena parte del conflicto.
Segunda hija de Pedro Crespo, también seducida con promesas de matrimonio y víctima de la misma trama de engaño y abandono.
Capitán alojado en Zalamea, uno de los principales responsables del acoso a las hijas de Crespo y de la venganza contra su casa.
Capitán o caballero militar asociado a don Diego en el cortejo, la fuga y la deshonra de Leonor e Inés.
Criado o asistente de los capitanes, figura secundaria pero muy activa en las intrigas amorosas y en los movimientos de los soldados.
Gañán fiel de la casa de Crespo, colaborador decisivo en la defensa nocturna, en la liberación de su amo y en la captura final de los agresores.
Maestre de campo que representa la autoridad militar superior y contrasta con Crespo en el conflicto entre fuero militar y justicia local.
Mozo de la casa, observador y mensajero; descubre papeles, vigila movimientos y aporta noticias decisivas para la acción.
Villa en la que se desarrolla la acción principal; allí conviven la vida vecinal, el alojamiento de tropas y el ejercicio de la justicia de Pedro Crespo.
Espacio central del conflicto doméstico y del honor familiar; en ella se vigila a las hijas, se descubren los billetes amorosos y después se acoge a las jóvenes agraviadas.
Lugar de rondas, paseos, seguimientos y enfrentamientos nocturnos entre los soldados y los hombres de Crespo.
Espacio de tránsito donde los capitanes abandonan a Leonor e Inés y donde Pedro Crespo sufre la afrenta de ser atado para contemplar su deshonra.
Cortijo situado dentro de la jurisdicción de Zalamea, ocupado por soldados; allí tiene lugar la operación final de captura de los culpables.
Marco operativo de la acción judicial durante la tercera jornada, desde el que Crespo administra justicia aun en medio de su dolor.
La trama gira en torno a la pérdida y reparación del honor de Leonor e Inés y al deber del padre de responder ante una afrenta pública y privada.
La obra enfrenta la autoridad del alcalde villano con la prepotencia de los capitanes y con la idea de que la condición caballeresca pueda amparar el delito.
Los militares alojados en Zalamea aparecen vinculados a robos, desórdenes, amenazas y violencia sexual, lo que desencadena la reacción del poder civil.
Pedro Crespo concibe el cargo como servicio moral: castiga a otros, se somete a sí mismo a la ley y procura que la justicia no dependa de amistades ni intereses.
Los capitanes seducen a las jóvenes mediante cartas y juramentos, utilizando el lenguaje amoroso como instrumento de fraude y destrucción social.
La obligación de casarse antes de la ejecución y la decisión final sobre el futuro conventual de las hijas muestran el esfuerzo por recomponer jurídicamente una honra rota.