La obra comienza en la costa de Málaga, al anochecer, donde unos moros disfrazados de cristianos preparan una emboscada junto al puerto. En ese marco se presenta también el conflicto principal entre don Fernando de Guzmán y don Juan. Don Fernando, hijo de una familia noble venida a menos tras la desaparición de su padre don Vicente, vive con su hermana y, preocupado por su honor, llama a don Juan para proponerle que se case con ella, pues sabe que la ha pretendido y teme que la murmuración pública manche la reputación de la joven. Don Juan rechaza el matrimonio con soberbia, niega su compromiso y convierte la petición en una afrenta. La discusión degenera en duelo: ambos se baten, don Fernando mata a don Juan y, cuando llega la justicia, huye hacia la costa con su criado Tronera. Allí cae en manos de los corsarios que aguardaban embarcación y ambos son apresados y llevados a Argel. En el nuevo espacio argelino se anuncia el ascenso de Celín como nuevo Duan tras la muerte de su padre. Se introducen además Rosa y Celima, hermanas moras, y Muley, renegado respetado en Argel y esposo de Rosa. El texto sugiere un pasado amoroso entre Celín y Rosa, ya interrumpido por el matrimonio de ella con Muley, mientras Celima parece quedar vinculada al entorno del nuevo gobernante.
En Argel, don Fernando, ahora cautivo y presentado con el nombre de Enrique, es comprado por Muley, mientras Tronera queda igualmente esclavizado. Desde el primer momento se insinúa una atracción recíproca entre Enrique y Celima, aunque ambos se mueven con cautela por la diferencia de religión, condición y lealtades. Muley, por su parte, favorece singularmente a Enrique, sin comprender del todo la inclinación que siente hacia él, y termina confiándole asuntos delicados de su casa. La tensión central se desplaza entonces al honor doméstico: Celín no ha olvidado a Rosa y trata de comunicarse con ella por medio de billetes y entrevistas clandestinas. Muley empieza a sospechar de su esposa, y Enrique, agradecido a su amo y movido por su propia nobleza, intenta impedir el deshonor de la casa. Una noche descubre a Celín en el aposento de Rosa; la escena es confusa, pero el sentido moral que le da la obra es claro: Rosa resiste, Celín fuerza la situación y Enrique interviene para defenderla. En la pelea mata a Celín. Aunque afirma enseguida la inocencia de Rosa, Muley, cegado por las apariencias y por el escándalo de que un gran señor haya muerto en su casa, manda prender a Enrique. Desde ese momento, el cautivo queda encarcelado y expuesto a pena grave en una ciudad donde su valor es admirado, pero donde su condición de cristiano lo coloca en riesgo extremo.
En la tercera jornada se resuelve el conflicto religioso y familiar. Muley obtiene para Enrique el perdón del Virrey, pero condicionado a que reniegue de la fe cristiana y abrace la ley musulmana. Al mismo tiempo, Celima, enamorada de Enrique, intenta salvarlo ofreciéndose incluso a facilitar su fuga por mar, sacrificando su propia seguridad, pero él rehúsa escapar de forma deshonrosa y permanece firme en su fe. En una larga confrontación, Muley procura convencerlo apelando al afecto, a la gratitud y a la conservación de la vida; durante ese diálogo salen a la luz indicios que culminan en el reconocimiento: Muley es en realidad don Vicente de Guzmán, el padre perdido de don Fernando, que muchos años antes cayó cautivo, renegó y llegó a prosperar en Argel. El hallazgo vuelve todavía más aguda la tragedia: el padre pide al hijo que finja o ceda, pero este responde que «contra la fe no hay respeto», es decir, que ni la obediencia filial ni ningún vínculo humano pueden estar por encima de la fidelidad religiosa. Cuando van a ejecutarlo, Muley intenta salvarlo, confiesa públicamente que el preso es su hijo y, conmovido por la constancia del joven, reconoce su propio error, abjura de Mahoma y proclama a Cristo como verdadero Dios. Esa conversión le cuesta también la muerte: ambos acaban martirizados, y la obra concluye con la afirmación extrema de la fe cristiana, la reparación tardía del padre y la victoria moral del hijo.