归于> 发布日期: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Diálogo al Santísimo Sacramento, entre los colores. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/dialogo-al-santisimo-sacramento-entre-los-colores.
Sello de la Biblioteca Nacional
Los gravísimos cuidados
que por orden celestial
vuestra Majestad real
tiene en su pecho encerrados,
de cuyos graves motivos
y divinos pensamientos
que en generosos intentos
están ardientes y vivos,
si algún tanto se retira
y grata audiencia nos dan
sobre el sustento y el pan
por quien las almas suspiran,
se verán en breve espacio
galanes, damas, florestas,
juegos, regocijos, fiestas,
todas propias de palacio;
y porque luego se entienda,
pues la fiesta que se ordena
es sobre esta rica cena,
una ordenada merienda.
Rúbrica.
YHS
Acto 1º.
Salen dos convidados.
Sin duda que ahora ha de ser
la fiesta bien celebrada,
alegre, y regocijada,
tal, que no haya más que ver.
Que como hace esta tarde
el Cielo fiesta a las Damas,
mirad si amor de sus llamas
le hará hacer cumplido alarde.
Cuanto hace el Celo santo,
que lleno va de consejo.
Como es cortesano el viejo
sabe de palacio, tanto
Cuál estará la ribera
de frescuras y armonía,
y más, que nos hace el día
cual si aposta se pidiera.
Damas, si no han bajado,
porque al Celo acompañemos.
Su maestresala aguardemos,
que viene con gran cuidado.
Eso sí, aguijar, señor,
que andáis más presto que un gamo.
Sale el Maestresala.
Señor, quien sirve a buen amo
ha de ser buen servidor.
¿Qué debe de aparejarse
para darle esta merienda?
¿Qué? Porque mejor se entienda,
no ha de decirse, ni pensarse.
Pues juntos aquí estaremos,
mientras que las Damas van,
contadnos lo que las dan
y dos veces lo sabremos.
Hacer lo que mandáis quiero,
pero habiéndole de ver
será echarlo yo a perder,
pero escucharlo primero.
El sitio donde se hace
el Rey aposta lo hizo,
y pues él se satisfizo,
creed que a todos satisface.
Con hierbas, flores ameno,
fuentes, y ríos caudales,
aves, peces, animales,
y de varias plantas lleno.
Y más, que para este día
al Celo de su tesoro
Dio el Rey su vajilla de oro,
y cuanto darle podía.
Ver la mesa y su grandeza,
no hay cosa de más estima,
cubierta toda por cima
con manteles de pureza.
Servilletas de primor
que las tejió de su espacio
una dama de palacio
que es extremada en labor.
Porque yéndose a sentar
cada cual la suya tome,
por si se ensucia el que come
tenga con qué se limpiar.
La mesa entre siete fuentes
que cada cual la rodea,
cuya agua limpia recrea
y da salud a las gentes.
La primera está a la entrada
que es fuerza lavarse en ella,
más blanca, más rica y bella
que la nieve no tocada.
Toda la entrada esta toma,
y las aguas que destila
caen sobre una rica pila,
y salen de una paloma.
Otras dos fuentes veréis
de aguas dulces y ricas ellas,
mas el lavaros en ellas
no es fuerza sino queréis.
Otras, que en vasos están,
aunque con afán se bebe;
las aguas que de ellas llueve
un gusto de gloria dan.
Lo que se comerá allí
todo ha de ser aderezado
en aquel huerto sagrado,
que escogió el Rey para sí.
Donde fueron a coger
para la fiesta ordenada
las flores de la ensalada
que es lo que más hay que ver.
No de la lechuga amarga
que daña y nada aprovecha,
mas de flor de campo, hecha,
que de dulzura nos carga.
Con otras mil bellas flores
de que va adornada y llena.
de lilio, rosa, azucena,
que dan divinos olores.
Granadas bellas, gozadas
de aquel huerto del Esposo,
por ser tan dulce, y sabroso
el mosto de sus granadas.
El aceite fue sacado
por obra maravillosa
de aquella oliva especiosa,
que dio aceite derramada.
Todo su gusto sin él
la ensalada perdería,
la sal de sabiduría,
el vinagre en fin hiel.
Mas todo el manjar que viene
guisó Amor, gran cocinero,
con la leña del madero
que de lumbre nos mantiene.
Junto va el servicio todo,
como a la mesa real,
y lo que se come, es tal,
aunque no en el mismo modo.
Allí veréis en un plato
sacar a la mesa entero
asado en palo un cordero
el más hermoso del hato.
Allí
Allí, empanada os darán,
que no lo es, mas admira
que se engaña el que lo mira
que es carne, y parece pan.
Pues qué excelencias diría
del manjarblanco, suave,
de la pechuga del ave
que Gabriel trajo a María.
Quiero os al fin decir
las cosas que allí hay que ver,
sino es quien lo ha de comer,
nadie lo sabrá sentir.
Y lo que es más de espantar
que hallarán los presentes
dos mil gustos diferentes,
y es todo, solo un manjar.
Del cual cierto y verdadero
tanto mil, como uno comen,
y cuando cien mil le comen
quedan hartos, y él entero.
Porque es de tan alto modo,
que si en mil partes se parte
la más pequeñita parte,
tiene tanto, como el todo.
Mas
Mas, no hace igual provecho,
que es este otro modo extraño,
porque hace el provecho, o daño
que lleva el que come el pecho.
Esto es lo vivo, y lo cierto
del convite de este día
y otras mil cosas diría,
mas ni lo entiendo, ni lo acierto.
O, qué divinas que son
las cosas, que habéis contado,
sino que os habéis dejado
la fruta, y la colación.
La colación asegura
el manjar que se dará,
porque en él se hallará
toda suerte de dulzura.
Frutas desde la primera
están tan escarmentados,
que antes van los convidados
a quitarse la dentera.
¿Pues en comida tan alta
y que tanto fue a costar,
no haber postre en que acabar,
en razón de cena, es falta?
Lo que por postre se espera
muy mucho os espantará
247 tachado
que el mismo manjar se da
guisado de otra manera.
Que como, vista no tienen
se goza el manjar sabroso,
lo que el postre es más gustoso
porque todo sabe a gloria.
¿Tan divinas maravillas
quién alcanzará a entender?
Mas ¿qué gozo dará el ver,
pues tanto nos da el oírlas?
Pues cada cual se aperciba.
Vamos, que sin duda alguna
ya nos deben de aguardar.
Y no es posible faltar
de todas las Damas, una.
Acto 2º. Dos mozas, y un Lacayo con la merienda.
¿Qué te parece? ¿Voy bien?
Digo, que vas muy hermosa.
¿Y a mí no me dices cosa?
que voy hermosa también.
Pues no lo diga entonada
tan tibia, y con tal mesura
que en esto de la hermosura
cualquiera burla, es pesada.
V.
Digo que lo entiendo así.
Eso, para sí lo dejó.
Si el buen amigo, es espejo
bien puedes fiar de mí.
Toda vas a lo galano,
con harto aliño el vestido,
y no el rostro percudido,
a fe que te has dado mano.
Y que no es de poca costa
la labor de la gorguera,
y el blanco pecho de fuera,
esto es ir hermosa aposta.
Sí, conviene que así sea,
que el convite que se ha hecho,
en no llevando buen pecho,
es ir la persona fea.
Y todas por eso han dado
ir cada cual bien compuesta,
porque dicen que en la fiesta
estará el Rey disfrazado.
Y eso, ¿cómo se ha sabido?
Sábelo una Dama cierto,
y como lo ha descubierto,
de ella todos lo han sabido.
Y aun por eso tan sin tasa
te has adornado a porfía.
Sí, porque este es el buen día,
que se ha de meter en casa.
Y eso no me lo dijera,
vistiérame el otro sayo,
y a fe de gentil lacayo
que quizá me compusiera.
Pues poca prisa nos damos,
que habrán comido a mi ver.
¿Comido?, ¿qué han de comer
si el pan y vino llevamos?
¿Que no nos aguardarán?
Bueno es hablar de ese modo,
si el pan dicen que es el todo,
no valdrá nada el manjar.
Yo he oído, que se escribe,
y aun se predica a la gente,
que no de pan solamente
el hombre dicen que vive.
Es verdad, mas no se infiere
de este pan, esta comida.
Antes, nadie tendrá vida
que de este pan no comiere.
Que de ese aunque coma más,
vuelve la hambre a su estado,
y de este con un bocado
no tendrá hambre ya más.
y este a los vivos mantiene,
quita todo mal sabor,
y una alegría y dulzor,
todo deleite en sí tiene.
Pan es este celestial,
que de acá no lo imagino,
y cuando se da con vino,
el vino ha de ser su igual.
Tanto el manjar aprovecha
que con largueza le dan,
y es igual el vino y pan,
que todo es de una cosecha.
No hay ninguno a quien no asombre
del vino el valor sin par,
y es lo menos alegrar
vida y corazón al hombre.
Es tan añejo que espanta,
porque este vino no fue
de lo que plantó Noé,
sino de lo que Noé planta.
Y porque de añejo os cuadre
no hay que echar años por cientos,
que ha más de mil y quinientos
que se trasegó en la Madre.
Y aunque de estar en ella
el vino a la madre sabe,
fue sabroso y fue suave
todo cuanto tomó de ella.
Y así salió por milagro,
porque la madre en quien cupo
jamás a la pega supo
ni tomó punta de agro.
Y es vino de fortaleza
que a encender basta una fragua,
y no sufre en sí nuestra agua,
que ha de beberse en pureza.
Y este vino se ha de dar,
y este pan se ha de comer,
ved a vuestro parecer
si nos querrán esperar.
¿Y diga, daránme a mí
manjar de tanto valor?
Tanto a ti como al mayor,
y al mayor no más que a ti.
Pues vamos presto con ello.
Sí, que estarán a la mesa.
Aguijen, démonos priesa,
que me muero por comerlo.
Vamos, y vamos cantando,
pues la ocasión lo permite,
que también los del convite
se estarán regocijando.
v.
Pues, y nadie vaya mudo,
sin regocijar la fiesta.
Déjenme tomar la cesta,
verán cómo las ayudo.
Que ya que cantar querrán,
de nuestro manjar digamos,
porque entienda que llevamos
tan sabroso vino y pan.
Que nos place, mas primero
nos di, pues que comenzaste,
cómo sucedió el desastre
de la Dama y Caballero.
Tiempo habrá por el camino.
Vamos cantando y diciendo,
vamos, porque a lo que entiendo
ya esperan el pan y vino.
Acto 3º. Caballero verde y Dama de encarnado.
Después que la suma Alteza
del príncipe soberano
dio como esposo la mano
a nuestra naturaleza.
Han sido bien recibidas
en jardines y florestas
los regocijos y fiestas,
los banquetes y comidas,
que quieren todos también
gozar del siglo dichoso.
Ya que es tan lindo el esposo,
la esposa parece bien.
Hermosísima ha quedado,
después que se desposó.
Eso juráralo yo
gozando tal desposado.
¿Las joyas y el dote pues,
no son de costa y valor?
Como de Rey y señor,
al fin dio como quien es.
Aunque es todo rico y bueno,
¿qué preció más en su tanto?
Una cruz de palo santo
probado contra el veneno,
y un precioso cabestrillo,
y unas puntas ochavadas
de rosicler esmaltadas
sobre labor de martillo.
Aparador y vasija
no son de costa y estima.
quien a buen árbol se arrima
buena sombra le cobija.
Alegrísima la ves,
y de mudanza segura.
Cortole Amor la ventura
a medida del deseo.
Yo no entiendo este guarismo.
¿Cómo casó esta doncella?
¿No es, a lo que dicen della,
hechura propia, y del mismo?
Sí, pero quísola tanto
que, vendido a su afición,
hubo la dispensación
de boca del Padre Santo.
Pues decid, para alcanzarla,
¿qué dio por causa el Esposo?
Que era rico, y poderoso,
y andaba tras remediarla;
y ella con suma pobreza
pasaba gran desconsuelo,
y que debajo del Cielo
sin él no alzaba cabeza;
y que remediaba, más,
entre otras calamidades,
aquellas enemistades
de tantos años atrás.
251 (tachado), 252
Y con ser razón tan clara,
y las causas que lo son,
costó la dispensación
al desposado, bien cara.
Porque ya es caso notorio
que fiestas de Desposado
no llegaron, ni han llegado
a las de aquel desposorio.
Pudo ser cosa más alta
que verle cuando danzó
la baja, y luego salió
la Esposa a danzar el alta.
Muy bien danzaron los dos.
Ella se llevó la gloria.
Y aun dél quedará memoria
mientras que Dios fuere Dios.
Porque una baja danzó
con tal primor, y ventaja,
que la gracia desta baja
las almas tras sí llevó.
¡Qué reverencia hizo allí!
¡Con qué humildad, y obediencia!
¡Qué bien hecha continencia!
Todo el bien contiene en sí.
El sencillo, no hablo del,
ni hay para qué referirlo
que en lo que toca al sencillo,
no hay sencillo como él.
Pues, qué doble, y qué represa!
doble que el gusto dobló,
y represa que dejó
de amores la tierra presa.
Qué pasos tan ordenados!
qué artificios del cielo!
qué asentar el pie en el suelo!
qué fines tan levantados!
La Esposa, con la alta, pues,
no tuvo gracia, y destreza!
fue la alta de más alteza
que han danzado humanos pies.
Que como se aprovechó
de los pasos de su amado
paso por paso contado
fue suyo, cuanto danzó.
Caballero negro, y Dama de Pardo
Pues creer está en cortesía
quiero decir que lo creo,
mas muy diferente veo
el traje del que solía.
252
Agravio notable hacéis
a los galanes de agora.
Volved por ellos, señora;
Basta lo que los doléis.
Sé que quieren.
Con tibieza.
Muchos, no.
Serán contados.
Y los galanes pasados?
Amaron con más firmeza.
En aquel siglo primero
hubo mil enamorados
que fueron martirizados
por su amor con pecho fiero.
Pues, qué muestras de amor dieron
tan dignas de encarecer?
Un perpetuo padecer
con que inmortales se hicieron.
Un tener por suma gloria
el dolor de sus tormentos;
con rendir los pensamientos:
(nuevo modo de victoria).
Un andarse desvelados
toda la noche, y el día
tras su amorosa porfía
de sí mismos olvidados.
Un aventurar las vidas
por más bienaventuranza.
de firme fe, y esperanza
las almas entretenidas.
Dígalo el bravo español
Laurencio, de amor cautivo,
que abrasado en fuego vivo
quedó, cual oro en crisol.
Aquella fue llama extraña,
¡aquel fue amor sin segundo!
que por él en todo el mundo
florea el nombre de España.
Y es justo que la real mano
por dar deste amor ejemplo
le iba edificando un templo
tan Augusto, y soberano.
Y Sebastián denodado,
que en mar de Amor se engolfó,
y en la tormenta mostró
de su persona el valor.
Murió con muestras perfectas
de leal enamorado,
el corazón traspasado
de enarboladas saetas.
Pues Vincentio otro que tal.
¡Oh, qué amor! ¡Qué caballero!
o fue en Amor el primero,
o fue con Laurencio igual.
Y otras mil que fuertes pruebas
de tormentos padecían.
También entonces hacían
de amores las damas pruebas.
Hable Inés, virgen hermosa
romana de siete años;
que ni promesas, ni engaños
la hicieron mudar en cosa.
Arde el fuego, y no la ofende,
suben las llamas veloces,
y en la llama, llama a voces
a quien la fría le enciende.
Y Catarina, esa dama
tan tierna, de amor tan fuerte,
que halló su vida en la muerte,
y en la deshonra la fama.
Y aunque en hierros murió,
no le causaron dolores,
que eran hierros por amores,
que el fuego de amor templó.
Y si la cogió la rueda,
no sintió ningún tormento,
que en otra tiene su asiento,
que está para siempre queda.
Y Lucía, la doncella,
que entregó sus ojos bellos
por mejor gozar sin ellos
la lumbre dellos, y della.
Y de pura enamorada
tan animosa quedó,
que con su sangre escribió,
(antes muerta, que mudada).
No es la calidad menor
entre estas flores nativas,
ver tan bellas flores vivas
de suave y fragante olor.
Tanto galán, tanta dama
cruzando por el jardín.
Cuál del junquillo y jazmín
la frente adorna y enrama.
Cuál coge el rojo clavel,
que apenas sale y apunta,
y tantas flores ayunta,
que hace un ramillete de él.
En fin, jardín tan florido,
florida fiesta promete.
Tomad pues un ramillete,
que para vos he cogido.
Que de darle quedo ufano
a quien también le merece.
En el mesmo se parece
ser cogido de tal mano.
Por detrás desta floresta
tengo noticia se va
a la alta fuente, que está
sobre aquellos riscos puesta.
Y aunque dos sendas se ven
iremos por el abajo,
que aunque el subir es trabajo
el agua sale muy bien.
Si hemos de ir allá a beber
sea antes de la comida:
que el ser agria la bebida
da más gana de comer.
Acto 4. Celo Santo, Maestresala, Paje.
De aquesta fiesta de hoy
no quedo mal satisfecho.
Antes de cuanto se ha hecho
contento y alegre estoy.
Muy a tiempo se servía,
nadie faltaba a su oficio.
Si se quitaba un servicio
otro al punto se ponía.
No ha sucedido desmán
con haber tanto aparato,
Por ventura mejor rato
tan presto no le tendrán.
Al fin se sirvió a la mesa
de modo, que no hubo falta.
pues lo que al presente falta
es desocupar a priesa.
Casi todo se ha llevado,
y se va llevando ya,
Lo que se ha de hacer acá
se haga luego con cuidado,
que yo me voy con las damas.
Presto, que vienen con fin
de estar dentro del jardín
a la sombra de estas ramas.
Porque habiendo merendado
se quieren venir a holgar,
jugar, platicar, danzar,
como tienen concertado.
Vengan mucho en hora buena,
que aquí poco habrá que hacer.
Solo con aseo poner
de cerca esta parte llena.
Porque les sirva este asiento,
que este es el de los jardines.
O, sino, sus, los cojines
traeremos luego al momento.
Creo que será acertado,
que aquí las damas estén,
y cada galán también
desotra parte sentado.
255
Pues vamos con diligencia.
Mucho conviene advertir,
que a damas se ha de servir
con respeto y reverencia.
Quiero aguardar a la entrada
que ya no pueden tardar.
Déjennoslo aderezar,
que no habrá descuido en nada.
Acto 5.º Salen galanes y damas.
Así que con la frescura
se podrá pasar la siesta
en medio desta floresta
llena de tanta verdura.
Pues nuestra ventura quiso
damas, que en tal ocasión
se goce tal discreción,
tal hermosura, y aviso.
La ventura deste día
solo, señor, nuestra ha sido,
que hemos en vos conocido
tal valor y cortesía.
Entre aquellas bellas flores
con vuestra licencia luego
quiero proponer un juego,
y el juego es, de los colores.
Y es juego en que mostrará
cada cual su afición,
y el ingenio en la razón,
que sobre el color dirá.
Pues los ánimos levanta
esta variedad del suelo
a contemplar lo del cielo
donde hay hermosura tanta.
Ese juego es singular,
y de grande pasatiempo.
Yo me acuerdo, que un tiempo
lo solíamos jugar.
Yo tomo el pardo primero.
Yo el colorado.
Yo el morado.
Yo el amarillo.
Yo el encarnado.
Yo el azul.
Yo negro quiero.
Yo para mí escojo el verde.
Yo el blanco.
Yo el leonado.
El juego está concertado,
pues cada cual se acuerde
de lo que escogió una vez,
y cuando le preguntare,
si su color olvidare,
sepa que he de ser juez.
Y como a mí me parezca
las penas tengo de dar,
y a mi querer, y mandar
no ha de haber quien no obedezca.
No era menester decillo,
que obedecemos la ley.
¿De qué color viste el rey?
Viste el rey de amarillo.
No viste.
Pues ¿de qué viste?
De blanco viste.
De amarillo viste.
¿Por qué?
Porque no negaréis vos
el traje que siempre ha usado,
el rey es aquel bocado
de los tres altos de Dios.
Que según su gran tesoro,
y quien es, y quien lo manda
con esta ropa se anda
desta tela fina de oro.
Y el que allá en su casa asiste
con esta ropa le ve,
y acá se sabe por fe,
que deste amarillo viste.
No viste.
Pues ¿de qué viste?
De encarnado viste.
¿Por qué viste?
Porque estando concertado
de venirse a desposar,
quiso en la tierra sacar
un vestido de encarnado,
y, ardiéndose en viva llama,
le escogió entre los colores
porque le mató de amores
este color de su dama;
y en él por ser de ella insiste,
en las justas y torneos,
sacando ricos trofeos,
que de este encarnado viste.
No viste.
Pues, ¿de qué viste?
De morado viste.
¿Por qué?
Porque de amor firme y tierno,
tan antiguo como él es,
de la cabeza a los pies
se ha vestido Dios eterno.
Y este es el rico morado
de que sacó Dios sus galas,
y con que adorna sus salas
de su palacio sagrado.
Y de este amor los motivos
tuvo el Padre celestial
cuando el hijo natural
trocó por los adoptivos.
Y si en morado consiste
el color enamorado,
estase determinado
que Dios de morado viste.
No viste.
Pues, ¿de qué viste?
De pardo viste.
Pague.
¿Por qué?
Porque ha errado,
y el pardo ajeno tomó,
y por otro respondió
habiendo el azul tomado.
Haga lo que se le ordena
y obedezca luego al juez.
No se escapará esta vez.
Si errare, ha de haber la pena,
me ofrezco a pagar doblada cumplida.
Está el delito muy fresco,
cante y mande, que en tudesco
limosna a estas damas pida. =
Soy contento, pero hanme de dar otros
compañeros.
Dan franzeli, rogeli, rechili, gerechen.
sereiradone per amor de Diu, aqueste
peregrin, estable puir e San Jacob de Ga-
licia, por le mons, valles, e de plimures.
Alto, prosígase el juego,
y al azul que fue el que erró
el pardo a quien él tomó
le pregunta ahora, luego.
¿De qué color viste el Rey?
De azul viste.
¿Por qué viste?
Por esta misma razón
que del morado se dio
quiero ahora probar yo
claramente mi intención.
Dijo que era enamorado,
y es lo Dios extrañamente.
Luego argumento evidente
que está de celos tocado.
que do está de amor la pena
los celos de Amor están,
y siempre con él se van
por su tormento, y cadena.
Y si antes de desposarse,
se mostraba tan celoso
después que ya se ve esposo
mucho más querrá celarse.
Que cuanto más amor crece
son los celos tanto más,
y aun amor, que es sin compás
solo sin compás se ofrece.
Y si el que en amor consiste
jamás se escapa de celos
en la tierra, o en los cielos
Dios, de amor, y celos viste.
No viste.
Pues ¿de qué viste?
De leonado viste.
¿Por qué viste?
Porque si Dios tiene celos
por leonado se congoja.
Nuestro desamor le enoja
duélese en ver nuestros duelos.
A buscar la oveja perdida,
¿qué congojas, qué ansia fuerte,
qué trasudores de muerte,
cómo le costó la vida?
Y si el alma le resiste,
y sigue el bando enemigo,
¿cómo se aflige consigo,
cómo de leonado viste?
No viste.
Pues ¿de qué viste?
De pardo viste.
¿Por qué viste?
Porque le mandó el amor
pusiese en nombre su nombre
y que remediase al hombre
con su trabajo y sudor.
Y como su ser gallardo
no lo podía sentir,
fue convenible vestir
para sentirlo de pardo,
y tan de veras cumplió
el amoroso mandado
que de puro enamorado
hasta morir trabajó.
Como nuestro bien consiste
en su sudor, y trabajo
escogió señal tan bajo
así que de pardo viste.
No viste.
De colorado viste.
Pague, pues que tuvo gana
de adelantarse sin tiempo
y dance aquí en pasatiempo
una gallarda pavana.
No falte quien haga el son,
que yo haré lo que a mí toca.
Tañeremos con la boca
por no perder la ocasión.
También tengo de sacar
a quien yo más bien quisiere.
Sea quien os pareciere.
Sed vos, pues sabéis danzar.
Danzan la Pavana
Siéntese, pues ha olvidado
el pardo lo que tomó,
y pues que se adelantó
pregúntele al colorado.
¿De qué color viste el Rey?
De colorado viste.
¿Por qué viste?
Porque en sangrienta pelea
donde ganó la victoria
para nuestra vida, y gloria,
el Rey salió de librea,
cortada de roja grana
tan bien al talle ceñida
que ni fue vista, ni oída
otra tan rica, y galana.
Y aunque fue muy golpeada
en el mortal desafío,
quebrantó con ella el brío
de la infernal cabalgada.
Entró con ella triunfando
en su Reino, do admirados
le reciben los soldados,
y a voces dicen cantando:
«¿Quién es este victorioso,
de colorado vestido,
de sangre todo teñido,
con tanta pompa glorioso?»
De aqueste color se viste
la Corte real del Cielo,
bien puede afirmar el suelo
que el Rey roja grana viste.
No viste.
¿Pues de qué viste?
De negro viste.
¿Por qué viste?
Porque como vio perdida
nuestra vida de tal suerte
muriendo, mató la muerte,
y reparó nuestra vida.
Y aquel claro sol del Cielo
que es del Padre eterna luz
se oscureció puesto en Cruz
con el negro y mortal velo.
Donde con aspecto triste
fue tres días eclipsado,
y cuanto duró el nublado,
tanto el negro color viste.
No viste.
¿Pues de qué viste?
De negro viste.
Pague.
El verde se atravesó
cuando fui yo a responder.
Es pintar como querer
que él hizo el yerro, yo no.
Ninguna excusa recibo,
pues erraron juntamente
echen aquí de repente
cada cual un sopla vivo.
Pedir al negro color
sopla vivo, es desconcierto,
a pedirme sopla muerto
cuadraba mucho mejor.
Sopla muerto, quien lo vio
debe de ser cosa nueva.
Pues, porque se vea la prueba
sopla muerto se lo do.
¡Parado!
Para Eliseo famoso
que se hizo a la medida
con que remedió la vida
del muerto menesteroso.
Para el Isaac glorioso,
el sacrificio llevado
de leña el hombro cargado
y fuego ardiente amoroso,
que por un hombre alevoso
que fue la causa murió.
Sopla muerto te lo do.
Pues que en color verde estribo
y me afirmo a la esperanza,
vida y bienaventuranza,
quiero echar un sopla vivo.
Sí, que el otro echéle yo
según la tristeza mía.
Pues yo, según mi alegría,
sopla vivo te lo do.
¿Para do?
Para el Jonás soberano
que la tormenta destierra,
y del mar, que en sí lo encierra,
salió después libre y sano.
Para el Josef nuestro hermano
encarcelado y vendido,
y después de libre ha sido
salvador del pueblo humano.
Y victorioso y ufano
vivo a todos se mostró.
Sopla vivo te lo do.
Pues pasaron de mi ley,
el de negro, color triste
al que alegre verde viste
pregunte, ¿qué viste el Rey?
¿De qué color viste el Rey?
De verde viste.
¿Por qué viste?
Porque de verde esperanza
en solo Dios ponga el hombre,
pues no hay hallar otro nombre
en quien poner confianza.
Y porque los cortesanos
suelen guardar como ley
vestir el color del Rey
cuando salen más galanos.
Se viste de aqueste verde
porque el alma dél se vista,
Y espera gozar su vista
y esperando se le acuerda:
que lleva el que no desiste
de su amor el galardón,
y entienda bien la razón
porque el rey de verde viste.
No viste.
¿Pues de qué viste?
De blanco viste.
¿Por qué viste?
Porque para remediar
aquella comida amarga
que tanto escote nos carga
una dulce quiso dar.
Una casa edificó
para sí, y para la fiesta
y estando la mesa puesta
los convidados llamó.
Pero dio un pregón real
porque a noticia viniese
que nadie al convite fuese
sin el vestido nupcial.
Porque si algún imprudente
iba mal ataviado
era de la sala echado
y afrentado eternamente.
Y cuando todos llamados
y ya todo apercibido
salió de blanco vestido
que alegró los convidados.
Una vista de consuelo
fue una hazaña no pensada
quedando la tierra espantada
y admirado todo el cielo.
En ver afición tan pura
que con ser de todos dueño
se ofrece al grande, y pequeño
por dar a todos hartura.
Que porque de mayor gana
comiese el hombre goloso
el manjar blanco sabroso
quitó el agrio a la manzana.
¡Oh, pan vivo que veniste
del cielo a hartar la tierra!
Veisle allí, que allí se encierra,
¿Mirad si de blanco viste?
No viste.
¿Pues de qué viste?
De encarnado viste.
No viste.
Pues no viste,
Pague.
Ya yo estaba descuidado
y pensaba en otra cosa.
Pues, haga en pena esta glosa.
(La bella mal maridada.)
Glosa.
Hizo Dios estrellas, flores,
luna, sol, noche y aurora,
cielo, tierra y resplandores,
y, al fin, sin una pastora,
y fue presa en sus amores.
Pues siendo tan extremada,
a no ser con Rey casada,
¿quién la había de merecer?
Por fuerza había de ser
(La bella mal maridada).
Pase adelante la rueda
y pregúntelo al Morado.
¿De qué color viste el Rey?
El Rey viste de morado.
No viste.
Pues ¿de qué viste?
De azul viste.
No viste.
Pues ¿de qué viste?
No viste.
Pues ¿de qué viste?
pardo
De pardo viste.
No viste.
Pues ¿de qué viste?
De blanco viste.
Caigo, y pague.
Pues iba con harto aviso
no sé cómo perdí el tiento.
Un soneto al Sacramento
nos haga aquí de improviso.
Oh, blanco cisne, que al extremo canta,
la dura muerte en vida convertiste.
Pelícano albo, que del pecho diste
el licor rojo de tu sangre santa,
fénix eterno, que encendiste tanto
las llamas del amor con que te ardiste
que en ellas se renueva, y se reviste
el hombre viejo del inmortal manto,
¿qué fuego, ni qué voz, qué pecho puede
arder, cantar, y osar tan alto hecho,
que al cielo excede, y allá encubra el suelo?
Amor, aun a sí mismo en sí se excede,
amor en sí, de amor rompe el derecho,
fénix, cisne, Pelícano del Cielo.
Blanco.
Pase adelante la ley
y pregunte el negro luego,
porque se remate el juego.
¿De qué color viste el Rey?
De negro viste.
No viste.
¿Pues de qué viste?
De verde viste.
No viste.
¿Pues de qué viste?
De blanco viste.
No viste.
¿Pues de qué viste?
De verde, amarillo viste.
Pague, pues que erró.
Pague, pague.
Porque más no se adelante,
sentencio desta manera:
salga el Amarillo fuera,
y un villancico nos cante
con su buena gracia, y brío
que de los colores trate,
y demos con el remate
prefiriendo el blanco mío.
Pues es el color más rico
de todos cuantos tenemos,
y danzando acompañemos
al canto del villancico.
Villancico.
No adorna la Real sala
pardo, verde, y colorado,
negro, amarillo, morado,
que de blanco es sí la gala.
Rúbrica