цифровой текст El alférez de Cristo
Дата публикации: 25 июня 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El alférez de Cristo. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/alferez-de-cristo-el.
EL ALFÉREZ DE CRISTO
Pag. 1
El Alférez de Cristo. Tercera parte
Al reverendo padre fray Juan de la Torre, predicador y guardián del convento de San Francisco de la villa de Martos.
El mayor blasón de la sagrada religión de los menores es tener un padre que fue viva imagen de Cristo, el cual quiso hubiese en la tierra un memorial de su segunda pasión, un Cristo accidental que imprimiese en la memoria de los hombres su muerte, que tan olvidada tenían; así el seráfico Francisco quiso también que hubiese en su orden quien en la pobreza y humildad le pareciese.
Hallo en vuestra paternidad sujeto digno de tan altas virtudes, y así le aliento a que prosiga en tan alta profesión; y no tan solamente vuestra paternidad resplandezca en ellas, pero tanto en las letras y fecundidad predicando la palabra de Dios que se quedan atónitos otros muchos.
Cuyos excelentes partes, aunque las ha procurado esconder, no pudo esconder a los bien intencionados que tanto siguen su doctrina, siendo prelado es como ciudad puesta en el monte, y como tal es luz que alumbra las almas y las encamina en el camino de la perfección.
Y como yo me siento tan obligado por tantos caminos a servirle, aunque tan pobre, en algo deseo de manifestar las obligaciones que confieso con deudor, y así hago demostración de mi voluntad con el presente desta comedia, El gran alférez de Cristo, padre de toda la religión, la cual deseo venga a la luz del teatro, para que se acabe este serafín de llevar los corazones de los hombres; y vuestra paternidad tenga el merecido lauro de amparar mis escabrosos versos.
Jornada primera
Pag. 2
San Francisco
Fray Junípero
El Soldán
Un moro
El dios Neptuno
Titán
Océano viejo
Glauco
Nereo
Dos marineros
La diosa Tetis
Doris ninfa
Ninfas con instrumentos
Fátima mora
Salen el dios Neptuno y la diosa Tetis, vestidos con marlotas de color y mucha copia de volantes de plata, encima que denotan las aguas, y coronas de caracoles.
Quisiera, Tetis gallarda,
que este reino de que gozas
fuera todo el mundo entero,
porque fuera más dichosa
la voluntad que te estima;
que siendo tuya la honra,
yo también participara
de alguna pequeña gloria.
Pero mis hermanos dos
se alzaron, y oro lo ignora,
con lo mejor, y dejaron
mi valor, entre las ondas
de este elemento diáfano,
si bien son maravillosas
las grandezas que hay en él,
como ya de ello te consta.
Júpiter llevose el cielo
debido solo a mi sombra;
cuanto más quien ha ganado
tan gran nombre en su corona,
por ser ladrón de mis bienes
de quitárselo blasonan
gigantes, que le dan guerra,
si le aprietan, más le asombran.
Montes sobre montes ponen
que fácilmente amontonan,
y estando casi vencido,
y humillada su persona,
hace fulminar mil rayos
a los cíclopes que moran
donde el Mongibelo exhala
el fuego que siempre brota;
y despidiendo con furia
los rayos que aquellos forjan
sobre los montes gigantes,
vence furias cabillosas .
En breve tiempo deshizo
esta máquina espantosa,
que apretado le tenía
y tanto su reino asombra.
Quedose como ladrón
usurpando lo que roba,
sin acordarse que lleva
tal carga con la victoria.
Plutón, como era tan fiero,
al infierno se acomoda;
allí reina, siendo rey
donde solo penas moran;
allí castigos inventa
contra las almas que gozan
siempre penas, siempre llantos,
por delitos que amontonan
en la vida que vivieron,
digna de castigo, y todas,
aunque nunca arrepentidas,
sus miserias siempre lloran.
Pag. 3
Yo me quedé, bella Tetis,
entre ninfas que atesoran
en sí las perlas más ricas
que suele llorar la Aurora,
que a recibir salen bellas
estas cristalinas conchas
de que abunda aqueste reino,
porque en ellas se mejoran.
El ámbar tan estimado,
por su olor, mi reino dora,
y a la tierra de presente
se lo envío a cada hora;
los árboles de coral
son infinitos sus obras.
Has visto, Tetis querida,
entre mucho y blanco aljófar,
las riquezas son inmensas
que en este reino me sobran;
cana plata y rubio oro
son de mis pies las escorias.
Los que habitan este reino
son todos dioses y diosas,
y hay innumerables ninfas
para tu servicio solas.
Alégrate, dulce amiga,
que pues eres grata esposa
de Neptuno, como tal
eres en su pecho sola;
la que reina, la que manda,
la que gobierna y adora
este diáfano cristal,
que en tu vista se mejora.
Pide más, si quieres más;
lo que pidieres blasonan
mis pensamientos de darte,
pues en ti tan solo moran.
Tan contenta, dulce esposo,
vive el alma, que mejoran
mis cuidados solo en verte,
y como en su sol se acrisolan
los pensamientos que viven
de adorar al que enamora
con su vista aquestas linfas
que tus sacras plantas mojan.
La riqueza ostentativa
que te ofrece el reino, goza,
porque gozándola tú
también la goza tu esposa.
El cristal de este palacio
gran Neptuno, a mí me sobra;
por morada, que aunque es vidrio,
no quiebran vidrio tus olas.
Siéntate y recostado
en la diáfana alfombra,
de descanso a mis tristezas,
y sosegarán las ondas
que estos días levantaron
el fiero Aquilón y Bóreas,
que tanto temor me han dado
solo en verlas tan furiosas.
De la tristeza que ostentas
siento, Tetis, las congojas,
pero en aquestos palacios
no hay que temer a las olas
de este reino cristalino,
que costumbres alterosas,
como son tan repentinas,
presto humildes en sí tornan.
Por darte gusto, mi bien,
humillo las verdes ovas
a tus pies de mi cabeza,
que son de ella la corona.
Siéntanse y al sentarse tocan dentro un caracol.
Pero aguarda, que Titán
su blanco caracol toca,
que es señal que pisan gentes
nuestras cristalinas ondas.
Tocan otra vez y levántanse.
Otra vez tocó; sin duda
que debe de ser gran cosa.
Él no viene?
Sí, mi bien,
pues las aguas se alborotan.
Del gran delfín se desciende.
Llegué, pues, porque me sobran
admiraciones en verle
como apriesa de él se arroja.
Pag. 4
Sale Titán con marlota de color y por cima cantidad de volantes de plata, y así saldrán los demás que han de salir, con un caracolgado al cuello.
Marino dios, generación divina,
cuyo poder cristales amontona,
y a quien el indio en aras a la bastrina
incienso ofrece siempre a tu corona;
cuya vítrea morada cristalina
te da sus perlas y su coral te abona,
para oírme apercibe el pecho grave,
porque en el mío mi placer no cabe.
Bien te acuerdas, gran dios, cuando Proteo,
siempre agorero, si adivino y sabio,
en su morada te movió al deseo,
vaticinando con purpúreo labio,
a ver un hombre cuyo pobre arreo
el camino sin muestra de resabio
para el Olimpo allanara su mano,
contrastando a Plutón, tu horrendo hermano.
Este que ver en tu reino deseaste,
hoy a tenerlo en tu poder alcanzas;
en leve pino, el agua que heredaste
alegre pisa, sin temer mudanzas.
Tus linfas puras no le den contraste,
fiestas previene con festivas danzas;
muestra benévolo, piadoso el celo,
pues Cibeles le sigue y honra el cielo.
Toca, Titán, el caracol sonoro;
haz señal, los semidioses llama,
pues mi tridente con tal bien mejoro
que a ver tal hombre el corazón me inflama.
Vos, Tetis bella, cuyo aspecto adoro,
ya que Neptuno dulcemente os ama,
mostrad festivo vuestro rostro bello,
al que es justo le honréis, siguiéndos de ello.
Pag. 5
Toca Titán el caracol y vase.
Para celebrar quisiera
un día tal, tan festivo,
ser otra Venus bizarra,
y vieras que solo vivo
de adorar tus pensamientos;
cuanto más habiendo visto
ser gusto tuyo que humille
mi deidad a tu servicio.
A mis ojos, dulce esposa,
la madre del dios Cupido
es fea, puesta delante
de tu rostro peregrino.
Si tú enamoras las aguas
y en cristal vuelves su vidrio,
qué mucho te adore y goce
el que tan bella te quiso.
Y aqueste pobre extranjero,
que sé se llama Francisco,
quiero que vea que es justo
de tu deidad los motivos.
Enamorado te muestras.
Aquel amor muestro al vivo
que dentro en mí siempre vive,
pues soy de tu amor el nido.
Los semidioses se llegan.
El estruendo y el sonido
del caracol anda apriesa.
Doris la primera vino.
Sale la ninfa Doris.
Qué priesa, gran dios, es esta?
Puedo hacerte algún servicio?
Doris bella, así conviene;
presto veréis mi designio.
Sale el viejo Océano con las mujeres que hubiere, todas con instrumentos, vestidas como arriba dijo.
Al son de tu caracol
desperté, porque dormido
estaba, orillas del Tajo,
en luzo, célebre río;
por él son entendí luego
que previenes regocijos.
No sé la causa, gran dios,
que a hacer fiestas te ha movido.
Llame las Tajo de bellas,
cuyos lusitanos bríos
darán las muestras cantando
de la gloria de mí mismo;
estas que ves traigo aquí,
que al aire darán motivo
para que lleve sus voces
hacia el cielo cristalino.
Seáis, gran padre Océano,
a mis palacios de vidrio,
con la beldad de estas ninfas,
si en mil veces bien venido.
Presto sabréis el intento
de este llamamiento mío,
porque son mis glorias vuestras
y mi honor de vos confío.
Salen Glauco y Nereo.
Cerúleo dios, tu grandeza
guarde el cielo.
Aqueso mismo
os libre Glauco de serla,
porque siempre os sea amigo,
y vos gallardo Nereo,
así dejáis el narciso
de vuestra Doris tan sola?
Sola venir aquí quiso
y no aguardar quien le adora,
por saber presto el motivo
de tu voluntad, gran dios.
Sin Nereo, Doris vino.
El favor os agradezco,
que es favor más que subido.
Todo lo merece el rey
que adora el rostro divino
de la hermosura de Tetis.
Agravio os hacéis al mismo
Pag. 6
Que estoy contemplando en vos,
el nuestro es bien conocido.
Sale Titán.
Sobre mi delfín corrí
todo el reino cristalino,
y adonde llegar no pude
se oyó el dulce sonido
de mi caracol; los dioses
a tu presencia han venido.
Mira si otra cosa mandas.
Basta lo hecho, sobrino.
Dioses del mar, ninfas bellas,
que en altares sombríos
habitáis, dando a mi reino
el honor que de vos fío;
llegó el tiempo en que la gloria
de mi corona ha subido
al grado más excelente
que oyó el cielo de un juicio.
En aquel pasado tiempo
en que a Proteo adivino
viste dentro en su cueva,
cosas altas me predijo;
entre las cuales fue una,
que vendría a este reino mío
mejor gloria del mundo asombro,
que siendo humano es divino.
El cual en potro de leña
daría espanto a todo Egipto,
conquistando para Dios,
como por solo más rico,
del aquilón mundo, dando al traste
con todo el vil señorío
de Plutón, mi negro hermano,
haciendo llano al Olimpo
aquel camino escabroso
al parecer, del que vivo
vive en el cielo y ha muerto
por sus pecados nocivos.
Este pues, navega el reino
que heredé; de vos confío
celebrarle con fiestas,
que lo merece, pues quiso
ser pobre por solo el alto,
que aunque es tan pobre es tan rico
de los bienes celestiales,
que es espanto de sí mismo.
Llégase a mis palacios,
salgamos a recibirlo,
que pues el cielo le precia,
más es de lo que se dijo.
La razón está diciendo,
oh grande dios neptunino,
que es justo que le recibas
con mil cantares festivos.
Yo quiero ser la primera,
pues deste bien participo.
La segunda seré yo
en estos juegos divinos.
Yo te mostraré quién soy
y el gusto con que te sirvo.
La gloria me llevaré
en el bien que amo previno.
Aplantad célebres fiestas
y darte solo peregrino;
siendo vuestros destas ninfas,
de quien solo mi amor fío.
Mostrad todos la grandeza
de mi reino y de mis bríos,
y templad los instrumentos,
porque se llegue Francisco.
Hablan de dentro de la nao dos.
Hola, proa, lo que hay que hacer.
Coged las velas, que he visto
que alegres me cantan las aguas
todos sus dioses marinos.
Descúbrese una nao, y en ella estarán san Francisco y fray Junípero, y dos marineros.
Como a Cristo accidental
en mi reino te recibo,
y el alma alegre te da
tan bien, de bien venido.
Mostrad, dioses, el afecto
de mi corazón subido,
porque este que veis tan pobre
es digno alférez de Cristo.
Pag. 7
Tocad esos instrumentos, y los ánimos festivos den señal de que gozáis de un bien nunca jamás visto.
Tocan y hacen los dioses y ninfas un sarao el espacio que pareciere.
Si en la mar hay tantas fiestas,
para qué queremos irnos?
Quedémonos con los dioses,
seremos dioses marinos.
Alabad al sumo Criador
por el bien que recibimos
en este profundo lago,
siempre el alma y amor mío.
Coged en peso la nave,
y con ella en Egipto
no padezca alguna fuerza
de Plutón, rey del abismo.
Tocando los instrumentos, se llegan todos a la nave y se cubre la apariencia.
Sale el Soldán de Egipto y acompañamiento.
Por la gloria de Mahoma,
y por Alá soberano,
que he de ver cómo el cristiano
a mi brazo homicida doma,
porque la empresa que toma
tiene gran dificultad,
que es fuerte la ciudad
y vive el Soldán en ella,
y basta a defendella
de la más fuerte deidad.
Cuanto más de inmunda gente
sin ley, sin razón alguna,
cuya bárbara fortuna
les trujo desde occidente
a conquistar el oriente,
como si los moros fuesen
viles griegos y rindiesen
sus corazones robustos
a sus pechos siempre adustos,
que tanto en Siria florecen;
no bastaba haber ganado
a la gran Jerusalén?
Sino que a Egipto también
quieren verle conquistado?
Sacarles de este cuidado
piensa mi furia y valor,
que a no perder el honor
determina mi corona,
y yo solo con mi persona
daré fin a su favor.
Guardad los muros, y a mí
me dejad con el cristiano,
porque el cielo soberano
curará su frenesí.
Sienten su real aquí
que sus aguas la venganza
me darán de su esperanza,
y muerto tan vil deseo,
me llevaré su trofeo
en la punta de la lanza.
Sale un moro.
El gran general, señor,
cautivo dentro en el puerto,
a dos cristianos, que es cierto
ser espías de valor.
Enciéndese mi furor
más cuanto más me provoca
esta gente sucia y loca
con la bárbara osadía
que ellos llaman bizarría,
yo llamo vergüenza poca.
Vengan luego a mi presencia,
que yo les daré tal tormento
que hasta el mismo pensamiento
confiesen por cierta ciencia.
Yo voy. Tanta asistencia,
un tanto perseverar,
no se puede imaginar
sino que hay aquí traición,
si es propia imaginación
veré en su modo de hablar.
Salen los dos santos, presos, y gente.
Pag. 8
Estos cristianos son
que en nuestro puerto saltaron,
huir nunca procuraron,
ni de sí dan más razón
que decir en conclusión
que tu presencia desean;
los de tu consejo vean
y expliquen sus intentos,
que según son sus alientos
parece que le macean.
Bárbaros, viles cristianos,
que usurpáis bienes ajenos,
cuyos pechos viven llenos
de efectos siempre inhumanos;
qué buscáis? Qué gobernaros
impulsos os trae a muerte?
Quién del vivir os divierte?
Buscáis tormento horrible,
cuya suerte es imposible
no tener contraria suerte?
Qué queréis en esta tierra
tan quieta, donde el mundo entero
cuyo poder lisonjero
mueve a Egipto injusta guerra?
Decidme cómo se encierra
en vos, que os llamáis clementes,
ser verdugos de inocentes,
qué efectos son de demonios,
pues quitáis los patrimonios
con sed de muchas gentes.
Hablad, que no sé qué admiro
tan soberano en los dos,
que me humilla y fuerza, Dios,
a veneraros si os miro,
aunque queréis, aspiro
y solo saber deseo
qué es en mi tierra el empleo
que buscáis, huidos cristianos.
Estos efectos humanos
lo causáis este pobre arreo.
Gran Soldán de Babilonia,
rey del famoso Egipto,
a solo servir de Alá,
conquistador no vencido,
en una ciudad de Italia
de mi cuerpo ilustre nido,
nací para ser del mundo
mofa, y risa a mí mismo.
Fue mi vida escandalosa
en las costumbres, hechizo
que contuvo mis edades,
y mucho más siendo rico;
gasté juveniles años
con famosos altos bríos
de mancebo en cuyo cuidado,
en banquetes y otros vicios,
entrado en madura edad,
aun no bien conocido
el peligro con que andaba
me retraje del peligro.
Viste qué camino un hombre,
por entre riscos floridos,
cuyas flores atractivas
roban todo el sentido,
y al encontrar con las fuentes
en sus diáfanos vidrios
se mira como en espejo,
siendo espejo de sí mismo;
y cuando más descuidado
busca ocupado en el vicio
deleitable de los campos,
ve que sigue su camino
una terrible serpiente
que, dando espantosos silbos,
parece quiere tragarle
con voraz y mortal viso.
Desamparado y medio mudo,
pónese seguro nido
donde esconderse, y un árbol
sirve a su miedo de asilo;
y así turbado de ver
con el fiero serpentino
la terra tan sobre que hubo
de verle venir consigo;
así yo, que caminante
anduve por el camino
del mundo más de Egipto,
en que perdí mi sentido,
cuyas flores aparentes
son los deleites nocivos
Pag. 9
Que gozan las mocedades,
que es deleite fiero hechizo;
y aquel serpiente espantoso
por tragarme siempre vivo
me sigue, pero turbado
dejeme, reconocido
de que es su contento y gusto
un embuste peregrino,
pues sirve de conocerle
el hombre propio a sí mismo.
Por escapar de que hasta
al monte me fui, y a tiempo
fue del alma poco tiempo,
y en el cofre lo perdido.
Siguieron mis pasos algunos
por huir también del siglo,
y como en todos les hice
hicieron allí su nido;
al monte tanto vinieron
por seguir este camino
de excelente profesión,
que me dieron gran motivo
de instituir en el mundo
un estatuto divino,
un vivir de esta pobreza,
por ser siempre en todo chicos.
Tuvo efecto el pensamiento,
que fue de memoria digno;
hice evangélica regla,
cuyo fundamento es Cristo,
y uno de mis estatutos,
los pongo en dar aviso
al moro, que hay solo un Dios,
que hecho hombre al mundo vino.
Embajador soy del cielo,
y a declararte he venido
de Dios la fe verdadera.
Quién es Dios?
Es un abismo
de perfección inefable,
una deidad, un Dios vivo,
es un ser sin tiempo alguno;
solo por Dios conocido,
es indubitable esencia,
de la verdad es archivo,
un manantial inefable,
todo entendido y perfectísimo.
Está en su eternidad
incluso su ser divino,
y solo comunicara
tras sí, su eterno aviso;
este Dios, ya de ab eterno,
así se supo entendido,
y de entenderse a sí propio
dentro en sí, engendra al Hijo.
Tan Dios como Dios su padre,
el Verbo esclarecido,
y sus mismos atributos
al Hijo el padre ha infundido;
fue el agente el padre eterno,
de donde el Verbo divino
a emanado, un Dios es todos,
aunque en personas distintos.
Es un ser, es un gobierno,
y no diferente le quiso,
antes es su igual en todo
su sacro ser no diviso;
amarse con amor tierno
y de este amor peregrino
el Espíritu procede,
tan Dios como el Padre y Hijo.
Aunque distintas personas,
una esencia, es un aviso,
un ser solo, un solo Dios
clemente, manso y benigno.
Este Dios incomprensible,
que a Dios entender no es dino,
con su poder y saber,
al mundo de nada hizo,
tuvo tantas perfecciones
como en el Soldán augusto,
y por más engrandecer la
cira de tu paraíso,
a donde de polvo y barro
forma al hombre, que fue digno
de gozar de los deleites
de aquel perfecto hechizo.
De su costilla sacó
un verdadero y médico
que causa de nuestro mal,
que es mujer, y hase visto justo;
mandoles Dios no comiesen
del árbol, y a comer vino
Pag. 10
El hombre por la mujer,
quedando los dos indignos
de gozar de bienes tantos.
Por la inobediencia vimos
que sus desobediencias pecaron;
es bien lo paguen sus hijos.
No pudo aplacar a Dios
ninguno tan preciado
por ser inmensa la culpa,
siendo inmenso el ofendido.
Y así dispuso la red
del mundo su eterno Hijo,
para que le redimiese,
dando notable motivo
al hombre de que lo ame.
Su pecado arrepentido,
con que robase su cielo
y de él se hiciese digno.
Tomó el Verbo carne humana
en una virgen, archivo
de virtudes, virgen antes
y después de haber parido;
predijo treinta y tres años
en Palestina a judíos,
que inobedientes le pusieron
en la cruz, como digno
que al tercer día después
resucitó la vida vos.
Nosotros solo por fe
los suyos de muerto vivo;
este Dios inescrutable
es Soldán el que predico,
este es Dios, Mahoma,
el vil es suyo, es mi gui;
para todos los que siguen
este hombre, hombre digo,
serán dignos del infierno
y se hacen del cielo indignos.
Vuelve en ti, Soldán, hablando
mira adónde toma el bautismo,
y serás siempre dichoso.
Destos, que es uno y trino,
como suele de un largo sueño
despertar el que se vio
al mal rendido, que hasta
siendo breve el tiempo largo,
y pasando, se hace digno
de la causa de haber sido
en tal sueño sumergido;
y no conceptúa porque
más solo piensa que fue
un engaño del sentido.
Así yo, despierto ahora
de un largo y pesado sueño,
y si quiero hacerme dueño
de quien mi vida empeora,
solo concluyo mejora
mi sentido un desengaño.
Solo siento ha sido engaño
el letargo en que viví,
concluyendo que de aquí
solo me viene el daño.
Del alma desengañada
reprime una ley que tengo;
si perderla en ella vengo,
será cosa desdichada.
La ley cristiana sagrada
le parece al alma buena,
la del Soldán toda llena,
toda conforme a razón,
con que infiero en conclusión
que la mía me condena.
Disimular me conviene
por agora con los dos,
pues el conocer a Dios
de conocerle me viene;
lo que quiere el alma tiene
pues repugna lo que quiso.
Dios por ellos me da aviso
porque conozca mis yerros,
tan soberano favor
en el alma le agradezco.
Entrad bien estos cristianos,
dejadlos en el palacio;
que ellos me dirán despacio
los intentos inhumanos
de mis contrarios, que vanos
piensan sojuzgarme a mí.
Vanse todos, y quedan los dos.
El Soldán va convertido,
según a mí me parece.
Pag. 11
Sí, Dios, hermano, que dice
que le has bien conocido.
Eso fue un bien subido,
pero a mí no hay que esperar,
que en el Soldán se ha de hallar
que es perro, cosa tan buena.
Ya tan presto le condenas?
Si apenas le puede hablar.
Digo mi celo, temoroso
del quien quiere subir,
pero mire, padre, quien
ha vivido siempre en flores,
no querrá no los rigores
de la cuerda penitencia.
De Dios la suma potencia
muestra su centro.
Concluyente es tu razón
y bien digna de excelencia.
Sale un moro.
Alá, moro, por fin,
el gran Soldán mi señor,
recibió este favor
de su mucha cortesía.
Diga, en noche y cortesía,
en el palacio otro fuego.
Venid, y sabe luego
lo que pide Dios divino.
Así a la fe camino
tendrá el alma algún sosiego.
Vanse, y salen el Soldán y Fátima.
Esto se ha de hacer, que importa.
Si es tuyo mi corazón,
es imposible dejar
de mirar siempre a mi sol;
cumpliré lo que me mandas.
En aquesto el alma digo,
pues precisa de la fe
que predican estos dos.
Este aposento ha de ser
el teatro de mi rigor;
si le vences, ya contrario,
será de su fe blasón.
Vete pues, porque así tiempo
entras, porque es mejor
que esté solo, y sin darme
a mí dura pretensión.
Todo lo verás cumplido
como la manda tu persona.
Fátima bella, en tus manos
todo mi sosiego dio.
Vase.
Alma, con esta experiencia
es cierto gozar vos,
porque mi estoy turbada;
qué es esto, mi confusión?
Pudiera dar en la traza
que el entendimiento hable,
para ver verdades puras
las mudas como ellas son.
Salen san Francisco, fray Junípero y un moro.
Aquí tienes los cristianos,
hermosísima deidad.
Y deja el bien conmigo.
Anda cristiano sin favor,
hermano, adonde me llevan.
Seguro va Junípero a Dios,
así fuerte ha dicho el cielo
que me libra mi Sabio.
Vase.
Cómo te llamas?
Francisco.
Hoy tu predicación
y algunas dudas ofrecen
que es bien que a mí mundos
las satisfagas, porque en ti
satisfacer soy que hay Dios,
que el mundo formó de nada,
y que es conforme a razón
venerarle como a tal,
por ser principio que dio
a mi ser tan gran principio;
pues le tengo, me formó,
también creo el Hijo eterno
ser Hijo del grande autor
de la vida; pero como
pudo ser que le parió
la virgen, quedando entera
y sin obra de varón?
Esto quisiera entender,
que es obra de gran primor.
Cuando aquel omnipotente padre,
que el cielo y tierra crió,
dispuso para que el mundo
lo que ab eterno engendró,
una cría muy excelente
crea Dios de tu candor,
Pag. 12
Que el ángel puro es su sombra,
y por quien Dios le faltó,
en esta Virgen divina
el Verbo eterno encarnó;
a quien hizo sombra siempre
el divino y santo amor.
Obra que incomprensible
fue del don, no alcanzó yo.
El cómo, pero es de fe
que entera y virgen quedó,
a los nueve meses pues
al dulce Jesús parió,
quedando virgen del parto,
que fue mayor que mayor.
Dios, clamando, rompe el día
con su lumbre alegre el sol,
cuyos rayos en la vidriera
entran con tal favor,
que la pasan sin romperla,
y el cándido resplandor
haciendo visibles reflexos
nos da vista a la sala Dios.
Así en la Virgen María
cristal puro, el Verbo entró,
y a tiempo conveniente,
sin romperla, penetró
como el rayo su cristal,
de suerte que se quedó
tan virgen, como fue siempre
pues goza de tal blasón.
Esta es la fe que profeso,
si otra duda se mostró,
pregunta, por que sin duda
le daré satisfacción.
De todo estoy satisfecho;
este aposento te doy
por morada aquesta noche,
y al alma alivio, Dios,
nos veremos.
El que guarde.
Hasta la puerta me voy
por ver la dulce batalla
de aquestos contrarios dos.
Vase.
Oh amante mío, Dios mío,
qué hueste el corazón
de aqueste rey en la mano.
Un rayo venga de amor
que le abrase, y bañe en fuego,
porque sienta su dulzor;
con que arde penitente hombre,
no como error de su opinión.
Ahora, pues, Dios, encienda
el tal favor, den vida al alma muerta,
que tan muerta vive hoy.
Están de rodillas a un lado, y en la puerta están el Soldán y Fátima.
Solo está, agora es tiempo
que salga de la prisión
en que me tiene vencido
y de vencer este amor.
Bello moro, aunque infame,
así sujeta te amor,
ya con tus ojos me altera,
y deleites da el corazón.
Todo el cuerpo se estremece,
temblando de nuevo está,
es grande aqueste miedo
de cometer tal traición;
pero si le ven aquí,
que más quiere el alma?
Yo, rendida me siento ya,
no resisto tener valor.
Qué quiere aquesta mujer?
Aquí soberano Dios,
socorred a vuestro siervo
con vuestro dulce favor;
que aqueste aquí se honra?
No temas, que dama soy
del palacio del Soldán,
a quien Cupido rindió
con las flechas de tus ojos.
De suerte que un tierno arpón
rompiendo el candido pecho
el alma me traspasó.
Tuyas seré, si me quieres,
que aquel que poder te dio
para allanarme a tus ojos,
ablande tu rigor.
La misión, dulce amigo,
goza de pecho mejor,
que tiene todo este Egipto
rendido se halló.
Pag. 13
Qué dulcemente propone
su fingido vil amor.
Qué ruido del alma tuya,
solos estamos los dos;
no tienes que repares,
pues mi suerte permitió
que me rindiese tu vista
para mi tanto superior.
Ya que hube de ser lo que pides,
la cama escogeré yo.
Soy contenta.
Ay, mala, cuál la prisión
venció mi imaginación;
es esta ley divina
que este vil me predicó.
Habla de dentro el santo.
La cama está preparada,
ven y coge de tu amor
el dulce fruto que aquí
tu deleite preparó.
Ay de mí, divino cielo,
en el fuego se acostó;
Santo, salte pues que huyes
de gozar lo que rindió
con la vista.
Aguarda, padre,
y a todo el amor se hace;
tu fe quiero, estrecho estado,
que solo enseña ay primor.
Con este caso estupendo,
temblor, divina impresión,
de la pena imaginada,
del todo el alma salió;
para admitir este santo,
este portento santo
que es santo quien le predica,
y ha de ser mi redentor.
Alto, no lágrimas vivas
salidas del corazón,
voz grandiosa, que mis pecados
me llenan de confusión;
por el camino que vais
para que con los rigores
de penitencia mayores
en él los premios halléis;
el bautizaros apriesa
el alma, por que procura
dejar vuestra vida segura,
y el peligro manifiesta.
La vana conversación
de estos vuestros materiales,
cuyos ánimos brutales
es vivir a mi perdición.
El bautismo os daré hoy
con que se salve el alma,
bien dejando le está.
Por ver al Soldán estoy
en el puesto, andando con Dios,
que mueren nuestros muertos,
el peligro es manifiesto.
Si me ven hablar los dos.
Pues andad, Fátima, con la experiencia,
de este bien reconocido,
hará en Dios el alma nido,
pues en él tal bien se alcanza.
Vase, y sale fray Junípero.
Cómo os fue en no echar fuego?
Sois por dicha mármol o estatua
en cuya dura tersura
debe hallar algún sosiego?
Mi sosiego en fuego hallé,
y allí cobré nuevas alas,
con que a las etéreas salas
con dulce amor volaré;
y el fuego fue de suerte
que viví, mas muerta revive,
y en fuego de amor ya vive
por quedar en amor fuerte.
Al fin con alas saliste,
puesto serafín.
No hay cosa estable, Fátima bella,
porque cuanto más consiste
a todo el tiempo que puede,
más Dios como soberano
hoy me tiene de su mano,
porque vencido no quede.
Sale el Soldán solo.
Pag. 14
Mi Francisco!
Gran señor?
Quedo suspenso. Si he de partir
sin publicarle es forzoso,
porque no hay que hacer aquí.
Yo la fe te predique
de un Dios que quiso morir
por nosotros en la cruz.
También la ley que feliz,
si la tomas, no resuelvas
oh gran Soldán nada en sí;
y de que das tan infel
como al principio te oí,
por lo cual, con licencia
hoy a tomar carne he de ir,
que hasta me manda aprisa
para ver otro hombre en mí.
Mire, si le hablamos diablo,
el que da diente así,
y al morir que diablo,
como diablo es en vivir;
sino acepta nuestra fe,
sin duda tendrá mal fin;
y adiós el otro mundo,
no digo por Soldán decir
que no se la predicamos,
porque eso será mentir,
que a Dios nadie le engaña,
yo testigo que lo soy.
Queridos padres del alma,
primero pudiera en mí
el corazón deste pecho;
vienes los dos, que mi fin
no es otro sino adorar
aquí en secreto al querubín,
más puro y más encendido
de ese globo de zafir,
a Dios conozco tan bien
que me es fácil el morir
por la ley que predicáis,
que la ley en que viví
conozco que es falsa, injusta,
y seguirla es fuerza.
Que nunca aún tendrán
que es hurtó suerte infeliz;
mi reino, Francisco querido,
que quieres haga de mí?
Pues cristiano quiero ser,
pues me tenéis de regir;
no quiero Dios por agora,
Soldán, que se muestre en ti
los quilates de tu fe.
Hasta el tiempo de morir,
en secreto bautizarte,
los dos solos tendrán aquí,
mas que el bautismo sacro
puedas señor recibir;
procura con penitencia
a tu carne reducir
al espíritu, que ornando
podrás tal bien conseguir.
Estos Dios me ha revelado,
cumplido verás en ti
lo que digo, gran Soldán,
que Dios no puede mentir.
Gracias amo, gran Dios,
por el bien que obraste en mí;
siendo de gran pecador,
tan suyo, tan santo y vil,
yo creo cuanto me dices,
pues te quieres partir.
Dame tu bendición, padre,
hágate Dios tan feliz.
Quanto deseo que seas.
Dame que puedo decir,
que solo el cielo me dio
un humano serafín.
Vanse.
Jornada segunda
Pag. 15
San Francisco
El guardián
Fray Gil
Fray Junípero
Fray Juan Inglés
Cristo
Santo Domingo
Su compañero lego
El enfermo
Pacífico criado
Nuestra Señora
Doña Isabel Dama
Dorotea criada
Pag. 16
Sale el guardián y fray Gil.
Yo confieso que me agrada
a todos mi entendimiento
sus grandes simplicidades,
aun grande de varios.
Después que vino de Egipto
hermano fray Gil, le veo
tan simple, tan tosco,
que de todo al pensamiento
que sustenta, y es más malicia
a su de simple el extremo.
Según las cosas que hace,
con que más pesada quedo;
por ver si puedo con él,
en la cocina le he puesto,
para que viva ocupado
y quite el pobre sustento.
El hermano fray Francisco
le quiere tanto, que temo
sea causa de perderse
y así todo por de nuestro.
Es fray Junípero santo,
simple, que se lleva el cielo;
y si es tonto para el mundo,
para Dios es sabio y cuerdo.
Todas sus simplicidades
no sirven de desconcierto;
al compás de nuestra vida
ni al mundo meten en enredos,
antes en toda ocasión
nos sirve a todos de ejemplo.
Sus palabras son medidas,
sus obras son un aliento
a dar las gracias a quien
al mundo dio tal sujeto.
La orden tan buen fraile
y tan grande cuanto al suelo,
bien le defiendes hermano?
Yo digo aquello que siento,
lo que he visto y he palpado,
y al presente lo que veo.
Sale fray Juan capela.
Acabad la cocina,
hermano, que el cocinero
toda la leña ha gastado
y está todo en fuego ardiendo;
no hay quien entrar allá pueda
por el calor de su fuego,
el humo es tanto que ahoga
al que procura entrar dentro.
Apelada la lumbre,
todos los ocho calderos,
el agua hierve de suerte
que de verla me da miedo.
En ellos metió gallinas,
capones y pollos tiernos,
con plumas, y por no quitar
las pieles a estos conejos,
con su armador y su lana
metió también seis carneros,
un cuarto de gorda vaca
y un costado con su pelo.
Ha quitado de la huerta
coles y nabos tiernos,
lechugas y calabazas,
rábanos y cilantro seco.
Ved, hermano guardián,
la maldad de aqueste lego;
castigad su gran malicia.
Y acudid luego al remedio.
Vaya, y diga que venga
a nuestra presencia luego.
De aquí sin duda alguna
de aqueste loco me vengo.
Qué le parece, fray Gil?
Lo que es santo, si lo creo,
que esto es simplicidad santa
y no malicia, pues vemos
las ensaladas que hizo,
tantas juntas y aparejos
de carnes y hortalizas,
pues has en ocho calderos.
También vuestra caridad,
sin duda, hizo lo mesmo.
No lo hiciera porque soy
malo yo, y no soy bueno.
Salen fray Juan capela y fray Junípero, con una grande puerta al cuello para defenderse del fuego, y un grande cucharón en la mano.
Pag. 17
Diga fray simple, o fray tonto,
cómo a vuestro conocimiento
con tantas simplicidades
o malicias le sobró de necio?
Porque causa le hecha a perder
la pobreza, que los buenos
adquirieron de limosna,
para su pobre sustento.
Como las aves enteras,
con sus plumas, los carneros
con sus lanas, sus lanas,
dentro hechos de los calderos,
como tantas hortalizas
con más de trescientos huevos,
contra el bien de pobreza,
pues sin conciencia aquesto.
Tan mal, fraile, tan ajeno,
que de nuestro santo ejemplo,
no es digno que a tu vista
ni venga el merecimiento
de la pobreza, que Dios
repartió entre los siervos
que profesan regla santa.
Y este santo tan estrecho,
vaya presto a la cocina,
quite los calderos luego,
y agua y pan en veinte días
en tierra, comer puesto.
Vaya luego y no responda.
Esa penitencia es luego.
Para este tonto, que ayuna
más que comer suele un necio.
Calle tonto, pues que come
el trabajo del metal liviano,
que en estos aquí podres da,
siendo tu zángano entre ellos.
Que siempre haces a la brava
con sus palabras reniego.
Reniegue de Bercebú,
porque se quite el cielo
con que tapa aquestos ojos,
porque no vea lo bueno
de la humildad de Francisco,
pobreza de su colegio;
vaya la hermana a la cocina.
Mire, padre, lo hecho es hecho,
que no ha sido la intención
de este simple majadero.
Diga, no es mejor guisar
de una vez y comer luego
para un año en la oración?
Gastar todo aqueste tiempo,
y no guisar cada día
de comer al Señor cuerpo,
dejando el alma en ayunas,
porque se gasta comiendo?
Vaya simple, y no hable más.
Yo voy, pero tenme entiendo.
Qué efectos le diera yo?
Y los tomaré más buenos.
La fervorosa intención
de aqueste simple del cielo
es oración, hermano Gil,
bien con eso comeremos.
Por orar no ha de comer
todo el fraile que aquí tenemos;
el mundo acude a los pobres
de sus ocios objetos.
La omisión a Dios aplaca,
el enojo con que vemos
irritada su justicia
por los pecados que llevo
cargados a mis espaldas,
porque así, quien comete dos,
contra el mismo Dios,
y de ellos soy el primero,
por lo cual, hermano mío,
creo que en Junípero veo
que el cielo nos arrebata,
y vos, y yo le perdemos.
Hermano fray Juan capela,
mire, si este simple ha puesto
en orden lo que mandé.
Tomemos grande, le temo.
Venga, pues, vamos allá.
Veremos que estos dos extremos
de santidad y simpleza,
lo mejor es huir de ellos.
Vanse los dos.
Pag. 18
Conservad esta familia,
Señor, en el lazo estrecho
de vuestra pobreza santa,
que el demonio a lo que creo
procura de arruinarla,
y dar en ella un incendio.
Pues va dando con sus trazas
fatales indicios de ello;
viva Francisco, señor,
que en cuanto uno le veo
venera a mi pobreza,
le vi ángel que fue tan necio.
Sale san Francisco.
Qué hermano Gil, tan amado.
El orden del cielo nuestro,
dejar nada en Italia
con tan grande grato aumento,
que pienso platicando a Dios,
que asaló la mar de nuevo,
con el orden que San de
a todo junto el infierno;
y aclara el oscuro cielo
la promulgado en el suelo,
creciendo ya como espuma
con mil vírgenes y siervos,
que el amor ha producido,
para dar a tu ejemplo
el breve y sus secuaces,
nuevos y justos tormentos.
Dios aumenta tu familia,
y de aumentarla es muy cierto
que ha de dar copiosos frutos,
dignos de todo consuelo.
Vamos los dos al monte,
a que vengas al inmenso
por tan grandes beneficios,
como Dios hace en el suelo.
Y tú voy, señor, no llevas?
En Junípero estoy viendo
que espera en el monte florido
el trigo del convento,
porque en la parte que está
cantando todo este tiempo
cantos dignos de alabanza.
Es muy señor del cielo.
Vanse, y salen el emperador Federico, Pacífico criado y acompañamiento.
La muda fama con sus lenguas dice
de aqueste rico pobre la grandeza,
su gloria es bien el mundo solemnize,
su estado, su virtud y su pobreza.
Es bien que mi corona se feminice,
pues en tal tiempo llega a tanta alteza,
con la familia de este pobre altivo
que a solo fue de tiempo tan lacivo.
Solo un asombro oprime mi cuidado,
y es que este mozo, que con templos pobre,
quiera vivir y viva retirado,
sin que en el mar de amor nunca cobre.
De cierto sé que fue de amor tocado,
y dejando al amor grandezas obre,
dando a la castidad un valor santo;
es caso digno de un eterno espanto.
No ha muchos años, sacro Federico,
que celebró en Asís a cierta dama,
cuando más mozo, más gallardo y rico,
ostentó con grandezas más su fama.
Pag. 19
Gózola?
No, señor, te certifico,
porque nunca encendió amor su llama.
Amores castos fueron.
Ya no caso,
aguarda, pues, porque adelante paso.
Esta mujer corrida y afrentada,
por no alcanzar su condición la cima,
el efecto que quiso retirada,
viene de todo ya más siempre altiva.
Si reparase, pues, fue del amada,
hacer que un tierno amor este reciba,
hablase o vendrá, y la experiencia
haremos de su grande penitencia.
La traza es como tuya; el mundo vea
si es tan casta su admirable vida,
como gente la su fama en él se arrea,
y también su pobreza si es fingida.
Déjame a mí, señor, que lo desea
también el alma.
Sea siempre bienvenida
como las musas; raro entendimiento.
Vase.
Hechura tuya soy, divino aliento;
recibe el alma en esta experiencia,
que en Dios me suceda cual deseo,
para vivir de penitencia
y dejar del palacio el devaneo.
Hará su castidad en mi ciencia
el estrago que es justo, el pobre arreo,
tan solo servirá, que en dulce calma
divino pasto dé y gozo al alma.
Sale santo Domingo solo.
Corruta siento la tierra,
con sus muchas disensiones,
porque estas disoluciones
son efectos de la guerra.
La soberbia que se encierra
en los reyes y mayores,
son causa de estos temores,
también lujurias avivan
los ánimos en que estriban
tan temerarios furores.
Señor, el mundo perece
con los males que le oprimen;
los errores me se imprimen
en sus pechos, pues florece
la herejía y permanece
en sus corazones tales,
que aguardando en ellos los males,
que pronostican sus vidas,
que de vos son conocidas,
por sus insultos fatales.
El remedio estoy aguardando
de vuestra clemencia pura,
que el hombre vuestra hechura
no sea este bien más tardando.
Yo, con ánimo gallardo,
me postraré si sois servido,
a sufrir más conocido
del hombre que así os ofende.
Si el remedio de mí pende,
mi vida pongo en olvido.
Tanta postra desarmada
por el hombre algún efecto
ha de hacer, pues el sujeto
es débil, de vos de nada.
Pag. 20
Su flaqueza desdichada,
y así vuestra sangre pura
fuerza que tan vil criatura
en tanto mal tenga medio;
acudid luego al remedio,
que esa piedad me asegura.
Corre una cortina en que se descubrirá un trono de gran majestad, y en él estará Cristo en pie con tres llagas en la mano, con unas quisivas y Nuestra Señora estará de rodillas pidiendo clemencia.
El mundo vive y reviva,
el hombre que así te ofende,
pues amor, mi amor, pretende
que es gloria tuya que viva.
Muestra la verde oliva
de tu amor, este, aunque no,
que vuestra merced encierra
en su pobre corazón.
El pues la confusión
en que está puesta la tierra,
considera al hombre triste
vestido de carne humana,
que la deidad soberana
siendo Dios eterno viste.
Esta paz solo consiste
en piedad, clemencia pura;
esta le viene segura,
con esta yo de por medio.
Viva el hombre, y su remedio
mire en vos toda criatura.
No vivís vos sola querida,
como a mi deidad ofende
el hombre vil, que pretende
ver su culpa y le podrá.
Que eres vos, que la divida
se eterniza en pecados,
pues solos son sus cuidados
la soberbia y la codicia,
la lujuria y la malicia,
los más desordenados.
Deja que les dé el castigo
que culpas tales merecen.
Si las glorias que florecen
en vos, contra el enemigo
soy, ni de ello soy testigo,
sola piedad y clemencia,
como en vos tanta excelencia
ha de faltar Hijo mío?
Perdonad, no le fíe
que luego hará penitencia;
para la cual daré gente
que a vos el mundo convierta,
y abrirá la dulce puerta
a la penitencia fuerte.
Solo al mundo conveniente,
y estos serán dos varones,
cuyos justos corazones
os compasión tanto a vos,
que el mundo os darán los dos
con sus divinos sermones.
Quienes son, Virgen hermosa,
esos ilustres varones,
que a mi juicio propones
justamente religiosa?
En la conversión dichosa
del mundo predicando,
Domingo que orando está
por el bien de todo el mundo,
es español sin segundo,
que al efecto amor me da.
Corre otra cortina, y está san Francisco en un monte de rodillas orando, y fray Gil orando recostado sobre la mano, también dormido.
El otro vive en el monte,
haciendo sus ojos fuentes,
cuyas humildes corrientes
doman todo el horizonte;
es Francisco, Xenofonte
de tus siglos, cuyo amor
muestra todo el primor
que tu grandeza le ha dado.
Él sacará de pecado
al mundo con su valor.
Es un hombre peregrino,
admiración de la tierra,
que él solo puede dar guerra
a todo el lago aquerino.
Este allanará el camino
de la penitencia santa,
cuya virtud fértil planta,
donde mil pimpollos nuevos
den a tu amor los renuevos
del amor que en ellos planta.
Pag. 21
Del perdón vayan los dos
contengan toda criatura;
mi clemencia le asegura
al mundo sucio perdón,
que humilde ando del corazón,
mi piedad la tienen cierta;
a la razón abran puerta,
y el mundo siga a mi amor.
Católicos rebeliones,
el bien os viene a la mano,
predicad con pecho llano,
no temáis un contra entero.
Con vuestra toda la guerra
que os oponga un enemigo,
que si el mundo se reforma
pienso ha causado tal favor,
que de goza el mismo amor,
que la tierra y cielo adora.
Desaparece la visión y la de san Francisco.
Oh clemencia nunca oída,
oh bondad divina humana,
apieda tan soberana
sea siempre agradecida.
El alma, pura que unida
este siempre a tal bondad,
que tan inmensa piedad
solo en vos puede caber,
porque quien a conocer
la culpa de su maldad.
El mundo vive, Señor,
por María mi señora,
si vos del mundo protector
si en tal hombre, en favor,
ella detuvo el rigor
de vuestra justa justicia,
que si al mundo beneficia
no os puedo que con serlo,
pues por señora la tiene.
Aunque es mucha su malicia,
quién será tal compañero
cual María, dulce madre?
El alma la imagina padre,
un serafín verdadero;
por sus caras liviano, ligero
y el mundo pone breve.
Pues en el tal bien, hincadle
para todo conquista de
en su calle y en su talle
mi vida la gastare.
Vase, y sale doña Isabel dama sola.
Ay, a la esperanza perdí
de llegar a posesión
de un bien que contra razón
la cima miente ofendí.
Este varón que resistí,
retirado profesó en cuya
una tan grande locura;
por medio de algún cuidado,
porque tengo entendido
que la salud me asegura.
Mas cuanto más pienso dar
el olvido, el dulce amor
acude con más rigor.
Esta locura de amar,
que no procuro olvidar,
este objeto soberano,
el amor como tirano
entonces más fuerza pone,
con que luego descompone
mi propósito cristiano.
Al amor y lo que puede,
este triunfo de amar,
y más no pudiendo hallar
modo en que al deseo vede
la confusión que procede
de tan justa resistencia,
pues con todo mi potencia
nunca le pude vencer.
Una no fue mi proceder,
y muy más vano mi ciencia.
De todo tengo perdida
la siempre dulce esperanza,
crece la desconfianza
y se muestra corta la vida.
Sin gusto en mi cansada,
todo en mis pesares son,
y mi mayor aflicción
es hoy que el santo y justo,
con que el corazón a gusto
en sí todo es confusión.
Sale Dorotea criada.
Pag. 22
A la puerta llegó un hombre
y sube ya la escalera.
Anda, ve, deténle, espera,
pregúntale por el nombre.
No puede ser, que entra ya.
Sale Pacífico.
Bella Isabel, guardos Dios.
Seáis, Pacífico, vos
bien venido.
Claro está
que tendrás amistad?
Mi vida está sin bien.
Pues déjame sin desdén
sienta cosas.
Proseguid.
En vuestra ceniza fría,
hay centella aún de amor?
Hoy produjo su rigor
como una imprenta mía.
Qué me daréis, y en la mano
os pondré lo que adoráis.
Yo sé que de mí os burláis,
y así el prometer es vano.
Yo siento, bella Isabel,
de suerte vuestro desprecio,
que ha de haber, aunque fue necio,
que os haga tan cruel.
Se rinda a vuestra beldad,
pues por firme merecéis
gozar lo que pretendéis
de su rara santidad.
En cuidado ha de ir conmigo
aqueste rey de palacio;
allí quiero que despacio
gocéis a vuestro enemigo.
Qué fácil ser vencer
con vuestra rara belleza
este monstruo de bajeza,
siendo él hombre y vos mujer.
Puesto en un aposento,
cómo se podrá escapar
del amor, que este dar
al más flaco nuevo aliento?
No habrá resistencia allí,
y más junto a tal beldad,
que sois Venus en deidad
y es todo amor y frenesí.
No hay dudar de lo que ofrezco,
porque sin duda lo haré.
Y aquesta ocasión fue
de veros? Bien os merezco.
Tanta voluntad, mas yo
tengo ya grande experiencia
de su mucha resistencia;
en otro tiempo os burló.
Allí no podrá burlaros,
estando solos los dos.
Yo sé bien que sabréis vos,
bella Isabel, de quitaros.
Reina en mí tanto el amor
que me quisiera perder,
aquel poder rendir,
y más con vuestro favor,
sin duda a palacio iré
esta noche.
Pues yo voy
a convidarle, que estoy
contento que en vos hallé
cumplimiento a mi deseo.
Dios os guarde, cumpliréis
la palabra?
Vos veréis
cómo me llevo el trofeo
de tan raro vencimiento.
Mi confusión tan terrible
lo imposible hará posible
con esta prueba que intento.
Vanse, y salen santo Domingo y su compañero fray lego.
Qué te cansas, padre amado,
en andar por toda Roma?
Pag. 23
Podrá en aquendente este
de esta ciudad, y su gloria
haga Dios patente, adonde
la ha menester, y así todo
diligencia de buscarle.
Siento siempre enfadosa,
pues te mueles y me mueles
buscando quien le conozca,
que jamás te podamos dar.
Si es desdicha tan notoria
que digan de este que tanto
padre te asombra,
Dios ver si te conviene
ver esta admirable sombra
de hombre, pues que ha visto
no parece que goza
de tan feliz memoria,
y a la muerte te provoca,
muerte viva, porque vive
pareciéndole a ella sola.
Deja, hermano, que me canse
en buscar un bien que mora
viviendo un amor glorioso,
siendo la sierva gloriosa.
En poseer tal tesoro
como en ella se atesora,
porque teniéndole en sí,
tiene en el trono su gloria.
Si sabe que mi compañía
en la conquista que agora
se hade hacer, trayendo el mundo
a penitencia dichosa,
no quieres que yo le busque,
porque le sea notoria
del Criador la voluntad,
con la de mi propia honra?
Cuando estés más descuidado
hará Dios que la conozcas,
para bien de todo el mundo
que a convertir te acomodas.
Señor, si servido sois
que el alma que en vos se postra,
en vos goce de tal bien,
a tanto bien reconozca
su sujeción la voluntad
a vuestro servicio pronta,
para que mi amor publique
alegremente victoria.
Salen por otra parte san Francisco y fray Junípero.
Fatiga hermoso mío
el cansancio que me agota,
alcanzando un poco al cuerpo,
que es de carne, y no es de estopa.
Bien me parece que no tiene
ojos la devoción de Europa,
que hasta aquí pues ve
de la mujer la poca copia.
Andando Cristo vino al mundo
a padecer muerte afrentosa,
no vino solo a gozar,
sino por todas las cosas
que sustentan el cielo santo,
y habilita la tierra toda.
Este es el pobre que importa;
dicen al alma que mora
en cuerpo tan penitente,
pues por él Dios nos perdona.
Léganse los dos, y ambos se ponen de rodillas.
Dios le salve, gran Francisco,
el mismo que del cielo adora,
porque su vida, hermano,
pues en ti tanto se goza.
Te me da, pues no sos hora,
recibida de tu mano.
A mi Domingo no toca
el darle, pues sacerdote
eres de Dios y a eso toca
tu bendición.
Pues aguardo,
abrazaos los dos
de lo que puede la vista
que intriga para tal obra.
Siento el alma, Domingo,
el que me ven tal gloria.
Abrazanse, y fray Junípero se arrodilla delante de los dos.
Pag. 24
Deme su paternidad
su bendición.
Con buena semblante su reverencia,
como se llama.
Fray mosca, que come de lo que traen
los que en el río y toman,
porque yo de nada sirvo
sino de comer.
La toda altiva alumno desata .
Más me fui, no hablo gota,
que nuestro pobreza es mucha,
y ayunar es bella cosa.
Dios me libre, yo no puedo
ya pasar sin una lonja
de linda monja al rever,
y el licor de una candida.
Y eso quando a la mañana?
Quando la campana toca.
De aquesto la suerte
de tonto sobre la memoria.
Qué le he de hacer, que soy muy flaco
de barriga.
Pues agora le diré lo que ha de hacer
para su mejor mejora.
Dios es todopoderoso
para darnos la victoria,
y cercar todo el infierno.
Alor está, predica y toca
y aplaza de Dios la ira,
que vuelca en misericordia.
En mí hallarás ayuda poca,
porque soy un ignorante
y tan simple, como el idiota,
pero Dios pondrá su mano
en mi lengua.
De tu boca verdadero y santo humilde
no se espera otra cosa;
que el humilde, los mide Dios,
tu humildad le hará tan corta
que en sus ojos no habrá
quien te iguale.
Aquesta honra aguardo, español santo,
ya mucho antes de agora,
con tu ciencia, mi voz,
poner mano a la obra
de tan justa pretensión.
Dios te guarde, y haga dichoso
tanto humilde despojo,
pues Domingo hermano en la gloria,
que el trabajo que padeces
por Dios allí le mejora.
Vanse.
Los compañeros se van.
Vaya, pues con Dios.
Con el puede bien irse uno,
pues tanto el dormir le importa.
Vanse, y salen Pacífico y doña Isabel, dama galana, ricamente vestida.
En este rico aposento
estarás, Isabel, acomodada;
este mismo ojo cuidado
del alma será tormento.
Ya está todo de vencido
aquesta noche a palacio,
y el emperador despacio
le ha de hablar y hacer dormir
esta noche aquí.
Sin duda Dios que se viene en pos mía,
que nos pide ver el día
en tanta gloria a los dos.
Con esta experiencia
saldón el mundo del encanto.
Yo declaré del santo
su fingida penitencia;
tratando vivo algún fuego
es bueno en este aposento.
Estoy en tu pensamiento
sin duda se trama luego.
Sale el emperador.
Bella Isabel.
Señor mío.
Brazo victorioso vengo
a tu beldad y desvengo
por ver tu gallardo brío;
que es justo sacar al mundo
de esta inicua confusión,
que imagina de uno en otro,
que es Francisco sin segundo
en pobreza y castidad;
y así como yo procuro
rendir este fuerte muro,
y saber si esto es verdad.
Pag. 25
Ya sabéis lo que he querido
este monstruo.
Ya lo sé.
Pues dejadme, que yo le haré
perder de todo el sentido.
Si no es, qué hay por donde huir?
No, que cerrada la puerta.
Aunque es la tabla cierta,
él vencerá todo el dormir.
Solo aquí hasta que venza
su terquedad, su belleza.
Déjeme a mí vuestra alteza,
que vencer sabré piensa,
aunque se oponga al infierno
a defenderle de mí.
En este reposo aquí
tiene, Dios, este yermo.
Nos trae aquí la verdad
claramente de su virtud.
Entra Isabel, cierra con la puerta.
El vencer con brevedad.
Vase.
Vuestra majestad, señor,
le espere fuera en la sala.
Él se deja en la gala
de todo el lascivo amor.
Vase.
Aguardarle nos conviene,
porque le aguarda el riesgo;
si él trae el trofeo,
dichoso yo con tal bien.
Sale san Francisco solo.
Quién dijo que la ausencia causa olvido,
merece ser de todos olvidado,
porque el hombre de Dios enamorado,
en cuanto ausente vive más perdido.
La memoria aviva su sentido,
la soledad levanta su cuidado;
el verse de tal bien tan apartado,
hace su desear más encendido.
El hombre que no quiere contentarle
es justo que lo pague con no verle,
que ausente de un tal bien todo es infierno.
El alma que no quiso merecerle,
no le quiero más mal que no gozarle,
y quien le goza, goza un bien eterno.
Salen el emperador y Pacífico.
Seas padre bien venido.
A tu llamado, señor,
vengo alegre porque sé
que en él se sirve a Dios.
Y como de tu Francisco
continúa religión.
Cómo puede pasar mal,
si el mismo Dios la fundó?
El aumento suyo es grande,
y crece con tal fervor
que armas de cinco mil sujetos,
a quien el amor le dio
un claro conocimiento,
junto contento y valor.
Que religión imán de todos
de la penitencia son,
todos entre todos buenos
de harta contemplación.
Que los cielos se arrebaten,
y no puede olvidarlo yo;
pues muy rica será ello,
tan inmenso pecado
que solo vino en la tierra
por mal el de mi criado.
Muy bien conozco quién eres,
y sé de poca feria,
en las cosas celestiales.
Dios tiene tu corazón
en su mano, y así mimas
mis obras en pasión,
y me dices las verdades,
y todo aquello que soy.
Pag. 26
En palacio aquesta noche
quedarás; mañana yo
te veré, que he menester
comunicarte.
Señor, señor,
a todo estoy dispuesto,
como humilde siervo estoy.
Dispon de este gusano
que en la tierra se crio
para servirme Dios disponde.
Del aquesto dispon.
Vase Francisco.
Descanse mi corazón
con la priesa de esta noche,
este aposento se ha hecho
de fuego, y en él
dará descanso mejor
al cuerpo que en el convento
con la pobreza y rigor.
No tendrás cama que importe;
nunca el cuerpo descanse
en cuanto la deuda tiene
que debe de pecador
que pagar; y así es forzoso
el pagarle siempre a Dios,
hasta que la vida recoja
en las manos del que dio
su propia vida por él,
con que el cielo nos abrió.
Allí dentro tienes fuego
encendido de carbón,
que tanto frío previno.
No tengo frío; el amor
que me abrasa es fuego vivo,
con que mitigo el furor
del crudo invierno y sus yelos.
Con todo, allí quedará
para tanto rigor.
Dios te guarde.
A miramos el suceso desta noche,
entre los valientes dos,
de que tendrá la victoria
la dicha mi corazón.
Hace que se va, y se pone a la puerta. El santo se pone de rodillas.
Dios inmenso y admirable,
cuyo poder inefable
al alma toda interpone,
con saber inescrutable,
tanta deidad inefable,
tanto amor, tanta grandeza
con mi vileza troqueza,
con que le podré pagar,
sino solo en humillar
ante vos mi gran bajeza.
Que como sois soberano
todo grande, todo inmenso,
cuando levantarme pienso,
o me juzgo más ufano,
hallo mi ser, ser humano,
tan bajo, tan vil, tan triste,
que goza el alma se viste
por la humildad que en mí veo.
Con que a vos rinde el deseo
que solo en amar consiste.
Vos sois mi rey, mi señor,
todas mis cosas sois vos;
yo vil hombre, vos sois Dios,
cuyo blasón es amor.
Amáis con tanto primor
la vileza de mi ser,
que me dais a conocer
que solo sabéis pagar
el que bien os sabe amar,
y amor tal corresponder.
Si me amáis, os amo yo,
esto vos bien lo sabéis.
De que vos, Señor, me améis
siempre el alma lo estimó,
porque en vos tan solo halló
la justa correspondencia,
en tu grande excelencia,
tan excesiva y elocuente,
que siendo vida halláis muerte,
que humille vuestra potencia.
Hacen ruido dentro.
Ruido en el aposento,
hay sin duda. Se enciende
de palacio, mansamente
abrir esta puerta siento;
temerario pensamiento,
quieren darme crudo alcance
imaginando algún lance.
Pag. 27
Que los bel hechos procura,
mujer es de su locura,
guardios que aquí descansé.
Sale doña Isabel dama.
Enemigo fugitivo
del descanso del alma,
si piensas llevar la palma
de amor, que tú más lacivo,
para ti, monstruo esquivo,
mi deseo que procura
tenga mi fele cintura.
Y solo curarle puede
quien en este punto excede
al áspid más fiera y dura.
En esta soledad muda
he de cumplir mi deseo.
Espera, segundo Egeo,
pues no hay quien te acuda,
solo la verdad desnuda
de mi amor, sabe vencer
sojuzgada y mujer,
y he de salir con mi intento;
allana tu pensamiento
que esto sin duda ha de ser.
Ea, mi bien, dulce amado,
baste la fiera tormenta
con que el alma me atormenta,
y mi continuo cuidado.
Solo estás, amor me ha dado
la ocasión por los cabellos,
esforzar hágame de ellos;
que si pierdo esta ocasión,
matarme ha la confusión
de verme tan sin ellos.
Mi confusión es terrible,
pero el fuego la remito.
Huye, que lo imposible
vencer fuego otro imposible;
pues escapar no es posible
del amor por este momento,
si tanto fuego alimenta
ese pecho impedernido,
una sola cosa pido
porque quedes más contenta.
Con tu petición se inflama
más mi pecho; pide, mi amor,
que estos vendales favores
para quien tan firme ama.
He de escoger yo la cama
en que los dos acostados
demos fin a los cuidados
que en aprieto te pusieron,
pues sutilmente estuvieron
de verte tanto afrentado.
A tus pies te concedes,
pues aquí me aguarda un poco.
Vase.
Que yo te llamare.
Este loco entendiera lo que puedo.
Yo vencí, contento quedo,
de vence aqueste imposible.
Ay confusión más terrible.
Al paño.
Entrad, pues, Isabel, ven,
que la cama es bien sufrible.
Dentro.
Va para entrar adonde el santo se entró y se queda en la puerta como pasmada.
Qué pasmo es este que veo?
Sin duda premio es de luego.
Decidme, santo, no por cierto,
porque miran mis ojos lo que es cierto,
que confusión tan fuerte.
El alma atónita lid agora viste,
quién sale más viva en fuego
sino este monstruo? Quítame el sosiego
la dura resistencia
que debe a tanto amor, tanta excelencia.
Qué dulce ver espero
para tú ser con él, loco y divino,
que aunque venciste, el fuego me apuraste
con las armas adustas que buscaste,
y así vengada quedo,
y vencedora aquí llamarme puedo.
Vase.
Pag. 28
Sale Pacífico.
Vista la acción admirable
deste Fénix solo aquí,
acabo de hacer en mí
un efecto irremediable,
y a del mundo insuperable.
Burlé el alma, solo entiende
en gozar lo que pretende,
se deshace, y se rinde mi Dios,
ya que el auxilio das vos,
que de quien el alma pende.
Sale san Francisco.
Aunque, amor, gran señor,
pues me dejaste vencer
esta lasciva mujer
con fuego de vuestro amor,
si quieres de un pecador
la salvación, dame hermano
el hábito de tu mano,
que esa acción que he visto aquí
dio cura a mi frenesí,
y repudio al mundo vano.
La gracia que en Dios pusiste
en pensamiento tan bueno
a quien de miserias lleno
al mayor miseria excede.
El hábito te concede
este Dios siempre admirable,
vámonos al convento.
Afable se ha mostrado Dios conmigo,
es Dios bueno para amigo,
para enemigo espantable.
Jornada tercera
Pag. 29
San Francisco
Fray Gil
Fray Junípero
Fray Pacífico
Fray Juan Capela
Cristo
Un ángel
Un porquero
Un estudiante
Nuestra Señora
La pobreza
La humildad
La fama
Sale san Francisco solo.
Apurando el sentido humano,
todo el sentido alternado,
el corazón lastimado,
el alma en justo tormento,
el deseo sin aliento.
Algún modo, y si procura
en que el mundo tenga cura,
y el hombre se lleve el cielo,
Francisco tenga consuelo,
oh Dios que lastima dura.
El remedio de su mal,
el alma con veras busca,
mas sola muerte me ofusca.
Ser remedio sin igual,
esto un favor celestial
puede dar remedio al hombre,
que es conocer de su nombre
la grandeza, y no me atrevo
a pedir un bien tan nuevo,
de tanto ilustre renombre;
pero si mi favor es tanto,
que me vea con mi amado,
que estoy firme enamorado
como de tu esposa canta.
Pediré pues que me encanta
un deseo peregrino,
que haga mayor el camino
de la gloria siempre estable,
con algún modo admirable
que destruya el cauto ciño.
Fue por amor a humildad,
quiere ser tan atrevido,
querer para el hombre vida
encargada en maldad;
si yo fuese, y es deidad
tan divina y soberana,
como mi rudeza allana,
a pedir cosas tan altas,
no mirando en que mis faltas
nacen de mi culpa vana.
Pero si es justo, es clemente,
si es León, tan bien cordero,
si vengativo y severo,
también es serpiente;
mis culpas tiernamente
dio remedio con morir,
luego bien podré acudir
a esta necesidad,
que es todo amor, es bondad,
que le obliga a me acudir.
Pag. 30
Sale un ángel.
Cristo, que marque a tus brazos
un fiel todo aumenta,
porque tan feliz suerte
tiene el que en sí se desprecia.
Tu humildad, que tanto aprecia
Cristo, se viene de María;
cada quien viene por ti
llanto del suelo al cielo.
Baja, y tendrás el consuelo
que el Padre Eterno te envía.
Hermoso serafín,
tanto bien, aunque sencillo,
sin duda me maravillo
en ver que mi Dios se allana
a mi pequeñez villana.
Siendo rey de cielo y tierra,
en cuyo poder se encierra
cuanto puede obrar mi vida,
pues no tengo merecida
tanta paz, más siempre guerra.
Vamos, que esto es del cielo.
A mi centro me conviene,
pues él a buscarme viene,
por bien del mundo ha de ser.
De esta vez se ha de saber
lo que el hombre ha procurado.
Dile, que tu dulce amado
de verme mercedes quiere,
en tal Dios a bien que espere
quien de amor vive abrasado.
Vanse, y corriendo una cortina aparecerá un trono de grande majestad, y en dos sillas estarán sentados Cristo y Nuestra Señora, y fray Francisco con instrumentos, y estarán cantando un rato los motetes que quisieren, y saldrán el ángel y Francisco, que se pondrá de rodillas delante del trono.
Tus deseos, Francisco amado,
veo, tus deseos de bondad y limpio celo,
el cuidado amoroso, tu deseo
de apacentar las almas en el cielo.
Pues en ti mis tesoros bien empleo,
al mundo procurando tal consuelo.
Te manda en gozo donde aquella queda,
a su orejita, y abrigo donde sobra.
Poderoso señor del alma mía,
dichosa, pues en vos le ha fabricado
dulce refugio de mi amor subido,
porque en vos vive siempre eternizado.
Siempre mi fuego y don hecho y olvido,
que cual quiera que entrave don cedido
y en esta iglesia obre con fe buena,
absuelto y limpio quede a culpa y pena.
Y vos dulce María, sol divino,
pues sois patrona nuestra y desta ermita,
regalad pues a Dios que al siervo indigno
la justa petición alegre admita.
Si la escala sois vos, si sois camino
por donde a mi Jesús sube contrita
Pag. 31
El alma sube, para que el hombre pueda
gozarle. Esta merced se me conceda.
Altísimo señor, Dios poderoso,
hijo divino, y todo mi contento,
mira a vuestro siervo deseoso
de ver las almas libres de tormento.
Suplico cuanto pueda, rey glorioso,
pues que sabéis lo oculto del intento,
le concedáis el don que os ha pedido,
si fuere Dios, obrará de perdido.
Estos ruegos del alma vuestra esposa,
la red de mi Dios y rey esclarecido,
ved que os lo pide madre tan dichosa
para esta casa suya y dulce nido.
Francisco, siervo humilde, grande cosa
de no pequeño cuento me has pedido,
mas tus buenos deseos no se merece
alcanzar y gozar, pues no fallecen.
Tú me alcanzas, pues que queda
la humilde petición por mí otorgada,
y para que del todo en todo pueda
ser más tu contento divulgada.
Ve, dile a mi vicario la conceda,
pues tiene comisión de mí emanada,
que concedida, breve se certifique,
y en el mundo la fama la publique.
Desaparece el trono, tocando instrumentos.
Oh majestad soberana,
oh grandeza sin medida,
qué la merced de vida
por mí el mundo gana.
Dichosa la carne humana,
con que gallarda os vistió;
pues de ser madre emanó
tanto bien y gloria al hombre,
pues ella a Dios le dio nombre
cuando vestido os cubrió.
La luz del que dio vencido,
y el triste infierno arruinado,
que su remedio el pecado
hace hallar en este nido.
Al pontífice querido
a pedir voy la indulgencia,
que es tan digna de excelencia
cuanto explicar no sabe.
Publicarla luego haré,
y Dios en mi competencia
lo hace a su poder.
Pues concedió tanto bien al mundo ingrato,
venturoso, aunque fue falto
de merecer lo que halló.
Hombre, la Virgen ganó
el remedio a vuestros penas;
venid, pues, porque seáis menos
alivios de tanta vez.
Esto os da sin interés
por ser perdón general,
con que a la culpa fatal
dais hoy de todo al través.
Vase, y sale fray Gil.
Dichosa el alma que alcanza
aver la gloria que miró
en este convento pobre
de mi reina será rica.
Pag. 32
Remedio el hombre ha tenido,
pues la carga se le quita
de los hombros, con perdones
que el cielo le facilita.
Aquí Dios como piadoso
poner en aquesta ermita
una escala para el cielo,
con la enmienda de la vida.
Vuestra clemencia, Dios,
sea por siempre bendita,
pues fue el bien al mundo,
que todo elevado admira.
Orden donde se ha fundado
tanto bien, esclarecida
ha de ser por todo el mundo,
pues tanto se certifica.
Vida de siervas al cielo
quiera, porque subida
a la humildad y pobreza
será grande, siendo chica;
que en ella estas dos virtudes
resplandecen, porque vidas
siempre aquí, y acompañadas
flores que ocupen la vida
en desprecios de pasiones,
que contratan las lascivias,
en ásperas penitencias
que ser a Dios facilitan;
oh virtudes soberanas
que juntan tan grande familia,
que gloria se le apareja
que tienes el propio tan.
Aparecen en el aire la pobreza y humildad, cada una por su parte.
Las dos virtudes que aclamáis
en ti sus efectos miran,
y de ellos como señas
los bienes aquí se aplican.
En ti, que soy la pobreza,
verás bien mis imágenes,
que retratada me alegro
tiernamente, que soy la misma.
La humildad que represento
tanto en ti se humilla
que me parece que soy
la propia que a Dios se humilla.
Hasta la muerte corres,
una mujer maravilla
del mundo, con tu humildad,
que amas desprecios te avivan.
Porque usas de tu camino
la pobreza peregrina,
del aumento de su gloria
el infierno aborrecida,
del cielo la adorada,
quien de la suerte adorna
sus más echizos primicias,
en la futura sus glorias,
que le harán esclavitud
de la raíz que es francisca.
Planten del cielo divinas,
un árbol procederá,
cuyas ramas siempre altivas
cubrirán toda la tierra,
y el fruto de su subida
serán tan sabrosos al cielo
como al mundo en su doctrina.
Al tiempo que tu cuerpo asista,
se han de anotar seis reliquias.
En Marruecos, siete en Ceuta
serán ansangre teñidas,
veinte y tres más famosas
en cruces, galas de espinas,
darán resplandores piros
que al cielo sus tojas suben.
También dos inquisidores,
Pedro y Esteban, sus vidas
darán en defensa ilustre
de aquesta fe que predican.
Conde don iluminado
del mundo lustro, que emita
a los mártires dichosos,
que en la iglesia se codician,
otros mártires sin cuento
cuyas historias escribes.
Serán del mundo, han de hacer
coronas merecidas.
Un doctor buenaventura,
cuya venturosa mitra
hará dichosa la iglesia,
que en tal piedra se fabrica.
Un Luis, obispo santo,
gran príncipe de Sicilia,
Buenaventura gallardo,
cuyo amor en Dios se anida.
Pag. 33
Antonio gran lusitano
de milagros fuente rica,
asombro del orbe de el mundo,
trono que a Dios se dedica;
un Bernardino de Sena,
y digo que a Dios se humilla,
Luis, de Francia rey que fue
gloria de su patria altiva;
el zeardo conde virgen,
luzón que de Oriente riza,
Diego, patrón de la peste,
a la tierra medicina;
un san Juan de Capistrano,
ofensor de la morisma,
un Jacome de la Marca,
destruidor de la herejía.
El grande Pedro de Alcántara,
que al afecto vincula fija,
el portugués Amadeo,
y Pascual, Pascua florida;
un rey Juan de la Armenia,
Enrique Rojo, que fabrican
con sus virtudes coronas
por la fragilidad texidas.
Dos blancas de Cielo,
de quien confirma alegría
toda la iglesia han fruto
por sus milagrosas vidas.
Otros muchos que no cuento
dejo a la fama altiva
lo publique, porque dellos
tendrá que decir mil días.
Si de varones ilustres
hizo sola hierarchía
la pobreza, yo la haré
de santas contemplativas.
Muy bien como es a Clara,
también como de su vida,
será estrella clara al mundo
y a quien otras muchas sigan;
Agnés, su hermana, con dos
admirables caricias;
Baleana también a Tomasa,
las dos claras sobrinas;
dos Isabeles preclaras
en milagros peregrinas,
una de Portugal reina
y la otra infanta de Hungría;
Isabel emperatriz,
de Alemania la más digna;
Coleta reformadora
del orden de Clara altiva;
Catalina de Bolonia,
Columba con bendita,
Sancha reina de Nápoles,
Elena en virtudes rica;
Isabel de Francia infanta,
de Hungría la infanta niña,
Costanza de Aragón reina,
y una virgen vasca línea;
Blanca madre de san Luis,
bella infanta de Castilla,
y de Ariano la condesa,
que se llamaba Delfina.
Margarita de Cortona,
rosa nacida entre espinas,
Ángela que en penitencia
trajo sustento a su vida;
un infante de Asís santa,
Filomena, gloria digna,
gran madre en las descalzas,
otra infanta Margarita.
Millares por contar quedan,
que serán esclarecidas
de luz eterna, y su luz
será más que claro día.
Otra grandeza, muy presta,
verás, Gil, y tan subida,
que otra semejante el mundo
no la ha de ver en su vida;
porque le será esta
la más alta sabiduría
de dar al mundo un portento,
de Cristo una imagen viva.
En Francisco se copia,
este memoria divina,
Cristo accidental será,
en quien su pasión se escriba.
Todas aquestas grandezas
al mundo su luz cumplidas
para más gloria de Dios,
y de las dos que le admiran.
Desaparece la visión.
Pag. 34
Gracias, altísimo Dios,
a vuestra inmensa bondad,
pues que en vuestra piedad
dar al mundo tan atroz
tanta gloria, solo vos
podéis dar a la pobreza
que viste vuestra grandeza.
Tu aumento y gloria tanta,
ruego, Gil, de que se espanta
si es en vos todo grandeza.
A dar cuenta a mis hermanos
voy, de nuestro bien futuro,
camino por todo seguro
a bienes tan soberanos.
Pues vienen de tales manos,
seguramente creo
que harán cierto este trofeo
en el orden que fundo;
que a que guarda clamó
digna tarea deste empleo.
Vase, y salen san Francisco, fray Junípero y fray Pacífico.
Ya, queridos hijos míos,
el papa nos concedió
la indulgencia, y declaró
el cielo los fuertes bríos
de luz dél, sus desafíos
dieron con él en el fuego.
Turbado confuso y ciego
el bien mira del hombre,
que no es mucho que le asombre
ver ser de santos riesgo;
porque las almas verán
volar de la tierra al cielo,
de quien si tuviesen duelo
nunca visto tendrán.
El padre se llevará
de embajada a sus amargos.
Aunque siempre un Argos,
en velar, ha ser malos,
ojos vendrán más fatales;
serán sus próximos cargos.
No me provoques, tormento,
lo que procede de aquí.
Bien llora perdente a ti.
Si él llora, no estoy contento.
Que tenga tan mal intento
ese demonio, a mi fe,
que Junípero le dé.
Bien que sentir, yo lo creo,
pues huir de ti le veo
cuando alguna vez te ve.
Sale fray Juan Capela.
Hermano, en la portería
un porquero da mil voces,
y con imaginantes voces
la puerta entendimiento.
Dice que es ya la muerte
de frailes lo que le hicieron,
pues el pesar que le dieron
fue tal, que quiso perder.
El mal de un ruin no ha de ser;
si los frailes no su hicieron,
oíle aquí; llámele hermano,
él viene con furia loca.
Sale un porquero.
Frailes, qué diablo os provoca,
la probez vuestra vida,
que tomáis inhumano
si lleva lo que ha ido un vil?
Fraile? Si fuera gentil,
ello yo no me espantara,
pero por aquesta cara
que con pelos más de mil
le he de cargar de tal suerte,
que me conozca tal vez.
Hermano mío, no veis
que el enojo es tu muerte?
Rato tengo, pues advierte
lo que te dije sin voz.
Dime el caso aquí, por Dios,
para que le dé el castigo
al que en paz enemigo.
Este caso ha sido atroz,
en ese campo traía
de puercos una manada,
y el romero de ella oída
de aquesta lermita día.
Un fraile que llegaría
en el campo algún demonio,
pues de ello dio testimonio,
aun puercos el pelo corto.
Y cogióme de él sajo,
y sin que el aire favorezca
le dice a sus pies al tiento,
huyó bien presto el ladrón,
y ser fraile en conclusión
dido en tener deste convento.
Pag. 35
Sin duda mi pensamiento
da en lo cierto; aqueste fue
Junípero.
Por mi fe, Francisco hermano, yo fui
el que tanto pesar di
al puerco que el pie corté.
Hermano, Dios te perdone
el escándalo que has dado.
Que vea lo poco cuidado
al extremo.
Compone tú lo que me descompone,
la caridad el convento;
pues yo lo miré en su intento,
fue acudir al deseo
de un enfermo.
De nuevo fue de un corto entendimiento;
nuestro hermano ya podía
ya comer, y deseo
un pie de puerco, y pidió
que le trajese a su pieza,
que su codicia de día
y una manada encontré,
y al hermano puerco el pie
le pedí, y estuvo que dio;
dijo, yo se lo concedo,
y luego se lo corté,
vinime al convento luego
y del hermano pie le di.
Al enfermo se le dio,
con que tuvo algún sosiego.
Fue la caridad el fuego
con que apriesa se coció.
Si aquesto parece feo,
señor hermano porquero,
yo soy puerco, y así quiero
de puerco servirle yo.
En este así gran santidad.
Hijo mío, sé darlo pena
a nuestro hermano Junípero,
merezca la caridad.
Si la cordura enemistad
que no sé qué me diga,
nuestra caridad me obliga
a daros dello perdón;
no quiero satisfacción
del daño.
Dios te bendiga;
el puerco luego traeré
para que le coman todos.
Que vuestros humildes modos
me aumentan mi poca fe.
Hermano, porque no iré
yo por él?
Venga a dar
la puerta de mi piedad.
Vase.
Sin celo dio causa a la caridad.
Bueno está, pero es contrario
en tantas simplicidades,
que suelto las ciudades
con su simple desatino.
Este es el fraile más digno
que tengo en mi religión;
este solo, con el lego,
es santo de Dios querido,
este es el siervo escogido
conforme a su corazón.
Callo yo, pues tanto sermón
le engrandece.
Fray Pacífico,
qué pensamiento es vuestro?
Otra cosa.
Aqueso es llano.
¿Tanto aqueste villano
le agrada? Le pena rabio.
El que es más docto y más sabio
es idiota, hermano, ante él.
Yo lo creo, bueno fiel,
te parece.
Pénseme agravio.
Yo voy a mi ocupación.
Vase.
Dile a fray Gil que en el monte
le aguardo.
Antes monte tanto mal es compasión
vuestra falta.
Hay razón para ir a mi ley;
hallé en él lo que perdí,
y en el pienso ya he visto
lo que he callado estoy,
pues todo es frenesí.
Vanse, y salen fray Gil y un estudiante.
Moviose un gran argumento
sobre la virginidad
de María, la verdad
que del que descontento
quedose un mozo y sin mí,
porque siempre se ve
el señor, siendo mujer,
quedar virgen; y decir
Pag. 36
Serlo tan bien adelante,
como antes de ser casada,
esta cuestión tan fundada
es duda en varón constante.
Fue virgen antes del parto.
Da un golpe con el bordón en el suelo, y sale una doncella.
En el parto virgen fue.
Da otro golpe y sale otra.
Y después del parto fue otra
que también fue virgen.
Es santo.
Da otro golpe y sale otra.
Has dicho, padre, que así
me basan las astucias,
pues que con ellas condenas
mi tan falso frenesí.
Ahora voy; mi pecado
quedo duda cosa tan cierta,
y la fe que estaba muerta
por ti ha resucitado.
Vete en paz.
Vase.
El cielo que bien te libra,
que honor de quien dio
a Dios el humano velo.
Sale fray Juan Capela.
Al monte afligirme subió
se ha Francisco, porque allí
le aguarda fray Gil, ahí,
alguno esclarecido
de la gravez, más que ordena
en honor de san Miguel.
Vive con tanto celo
mi misterio que enagena
mi sentido y verdadero
el vaticinio cumplido
que ha de hallar esclarecido
a Francisco, allá que veo.
Vase.
Cuanto ha de aqueste lego
con todos mis serios
es si tratar de emisferios.
Y cuando no, no hay sosiego.
Fui en la ha metido a fray Gil,
hablar tanto en lo divino.
Hablar en cuentos de vino
le compete a un lego vil.
Pues el otro simple loco,
con su loca simplicidad,
hecha a perder la grandeza
de la orden poco a poco,
porque los leglares recio
andan aplaudirle; porque
Sale fray Junípero.
Asu por quelo, que se
porque debe se hacen a precio?
Porque Dios honra al que quiere,
y al que le sirve más bien.
Me oíste? Pues yo también
sirvo a Dios, y al que prefiere
el mundo por loco y vano.
Mire cómo engañado
que el mundo me ha despreciado
por tosco, simple y villano;
mas Dios todopoderoso
la humildad de pobre mira,
y lo que tanto le admira
de fray Gil, varón famoso.
No te cansaras ya más,
antes como Judas necio
a tu salvación en precio,
como mal fraile pondrás.
Otro te la comparará
venido de igual eterna,
en quien la humildad encierra
el que tal virtud te da.
Tu ayudante veniste,
pero tu tanto que aleas
que tu perdición aprecio,
porque tal bien no seguiste.
Tu desprecias la humildad,
y burlas de la pobreza,
no conoces su bajeza,
ni tu mucha necesidad,
y así Dios, que es siempre justo,
te desprecia por tu mal,
tu muerte será fatal,
y tu gloria el fuego adusto.
Vase.
Ay de mí, todo es verdad
cuanto Junípero dice.
Lisonja la suerte,
solamente a mi maldad.
Pag. 37
Pero vivo yo contento,
y después de muerto yo.
Vase, corre una cortina y se muestra un monte todo de flores, y ramos, y en medio dél estará san Francisco en pie, y este monte se ha de mover para la impresión de las llagas.
En el silencio mudo
de aquesta oscura noche,
y donde el cielo muestra la grandeza
de tanto rico broche,
que en su techo bello grave y rudo
el que formó de nada tanta alteza;
admirando la belleza,
tan admirable, tanta ilustre pompa,
mi voz el aire rompa,
y al Artífice santo humilde alabe
con digno pecho, no con voz grave;
pues lección luciente
al soberano Alcázar tal labro potente.
En el imperio, cuanto
que es verte admirable
de tu infalible y sacra omnipotencia,
un puente inaccesible
donde acabe más su pecho amante,
obra digna de tal magnificencia,
quiso tu potencia
humillarse al hombre aleve
que humilde se atreve,
que amanezca esa breve
constancia, por dulce compañía,
y al segundo del trono al mundo envía
que muera, y abra el cielo,
por ser los hombres todo su desvelo.
Oh bondad infinita,
magnificencia suma,
oh nombre estable, nunca oído,
que seráfica pluma,
que humana, para ti siempre finita,
cantar podrá el amor alto y subido
con que de amor herido.
Alcázar bello al hombre fabricaste
en el nombre que le diste.
Qué feliz ser heredero de tu cielo?
Si humano viste de pecado el velo,
mas solo el amor puede
hacer que amor de amor vencido quede.
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Remedio fue infalible
de tanta culpa fea
lazar el fuego de tu pecho amado,
porque solo desea
tu amor divino el verle ya posible,
porque si ha dejado quien le ha llagado,
amor tan sublimado
que es medicina a tanta inmensa llaga
con otro amor se paga.
Mas qué mayor ser correspondiente
al amor de tu pecho más clemente?
Pues es poco la vida,
y darla por tu amor no es muerte, es vida.
No merecí, Dios mío,
perderla por ganarte,
que para mí tormentos eran flores,
en ellas que de hablarte.
Repugnaste mi brío,
y solo me has tratado con amores,
merecedor los dolores
de tu pasión y peregrina muerte,
aumenta de mi suerte
el bien que en mí faltó,
porque más sienta de tus dolor,
mi cuerpo la tormenta,
y sírvame de escudo
tu cruz, que haberme tan dichoso pudo.
Sale fray Gil en lo bajo del teatro.
Al monte subió Francisco,
hizo bien, porque aquel monte
Cristo se fue cruzificado,
por nuestros viles y atroces.
En este monte también
Francisco es bien un bien goce,
y de Cristo accidental
alcance el santo renombre.
Saldrá de aquí retratado
con un carmín que mejore
la humana deidad que viste,
pues por hombre se conoce;
es un barro, aunque divino,
con manos divinas forme.
Otro Cristo acá en la tierra,
que en su pasión nos informe
de retratos, mayor riqueza,
que en la tierra se atesore,
para memoria de un bien
que de Cristo acá no corre.
Será sol luciente al mundo
que tan alto se remonte,
que el sol oscuro parezca,
rasgados sus rizos broches.
Este monte fortuna
de un regalado cielo botones
que abiertos darán olor,
que encienda el alma en amores.
De aqueste monte saldrán
a la tierra un nuevo hombre,
infinito al parecer,
y con ser finito asombre.
Espero verle recostado
al pie deste duro roble,
llamaré a su grandeza,
y del cielo sus favores.
Pag. 39
Recuéstase, y tendrá los ojos hacia donde ha de aparecer Cristo.
Señor, si tanto amor tenéis al hombre,
como a mí, que soy hombre, me negastes
el padecer por vuestro santo nombre,
y tal bien al hombre me frustrastes,
es que de tanto bien, tan alto renombre,
indigno os parezco, por tal me hallastes.
Que si digno Francisco ante vos fuera,
cual vos también Francisco padeciera.
Entregando por mi Dios la vida,
buscara la corona del martirio.
Mas vos, por tal que serme concedida
ni vena merecí que el Verbo livio.
El alma muy de amor rendida,
aguarda ver venir del cielo imperio
para la conseguir, pues os invoca
el fiat santo de esa dulce boca.
Quédase como elevado, y se correrá una cortina y aparecerá una nube cerrada, y representará a un movimiento la aparición del santo con lento movimiento, y se abrirá conforme irá diciendo fray Gil.
En el horizonte el cielo
abre su capa luciente,
y entre nublados de oro
un gran fuego se aparece.
La blonda nube mueve,
y haciendo el monte dulcemente
se alegra con que lo turba,
que apenas mudo se mueve.
Con tanta luz correos ante
las estrellas se oscurecen,
que luz de noche tan bella
su luz de plata adormece.
Los peñascos deste monte
parece que reverdecen,
y los rayos que al tiempo
en flores las piedras vuelven.
Los pajarillos dormidos
en los nidos, que amanece
piensan ya, y con sus picos
la luz al cielo agradecen.
Todo al fin se regocija,
el alma también alegre.
Si espanto verse aquí
tan dulce espanto agradece;
la nube se va llegando,
y la luz que en ella viene
en cuatro partes se parte,
y su luz ninguna pierde.
Ábrese la nube en cuatro partes.
Dentro, caso portentoso, de una cruz está pendiente un hombre que en sus serafines pues seis alas bellas tiene; con dos cubre la cabeza, que ver la gran gloria puede; de medio abajo otras dos que le cubren me parece; otras dos los brazos tienen, cuyos movimientos sacro cortando los aires viene, y al llegar al lugar donde Francisco tiene su albergue, que de amores le divide, más que le arman de bienes, en que para esta visión el alma el bien se alegre que es muy posible Francisco un Cristo segundo verse.
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Húndase la nube hasta estar en medio del teatro, y en ella vendrá Cristo en el modo que los versos atrás dicen.
Acudiendo, Francisco, a tu deseo,
quiero que sientas mi pasión dichosa,
y mis llagas te doy, que es hermoso
que en la cruz alcance maravillosa.
Imagen viva de mi digno empleo
serás ilustre, siempre venturosa
memoria accidental, que de mi muerte
recuerde al hombre cuando venga a verte.
Muévese el peñasco en que está el seráfico, y el santo con los brazos abiertos le abrazará Cristo, y se vuelven a cubrir la nube, y dentro della dirá la octava siguiente.
Para, Señor, con ese lazo estrecho
que acabáis de mi vida el tiempo breve,
rompido veis mi fiel duro pecho.
Vuelta en ceniza miro ya su nieve.
Ay dulce amor, decid qué me habéis hecho?
Porque el alma de júbilo se atreve,
mi mismo amor, que es fuego poderoso,
este que amor me dais digno de gozo.
Acabada esta octava se vuelve a abrir la nube, y se van apartando de espacio Cristo y Francisco uno del otro, y el santo prosigue.
Qué carmesí es aqueste en que teñido
dejáis mis manos, pies y mi costado?
Si estoy de vuestro amor ya tan herido,
por qué segunda vez me habéis llagado?
Otro segundo yo, dulce querido,
quiero que seas, mi retrato amado;
eres de mi pasión, y el mundo vea
que más en ti mi amor haber desea.
Cada una de las apariencias se vuelve adonde salió, y se vuelven a cubrir, y estas apariencias se harán con la mayor gravedad que sea posible.
Pag. 41
Ya la visión se ha escondido,
y la confusión ha cubierto
de la siempre oscura noche,
capa de vivos y sombríos.
Oh quién supiera, Dios mío,
de aquesta visión lo cierto,
si se cumple el vaticinio
de verse otro Cristo hecho.
Espero al pie del monte,
que a Francisco, que siento
dentro en mí que he de bajar
de hombre viejo, otro hombre nuevo.
Vase, y salen fray Pacífico, fray Junípero y fray Juan.
En el monte dicen
que está Francisco, es diciendo
acomodado al ayuno,
que es solo su digno empleo.
La cuaresma de la hago,
y por su celda presto
a los ángeles, que es propio
en humildad el concierto.
Venga o no venga, que a mí
hermano no me da dello;
pero si el vino viniera
estuviera más contento.
El que siempre alcana andando
la lina de oro de cierto,
que como ves toda noche
la luz te da desconsuelo.
Si me vienes de oponente
a mis razones?
Condeno tus palabras, porque nacen
de tan venoso pecho.
Tocan dentro una trompeta.
Una trompeta han tocado.
Será sin duda el jumento.
Disparate es como tuyo.
Como tuyo es mi concepto.
En una tramoya que venga a posar al medio del teatro vendrá la fama, con alas, por el alboroto el vestido lleno de lenguas y ojos.
No os admire ver mi frente
transformada en monstruo nuevo,
por mi vista espantosa,
ni aqueste aplauso alegre.
No el venir coronada llena
de estos ojos siempre abiertos,
que miran más de lo que
mira el sol desde su asiento.
No dudarme con tantas lenguas,
admiren porque espero
revelar con ellas cuanto
pasa entre muertos y vivos.
No el verme con suave trompa
porque con ella despierto
los que en brazos del sueño
y a hechos hay en mi nombre.
Desearéis saber mi nombre,
vida, traza que poseo.
Lo que hago, en que me ocupo,
a qué vengo, o lo que quiero;
pues sabed que soy la fama,
señora de aqueste suelo,
la que todo alcanza y mira,
todo lo digo y revelo.
Mi laza en medio del mundo
pongo, a pesar de los tiempos,
donde los muertos reviven,
que por sus hechos hicieron;
para que el mundo sepa
la gloria de un hombre nuevo,
con alas de luz y pluma.
He llegado aquí de vuelo,
en el monte Alverne he visto
un caso desde su asiento.
Cristo aparcó una imagen
de su divino sujeto;
en ella imprimió sus llagas,
le sujetó en bien eterno,
y el hecho Francisco humilde,
el más santo de los tiempos,
a la propia viva copia
de su dulce amor enfermo.
Corre, oh virtud, un Cristo
accidental en el suelo.
Vase.
Grande gloria para el mundo.
Grandes serán los efectos
que ha de hacer nueva sangre
en santos y castos pechos.
Si no lo miran mis ojos,
esto de llagas no creo.
Buena fe, aunque lo veas,
y en su costado los dedos
metas, nunca lo creerás
como Tomás, porque luego
que tocó la herida santa
de su divino maestro,
Pag. 42
Yo voy a ver a mi padre.
Vase.
Al pie está de amor enfermo.
Vase.
Allá iré, si no me quedo,
que suele negar la fama,
y formar varios enredos,
y hoy con la fama de llagas,
serán más los mentideros.
Vase.
Sale san Francisco solo, con llagas en las manos, pies y costado.
Cumplida mi amor veo
del mártir la esperanza,
dichoso aquel que alcanza
cumplimiento al deseo.
Y lo que más admiro
es que viviendo, se logre este bien mío.
Tan pagado contento
con claros traspasados,
las manos que horadadas
son solas sin ejemplo,
que ellas dos más me admiro
por ver el resiclar mis anhelos miro.
Los pies con templos bellos
que dos rosas componen,
los clavos que esto ponen
pues parecen dos sellos.
El artífice admiro
de aquesta obra, que en mi dichoso miro.
La herida de mi pecho
de gozo estoy mirando,
amor la fue pintando
con el carmín deshecho,
y así pasmado admiro
la grandeza del amor que en ella miro.
De amor mi fuego ha dado
que en solo amor contemplo,
hizo el amor un templo
que fuese de amor nido,
que como amor es fuego
busco mi nieve por tener sosiego.
Ya gozo tu contento
de mártir sublimado,
cumplido este cuidado
el alma ya blasona,
pues su dulce esperanza
poca cosa tan dichosa alcanza.
Pag. 43
Ya me contemplo rico
con tanta de cierta prenda,
cojo luego ya las riendas
y a la pobreza aplico
la gloria que en mí veo,
pues sola ella ganó tan gran trofeo.
Oh dulce amor del alma,
alabo tu clemencia,
pues tal magníficencia
me dio de mártir palma,
y mi humildad te alabe
por tanto amor, por bien que en mí no cabe.
Sale fray Pacífico.
De tu gloria, padre amado,
le cabe a tu religión
tanta parte, que el mundo
será su ilustre blasón.
Las llagas que mereciste
conseguir del Redentor
con desengaño tan claro
como divino padre yo.
Hijo amado, que las glorias
que en mí veis son del Señor;
mercedes son que el muy alto
en Francisco ha trasladado.
Esta merced encubierta,
que lo esté, será razón,
y aunque la fama lo diga,
callad, Pacífico, vos.
Enfermo estoy ya de muerte,
herido de su voz.
Busca salud y procura
dar alivio a mi pasión.
Dificultoso parece
buscar instrumento yo,
porque daré mal ejemplo
a quien tan bueno se dio.
Digo mi culpa, hijo mío,
lo pedido es sin razón;
acostarme quiero aquí,
porque ya muriendo estoy.
Corre una cortina, y sobre unas tablas se acuesta, y un trozo de palo por cabecera.
Ya es tiempo de caminar,
en vuestro nombre, amor,
encogiendo del alma mía,
pues fuisteis su Redentor.
Ya la luz de los menores,
su bella lumbre extinguió.
El sol más claro del mundo
la muerte nos eclipsó.
Junípero, padre mío,
no puedo creer sin tristeza
que sin tan divino horizonte
mudo será el Ruy señor.
Ya mi pensamiento honrado
hará justa labor,
que ha pensado, y la pobreza
sin duda fuere rica hoy.
La muerte os teme el infierno.
A Dios la ciudad voy.
El grande alférez de Cristo
aquí fin dichoso dio.
Pag. 44
Hijos del alma queridos,
pobres, mas ricos en Dios,
aquesta audiencia os suplica
que al cielo que le redimió
todos rueguen suceso,
el mismo Dios la pagó,
y así amados del alma,
forzoso es la pague yo.
Es hora ya de partir;
mi paterna bendición
les alcance dolor a antes,
y a los nobles la dé Dios.
En mi esposa pobreza
serviréis, que ella me dio
la gloria que veis presente,
memoria del Dios de amor.
La humildad os encomiendo,
y la tendréis por blasón;
por ella el Verbo divino
a ser hombre se abajó.
Ya es tiempo de caminar
en vuestra muerte, amor,
encogiendo del alma mía,
pues fuisteis su Redentor.
Ya la luz de los menores,
su bella lumbre extinguió.
El sol más claro del mundo
la muerte nos eclipsó.
Junípero, padre mío,
no pudo creer sin tristeza
que sin tan divino horizonte
mudo será el Ruy señor.
Ya mi pensamiento honrado
hará justa labor,
que ha pensado, y la pobreza
sin duda fue rica hoy.
La muerte os teme el infierno.
A Dios la ciudad voy.
El grande alférez de Cristo
aquí fin dichoso dio.
