No hay más fortuna que Dios
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En un marco alegórico que abarca toda la tierra y la condición humana desde su nacimiento, el Demonio y la Malicia hacen que varios estados —Poder, Hermosura, Discreción, Milicia, Labranza y Pobreza— atribuyan su suerte a la Fortuna y no a la justicia de Dios. Mientras la acción se concentra en torno al árbol de los estados, los jardines de la Hermosura y otros espacios simbólicos, los personajes confunden el Bien y el Mal, desoyen la cruz común a todos y se dejan llevar por el orgullo, la queja, la ambición y el engaño. El desengaño llega con la caída y corrupción de la Hermosura, tras lo cual la Justicia revela que ningún estado es malo en sí, que el bien supremo se ofrece a todos en los sacramentos y que no hay más fortuna que Dios.
