San Bartolomé
Apóstol de Jesucristo y protagonista de la obra; predica la fe cristiana, sana a la hija del rey, desenmascara a Astarot y finalmente sufre el martirio.
Desconocido
要約の公開日: 2026年6月18日
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推奨引用
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En una ciudad del reino de Albania o Licena, probablemente en un tiempo apostólico posterior a la muerte y resurrección de Cristo, el silencio del ídolo Astarot y la enfermedad de la hija del rey precipitan la llegada de san Bartolomé. Bartolomé sana milagrosamente a la infanta, demuestra en el templo la falsedad del dios pagano y convierte al rey y a buena parte de su pueblo mediante predicación, milagro y confesión forzada del demonio. La reacción de los sacerdotes paganos y del hermano idolátrico del rey conduce al prendimiento, tormento y martirio del apóstol, cuya muerte confirma la victoria de la fe cristiana sobre la idolatría.
La obra se abre con la misión apostólica de san Bartolomé, que, recordando la vida, pasión y resurrección de Cristo, se dispone a predicar la fe verdadera entre pueblos idólatras. La acción se traslada a una ciudad del reino de Albania o Licena, donde el rey sufre por la enfermedad de su hija y se inquieta al comprobar que Astarot, dios al que él y sus sacerdotes rinden culto, ha enmudecido y ya no responde a sacrificios ni consultas. En medio de esa crisis religiosa y política, un mensajero o sabidor revela que el responsable es Bartolomé, apóstol de Jesucristo, cuya presencia ha sujetado al ídolo y ha dejado sin fuerza a los demonios. El rey, movido a un tiempo por la desesperación y por la curiosidad ante aquel varón santo, manda buscarlo por toda la ciudad hasta que finalmente se da noticia de su paradero.
Cuando Bartolomé comparece ante el rey, este le suplica que cure a su hija, atormentada por un mal violento. El apóstol, atribuyendo todo poder únicamente a Dios, la bendice y ordena que se le quiten las cadenas; la joven queda sana al instante, lo que provoca la admiración del rey y de toda la corte. Desde ese momento, Bartolomé comienza una amplia instrucción doctrinal: explica quién es el Dios cristiano, resume los mandamientos, denuncia la falsedad de los ídolos y afirma que los demonios engañan a los hombres bajo apariencia divina. Para confirmar su predicación, el rey lo acompaña al templo de Astarot, donde el propio demonio, forzado por el poder del santo, confiesa públicamente que no es dios, sino espíritu soberbio y engañador, vencido por Cristo. Entonces un ángel entrega a Bartolomé una cruz, el rey la adora, abraza la fe cristiana y arrastra con su ejemplo a gran parte de su reino, mientras los antiguos sacerdotes ven peligrar su autoridad y su provecho.
La conversión del rey desencadena la reacción de los ministros paganos, que, sintiéndose deshonrados y desposeídos, deciden recurrir al hermano del monarca, todavía fiel a la idolatría. Este se enfurece al saber que el reino abandona a sus dioses y exige la entrega del apóstol. Bartolomé, consciente del peligro, acepta partir y anima al rey convertido a perseverar en la fe, recordándole la fugacidad de la vida y la necesidad de guardar la ley de Dios. Cuando llega ante el nuevo perseguidor, este ordena prenderlo y someterlo a tormento público; el santo sufre el martirio con firmeza, convierte su dolor en testimonio de Cristo y acepta la muerte como camino de gloria. Finalmente es desollado y ejecutado, mientras encomienda su alma a Dios; tras su muerte, el perseguidor queda turbado y la obra presenta el triunfo espiritual del mártir, cuya sangre sella la verdad de la fe que ha predicado y deja abierta la continuidad de la conversión cristiana en aquella tierra.
Apóstol de Jesucristo y protagonista de la obra; predica la fe cristiana, sana a la hija del rey, desenmascara a Astarot y finalmente sufre el martirio.
Monarca pagano cuya hija enferma motiva la búsqueda del santo; tras el milagro y la caída del ídolo, se convierte al cristianismo y protege la nueva fe.
Infanta gravemente atormentada al comienzo; su curación milagrosa por Bartolomé desencadena la conversión del rey.
Príncipe pagano, enemigo de Bartolomé, que actúa como perseguidor final y ordena el tormento y muerte del apóstol.
Ídolo o demonio adorado en el reino; pierde su poder ante la llegada del santo y confiesa públicamente su falsedad.
Ministros del culto pagano; primero aconsejan al rey y después conspiran contra Bartolomé al ver amenazado su poder.
Servidor cercano al rey que interviene en la búsqueda de Bartolomé, en la presentación de la infanta y en varios momentos de la acción cortesana.
Mensajero celestial que entrega a Bartolomé la cruz y confirma visiblemente el favor divino hacia su misión.
Espacio central de deliberación política y familiar, donde se manifiestan la enfermedad de la infanta, la conversión del monarca y las decisiones sobre Bartolomé.
Lugar decisivo de confrontación religiosa, donde el demonio confiesa su impotencia y se hace pública la derrota de la idolatría.
Marco urbano en el que se busca al apóstol, se difunden sus milagros y se extiende la conversión del pueblo.
Ámbito ligado al cuerpo enfermo de la infanta y al milagro de su curación, que transforma el curso de la trama.
Espacio público de suplicio donde Bartolomé es torturado y ejecutado, culminando su testimonio cristiano.
La acción muestra cómo la predicación y los milagros de Bartolomé vencen al culto de Astarot y llevan al reino a reconocer al Dios cristiano.
Bartolomé acepta el sufrimiento y la muerte como culminación de su misión evangelizadora y como prueba suprema de fidelidad a Cristo.
La transformación espiritual del rey resulta decisiva, porque su cambio de fe arrastra a la corte y al reino entero.
La curación de la infanta y la confesión forzada del demonio sirven como demostraciones visibles de la verdad del cristianismo.
La obra insiste en que los dioses paganos no son verdaderas divinidades, sino demonios que extravían a los hombres.
Los sacerdotes paganos persiguen al santo no solo por discrepancia doctrinal, sino también por miedo a perder honra, autoridad y beneficios.