Casimiro
Protagonista culpable de la acción: soldado godo, marido legítimo de Celia y después esposo engañoso de Eufemia, cuya doblez, perjurio y violencia desencadenan la tragedia.
Sebastián de Olivares
要約の公開日: 2026年6月18日
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推奨引用
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un Oriente cristiano vinculado a Edesa y al tiempo de Teodosio, Casimiro, ya casado con Celia, engaña a Aurelio y contrae un segundo matrimonio con Eufemia, a cuyo padre promete ante unos santos mártires que respetará esa unión. Al volver con Eufemia y su hijo a la ciudad donde vive Celia, Casimiro los hace pasar por esclavos, pero los celos de su primera esposa descubren el engaño y desencadenan una cadena de violencias que culmina con el envenenamiento de Faustino y de la propia Celia. Cuando Casimiro intenta ocultar sus crímenes y quebranta además la palabra dada en el templo, Eufemia es salvada milagrosamente por los santos, el culpable queda expuesto ante Aurelio y la comunidad, y la obra concluye con un castigo ejemplar del perjuro y con la restauración del honor ofendido.
La obra sitúa su acción entre Edesa y otros territorios del Oriente imperial, en un marco que se relaciona con el reinado de Teodosio y con una guerra contra pueblos sitiadores. Casimiro, soldado godo casado legítimamente con Celia en Misia, ha pasado a la ciudad de Edesa y allí, hospedado en casa del anciano Aurelio, se enamora de su hija Eufemia. Aunque oculta que ya tiene esposa, consigue casarse también con ella y vive durante años como su marido, de cuya unión nace el niño Faustino. Cuando decide regresar a su patria, Aurelio, receloso y dolido por la separación, le exige que prometa ante los santos mártires de un templo que no faltará a la unión matrimonial. Casimiro da esa palabra, pero en cuanto se dispone a partir confiesa a su criado Arista que piensa llevarse a Eufemia y al niño para ocultar su doble matrimonio. Al mismo tiempo, en otra línea de acción, Leonido intenta cortejar a Celia, cuya firmeza conyugal la mantiene fiel al marido ausente; el encuentro entre ambos se frustra con la llegada de Casimiro, que introduce en su casa a Eufemia y Faustino fingiendo ante Celia que son esclavos tomados en la guerra.
Ya en la quinta o casa de recreo cercana a la ciudad, Casimiro obliga a Eufemia a asumir el nombre de Elena y a pasar por esclava de su propia esposa. El niño, que espontáneamente llama padre a Casimiro, deja entrever la verdad, y Celia, movida por los celos y por la sospecha, comienza a interrogar a criados y a observar el comportamiento de todos. En una escena decisiva, llega a ordenar a Arista que mate a la supuesta esclava, aunque Leonido interviene y evita el crimen, sin conocer todavía del todo la identidad de la mujer. Más tarde, Celia obtiene del niño una confesión ingenua: Casimiro era ya marido de Eufemia en su patria y los ha traído a esa tierra bajo amenaza, obligándolos a vivir como cautivos. Fuera de sí por el agravio, Celia envenena primero a Faustino dándole una almendra, y el niño muere en brazos de su madre. Eufemia, desgarrada entre el dolor por su hijo y la conciencia del engaño de que ha sido víctima, decide vengarse y logra dar a Celia un veneno disuelto en agua. Celia muere también, y los parientes de Casimiro maltratan a Eufemia y la encierran, dándola por casi muerta, en una bóveda funeraria. Casimiro, lejos de arrepentirse de modo pleno, solo piensa en ocultar su culpa, mientras Arista y Leonido se convierten en mediadores involuntarios de la verdad.
En la segunda y tercera jornadas, la acción se orienta hacia el castigo providencial del perjuro. Encerrada en la tumba, Eufemia recibe el auxilio sobrenatural de los santos mártires invocados por Aurelio y por ella misma; un mensajero celestial la libra de la prisión y la conduce de nuevo a su patria, de modo que su salvación se presenta como milagro. Leonido, que intenta rescatarla del sepulcro con ayuda de Fabio, no la encuentra y acaba comprendiendo que solo una intervención divina explica su ausencia. En Edesa o en el lugar donde Aurelio y Eufemia vuelven a reunirse, el anciano recibe una carta de Casimiro y poco después al propio traidor, que llega fingiendo afecto filial y mintiendo sobre la felicidad de Eufemia para ganar tiempo y encubrir sus delitos. Sin embargo, la aparición de Eufemia viva desbarata el engaño. Casimiro intenta matarla de nuevo, pero es prendido, y la ciudad entera se conmueve pidiendo castigo para el sacrílego, homicida y perjuro. La resolución final subraya que su muerte o castigo ejemplar procede de la justicia divina tanto como de la humana, porque quebrantó la palabra dada a los santos y violó el vínculo del matrimonio. Eufemia, por su parte, manifiesta el deseo de retirarse a la vida religiosa, de modo que el desenlace une la reparación del honor, la venganza celeste y la afirmación de que prometer a los santos obliga bajo pena terrible.
Protagonista culpable de la acción: soldado godo, marido legítimo de Celia y después esposo engañoso de Eufemia, cuya doblez, perjurio y violencia desencadenan la tragedia.
Hija de Aurelio y segunda esposa de Casimiro, engañada sobre el estado real de su marido; sufre cautiverio, pierde a su hijo y acaba siendo protegida milagrosamente por los santos.
Primera esposa de Casimiro, presentada al comienzo como modelo de fidelidad conyugal; al descubrir el engaño, sus celos la llevan a envenenar a Faustino y precipitan su propia muerte.
Anciano padre de Eufemia, huésped y luego suegro de Casimiro; representa el honor familiar y la confianza en los santos, a quienes hace testigos de la promesa matrimonial.
Criado de Casimiro, figura de acompañamiento y comentario; conoce desde el inicio el doble matrimonio de su amo y participa en varios lances decisivos de la intriga.
Galán vinculado a Celia y luego defensor de Eufemia; su intervención impide un asesinato, intenta rescatar a la joven y ayuda a sacar a la luz el engaño.
Hijo de Casimiro y Eufemia, niño inocente cuya presencia delata la verdad familiar y cuya muerte por veneno constituye el momento más cruel de la obra.
Criada de Celia, relevante en la trama secundaria amorosa y en la transmisión de noticias que permiten a Leonido intervenir en favor de Eufemia.
Acompañante de Leonido en la tentativa de rescate desde la bóveda funeraria; su papel es secundario pero funcional en el avance del desenlace.
Ciudad oriental donde se sitúan buena parte de los acontecimientos principales, incluidos el sitio militar, la estancia de Casimiro en casa de Aurelio y el marco público del castigo final.
Espacio sagrado donde Casimiro da la palabra que después quebranta; actúa como centro religioso de la promesa, del auxilio milagroso y del sentido moral de la obra.
Lugar de acogida de Casimiro y ámbito en el que nace su relación con Eufemia; allí se consolida el engaño que origina el conflicto dramático.
Espacio doméstico y cortesano al que Casimiro lleva a Celia, Eufemia y Faustino; en él se concentran los celos, las ocultaciones de identidad y los envenenamientos.
Lugar de encierro de Eufemia tras la muerte de Celia, convertido en escenario de horror y después de intervención sobrenatural liberadora.
Espacio de origen del primer matrimonio, importante como referencia constante del pasado de Casimiro y del vínculo legítimo que él había ocultado.
La obra insiste en que un juramento hecho ante los santos tiene valor sagrado y que su incumplimiento atrae un castigo ejemplar de la justicia divina.
El conflicto nace del doble matrimonio de Casimiro, que quebranta el vínculo conyugal, engaña a dos mujeres y destruye el orden familiar.
Aurelio, Eufemia y la comunidad buscan que el engaño y la afrenta no queden impunes, de modo que la restitución del honor exige verdad y castigo visible.
Los celos de Celia, alimentados por la sospecha, desencadenan decisiones extremas como el intento de asesinato y el envenenamiento del niño.
Eufemia y Faustino padecen las consecuencias del engaño de Casimiro, y la obra subraya de manera especial la indefensión del niño y de la mujer engañada.
Aunque hay acciones humanas de investigación y castigo, el texto atribuye la resolución decisiva a la intervención providencial de los santos y del cielo.
Gran parte de la trama se sostiene sobre disfraces sociales y mentiras, especialmente cuando Eufemia es obligada a pasar por esclava bajo otro nombre.