帰属先:> 公開日: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los tres hermanos del cielo y mártires de Carlete. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-tres-hermanos-del-cielo.
Autógrafa 3ª
1 997
99
Los tres hermanos del Cielo y Mártires de Carlete, de Francisco de la Calle.
Leg.º 215
21
65
Página en blanco.
Los tres hermanos del cielo y mártires de Carlete. 1.ª jornada.
Amete, que es San Bernardo. Almanzor, rey. Zayda, dama. Zorayda, dama. Chorizo, gracioso. Bártola, villana. Jacinto, bandolero. Celio, bandolero. Celín, moro. Músicos. Un abad, barba. Un ángel.
Salen los músicos vestidos de moros y los más que puedan con fuentes de toallas pasando de un lado a otro y detrás Almanzor y Zoraida, su hermana.
En hora dichosa lleven
perlas y telas costosas
por tributo a mi rey Zaida
al Conde de Barcelona,
y vuelvan felices
a su patria heroica
con nuevos laureles
sus sienes victorias.
Ya que a la menguante luna
de nuestro turbante quiso
Mahoma afilar sujetando
tantos encorvados filos
que desnudó nuestra gente
y los vistió a un tiempo mismo
en sangre cristiana, siendo
la primer causa Rodrigo,
ya que ha partido mi hermano
llevando a Zaida consigo,
y que el tributo hoy le llevan
en un hermoso hipogrifo,
tan Moncayo en lo nevado
que cada vez que le miro
dudo si es bruto o si es monte
hasta que del laberinto
de tanta duda me saca
la claridad de un relincho.
Ya que el tributo hoy pagamos
a don Ramón, y que ha sido
costumbre que le llevase
el príncipe, como hijo
que ha de heredar la corona,
porque jure en nuestros ritos
al conde de no negarle
el tributo que ha adquirido
su casa contra la nuestra
desde el antiguo principio
de aquella batalla donde
se hallaron y nos perdimos,
que por no darles más gloria
de nuevo no la repito.
Ya que a mi padre le agravan
tantos achaques prolijos,
que está aguardando por horas
de Cloto el agudo filo,
por cuya causa en ausencia
de Amete al gobierno asisto,
siendo tú, hermosa Zoraida,
de tanto peso el alivio,
quiero en aquestos jardines
partir mi pena contigo.
Dame cuenta de tus males,
que siendo tuyos, son míos.
Oye, Corayda, mis ansias.
Descansa, hermano, conmigo.
Cansado de la tarea
que el que gobierna ha tenido
siempre, porque los cuidados
tienen mucho de enemigos,
pues robaba la memoria
por la puerta del oído,
me entregué al sueño, y apenas
me ensayé en el paraninfo
de la vida, cuando advierto
que entre las flores me miro
de un monte cuyo penacho
era garzota de riscos.
Aromatizado el viento
deleitaba a los sentidos.
Un arroyuelo corría
riéndose de sí mismo,
que de aquel monte,
fue gigante cristalino.
Los árboles parecían
árboles del paraíso,
las aves canoras eran
músicos sin artificio,
pues nadie dirá que erraron
jamás la solfa sus picos.
Un alcázar elevado
estaba en este obelisco,
cuyos bellos chapiteles
eran del cielo registros.
La gente que le habitaba
no parecía del siglo,
porque era la vestidura
más blanca que los armiños;
entre los cuales, ¡qué pena!
vi a mi hermano convertido
de moro en cristiano; entonces
yo, irritado y vengativo,
quise en su sangre alevosa
manchar este acero limpio.
Zaida, contigo, a sus pies,
le pedíais el bautismo
y él os le daba, dejando
nuestra ley por la de Cristo.
y yo vengando las ofensas
a los tres a un tiempo mismo
mataba; siendo mi brazo
ejecutor del martirio;
desperté todo turbado,
vine a ver si había partido
Amebe, cuando se halló,
y el sueño se me repite
para que un claro ingenio
me declare este prodigio.
Hermano, nunca los sueños
dicen que han de ser creídos,
no des crédito a apariencias
ni a engaños. Vente conmigo,
que quiero en esos jardines
que te diviertan los ricos
cuadros que la primavera
pinta y borda a un tiempo mismo.
Vamos.
Volved a cantar.
Vanse.
Para servirte nacimos.
Cuando pisa Coray de los campos
el prado galán,
nuevas flores ofrece a su huella
bellas florecen por solo mirar.
Suena grande tempestad con Relampagos Y truenos Y van dentro Y luego salen amete Y cay jay pasan sin berse ni encontrarse
piedad, ala Sagrado
Cielos piedad
Sisean desencasado
los dos eges del cielo encuyo asiento
Semuebe el tachonado firmamento
Terrible tempestad La tierranada
sin duda esta esla esfera trastornada
que horrible obcuridad Ya perdi eltino
Ya para allarme yo no allo camino
temiendo estoy el ultimo desmayo
Relampago fue aquel,
aquel fue rayo
quien me podra lebrar sin que me enquiete
El Rygor de tu mano alla
Poblete
Adios que ya de ti me voy huyendo
La Raridad del ayre compitiendo
parece que pronuncia en silbos roncos
Ecos formados en silbestres troncos
no esta lejos poblete
alo que entiendo yo
amete
amete
parece que escuche mas por el biento
ede buscar las cercas del combento
[entrase y sale jacinto con el niñito y le pone en un arbol]
dentro
(Vase
Amete Religión, ya no te amo
Sale
dentro
quienes
Ya beis el tiempo que hace
a bre pastor
que me praze
A que aguardas a bre pues
no me praze hasta despues
miren a que guena moza
e de abrir
quien os Retoza
marido
un hombre mujer
Sino abris e de poner
fuego boraz a la choza
Un poco no aguardara
asi el demonio se lleue
no beque con lo que lluebe
el fuego se apagara
Antes ardera mejor
pues ya le pretendo abrir
Barto la empieza a pedir
misericordia al señor
abren.
el diablo que os lleue
cierra
Pues no quiero abrir al diablo
Pensais que os a de comer
abre
abrid le
por san antonio
que le de abrir al demonio
por ver si os lleua mujer
mucho de beis de temer
Vosotros quizá sois buenos
pero yo que lo soy menos
de lo que pensais los dos
pienso que me riñe dios
Y que son voces los truenos
parecéis asombradizo
Si este es moro y el tributo
lleua con salvo conduto
Como te llamas
chorizo
buen nombre
tubo bentura
en su principio
callad mujer, mi linage
desciende de estremadura
Mira en empeños hon Rados
que an tenido los chorizos
de banqueros y bautizos
siempre emos sido estimados
tendras donde Recogerme
una pieza Rica a lajas
tengo
cual
La sala Vaja
ques a donde el Rocín duerme
Vien esta con el mozo
Como que; no quiero yo
a acostarme digo
Vase Jacinta
O.
Pense que a lleuarse le
dentro.
A mete echa por aca
vuelve vuelve hacia el camino
fuerza de fatal destino
Conjura contra mi a la
Sale Amete.
Por donde perdida ba
La mitad del alma mia
que antes que el farol del dia
a su negro ocaso llegue
Asi nos dibida y ciegue,
nube escura y sombra fria
parece que de funesto
Luto La tierra se biste
Y que en vuelto en horror triste
Al primer caos indigesto
se vuelve el mundo que es esto
En trate bartola y cierra
{Vanse los dos}
o el cielo a mobernos guerras
Todo el océano sube
o se pasa en esta nube
Toda La mar a la tierra
dentro
Sagrada Virgen deten
que yra desta vengativa
Como faeton me derriba
del monte y del pala fren
A mete señor mi bien
aguarda un Rato pequeño
Valgame a la
[Cae Rodando y da en los brazos de Zaida]
Amado dueño
Tente en mis brazos
Parece
que en ayre se desbanece
La tormenta y que fue sueño
Sin duda se a de perder
Toda mi gente ay de mi
tu Zayda amese esta aqui
Ylusion debio de ser
mi bien que oculto poder
te tiene asy (ay desdichada)
Bueno estoy no a sido nada
Ya e vuelto en mi Ya me aliento
oye y sabras el portento
De esta tempestad Pasada
Si puede Ordenar discursos
Una ofuscada memoria
que de si misma a si misma
peregrino tan Remota
aunque enturbadas Ydeas
Como en alteradas olas
Las imágenes O especies
se confunden Y trastornan
Restituydo al Vital
espiritu que me informa
Dire de tiempo tan breue
nobedad tan prodigiosa
esos temores destierra
que aunque parece que asombran
son hechizos de la magia
de estos cristianos, que adoran
a esa maria; y pretenden
con sus fantasticas formas
acreditar sus engaños
Verdades son prodigiosas
las que te e contado cayda
no mentiras fabulosas
que es esto príncipe Como
tan cobardes se reportan
dos almas en que ay nobleza
africana y española
Dizes bien q ue es cobardia
Rendir mi altibez heroyca
a fantasticos asombros
o a fantasias dudosas.
yo bengare cayda mia
ofensas de mi persona,
que estas preneces de agravios
monstruos de venganza abortan
Ya toca el alma en el pecho
dando saltos se alborota
que un gran corazón no sufre
Capacidad tan angosta
Salga fuera de si mismo
Y en estas Reliquias godas
que quedaron de pelayo
Obrare hazañas heroycas
pero espera Cayda espera
+ sin duda que se adorna {Vee lauíto}
de esta blancura algun fraile
+ que los a Vitos ah despoja
gran industria se me ofrece
O vestido con esta Ropa
abrasare el monasterio
Yran haciendo me escolta
mis criados yo fingiendo
que soy monge Entre la tropa
de los de mas he de entrarme
Y cuando esten en sus Oras
En el coro he de abrasar los
aqui cerca esta una choza,
que esta vecina al conVento
espera aqui que Recoja
migente que anda Perdida
por estas sierras fragosas
depradas Blason antiguo
del granduque de cardona
Oy dicen que es noche buena
pues sera mala queoy toma
satisfacción este brazo
En los mios amorosa
te pago ya bienque asido
agran deuda Paga corta
abracanse
Ypor estos lazos que duren
Eternidades dichosas
que enviendo poblete apenas
Ruina de sus memorias
Seran meras cenizas
de llamas abrassadoras
Guadalupe. Monserrate
Y el pilar de Zaragoza
esto es lo queyo deseo
arda lamontaña toda
Vanse lleuando cautivo amete
Y sale chorico Y Bartola
Buena laechamos Marido
quien metistis en lachoca
pues queay de nuevo os Retoza
despacio estaba seaydo
y lleua el Rocín
el hombre
que bino ahora
puesquien bedlo
lleuael Rocín bedlo bien
que flema
Sabeis le el nombre
que simple
es cierta la nueua
Una legua de aqui esta
Va enel
Y como queua
Pues bastola no le lleua
Vilo yo
decir en fin
que ua en el Pues siba enel
el Rocín le lleua ael
mujer que no el al Rocín
sos untonto
Yase aclara
El ayre y todo se alegra
Yano ayuna nube negra
Por un ojo de la cara
(sale Zaida
Si que el sol sale
Cristianos
guardeos alla
que es alta
Dios nos guarde a Maya ca
por dios gentil besa manos
Yo soy una noble mora
que con el príncipe amete
hijo del Rey de Garlete
boy a Barcelona ahora
Esta tempestad pasada
nos aparto del camino
y quedarme determino
aqui si medais posada
ya la tempestad Serena
buesso cielo de hermosura
Y si estimais mi fegura
no faltara cama Y cena
Vos mora sos linda dama
mas no ay recado pardios
para amete y para bos
que es de galgos Nuesa cama
y son forzosos los yerros
que aca no somos hidalgos
bien que una cama de galgos
no es mala para dos perros
soy celosa un poco
mi marido tierno un mucho
si el os abla Y yo lo escucho
ara el amor como un loco
Cantase al niño la gala,
esta noche no se cena,
y así, pues es Nochebuena,
os podéis ir noramala.
Con razón está celosa,
dejadme mientras aguardo
que venga Amete,
y a tardo
en pediros una cosa.
Mas, ¿qué es esto?, el hombre vuelve
a traernos el rocín.
Sale Jacinto de bandolero con otros.
Gente parece ruin.
A quien así se resuelve
sus mismos vicios le dan
licencia libre y supuesto
que me escogisteis tan presto
por caudillo y capitán.
dejaos gobernar por mí,
el primer robo ha de ser
por mi gusto, la mujer
de un villano que está aquí,
que en mis brazos, como hiedra
en los del olmo la pinto.
¿Cómo te llamas?
Jacinto;
no la flor, sino la piedra,
que tengo el alma muy dura.
¿Para qué es la labradora,
si se ofrece aquella mora
tan peregrina hermosura?
Es un ángel soberano.
Robémosla, ven conmigo.
¿Qué es del rocín, a quien digo?
Yo le he menester, villano.
No es mío, mas yo os le doy.
¿Cómo se le podéis dar,
pues ¿quién se le ha de quitar
a un señor ladrón?
Yo soy
una mora a quien Amete
lleva ahora a Barcelona,
y advierte que la corona
heredaré de Carlete;
no emprendas tan grande hazaña,
que si Amete vuelve aquí
y lo sabe, con Alí
conjurará la montaña.
No me costará desvelo
su cuidado, y no te asombre,
que no ha de temer a un hombre
quien perdió el temor al cielo.
Mora, vamos.
¡Suerte fiera!
Yo he menester la villana.
Ella irá de buena gana
al monte, salid afuera.
Y vos con este señor.
¿Yo, marido?
Sí, mujer,
que diz que os ha menester,
y id de grado, que es mejor,
si eis de ir ansí como así.
Vos que estáis haciendo gestos,
¿qué teméis?
Que alguno de estos
me haya menester a mí.
No temas, que soy cristiano,
y empiezo a quererte ya,
aunque soy tal que quizá
me deja Dios de su mano.
No pienso obligarte a nada,
si tú por gusto me quieres;
yo querré muchas mujeres,
pero ninguna forzada,
que goza cuerpo grosero
no alma noble; aquel las fuerza,
donde cuando más se esfuerza
el vicio, aún no es vicio entero,
pues quien goza con violencia
vendrá solo a poseer
la mitad de una mujer
por la honrada resistencia;
mas si a ser querido espera
ese a quien el alma han dado,
cuando goce, habrá gozado
toda la mujer entera.
Pues ¿por qué me llevas, siendo
yo el alma del que me adora?
Por lo que espero, que ahora
no gozo, sino pretendo.
De la muerte cuando venga
esta desdicha...
Irme quiero
con vos, señor bandolero.
Aquí no hay honra que tenga;
ya que el rocín os lleváis,
si está vaca o alguna plaza
de bandolero en la caza,
que tengo valor informáis.
Recibidme a mí también
en tan santa religión,
por salteador motilón.
No quiero hacerte ese bien.
¿Por qué?
Porque le has llamado
religión, que soy un hombre
que aborrezco hasta su nombre.
Yo seré ladrón honrado.
Vamos de aquí.
Ten piedad
de una mujer.
Yo prometo
guardar a tu honor respeto,
y a ti te doy libertad,
quédate con tu marido.
¿Aquel señor no decía
que menester os habría?
El capitán no ha querido.
¡Ay, que me muero, señor,
ya la vida se me apura!
Pues te ha dado la ventura...
medio mujer, que es peor.
Si acaso a mí se viniere,
dile que yo me he llevado
la causa de su cuidado;
que me busque si quisiere.
Cante.
Si se emboscan los ladrones
en medio de aquestos cerros,
no darán con ellos perros,
sabuesos, galgos, ni hurones.
Sale Amurates y los suyos.
Di, villano, ¿viste ahora
una mora por aquí?
Sí, señor.
No hay tal.
Mentí,
que fue mora zarzamora.
Mirad, un ladrón llegó,
y como la halló sin dueño,
pardiobre, sin más empeño,
la zarzamora robó.
¿Qué dices? De ti reniego.
Mahoma, falso tirano,
como caballo troyano
pondré a Cataluña fuego.
Pues si quieres emprendella,
yo te traeré el eslabón,
mas con una condición:
que yo no he de estar en ella.
El juicio está perdiendo
por la mora; y vos, marido,
por mí no os habéis perdido.
Aparte.
Hago bien, que yo me entiendo.
Con esto iré tras la mora.
Yo sé poco más o menos
todas las cuevas y senos
que hay en esta sierra ahora.
Los bandoleros son dos,
y será razón, en fin,
que cobremos el botín,
porque excusemos ruidos.
y así, por cuantos rincones
tien la sierra, los busquemos,
diciendo que no queremos
ser frailes, sino ladrones;
y, cuando durmiendo estén,
subiendo a las ancas vos
del rocín, no hay sino a Dios.
Vanse los moros.
Eso no, que queréis bien
a la mora y vais por ella.
Aparte.
Yo la halago porque vaya,
que en vos estos celos haya,
siendo a mis ojos tan bella...
¿Qué tiene otra más que vos?
Ser otra.
Eso es bobería.
Vos sois toda el alma mía,
y esto para lo de Dios.
Vos sois mujer diligente,
cuerda, aliñada, hacendosa,
agradable, limpia, hermosa,
sabia, discreta, prudente.
Vuestra voz, como la salva
que hace al sol la Filomena;
cada diente, una azucena,
y toda la risa, un alba;
cada mejilla, una luna;
cada vista, una advertencia;
cada dicho, una sentencia,
y en todas y cada una
Aparte.
las gracias de dos en dos,
como frailes de convento.
Si en cuanto he dicho no miento,
mala pascua me dé Dios.
Todo eso hay en mí.
Aparte.
Y aun creo
que más, otra vez mentí.
Todos lo dicen así
y yo también me lo veo.
Y hemos de hacer muchos robos
mientras el rocín cobramos.
Cuantos quisieres.
Pues vamos.
Vanse y sale Amete y Formoso.
Así engañan a los bobos.
Sin duda la tierra misma
dentro en sus propias entrañas
los escondió.
Inaccesibles
son estos montes de Pradas.
A Zayda, a Zayda me roban.
Por la reliquia sagrada
que veneramos en Meca,
que en precio suyo no bastan
las vidas de mil cristianos.
Por aquí ha de estar la casta
de los monjes de Poblete,
y aunque ya la noche aclara,
Tocan.
Tocan órgano o chirimías.
no hemos topado con ella,
mas vamos, que las jornadas
que se caminan de noche
parecen siempre más largas.
Sin duda no hemos llegado;
pondréme esta toga blanca,
llegaré a la portería,
fingiré que caminaba
a Castilla y me perdí,
y que ahí busco posada
en convento de mi orden,
y mientras la misa acaban
que llaman ellos del gallo,
será mía y su alcázar;
pero ¿qué es esto? Parece
que suena música, aguarda.
Los frailes son, en el coro.
Por fuerza, Celín, te engañas,
¿cómo podemos oírlos
si estamos a tanta distancia,
que no vemos el convento?
Escucha, que ahora cantan.
Música.
Capa leal forastero,
todo sea él.
Que pobre y disimulado
viene a llevarse el ganado
que ha de perderse por él.
Todo sea él.
Por Alá, que están los frailes
en maitines, que es mañana
la Navidad que celebran
del que nació entre unas pajas;
vestirme el hábito quiero.
Vístese de fraile.
Bien te ha de estar esta gala.
Si aquí tan cerca se escuchan
los versos y consonancias,
¿dónde se esconde el convento,
cuyas torres y murallas
se suelen ver de tan lejos?
Si son sombras o fantasmas
los músicos y las voces,
ilusión imaginada...
Vuelven a cantar.
Zagales, etc.
Ya que aquí está el convento,
las voces me desengañan.
No es este; aire vano toco.
¡Oh casa, ahora encantada!
¡Fantástico edificio,
donde al llegar me reapartas!
¿Esto consientes, Mahoma?
¿Por qué con rayos no abrasas
el convento en que a María
cantan himnos y alabanzas?
Mas ¿qué sol rompe las sombras
de la noche en luces claras?
¿Quién es que aquí al mismo sol
los rayos le desencaja?
Aparece la Virgen en una tramoya y Amete la mira temblando.
Moro, ¿por qué me persigues?
En la tempestad pasada,
¿no viste humillado el bruto
a mi vista soberana?
¿No te dije que siguieras
mi religión? ¿A qué aguardas?
Esa blanca vestidura,
Bernardo, es la que me agrada;
que no fue acaso que tú
en el campo le encontraras.
A Bernardo el bautismo
pide; Bernardo te llamas
desde hoy, pues de Bernardo,
mi hijo, heredas la casa,
que mereció ser hermano
del que estuvo en mis entrañas,
pues el licor de mis pechos
fue de Bernardo sustancia.
Pide el hábito que tienes
al abad, que tu abogada
seré desde hoy en el cielo.
Queda en paz.
Vase la tramoya.
Señora, aguarda.
Virgen, Madre, Hija y esposa,
que en la Trinidad Sagrada
por el Padre, Hijo y Esposo
estos tres nombres alcanzas,
Ya te confieso, Señora,
que eres la llena de gracia.
Ya soy Bernardo, hijo tuyo.
Ciego quedé a luz tanta.
Amigos, volved vosotros,
cercad toda la montaña,
buscad a Zayda otra vez
y decidla que la aguarda
en Poblete mayor dicha.
Virgen, hacedla cristiana.
¿Dónde he de buscarte?
Aquí,
en el convento.
Vanse.
En fin, mandas
que te dejemos, pues vamos.
Descúbrese el convento.
Llama a la portería.
Parece que unas escamas
se han caído de mis ojos.
Ciego totalmente estaba.
¡Qué dudo! Este es el convento,
esta es la insigne portada
de la iglesia; aquí se ve
la portería; aquí llaman
los que llegan. Aquí está
el cordel de la campana.
Abrid la puerta y veamos
si es fray Jacinto, que falta
del convento hoy todo el día.
Y una visión soberana
me dijo ahora en maitines
que venga y las puertas abra
a un monje que busca a Dios.
Deo gracias, padre; Deo gracias.
¿Otro monje es? ¿Qué es aquesto?
Padre, no te admire nada,
yo soy un gusano humilde,
admite en tu santa casa
a un ciego que la luz busca
de la ley de Cristo.
Aguarda.
¿No eres fraile de mi orden?
Padre, mi historia es muy larga.
Ven y dirasme quién eres,
que potestad más que humana
tu vocación solicita.
María, llena de gracia,
Bernardo soy; y vos, Cristo,
cumplidme vuestra palabra.
Vanse.
Fin.
Faltan los títulos y primera jornada.
La página presenta texto borrado o lavado apenas legible sobre el que se ha escrito el título. Se aprecian algunas palabras como "Almanzor y Zoraida su hermana", "Mus.", entre otras.
Salen cantando los músicos y luego Almanzor y Corayda, su hermana.
Pues Hamete desprecia este imperio,
merezca Almanzor
que corone su frente dichosa
el oro, que es hijo adoptivo del sol;
de Corayda celebre los años
el mayo gentil,
que a su planta dichosa le teje,
en selvas de flores, tapetes abril.
Dejad de cantar, que en vano
queréis a mis fantasías
estorbar con alegrías
la venganza de un hermano,
de un aleve, un fementido,
pues, olvidando su ley,
de la diadema de rey
le miro destituido.
Olvidando al gran profeta
por aquel crucificado
que murió en la cruz clavado,
azote de nuestra secta,
más presto que la corona
hoy me ciño, he de buscalle
hasta prendelle o matalle
por toda la ardiente zona.
toda mi gente en Carlete
se aliste; el sagrado monte
tiemble, y todo el horizonte,
pues salgo contra Poblete.
Y cuando falte valor
que vengue tu heroico brío,
no podrá faltar el mío
yendo a tu lado, Almanzor,
hasta acabar con la vida
del que, afrentando a Carlete,
renuncia el nombre de Amete
y Bernardo se apellida.
El mujeril traje quiero
trocar por el de varón,
y esgrimir en la ocasión
a tu lado el corvo acero.
Toca a marchar al instante;
puebla de hombres la montaña;
no quede choza o cabaña
que no tiemble; el sol brillante
huya de la acción que emprendo,
toda su luz eclipsando,
que lo que él fuere apagando
irá mi enojo encendiendo.
Pues contigo al mundo asombre
mi rigor
Hoy han de ver
que es demonio la mujer
cuando toma el traje de hombre.
Este acero ensangrentinto
verá, Zaida, pues me ignoro,
que en su filigrana de oro
veta engastando un jacinto;
que en esos montes de Pradas,
es dueña de mil riquezas,
bien que todas sus proezas
son de riquezas hurtadas.
Y así pretendo sitialle
por uno y otro camino
que a fuerza de su destino
he de prendelle o matalle.
Este bizarro ardimiento
en mi pecho no se apaga
hasta que a los tres los haga
beber a sorbos del viento.
Pues siquiera que logremos
nuestra venganza mejor,
de modo que los sitiemos,
suba valeroso Almanzor
en esta acción que emprendemos.
La montaña has de sitiar
y yo al convento tengo de ir.
y en viendo a Amete salir,
podré atrevida llegar
a reducir su locura
y a sacarle de su encanto,
porque nadie alcanza tanto
como puede una hermosura.
Donde no basta el ruego,
las lágrimas y suspiros,
tendré en aquellos retiros
quien ponga a pólvora fuego;
siendo yo noble homicida
de Amete, antes que se vuelva,
siendo aquella verde selva
el teatro de su vida.
Bien dices, vamos, Corayda,
que ya tu consejo admito,
y mi cólera repito
cada vez que nombro a Zayda;
muera Jacinto, y Amete,
y sea el mundo testigo
de mi rigor.
Mueran, digo,
y viva el rey de Carlete.
Vanse.
Salen Chorizo y Bartola, vestidos de bandoleros, rústicamente.
Todo es embustes y engaños,
que a la he sos un ruin,
pues con color del rocín
sos salteador ha dos años.
Que, ¿dos años? Más han sido;
de dos y medio,
¿qué importa
hacer la cuenta tan cierta?
Todo este tiempo, marido,
ha que queréis ser galán
de la mora; pero ella
(tan ingrata como bella)
no le ha dado al capitán
en estos montes de Pradas
una mano, ni él la toma,
que allá por lo de Mahoma
hay también moras honradas.
Zaida se deshace en llanto
desde la hora que Amete
se metió fraile en Poblete.
Ese sí que es un gran santo,
fray Bernardo se llamó
en el bautismo, y el día
de la Asunción de María,
Madre de Dios, profesó.
Y por su mucha humildad
diz que le han hecho portero.
del convento y limosnero,
que es mucha su caridad.
Un limosnero he notado
que tiene famosa vida:
si reparte la comida,
se zampa el mejor bocado.
Pardiez, que tienes razón,
que el diablo, aunque es bellaco,
no halla limosnero flaco
en ninguna tentación;
mas Bernardo es muy devoto
de la Virgen.
Es Bernardo...
Como era rey, es gastando
liberal y manirroto
con los pobres.
Si no tiene
qué darles, pide licencia,
hace del convento ausencia
y a estos lugares se viene,
donde siempre recogió
mucha limosna.
A un donado
que de ellas iba cargado
robé el otro día yo.
Falsos sois.
Éste me dijo
del fraile grandes historias
y aun maravillas notorias.
En fin, de un rey era hijo.
Que el rey, su hermano Almanzor,
y se corregía este hermano,
se viniese a hacer cristiano.
Volvamos a nuestro amor,
que por eso os truje aquí,
vos os casastes conmigo,
y debéis hacer lo que os digo.
Si fuere lícito, sí,
pero yo so laico y mico.
Pues, Chorico, yo deseo
no ver famosa...
Ya veo
que aborrecéis su belleza.
Yo la adoro en puridad.
¡Mas que os masco entre los dientes!
No está en manos de las gentes
esto de la voluntad.
¡Ya yo no puedo sufrillo!
No alteraremos, mujer,
que yo lo hago por ver
si tengo en ella un chiquillo.
No gruñáis, hay en qué yerra
esta mora, y yo en qué yerro.
¿Cómo en qué? En que sois un perro,
pues andáis tras de una perra.
No es ansí, buena mujer.
Celio está ahí, que es buen juez,
sabrá quién digo, el que dice.
que me habrá menester,
como enamorado está,
que son los hombres traviesos;
una vez me dio dos besos
y yo le dije: «¡arre allá!».
Otra vez que me decía
lo que por mí gime y llora,
le dije: «dejaldo ahora
y decídmelo otro día».
Otra vez que hubo lugar,
que estaba lejos y sola,
me dijo: «ahora, Bartola,
cuatro abrazos te he de dar».
Yo respondí: «mas no nada,
¿cuatro abrazos? ¡Pardios,
que no le di más de dos!».
Pues si yo soy tan honrada
y os guardo a vos tanta fe,
¿es razón que con desvelos
por la mora me deis celos?
Digo, mujer, que has de contar por Dios quién es, mata luego.
¡Ay, honra mía! ¿Qué haré?
¿Si degollaré a Bartola?
¿Si mataré a mi ofensor?
Ofendióme en el honor,
pues muera. Decí, ¿estáis sola?
¿No lo veis?
Quiero apurar
mis celos. Aquesto es hecho,
sacad a Celio del pecho.
porque le quiero matar.
¿Qué es lo que decís? ¡Ay, Dios!
¿Por qué dais en tal quimera?
Mujer, echalde acá fuera,
o, si no, llevaréis vos.
¿Cómo he de echarle?
Empujando,
pues vuestro pecho es su centro.
Hace fuerza Bartola.
Yo no le tengo acá dentro.
Ahora le ibais cobrando
y le habéis vuelto a engullir.
Echalde luego, al instante,
o, si no, de aquí adelante
cada día heis de morir.
Marido, yo no le tengo,
por toda mi santiguada,
por aquesta cruz jurada.
Mujer, con quien vengo, vengo;
mi honor está hasta el gollete,
y os tengo de degollar
y luego os he de ahorcar.
Sale Celio.
¡Favor, favor!
¿Quién le mete
en matar esta cordera?
Que a su defensa me obligo;
basta mandarlo un amigo
para dejar la cólera.
Sale Amese, que ya se llama Bernardo, vestido de fraile, Bernardo y Celio y otro bandolero.
Si sois hombres de razón,
cuando rigores mostréis,
y a que el dinero robéis,
respetad la religión.
Bien dice, venga el dinero,
que harto habrá recogido.
Grande ladrón sois, marido.
Mujer, no seré el postrero.
Venga el dinero al instante.
Pardiez, que el fraile es escaso.
Venga o muera.
Sale Jacinto.
Paso, paso.
Ya metió paz el montante.
¿Qué llevas? ¿De dónde vienes?
Pedir limosna no más
es mi oficio.
A pobres das;
el dinero aquí sostienes.
De pobres son estos bienes,
si sois pobres, yo os los doy.
Aun sin espíritu estoy
cuando yo a robarte vengo,
y así, pues que no le tengo,
pobre de espíritu soy.
Judas eres, ya lo he visto,
que si él en esta ocasión
miraba, siendo ladrón,
por los pobres contra Cristo;
tú también eres malquisto
Judas, que a Cristo te opones
en todas las ocasiones,
y aun peor te solicitas,
pues a los pobres lo quitas
y lo das a los ladrones.
Judas llamó al capitán
el frailecillo atrevido.
Matémosle.
Eso os impido,
que los que conmigo están
quitan hacienda, no dan
la muerte a nadie, que fuerte
sangre de rendidos vierte.
No basta que a un pasajero
le hayáis quitado el dinero,
sino que le deis la muerte.
Ya lo he dicho y ya lo digo,
el bandolero homicida
que quitare a alguna vida
mientras robare conmigo
me tenga por su enemigo.
¿Por qué?
Porque ese rigor
de matar
de ir a manos del juez.
Menos mal le estará, tal vez,
al muerto que al matador.
La razón de eso pregunto.
Porque ignora qué será,
y examinarle toca
la vida de este difunto.
Advertid bien este punto,
decidme, ¿será cordura
cortar la mano al que os cura?
Claro está que es loco intento
quitarle el mismo instrumento
con que sanaros procura.
Manos de Dios que se ven
son los hombres. Solas dos
tiene el hombre, y muchas Dios;
que cada vida con quien
puede Dios haceros bien,
mano es de Dios, no hay dudar;
luego en el mismo quitar
la vida de un hombre es llano
que a Dios quitáis una mano
con que os puede remediar.
Contento me has dado y pena,
tú eres salteador, mas eres
fuera de salvarte.
No esperes
jamás de mí cosa buena,
¿que Caín no se condena?
¿Luego estás desesperado?
No, pero estoy en estado
que a mi salud no hallo medio.
Dios puede darte el remedio;
no vivas desconfiado.
¿Cómo está nuestra Señora
de Poblete? Yo solía
visitarla cada día
y sé que mi ausencia llora.
¿Por qué no la ves ahora?
Porque soy muy conocido
de los frailes, y temido
después que soy bandolero;
de ti una limosna espero,
como pobre te la pido.
Yo sé que eres en Poblete
fraile nuevo, porque allí
nunca yo te conocí.
Dices bien.
¿Eres Amete,
hijo del rey de Carlete?
Ahora soy fray Bernardo.
¡Vive Dios que estás gallardo
con el hábito! Mas creo
que es injuria del deseo
el lo que en decirlo tardo.
Ver en Poblete quisiera
a la Virgen, y que todo
se dispusiera de modo
que ningún fraile me viera.
que de requiebros dijera
a aquel relicario santo
de que estoy ausente ha tanto.
Viendo por lo que te escucho
que a la Virgen quieres mucho,
me baño en gozo y en llanto.
Mira, retirado estoy
de otras celdas, que la mía
casi está en la portería,
después que portero soy.
Ve a Poblete y yo te doy
mi palabra si allá vas
que yo te veré nomás.
Si lograses mi fe.
Yo solo a ti te veré,
y tú a la Virgen verás.
Pues esta noche después
que se recoja el convento,
acción temeraria invento,
iré a Poblete.
Adiós, pues.
Mira que de pobres es
todo aquel dinero.
Ya
convertido en sangre está.
Vete con Dios.
Él te guarde.
Espera, aunque vaya tarde.
Nunca va tarde el que va.
Vase Bernardo.
Zayda es esta.
¿Quién estuvo,
Jacinto, contigo aquí?
¿A quién viste?
A un fraile vi
que contigo se detuvo.
No le vi la cara.
Anduvo
discreto amor; te pesara
de haberse visto la cara,
que el fraile era Hamete.
¡Ay, cielos!
Vase y con él los bandoleros.
Zayda, amor corre con celos,
que es desbocado y no para.
Desarrepiento por hoy,
porque me espera una dama
milagrosa que me llama
con el alma que la doy;
esta noche a verla voy.
Volveré, y pues te poseo,
lograré aquí mi deseo,
que no es el monte palacio
para lograr tan despacio
la flema de un galanteo.
La amenaza mayor daño
mi fortuna, y ya ha tres días
que entre vanas fantasías
voy disponiendo un engaño
para algún suceso extraño
que no acabo de entender.
aquí a Ahamete pude ver.
Pero, ¿ya qué dicha espero,
mientras este bandolero
me tuviere en su poder?
En gran peligro estoy puesta
si falta la cortesía
que hasta ahora me tenía.
Marido, la mora es esta;
si tenéis algún recado
del capitán, ya está sola.
Ya yo he engañado a Bartola.
(Aparte.)
(Al paño.)
Yo me voy, mas por un lado
me he de poner a atisbar.
¡Quién le comiera una mano!
Pues me quiere este villano,
de él me tengo de fiar.
Cayda, no sé qué os diga,
siempre que os veo me place,
y el amor por vos me hace
cosquillas en la barriga.
Y cuando así quedo en calma,
os doy cada vez que os miro
en cada vista un suspiro,
y en cada suspiro un alma.
Yo por aquesas pestañas
sirviera otros siete años,
como sirvió por engaños
aquel tal de las lagañas.
¿Harás un atrevimiento
por mi amor?
Por vida vuestras,
que lo digáis muy apriesa.
Yo deseo ir al convento
de Poblete para ver
esta imagen.
¿Tenéis gana
por dicha de ser cristiana?
Con gran secreto ha de ser,
vistiéndonos en secreto
de peregrinos los dos.
Bien habéis dicho, ¡pardiós!,
que quizá para ese efeto
a los romeros quitamos
tres días ha los vestidos.
Pues cuando más divertidos
los compañeros veamos,
juntos nos habemos de ir.
Aparte.
¡Ah, ladrón!
Zayda, ¡pardiez!,
que mi rocín esta vez
para ambos ha de servir,
y, fuera de cumplimiento,
por llevaros caballera,
en esta ocasión quisiera,
Zayda, ser un gran jumento,
y tan grande en conclusión...
que en las ferias no se hallará
por el cuerpo y por la cara
otro mayor garañón.
Vase.
El rocín para la mora
yo le daré, mas será
mejor cogerlos allá
y dejarlos ir ahora.
Ya todos hacia el camino
se han ido y solos estamos;
no hay sino que nos vistamos,
que hasta el traje es peregrino.
Dices bien.
Vanse.
Si me deslizo,
Bartolo, no hay que gruñir;
los que le vieron ir
no verán más a Chorizo.
Sale el Abad.
Muchos pobres han llegado
por limosna y no ha venido
Fray Bernardo, ¿qué habrá sido?,
que me tiene con cuidado.
Mas es tal su devoción
con el nombre de María,
que se pasa noche y día
contemplando en la oración.
Sale Bernardo y un Ángel de peregrino.
Y así, cuando venga quiero
que recoja su virtud
a su celda, y su inquietud
renuncie a ser limosnero,
que un varón tan virtuoso
como Bernardo es mejor
que al superior e inferior
enseñe a buen religioso.
Mas otro pobre ha llegado
y con él Bernardo viene;
con el pobre se entretiene.
Por Cristo crucificado,
Bernardo, limosna os pido.
Amigo, a tal ocasión
llegáis, que mi corazón
le traigo bien afligido.
En el monte me encontraron
los ladrones, y el dinero
me ha robado un bandolero,
y más pobre me dejaron.
Mas claro está que sería
por mis culpas.
¡Qué humildad!
Mas toda necesidad
remedian Dios y María,
padre mío.
Hijo amado,
seáis mil veces bienvenido.
Con el pobre divertido
los pies aun no le he besado.
Álcese, hermano, del suelo.
¿De qué llora?
¡Ay, padre mío!
De que a este pobre le envío
sin limosna ni consuelo.
Que en este monte de Pradas
los ladrones me encontraron
y el dinero me robaron.
¡Oh, maravillas sagradas!
Dadme alguna caridad,
Dios permite que le pidas
porque en su humildad y vida
conozcan su santidad.
No tengo, hermano, qué dalle.
Vase.
Entre, hijo, a descansar,
no le aflija este pesar,
que este mundo, al fin, comparalle
podemos al monstruo fiero
de la muerte, que atrevida
a uno le quita la vida
para dar a otro el dinero.
Y así este mismo ejemplar
el consuelo facilita,
que si hoy el mundo lo quita
mañana lo podrá dar.
Mira la manga.
Mientras, desconsolado,
mira la manga, quizás
algo que darme hallarás.
¡Cielos, mi bien he hallado!
Con la misma cantidad
que de limosna junté.
Sin duda milagro fue,
porque en la necesidad
mayor, nos socorre Dios;
y así, por este camino,
socorre a este peregrino;
tomad, todo es para vos.
No lo he menester, amigo;
tu custodio y compañía
soy; queda en paz.
Vuela y el soldado se va y salen Caya y Choric.
Lleguemos, pues yo lo digo,
que algún diablo os aconseja.
Debajo de este vestido
traigo el de mora escondido.
Lobos sois con piel de oveja.
Mas no veis cómo está
la robada, y otead
si acaso algún ángel veis.
A una vieja he visto ya.
Vuelve.
Si fue sueño lo que vi,
quién tal dicha mereció.
Mi ángel custodio me habló,
fue cierto.
¿Quién está aquí?
Dos peregrinos.
Llegad,
que ya limosna ha venido;
para vosotros ha sido,
ea, mis pobres, tomad.
Estes, no otros pelones
que no darán un dinero
si los ahorcan; yo quiero,
hermano, algunos doblones;
hágame, pues, caridad,
déme de ellos un bolsillo,
que de este ungüento amarillo
tengo gran necesidad.
No te entretengas, Chorizo.
Por sacar doblones, yo
al padre que me engendró,
y aun a la madre que me hizo,
entretendré.
Déjale,
que hoy tengo de ver si puedo
lograr mi ardid, si me quedo
con su celda.
¿Para qué?
Para hablalle.
¿Ha de haber más
que hablalle?
No sé tú, sé zorro,
que no es hombre un religioso.
¿No es hombre? Allá lo verás.
Mira un demandante un día
llegó en casa de una dama,
destas que tienen la fama
de hacer cualquier obra pía.
Llamó, y, bajándole a abrir,
dijo el bigardo: «Cabales
traigo aquí mis cuatro reales,
¿podré, hermanita, subir?».
La dama se alborotó
y temiendo alguna tanda,
prosiguió con su demanda
a voces, con que escapó.
Aplica tú ahora el cuento;
si un hombre, saliendo fuera,
suele andar desta manera,
¿qué hará dentro del convento?
Deja locuras, y llega,
dile que me dé posada
en su celda.
Aquí apartada
estad. Lo que se me pega
me obliga a ser consejero.
Sale Bartola de pobre.
Lindamente me he venido
de pobre tras mi marido.
Si vendrá aquel bandolero...
Hablaré con el abad,
y luego, aunque se detenga,
le esperaré hasta que venga
Ea, mis pobres, tomad.
Allí están los peregrinos;
bien hice en ponerme aparte,
los celos tienen gran arte.
Llegad, retratos divinos.
Vos, que estáis tan retirada,
humilde sois, quiero a vos
daros antes que a los dos.
Contenta estoy, no pagada.
Padre, dice el compañero
si en su celda quiere dalle
posada, que quiere hablalle,
que esto estima y no el dinero,
y verá cómo le cuenta
mucho de Jerusalén,
donde murió nuestro bien.
Vanse los dos.
Si darme ese precio intenta,
celda y vida le daré.
Véngase conmigo luego;
vos, tomad limosna, os ruego.
Solos.
Deje, padre, no le dé,
que yo le tengo de dar.
Esta tiene algún regalo.
Quítale el palo a Chorizo.
Dadme primero este palo
en que me pueda arrimar.
Por eso es bueno un cordón.
Alzad la cara. ¡Hola, hola!
¿Sois la pobre o sois Bartola?
Aquí vos tengo, ladrón.
Costilla en vos no ha de haber
que no os quiebre sin mancilla.
Mirad que de la costilla
salió la mujer, mujer
quedo, mirad cómo dais.
Aun faltan manos y boca.
Que me matáis. ¿Estáis loca?
¡Mirad cómo pellizcáis!
En tanto que de la moza
me vengo, no he de cansarme.
Eso es quererme, es matarme,
¡ay, que me ha mordido ahora!
Decid, ¿habéis de querer
a la moza, socarrón?
No, mujer, con condición,
que no volváis a morder.
Pues decid al padre abad
que la encerró fray Bernardo.
Aparte.
Diréle que es un bigardo,
y esto es la pura verdad;
diréle que es un hereje
y moro, aunque es cosa vieja,
y que es corredor de oreja.
Le diré porque me deje,
somos amigos nosotros,
mientras que somos testigos
que hay amigos, solo amigos,
para vender a los otros.
Vanse.
Sale Jacinto y Bernardo solos.
A buen tiempo has venido,
ya está todo el convento retirado;
entra en la iglesia, pues que aquella puerta
que está junto del claustro tengo abierta.
Tú verás a la Virgen, yo me quedo
en mi celda, aunque pobre, ve sin miedo.
Ya conozco esta celda, ¿dentro había
otro aposento?
Está la portería
tan cerca, como ves los pobres vienen
y ese aposento por albergue tienen;
dentro está un peregrino
que de la Tierra Santa ahora vino.
Y, ¿podrá conocerme?
Desde el punto que entró pienso que duerme,
porque todo está quieto.
Era al anochecer y te prometo
que no le he visto el rostro con cuidado
de tu venida; y antes ocupado
con el Abad que me ha pedido cuenta.
Dice que está la renta
del convento gastada,
que no hay aceite, trigo, ni cebada,
ni en las arcas dinero
después que soy en casa limosnero.
Quédate, padre, a Dios, que viene el día.
y voy a ver el alba a María.
Prodigioso eres, hombre,
pues invocas devoto el dulce nombre
de María divina.
Sin duda que tu vida es peregrina,
algún misterio encierra.
Sale Cay. dama muy bizarra por las espaldas de Ver. y él se sienta y se pone a leer.
Da la guerra,
a Bernardo publicas
en el pecho;
un infierno de amor, salga derecho
del pecho el corazón, y menos cauto
traslade su pasión del pecho al claustro.
Todo el infierno pienso que se ha entrado
dentro de mí.
Escribe.
Bernardo es enamorado.
Como hijo vuestro, dice, Virgen pura,
que no sabe pintar vuestra hermosura.
De una dama está hablando,
y aun pienso que la escribe; estoy rabiando.
Si os comparo, Señora,
a la cándida luz, vos sois la aurora;
si al diamante diurno,
mejor diamante os sirve de coturno;
si a la rosa del prado,
sois la rosa mejor que el mundo ha dado;
si a la palma, ciprés y a las estrellas,
lucís vos sola más que todas ellas,
pues sois huerto, sagrario, fuente viva,
azucena, ciprés, zarza, oliva.
Hoy de este agravio me veré vengada,
que ignora el huésped a quien dio posada.
¡Suelta el papel ingrato!
¿Qué es esto, cielos?
Tú con doble trato
desprecias mi cariño,
porque el vendado dios, el ciego niño,
la causa ha sido de tu nuevo empleo;
monje te finges para tu deseo.
Si por otra me dejas,
suelta el papel.
Escucha.
Ya mis quejas
en tales ocasiones
no están para escuchar satisfacciones.
Quítale el papel y hace que le quiere romper, y no puede, y baja el Ángel y se le quita, y vuela.
Pedazos le he de hacer, ¡suelta, villano!
No mereces tenerle tú en tu mano.
¿Qué mucho, si el papel solo decía
la salutación, Ave María?
Ahora conocerás,
Cayda, que no ando razones,
los que sigo, ni la magia,
aunque cause admiraciones,
puede hacer sus apariencias
verdades, sino ficciones.
Hamire...
Detén la lengua,
que ya es Bernardo mi nombre.
Si tú eres Bernardo, yo
soy Cayda, ¿no me conoces?
Si tú eres, yo no soy;
fuerza es que aquí me reporte
por no alborotar la casa,
que di la palabra a un hombre
que nadie aquí le vería;
pero si entraste a esta torre
de Dios, a esta fortaleza
donde militan los monjes
como soldados de Cristo,
Dios, que en la ocasión me pone,
me sacará libre de ella,
no harás engaño que importe.
Mi bien, mi señor...
Aparta,
que algún espíritu torpe
se ha entrado en tu pecho.
Mira
que mis rendidos amores
tienen ruegos de forzadas
con la obligación de nobles.
Mujer, desvía, ¿qué intentas?
Llora.
Que en recíprocas uniones
dos voluntades ajusten
un lazo sin que divorcie
tu voluntad mi hermosura;
no falten las atenciones
de tu sangre; advierte, primo,
que me adoraste; no estorbe
la religión que profesas
a que yo esta dicha goce;
a Zayda, pues, en tu celda,
que no a un peregrino, acoges.
¿Qué hombre ha andado tan cobarde
cuando en un lance le ponen?
Deja el llanto, cocodrilo,
que, aunque armado de traiciones,
cojas el agua en la boca
y todo el camino mojes
para que en ella resbale,
como pasajero torpe,
no has de alcanzarme corriendo,
pues rodeando mil montes
seguiré las asperezas
huyendo de tus rigores.
y así los ojos enjuga,
porque regando las flores
de tus mejillas advierto
que quieres con trato doble
matar como el cocodrilo
a este pasajero pobre.
¿Qué es lo que dices, Bernardo?
Desesperada daré voces,
que así me dejas, ingrato,
que así me olvides y adores
a María, que por ella
de tus galas te despojes
y tan vil hábito vistas.
El alma tienes de bronce.
Cayda, vete de mi lado,
por persuadirte que invoques
a Dios y a la Virgen antes
que alma y cuerpo te deshonren
los bandoleros que sigues.
No son tan firmes los orbes
como mi fe, dueño mío.
No quiso Venus a Adonis
como yo a ti que te adoro.
Testigos son estos bosques,
¡ah, cruel!, que de arroyuelos
se ríen de que yo llore.
Sale un villano.
Aquí está Cayda, ¡oh qué bueno!
¿Hay mágica que le asombre?
del aire vano.
No pido sino que me desengañes.
Cayda, Cayda, si deseas
en recíprocos amores
lograr méritos, atiende.
¿Quieres un amante noble?
Al hijo de Dios te ofrezco.
¿Quiéresle valiente, joven?
Su edad es treinta y tres años.
¿Quieres que beldad le adorne?
El más hermoso le aclaman
de los hijos de los hombres.
¿Quiéresle sabio? Es la ciencia
de Dios. ¿Quieres que aficione
con gracias? Todas las tiene
en sus divinas facciones.
¿Quiéresle afable? Es cordero.
¿Quiéresle humilde? A los doce
lavó los pies en la cena,
con ser buenos solos once.
¿Quiéresle santo? Es Dios mismo.
¿Quiéresle fuerte? De un golpe
venció a la muerte, él desnudo
y ella armada de traiciones.
¿Quiéresle de grandes fuerzas?
Pendiente está todo el orbe
de tres dedos de su mano.
¿Quieres que pródigo compre...
su amor, con dádivas quiso
darnos cuanto pudo, y diose
a sí mismo en un manjar;
¿quieres finezas mayores?
Dio por ti su vida propia.
Cayda, ¿este galán no escoges?
¿Esta verdad no te obliga?
¿A este amor no correspondes?
Ámale y conocerásle,
porque es fuerza, aunque lo ignores,
conocelle si le amas
y amalle si le conoces.
Aqueste es santo sin duda.
Sale Jacinto.
No estés tan ciega, disponte,
recibe el bautismo.
Padre,
ya recé mis devociones.
No prediques más a Cayda,
que hay mujeres de buen porte
que en lugar de convertirse
cuando van a los sermones
procuran convencer ellas
así a los predicadores.
¿Tú estás aquí?
Tocan.
Fuerza ha sido
que me asombres y te asombres.
¿Qué es esto? A maitines tocan;
sentiré que se alborocen
si encuentran aquí esta mora.
Como conmigo se torne,
se excusa el inconveniente.
Da voces.
Contigo antes daré voces.
¡Padres, padres, venid todos!
Calla, calla, no te enojes.
Este fraile me ha engañado.
Todos aquí me conocen,
si llegan, yo soy perdido.
¿Qué dices? ¿Qué quieres?
Voime,
que es fuerza. Dame esa llave.
Zayda, ni aun entre ladrones
mato a nadie, tú lo sabes,
pero tú harás que me ahogue
a mayor peligro.
Vase Jacinto.
Vete,
no aguardes que te lo estorben.
Sale el Abad y Chorizo y Bartola.
Hasta ahora no os creía,
aunque os detuve con orden
de averiguarlo en secreto.
Libre estoy de salteadores,
lo demás no importa nada.
Mire, padre, si recoge
la mora que le hemos dicho.
Váyase a ver, galeote,
o que miente, que tan moro...
es él como la consorte;
aquí lo pagaréis todo.
¿Estas son sus oraciones
y limosnas, fray Bernardo?
Padre, deje que yo azote
a la mora.
Padre mío,
cuando del caso se informe
Vuestra Reverencia...
Basta,
los padres definidores
le examinarán conmigo;
que el que era moro y esconde
aquí una mora, y muestra
el riesgo que su fe corre...
Esto quiere su enemigo.
No se irán los labradores,
ni la mora, hasta que en todo
la resolución se tome.
Padre, entrégueme la mora,
que yo la mataré a azotes.
En el cuarto retirado,
que es donde asisten los pobres
pasajeros, estará;
y servirán de prisiones
los dos, que la guardarán
en tanto que se dispone
lo que más convenga.
Vamos.
y mire que no me enoje,
porque ha de haber azotea
a ruina de los talones.
Virgen, valed por mi causa.
Caigan sobre mí los montes.
Padre abad.
¿Qué me quieres?
Que a fray Bernardo se borre
de ser limosnero y haga
que yo lo sea en su nombre.
Entréguenme a mí el dinero,
el aceite, miel, arrope,
trigo, pan, carne y tocino,
vino blanco, vino aloque,
con las demás zarandajas
que en un convento se comen,
que aunque haya para diez años,
sin darles nada a los pobres
ni a los padres, he de hacer
que mi panza se lo emboque.
Página en blanco; solo transparentado del reverso.
Tercera Jornada\nDe\nlos Mártires de\nCarlete y tres her-\nmanos del Cielo.
Página en blanco; solo transparentado del reverso.
Salen Chorizo y Bartola.
Mujer, yo estoy aburrido,
tratad de moriros luego,
o si no, me meto lego
por no ser vuestro marido.
No podréis siendo casado
sin que yo consienta en ello.
Pues donadme a poder hacello,
y veréis si soy donado.
Nadie del mundo se acuerde
de sus dulces y conservas,
no hay cosa como las yerbas
para los que comen verde,
que llenan bien los baúles,
y vende de esta manera
el filósofo en su quimera
un verde con dos azules.
Yo quiero ser un gran santo
y hacer milagros, ¡qué vicio!
Y te has de poner cilicio.
¿Para qué, si duele tanto?
Tu carne has de castigar
para merecer con Dios.
Bien decís, mujer, con vos
me quiero mortificar.
Es verdadera doctrina.
En efeto es verdadera
Sí, marido.
Ropa afuera,
que saco la disciplina.
Decid, ¿qué queréis hacer,
simplón, bruto, majadero?
Dale.
Castigar mi carne quiero,
pues sos mi carne, mujer.
La paciencia se me apura.
¡Aquí de Dios, que me mata!
Callad, que esto es catarata.
Dentro, Bernardo.
Volved por mí, Virgen pura.
¡Válame Dios!, ¿qué es aquello?
Escuchad.
Dale.
Mientras escucha,
no os daré poco ni mucho,
pero volvamos a ello.
¡Ay, que me mata!
Atención.
Dentro, Bernardo.
Quien tiene la culpa, digo,
que merece este castigo.
Dale.
Bartola tiene razón.
¡Ay, que me mata!, jumento.
No me deis, que es cosa vieja.
Dentro, Bernardo.
¡Ay de mí!
Mas, ¿quién se queja?
Escuchadlo en este cuento.
De limosna y sin dinero
la barba hacía a un pastor,
con la navaja peor,
desazonado, un barbero.
Como la navaja estaba
con mil mellas que tenía,
el cabello no partía,
pero el rostro desollaba.
Conoció el pastor el yerro,
mas vio ser fuerza que calle,
y en este tiempo en la calle
le daban palos a un perro.
«¿Qué será aquello?», decía
el barbero a sus oídos,
«como con los alaridos
el perro los aturdía».
El pastor respondió allí,
viendo que en saberlo escarba:
«Deben de hacerle la barba
de limosna, como a mí».
Sin duda que es fray Bernardo
a quien pusieron ahora,
por hallarle con la mora,
las espaldas como un cardo,
el que encerrado en su celda...
tiene el abad, y librarme
no es fácil, ni el escaparme,
¡pardiez, sino las apelda!
Por vos está allí encerrado.
¿Qué decís, mala cristiana?
Mordistes vos la manzana,
y he de pagar yo el pecado.
¿Vos no hicistis el enredo?
¿Quién se lo dijo al abad?
Ambos a dos.
Es verdad.
Pues si es verdad,
Quedo, quedo;
no volvamos a reñir,
que perderé la paciencia.
Pues mirá, en buena conciencia
os habéis de desdecir,
o, si no, de cuando en cuando
llevaréis con gran primor...
Pues ¿soy yo acaso pintor
para andarme retratando?
Y desde hoy os ofrezco
la diciplina en garrote,
que me ha cansado el azote,
y ahora andará a palo seco.
Como no me deis, fiaré,
y enmendaré todo el daño.
Para ser santo ermitaño,
en vos me ensayonaré.
Ermitaño, en conclusión,
¿queréis ser?
Es linda vida.
¿Y en qué ermita?
En la Florida,
que llaman de la Asunción,
que como murió el santero,
si de ella no me deslío,
nunca faltará chorizo
a cualquiera pasajero.
Y, supuesto que no puedo,
por estar matrimoniado,
ser fraile ni ser donado,
seré ermitaño a pie quedo.
Y en estos desiertos agros,
¿quién nos dará de comer?
Mi virtud, que sabe hacer
a racimos los milagros.
¿Milagros? Mucho me espanta,
siendo tan malo.
Mujer,
yo bien puedo santo ser,
pero vos no seréis santa.
Pues, ¿por qué no en conclusión?
decidlo, pues lo sabéis.
Porque vos siempre caéis
en cualquiera tentación.
Callad, simple.
Andad, Bártola.
No quiero andar.
¿Cómo no?
Alza el palo.
Vanse.
Andad, o os daré yo
un... digo, ¡que en bola!
Sale San Bernardo y el Ángel.
¿Quién eres, bello prodigio?
¿Quién eres, divino joven,
que sin quebrantar las puertas
me sacas de las prisiones?
¿Quién eres, que los candados
con divina mano rompes
por sacar a un vil gusano
del capillo que le esconde,
de cuyo sepulcro vuelve,
como yo, a los resplandores
del mundo? Dime, ¿quién eres?
Bernardo, tus oraciones,
tus penitencias y ayunos
acepta Dios, tan conforme,
que por pagarte, me manda
que yo te diga en su nombre
te prevengas para verle
mañana, y que en ese monte
donde está una santa ermita
entre rústicos pastores,
a quien la Asunción se llaman,
padezcas los rigores
del martirio, en el camino
cosa ninguna te estorbe,
porque tienes que vencer
dificultades mayores.
Pon en Dios la confianza
y ve a la ermita conforme
con la voluntad del cielo
adonde te espera el golpe
de un clavo que te hará esclavo
de la Madre de Dios, hombre;
por tu virtud quiere Dios
obrar milagros mayores.
Mañana, pues, en tu muerte
se hallarán los salteadores,
y Zaida y Coraida siendo
tu hermano el agudo estoque
que ha de quitarte la vida
para que otra vida goces.
En el convento han hallado
duplicado todo al doble,
con lo cual de tu virtud
se han satisfecho los monjes;
a la Virgen le has pedido
que ha sido tu claro norte,
que fuese tu muerte el día
de la Asunción, que lo otorgue
no es mucho, si tú le sabes
obligar con oraciones.
Bernardo, el día es mañana
de la Asunción; y en el monte
te aguarda la mayor dicha;
pues con el agua que llores
bautizarás a Zoraida
y a Zaida, dándoles nombres
de Gracia y María, siendo
mártires contigo. A voces
pedirá la confesión
un apóstata, y entonces
subiréis todos triunfantes
a gozar los resplandores
de la gloria, dando al mundo
prodigios de admiraciones.
Queda en paz, que yo contigo
siempre estoy.
Vuela.
Divino joven,
paraninfo bello, aguarda.
Elévase.
Salen el abad, Bartola y Chorizo.
Digo, padre, que me ahorquen
si aquel no fue testimonio,
que fray Bernardo es un monje
santo, pero para mí,
no sé si es ni mujer ni hombre.
Padre, todo fue mentira,
que por vengarse una noche
se metió Zayda en su celda.
Pues eso, ¿no se conoce?
¿En qué?
En que ya nos buscan
las hembras a los varones.
Padre, ¿qué se hizo la mora?
Ya se fue libre.
¡Pardiobre!
Que a saberlo yo le diera
colación de canelones.
Ya yo he sabido el engaño,
y su santidad conoce
todo el convento, que ahora
se halla oro en arcas y cofres,
en los graneros no coge,
ni cabe el trigo, y el vino
vertiéndose está.
¡San Jorge!
Padre, no se vacíe el vino,
aunque se vacíe la troj.
¿Cómo está aquí fray Bernardo?
Su reverencia solo está.
Saca una llave.
No, porque aquesta es la llave.
Aquí misterio se esconde.
Aquella es llave capona,
y Dios abrió con la doble.
No hay cosa como ser santo
para aquestas ocasiones.
Pardiore, que decís bien.
Padre abad, en este bosque
hay una ermita y no tiene
ermitaño que la adorne.
Yo soy un santo novicio,
cuyos milagros disformes
se verán andando el tiempo,
que ahora estoy en opiniones.
Yo quiero ser ermitaño,
con que me dé ración doble
de comida digo, no
de disciplinas ni azotes.
Andad, cuidad de la ermita
y los ornamentos doblen,
con curiosidad, y adviertan
que ha de estar con mucha orden
todo aseado mañana,
que es la fiesta.
Vanse.
Al punto voyme.
Mas aunque sea ermitaño
por vos tengo alcornoque.
Llega el abad a Bernardo que ve.
En virtud de la obediencia,
vuelva hermano a mis razones.
Padre abad, su reverencia,
¿qué me manda?
Que perdone,
hermano, a quien le ha ofendido,
déme esos pies.
No se postre
a los pies de un vil gusano
vuesa reverencia; tome
mis brazos, que yo venero
quien la luz de Dios conoce
tan claramente que guía
por ella a los pecadores.
¿Cómo salió de la celda?
No sé, padre.
No me estorbe
el que lo sepa; en virtud
de la obediencia, me informe.
Pues oiga su reverencia,
que mi lengua, pincel torpe,
no sabrá copiar un rasgo
de lo que pasó esta noche.
Después de hacer oración
pedí con lágrimas tiernas
a la Virgen que volviese
piadosa por mi ignorancia,
y apenas fueron los dos
allanados de la fuerza
que el corazón disparaba,
cuando por la celda entra
Un hermoso peregrino,
desterrando las tinieblas,
sin quebrantar los candados,
vide las puertas abiertas;
y de la mano me saca,
diciéndome que me espera
mayor dicha en esta ermita
de la Asunción, que no tema
los rigores que me aguardan,
y que vaya con presteza
a la ermita donde tengo
de padecer, en su fiesta
que hoy se celebra, el martirio;
y así, pues Dios me revela
tal dicha, le pido, padre,
que licencia me conceda
para partir al momento
a la ermita; que el que espera
a su Dios, es bien que haga,
para verle, diligencia.
Líneas tachadas: Abad. Mucho siento, hermano mío, / que me falte, mas la fuerza
No le quiero replicar,
pero será bien que advierta
que cuando da la virtud
de un varón santo más muestras,
entonces el enemigo
usa más estratagemas.
¿Qué sabe si es el demonio?
que por esa parte intenta
despeñarle; y toma forma
de ángel: no es la vez primera
que ha vencido su malicia
usando de esa cautela.
Los auxilios de la fe
son las militantes fuerzas
para librarse de todo
lo que el enemigo intenta.
El buen celo salva al hombre,
pruébolo de esta manera:
un peregrino fue a Roma
y ofreció a un hombre en su tierra
traer de la cruz de Cristo
una astilla; y como era
imposible tal reliquia
adquirir, que la moneda
le faltaba; porque todo
se empleaba en la galera,
acertó a quebrarse un remo
y él con grande sutileza
envolvió en muchos papeles
una astilla muy pequeña.
Llegó a su tierra, y al hombre
dijo que de la cruz mesma
de Cristo, era la astilla,
y como por verdadera
la tuvo, la hizo engastar
en oro con piedras bellas.
Sucedió en aquel tiempo
que en el lugar o la aldea
había una endemoniada;
llegó el hombre con la mesma
reliquia que veneraba,
y llegándola a poner
a la endemoniada, dijo
dentro de la mujer mesma
el espíritu: «La fe
con que la pones me aprieta
a que salga de este cuerpo,
no el remo de la galera».
Lo mismo le digo, hermano:
con buena fe nada tema,
ponga en Dios la confianza,
y con ella nada tema.
pues qué importa, Padre mío,
que el demonio use de tretas
contra mí, si con la fe
me libro de todas ellas.
Bien dices; mas padecer
martirio en aquesta tierra
parece imposible cosa,
mas si Dios se lo revela
yo no quiero poner duda.
Solo le pido que tenga
cuidado de la limosna,
que de la gente que llega
podrá ser que junte alguna,
en tanto que yo en la iglesia
dispongo la procesión.
Haré, padre, lo que ordena
vuesa reverencia.
El cielo
haga su virtud eterna.
Vanse y salen Almanzor y Corayda vestida
de hombre en hábito de moro, y Celín.
Ya estamos en la montaña
de gradas, Corayda bella,
desde aquí se ve una ermita
entre aquellas pardas peñas.
donde hoy me ha dicho un cristiano
que una fiesta se celebra
en que los monjes asisten
de Poblete por grandeza,
sin que en toda la comarca
quede cabaña ni aldea
que sus rústicos vecinos
hoy no las dejen desiertas.
Pues, ¿qué mejor ocasión
para vengar mis afrentas
puedo esperar, emboscada
esta mi gente en las breñas
de este monte, y tan cercanos
que están mirando las tejas
de la ermita, que hoy será
ruina de mi soberbia?
Ea, Corayda, ya es tiempo
de que el rigor de tu diestra
pruebe ese alevoso hermano
que, olvidando al gran profeta,
por la falsa ley de Cristo
dejó la corona regia.
Búscale, en tanto que yo
no dejo en toda la sierra
bandolero que no mate,
hasta que caído le veas,
como arroyo desangrado,
todo el coral de sus venas.
Palabra doy al sol mismo
que hasta que logre la empresa
no me han de ver tus vasallos
adornando rubias trenzas
de mi pelo, los rubíes
ni del alba el bello néctar.
Alá te guarde, Corayda.
Contigo un escuadrón queda
para lo que sucediere.
Harto escuadrón soy yo mesma.
Vamos, Celín.
Ya te sigo,
que tener gana muy buena
de dar con aqueste alfanje
al cristiano en la cabeza.
Vanse.
Sale Zayda y Jacinto.
Zayda, tu consejo estimo,
mas la fuerza de mi estrella
para que hoy vaya a la ermita
me arrastra con su influencia;
no dudo que si allá vamos
logremos alguna presa
de importancia, que las damas
siempre, cuando van a fiestas,
es cierto que valen más
por la riqueza que llevan.
Si algunas joyas robamos,
cuando ser tuyas merezcan,
entonces tendrán valor;
que en las villanas groseras
las joyas parecen mal
y en ti parecen de perlas.
Y todo el disgusto pasado
te perdono, porque veas
que soy firme en adorarte
al paso que me desprecias,
y aunque pudiera ofenderme,
basta, Zaida, que te vuelvas
arrepentida a mis brazos,
para que yo te defienda,
guardando como tesoro
la joya de tu belleza.
Jacinto, el favor te estimo,
y mucho más te quisiera
si fuéramos de una ley;
mas como tú nunca intentas
faltar a la cortesía
venerando mi belleza,
presumo que a la resguarda
para otra mayor empresa,
y más cuando ha sido un sueño
quien me lo afirma en la idea.
¿De qué forma?
Escucha atento,
que ya te le refiero.
Empieza.
En aquesa amena estancia,
donde el sol apenas entra
porque los árboles tejen
pabellón para la yerba,
apenas por la fatiga
del calor le pedí treguas
al sueño, y el blando soplo
del céfiro con las hebras
de mi pelo como amante
empezó a jugar con ellas
hasta que de puro libre
fue deshaciendo las trenzas,
que como cosa gozada
descompuso la madeja
cuando soñé que te vía
en pobrete, con la mesma
vestidura de Bernardo.
Cielos, ¿qué es esto? Si aquesta
moza sabe que soy monje,
y por aquí me da cuenta
de lo que sabe. ¿Prosigues?
Fiaré, si el temor me deja.
Soñé pues que te mataban,
y yo con lágrimas tiernas
pedía el bautismo.
Calla,
cuando todo eso suceda
nada me estará mejor
que el hábito; si deseas
darme gusto, deja ahora
los sueños y las quimeras;
recojamos nuestra gente
porque el tiempo no se pierda
para lograr la ocasión.
Vamos, Jacinto, Alá quiera
que el sueño sea mentira
y que no pare en tragedia.
Vanse.
Sale Zoraida, sola.
Desde aquesta parte intento,
doméstico basilisco,
atalayar a Bernardo
en saliendo de ese altivo
alcázar, que está apostando
a duración con los siglos.
He de salirle al encuentro
para vencer sus delirios;
A la María, veamos,
siendo huerto y siendo lirio,
quién se lleva aquesta palma
de vencer un albedrío;
que yo, sin los atributos
que le adornan al sol mismo,
en defensa de Mahoma
me atreveré. Mas ¿qué digo?
Hasta la ocasión dilate
ufana el intento mío.
Pero, ¿no es aquel Bernardo?
Aunque otra vez no le he visto,
con el traje que le veo
sin dificultad lo afirmo.
Sí es; al encuentro salgo,
puesto que le he conocido.
Sale Bernardo.
Ya de la ermita descubro
el frondoso laberinto
que de los árboles verdes
ha formado el tiempo mismo.
la festividad celebran
los parleros pajarillos,
que, siendo del aire remos,
son cítaras de los ríos.
Y los arroyuelos risueños
hacen burla del rocío
que suele llorar la aurora
sobre olorosos tomillos.
¡Oh, qué galán está el prado!
¡Qué hermoso está! ¡Qué bien hizo
en guardar para este día
todo el campo lo florido!
Pero, ¿qué es aquesto, cielos?
Sale Corayda.
Detente, a mí ves.
¿Qué he visto?
¿No eres Corayda, mi hermana?
La misma soy.
Pues, ¿qué ha sido
la causa de que tú vengas
en el traje que te miro?
Ver si puedo reducirte.
No te canses, que yo sigo
la ley de Cristo constante.
Pues ven acá, fementido,
la ley de nuestro profeta
desprecias, ¿así?
Sus ritos
son engaños del demonio,
Pues ¿cómo tú la has seguido
hasta que la ley cristiana
te venció con sus hechizos?
Yo te lo diré, Corayda;
piérdese entre dos caminos
un caminante, y tomando
el que parece más limpio,
suele dar a breve rato
en el mayor precipicio;
conoce el riesgo, y volviendo
por las huellas que ha venido,
encuentra el camino bueno;
lo mismo me ha sucedido:
iba yo errado en tu ley,
volvíme a la ley de Cristo,
con que ya no temo errar
por tan seguro camino.
¿Para qué son penitencias,
abstinencias y cilicios?
¿para qué son los ayunos?
Para vencer a los vicios,
y en las batallas del mundo
asegúrelo este ejemplo:
Nicolás de Mira, obispo,
afirman sujetos grandes
que tomaba siendo niño
dos días en la semana
el pecho, raro prodigio.
de Mayoro y Bonifacio,
de Edmundo y de Severino,
de Gerónimo y Severo,
de Eufrasia y otros leímos,
según la historia lo cuenta,
de Nicolás Tolentino,
que por ayunos llegaron
a conservar más propicios
las virtudes que laurean
sus sienes en el empíreo.
Imagen del vivir quieto
llama al ayuno Basilio,
y dice dos alas tiene
con que vuela al paraíso.
Bernardo también le llama,
si miramos sus escritos,
la justicia y la oración;
y Crisóstomo nos dijo:
alimento para el alma
es el ayuno, que ha sido,
cuando enemigo del cuerpo,
del alma el mayor amigo.
Pues di, ya que me convences
con lugares que no he visto,
cómo puede ser que sea
buena tu ley, si distingo
que a un tiempo tenéis tres dioses.
Y creéis que es uno mismo.
No es justo que yo te explique
los misterios infinitos.
De la Trinidad Sagrada
sé que hay Dios Padre, Dios Hijo
y Dios Espíritu Santo.
¿No son tres personas?
Digo que sí.
Pues ¿cómo son una,
si son tres y tú lo has dicho?
Dobla el escapulario.
Para darte la respuesta,
sólo a un lego es permitido
lo que ahora verás. Aguarda.
Mira este doble.
Ya miro.
Póngole otro al mismo lado,
tan igual como el que has visto.
¿Cuántos son?
Dos.
Y con este,
¿no son tres?
Sí, tres diviso.
¿Y todos tres son iguales?
Descógelos.
Pues mira los descogidos
y verás que tres son uno.
Con eso me has convencido.
Ya entiendo lo que ignoraba.
No me rehusaré contigo,
Bernardo, que yo conozca
a tu Dios.
Sin el bautismo
no le podrás conocer.
Un hombre en el punto mismo
que nació se quedó ciego,
y de todo aqueste siglo
lo que más ver deseaba
era la pintura; vino
a su casa un gran pintor
y le copió un santo Cristo.
Pasó el ciego por el lienzo
la mano, y hallole liso
cuando imaginó encontrar
a Cristo en el lienzo mismo.
Pidió con lágrimas tiernas
a Dios que fuese servido
de darle vista por ver
la copia de su divino
retrato; cobró la vista
y entonces conoció a Cristo.
Haz tú lo mismo, si quieres
conocerle, ven conmigo
a la ermita, y pide en ella
el sacramento divino.
del bautismo, y al instante
que tú le hayas recibido,
te abrirá los ojos Dios
con sus divinos auxilios.
Vamos, Bernardo, señor,
en vuestro favor confío.
María, llena de gracia,
sed mi abogada, y pues quiso
mi dicha que en vuestros días
merezca el bien que recibo,
de hoy más me llamaré Gracia,
si hasta aquí Corayda he sido.
Vanse.
Sale Chorizo con una bota, vestido de ermitaño.
¡Válgate el diablo la gente,
lo que ha cargado en la ermita!
¿Pensáis que es agua bendita
un vino? Es como aguardiente.
Al licor que esta destila,
tanta gente se llegaba,
que yo mismo imaginaba
que llegaban a la pila;
mas, ¿qué es esto, amada bota?
Tírala.
¿no tenéis gota que dar?
Pues idos a pasear,
bota, si no tenéis gota.
Que esto le pase a un santero
como yo, que es medio santo,
más que no chupaban tanto
en casa de un tabernero,
adonde el demonio fragua
que uno lleve en su destino
la mitad de aguado vino,
la mitad de pura agua.
Como abejas se llegaban
a la bota, y yo, ¡qué pena!,
pensando que era colmena,
pregunté si la castraban.
Respondiome allí una vieja
papanduja endemoniada:
«es cosa más regalada
porque es vino de una oreja».
Quitéles mi bota aprisa
y, furioso y enojado,
de la ermita los he echado
hasta que toquen a misa.
Vayan a poner las ollas,
jueguen, pues están solos,
las mujeres a los bolos,
los hombres a las argollas.
Sale Zoraida y Bernardo. Salen puestos en los alambres.
¿Qué es lo que dices, Zoraida,
pues es mi hermana carnal?
Es tu hermana natural,
pero no es tu prima Zaida.
Esto es cierto, declarado
el rey lo ha dejado así.
No puede ser para mí
mejor nueva.
Ya ha llegado
fray Bernardo, y un morillo
trae a su lado, de fama;
pardiez, si yo fuera dama,
que yo tomara al perrillo.
¡Chorizo!
¡Hermano Jamón!
¿Cómo le va?
Muy bien, creo.
¿Se azota?
Tengo el baleo
como ruedas de salmón.
Será su virtud espanto.
Pues eso ya no se ve,
hoy a la ermita llegué,
y a esta hora ya soy santo.
¿Y Bartola, dónde está?
La envié a ser penitente,
porque la carne presente
cualquiera la comerá.
Pues la tentación resista,
que es de las almas el ascua.
Padre, no hay nadie la Pascua
que con la carne no embista.
Dígame, ¿cómo en tal día
no abre la ermita, siendo hora?
Porque aquí a aquesta señora
quitaron lo que tenía.
Bien hace, que en estos sotos
hay bandoleros muy fieros.
Estos no eran bandoleros.
Pues, ¿qué?
Muy finos pilotos.
No está la ermita segura,
según eso que ha contado.
Salen Jacinto y Zaida.
Digo, Zaida, que he mirado
moros en esa espesura.
Y, por si acaso es tu hermano,
hacia la ermita he venido,
donde, si fuere vencido,
moriré como cristiano,
que, como aquí no se extraña
pasar moros por instantes,
pareciendo sus turbantes
almendros de la campaña,
y al fin, como este es el paso
por donde con atributo
pasan con salvo conducto,
de ver moros no hacen caso;
con lo cual puede buscarme
tu hermano como ofendido,
y viniendo prevenido
con gente, puede cercarme.
Aquí estaré más seguro
de su poder superior,
mas de valor a valor,
soy contra Almanzor un muro.
Ay, Jacinto, el cielo quiera,
cuando a Dios el alma aspira,
que mi sueño sea mentira
y no historia verdadera.
Hoy seré cristiana yo,
y el bautismo pediré
de tu católica fe.
Miran a Zoraida.
Mi muerte, Zayda, llegó.
Aquesta es otra pavana.
Padre, ¿no ve un bandolero?
¿No ves un moro? Yo muero.
Esta es Zoraida, mi hermana.
¿Esta es Zayda?
Amete es él, ¿ves?
Y yo, ¿quién soy? Un chorizo
de toda casta mestizo,
hijo de la misma peste.
¡Oh, prodigios soberanos!
¿No es acaso que a las dos
os junte conmigo Dios
hoy, siendo los tres hermanos?
[tachado]
¿Cómo hermanos?
Porque tú,
aunque nunca lo has sabido,
natural hermana has sido.
¡Acaben con Belcebú,
que llegan!
Salen Almanzor y los que puedan.
Aquí vinieron,
y aquí los he de matar.
Celín, no se han de escapar;
si de mi enojo no huyeron
estos son; mueran. Traidor,
bandolero, vil cristiano,
aleve, Paris troyano,
quien te mata es Almanzor.
Dale.
Margen derecho:
Y a mí tu amor raya en mi mano,
enemigo sarraceno.
¿Cómo moriréis tres
juntos?
Antes que morir los tres jamás...
¡Jesús!
Muere, tú, alevosa.
¿Qué es esto?
¡Jesús me valga!
Señor, aquí está la galga,
al caldillo de raposa.
la que cristiana volver
y a ti te ha ver engañado.
Dale, Celín.
Mete aqueste alfanje. Dale.
Por un lado.
Mueran, Celín.
Aleve sois,
te quiere dar buena pieza.
Huye y vase.
Yo guardaré mi cabeza.
Sale a dar con el alfanje Almanzor a Bernardo y sale una cruz con tres clavos y pónesele en medio.
Pero ¿qué es esto? Una cruz
en medio se puso; un clavo
de ella tengo de arrancar.
Como a esclavo te he de herrar
para hacerte vil esclavo.
Quítale un clavo que se le pone a Bernardo como clavado en la frente.
Pues ya logré mi intención,
seguidme todos ahora.
Vanse.
No vale más el ser mora
que no morir.
Confesión,
la sangre me va faltando.
Bernardo, el bautismo pido.
Vase.
Confesión, nadie me ha oído,
iré a buscarla arrastrando.
Hermanas, llegaos a mí,
mi sangre recogeré,
con que el bautismo os daré
por faltar el agua aquí.
Pero, ¿qué miro?, dos fuentes
esta cruz ha producido,
agua del cielo ha venido
por conductos diferentes.
María y Gracia, con llanto
os bautizo y regocijo
en nombre del Padre, y Hijo,
y del Espíritu Santo.
Llegan a él como arrastrando, y Bernardo coge agua de la cruz y las bautiza.
Salen Chorizo y el Abad.
Aquí los hemos de hallar.
Fray Jacinto me admiró,
apenas se confesó
cuando acabó de espirar.
Como cristianos muriendo
digamos con gran fervor:
En vuestras manos, Señor,
mi espíritu os encomiendo.
Bajan tres ángeles con coronas de flores y se las ponen a los tres, y vuélvense a subir y canta la música.
Ven en paz, ven en paz,
Bernardo, que el cielo
tus ruegos acepta,
con Gracia y María
que a tu lado están.
Ven en paz, ven en paz,
y ciñan guirnaldas
las sienes dichosas
de los que han sabido
muriendo triunfar.
Ven en paz.
Cantando la música, suben los tres.
Gran prodigio estoy mirando,
gran música se escuchó.
Ángeles que truje yo
son esos que van cantando.
De mártires llevan palmas.
Padre, no nos descuidemos,
con sus tres cuerpos carguemos,
ya que se nos van las almas.
Porque esta gente es cuitada,
tanto que vino no prueban,
porque solamente llevan
agua para su jornada.
Y será cosa bonita
que hallando posada franca,
se vayan sin pagar blanca
al ventero de la ermita.
Vase.
Deje locuras y vamos.
Señores, esto está visto:
ya se llevó Jesucristo
a los tres; solos quedamos
en la ermita yo y Bartola,
y fray Jacinto ya muerto.
Mas si resucita, es cierto
que al punto escurro la bola,
sin parar hasta Poblete.
Y aquí dan fin con buen celo
Los tres hermanos del cielo
y mártires de Carlete.
Escribiose en Caragoza a 15 de abril de 1660.