帰属先:> 公開日: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las tres finezas del mayor amante. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/las-tres-finezas-del-mayor-amante.
+ Las tres finezas del mayor amante.
Jhs. Ma. Joseph.
+ Auto sacramental título para el Corpus Las tres finezas del mayor amante. Mnemosynon mirabilium Dei Memoriam fecit mirabilium suorum misericors et miserator Dominus escam dedit timentibus se Psalm. 110 Acto 1º Escena 1ª
Tirada una cortina o abierta una nube, como se pueda ha- cer con más comodidad, se descubrirá al son de las chirimías un Rey vestido de una ropa o tunicela blanca, sentado en una silla rica, tendrá su corona imperial, y, cercado de rayos de resplan- dor, al pie del trono estarán en pie la Sabiduría divina vestida de blanco con unas alas, cotas y faldón a lo romano blanco, con es- trellas, calzadillos dorados, toca volante de plata; el Amor divino vestido de morado, tunicela ceñida, un manto con sus lazadas sobre los hombros, un arco en la mano y una aljaba con saetas al hombro.
Aunque nuestra bondad pudo obligarme
desde esta luz que habito inaccesible
quiriendo afuera ya comunicarme
a criar lo visible y lo invisible,
y pudiera con esto contentarme
sin quedar más tratable ni accesible,
siendo el timbre y blasón de mi apellido
de inescrutable Rey: Dios escondido
Con todo nuestro amor nos ha empeñado
en finezas más fuertes y mayores,
de los hombres estoy enamorado,
el Fénix quiero ser de los amores,
que demás de que el hombre está postrado
cargado de trabajos y dolores,
y me lleva el reparo deste empeño
por ser quien soy, me obligo al desempeño.
Su ser quiero juntar a mi grandeza
en la mayor unión que se imagina,
querida habéis de ver esa pobreza,
que vive desterrada y peregrina,
ya mi decreto a ejecutar se empieza
sepa el amor, sabiduría divina,
cuáles son las jornadas que habéis hecho
vestida del recato de mi pecho.
Hágale la Sabiduría una grande reverencia y diga.
Yo que salí de tu boca
primogénita y primera,
sobre el ser de las criaturas,
de quien dar a tu amor cuenta,
supuesto el alto decreto
en que resuelves y acuerdas
que el Hijo, que es tu substancia,
y tu imagen verdadera
del yerro que hizo Adán,
se obligue a pagar la deuda,
y siendo ajena la culpa,
tome por propia la pena.
Corrí por obedecerte,
con alas y plantas tiernas,
cielos, tierras, mares, mundo,
aquí centros, y allí esferas;
desde aquel seno de amor
que tiene por brasas perlas
en el Serafín más puro
que más a tus pies se acerca,
hasta la más vil mazmorra
de aquella cárcel eterna,
que mayor confusión viste
y abraza más densas nieblas;
formé de la luz perfiles,
partí del fuego centellas,
medí el cristal de los aires,
sondé el mar millón por legua;
allí entre sus epiciclos,
aspectos y competencias,
ya retrógrados, ya afables,
lustre en los signos, planetas.
Aquí de la flor al fruto
surqué la vena maestra
que humedecida produce
más coronas que cabezas.
Ni le dejé en sus entrañas,
donde son las minas venas,
metal que no quilatar,
médula blanca y bermeja.
El Rey hombre, que la ponga
en sus monárquicas mesas,
me hizo escudriño de honores,
que allá son oro, acá tierra;
por el número de nueve
en las escuadras angélicas,
dentro de tres Jerarquías,
de todas fui inteligencia.
Todo lo he visto y mirado,
y un átomo no me queda
por medir, ni por pesar,
en la entidad más pequeña.
y en todo (salvo tu gusto
pues en tu omnipotencia
no el obrar si el querer
y consiste en que tú quieras)
Habiendo de darle al Verbo
esposa que le convenga
no para la calidad
sino para la materia
Deste remedio que tratas
que estriba en que no caiga y muera
yo juntara al Ser divino
la humana naturaleza
Pues es más para el Intento
y tienes formado en ella
todo aquello que se busca
todo lo que se desea
sea cautiva la culpa
pero no ha de estar con ella
si ha de juntarse al que es Dios
mas qué querrás que no puedas
presérvale aquella carne
la de este individuo sea
como carne para Dios
como saber la preserva
Yo te puedo afirmar
que su donaire me alegra
y que ya están mis deleites
con hijos que de hombres sean
que no les falta a estos hombres
más de que a tu gracia vuelvan
para esta heredad criados
señor vuelvan en herencia
Ya no creo que mi amor
se ha de querer replicar
Si es mi oficio enamorar
qué he de replicar señor
tu Imagen y Hechura son
y tu mano y poder sea
Ea id los dos por la esposa
hágase la Redención
llegó el tiempo estatuido
baje el Verbo sea Dios hombre
désele a su esposa el nombre
que le tengo concedido
y vosotros id a dar
el parabién a la luna
que al sol que es único es una
Privilegio singular
Música de chirimías, ábrese todo.
Escena Segunda.
Sale la Naturaleza humana, de negra, vestida de pastora a la sayaguesa, cantando, y adentro le responden.
Villancico.
Duelos me hicieron negra
que yo blanca me era
Copla.
Antes que pecara Adán
era nieve no pisada
fue mi hermosura extremada
fue mi donaire galán
después que tributo dan
los hombres a este traidor
quedé con este color
y espero a cuando Dios quiera
que yo blanca me era
Sale la Culpa, vestida de negra de bocací, con una tenaza, con unas llaves y bastón en la mano.
¿Para veyaca, con quién
tá parlando, gigantalza,
quien cada musican primamo
danla canpasso y lacayan?
Tá buena vida, esta perra,
ziempre floxan, holgazanan,
ziempre mano sobre mano;
no zabe, perra veyaca,
que za tuya escrava mía;
aqueca yo su alcandaya,
Ze la Culpa crïoma,
parienta de la gran Diabla,
demonicauza da Infierna,
turo alcahuite mostaza;
hizo a Zufrán piropejan
puro yesca abrazando;
no hay tan fuerte cagarero
que zi allá vas no te abatta
a mi mandar y poder
en nuesa lymba tiznada.
Señora, ten compasión,
confieso que soy tu esclava,
y yerros de mis mayores
me trajeron a tu casa.
Mas soy de casta de Reyes
y mi condición hidalga,
hecha a la imagen de Dios,
de quien fui criatura y dama.
Tengo gran culpa, zoberbian,
no lo tienen, tu veyaca,
zi aquella tu agüela Adam
y lan Eva zadezmanda
zi comen vedadan fruta,
gran golozinan boracheza,
del árbol que vedan Diosa
tragan, a boca un manzana,
zi lon comen, y longormen,
zi lon hurtan, que lon pagan;
trabaja, trabaja, perra,
po que zi onavez te hallan
mi zuradan y zerenan,
que cancantan, y lan baylan,
no te dejaran cabellan,
ni canillan en la cara.
Comer de tu zodatuna,
zi quieres comer, trabaja.
Vase la Culpa amenazándola, y tirándola; ella hace que llora, y mire al cielo.
Ay lamentables días,
ay ojos hechos fuentes,
cielo, si no eres sordo, óyeme tierno,
suban a tu cristal lágrimas mías;
embía al deseado
remedio de los males que he llorado.
Ven y quita, cordero,
la manzilla lastimera
que ha buelto esclava, a aquella digna, hermosa
imagen del Retrato Verdadero
de tu misma hermosura,
formando en mí a tu imagen tu criatura.
Basta, Señor, consuela
a la desconsolada
en esta peña muda y olvidada,
del cuydado y dolor que me desvela,
que yo, entregarme al sueño,
cese esta esclavitud, amado dueño.
Ha de haber una tramoya en forma de peña; pintado el lien- zo de fea color, siéntase allí en un asiento como canto, y quede dormida.
Salgan La Sabiduría Divina y el Amor Divino, y miren.
Basta, riguroso Amor,
ver la esclava lastimada
con triste y negro color
en su peña transformada
y escondida en su dolor;
mira el villano vestido,
y el color desparecido
a la luz que le eclipsó,
que, el pensar que la perdió
sin que duerma, la ha dormido.
¡Oh afeada hermosura,
oh bocado desbocado,
oh aventura, desventura,
fuerza, efeto de pecado,
negra el ánima blanca!
La imagen desvariada
con tan estraño color,
¿qué dizes?, ¿qué te parece?
Que el verlo me enternece,
que es todo terneza, Amor;
mira cómo has de hacer,
que está solo en tu poder
vuelva a lo que solía ser,
si a tu ser la has de juntar,
el que, Dios, sin saber,
pues lo quiere y puede Dios,
y a esto venimos los dos,
pues puedes, a obrar empezar.
Humana natura será,
hoy quiero volverla a ver.
Suene música, y al son de las chirimías se tire una cortina, y se descubra una imagen de la Limpísima Concepción, dentro de la peña pintada.
Mira en las entrañas de Ana,
formada Amana,
que, aunque aquella es carne humana,
como es carne, y hermana,
sale libre y triunfa ufana,
y aunque a mí me ha de costar,
el preservarla, pagar,
el haverla preservado
la culpa no la ha tocado.
Cúbrase el lienzo de la Concepción, con la mesma música.
Ya no hay más que desear,
solo me resta poder,
pues hoy muestras tu saber,
que a la pastorcilla verla
vuelta de esclava, eres bella,
pues que del sol lo ha de ser.
En su inocencia adormida,
de la justicia vestida,
en que la crió Criador,
la puedes mirar, Amor.
Dé vuelta la peaña de la tramoya, y parezca en la tramoya, cercada de resplandor, una pastorcilla muy hermosa vestida de blanco, y azul celeste, sentada y dormida, y al son de la mesma música con que se volvió, se vuelva a desaparecer la pastora hermosa, y vuelva la tramoya, sino pastora negra como se estaba, de peña en la tramoya.
Yo la vi, y esta escogida
para Verbo Eterno,
heredero del Padre,
que pisa estrellas, divina y Madre.
Ya que con la divisa
de limpia y Virgen Madre
sin que la toque un átomo del infierno
podéis volar al cielo
allá van mis saetas, haced vuelo.
Ponga una saeta en el arco y tírela hacia arriba.
Bajad, enamorado,
y recibid mi herida,
pues todo sois amor, y bajad luego
en mi amoroso fuego,
os contemplo encendido y abrasado.
Y amor, que ya este amante
baja alegre con paso de gigante.
Vanse.
Fin del 1.º acto.
Acto segundo.
Escena 1.ª
Salen por la parte de la montaña de las manos Cristo de pastorcico, pero vestido rico, y la Naturaleza humana de pastora hermosa.
Ya esposa, mi amor te abona,
dos naturalezas son,
pero es una la persona.
Y esa es divina, esta unión
te ilustra, te honra y corona.
Yo de tu carne vestido,
a ser verdad he venido
lo que el hombre y mundo quiere,
Dios nace, padece y muere.
Mucho me has enriquecido,
mi padre el linaje humano
aunque preso a la tierra.
Pues yo a padecer me allano,
el limbo despojaré,
verase libre y ufano.
Ya en tus finezas consiento,
dime por darme contento
vienes de asiento.
Querida,
treinta y tres años de vida,
vida será en ti de asiento.
Con tanta seguridad
bien es gozar tus favores.
Siéntense.
Pues que gusta esta beldad
haz un estrado de flores,
compón esta vanidad
de jazmín, murta y verbena,
del alhelí y azucena,
nardo, lirio, clavel, rosa,
toda amiga, eres hermosa,
y estás de donaires llena.
Todo eres hermoso, amado,
los arroyos hacen salva,
dosel las flores del prado.
Tu risa es cual la del alba.
Tu luz la del sol dorado,
como el oro es tu cabello.
Cristal y nieve es tu cuello,
siéntate, esposa querida.
Alma de la misma vida.
Luna pura.
Norte bello.
¿Qué hay en mía, Salamite,
de los pies a la cabeza,
que al gusto mi razón quite?
Todo es beldad, fortaleza;
no hay valor que se limite.
Tuyas mis riquezas son;
ven a tu coronación,
que ya mi amor te la da,
de lo mejor del maná,
de Henir y de Hermón.
En cuanto dice esto, vaya como que coge flores, y haga una guirnalda, y póngasela en la cabeza.
Entren la Malicia judaica, vestida de villano, y la Inocencia, vestido de villano gracioso y tosco; traiga la Malicia un cabrito atado, y la Inocencia un cordero.
Perdonen sus indulgencias.
Malicia judaica, a espacio,
perdonen sus indulgencias.
Y serán más de palacio
todas vuestras inocencias.
No me tirarán codicias,
ni injusticias ni avaricias
como a vos, judío honrado,
que siempre os habéis preciado
de maldades e inmundicias.
Pastores, gente aldeana,
de mi esposa y mi hermana,
¿qué queréis, qué nos pedís?
¿No le miráis, no le oís,
qué lengua tan soberana?
¿No es el pastorcillo lindo?
¿No tiene ella lindo fin?
Pardiobre, a entrambos me rindo.
Si es su hermana o su mujer,
ahora no lo deslindo.
No se os quedará entre dientes,
que a fe que vuestros parientes
bien fuerte lo deslindaron.
¿Cuándo?
Pues, ¿que no mataron
mil muchachos inocentes
por dar con la pastorcilla
y el pastor?
No esté turbado
con la estrella.
¡Oh, maravilla!
Herodes salió estrellado
y volvió hecho tortilla.
En todo hay sus dulces y agrios.
¿No queréis oír milagros?
Los míos mal los creyeron.
Con todo, a Herodes le dieron
a mamar los Reyes Magos.
¿Cómo de eso hizo Dios
por mi gente en el desierto?
Y esto para entre los dos,
como disteis a Urías muerto
contra Dios, ellos y vos;
mira, y os tapa los oídos,
o perdona los zumbidos.
Mis parientes, ¿qué hicieron?
Grandes idólatras fueron
y muy desagradecidos.
No haya más, por vida mía.
Todo es paz, mi amado esposo.
sus labios son cortesía.
Sin lenguaje malicioso
decidnos vuestra porfía,
ponerlos en paz espero.
Mire, de balde le quiero
bien.
Vuestro afecto recibo.
Malicia apostó escudero,
y yo aposté este cordero,
que es rehierta entre los dos;
el cual, Malicia, es pueta,
él diz.
Decídmelo vos.
Diz Malicia que es poeta.
Yo, que es profeta de Dios,
digo, sabelo habrás.
Yo se lo sabré endilgar,
no me enguillocéis, judío,
que yo en el calibre mío
me lo sabré enguillotrar,
yo digo que no es Golías.
Sos un asno, decí Elías.
Y aun otros decir quisieron
que es chirimías.
Dijeron
otros que era Jeremías,
y el Bautista, que el desierto
dejó y salió a predicar.
Ninguno ha dado en lo cierto.
¿Vos qué osáis afirmar?
Paz, que pienso que yo apunto,
su amor me tiene cautivo,
aunque yo piedra.
Es altivo.
Y yo sé que es linajudo.
Quien es mi esposo.
Sesudo.
¿Quién soy?
Hijo de Dios vivo.
Todo eso verdad tuviera
si el Mesías que esperamos,
como vos confesáis, fuera.
¿Qué esperas si le gozamos
vestido de esta manera?
Andan cojos, hoy ven ciegos,
hablan mudos diferentes,
tienen paz mil desasosiegos,
vienen de todas las gentes,
y cúmplensele sus ruegos.
Si es respuesta dada a Juan,
¿qué hay que esperar?, ¿no se dan
juntos a las profecías
los milagros de estos días,
noticia de que es Dios dan?
Téngole por Redentor;
pues sos tan esperador,
más que no esperáis, mezquino,
dos lunadas de tocino
que os huera harto mejor.
¿Quién ganó?
Gana el cordero.
Inocencia, es verdad.
solo a ti mostrarla quiero
pues de la gentilidad
me reconoces primero,
presto verás, lo que pasa,
Malicia, entretener casa.
La Inocencia triunfará.
mas que de fuera vendrá
el que nos eche de casa.
pues ¿qué piensas? ten cuidado,
el chivo que os he ganado
van a traérosle a tocino?
en mi Bautismo divino
y en el tabor ilustrado
veréis quién soy, ven esposa.
en seguirte soy dichosa.
¿no me dais el chivo?
yo
pues ¿en qué me condeno?
vuestra palabra es donosa.
En el asno le he echado
y volverme yo mi cadena
quiero,
que vos como vais sobre asnas
querréis asarle las palmas
y yo guardarle entero.
Vanse.
Sale el Linaje humano con una cadena al pie.
Cuando, sacro cordero,
vestido de este traje,
repararéis el daño que padezco,
vuestra palabra espero,
y que mi humano linaje
en esta esclavitud presa os busco.
esforzad mi paciencia
de la deidad suprema presencia.
Entre la Naturaleza humana.
Padre, ¿qué sientes? ¿qué lloras
cautivo? ¿qué prisiones veo?
Dios me socorra las horas.
hija, clama mi deseo,
pídele a él que adoras,
Al Verbo, que te has rendido,
ya de esta carne velado,
pídele la brevedad,
muestre a esa riguridad,
pues ya como hombre ha nacido.
Pues ya a padecer se ofrece,
pues tantos milagros obra,
tantos prodigios padece,
pues que su palabra es obra,
si mi llanto le enternece.
Venga a romper la prisión
este cordero león
el que sea él como medio,
pues es santo remedio
en su muerte y su pasión.
Tocan cajas adentro a orden.
Deja el llanto, padre amado,
que ya se ha llegado el día
que te verás remediado,
yo voy en su compañía
adonde va desvelado
y hace honroso empleo
sale al calvario a torneo
con el Infierno y la muerte
la cruz es la valla fuerte
ya en la batalla le veo.
Oye el son de la caja, llama,
ya el bélico son me llama.
Dios da amor por el hombre,
dale a mi amor nuevo nombre,
que ahora verás si le ama.
¿No me abrazas y traíte a ti?
Él me dé hallar allí,
al arma.
Vase la Naturaleza, y toquen cajas adentro.
¡Oh, sagrada Magestad!
Será esa muerte mi vida,
para esperarla vivir;
si en mí contrarios mueren
cuando atormentar os quieran,
bendito sea vuestro amor;
bajad al limbo, Señor,
que estos Padres os esperan.
Vase.
Sale el Amor divino, y trae a la Inocencia vestido como de truhán o figura graciosa en traje cortesano, y viene cargado con un madero como banco que tiene sus pies; está pintado de blanco y colorado de la manera que traen las lanzas de torneo pintadas de los mismos colores.
Cargue sobre tu inocencia
la valla deste torneo.
Sobre mis huesos la veo;
obedece mi paciencia.
Valla, u bollo, ya me aploma,
a ser bollo de tragar,
no me cansara pesar.
Yuso, muele, coma, toma.
Que es que, por su merced,
del pastorcillo pulido,
dejé el ganado de ejido,
y a palaciego me entré,
y uno, más que quisiera,
muy descreído me punto.
Pon esa valla, di, a renes.
Pongan la valla en el medio del teatro como a dejar.
Y ¿cómo?
Desta manera.
Y ¿para qué es el regalo,
pintar a cabo y revés?
Ya sabrás lo que no ves.
El ya comiste no es malo.
Aquel Dios que se hizo hombre
por ti,
por mí.
Y hoy padece
que naciendo en un pesebre
para darte vida, muere.
¿Cómo me diera a comer?
Soy yo de mío tan huerte,
¿qué hiciera con un pan?
Pan como lo quieres tienes;
pues haya pan y perdices,
si algún tasajo lo sumiese
de carne.
Pan hay, y carne,
para que tú te sustentes.
Pues si hay pan, écheme a cuestas
todo ese cerro, y si huere
poco a media Babilonia,
y a fe que no me derrengue.
Ahora le podrá ver.
Inocencia, si es que tienes,
como haces blasones,
tan bravos bríos y valeres,
el pastorcillo hombre y Dios
al monte Calvario viene
a tornear.
¿Y con quién?
Con el Infierno y la Muerte.
Estas tres lanzas gruesas
son para que aquí las guardes,
y otras tres ha de romper
el enemigo que viene.
Toma, y ten mientras las lanzas.
Dele las lanzas.
Diga, nuestro amo, ¿la Muerte
tiene mala catadura?
De veras, tan bravo, ¿qué temes?
Si Dios le temió en cuanto hombre,
¿y qué si el Infierno es negro,
tiene cara de
y de demonio?
¿Qué quieres
que tenga el Infierno, necio?
Señor, a mí me parece,
ya me he mirado en ello,
al prado quiero volverme
que me erizo.
Oyes las cajas,
y tiemblas, y ahí no hay volverse.
Salga el Infierno con tres lanzas negras en la mano.
Como el que nos desafía
espera a la tarde, Amor.
Infierno, el que me envía
no se espanta de tu horror,
el morir le es alegría.
Si morir no quisiera
poderoso es, bien pudiera,
hoy padeciendo se ofrece
y porque quiere padece.
Pues ya la Muerte le espera.
Dígame, nuestro amo Amor,
¿podré estar de espaldas?
Calla,
ya es demasiado temor.
Visto ya tienes la valla.
Parecerá pecador
el que es la misma Inocencia.
¿Qué dijo de mí?
Paciencia,
tente. De allá viene armado,
mas no cabe en él pecado.
Veamos la resistencia.
Con Dios es incompatible
pecado: y así la valla
aunque le haga accesible
a la muerte en la batalla,
juntarse, mas no es posible.
Fineza fue de su unión
permitir la tentación,
el que no pudo pecar.
Ya no hay hablar, sino obrar
porque esta es la sazón.
Toquen cajas sordas y salgan por dos puertas a un tiempo. Por la una parte la Muerte armada, y calavera encima de las armas negras, un manto con capirote, y la Muerte con una pica negra al hombro; y los tambores negros. Y por la otra parte, Cristo armado con armas de blanco y plateadas, y un manto de tafetán blanco, y su pica blanca y colorada al hombro; y se hace la entrada del torneo, caladas las viseras por los padrinos, y lléganse a la valla, y torneen, y hagan los lances de las coplas.
téngame porque me fino.
ánimo, Inocencia, advierte
que este trance es peregrino.
oh, qué pelambre de muerte!
ea, yo soy su padrino;
quién, sino su amor, podía
ponerse en este estadio.
la muerte con la pica,
si mi ejecutora aplica,
sea la victoria mía;
cada lanza la visera
su contrario, y a él espera;
calada trae la celada
de sus saetas armadas,
pues que Dios es hombre, muera.
corra una lanza y llévele la muerte a Cristo con ella en la mano
por qué nos dejó en pelota?
los oropeles voló.
y aquí, do esa lanza rota,
por amor se aniquiló.
pues no hay pero, y hay cosa:
aquí no obra resistencia,
ya forma de tierno tiene.
prometió al Padre obediencia.
corren otra lanza la muerte y den en la cabeza a Cristo y luego corren otra lanza y háganle titubear como que va a caer
casi le acertó en las sienes,
mucho temo esta pendencia.
oh, hideputa vellaca!
para ser muerte tan flaca,
los golpes que da y tira.
eche el Infierno su ira,
nada le templa ni aplaca;
rompió la lanza más fuerte
en la folla con la espada;
temo que este golpe acierte.
pelean con las espadas y cae Cristo muerto en tierra
victoria, oh mi muerte amada!
obedeció hasta la muerte.
váyase la muerte y el Infierno uno por tachado: un jardín y el otro por el otro jardín alrededor y se ponga el Cristo sobre los hombros de la Inocencia y entren las cajas tocando a torneo pero como a infierno destempladas
Inocencia, pon al hombro
el primogénito amante,
pues con tu nombre le nombro.
es cielo que no soy yo atlante
con Dios muerto en su asombro;
entra allá, allá has de llegar;
verásle resucitar
triunfante, altiva osadía,
su muerte, soberbia arpía,
que ni rey no ha de acabar.
aquí se entre la Inocencia a Cristo con las cajas destempladas
oh, muerte, bajad,
confundidos publicad
que el que habéis muerto os ha muerto.
el antro del limbo está abierto;
despojos de la verdad,
huyamos a nuestras llamas.
aquí se abra el cielo del teatro y eche llamas de fuego y bajen por aquella boca la muerte y el Infierno y sus sombras y quede el Amor diciendo
tú, que en la cruz muerto me llamas,
al alma que has redimido,
sal de luz y gloria vestido,
muchos, pues de ti mucho amas,
y aquí los ecos percibo
de la música.
Suene música, y aparezca arriba Cristo resucitado.
El cautivo
ya es su abuelo, y el padre,
y el hijo de virgen madre,
ya resucitado y vivo.
Cúbrese todo con música, y dase fin al tachado: ter acto segundo.
Acto 3º y último
Scena única
Sale la Iglesia vestida de colorado como dama, digo de blanco de bajo y encima una tunicela corta de tafetán colorado, corta, que descubra la mitad de las mangas blancas y la mitad de la saya blanca, tocado de plata, oro y azul, entre cantando este villancico:
Villancico
Nisa, sola y en cabello,
¡ay de mí!,
si para penas nací.
Si ahora en el mundo
que empiezo a lucir,
que apenas se tiene
noticia de mí,
si cuando soy flor,
primera en abril,
en lo blanco nieve,
lo rojo carmín,
me dejas que pruebe
morir y vivir,
ausente y llorosa,
con contrastes mil.
¡Ay de mí!,
si para penas nací.
Entra el Amor divino.
¿Qué sientes? ¿De qué te quejas,
tierna Iglesia, hermosa infanta,
fundada por el Dios hombre,
que te dio tal dote y arras?
¿A padre de quien heredas
riquezas tan mejoradas,
el esposo a quien envías
dulces suspiros por cartas?
Aunque murió como fuerte,
en el Calvario en batalla,
con el Infierno y la Muerte
al cielo triunfando pasa.
Murió matando, venció
pecado; mi amor le mata,
la cautividad cautiva,
a sus pies va encadenada.
A ti, su bella esposa,
te dejó prendas gallardas,
con los Siete Sacramentos,
posesiones, arras y altar.
Ya yo conozco
sus altos favores,
sus misericordias,
dádivas y dones;
mas como soy niña,
como empiezo pobre,
voy de cueva en cueva
y de monte en monte.
Los vicarios míos
huyen y se esconden,
que los martirizan
tiranos traidores.
Soy Raquel que llora,
como ve sayones,
sobre sus hijuelos,
con rabias enormes;
amo y quedo ausente,
amor, no baldones,
quejas de quien tiene
primeros amores.
Mirándote enamorada,
y viendo ausente a tu amante,
el rico y tú lastimada,
ni habrá queja que me espante
ni he de replicarte en nada,
solo para tu consuelo,
que a el de tu pena apelo,
diré lo que obró por ti
el que por ti baja aquí,
quedándose allá en el cielo.
Tras de las finezas dos,
de nacer y de morir
(¡Iglesia hermosa, por Dios!),
la tercera he de decir,
que fue fineza de Dios.
Yo fui quien la hice saber
para mi ama y su saber;
yo tuve gran parte en ella,
mas solo él pudo hacella
con su saber y poder.
El día antes que muriera
con su colegio cenó,
y fue la cena postrera,
y allí tanto amor mostró
como si entonces naciera.
Y viendo que se partía
al Padre adonde volvía,
como a los suyos amase,
y al fin su amor les mostrase,
en las ansias que tenía
en su carne volvió el pan
y en su sangre volvió el vino;
que allí, habiendo de ir, le dan
vino y pan para el camino
de aquestos hijos de Adán.
¿Hay fineza conocida
como esta aquí referida?
¡Saber de Dios! lo ha trazado,
bocado va por bocado,
y comida por comida.
Hecho, su saber eligió,
divinos regalos dio,
que a su mesa Dios dispuso,
quien supiera amar a Dios,
acertara a hacer eso.
Entre la Fe de gitana bizarra
Hermosa cara de rosa,
dame una limosnita,
morena linda, morena rica,
descubriréte en tu casa,
sin pasar a las Indias,
tesoros del alma.
Dile la ventura buena
a la Iglesia, Fe constante,
como su amante lo ordena.
Hocico tienes de amante,
bien quieres a la morena,
dame limosna pulida,
que una cosita escondida
que no saben maridillos
te diré, dame por Dios,
pues Dios dio por ti la vida,
y Nazareno el cabello,
que rayo es del sol el cuello,
te quiere mucho y te honra,
Cristo tal se llama, y yo
te diré cómo has de vello.
Casi me has hecho salir
a las mejillas colores.
Estoyme para reír
al efecto a tus amores,
resucitar tras morir,
y ponerte colorada.
Amor, tú no me das nada.
Llega, mírame la mano.
No quiero contigo, hermano,
pendencia.
Está resquemada.
De unas finezas apelo,
no valen un mochuelo.
Yo, valiente, ¿quién te ofende?
Negáisme que seréis valiente,
que daréis un vuelo en el suelo,
guarda, fuera, morenita.
contigo esperar cerquita,
dame, y llégate aquí aparte.
El crédito quiero darte.
Eres mi luz bonita,
mira qué Norte mostraré;
¿no ves desde aquí el Altar?
Esto, para entre los dos,
si allí te mostrase a Dios
hecho para ti manjar,
¿qué me darás, mi querida?
En aquella pequeñez
se esconde el Autor de Vida.
Díselo ya de una vez,
porque el alma está comida.
Música de chirimías, tírese una cortina y parezca un cáliz con una hostia pintado en un lienzo tamaño como el altura del que hace el Cristo y algo más.
Ves aquel cáliz dorado
y aquella hostia pequeña
como un copito nevado
que es color de pan enseña
y te parece bocado;
pues abre esos sordos
oídos, y tienta a bultos vos,
y abran los hijos de Adán
bocas y ojos.
Ese es pan.
¿Pues no es pan?
Pues, ¿qué es?
Es Dios.
Al instante que formó
el sacerdote la forma
de palabras que aprendió,
a aquella pequeña forma
Dios desde el cielo bajó,
hecho fénix de aquel nido,
de aquella nieve vestido,
en un ácimo rebozado,
y al pan transustanciado,
en Dios y en Dios convertido.
Descubre su Majestad
milagros tan de importancia,
que es católica verdad
que en la hostia sin sustancia
sustenta la cantidad;
que el sustentarse el color
en ella, olor y sabor,
no es milagro; mas que sea
Dios aquella blanca oblea,
éste es él.
Allí aunque le coman mil,
no se disminuye el pan,
que es un manjar tan no vil,
al bueno y malo lo dan,
que es largueza tan humil.
Conságrase en mil altares
un Dios, y hostias a millares,
todos le comen: ¿qué quieres?
En gracia es causa placeres,
en culpa es causa pesares.
El que en todo ese cristal
de sus cielos no cabía,
en el vientre virginal
sea pequeño, y de María
a la Cruz salió mortal;
y después enamorado
otra mayor baja ha dado,
y en tanta pequeñez toca,
que cabe por una boca,
porque sea nuestro bocado;
y este alimento tan fiel,
el divino Emmanuel,
que por bien de nosotros
no se convierte en nosotros,
sino nosotros en él.
Hombre, cualquiera de vos,
rico de estas gracias dos,
que por esta unión se encubre,
ya no es hombre, sino Dios,
el que, Señor, descubre
estas grandezas aquí.
Tachado: que predica vuestra fe
Música. Hínquense de rodillas, pártanse el cáliz y hostia en dos partes, y parezca dentro Cristo glorioso de resurrección.
Iglesia, aquí me quedé
enamorado de ti.
¿Hay más fineza de amor,
de que ha de ser pecador
hombre, y su Dios le convida,
de gracia el alma le venda,
llegue y coma a su criador?
Llegad, hecho estoy manjar,
venid a comer y a gustar
de un panal de tal dulzura.
Criador, deja a la criatura
tus sangres así celebrar.
Levántense los tres y canten a versos este villancico, y respóndales la capilla adentro, y cúbrase en acabando de cantarle el Cristo, volviendo a juntarse los dos medios lienzos en que está pintado el cáliz y hostia, al son de la música de las chirimías, con que se dé fin.
De estos villancicos podrán cantar el que diere más gusto.
Villancico
Almas, Dios hace almoneda
de sí mismo en el altar.
Se quiere rematar,
que se va, que se queda.
Hace almoneda del pan
que la Iglesia ha recogido,
y el pan en Dios convertido,
a precio de amor le dan.
Almas, venid al almoneda
de la hostia en el altar.
Se quiere rematar,
que se va, que se queda.
Villancico
Quien no se muere por vos,
Rey dadivoso y galán,
pida por Dios un bocado de pan,
y dele la Iglesia un bocado de Dios.
Por mostrar que en los favores
sois la flor de enamorados,
queréis que os coma a bocados
el alma, vivo amor;
morirse han todos por vos,
cuantas en la Iglesia están.
Que pidan por Dios un bocado de pan,
y deles la Iglesia un bocado de Dios.
Fin
Las tres finezas del mayor amante, y fénix de pintura