帰属先:> 公開日: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La degollación de San Juan. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-degollacion-de-san-juan.
Lista de personajes repartida en las dos columnas y con tachaduras: Juan, el Rey, Herodías, la Reina, dos vasallos, dos enviados, un mayordomo, un carcelero, un capitán, la tentación, la virtud, y Ración (tachado), dos músicos.
Pésame, rey, que las reprehensiones mías
tan poca hagan mella en la real persona
que afrente el adulterio y porfías
con que el divino natural deroga,
en que estribas, Señor, en que confías;
porque miras tan mal por tu provecho,
piensas que por tener cetro en la mano
ha de ser tu mujer la de tu hermano.
Dos veces te lo he dicho ya con esta,
una en secreto, ahora en compañía,
porque sea tu culpa manifiesta
y sientan tus vasallos tu porfía.
Olvida esa amistad que no es honesta;
no me respondas de ello en otro día,
sino quieres que tu culpa ya vana
la dé a entender en público mañana.
Pues, Juan, ¿no hay con el rey otro respeto?
Así a mi autoridad te descomides;
fuera razón hablarme allá en secreto,
cuando fuera muy justo lo que pides;
por más sabio te tuve y más discreto,
mas veo que por igual a todos mides.
Hay diferencia de una a otra persona:
no todos tienen cetro ni corona.
Con el rey se ha de hablar con agasajo,
porque al fin es más alta su fortuna;
más que nadie tu juez yo te hago,
cuantas cosas me pides una a una.
No me seas ingrato ni me des mal pago,
ata tu lengua, no me seas importuno,
calla en el pueblo, es bien esa aspereza,
y no con el reino, porque es cabeza.
Te he tenido siempre por amigo,
suple mi falta, disimula un poco,
reprehende allá al pueblo con rigor,
y no toques en mí, que no es tu cargo.
Al alto cielo pongo por testigo,
del favor de mi Dios eterno invoco,
si por miedo de mi vida o de tu mandato,
dejaré de decirte lo que siento.
Con Filipo, tu hermano, está casada
esa mujer que tienes por amiga,
toda la tierra está escandalizada
de que tan gran maldad se siga.
Cuando verdad no fuera averiguada,
solo este escándalo te obliga
a quitar esa infamia y esa nota
que trae tan ruindad
Por ser rey eres muestra en que se ensaya
toda cantidad de tus vasallos y costumbres.
Si te permite Dios en alto estado,
no es para que te salves,
es para que tú
corrijas el ,
y no
¡ay del que !
que ganancia se saca
de una parte el interés,
y a donde pone los pies,
luego a poner la boca.
No hay flaqueza que a esta llegue,
cierto me canso en pensallo,
que tema el rey al vasallo
del que pueda mandar. ¿Qué fue...
pues, señor, que más si cierta
si fuera Juan persona de...
si él tuviera esa corona
y tú su vasallo fueras.
Es tu rey y tú su rey,
para qué le estimas tanto,
no es ni Dios, mas es un santo,
que un no sé qué tiene de
mas que se no
No parecer apruebo
ni le temo ni le debo,
ni haré caso de la fama,
fuera acuerdo más prudente
atajarlo de otro modo,
era alborotarlo todo.
Porque a la hora la gente
cállese, eso quiero yo,
que según el pueblo le ama
ni en la mesa ni en la cama
no estuviese el rey seguro,
de su y su grande alevo...
no lo estaré yo jamás
que todo lo de de más
no lo estimo en lo que piso.
Porque no hay manera alguna
de remedio ni consejo,
y así mis negocios dejo
en manos de la fortuna,
que ella el harán
que mi pena y mal se amase
que yo de oír me canse
no de hablar se canse Juan.
Si tu majestad se agrada
tratemos en otra cosa,
que al fin el alma denota
con esto de desentada
tiene un tormento de muerte
quien siempre en penar maquina.
Y al fin se desamohína
el alma que se divierte
de lo que le condena.
Para acrecentar tormenta,
deja, pues, darte cuenta
por que olvides esa pena.
Ínclito rey, tu
que la virtud que intimida
tienes
no trates en eso más,
que el alma no estará atenta
a lo que harás
A las
darme de todo
Vanse los criados y sale Herodías
No sé yo si vengo a tiempo
con mi vista clara
porque se vea en la cara
lo que en ti el corazón siento.
Siento un dolor cruel
y más cruel y más tirano,
porque es en humano
a mí el remedio del cielo.
¡Vive Dios que eres discreta
y bien sobre hermosa,
no dices ni haces cosa
que no me sea una saeta.
Tiénenme tus ojos
muerto, me mata tu donaire;
aviso y donaire es aire
pues no le tienes en todo.
Mi palabra, fiero ceño,
que te están bien los enojos.
Siempre gustan unos ojos
de verse bien prececeño (?)
Vuélvase mi cabello atrás
si tú no mientes en eso,
quítese a ella tenga seso
y no me mire jamás.
Bravita te me has hecho,
tornado te has un león.
que en la cárcel ponga a Juan,
aunque cielos y tierra se ardan;
bien sé que habrá quien me tenga,
publique por muy injusto,
mas hágase al fin mi gusto
y lo demás vaya y venga.
Pues sabes que es ley
que haga gustos el rey
y nadie le pida cuenta.
Entra el capitán.
Ínclito rey, excelso señor mío,
de la guardia de a pie ciertos soldados
se trabaron ayer en desafío;
dos de ellos están descalabrados.
Viendo su desconcierto y desvarío,
por ser en tus palacios, con sagrado,
de los más atrevidos cuatro mozos
hice meter en unos calabozos,
queriendo averiguar este delito.
De tu real majestad es un mensaje;
que, como no lo diste por escrito,
yo presumo que el recado no es de paje.
Dice que prenda a Juan, aquel bendito,
¡Qué recatado sois! Sois un villano,
sois hombre ciego, al fin, de bajo lodo.
Pues, ¿firma es menester de esta mi mano
para hacer en mi reino mi mandado?
Sois poco discreto y poco cortesano,
y un vasallo no es bien sabello todo.
Nadie en lo que yo mando se entremeta,
y deje el cargo y arrime la jineta.
Pues, mi rey, ¿qué tengo que ofender,
que tan ásperamente me has tratado?
Si no te satisfago o no me enmiendo,
es porque no conozco en qué he pecado.
Si contentarte en todo no pretendo,
si jamás de malcriado he ensayado,
en pensamiento, en obra, ni en palabra,
derribe el cielo a mí, y la tierra se abra.
Declara, mi señor, un punto
para que yo procure 373
y quede a mi cargo el cumplimiento.
Una seña os bastaba y un barrunto,
si no os faltara a vos entendimiento.
¿Aguardáis la orden del proceso
para que echéis a Juan en grillos preso?
Pues, ¿qué ha hecho el rey? No lo entiendo;
escándalo terrible
por cierto
lícito,
mi voluntad es sola que ha de obrar
las causas en mi pecho están escritas;
el buen vasallo haga lo que mando,
y no se meta en causas averiguando.
¿En qué dudas, amigo? El rey lo manda;
a quien te
del rey no halla el ánima
que el rey tendrá la culpa, si la hubiere,
y perdone señor en la demanda
antes que yo y desvaríe,
sacarás a Juan en cadenas
Ahora sois vos mi
y vos mi contento y mi gloria,
y yo tendré esto en la memoria,
Sale el capitán.
¡Oh, aventuroso estado
del que allá en su rincón la vida pasa,
y de palacio apartado
y come en casa,
sobre su pobre mesa, en pobre casa!
Seguro está de día,
ningún temor de noche le acobarda,
ni teme
desgracia del rey pierda, donde
que ni conoce al rey ni de él se acuerda.
sufriré miserable
del que en tanto escándalo he caído,
a que cuán deleitable
alabe por perfeto
aunque diga, ¿qué blando?, lo que es prieto.
Mándasme, Rey, que prenda
aquel profeta, a aquel santo, a aquel divino
¿Y qué, porque no entienda?
Pero bien imagino
que porque me encamina al buen camino.
Pues porque a un bien guiare
tiene prisiones, y modelo tan de veras,
pues, ¿qué dirá quien viere
que esté el santo en cadenas
y esté libre el adúltero de penas?
El Rey, tirano, injusto,
¿qué habrá de dar por tal puesto en un palo?
Este muy a su gusto
aquí mete y regala
el inocente, y es libre el malo.
Pues yo, que aquesto entiendo,
sordo, mayor castigo y pena dino,
¿pues a su no defiendo
antes me determino
de dejar manos a un cuerpo tan divino
mas que ser vos, acabo;
porque, si no se pierda otra cosa,
me ataja Dios el paso
del cielo se me enoja
y sobre mi cabeza un rayo arroja.
También por otra parte,
si lo que el Rey me manda no lo hago,
¿de qué manera haré
yo de esperar el pago,
pues ni a mi Rey ni oficio satisfago?
¡Oh, intereses humanos!
¡Oh, vanas esperanzas y temores!
¡Oh, pensamientos vanos!
¡Oh, hambre de favores!
¡Oh, respeto de reyes y señores!
Y aunque sé que es injusta,
la voluntad del Rey, que a cargo llevo,
por solo que el Rey gusta
harélo, que no debo,
y a mi alma y a su furor me atrevo,
pues que de mal endino
mi injusto atrevimiento me previno,
porque yo determino
de prender su persona
y no ofender al Rey ni a su corona.
(Vase, y sale el Rey y siéntase en una silla, y luego sale la Inspiración y la Tentación, y pónensele a los lados)
¡Ay, ciego amor, cuál prendes y cautivas
y aún libre corazón cómo le engañas!
¡Ay, pasión dulce, que del seso privas
y al alma en mil cuidados amargas!
¡Ay, fiera, con qué de tus agudas vivas
cómo me estáis royendo estas entrañas!
¡Ay, confusión terrible en que me veo!
¡Mas calle la razón y hable el deseo!
Pues, ¿cómo, Rey, ya fue o ya este preso?
A su mandato prender este año caso.
¡Qué poca discreción, qué poco seso!
¡Qué poco seso tuve y poco vado!
¿De veras, Rey, dejaste de lo...?
Pero pues que servir poco hace al caso.
No es bien que tal agravio el Rey consienta.
No es razón que yo sufra tal afrenta.
¿En qué te ofende, que si bien se mira?
Si bien se mira, ¿qué en qué me ofende?
En que del mal te aparta y te retira.
Apartarme del mal solo pretende.
¿No ves que hablo contigo con grandeza?
Mal con grandeza hablo, si se enciende.
¿Quien al Rey habla mal, qué mal le viene?
Bien merece su mal, su mal se tenga.
¿Tu gente qué dirá cuando esto sienta?
Mas ¿qué dirá de mí mi reino todo?
Dirán que en ti efecto mal asienta.
Que no merezco cetro en ningún modo.
Anda, y a dar de todo a todos cuenta.
Pero mi pueblo póngase del lodo.
Tercera y cuarta columna muy tachadas y de difícil lectura. Se omite la transcripción exacta debido a la gran cantidad de texto ilegible y tachaduras.
¡Oh soberano bien, bien empleado
contento, sin mi igual, suma alegría!
Dichoso aquel que a ti confía
aunque se arme contra el mundo esquivo,
y mil enojos que a estorbar aspiro.
Pues mi bien, y esperanza, el alma mía,
a Dios las calles y plazas he enojado,
a Dios las deidades con que vivía,
a Dios mis libertades y mis placeres,
¡oh, cuán gozoso voy en este estado!
Pero una falta en este bien criar
que es venir a la mano de mujeres
los amigos de aquel oficio
que el rey mandar
que a tal está obligada la
quien gracias a tal servicio
más para que está tocada y lee
tanta gente tanta grada
menos ser en mano asomar
para un solo desnuo
de de temer
es del algún mal suceso
y tiene de mí que el seso
quien se rige por mujer.
Perder de mesa que recae
no fue el rey quien me entró
el rey fue quien os mandó
mas el que manda recae,
en fin en esto a parado
la amenaza de Herodías
que me dijo estos días
de su parte un
que cese mi boca ya
sin que culpa acumule
que aunque el rey lo disimule
ella no lo sufrirá.
Y que si me muestro rabo
en predicar su malicia
manda callar por justicia
y sino por un clavo
¡Oh lengua de Satanás
que a tanto se pudo atrever!
Es lengua al fin de mujer,
no hay que en ella ver lo más.
Dejadme en bata loca y rige
en vos sin culpas
no fuera arto decir
dar de amigo
Bien sabe mi Dios que
es el día más deseado
el que en fin, si es de leal,
que no la gloria con él,
porque el decabo es tan feo,
tan malo y aborrecible,
que, aunque todo es imposible,
lo más penoso deseo.
A la cárcel, poco a poco,
llegamos, que esta es la puerta.
Llamad, que abierta
mientras que a mi Dios invoco.
Dejadme tocar el suelo,
seguros que en tal prisión
no trocaré mi pasión
por toda la tierra y cielo.
Más de la cárcel salió, ¿quién es?
¿No habrás hablado al de Beda?
Eso es, andad al
mas el rey anda al revés,
celos le han dado de mí cierto,
que a han
mas ha de fastidiar, ando
que de castigo andando,
que mil veces ando
¿Qué manda tu señoría?
en la cárcel le echará.
Saca una cadena agora
y un grillo, en que
y ir al punto
a los calabozos voy.
Del que a punto
cadena y grillos a punto.
Rey alto en quien me fío,
de Dios que en el mundo cabes,
que si tú miras y sabes
este firme pecho mío,
solo en ti le tengo puesto,
porque esté seguro y fuerte;
no le trocará la muerte,
que ansí juro y protesto.
Ni el ira y su poder,
ni el demonio y su linaje,
ni la cólera y coraje
de una enojada mujer.
Hazme, Señor, y más, madre,
que todo les
si me das
¡Oh, campeones, yo os requiero,
que al señor a quien servís,
vuelva a ser verdadera,
y a salir, que ha de ser presto!
Ablándate en un instante,
porque va a entrar de presto
que vuestro señor aquí dentro ha puesto
hace un muro de diamante.
Ablándate en un instante
que no ha de haber quien tire de presto
y que estando allá dentro has puesto
aquí un muro de diamante.
Señor, aquí hay una cadena,
y buenos grillos también.
¡Oh, mis grillos y mi bien,
vengan muy enhorabuena!
Ponle esa cadena al pie,
pues se rinde y se da ansí.
Guárdelas, red de mí.
No se burla, amigo, de esto.
¡Ay!, pues qué, ¿a qué vengo,
que a estar hincado me animo?
Busca el rey, a su daño,
que yo no seré su desengaño.
¡Ay de mí!, grillos, bien me atan
y bien me ata esta cadena,
y qué música tan buena
a que los hierros me dan.
Bailarles podré un compás,
no es de creer que reciba pena,
mas con lo que sufre y da
que la lengua y corazón
y a Dios rinda en esta prisión
y a ver mi fin, que es ya presto
que se mudará mi gesto
sin mi lengua a tanta danza.
Adiós, capitán, y en fin, miedo
de que vienes, que está a mi lado
que de Dios a buen recado
que yo a buen recado quedo.
Dios te aumente ese contento
y te dé paciencia a ti.
Ya voy, noble capitán,
os pague tal sentimiento.
Hola, alcaide, advierte y manda
que a su cuarto y mal continuo
por ver si por tal camino
su duro verdugo se ablanda.
Vase el capitán y susente
¡Oh, Dios!, que a la cobarde y triste
que basta, Señor, a tanto, solo un punto,
la caridad que en mí se enciende y arde,
el yo ver de él y en todo junto
que quede de quedar tan presto helado
por mi verdad y mi Dios, y acá difunto,
y pues, Señor, de acá te has alejado,
y a un muerto por mi Dios en esta hora,
y grandes cosas me prueba y llama.
Y tu fuerza, Señor, y vuestro instinto,
pues soy de Dios su cobarde y flama,
no ceso sin ti, y gastado y tinto
el ver que mi sangre ya derrama
y de la baña el suelo de jacinto,
contento en vuestra noche voy ahora
pues muero por mi Dios en esta hora.
No será de amar jamás bastante
del poderoso mundo, fuerza y maña,
ni menos los placeres de delante
ardiendo todo el suelo en viva saña.
Mas firme estoy que piedra y más amante,
no me doblega el viento como a caña;
venga, venga la muerte, que ya es hora
pues muero por mi Dios en esta hora.
Remata ya ese ciego gozo
un poco, si has de encarcelarte;
entra, que habéis de perderos
en llegando al calabozo.
Antes, amigo, te aviso
que en tan dichosa ocasión
será gloria mi prisión,
la más morada, paraíso.
Sale el mayordomo con un paje a poner las mesas.
Pon esos bancos, presto, date prisa,
que ya es hora y razón que el rey se siente.
Pon esa tabla, luego déjame ya
anda con más cuidado y diligencia.
Asienta por igual las otras mesas,
mira que su ramal las ponga enfrente.
Los manteles descoge con buen modo,
no esperes que lo mande y diga todo.
Esa silla real aquí la arrima,
y los demás asienten a los lados.
Otra copa no es buena, esta es más prima
en las de más se den a los convidados.
El pan y los cuchillos pon encima,
esos entendidos, ya ni cuáles doblados.
Piensa bien su jornada la comida
que a la mesa con silencio sea servida.
Salen el rey y los convidados.
Esa no fuera disculpa
de no cumplir mi deseo,
antes, por ese rodeo,
fuera mayor vuestra culpa.
Mas no hay para qué tratar
en si fue, o no, pudo ser,
pues más agrada el comer
que no para disputar.
Dejen su cuidado los vanos,
al ir a asentar caballeros,
si no hay en qué deteneros,
bien pueden traer agua, manos.
Cumplir la ley que es bien,
es muy justa su demanda,
y demás que él lo manda,
es limpieza, al fin, también.
Traen agua manos y cantan los músicos.
Que nos libra de daños
cuente mil años sus años.
Rey que nos libra, defienda
del peligro y del error,
y mi rey y mi señor,
y la vasalla pretenda
que en todo cuanto entiende
es por librarnos de daños,
rey que nos libra de daños
cuente mil años sus años.
Hubiera, desde luego, bien,
cien cosas tan justas y claras.
Fuera del cielo el que cantara
y el suelo dijera amén.
Mas si por tan altos bienes
mis gustos algo valen,
de esta hora con él salen,
no un amén, mas mil amenes.
Y por mi rey y señor,
que tenéis en mi servicio,
antes responde al oficio
que toca a nuestro provecho.
Porque si mi rey gobierna
con ese modo clemente
a sus tierras, a su gente,
hará con su nombre eterna.
Todos lo merecéis, señor,
por vuestro aviso y cordura,
mas ya deje que esto dura
tanto hablar y no comer.
¿Por qué habéis dejado el canto?
que es cierto que me entretiene,
y un corro tan solemne
no es razón descanse tanto.
Cantan
No hay buenos placeres
en la tierra toda,
ni es fiesta ni boda
donde no hay mujeres.
Mujer baja y alta
quitada de coba
que donde esta falta
todo no está tal.
Vida sin placeres
muy mal se acomoda,
y boda no es boda
donde no hay mujeres.
Es muy justa esa querella,
decid a la reina que salga
para que la fiesta valga,
que no vale sin verla.
Consejo es para cumplida
toda la solemnidad,
si sale su majestad
a dar la sobrecomida.
Con esa do sublimados
seremos favorecidos,
porque todos los sentidos
se habrán muy bien empleado:
gusto, oído, tacto, caras,
así con mil primores,
pues oír estos cantores
es lo que hay que desear.
Ansí que la vista vea
satisfacer por igual,
y que es lo más principal
que lo más principal vea.
Entra la infanta.
Mi príncipe esclarecido,
libre te dé el cielo de daños,
que te darán mil años
como el joven que lo ha sido.
Yo vengo a mi sola parte
a dar a tu majestad el parabién,
pues de la fiesta presente
me cabe a mí tanta parte.
No será esa fiesta poca
sino de mucho donaire,
si tenéis vos también aire
en los pies como en la boca.
Con mirad de la majestad
galana irá mi señora,
que salga luego a la hora
que iré mi señora a verla.
Sale la reina Herodías.
¿Qué tardanza ha sido aquesta?
¿Cómo se puede haber hecho
ser la primera en mi pecho
la que ha de entrar en mi fiesta?
Sino es que mi nacimiento
no os da gusto ni os agrada,
y que a vos sola os enfada
lo que a todos da contento.
No es razón que se atribuya
esa causa a mí, tirana,
pues mi bienaventuranza
es, mi reina, gozar la tuya.
Y así sin razón me inflamas,
pues con extraña alegría
regocijo yo este día
allá a solas con mis damas.
Y a fe que me holgara
esta dama en darme gusto,
quiero la mirar, que es justo
que el son el que lo aguarda.
Que con el son no es mal,
antes me precio, de grado,
que te dé gusto el traslado
ya que no el original.
Danza la infanta.
¡Oh, donaire y gracia extraña!
No hay qué ver ni esperar más.
¡Con qué aire se ha visto jamás
tal aire en niña tamaña!
¡Qué salerosa, qué bella!
Llega acá, hija de mi alma,
pues con tal ventaja te llevas la palma
a la más hermosa y bella.
Vive Dios en quien adoro,
por su majestad tan alta,
que lo he de cumplir sin falta
aunque pidas un tesoro.
Pide el medio reino entero,
aunque pidas la mitad,
y si no da tu majestad
pelos, aparta, y dime.
Anda, ve y vuelve al momento,
no pidas cosa escasa.
Por cierto, agrada la danza.
De su gusto y gracia contento.
El rey, madre mía, me ha dado
que le pida que ando
madre, ¿qué le pediré?
¿Un vestido o un tocado?
¡A fe, si un manto le pido
que luego me lo sacase!
Mas, mejor es que me cases.
Sí, buscad un buen marido.
¡Oh, falsas son niñerías!
¡Que no hay matar, poncella!
Que librada está en tu querella
la salud de tu vida.
Callad, que ellas se vendrán.
Vuelve al rey con gran recato
y decilde que en un plato
la cabeza os dé de Juan.
Que te saque de por medio,
pues a mí en vengar me
porque en aquesta cosa no
hay otro remedio.
Aunque un poco se desmande
no puedo callar mi boca,
pues cualquiera cosa es poca
para ese precio tan grande.
El premio lo que yo quiero
es la cabeza de Juan.
Dámela, si eres galán,
cumple de ser caballero.
Niña es la lengua, detén,
pide por tu fe otra cosa.
Pues matas, por hermosa,
no mates por cruel también.
A su majestad no conviene
que a tal dama es justo
que se le cumpla su gusto
pues dos circunstancias tiene:
La primera, el cumplimiento
de la palabra del rey,
la segunda, la ley
del sagrado juramento.
No hay título ni razón
por donde esto no se apruebe,
ni el rey hará lo que debe
en negar tal petición.
Bien está, no tratéis más,
ni se tome de más pena,
capitán, ve a la cadena
y a esta dama agradarás.
¡Oh, loco desvarío!
¡Injusto prometer, terrible caso!
¡Ha sido aqueste mío!
Pues puse, tan sin seso,
en lengua tan liviana tanto peso.
Que una doncellita
que entendí que pidiera una manzana
la vida de Juan quita.
¡Oh, hembra aunque temprana!
¡Qué grave peso en lengua tan liviana!
Crueldad injusta y rara,
no puedo haber disculpa a tal exceso.
Mas, ¿quién imaginaría
ni en mi tan poco seso,
ni en lengua tan liviana tanto peso?
Ahora bien, cantad un poco
porque olvide esta tristeza,
porque si a reinar empieza
bastará a volverme loco.
Tornar a cantar.
Es loco quien se divierte
y toma del alma pena,
mas el que deje tras puerta
otra vida si no es muerte.
Entra el capitán con
la cabeza de San Juan en un plato.
Ves aquí, tus en tus brazos, hija,
en el plato, a tu madre aguija.
Da la madre, que le castiga.
Si placentera, y madre atenta.
Líneas tachadas y de difícil lectura.
¡Oh, enemigo de la verdad,
cuán mal en el mal se emplea,
que aun la lengua se menea,
publicando esta maldad!
De obispo, de gran quebranto,
mano, ¿qué he de esperar más?
¡Oh, cabeza del más santo
que engendró varón jamás!
Vase el rey y los
convidados.
¿Os hablaban? ¡Ay, loca!
Venid, do a veréis a mis manos.
Yo os echaré a los alanos,
como merece esa boca.
¿Vos buscabais mi daño?
Mas tomasteis con el rey
aquí pagaréis, maestro,
lo de antaño y lo de hogaño.
¡Quitad allá que me espanta,
con monadas y amar dices!
Llega, hija, y dale mil coces
en esa boca y garganta.
El rey va un poco mohíno,
mas, ¿qué importa?, ya me allano.
que se me vendrá a la mano,
pues yo me sé un buen camino:
yo haré, rey, que te derritas
antes que anochezca hoy;
si cuatro gritos te doy
y luego dos lagrimitas.
De la muerte de Juan la suma justa en la sacra cabeza se ha vengado; la causa de su muerte no fue justa, pues sin razón la vida le han quitado. Ya va la reina de corona injusta, pues sin razón la vida le han quitado; mas el alma de Juan vive en la gloria: con esta sana fianza su historia.