帰属先:> 公開日: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mejor rey de Borgoña. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-mejor-rey-de-borgona.
El mejor Rey de Borgoña Comedia en 3. actos de D. Juan de Quevedo Leg.º 19 14 [Sello de la Biblioteca Nacional de España]
In nomine Dei eius que S.ma Genitricis Matris de monte carmelo. El mejor Rey de Borgoña Comedia nueva que escrivió en M.d años de 91 Don [tachado] Quevedo [tachado] [tachado] Personas Segismundo Rey la Reyna Rosaura Dama Camila Arzobispo de Viena barba Gotomaro infante Sigerico Príncipe mancebo Clodomiro Tetrarca Zapote Gracioso Anselmo Galán Lisberto Galán un Ángel; una sombra [tachado] soldados
Salen Zapote, Gotomaro, el Príncipe, Camila, Rosaura, y la Reina y damas, por una puerta, y por otra el Arzobispo barba, y acompañamiento habiendo tocado cajas y clarines dentro y dicho:
¡Viva Segismundo, viva!
para que en feliz coyunda
con la excelsa Rosimunda
logre triunfos de la oliva
sin que en discorde ponzoña
vierta la envidia el veneno
ciñendo el laurel ameno
de la invencible Borgoña
gozando contra el olvido
en prenda de amor sincero
en el solio, el reyno entero
y el Regio laurel partido;
pues ya en sus ecos la fama
cuyos acentos publico,
el nombre de Sigerico
como sucesor aclama.
(Aparte)
ya sé lo que estima
mi afecto vuestras personas
sabeis, que de esta corona
sois el movil que la anima
y el Príncipe, quien pudiera
darle rienda a su rigor,
mas yo templare el dolor
y hare que el Príncipe muera
que a la venganza a que aspiro
y en que mi rencor se afirma
dará motivo una firma
supuesta de Clodomiro;
vuestra lealtad agradece
al ver que vuestra atencion
de toda esta aclamacion
el mayor premio merece.
asi lo conozco, alarde
haciendo de mi aficion
bien premiais, mi obligacion.
Arzobispo, Dios os guarde;
mas mi pecho se asegura
de la Reyna en la intencion
pues en mi la sucesion
al reyno estorvar procura,
y de furor revestida
busca, en males tan prolixos
para que reynen sus hijos
asechanzas, a mi vida
mas disimular conviene,
aunque justo el sentimiento
(Al infante)
de vuestra Alteza, el aliento,
los triunfos que le previene
mi cariño, logre
(Aparte)
Yo
vuestra lealtad agradezco,
con cuánta razon padezco,
despues que mi afecto vio
a Rosaura, a cuyos ojos
a fuer de hermosos luceros
arpones de amor severos
me rindieron por despojos,
(A Rosaura)
mucho el Infante te mira
bien a mi fee corresponde
y Yo, no me diran donde
me quedo, que nadie aspira
a darme una en hora buena.
pues quien sois?
un Don Perote
a quien llamaron Zapote,
por no llamar Perengena.
raro nombre
a nadie espante
que assi a llamarme me inclino
porque un criado ultramarino
es bueno para un infante.
y assi os llamais?
sin disputa
y a nadie este nombre asombre
que en las indias este nombre
es de una muy buena fruta
la propuesta mia
ni apure, señor ni adviertas,
que aunque no estan descubiertas
me lo llama en profecia.
Suenan caxas y clarin
ya con pompa y magestad
cercado de aclamaciones
ostentando sus blasones
dio el Rey buelta a la ciudad
y el rumor que al ayre entrega
de sus vasallos la ley
es indicio de que el Rey
gocoso a Palacio llega.
Suenan caxas y clarines a un lado, y a otro musica y sale por el patio Segismundo a caballo, coronado de laurel, con manto real, y a los lados o delante Anselmo, y Lisberto, a pie y acompañamiento de manera que mientras la aclamacion y la musica llegue al tablado, y el infante le tenga el estrivo
Dentro.
viva y reyne eternamente
el monarcha Segismundo,
y la diadema del mundo
rayos tribute a su frente.
porque a triunfos de Palas, consiga
invencible siempre,
de su brazo el impulso glorioso
de Marte laureles.
la enhora buena recivo
en vuestra Coronacion
Señor, si logro el blason
de teneros el estrivo
mi cariño os aperciva
el honor de gloria digno
pues en vuestro aliento hermano
toda mi grandeza estriva.
Abrazanse
en hora dichosa vengas
Señor, vuestra Magestad
donde de mi voluntad
el mas alto lugar tenga
que mi cariño previene
deseando eternar esta prision,
quien la feliz posesion
de vuestros favores tiene
por fruxion, divina esposa
de la pena ha de ausentar,
y a vuestros brazos llegar
en tiempo y hora dichosa.
Príncipe, Arzobispo, Padre.
Señor.
mi humildad honrais
al titulo que me dais.
justo es que el renombre os cuadre
si os debo la educacion,
subid pues al solio ya
en que aguardandoos esta
el Imperio Borgoñon.
antes que gozoso de
la mano al ceptro en verdad
que de mi felicidad
principio ha de ser mi fee
Gunebaldo de Borgoña
Rey infeliz que al arbitrio
de la fortuna, se vio
de su Patria fugitivo
solicitar en las agenas
a su dolor el alivio,
fue mi Padre, cuyo aliento
oy en el solio repito,
pero antes que mi persona
ocupe el lugar invicto,
quiero que entienda mi reyno
mis religiosos designios,
a que el caso que me oyreis
dio prodigioso motivo.
Diez y seis años habia
que estando el barbaro Olympio
defensor de Arrio, gozando
acompañado de Eutimio
Arriano tambien, los baños
celebrados en el sitio
del Alcazar heliano,
blasfemos como atrevidos
de la Trinidad negaron
el misterio mas divino
por fabuloso asentando
de un Dios sin fin ni principio
poder ser uno en esencia
cuando en las personas trino.
la platica escandalosa
religioso contradixo
un catolico que a caso
se hallava en el baño mismo
de cuyo zelo indignados
pretendieron vengativos
quitarle la vida, cuando
para estorvar sus designios,
un Anciano Venerable
(que de candidos armiños
texio para sus adornos
en la blancura el vestido)
estas formidables voces
contra sus intentos dijo:
blasfemos, como intentais
poner en el cielo imperios
vuestras asquerosas lenguas
teniendo a Dios ofendido
a cuyos ojos, presentes
se miran vuestros delitos?
estos acentos formo
y en el ayre introducidos
con vuelo veloz midio
los espacios fugitivos.
pasmose todo el concurso,
a la amenaza, aunque indigno
el tenaz Olympio solo
no se mostro arrepentido,
pero, o Dios de las venganzas
que presto de su castigo
experimento su culpa
el estrago merecido,
porque saliendo del baño
con espantosos gemidos
desde el agua, que templo
cuydadoso el artificio
intrepido se arrojo
a solicitar su alivio,
en los elados cristales
que un estanque le previno.
hombres, hombres, que me abraso
no ay quien me socorra, dijo,
y con las manos y dientes
se despedazava el mismo
con tal furor que desnudos
los guesos, fueron indicios
de los eternos tormentos
que padecen sus delirios;
sacaronle de las aguas
y de compasion movidos
le preguntaron la causa
de su ardiente precipicio
a que con voz balbuciente
articulo este prodigio.
un hombre vi cuyo aspecto
jamas de mis ojos visto
formidable disparava
incendios de luz activos
barbaro, porque maldices
pronuncio, y de agudos filos
con tres puntas una espada
con tres cortes, un cuchillo,
con tres asombros un rayo,
con tres sustos un prodigio,
con tres golpes un impulso,
con tres muertes un martirio,
saco de la cinta ayrado
y logro con un castigo
mi corazon en tres partes
lastimosamente herido;
y prosiguiendo, furioso,
sus dementados designios
a sus mismas manos muerto
le lamenta el Arrianismo;
todos sabeis este caso
que temeroso publico
y en que aseguran por cierto
el dominio de los cielos,
conocio el barbaro ciego
el misterio peregrino.
temio mi Padre el suceso
por ventura arrepentido
de sus errores, a tiempo
que de Borgoña precisso
le fue salir para Italia
despojado del invicto
laurel que a sus sienes dio
los triunfos de Marte altivo,
alli murio desterrado
quedando yo al lazo unido
de los placidos esmeros
con hija de teodorico
su paz, y a quien me dio el cielo
al Príncipe Sigerico
sucesor de este mi imperio
y en quien mis memorias libro.
murio mi esposa, y logre
de mi dolor para alivio
la beldad de Rosimunda
en cuyos ojos divinos
rindiendo al amor tributo
cariñosamente vivo.
en este estado me hallava
cuando me llego el aviso
de que el monarcha frances
a las instancias movido
de su catolica esposa,
renunciara en mi el dominio
de esta corona, a que tengo
el derecho sucesivo,
accion de que di a los cielos
gracias por el beneficio;
a la memoria trayendo
el suceso referido,
y antes de verme en el trono
del sacro laurel ceñido,
hago juramento a Dios
de defender uno y trino
en la esencia y las personas
su poder siempre infinito;
y en nombre de Rosimunda
y del Príncipe mi hijo
del Infante, y de mis deudos
hago el juramento mismo
aunque mi defensa llegue
llevada hasta martirio;
y protestando las verdades
en la fee de Jesucristo,
de mis errores confusos
tiernamente arrepentido.
detesto, niego, y abjuro
las ceremonias y ritos
por boca de Arrio, en la Yglesia
del infierno introducidos
antes de daros la mano
vasallos, deudos, y amigos
mis catolicos intentos,
religiosos os comunico
para que ninguno arguya
que ignora lo que publico
cuando mire que al herege
severamente castigo,
y aunque de la gran Borgoña
el monarchico dominio
sea, de la Ynvidia a pesar,
por naturaleza mio.
si los catolicos cultos,
no he de profesar, desisto
en el laurel, y en el solio
de sus blasones antiguos,
no quiero imperio, que en sombras
confusas de los Abismos,
obstinado haga en sus culpas
alarde de sus delitos
que ni a mas felicidad
ni mayor grandeza aspiro
que reynar con Dios, siguiendo
la predicacion de Cristo;
Generoso Segismundo
en cuyo valor invicto
los Borgoñones esperan
al más heroico caudillo
que ocupéis feliz el trono
de que sois Señor, tan digno
por vuestra piedad, y aliento
en nombre del reino, digo
Borgoñones que decís?
Dentro.
que reine dichosos siglos
nuestro gran Rey Segismundo
que escucho, cielos benignos.
que miro, santos cielos;
que felicidad -
divinos
Señor, gracias os tributen.
los alados Paranimfos.
todo es duda
todo es gozo
Sube al solio que se ha de descubrir.
subid pues al solio invicto,
ya le ocupo, y a mi lado
la Reina;
Besa la mano.
donde rendido
sea el primero yo que os besa
la mano
haced lo mismo
con mi esposa
Besa la mano a la Reina.
que a esto obligue
mi Padre el aliento mío
deme Vuestra Majestad
la mano
a mis pies os miro
a vuestro pesar tomad.
Aparte a la Reina.
a esto ha podido
el Rey mi Padre, que yo,
reconozco, cuán indigno
vasallo de su solio
por naturaleza ha sido
que atrevimiento, mas quiero
disimular, mal me animo
yo haré que os cuesten la vida
pensamientos tan altivos
Como más interesado
vasallo, a tus pies invicto
me postro
Infante tomad
ya sabéis lo que os estimo
Besa la mano y van llegando las damas y después todos.
dame Señora la mano
en prenda de mi cariño
como a mi sangre la doy
y yo ufana la recibo
Camila también adora
de tu hermosura el prodigio
Dios te guarde
mis afectos
pues tal dicha han conseguido
logren este honor
por Padre
pudiera no permitirlo,
pero no inmuta esta acción
el respeto con que os miro.
que pesar aunque a mi pesar
llegaré
denme camino
los cielos, para que vengue
desprecios del Arrianismo.
de estos diques mihi nunqua
los Zapotes fueron dignos.
dad orden, a los soldados
que me asisten de presidio,
infante, para que luego
todos los templos que han sido
de heréticas ceremonias
oficina, reducidos
queden a menudas piezas,
pues no ha de quedar indicio
de sus errores, que a costa
de mi tesoro, es preciso
que de nuevo se fabriquen
aras en que sacrificios
a Dios, ofrezcamos afectos.
Vase.
Voy a obedecer.
Vase.
Qué lindo
rato ha de ser si a estos perros
cogemos en el garlito.
Retiraos a vuestro cuarto
señora. Vos Sigerico
acompañad a la Reina.
Venid Arzobispo conmigo
que ya sabéis cómo intento
en honor de San Mauricio
prefecto de la legión
con quien triunfó en el martirio
un monasterio fundar
para que en el lugar mismo
de su muerte; hallen sus glorias
memorias de su principio.
Vuestra grandeza señor
eterna dure a los siglos.
Vanse todos.
El cielo con vos atento
mis intentos comunico,
que en lo que a él tocare sois
en mi amor primer ministro.
Vamos Rosaura, de enojo
ay de mí, apenas animo,
blanco será de mi furia
la vida, que determino
quitar al Príncipe puesto
que tengo de Clodomiro
retrato francés las firmas
tan imitadas, que él mismo
aun no sabrá discernir
lo cierto de lo fingido.
Mal disimulan mis ansias
lo ardiente de mis suspiros.
Vanse y detiene Anselmo a Lisberto.
Que malo de las madrastras
siempre el parentesco ha sido.
Ya para mayor tormento
en que nuestras penas fundo
en Borgoña Segismundo
ocupa el supremo asiento
donde al ceñir la corona
hace altiva ostentación
de arruinar la religión,
que nuestro pecho blasona,
pues para que más me asombre
intenta, fiero rigor
oscurecer nuestro honor
solo al eco de su nombre
haciendo el pesar mayor,
al llorar de la venganza
perdida, ya la esperanza
sin alivio mi dolor.
Bien mi fatiga previno
en su aliento tanto mal
sin duda influjo fatal
que pudo obrar en el destino,
que si a la venganza exhorta
nuestra fe, soy de sentir,
que si se ha de conseguir
disimular nos importa
pues no estando conocidos
por arrianos, la ocasión
nos dará resolución
en Palacio introducidos.
Bien decís, y eso conviene
para honor de nuestra ley
Detened que al cuarto del Rey
juzgo, que la Reina viene.
Salen la Reina Rosaura y Camila.
A solas
me dejad, Rosaura prima
retírate.
Siempre prontas
mi obediencia, hará mi gusto
ley.
Dios te guarde.
De queja
queda la Reina sin duda
pues no gusta de nosotras.
Vanse las dos.
Retirémonos, Lisberto
quedando siempre en custodia
de estas piezas, por si acaso
nuestros designios se logran.
Oh quiera el cielo, consiga
la venganza a que me exhorta.
Vase.
Ya es tiempo, ay de mí, ya es tiempo
de templar de mis congojas
en las fatigas que siento
de mis iras la ponzoña;
¿El Príncipe a mis desprecios?
¿a mis injurias afrentosas?
¿y al verme ocupar el solio
como indigna me baldona?
Aun cuando yo lo repito
son tan grandes mis zozobras
que no sé cómo mis ansias,
mis alientos no sofocan;
injuriada yo, y él vivo,
yo con pesares, y él goza
a costa de mi dolor,
de su grandeza las honras,
y cuando para su muerte
mi aborrecimiento sobra
con su vanidad, mis iras
a más enojo provocar?
No puede ser, no es posible.
Cuando a mis plantas reportas
tributando adoraciones,
el imperio de Borgoña;
y si es verdad que fue nueva
del Príncipe, por que rompa
las prisiones, el silencio
que mi sentimiento doblan,
puesto que de Italia y Francia
estas cartas se conforman
por mi industria, a conseguir
de mi enemigo victoria,
Finja que así consiga
a mi hijo la corona,
razón que a mi sentimiento
no es la que menos importa,
que unos celos y una venganza
qué atrocidades no obran,
cuando fingidas las firmas
confusa la vista ignora,
aun siendo yo quien las finge
si son verdaderas formas;
que aunque no es de mi grandeza
digna esta acción, me ocasiona
aun a mayores excesos
de mi agravio la memoria;
porque referir mi afrenta
a el Rey, bajeza notoria
fuera de mi vanidad
y de mi decoro impropia.
Valdréme pues de mi industria,
y quien mal sintiere, ponga
mi injuria en una balanza,
y mi presunción en otra,
y hallará que una mujer
que a la venganza se arroja,
ni de la piedad se acuerda,
ni repara lo que obra.
El Rey mi esposo, mis quejas
en tiernos acentos oiga,
quiero llegar;
Llega a la puerta de en medio en donde ha de hallar al Arzobispo.
Vuestra Majestad, señora,
en este sitio.
Quisiera,
en materias, en que importa
todo este recato, hablar
con el Rey mi esposo a solas.
Su Majestad, retirado
en elevación absorta,
con Dios religioso trata
las dudas de su corona,
y desde aquí podréis verle;
(Descubre a Segismundo en oración.)
Y en esta virtud se estorba
mi venganza, pero amor
a que la intente me exhorta.
retiraos vos, Senescal,
que quiero que el Rey me oiga
en dejando la oración.
Siempre mi obediencia pronta
lo que mandáis ejecuta.
(Vase.)
no he de estorbar, pues ignora
mi asistencia, y su afecto
tan bien ocupadas horas;
quiero salirme a esa cuadra,
donde mi dolor componga
en mi semblante, las ansias
que mis suspiros arrojan.
(Retírase.)
Eterno Dios, cuyo solio
católicamente adora
mi rendimiento, alabando
vuestra Gran Misericordia.
Uno en la esencia divina,
Trino en divinas Personas.
Oh cuánto mi afecto siente
perdido el tiempo, que en sombras
de la feroz herejía
habitaron mis congojas;
mi dolor, Señor, os ofrezco,
En elevación Segismundo al son de instrumentos, y se vea un Ángel que cante atravesando el teatro.
en satisfacción, si logra
mi dicha, que le admitáis
la ignorancia tenebrosa
por disculpa; hoy os tributan
los rayos de mi corona
los aplausos, que os consiguen
las luces de vuestra gloria.
Desaparece el Ángel y a dos coros cantan dentro.
Dichoso Segismundo
que el cielo atesora
como mayor grandeza
en tu virtud, la luz que te acrisola
ya el Altísimo escucha
los acentos que formas,
y admitiendo tus cultos
contigo de su Amor muestra las obras
el templo que a Mauricio
tus afectos colocan
como tributo admite
el rendimiento, que tu fe pregona
y porque de su Iglesia
en los himnos que entonas
acordes los alientos,
con más dulzura las esferas rompan
te manda que alternadas
las cláusulas sonoras
de tus monjes las voces
canoros ecos, en los cielos pongan
siendo, tu heroico celo
el primero que logras
saber en las alturas
cómo de Dios las alabanzas forman
atiende pues las dichas
que sus afectos gozan
que el cielo a tus virtudes
este indicio dispensa de su gloria
[Tachado: Cor. 1. Magnificat anima mea Dominum. Cor. 2. Et exultavit spiritus meus in Deo salutari meo. Cor. 1. Quia respexit humilitatem ancillae suae. Cor. 2. Ecce enim ex hoc beatam me dicent omnes generationes.]
(Levántase.)
Va hacia la puerta y encuentra con la Reina.
Divino nuncio que el aire
con ligero vuelo cortas
al solio de Dios presenta
mi humildad, que se conforma
con tus voces, y obediente
a tu aviso, de sus obras
las grandezas, que contienen
las cláusulas misteriosas,
del Rey Profeta en sus Salmos
hará que la esfera rompan
alternadas, en el templo
de Mauricio, donde logran
los monjes que le veneran
luz de sus misericordias,
quiero darle esta noticia
al Arzobispo; Señora
¿vos aquí, y con tal silencio?
¿No me responderéis? Llorosas,
dejáis ver en vuestros ojos
el mar de vuestras congojas,
arrojando amargo el llanto
de sus borrascas las olas?
¿Qué tenéis?
Dale unas cartas y lea.
¡Ay de mí! ¡Oh, nunca
la fuerza en mí poderosa
de mi amor, diera a mi grado
de mi dolor la ponzoña!
Pero ¿por qué mis alientos
al sentimiento se postran,
cuando pidiendo venganza
las cláusulas alevosas
de estas cartas, en tu brazo
el poder heroico exhortan?
Léelas, que verás en ellas
de mis penas la zozobra.
Estoy aguardando el aviso
de Vuestra Alteza para que
marchen las tropas auxiliares
que le he ofrecido, que pienso
conducir en persona, para lograr
ceñir a V.A. la corona de Borgo-
ña, que Dios guarde a V.A. El tetrarca Clodomiro.
Ahora es tiempo que la ofensa
resucite en mi memoria
el desprecio, que en mis ansias
tantas iras ocasiona.
Ya he visto que Teodorico,
Rey de Italia, firma esotras,
pero ¿quién traidor intenta
del laurel, que me corona
en la diadema que ciño
robar las invictas hojas, el
quien, sin que de mis alientos
a las bien merecidas glorias,
quedar no tema anegado
de mis iras en las ondas?
Bien excusarte quisiera
el mal que mis ansias lloran,
si en mi silencio no hallaras
indicios que de alevosa
la fe culparan, que debo
observar a tu persona;
el Príncipe, aquí, señor,
he menester que me oigas;
Sigerico, hasta su nombre
balbuciente el labio forma,
ambicioso, no te admiren
mi turbación, porque hay cosas
tan graves, que aun los acentos
para decirlas se ignoran;
en fin, tu hijo Sigerico
contra tu vida convoca,
para arrojarte del solio
la nobleza de Borgoña,
hallando en Italia y Francia
quien sus intentos apoya.
Vase.
sus avisos solo espera
para concluir sus trazas.
El temerario Clodomiro,
porque a un mismo tiempo rompan
italianos y franceses
la guerra su vista propia,
se ha informado en esas cartas
sus asechanzas traidoras;
disimular el castigo
su vida y mi vida importa,
y lo que es más, (si algo hay más)
es el sosiego de Europa,
aunque eres padre, rey eres,
y si el cariño te estorba,
en tu obligación primero
de rey, han de ser las obras;
aplícate al escarmiento
pues el delito no ignoras,
que a quien de un padre el respeto
la modestia no ocasiona;
de sus culpas, como a hijo
el perdón no se le otorga;
ya la obligación que tengo
como amante, y como esposa
cumplí; mira, Segismundo,
lo que a la tuya le toca.
Mudo he quedado, ¡ay de mí!
y en el mar de mis congojas
al aire de mis suspiros
todo mi aliento zozobra;
cielos piadosos, en donde
consuelo ha de hallar quien postra
las señales de viviente,
a tan acerba memoria.
¿Sigerico traidor? ¿Cómo
es posible, cuando logra
el mejor lugar del pecho,
que a mi amor no corresponda?
Habiéndole dado el ser,
tiranamente ocasiona
a mi cariño esta pena,
y a mi vida esta deshonra;
no puede ser, que los astros,
que los afectos conforman,
hubieran dado a mi pecho
la noticia, aunque remota,
que de las desconfianzas
en el sobresalto asoma.
Sí puede ser, porque ciega
la ambición, le hará que rompa
las cadenas con que amor
las caricias aprisiona,
no puede ser, pues desnudos
sus obsequios de lisonjas,
en sus mismos rendimientos
el vasallaje blasona;
sí puede ser que en su aliento
puesta mi atención, no ignora
el dolor, con que a la reina
la rodilla ansioso dobla,
mis acciones, en mis obras,
y mi justicia exercite
sus alientos ponderosa,
por que el Paternal cariño
lazos amorosos rompas;
y este funesto decreto
que curado mi aliento forma
de su muerte la sentencia
en mis agravios componga,
gravada ay de mi la mano
la pluma delgada toma
o amor, o injuria, el tormento
que a mi dolor ocasionas.
ello ha de ser, corazon
tiernas lagrimas arrojas?
si, que llora Segismundo
y no es el Rey, el que llora.
firmo, Yo el Rey, bien aqui
vissor del poder importa,
que castigando delitos
dignamente el Rey se nombra,
ha de mi guarda
Señor
Salen Anselmo y Lisberto.
Anselmo Lisberto, a la hora
que esse decreto refiriere
lo que contiene se ponga
en execucion, con tanta
accion, que a vuestras personas
solo, encarga mi cariño
por lo mas dificultosas,
alli mi vida el riesgo
aseguro; a quien no asombran
para conservar sus rayos
pensiones de una corona
Vase.
salgamos de tanta duda
leyendo el decreto, = lis: = ahora
de la confusion saldremos.
asi mi temor informa
cuando la tiniebla fria
descogiendo el negro manto
fuese de la tierra espanto
siendo triunfo contra el dia;
de la muerte a la agonia
rinda Sigerico el pecho
y aunque en lagrimas deshecho
su vida lamente corta
porque a mi servicio importa
matalde en su mismo lecho.
Yo el Rey; esto es lo que dize;
y ya mi esperanza arroja
el vano temor que tuvo
de que la fee que atesora
mi religion, y la vuestra
padeciesse las zozobras
con que miro la amenaza
de los alientos de Roma.
de aqui puede resultar
nuestra quietud, en que forma
Pausa, recado de escribir, y toma la pluma, y escribe.
Acaba de escribir.
Y en armado tribunal
que usurpa el príncipe, oiga,
para que de su sentencia
el delito reconozca;
pero si de Clodomiro
las armas le fían promesas
que a lo más logre victorias,
ha de enarbolar con sus tropas.
La dilación podrá ser
a mis intentos dañosa;
que muera el traidor, y sea
tan presto, que antes notoria
se haga al mundo su desgracia,
que el pesar que la ocasiona.
Mis acciones en mis obras,
y mi justicia ejecute
sus alientos poderosos,
porque el paternal cariño
lazos amorosos rompa;
y este funesto decreto,
que airado mi aliento forma,
de su muerte la sentencia
en mis agravios componga.
Turbada, ¡ay de mí!, la mano
la pluma delgada toma.
¡Oh amor, oh injuria, oh tormento
que a mi dolor ocasionas!
¿Ello ha de ser, corazón?
¿Tiernas lágrimas arrojas?
Sí, que llora Segismundo,
y no es el rey el que llora.
Firmo. Yo el Rey. Bien aquí
usar del poder importa,
que castigando delitos
dignamente el rey se nombra.
¡Ah de mi guarda!
Señor.
Salen Anselmo y Lisberto.
Dásele.
Anselmo, Lisberto, a la hora
que ese decreto refiera,
lo que contiene se ponga
en ejecución, y a vuestras personas
solo encarga mi cariño
por lo más dificultoso,
allí mi vida, el riesgo
aseguro; a quien no asombran
para conservar sus rayos
pensiones de una corona.
Vase.
Salgamos de tanta duda
leyendo el decreto.
Ahora
de la confusión saldremos.
Lee.
Así mi temor informa.
Cuando la tiniebla fiera,
descosiendo el negro manto,
fuere de la esfera espanto
siendo triunfo contra el día;
de la muerte a la agonía
rinda Sigerico el pecho,
y aunque en lágrimas deshecho
su vida lamente corta,
porque a mi servicio importa,
matalde en su mismo lecho.
Yo el Rey. Esto es lo que dice;
y ya mi esperanza arroja
el vano temor que tuvo
de que la fe que atesora
mi religión, y las vuestras
padeciese las zozobras
con que miró la amenaza
de los alientos de Roma.
De aquí puede asegurarse
nuestra quietud, en qué forma
Muera el Príncipe, que el caso
acreditarán las obras;
y pues retirado, ya
pasa las ardientes horas
de la siesta, con que el sol
las plantas y flores dora,
y el silencio de su cuarto
nuestros intentos exhorta,
muera, pues la dilación
puede sernos peligrosa.
Bien decís, porque si el Rey
arrepentido revoca
el decreto, nuestros fines
en la ocasión se malogran.
Entremos, pues.
Deteneos,
que tanto el delito asombra
mi pecho, que no podré
intentarle, si no emboza
mi rostro esta banda.
(Cúbrense los rostros)
Yo
lo mismo haré con estotra.
Lleguemos, y aquesta puerta
al entrar cerrad.
No estorba
nada mi intento.
¡Traidores!
Entran y dice el Príncipe dentro, saliendo retirándose medio desnudo y herido, y ellos con los puñales siguiéndole.
¿Cómo vuestras alevosas
acciones, contra mi vida
bárbaramente se arrojan?
¿En qué os ofendí, que así
me matáis, sin que conozca
quién me da muerte?
Tu culpa,
y no es traidor quien te corta
la carrera de la vida
obedeciendo.
No ignoras
tu delito, y así muere.
¿No hay quien mis ansias socorra
cielos? No me desampare
vuestra gran misericordia.
Muere, Príncipe infeliz.
Entrase y ellos siguiéndole.
Salen.
Pues tu desdicha ocasionas
tu desgracia; ahora es tiempo
de que Clodomiro oiga
este caso, y que la Francia
aliste airada sus tropas
contra Segismundo, puesto
que mis intentos se logran
en la ambición del Tetrarca
para cuyo aliento sobra
ocasión en la noticia
puesto que ninguno ignora
los deseos que le asisten
de ceñirse esta Corona.
Vamos a Francia, Lisberto.
Si de esta muerte nos toca
la mayor parte, ¿qué intentas?
Que en silencio mudo ponga
nuestra acción, pues el decreto
de ninguno hace memoria
Y, sin ver a Segismundo,
hemos de partir.
Pues notas
que a sus órdenes faltamos,
anticipando las horas,
huirle el rostro es lo seguro.
Huyamos, pues, y dispongas
para que yo te obedezca
de mi valor su persona.
Pues muera el Rey, y su sangre
en rojos raudales corra.
Viva nuestra fe, y sus luces
sirvan al mundo de antorcha.
Triunfo el católico sea
de mi espada vengadora.
Cambie el arrianismo agora
lo que entre pesares llora.
Nuestra religión se ensalce.
Viva en nuestro pecho heroica.
Muera infeliz quien la ofende.
Y arda en incendios Borgoña.
Fin de la primera jornada.
Columna derecha
El Mejor Rey de Borgoña / Jornada Segda de Don Franco Quevedo
Córrase una cortina y véase Segismundo dormido.
En sueños.
Despierta y levántase.
Detente, aguarda, espera,
Lisberto, Anselmo, el Príncipe no muera,
pues mi amor no consiente
que al derramar su púrpura caliente,
arroyos de granates
a tanto golpe bárbaro desates.
Aguarda, Sigerico,
que ya en mis ansias mi dolor publico
cuando me asusta el verte
el pálido semblante de mi muerte.
Aguarda; pero, ¡cielos!
en mortales fatigas mis desvelos
con asombro y espanto
las corrientes animan de mi llanto.
Qué infeliz ha nacido
quien libertarse ansioso no ha podido
en el mayor cuidado
de la severa indignación del hado.
Oh, cómo en mí blasona
los riesgos del poder una corona,
a cuyo lustre atento,
olvidando mi amor el sentimiento,
presumo ya rendida
a la muerte la vida de mi vida.
¡Cómo no se deshace
mi pecho en llanto, cuando muerto yace
en dolor tan prolijo
el que mi aliento conoció por hijo,
pero no es bien le cuadre
dulce el renombre, a mi rigor, de padre!
Si a mi furor rendido
entregué mis caricias al olvido
para que más se asombre
la ingratitud, al eco de este nombre,
haciendo mi tormento
más insufrible su apacible acento
y mi pena notoria
de mis afectos la infeliz memoria.
¡Oh, quién, cielos, pudiera
restaurarle la vida, aunque se viera
lográndolo la mía
rendida de la Parca a la agonía!,
pero ¡ay de mí!, que en vano
el nombre quiero desmentir tirano
que mi furor adquiere
cuando a mis iras Sigerico muere,
llegándome en tal calma
este dolor a la mitad del alma;
bien de lo que padeces
la pena aguda, corazón, mereces,
pues mi discurso alcanza
que, entregándose todo a la venganza,
no advirtieron sus bárbaras acciones
de tanto mal las duras sinrazones.
¡Oh si en pena tan rara
mi propio sentimiento me matara,
haciendo mis enojos
de su indigno furor blancos mis ojos,
para que así muriera
quien solo de su muerte alivio espera!,
pues a tanto desvelo ansiosa obliga
de mis afectos la mortal fatiga,
mi propia vista quiero
hacer testigo del pavor severo
en cuyo aspecto invoco
las ansias de mi muerte poco a poco,
porque llore mi intento
en sus acciones su mayor tormento.
¡Oh Sigerico, de mi pena asunto!
Vaya a mirarte mi dolor difunto
para que, en tal quebranto
las corrientes me aneguen de mi llanto,
recibe, aunque ofendido, mi lamento
que pacifique mi furor sangriento
y mi voz repetida
te solicite restaurar la vida;
aguarda, que mi pecho no consiente
tanto linaje de penas.
Detente.
Va a entrar por una puerta y encuentra con una sombra de esqueleto vestida con manto blanco y corona, y un hacha en la mano, y vaya pasando el teatro hasta entrarse por la puerta contraria, y Segismundo siguiéndola como asustado.
¡Cielos! ¿Qué miro? Apenas
La sangre anima mis heladas venas,
tema este asombro mi dolor profundo.
Sombra, o visión, ¿quién eres?
(Desaparece)
Segismundo,
a los cielos ingrato,
repara en mi semblante tu retrato,
y a los candores de esta antorcha ardiente
conocerás tu culpa delincuente,
para que tu fatiga se modere.
Cuando, inocente, Sigerico muere,
mirando más notoria
la luz en su inocencia de su gloria,
en tu delito llora tu pecado,
y la noche en que yaces sepultado,
de tu llanto a porfía
de la gracia amanezca al claro día.
Siente tu pena, teme tu castigo,
que del cielo te miras enemigo.
Del susto de tanto asombro
me ha dejado sin aliento,
un monte animo, ¡ay de mí!
en cada planta que muevo.
¿Dónde irá de mi desdicha
a buscar alivio el pecho,
si por tenerle ofendido
no puede pedirle al cielo?
Inmenso Señor, a vos,
de vuestra justicia apelo,
pues solo en vos, de vos mismo,
aunque ofendido, confieso
que han de encontrar mis pesares
asegurado el consuelo.
Misericordioso os busco,
si os merecí justiciero,
pues solo en vuestras piedades
hallo mi mal, el remedio;
Dios enamorado os miro
aunque injuriado os contemplo,
y aunque león de Judá,
sacrificado cordero,
camino, verdad y vida;
si por mis delitos muerto
cuando os solicito afable
no me castiguéis severo.
tan bárbaro desacierto
no niego no, mi delito,
cuando mi culpa confieso
pues los raudales del llanto
que derraman mis afectos,
para que aneguen mi culpa,
agua son, Señor, convierto,
ingrato a los beneficios
que a vuestro poder le debo,
la ignorancia de vuestro nombre,
de la fe, el divino celo
en mi ignorancia causaron
para lograr en mi mano
sin sobresaltos el cetro;
pues sirvan a mi altivez
dellas mismas de escarmiento,
y la ocasión de mi culpa
sirva en mi dolor de ejemplo.
Solo a vos, mi Dios, os busco;
no haya para mí más reino
que aquella cruz, me dejaron
vuestros agudos tormentos;
no mi vanidad se adorne
de tantos candores regios,
cuando execrable el pecado
esclavo infeliz me ha hecho;
no en mi frente la diadema
embarace mis intentos,
que por vivir más libre
dejar sus blasones quiero;
¡ah de mi guarda!
Rey, señor.
Salen la Reina, Rosaura, Camila por una puerta, y por otra el Arzobispo, el Infante y Zapote.
Esposo, ¿qué desconsuelo
te obliga, a que de tus voces
pronuncie el dolor los ecos?
Hermano, señor, ¿qué causa
os mueve a tan grave exceso?
Señor, vuestra majestad
tan confuso, ¿pues qué es esto?
Grave mal presumo, cuando
miro al Rey tan descompuesto.
¿Qué será aquesto? Que yo
ni lo alcanzo ni lo entiendo.
¿Qué será? Lo que será
presto han de decir los versos.
Rompa en mi dolor las voces
tan misterioso silencio;
Corte insigne de Borgoña,
cuya lealtad confieso
en los laureles que gozo,
los blasones que poseo.
Y a vuestro Rey Segismundo,
que con heroicos alientos
ocupó el sagrado solio
en el borgoñón imperio,
reducido a vil esclavo
se mira, cuando sus yerros
aprisionaron enormes
lo libre de sus afectos.
No harán ya alarde mis ansias
de los esplendores regios
que a mi valor ofreció
la lealtad de vuestros pechos,
pues me hace indigno mi culpa
de la grandeza que obtengo,
cuando ingrato al beneficio
que a Dios trino y uno debo,
sin atenderle glorioso
bárbaramente le ofendo.
Solo mostrar de mis culpas
lloroso arrepentimiento
para lograrle piadoso,
a pesar del solio quiero,
pues fue ocasión del delito.
Llora la Reina.
A ella sola.
la seguridad del cetro;
ya no soy Rey borgoñonés,
pues penitente pretendo
para triunfar de los vicios
servir al mundo de ejemplo.
Y estos adornos que sirven
a mi vanidad, desprecio
han de ser para mi duda
de las ansias que padezco.
Lloráis, señora, o si fueran
amargos los sentimientos
para enmendar los errores
que yo he cometido siendo,
quien le dio a mi precipicio
eficaz el instrumento
para su ruina, acaso
la ambición de vuestro pecho;
Señor, si yo, cuando, cómo,
Nada me digáis, al cielo
ofendisteis más que a mí,
yo ya perdonada os tengo,
llorad hacia Dios, que Dios
amoroso hará lo mesmo;
Infante a vuestro cuidado
queda de Borgoña el reino
en mis hijos, y mi esposa
la mitad del alma os dejo,
asistidlos con cariño,
y miradlos con respeto,
que bien uno y otro hermano
de vuestra lealtad espero.
Vos, Arzobispo, atended
como primer consejero
de la Reina y del Infante
a los mayores aciertos;
este es el bastón hermano
en que a Borgoña os entrego
dándoos para su defensa
las victorias de mi acero;
ninguno estorbar intente
mis designios, pues resuelto
a pedir a Dios perdón
me retiro al monasterio
de Mauricio, cuyos monjes
elijo por compañeros,
para que de mis suspiros
presenten a Dios los ecos,
no es tan ligera mi culpa
que se satisfaga a menos
demostración que la que hoy
practicar ansioso entiendo,
para decirosla faltan
a mis voces los acentos,
pues aun la naturaleza
abomina el desacierto;
si bien antes que me ausente
como amigo, a todos ruego
que nadie mis pasos siga
Marginalia: + mirad solo por mi gloria / y atended a sus aumentos / pues mi obligación en vos / substituye su esfuerzo / y sobre todo la fe / ha de ser sagrado objeto *
Marginalia inferior: fiado mi cuidado en ella / todas mis ansias os dejo
pues solo parecer quiero
de mis zozobras seguido
de tantos delitos reo;
ahora veréis, la razón
del que tenéis por exceso,
y porque salgáis de dudas
ved si el castigo merezco,
pues cometió este insulto
en virtud de mi decreto.
Corre una cortina, descúbrese Sigerico en un lecho muerto y sangriento, o como pareciere mejor, y vase Segismundo.
¡Válgame el cielo, qué horror!
Apenas a hablar acierto.
¡Qué desgracia, qué dolor!
Apenas alentar puedo.
¡Oh juventud mal lograda
y de Dios altos secretos!
¿Quién habrá, señor, que alcance
de vuestra obra lo inmenso?
Cubrid ese horror.
Cúbrase el Príncipe.
Los siguientes versos de la Reina y del Arzobispo son adiciones marginales que sustituyen el texto tachado en el original.
Las ansias de mis afectos
si no las previenen recelos
no se conviertan en yelo.
De la lealtad de Borgoña
no hay que recelar, supuesto
que hoy en tu majestad
en la sucesión tenemos
quien de tus heroicos timbres
empuñe el áureo cetro;
de tan generosa acción
solo dar a Dios debemos
por único móvil.
Siempre
muestra su saber eterno
en la permisión de algunos
nunca esperados sucesos.
Vamos, Arzobispo, y ved
que no tengo más consuelo
que vuestra asistencia; a solas
consultar mis males quiero.
Siempre a mi atención serán
imán vuestros preceptos.
Yéndose.
¡Oh, dichoso Segismundo,
que invidiosa a verte llego
cuando de tu culpa logras
tan grande arrepentimiento!
Si yo la ocasión te di
para un delito tan feo,
sigue a Segismundo, solo
pedid a Dios, atento,
el perdón, que le acompaño
en mis ansias; a tus desconsuelos
de mi llanto los gemidos
lleven compás en los ecos.
Vanse la Reina y Arzobispo, y detenga el Infante a Rosaura, quedándose en el tablado Camila y Zapote.
Aunque pudiera, Rosaura,
reprimir de mis afectos
la lucha, cuando el dolor
ocupa tanto suceso,
es tal la fuerza con que
en vuestras luces me quemo,
que no permiten mis ansias
a mis voces el silencio;
bien sabéis que os idolatro,
y que mi amor siempre honesto
no pasa en vuestro decoro
los límites del respeto,
en vuestra memoria, solo
el lugar, Rosaura, quiero
que baste, a que del olvido
no sean triunfo mis afectos;
¿qué me respondéis?
Que han dado
mis ojos indicios ciertos
de la estimación que solo
vuestros cuidados debieron
a mi atención, pues unida
a la fe con que os venero
lo que os debo satisfago,
pues la fineza agradezco;
y aunque en las demostraciones
no declaro mi desvelo,
creed que de vuestras zozobras
me sobra el conocimiento.
Feliz ya de mis pesares
llamar la ocasión entiendo,
cuando escucho en vuestros labios
la dicha que no merezco.
Si bien en tanta fortuna,
Rosaura divina, siento,
para ponerla a tus plantas
no ser de Borgoña dueño,
Vase.
no añadiera estimaciones
en vuestras manos el cetro
a mi atención; pero mucho,
señor, con vos me detengo,
dadme licencia, pues veis
que a la Reina asistir debo.
Vase.
¡Oh, qué breve a mis cuidados
hará mi ventura el tiempo!
¿Fueronse, Camila, o no?
Ya paso a paso se fueron.
¿Óyenos alguien?
Ninguno,
mas, ¿por qué tanto misterio?
Porque juzgo que, sin duda,
grave culpa cometemos
en hablar, cuando callando
dos figuras parecemos
de tapiz, a quienes falta
para pintar el silencio
el aquí yace tener
poniendo en la boca el dedo.
Ya he reparado que ha mucho
que callamos, y no entiendo
en esta comedia, ¡mal haya!
cuál es el papel que haremos.
El mudo, sin duda, porque
este rey esportillero
de casos y de prodigios
siempre en hablar circunspecto,
no da lugar a otra cosa;
pero, pues ya le tenemos,
le he de lograr, vive Cristo,
y salvo todo el respeto
de palacio, he de decirte
que mirando tus ojuelos
sin buscar frases estoy,
si me muero o no me muero.
Vase.
Cierto que la claridad
alabo; pero no puedo,
por no faltar al decoro
de este paraje, atenderos.
Sin decir que moderéis
vuestros locos pensamientos,
que aunque cosquillas me hacen
tantos rendidos deseos,
cuando a palacio no llegan
en estilo palaciego,
aunque no se ignoran, fuerza
me ha de ser que no os entiendo
decir, y así, si queréis
que confiese lo que os debo,
hablad en otro lenguaje,
que yo aquí y en cualquier tiempo,
pero, miradlo despacio,
que harto os he dicho con esto.
Vase.
¡Oh fuerza de las deidades!
Que solo con un bostezo
hacen un favor, ¡mal haya
quien cifra solo en sus gestos
de las ansias que padece
a sus cuidados el premio!
Es en mi amor lo que apruebo,
que lo demás son en suma
muchísimos embelecos.
Tocan cajas y clarines, y salen Anselmo y Lisberto, el senescal Clodomiro a la francesa con bastón, y acompañamiento de soldados.
Hoy, invicto Clodomiro,
de cuyo valor augusto
venganza aguarda el injusto
dolor que lloroso admiro,
ha de mostrar el valor
heredado en tal grandeza,
que halla siempre en vuestra alteza
el desvalido favor,
para que conozca el mundo
que en vuestras armas abrigo
hallamos, cuando el castigo
llore infeliz Segismundo,
cuya soberbia ambición,
aunque afectó la justicia,
muestras dio de su malicia
en la más bárbara acción,
como, tal señor, publico
lo que ella horrorosa advierte
cuando os lo dice en su muerte
el príncipe Sigerico,
pues para que el nombre cuadre
a su impulso de tirano,
asesino del príncipe padre,
su sangre os pide que deis
en Segismundo escarmiento,
al mirar que en propio aliento
la misma sangre tenéis.
De su mal templada furia
vengador, como valiente,
Borgoña os espera, y siente
que solo es vuestra la injuria.
(Dale el decreto y lea para sí.)
Este el decreto fatal
para tanto asombro fue,
y aqueste el origen que
dio motivo a tanto mal,
bien el contexto confirma
de mis ansias el horror,
pues no hay ojos, gran señor,
que enjutos miren su firma.
Vos sois a quien mayor parte
de tanta desdicha toca,
y en vuestro aliento provoca
todo el aliento de Marte;
sienta, pues, el borgoñón,
felices vuestras victorias,
y sirvan a vuestras glorias
sus lamentos de blasón;
la empresa que mi lealtad
a vuestras armas procura,
Clodomiro, os asegura
del solio la magestad;
que vuestro solo este empleo
debe atenderse, no dudo,
pues de Borgoña no pudo
destituirse Clodoveo,
pues cuando le cede, yerra
en la omisión vuestro pecho,
haciendo siempre derecho
en los príncipes la guerra.
Volved a dominar, pues,
su cetro, dueño absoluto,
para que os rinda el tributo
que ofrece el lirio francés.
No hay poder que el vuestro asombre,
aunque es tan grave el empeño,
pues de todo os harán dueño
los ecos de vuestro nombre.
Lisberto y yo, la persona
de Segismundo en prisiones
pondremos, y a tus blasones
uniremos su corona,
Sin que en nota de traidores
por esta acción incurramos,
cuando en ella solo damos
lustre a nuestros esplendores,
quedando el aliento ufano
del príncipe en la venganza,
conseguida la esperanza
de dar la muerte a un tirano.
(de rodillas los dos)
De un aliento generoso,
la gloria es que un desvalido
consiga favorecido
la fortuna del dudoso,
al arma, pues, y constante
conseguirá vuestra espada
de una culpa castigada
una victoria triunfante.
De tanto asombro al horror,
a la voz de tanto insulto
son acciones que publiquen
los afectos con que lucho,
a la admiración se entregan
todos mis alientos mudos.
Un padre a un hijo la vida,
que fue del cariño estudio,
quita, logrando sus iras
de su mismo ser el triunfo;
aun viéndolo sucedido
el suceso dificulto.
Quien en Borgoña las leyes
católicas introdujo,
tal delito contra el cielo
cometer bárbaro pudo,
parece imposible, puesto
que aun los ecos que pronuncio S
para la verdad se dejan
todo el crédito confuso,
pero pues en el decreto
y en vuestras voces escucho
el agravio que a mi sangre
hizo ayrado Segismundo,
y entregado a la venganza
la satisfacción procuro
que victoriosas mis armas
me han de dar, para que el mundo
celebre de mis alientos
los vencimientos augustos,
preciso es saber que causas
o con qué motivos pudo
pasar a ser de la fama
en tanta acción cruel asumpto,
y así decid la ocasión
que para esta muerte tuvo.
El haber sido Lisberto
y yo, señor, del difunto
príncipe favorecidos
así mi intención oculto,
La corte de Borgoña
en fuga veloz nos puso
temiendo la indignación
del rey, y si bien confusos
en las noticias, según
las que tenemos presumo
que inteligencias secretas
con Vuestra Alteza, supuso
de parte de Sigerico
la malicia.
Y si de algunos
Políticos Cortesanos
se han de atender los discursos
de la Reyna la ambición
supuestas cartas dispuso
para dar cuerpo al delito
que ni imaginado pudo
tener lugar en el pecho
del Príncipe.
Ya no dudo
que debo asistir bizarro,
a castigar tanto insulto
cuando, que fui yo el motivo
de lo que decís arguyo.
hijo soy de Clodoveo
Monarca francés, a cuyo
Paternal cariño debo
el regio bastón, que empuño,
pues dividiendo el dominio,
del francés imperio Augusto
igualmente en los tres hijos
que en su heroica esposa tuvo,
con el nombre de tetrarquías,
a mí por dicha me cupo
la de Orleans, donde me rinden
sus naturales tributos;
por la Princesa Clotilde
mi excelsa Madre, tan uno
en la sangre que me anima
con Sigerico me juzgo;
que lo han de dar a entender
de mi aliento los impulsos,
mayormente si reparo
que las glorias que procuro
del imperio Borgoñón
se deben solo al orgullo
de mi brazo; pues mi Padre
de mi derecho no pudo
anular la razón cuando
el laurel invicto puso
en las sienes del que Dueño,
venera, Borgoña, injusto;
que porfiada la razón
mis armas no dificulto,
pues por cercano a su estado
el solio excelso que ocupo
debe sentir el agravio
de que a los blasones suyos
No se añadan de sus cauces
los esplendores purpúreos,
armado pues en campaña
verá Europa qué denuedo
en mi mano el diestro estoque
le sirve al orbe de susto,
embrazando mis alientos
el nunca rendido escudo,
hoy con veinte mil soldados
que a mis banderas condujo
mi marcial inclinación,
para otros fines, de cuyos
medios, ya tratar no quiero
teniendo tan propio asunto
de mi valor en la empresa
de que el suceso no dudo,
razón para que en persona
vaya a conseguir el triunfo;
me ha de ver a su pesar
satisfecho Segismundo,
y que de sus sienes quito
el verde laurel augusto.
Toca a marchar pues, y miren
que de Marte lo sañudo
a fuego y sangre reduce
los que al arado tributos
ofrece la común madre
desde sus senos fecundos.
Vive eterno, Clodomiro,
que ya tu aliento presumo
como vengador triunfante
del delito más injusto.
Rey de Borgoña han de verte
Tetrarca invicto los tuyos.
Con recelo a estos traidores
lo que prometen escucho,
pero estando sobre aviso
nada temo; ya me juzgo
por vuestra industria vengado.
Solo servirte procuro.
Solo obedecerte estimo.
Todo el ejército junto
marche a Borgoña.
Y camine,
pues la victoria no dudo,
nuestra religión triunfante.
Nada, Anselmo, dificulto;
viva el Arrianismo, y logre
adoraciones del mundo.
Vanse.
Sale Segismundo con una túnica parda o como mejor pareciere, sin capilla ni escapulario.
Pues al pecador perdonas,
Señor, tu inmensa piedad,
busque en ti la libertad
quien de su llanto blasonas
ya del mundo en la corona.
que deponen mis alientos
deje los lazos violentos
en que me tuvo el engaño
y hoy te pide un desengaño
repetidos los tormentos.
Solo tu gracia procura
Señor en este retiro
donde a uno y otro suspiro
tu clemencia me asegura
un corazón manso y puro
tu brazo a mi pecho dé
y para que más esté
mi vida a tu ser unida,
en el martirio mi vida
firme con sangre tu fe.
¿Quién templará enojo tanto?
Dentro, música del Ángel.
El llanto.
¿Dónde hallaré tu favor?
En el dolor.
¿Y mis desmayos aliento?
En el tormento.
Llore pues mi afecto atento
a daros satisfacción,
pues mi mayor dicha son
llanto, dolor, y tormento.
¿Quién da a mis ansias consuelo?
El cielo.
Luego mis ecos repite,
los admite.
¿Y dónde mi alivio ordena?
En tu pena.
¡Oh, qué acorde al alma suenas
tan soberano favor,
pues para dicha mayor
el cielo admite mi pena.
Confieso que te ofendí,
solo a ti,
y hoy busca mi corazón
el perdón,
cuando con triste gemido
te pido.
No en el cieno del olvido
me sepulte eterna muerte,
pues por mejorar de suerte
solo a ti, perdón, te pido.
¿Qué a Adán el pecar importó?
Pues en parte, en esta esfera
no hubiera
gozo a no haber perdonado
su pecado.
Qué mayor gloria os ha dado
la culpa, a ninguno asombre,
pues vos no os hicierais hombre
si Adán no hubiera pecado.
Solo a tu grandeza atento
mi aliento,
consiga a tu ser unida
mi vida,
y en tu gloria eterna palma
el alma.
Señor en tan dura calma
solo a ti lloroso clamo
cuando solo a ti te llamo
mi aliento, mi vida, y alma.
logre señor tu piedad
mi maldad.
y el perdón que te repito
el delito.
no en tu justicia se esculpa
la culpa.
pequé señor sin disculpa
y pues tu gracia me impiden
misericordia te piden
mi maldad, delito y culpa.
Descúbrese el Ángel en vuelo como pareciere
Ya de tu voz el doloroso acento
que con gemidos las esferas rompe
Omnipotente Dios, desde su solio,
para tu alivio en las alturas oye.
De tu humildad los ecos lastimosos
sirve a Dios, en su piedad de norte,
para que a sus fatigas, en la gloria
sus sentimientos míseros se coloquen.
Viertan amargas cristalinas fuentes,
cuando tus ojos tus delitos lloren
pues tanto en la virtud la gracia crece
cuanto en raudales presurosos corren.
la tenebrosa mancha en tus afectos
que de la culpa despojó la noche
en tus sollozos repetido el llanto
la heroica luz del desengaño borre.
Con los tormentos que tus ansias piden
los cielos te dispensan sus favores,
porque en la lucha que tu aliento espera
al vencimiento sus esfuerzos logren.
En tu valor al sufrimiento apela
de la fortuna, a los pesados golpes
que en su inconstancia los eternos premios
la providencia a tu dolor dispone.
de los desprecios bárbaros del mundo
tolera las injustas sinrazones,
porque a la tolerancia tus alientos
los privilegios de divinos gocen
y la diadema que ciñó tu frente
mejorados verás los esplendores.
cuando el martirio, en el laurel sagrado
de inmortales grandezas te corones.
Desaparece
oh inmenso Señor que gracias
te debe rendir el hombre
si a tantos beneficios
las grandezas reconoce
a tu voluntad mi pecho
tiernamente se conforme
y por tan grande favor
te sea fino, y pío adore;
mi vida ha de ser despojo
del martirio, cielos donde
para que mi gozo expliquen
hallará mi afecto voces?
pero qué estruendos de Marte
pueblan el ayre de horrores?
Cajas y clarín dentro.
Viva Segismundo y salga
de su retiro, a que logre
nuestra lealtad de su brazo
los impulsos superiores.
cielos qué confusos ecos
se escucharon de mi nombre.
Salen Zapote, Camila, Rosaura, la Reyna, el Infante, el Arzobispo, y acompañamiento y traiga Zapote o un soldado cubierto con un tafetán en una fuente un peto, espaldar media celada, espada y bastón.
por más que el traje a la vista
tu grandeza desconoce
no es fácil que a mi cariño
se disimule, si el norte
de mis afectos tu pecho
se lleva mis atenciones;
y así mi Señor, mi esposo
de mis tiernas ansias oye
cuando te busco afligida
los sentimientos más nobles.
mi señor, mi rey, mi hermano
a vuestras plantas se postran
en mi lealtad, y en mi brazo
la fe de los Borgoñones;
De rodillas todos.
mi Príncipe Dueño, y hijo
no extrañéis este renombre
que a mis canas, y a mi estado
es el que más corresponde,
en mis afectos del Austria
rendimientos se pregonan.
y a vuestras plantas benignas
nuestra obligación nos postra.
y que yo no hable palabra
por más que acá me retocen
algunos dimes diretes,
más que dirá entre los monjes
con un Rey Anacoreta
un desgraciado Zapote;
habrá estado Segismundo como pasmado mirando a cada uno cuando hable
esposa, hermano, Arzobispo
Amigos, qué es esto?
Voces
de la Borgoña y el Austria
que entre confusos clamores
te apellidan, por que cumplas
las regias obligaciones
del laurel que te dio el cielo
para más altos blasones.
esto es buscar en el riesgo
tu valor, para que estorbe
de los reinos que heredaste
las sangrientas invasiones
con que un tirano procura
oscurecer sus candores.
No es provocar que armado,
blandiendo el luciente estoque,
vistiendo el gravado arnés,
el pecho ofreciendo al golpe,
sus germánicas banderas
contra la Francia tremole.
No buscan ya mis alientos
militares esplendores,
solo a Dios crucificado
seguirá mi afecto inmóvil.
No es faltar a Dios, seguir
de naturaleza el orden.
No es faltarle, si a los riesgos
por tus vasallos te expones.
No es dejarle, si sus aras
defienden tus escuadrones.
Esto pudiera moverme,
pero si el cuidado pone
hoy en mano del infante
el bastón, nada os congoje,
que él os sabrá defender.
No están sus reinos conformes
con esa resolución
ni permiten que a otro nombres,
cuando solo sus alientos
aseguran sus temores.
El tetrarca Clodomiro,
dando al aire sus pendones
por su persona, en sus armas
conduce veinte mil hombres;
a sangre y fuego reduce
tus vasallos, y no ignores
los estragos que padecen
las aras de Dios, pues oyes
que de gentiles y arrianos
el ejército compone.
Enemigos de la fe
sin rienda los campos corren
del Austria, tu heroico brazo
su infeliz orgullo estorbe.
A Camila.
Si el rey toma mi consejo,
no saldrá de entre los monjes,
que del coro a la bodega
pocos riesgos se conocen.
A ser el rey como tú,
lo creyera.
Pues dispone,
Señor, vuestra providencia
que este retiro no goce,
ya obedezco, de mi pecho
llamamientos interiores;
pues la fuerza que me arrastra
sin duda es vuestra; conforme
estoy con vuestro dictamen.
Vamos, pues, y anime el bronce
todo el aliento de Marte
que la quinta esfera rompe.
Deteneos, señor, que antes
es preciso que os adornen
las galas de Marte.
Deje
el tosco sayal.
Asombren
las flores de lis francesas
sus alientos.
Llega el infante, y quítale el saco y empiezan a armarle como lo dicen los versos.
de engaños
me sirves Infante; yo
he de saber de mi amor
que intentas, con los acosos
del casamiento,
si es falso
todo esto que as oydo? a Dios
Rosaura bella; te juro
que si de mi, tu passion
lo que as oido concibe
miente el mismo que te dio
esse pesar, y perdona
los impulsos de mi voz
detente señor infante
pues es en mi, como horror
de mis ansias; que yo no
se que mas dolor te asigne,
que no se casa mi amor;
oiga señor. si se casan
con vos, y no ay mas que dar
ya, yo he de ver vuestra alteza
que disculpas ha de dar;
calla villano; y tu advierte
que yo no se de que modo
puede mi altiva razon
darse por venzida;
y como
Gundemaro has de probar
que no has firmado esse pliego?
yo pliego firme traydor
que contra de mis intentos
y contra de mi piedad
me pone en tales conflictos;
Cielos no desampararme
pues sabeis, que mi verdad
es siempre fiel: y que soy
yo señor vuestro;
Salen Segismundo, Arzobispo Anselmo Lisberto con prisioneros.
vassallo
atrevido a tu señor
assi mi fee menos precias
Cielos mi Rey y señor =
traydor no mires assi
porque con ver tu semblante
el dolor mas creze;
ay de mi
Señor vuestra magestad
no sabe que de mi fe
calla no añadas al daño
de mi altivez lo soberbio
de tus disculpas, Anselmo
con Lisberto; ya de aqueste
a mi lado os e fiado
prender al Infante
ya
vuestros mandatos executa
Llegan a prenderle
a un infante a quien la fee
no ha desmayado?
callar;
no repliques que tu culpa
a mi enojo le da mas
soberbia; y assi rendido
has de morir =
ya es forzoso
que hable yo Rey poderoso
Gundemaro es inocente;
retirate y no ocasiones
mas enojo;
gran señor
no os ciegue de essa manera
tanto vuestra altiva ira
mirad =
calla por Dios
Arzobispo, y no me estorves;
que esto pide el rigor
de la culpa en el castigo;
y cual ha sido traydor
la culpa para que asi
me maltrate tu furor?
vassallo revelde; cuando
a la obediencia, mi voz
te llamava, de este Reyno
vas alzandote Señor;
y aunque mi pena te llama
como traydor as sido vos
el que dio muerte a mi hijo
el Príncipe Sigerico,
Yo matarle ay cielos? no
pueden decir esto, porque
es maldad de algun traydor;
este pliego firmado,
de tus manos es mi author
que para vengar sus agravios
deste castigo feroz
ese pliego es falso y yo
en mi vida le firme
Vanse el Rey, el Arzobispo y soldados con el Príncipe.
Basta llebadlo a una torre
y que muera a mi poder;
vos a mi lado, Senescal,
Rosaura Camila que
quien os ha causado este
mal lograra, de mi fe
con mayor dolor castigo =
ya no puedo contener
mis lagrimas, Cielos pido
justicia =
yo me ire a pie
por si acasso en palacio
no ay mas que prender;
Vase, Rosaura Camila y Zapote.
ay de mi que rigores
me a dado el amor por Dios
si la culpa no es mia,
quien mato mi hijo;
Señor
sosegad que el cielo inmenso
sabe vuestra buena intencion
o Clodomiro traydor
ya me an dicho que tu aliento
se hace dueño de mi honor
de Borgoña as de faltar
por atrevido y feroz;
mas la Reyna, mi bien
que hara con tanto rigor.
Rúbricas y florituras de fin de jornada
Sale la Reyna Sola.
Cielos a cuanto rigor
me avenga mi malicioso
desvelo si mi pesar
aun de mi se vuelve asombro
como he de poder vencer
a mi contrario fogoso?
si apenas mi entendimiento
me da un alivio dichoso
todo es en mi cobardia
temor espanto y azoro
el príncipe ya se ha visto
librar de los calabozos;
y cuando yo pretendia
matarle como su asombro;
le libra del fuerte trance
mi esposo, mi amado esposo.
pero no se ha de librar
Gundemaro riguroso
que primero perderé
la corona y mis decoros
si la guerra a mis vasallos
previene sus exercicios,
si en Segismundo se halla
mi perdicion; yo procuro
acavarle de una vez
y poner freno a mi gozo;
pero, quien viene?
Sale el príncipe
Señora
ya mi fee vuestra corona
venera humilde,
ay de mi
que asombra todo mi gozo,
infante como os atreveis
a entrar de essa suerte adonde
la Magestad esta atenta?
solo mis alientos obran
por serviros =
si por cierto,
que servida muy bien quedo
de vos =
y a que aguardare
Señora la magestad
de tu grandeza; sino
a perdonar mi pesar;
pues sabeis que a la traycion
del príncipe yo ignorante
padezco la dura pena
de mis delitos =
y como
podras librarte traydor
si firmado lo dejaron
tus dedos;
Cielos, yo no
firme trayciones Señora,
y me ofendes;
no repliques,
salte de mi quarto loco
y atrevido, =
al Cielo aplaco
ya tu malicia conozco
madrastra al fin; que tu furia
contra mi has movido hoy;
pero Cielos si padece
mi inocencia, la ambicion
de una Mujer atrevida;
yo mi sangre =
acava y vete
que mis iras me provocan
Vase.
voyme a morir donde al fin
halle mi pecho el socorro
que espero. =
Vase. Sale Segismundo Arzobispo Rosaura Camila y Zapote
Rosimunda amada prenda,
mi Dueño, =
ya prevenido
en mis esquadrones dejo
la venganza del castigo
para el frances, que sobervio
se atreve a los esquadrones
de mis blasones ilustres
para arruinar el imperio
en la ruina de Borgoña;
dandoles de que es el dueño
en mi agravio Clodomiro.
vassallo en los juramentos,
traydor y con mis infantes
y mis damas,
solo el cielo
puede vuestra magestad
dar el castigo supremo.
pues quien duda que en vos
todo el honor reverencio,
como Borgoñona ilustre;
ya mi Rey y mi Dueño
os ofrezco mi lealtad
mi valor señor prometo,
en matar siete Franceses
con solo mirar su brio,
de essos que gastan sombreros.
pues vamos porque prevenidos
vean en Borgoña, el exemplo
de los Reyes mis mayores,
Sale el infante asombrado.
ay de mi, señor, huyendo
de Clodomiro sus iras,
con sus exercitos todos,
nos cercan,
pues acudid
al arma,
Folio 38
las asistencias de Padre;
tanto honor venero
siempre
soy tu hechura
id infante
que repares
ser infante la atencion
es justo
solo el parage
para aquestos disimulos
Camila, en mis ansias hace
que de mi pecho el afecto
a demostracion no passe.
hablen todos y yo solo
esteme callando, ó males
insufribles, que el silencio
para mi tormento trae;
ya segun nuestras noticias
no está el frances muy distante
de nuestras tropas, pues pueden
los clarines escucharse
de su ejército; y assi
mi cuydado no dilate
la prevencion, que conviene,
por que en nuestras armas halle
en el militar precepto
el valor inexpugnable
de nuestra gente; divino
Señor, no es oposicion alguna,
ni a vuestro ser inefable,
prevenir al enemigo,
sino hacer que no desmayen
de tantos hombres las vidas
que con mi desaliento tantas
guidas, como le cargasteis
a mi obligacion; que yo
siempre expuesto a los ultrages
merecidos por mi culpa
los aguardare constante,
tus ordenes solo esperan
tus soldados
pues que marchen
con quatro cientos caballos
un tercio de mil infantes
haced, y aquella colina
que se mira azia esta parte
guarnezcan, por que la Reyna
con dos mil soldados passen
a ocuparla, donde asistan
todo el tiempo que durare
la lid
Yo a tu lado siempre
me he de hallar, que en todo trance
como mi amor, mis alientos
es justo que te acompañen.
esto es lo que mas conviene
porque, los tiernos infantes
en quien mis memorias libró
a vuestro lado no falten.
ya el Arzobispo os avisa
con los afectos que sabe
de mi cariño el dictamen,
vos Gundemaro llevando
una de las dos mitades
Folio 39
el ejército embestid
los franceses por la parte
que viereis mas desocupada
suplente, sin que mezclarse
puedan xamas con mis tropas
las que valiente mandares,
para que assi divertidos
la confusion los aparte
y divididas sus fuerzas
hagan el triunfo mas facil.
[al infante]
en execucion pondré
lo que me ordenas, que falten
de las luzes de Rosaura
mis alientos, ó marciales
preceptos, que a tanto obligan
tus ordenes inviolables;!
si Gundemaro se ausenta,
otro tormento se añade,
a mi amor, sobre los riesgos
en que le miro;
no trates
de suspirar, por que pienso
que te anuncias los pesares,
mira por ti, que el frances
no ha de perdonar a nadie.
donde a este pobre Zapote
la asistencia le reparten,
pues yo me pondre donde
ni las ordenes me alcancen,
todo se execute luego.
pero que rumor el ayre
ocupa
[caxas, y clarines]
ya Clodomiro
se deja ver, arrogante,
puesto en batalla
respondan
dando las caxas señales
que nuestras tropas acetan
de sus armas el combate
y la Reyna comboyada
y asistida al puesto passe
que he mandado
nueva pena
para mi esta ausencia trae,
no me enternezcais señora
que en los liquidos raudales
de vuestros ojos podran
mis alientos anegarse.
Arzobispo id con la Reyna
haga mi cariño alarde
de obedecer;
id segura
señora de que este lance
es disposicion del cielo;
assi lo entiendo
pues baste
para alibio
[yendose]
el cielo en vos
mi vida, y mi ser ampare.
Rosaura divina, solo
para mi afecto, los males
de no veros la ocasion
me previene
el amor sabe
lo que siente mi atencion
de vuestra vista apartarse,
[yendose]
Camila alla nos veremos.
porque pienso asegurarme
en el quartel de la Reyna
no lo dudo, pero antes
Folio 40
sera bien probar fortuna
pues ora acompañó y al diablo pruebe
estas fortunas avaras,
mas que de fortuna, tienes
cara de probar vinagre
[vanse que dando Segismundo el infante Zapote y soldados y buelvan las caxas y clarin]
Ya nobles soldados mios
cuyo invencible corage
a mis alientos, seguros
los triunfos heroicos hacen,
llegó la ocasion, en que
os he menester constantes,
para que al ilustre esfuerzo
que de vuestros pechos sabe
romper en mayores riesgos
mayores dificultades,
de la tirana invasion
de Clodomiro, quebrante
en las fuerzas la soberbia,
y el furor, en el combate;
bien conozco que mis voces
ningun valor os añade,
cuando solo la nobleza
que en vuestros impulsos arde,
libra mi orgullo el honor,
que hará tanta empressa facil
cuando de su luz la razon
llevamos de nuestra parte,
vuestro Rey soy, y no dudo
que valientes y leales,
para mis mayores glorias
mis sentimientos os hallen,
la Patria a voces os pide
que del yugo formidable
conque las lises francesas
solicitan sus ultrages,
la liberteis, el primero
seré que puesto delante,
ofrezca el pecho a los golpes,
aunque en purpureos granates
todo el humor de mis venas
en arroyos se desate,
y el bruto andaluz riñendo
que pació al Betis la margen
fuego encendido en mis iras
hará que en la espuma tasque
toda a embestir, y mis ecos
animen la voz del parche
[caxas y clarin]
[Dentro]
viva Segismundo viva
seguidme amigos
su aliento
anima tus estandartes,
[Entranse Segismundo, y el infante por distintas puertas dase la batalla; de modo que no concurran los dos en ella y sale Clodomiro tocando siempre y sonando dentro la pelea]
que braba zurra por Dios
Folio 41
que, ya es tiempo de que escape
quien fuere conejo para
poder seguro zamparse
en madriguera; de liebre
procurare aprovecharme
vamos a buscar en donde
esta tormenta se passe
[Passe el valgoñon a la batalla.]
ea nobles franceses mios,
vuestro aliento no desmaye,
que ya casi descompuestos
los Borgoñones cobardes
buelben la espalda, su fuga
victoriosos os aclame,
que en el valor de mi acero,
teneis quien os acompañe.
[Passe. Sale Segismundo con la espada desnuda]
cielos piadosos, ya miro
de mi delito execrable
el horror, si considero
que origen de tantos males
tantas vidas, justamente
quereis que mi culpa paguen,
ya casi de mis soldados
deshecha la mayor parte
en fuga veloz se ponen
huyendo el duro semblante
de la muerte; Borgoñones
vuestro esfuerzo no se infame
que yo os asisto, mas como
los animo cuando sabe,
mi dolor, que esta victoria
no quiere, el cielo que alcance,
pero alentarlos no es
oponerme, a su inefable
providencia, si no hacer
que su temor no derrame
con no defender sus vidas
de sus venas los caudales,
muera yo pues fui la causa
de tanto dolor, y manche
el acero Clodomiro
en mi purpura, que nadie
mejor que los delinquentes
el delito satisfacen;
volved amigos volved
no con el temor cobarde
vuestro honor, y vuestro Rey
la vil fuga desampare.
a morir voy con vosotros
en tan horroroso trance;
[Anotaciones marginales: voz por ora se defiende / otra voz se defiende con sangre]
[Entrase y sale el Infante Rosaura Camila y Zapote, con las espadas desnudas sonando siempre dentro el ruido de la pelea]
ya casi desecho el campo
rompiendo dificultades,
mi amor, Rosaura divina
solo a sus riesgos me trae
dichoso ya pues consigo
Folio 42
su libertad, si bien antes
quisiera que de la Reyna
me dijeras, porque passe
a sacarla del conflicto
mi valor
no es, señora, facil
que yo lo diga supuesto
que cuando duro el combate
llego hasta el sitio en que el Rey
nos puso, siendo tan grande
la confusion, en su fuga
no repare; porque el lance
aun de mi me enageno,
tanto que para escaparse
no tubiera habilidad
sino es por mi, pues bien sabe
que sino me encuentra damos
con, lo palaciego al traste
solas venimos, las dos
hasta que puesto delante
el ejército de francia
se metio con mil donayres
por que palacete, donde
con muchissimo denuedo,
como gamo, a cuya fuga
no ay reparo que baste,
como fuga cuando he muerto
mas de mil franceses,
baste
que si eres gallina no es posible
amigo que a gallos mates.
oyes pues a ser valiente
no pudiera aquí escucharte,
y el Rey?
que Rey ni que roques
que ahora en los Reyes repares
si llevas la dama al Rey
que falta señor, te hace,
esso a mi aliento le dices
villano, pues como cabe
que no pareciendo el Rey
vuelva libre, quien su sangre
tiene;
porque si el Rey
infante ilustre no sabes
que remedias con morir,
pues si preso ó muerto yace
estando tu en salvo quedes
en la venganza empeñarte,
y todas las esperanzas
se pierden cuando tu faltes;
bien dices, que de Borgoña
los vencidos estandartes,
solo a costa de mi orgullo
de nuevo a sacrificarse
por su Rey, y por su honor
volveran
[Dentro]
siga el alcance
nuestro valor,
a que aguardas
dent:
Victoria =
Vanse, y haviendo siempre tocado, salga Segismundo Sangriento el rostro, cayendo y levantando retirandose de Anselmo y soldados que le vengan acuchillando
cielos ô dadme
venganza de tanta injuria
o permitid que me acabe
este dolor; Clodomiro,
bien puedes de mi guardarte
que no he sosiego
hasta que mi acero, labe
tanta afrenta en las corrientes
que de tus venas derrames.
traydor a tu mismo Rey
intentas con tan infame
accion entregar =
traycion
mi resolucion no llames,
que mi religion me incita
a que sus cultos ensalce
rindete =
cayendo y levantando
como rendirme
primero que a tus cobardes
persuasiones me reduzgas
he de teñir en tu sangre
mi acero, porque en defensa
de la fee que mi aliento aclame
triunfos de Xpto, que firmen
las corrientes que derrames.
soldados prendedle, y si
se resistiere matalde =
ay de mi:
tod.
caenle a cuchilladas
Sale Clodomiro con la espada desnuda
muera,
teneos,
no le mateis, no se manche
el acero, en quien herido
casi es yerto cadaver,
en la purpura que viestes
se conocen las señales;
quien eres =
un infeliz
en quien la fortuna hace
rigorosa ostentacion
de su poder inconstante,
Generoso Clodomiro
honor de francia, el que yaze
rendido a tus plantas, es
Segismundo, a quien te trae
para triunfo mi valor,
accion, que desempeñarme
solo puede de la fee
con que movi tus marciales
esquadrones; ciñe agora
el noble laurel de marte,
tu eres Segismundo; el gozo
en mi pecho apenas cabe;
la primer vez que te miran
mis ojos, es esta, y hace
mi dicha que solo seas
Segismundo para darte
el castigo que mereces
la culpa mas execrable
que en un inocente hijo
pudo cometer un Padre.
solo le pesa a mi aliento
no haverse encontrado antes
para que mi acero fuesse
quien en tu vida vengasse
de mi iras el enojo
y el furor de mi corage
pero si casi difunto
te miro, no es triunfo grande
el que consigo, si pude
en la batalla matarte
y no quiso mi fortuna
que mi brazo lo lograsse.
ap.
aunque miras de mis venas
vertida la augusta sangre,
no son estos desalientos
por las heridas mortales
que he recevido, ningunas
lo es; y solo fatigarme
pudo el cansancio, que tube
de lidiar en el combate,
y assi executa tu saña
en mi vida, no te canses,
por presumirme postrado:
descansa de atormentarme:
ô inmenso Señor, si en esto
mis culpas os satisfacen
llueva vuestra indignacion
sobre mis calamidades.
dent:
tod.
apartad =
Salen Lisberto y soldados con la Reyna pressa.
que ruido es esse.
que porque mi aliento pague,
a tu invencible valor,
la satisfacion que haces
en tu concepto de mi,
si no en el todo en mucha parte,
prisionera Rosimunda
oy a tu victoria añade
por mi cuydado, los timbres,
que mas ilustre la aplauden,
ap.
Cielos en tantas congoxas
no me dejéis, amparadme,
porque al conocer mi culpa,
mis sentimientos no estrañe.
ap.
aqueste tormento mas
recevido, que a mis pesares
Señor, se crecie, porque
nada a mi tormento falte,
Anselmo y Lisberto siempre
he de procurar mostrarme
agradecido a la fee
con que me assistis =
no trate
vuestra Alteza gran Señor,
assi a sus vasallos =
nadie
mejor que los dos haran
firmeza, por agradarte.
ap. te
yo hare que en estos traydores
mi Justicia el orbe aclame,
presso Segismundo cielos
en tanto dolor prestadme
el sufrimiento, =
ay de mi
haced que un batallon guarde
a los dos, y de prisiones
asegurados; que manden
espero lo que mas fuere
vigilante
cuidado
pues como sin atender,
las sacras immunidades
que en tales casos se observan
a las personas reales,
como a viles delinquentes
das orden de que nos traten
porque aunque de lo que debo
hacer no estoy ignorante,
no see que oculta razon
me mueve a que no repare
en tus desprecios, poniendo
todo mi afecto en vengarme
en mi por mujer siquiera
puede tu furor templarse
mira cual es el rencor
que solicita tu ultrage,
cuando ni el laurel, ni el sexo
para tus alivios valen
ya es superior el motivo
y assi, a mis penas añades
los desprecios, y rigores
que a tu desenojo basten,
que el cielo pues lo permite
infaliblemente sabes
que asì de mi culpa deve
la satisfaccion tomarse,
pero mi esposa =
tu esposa
como origen de estos males
por su ambicion, ha de ser
quien por los desprecios passe,
con mas razon; y ha de ver
en los dos tiernos infantes
sus hijos, (que en mi poder
estan ya) que de su sangre
infame cuchillo logre
que pena =
que sentimiento
ay de mi necia y credula
Al margen
pero si la fee me alienta
que pena ay que me acobarde
la fee me ampara y por ella
dulces mis penas se hacen.
llevadlos pues que aguardais
y no los pongais en parte
que puedan (por mas tormento)
Llevanle
las almas comunicarse.
Señora, pues no os asisto
pedid a Dios que acompañe
vuestra soledad, y haced
a su Grandeza agradables
sacrificios, de las penas
que vuestro pecho combaten.
Llevanla a otra pte.
a morir, Señor inmenso,
iré por vos; que me ampare
vro poder, os suplico
en tan rigoroso trance.
Sale el Arzobispo y hechese a los pies de Clodomiro haviendo dicho dentro
solo asì de mi venganza
el enojo asegurarse
podrà, aunque ayrada Borgoña
contra mis alientos marche
en esquadras que regidas
de Gundemaro, se aguardan
vencedoras, = Anse a tu orgullo
cualquier pensamiento es facil;
a tu impulso victorioso
no ay oposicion que baste.
dent: detenedle grandes... / haced que no pase adel.
Clodomiro Generoso
a quien vencedor aclama
en los ecos de la fama
su espiritu belicoso,
como de tanta victoria
desdices el vencimiento
obscureciendo sangriento
los candores de tu gloria,
y como dejando al mundo
de tu poder el horror,
desprecias assi el valor
del Príncipe Segismundo
a indignas viles passiones
tanta Grandeza reduces
y con tal rigor desluces
de la Francia los blasones,
pues quebrantando en la leyes
fueros de la Magestad,
aun no mira tu impiedad
la immunidad de los Reyes,
no adviertes, dos inocentes
y una, afligida mujer
en quien no logra el poder
los triunfos mas eminentes,
no reconoce que yerra
en atropellar tu enojo
el mas heroico despojo
que se pudo dar la guerra.
no pongas no, duda alguna
aunque tu altivez lo sienta,
que en tal dolor representa
sus mudanzas la fortuna.
deja accion tan inhumana
cuando advirtiendote estoy
que en Segismundo vees oy
lo que en ti veras mañana
fuera de que no es hazaña
digna de tu proceder
con tal modo envilecer
los triunfos de la campaña
con tan inhumano empleo
tu mismo ser contradices
template, pues, que desdices
la sangre de Clodoveo,
de la flor de lis de francia
logra timbres tu espada mengua
deten la atrevida lengua,
no provoque tu arrogancia
mis iras, que entre mis brazos
trofeo de mis sentimientos
quedaras para escarmiento
hecho menudos pedazos.
y vive Dios que si dejo
tu altivez de castigar
es por no manchar
mis alientos en un viejo;
huye de mi vista ayrada
que tu locura me incita
a un arrojo, y solicita
tu mayor riesgo en mi espada.
tu a mi dictamen te opones
con necia resolucion
y mi justa indignacion
contradicen tus razones, ?
motivo a mis iras das
cuando mas templarme intentas,
como en las muertes sangrientas
de los rendidos veras.
en su muerte ostentacion
de mi Justicia he de hacer,
pues que te puede mover
a tan no esperada accion?
de tu necedad ha dado
tu voz indicio, bastante
pues te publica ignorante
de la materia de estado.
haciendo cortesia
perdoneme vuestra Alteza,
y como podra dejar
de morir, para afianzar
el Retratar su Grandeza
mayor mente si el castigo
de su delito, intento
Clodomiro, y consiguio
en su poder su Enemigo
fuera de que si en prisiones
quedan, Señor, y con vidas
la Borgoña dibidida
se ha de ver en opiniones,
y hace a su favor bien claro
consiguiente, mi argumento,
si en su muerte el vencimiento
empiezas de Gundemaro,
y si la fortuna passa
a Borgoña a quien las quejas
podras dar Señor, si dejas
a tu enemigo en tu casa
mueran pues, assi aseguro
mi vida, y mi Religion
Haciendo cortesía.
fuera de que no es hazaña
digna de tu proceder,
con tal modo envilecer
los triunfos de la campaña
con tan inhumano empleo
tú mismo te contradices
témplate pues, que desdices
la sangre de Clodoveo,
de la flor de lis de Francia
logra timbres tu espada mengua
detén la atrevida lengua,
no provoque tu arrogancia
mis iras, que entre mis brazos
trofeo de mi sentimiento
quedarás para escarmiento
hecho menudos pedazos.
Y vive Dios que si dejo
tu altivez de castigar
caduco, es por no manchar
mis alientos en un viejo;
huye de mi vista airada
que tu locura me incita
a un arrojo, y solicita
tu mayor riesgo en mi espada
tú a mi dictamen te opones
con necia resolución?
y mi justa indignación
contradicen tus razones?
motivo a mis iras das
cuando más templarme intentas,
como en las muertes sangrientas
de los rendidos verás.
en su muerte ostentación
de mi justicia he de hacer,
pues ¿qué te puede mover
a tan no esperada acción?
de tu necedad ha dado
tu voz indicio bastante
pues te publico ignorante
de la materia de estado.
Perdóneme vuestra Alteza,
y ¿cómo podré dejar,
de morir, para afamar
de Francia su grandeza
mayormente si el castigo
de su delito, intento
Clodomiro, y consiguió
en su poder su enemigo
fuera de que si en prisiones
quedan, señor, y con vidas
la Borgoña dividida
se ha de ver en opiniones,
y haré a tu favor bien claro
consiguiente, mi argumento,
si en su muerte el vencimiento
empiezas de Gundemaro,
Y si la fortuna pasa
a Borgoñas a quien las quejas
podrás dar señor, si dejas
a tu enemigo en tu casa
mueran pues, así aseguro
mi vida, y mi religión
mueran, así la opinión
Arriana en salida procuro.
con atención he escuchado
vuestras razones, y en ellas
disimulado conozco
el poder de las tinieblas;
bárbaramente inhumanos
vuestros discursos, intentan,
del Imperio de Borgoña
quitar la mejor cabeza;
vuestro mismo Rey la saña
de vuestro furor entrega
y de tan infame acción
vuestros alientos se precian?
parece imposible, y más
que Clodomiro os atienda
pues por rebeldes vasallos
vuestro castigo debiera
intentar, reconociendo,
que no mira conveniencias,
de Francia, la obstinación
maliciosa con que llegan
a procurar sus aumentos
de Arrio, en vuestra voz, la secta.
Cristiano eres Clodomiro
a quien el bautismo sella
en el alma, por Alumno
Generoso de la Iglesia.
no de la lisonja infame
de los herejes, te muevas
sin reparar el veneno
que mansamente mezclan
sus acentos, a una esposa
de Francia en la presencia
en su vida mi venganza
viera Francia airada muestra
diéramos de nuestro honor
Salen dos o tres soldados
basta ya; de esta manera
mis acciones, han de ser
de mi poder quien gobierna
mi dictamen victorioso
ha de mi guarda
que ordenas.
Sacad de la prisión luego
a Segismundo y la Reina.
cielos que escucho.
Ay de mí.
y porque mejor se vea,
mi venganza; sus dos hijos
sin que por la edad tan tierna
se libren, con ignominiosa afrenta
a las manos de un Verdugo
los cuatro infelices mueran.
Ya eres Monarca en Borgoña.
no hay ya accidente que temas.
no te mueven mis razones?
no hacen sus cláusulas fuerza
ni tanta inocente sangre?
poco importa la inocencia
y su grandeza.
así intento
asegurar mi grandeza
ay infelice de ti
como dichoso el que espera
la muerte cuando constante
por la fe su sangre vierta.
Y porque no por tirano
Francia y Borgoña me tengan,
atiende como, mi mano
premiar servicios intenta;
Anselmo y Lisberto a quienes
de esta victoria la deuda,
confieso, a la militar
usanza, en dos filas puestas
las picas de mis soldados
pasen a morir por ellas
que así de tanta traición
la infamia, mi brazo premia
pues ¿cómo?
cuando, señor
sellad las infames lenguas
que aunque la traición agrade
con los traidores no queda
asegurado, aun al mismo
que hacen lisonja con ella
repara señor.
advierte
no quiero atenderos; sea
soldados, la ejecución
tan veloz, que a un tiempo vean
el castigo y la noticia
los que mis armas respetan
llevadlos pues;
justamente
mis delitos me condenan.
Llévanlos
quien obra tan mal, qué fin
sino de mi vida espera?
Vase.
y porque tú en el castigo
también mucha parte tengas
orden daré que su sangre
derramen en tu presencia,
y en viéndolo a Gundemaro
estas noticias le lleva.
tocan una sordina y caxa destemplada y salen Segismundo y la Reina con prisiones y entre los soldados que pudieren.
Dentro.
ya en ejecución el orden
del severo, airados cercan
los ministros del infierno
las personas de la Reina
y Segismundo, los cielos
reciban la noble ofrenda
que a sus aras sacrifican.
por su precio.
afuera afuera.
ya Rosimunda, el cielo
la sagrada providencia
para nuestra dicha cumple
a mis ansias la promesa
celebrar nuestros afectos
la ventura con que llega
a amanecer este día
para que el primero sea
de la vida que en la gracia
una eternidad espera
no de tu llanto los ojos
amargos raudales viertan
porque llores de alegría
sin suspirar de tristeza
pues te doy de tu martirio
señora la enhorabuena
recíbela, y de tus hijos
la mayor gloria celebra
si en los tormentos se ciñen
inmortales las diademas,
así lo conozco, y solo
pido a los cielos, que crezcan
para mí, en los sentimientos
las injurias, las afrentas,
los tormentos, los rigores,
los pesares y violencias,
porque logre mi descanso
todo el alivio en las penas.
Arzobispo Padre aquí
mis fatigas os encuentran
Sí Segismundo, que a verte
de mi cariño las muestras
me traen, para mi consuelo
cuando tu dicha tan cerca
atiendo, con la ventura
de mirar tu esposa bella
ir por la fe al sacrificio
a hacer su corona eterna
dadme los brazos y adiós
que no hay porqué me detenga
en ir a la muerte, puesto
que miro mi vida en ella.
Vamos señora.
Llévanlos volviendo a tocar la sordina
ya os sigue
de mi pecho la firmeza
sagradas mártires id
a la dignidad suprema
que en la bienaventuranza
sobre los astros se eleva
ya del suplicio al lugar
dando de su celo muestras
los dos sagrados consortes
a vivir de nuevo llegan
ya sobre el cadalso oscuro
las mudanzas representan
de la fortuna, y aleve
infame ministro apresta
el cuchillo, y atrevido
a los dos los ojos venda
y al amago, que inhumano,
desunto insulto, concierta
de los mártires invictos
la voz en el aire suena.
Dentro Seg. y la Rey.
inmenso Dios, en tus manos
mi espíritu se encomienda.
ya ejecuta el golpe y ya
su sangre a raudales ruega,
por tan soberano esmalte
la firme y dichosa tierra
sus espíritus gloriosos
rompiendo van las esferas
cuando en el aire se escuchan
Música dentro.
Salen Clodomiro y soldados apresurados.
Angelicales cadencias.
venid a gozar, en mansión eterna
del laurel sagrado, la inmortal diadema.
y de vuestras dichas, por mayor grandeza
entre los tormentos, el día amanezca.
pero qué acorde clarín
la región del aire puebla.
Vase.
fortuna infeliz qué es esto
así con mis triunfos mezclas
en medio de mis victorias
la desdicha de una afrenta;
ya Gundemaro ay de mí
que de sus tropas deshechas
reclutadas, la venganza
de sus desaires intenta
en mi busca; que furor
se ve, que dolor, tan cerca
que ya los ecos se escuchan
de clarines y trompetas;
caduco; di al Borgoñón
Gundemaro, que no entienda
que me retiro cobarde
de su ejército, aunque vuelva
la espalda; mire glorioso
que mi valor no le espera;
pues solo ver de mis armas
las escuadras descompuestas
me obliga, a que de mi enojo
los sentimientos suspenda,
que yo volveré a buscarle
y a que a sus impulsos
de mis motines su hermano
sus atrevimientos tengan,
seguidme amigos, mis ansias
aun respirar no me dejan.
Tocan cajas y clarines, y sale Gundemaro, Rosaura, Camila, Zapote, y soldados diciendo dentro el primer verso.
ay infelice de ti
como con la fuga muestras
el dolor que en Gundemaro
amenaza tu soberbia.
hagan alto mis escuadras
hasta que de tantas señas
infaustas, mi confusión
la infeliz causa sepa
Arzobispo vos aquí
qué oscura fábrica es esta
de este funesto aparato
que indicio de mi tristeza
sobresalta mis alientos
sin saber qué origen tengan
en mi pecho los asombros
que me hallan sumidos en su tiniebla
este espectáculo triste
esta máquina funesta
en quien su jurisdicción
la muerte pálida ostenta
es el trono en que se mira
entre mis esquadras venga creyendo su libertad cuando la menor nota
atención de mi cuidado,
y puesto que altas finezas
en Rosaura reconozco
tantas, cariñosas muestras,
siendo tan digna del trono
de su sangre la grandeza,
la mano le doy, vasallos,
que Rosaura vuestra Reina
viva decid; así logro
mis ansias; mi mano es esta.
yo la recibo gozosa
y agradecida quisiera
rendiros en solo un alma
los imperios de la tierra.
Gundemaro con Rosaura
vivan edades eternas.
de nuestra boda Camila
por ahora no se reza
que se hará siendo Dios servido
y si no requiem eternam.
por mí se puede decir,
dichosa la que se pierda.
Señor Arzobispo vamos
que en dejando con decencia
de los mártires sagrados
las reliquias; a la guerra
con el ferarca mis armas
se han de ocupar, porque pueda
ver en mi brazo el castigo
que merece su soberbia;
y aquí del Gran Segismundo
de Borgoña, la Comedia
da fin; perdonad las faltas
a quien serviros desea.
Posui finem curis, spes et fortuna valete.
ad mayorem Dei Gloriam, en Ma a primo de Xre de 1691.
[Firma y sello de la Biblioteca Nacional de España]