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Digittol text for El mejor rey de Borgoñto

Publication date: August 22, 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mejor rey de Borgoña. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-mejor-rey-de-borgona.

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EL MEJOR REY DE BORGOÑA

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Ptog. 1

El mejor Rey de Borgoña Comedia en 3. actos de D. Juan de Quevedo Leg.º 19 14 [Sello de la Biblioteca Nacional de España]

Jornada primera

Ptog. 2

In nomine Dei eius que S.ma Genitricis Matris de monte carmelo. El mejor Rey de Borgoña Comedia nueva que escrivió en M.d años de 91 Don [tachado] Quevedo [tachado] [tachado] Personas Segismundo Rey la Reyna Rosaura Dama Camila Arzobispo de Viena barba Gotomaro infante Sigerico Príncipe mancebo Clodomiro Tetrarca Zapote Gracioso Anselmo Galán Lisberto Galán un Ángel; una sombra [tachado] soldados

Salen Zapote, Gotomaro, el Príncipe, Camila, Rosaura, y la Reina y damas, por una puerta, y por otra el Arzobispo barba, y acompañamiento habiendo tocado cajas y clarines dentro y dicho:

Dentro.

¡Viva Segismundo, viva!

Arzobispo.

para que en feliz coyunda

con la excelsa Rosimunda

logre triunfos de la oliva

sin que en discorde ponzoña

vierta la envidia el veneno

ciñendo el laurel ameno

de la invencible Borgoña

gozando contra el olvido

en prenda de amor sincero

Ptog. 3

Arzobispo.

en el solio, el reyno entero

y el Regio laurel partido;

pues ya en sus ecos la fama

cuyos acentos publico,

el nombre de Sigerico

como sucesor aclama.

(Aparte)

Reina.

ya sé lo que estima

mi afecto vuestras personas

sabeis, que de esta corona

sois el movil que la anima

y el Príncipe, quien pudiera

darle rienda a su rigor,

mas yo templare el dolor

y hare que el Príncipe muera

que a la venganza a que aspiro

y en que mi rencor se afirma

dará motivo una firma

supuesta de Clodomiro;

vuestra lealtad agradece

al ver que vuestra atencion

de toda esta aclamacion

el mayor premio merece.

Príncipe.

asi lo conozco, alarde

haciendo de mi aficion

Arzobispo.

bien premiais, mi obligacion.

Príncipe.

Arzobispo, Dios os guarde;

mas mi pecho se asegura

de la Reyna en la intencion

pues en mi la sucesion

al reyno estorvar procura,

y de furor revestida

busca, en males tan prolixos

para que reynen sus hijos

asechanzas, a mi vida

mas disimular conviene,

aunque justo el sentimiento

(Al infante)

Arzobispo.

de vuestra Alteza, el aliento,

los triunfos que le previene

mi cariño, logre

(Aparte)

Infante.

Yo

vuestra lealtad agradezco,

con cuánta razon padezco,

despues que mi afecto vio

a Rosaura, a cuyos ojos

a fuer de hermosos luceros

arpones de amor severos

me rindieron por despojos,

(A Rosaura)

Camila.

mucho el Infante te mira

Rosaura.

bien a mi fee corresponde

Zapote.

y Yo, no me diran donde

me quedo, que nadie aspira

a darme una en hora buena.

Príncipe.

pues quien sois?

Zapote.

un Don Perote

a quien llamaron Zapote,

por no llamar Perengena.

Camila.

raro nombre

Zapote.

a nadie espante

que assi a llamarme me inclino

porque un criado ultramarino

es bueno para un infante.

Arzobispo.

y assi os llamais?

Zapote.

sin disputa

y a nadie este nombre asombre

Ptog. 4

Zapote.

que en las indias este nombre

es de una muy buena fruta

Gotomaro.

la propuesta mia

ni apure, señor ni adviertas,

que aunque no estan descubiertas

me lo llama en profecia.

Suenan caxas y clarin

Anselmo.

ya con pompa y magestad

cercado de aclamaciones

ostentando sus blasones

dio el Rey buelta a la ciudad

y el rumor que al ayre entrega

de sus vasallos la ley

es indicio de que el Rey

gocoso a Palacio llega.

Suenan caxas y clarines a un lado, y a otro musica y sale por el patio Segismundo a caballo, coronado de laurel, con manto real, y a los lados o delante Anselmo, y Lisberto, a pie y acompañamiento de manera que mientras la aclamacion y la musica llegue al tablado, y el infante le tenga el estrivo

Dentro.

Soldados.

viva y reyne eternamente

el monarcha Segismundo,

y la diadema del mundo

rayos tribute a su frente.

Música.

porque a triunfos de Palas, consiga

invencible siempre,

de su brazo el impulso glorioso

de Marte laureles.

Gotomaro.

la enhora buena recivo

en vuestra Coronacion

Señor, si logro el blason

de teneros el estrivo

Segismundo.

mi cariño os aperciva

el honor de gloria digno

pues en vuestro aliento hermano

toda mi grandeza estriva.

Abrazanse

Reina.

en hora dichosa vengas

Señor, vuestra Magestad

donde de mi voluntad

el mas alto lugar tenga

que mi cariño previene

deseando eternar esta prision,

Segismundo.

quien la feliz posesion

de vuestros favores tiene

por fruxion, divina esposa

de la pena ha de ausentar,

y a vuestros brazos llegar

en tiempo y hora dichosa.

Príncipe, Arzobispo, Padre.

Príncipe.

Señor.

Arzobispo.

mi humildad honrais

al titulo que me dais.

Segismundo.

justo es que el renombre os cuadre

si os debo la educacion,

Arzobispo.

subid pues al solio ya

en que aguardandoos esta

el Imperio Borgoñon.

Segismundo.

antes que gozoso de

la mano al ceptro en verdad

que de mi felicidad

principio ha de ser mi fee

Gunebaldo de Borgoña

Ptog. 5

Segismundo.

Rey infeliz que al arbitrio

de la fortuna, se vio

de su Patria fugitivo

solicitar en las agenas

a su dolor el alivio,

fue mi Padre, cuyo aliento

oy en el solio repito,

pero antes que mi persona

ocupe el lugar invicto,

quiero que entienda mi reyno

mis religiosos designios,

a que el caso que me oyreis

dio prodigioso motivo.

Diez y seis años habia

que estando el barbaro Olympio

defensor de Arrio, gozando

acompañado de Eutimio

Arriano tambien, los baños

celebrados en el sitio

del Alcazar heliano,

blasfemos como atrevidos

de la Trinidad negaron

el misterio mas divino

por fabuloso asentando

de un Dios sin fin ni principio

poder ser uno en esencia

cuando en las personas trino.

la platica escandalosa

religioso contradixo

un catolico que a caso

se hallava en el baño mismo

de cuyo zelo indignados

pretendieron vengativos

quitarle la vida, cuando

para estorvar sus designios,

un Anciano Venerable

(que de candidos armiños

texio para sus adornos

en la blancura el vestido)

estas formidables voces

contra sus intentos dijo:

blasfemos, como intentais

poner en el cielo imperios

vuestras asquerosas lenguas

teniendo a Dios ofendido

a cuyos ojos, presentes

se miran vuestros delitos?

estos acentos formo

y en el ayre introducidos

con vuelo veloz midio

los espacios fugitivos.

pasmose todo el concurso,

a la amenaza, aunque indigno

el tenaz Olympio solo

no se mostro arrepentido,

pero, o Dios de las venganzas

que presto de su castigo

experimento su culpa

el estrago merecido,

porque saliendo del baño

con espantosos gemidos

Ptog. 6

Segismundo.

desde el agua, que templo

cuydadoso el artificio

intrepido se arrojo

a solicitar su alivio,

en los elados cristales

que un estanque le previno.

hombres, hombres, que me abraso

no ay quien me socorra, dijo,

y con las manos y dientes

se despedazava el mismo

con tal furor que desnudos

los guesos, fueron indicios

de los eternos tormentos

que padecen sus delirios;

sacaronle de las aguas

y de compasion movidos

le preguntaron la causa

de su ardiente precipicio

a que con voz balbuciente

articulo este prodigio.

un hombre vi cuyo aspecto

jamas de mis ojos visto

formidable disparava

incendios de luz activos

barbaro, porque maldices

pronuncio, y de agudos filos

con tres puntas una espada

con tres cortes, un cuchillo,

con tres asombros un rayo,

con tres sustos un prodigio,

con tres golpes un impulso,

con tres muertes un martirio,

saco de la cinta ayrado

y logro con un castigo

mi corazon en tres partes

lastimosamente herido;

y prosiguiendo, furioso,

sus dementados designios

a sus mismas manos muerto

le lamenta el Arrianismo;

todos sabeis este caso

que temeroso publico

y en que aseguran por cierto

el dominio de los cielos,

conocio el barbaro ciego

el misterio peregrino.

temio mi Padre el suceso

por ventura arrepentido

de sus errores, a tiempo

que de Borgoña precisso

le fue salir para Italia

despojado del invicto

laurel que a sus sienes dio

los triunfos de Marte altivo,

alli murio desterrado

quedando yo al lazo unido

de los placidos esmeros

con hija de teodorico

su paz, y a quien me dio el cielo

al Príncipe Sigerico

sucesor de este mi imperio

y en quien mis memorias libro.

murio mi esposa, y logre

de mi dolor para alivio

la beldad de Rosimunda

Ptog. 7

Segismundo.

en cuyos ojos divinos

rindiendo al amor tributo

cariñosamente vivo.

en este estado me hallava

cuando me llego el aviso

de que el monarcha frances

a las instancias movido

de su catolica esposa,

renunciara en mi el dominio

de esta corona, a que tengo

el derecho sucesivo,

accion de que di a los cielos

gracias por el beneficio;

a la memoria trayendo

el suceso referido,

y antes de verme en el trono

del sacro laurel ceñido,

hago juramento a Dios

de defender uno y trino

en la esencia y las personas

su poder siempre infinito;

y en nombre de Rosimunda

y del Príncipe mi hijo

del Infante, y de mis deudos

hago el juramento mismo

aunque mi defensa llegue

llevada hasta martirio;

y protestando las verdades

en la fee de Jesucristo,

de mis errores confusos

tiernamente arrepentido.

detesto, niego, y abjuro

las ceremonias y ritos

por boca de Arrio, en la Yglesia

del infierno introducidos

antes de daros la mano

vasallos, deudos, y amigos

mis catolicos intentos,

religiosos os comunico

para que ninguno arguya

que ignora lo que publico

cuando mire que al herege

severamente castigo,

y aunque de la gran Borgoña

el monarchico dominio

sea, de la Ynvidia a pesar,

por naturaleza mio.

si los catolicos cultos,

no he de profesar, desisto

en el laurel, y en el solio

de sus blasones antiguos,

no quiero imperio, que en sombras

confusas de los Abismos,

obstinado haga en sus culpas

alarde de sus delitos

que ni a mas felicidad

ni mayor grandeza aspiro

que reynar con Dios, siguiendo

la predicacion de Cristo;

Arzobispo.

Generoso Segismundo

en cuyo valor invicto

Ptog. 8

Arzobispo.

los Borgoñones esperan

al más heroico caudillo

que ocupéis feliz el trono

de que sois Señor, tan digno

por vuestra piedad, y aliento

en nombre del reino, digo

Borgoñones que decís?

Dentro.

Soldados.

que reine dichosos siglos

nuestro gran Rey Segismundo

Anselmo.

que escucho, cielos benignos.

Lisberto.

que miro, santos cielos;

Reina.

que felicidad -

Segismundo.

divinos

Señor, gracias os tributen.

los alados Paranimfos.

Príncipe.

todo es duda

Clodomiro.

todo es gozo

Sube al solio que se ha de descubrir.

Arzobispo.

subid pues al solio invicto,

Segismundo.

ya le ocupo, y a mi lado

la Reina;

Besa la mano.

Príncipe.

donde rendido

sea el primero yo que os besa

la mano

Segismundo.

haced lo mismo

con mi esposa

Besa la mano a la Reina.

Príncipe.

que a esto obligue

mi Padre el aliento mío

deme Vuestra Majestad

la mano

Reina.

a mis pies os miro

a vuestro pesar tomad.

Aparte a la Reina.

Príncipe.

a esto ha podido

el Rey mi Padre, que yo,

reconozco, cuán indigno

vasallo de su solio

Reina.

por naturaleza ha sido

que atrevimiento, mas quiero

disimular, mal me animo

yo haré que os cuesten la vida

pensamientos tan altivos

Clodomiro.

Como más interesado

vasallo, a tus pies invicto

me postro

Segismundo.

Infante tomad

ya sabéis lo que os estimo

Besa la mano y van llegando las damas y después todos.

Rosaura.

dame Señora la mano

Reina.

en prenda de mi cariño

como a mi sangre la doy

Rosaura.

y yo ufana la recibo

Camila.

Camila también adora

de tu hermosura el prodigio

Reina.

Dios te guarde

Arzobispo.

mis afectos

pues tal dicha han conseguido

logren este honor

Segismundo.

por Padre

pudiera no permitirlo,

pero no inmuta esta acción

el respeto con que os miro.

Anselmo.

que pesar aunque a mi pesar

llegaré

Lisberto.

denme camino

los cielos, para que vengue

desprecios del Arrianismo.

Zapote.

de estos diques mihi nunqua

los Zapotes fueron dignos.

Segismundo.

dad orden, a los soldados

que me asisten de presidio,

infante, para que luego

todos los templos que han sido

de heréticas ceremonias

oficina, reducidos

Ptog. 9

Segismundo.

queden a menudas piezas,

pues no ha de quedar indicio

de sus errores, que a costa

de mi tesoro, es preciso

que de nuevo se fabriquen

aras en que sacrificios

a Dios, ofrezcamos afectos.

Vase.

Príncipe.

Voy a obedecer.

Vase.

Zapote.

Qué lindo

rato ha de ser si a estos perros

cogemos en el garlito.

Segismundo.

Retiraos a vuestro cuarto

señora. Vos Sigerico

acompañad a la Reina.

Venid Arzobispo conmigo

que ya sabéis cómo intento

en honor de San Mauricio

prefecto de la legión

con quien triunfó en el martirio

un monasterio fundar

para que en el lugar mismo

de su muerte; hallen sus glorias

memorias de su principio.

Arzobispo.

Vuestra grandeza señor

eterna dure a los siglos.

Vanse todos.

Segismundo.

El cielo con vos atento

mis intentos comunico,

que en lo que a él tocare sois

en mi amor primer ministro.

Reina.

Vamos Rosaura, de enojo

ay de mí, apenas animo,

blanco será de mi furia

la vida, que determino

quitar al Príncipe puesto

que tengo de Clodomiro

retrato francés las firmas

tan imitadas, que él mismo

aun no sabrá discernir

lo cierto de lo fingido.

Príncipe.

Mal disimulan mis ansias

lo ardiente de mis suspiros.

Vanse y detiene Anselmo a Lisberto.

Camila.

Que malo de las madrastras

siempre el parentesco ha sido.

Anselmo.

Ya para mayor tormento

en que nuestras penas fundo

en Borgoña Segismundo

ocupa el supremo asiento

donde al ceñir la corona

hace altiva ostentación

de arruinar la religión,

que nuestro pecho blasona,

pues para que más me asombre

intenta, fiero rigor

oscurecer nuestro honor

solo al eco de su nombre

haciendo el pesar mayor,

al llorar de la venganza

perdida, ya la esperanza

sin alivio mi dolor.

Lisberto.

Bien mi fatiga previno

en su aliento tanto mal

sin duda influjo fatal

que pudo obrar en el destino,

Ptog. 10

Lisberto.

que si a la venganza exhorta

nuestra fe, soy de sentir,

que si se ha de conseguir

disimular nos importa

pues no estando conocidos

por arrianos, la ocasión

nos dará resolución

en Palacio introducidos.

Anselmo.

Bien decís, y eso conviene

para honor de nuestra ley

Lisberto.

Detened que al cuarto del Rey

juzgo, que la Reina viene.

Salen la Reina Rosaura y Camila.

Reina.

A solas

me dejad, Rosaura prima

retírate.

Rosaura.

Siempre prontas

mi obediencia, hará mi gusto

ley.

Reina.

Dios te guarde.

Camila.

De queja

queda la Reina sin duda

pues no gusta de nosotras.

Vanse las dos.

Anselmo.

Retirémonos, Lisberto

quedando siempre en custodia

de estas piezas, por si acaso

nuestros designios se logran.

Lisberto.

Oh quiera el cielo, consiga

la venganza a que me exhorta.

Vase.

Reina.

Ya es tiempo, ay de mí, ya es tiempo

de templar de mis congojas

en las fatigas que siento

de mis iras la ponzoña;

¿El Príncipe a mis desprecios?

¿a mis injurias afrentosas?

¿y al verme ocupar el solio

como indigna me baldona?

Aun cuando yo lo repito

son tan grandes mis zozobras

que no sé cómo mis ansias,

mis alientos no sofocan;

injuriada yo, y él vivo,

yo con pesares, y él goza

a costa de mi dolor,

de su grandeza las honras,

y cuando para su muerte

mi aborrecimiento sobra

con su vanidad, mis iras

a más enojo provocar?

No puede ser, no es posible.

Cuando a mis plantas reportas

tributando adoraciones,

el imperio de Borgoña;

y si es verdad que fue nueva

del Príncipe, por que rompa

las prisiones, el silencio

que mi sentimiento doblan,

puesto que de Italia y Francia

estas cartas se conforman

por mi industria, a conseguir

de mi enemigo victoria,

Ptog. 11

Reina.

Finja que así consiga

a mi hijo la corona,

razón que a mi sentimiento

no es la que menos importa,

que unos celos y una venganza

qué atrocidades no obran,

cuando fingidas las firmas

confusa la vista ignora,

aun siendo yo quien las finge

si son verdaderas formas;

que aunque no es de mi grandeza

digna esta acción, me ocasiona

aun a mayores excesos

de mi agravio la memoria;

porque referir mi afrenta

a el Rey, bajeza notoria

fuera de mi vanidad

y de mi decoro impropia.

Valdréme pues de mi industria,

y quien mal sintiere, ponga

mi injuria en una balanza,

y mi presunción en otra,

y hallará que una mujer

que a la venganza se arroja,

ni de la piedad se acuerda,

ni repara lo que obra.

El Rey mi esposo, mis quejas

en tiernos acentos oiga,

quiero llegar;

Llega a la puerta de en medio en donde ha de hallar al Arzobispo.

Arzobispo.

Vuestra Majestad, señora,

en este sitio.

Reina.

Quisiera,

en materias, en que importa

todo este recato, hablar

con el Rey mi esposo a solas.

Arzobispo.

Su Majestad, retirado

en elevación absorta,

con Dios religioso trata

las dudas de su corona,

y desde aquí podréis verle;

(Descubre a Segismundo en oración.)

Reina.

Y en esta virtud se estorba

mi venganza, pero amor

a que la intente me exhorta.

retiraos vos, Senescal,

que quiero que el Rey me oiga

en dejando la oración.

Arzobispo.

Siempre mi obediencia pronta

lo que mandáis ejecuta.

(Vase.)

Reina.

no he de estorbar, pues ignora

mi asistencia, y su afecto

tan bien ocupadas horas;

quiero salirme a esa cuadra,

donde mi dolor componga

en mi semblante, las ansias

que mis suspiros arrojan.

(Retírase.)

Segismundo.

Eterno Dios, cuyo solio

católicamente adora

mi rendimiento, alabando

vuestra Gran Misericordia.

Uno en la esencia divina,

Trino en divinas Personas.

Oh cuánto mi afecto siente

perdido el tiempo, que en sombras

de la feroz herejía

habitaron mis congojas;

mi dolor, Señor, os ofrezco,

Ptog. 12

En elevación Segismundo al son de instrumentos, y se vea un Ángel que cante atravesando el teatro.

Segismundo.

en satisfacción, si logra

mi dicha, que le admitáis

la ignorancia tenebrosa

por disculpa; hoy os tributan

los rayos de mi corona

los aplausos, que os consiguen

las luces de vuestra gloria.

Desaparece el Ángel y a dos coros cantan dentro.

Ángel.

Dichoso Segismundo

que el cielo atesora

como mayor grandeza

en tu virtud, la luz que te acrisola

ya el Altísimo escucha

los acentos que formas,

y admitiendo tus cultos

contigo de su Amor muestra las obras

el templo que a Mauricio

tus afectos colocan

como tributo admite

el rendimiento, que tu fe pregona

y porque de su Iglesia

en los himnos que entonas

acordes los alientos,

con más dulzura las esferas rompan

te manda que alternadas

las cláusulas sonoras

de tus monjes las voces

canoros ecos, en los cielos pongan

siendo, tu heroico celo

el primero que logras

saber en las alturas

cómo de Dios las alabanzas forman

atiende pues las dichas

que sus afectos gozan

que el cielo a tus virtudes

este indicio dispensa de su gloria

[Tachado: Cor. 1. Magnificat anima mea Dominum. Cor. 2. Et exultavit spiritus meus in Deo salutari meo. Cor. 1. Quia respexit humilitatem ancillae suae. Cor. 2. Ecce enim ex hoc beatam me dicent omnes generationes.]

(Levántase.)

Va hacia la puerta y encuentra con la Reina.

Segismundo.

Divino nuncio que el aire

con ligero vuelo cortas

al solio de Dios presenta

mi humildad, que se conforma

con tus voces, y obediente

a tu aviso, de sus obras

las grandezas, que contienen

las cláusulas misteriosas,

del Rey Profeta en sus Salmos

hará que la esfera rompan

alternadas, en el templo

de Mauricio, donde logran

los monjes que le veneran

luz de sus misericordias,

quiero darle esta noticia

al Arzobispo; Señora

¿vos aquí, y con tal silencio?

Ptog. 13

Segismundo.

¿No me responderéis? Llorosas,

dejáis ver en vuestros ojos

el mar de vuestras congojas,

arrojando amargo el llanto

de sus borrascas las olas?

¿Qué tenéis?

Dale unas cartas y lea.

Reina.

¡Ay de mí! ¡Oh, nunca

la fuerza en mí poderosa

de mi amor, diera a mi grado

de mi dolor la ponzoña!

Pero ¿por qué mis alientos

al sentimiento se postran,

cuando pidiendo venganza

las cláusulas alevosas

de estas cartas, en tu brazo

el poder heroico exhortan?

Léelas, que verás en ellas

de mis penas la zozobra.

Segismundo.

Estoy aguardando el aviso

de Vuestra Alteza para que

marchen las tropas auxiliares

que le he ofrecido, que pienso

conducir en persona, para lograr

ceñir a V.A. la corona de Borgo-

ña, que Dios guarde a V.A. El tetrarca Clodomiro.

Reina.

Ahora es tiempo que la ofensa

resucite en mi memoria

el desprecio, que en mis ansias

tantas iras ocasiona.

Segismundo.

Ya he visto que Teodorico,

Rey de Italia, firma esotras,

pero ¿quién traidor intenta

del laurel, que me corona

en la diadema que ciño

robar las invictas hojas, el

quien, sin que de mis alientos

a las bien merecidas glorias,

quedar no tema anegado

de mis iras en las ondas?

Reina.

Bien excusarte quisiera

el mal que mis ansias lloran,

si en mi silencio no hallaras

indicios que de alevosa

la fe culparan, que debo

observar a tu persona;

el Príncipe, aquí, señor,

he menester que me oigas;

Sigerico, hasta su nombre

balbuciente el labio forma,

ambicioso, no te admiren

mi turbación, porque hay cosas

tan graves, que aun los acentos

para decirlas se ignoran;

en fin, tu hijo Sigerico

contra tu vida convoca,

para arrojarte del solio

la nobleza de Borgoña,

hallando en Italia y Francia

quien sus intentos apoya.

Ptog. 14

Vase.

Reina.

sus avisos solo espera

para concluir sus trazas.

El temerario Clodomiro,

porque a un mismo tiempo rompan

italianos y franceses

la guerra su vista propia,

se ha informado en esas cartas

sus asechanzas traidoras;

disimular el castigo

su vida y mi vida importa,

y lo que es más, (si algo hay más)

es el sosiego de Europa,

aunque eres padre, rey eres,

y si el cariño te estorba,

en tu obligación primero

de rey, han de ser las obras;

aplícate al escarmiento

pues el delito no ignoras,

que a quien de un padre el respeto

la modestia no ocasiona;

de sus culpas, como a hijo

el perdón no se le otorga;

ya la obligación que tengo

como amante, y como esposa

cumplí; mira, Segismundo,

lo que a la tuya le toca.

Segismundo.

Mudo he quedado, ¡ay de mí!

y en el mar de mis congojas

al aire de mis suspiros

todo mi aliento zozobra;

cielos piadosos, en donde

consuelo ha de hallar quien postra

las señales de viviente,

a tan acerba memoria.

¿Sigerico traidor? ¿Cómo

es posible, cuando logra

el mejor lugar del pecho,

que a mi amor no corresponda?

Habiéndole dado el ser,

tiranamente ocasiona

a mi cariño esta pena,

y a mi vida esta deshonra;

no puede ser, que los astros,

que los afectos conforman,

hubieran dado a mi pecho

la noticia, aunque remota,

que de las desconfianzas

en el sobresalto asoma.

Sí puede ser, porque ciega

la ambición, le hará que rompa

las cadenas con que amor

las caricias aprisiona,

no puede ser, pues desnudos

sus obsequios de lisonjas,

en sus mismos rendimientos

el vasallaje blasona;

sí puede ser que en su aliento

puesta mi atención, no ignora

el dolor, con que a la reina

la rodilla ansioso dobla,

Ptog. 15

Segismundo.

mis acciones, en mis obras,

y mi justicia exercite

sus alientos ponderosa,

por que el Paternal cariño

lazos amorosos rompas;

y este funesto decreto

que curado mi aliento forma

de su muerte la sentencia

en mis agravios componga,

gravada ay de mi la mano

la pluma delgada toma

o amor, o injuria, el tormento

que a mi dolor ocasionas.

ello ha de ser, corazon

tiernas lagrimas arrojas?

si, que llora Segismundo

y no es el Rey, el que llora.

firmo, Yo el Rey, bien aqui

vissor del poder importa,

que castigando delitos

dignamente el Rey se nombra,

ha de mi guarda

Anselmo.

Señor

Salen Anselmo y Lisberto.

Segismundo.

Anselmo Lisberto, a la hora

que esse decreto refiriere

lo que contiene se ponga

en execucion, con tanta

accion, que a vuestras personas

solo, encarga mi cariño

por lo mas dificultosas,

alli mi vida el riesgo

aseguro; a quien no asombran

para conservar sus rayos

pensiones de una corona

Vase.

Anselmo.

salgamos de tanta duda

leyendo el decreto, = lis: = ahora

de la confusion saldremos.

Anselmo.

asi mi temor informa

cuando la tiniebla fria

descogiendo el negro manto

fuese de la tierra espanto

siendo triunfo contra el dia;

de la muerte a la agonia

rinda Sigerico el pecho

y aunque en lagrimas deshecho

su vida lamente corta

porque a mi servicio importa

matalde en su mismo lecho.

Yo el Rey; esto es lo que dize;

y ya mi esperanza arroja

el vano temor que tuvo

de que la fee que atesora

mi religion, y la vuestra

padeciesse las zozobras

con que miro la amenaza

de los alientos de Roma.

Lisberto.

de aqui puede resultar

nuestra quietud, en que forma

Ptog. 16

Pausa, recado de escribir, y toma la pluma, y escribe.

Acaba de escribir.

Segismundo.

Y en armado tribunal

que usurpa el príncipe, oiga,

para que de su sentencia

el delito reconozca;

pero si de Clodomiro

las armas le fían promesas

que a lo más logre victorias,

ha de enarbolar con sus tropas.

La dilación podrá ser

a mis intentos dañosa;

que muera el traidor, y sea

tan presto, que antes notoria

se haga al mundo su desgracia,

que el pesar que la ocasiona.

Mis acciones en mis obras,

y mi justicia ejecute

sus alientos poderosos,

porque el paternal cariño

lazos amorosos rompa;

y este funesto decreto,

que airado mi aliento forma,

de su muerte la sentencia

en mis agravios componga.

Turbada, ¡ay de mí!, la mano

la pluma delgada toma.

¡Oh amor, oh injuria, oh tormento

que a mi dolor ocasionas!

¿Ello ha de ser, corazón?

¿Tiernas lágrimas arrojas?

Sí, que llora Segismundo,

y no es el rey el que llora.

Firmo. Yo el Rey. Bien aquí

usar del poder importa,

que castigando delitos

dignamente el rey se nombra.

¡Ah de mi guarda!

Anselmo.

Señor.

Salen Anselmo y Lisberto.

Dásele.

Segismundo.

Anselmo, Lisberto, a la hora

que ese decreto refiera,

lo que contiene se ponga

en ejecución, y a vuestras personas

solo encarga mi cariño

por lo más dificultoso,

allí mi vida, el riesgo

aseguro; a quien no asombran

para conservar sus rayos

pensiones de una corona.

Vase.

Anselmo.

Salgamos de tanta duda

leyendo el decreto.

Lisberto.

Ahora

de la confusión saldremos.

Lee.

Anselmo.

Así mi temor informa.

Cuando la tiniebla fiera,

descosiendo el negro manto,

fuere de la esfera espanto

siendo triunfo contra el día;

de la muerte a la agonía

rinda Sigerico el pecho,

y aunque en lágrimas deshecho

su vida lamente corta,

porque a mi servicio importa,

matalde en su mismo lecho.

Yo el Rey. Esto es lo que dice;

y ya mi esperanza arroja

el vano temor que tuvo

de que la fe que atesora

mi religión, y las vuestras

padeciese las zozobras

con que miró la amenaza

de los alientos de Roma.

Lisberto.

De aquí puede asegurarse

nuestra quietud, en qué forma

Ptog. 17

Anselmo.

Muera el Príncipe, que el caso

acreditarán las obras;

y pues retirado, ya

pasa las ardientes horas

de la siesta, con que el sol

las plantas y flores dora,

y el silencio de su cuarto

nuestros intentos exhorta,

muera, pues la dilación

puede sernos peligrosa.

Sigerico.

Bien decís, porque si el Rey

arrepentido revoca

el decreto, nuestros fines

en la ocasión se malogran.

Entremos, pues.

Anselmo.

Deteneos,

que tanto el delito asombra

mi pecho, que no podré

intentarle, si no emboza

mi rostro esta banda.

(Cúbrense los rostros)

Sigerico.

Yo

lo mismo haré con estotra.

Anselmo.

Lleguemos, y aquesta puerta

al entrar cerrad.

Sigerico.

No estorba

nada mi intento.

Príncipe.

¡Traidores!

Entran y dice el Príncipe dentro, saliendo retirándose medio desnudo y herido, y ellos con los puñales siguiéndole.

Príncipe.

¿Cómo vuestras alevosas

acciones, contra mi vida

bárbaramente se arrojan?

¿En qué os ofendí, que así

me matáis, sin que conozca

quién me da muerte?

Anselmo.

Tu culpa,

y no es traidor quien te corta

la carrera de la vida

obedeciendo.

Sigerico.

No ignoras

tu delito, y así muere.

Príncipe.

¿No hay quien mis ansias socorra

cielos? No me desampare

vuestra gran misericordia.

Anselmo.

Muere, Príncipe infeliz.

Entrase y ellos siguiéndole.

Salen.

Anselmo.

Pues tu desdicha ocasionas

tu desgracia; ahora es tiempo

de que Clodomiro oiga

este caso, y que la Francia

aliste airada sus tropas

contra Segismundo, puesto

que mis intentos se logran

en la ambición del Tetrarca

para cuyo aliento sobra

ocasión en la noticia

puesto que ninguno ignora

los deseos que le asisten

de ceñirse esta Corona.

Vamos a Francia, Lisberto.

Lisberto.

Si de esta muerte nos toca

la mayor parte, ¿qué intentas?

Anselmo.

Que en silencio mudo ponga

nuestra acción, pues el decreto

de ninguno hace memoria

Ptog. 18

Lisberto.

Y, sin ver a Segismundo,

hemos de partir.

Anselmo.

Pues notas

que a sus órdenes faltamos,

anticipando las horas,

huirle el rostro es lo seguro.

Lisberto.

Huyamos, pues, y dispongas

para que yo te obedezca

de mi valor su persona.

Anselmo.

Pues muera el Rey, y su sangre

en rojos raudales corra.

Lisberto.

Viva nuestra fe, y sus luces

sirvan al mundo de antorcha.

Anselmo.

Triunfo el católico sea

de mi espada vengadora.

Lisberto.

Cambie el arrianismo agora

lo que entre pesares llora.

Anselmo.

Nuestra religión se ensalce.

Lisberto.

Viva en nuestro pecho heroica.

Anselmo.

Muera infeliz quien la ofende.

Lisberto.

Y arda en incendios Borgoña.

Fin de la primera jornada.

Columna derecha

El Mejor Rey de Borgoña / Jornada Segda de Don Franco Quevedo

Jornada segunda

Ptog. 19

Córrase una cortina y véase Segismundo dormido.

En sueños.

Despierta y levántase.

Segismundo.

Detente, aguarda, espera,

Lisberto, Anselmo, el Príncipe no muera,

pues mi amor no consiente

que al derramar su púrpura caliente,

arroyos de granates

a tanto golpe bárbaro desates.

Aguarda, Sigerico,

que ya en mis ansias mi dolor publico

cuando me asusta el verte

el pálido semblante de mi muerte.

Aguarda; pero, ¡cielos!

en mortales fatigas mis desvelos

con asombro y espanto

las corrientes animan de mi llanto.

Qué infeliz ha nacido

quien libertarse ansioso no ha podido

en el mayor cuidado

de la severa indignación del hado.

Oh, cómo en mí blasona

los riesgos del poder una corona,

a cuyo lustre atento,

olvidando mi amor el sentimiento,

presumo ya rendida

a la muerte la vida de mi vida.

Ptog. 20

Segismundo.

¡Cómo no se deshace

mi pecho en llanto, cuando muerto yace

en dolor tan prolijo

el que mi aliento conoció por hijo,

pero no es bien le cuadre

dulce el renombre, a mi rigor, de padre!

Si a mi furor rendido

entregué mis caricias al olvido

para que más se asombre

la ingratitud, al eco de este nombre,

haciendo mi tormento

más insufrible su apacible acento

y mi pena notoria

de mis afectos la infeliz memoria.

¡Oh, quién, cielos, pudiera

restaurarle la vida, aunque se viera

lográndolo la mía

rendida de la Parca a la agonía!,

pero ¡ay de mí!, que en vano

el nombre quiero desmentir tirano

que mi furor adquiere

cuando a mis iras Sigerico muere,

llegándome en tal calma

este dolor a la mitad del alma;

bien de lo que padeces

la pena aguda, corazón, mereces,

pues mi discurso alcanza

que, entregándose todo a la venganza,

no advirtieron sus bárbaras acciones

de tanto mal las duras sinrazones.

¡Oh si en pena tan rara

mi propio sentimiento me matara,

haciendo mis enojos

de su indigno furor blancos mis ojos,

para que así muriera

quien solo de su muerte alivio espera!,

pues a tanto desvelo ansiosa obliga

de mis afectos la mortal fatiga,

mi propia vista quiero

hacer testigo del pavor severo

en cuyo aspecto invoco

las ansias de mi muerte poco a poco,

porque llore mi intento

en sus acciones su mayor tormento.

¡Oh Sigerico, de mi pena asunto!

Vaya a mirarte mi dolor difunto

para que, en tal quebranto

las corrientes me aneguen de mi llanto,

recibe, aunque ofendido, mi lamento

que pacifique mi furor sangriento

y mi voz repetida

te solicite restaurar la vida;

aguarda, que mi pecho no consiente

tanto linaje de penas.

Sombra.

Detente.

Va a entrar por una puerta y encuentra con una sombra de esqueleto vestida con manto blanco y corona, y un hacha en la mano, y vaya pasando el teatro hasta entrarse por la puerta contraria, y Segismundo siguiéndola como asustado.

Segismundo.

¡Cielos! ¿Qué miro? Apenas

Ptog. 21

Segismundo.

La sangre anima mis heladas venas,

tema este asombro mi dolor profundo.

Sombra, o visión, ¿quién eres?

(Desaparece)

Sombra.

Segismundo,

a los cielos ingrato,

repara en mi semblante tu retrato,

y a los candores de esta antorcha ardiente

conocerás tu culpa delincuente,

para que tu fatiga se modere.

Cuando, inocente, Sigerico muere,

mirando más notoria

la luz en su inocencia de su gloria,

en tu delito llora tu pecado,

y la noche en que yaces sepultado,

de tu llanto a porfía

de la gracia amanezca al claro día.

Siente tu pena, teme tu castigo,

que del cielo te miras enemigo.

Segismundo.

Del susto de tanto asombro

me ha dejado sin aliento,

un monte animo, ¡ay de mí!

en cada planta que muevo.

¿Dónde irá de mi desdicha

a buscar alivio el pecho,

si por tenerle ofendido

no puede pedirle al cielo?

Inmenso Señor, a vos,

de vuestra justicia apelo,

pues solo en vos, de vos mismo,

aunque ofendido, confieso

que han de encontrar mis pesares

asegurado el consuelo.

Misericordioso os busco,

si os merecí justiciero,

pues solo en vuestras piedades

hallo mi mal, el remedio;

Dios enamorado os miro

aunque injuriado os contemplo,

y aunque león de Judá,

sacrificado cordero,

camino, verdad y vida;

si por mis delitos muerto

cuando os solicito afable

no me castiguéis severo.

tan bárbaro desacierto

no niego no, mi delito,

cuando mi culpa confieso

pues los raudales del llanto

que derraman mis afectos,

para que aneguen mi culpa,

agua son, Señor, convierto,

ingrato a los beneficios

que a vuestro poder le debo,

la ignorancia de vuestro nombre,

de la fe, el divino celo

en mi ignorancia causaron

para lograr en mi mano

sin sobresaltos el cetro;

pues sirvan a mi altivez

dellas mismas de escarmiento,

y la ocasión de mi culpa

sirva en mi dolor de ejemplo.

Solo a vos, mi Dios, os busco;

no haya para mí más reino

Ptog. 22

Segismundo.

que aquella cruz, me dejaron

vuestros agudos tormentos;

no mi vanidad se adorne

de tantos candores regios,

cuando execrable el pecado

esclavo infeliz me ha hecho;

no en mi frente la diadema

embarace mis intentos,

que por vivir más libre

dejar sus blasones quiero;

¡ah de mi guarda!

Soldados.

Rey, señor.

Salen la Reina, Rosaura, Camila por una puerta, y por otra el Arzobispo, el Infante y Zapote.

Reina.

Esposo, ¿qué desconsuelo

te obliga, a que de tus voces

pronuncie el dolor los ecos?

Infante.

Hermano, señor, ¿qué causa

os mueve a tan grave exceso?

Arzobispo.

Señor, vuestra majestad

tan confuso, ¿pues qué es esto?

Rosaura.

Grave mal presumo, cuando

miro al Rey tan descompuesto.

Camila.

¿Qué será aquesto? Que yo

ni lo alcanzo ni lo entiendo.

Zapote.

¿Qué será? Lo que será

presto han de decir los versos.

Segismundo.

Rompa en mi dolor las voces

tan misterioso silencio;

Corte insigne de Borgoña,

cuya lealtad confieso

en los laureles que gozo,

los blasones que poseo.

Y a vuestro Rey Segismundo,

que con heroicos alientos

ocupó el sagrado solio

en el borgoñón imperio,

reducido a vil esclavo

se mira, cuando sus yerros

aprisionaron enormes

lo libre de sus afectos.

No harán ya alarde mis ansias

de los esplendores regios

que a mi valor ofreció

la lealtad de vuestros pechos,

pues me hace indigno mi culpa

de la grandeza que obtengo,

cuando ingrato al beneficio

que a Dios trino y uno debo,

sin atenderle glorioso

bárbaramente le ofendo.

Solo mostrar de mis culpas

lloroso arrepentimiento

para lograrle piadoso,

a pesar del solio quiero,

pues fue ocasión del delito.

Ptog. 23

Llora la Reina.

A ella sola.

Segismundo.

la seguridad del cetro;

ya no soy Rey borgoñonés,

pues penitente pretendo

para triunfar de los vicios

servir al mundo de ejemplo.

Y estos adornos que sirven

a mi vanidad, desprecio

han de ser para mi duda

de las ansias que padezco.

Lloráis, señora, o si fueran

amargos los sentimientos

para enmendar los errores

que yo he cometido siendo,

quien le dio a mi precipicio

eficaz el instrumento

para su ruina, acaso

la ambición de vuestro pecho;

Reina.

Señor, si yo, cuando, cómo,

Segismundo.

Nada me digáis, al cielo

ofendisteis más que a mí,

yo ya perdonada os tengo,

llorad hacia Dios, que Dios

amoroso hará lo mesmo;

Infante a vuestro cuidado

queda de Borgoña el reino

en mis hijos, y mi esposa

la mitad del alma os dejo,

asistidlos con cariño,

y miradlos con respeto,

que bien uno y otro hermano

de vuestra lealtad espero.

Vos, Arzobispo, atended

como primer consejero

de la Reina y del Infante

a los mayores aciertos;

este es el bastón hermano

en que a Borgoña os entrego

dándoos para su defensa

las victorias de mi acero;

ninguno estorbar intente

mis designios, pues resuelto

a pedir a Dios perdón

me retiro al monasterio

de Mauricio, cuyos monjes

elijo por compañeros,

para que de mis suspiros

presenten a Dios los ecos,

no es tan ligera mi culpa

que se satisfaga a menos

demostración que la que hoy

practicar ansioso entiendo,

para decirosla faltan

a mis voces los acentos,

pues aun la naturaleza

abomina el desacierto;

si bien antes que me ausente

como amigo, a todos ruego

que nadie mis pasos siga

Marginalia: + mirad solo por mi gloria / y atended a sus aumentos / pues mi obligación en vos / substituye su esfuerzo / y sobre todo la fe / ha de ser sagrado objeto *

Marginalia inferior: fiado mi cuidado en ella / todas mis ansias os dejo

Ptog. 24

Segismundo.

pues solo parecer quiero

de mis zozobras seguido

de tantos delitos reo;

ahora veréis, la razón

del que tenéis por exceso,

y porque salgáis de dudas

ved si el castigo merezco,

pues cometió este insulto

en virtud de mi decreto.

Corre una cortina, descúbrese Sigerico en un lecho muerto y sangriento, o como pareciere mejor, y vase Segismundo.

Reina.

¡Válgame el cielo, qué horror!

Apenas a hablar acierto.

Príncipe.

¡Qué desgracia, qué dolor!

Apenas alentar puedo.

Arzobispo.

¡Oh juventud mal lograda

y de Dios altos secretos!

¿Quién habrá, señor, que alcance

de vuestra obra lo inmenso?

Reina.

Cubrid ese horror.

Cúbrase el Príncipe.

Los siguientes versos de la Reina y del Arzobispo son adiciones marginales que sustituyen el texto tachado en el original.

Reina.

Las ansias de mis afectos

si no las previenen recelos

no se conviertan en yelo.

Arzobispo.

De la lealtad de Borgoña

no hay que recelar, supuesto

que hoy en tu majestad

en la sucesión tenemos

quien de tus heroicos timbres

empuñe el áureo cetro;

de tan generosa acción

solo dar a Dios debemos

por único móvil.

Príncipe.

Siempre

muestra su saber eterno

en la permisión de algunos

nunca esperados sucesos.

Reina.

Vamos, Arzobispo, y ved

que no tengo más consuelo

que vuestra asistencia; a solas

consultar mis males quiero.

Arzobispo.

Siempre a mi atención serán

imán vuestros preceptos.

Yéndose.

Reina.

¡Oh, dichoso Segismundo,

que invidiosa a verte llego

cuando de tu culpa logras

tan grande arrepentimiento!

Si yo la ocasión te di

para un delito tan feo,

sigue a Segismundo, solo

pedid a Dios, atento,

el perdón, que le acompaño

en mis ansias; a tus desconsuelos

de mi llanto los gemidos

lleven compás en los ecos.

Vanse la Reina y Arzobispo, y detenga el Infante a Rosaura, quedándose en el tablado Camila y Zapote.

Príncipe.

Aunque pudiera, Rosaura,

reprimir de mis afectos

la lucha, cuando el dolor

ocupa tanto suceso,

es tal la fuerza con que

en vuestras luces me quemo,

que no permiten mis ansias

a mis voces el silencio;

Ptog. 25

Príncipe.

bien sabéis que os idolatro,

y que mi amor siempre honesto

no pasa en vuestro decoro

los límites del respeto,

en vuestra memoria, solo

el lugar, Rosaura, quiero

que baste, a que del olvido

no sean triunfo mis afectos;

¿qué me respondéis?

Rosaura.

Que han dado

mis ojos indicios ciertos

de la estimación que solo

vuestros cuidados debieron

a mi atención, pues unida

a la fe con que os venero

lo que os debo satisfago,

pues la fineza agradezco;

y aunque en las demostraciones

no declaro mi desvelo,

creed que de vuestras zozobras

me sobra el conocimiento.

Príncipe.

Feliz ya de mis pesares

llamar la ocasión entiendo,

cuando escucho en vuestros labios

la dicha que no merezco.

Si bien en tanta fortuna,

Rosaura divina, siento,

para ponerla a tus plantas

no ser de Borgoña dueño,

Vase.

Rosaura.

no añadiera estimaciones

en vuestras manos el cetro

a mi atención; pero mucho,

señor, con vos me detengo,

dadme licencia, pues veis

que a la Reina asistir debo.

Vase.

Príncipe.

¡Oh, qué breve a mis cuidados

hará mi ventura el tiempo!

Zapote.

¿Fueronse, Camila, o no?

Camila.

Ya paso a paso se fueron.

Zapote.

¿Óyenos alguien?

Camila.

Ninguno,

mas, ¿por qué tanto misterio?

Zapote.

Porque juzgo que, sin duda,

grave culpa cometemos

en hablar, cuando callando

dos figuras parecemos

de tapiz, a quienes falta

para pintar el silencio

el aquí yace tener

poniendo en la boca el dedo.

Camila.

Ya he reparado que ha mucho

que callamos, y no entiendo

en esta comedia, ¡mal haya!

cuál es el papel que haremos.

Zapote.

El mudo, sin duda, porque

este rey esportillero

de casos y de prodigios

siempre en hablar circunspecto,

Ptog. 26

Zapote.

no da lugar a otra cosa;

pero, pues ya le tenemos,

le he de lograr, vive Cristo,

y salvo todo el respeto

de palacio, he de decirte

que mirando tus ojuelos

sin buscar frases estoy,

si me muero o no me muero.

Vase.

Camila.

Cierto que la claridad

alabo; pero no puedo,

por no faltar al decoro

de este paraje, atenderos.

Sin decir que moderéis

vuestros locos pensamientos,

que aunque cosquillas me hacen

tantos rendidos deseos,

cuando a palacio no llegan

en estilo palaciego,

aunque no se ignoran, fuerza

me ha de ser que no os entiendo

decir, y así, si queréis

que confiese lo que os debo,

hablad en otro lenguaje,

que yo aquí y en cualquier tiempo,

pero, miradlo despacio,

que harto os he dicho con esto.

Vase.

Zapote.

¡Oh fuerza de las deidades!

Que solo con un bostezo

hacen un favor, ¡mal haya

quien cifra solo en sus gestos

de las ansias que padece

a sus cuidados el premio!

Es en mi amor lo que apruebo,

que lo demás son en suma

muchísimos embelecos.

Tocan cajas y clarines, y salen Anselmo y Lisberto, el senescal Clodomiro a la francesa con bastón, y acompañamiento de soldados.

Anselmo.

Hoy, invicto Clodomiro,

de cuyo valor augusto

venganza aguarda el injusto

dolor que lloroso admiro,

ha de mostrar el valor

heredado en tal grandeza,

que halla siempre en vuestra alteza

el desvalido favor,

Lisberto.

para que conozca el mundo

que en vuestras armas abrigo

hallamos, cuando el castigo

llore infeliz Segismundo,

cuya soberbia ambición,

aunque afectó la justicia,

muestras dio de su malicia

Ptog. 27

Lisberto.

en la más bárbara acción,

Anselmo.

como, tal señor, publico

lo que ella horrorosa advierte

cuando os lo dice en su muerte

el príncipe Sigerico,

pues para que el nombre cuadre

a su impulso de tirano,

asesino del príncipe padre,

Lisberto.

su sangre os pide que deis

en Segismundo escarmiento,

al mirar que en propio aliento

la misma sangre tenéis.

De su mal templada furia

vengador, como valiente,

Borgoña os espera, y siente

que solo es vuestra la injuria.

(Dale el decreto y lea para sí.)

Anselmo.

Este el decreto fatal

para tanto asombro fue,

y aqueste el origen que

dio motivo a tanto mal,

bien el contexto confirma

de mis ansias el horror,

pues no hay ojos, gran señor,

que enjutos miren su firma.

Lisberto.

Vos sois a quien mayor parte

de tanta desdicha toca,

y en vuestro aliento provoca

todo el aliento de Marte;

sienta, pues, el borgoñón,

felices vuestras victorias,

y sirvan a vuestras glorias

sus lamentos de blasón;

Anselmo.

la empresa que mi lealtad

a vuestras armas procura,

Clodomiro, os asegura

del solio la magestad;

que vuestro solo este empleo

debe atenderse, no dudo,

pues de Borgoña no pudo

destituirse Clodoveo,

Lisberto.

pues cuando le cede, yerra

en la omisión vuestro pecho,

haciendo siempre derecho

en los príncipes la guerra.

Volved a dominar, pues,

su cetro, dueño absoluto,

para que os rinda el tributo

que ofrece el lirio francés.

Anselmo.

No hay poder que el vuestro asombre,

aunque es tan grave el empeño,

pues de todo os harán dueño

los ecos de vuestro nombre.

Lisberto y yo, la persona

de Segismundo en prisiones

pondremos, y a tus blasones

uniremos su corona,

Ptog. 28

Lisberto.

Sin que en nota de traidores

por esta acción incurramos,

cuando en ella solo damos

lustre a nuestros esplendores,

quedando el aliento ufano

del príncipe en la venganza,

conseguida la esperanza

de dar la muerte a un tirano.

(de rodillas los dos)

Anselmo.

De un aliento generoso,

la gloria es que un desvalido

consiga favorecido

la fortuna del dudoso,

al arma, pues, y constante

conseguirá vuestra espada

de una culpa castigada

una victoria triunfante.

Clodomiro.

De tanto asombro al horror,

a la voz de tanto insulto

son acciones que publiquen

los afectos con que lucho,

a la admiración se entregan

todos mis alientos mudos.

Un padre a un hijo la vida,

que fue del cariño estudio,

quita, logrando sus iras

de su mismo ser el triunfo;

aun viéndolo sucedido

el suceso dificulto.

Quien en Borgoña las leyes

católicas introdujo,

tal delito contra el cielo

cometer bárbaro pudo,

parece imposible, puesto

que aun los ecos que pronuncio S

para la verdad se dejan

todo el crédito confuso,

pero pues en el decreto

y en vuestras voces escucho

el agravio que a mi sangre

hizo ayrado Segismundo,

y entregado a la venganza

la satisfacción procuro

que victoriosas mis armas

me han de dar, para que el mundo

celebre de mis alientos

los vencimientos augustos,

preciso es saber que causas

o con qué motivos pudo

pasar a ser de la fama

en tanta acción cruel asumpto,

y así decid la ocasión

que para esta muerte tuvo.

Anselmo.

El haber sido Lisberto

y yo, señor, del difunto

príncipe favorecidos

así mi intención oculto,

Ptog. 29

Anselmo.

La corte de Borgoña

en fuga veloz nos puso

temiendo la indignación

del rey, y si bien confusos

en las noticias, según

las que tenemos presumo

que inteligencias secretas

con Vuestra Alteza, supuso

de parte de Sigerico

la malicia.

Lisberto.

Y si de algunos

Políticos Cortesanos

se han de atender los discursos

de la Reyna la ambición

supuestas cartas dispuso

para dar cuerpo al delito

que ni imaginado pudo

tener lugar en el pecho

del Príncipe.

Clodomiro.

Ya no dudo

que debo asistir bizarro,

a castigar tanto insulto

cuando, que fui yo el motivo

de lo que decís arguyo.

hijo soy de Clodoveo

Monarca francés, a cuyo

Paternal cariño debo

el regio bastón, que empuño,

pues dividiendo el dominio,

del francés imperio Augusto

igualmente en los tres hijos

que en su heroica esposa tuvo,

con el nombre de tetrarquías,

a mí por dicha me cupo

la de Orleans, donde me rinden

sus naturales tributos;

por la Princesa Clotilde

mi excelsa Madre, tan uno

en la sangre que me anima

con Sigerico me juzgo;

que lo han de dar a entender

de mi aliento los impulsos,

mayormente si reparo

que las glorias que procuro

del imperio Borgoñón

se deben solo al orgullo

de mi brazo; pues mi Padre

de mi derecho no pudo

anular la razón cuando

el laurel invicto puso

en las sienes del que Dueño,

venera, Borgoña, injusto;

que porfiada la razón

mis armas no dificulto,

pues por cercano a su estado

el solio excelso que ocupo

debe sentir el agravio

de que a los blasones suyos

Ptog. 30

Clodomiro.

No se añadan de sus cauces

los esplendores purpúreos,

armado pues en campaña

verá Europa qué denuedo

en mi mano el diestro estoque

le sirve al orbe de susto,

embrazando mis alientos

el nunca rendido escudo,

hoy con veinte mil soldados

que a mis banderas condujo

mi marcial inclinación,

para otros fines, de cuyos

medios, ya tratar no quiero

teniendo tan propio asunto

de mi valor en la empresa

de que el suceso no dudo,

razón para que en persona

vaya a conseguir el triunfo;

me ha de ver a su pesar

satisfecho Segismundo,

y que de sus sienes quito

el verde laurel augusto.

Toca a marchar pues, y miren

que de Marte lo sañudo

a fuego y sangre reduce

los que al arado tributos

ofrece la común madre

desde sus senos fecundos.

Anselmo.

Vive eterno, Clodomiro,

que ya tu aliento presumo

como vengador triunfante

del delito más injusto.

Sigerico.

Rey de Borgoña han de verte

Tetrarca invicto los tuyos.

Clodomiro.

Con recelo a estos traidores

lo que prometen escucho,

pero estando sobre aviso

nada temo; ya me juzgo

por vuestra industria vengado.

Anselmo.

Solo servirte procuro.

Sigerico.

Solo obedecerte estimo.

Clodomiro.

Todo el ejército junto

marche a Borgoña.

Anselmo.

Y camine,

pues la victoria no dudo,

nuestra religión triunfante.

Sigerico.

Nada, Anselmo, dificulto;

viva el Arrianismo, y logre

adoraciones del mundo.

Vanse.

Sale Segismundo con una túnica parda o como mejor pareciere, sin capilla ni escapulario.

Segismundo.

Pues al pecador perdonas,

Señor, tu inmensa piedad,

busque en ti la libertad

quien de su llanto blasonas

ya del mundo en la corona.

Ptog. 31

Segismundo.

que deponen mis alientos

deje los lazos violentos

en que me tuvo el engaño

y hoy te pide un desengaño

repetidos los tormentos.

Solo tu gracia procura

Señor en este retiro

donde a uno y otro suspiro

tu clemencia me asegura

un corazón manso y puro

tu brazo a mi pecho dé

y para que más esté

mi vida a tu ser unida,

en el martirio mi vida

firme con sangre tu fe.

¿Quién templará enojo tanto?

Dentro, música del Ángel.

Ángel.

El llanto.

Segismundo.

¿Dónde hallaré tu favor?

Ángel.

En el dolor.

Segismundo.

¿Y mis desmayos aliento?

Ángel.

En el tormento.

Segismundo.

Llore pues mi afecto atento

a daros satisfacción,

pues mi mayor dicha son

Ángel y música.

llanto, dolor, y tormento.

Segismundo.

¿Quién da a mis ansias consuelo?

Ángel.

El cielo.

Segismundo.

Luego mis ecos repite,

Ángel.

los admite.

Segismundo.

¿Y dónde mi alivio ordena?

Ángel.

En tu pena.

Segismundo.

¡Oh, qué acorde al alma suenas

tan soberano favor,

pues para dicha mayor

Ángel y música.

el cielo admite mi pena.

Segismundo.

Confieso que te ofendí,

Ángel.

solo a ti,

Segismundo.

y hoy busca mi corazón

Ángel.

el perdón,

Segismundo.

cuando con triste gemido

Ángel.

te pido.

Segismundo.

No en el cieno del olvido

me sepulte eterna muerte,

pues por mejorar de suerte

Ángel y música.

solo a ti, perdón, te pido.

Segismundo.

¿Qué a Adán el pecar importó?

Segismundo.

Pues en parte, en esta esfera

Ángel.

no hubiera

Segismundo.

gozo a no haber perdonado

Ángel.

su pecado.

Segismundo.

Qué mayor gloria os ha dado

la culpa, a ninguno asombre,

pues vos no os hicierais hombre

Ángel y música.

si Adán no hubiera pecado.

Segismundo.

Solo a tu grandeza atento

Ángel.

mi aliento,

Segismundo.

consiga a tu ser unida

Ángel.

mi vida,

Segismundo.

y en tu gloria eterna palma

Ángel.

el alma.

Ptog. 32

Segismundo.

Señor en tan dura calma

solo a ti lloroso clamo

cuando solo a ti te llamo

Segismundo y Música.

mi aliento, mi vida, y alma.

Segismundo.

logre señor tu piedad

Música.

mi maldad.

Segismundo.

y el perdón que te repito

Música.

el delito.

Segismundo.

no en tu justicia se esculpa

Música.

la culpa.

Segismundo.

pequé señor sin disculpa

y pues tu gracia me impiden

misericordia te piden

Segismundo y Música.

mi maldad, delito y culpa.

Descúbrese el Ángel en vuelo como pareciere

Ángel.

Ya de tu voz el doloroso acento

que con gemidos las esferas rompe

Omnipotente Dios, desde su solio,

para tu alivio en las alturas oye.

De tu humildad los ecos lastimosos

sirve a Dios, en su piedad de norte,

para que a sus fatigas, en la gloria

sus sentimientos míseros se coloquen.

Viertan amargas cristalinas fuentes,

cuando tus ojos tus delitos lloren

pues tanto en la virtud la gracia crece

cuanto en raudales presurosos corren.

la tenebrosa mancha en tus afectos

que de la culpa despojó la noche

en tus sollozos repetido el llanto

la heroica luz del desengaño borre.

Con los tormentos que tus ansias piden

los cielos te dispensan sus favores,

porque en la lucha que tu aliento espera

al vencimiento sus esfuerzos logren.

En tu valor al sufrimiento apela

de la fortuna, a los pesados golpes

que en su inconstancia los eternos premios

la providencia a tu dolor dispone.

de los desprecios bárbaros del mundo

tolera las injustas sinrazones,

porque a la tolerancia tus alientos

los privilegios de divinos gocen

y la diadema que ciñó tu frente

mejorados verás los esplendores.

cuando el martirio, en el laurel sagrado

de inmortales grandezas te corones.

Desaparece

Segismundo.

oh inmenso Señor que gracias

te debe rendir el hombre

si a tantos beneficios

las grandezas reconoce

a tu voluntad mi pecho

tiernamente se conforme

y por tan grande favor

te sea fino, y pío adore;

mi vida ha de ser despojo

del martirio, cielos donde

Ptog. 33

Segismundo.

para que mi gozo expliquen

hallará mi afecto voces?

pero qué estruendos de Marte

pueblan el ayre de horrores?

Cajas y clarín dentro.

Dentro.

Viva Segismundo y salga

de su retiro, a que logre

nuestra lealtad de su brazo

los impulsos superiores.

Segismundo.

cielos qué confusos ecos

se escucharon de mi nombre.

Salen Zapote, Camila, Rosaura, la Reyna, el Infante, el Arzobispo, y acompañamiento y traiga Zapote o un soldado cubierto con un tafetán en una fuente un peto, espaldar media celada, espada y bastón.

Reina.

por más que el traje a la vista

tu grandeza desconoce

no es fácil que a mi cariño

se disimule, si el norte

de mis afectos tu pecho

se lleva mis atenciones;

y así mi Señor, mi esposo

de mis tiernas ansias oye

cuando te busco afligida

los sentimientos más nobles.

Príncipe.

mi señor, mi rey, mi hermano

a vuestras plantas se postran

en mi lealtad, y en mi brazo

la fe de los Borgoñones;

De rodillas todos.

Arzobispo.

mi Príncipe Dueño, y hijo

no extrañéis este renombre

que a mis canas, y a mi estado

es el que más corresponde,

en mis afectos del Austria

rendimientos se pregonan.

y a vuestras plantas benignas

nuestra obligación nos postra.

Zapote.

y que yo no hable palabra

por más que acá me retocen

algunos dimes diretes,

más que dirá entre los monjes

con un Rey Anacoreta

un desgraciado Zapote;

habrá estado Segismundo como pasmado mirando a cada uno cuando hable

Segismundo.

esposa, hermano, Arzobispo

Amigos, qué es esto?

Reina.

Voces

de la Borgoña y el Austria

que entre confusos clamores

te apellidan, por que cumplas

las regias obligaciones

del laurel que te dio el cielo

para más altos blasones.

Príncipe.

esto es buscar en el riesgo

tu valor, para que estorbe

de los reinos que heredaste

las sangrientas invasiones

con que un tirano procura

oscurecer sus candores.

Ptog. 34

Arzobispo.

No es provocar que armado,

blandiendo el luciente estoque,

vistiendo el gravado arnés,

el pecho ofreciendo al golpe,

sus germánicas banderas

contra la Francia tremole.

Segismundo.

No buscan ya mis alientos

militares esplendores,

solo a Dios crucificado

seguirá mi afecto inmóvil.

Rey.

No es faltar a Dios, seguir

de naturaleza el orden.

Príncipe.

No es faltarle, si a los riesgos

por tus vasallos te expones.

Arzobispo.

No es dejarle, si sus aras

defienden tus escuadrones.

Segismundo.

Esto pudiera moverme,

pero si el cuidado pone

hoy en mano del infante

el bastón, nada os congoje,

que él os sabrá defender.

Rey.

No están sus reinos conformes

con esa resolución

ni permiten que a otro nombres,

cuando solo sus alientos

aseguran sus temores.

Príncipe.

El tetrarca Clodomiro,

dando al aire sus pendones

por su persona, en sus armas

conduce veinte mil hombres;

a sangre y fuego reduce

tus vasallos, y no ignores

los estragos que padecen

las aras de Dios, pues oyes

que de gentiles y arrianos

el ejército compone.

Arzobispo.

Enemigos de la fe

sin rienda los campos corren

del Austria, tu heroico brazo

su infeliz orgullo estorbe.

A Camila.

Zapote.

Si el rey toma mi consejo,

no saldrá de entre los monjes,

que del coro a la bodega

pocos riesgos se conocen.

Camila.

A ser el rey como tú,

lo creyera.

Segismundo.

Pues dispone,

Señor, vuestra providencia

que este retiro no goce,

ya obedezco, de mi pecho

llamamientos interiores;

pues la fuerza que me arrastra

sin duda es vuestra; conforme

estoy con vuestro dictamen.

Vamos, pues, y anime el bronce

todo el aliento de Marte

que la quinta esfera rompe.

Arzobispo.

Deteneos, señor, que antes

es preciso que os adornen

las galas de Marte.

Rey.

Deje

el tosco sayal.

Príncipe.

Asombren

las flores de lis francesas

sus alientos.

Llega el infante, y quítale el saco y empiezan a armarle como lo dicen los versos.

Ptog. 35

Rosaura.

de engaños

me sirves Infante; yo

he de saber de mi amor

que intentas, con los acosos

del casamiento,

Príncipe.

si es falso

todo esto que as oydo? a Dios

Rosaura bella; te juro

que si de mi, tu passion

lo que as oido concibe

miente el mismo que te dio

esse pesar, y perdona

los impulsos de mi voz

Rosaura.

detente señor infante

pues es en mi, como horror

de mis ansias; que yo no

se que mas dolor te asigne,

que no se casa mi amor;

Zapote.

oiga señor. si se casan

con vos, y no ay mas que dar

ya, yo he de ver vuestra alteza

que disculpas ha de dar;

Príncipe.

calla villano; y tu advierte

que yo no se de que modo

puede mi altiva razon

darse por venzida;

Rosaura.

y como

Gundemaro has de probar

que no has firmado esse pliego?

Príncipe.

yo pliego firme traydor

que contra de mis intentos

y contra de mi piedad

me pone en tales conflictos;

Cielos no desampararme

pues sabeis, que mi verdad

es siempre fiel: y que soy

yo señor vuestro;

Salen Segismundo, Arzobispo Anselmo Lisberto con prisioneros.

Segismundo.

vassallo

atrevido a tu señor

assi mi fee menos precias

Príncipe.

Cielos mi Rey y señor =

Segismundo.

traydor no mires assi

porque con ver tu semblante

el dolor mas creze;

Príncipe.

ay de mi

Señor vuestra magestad

no sabe que de mi fe

Segismundo.

calla no añadas al daño

de mi altivez lo soberbio

de tus disculpas, Anselmo

con Lisberto; ya de aqueste

a mi lado os e fiado

prender al Infante

Anselmo.

ya

vuestros mandatos executa

Llegan a prenderle

Príncipe.

a un infante a quien la fee

no ha desmayado?

Ptog. 36

Segismundo.

callar;

no repliques que tu culpa

a mi enojo le da mas

soberbia; y assi rendido

has de morir =

Rosaura.

ya es forzoso

que hable yo Rey poderoso

Gundemaro es inocente;

Segismundo.

retirate y no ocasiones

mas enojo;

Arzobispo.

gran señor

no os ciegue de essa manera

tanto vuestra altiva ira

mirad =

Segismundo.

calla por Dios

Arzobispo, y no me estorves;

que esto pide el rigor

de la culpa en el castigo;

Príncipe.

y cual ha sido traydor

la culpa para que asi

me maltrate tu furor?

Segismundo.

vassallo revelde; cuando

a la obediencia, mi voz

te llamava, de este Reyno

vas alzandote Señor;

y aunque mi pena te llama

como traydor as sido vos

el que dio muerte a mi hijo

el Príncipe Sigerico,

Príncipe.

Yo matarle ay cielos? no

pueden decir esto, porque

es maldad de algun traydor;

Segismundo.

este pliego firmado,

de tus manos es mi author

que para vengar sus agravios

deste castigo feroz

Príncipe.

ese pliego es falso y yo

en mi vida le firme

Vanse el Rey, el Arzobispo y soldados con el Príncipe.

Segismundo.

Basta llebadlo a una torre

y que muera a mi poder;

vos a mi lado, Senescal,

Rosaura Camila que

quien os ha causado este

mal lograra, de mi fe

con mayor dolor castigo =

Rosaura.

ya no puedo contener

mis lagrimas, Cielos pido

justicia =

Zapote.

yo me ire a pie

por si acasso en palacio

no ay mas que prender;

Vase, Rosaura Camila y Zapote.

Segismundo.

ay de mi que rigores

me a dado el amor por Dios

si la culpa no es mia,

quien mato mi hijo;

Arzobispo.

Señor

sosegad que el cielo inmenso

sabe vuestra buena intencion

Ptog. 37

Segismundo.

o Clodomiro traydor

ya me an dicho que tu aliento

se hace dueño de mi honor

de Borgoña as de faltar

por atrevido y feroz;

mas la Reyna, mi bien

que hara con tanto rigor.

Rúbricas y florituras de fin de jornada

Jornada tercera

Ptog. 38

Sale la Reyna Sola.

Reina.

Cielos a cuanto rigor

me avenga mi malicioso

desvelo si mi pesar

aun de mi se vuelve asombro

como he de poder vencer

a mi contrario fogoso?

si apenas mi entendimiento

me da un alivio dichoso

todo es en mi cobardia

temor espanto y azoro

el príncipe ya se ha visto

librar de los calabozos;

y cuando yo pretendia

matarle como su asombro;

le libra del fuerte trance

mi esposo, mi amado esposo.

pero no se ha de librar

Gundemaro riguroso

que primero perderé

la corona y mis decoros

si la guerra a mis vasallos

previene sus exercicios,

si en Segismundo se halla

mi perdicion; yo procuro

acavarle de una vez

y poner freno a mi gozo;

pero, quien viene?

Sale el príncipe

Príncipe.

Señora

ya mi fee vuestra corona

venera humilde,

Reina.

ay de mi

que asombra todo mi gozo,

infante como os atreveis

a entrar de essa suerte adonde

la Magestad esta atenta?

Príncipe.

solo mis alientos obran

por serviros =

Reina.

si por cierto,

que servida muy bien quedo

de vos =

Príncipe.

y a que aguardare

Señora la magestad

de tu grandeza; sino

a perdonar mi pesar;

pues sabeis que a la traycion

del príncipe yo ignorante

padezco la dura pena

de mis delitos =

Ptog. 39

Reina.

y como

podras librarte traydor

si firmado lo dejaron

tus dedos;

Príncipe.

Cielos, yo no

firme trayciones Señora,

y me ofendes;

Reina.

no repliques,

salte de mi quarto loco

y atrevido, =

Príncipe.

al Cielo aplaco

ya tu malicia conozco

madrastra al fin; que tu furia

contra mi has movido hoy;

pero Cielos si padece

mi inocencia, la ambicion

de una Mujer atrevida;

yo mi sangre =

Reina.

acava y vete

que mis iras me provocan

Vase.

Príncipe.

voyme a morir donde al fin

halle mi pecho el socorro

que espero. =

Vase. Sale Segismundo Arzobispo Rosaura Camila y Zapote

Segismundo.

Rosimunda amada prenda,

Reina.

mi Dueño, =

Segismundo.

ya prevenido

en mis esquadrones dejo

la venganza del castigo

para el frances, que sobervio

se atreve a los esquadrones

de mis blasones ilustres

para arruinar el imperio

en la ruina de Borgoña;

dandoles de que es el dueño

en mi agravio Clodomiro.

vassallo en los juramentos,

traydor y con mis infantes

y mis damas,

Arzobispo.

solo el cielo

puede vuestra magestad

dar el castigo supremo.

Rosaura.

pues quien duda que en vos

todo el honor reverencio,

como Borgoñona ilustre;

Camila.

ya mi Rey y mi Dueño

os ofrezco mi lealtad

Zapote.

mi valor señor prometo,

en matar siete Franceses

con solo mirar su brio,

de essos que gastan sombreros.

Segismundo.

pues vamos porque prevenidos

vean en Borgoña, el exemplo

de los Reyes mis mayores,

Sale el infante asombrado.

Príncipe.

ay de mi, señor, huyendo

de Clodomiro sus iras,

con sus exercitos todos,

nos cercan,

Segismundo.

pues acudid

al arma,

Ptog. 40

Folio 38

Reina.

las asistencias de Padre;

Príncipe.

tanto honor venero

Arzobispo.

siempre

soy tu hechura

Segismundo.

id infante

Camila.

que repares

ser infante la atencion

es justo

Rosaura.

solo el parage

para aquestos disimulos

Camila, en mis ansias hace

que de mi pecho el afecto

a demostracion no passe.

Zapote.

hablen todos y yo solo

esteme callando, ó males

insufribles, que el silencio

para mi tormento trae;

Segismundo.

ya segun nuestras noticias

no está el frances muy distante

de nuestras tropas, pues pueden

los clarines escucharse

de su ejército; y assi

mi cuydado no dilate

la prevencion, que conviene,

por que en nuestras armas halle

en el militar precepto

el valor inexpugnable

de nuestra gente; divino

Señor, no es oposicion alguna,

ni a vuestro ser inefable,

prevenir al enemigo,

sino hacer que no desmayen

de tantos hombres las vidas

que con mi desaliento tantas

guidas, como le cargasteis

a mi obligacion; que yo

siempre expuesto a los ultrages

merecidos por mi culpa

los aguardare constante,

Príncipe.

tus ordenes solo esperan

tus soldados

Segismundo.

pues que marchen

con quatro cientos caballos

un tercio de mil infantes

haced, y aquella colina

que se mira azia esta parte

guarnezcan, por que la Reyna

con dos mil soldados passen

a ocuparla, donde asistan

todo el tiempo que durare

la lid

Reina.

Yo a tu lado siempre

me he de hallar, que en todo trance

como mi amor, mis alientos

es justo que te acompañen.

Segismundo.

esto es lo que mas conviene

porque, los tiernos infantes

en quien mis memorias libró

a vuestro lado no falten.

Reina.

ya el Arzobispo os avisa

con los afectos que sabe

de mi cariño el dictamen,

Segismundo.

vos Gundemaro llevando

una de las dos mitades

Ptog. 41

Folio 39

Segismundo.

el ejército embestid

los franceses por la parte

que viereis mas desocupada

suplente, sin que mezclarse

puedan xamas con mis tropas

las que valiente mandares,

para que assi divertidos

la confusion los aparte

y divididas sus fuerzas

hagan el triunfo mas facil.

[al infante]

Príncipe.

en execucion pondré

lo que me ordenas, que falten

de las luzes de Rosaura

mis alientos, ó marciales

preceptos, que a tanto obligan

tus ordenes inviolables;!

Rosaura.

si Gundemaro se ausenta,

otro tormento se añade,

a mi amor, sobre los riesgos

en que le miro;

Camila.

no trates

de suspirar, por que pienso

que te anuncias los pesares,

mira por ti, que el frances

no ha de perdonar a nadie.

Zapote.

donde a este pobre Zapote

la asistencia le reparten,

pues yo me pondre donde

ni las ordenes me alcancen,

Segismundo.

todo se execute luego.

pero que rumor el ayre

ocupa

[caxas, y clarines]

Príncipe.

ya Clodomiro

se deja ver, arrogante,

puesto en batalla

Segismundo.

respondan

dando las caxas señales

que nuestras tropas acetan

de sus armas el combate

y la Reyna comboyada

y asistida al puesto passe

que he mandado

Reina.

nueva pena

para mi esta ausencia trae,

Segismundo.

no me enternezcais señora

que en los liquidos raudales

de vuestros ojos podran

mis alientos anegarse.

Arzobispo id con la Reyna

Arzobispo.

haga mi cariño alarde

de obedecer;

Segismundo.

id segura

señora de que este lance

es disposicion del cielo;

Reina.

assi lo entiendo

Segismundo.

pues baste

para alibio

[yendose]

Reina.

el cielo en vos

mi vida, y mi ser ampare.

Príncipe.

Rosaura divina, solo

para mi afecto, los males

de no veros la ocasion

me previene

Rosaura.

el amor sabe

lo que siente mi atencion

de vuestra vista apartarse,

[yendose]

Zapote.

Camila alla nos veremos.

porque pienso asegurarme

en el quartel de la Reyna

Camila.

no lo dudo, pero antes

Ptog. 42

Folio 40

Camila.

sera bien probar fortuna

Zapote.

pues ora acompañó y al diablo pruebe

estas fortunas avaras,

Camila.

mas que de fortuna, tienes

cara de probar vinagre

[vanse que dando Segismundo el infante Zapote y soldados y buelvan las caxas y clarin]

Segismundo.

Ya nobles soldados mios

cuyo invencible corage

a mis alientos, seguros

los triunfos heroicos hacen,

llegó la ocasion, en que

os he menester constantes,

para que al ilustre esfuerzo

que de vuestros pechos sabe

romper en mayores riesgos

mayores dificultades,

de la tirana invasion

de Clodomiro, quebrante

en las fuerzas la soberbia,

y el furor, en el combate;

bien conozco que mis voces

ningun valor os añade,

cuando solo la nobleza

que en vuestros impulsos arde,

libra mi orgullo el honor,

que hará tanta empressa facil

cuando de su luz la razon

llevamos de nuestra parte,

vuestro Rey soy, y no dudo

que valientes y leales,

para mis mayores glorias

mis sentimientos os hallen,

la Patria a voces os pide

que del yugo formidable

conque las lises francesas

solicitan sus ultrages,

la liberteis, el primero

seré que puesto delante,

ofrezca el pecho a los golpes,

aunque en purpureos granates

todo el humor de mis venas

en arroyos se desate,

y el bruto andaluz riñendo

que pació al Betis la margen

fuego encendido en mis iras

hará que en la espuma tasque

toda a embestir, y mis ecos

animen la voz del parche

[caxas y clarin]

[Dentro]

Soldados.

viva Segismundo viva

Segismundo.

seguidme amigos

Príncipe.

su aliento

anima tus estandartes,

[Entranse Segismundo, y el infante por distintas puertas dase la batalla; de modo que no concurran los dos en ella y sale Clodomiro tocando siempre y sonando dentro la pelea]

Zapote.

que braba zurra por Dios

Ptog. 43

Folio 41

Zapote.

que, ya es tiempo de que escape

quien fuere conejo para

poder seguro zamparse

en madriguera; de liebre

procurare aprovecharme

vamos a buscar en donde

esta tormenta se passe

[Passe el valgoñon a la batalla.]

Clodomiro.

ea nobles franceses mios,

vuestro aliento no desmaye,

que ya casi descompuestos

los Borgoñones cobardes

buelben la espalda, su fuga

victoriosos os aclame,

que en el valor de mi acero,

teneis quien os acompañe.

[Passe. Sale Segismundo con la espada desnuda]

Segismundo.

cielos piadosos, ya miro

de mi delito execrable

el horror, si considero

que origen de tantos males

tantas vidas, justamente

quereis que mi culpa paguen,

ya casi de mis soldados

deshecha la mayor parte

en fuga veloz se ponen

huyendo el duro semblante

de la muerte; Borgoñones

vuestro esfuerzo no se infame

que yo os asisto, mas como

los animo cuando sabe,

mi dolor, que esta victoria

no quiere, el cielo que alcance,

pero alentarlos no es

oponerme, a su inefable

providencia, si no hacer

que su temor no derrame

con no defender sus vidas

de sus venas los caudales,

muera yo pues fui la causa

de tanto dolor, y manche

el acero Clodomiro

en mi purpura, que nadie

mejor que los delinquentes

el delito satisfacen;

volved amigos volved

no con el temor cobarde

vuestro honor, y vuestro Rey

la vil fuga desampare.

a morir voy con vosotros

en tan horroroso trance;

[Anotaciones marginales: voz por ora se defiende / otra voz se defiende con sangre]

[Entrase y sale el Infante Rosaura Camila y Zapote, con las espadas desnudas sonando siempre dentro el ruido de la pelea]

Príncipe.

ya casi desecho el campo

rompiendo dificultades,

mi amor, Rosaura divina

solo a sus riesgos me trae

dichoso ya pues consigo

Ptog. 44

Folio 42

Príncipe.

su libertad, si bien antes

quisiera que de la Reyna

me dijeras, porque passe

a sacarla del conflicto

mi valor

Rosaura.

no es, señora, facil

que yo lo diga supuesto

que cuando duro el combate

llego hasta el sitio en que el Rey

nos puso, siendo tan grande

la confusion, en su fuga

no repare; porque el lance

aun de mi me enageno,

Camila.

tanto que para escaparse

no tubiera habilidad

sino es por mi, pues bien sabe

que sino me encuentra damos

con, lo palaciego al traste

solas venimos, las dos

hasta que puesto delante

el ejército de francia

se metio con mil donayres

por que palacete, donde

con muchissimo denuedo,

como gamo, a cuya fuga

no ay reparo que baste,

Zapote.

como fuga cuando he muerto

mas de mil franceses,

Camila.

baste

que si eres gallina no es posible

amigo que a gallos mates.

Zapote.

oyes pues a ser valiente

no pudiera aquí escucharte,

Príncipe.

y el Rey?

Zapote.

que Rey ni que roques

que ahora en los Reyes repares

si llevas la dama al Rey

que falta señor, te hace,

Príncipe.

esso a mi aliento le dices

villano, pues como cabe

que no pareciendo el Rey

vuelva libre, quien su sangre

tiene;

Rosaura.

porque si el Rey

infante ilustre no sabes

que remedias con morir,

pues si preso ó muerto yace

estando tu en salvo quedes

en la venganza empeñarte,

y todas las esperanzas

se pierden cuando tu faltes;

Príncipe.

bien dices, que de Borgoña

los vencidos estandartes,

solo a costa de mi orgullo

de nuevo a sacrificarse

por su Rey, y por su honor

volveran

[Dentro]

Soldados.

siga el alcance

nuestro valor,

Zapote.

a que aguardas

Ptog. 45

dent:

Soldados.

Victoria =

Vanse, y haviendo siempre tocado, salga Segismundo Sangriento el rostro, cayendo y levantando retirandose de Anselmo y soldados que le vengan acuchillando

Príncipe.

cielos ô dadme

venganza de tanta injuria

o permitid que me acabe

este dolor; Clodomiro,

bien puedes de mi guardarte

que no he sosiego

hasta que mi acero, labe

tanta afrenta en las corrientes

que de tus venas derrames.

Segismundo.

traydor a tu mismo Rey

intentas con tan infame

accion entregar =

Anselmo.

traycion

mi resolucion no llames,

que mi religion me incita

a que sus cultos ensalce

rindete =

cayendo y levantando

Segismundo.

como rendirme

primero que a tus cobardes

persuasiones me reduzgas

he de teñir en tu sangre

mi acero, porque en defensa

de la fee que mi aliento aclame

triunfos de Xpto, que firmen

las corrientes que derrames.

Anselmo.

soldados prendedle, y si

se resistiere matalde =

Segismundo.

ay de mi:

tod.

caenle a cuchilladas

Sale Clodomiro con la espada desnuda

Soldados.

muera,

Clodomiro.

teneos,

no le mateis, no se manche

el acero, en quien herido

casi es yerto cadaver,

en la purpura que viestes

se conocen las señales;

quien eres =

Segismundo.

un infeliz

en quien la fortuna hace

rigorosa ostentacion

de su poder inconstante,

Anselmo.

Generoso Clodomiro

honor de francia, el que yaze

rendido a tus plantas, es

Segismundo, a quien te trae

para triunfo mi valor,

accion, que desempeñarme

solo puede de la fee

con que movi tus marciales

esquadrones; ciñe agora

el noble laurel de marte,

Clodomiro.

tu eres Segismundo; el gozo

en mi pecho apenas cabe;

la primer vez que te miran

mis ojos, es esta, y hace

mi dicha que solo seas

Segismundo para darte

el castigo que mereces

la culpa mas execrable

Ptog. 46

Clodomiro.

que en un inocente hijo

pudo cometer un Padre.

solo le pesa a mi aliento

no haverse encontrado antes

para que mi acero fuesse

quien en tu vida vengasse

de mi iras el enojo

y el furor de mi corage

pero si casi difunto

te miro, no es triunfo grande

el que consigo, si pude

en la batalla matarte

y no quiso mi fortuna

que mi brazo lo lograsse.

ap.

Segismundo.

aunque miras de mis venas

vertida la augusta sangre,

no son estos desalientos

por las heridas mortales

que he recevido, ningunas

lo es; y solo fatigarme

pudo el cansancio, que tube

de lidiar en el combate,

y assi executa tu saña

en mi vida, no te canses,

por presumirme postrado:

descansa de atormentarme:

ô inmenso Señor, si en esto

mis culpas os satisfacen

llueva vuestra indignacion

sobre mis calamidades.

dent:

tod.

Soldados.

apartad =

Salen Lisberto y soldados con la Reyna pressa.

Clodomiro.

que ruido es esse.

Lisberto.

que porque mi aliento pague,

a tu invencible valor,

la satisfacion que haces

en tu concepto de mi,

si no en el todo en mucha parte,

prisionera Rosimunda

oy a tu victoria añade

por mi cuydado, los timbres,

que mas ilustre la aplauden,

ap.

Reina.

Cielos en tantas congoxas

no me dejéis, amparadme,

porque al conocer mi culpa,

mis sentimientos no estrañe.

ap.

Segismundo.

aqueste tormento mas

recevido, que a mis pesares

Señor, se crecie, porque

nada a mi tormento falte,

Clodomiro.

Anselmo y Lisberto siempre

he de procurar mostrarme

agradecido a la fee

con que me assistis =

Lisberto.

no trate

vuestra Alteza gran Señor,

assi a sus vasallos =

Anselmo.

nadie

mejor que los dos haran

firmeza, por agradarte.

ap. te

Clodomiro.

yo hare que en estos traydores

mi Justicia el orbe aclame,

Ptog. 47

Reina.

presso Segismundo cielos

en tanto dolor prestadme

el sufrimiento, =

Segismundo.

ay de mi

Clodomiro.

haced que un batallon guarde

a los dos, y de prisiones

asegurados; que manden

espero lo que mas fuere

vigilante

cuidado

Segismundo.

pues como sin atender,

las sacras immunidades

que en tales casos se observan

a las personas reales,

como a viles delinquentes

das orden de que nos traten

Clodomiro.

porque aunque de lo que debo

hacer no estoy ignorante,

no see que oculta razon

me mueve a que no repare

en tus desprecios, poniendo

todo mi afecto en vengarme

Reina.

en mi por mujer siquiera

puede tu furor templarse

Clodomiro.

mira cual es el rencor

que solicita tu ultrage,

cuando ni el laurel, ni el sexo

para tus alivios valen

Segismundo.

ya es superior el motivo

y assi, a mis penas añades

los desprecios, y rigores

que a tu desenojo basten,

que el cielo pues lo permite

infaliblemente sabes

que asì de mi culpa deve

la satisfaccion tomarse,

pero mi esposa =

Clodomiro.

tu esposa

como origen de estos males

por su ambicion, ha de ser

quien por los desprecios passe,

con mas razon; y ha de ver

en los dos tiernos infantes

sus hijos, (que en mi poder

estan ya) que de su sangre

infame cuchillo logre

Reina.

que pena =

Segismundo.

que sentimiento

Reina.

ay de mi necia y credula

Al margen

Segismundo.

pero si la fee me alienta

que pena ay que me acobarde

la fee me ampara y por ella

dulces mis penas se hacen.

Clodomiro.

llevadlos pues que aguardais

y no los pongais en parte

que puedan (por mas tormento)

Ptog. 48

Llevanle

Segismundo.

las almas comunicarse.

Señora, pues no os asisto

pedid a Dios que acompañe

vuestra soledad, y haced

a su Grandeza agradables

sacrificios, de las penas

que vuestro pecho combaten.

Llevanla a otra pte.

Reina.

a morir, Señor inmenso,

iré por vos; que me ampare

vro poder, os suplico

en tan rigoroso trance.

Sale el Arzobispo y hechese a los pies de Clodomiro haviendo dicho dentro

Clodomiro.

solo asì de mi venganza

el enojo asegurarse

podrà, aunque ayrada Borgoña

contra mis alientos marche

en esquadras que regidas

de Gundemaro, se aguardan

vencedoras, = Anse a tu orgullo

cualquier pensamiento es facil;

a tu impulso victorioso

no ay oposicion que baste.

dent: detenedle grandes... / haced que no pase adel.

Arzobispo.

Clodomiro Generoso

a quien vencedor aclama

en los ecos de la fama

su espiritu belicoso,

como de tanta victoria

desdices el vencimiento

obscureciendo sangriento

los candores de tu gloria,

y como dejando al mundo

de tu poder el horror,

desprecias assi el valor

del Príncipe Segismundo

a indignas viles passiones

tanta Grandeza reduces

y con tal rigor desluces

de la Francia los blasones,

pues quebrantando en la leyes

fueros de la Magestad,

aun no mira tu impiedad

la immunidad de los Reyes,

no adviertes, dos inocentes

y una, afligida mujer

en quien no logra el poder

los triunfos mas eminentes,

no reconoce que yerra

en atropellar tu enojo

el mas heroico despojo

que se pudo dar la guerra.

no pongas no, duda alguna

aunque tu altivez lo sienta,

que en tal dolor representa

sus mudanzas la fortuna.

deja accion tan inhumana

cuando advirtiendote estoy

que en Segismundo vees oy

lo que en ti veras mañana

Ptog. 49

Arzobispo.

fuera de que no es hazaña

digna de tu proceder

con tal modo envilecer

los triunfos de la campaña

con tan inhumano empleo

tu mismo ser contradices

template, pues, que desdices

la sangre de Clodoveo,

de la flor de lis de francia

logra timbres tu espada mengua

Clodomiro.

deten la atrevida lengua,

no provoque tu arrogancia

mis iras, que entre mis brazos

trofeo de mis sentimientos

quedaras para escarmiento

hecho menudos pedazos.

y vive Dios que si dejo

tu altivez de castigar

es por no manchar

mis alientos en un viejo;

huye de mi vista ayrada

que tu locura me incita

a un arrojo, y solicita

tu mayor riesgo en mi espada.

tu a mi dictamen te opones

con necia resolucion

y mi justa indignacion

contradicen tus razones, ?

motivo a mis iras das

cuando mas templarme intentas,

como en las muertes sangrientas

de los rendidos veras.

en su muerte ostentacion

de mi Justicia he de hacer,

Arzobispo.

pues que te puede mover

a tan no esperada accion?

Clodomiro.

de tu necedad ha dado

tu voz indicio, bastante

pues te publica ignorante

de la materia de estado.

haciendo cortesia

Anselmo.

perdoneme vuestra Alteza,

y como podra dejar

de morir, para afianzar

el Retratar su Grandeza

Lisberto.

mayor mente si el castigo

de su delito, intento

Clodomiro, y consiguio

en su poder su Enemigo

Anselmo.

fuera de que si en prisiones

quedan, Señor, y con vidas

la Borgoña dibidida

se ha de ver en opiniones,

Lisberto.

y hace a su favor bien claro

consiguiente, mi argumento,

si en su muerte el vencimiento

empiezas de Gundemaro,

Anselmo.

y si la fortuna passa

a Borgoña a quien las quejas

podras dar Señor, si dejas

a tu enemigo en tu casa

mueran pues, assi aseguro

mi vida, y mi Religion

Ptog. 50

Haciendo cortesía.

Arzobispo.

fuera de que no es hazaña

digna de tu proceder,

con tal modo envilecer

los triunfos de la campaña

con tan inhumano empleo

tú mismo te contradices

témplate pues, que desdices

la sangre de Clodoveo,

de la flor de lis de Francia

logra timbres tu espada mengua

Clodomiro.

detén la atrevida lengua,

no provoque tu arrogancia

mis iras, que entre mis brazos

trofeo de mi sentimiento

quedarás para escarmiento

hecho menudos pedazos.

Y vive Dios que si dejo

tu altivez de castigar

caduco, es por no manchar

mis alientos en un viejo;

huye de mi vista airada

que tu locura me incita

a un arrojo, y solicita

tu mayor riesgo en mi espada

tú a mi dictamen te opones

con necia resolución?

y mi justa indignación

contradicen tus razones?

motivo a mis iras das

cuando más templarme intentas,

como en las muertes sangrientas

de los rendidos verás.

en su muerte ostentación

de mi justicia he de hacer,

Arzobispo.

pues ¿qué te puede mover

a tan no esperada acción?

Clodomiro.

de tu necedad ha dado

tu voz indicio bastante

pues te publico ignorante

de la materia de estado.

Anselmo.

Perdóneme vuestra Alteza,

y ¿cómo podré dejar,

de morir, para afamar

de Francia su grandeza

Lisberto.

mayormente si el castigo

de su delito, intento

Clodomiro, y consiguió

en su poder su enemigo

Anselmo.

fuera de que si en prisiones

quedan, señor, y con vidas

la Borgoña dividida

se ha de ver en opiniones,

Lisberto.

y haré a tu favor bien claro

consiguiente, mi argumento,

si en su muerte el vencimiento

empiezas de Gundemaro,

Anselmo.

Y si la fortuna pasa

a Borgoñas a quien las quejas

podrás dar señor, si dejas

a tu enemigo en tu casa

mueran pues, así aseguro

mi vida, y mi religión

Ptog. 51

Lisberto.

mueran, así la opinión

Arriana en salida procuro.

Arzobispo.

con atención he escuchado

vuestras razones, y en ellas

disimulado conozco

el poder de las tinieblas;

bárbaramente inhumanos

vuestros discursos, intentan,

del Imperio de Borgoña

quitar la mejor cabeza;

vuestro mismo Rey la saña

de vuestro furor entrega

y de tan infame acción

vuestros alientos se precian?

parece imposible, y más

que Clodomiro os atienda

pues por rebeldes vasallos

vuestro castigo debiera

intentar, reconociendo,

que no mira conveniencias,

de Francia, la obstinación

maliciosa con que llegan

a procurar sus aumentos

de Arrio, en vuestra voz, la secta.

Cristiano eres Clodomiro

a quien el bautismo sella

en el alma, por Alumno

Generoso de la Iglesia.

no de la lisonja infame

de los herejes, te muevas

sin reparar el veneno

que mansamente mezclan

sus acentos, a una esposa

de Francia en la presencia

en su vida mi venganza

viera Francia airada muestra

diéramos de nuestro honor

Salen dos o tres soldados

Clodomiro.

basta ya; de esta manera

mis acciones, han de ser

de mi poder quien gobierna

mi dictamen victorioso

ha de mi guarda

Soldados.

que ordenas.

Clodomiro.

Sacad de la prisión luego

a Segismundo y la Reina.

Arzobispo.

cielos que escucho.

Lisberto.

Ay de mí.

Clodomiro.

y porque mejor se vea,

mi venganza; sus dos hijos

sin que por la edad tan tierna

se libren, con ignominiosa afrenta

a las manos de un Verdugo

los cuatro infelices mueran.

Anselmo.

Ya eres Monarca en Borgoña.

Lisberto.

no hay ya accidente que temas.

Arzobispo.

no te mueven mis razones?

Clodomiro.

no hacen sus cláusulas fuerza

Arzobispo.

ni tanta inocente sangre?

Clodomiro.

poco importa la inocencia

Ptog. 52

Arzobispo.

y su grandeza.

Clodomiro.

así intento

asegurar mi grandeza

Arzobispo.

ay infelice de ti

como dichoso el que espera

la muerte cuando constante

por la fe su sangre vierta.

Clodomiro.

Y porque no por tirano

Francia y Borgoña me tengan,

atiende como, mi mano

premiar servicios intenta;

Anselmo y Lisberto a quienes

de esta victoria la deuda,

confieso, a la militar

usanza, en dos filas puestas

las picas de mis soldados

pasen a morir por ellas

que así de tanta traición

la infamia, mi brazo premia

Anselmo.

pues ¿cómo?

Lisberto.

cuando, señor

Clodomiro.

sellad las infames lenguas

que aunque la traición agrade

con los traidores no queda

asegurado, aun al mismo

que hacen lisonja con ella

Anselmo.

repara señor.

Lisberto.

advierte

Clodomiro.

no quiero atenderos; sea

soldados, la ejecución

tan veloz, que a un tiempo vean

el castigo y la noticia

los que mis armas respetan

llevadlos pues;

Anselmo.

justamente

mis delitos me condenan.

Llévanlos

Lisberto.

quien obra tan mal, qué fin

sino de mi vida espera?

Vase.

Clodomiro.

y porque tú en el castigo

también mucha parte tengas

orden daré que su sangre

derramen en tu presencia,

y en viéndolo a Gundemaro

estas noticias le lleva.

tocan una sordina y caxa destemplada y salen Segismundo y la Reina con prisiones y entre los soldados que pudieren.

Dentro.

Arzobispo.

ya en ejecución el orden

del severo, airados cercan

los ministros del infierno

las personas de la Reina

y Segismundo, los cielos

reciban la noble ofrenda

que a sus aras sacrifican.

por su precio.

afuera afuera.

Segismundo.

ya Rosimunda, el cielo

la sagrada providencia

para nuestra dicha cumple

a mis ansias la promesa

celebrar nuestros afectos

la ventura con que llega

a amanecer este día

para que el primero sea

de la vida que en la gracia

una eternidad espera

no de tu llanto los ojos

Ptog. 53

Segismundo.

amargos raudales viertan

porque llores de alegría

sin suspirar de tristeza

pues te doy de tu martirio

señora la enhorabuena

recíbela, y de tus hijos

la mayor gloria celebra

si en los tormentos se ciñen

inmortales las diademas,

Reina.

así lo conozco, y solo

pido a los cielos, que crezcan

para mí, en los sentimientos

las injurias, las afrentas,

los tormentos, los rigores,

los pesares y violencias,

porque logre mi descanso

todo el alivio en las penas.

Segismundo.

Arzobispo Padre aquí

mis fatigas os encuentran

Arzobispo.

Sí Segismundo, que a verte

de mi cariño las muestras

me traen, para mi consuelo

cuando tu dicha tan cerca

atiendo, con la ventura

de mirar tu esposa bella

ir por la fe al sacrificio

a hacer su corona eterna

Segismundo.

dadme los brazos y adiós

que no hay porqué me detenga

en ir a la muerte, puesto

que miro mi vida en ella.

Vamos señora.

Llévanlos volviendo a tocar la sordina

Reina.

ya os sigue

de mi pecho la firmeza

Arzobispo.

sagradas mártires id

a la dignidad suprema

que en la bienaventuranza

sobre los astros se eleva

ya del suplicio al lugar

dando de su celo muestras

los dos sagrados consortes

a vivir de nuevo llegan

ya sobre el cadalso oscuro

las mudanzas representan

de la fortuna, y aleve

infame ministro apresta

el cuchillo, y atrevido

a los dos los ojos venda

y al amago, que inhumano,

desunto insulto, concierta

de los mártires invictos

la voz en el aire suena.

Dentro Seg. y la Rey.

Segismundo.

inmenso Dios, en tus manos

mi espíritu se encomienda.

Arzobispo.

ya ejecuta el golpe y ya

su sangre a raudales ruega,

por tan soberano esmalte

la firme y dichosa tierra

sus espíritus gloriosos

rompiendo van las esferas

cuando en el aire se escuchan

Ptog. 54

Música dentro.

Salen Clodomiro y soldados apresurados.

Arzobispo.

Angelicales cadencias.

venid a gozar, en mansión eterna

del laurel sagrado, la inmortal diadema.

y de vuestras dichas, por mayor grandeza

entre los tormentos, el día amanezca.

pero qué acorde clarín

la región del aire puebla.

Vase.

Clodomiro.

fortuna infeliz qué es esto

así con mis triunfos mezclas

en medio de mis victorias

la desdicha de una afrenta;

ya Gundemaro ay de mí

que de sus tropas deshechas

reclutadas, la venganza

de sus desaires intenta

en mi busca; que furor

se ve, que dolor, tan cerca

que ya los ecos se escuchan

de clarines y trompetas;

caduco; di al Borgoñón

Gundemaro, que no entienda

que me retiro cobarde

de su ejército, aunque vuelva

la espalda; mire glorioso

que mi valor no le espera;

pues solo ver de mis armas

las escuadras descompuestas

me obliga, a que de mi enojo

los sentimientos suspenda,

que yo volveré a buscarle

y a que a sus impulsos

de mis motines su hermano

sus atrevimientos tengan,

seguidme amigos, mis ansias

aun respirar no me dejan.

Tocan cajas y clarines, y sale Gundemaro, Rosaura, Camila, Zapote, y soldados diciendo dentro el primer verso.

Arzobispo.

ay infelice de ti

como con la fuga muestras

el dolor que en Gundemaro

amenaza tu soberbia.

Gundemaro.

hagan alto mis escuadras

hasta que de tantas señas

infaustas, mi confusión

la infeliz causa sepa

Arzobispo vos aquí

qué oscura fábrica es esta

de este funesto aparato

que indicio de mi tristeza

sobresalta mis alientos

sin saber qué origen tengan

en mi pecho los asombros

que me hallan sumidos en su tiniebla

Arzobispo.

este espectáculo triste

esta máquina funesta

en quien su jurisdicción

la muerte pálida ostenta

es el trono en que se mira

Ptog. 55

entre mis esquadras venga creyendo su libertad cuando la menor nota

Gotomaro.

atención de mi cuidado,

y puesto que altas finezas

en Rosaura reconozco

tantas, cariñosas muestras,

siendo tan digna del trono

de su sangre la grandeza,

la mano le doy, vasallos,

que Rosaura vuestra Reina

viva decid; así logro

mis ansias; mi mano es esta.

Rosaura.

yo la recibo gozosa

y agradecida quisiera

rendiros en solo un alma

los imperios de la tierra.

Arzobispo.

Gundemaro con Rosaura

vivan edades eternas.

Zapote.

de nuestra boda Camila

por ahora no se reza

que se hará siendo Dios servido

y si no requiem eternam.

Camila.

por mí se puede decir,

dichosa la que se pierda.

Príncipe.

Señor Arzobispo vamos

que en dejando con decencia

de los mártires sagrados

las reliquias; a la guerra

con el ferarca mis armas

se han de ocupar, porque pueda

ver en mi brazo el castigo

que merece su soberbia;

Soldados.

y aquí del Gran Segismundo

de Borgoña, la Comedia

da fin; perdonad las faltas

a quien serviros desea.

Posui finem curis, spes et fortuna valete.

ad mayorem Dei Gloriam, en Ma a primo de Xre de 1691.

[Firma y sello de la Biblioteca Nacional de España]

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