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のデジタルテキスト El falso nuncio de Portugal

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Comedia
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El texto procede de la transcripción automática del impreso de El falso nuncio de Portugal (Madrid, Librería de Quiroga, 1796), conservado en la University of North Carolina at Chapel Hill, Teatro Antiguo, v. 12, n.º 23, y digitalizado en Internet Archive.

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El falso nuncio de Portugal. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-falso-nuncio-de-portugal-quiroga-1796.

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EL FALSO NUNCIO DE PORTUGAL

Pag. 1

Comedia. El falso nuncio de Portugal. De un ingenio. Personas: el rey don Juan el Tercero; Pedro de Sayavedra, galán; el duque de Berganza; el conde de Porto-Alegre; Alonso de Sayavedra, barba; el arzobispo de Évora; Acevedo; Montijo; Espantajo, gracioso; Moisés, judío; la reina doña Catalina; doña Beatriz de Atayde; Mencía; damas; acompañamiento.

@JORNADA PRIMERA.

Salen, como recatándose, Pedro de Sayavedra, Acevedo, Montijo y Espantajo, y tras ellos Alonso de Sayavedra.

Pedro de Sayavedra

¿Mi padre os ha visto?

Montijo y Acevedo

Sí.

Pedro de Sayavedra

Pues para obviar un encuentro,

ocultaos un rato ahí dentro.

Vanse los dos.

Pedro de Sayavedra

No sé qué quiere de mí

este señor.

Espantajo

Tu paciencia,

que sufra me maravilla

a este vejete potrilla.

Pedro de Sayavedra

Débole esta reverencia,

que al fin es mi padre.

Alonso de Sayavedra

Pues

que se han ocultado, infiero…

disimular considero,

que es mejor.

Espantajo

Ahí va lo que es.

Pedro de Sayavedra

Padre y señor, con tu mano

honra mi labio.

Arrodíllase.

Alonso de Sayavedra

Levanta,

que es indigna humildad tanta

de un genio tan soberano;

y aunque tal humillación

no incluya alguna bajeza,

se ofenderá tu grandeza

de tan desigual acción:

no hay altura que te cuadre,

conserva tu potestad,

que en esto de vanidad

no te ahorrarás con tu padre.

Pedro de Sayavedra

Señor, si el cielo me dio

este genio, esta altivez,

con que más de alguna vez

aun en mí no quepo yo:

si mi heroico pensamiento,

águila rapante, sube

sobre la más alta nube

a hollar la esfera del viento,

¿qué le tengo yo de hacer,

no pudiendo remediar

la presunción singular

y de mi altivo proceder?

Y así, padre, no tu mano

niegues a mi afecto aquí.

Alonso de Sayavedra

No te me acerques a mí,

loco, presumido, vano,

cuyo juicio desatento,

con ciega desigualdad,

por darse a la vanidad,

Pag. 2

Alonso de Sayavedra

compra el aborrecimiento.

No sabes bien, que has nacido

hijo de un pobre Soldado,

cuyo noble trato honrado

en cualquier parte ha cabido,

sin que aspire a mendigar

otro estado ni otro ser,

que aquel noble proceder,

que de todos se hace amar?

¿ Sabes, que ha sido tu cuna

Córdoba, donde nacistes,

y apenas el rostro vistes

a tu primera fortuna,

cuando tus altanerías,

altiveces y deseos,

en los medianos empleos,

a que ya grande asistías

te hiciéron aborrecido,

de todo el mundo notado;

porque siempre embelesado,

soberbió y desvanecido,

te empezastes a tratar

con tal fausto y tal primor,

que aun siendo el Corregidor

dieras mucho que notar?

¿Y que yo, por acudir

primero a mis pretensiones,

y a atajar tus presunciones,

quise a la Corte venir,

donde de día.- y; de noche

prosigue tu devaneo,

no queriendo ir al paseo

sin ir en el mejor coche?

¿Saliendo a las doce a misa,

rondando hasta amanecer,

y aun el vestir.ha. de.ser.

(cosa es que provoca a risa),

de idea el más; señalado?

¿y no sacarás un pie n

a la calle", sin que esté

ya prevenido el criado?

¿ Pues en que van. a parar

tal vanidad tai locura,

sino en hacerte un figura,

que note todo el lugar?

Porque saben que en la corte

es nobleza y es blasón,

cada uno en su profesión

andar con decente porte:

pero si un mozo novel

a sobresalir empieza,

le tienen luego por pieza,

y hacen todos burla de él.

Mas ya sé yo, que estos ruidos

en tu genio han motivado

andar bien acompañado.

Espantajo

Aquí entran los escondidos

Alonso de Sayavedra

Y así, pues que no hay remedio

de enmendar lo que en tí pasa,

no quiero un Duque en mi casa,

que a todos causando tédio

su locura y frenesí,

juzgue el pueblo que es infiel,

que el defecto que hay en él

puede dimanar de mí:

porque el que os vé desatento

salir del centro, que os ciño,

no sabiendo que os lo riño,

juzgará que os lo consiento.

Y así, pues tan elevado

vuestro discurso ha nacido,

seguid el mejor partido,

idos pues a ser Soldado;

y ya que no Cardenal,

porque ignoráis toda ciencia,

lograreis ser Excelencia,

si alcanzáis ser General:

no habéis de estar un instante

en mi casa.

Espantajo

Oiga el vejete

Pedro de Sayavedra

Señor, aunque es cierto…

Alonso de Sayavedra

Vete.

no te me pongas delante.

Pedro de Sayavedra

Yo me iré, mas algún día,

aunque ahora me llego a ver

arrojado

Alonso de Sayavedra

Podrá ser

que te dé yo señoría:

j no.dices eso?

Pedro de Sayavedra

No hay tal;

mas si sopla la fortuna,

en el trono de la luna

pienso poner mi sitial.

Alonso de Sayavedra

A cólera me provoco.

Espantajo

Eso será cosa cierta.

Pedro de Sayavedra

¿ Mas llamáron a la puerta?

Alonso de Sayavedra

Sí llamaron: abre, loco.

Espantajo

Abro, cuerdo.

Sale un Pag

Paje

¿Está el señor

Pag. 3

Paje

Sayavedra en casa?

Espantajo

El mismo

es, que estáis viendo.

Pedro de Sayavedra

Seo hidalgo,

¿qué mandáis?

Paje

Solo deciros

que el señor Pietro Ranceti,

quien por el Rey ha tenido

las Rentas de aqueste reino

a su cargo, habiendo visto

la Real Póliza, que ayer

le mostrasteis, no ha querido

dilatar su paga, en fe

de qué desea serviros,

y los veinte mil ducados

remite.

Alonso de Sayavedra

¿Cielos qué he oido?

°age. Aunque vienen en vellón,

que no pudo reducirlos

a otra moneda.

Pedro de Sayavedra

Tomad,

que a espaldas va mi recibo

del despacho.

Paje

Dios os guarde.

Pedro de Sayavedra

Ahí van esos dobloncillos,

por el trabajo de haber

traido el dinero.

Paje

Admito

por no ser descortés.

Espantajo

Oigan,

parece bobo el chiquillo,

Vase el Pag.

Espantajo

y pide para los Mártires.

Pedro de Sayavedra

Espantajo, al cuarto mío

entra, y toma ese dinero.

Vase Espa.

Alonso de Sayavedra

Hijo, ¿qué es esto que he visto?

Pedro de Sayavedra

¿Ahora soy hijo, señor?

Alonso de Sayavedra

De contento pierdo el juicio.

Pedro de Sayavedra

¿Y la reprehensión?

Alonso de Sayavedra

No sé

porque yo estoy aturdido.

Pedro de Sayavedra

¿Pues ves esto?

Alonso de Sayavedra

¿Qué?

Pedro de Sayavedra

No es nada

para el espíritu altivo,

que habita en mí; y algún día

de mis heroicos designios

verás, si quieren los cielos,

los pensamientos cumplidos.

Sale Espantajo.

Espantajo

Maldita sea vuestra alma

Pedro de Sayavedra

¿Qué hay, Espantajo?

Espantajo

Coritos

de los demonios.

Pedro de Sayavedra

¿Con quien

esa pesadumbre ha sido?

Espantajo

Con esos esportilleros,

que son como los cochinos,

que mientras engullen más,

más gruñen: voto a Cristo,

que si cojo un palo

Pedro de Sayavedra

Tentej

que si otro no han aprendido,

hacen bien en pretender ü-

Espantajo

¿Qué?

Pedro de Sayavedra

Que les valga su oficio.

Alonso de Sayavedra

¿Hijo, no podré saber

de dónde este bien nos vino?

Pedro de Sayavedra

De donde nos vino estotro:

lee, señor, y ten sigilo,

y no culpes mi altivez, (ta.

ignorando sus motivos.

Dale una carta.

Lee.

Alonso de Sayavedra

Su Majestad, que Dios guarde,

por vuestros buenos servicios,

Don Pedro de Sayavedra,

honraros ha pretendido

con un Hábito (¿qué es esto?)

de Santiago: yo os aviso,

para que podáis con tiempo,

disponiendo lo preciso

para las informaciones.

disfrutar lo que. os estimo.

Juan Gaztelú, Secretario

del gran César Carlos Quinto.

Aun esto me pasma más:

hijo, ¿ pues donde has servido?

¿qué méritos son ios tuyos,

para que con tan invicto

blasón te honre el César?

Pedro de Sayavedra

Padre,

solamente te suplico

goces los bienes, que Dios

me comunica benigno,

sin averiguar por donde

participármelos quiso.

Espantajo

Llene usted la panza y calle.

Alonso de Sayavedra

No entiendo este laberinto:

yo sé tus embustes, Pedro,

plegue a Dios, que tan altivos

pensamientos, no te lleven

a dar en un precipicio.

Vase.

Espantajo

Quoad nos perducant aeternam

le faltó a este sermoncito.

Pedro de Sayavedra

Pues se fue, llama, Espantajo,

a Acevedo, y a Montijo.

Espantajo

¿Ha seflores encerrados?

Salen Montijo y Acevedo.

Acevedo y Montijo

¿Quién nos llama?

Pedro de Sayavedra

Quien (o amigos

del alma) participaros

hoy pretende, y descubriros

máquinas, que en este pecho,

Paladión de altos designios,

716223 f 2M\

v.ta

Pag. 4

Pedro de Sayavedra

se han encubierto, a pesar

de mi altivez y mi brio.

Montijo

Di, que aquí tienes mi brazo,

que no teme, vive Christ o,

la guadaña de la muerte.

Acevedo

Di, que en tu favor alisto

cuantas astucias escritas

dejó Merlín a sus hijos.

Pedro de Sayavedra

No en vano entre mis parciales,

átí, Ace vedo, te elijo,

por ser mi amigo leal;

y a tí, por ser mi sobrino,

que de casa de Fernando

de Saya ved r a mi tio,

por algunas travesuras

de valor, 'andas huido,

y quieres seguir mi escuela.

Espantajo

No saldrá mal Angelito

Pedro de Sayavedra

Y puesto que la fortuna

acreditar ha querido

cuanto al osado apadrina,

cuanto desprecia al omiso,

vea también hasta donde

llega el gigante capricho

de un hombre, que harán eterno

los anales de los siglos;

pues en el uno valiente,

y el otro cuerdo, he elegido

quien me aconseje prudente,

quien me ayude vengativo.

Ya habréis visto, compañeros,

cuanto poderosa ha sido

en mi patria, y en la Corte

mi intercesión, que a su arbitrio

no ha habido cerrada cárcel,

ni ha habido recto Ministro,

ni provisión bien negada,

ni acuerdo mal proveído,

pues disponiendo los casos

a medida de mi juicio,

es la pretensión que alcanzo,

la propia que me imagino.

Al mismo tiempo, mi fausto,

mi pompa, mi señorío,

mi autoridad, mi manejo,

mi persuasión, mi cariño,

me han sabido granjear

tan grave copia de amigos,

como abundancia de bienes;

aunque el mundo siempre ha visto

solo al pobre, pobre al sabio,

y con gran séquito ai rico.

Todo esto, amigos del alma,

de la propia suerte ha sido,

que hoy sucede con bastantes,

pues yo gasto, triunfo y vivo,

sin saber de dónde sale;

tramoya en que a muchos vimos

rodar, mas temiendo siempre

se descubra el artificio:

mas yo estoy bien amarrado,

no temo, no, ese peligro.

Y porque de la verdad

a la luz miréis el hilo,

por donde mejor Teseo

gobierne este laberinto,

sabed (aquí, compañeros,

lo mejor del alma os fio)

sabed, que desde pequeño,

tan inclinado he nacido

a los rasgos de la pluma,

que en los cóncavos vacíos

del aire, en el verde rostro

de la tierra, en el cristalino

semblante del mar, no hay tronco,

fiera, pez, ave, ni risco,

que no imite al primer toque,

que sobre el mármol batido

del papel, pincel opaco;

la manchada pluma aplico.

No hay firma, que yo no imite

con tal propiedad, que ha habido

quien entre el original

y la copia, que yo he escrito,

deseche su forma, y tenga

por suyo el carácter mío.

Yo me apliqué a recoger

sellos, firmas y registros

del Pontífice, y el grande

Emparador Carlos Quinto,

de Francisco Rey de Francia,

del Ingles Monarcaa Enrico,

de la gran reina de Escocia,

de todos quantos Ministros,

Secretarios, Consejeros,

y Embajadores ha habido

Pag. 5

Pedro de Sayavedra

y hay en la Corte Romana:

decir lo que me ha podido

costar, discúrralo el docto,

que yo no basto a decirlo.

La primer vez que ensayé

esta habilidad, que os pinto,

fue en una Real Provisión,

para que, estando a presidio

condenado, una mujer

librar pudiese a su hijo;

y la dispuse tan bien,

que apenas la hubieron visto,

le pusieron en la calle,

sin costarle al pobrecito

ni dos reales para el mozo,

que suele quitar los grillos;

y aunque aquesta habilidad

pudiera hacerme atrevido,

ladrón y facineroso,

es tan noble, es tan altivo

mi espíritu, es tan hidalgo,

que a nada de eso me inclino:

antes sí un oculto influjo

me tiene hasta hoy persuadido,

que a un gran fin me guarda el Cielo,

y él no acaso darme quiso

tal prenda, sino es a efecto

de emplearla en su servicio,

pues en los extraños medios

de que se valen sus juicios,

nada hay despreciable, y todo

sirve al Director Divino.

Pero mientras tanto, fuera

muy bobo, si prevenido

no empleara yo el caudal

de mi discurso en mí mismo;

y así, entre varios enredos,

sabiendo, que de vencidos

sueldos, veinte mil ducados

debía el Cesar a mi tio,

que ya murió, y su heredero

en su testamento me hizo,

y de cobrar no había forma,

no quise andar en pelillos

de situaciones y efectos,

de libranzas ni de oficios;

hice una póliza, con que

cobré, sin el embolismo

de si cabe o si no cabe,

pues ya cupo en mi bolsillo.

Viendo dispuesto, y notando

que era bravo desaliño,

que con insignia anduviesen

de Caballeros antiguos

muchos, cuyos ascendientes

tomaran ser criados míos,

y que yo un hidalgo honrado,

Andaluz y bien nacido,

estaba sin el blasón

de tan noble sobrescrito,

me di un memorial a mí;

y como para conmigo

no hay más empeño que yo,

le decreté tan propicio,

que un Hábito de Santiago

me concedí yo a mí mismo.

Hice todos los despachos,

y engañé con su artificio

a Gaztelú, Secretario

del César, que hoy me ha escrito;

que proponiendo informantes,

saldrá luego a favor mío.

Mas siendo poco todo esto

para el solio donde aspiro,

y teniendo confianza

de los tres, yo determino,

que dejemos a Castilla,

pues uno u otro resquicio

de estas tramas fácilmente,

de los Argos traslucidos

de la Corte, podrá ser

que lleguen a descubrirnos

Pasemos a Portugal,

adonde son más sencillos

los ánimos, y sujetos

a la arrogancia, al capricho

y al fausto, con que es más fácil

cegarlos y confundirlos:

que además de estas razones,

no sé qué secreto aviso,

qué oculta fuerza, qué extraño

superior alto incentivo

me hace persuadir a que

será Portugal, amigos,

teatro en que haré famoso,

noble, eterno, y repetido

Pag. 6

Pedro de Sayavedra

el nombre de Sayavedra

a los venideros siglos

Montijo

Quando las obligaciones

de ver que soy tu sobrino,

Sayavedra, no me hicieran

seguirte, aunque a los abismos

bajaras, la inclinación

que siempre yo te he tenido

acompañarte me hiciera:

vamos allá, que yo, tio,

omnia mea mecum porto.

Espantajo

¿También sabe textécitos

el Montijillo?

Montijo

Borracho,

¿ porqué no?

Espantajo

¡Válgame Cristo!

ya sé que entre romancistas,

hay también guapos latinos.

Acevedo

Yo pronto estoy, Sayavedra,

y seguirte determino;

mas te ruego, que manejes

con cordura tus designios.

Espantajo

Esté es el caldo de zorra,

que quema cuando está frío.

Pedro de Sayavedra

Pues, amigos, a la empresa.

Acevedo y Montijo

Pues, Sayavedra, al arbitrio

Pedro de Sayavedra

Al engaño.

Acevedo y Montijo

Al fingimiento.

Pedro de Sayavedra

Yo haré mi nombre aplaudido.

Acevedo y Montijo

Nosotros te ayudarémos. Vans.

Espantajo

Y yo entre los tres amigos,

voy a Portugal a hartarme

de torreznos y chorizos,

que como lo comen pocos,

anda barato el tocino.

Vase.

Salen Doña Beatriz de A t ay de, Men -

cía, y Damas, y detras el Arzobispo,

y la reina.

Música

Memorias, ¿ qué me queréis?

no al pensamiento aflijáis,

que juzgo que os ausentáis,

y al corazón os volvéis.

Voz dentro

Tó, Melampo, tó, Barcino

al llano, a la cumbre, al cerro.

Reina doña Catalina

No cantéis más (¡ay de mí!).

Doña Beatriz de Atayde

Señora, si al sentimiento

le doblas la resistencia,

prestándole tú el esfuerzo,

no es posible que le venzas.

Reina doña Catalina

¡Ha traidora, ha lisonjero

ap.

Reina doña Catalina

áspid, que entre flores piensas

introducir tu veneno!.

Quién pudiera, declarando

de una vez tantos tormentos,

decir, que tú eres la causa

de que… mas disimulemos,

corazón, que ni la queja

te ha de servir de consuelo.

Doña Beatriz de Atayde

Bien conozco, gran señora,

pues respuesta no merezco,

cuanto debe de cansarte

mi cuidado: mal sus celos

ap.

Doña Beatriz de Atayde

encubre de mí la reina.

Reina doña Catalina

No, mi Beatriz, no eches menos

que no responda, que estoy

de suerte, que aquel aliento

que para la voz aplico,

para el suspiro le pierdo.

Doña Beatriz de Atayde

Anímate.

Reina doña Catalina

No es posible.

Doña Beatriz de Atayde

Declara tu mal.

Reina doña Catalina

No puedo.

Doña Beatriz de Atayde

Deséchale.

Reina doña Catalina

No hallo modo.

Mencía

Pues diviértele.

Reina doña Catalina

No acierto.

Arzobispo de Évora

Pues reina, y señora mía,

en día que por festejo

vuestro, el Rey mi señor viene

al verde hermoso recreo

de este bosque, a quien el Miño

guarnece de cristal terso,'

solo a fin de divertiros,

¿puede haber mal tan grosero

ni tan descortés tristeza,

que se atreva a vuestro cielo?

Reina doña Catalina

Sí, Arzobispo, que aun aquí

me viene un dolor siguiendo,

que a cualquier parte que voy,

siempre conmigo le llevo,

y es en vano el divertirle.

Doña Beatriz de Atayde

Por mí lo dice todo esto:

ap.

Doña Beatriz de Atayde

¡que los extremos del Rey

en este paraje, Cielos,

me pongan!

Arzobispo de Évora

¿Y no podré

t perdonad, si os parezco

curioso ) participar

de vuestro pesar? pues vemos,

que eí comunicado mal,

ya que no encuentra remedio,

suele hallar alivio.

Reina doña Catalina

Nada

negaros (¡ay Dios!) pretendo.

Ola, despejad.

Doña Beatriz de Atayde

Ahora

ap.

Pag. 7

Doña Beatriz de Atayde

cuál andarán (si no muevo

los pasos!) mi honor, mi fe,

mi atención y mi respeto!

¡O si supiese la reina,

que solo de mis afectos

es el dueño el de Berganza!

¡Qué presto, estrella, qué presto

sus sospechas apagara!

pero la condición temo

del Rey, que le tiene al Duque,

no obstante de ser su deudo,

grave ojeriza.

Mencía

Por si algo

mandas, señora, estaremos

cerca de aquí.

Vanse las Damas.

Reina doña Catalina

Bien está.

Voz dentro

Al valle, a la cumbre, ai cerro.

Arzobispo de Évora

Ya estamos, señora, solos.

Reina doña Catalina

Ahora salgan del pecho

( ¡o Arzobispo! ) en los raudales

de las lagrimas que vierto,

otros mejores testigos,

en lugar de mis acentos,

que os informen de mis penas.

Arzobispo de Évora

¿Gran Catalina, qué es esto l

¿vos, Princesa de Castilla,

vos, reina del vasto cetro

de Portugal; y en fin, vos,

que es más que cuanto refiero,

hermanona de un Carlos Quinto,

de quien tiembla el universo,

llanto en los ojos, pesares,

en el alma, desalientos

en la voz l ¿ no os veis, señora,

amada de vuestro Rey no?

Reina doña Catalina

Sí, Arzobispo.

Arzobispo de Évora

¿No os estiman

los Grandes.?

Reina doña Catalina

Mucho les debo.

Arzobispo de Évora

¿ No goza salud el

Reina doña Catalina

¡Quién pudiera hacerle eterno!

Arzobispo de Évora

¿No os adora vuestro esposo.?

Reina doña Catalina

No, Arzobispo.

Arzobispo de Évora

¡Qué oigo, Cielos!

Reina doña Catalina

No me adora.

Arzobispo de Évora

¡Grave mal!

Reina doña Catalina

Antes me esta aborreciendo,

antes me deja por otra;

y es el casto nupcial lecho

dura palestra de Marte,

no blando solaz de Venus.

Arzobispo de Évora

Ved, que será ilusión vuestra,

que como el amor es ciego,

juzga una cosa y es otra.

Reina doña Catalina

En el torpe amor concedo;

pero ai conyugal amor

que siempre trata un objeto,

le son ojos, le son manos,

cariño y conocimiento.

Arzobispo de Évora

¿Pues por quién puede dejaros

el Rey? de cólera tiemblo.

ap.

Reina doña Catalina

Por Doña Beatriz de Atayde;;

ved si está cerca el tormento,

ved si está propinquo el daño.

Arzobispo de Évora

¿Y ella acaso a sus extremos

corresponde.?

Reina doña Catalina

¿Qué decís.?

pues si supiera por cierto

tal, con las manos, con los dientes,

no arrancara de su pecho

la imagen, que por mi ofensa

colocó en su indigno templo?

Viven los Cielos

Arzobispo de Évora

Señora,

yo pregunto, no refiero.,

Reina doña Catalina

Arzobispo, no temáis,

que me llevé del afecto.

Arzobispo de Évora

No me espanto, que los reyes

también humanos naciéron.

Al paño el rey.

Rey don Juan el Tercero

Con cuidado de inquirir

lo que avisan los pliegos

de Roma, y aun más por ver

a Beatriz, sin cuyo objeto

no vivo, dejo la caza,

y hacia la Quinta me vuelvo:

¡ pero qué miro! ¿ la reina,

y el Arzobispo en secreto

hablando? ¿qué podrá ser.?

Pues no me han visto, escuchemos.

Arzobispo de Évora

Mal se acuerda el Rey, señora,

quánto en los pasados tiempos

debió a mí y a mis parciales;

y cuando a vuestro respeto

no atendiera, el haber sido

yo el principal instrumento,

después de haberle criado,],

de hacerle marido vuestro:

no era menor circunstancia

para saber atenderos

como merecéis; y a fe,

que me costó hartos desvelos

Pag. 8

Arzobispo de Évora

El falso Nuncio de Portugal.

convencer a vuestro hermanono

el Emperador, haciendo

desechase por mi Rey

tanto Príncipe Extranjero,

que anhelaba vuestra mano.

Rey don Juan el Tercero

Cargos me estaba poniendo

la junta de ambos; veamos

en qué para este misterio.

Reina doña Catalina

Nunca, Arzobispo, los hombres,

si una empresa consiguieron,

anhelan a conservarla:

ya el Rey es mi digno dueño,

y para matarme (¡ay triste!)

(segunda vez lo refiero)

por Dona Beatriz me olvida.

Rey don Juan el Tercero

Vertióse todo el veneno.

Arzobispo de Évora

Pues, Señora, ya que a mí

me elegís para el remedio,

mi vida y mi hacienda es vuestra.

Reina doña Catalina

¿Pues, Arzobispo, qué haremos/

Arzobispo de Évora

Quejaos al rey.

Reina doña Catalina

No me escucha.

Arzobispo de Évora

Haced que se queje el reino.

Reina doña Catalina

Pierde el honor de Beatriz,

que tiene muy nobles deudos

y es Dama mía.

Arzobispo de Évora

Decidla

vuestro pesar.

Reina doña Catalina

Aun no es tiezn-

Arzobispo de Évora

Escriba el César al Rey.

Reina doña Catalina

No querrá mezclarse en eso.

Arzobispo de Évora

Pues apartarle la causa.

Reina doña Catalina

¿Cómo?

Arzobispo de Évora

Desviando muy lejos

a Beatriz del Rey Don Juan.

Rey don Juan el Tercero

Terribles son los Decretos

de este Consejero; en vano

reprimir mi saña intento.

Arzobispo de Évora

Pues, señora…

Sale el Rey.

Rey don Juan el Tercero

¿Qué, Arzobispo?

Arzobispo de Évora

El

Rey don Juan el Tercero

válgame mi esfuerzo: ap.

a la reina mi Señora

decia, que en este puesto

no estuviera, si, pues, cuando…

No os turbéis, cobrad aliento,

y ved, pues ahora de Roma

he recibido este pliego,

Dáselo.

Rey don Juan el Tercero

lo que el Pontífice escribe.

Arzobispo de Évora

Sí haré, si a tomarle acierto:

¡ válgame Dios! ¿si me oyó

Rey don Juan el Tercero

Y a vos este sitio ameno

jos divierte, gran Señora?

Reina doña Catalina

No, Señor, que como tenga

la causa de mi tristeza

conmigo, y siempre la llevo,

a quaiquier parte que voy,

remedio ninguno encuentro.

Rey don Juan el Tercero

Debéis de andarle buscando

por extravagantes medios,

y sirve entonces la cura

de más daño que provecho.

Reina doña Catalina

Cuando un remedio ordinario

no basta, el Físico diestro

el extraordinario busca.

Rey don Juan el Tercero

Mas no elegirá el violento,

porque esta irrita y no sana.

Reina doña Catalina

Tal vez le aplica el despecho.

Rey don Juan el Tercero

Y le embaraza el poder.

Reina doña Catalina

Ya sabéis, que me convenzo

fácilmente.

Rey don Juan el Tercero

j Qué me escribe

el Papa, Arzobispo/

Arzobispo de Évora

El mismo

pasado empeño prosigue,

sobre que en aquestos reinos

permitáis la Inquisición.

Rey don Juan el Tercero

En vano Paulo Tercero

se cansa, porque aunque es santa

su intención, lo que es mi Pueblo

no ha de permitirlo: en fin,

vos ya habéis visto ese pliego,

mirad qué me aconsejáis,

porque yo, Arzobispo, os tengo

por buen vasallo.

Arzobispo de Évora

Señor…

Rey don Juan el Tercero

Mas no por buen Consejero.

Arzobispo de Évora

¿Pues en qué he faltado yo,

Señor, al servicio vuestro?

Rey don Juan el Tercero

En haber sobrado; porque

pierde, Arzobispo un discreto,

tanto en persuadir lo más,

como en despreciar lo menos.

Arzobispo de Évora

No os entiendo.

Rey don Juan el Tercero

Pues yo sí.

Reina doña Catalina

Después, Arzobispo, espero.

Vóyme, porque las preñeces a

con que habla el rey, que obre temo

algún despecho en mi saña.

Guárdeos Dios.

Rey don Juan el Tercero

¿Pues qué tan presto

os ausentáis /

Reina doña Catalina

Es forzos.

Rey don Juan el Tercero

Y en mí lo es no deteneros:

Aparte.

Rey don Juan el Tercero

el Cielo vaya con vos.

Pag. 9

Reina doña Catalina

Un volcan llevo en el pecho.

Vase.

Salen Doña Beatriz, el Duque de Ber -

ganza, el Conde de Porto-Alegre

y Moisés.

Doña Beatriz de Atayde

No habéis de pasar de aquí,

Duque,

Duque de Berganza

Mal podremos

cumplir con la obligación.

Conde de Porto-Alegre

La mayor que yo os confieso,

me alienta para serviros.

Moisés

En mí es tributo este obsequio,

pues es complacer al Rey.

Rey don Juan el Tercero

Arzobispo, ¿qué es aquello?

Arzobispo de Évora

Es Doña Beatriz de Atayde,

que encontrando en este puesto

ai entrar al de Berganza,

la viene, señor, sirviendo,

y el Conde de Porto Alegre,

con Moisés tu Tesorero

mayor, y tu Secretario.

Rey don Juan el Tercero

No será acaso el encuentro,

que lo que es al de Berganza

muy diligente le veo

sirviendo a Doña Beatriz.

'onde y

Duque de Berganza

El Rey.

Rey don Juan el Tercero

Muy bien, Caballeros,

me parece, que a las Damas

sirváis

Duque de Berganza

Hacer lo que debo

es esto, señor.

Conde de Porto-Alegre

Las deudas

nunca son merecimientos.

Moisés

Por más que la atención pague,

siempre es deudor el afecto.

Doña Beatriz de Atayde

Gran señor, estos Fidalgos

tienen tan bizarro dueño

en vos, en quien aprender

Portugueses rendimientos,

que en obrar tan cortesanos

son solos traslados vuestros.

Rey don Juan el Tercero

No obstante, me han dado envidia;

y así, señora, deseo,

si me concedéis licencia,

que me juréis de Escudero;

y pues en el campo estamos,

ola, avisad los Monteros,

y la batida prosiga.

Duque de Berganza

Ya hay otra sospecha, celos.

ap.

Doña Beatriz de Atayde

A retirarme, señor,

iba, porque no me siento

muy buena.

Rey don Juan el Tercero

Pues yo os iré

Ingenio. p

hasta esa Quinta sirviendo.

¡Ay Beatriz!, en tus dos soles

ap.

Rey don Juan el Tercero

de amor mariposa muero.

Doña Beatriz de Atayde

Señor, no he de permitirlo.

Duque y conde

Los dos sirviéndola irémos

Rey don Juan el Tercero

No, Conde, no, Duque; y pues

nosotros no merecemos

tal ventura, el Arzobispo,

la logrará.

Arzobispo de Évora

Yo no puedo,

que la reina mi señora

me ha llamado, y pues entiendo,

que en vuestra atención ser debe

preferido aquel precepto

a aquesta cortesanía, N

perdonad si no obedezco,

que en vos y en mí debe ser

lo primero, lo primero. Vase

Rey El Arzobispo pretende

apurar mi sufrimiento:

Moisés.

Moisés

Señor.

Rey don Juan el Tercero

Quedaos vos,

por si acaso tenéis tiempo

de ver si Doña Beatriz

admite por vuestro ruego

este papel, y a esa carta

responded, que ahora mesmo

he recibido de Roma.

Dale el papel

Moisés

Bien esta.

Rey don Juan el Tercero

Pues no os cansemos:

Duque, venid: venid, Conde.

Vase.

Duque de Berganza

Voy, señor: ingrato dueño,

bien vana os pueden tener

los conocidos extremos

del

Doña Beatriz de Atayde

Como no los busco,

hago poco caso de ellos.

Vase Berganza.

Conde de Porto-Alegre

Hasta que a Doña Mencía

logre ver, a quien mi afecto

tributa su adoración,

malquisto está.mi sosiego. Vase

Moisés

Esperad, Beatriz divina.

Doña Beatriz de Atayde

¿Qué queréis?

Moisés

Decirte quiero

de parte del Rey Don Juan,

cuanto los dulces reflejos

de esos dos brillantes astros

han abrasado su pecho:

bien lo gritan las finezas,

a que tirano tu ceño

se da por desentendido.

Doña Beatriz de Atayde

¿Qué es esto que estoy oyendo?

Pag. 10

Al paño el duque.

Duque de Berganza

Dejé divertir al rey,

y a buscar a Beatriz vuelvo;

pero aquí está con Moisés.

Moisés

¿Qué has de oír, ingrato objeto,

de tan mal pagadas ansias

tan mal premiados deseos?

¿que haya un alma que te adore,

te da tal desasosiego?

¿quien ha encendido la llama,

que se asuste del incendio?

Duque de Berganza

¿Qué oigo? ¿Moisés enamora

a Beatriz? aun no lo creo:

vuelvo a oír.

Doña Beatriz de Atayde

¿Cómo, villano,

bárbaro, atrevido y ciego

para el error que pronuncias

has tenido atrevimiento?

¿Sabes quien soy?

Moisés

Sí, señora.

Doña Beatriz de Atayde

Y dime, ¿no te caes muerto

de hablarme en tales propuestas?

Mas como de aquestos yerros

obra el delirio del Rey,

dando su lado a un Hebreo.

Moisés

Hebreo soy; mas soy tan rico,

de tal lustre y tal manejo,

que conmigo se pudieran

honrar aun mayores reinos

que Portugal: Secretario

soy del Rey y Tesorero.

Di más, Beatriz, que eres Dama,

y no me ofendes en eso.

Este papel (¿cuál será?)

( ¡de ira estoy sin mí ) te ruego,

que admitas, y que depongas

tu enojo.

Duque de Berganza

Ya el sufrimiento

llegó hasta aquí.

Doña Beatriz de Atayde

De esta suerte

le tomo.

Arroja la carta, y sale el de Berganza

sacando la espada.

Duque de Berganza

Mientras mi acero

( infame) castiga tanta

osadía.

Doña Beatriz de Atayde

¡Ay de mí! ¡qué veo!

Duque, dueño, reportaos. (bréo,

Moisés

Duque, advertid…

Duque de Berganza

Vil He-

muere a mis iras.

Moisés

No puedo

sacar contigo la espada;

y así, no temor, respeto

es, que la espalda te vuelva.

Duque de Berganza

¿Qué importa? yo iré siguiendo

tus huellas hasta matarte.

Doña Beatriz de Atayde

Oye, espera.

Vanse.

Salen Sayavedra de Clérigo, vestía

de camino, con Habito de Santiago,

Montijo, Acevedo y Espantajo

de Estudiantes.

Pedro de Sayavedra

Ya nos vemos

bien dentro de Portugal.

Espantajo

Ello a costa de los huesos,

que del diablo de la posta

traigo hecho sal el salero.

Pedro de Sayavedra

Descansemos en aqueste

delicioso sitio bello,

que luego para llegar

ai Lugar montar podremos.

Acevedo

Bien te está el disfraz.

Espantajo

Pues digo,

el Hábito es lo de menos.

Acevedo

¿Qué parecemos así:

nosotros?

Espantajo

Espantaperros.

Montijo

El demonio, Sayavedra,

te puso ese pensamiento

en la cabeza: pareces

Canónigo hecho y derecho.

Acevedo

Para entrar disimulados

este ha sido el mejor medio.

Pedro de Sayavedra

Y aun para ciertas ideas,

que ha de descubrir el tiempo.

Ya sabéis como encontramos

por el camino viniendo

dos jesuitas (que como

es tan nueva en estos tiempos

esta Religión, hasta hoy

no había visto otros) pues estos

me contaron, como el Papa

solicita en estos reinos

plantar de la Inquisición

el Santo Oficio; mas ellos

alborotados resisten

del Pontífice el Decreto,

y… pero tened, ¿qué carta

es esa que está en el suelo?

Acevedo

Abierta está.

Alza la carta.

Pedro de Sayavedra

El sobrescrito

dice: A Don Juan el Tercero

Lee.

Pedro de Sayavedra

Rey de Portugal. (Veamos

lo que incluye-: ) Paulo Tercio.

A tí, mi escogido hijo,

Pag. 11

Pedro de Sayavedra

salud: Mil veces te tengo

amonestado permitas,

por la salud de tu Pueblo

de la Santa Inquisición

el Tribunal en tu reino,

y no dejaréde instarte

por Legado, remitiendo

uno de nuestros Hermanos

del Sacrosanto Colegio,

hasta conseguir el fin

a que aspiro. Paulo, Siervo

de los Siervos del Señor. (tro!

Acevedo

¡Raro caso!

Montijo

¡Extraño encuentro!

Pedro de Sayavedra

Parece que a mis ideas

favorecer quiere el Cielo.

¡O, si con mi industria yo

le lograra estos deseos

al Papa! La Señoría

no se olvide, Caballeros,

que estamos ya en Portugal.

Montijo

Por mí, qiic vaya de enredo

en buen hora.

Acevedo

Sl no saben

disimular, nos perdemos.

Espantajo

Ustedes no se amohínen

si la carcax’ada suelto

en la primera ocasión.

Pedro de Sayavedra

Cierto, que fuera muy bueno.

Espantajo

Yo por tí disimulara,

pero no es posible en viendo

el arlequín de Mont ijo,

y el fantasma de Acevedo.

Acevedo

Este está loco.

Montijo

Ya el buen

Espantajo está hecho un cuero.

sp. Pues aun no me he hecho el bigote.

Voz dentro

Tó, Melampo, al llano, ai cerro.

Pedro de Sayavedra

Ruido de caza se escucha.

Sale el Conde de Porto-Alegre,

Conde de Porto-Alegre

Ola, despejad, ¿qué es esto?

¿gente aquí, cuando empezada

la batida, viene ai puesto

el Rey?

Pedro de Sayavedra

¿Quién, señor?

Conde de Porto-Alegre

¿El rey?

Pedro de Sayavedra

¿Y cuál es?

Conde de Porto-Alegre

Aquel primero

de la divisa encarnada.

Pedro de Sayavedra

Razón es nos retiremos.

Acevedo

y

Acevedo y Montijo

Venga Usiría.

Conde de Porto-Alegre

¡Qué escucho!

perdonad, si desatento,

ignorando quien sois', pude

hablaros, y en vuestro obsequio

al Conde de Porto-Alegre

admitid.

Pedro de Sayavedra

Señor, yo ofrezco

mi afecto a-vuestra obediencia.

Conde de Porto-Alegre

¿ Quien sois para conoceros

y serviros?

Pedro de Sayavedra

Don Fadrique

de Alencastre y de Toledo,

Canónigo de Sevilla.

Conde de Porto-Alegre

Seréis por fuerza mi deudo:

mi casa en Lisboa es vuestra,

que la honréis, señor, espero

si gustáis j y por ahora

dadme licencia, que tengo

a mi cargo gobernar

la batida por Montero

mayor, y es fuerza acudir.

Pedro de Sayavedra

Yo me retiro.

Conde de Porto-Alegre

No, ciertos

si queréis besar la mano

al Rey, a este sitio ameno

llegará, y podréis lograrlo,

que con tan altos sugetos

no se entienden las comunes

órdenes: guárdeos el Cielo.

Vase.

Pedro de Sayavedra

Id con Dios.

Espantajo

Jesús, ¡qué risa!

Acevedo y Montijo

Digo, ¿ha ido bien?

Pedro de Sayavedra

Bien se ha hecho.

Montijo

¿Por qué ese nombre fingiste

a este Conde?

Pedro de Sayavedra

Porque quiero

a quantos fuere encontrando

varios nombres ir diciendo,

para cuando llegue el caso

decir, que fue fingimiento

variar.

Acevedo

¿ Y a qué fin urdes

la trama?

Pedro de Sayavedra

Sabráslo presto.

Espantajo

¿Con que según la presente,

este bosque en que nos vemos

es sitio Real?

Pedro de Sayavedra

Sí, y el Rey

ha venido, según creo,

hoy a divertirse a él.

DDentro. Tó, Melampo, tó, Rugero.

Sale el Rey de caza.

Rey don Juan el Tercero

Por más, o ligero corzo,

que de exhalación del viento'

presumas, te he de atajar.

Pedro de Sayavedra

Este es el

Rey don Juan el Tercero

¡Mas qué veo!

¿quién está aquí?

Pedro de Sayavedra

Dadla mano,

noble don Juan el Tercero

Arrodíllase

Pag. 12

Pedro de Sayavedra

de Portugal, a Don Luis

de Ayala y Portocarrero,

Barón de

Vicario de Mora

, y Arcediano

de Cuenca, Señor de Nueros,

y Marques de Torres-Vivas.

Espantajo

Tómate esa.

Rey don Juan el Tercero

alzad del suelo,

que aunque de los Castellanos

Títulos noticias tengo,

por los vuestros no os conozco.

Pedro de Sayavedra

Siempre, señor, mis abuelos

habitáron en las Indias,

y yo ahora de Roma llego

a Portugal.

Rey don Juan el Tercero

¿Enviado

del Papa?

Pedro de Sayavedra

A negocios vengo

de la Curia, que sabréis,

gran señor, en siendo tiempo.

Rey don Juan el Tercero

¿Es sobre cosa, que el Papa

me haya escrito ya?

Pedro de Sayavedra

Algo es de eso;

y perdonadme, si a vos

os incluyo en el misterio

con que me encargó, que observe

mi entrada en aquestos reinos,

pues aunque soy quien os digo,

soy más de lo que parezco.

Rey don Juan el Tercero

No penetro esos enigmas.

Pedro de Sayavedra

Eso quiere Paulo Tercio:.

yo haré ahora servir la carta,

ap.

Pedro de Sayavedra

pues me la hallé a tan buen tiempo.)

Quien para que de creencia

me valga, me dio ese pliego,

traslado del que os escribe,

señor, por este Correo.

Dasela.

Acevedo

¿Qué decís de esto?

Montijo

Que este hombre

tiene el demonio en el cuerpo:

¿veis coa el desembarazo

que se atreve, cuando ménos,

a engañar al Rey?

Espantajo

Los cuatro

llevaremos a doscientos.

Rey don Juan el Tercero

Tenéis razón, esto mismo {la.

me escribe: tomad, mas creo, Vuélvesela.

que se cansa el Papa en valde.

Pedro de Sayavedra

Estando vos de por medio,

no saldrá su intento vano.

Rey don Juan el Tercero

Es peligroso su intento, {

que es mi Pueblo mal sufrido

para imponerle ese nuevo

yugo.

Pedro de Sayavedra

Oprimir a los malos,

es aliviar a los buenos.

Rey don Juan el Tercero

Yo he de vivir con los míos.

Pedro de Sayavedra

Los indignos no son vuestros:

Vos sois Príncipe cristiano;

no tendrá el Papa mal pleito.

Rey don Juan el Tercero

Don Luis, este no es paraje

de poder hablar en esto:

Vase.

Rey don Juan el Tercero

vedme en la Corte.

Voz dentro

A la selva,

a la ladera, al repecho.

Sale Moisés.

Moisés

Líbreme del de Berganza,

a quien Beatriz deteniendo

llevó consigo a la Quinta,

y he echado la carta ménos,

que del Papa me dio el Rey:

sin duda la di por yerro

a Beatriz, pues su papel

es el que conmigo tengo:

¿Caballeros?

Pedro de Sayavedra

¿Qué mandáis?

Moisés

¿Habéis visto en este punto

una carta, que ahora en él

se me cayó?

Pedro de Sayavedra

Echa en el suelo

ese pliego aprisa. ¿Sois,

Echan la carta.

Pedro de Sayavedra

si en preguntar no os ofendo,

el Secretario del Rey?

Moisés

¿Qué mandáis?

Pedro de Sayavedra

Yo, conoceros

solamente.

Moisés

Sí, señor;

mas hacia allí un papel veo:

ya he hallado lo que buscaba;

quedad con Dios, Caballeros. Va,

Pedro de Sayavedra

Vaya con Dios, que no sabe

usted lo que le agradezco,

que volviese por su carta,

pues así queda el enredo

más seguro.

Acevedo, Montijo y Espantajo

Sayavedra,

hombre, ¿no dices qué es esto?

Pedro de Sayavedra

Es, amigos, empezar

el más extraño, el más nuevo

ardid, que verán los siglos:

vamos.

Acevedo, Montijo y Espantajo

¿A qué? x

Pedro de Sayavedra

A disponernos.

Acevedo, Montijo y Espantajo

¿Para qué?

Pedro de Sayavedra

Para una empresa,

que ha de hacer mi nombre eterno.

Acevedo, Montijo y Espantajo

¿Y cuál es?

Pedro de Sayavedra

El introducir

Pag. 13

Pedro de Sayavedra

la Inquisición en el reino

de Portugal, no en vano

me asiste este pensamiento:

vino aquel pliego a mi mano,

y ordenó este acaso el Cielo.

Acevedo

Yo a todo por ti me arrojo.

Montijo

Yo todo por ü lo emprendo.

Espantajo

Maza he de ser de" tu mona.

Pedro de Sayavedra

Pues desde hoy…

Acevedo, Montijo y Espantajo

¿Qué?

Pedro de Sayavedra

Compañeros,

a un lado la Señoría,

que a ser Eminencia empiezo.

Acevedo, Montijo y Espantajo

Más que seas Majestad,

que a todo te ayudaremos.

Espantajo

Seflores, el Sayavedra

es grandísimo embustero.

JORNADA SEGUNDA.

Salen Pedro de Sayavédra,y Montijo.

Pedro de Sayavedra

Ya tarda mucho Acevedo.

Montijo

Plegue a Dios no le hayan dado

alguna zurra, y no vuelva

acá con doscientos diablos.

Pedro de Sayavedra

No es eso posible.

Montijo

¿No?

así dieran los Fidalgos

el embuste.

Pedro de Sayavedra

Aunque mi idea

es, Montijo, el engañarlos

si resulta en su provecho,

más es lisonja que agravio.

Montijo

En fin, te determinastes

al hecho más temerario,

que hombre mortal ha emprendido.

Pedro de Sayavedra

Ya sabes como dejamos

a Portugal, y a Sevilla:

después que yo hube encontrado

en aquella Quinta al Rey,

dimos la vuelta los cuatro.

Mont Ya sé, que nos descubriste

tu intento así que llegamos,

que era fingirte ( no es nada )

Cardenal, Nuncio y Legado

del Pontífice.

Una Bula

fabriqué allí de mi mano,

y a un fraile de cierta Orden

la mostré, recién llegado

de Roma, quien conocía

bien los signos del Datarío

y del Pontífice, el cual

se quedó ál verla admirado

de la fuerza de la Bula:

pregúntele ( por si acaso

no estaban bien imitadas )

si aquellas firmas y rasgos

eran del Datario y Papa?

a que respondió jurando,

que eran de su mismo puño

por aquel Hábito santo.

Encargúele, que tuviese

secreto, y él ideando,

que era yo más que decía,

me hizo infinitos regalos,

imaginando sin duda

sacar algún Obispado.

Determinéme a la empresa

que sabes, y fabricando

otra Póliza, saqué

sesenta y tres mil ducados

de las Arcas Reales de

Sevilla para mis gastos.

Hice libreas, carrozas,

plata labrada, y dejando

quien me fuese remitiendo

a este Lugar los criados,

que dejé allá recibidos,

por ir desembarazado,

me vine a Evora, Ciudad

adonde conmigo traigo

(tan persuadido a lograr

lo que dispongo me hallo)

la plata, los ornamentos

y aparatos necesarios

para poner la Capilla

de la Inquisición, pues cuando

es tan admirable el fin,

aunque los medios son malos,

tiene disculpa mi yerro

Dios le tomará a su cargo.

Ayer despaché a Acevedo,

a quien de mi Secretario

di la plaza, a dar al Rey

cuenta de que había llegado,

y con cuidado me tiene

de ver como tarda tanto.

mas ya viene allí.

Montijo

Tú piensas,

tío, enredos soberanos.

Pag. 14

Sale Acevedo de militar con plumas, y

Espantajo de lacayo.

Pedro de Sayavedra

¿Acevedo?

Acevedo

¿Sayavedra?

Pedro de Sayavedra

¿cómo ha ido?

Acevedo

Mal despachados

venimos.

Espantajo

Y es harto no

venir con cien garrotazos

cada uno, pues solamente

quien estuviere borracho

seguirá tus desatinos.

Pedro de Sayavedra

¿Pues qué hubo, amigo?

Acevedo

Llegamos,

y al mayordomo de guarda

le dije, que era criado

del Cardenal Sayavedra,

quien, por venir a un gran cargo

que pedía aquel misterio,

vino a Evora disfrazado.

Sacó licencia del Rey

para entrar, y relatando

mi embajada en la presencia

de Grandes y de Prelados,

fue tanta la conmoción,

y el alboroto fue tanto,

que imaginé no salir

vivo: el Rey, más indignado

que todos, me dijo: Andad,

decidle al Nuncio de Paulo,

que en el instante que yo

envíe a cumplimentarlo,

por ser, al fin, de la Santa

Sede Cardenal Legado,

deje al instante mis reinos,

que es proceder muy osado

entrar sin licencia mía

a imponer en mis Estados

tal novedad. Considera

cuál yo quedaría: temblando

me salí, y volví a montar:

esto es lo que me ha pasado.

Montijo

Pues, caballeros, ¿qué hacemos?

este golpe se dio en vago:

vuelta a Castilla.

Pedro de Sayavedra

¿A Castilla?

no señores, lo empezado

se ha de proseguir.

Acevedo

¿Qué dices?

Montijo

Señor, que te tienta el diablo.

Espantajo

Ustedes verán si no hace

que quedemos ahorcados

en la plaza de Lisboa.

Pedro de Sayavedra

Hermosos badeas traigo

conmigo para un empeño.

Montijo

Aquí nada recelamosj

pero emprender disparates,

es morir desesperados.

Acevedo

No dice mal. Soy. Pues por cierto,

que hiciéramos buen emplastro

volviéndonos a Castilla

con lo gastado gastado:

y yo, que es más que todo esto,

sin lograr que estos Fidalgos

me diesen muy graves una

Eminencia como un plato:

no puede ser.

Espantajo

Acabóse

vuelvo a decir, que han de ahorcarnos,

y me alegrare por ver

sacar la lengua de un palmo

a Montijillo.

Montijo

Bufón,

¿qué va que te descalabro?

pues estoy yo para chanzas.

Dentro voces. Pára, pára.

Acevedo

Coche a la puerta ha parado.

Espantajo

Y Caballeros parecen,

que traen muy grande aparato.

Danle un pectoral y un capote morado

Pedro de Sayavedra

Oyes, dame el pectoral

y aquel capote morado,

y sal a ver quiénes son:

ponte el manteo volando,

Montijo.

Montijo

Estoy de ese humor

por cierto.

Pedro de Sayavedra

Tú a acompañarlos

baja, Acevedo.

Acevedo

Ya llegan.

Pedro de Sayavedra

En el uno he reparado:

el Conde de Porto-Alegre

es el que me habló en el campo,

cuando vi al Rey, y el que viene

con él al derecho lado

Obispo parece.

Sale delante Mont ijo, luego el Conde y

el Arzobispo, y detrás Espantajo

y acompañamiento.

Arzobispo de Évora

Entrad.

Conde de Porto-Alegre

Venid.

Arzobispo de Évora

No nos detengamos.

Conde de Porto-Alegre

Esto es deuda: mas porque

os conozca me adelanto.

¿Señor?

Pedro de Sayavedra

¿Señor?

Conde de Porto-Alegre

¡Qué veo, Cielos!

ap.

Pag. 15

Conde de Porto-Alegre

¿no es el que yendo cazando

encontré? Vuestra Eminencia

tenga por su aficionado

servidor al Conde de

Porto-Alegre. Say, Con mis brazos

admito a Vueseñoría

la atención.

Acompañando

llego ai Señor Arzobispo

de Evora.

Arzobispo de Évora

Que ha celebrado

con grandes veras tener

ocasión en que mostraros

( o Señor Eminentísimo )

cuanto es vuestro apasionado,

Pedro de Sayavedra

Y esto es que jamás me ha visto;

mundo, estos son tus engaños,

ap.

Pedro de Sayavedra

Vueseñoría Ilustrísima

me admita en cuanto yo valgo

a su obediencia. Ola, sillas;

pasad, Señor, a sentaros.

Arzobispo de Évora

Vaya Usía.

Conde de Porto-Alegre

Usía vaya.

Arzobispo de Évora

Señor…

Pedro de Sayavedra

Yo, señor., no paso;

este es mi lugar. Arzob, Debiendo

obedecer, replicaros

Siéntase.

Pedro de Sayavedra

no me toca.

Conde de Porto-Alegre

¿Cómo viene

vuestra Eminencia? Sayav, Cansado

del camino, señor Conde.

Arzobispo de Évora

No me espanto, que es muy largo,

y yo estimo que eligieseis,

señor, para repararos

esta Ciudad, que pues tengo

el Arzobispal Palacio

en ella, aspirar me toca

a que le dejeis honrado

con vuestra asistencia.

Pedro de Sayavedra

Yo

en cualquier parte descanso,

estimóos mucho la oferta;

pero yo, señor, me parto

al amanecer.

Montijo

Ya habias

de marchar con dos mil diablos.

Espantajo

¿Aun dura el moño?

Pedro de Sayavedra

Callad.

Espantajo

Mont ijo es que está bufando.

Arzobispo de Évora

No sé cómo podrá ser,

que el Rey, señor, me ha enviado,

tomando mejor consejo,

no solo a cumplimentaros,

más a rogaros entréis

en la Corte, o disfrazado

o en público, como más

lento. Y s

gustareis; pero mostrando

que es a otro fin la venida,

que al de introducir el Santo

Oficio, porque la plebe

no intente algún desacato.

Esto es no deciros, que

se convencerá a dejaros,

que plantéis la Inquisición,

sino es que hará ver el caso

en su Consejo, pues veis

que este es negocio muy árduo,

y hará lo que le convenga.

Pedro de Sayavedra

Mucho, señor, he estimado

que mudase vuestro Rey

parecer, como cristiano

Príncipe y tan valeroso,

que no sé yo como Paulo

tomará el desayre mío,

Arz, No os espantéis, que Ue ha llegado

esto en la mala ocasión

de estar el Rey indignado,

porque el Clero se resiste

a pagarle por este año

( bien es verdad que está pobre)

el subsidio y excusado;

Si le veis;… Sayav, No digáis nada,

que también comisión traigo

sobre eso; y si el Rey no viene

en lo justo, necesario

será que use de mi oficio.

Arzobispo de Évora

Este es hombre de gran garbo,

Conde de Porto-Alegre

Sí, resolución parece

que tiene,

Arzobispo de Évora

Para estos casos

se eligen hombres como estos.

No queremos molestaros:

cansado vendréis, señor,

dadnos licencia, y de paso

sabed, que tenéis en mí

Levantase

Arzobispo de Évora

un amigo y un contrario.

Pedro de Sayavedra

¿Contrario?

Arzobispo de Évora

Sí, porque soy

el primero que embarazo,

que la Inquisición se admita.

Pedro de Sayavedra

¿Aqueso dice un Prelado

como vos?

Arzobispo de Évora

Razones tengo,

y estos son juicios humanos.

Pedro de Sayavedra

Quien ha de unir la semilla,

no puede arrojar el grano.

Arzobispo de Évora

Eminentísimo a Dios,

Pag. 16

Arzobispo de Évora

que ya hablaremos de espacio.

Pedro de Sayavedra

Decidle al Rey, que yo estimo

sus honras, que yo me allano

a sus órdenes, y hacer

mi entrada al instante parto

porque estoy muy deseoso

de ir a besarle la mano.

Arzobispo de Évora

Así lo diré.

Conde de Porto-Alegre

Señor,

a Dios,

Pedro de Sayavedra

Yo he de acompañaros:

Usía Ilustrísima venga,

venga Usía.

Arzobispo de Évora

Yo no salgo

si vuestra Eminencia no

se queda.

Conde de Porto-Alegre

Aquí nos quedamos

Pedro de Sayavedra

Señor, obedezco.

Conde de Porto-Alegre

A Dios,

Arzobispo de Évora

A. Dios.

Pedro de Sayavedra

Id acompañando.

Arzobispo de Évora

El Cardenal es grande hombre:

mucho de verle me he holgado.

Vas.

Conde de Porto-Alegre

O este es el mismo que vi,

ap.

Conde de Porto-Alegre

o debo de estar soñando.

Vanse.

Espantajo

Ya no nos ahorcan.

Pedro de Sayavedra

Ven,

que estos son unos cuitados.

Espantajo

Y si el Rey escribe a Roma,

hombre, y se sabe que es falso

lo que dices?

Pedro de Sayavedra

¿Quién te ha dicho,

que no tengo cohechados

dos correos que me avisen

cuando llega el Ordinario,

y sabré trocar los pliegos?

que este y mayores milagros

el unto de ranas hace.

Espantajo

-Y si viene alguno acaso

de Roma, y se sabe de él,

que no hay en el calendario

tal Cardenal?

Pedro de Sayavedra

Majadero,

cuando hay Cardenales tantos,

¿cómo es fácil apurar

si el Pontífice ha creado

en España alguno nuevo,

y ese soy yo?

Espantajo

Esos reparos

son para críticos, que

circunspectos y estirados

gastan el trabajo propio

en murmurar el extraño.

Pedro de Sayavedra

Calla, hombre, que ci ser mordaz

no es lo mismo que el ser sabio;

la nota del Docto temo,

y si esa la satisfago,

la del tonto la desprecio.

¿Fuéronse ya? Salen

Montijo

y Acev

Montijo y Acevedo

Ya marcháron.

Pedro de Sayavedra

Digo, y ahora, Reyes míos,

¿qué dirán?

Acevedo y Montijo

Que eres el diablo

Pedro de Sayavedra

Yo he de hacer luego mi entrada]

pues que todo está ordenado:

vamos repartiendo oficios;

tú eres ya mi Secretario:

a tí te hago mi Cochero.

Espantajo

Voto a Cristo…

Pedro de Sayavedra

¿Qué haces?

Espantajo

¿Qué hago

empiezo a ejercer mi oficio,

que es jurar y estar borracho.

Pedro de Sayavedra

Tú mi Page y Camarero

eres.

Montijo

Acepto los cargos

Pedro de Sayavedra

Animo, amigos.

Acevedo y Montijo

Al armá,

Espantajo

¿Ven todo aqueste aparato?

pues plegue a Dios no nos hagan

cardenales a porrazos Vanse

Salen el Rey y Moisés. (creo'

Rey don Juan el Tercero

¿De suerte, que es el duque, aun no lo creo,

quien compite, Moisés, con mi deseo?

¿el de Berganza adora a Beatriz bella?

Moisés

No es lo peor que él la ame, sino es que ella

corresponda, señor.

Rey don Juan el Tercero

¡Ah infiel!;ah ingrata!

eso causa el rigor con que me tratai

pero aquí el Duque viene,

disimular conviene.

Sale el de Berk

Duque de Berganza

Dadme, señor, los pies.

Arrodíllase.

Rey don Juan el Tercero

Primo, levanta.

Duque de Berganza

A vuestros pies me trae novedad tanta,

como la que he escuchado,

de haber un nuncio en Portugal entrado,

sin haberlo la Corte aun sabido.

Rey don Juan el Tercero

Yo, que es más, no lo he entendido

hasta que estuvo dentro,

y ya, por evitar algún encuentro

con el Papa, permito

que entre en Lisboa, donde solicito

saber de su embajada. (da

Moisés

Esa está en la ciudad bien divulgada:

la Inquisición, señor, vendrá a fundaros.

Duque de Berganza

Mucho es que lo digáis sin asustaros.

Moisés

Yo no soy…

Duque de Berganza

¿Qué seréis?

Rey don Juan el Tercero

Duque, ¿qué es esto?

en mi presencia vos tan descompuesto?

Duque de Berganza

Yo no me descompongo, eso se diga

Pag. 17

Duque de Berganza

a quien tal novedad le da fatiga, (za

que ese temor, ni aun otro, no le alcanza

a un primo vuestro, a un duque de Berganza.

Rey don Juan el Tercero

Despejad vos, Moisés. (Berganza.

Moisés

Voy me corrido

ap.

Moisés

de mi desgracia, y más de haber sabido

que contra mi nación,a quien se opone,

plantar el Santo Oficio se dispone:

mas la gracia del Rey tengo en mi mano

yo haré que salga su intención en vano.

Vase.

Rey don Juan el Tercero

Ya, Duque, que estamos solos

pues que por deudas tan altas,

siendo vuestro mi amor todo,

no debo encubriros nada,

pretendo fiar de vos

gusto, afecto, vida y alma.

Duque de Berganza

Decid, señor, pues sabéis,

que estoy siempre a vuestras plantas.

Rey don Juan el Tercero

Yo haré que no me compita,

ap.

Rey don Juan el Tercero

pues una vez declarada

mi pasión con él, sabré

matarle, si en su amor pasa

adelante. ¿‘Antes de todo

me daréis una palabra?

Duque de Berganza

Sí doy.

Rey don Juan el Tercero

¿Sin saber cuál es?

Duque de Berganza

Sí señor; ¿pues qué adelanta

desde luego en concederla,

quién no ha de poder negarla?

Rey don Juan el Tercero

Pues sabed, que yo idolatro

la hermosura soberana

Duque de Berganza

i De la reina Catalina?

Rey don Juan el Tercero

No, Duque.

Duque de Berganza

Es, que no hay quien valga

más que ella, y dudo que en otra

vuestro afecto se empleara.

Rey don Juan el Tercero

Todos estos de la reina

son parciales: ¡ah tirana!

ap.

Rey don Juan el Tercero

no hay puesto que no me cojas,

mas yo haré que no te valga.

A Doña Beatriz de Atayde

es a quien mi fe idolatra:

Duque, yo sé que hay quien es

amorosa salamandra

de las luces de sus ojos:

desde hoy habéis de guardarla

de todos, a vos lo fiof

pero con cautela tanta

ha de ser, que no habéis de

verla, oírla ni hablarla;

mirad, que fio de vos.

Duque de Berganza

Bien vi yo donde paraban

ap.

Duque de Berganza

estos misterios. Señor,

terrible cosa me encargas. (sura

Rey don Juan el Tercero

¿Porqué?

Duque de Berganza

Porque una hermano-

solo consigo se guarda.

Rey don Juan el Tercero

Asegurádmela vos,

que no hallo recelo en nada.

Duque de Berganza

Yo, señor…

Rey don Juan el Tercero

Mas ella, Cielos,

viene por aquella sala,

ap.

Rey don Juan el Tercero

y él no la ha visto; yo haré

que me sirva de atalaya.

Duque.

Duque de Berganza

Señor.

Rey don Juan el Tercero

Un sugeto

aguardo aquí, que estimara

hablarle, sin que ninguno

lo estorbase; y así, echada

la puerta de ese cancel,

poneos vos por la contraria,

para impedir a cualquiera,

que entre a este sitio.

Duque de Berganza

Guardarla

os prometo; estad, señor,

Retírase.

Duque de Berganza

seguro.

Rey don Juan el Tercero

Pues tu me matas

de celos, sea este engaño

consuelo, sino venganza.

Sale Beatriz.

Doña Beatriz de Atayde

Buscando vengo a la reina

mas el rey:

volver la espalda

ap.

Doña Beatriz de Atayde

es fuerza, pues su porfía

en cualquier parte me cansa.

Rey don Juan el Tercero

¿Adónde, adorado objeto

de mis amorosas ansias,

a quien basta ser tan firmes,

para ser tan mal premiadas,

tus pasos guías? ¿ Por qué huyes

de aquel de quien no te apartas?

pues quien en el pecho queda,

aunque se ausente, no falta:

Por qué

Doña Beatriz de Atayde

rey don Juan, señor,

ya que la suerte está echada,

oidme, que es ocasión,

y no quiero malograrla.

Al paño el duque.

Duque de Berganza

La presunción de si era

el sugeto que aguardaba

el Rey, Beatriz, me hizo abrir

el cancel; mas suerte infausta,

¡qué miro! escuchemos, penas.

Rey don Juan el Tercero

¡Qué eso digas! con el alma

Pag. 18

Rey don Juan el Tercero

te adoro.

Doña Beatriz de Atayde

¿No me estimáis?

Rey don Juan el Tercero

Como el que más te idolatra.

Doña Beatriz de Atayde

¿No os debo muchas finezas?

Rey don Juan el Tercero

Desde hoy serán más extrañas.

Doña Beatriz de Atayde

¿Y no sabéis, que os estimo

como a mi dueño y Monarcaa?

Rey don Juan el Tercero

Sí, mi bien.

Duque de Berganza

Ah infiel! ¡ah aleve!

Mas gente juzgo que pasa;

luego volvere a escuchar,

Doña Beatriz de Atayde

Pues no me hagáis desgraciada:

dejadme, Señor, dejadme;

para esto, mi Rey, me valgan

las finezas, los cariños,

los extremos y las ansias

que os debo; ved, que la reina

mi señora, como a causa

de su pesar, me aborrece;

la nota soy de sus Damas,

la ojeriza soy del reino.

Y si esto con vos no basta,

siendo Portugués, en quien

fue cortesmente bizarra

a una mujer la obediencia,

ley, que jamás se quebranta;

basta saber, gran Señor,

que no es fineza, no es gala,

no es obsequio a quien amáis,

hacerla blanco de tantas

mal reprimidas calumnias,

bien sufridas amenazas.

Vencéos,Rey, vencéos, señor,

que hasta lograr esta gracia

que os pido, no he de apartarme

de vuestras heroicas plantas.

Arrodi.

Rey don Juan el Tercero

¿Qué hacéis?

Duque de Berganza

Ya pasó quien era:

¿mas qué es esto? ¿arrodillada

Beatriz?

Rey don Juan el Tercero

Yo procuraré

obedecer vuestra instancia,

que son muy grandes empeños

la fineza, la constancia,

el cariño que alegáis,

para ir muy bien despachada.

Doña Beatriz de Atayde

Si esto os debo, gran Señor,

seré siempre vuestra esclava.

Duque de Berganza

Ya esto no puede sufrirse,

los empeños en que hablan,

los de su amor son sin duda;

pues la reina viene (¡ah falsa! )

yo me vengaré de entrambos.

Salen la reina, y el de Berganz a

Reina doña Catalina

¿Qué hacéis, duque de Berganza?

Duque de Berganza

Venid conmigo, señora.

Reina doña Catalina

¿Qué es lo que advierte mi saña?

Rey don Juan el Tercero

Mas mirad, que no sea estar

de otra atención obligada.

Duque de Berganza

Embarace yo x mis celos

por donde quiera que salga.

Doña Beatriz de Atayde

La reina, señor.

Rey don Juan el Tercero

¡Qué veo!

Duque.

Duque de Berganza

Señor.

Llega.

Doña Beatriz de Atayde

¡Suerte infausta!

Duque de Berganza

No me culpéis, si la puerta

no supe guardaros.

Rey don Juan el Tercero

Nada

os digo yo.

Duque de Berganza

Porque viendo,

que con Beatriz…

Rey don Juan el Tercero

Basta, basta.

Duque de Berganza

Os quedabais…

Rey don Juan el Tercero

Callad, duque.

Duque de Berganza

A solas…

Rey don Juan el Tercero

Si más palabras

articuláis;…

Reina doña Catalina

Duque, hablad

yo os lo mando.

Doña Beatriz de Atayde

¡Pena extraña!

Duque de Berganza

Yo no tengo que decir

más, de que guardando estaba

la puerta, como mandasteis,

porque con Beatriz hablabais

en pretensiones o empeños

(esto me deba el ser Dama) ay

cuando llegando la reina

mi señora, me hizo instancia

por entrar; yo cuanto pude

hice para embarazarla,

mas no pude conseguirlo;

( esta disculpa me valga )

y ya dado mi descargo,

permitidme, que me vaya

muy corrido de no haberos

guardado mejoría espalda. Va

Doña Beatriz de Atayde

Buena quedo yo.

Reina doña Catalina

Beatriz

pues si alguno de tu casa,

para con su Majestad

de empeño necesitaba

(que entre los dos de otra cosa

ni se oyera ni se hablara)

no estaba yo aquí?

Doña Beatriz de Atayde

Señoraj

mi pretensión es tan llana,

que no ha menester favores

para poder alcanzarla.

Lo que yo al rey mi señor

postradamente rogaba,

Pag. 19

Doña Beatriz de Atayde

es, porque hasta al Sol murmura

maliciosa nube opaca,

y sin culpa de sus rayos

le turba, si no le mancha:

que aun los favores que me hace

I los excuse, pues le bastan

a mi casa tantos timbres

adquiridos por las armas,

sin los que su Majestad,

sin mérito, hacerme trata:

por lo que me honráis, Señora,

sois en esto interesada.

y pues es de ambas empeño,

vos proseguiréis la instancia.

Vase.

Rey don Juan el Tercero

Ya sufrir tanto es bajeza:

ap.

Rey don Juan el Tercero

¡que a mí por esta tirana

esto rne suceda!

Reina doña Catalina

¿Así

me volvéis, Señor, la espalda?

tengo yo también la culpa

de que otra proceda ingrata?

Rey don Juan el Tercero

Señora, vos pretendéis

apurar mi tolerancia

Al paño el Conde, y el Arzobispo

Arzobispo de Évora

Aquí están ios Reyes solos,

esperemos, que si tratan

cosa de secreto, no es

bien que a embarazarlos salga.

Conde de Porto-Alegre

Tenéis razón.

Reina doña Catalina

¡Hasta cuándo,

mi esposo y mi Rey, avara

la suerte, me ha de impedir

la dicha de vuestra gracia?

¿qué hay en mí que os desagrade?

y. Para que me ofendan, bastan

muchas indignas sospechas,

que mantenéis mal fundadas:

vos me tenéis malquistado

con todos.

Arzobispo de Évora

¡Qué escucho!

Y tanta

la osadía es de los míos,

que se atreven Cara a cara

a mi respeto.

Reina doña Catalina

Si vos

como quien soy me tratarais,

no dierais lugar, señor,

a que esos medios buscara

¿mas qué queréis que ejecute

una mujer despreciada?

Rey don Juan el Tercero

¿Luego por impulso vuestro

mi veneración se ultraja?

Ingenio. jp

Vive el Cielo…

Reina doña Catalina

Esposo mío,

ved que estoy a vuestras plant as.

Rey don Juan el Tercero

¡ Qué castellana ficción!

ap.

Reina doña Catalina

¡Qué portuguesa arrogancia!

Aparte.

Rey don Juan el Tercero

Yo sabré a quantos con vos

fabrican indignas trazas

castigar.

Salen el Arzobispo, y el Conde „

Arzobispo de Évora

¿Señor?

Reina doña Catalina

¡Ay, Cielos!

R e y ¿Qué dice el Nuncio del Papa?

Arzobispo de Évora

Que agradece vuestras honras,

y que al punto hará su entrada.

Rey don Juan el Tercero

Pues a disponernos vamos,

que para honrar su sagrada

dignidad, acompañarle

quiero con mi Corte, hasta

dejarle en el prevenido

hospedaje, que le aguarda

en mi Palacio, que en él

quise que se le hospedara

por asegurarle (viendo

quán ardua materia trata)

del pueblo.

Arzobispo de Évora

Mucho debéis

a la suprema Tiara,

y obráis, gran Señor, en eso

como quien sois.

Rey don Juan el Tercero

Así obraran

en mi servicio, Arzobispo,

los que en mi ofensa se enlazan,

Reina doña Catalina

¡Qué presto el Rey de sus iras

en todos prende las llamas!

ap.

Arzobispo de Évora

No os entiendo, gran Señor.

Rey don Juan el Tercero

Pues yo sí: desde mañana

no entréis en mi cuarto más,

que no gusto de que haya

quien libremente a su Rey

se oponga.

Arzobispo de Évora

¡El Cielo me vaígal

Conde de Porto-Alegre

¿Qué es esto?

Rey don Juan el Tercero

¿Qué hacéis?

Arzobispo de Évora

Señor,

esto es, que representada

vuestra Monarquía en mi voz,

os llegué a hacer veces varias

recuerdo de unas verdades,

que parece que os agravian

y al ver que en desprecio suyo

nuestra reina se desaira,

nuestras voces no se atienden,

nuestras personas ultrajan,

no es posible mantengamos

Pag. 20

Arzobispo de Évora

sin tanto atlante la patria,

con que es fuerza, que a estos golpes

toda esta máquina caiga.

Rey don Juan el Tercero

El que ha sabido regirla,

sabrá desde hoy sustentarla,

que una lealtad atrevida

es traición bien afectada.

Vase.

Conde de Porto-Alegre

Seguiré al Rey.

Vase.

Reina doña Catalina

Arzobispo,

i qué es esto?

Arzobispo de Évora

Ser desdichada

vos, y ser yo venturoso,

pues padezco esta desgracia

por vuestro servicio.

Reina doña Catalina

¡Ah,Cielos!

j nunca a Portugal pasara!

Sale Mencía.

Mencía

Señora, ya a la función

sale el Rey.

Sale Doña Beatriz.

Doña Beatriz de Atayde

Ya las ventanas

dispuestas, en vos esperan

el Sol, que ha de iluminarlas.

Arzob, Yo voy, señora, que en esta

función no puedo hacer falta.

Vase.

Doña Beatriz de Atayde

¿En qué estado, gran señora,

la pretensión entablada

quedó?

Reina doña Catalina

En saber, Beatriz mía,

cuanto una pasión se engaña,

y que puede sin su culpa

ser una mujer amada.

Doña Beatriz de Atayde

¿Pudisteis vencer al rey? (zan

Reina doña Catalina

No,Beatriz.

Doña Beatriz de Atayde

Pues si no alcan-

nuestras diligencias…

Reina doña Catalina

¿Qué?

Doña Beatriz de Atayde

Buscar las extraordinarias:

Nuncio el Pontífice tiene;

pues'en tai ocasión se halla

en Lisboa, y vuestra paz

al servicio de la patria,

y al de Dios es importante,

él las amistades haga.

Reina doña Catalina

No discurres mal: ¡ o quánto

te deben, Beatriz, mis ansias!

Doña Beatriz de Atayde

¿No veis que también en esto

soy, señora, interesada l

Van saliendo por el palenque de dos en

dos, un clérigo, y un Seglar, al son de

cajas 'y clarines, Moisés, el Conde,

el Duque, el Aj'zobispo, el Rey; y d

su lado derecho Sayavedra, y Montijo

llevándole la falda; y detrás Acevedo

y Espantajo de estudiantes; y delante

de todos dos Maceros con mazas dor

das y gramallas, y descúbrese la

reina, y las Damas.

Mencía

¡Noble aparato!

Reina doña Catalina

Así el rey

honra al Legado del Papa.

Mencía

¡Qué ayroso su Majestad

pasa batiendo la estrada!

Doña Beatriz de Atayde

¿No reparas en el Conde,

Mencía?

Mencía

Ahora aguardara

a que tu me lo advirtieses.

Duque de Berganza

Conde, mucho en vos repara;

Conde de Porto-Alegre

¿Y a vos os perdonan, Duque

Doña Beatriz de Atayde

Ayroso es el de Berganza.

Mencía

Tu quieres que te le alabe.

Doña Beatriz de Atayde

Amor con amor se paga.

Reina doña Catalina

Vamos.

Doña Beatriz de Atayde

¿Os ha divertido

la función?

Reina doña Catalina

Más me agradara

si menos pesar tuviera:

ven, que tiene mucho el alma

que comunicar contigo.

Doña Beatriz de Atayde

Ya sabes que soy tu esclava.

Vuelven a salir el rey, Sayavedra

Arzobispo, el Duque, el Conde, Moy-

sés, Acevedo, Montijo, y

Espantajo.

Rey don Juan el Tercero

Este es vuestro cuarto, hermano

amigo, mi confianza

a mi Palacio os conduce.

Pedro de Sayavedra

Vuestra Majestad, Monarca

Católico, docto y cuerdo,

honra la Iglesia Romana:

Bulas y cartas son esas

Sácalas.

Pedro de Sayavedra

de creencia (bien imitadas

por mi mano. )

Rey don Juan el Tercero

Yo después

las veré: Moisés, tomadlas.

Toma las Cartas Moisés.

Arzobispo de Évora

Vuestra Eminencia, Señor,

a ilustrar venga la patria

en buen hora.

Rey don Juan el Tercero

El Arzobispi

es de Evora.

Pedro de Sayavedra

Ya sus altas

prendas me le han dado en Roma

a conocer por su fama.

Rey don Juan el Tercero

El Conde de Porto-Alegre

mi sobrino.

Conde de Porto-Alegre

Quien aguarda

merecer en vuestro obsequio

emplear su afecto.

Pedro de Sayavedra

En nada

me obligareis tanto, como

Pag. 21

Pedro de Sayavedra

en darme ocasiones varias

de mostraros mi atención.

Rey don Juan el Tercero

¡Qué entereza tan bizarra!

Duque de Berganza

Sabio y afable es el Nuncio.

Conde de Porto-Alegre

Tiene gran modo y gran labia.

Duque de Berganza

Vuestra Eminencia…

Rey don Juan el Tercero

Este es mi

primo el Duque de Berganza.

Duque de Berganza

Me conozca por muy suyo.

Pedro de Sayavedra

Lo propio, señor, le encarga

mi cariño a Vuecelencia,

que por sus prendas hidalgas

le soy afecto no solo

yo, pero toda la Italia.

Berg, Vuestra Eminencia me honra.

Moisés

Dadme, señor, vuestras plantas.

Rey don Juan el Tercero

Mi Tesorero mayor.

Pedro de Sayavedra

Señas tiene extraordinarias.

Rey don Juan el Tercero

Es Hebreo de Nación.

Pedro de Sayavedra

Pues eso es lo que me causa

extrañeza, que un Hebreo

lugar tenga en vuestra casa:

Guárdeos Dios.

Rey don Juan el Tercero

El Nuncio es

hombre de mucha importancia.

Moisés

Ya empieza a mostrarme ceño

el Legado, a espacio, sañas.

ap.

Rey don Juan el Tercero

El se me encubrió sin duda,

ap.

Rey don Juan el Tercero

el día que andando a caza

le encontré. Ola, llegad sillas.

Montijo

¿A quien esto no ie pasma?

Acevedo

¡Qué grave está! de mirarlo

aturdido estoy.

Espantajo

Yo pajas.

Rey don Juan el Tercero

Cubrios, Conde; cubrios, Duque:

Cardenal, ¿cómo está el Papa?

Pedro de Sayavedra

Señor, sus muchos achaques i

le postran y le avasallan

y más el nuevo desvelo

de saber, que en Alemania

a padecer ha empezado

la Iglesia con la cizaña

de la secta de Lutero,

aunque ya contra ella marcha

con Ejército formado

el gran César, Rey de España,

vuestro hermanono Carlos Quinto.

Rey don Juan el Tercero

Dios volverá por su causa.

Pedro de Sayavedra

Lo que le da más cuidado

al Pontífice y más ansia,

es, no ver en estos reinos

ya la Inquisición plantada.

Rey don Juan el Tercero

Teniendo yo mis Ministros,

que la semilla separan

de la cizaña, no es más,

que estando tan recargada,

afligir más mi Corona,

pues es fuerza, si se planta

la inquisición, que la ponga

renta con que sustentarla.

Pedro de Sayavedra

Claro es; pero así tenéis

la Corona asegurada:

porque en un reino, señor,

donde hay Religiones varias,

de ánimos hay diversión

y esto es motivo de que hayan

perdídose muchos reinos.

Díganlo guerras tan largas

como han sufrido ios pueblos

que este remedio no abrazan.

Arzobispo de Évora

Otros medios podrá haber

sin éste.

Pedro de Sayavedra

¿Señor, pues habla

contra eso vuesa Ilustrísima,

cuando le ha debido al Papa

tanta honra, como mandarme

que luego que llegue le haga

Inquisidor General?

Arzobispo de Évora

¿Qué decís?

Pedro de Sayavedra

Esto me manda.

Arzobispo de Évora

Mirad;…

Pedro de Sayavedra

No hay que replicar.

Rey don Juan el Tercero

Pues cuando eso se intentara,

¿ no me diera a mí el Pontífice

parte?

Pedro de Sayavedra

Por ser acertada

la elección, discurre Paulo,

que no querréis repugnarla:

besadle la mano al rey,

que ya queda confirmada

la merced-

Arzobispo de Évora

Mirad, que yo…

Pedro de Sayavedra

No habléis en eso palabra.

Arzobispo de Évora

Yo hijo soy de la obediencia.

Rey don Juan el Tercero

Eso,ya es dar por sentada

la materia.

Pedro de Sayavedra

¿Quién lo duda?

Rey don Juan el Tercero

El que podrá embarazarla.

Pedro de Sayavedra

¿Cómo poder? ¿Ño sabéis,

que también tiene sus armas

la Iglesia?

Duque de Berganza

Resolución

tiene el Legado.

Conde de Porto-Alegre

Y sobrada,.

Pedro de Sayavedra

¿Queréis, señor, que en el reino

tanta Nobleza de España

Pag. 22

Pedro de Sayavedra

viva, por no distinguirse,

sujeta a verse mezclada

con los viles individuos

de la más infame raza?

¿Queréis, Príncipe cristiano,

ver las Iglesias manchadas

de algunos que torpemente,

con religión afectada,

sobre sus sagradas losas

fijen sus ruines estampas?

¿Consentiréis, que quizás

muchos desacatos hagan

contra el Dios que os redimío

la mal distinta canalla,

que entre vuestro pueblo habita,

cruel y disimulada?

Miente mil veces quien diga,

que vos podéis prestar alas

a tan infames insultos,

que la Iglesia sacrosanta

os tiene por Protector,

y no ha de estar desairada.

Miente, y vive el Cielo;…

Rey don Juan el Tercero

Yo,

cuando, si… ni a echar el habla

acierto: ¿qué poder, Cielos,

ap.

Rey don Juan el Tercero

tiene este hombre en sus palabras,

que a un Rey, y Rey Portugués,

turba, comprime y espanta?

Arzobispo de Évora

Señor, esta obra es de Dios.

Conde de Porto-Alegre

Bien sabe a quien se la encarga

el Papa.

Moisés

¡Qué atrevimiento!

ap.

Pedro de Sayavedra

Si las noticias no engañan,

vos tenéis, Conde, un hermanono.

Conde de Porto-Alegre

Sí señor.

Pedro de Sayavedra

Pues una plaza

tiene ya de Inquisidor.

. Señor Duque de Berganza,

dos plazas de Secretarios

tenéis a vuestra orden, para

quien gustareis.

Rey don Juan el Tercero

Cardenal,

poderosa es vuestra instancia,

mucho vuestro celo estimo:

vedme de espacio mañana.

Pedro de Sayavedra

Siempre estoy a vuestra orden,

mirad vos por vuestra causa.

Duque de Berganza

y Cbw.Dios os guarde:¿qué os parece,

señor?

Rey don Juan el Tercero

Tiene prendas raras

el Nuncio, virtud y letras

descubre, y os juro, que hasta

que he visto a este hombre enojado,

no he visto al temor la cara. Vanse

Moisés

Puede ser que no consiga api

su intención, aunque más haga.

Arzobispo de Évora

Mucho, señor, me ha agradadi

la resolución bizarra

con que habéis hablado al Rey:

yo para cosas bien arduas

os he menester.

Pedro de Sayavedra

Señor

Inquisidor, no habrá nada

en que no os sirva, y los dos

a un fin, el mundo no basta

a contrastarnos.

Arzobispo de Évora

Puesmiéntraí

vuestra Eminencia descansa,

paso al cuarto de la reina:

Dios os guarde.

Pedro de Sayavedra

El Cielo vaya

con vos.

Arzobispo de Évora

Si el Nuncio me ayuda

veré mi intención lograda.

Vase.

Acevedo

¡Que hayas tenido valor

para tan terrible hazaña!

Montijo

¿Tendrás ánimo de ver

una vieja y galantearla?

Espantajo

Digo que eres noble pieza.

Pedro de Sayavedra

Ha picaro, ¿cómo me hablas

de esa suerte?

Espantajo

¿Hay también

con nosotros pataratas?

Montijo

Toda la Corte ha creído

el enredo.

Acevedo

¡Hay tal maraña!

Espantajo

El Arzobispo va loco

con el nuevo puesto.

Pedro de Sayavedra

Aguarda

¿ nos falta dinero?

Acevedo

Sí,

ya da la bolsa boqueadas.

Pedro de Sayavedra

Pues razón será, ya que

puesto de tanta importancia

se lleva, que nos lo pague:

yo haré una póliza falsa

contra el Marques de Tarifa

de quien heredó la casa,

y nos hará un año el plato.

Montijo

Aun ese enredo faltaba:,

yo tengo un tio, con quien

fue Celestina una santa.

Sale un Criado con Alonso Sayavedra

Criado

Esperad.

Pedro de Sayavedra

¿Qué es eso?

Criado

Este viejo,

que viene con una carta,

porfía en que te ha de ver.

Alonso de Sayavedra

Es precisa circunstancia:

Pag. 23

Alonso de Sayavedra

¡mas que miro!

Pedro de Sayavedra

¡Mas qué veo!

¿no es mi padre?

Alonso de Sayavedra

O es fantasma

del juicio, o este es mi hijo.

ap.

Alonso de Sayavedra

Vuestra Eminencia sus plantas

me de a besar: éi es, sí.

Pedro de Sayavedra

¿Qué queréis?

Alonso de Sayavedra

Hasta en el habla

Hijo de mi corazón. Va d abrazarle.

Pedro de Sayavedra

¿Qué hacéis?

Espantajo

Por Santa Susana,

que es Alonso Sayavedra.

Montijo

Mis señas ya tan mudadas ap.

están, que no caerá en mí.

Alonso de Sayavedra

No es éi, pues se recata;

perdonad, señor.

Pedro de Sayavedra

¿Quién sois?

Alonso de Sayavedra

Un hombre honrado, que gana

con su sudor su sustento:

sabiendo como buscabais

un viejo para portero,

señor, en Sevilla estaba,

y vuestro correspondiente,

para entrar en vuestra casa,

me recibió. Hasta en el ay re ap.

se parece; ¡hay semejanza

mayor!

Pedro de Sayavedra

¡Padre de mí vida!

Aparte.

Pedro de Sayavedra

el corazón se me arranca

por abrazarle; mas no,

reprime, alborozo, el ansia.

¿Lloráis? Alons, Lloro en vos, señor,

la pérdida prenda amada

de un hijo mío, en quien tuve

fundadas mis esperanzas

porque os parecéis a éi

de tal suerte, que jurara,

que erais vos.

No hicierais mucho.

Aparte.

Pedro de Sayavedra

¿Pues qué se hizo. AL A tierra extraña

huyó de la casa mía;

Dios le haya dado su gracia,

que él era tan revoltoso,

de tal industria y tal maña,

tan natural embustero,

que no hay quien le haga ventaja

en todo el mundo. Espanta Seflores,

callemos, puesto que éi calla.

ap.

Pedro de Sayavedra

¿Cómo se llamaba?

Alonso de Sayavedra

Pedro,

de Sayavedra.

Pedro de Sayavedra

Bastaba

que tuviese mi apellido

para tener mi desgracia.

Alonso de Sayavedra

O! si a vos se pareciera

mi hijo, ¿qué le faltara?

Pedro de Sayavedra

Bien me honra mi padre. ap.

Alonso de Sayavedra

El era

muy vano, amigo de galas,

de coche, de ostentación,

de aplausos y de alabanzas,

y dio a lo postrero en una

tema bien extraordinaria.

Pedro de Sayavedra

¿Que fue?

Alonso de Sayavedra

Que le había de dar

antes que un año pasara,

Señoría.

Pedro de Sayavedra

¿Qué sabéis

paralo que Dios le guarda?

Vos me habéis gustado mucho,

buen viejo, y aquesas canas

a la puerta no están bien,

quiero que entréis en mi sala,

mi Gentil-hombre sereisj

a Dios.

Alonso de Sayavedra

Por mercedes tantas

le beso a vuestra Eminencia

los pies.

Pedro de Sayavedra

Muy buena posada

le daréis. Secreto impulso, ap.

que a lograr cosas tan altas

me guias, plegue a los Cielos

no destruyas lo que ensalzas.

Vase.

Pedro de Sayavedra

Acev, ¿Qué dices de esto, Montijo i

Montijo

Hasta ver en lo que para,

¿qué arriesgamos en comer

muy bien y tender la raspa? Vanse,

Espantajo

Venga, buen viejo.

Alonso de Sayavedra

¿Espantajo?

hspant. ¿ Que Espantajo ni qué aca?

el espantajo será él.

Debo de tener trocadas

con la vejez las especies.

Espantajo

Limpíese las cataratas.

Alonso de Sayavedra

También jurara que a vos

os conocia.

Espantajo

No es nada,

y llama Espantajo a uno

de los nueve de la fama.

JORNADA TERCERA.

Descubrese bajo de un dosel Sayavedra,

sentado,y Ace vedo hincadala rodilla

junto d una mesa con recado de escribir,

dando memoriales.

Música

Al Portugués Monarcaa

los días inmortales

Pag. 24

Música

le aplaudan, le festejen,

le ilustren y le ensalcen

estruendos y cadencias

de Venus y de Marte.

Voz dentro

Viva nuestro Rey Don Juan,

reine, triunfe, venza y mande.

Salen algunos con memoriales.

Estudiante

Señor, un pobre Estudiante

soy, y pido…

Pedro de Sayavedra

El memorial.

Viuda

Una viuda principal

Pedro de Sayavedra

No paséis más adelante.

Labrador

En aquel pleito, señor

Pedro de Sayavedra

El pleito me informará:

venga el Relator acá.

Labrador

Avisaré al Relator.

Vicario de Mora

Soy el Vicario de Mora.

Pedro de Sayavedra

Ya os conozco: ¿ qué no hay día,

que cese vuestra porfía?

Vicario de Mora

Lo que yo os suplico ahora…

Pedro de Sayavedra

Es, que os acomode yo.

Vanse los Pretendientes.

Acevedo

Aquí Don Pedro Darío…

Pedro de Sayavedra

¿Quién?

Acevedo

El Vicario de Mora

me dio un memorial ahora

para tí.

Pedro de Sayavedra

¡Qué desvarío!

¿no está ya desengañado

ese hombre de su manía?

¿ no ha de dejarme ni un día?

Acevedo

Dice, que está ya empeñado,

y que si no mereciere

le acomodes por acá,

a Roma:;-

Pedro de Sayavedra

-Qué?

Acevedo

Escribirá.

Pedro de Sayavedra

Escriba donde quisiere,

que yo lo sabré estorbar,

y no dejes que entre a hablarme

desde hoy, porque he de enojarme.

Acevedo

Es hombre sin exemplar.

Siéntase Sayavedra, y Acevedo hinca

la rodilla en una almohada.

Pedro de Sayavedra

¿Cuyo ese proceso es?

Acevedo

Es pleito de matrimonio

de Ines Blasco y Blas Antonio.

Pedro de Sayavedra

Dejadle para después:

¿y esotro?

Acevedo

Este es de Gonzalo

Brito, y en su petición

pide alivio en su prisión,

porque ha días que está malo.

Pedro de Sayavedra

¿Porqué está Gonzalo Brito l

Acevedo

Porque sin ser ordenado

de Orden Sacro, ha celebrado

Misa.

Pedro de Sayavedra

¡ Notable delito!

¿Por eso alivio procura?

Continúese el calabozo.

Acevedo

Aquí se querella un mozo

de haberle pegado un Cura

un bofetón.

Pedro de Sayavedra

¡Qué insolencia

eso no merece indulto,

pues quien ejerce un insulto

mal regirá una conciencia.

¿Cómo tendrá confianza,

sí en un pulpito se mira,

quien se arrastra de la ira,

de predicar la templanza?

Vase.

Acevedo

No su delito te asombre,

porque fue muy provocado.

Pedro de Sayavedra

Ya eso de especie ha mudado:

cumplió el Cura con ser hombre.

Hay muchos, cuya arrogancia,

con término desatento,

labra el propio atrevimiento

de la ajena tolerancia.

Debió sufrir y callar,

y como Dios padecer;

vencióle su frágil ser

cuando se dejó llevar:

Adelante.

Acevedo

Aquí apuntados

para ponerte a la vista,

te he reducido a una lista

todos los Penitenciados,

que desde que en Portugal

se plantó la Inquisición,

ha habido.

Pedro de Sayavedra

Un mudo pregón

ha de ser exemplo tai.

Acevedo

Bien el Arzobispo ha obrado,

desde que el cargo ha ejercido

de Inquisidor.

Pedro de Sayavedra

Yo he elegido

un admirable Prelado.

Acevedo

Prender intentó a Moisés,

Tesorero y Secretario

del Rey, mas fue necesario

desistir.

Pedro de Sayavedra

Ya yo después

tengo discurrido el cómo,

aunque el Rey le ampara tanto,

he de prenderle.

Acevedo

Me espante

de tu osadía.

Pedro de Sayavedra

Si tomo

por mi cuenta el ayudar

Pag. 25

Pedro de Sayavedra

al Inquisidor, que es ley,

delante del mismo rey

se le tengo de quemar.

Acevedo

Pues ya que hemos concluido,

y el despacho está acabado,

¿ese estruendo que ha sonado

qué será?

Pedro de Sayavedra

Haber hoy cumplido

años.

Acevedo

¿Quién?

Pedro de Sayavedra

El Rey Don Juan,

y las Damas de su esposa,

para tenerla gustosa,

esos aplausos la dan:

para esta tarde estudiando

un sarao las hallé.

Sale Montijo.

Montijo

Sayavedra, advierte que

te andaba ahora buscando

el Arzobispo.

Pedro de Sayavedra

Montijo

y Acevedo, guiadle acá.

Espantajo, ¿cómo va

Vanse Montijo y Acevedo.

Pedro de Sayavedra

con mi padre?

Espantajo

El más prolijo

está que has visto en tu vida.

Pedro de Sayavedra

¿Pues qué tiene?

Espantajo

A cualquier hora

por su Pedro gime y llora,

y dice, que es más crecida

su pena al llegarte a ver,

pues se le haces acordar,

y no te puede besar.

Pedro de Sayavedra

¡Que siempre loco has de ser!

¡padre de mi corazón!

llámale, que es mucha ausencia.

Espantajo

Pues el viene a su presencia

con la bebida.

Pedro de Sayavedra

Bribón,

¿no te he dicho, que no quiero

, que le permitáis servir?

Espantajo

Si él, viendo a alguno acudir,

el plato toma primero,

¿qué hemos de hacerle?

Sale Alonso.

Alonso de Sayavedra

Señor,

Saca la bebida.

Alonso de Sayavedra

aquí tenéis la bebida.

Arrodillase

Pedro de Sayavedra

/Que acción tan mal permitida!

padre, alzad: Jesús, ¡qué error!

¿vos la rodilla en el suelo?

Alonso de Sayavedra

¿Pedro? hijo de mis entrañas,

tú eres, ¿pues por qué me engañas?

Pedro de Sayavedra

¿Qué decís?

Alonso de Sayavedra

¡Válgame el cielo!

pense, que…

Pedro de Sayavedra

No hay que pensar:

alma, ya no hay resistencia.

ap.

Alonso de Sayavedra

Como de vuestra Eminencia

padre me escuchó llamar,

y a un hijo es tan parecido,

que lloro desconsolado,

del afecto arrebatado

este error he cometido:

perdón a esos pies espero

que ya, señor poderoso,

sé que no soy tan dichoso.

Espantajo

¡Qué viejo tan zalamero!

ap.

Pedro de Sayavedra

Si en el último arrebol

de su vida a su hijo hallara,

¿qué hiciera?

Espantajo

¿Qué? le besara

adonde no le da el Sol.

ap.

Alonso de Sayavedra

Fuera enloquecerme poco.

Pedro de Sayavedra

¿Y si en la altura le viera,

que yo me hallo?

Alonso de Sayavedra

Falleciera

de gusto.

Espantajo

El viejo está loco, ap.

Pedro de Sayavedra

¿Y si sé yo donde está?

Alonso de Sayavedra

No me recatéis tal gusto.

Pedro de Sayavedra

Decirlo ahora no es justo,

vuelva luego por acá.

Alonso de Sayavedra

Pues no os quiero ser prolijo.

Pedro de Sayavedra

A Dios.

Alonso de Sayavedra

Aunque niegue firme,

con mi tema he de salirme

de que el Legado es mi hijo. Vase

Espantajo

¿Qué te intentas declarar

con tu padre?

Pedro de Sayavedra

¿Qué he de hacer?

¿he de verle padecer

pudiéndole yo aliviar?

Salen Montijo, Acevedo, el arzobispo,

el Duque, la reina y Beatriz.

Montijo

Aquí dejé a su Eminencia.

Acevedo

Sígame Vueseñoría

Ilustrísima.

Arzobispo de Évora

Quería,

que no hubiese en su presencia

más que los cuatro.

Acevedo

Los dos

( ven tú ) ya nos retiramos.

Vanse.

Pedro de Sayavedra

¿Qué es eso?

Reina doña Catalina

Esto es, que os buscamos,

Cardenal, al ver que vos

no os permitís encontrar.

Pedro de Sayavedra

¡Hay tal dicha! Gran señora,

¿cuándo a tan divina Aurora

no saldrá el Sol a buscar?

No yo, porque en mi sería,

siendo todo sombra obscura,

Pag. 26

Pedro de Sayavedra

agraviar vuestra hermosura,

buscando la niebla el día.

Duque de Berganza

¿A qué me habéis conducido

a este sitio?

Doña Beatriz de Atayde

¿Os ha pesado

entrar de mí acompañado?

Duque de Berganza

Lo poco que os he debido

me causa esta novedad.

Arzobispo de Évora

Aquí ha venido a buscaros,

a fin de comunicaros

un caso su Majestad.

Pedro de Sayavedra

Ola, asientos: yo he de ser

quien ha de servir la silla

a una Infanta de Castilla.

Reina doña Catalina

¡Qué bizarro proceder!

Siéntase.

Duque de Berganza

¡Qué atento!

Reina doña Catalina

Es hombre ca-

llégate a mi, Beatriz mía. bal:

Pedro de Sayavedra

Pase allí Vueseñoría.

Reina doña Catalina

Arzobispo, Cardenal,

sentaos.

Pedro de Sayavedra

La fuerza protesto.

Arzobispo de Évora

Yo me he de quedar aquí.

Hinca la rodilla el Duque junto a la

- silla de la Re y na.

Reina doña Catalina

Duque.

Duque de Berganza

Bien estoy así:

¿en que vendrá a parar esto? ajp.'

Pedro de Sayavedra

Gran señora, ¿qué motivo

es el que a mi cuarto os trae,

pudiendo, para serviros,

mandar que ai vuestro pasase?

Reina doña Catalina

Ser infeliz, y ser fuerza,

que no se queje inconstante

mi fortuna, Cardenal,

de que no hice por mi parte

lo posible por vencerla:

y viendo quán importante

era el hablaros los tres

solamente, y que no cabe

que fuese en mi cuarto, donde

hay tantos que lo reparen;

como dentro de Palacio

tenéis vos vuestro hospedaje,

que comunica al del Rey,

quise, sabiendo que sale

esta mañana a cazar,

que los tres me acompañasen

para lo que ahora os diré:

oíd.

Pedro de Sayavedra

Pasad adelante.

Reina doña Catalina

No todos los que entre inciensos,

entre holocaustos; y altares,

Idolos de la fortuna

se veneran y se aplauden,

son dichosos, Cardenal,

porque suelen malquistarse,

y adonde sobran los bienes,

faltan las felicidades.

Dígalo yo, pues naciendo

hija del Héroe más grande,

que a los rayos de su fama

ilustrará los Analesj

y teniendo por eso

un Rey, que el cetro que esparce,

al otro mundo le extiende,

porque ya en éste no cabe,

soy tan infeliz, que diera

fortunas tan relevantes

porque mi Rey me quisiese,

y mi esposo me estimase,

pues desde que de Castilla

a Portugal a casarme

vine, le hallé tan ésquivo,

tan cruel, tan intratable,

que no hay acción que le obligue,

no hay afecto que le ablande,

no hay cariño que le atrayga,

y todo este daño nace…

Doña Beatriz de Atayde

Dicen que de amarme a mí

(perdonad, que por mi parte

abogue yo en este punto,

si es quererme él granjearme

los disgustos que padezco )

pues siendo el Duque mi amante,

que está presente, y mi afecto

pagándole, como sabe

(perdone el decoro, que a

para que se desengañen

de aquel error, es preciso

que estotro afecto declare )

y siendo en mi reina el culto

para mi fe más amable,

con entrambos me disgusta,

me malquista y me distrae.

Delante de mi señora

la reina a desengañarle

he llegado i, y desde entonces

retirada, ni aun delante

me he puesto, porque.no tenga;

ocasión para ultrajarme,

Pag. 27

Doña Beatriz de Atayde

que a una mujer como Doña

Beatriz de Silva y Atayde,

es injuria, que aun un Rey

en otro estilo la hable,

que en el de anhelar su mano;

y eso con tan mudas frases,

que los que las voces callan,

los suspiros lo declaren.

Reina doña Catalina

Juzgamos que esta evidencia

para con el Rey bastase;

pues no fue así, antes fue causa

de ofenderle y de irritarle,

tanto, que desde aquel día

son ya tanto los desayres,

que es imposible que pueda

tolerar ün pecho frágil

tal ímpetu de Aflicciones,

tal avenida de males;

y así yo (¡ay de mí! )

Arzobispo de Évora

Señora,

no os apasionéis, dejadme

que yo prosiga.

Duque de Berganza

Esto ha sido

querer que me desengañe;

¿pues lo que vi?

Doña Beatriz de Atayde

Fue ilusión.

Berg,. Quién bien quiere, se persuade

a lo mejor fácilmente.

Y eso es lo que obra quien nace

como yo.

Arzobispo de Évora

La reina, en fin,

viene de vos a ampararse:

a vos, señor, os ha visto

vencer las dificultades

con el Rey, que no pudiera

vencer en el reino nadie:

por vos el Tribunal Santo

de la Inquisición hoy yace

en la sublimada esfera

que todo Portugal sabe,

confirmado por el Rey, p,

y por las Pontificales

Bulas.

Pedro de Sayavedra

Que yo he contrahecho

con buen fin y con buen arte.

ap.

Arzobispo de Évora

Habéis a la Clerecía

librádola de que pague

el Subsidio por tres años,

y tenéis las voluntades

del Clero de Portugal;

no ha habido humilde ni grande

que no haya de vuestra mano

recibido imponderables

beneficios.

Pedro de Sayavedra

¿Y a que fin

vuestra Ilustrísima hace

memoria, para correrme,

de lo que debo olvidarme?

Arzobispo de Évora

Para alentaros a que

os pongáis de nuestra parte:

reducid, señor, al rey

a que a su esposa no ultraje:

este es servicio de Dios;

únanse dos voluntades

tan sin razón separadas.

Reina doña Catalina

Este motivo me trae

a buscaros.

Doña Beatriz de Atayde

Yo os lo ruego.

Duque de Berganza

Y yo trocando semblantes

con el desengaño mío,

le suplico que no falte

vuestra Eminencia a lo que

se debe a su ilustre sangre.

Pedro de Sayavedra

Señora, cuando los casos

están en ese paraje,

aunque parezca violento,

a gran mal remedio grande.

Reina doña Catalina

¿Por qué decís eso?

Pedro de Sayavedra

Porque

esto debe gobernarse

de esta suerte: ¿no tenéis

dispuesto para esta tarde,

por cumplir años el Rey,

festín de música y baile?

Reina doña Catalina

Sí, Cardenal.

Pedro de Sayavedra

señor. Duque,

debiendo finezas tales

a Beatriz, lograr su mano

¿no es lo más que deseasteis?

Duque de Berganza

Si logro esa dicha, a todo

me veréis incontrastable.

Pedro de Sayavedra

¿Ser vos esposa del Duque

ós agradará?

Doña Beatriz de Atayde

Bien sabe

cuanto debe a mi fineza.

Pedro de Sayavedra

Pues al tiempo que se dance,

como que es casualidad,

dejando caer un guante,

llegad vos a alzarle, Duque;

y si el Rey solicitase

quitárosle cara a cara,

que no le merece nadie,

sino vos, que sois su esposo,

diréis: lo demas del lance

dejadío a mi cuenta, que

yo sabré bien gobernarle.

Pag. 28

Pedro de Sayavedra

El falso Nuncio de Portugal.

Doña Beatriz de Atayde

A mujeres como yo

no casan casualidades.

Pedro de Sayavedra

Cuando vuestra estimación

peligra en que se dilate

vuestra boda, y sabéis, que

hay un Rey que os lo embarace,

cualquiera medio es decente,

y este es el más importante.

Doña Beatriz de Atayde

Solo estando aquí, me toca

venerar vuestro dictamen.

Pedro de Sayavedra

Yo haré que os estime el Rey,

pues el modo de aquietarle,

es ver casada a Beatriz.

Arzobispo de Évora

Ei medio es poco suave.

Pedro de Sayavedra

No importa.

Reina doña Catalina

Ved, Cardenal,

que no os pongáis a un desayre.

Pedro de Sayavedra

¿Desayrarme a mí, señora?

¿no veis que no es eso fácil?

Reina doña Catalina

Yo temo al Rey.

Pedro de Sayavedra

Y él me teme.

Arzobispo de Évora

A mucho, en acción tan grave

vuestra Eminencia se arroja.

Pedro de Sayavedra

Esto se hade hacer no obstante.

Reina doña Catalina

Sea como lo decís,

pues vos lo determinasteis.

Clarín.

Arzobispo de Évora

Esta es señal de que el Rey

llega ya a Palacio.

Reina doña Catalina

Antes

que nos eche menos, vamos,

Beatriz j pues tú de mis males

tienes, sin culpa, la culpa,

no que solicite extrañes

sanar por tí de mis penas.

Doña Beatriz de Atayde

Más tengo en aquesta parte

que agradecerte ( pues amo

ai Duque) que perdonarte,

gran señora.

Reina doña Catalina

Cardenal,

Arzobispo, no os alcancen

a ver y quedaos.

Pedro de Sayavedra

Obedezco,

gran señora.

Arzobispo de Évora

El cielo os guarde.

Vas. la Reyn.

Duque de Berganza

¿Vais disgustada?

Doña Beatriz de Atayde

¿De que?

Duque de Berganza

De que ese medio se trate,

para que yo sea el dichoso.

Doña Beatriz de Atayde

Como siempre fui constante,

el fin, no me desagrada,

aunque los medios extrañe.

Duque de Berganza

No fuerais vos tan hermosa.

y fuera el modo más fácil.

Doña Beatriz de Atayde

Estéis vos desengañado,

y sea como gustareis.

Vanse.

Arzobispo de Évora

Pues hemos quedado solos,

yo tengo que suplicarle

a vuestra Eminencia,

Pedro de Sayavedra

¿Y qué es?

Arzobispo de Évora

La escritura, que mandasteis]

reconocer de los veinte

mil ducados:

Pedro de Sayavedra

¡Fuerte lance!

esta es la que urdí, porque

el Arzobispo de valde

no se llevase la plaza.

Arzobispo de Évora

De mí…

Pedro de Sayavedra

¿Qué?

Arzobispo de Évora

Debe cobrarse,

que del Marques de Tarifa

soy heredero.

Pedro de Sayavedra

No trate

vuesa Ilustrísima de eso,

que a saber que tenía parte

en ella, sin que la viera,

hiciera que la rasgase,

y antes: ola: él se ha clavado.

Arzobispo de Évora

¿Qué hacéis?

Pedro de Sayavedra

Hacer que me llamen

a quien avise a un Notario,

que envié a que notificase

una excomunión sobre eso,

viendo que a nada me salen,

contra los testamentarios

del Marques: ¿hay disparate

mayor, que el que he cometido?

Arzobispo de Évora

¿Con que yo, para que pague

estaré excomulgado?

Pedro de Sayavedra

¿Pues qué contra Usía vale

el despacho?

Arzobispo de Évora

En todo casoj

el escrúpulo es bastante:

ai punto envío el dinero.

Pedro de Sayavedra

No, cierto.

Arzobispo de Évora

No hay que excusarse,

vuestra Eminencia le admita.

Pedro de Sayavedra

Ha, si, ved que es importante…

Arzobispo de Évora

¿Qué?

Pedro de Sayavedra

Que se prenda a Moisés.

Arzobispo de Évora

El Rey intenta ampararle.

Pedro de Sayavedra

¿Qué importa?

Arzobispo de Évora

Está bien.

Pedro de Sayavedra

Venid.

Arzobispo de Évora

Su Eminencia ha de ir delante

Pag. 29

Pedro de Sayavedra

Ya que le quito el dinero,

ap.

Pedro de Sayavedra

razón será cortejarle.

Vanse.

Sale Moisés.

Moisés

Pues por aquí ha de pasar,

y no puede mi coraje

vengarse de otra manera.

Sale Alonso de Sayavedra.

Alonso de Sayavedra

Pues no es fácil sosegarme,

desde que oí ai Cardenal,

decir que de Pedro sabe…

Moisés

Aquí de la saña mi a,

la muerte tengo de darle.

Alonso de Sayavedra

He de estrecharme con el,

hasta hacer que se declare.

Música

' c Ai Portugués Monarcaa,

los días inmortales… &c.

Moisés

No he encontrado otra ocasión,

pues de Palacio no sale.

Alonso de Sayavedra

No he podido persuadirme,

que mientan tantas señales,

Moisés

Y pues hoy la confusión,

que hay en Palacio, es más fácil

que disimule el deiito…

Alonso de Sayavedra

Y pues dejando distante

al Arzobispo, a este cuarto

pasa solo…

Moisés

He de, rodearle

este cendal en la cara,

y a puñaladas matarle.

Alonso de Sayavedra

He de arrojarme a sus plantas,

para que me desengañe.

Vanse quitándose los sombreros míen -

tras la Música.

Música

rr Le aplaudan, le festejen,

j?le ilustren y le ensalcen

estruendos y cadencias

de Venus y de Marte.

Moisés

Ya yo estoy perdido, cuando

empeño el Cardenal hace

de prenderme, pues si hay riesgo,

venga después de vengarme

a mí y a la Nación mía.

Alonso de Sayavedra

Ya el sufrimiento es cobarde,

Moisés

Aqueste cancel me oculte.

Alonso de Sayavedra

Esta puerta me recate.

Música

Estruendos y cadencias

de Venus y de Marte.

Retiranse cada uno por su lado, y salen

Sayavedra y Ace ve do.

Pedro de Sayavedra

Aun no me deja el Vicario

de Mora.

Acevedo

Quele escuchases

me dijo, antes que le hicieses

hablar al

Pedro de Sayavedra

No se canse,

que no he de hacer por él-nada,

aunque el Papa me lo mande.

Acevedo

Pues mira que te amenaza,

diciendo, que ha de pesarte

el haberle asi tratado.

Pedro de Sayavedra

¡Hay desvergüenza más grande!

anda, dile que hable al Rey

y al mundo.

Acevedo

Él viene a esperarle;

mas no obstante, iré a decirle,

que no se fatigue en válde.

Vase.

Pedro de Sayavedra

[Hay atrevimiento igual!

no en vano, aunque siempre afable

con todos, los he servido,

tengo oposición -tán‘grande

con este hombre, y más…

Moisés

Ya es tiempo,

Sale.

Moisés

pues aquí no nos ve nadie.

Alonso de Sayavedra

Ahora es ocasión.

Moisés

Traidor

muere.

Echale un cendal por la cara 9 y le va a

dar con un puñal, y sale Alonso de

Sayavedra, y se le quita.

Pedro de Sayavedra

Cielos amparadme.

Alonso de Sayavedra

Hijo, que te matan,

Moisés

Quita,

Alonso de Sayavedra

¿ Qué es quitar? aleve, infame,

suelta.

Moisés

Ya suelto, porque

en tu mano el puñal hallen,

y me sirva de disculpa.

Sale el Rey

Rey don Juan el Tercero

¿Qué es esto?

Pedro de Sayavedra

Intentar matarme

este traidor; no has de huir:

¡mas válgame Dios! mi padre.

ap.

Alonso de Sayavedra

Señor, yo no soy…

Rey don Juan el Tercero

Ea, calla,

sacrilego: ¿no es bastante

indicio ver ese acero

en tu mano?

Alonso de Sayavedra

Es, que al mirarle… -

Rey don Juan el Tercero

No hables más: Moisés, ¿qué es esto?

Moisés

Yo llegaba en este instante

a esa puerta, cuando vi

a ese caduco llegarse

al Cardenal, y en la cara

aquel cendal arrojarle,

Pag. 30

Moisés

echando mano al puñal;

estorbéle ejecutase

tan bárbara acción.

Alonso de Sayavedra

si tú

fuiste el que la intentaste,

¿por qué me culpas a mí?

Rey don Juan el Tercero

Calla, traidor, que no cabe

en Moisés acción tal vil.

Pedro de Sayavedra

Ni en viejo tan venerable,

que sé yo quién es, tampoco

Rey don Juan el Tercero

¿No será de creer más fácil

,esto en un advenedizo.?

Pedro de Sayavedra

¿Y en un hebreo no es dable,

que por mis buenos oficios

de esta suerte me los pague?

Rey don Juan el Tercero

Cardenal, ved que a Moisés

favorezco.

Pedro de Sayavedra

Señor, baste

saber, que a criado mío

es razón que yo le ampare.

Moisés

¡Quién vio empeño más extraño!

Alonso de Sayavedra

¡Quién vio más terrible lance!

Rey don Juan el Tercero

¡Ha de mi guarda!

Sale un Soldado.

Soldado

Señor.

Rey don Juan el Tercero

Esto así ha de averiguarse.

a ese caduco prended.

Pedro de Sayavedra

Si empeño es vuestro, llevadle.

Alonso de Sayavedra

Señor…

Pedro de Sayavedra

Padre, ve; no importa,

Al oído.

Pedro de Sayavedra

que tu hijo sabrá librarte.

Alonso de Sayavedra

¿Quién es mi hijo?

Pedro de Sayavedra

Yo soy

Alonso de Sayavedra

El corazón se me parte

de alegría: si eres tu,

vengan infelicidades.

Llévanle.

Pedro de Sayavedra

Ya yo de mi autoridad

he cedido en está parte,

ceded de la vuestra vos.

Ola.

Salen Montijo, Acevédo y Espantajo

Acevedo, Montijo y Espantajo

Señor.

Pedro de Sayavedra

Entregadle

al Arzobispo a Moisés,

porque le ponga en la cárcel

de la Inquisición

Rey don Juan el Tercero

Mirad…

Pedro de Sayavedra

No hay nada ya que repare;

¿cede la Iglesia, y vos no i

Católico Rey, prestadle

favor a la Inquisición

Rey don Juan el Tercero

Mirad…

Pedro de Sayavedra

No os pongáis delante:

llevadle pues.

Montijo

¡ Se resiste.?

marche el judigüelo, marche,

Acevedo

Poco a poco.

Moisés

Mis delitos

me ponen en este ultraje.

Llévanle.

Rey don Juan el Tercero

Mirad, Cardenal, que es fuerza,

pues tiene cargos tan grandes

de mi Real Hacienda, que

se le tomen cuentas antes.

Pedro de Sayavedra

Allí, que estará de espacio,

hará cuanto le mandareis.

Rey don Juan el Tercero

La rectitud de este hombre

a cuanto hay me persuade;

no tengo, aunque más lo intente,

voces para replicarle:

Quiero ver aquesta carta,

que coa misterios muy graves

.al entrar me dió el Vicario

de Mora

Pedro de Sayavedra

A esta pieza sale

el sarao de las Damas.

Rey don Juan el Tercero

Pues para después se guarde,

qué danzando coa la reina,

con la tropa he de mezclarme.

Salen el Conde, el Duque 3 la Reyn,

Doña Beatriz y Me acia,y mezclase

Rey danzando, y quedan de tras el A

zobispo y Sayavedra, y salen Montij

Acevedo y Espantajo, y danzan

co

penachos > hachetas y mascarillas,

y canta la Música.

Música

CP Al Portugués Monarcaa,

los días inmortales

le aplaudan, le festejen,

wle ilustren y le ensalcen

estruendos y cadencias

de Venus y de Marte.

Árzob. Mucho intentáis.

Pedro de Sayavedra

Vos veréis,

que sale bien el examen.

Vuelta en alas hechas y deshechas

Conde de Porto-Alegre

Por los rayos se Conoce

el Sol, aunque se disfrace.

Mencía

Quando el corazón se muestra,

mal se recata el semblante.

Reina doña Catalina

Este es el Rey; quiera el Cield

no saiga la traza eri valde.

Rey don Juan el Tercero

¿Cuándo de tantos rigores

triunfarán vuestras piedades?

Doña Beatriz de Atayde

Siendo la piedad desdoro,

venceráse el ceño tarde.

Pag. 31

Duque de Berganza

Ahora es ocasión, señora.

Doña Beatriz de Atayde

Tened, aguardad: el guante,

Rey don Juan el Tercero

Yo lo alzaré.

Duque de Berganza

Ya en mi mano

Álzale.

Duque de Berganza

está, y no merece nadie,

sino es yo, esta prenda.

Rey don Juan el Tercero

¿Cómo,

Descúbrese,

Rey don Juan el Tercero

si soy yo el que llegué a alzarle?

Duque de Berganza

¿Cómo? siendo de la mano

dueño yo, y siendo constante,

que el que posee lo más,

lo menos debe llevarse:

el guante es mío.

Rey don Juan el Tercero

¿Pues quién

os hizo ( el pecho se arde aje,

en cólera ) de esa mano

dueño?

Pedro de Sayavedra

Señor, mi dictamen.

Rey don Juan el Tercero

¿Vuestro dictamen?

Pedro de Sayavedra

No hay duda,

pues llegando a aconsejarse

conmigo los dos, y viendo

(yaque a tantas claridades

dais lugar ) que un embeleso '

o bizarría o donayre

del capricho (claro está)

daba a vuestros naturales

tanto escándalo, a la reina

tantos injustos pesares,

tantos sustos a este reino,

pues llegando a penetrarse

en Castilla, podría ser,

que por vengar el desaire

de su Princesa, rompiesen

con justa razón las paces;

a Doña Beatriz y el Duque,

que con afectos iguales

ha días que se festejan,

les mandé que se casasen,

que de esta suerte acababan

de una vez todos los males;

yo solo tengo la culpa.

Rey don Juan el Tercero

Rabiando estoy de coraje, &p.

OLa, al Duque de Berganza

prended.

Duque de Berganza

Señor…

Pedro de Sayavedra

Quien pasare

de esta línea excomulgado

queda; y vos, si es que intentareis

oponeros a este intento

tan santo y tan importante.

Rey don Juan el Tercero

Por otras causas bien puedo,

sin temeros, castigarle.

Pedro de Sayavedra

¿Vos no temeis las censuras?

pues haréis que las agrave;

y si en el caso intentáis

las menores novedades,

pondré entredicho en el reino,

y absolveré el homenaje

a los vuestros, que para eso

tengo comisión bastante

del Papa al veros rebelde.

Rey don Juan el Tercero

Más que todo eso me hace

disimular mi pasión

ap.

Rey don Juan el Tercero

estar la reina delante.

Cardenal, no os enojéis,

que el ver que el Duque se case

sin mi licencia, faltando

a lo que debe a su sangre,

me irritó, no otro motivo, )

y ya quiero perdonarle,

porque vos no os disgustéis,

Duque de Berganza

Beso vuestras plantas Reales,

Pedro de Sayavedra

Sois Príncipe generoso,

Arzobispo de Évora

¡Ay mudanza más notable!

Reina doña Catalina

Las gracias os doy¿ señor,

por el Duque. Rey, Intento honrarle,

gran señora, que es mi primo,

y tan nobles personages

no se casan de esa suerte.

Doña Beatriz de Atayde

Señor, con favores tales

honráis una esclava vuestra.

Pedro de Sayavedra

¿Veis como vos recelasteis

sin motivo?

Arzobispo de Évora

Ya conozco,

que es vuestro juicio admirable.

Rey don Juan el Tercero

Acábese ya el festín.

Señora, licencia; dadme,

y todos os'retirad,

menos vos,

Reina doña Catalina

Bien sale

nuestro intento.

Pedro de Sayavedra

Desearé

vuestra Majestad descanse.

Arzobispo de Évora

Mucho el veros tan gustosa

estimo.

Doña Beatriz de Atayde

Si los afanes

cesaron, no es mucho.

Duque de Berganza

Yo

soy el que debo alegrarme

de mi fortuna.

Mencía

Beatriz,

¿qué es esto?

Doña Beatriz de Atayde

Después contarte

podré todo lo que ignoras.

Vanse.

Rey don Juan el Tercero

¿Conde, se fueron?

Conde de Porto-Alegre

Distantes

Pag. 32

Conde de Porto-Alegre

están ya.

Rey don Juan el Tercero

Pues de mi pecho

salgan ardientes volcanes,

que transformen en pavesas

aun los átomos del aire.

Conde de Porto-Alegre

Señor, templa el sentimiento

Rey don Juan el Tercero

¿Como, si fallezco amante

de la beldad de Beatriz,

y el Corazón a mitades,

viéndola ajena, en el pecho

o se rompe o se deshace?

Conde de Porto-Alegre

Sin duda entre el Cardenal

y la reina, por quitarte

el motivo en el objeto,

han elegido sagaces

este medio.

Rey don Juan el Tercero

No tuviera

la defensa incontrastable

de ser quien es, que yo, Conde,

de él consiguiera vengarme.

Conde de Porto-Alegre

Él introdujo en tu reino

la Inquisición. Rey Eso, antes

se le debe agradecer,

pues los efectos que hace

son santísimos.

Pensar

en vuestra pena es matarse;

divertios, señor.

Rey don Juan el Tercero

Bien dices:

leedme, Conde (¡dolor grave!)

ése pliego, que me dieron

antes que al festín entrase

Dáselo

Conde de Porto-Alegre

Dos cartas incluye dentro:

del Papa es ésta.

Rey don Juan el Tercero

Pues abre.

Lee la carta.

Conde de Porto-Alegre

Paulo Tercio. Hijo mío escogido don Juan de Portugal, Tercero de este nombre. Habiendo sabido que hay en vuestra corte quien usurpe la potestad de la Iglesia Romana, nos obliga a noticiaros que de nuestra parte no se ha remitido legado alguno a vuestros reinos, ni hay tal cardenal Sayavedra en nuestra Santa Congregación; y así, luego que veáis esta, os rogamos le hagáis prender y asegurádnosle hasta otro aviso, pues con el sigilo necesario quedamos entendiendo en su causa. Paulo, siervo de los siervos del Señor.

¡Rara novedad!

Rey don Juan el Tercero

¡El cielo

me valga!

Conde de Porto-Alegre

Dos Cardenales

también os escriben.

Rey don Juan el Tercero

¿Pues

qué dicen? lee, no tardes.

Lee la carta.

Conde de Porto-Alegre

Señor, damos noticia a vuestra Majestad de que en esta corte se ha sabido que un hombre revoltoso y embustero, llamado Sayavedra, ha usurpado el nombre de cardenal, nuncio y legado de su Santidad, y con falsas bulas y cartas ha persuadido a vuestra corte que lo es: os damos el aviso para que salgáis de vuestro engaño. Ascanio. Medicis.

Rey don Juan el Tercero

; Ay mayor maldad!

Conde de Porto-Alegre

Señor,

esto no puede dudarse

Rey don Juan el Tercero

¡Hombre hubo tan atrevido,

que ha intentado semejante

empresa!

Conde de Porto-Alegre

En lo que es posible,

eso y aun mucho más cabe.

Rey don Juan el Tercero

Aunque al Papa no obedezca,

con la muerte ha de pagarme

el engaño: ¿hoy no es Correo

de Roma?

Conde de Porto-Alegre

Sí, señor.

Rey don Juan el Tercero

Baste;

pues si llegan hoy las cartas,

y hoy el Correo se parte,

las noticias de su muerte

llevará.

Conde de Porto-Alegre

Siendo tan grave

este negocio, señor,

no debe precipitarse.

Rey don Juan el Tercero

Id, prendédmelos criados

de ese hombre.

Conde de Porto-Alegre

Voy al instante.

Vase.

Rey don Juan el Tercero

Atónito me ha dejado

atrevimiento tan grande.

Salen Sayavedra y Espantajo

Pedro de Sayavedra

A ver vengo como el Rey

desde aquel pasado lance

está conmigo. ¿Señor?

Rey don Juan el Tercero

¿Qué decís?

Pedro de Sayavedra

Dejad que extrañe

ver, que me habléis de esa suerte: Á

aun le dura su coraje.

ap.

Espantajo

Ira de Dios, y qué cara

le pone el Rey de vinagre.

Pedro de Sayavedra

Aunque fue mío el arbitrio…

Rey don Juan el Tercero

No paséis más adelante, ¡

Pag. 33

Rey don Juan el Tercero

traidor,

Pedro de Sayavedra

¿Qué oigo?

Espantajo

Berenjenas.

Rey don Juan el Tercero

Vil hombre,

Pedro de Sayavedra

Señor

Espantajo

Tomates.

Pedro de Sayavedra

¿Así mi púrpura ultraja

vuestra Majestad?

Rey don Juan el Tercero

Infame,

¿qué púrpura?

Pedro de Sayavedra

Vive el Cielo,

que no tenéis que culparme,

sí que agradecerme.

Rey don Juan el Tercero

¡Ah, aleve!

¿aun pretendes engañarme?

fingido Cardenal, Nuncio

falso.

Pedro de Sayavedra

¡Qué escucho, pesares!

Espantajo

Tiró el diablo de la manta,

y quedámonos en carnes.

Rey don Juan el Tercero

Vive el cielo…

Voz dentro

tod. Voces da

el Rey, lleguemos.

Espantajo

Andares.

Salen la reina, doña Beatriz, el duque

y el arzobispo.

Reina, Beatriz, duque y arzobispo

¿Qué es esto?

Rey don Juan el Tercero

Nada, esa carta

a todos os desengañe.

Lee la carta.

Arzobispo de Évora

Señor, damos noticia a vuestra Majestad de que en esta corte se ha sabido que un hombre revoltoso y embustero, llamado Sayavedra, ha usurpado el nombre de cardenal y nuncio y legado de su Santidad, y con falsas bulas y cartas ha persuadido a vuestra corte que lo es: os damos el aviso para que salgáis de vuestro engaño. Ascanio. Medicis.

Reina doña Catalina

¡Cosa rara!

Doña Beatriz de Atayde

¡Novedad

espantosa!

Duque de Berganza

¡Hazaña grave!

Arzobispo de Évora

Si es verdad, es caso horrendo.

Espantajo

Aquí acabó mi gaznate.

Pedro de Sayavedra

Portugueses, verdad es:

Yo soy quien quiso gigante

en soberbia Icaro altivo,

para poder remontarme,

robar las purpúreas alas

a la Iglesia nuestra Madre

yo confieso mi delito.

Espantajo

Hombre, niega: ¡ hay tal salvaje!

Pedro de Sayavedra

Con más que humanos impulsos

vine a esta acción a arrojarme

de ella ha resultado, que

nuestra Religión se ensalce.

pues en Portugal la santa

Inquisición por mí yace

en la más suprema altura.

Yo he llegado a hacer las paces

entre vos y vuestro esposo

y no hay en Portugal nadie,

que no haya beneficiado:

solo uno nunca obligarme

ha podido, y quizá él

es quien el tiro me hace:

misericordia, Señora.

Reina doña Catalina

La lástima me combate.

Duque de Berganza

A compasión me ha movido.

Arzobispo de Évora

¿Pues cómo os determinasteis,

hombre atrevido

Espantajo

A éste ahora

ap.

Espantajo

la roncha le hace que salte

de los veinte mil ducados.

Arzobispo de Évora

A engañar con tus disfraces

a un reino entero?

Pedro de Sayavedra

Es que Dios

de humildes medios se vale

para…

Sale el conde con unos soldados.

Conde de Porto-Alegre

Venid, Sayavedra,

preso.

Pedro de Sayavedra

Sin que el Rey lo mande,

iré yo, pues lo merezco.

Conde de Porto-Alegre

Id también vos.

Espantajo

¿Pues qué parte

soy de la oración?

Pedro de Sayavedra

Señora,

apelo a vuestras piedades.

Espantajo

Yo no me acuerdo del Credo:

y si quieren ahorcarme,

en cincuenta años podré

aprenderle.

Soldado primero

Vayan.

Soldado segundo

Anden. Llévanlos los Soldados.

Reina doña Catalina

Sin mí me ha dejado el caso.

Doña Beatriz de Atayde

No le han visto las edades.

Arzobispo de Évora

¿A quién no había de engañar

quien tan bien su papel hace?

Doña Beatriz de Atayde

Yo no puedo persuadirme,

aunque quiero violentarme.

Conde de Porto-Alegre

La carta del Papa he visto,

y lo que los Cardenales

afirman, escribe.

Reina doña Catalina

Pues

a hombre de ánimo tan grande

yo le estoy agradecida,

y no he de desampararle. Vase,

Duque de Berganza

Lo cierto es, que se le debe

Pag. 34

Duque de Berganza

aun más lástima, que ultraje.

Arzobispo de Évora

Yo tengo de hacer por él

cuanto mis fuerzas alcancen.

Doña Beatriz de Atayde

Hízome con vos dichosa,

f y es fuerza que se lo pague.

Duque de Berganza

La misma razón me asiste

para intentar ayudarle.

Vanse.

Dentro ruido de cadenas,y sale Alonso

de Sayavedra con cadena.

Voz dentro

Yaya el vejete.:

Alonso de Sayavedra

Duélaos mi quebranto,

mi vejez y mi llanto;

¿aunque de qué me quejo,

si sé (¡ dichoso viejo!)

que padre me ha llamado

un Cardenal, un Nuncio y un Legado?

¡O hijo mío! ¡qué mal en arrojarte

hice, cuando intenté desampararte

por leves travesuras!

Pero si en mi cariño siempre duras,

feliz vejez me espera,

veréme en alto puesto y noble esfera.

Salen Sayavedra, Montijo, Acevedo,

y Espantajo con prisiones.

Voz dentro

Vayan los embusteros,

vayan los trapacistas.

Montijo

Caballeros,

qué va si la paciencia se me apura…

Pedro de Sayavedra

Calla, Montijo.

Montijo

¡Pese a mi ventura!

¿no me basta mirarme en este estado,

sino callar también?

Espantajo

¿Chico malvado,

pues están para ahorcarte,

y ahora quieres con otro empelotarte?

Acevedo

Siempre aquesto lo tuve yo creído.

Pedro de Sayavedra

¡Qué lacio está Acevedo y qué amanido!

Espantajo

No ha de estar, si nos tienen tus quimeras

de suerte, que aun azotes y galeras

tomáramos, y no que en dos tirones

muramos anegados en calzones?

Alonso de Sayavedra

¡Ay de mí!

Pedro de Sayavedra

¡Mas qué veo!

¿padre?

Alonso de Sayavedra

¿Quién es?

Pedro de Sayavedra

Tu hijo.

Alonso de Sayavedra

No lo creo:

¡Mi hijo aprisionado!

¿cómo, si es cardenal, nuncio y legado?

Espantajo

Adiós, el viejo ya ha perdido el juicio.

Pedro de Sayavedra

Este es de la fortuna el ejercicio,

variar el semblante.

Alonso de Sayavedra

Si cardenal le dejo no ha un instante,

¿cómo puedes ser tú?

Montijo

Como fue enredo

cuanto tú has visto en él.

Alonso de Sayavedra

¡ Pasmado quedo!

Espantajo

Y si no te convence este trabajo,

mira fantasma un mísero Espantajo.

Montijo

Y a mí, abuelo, conóceme en efeto,

que soy Montijo, tu infelice nieto.

Alonso de Sayavedra

¡ Ay infelice de mí!

siempre yo te dije, Pedro,

que tus enredos y embustes

habían de parar en esto.

Pedro de Sayavedra

¡Ha buen Vicario de Mora,

este agasajo te debo!

Sale un Criado.

Criado

¿Quién es aquí Sayavedra?

Pedro de Sayavedra

Yo soy.

Criado

Mucho, amigo, siento

traeros esta noticia:

vos y vuestros compañeros

os disponed, que el señor

Arzobispo, conociendo

que el enojo del Rey,

que vuestras causas ha hecho

fenecer en un instante,

y más estando confesos,

que pretende castigaros

con todo rigor muy presto,

por piedad os da este aviso.

Espantajo

El regalo agradecemos

a su Ilustrísima.

Montijo

A Dios:

Vive Cristo…

Acevedo

Quedo, quedo:

¿en este paraje juras

Pedro de Sayavedra

Responded, que yo dispuesto

a todo estoy, y que estimo

el aviso y el consejo

a su Ilustrísima, quien

obra como Caballero,

haciéndome esa amistad.

Vas.el Criad

Montijo

Vive Dios, que no las tengo

todas conmigo.

Espantajo

Montijo,

ya huele, y no huele a incienso.

Acevedo

¿Portugueses, y engañarlos?

ahorcados es lo de ménos.

Alonso de Sayavedra

Nunca yo hubiera nacido.

Pag. 35

Pedro de Sayavedra

Bien sabe Dios, que mi celo

fue bueno: ya le he logrado

y si por eso padezco,

no temo morir.

Espantajo

Yo sí

creo en Dios Padre: no me acuerdo,

Montijillo. Mo it. Yo el morir

ahorcado es lo que siento,

Voz dentro

Al calabozo.

Pedro de Sayavedra

Esta voz

nos llama.

Espantajo

¡Y a lindo almuerzo!

Todos

Tus embustes, Sayavedra,

de esta suerte nos han puesto.

Salen el Rey, la reina, el Duque

Beatriz, Mencía, y el Ar¬

zobispo

Reina doña Catalina

Esto habéis de hacer por mí.

Doña Beatriz de Atayde

Yo, gran Señor, os lo ruego.

Arzobispo de Évora

Sus errores confesamos

pero si a otra luz los vemos,

más que de daño, os han sido

sus astucias de provecho.

Todos

Perdonadle, gran señor.

Rey don Juan el Tercero

No me habléis ninguno en eso:

¿por un hombre revoltoso,

cismático y embustero,

os empeñáis, gran señora?

{Y vosotros, con el celo

de necia piedad, queréis

disculpar atrevimientos

tan grandes? No puede ser

pagará, viven los Cielos,

el embuste tan extraño

y el desacato tan nuevo

de engañar a un reino todo:

demas, de que no soy dueño

de su perdón, sino el Papa,

pues por su orden está preso

y pues en esto no hay forma,

de otra materia tratemos.

Duque, pues os di palabra

de honrar vuestro casamiento,

dadle la mano a Beatriz.

Duque de Berganza

Por su esclavo me confieso.

Danse las manos los dos.

Doña Beatriz de Atayde

Premío el amor mi fineza.

Rey don Juan el Tercero

Y vos de mis desaciertos,

perdonando los errores,

admitid… ¿Pero qué es esto?

Suena un clarín, y sale el Conde con

una carta.

Conde de Porto-Alegre

Señor, un correo de Roma,

que para vos este pliego

ha traido.

Rey don Juan el Tercero

¿Tan apriesa?

Sin duda, que para ejemplo,

en él me avisa el castigo,

que hacer en este hombre'debo;

leed, Conde.

Todos

Infeliz del

que nace para escarmiento.

Lee la carta.

Conde de Porto-Alegre

Paulo Tercio. Escogido hijo don Juan Tercero de Portugal: luego que os escribimos la nuestra, pasamos a examinar la causa de Pedro de Sayavedra y lo por él ejecutado en esos reinos; todo lo cual está obrado en razón y justicia. Y mandamos se observe mientras llega nuestra confirmación, quedando el santo oficio de la Inquisición y sus puestos en las personas que el dicho Sayavedra los proveyó; y reconociendo haber sido este hombre el instrumento de que Dios se ha querido valer por sus altos juicios para tan grande obra, os rogamos le honréis y remitáis a esta nuestra corte para conocerle y premiarle. Paulo, siervo de los siervos del Señor.

Arzobispo de Évora

Justo premio de su hazaña.

Rey don Juan el Tercero

Obedecer el decreto

del Papa es justo: andad, Conde,

traedme ese hombre al momento.

Conde de Porto-Alegre

A obedeceros volando

voy.

Vase.

Reina doña Catalina

Aunque fuesen los medios

indignos, logrado el fin,

basta que dore sus yerros.

Duque de Berganza

Yo confieso, que me he holgado.

Doña Beatriz de Atayde

Lo mismo será en el reino.

Arzobispo de Évora

No hay nadie a quien no tuviese

muy beneficiado, y siendo

para tan sagrado fin,

yo le perdono el primero

veinte mil ducados en que

me engañó.

Salen el Conde, Sayavedra } Alonso,

Pag. 36

Montijo, Acevedo, y Espantajo.

Conde de Porto-Alegre

Entrad.

Pedro de Sayavedra

Rey supremo,

castigadme con piedad.

Rey don Juan el Tercero

Quien merece los afectos

del Pontífice Romano,

del Rey Don Juan el Tercero,

debe llegar a los brazos.

Abrázale

Montijo y Acevedo

¡Qué miro!

Alonso de Sayavedra

¡Cielos, qué veo!

Reina doña Catalina

El Papa os ha perdonado.

Todos

Todos al Rey le habemos

rogado por vos.

Pedro de Sayavedra

Feliz

quien vio mejorado el tiempo.

Arzobispo de Évora

Dadme los brazos, que un hombre

de tan nobles pensamientos,

merece que le honren todos.

Pedro de Sayavedra

Yo soy un esclavo vuestro.

Rey don Juan el Tercero

Decidme, ¿vos de Moisés

qué hicisteis?

Arzobispo de Évora

Se va siguiendo

su causa, y presto el castigo

le aliviará de los hierros.

Por su confesión se supo,

que él fue el que intentó soberbio

dar la muerte a Sayavedra.

Alonso de Sayavedra

Con que estoy libre con eso.

Pedro de Sayavedra

Sí, padre.

Alonso de Sayavedra

Hijo de mi vida,

ya desde hoy te veré quieto.

Espantajo

Ya no hay que temblar, Montijo.

Montijo

Volvióseme el alma al cuerpo.

Espantajo

Y aquí la célebre historia

da fin, Senado discreto,

del Nuncio de Portugal,

perdonad sus muchos yerros.

Todos

Y logre el Poeta un vitor,

por ser caso verdadero.

Fin. Con licencia en Madrid. Año de 1796. Se hallará en la Librería de Quiroga, calle de la Concepción Gerónima, junto a Barrio-Nuevo; en la misma se hallan todas las comedias y tragedias modernas, comedias antiguas, autos, sainetes y entremeses: por docenas a precios equitativos.