digitaler Text von El falso nuncio de Portugal
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Obra de atribución desconocida.
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- Theater
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- Comedia
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- El texto procede de la transcripción automática del impreso de El falso nuncio de Portugal (Madrid, Librería de Quiroga, 1796), conservado en la University of North Carolina at Chapel Hill, Teatro Antiguo, v. 12, n.º 23, y digitalizado en Internet Archive.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El falso nuncio de Portugal. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-falso-nuncio-de-portugal-quiroga-1796.
EL FALSO NUNCIO DE PORTUGAL
Pag. 1
Comedia. El falso nuncio de Portugal. De un ingenio. Personas: el rey don Juan el Tercero; Pedro de Sayavedra, galán; el duque de Berganza; el conde de Porto-Alegre; Alonso de Sayavedra, barba; el arzobispo de Évora; Acevedo; Montijo; Espantajo, gracioso; Moisés, judío; la reina doña Catalina; doña Beatriz de Atayde; Mencía; damas; acompañamiento.
@JORNADA PRIMERA.
Salen, como recatándose, Pedro de Sayavedra, Acevedo, Montijo y Espantajo, y tras ellos Alonso de Sayavedra.
¿Mi padre os ha visto?
Sí.
Pues para obviar un encuentro,
ocultaos un rato ahí dentro.
Vanse los dos.
No sé qué quiere de mí
este señor.
Tu paciencia,
que sufra me maravilla
a este vejete potrilla.
Débole esta reverencia,
que al fin es mi padre.
Pues
que se han ocultado, infiero…
disimular considero,
que es mejor.
Ahí va lo que es.
Padre y señor, con tu mano
honra mi labio.
Arrodíllase.
Levanta,
que es indigna humildad tanta
de un genio tan soberano;
y aunque tal humillación
no incluya alguna bajeza,
se ofenderá tu grandeza
de tan desigual acción:
no hay altura que te cuadre,
conserva tu potestad,
que en esto de vanidad
no te ahorrarás con tu padre.
Señor, si el cielo me dio
este genio, esta altivez,
con que más de alguna vez
aun en mí no quepo yo:
si mi heroico pensamiento,
águila rapante, sube
sobre la más alta nube
a hollar la esfera del viento,
¿qué le tengo yo de hacer,
no pudiendo remediar
la presunción singular
y de mi altivo proceder?
Y así, padre, no tu mano
niegues a mi afecto aquí.
No te me acerques a mí,
loco, presumido, vano,
cuyo juicio desatento,
con ciega desigualdad,
por darse a la vanidad,
Pag. 2
compra el aborrecimiento.
No sabes bien, que has nacido
hijo de un pobre Soldado,
cuyo noble trato honrado
en cualquier parte ha cabido,
sin que aspire a mendigar
otro estado ni otro ser,
que aquel noble proceder,
que de todos se hace amar?
¿ Sabes, que ha sido tu cuna
Córdoba, donde nacistes,
y apenas el rostro vistes
a tu primera fortuna,
cuando tus altanerías,
altiveces y deseos,
en los medianos empleos,
a que ya grande asistías
te hiciéron aborrecido,
de todo el mundo notado;
porque siempre embelesado,
soberbió y desvanecido,
te empezastes a tratar
con tal fausto y tal primor,
que aun siendo el Corregidor
dieras mucho que notar?
¿Y que yo, por acudir
primero a mis pretensiones,
y a atajar tus presunciones,
quise a la Corte venir,
donde de día.- y; de noche
prosigue tu devaneo,
no queriendo ir al paseo
sin ir en el mejor coche?
¿Saliendo a las doce a misa,
rondando hasta amanecer,
y aun el vestir.ha. de.ser.
(cosa es que provoca a risa),
de idea el más; señalado?
¿y no sacarás un pie n
a la calle", sin que esté
ya prevenido el criado?
¿ Pues en que van. a parar
tal vanidad tai locura,
sino en hacerte un figura,
que note todo el lugar?
Porque saben que en la corte
es nobleza y es blasón,
cada uno en su profesión
andar con decente porte:
pero si un mozo novel
a sobresalir empieza,
le tienen luego por pieza,
y hacen todos burla de él.
Mas ya sé yo, que estos ruidos
en tu genio han motivado
andar bien acompañado.
Aquí entran los escondidos
Y así, pues que no hay remedio
de enmendar lo que en tí pasa,
no quiero un Duque en mi casa,
que a todos causando tédio
su locura y frenesí,
juzgue el pueblo que es infiel,
que el defecto que hay en él
puede dimanar de mí:
porque el que os vé desatento
salir del centro, que os ciño,
no sabiendo que os lo riño,
juzgará que os lo consiento.
Y así, pues tan elevado
vuestro discurso ha nacido,
seguid el mejor partido,
idos pues a ser Soldado;
y ya que no Cardenal,
porque ignoráis toda ciencia,
lograreis ser Excelencia,
si alcanzáis ser General:
no habéis de estar un instante
en mi casa.
Oiga el vejete
Señor, aunque es cierto…
Vete.
no te me pongas delante.
Yo me iré, mas algún día,
aunque ahora me llego a ver
arrojado
Podrá ser
que te dé yo señoría:
j no.dices eso?
No hay tal;
mas si sopla la fortuna,
en el trono de la luna
pienso poner mi sitial.
A cólera me provoco.
Eso será cosa cierta.
¿ Mas llamáron a la puerta?
Sí llamaron: abre, loco.
Abro, cuerdo.
Sale un Pag
¿Está el señor
Pag. 3
Sayavedra en casa?
El mismo
es, que estáis viendo.
Seo hidalgo,
¿qué mandáis?
Solo deciros
que el señor Pietro Ranceti,
quien por el Rey ha tenido
las Rentas de aqueste reino
a su cargo, habiendo visto
la Real Póliza, que ayer
le mostrasteis, no ha querido
dilatar su paga, en fe
de qué desea serviros,
y los veinte mil ducados
remite.
¿Cielos qué he oido?
°age. Aunque vienen en vellón,
que no pudo reducirlos
a otra moneda.
Tomad,
que a espaldas va mi recibo
del despacho.
Dios os guarde.
Ahí van esos dobloncillos,
por el trabajo de haber
traido el dinero.
Admito
por no ser descortés.
Oigan,
parece bobo el chiquillo,
Vase el Pag.
y pide para los Mártires.
Espantajo, al cuarto mío
entra, y toma ese dinero.
Vase Espa.
Hijo, ¿qué es esto que he visto?
¿Ahora soy hijo, señor?
De contento pierdo el juicio.
¿Y la reprehensión?
No sé
porque yo estoy aturdido.
¿Pues ves esto?
¿Qué?
No es nada
para el espíritu altivo,
que habita en mí; y algún día
de mis heroicos designios
verás, si quieren los cielos,
los pensamientos cumplidos.
Sale Espantajo.
Maldita sea vuestra alma
¿Qué hay, Espantajo?
Coritos
de los demonios.
¿Con quien
esa pesadumbre ha sido?
Con esos esportilleros,
que son como los cochinos,
que mientras engullen más,
más gruñen: voto a Cristo,
que si cojo un palo
Tentej
que si otro no han aprendido,
hacen bien en pretender ü-
¿Qué?
Que les valga su oficio.
¿Hijo, no podré saber
de dónde este bien nos vino?
De donde nos vino estotro:
lee, señor, y ten sigilo,
y no culpes mi altivez, (ta.
ignorando sus motivos.
Dale una carta.
Lee.
Su Majestad, que Dios guarde,
por vuestros buenos servicios,
Don Pedro de Sayavedra,
honraros ha pretendido
con un Hábito (¿qué es esto?)
de Santiago: yo os aviso,
para que podáis con tiempo,
disponiendo lo preciso
para las informaciones.
disfrutar lo que. os estimo.
Juan Gaztelú, Secretario
del gran César Carlos Quinto.
Aun esto me pasma más:
hijo, ¿ pues donde has servido?
¿qué méritos son ios tuyos,
para que con tan invicto
blasón te honre el César?
Padre,
solamente te suplico
goces los bienes, que Dios
me comunica benigno,
sin averiguar por donde
participármelos quiso.
Llene usted la panza y calle.
No entiendo este laberinto:
yo sé tus embustes, Pedro,
plegue a Dios, que tan altivos
pensamientos, no te lleven
a dar en un precipicio.
Vase.
Quoad nos perducant aeternam
le faltó a este sermoncito.
Pues se fue, llama, Espantajo,
a Acevedo, y a Montijo.
¿Ha seflores encerrados?
Salen Montijo y Acevedo.
¿Quién nos llama?
Quien (o amigos
del alma) participaros
hoy pretende, y descubriros
máquinas, que en este pecho,
Paladión de altos designios,
716223 f 2M\
v.ta
Pag. 4
se han encubierto, a pesar
de mi altivez y mi brio.
Di, que aquí tienes mi brazo,
que no teme, vive Christ o,
la guadaña de la muerte.
Di, que en tu favor alisto
cuantas astucias escritas
dejó Merlín a sus hijos.
No en vano entre mis parciales,
átí, Ace vedo, te elijo,
por ser mi amigo leal;
y a tí, por ser mi sobrino,
que de casa de Fernando
de Saya ved r a mi tio,
por algunas travesuras
de valor, 'andas huido,
y quieres seguir mi escuela.
No saldrá mal Angelito
Y puesto que la fortuna
acreditar ha querido
cuanto al osado apadrina,
cuanto desprecia al omiso,
vea también hasta donde
llega el gigante capricho
de un hombre, que harán eterno
los anales de los siglos;
pues en el uno valiente,
y el otro cuerdo, he elegido
quien me aconseje prudente,
quien me ayude vengativo.
Ya habréis visto, compañeros,
cuanto poderosa ha sido
en mi patria, y en la Corte
mi intercesión, que a su arbitrio
no ha habido cerrada cárcel,
ni ha habido recto Ministro,
ni provisión bien negada,
ni acuerdo mal proveído,
pues disponiendo los casos
a medida de mi juicio,
es la pretensión que alcanzo,
la propia que me imagino.
Al mismo tiempo, mi fausto,
mi pompa, mi señorío,
mi autoridad, mi manejo,
mi persuasión, mi cariño,
me han sabido granjear
tan grave copia de amigos,
como abundancia de bienes;
aunque el mundo siempre ha visto
solo al pobre, pobre al sabio,
y con gran séquito ai rico.
Todo esto, amigos del alma,
de la propia suerte ha sido,
que hoy sucede con bastantes,
pues yo gasto, triunfo y vivo,
sin saber de dónde sale;
tramoya en que a muchos vimos
rodar, mas temiendo siempre
se descubra el artificio:
mas yo estoy bien amarrado,
no temo, no, ese peligro.
Y porque de la verdad
a la luz miréis el hilo,
por donde mejor Teseo
gobierne este laberinto,
sabed (aquí, compañeros,
lo mejor del alma os fio)
sabed, que desde pequeño,
tan inclinado he nacido
a los rasgos de la pluma,
que en los cóncavos vacíos
del aire, en el verde rostro
de la tierra, en el cristalino
semblante del mar, no hay tronco,
fiera, pez, ave, ni risco,
que no imite al primer toque,
que sobre el mármol batido
del papel, pincel opaco;
la manchada pluma aplico.
No hay firma, que yo no imite
con tal propiedad, que ha habido
quien entre el original
y la copia, que yo he escrito,
deseche su forma, y tenga
por suyo el carácter mío.
Yo me apliqué a recoger
sellos, firmas y registros
del Pontífice, y el grande
Emparador Carlos Quinto,
de Francisco Rey de Francia,
del Ingles Monarcaa Enrico,
de la gran reina de Escocia,
de todos quantos Ministros,
Secretarios, Consejeros,
y Embajadores ha habido
Pag. 5
y hay en la Corte Romana:
decir lo que me ha podido
costar, discúrralo el docto,
que yo no basto a decirlo.
La primer vez que ensayé
esta habilidad, que os pinto,
fue en una Real Provisión,
para que, estando a presidio
condenado, una mujer
librar pudiese a su hijo;
y la dispuse tan bien,
que apenas la hubieron visto,
le pusieron en la calle,
sin costarle al pobrecito
ni dos reales para el mozo,
que suele quitar los grillos;
y aunque aquesta habilidad
pudiera hacerme atrevido,
ladrón y facineroso,
es tan noble, es tan altivo
mi espíritu, es tan hidalgo,
que a nada de eso me inclino:
antes sí un oculto influjo
me tiene hasta hoy persuadido,
que a un gran fin me guarda el Cielo,
y él no acaso darme quiso
tal prenda, sino es a efecto
de emplearla en su servicio,
pues en los extraños medios
de que se valen sus juicios,
nada hay despreciable, y todo
sirve al Director Divino.
Pero mientras tanto, fuera
muy bobo, si prevenido
no empleara yo el caudal
de mi discurso en mí mismo;
y así, entre varios enredos,
sabiendo, que de vencidos
sueldos, veinte mil ducados
debía el Cesar a mi tio,
que ya murió, y su heredero
en su testamento me hizo,
y de cobrar no había forma,
no quise andar en pelillos
de situaciones y efectos,
de libranzas ni de oficios;
hice una póliza, con que
cobré, sin el embolismo
de si cabe o si no cabe,
pues ya cupo en mi bolsillo.
Viendo dispuesto, y notando
que era bravo desaliño,
que con insignia anduviesen
de Caballeros antiguos
muchos, cuyos ascendientes
tomaran ser criados míos,
y que yo un hidalgo honrado,
Andaluz y bien nacido,
estaba sin el blasón
de tan noble sobrescrito,
me di un memorial a mí;
y como para conmigo
no hay más empeño que yo,
le decreté tan propicio,
que un Hábito de Santiago
me concedí yo a mí mismo.
Hice todos los despachos,
y engañé con su artificio
a Gaztelú, Secretario
del César, que hoy me ha escrito;
que proponiendo informantes,
saldrá luego a favor mío.
Mas siendo poco todo esto
para el solio donde aspiro,
y teniendo confianza
de los tres, yo determino,
que dejemos a Castilla,
pues uno u otro resquicio
de estas tramas fácilmente,
de los Argos traslucidos
de la Corte, podrá ser
que lleguen a descubrirnos
Pasemos a Portugal,
adonde son más sencillos
los ánimos, y sujetos
a la arrogancia, al capricho
y al fausto, con que es más fácil
cegarlos y confundirlos:
que además de estas razones,
no sé qué secreto aviso,
qué oculta fuerza, qué extraño
superior alto incentivo
me hace persuadir a que
será Portugal, amigos,
teatro en que haré famoso,
noble, eterno, y repetido
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el nombre de Sayavedra
a los venideros siglos
Quando las obligaciones
de ver que soy tu sobrino,
Sayavedra, no me hicieran
seguirte, aunque a los abismos
bajaras, la inclinación
que siempre yo te he tenido
acompañarte me hiciera:
vamos allá, que yo, tio,
omnia mea mecum porto.
¿También sabe textécitos
el Montijillo?
Borracho,
¿ porqué no?
¡Válgame Cristo!
ya sé que entre romancistas,
hay también guapos latinos.
Yo pronto estoy, Sayavedra,
y seguirte determino;
mas te ruego, que manejes
con cordura tus designios.
Esté es el caldo de zorra,
que quema cuando está frío.
Pues, amigos, a la empresa.
Pues, Sayavedra, al arbitrio
Al engaño.
Al fingimiento.
Yo haré mi nombre aplaudido.
Nosotros te ayudarémos. Vans.
Y yo entre los tres amigos,
voy a Portugal a hartarme
de torreznos y chorizos,
que como lo comen pocos,
anda barato el tocino.
Vase.
Salen Doña Beatriz de A t ay de, Men -
cía, y Damas, y detras el Arzobispo,
y la reina.
Memorias, ¿ qué me queréis?
no al pensamiento aflijáis,
que juzgo que os ausentáis,
y al corazón os volvéis.
Tó, Melampo, tó, Barcino
al llano, a la cumbre, al cerro.
No cantéis más (¡ay de mí!).
Señora, si al sentimiento
le doblas la resistencia,
prestándole tú el esfuerzo,
no es posible que le venzas.
¡Ha traidora, ha lisonjero
ap.
áspid, que entre flores piensas
introducir tu veneno!.
Quién pudiera, declarando
de una vez tantos tormentos,
decir, que tú eres la causa
de que… mas disimulemos,
corazón, que ni la queja
te ha de servir de consuelo.
Bien conozco, gran señora,
pues respuesta no merezco,
cuanto debe de cansarte
mi cuidado: mal sus celos
ap.
encubre de mí la reina.
No, mi Beatriz, no eches menos
que no responda, que estoy
de suerte, que aquel aliento
que para la voz aplico,
para el suspiro le pierdo.
Anímate.
No es posible.
Declara tu mal.
No puedo.
Deséchale.
No hallo modo.
Pues diviértele.
No acierto.
Pues reina, y señora mía,
en día que por festejo
vuestro, el Rey mi señor viene
al verde hermoso recreo
de este bosque, a quien el Miño
guarnece de cristal terso,'
solo a fin de divertiros,
¿puede haber mal tan grosero
ni tan descortés tristeza,
que se atreva a vuestro cielo?
Sí, Arzobispo, que aun aquí
me viene un dolor siguiendo,
que a cualquier parte que voy,
siempre conmigo le llevo,
y es en vano el divertirle.
Por mí lo dice todo esto:
ap.
¡que los extremos del Rey
en este paraje, Cielos,
me pongan!
¿Y no podré
t perdonad, si os parezco
curioso ) participar
de vuestro pesar? pues vemos,
que eí comunicado mal,
ya que no encuentra remedio,
suele hallar alivio.
Nada
negaros (¡ay Dios!) pretendo.
Ola, despejad.
Ahora
ap.
Pag. 7
cuál andarán (si no muevo
los pasos!) mi honor, mi fe,
mi atención y mi respeto!
¡O si supiese la reina,
que solo de mis afectos
es el dueño el de Berganza!
¡Qué presto, estrella, qué presto
sus sospechas apagara!
pero la condición temo
del Rey, que le tiene al Duque,
no obstante de ser su deudo,
grave ojeriza.
Por si algo
mandas, señora, estaremos
cerca de aquí.
Vanse las Damas.
Bien está.
Al valle, a la cumbre, ai cerro.
Ya estamos, señora, solos.
Ahora salgan del pecho
( ¡o Arzobispo! ) en los raudales
de las lagrimas que vierto,
otros mejores testigos,
en lugar de mis acentos,
que os informen de mis penas.
¿Gran Catalina, qué es esto l
¿vos, Princesa de Castilla,
vos, reina del vasto cetro
de Portugal; y en fin, vos,
que es más que cuanto refiero,
hermanona de un Carlos Quinto,
de quien tiembla el universo,
llanto en los ojos, pesares,
en el alma, desalientos
en la voz l ¿ no os veis, señora,
amada de vuestro Rey no?
Sí, Arzobispo.
¿No os estiman
los Grandes.?
Mucho les debo.
¿ No goza salud el
¡Quién pudiera hacerle eterno!
¿No os adora vuestro esposo.?
No, Arzobispo.
¡Qué oigo, Cielos!
No me adora.
¡Grave mal!
Antes me esta aborreciendo,
antes me deja por otra;
y es el casto nupcial lecho
dura palestra de Marte,
no blando solaz de Venus.
Ved, que será ilusión vuestra,
que como el amor es ciego,
juzga una cosa y es otra.
En el torpe amor concedo;
pero ai conyugal amor
que siempre trata un objeto,
le son ojos, le son manos,
cariño y conocimiento.
¿Pues por quién puede dejaros
el Rey? de cólera tiemblo.
ap.
Por Doña Beatriz de Atayde;;
ved si está cerca el tormento,
ved si está propinquo el daño.
¿Y ella acaso a sus extremos
corresponde.?
¿Qué decís.?
pues si supiera por cierto
tal, con las manos, con los dientes,
no arrancara de su pecho
la imagen, que por mi ofensa
colocó en su indigno templo?
Viven los Cielos
Señora,
yo pregunto, no refiero.,
Arzobispo, no temáis,
que me llevé del afecto.
No me espanto, que los reyes
también humanos naciéron.
Al paño el rey.
Con cuidado de inquirir
lo que avisan los pliegos
de Roma, y aun más por ver
a Beatriz, sin cuyo objeto
no vivo, dejo la caza,
y hacia la Quinta me vuelvo:
¡ pero qué miro! ¿ la reina,
y el Arzobispo en secreto
hablando? ¿qué podrá ser.?
Pues no me han visto, escuchemos.
Mal se acuerda el Rey, señora,
quánto en los pasados tiempos
debió a mí y a mis parciales;
y cuando a vuestro respeto
no atendiera, el haber sido
yo el principal instrumento,
después de haberle criado,],
de hacerle marido vuestro:
no era menor circunstancia
para saber atenderos
como merecéis; y a fe,
que me costó hartos desvelos
Pag. 8
El falso Nuncio de Portugal.
convencer a vuestro hermanono
el Emperador, haciendo
desechase por mi Rey
tanto Príncipe Extranjero,
que anhelaba vuestra mano.
Cargos me estaba poniendo
la junta de ambos; veamos
en qué para este misterio.
Nunca, Arzobispo, los hombres,
si una empresa consiguieron,
anhelan a conservarla:
ya el Rey es mi digno dueño,
y para matarme (¡ay triste!)
(segunda vez lo refiero)
por Dona Beatriz me olvida.
Vertióse todo el veneno.
Pues, Señora, ya que a mí
me elegís para el remedio,
mi vida y mi hacienda es vuestra.
¿Pues, Arzobispo, qué haremos/
Quejaos al rey.
No me escucha.
Haced que se queje el reino.
Pierde el honor de Beatriz,
que tiene muy nobles deudos
y es Dama mía.
Decidla
vuestro pesar.
Aun no es tiezn-
Escriba el César al Rey.
No querrá mezclarse en eso.
Pues apartarle la causa.
¿Cómo?
Desviando muy lejos
a Beatriz del Rey Don Juan.
Terribles son los Decretos
de este Consejero; en vano
reprimir mi saña intento.
Pues, señora…
Sale el Rey.
¿Qué, Arzobispo?
El
válgame mi esfuerzo: ap.
a la reina mi Señora
decia, que en este puesto
no estuviera, si, pues, cuando…
No os turbéis, cobrad aliento,
y ved, pues ahora de Roma
he recibido este pliego,
Dáselo.
lo que el Pontífice escribe.
Sí haré, si a tomarle acierto:
¡ válgame Dios! ¿si me oyó
Y a vos este sitio ameno
jos divierte, gran Señora?
No, Señor, que como tenga
la causa de mi tristeza
conmigo, y siempre la llevo,
a quaiquier parte que voy,
remedio ninguno encuentro.
Debéis de andarle buscando
por extravagantes medios,
y sirve entonces la cura
de más daño que provecho.
Cuando un remedio ordinario
no basta, el Físico diestro
el extraordinario busca.
Mas no elegirá el violento,
porque esta irrita y no sana.
Tal vez le aplica el despecho.
Y le embaraza el poder.
Ya sabéis, que me convenzo
fácilmente.
j Qué me escribe
el Papa, Arzobispo/
El mismo
pasado empeño prosigue,
sobre que en aquestos reinos
permitáis la Inquisición.
En vano Paulo Tercero
se cansa, porque aunque es santa
su intención, lo que es mi Pueblo
no ha de permitirlo: en fin,
vos ya habéis visto ese pliego,
mirad qué me aconsejáis,
porque yo, Arzobispo, os tengo
por buen vasallo.
Señor…
Mas no por buen Consejero.
¿Pues en qué he faltado yo,
Señor, al servicio vuestro?
En haber sobrado; porque
pierde, Arzobispo un discreto,
tanto en persuadir lo más,
como en despreciar lo menos.
No os entiendo.
Pues yo sí.
Después, Arzobispo, espero.
Vóyme, porque las preñeces a
con que habla el rey, que obre temo
algún despecho en mi saña.
Guárdeos Dios.
¿Pues qué tan presto
os ausentáis /
Es forzos.
Y en mí lo es no deteneros:
Aparte.
el Cielo vaya con vos.
Pag. 9
Un volcan llevo en el pecho.
Vase.
Salen Doña Beatriz, el Duque de Ber -
ganza, el Conde de Porto-Alegre
y Moisés.
No habéis de pasar de aquí,
Duque,
Mal podremos
cumplir con la obligación.
La mayor que yo os confieso,
me alienta para serviros.
En mí es tributo este obsequio,
pues es complacer al Rey.
Arzobispo, ¿qué es aquello?
Es Doña Beatriz de Atayde,
que encontrando en este puesto
ai entrar al de Berganza,
la viene, señor, sirviendo,
y el Conde de Porto Alegre,
con Moisés tu Tesorero
mayor, y tu Secretario.
No será acaso el encuentro,
que lo que es al de Berganza
muy diligente le veo
sirviendo a Doña Beatriz.
'onde y
El Rey.
Muy bien, Caballeros,
me parece, que a las Damas
sirváis
Hacer lo que debo
es esto, señor.
Las deudas
nunca son merecimientos.
Por más que la atención pague,
siempre es deudor el afecto.
Gran señor, estos Fidalgos
tienen tan bizarro dueño
en vos, en quien aprender
Portugueses rendimientos,
que en obrar tan cortesanos
son solos traslados vuestros.
No obstante, me han dado envidia;
y así, señora, deseo,
si me concedéis licencia,
que me juréis de Escudero;
y pues en el campo estamos,
ola, avisad los Monteros,
y la batida prosiga.
Ya hay otra sospecha, celos.
ap.
A retirarme, señor,
iba, porque no me siento
muy buena.
Pues yo os iré
Ingenio. p
hasta esa Quinta sirviendo.
¡Ay Beatriz!, en tus dos soles
ap.
de amor mariposa muero.
Señor, no he de permitirlo.
Los dos sirviéndola irémos
No, Conde, no, Duque; y pues
nosotros no merecemos
tal ventura, el Arzobispo,
la logrará.
Yo no puedo,
que la reina mi señora
me ha llamado, y pues entiendo,
que en vuestra atención ser debe
preferido aquel precepto
a aquesta cortesanía, N
perdonad si no obedezco,
que en vos y en mí debe ser
lo primero, lo primero. Vase
Rey El Arzobispo pretende
apurar mi sufrimiento:
Moisés.
Señor.
Quedaos vos,
por si acaso tenéis tiempo
de ver si Doña Beatriz
admite por vuestro ruego
este papel, y a esa carta
responded, que ahora mesmo
he recibido de Roma.
Dale el papel
Bien esta.
Pues no os cansemos:
Duque, venid: venid, Conde.
Vase.
Voy, señor: ingrato dueño,
bien vana os pueden tener
los conocidos extremos
del
Como no los busco,
hago poco caso de ellos.
Vase Berganza.
Hasta que a Doña Mencía
logre ver, a quien mi afecto
tributa su adoración,
malquisto está.mi sosiego. Vase
Esperad, Beatriz divina.
¿Qué queréis?
Decirte quiero
de parte del Rey Don Juan,
cuanto los dulces reflejos
de esos dos brillantes astros
han abrasado su pecho:
bien lo gritan las finezas,
a que tirano tu ceño
se da por desentendido.
¿Qué es esto que estoy oyendo?
Pag. 10
Al paño el duque.
Dejé divertir al rey,
y a buscar a Beatriz vuelvo;
pero aquí está con Moisés.
¿Qué has de oír, ingrato objeto,
de tan mal pagadas ansias
tan mal premiados deseos?
¿que haya un alma que te adore,
te da tal desasosiego?
¿quien ha encendido la llama,
que se asuste del incendio?
¿Qué oigo? ¿Moisés enamora
a Beatriz? aun no lo creo:
vuelvo a oír.
¿Cómo, villano,
bárbaro, atrevido y ciego
para el error que pronuncias
has tenido atrevimiento?
¿Sabes quien soy?
Sí, señora.
Y dime, ¿no te caes muerto
de hablarme en tales propuestas?
Mas como de aquestos yerros
obra el delirio del Rey,
dando su lado a un Hebreo.
Hebreo soy; mas soy tan rico,
de tal lustre y tal manejo,
que conmigo se pudieran
honrar aun mayores reinos
que Portugal: Secretario
soy del Rey y Tesorero.
Di más, Beatriz, que eres Dama,
y no me ofendes en eso.
Este papel (¿cuál será?)
( ¡de ira estoy sin mí ) te ruego,
que admitas, y que depongas
tu enojo.
Ya el sufrimiento
llegó hasta aquí.
De esta suerte
le tomo.
Arroja la carta, y sale el de Berganza
sacando la espada.
Mientras mi acero
( infame) castiga tanta
osadía.
¡Ay de mí! ¡qué veo!
Duque, dueño, reportaos. (bréo,
Duque, advertid…
Vil He-
muere a mis iras.
No puedo
sacar contigo la espada;
y así, no temor, respeto
es, que la espalda te vuelva.
¿Qué importa? yo iré siguiendo
tus huellas hasta matarte.
Oye, espera.
Vanse.
Salen Sayavedra de Clérigo, vestía
de camino, con Habito de Santiago,
Montijo, Acevedo y Espantajo
de Estudiantes.
Ya nos vemos
bien dentro de Portugal.
Ello a costa de los huesos,
que del diablo de la posta
traigo hecho sal el salero.
Descansemos en aqueste
delicioso sitio bello,
que luego para llegar
ai Lugar montar podremos.
Bien te está el disfraz.
Pues digo,
el Hábito es lo de menos.
¿Qué parecemos así:
nosotros?
Espantaperros.
El demonio, Sayavedra,
te puso ese pensamiento
en la cabeza: pareces
Canónigo hecho y derecho.
Para entrar disimulados
este ha sido el mejor medio.
Y aun para ciertas ideas,
que ha de descubrir el tiempo.
Ya sabéis como encontramos
por el camino viniendo
dos jesuitas (que como
es tan nueva en estos tiempos
esta Religión, hasta hoy
no había visto otros) pues estos
me contaron, como el Papa
solicita en estos reinos
plantar de la Inquisición
el Santo Oficio; mas ellos
alborotados resisten
del Pontífice el Decreto,
y… pero tened, ¿qué carta
es esa que está en el suelo?
Abierta está.
Alza la carta.
El sobrescrito
dice: A Don Juan el Tercero
Lee.
Rey de Portugal. (Veamos
lo que incluye-: ) Paulo Tercio.
A tí, mi escogido hijo,
Pag. 11
salud: Mil veces te tengo
amonestado permitas,
por la salud de tu Pueblo
de la Santa Inquisición
el Tribunal en tu reino,
y no dejaréde instarte
por Legado, remitiendo
uno de nuestros Hermanos
del Sacrosanto Colegio,
hasta conseguir el fin
a que aspiro. Paulo, Siervo
de los Siervos del Señor. (tro!
¡Raro caso!
¡Extraño encuentro!
Parece que a mis ideas
favorecer quiere el Cielo.
¡O, si con mi industria yo
le lograra estos deseos
al Papa! La Señoría
no se olvide, Caballeros,
que estamos ya en Portugal.
Por mí, qiic vaya de enredo
en buen hora.
Sl no saben
disimular, nos perdemos.
Ustedes no se amohínen
si la carcax’ada suelto
en la primera ocasión.
Cierto, que fuera muy bueno.
Yo por tí disimulara,
pero no es posible en viendo
el arlequín de Mont ijo,
y el fantasma de Acevedo.
Este está loco.
Ya el buen
Espantajo está hecho un cuero.
sp. Pues aun no me he hecho el bigote.
Tó, Melampo, al llano, ai cerro.
Ruido de caza se escucha.
Sale el Conde de Porto-Alegre,
Ola, despejad, ¿qué es esto?
¿gente aquí, cuando empezada
la batida, viene ai puesto
el Rey?
¿Quién, señor?
¿El rey?
¿Y cuál es?
Aquel primero
de la divisa encarnada.
Razón es nos retiremos.
y
Venga Usiría.
¡Qué escucho!
perdonad, si desatento,
ignorando quien sois', pude
hablaros, y en vuestro obsequio
al Conde de Porto-Alegre
admitid.
Señor, yo ofrezco
mi afecto a-vuestra obediencia.
¿ Quien sois para conoceros
y serviros?
Don Fadrique
de Alencastre y de Toledo,
Canónigo de Sevilla.
Seréis por fuerza mi deudo:
mi casa en Lisboa es vuestra,
que la honréis, señor, espero
si gustáis j y por ahora
dadme licencia, que tengo
a mi cargo gobernar
la batida por Montero
mayor, y es fuerza acudir.
Yo me retiro.
No, ciertos
si queréis besar la mano
al Rey, a este sitio ameno
llegará, y podréis lograrlo,
que con tan altos sugetos
no se entienden las comunes
órdenes: guárdeos el Cielo.
Vase.
Id con Dios.
Jesús, ¡qué risa!
Digo, ¿ha ido bien?
Bien se ha hecho.
¿Por qué ese nombre fingiste
a este Conde?
Porque quiero
a quantos fuere encontrando
varios nombres ir diciendo,
para cuando llegue el caso
decir, que fue fingimiento
variar.
¿ Y a qué fin urdes
la trama?
Sabráslo presto.
¿Con que según la presente,
este bosque en que nos vemos
es sitio Real?
Sí, y el Rey
ha venido, según creo,
hoy a divertirse a él.
DDentro. Tó, Melampo, tó, Rugero.
Sale el Rey de caza.
Por más, o ligero corzo,
que de exhalación del viento'
presumas, te he de atajar.
Este es el
¡Mas qué veo!
¿quién está aquí?
Dadla mano,
noble don Juan el Tercero
Arrodíllase
Pag. 12
de Portugal, a Don Luis
de Ayala y Portocarrero,
Barón de
, y Arcediano
de Cuenca, Señor de Nueros,
y Marques de Torres-Vivas.
Tómate esa.
alzad del suelo,
que aunque de los Castellanos
Títulos noticias tengo,
por los vuestros no os conozco.
Siempre, señor, mis abuelos
habitáron en las Indias,
y yo ahora de Roma llego
a Portugal.
¿Enviado
del Papa?
A negocios vengo
de la Curia, que sabréis,
gran señor, en siendo tiempo.
¿Es sobre cosa, que el Papa
me haya escrito ya?
Algo es de eso;
y perdonadme, si a vos
os incluyo en el misterio
con que me encargó, que observe
mi entrada en aquestos reinos,
pues aunque soy quien os digo,
soy más de lo que parezco.
No penetro esos enigmas.
Eso quiere Paulo Tercio:.
yo haré ahora servir la carta,
ap.
pues me la hallé a tan buen tiempo.)
Quien para que de creencia
me valga, me dio ese pliego,
traslado del que os escribe,
señor, por este Correo.
Dasela.
¿Qué decís de esto?
Que este hombre
tiene el demonio en el cuerpo:
¿veis coa el desembarazo
que se atreve, cuando ménos,
a engañar al Rey?
Los cuatro
llevaremos a doscientos.
Tenéis razón, esto mismo {la.
me escribe: tomad, mas creo, Vuélvesela.
que se cansa el Papa en valde.
Estando vos de por medio,
no saldrá su intento vano.
Es peligroso su intento, {
que es mi Pueblo mal sufrido
para imponerle ese nuevo
yugo.
Oprimir a los malos,
es aliviar a los buenos.
Yo he de vivir con los míos.
Los indignos no son vuestros:
Vos sois Príncipe cristiano;
no tendrá el Papa mal pleito.
Don Luis, este no es paraje
de poder hablar en esto:
Vase.
vedme en la Corte.
A la selva,
a la ladera, al repecho.
Sale Moisés.
Líbreme del de Berganza,
a quien Beatriz deteniendo
llevó consigo a la Quinta,
y he echado la carta ménos,
que del Papa me dio el Rey:
sin duda la di por yerro
a Beatriz, pues su papel
es el que conmigo tengo:
¿Caballeros?
¿Qué mandáis?
¿Habéis visto en este punto
una carta, que ahora en él
se me cayó?
Echa en el suelo
ese pliego aprisa. ¿Sois,
Echan la carta.
si en preguntar no os ofendo,
el Secretario del Rey?
¿Qué mandáis?
Yo, conoceros
solamente.
Sí, señor;
mas hacia allí un papel veo:
ya he hallado lo que buscaba;
quedad con Dios, Caballeros. Va,
Vaya con Dios, que no sabe
usted lo que le agradezco,
que volviese por su carta,
pues así queda el enredo
más seguro.
Sayavedra,
hombre, ¿no dices qué es esto?
Es, amigos, empezar
el más extraño, el más nuevo
ardid, que verán los siglos:
vamos.
¿A qué? x
A disponernos.
¿Para qué?
Para una empresa,
que ha de hacer mi nombre eterno.
¿Y cuál es?
El introducir
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la Inquisición en el reino
de Portugal, no en vano
me asiste este pensamiento:
vino aquel pliego a mi mano,
y ordenó este acaso el Cielo.
Yo a todo por ti me arrojo.
Yo todo por ü lo emprendo.
Maza he de ser de" tu mona.
Pues desde hoy…
¿Qué?
Compañeros,
a un lado la Señoría,
que a ser Eminencia empiezo.
Más que seas Majestad,
que a todo te ayudaremos.
Seflores, el Sayavedra
es grandísimo embustero.
JORNADA SEGUNDA.
Salen Pedro de Sayavédra,y Montijo.
Ya tarda mucho Acevedo.
Plegue a Dios no le hayan dado
alguna zurra, y no vuelva
acá con doscientos diablos.
No es eso posible.
¿No?
así dieran los Fidalgos
el embuste.
Aunque mi idea
es, Montijo, el engañarlos
si resulta en su provecho,
más es lisonja que agravio.
En fin, te determinastes
al hecho más temerario,
que hombre mortal ha emprendido.
Ya sabes como dejamos
a Portugal, y a Sevilla:
después que yo hube encontrado
en aquella Quinta al Rey,
dimos la vuelta los cuatro.
Mont Ya sé, que nos descubriste
tu intento así que llegamos,
que era fingirte ( no es nada )
Cardenal, Nuncio y Legado
del Pontífice.
Una Bula
fabriqué allí de mi mano,
y a un fraile de cierta Orden
la mostré, recién llegado
de Roma, quien conocía
bien los signos del Datarío
y del Pontífice, el cual
se quedó ál verla admirado
de la fuerza de la Bula:
pregúntele ( por si acaso
no estaban bien imitadas )
si aquellas firmas y rasgos
eran del Datario y Papa?
a que respondió jurando,
que eran de su mismo puño
por aquel Hábito santo.
Encargúele, que tuviese
secreto, y él ideando,
que era yo más que decía,
me hizo infinitos regalos,
imaginando sin duda
sacar algún Obispado.
Determinéme a la empresa
que sabes, y fabricando
otra Póliza, saqué
sesenta y tres mil ducados
de las Arcas Reales de
Sevilla para mis gastos.
Hice libreas, carrozas,
plata labrada, y dejando
quien me fuese remitiendo
a este Lugar los criados,
que dejé allá recibidos,
por ir desembarazado,
me vine a Evora, Ciudad
adonde conmigo traigo
(tan persuadido a lograr
lo que dispongo me hallo)
la plata, los ornamentos
y aparatos necesarios
para poner la Capilla
de la Inquisición, pues cuando
es tan admirable el fin,
aunque los medios son malos,
tiene disculpa mi yerro
Dios le tomará a su cargo.
Ayer despaché a Acevedo,
a quien de mi Secretario
di la plaza, a dar al Rey
cuenta de que había llegado,
y con cuidado me tiene
de ver como tarda tanto.
mas ya viene allí.
Tú piensas,
tío, enredos soberanos.
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Sale Acevedo de militar con plumas, y
Espantajo de lacayo.
¿Acevedo?
¿Sayavedra?
¿cómo ha ido?
Mal despachados
venimos.
Y es harto no
venir con cien garrotazos
cada uno, pues solamente
quien estuviere borracho
seguirá tus desatinos.
¿Pues qué hubo, amigo?
Llegamos,
y al mayordomo de guarda
le dije, que era criado
del Cardenal Sayavedra,
quien, por venir a un gran cargo
que pedía aquel misterio,
vino a Evora disfrazado.
Sacó licencia del Rey
para entrar, y relatando
mi embajada en la presencia
de Grandes y de Prelados,
fue tanta la conmoción,
y el alboroto fue tanto,
que imaginé no salir
vivo: el Rey, más indignado
que todos, me dijo: Andad,
decidle al Nuncio de Paulo,
que en el instante que yo
envíe a cumplimentarlo,
por ser, al fin, de la Santa
Sede Cardenal Legado,
deje al instante mis reinos,
que es proceder muy osado
entrar sin licencia mía
a imponer en mis Estados
tal novedad. Considera
cuál yo quedaría: temblando
me salí, y volví a montar:
esto es lo que me ha pasado.
Pues, caballeros, ¿qué hacemos?
este golpe se dio en vago:
vuelta a Castilla.
¿A Castilla?
no señores, lo empezado
se ha de proseguir.
¿Qué dices?
Señor, que te tienta el diablo.
Ustedes verán si no hace
que quedemos ahorcados
en la plaza de Lisboa.
Hermosos badeas traigo
conmigo para un empeño.
Aquí nada recelamosj
pero emprender disparates,
es morir desesperados.
No dice mal. Soy. Pues por cierto,
que hiciéramos buen emplastro
volviéndonos a Castilla
con lo gastado gastado:
y yo, que es más que todo esto,
sin lograr que estos Fidalgos
me diesen muy graves una
Eminencia como un plato:
no puede ser.
Acabóse
vuelvo a decir, que han de ahorcarnos,
y me alegrare por ver
sacar la lengua de un palmo
a Montijillo.
Bufón,
¿qué va que te descalabro?
pues estoy yo para chanzas.
Dentro voces. Pára, pára.
Coche a la puerta ha parado.
Y Caballeros parecen,
que traen muy grande aparato.
Danle un pectoral y un capote morado
Oyes, dame el pectoral
y aquel capote morado,
y sal a ver quiénes son:
ponte el manteo volando,
Montijo.
Estoy de ese humor
por cierto.
Tú a acompañarlos
baja, Acevedo.
Ya llegan.
En el uno he reparado:
el Conde de Porto-Alegre
es el que me habló en el campo,
cuando vi al Rey, y el que viene
con él al derecho lado
Obispo parece.
Sale delante Mont ijo, luego el Conde y
el Arzobispo, y detrás Espantajo
y acompañamiento.
Entrad.
Venid.
No nos detengamos.
Esto es deuda: mas porque
os conozca me adelanto.
¿Señor?
¿Señor?
¡Qué veo, Cielos!
ap.
Pag. 15
¿no es el que yendo cazando
encontré? Vuestra Eminencia
tenga por su aficionado
servidor al Conde de
Porto-Alegre. Say, Con mis brazos
admito a Vueseñoría
la atención.
Acompañando
llego ai Señor Arzobispo
de Evora.
Que ha celebrado
con grandes veras tener
ocasión en que mostraros
( o Señor Eminentísimo )
cuanto es vuestro apasionado,
Y esto es que jamás me ha visto;
mundo, estos son tus engaños,
ap.
Vueseñoría Ilustrísima
me admita en cuanto yo valgo
a su obediencia. Ola, sillas;
pasad, Señor, a sentaros.
Vaya Usía.
Usía vaya.
Señor…
Yo, señor., no paso;
este es mi lugar. Arzob, Debiendo
obedecer, replicaros
Siéntase.
no me toca.
¿Cómo viene
vuestra Eminencia? Sayav, Cansado
del camino, señor Conde.
No me espanto, que es muy largo,
y yo estimo que eligieseis,
señor, para repararos
esta Ciudad, que pues tengo
el Arzobispal Palacio
en ella, aspirar me toca
a que le dejeis honrado
con vuestra asistencia.
Yo
en cualquier parte descanso,
estimóos mucho la oferta;
pero yo, señor, me parto
al amanecer.
Ya habias
de marchar con dos mil diablos.
¿Aun dura el moño?
Callad.
Mont ijo es que está bufando.
No sé cómo podrá ser,
que el Rey, señor, me ha enviado,
tomando mejor consejo,
no solo a cumplimentaros,
más a rogaros entréis
en la Corte, o disfrazado
o en público, como más
lento. Y s
gustareis; pero mostrando
que es a otro fin la venida,
que al de introducir el Santo
Oficio, porque la plebe
no intente algún desacato.
Esto es no deciros, que
se convencerá a dejaros,
que plantéis la Inquisición,
sino es que hará ver el caso
en su Consejo, pues veis
que este es negocio muy árduo,
y hará lo que le convenga.
Mucho, señor, he estimado
que mudase vuestro Rey
parecer, como cristiano
Príncipe y tan valeroso,
que no sé yo como Paulo
tomará el desayre mío,
Arz, No os espantéis, que Ue ha llegado
esto en la mala ocasión
de estar el Rey indignado,
porque el Clero se resiste
a pagarle por este año
( bien es verdad que está pobre)
el subsidio y excusado;
Si le veis;… Sayav, No digáis nada,
que también comisión traigo
sobre eso; y si el Rey no viene
en lo justo, necesario
será que use de mi oficio.
Este es hombre de gran garbo,
Sí, resolución parece
que tiene,
Para estos casos
se eligen hombres como estos.
No queremos molestaros:
cansado vendréis, señor,
dadnos licencia, y de paso
sabed, que tenéis en mí
Levantase
un amigo y un contrario.
¿Contrario?
Sí, porque soy
el primero que embarazo,
que la Inquisición se admita.
¿Aqueso dice un Prelado
como vos?
Razones tengo,
y estos son juicios humanos.
Quien ha de unir la semilla,
no puede arrojar el grano.
Eminentísimo a Dios,
Pag. 16
que ya hablaremos de espacio.
Decidle al Rey, que yo estimo
sus honras, que yo me allano
a sus órdenes, y hacer
mi entrada al instante parto
porque estoy muy deseoso
de ir a besarle la mano.
Así lo diré.
Señor,
a Dios,
Yo he de acompañaros:
Usía Ilustrísima venga,
venga Usía.
Yo no salgo
si vuestra Eminencia no
se queda.
Aquí nos quedamos
Señor, obedezco.
A Dios,
A. Dios.
Id acompañando.
El Cardenal es grande hombre:
mucho de verle me he holgado.
Vas.
O este es el mismo que vi,
ap.
o debo de estar soñando.
Vanse.
Ya no nos ahorcan.
Ven,
que estos son unos cuitados.
Y si el Rey escribe a Roma,
hombre, y se sabe que es falso
lo que dices?
¿Quién te ha dicho,
que no tengo cohechados
dos correos que me avisen
cuando llega el Ordinario,
y sabré trocar los pliegos?
que este y mayores milagros
el unto de ranas hace.
-Y si viene alguno acaso
de Roma, y se sabe de él,
que no hay en el calendario
tal Cardenal?
Majadero,
cuando hay Cardenales tantos,
¿cómo es fácil apurar
si el Pontífice ha creado
en España alguno nuevo,
y ese soy yo?
Esos reparos
son para críticos, que
circunspectos y estirados
gastan el trabajo propio
en murmurar el extraño.
Calla, hombre, que ci ser mordaz
no es lo mismo que el ser sabio;
la nota del Docto temo,
y si esa la satisfago,
la del tonto la desprecio.
¿Fuéronse ya? Salen
y Acev
Ya marcháron.
Digo, y ahora, Reyes míos,
¿qué dirán?
Que eres el diablo
Yo he de hacer luego mi entrada]
pues que todo está ordenado:
vamos repartiendo oficios;
tú eres ya mi Secretario:
a tí te hago mi Cochero.
Voto a Cristo…
¿Qué haces?
¿Qué hago
empiezo a ejercer mi oficio,
que es jurar y estar borracho.
Tú mi Page y Camarero
eres.
Acepto los cargos
Animo, amigos.
Al armá,
¿Ven todo aqueste aparato?
pues plegue a Dios no nos hagan
cardenales a porrazos Vanse
Salen el Rey y Moisés. (creo'
¿De suerte, que es el duque, aun no lo creo,
quien compite, Moisés, con mi deseo?
¿el de Berganza adora a Beatriz bella?
No es lo peor que él la ame, sino es que ella
corresponda, señor.
¡Ah infiel!;ah ingrata!
eso causa el rigor con que me tratai
pero aquí el Duque viene,
disimular conviene.
Sale el de Berk
Dadme, señor, los pies.
Arrodíllase.
Primo, levanta.
A vuestros pies me trae novedad tanta,
como la que he escuchado,
de haber un nuncio en Portugal entrado,
sin haberlo la Corte aun sabido.
Yo, que es más, no lo he entendido
hasta que estuvo dentro,
y ya, por evitar algún encuentro
con el Papa, permito
que entre en Lisboa, donde solicito
saber de su embajada. (da
Esa está en la ciudad bien divulgada:
la Inquisición, señor, vendrá a fundaros.
Mucho es que lo digáis sin asustaros.
Yo no soy…
¿Qué seréis?
Duque, ¿qué es esto?
en mi presencia vos tan descompuesto?
Yo no me descompongo, eso se diga
Pag. 17
a quien tal novedad le da fatiga, (za
que ese temor, ni aun otro, no le alcanza
a un primo vuestro, a un duque de Berganza.
Despejad vos, Moisés. (Berganza.
Voy me corrido
ap.
de mi desgracia, y más de haber sabido
que contra mi nación,a quien se opone,
plantar el Santo Oficio se dispone:
mas la gracia del Rey tengo en mi mano
yo haré que salga su intención en vano.
Vase.
Ya, Duque, que estamos solos
pues que por deudas tan altas,
siendo vuestro mi amor todo,
no debo encubriros nada,
pretendo fiar de vos
gusto, afecto, vida y alma.
Decid, señor, pues sabéis,
que estoy siempre a vuestras plantas.
Yo haré que no me compita,
ap.
pues una vez declarada
mi pasión con él, sabré
matarle, si en su amor pasa
adelante. ¿‘Antes de todo
me daréis una palabra?
Sí doy.
¿Sin saber cuál es?
Sí señor; ¿pues qué adelanta
desde luego en concederla,
quién no ha de poder negarla?
Pues sabed, que yo idolatro
la hermosura soberana
i De la reina Catalina?
No, Duque.
Es, que no hay quien valga
más que ella, y dudo que en otra
vuestro afecto se empleara.
Todos estos de la reina
son parciales: ¡ah tirana!
ap.
no hay puesto que no me cojas,
mas yo haré que no te valga.
A Doña Beatriz de Atayde
es a quien mi fe idolatra:
Duque, yo sé que hay quien es
amorosa salamandra
de las luces de sus ojos:
desde hoy habéis de guardarla
de todos, a vos lo fiof
pero con cautela tanta
ha de ser, que no habéis de
verla, oírla ni hablarla;
mirad, que fio de vos.
Bien vi yo donde paraban
ap.
estos misterios. Señor,
terrible cosa me encargas. (sura
¿Porqué?
Porque una hermano-
solo consigo se guarda.
Asegurádmela vos,
que no hallo recelo en nada.
Yo, señor…
Mas ella, Cielos,
viene por aquella sala,
ap.
y él no la ha visto; yo haré
que me sirva de atalaya.
Duque.
Señor.
Un sugeto
aguardo aquí, que estimara
hablarle, sin que ninguno
lo estorbase; y así, echada
la puerta de ese cancel,
poneos vos por la contraria,
para impedir a cualquiera,
que entre a este sitio.
Guardarla
os prometo; estad, señor,
Retírase.
seguro.
Pues tu me matas
de celos, sea este engaño
consuelo, sino venganza.
Sale Beatriz.
Buscando vengo a la reina
mas el rey:
volver la espalda
ap.
es fuerza, pues su porfía
en cualquier parte me cansa.
¿Adónde, adorado objeto
de mis amorosas ansias,
a quien basta ser tan firmes,
para ser tan mal premiadas,
tus pasos guías? ¿ Por qué huyes
de aquel de quien no te apartas?
pues quien en el pecho queda,
aunque se ausente, no falta:
Por qué
rey don Juan, señor,
ya que la suerte está echada,
oidme, que es ocasión,
y no quiero malograrla.
Al paño el duque.
La presunción de si era
el sugeto que aguardaba
el Rey, Beatriz, me hizo abrir
el cancel; mas suerte infausta,
¡qué miro! escuchemos, penas.
¡Qué eso digas! con el alma
Pag. 18
te adoro.
¿No me estimáis?
Como el que más te idolatra.
¿No os debo muchas finezas?
Desde hoy serán más extrañas.
¿Y no sabéis, que os estimo
como a mi dueño y Monarcaa?
Sí, mi bien.
Ah infiel! ¡ah aleve!
Mas gente juzgo que pasa;
luego volvere a escuchar,
Pues no me hagáis desgraciada:
dejadme, Señor, dejadme;
para esto, mi Rey, me valgan
las finezas, los cariños,
los extremos y las ansias
que os debo; ved, que la reina
mi señora, como a causa
de su pesar, me aborrece;
la nota soy de sus Damas,
la ojeriza soy del reino.
Y si esto con vos no basta,
siendo Portugués, en quien
fue cortesmente bizarra
a una mujer la obediencia,
ley, que jamás se quebranta;
basta saber, gran Señor,
que no es fineza, no es gala,
no es obsequio a quien amáis,
hacerla blanco de tantas
mal reprimidas calumnias,
bien sufridas amenazas.
Vencéos,Rey, vencéos, señor,
que hasta lograr esta gracia
que os pido, no he de apartarme
de vuestras heroicas plantas.
Arrodi.
¿Qué hacéis?
Ya pasó quien era:
¿mas qué es esto? ¿arrodillada
Beatriz?
Yo procuraré
obedecer vuestra instancia,
que son muy grandes empeños
la fineza, la constancia,
el cariño que alegáis,
para ir muy bien despachada.
Si esto os debo, gran Señor,
seré siempre vuestra esclava.
Ya esto no puede sufrirse,
los empeños en que hablan,
los de su amor son sin duda;
pues la reina viene (¡ah falsa! )
yo me vengaré de entrambos.
Salen la reina, y el de Berganz a
¿Qué hacéis, duque de Berganza?
Venid conmigo, señora.
¿Qué es lo que advierte mi saña?
Mas mirad, que no sea estar
de otra atención obligada.
Embarace yo x mis celos
por donde quiera que salga.
La reina, señor.
¡Qué veo!
Duque.
Señor.
Llega.
¡Suerte infausta!
No me culpéis, si la puerta
no supe guardaros.
Nada
os digo yo.
Porque viendo,
que con Beatriz…
Basta, basta.
Os quedabais…
Callad, duque.
A solas…
Si más palabras
articuláis;…
Duque, hablad
yo os lo mando.
¡Pena extraña!
Yo no tengo que decir
más, de que guardando estaba
la puerta, como mandasteis,
porque con Beatriz hablabais
en pretensiones o empeños
(esto me deba el ser Dama) ay
cuando llegando la reina
mi señora, me hizo instancia
por entrar; yo cuanto pude
hice para embarazarla,
mas no pude conseguirlo;
( esta disculpa me valga )
y ya dado mi descargo,
permitidme, que me vaya
muy corrido de no haberos
guardado mejoría espalda. Va
Buena quedo yo.
Beatriz
pues si alguno de tu casa,
para con su Majestad
de empeño necesitaba
(que entre los dos de otra cosa
ni se oyera ni se hablara)
no estaba yo aquí?
Señoraj
mi pretensión es tan llana,
que no ha menester favores
para poder alcanzarla.
Lo que yo al rey mi señor
postradamente rogaba,
Pag. 19
es, porque hasta al Sol murmura
maliciosa nube opaca,
y sin culpa de sus rayos
le turba, si no le mancha:
que aun los favores que me hace
I los excuse, pues le bastan
a mi casa tantos timbres
adquiridos por las armas,
sin los que su Majestad,
sin mérito, hacerme trata:
por lo que me honráis, Señora,
sois en esto interesada.
y pues es de ambas empeño,
vos proseguiréis la instancia.
Vase.
Ya sufrir tanto es bajeza:
ap.
¡que a mí por esta tirana
esto rne suceda!
¿Así
me volvéis, Señor, la espalda?
tengo yo también la culpa
de que otra proceda ingrata?
Señora, vos pretendéis
apurar mi tolerancia
Al paño el Conde, y el Arzobispo
Aquí están ios Reyes solos,
esperemos, que si tratan
cosa de secreto, no es
bien que a embarazarlos salga.
Tenéis razón.
¡Hasta cuándo,
mi esposo y mi Rey, avara
la suerte, me ha de impedir
la dicha de vuestra gracia?
¿qué hay en mí que os desagrade?
y. Para que me ofendan, bastan
muchas indignas sospechas,
que mantenéis mal fundadas:
vos me tenéis malquistado
con todos.
¡Qué escucho!
Y tanta
la osadía es de los míos,
que se atreven Cara a cara
a mi respeto.
Si vos
como quien soy me tratarais,
no dierais lugar, señor,
a que esos medios buscara
¿mas qué queréis que ejecute
una mujer despreciada?
¿Luego por impulso vuestro
mi veneración se ultraja?
Ingenio. jp
Vive el Cielo…
Esposo mío,
ved que estoy a vuestras plant as.
¡ Qué castellana ficción!
ap.
¡Qué portuguesa arrogancia!
Aparte.
Yo sabré a quantos con vos
fabrican indignas trazas
castigar.
Salen el Arzobispo, y el Conde „
¿Señor?
¡Ay, Cielos!
R e y ¿Qué dice el Nuncio del Papa?
Que agradece vuestras honras,
y que al punto hará su entrada.
Pues a disponernos vamos,
que para honrar su sagrada
dignidad, acompañarle
quiero con mi Corte, hasta
dejarle en el prevenido
hospedaje, que le aguarda
en mi Palacio, que en él
quise que se le hospedara
por asegurarle (viendo
quán ardua materia trata)
del pueblo.
Mucho debéis
a la suprema Tiara,
y obráis, gran Señor, en eso
como quien sois.
Así obraran
en mi servicio, Arzobispo,
los que en mi ofensa se enlazan,
¡Qué presto el Rey de sus iras
en todos prende las llamas!
ap.
No os entiendo, gran Señor.
Pues yo sí: desde mañana
no entréis en mi cuarto más,
que no gusto de que haya
quien libremente a su Rey
se oponga.
¡El Cielo me vaígal
¿Qué es esto?
¿Qué hacéis?
Señor,
esto es, que representada
vuestra Monarquía en mi voz,
os llegué a hacer veces varias
recuerdo de unas verdades,
que parece que os agravian
y al ver que en desprecio suyo
nuestra reina se desaira,
nuestras voces no se atienden,
nuestras personas ultrajan,
no es posible mantengamos
Pag. 20
sin tanto atlante la patria,
con que es fuerza, que a estos golpes
toda esta máquina caiga.
El que ha sabido regirla,
sabrá desde hoy sustentarla,
que una lealtad atrevida
es traición bien afectada.
Vase.
Seguiré al Rey.
Vase.
Arzobispo,
i qué es esto?
Ser desdichada
vos, y ser yo venturoso,
pues padezco esta desgracia
por vuestro servicio.
¡Ah,Cielos!
j nunca a Portugal pasara!
Sale Mencía.
Señora, ya a la función
sale el Rey.
Sale Doña Beatriz.
Ya las ventanas
dispuestas, en vos esperan
el Sol, que ha de iluminarlas.
Arzob, Yo voy, señora, que en esta
función no puedo hacer falta.
Vase.
¿En qué estado, gran señora,
la pretensión entablada
quedó?
En saber, Beatriz mía,
cuanto una pasión se engaña,
y que puede sin su culpa
ser una mujer amada.
¿Pudisteis vencer al rey? (zan
No,Beatriz.
Pues si no alcan-
nuestras diligencias…
¿Qué?
Buscar las extraordinarias:
Nuncio el Pontífice tiene;
pues'en tai ocasión se halla
en Lisboa, y vuestra paz
al servicio de la patria,
y al de Dios es importante,
él las amistades haga.
No discurres mal: ¡ o quánto
te deben, Beatriz, mis ansias!
¿No veis que también en esto
soy, señora, interesada l
Van saliendo por el palenque de dos en
dos, un clérigo, y un Seglar, al son de
cajas 'y clarines, Moisés, el Conde,
el Duque, el Aj'zobispo, el Rey; y d
su lado derecho Sayavedra, y Montijo
llevándole la falda; y detrás Acevedo
y Espantajo de estudiantes; y delante
de todos dos Maceros con mazas dor
das y gramallas, y descúbrese la
reina, y las Damas.
¡Noble aparato!
Así el rey
honra al Legado del Papa.
¡Qué ayroso su Majestad
pasa batiendo la estrada!
¿No reparas en el Conde,
Mencía?
Ahora aguardara
a que tu me lo advirtieses.
Conde, mucho en vos repara;
¿Y a vos os perdonan, Duque
Ayroso es el de Berganza.
Tu quieres que te le alabe.
Amor con amor se paga.
Vamos.
¿Os ha divertido
la función?
Más me agradara
si menos pesar tuviera:
ven, que tiene mucho el alma
que comunicar contigo.
Ya sabes que soy tu esclava.
Vuelven a salir el rey, Sayavedra
Arzobispo, el Duque, el Conde, Moy-
sés, Acevedo, Montijo, y
Espantajo.
Este es vuestro cuarto, hermano
amigo, mi confianza
a mi Palacio os conduce.
Vuestra Majestad, Monarca
Católico, docto y cuerdo,
honra la Iglesia Romana:
Bulas y cartas son esas
Sácalas.
de creencia (bien imitadas
por mi mano. )
Yo después
las veré: Moisés, tomadlas.
Toma las Cartas Moisés.
Vuestra Eminencia, Señor,
a ilustrar venga la patria
en buen hora.
El Arzobispi
es de Evora.
Ya sus altas
prendas me le han dado en Roma
a conocer por su fama.
El Conde de Porto-Alegre
mi sobrino.
Quien aguarda
merecer en vuestro obsequio
emplear su afecto.
En nada
me obligareis tanto, como
Pag. 21
en darme ocasiones varias
de mostraros mi atención.
¡Qué entereza tan bizarra!
Sabio y afable es el Nuncio.
Tiene gran modo y gran labia.
Vuestra Eminencia…
Este es mi
primo el Duque de Berganza.
Me conozca por muy suyo.
Lo propio, señor, le encarga
mi cariño a Vuecelencia,
que por sus prendas hidalgas
le soy afecto no solo
yo, pero toda la Italia.
Berg, Vuestra Eminencia me honra.
Dadme, señor, vuestras plantas.
Mi Tesorero mayor.
Señas tiene extraordinarias.
Es Hebreo de Nación.
Pues eso es lo que me causa
extrañeza, que un Hebreo
lugar tenga en vuestra casa:
Guárdeos Dios.
El Nuncio es
hombre de mucha importancia.
Ya empieza a mostrarme ceño
el Legado, a espacio, sañas.
ap.
El se me encubrió sin duda,
ap.
el día que andando a caza
le encontré. Ola, llegad sillas.
¿A quien esto no ie pasma?
¡Qué grave está! de mirarlo
aturdido estoy.
Yo pajas.
Cubrios, Conde; cubrios, Duque:
Cardenal, ¿cómo está el Papa?
Señor, sus muchos achaques i
le postran y le avasallan
y más el nuevo desvelo
de saber, que en Alemania
a padecer ha empezado
la Iglesia con la cizaña
de la secta de Lutero,
aunque ya contra ella marcha
con Ejército formado
el gran César, Rey de España,
vuestro hermanono Carlos Quinto.
Dios volverá por su causa.
Lo que le da más cuidado
al Pontífice y más ansia,
es, no ver en estos reinos
ya la Inquisición plantada.
Teniendo yo mis Ministros,
que la semilla separan
de la cizaña, no es más,
que estando tan recargada,
afligir más mi Corona,
pues es fuerza, si se planta
la inquisición, que la ponga
renta con que sustentarla.
Claro es; pero así tenéis
la Corona asegurada:
porque en un reino, señor,
donde hay Religiones varias,
de ánimos hay diversión
y esto es motivo de que hayan
perdídose muchos reinos.
Díganlo guerras tan largas
como han sufrido ios pueblos
que este remedio no abrazan.
Otros medios podrá haber
sin éste.
¿Señor, pues habla
contra eso vuesa Ilustrísima,
cuando le ha debido al Papa
tanta honra, como mandarme
que luego que llegue le haga
Inquisidor General?
¿Qué decís?
Esto me manda.
Mirad;…
No hay que replicar.
Pues cuando eso se intentara,
¿ no me diera a mí el Pontífice
parte?
Por ser acertada
la elección, discurre Paulo,
que no querréis repugnarla:
besadle la mano al rey,
que ya queda confirmada
la merced-
Mirad, que yo…
No habléis en eso palabra.
Yo hijo soy de la obediencia.
Eso,ya es dar por sentada
la materia.
¿Quién lo duda?
El que podrá embarazarla.
¿Cómo poder? ¿Ño sabéis,
que también tiene sus armas
la Iglesia?
Resolución
tiene el Legado.
Y sobrada,.
¿Queréis, señor, que en el reino
tanta Nobleza de España
Pag. 22
viva, por no distinguirse,
sujeta a verse mezclada
con los viles individuos
de la más infame raza?
¿Queréis, Príncipe cristiano,
ver las Iglesias manchadas
de algunos que torpemente,
con religión afectada,
sobre sus sagradas losas
fijen sus ruines estampas?
¿Consentiréis, que quizás
muchos desacatos hagan
contra el Dios que os redimío
la mal distinta canalla,
que entre vuestro pueblo habita,
cruel y disimulada?
Miente mil veces quien diga,
que vos podéis prestar alas
a tan infames insultos,
que la Iglesia sacrosanta
os tiene por Protector,
y no ha de estar desairada.
Miente, y vive el Cielo;…
Yo,
cuando, si… ni a echar el habla
acierto: ¿qué poder, Cielos,
ap.
tiene este hombre en sus palabras,
que a un Rey, y Rey Portugués,
turba, comprime y espanta?
Señor, esta obra es de Dios.
Bien sabe a quien se la encarga
el Papa.
¡Qué atrevimiento!
ap.
Si las noticias no engañan,
vos tenéis, Conde, un hermanono.
Sí señor.
Pues una plaza
tiene ya de Inquisidor.
. Señor Duque de Berganza,
dos plazas de Secretarios
tenéis a vuestra orden, para
quien gustareis.
Cardenal,
poderosa es vuestra instancia,
mucho vuestro celo estimo:
vedme de espacio mañana.
Siempre estoy a vuestra orden,
mirad vos por vuestra causa.
y Cbw.Dios os guarde:¿qué os parece,
señor?
Tiene prendas raras
el Nuncio, virtud y letras
descubre, y os juro, que hasta
que he visto a este hombre enojado,
no he visto al temor la cara. Vanse
Puede ser que no consiga api
su intención, aunque más haga.
Mucho, señor, me ha agradadi
la resolución bizarra
con que habéis hablado al Rey:
yo para cosas bien arduas
os he menester.
Señor
Inquisidor, no habrá nada
en que no os sirva, y los dos
a un fin, el mundo no basta
a contrastarnos.
Puesmiéntraí
vuestra Eminencia descansa,
paso al cuarto de la reina:
Dios os guarde.
El Cielo vaya
con vos.
Si el Nuncio me ayuda
veré mi intención lograda.
Vase.
¡Que hayas tenido valor
para tan terrible hazaña!
¿Tendrás ánimo de ver
una vieja y galantearla?
Digo que eres noble pieza.
Ha picaro, ¿cómo me hablas
de esa suerte?
¿Hay también
con nosotros pataratas?
Toda la Corte ha creído
el enredo.
¡Hay tal maraña!
El Arzobispo va loco
con el nuevo puesto.
Aguarda
¿ nos falta dinero?
Sí,
ya da la bolsa boqueadas.
Pues razón será, ya que
puesto de tanta importancia
se lleva, que nos lo pague:
yo haré una póliza falsa
contra el Marques de Tarifa
de quien heredó la casa,
y nos hará un año el plato.
Aun ese enredo faltaba:,
yo tengo un tio, con quien
fue Celestina una santa.
Sale un Criado con Alonso Sayavedra
Esperad.
¿Qué es eso?
Este viejo,
que viene con una carta,
porfía en que te ha de ver.
Es precisa circunstancia:
Pag. 23
¡mas que miro!
¡Mas qué veo!
¿no es mi padre?
O es fantasma
del juicio, o este es mi hijo.
ap.
Vuestra Eminencia sus plantas
me de a besar: éi es, sí.
¿Qué queréis?
Hasta en el habla
Hijo de mi corazón. Va d abrazarle.
¿Qué hacéis?
Por Santa Susana,
que es Alonso Sayavedra.
Mis señas ya tan mudadas ap.
están, que no caerá en mí.
No es éi, pues se recata;
perdonad, señor.
¿Quién sois?
Un hombre honrado, que gana
con su sudor su sustento:
sabiendo como buscabais
un viejo para portero,
señor, en Sevilla estaba,
y vuestro correspondiente,
para entrar en vuestra casa,
me recibió. Hasta en el ay re ap.
se parece; ¡hay semejanza
mayor!
¡Padre de mí vida!
Aparte.
el corazón se me arranca
por abrazarle; mas no,
reprime, alborozo, el ansia.
¿Lloráis? Alons, Lloro en vos, señor,
la pérdida prenda amada
de un hijo mío, en quien tuve
fundadas mis esperanzas
porque os parecéis a éi
de tal suerte, que jurara,
que erais vos.
No hicierais mucho.
Aparte.
¿Pues qué se hizo. AL A tierra extraña
huyó de la casa mía;
Dios le haya dado su gracia,
que él era tan revoltoso,
de tal industria y tal maña,
tan natural embustero,
que no hay quien le haga ventaja
en todo el mundo. Espanta Seflores,
callemos, puesto que éi calla.
ap.
¿Cómo se llamaba?
Pedro,
de Sayavedra.
Bastaba
que tuviese mi apellido
para tener mi desgracia.
O! si a vos se pareciera
mi hijo, ¿qué le faltara?
Bien me honra mi padre. ap.
El era
muy vano, amigo de galas,
de coche, de ostentación,
de aplausos y de alabanzas,
y dio a lo postrero en una
tema bien extraordinaria.
¿Que fue?
Que le había de dar
antes que un año pasara,
Señoría.
¿Qué sabéis
paralo que Dios le guarda?
Vos me habéis gustado mucho,
buen viejo, y aquesas canas
a la puerta no están bien,
quiero que entréis en mi sala,
mi Gentil-hombre sereisj
a Dios.
Por mercedes tantas
le beso a vuestra Eminencia
los pies.
Muy buena posada
le daréis. Secreto impulso, ap.
que a lograr cosas tan altas
me guias, plegue a los Cielos
no destruyas lo que ensalzas.
Vase.
Acev, ¿Qué dices de esto, Montijo i
Hasta ver en lo que para,
¿qué arriesgamos en comer
muy bien y tender la raspa? Vanse,
Venga, buen viejo.
¿Espantajo?
hspant. ¿ Que Espantajo ni qué aca?
el espantajo será él.
Debo de tener trocadas
con la vejez las especies.
Limpíese las cataratas.
También jurara que a vos
os conocia.
No es nada,
y llama Espantajo a uno
de los nueve de la fama.
JORNADA TERCERA.
Descubrese bajo de un dosel Sayavedra,
sentado,y Ace vedo hincadala rodilla
junto d una mesa con recado de escribir,
dando memoriales.
Al Portugués Monarcaa
los días inmortales
Pag. 24
le aplaudan, le festejen,
le ilustren y le ensalcen
estruendos y cadencias
de Venus y de Marte.
Viva nuestro Rey Don Juan,
reine, triunfe, venza y mande.
Salen algunos con memoriales.
Señor, un pobre Estudiante
soy, y pido…
El memorial.
Una viuda principal
No paséis más adelante.
En aquel pleito, señor
El pleito me informará:
venga el Relator acá.
Avisaré al Relator.
Soy el Vicario de Mora.
Ya os conozco: ¿ qué no hay día,
que cese vuestra porfía?
Lo que yo os suplico ahora…
Es, que os acomode yo.
Vanse los Pretendientes.
Aquí Don Pedro Darío…
¿Quién?
El Vicario de Mora
me dio un memorial ahora
para tí.
¡Qué desvarío!
¿no está ya desengañado
ese hombre de su manía?
¿ no ha de dejarme ni un día?
Dice, que está ya empeñado,
y que si no mereciere
le acomodes por acá,
a Roma:;-
-Qué?
Escribirá.
Escriba donde quisiere,
que yo lo sabré estorbar,
y no dejes que entre a hablarme
desde hoy, porque he de enojarme.
Es hombre sin exemplar.
Siéntase Sayavedra, y Acevedo hinca
la rodilla en una almohada.
¿Cuyo ese proceso es?
Es pleito de matrimonio
de Ines Blasco y Blas Antonio.
Dejadle para después:
¿y esotro?
Este es de Gonzalo
Brito, y en su petición
pide alivio en su prisión,
porque ha días que está malo.
¿Porqué está Gonzalo Brito l
Porque sin ser ordenado
de Orden Sacro, ha celebrado
Misa.
¡ Notable delito!
¿Por eso alivio procura?
Continúese el calabozo.
Aquí se querella un mozo
de haberle pegado un Cura
un bofetón.
¡Qué insolencia
eso no merece indulto,
pues quien ejerce un insulto
mal regirá una conciencia.
¿Cómo tendrá confianza,
sí en un pulpito se mira,
quien se arrastra de la ira,
de predicar la templanza?
Vase.
No su delito te asombre,
porque fue muy provocado.
Ya eso de especie ha mudado:
cumplió el Cura con ser hombre.
Hay muchos, cuya arrogancia,
con término desatento,
labra el propio atrevimiento
de la ajena tolerancia.
Debió sufrir y callar,
y como Dios padecer;
vencióle su frágil ser
cuando se dejó llevar:
Adelante.
Aquí apuntados
para ponerte a la vista,
te he reducido a una lista
todos los Penitenciados,
que desde que en Portugal
se plantó la Inquisición,
ha habido.
Un mudo pregón
ha de ser exemplo tai.
Bien el Arzobispo ha obrado,
desde que el cargo ha ejercido
de Inquisidor.
Yo he elegido
un admirable Prelado.
Prender intentó a Moisés,
Tesorero y Secretario
del Rey, mas fue necesario
desistir.
Ya yo después
tengo discurrido el cómo,
aunque el Rey le ampara tanto,
he de prenderle.
Me espante
de tu osadía.
Si tomo
por mi cuenta el ayudar
Pag. 25
al Inquisidor, que es ley,
delante del mismo rey
se le tengo de quemar.
Pues ya que hemos concluido,
y el despacho está acabado,
¿ese estruendo que ha sonado
qué será?
Haber hoy cumplido
años.
¿Quién?
El Rey Don Juan,
y las Damas de su esposa,
para tenerla gustosa,
esos aplausos la dan:
para esta tarde estudiando
un sarao las hallé.
Sale Montijo.
Sayavedra, advierte que
te andaba ahora buscando
el Arzobispo.
Montijo
y Acevedo, guiadle acá.
Espantajo, ¿cómo va
Vanse Montijo y Acevedo.
con mi padre?
El más prolijo
está que has visto en tu vida.
¿Pues qué tiene?
A cualquier hora
por su Pedro gime y llora,
y dice, que es más crecida
su pena al llegarte a ver,
pues se le haces acordar,
y no te puede besar.
¡Que siempre loco has de ser!
¡padre de mi corazón!
llámale, que es mucha ausencia.
Pues el viene a su presencia
con la bebida.
Bribón,
¿no te he dicho, que no quiero
, que le permitáis servir?
Si él, viendo a alguno acudir,
el plato toma primero,
¿qué hemos de hacerle?
Sale Alonso.
Señor,
Saca la bebida.
aquí tenéis la bebida.
Arrodillase
/Que acción tan mal permitida!
padre, alzad: Jesús, ¡qué error!
¿vos la rodilla en el suelo?
¿Pedro? hijo de mis entrañas,
tú eres, ¿pues por qué me engañas?
¿Qué decís?
¡Válgame el cielo!
pense, que…
No hay que pensar:
alma, ya no hay resistencia.
ap.
Como de vuestra Eminencia
padre me escuchó llamar,
y a un hijo es tan parecido,
que lloro desconsolado,
del afecto arrebatado
este error he cometido:
perdón a esos pies espero
que ya, señor poderoso,
sé que no soy tan dichoso.
¡Qué viejo tan zalamero!
ap.
Si en el último arrebol
de su vida a su hijo hallara,
¿qué hiciera?
¿Qué? le besara
adonde no le da el Sol.
ap.
Fuera enloquecerme poco.
¿Y si en la altura le viera,
que yo me hallo?
Falleciera
de gusto.
El viejo está loco, ap.
¿Y si sé yo donde está?
No me recatéis tal gusto.
Decirlo ahora no es justo,
vuelva luego por acá.
Pues no os quiero ser prolijo.
A Dios.
Aunque niegue firme,
con mi tema he de salirme
de que el Legado es mi hijo. Vase
¿Qué te intentas declarar
con tu padre?
¿Qué he de hacer?
¿he de verle padecer
pudiéndole yo aliviar?
Salen Montijo, Acevedo, el arzobispo,
el Duque, la reina y Beatriz.
Aquí dejé a su Eminencia.
Sígame Vueseñoría
Ilustrísima.
Quería,
que no hubiese en su presencia
más que los cuatro.
Los dos
( ven tú ) ya nos retiramos.
Vanse.
¿Qué es eso?
Esto es, que os buscamos,
Cardenal, al ver que vos
no os permitís encontrar.
¡Hay tal dicha! Gran señora,
¿cuándo a tan divina Aurora
no saldrá el Sol a buscar?
No yo, porque en mi sería,
siendo todo sombra obscura,
Pag. 26
agraviar vuestra hermosura,
buscando la niebla el día.
¿A qué me habéis conducido
a este sitio?
¿Os ha pesado
entrar de mí acompañado?
Lo poco que os he debido
me causa esta novedad.
Aquí ha venido a buscaros,
a fin de comunicaros
un caso su Majestad.
Ola, asientos: yo he de ser
quien ha de servir la silla
a una Infanta de Castilla.
¡Qué bizarro proceder!
Siéntase.
¡Qué atento!
Es hombre ca-
llégate a mi, Beatriz mía. bal:
Pase allí Vueseñoría.
Arzobispo, Cardenal,
sentaos.
La fuerza protesto.
Yo me he de quedar aquí.
Hinca la rodilla el Duque junto a la
- silla de la Re y na.
Duque.
Bien estoy así:
¿en que vendrá a parar esto? ajp.'
Gran señora, ¿qué motivo
es el que a mi cuarto os trae,
pudiendo, para serviros,
mandar que ai vuestro pasase?
Ser infeliz, y ser fuerza,
que no se queje inconstante
mi fortuna, Cardenal,
de que no hice por mi parte
lo posible por vencerla:
y viendo quán importante
era el hablaros los tres
solamente, y que no cabe
que fuese en mi cuarto, donde
hay tantos que lo reparen;
como dentro de Palacio
tenéis vos vuestro hospedaje,
que comunica al del Rey,
quise, sabiendo que sale
esta mañana a cazar,
que los tres me acompañasen
para lo que ahora os diré:
oíd.
Pasad adelante.
No todos los que entre inciensos,
entre holocaustos; y altares,
Idolos de la fortuna
se veneran y se aplauden,
son dichosos, Cardenal,
porque suelen malquistarse,
y adonde sobran los bienes,
faltan las felicidades.
Dígalo yo, pues naciendo
hija del Héroe más grande,
que a los rayos de su fama
ilustrará los Analesj
y teniendo por eso
un Rey, que el cetro que esparce,
al otro mundo le extiende,
porque ya en éste no cabe,
soy tan infeliz, que diera
fortunas tan relevantes
porque mi Rey me quisiese,
y mi esposo me estimase,
pues desde que de Castilla
a Portugal a casarme
vine, le hallé tan ésquivo,
tan cruel, tan intratable,
que no hay acción que le obligue,
no hay afecto que le ablande,
no hay cariño que le atrayga,
y todo este daño nace…
Dicen que de amarme a mí
(perdonad, que por mi parte
abogue yo en este punto,
si es quererme él granjearme
los disgustos que padezco )
pues siendo el Duque mi amante,
que está presente, y mi afecto
pagándole, como sabe
(perdone el decoro, que a
para que se desengañen
de aquel error, es preciso
que estotro afecto declare )
y siendo en mi reina el culto
para mi fe más amable,
con entrambos me disgusta,
me malquista y me distrae.
Delante de mi señora
la reina a desengañarle
he llegado i, y desde entonces
retirada, ni aun delante
me he puesto, porque.no tenga;
ocasión para ultrajarme,
Pag. 27
que a una mujer como Doña
Beatriz de Silva y Atayde,
es injuria, que aun un Rey
en otro estilo la hable,
que en el de anhelar su mano;
y eso con tan mudas frases,
que los que las voces callan,
los suspiros lo declaren.
Juzgamos que esta evidencia
para con el Rey bastase;
pues no fue así, antes fue causa
de ofenderle y de irritarle,
tanto, que desde aquel día
son ya tanto los desayres,
que es imposible que pueda
tolerar ün pecho frágil
tal ímpetu de Aflicciones,
tal avenida de males;
y así yo (¡ay de mí! )
Señora,
no os apasionéis, dejadme
que yo prosiga.
Esto ha sido
querer que me desengañe;
¿pues lo que vi?
Fue ilusión.
Berg,. Quién bien quiere, se persuade
a lo mejor fácilmente.
Y eso es lo que obra quien nace
como yo.
La reina, en fin,
viene de vos a ampararse:
a vos, señor, os ha visto
vencer las dificultades
con el Rey, que no pudiera
vencer en el reino nadie:
por vos el Tribunal Santo
de la Inquisición hoy yace
en la sublimada esfera
que todo Portugal sabe,
confirmado por el Rey, p,
y por las Pontificales
Bulas.
Que yo he contrahecho
con buen fin y con buen arte.
ap.
Habéis a la Clerecía
librádola de que pague
el Subsidio por tres años,
y tenéis las voluntades
del Clero de Portugal;
no ha habido humilde ni grande
que no haya de vuestra mano
recibido imponderables
beneficios.
¿Y a que fin
vuestra Ilustrísima hace
memoria, para correrme,
de lo que debo olvidarme?
Para alentaros a que
os pongáis de nuestra parte:
reducid, señor, al rey
a que a su esposa no ultraje:
este es servicio de Dios;
únanse dos voluntades
tan sin razón separadas.
Este motivo me trae
a buscaros.
Yo os lo ruego.
Y yo trocando semblantes
con el desengaño mío,
le suplico que no falte
vuestra Eminencia a lo que
se debe a su ilustre sangre.
Señora, cuando los casos
están en ese paraje,
aunque parezca violento,
a gran mal remedio grande.
¿Por qué decís eso?
Porque
esto debe gobernarse
de esta suerte: ¿no tenéis
dispuesto para esta tarde,
por cumplir años el Rey,
festín de música y baile?
Sí, Cardenal.
señor. Duque,
debiendo finezas tales
a Beatriz, lograr su mano
¿no es lo más que deseasteis?
Si logro esa dicha, a todo
me veréis incontrastable.
¿Ser vos esposa del Duque
ós agradará?
Bien sabe
cuanto debe a mi fineza.
Pues al tiempo que se dance,
como que es casualidad,
dejando caer un guante,
llegad vos a alzarle, Duque;
y si el Rey solicitase
quitárosle cara a cara,
que no le merece nadie,
sino vos, que sois su esposo,
diréis: lo demas del lance
dejadío a mi cuenta, que
yo sabré bien gobernarle.
Pag. 28
El falso Nuncio de Portugal.
A mujeres como yo
no casan casualidades.
Cuando vuestra estimación
peligra en que se dilate
vuestra boda, y sabéis, que
hay un Rey que os lo embarace,
cualquiera medio es decente,
y este es el más importante.
Solo estando aquí, me toca
venerar vuestro dictamen.
Yo haré que os estime el Rey,
pues el modo de aquietarle,
es ver casada a Beatriz.
Ei medio es poco suave.
No importa.
Ved, Cardenal,
que no os pongáis a un desayre.
¿Desayrarme a mí, señora?
¿no veis que no es eso fácil?
Yo temo al Rey.
Y él me teme.
A mucho, en acción tan grave
vuestra Eminencia se arroja.
Esto se hade hacer no obstante.
Sea como lo decís,
pues vos lo determinasteis.
Clarín.
Esta es señal de que el Rey
llega ya a Palacio.
Antes
que nos eche menos, vamos,
Beatriz j pues tú de mis males
tienes, sin culpa, la culpa,
no que solicite extrañes
sanar por tí de mis penas.
Más tengo en aquesta parte
que agradecerte ( pues amo
ai Duque) que perdonarte,
gran señora.
Cardenal,
Arzobispo, no os alcancen
a ver y quedaos.
Obedezco,
gran señora.
El cielo os guarde.
Vas. la Reyn.
¿Vais disgustada?
¿De que?
De que ese medio se trate,
para que yo sea el dichoso.
Como siempre fui constante,
el fin, no me desagrada,
aunque los medios extrañe.
No fuerais vos tan hermosa.
y fuera el modo más fácil.
Estéis vos desengañado,
y sea como gustareis.
Vanse.
Pues hemos quedado solos,
yo tengo que suplicarle
a vuestra Eminencia,
¿Y qué es?
La escritura, que mandasteis]
reconocer de los veinte
mil ducados:
¡Fuerte lance!
esta es la que urdí, porque
el Arzobispo de valde
no se llevase la plaza.
De mí…
¿Qué?
Debe cobrarse,
que del Marques de Tarifa
soy heredero.
No trate
vuesa Ilustrísima de eso,
que a saber que tenía parte
en ella, sin que la viera,
hiciera que la rasgase,
y antes: ola: él se ha clavado.
¿Qué hacéis?
Hacer que me llamen
a quien avise a un Notario,
que envié a que notificase
una excomunión sobre eso,
viendo que a nada me salen,
contra los testamentarios
del Marques: ¿hay disparate
mayor, que el que he cometido?
¿Con que yo, para que pague
estaré excomulgado?
¿Pues qué contra Usía vale
el despacho?
En todo casoj
el escrúpulo es bastante:
ai punto envío el dinero.
No, cierto.
No hay que excusarse,
vuestra Eminencia le admita.
Ha, si, ved que es importante…
¿Qué?
Que se prenda a Moisés.
El Rey intenta ampararle.
¿Qué importa?
Está bien.
Venid.
Su Eminencia ha de ir delante
Pag. 29
Ya que le quito el dinero,
ap.
razón será cortejarle.
Vanse.
Sale Moisés.
Pues por aquí ha de pasar,
y no puede mi coraje
vengarse de otra manera.
Sale Alonso de Sayavedra.
Pues no es fácil sosegarme,
desde que oí ai Cardenal,
decir que de Pedro sabe…
Aquí de la saña mi a,
la muerte tengo de darle.
He de estrecharme con el,
hasta hacer que se declare.
' c Ai Portugués Monarcaa,
los días inmortales… &c.
No he encontrado otra ocasión,
pues de Palacio no sale.
No he podido persuadirme,
que mientan tantas señales,
Y pues hoy la confusión,
que hay en Palacio, es más fácil
que disimule el deiito…
Y pues dejando distante
al Arzobispo, a este cuarto
pasa solo…
He de, rodearle
este cendal en la cara,
y a puñaladas matarle.
He de arrojarme a sus plantas,
para que me desengañe.
Vanse quitándose los sombreros míen -
tras la Música.
rr Le aplaudan, le festejen,
j?le ilustren y le ensalcen
estruendos y cadencias
de Venus y de Marte.
Ya yo estoy perdido, cuando
empeño el Cardenal hace
de prenderme, pues si hay riesgo,
venga después de vengarme
a mí y a la Nación mía.
Ya el sufrimiento es cobarde,
Aqueste cancel me oculte.
Esta puerta me recate.
Estruendos y cadencias
de Venus y de Marte.
Retiranse cada uno por su lado, y salen
Sayavedra y Ace ve do.
Aun no me deja el Vicario
de Mora.
Quele escuchases
me dijo, antes que le hicieses
hablar al
No se canse,
que no he de hacer por él-nada,
aunque el Papa me lo mande.
Pues mira que te amenaza,
diciendo, que ha de pesarte
el haberle asi tratado.
¡Hay desvergüenza más grande!
anda, dile que hable al Rey
y al mundo.
Él viene a esperarle;
mas no obstante, iré a decirle,
que no se fatigue en válde.
Vase.
[Hay atrevimiento igual!
no en vano, aunque siempre afable
con todos, los he servido,
tengo oposición -tán‘grande
con este hombre, y más…
Ya es tiempo,
Sale.
pues aquí no nos ve nadie.
Ahora es ocasión.
Traidor
muere.
Echale un cendal por la cara 9 y le va a
dar con un puñal, y sale Alonso de
Sayavedra, y se le quita.
Cielos amparadme.
Hijo, que te matan,
Quita,
¿ Qué es quitar? aleve, infame,
suelta.
Ya suelto, porque
en tu mano el puñal hallen,
y me sirva de disculpa.
Sale el Rey
¿Qué es esto?
Intentar matarme
este traidor; no has de huir:
¡mas válgame Dios! mi padre.
ap.
Señor, yo no soy…
Ea, calla,
sacrilego: ¿no es bastante
indicio ver ese acero
en tu mano?
Es, que al mirarle… -
No hables más: Moisés, ¿qué es esto?
Yo llegaba en este instante
a esa puerta, cuando vi
a ese caduco llegarse
al Cardenal, y en la cara
aquel cendal arrojarle,
Pag. 30
echando mano al puñal;
estorbéle ejecutase
tan bárbara acción.
si tú
fuiste el que la intentaste,
¿por qué me culpas a mí?
Calla, traidor, que no cabe
en Moisés acción tal vil.
Ni en viejo tan venerable,
que sé yo quién es, tampoco
¿No será de creer más fácil
,esto en un advenedizo.?
¿Y en un hebreo no es dable,
que por mis buenos oficios
de esta suerte me los pague?
Cardenal, ved que a Moisés
favorezco.
Señor, baste
saber, que a criado mío
es razón que yo le ampare.
¡Quién vio empeño más extraño!
¡Quién vio más terrible lance!
¡Ha de mi guarda!
Sale un Soldado.
Señor.
Esto así ha de averiguarse.
a ese caduco prended.
Si empeño es vuestro, llevadle.
Señor…
Padre, ve; no importa,
Al oído.
que tu hijo sabrá librarte.
¿Quién es mi hijo?
Yo soy
El corazón se me parte
de alegría: si eres tu,
vengan infelicidades.
Llévanle.
Ya yo de mi autoridad
he cedido en está parte,
ceded de la vuestra vos.
Ola.
Salen Montijo, Acevédo y Espantajo
Señor.
Entregadle
al Arzobispo a Moisés,
porque le ponga en la cárcel
de la Inquisición
Mirad…
No hay nada ya que repare;
¿cede la Iglesia, y vos no i
Católico Rey, prestadle
favor a la Inquisición
Mirad…
No os pongáis delante:
llevadle pues.
¡ Se resiste.?
marche el judigüelo, marche,
Poco a poco.
Mis delitos
me ponen en este ultraje.
Llévanle.
Mirad, Cardenal, que es fuerza,
pues tiene cargos tan grandes
de mi Real Hacienda, que
se le tomen cuentas antes.
Allí, que estará de espacio,
hará cuanto le mandareis.
La rectitud de este hombre
a cuanto hay me persuade;
no tengo, aunque más lo intente,
voces para replicarle:
Quiero ver aquesta carta,
que coa misterios muy graves
.al entrar me dió el Vicario
de Mora
A esta pieza sale
el sarao de las Damas.
Pues para después se guarde,
qué danzando coa la reina,
con la tropa he de mezclarme.
Salen el Conde, el Duque 3 la Reyn,
Doña Beatriz y Me acia,y mezclase
Rey danzando, y quedan de tras el A
zobispo y Sayavedra, y salen Montij
Acevedo y Espantajo, y danzan
co
penachos > hachetas y mascarillas,
y canta la Música.
CP Al Portugués Monarcaa,
los días inmortales
le aplaudan, le festejen,
wle ilustren y le ensalcen
estruendos y cadencias
de Venus y de Marte.
Árzob. Mucho intentáis.
Vos veréis,
que sale bien el examen.
Vuelta en alas hechas y deshechas
Por los rayos se Conoce
el Sol, aunque se disfrace.
Quando el corazón se muestra,
mal se recata el semblante.
Este es el Rey; quiera el Cield
no saiga la traza eri valde.
¿Cuándo de tantos rigores
triunfarán vuestras piedades?
Siendo la piedad desdoro,
venceráse el ceño tarde.
Pag. 31
Ahora es ocasión, señora.
Tened, aguardad: el guante,
Yo lo alzaré.
Ya en mi mano
Álzale.
está, y no merece nadie,
sino es yo, esta prenda.
¿Cómo,
Descúbrese,
si soy yo el que llegué a alzarle?
¿Cómo? siendo de la mano
dueño yo, y siendo constante,
que el que posee lo más,
lo menos debe llevarse:
el guante es mío.
¿Pues quién
os hizo ( el pecho se arde aje,
en cólera ) de esa mano
dueño?
Señor, mi dictamen.
¿Vuestro dictamen?
No hay duda,
pues llegando a aconsejarse
conmigo los dos, y viendo
(yaque a tantas claridades
dais lugar ) que un embeleso '
o bizarría o donayre
del capricho (claro está)
daba a vuestros naturales
tanto escándalo, a la reina
tantos injustos pesares,
tantos sustos a este reino,
pues llegando a penetrarse
en Castilla, podría ser,
que por vengar el desaire
de su Princesa, rompiesen
con justa razón las paces;
a Doña Beatriz y el Duque,
que con afectos iguales
ha días que se festejan,
les mandé que se casasen,
que de esta suerte acababan
de una vez todos los males;
yo solo tengo la culpa.
Rabiando estoy de coraje, &p.
OLa, al Duque de Berganza
prended.
Señor…
Quien pasare
de esta línea excomulgado
queda; y vos, si es que intentareis
oponeros a este intento
tan santo y tan importante.
Por otras causas bien puedo,
sin temeros, castigarle.
¿Vos no temeis las censuras?
pues haréis que las agrave;
y si en el caso intentáis
las menores novedades,
pondré entredicho en el reino,
y absolveré el homenaje
a los vuestros, que para eso
tengo comisión bastante
del Papa al veros rebelde.
Más que todo eso me hace
disimular mi pasión
ap.
estar la reina delante.
Cardenal, no os enojéis,
que el ver que el Duque se case
sin mi licencia, faltando
a lo que debe a su sangre,
me irritó, no otro motivo, )
y ya quiero perdonarle,
porque vos no os disgustéis,
Beso vuestras plantas Reales,
Sois Príncipe generoso,
¡Ay mudanza más notable!
Las gracias os doy¿ señor,
por el Duque. Rey, Intento honrarle,
gran señora, que es mi primo,
y tan nobles personages
no se casan de esa suerte.
Señor, con favores tales
honráis una esclava vuestra.
¿Veis como vos recelasteis
sin motivo?
Ya conozco,
que es vuestro juicio admirable.
Acábese ya el festín.
Señora, licencia; dadme,
y todos os'retirad,
menos vos,
Bien sale
nuestro intento.
Desearé
vuestra Majestad descanse.
Mucho el veros tan gustosa
estimo.
Si los afanes
cesaron, no es mucho.
Yo
soy el que debo alegrarme
de mi fortuna.
Beatriz,
¿qué es esto?
Después contarte
podré todo lo que ignoras.
Vanse.
¿Conde, se fueron?
Distantes
Pag. 32
están ya.
Pues de mi pecho
salgan ardientes volcanes,
que transformen en pavesas
aun los átomos del aire.
Señor, templa el sentimiento
¿Como, si fallezco amante
de la beldad de Beatriz,
y el Corazón a mitades,
viéndola ajena, en el pecho
o se rompe o se deshace?
Sin duda entre el Cardenal
y la reina, por quitarte
el motivo en el objeto,
han elegido sagaces
este medio.
No tuviera
la defensa incontrastable
de ser quien es, que yo, Conde,
de él consiguiera vengarme.
Él introdujo en tu reino
la Inquisición. Rey Eso, antes
se le debe agradecer,
pues los efectos que hace
son santísimos.
Pensar
en vuestra pena es matarse;
divertios, señor.
Bien dices:
leedme, Conde (¡dolor grave!)
ése pliego, que me dieron
antes que al festín entrase
Dáselo
Dos cartas incluye dentro:
del Papa es ésta.
Pues abre.
Lee la carta.
Paulo Tercio. Hijo mío escogido don Juan de Portugal, Tercero de este nombre. Habiendo sabido que hay en vuestra corte quien usurpe la potestad de la Iglesia Romana, nos obliga a noticiaros que de nuestra parte no se ha remitido legado alguno a vuestros reinos, ni hay tal cardenal Sayavedra en nuestra Santa Congregación; y así, luego que veáis esta, os rogamos le hagáis prender y asegurádnosle hasta otro aviso, pues con el sigilo necesario quedamos entendiendo en su causa. Paulo, siervo de los siervos del Señor.
¡Rara novedad!
¡El cielo
me valga!
Dos Cardenales
también os escriben.
¿Pues
qué dicen? lee, no tardes.
Lee la carta.
Señor, damos noticia a vuestra Majestad de que en esta corte se ha sabido que un hombre revoltoso y embustero, llamado Sayavedra, ha usurpado el nombre de cardenal, nuncio y legado de su Santidad, y con falsas bulas y cartas ha persuadido a vuestra corte que lo es: os damos el aviso para que salgáis de vuestro engaño. Ascanio. Medicis.
; Ay mayor maldad!
Señor,
esto no puede dudarse
¡Hombre hubo tan atrevido,
que ha intentado semejante
empresa!
En lo que es posible,
eso y aun mucho más cabe.
Aunque al Papa no obedezca,
con la muerte ha de pagarme
el engaño: ¿hoy no es Correo
de Roma?
Sí, señor.
Baste;
pues si llegan hoy las cartas,
y hoy el Correo se parte,
las noticias de su muerte
llevará.
Siendo tan grave
este negocio, señor,
no debe precipitarse.
Id, prendédmelos criados
de ese hombre.
Voy al instante.
Vase.
Atónito me ha dejado
atrevimiento tan grande.
Salen Sayavedra y Espantajo
A ver vengo como el Rey
desde aquel pasado lance
está conmigo. ¿Señor?
¿Qué decís?
Dejad que extrañe
ver, que me habléis de esa suerte: Á
aun le dura su coraje.
ap.
Ira de Dios, y qué cara
le pone el Rey de vinagre.
Aunque fue mío el arbitrio…
No paséis más adelante, ¡
Pag. 33
traidor,
¿Qué oigo?
Berenjenas.
Vil hombre,
Señor
Tomates.
¿Así mi púrpura ultraja
vuestra Majestad?
Infame,
¿qué púrpura?
Vive el Cielo,
que no tenéis que culparme,
sí que agradecerme.
¡Ah, aleve!
¿aun pretendes engañarme?
fingido Cardenal, Nuncio
falso.
¡Qué escucho, pesares!
Tiró el diablo de la manta,
y quedámonos en carnes.
Vive el cielo…
tod. Voces da
el Rey, lleguemos.
Andares.
Salen la reina, doña Beatriz, el duque
y el arzobispo.
¿Qué es esto?
Nada, esa carta
a todos os desengañe.
Lee la carta.
Señor, damos noticia a vuestra Majestad de que en esta corte se ha sabido que un hombre revoltoso y embustero, llamado Sayavedra, ha usurpado el nombre de cardenal y nuncio y legado de su Santidad, y con falsas bulas y cartas ha persuadido a vuestra corte que lo es: os damos el aviso para que salgáis de vuestro engaño. Ascanio. Medicis.
¡Cosa rara!
¡Novedad
espantosa!
¡Hazaña grave!
Si es verdad, es caso horrendo.
Aquí acabó mi gaznate.
Portugueses, verdad es:
Yo soy quien quiso gigante
en soberbia Icaro altivo,
para poder remontarme,
robar las purpúreas alas
a la Iglesia nuestra Madre
yo confieso mi delito.
Hombre, niega: ¡ hay tal salvaje!
Con más que humanos impulsos
vine a esta acción a arrojarme
de ella ha resultado, que
nuestra Religión se ensalce.
pues en Portugal la santa
Inquisición por mí yace
en la más suprema altura.
Yo he llegado a hacer las paces
entre vos y vuestro esposo
y no hay en Portugal nadie,
que no haya beneficiado:
solo uno nunca obligarme
ha podido, y quizá él
es quien el tiro me hace:
misericordia, Señora.
La lástima me combate.
A compasión me ha movido.
¿Pues cómo os determinasteis,
hombre atrevido
A éste ahora
ap.
la roncha le hace que salte
de los veinte mil ducados.
A engañar con tus disfraces
a un reino entero?
Es que Dios
de humildes medios se vale
para…
Sale el conde con unos soldados.
Venid, Sayavedra,
preso.
Sin que el Rey lo mande,
iré yo, pues lo merezco.
Id también vos.
¿Pues qué parte
soy de la oración?
Señora,
apelo a vuestras piedades.
Yo no me acuerdo del Credo:
y si quieren ahorcarme,
en cincuenta años podré
aprenderle.
Vayan.
Anden. Llévanlos los Soldados.
Sin mí me ha dejado el caso.
No le han visto las edades.
¿A quién no había de engañar
quien tan bien su papel hace?
Yo no puedo persuadirme,
aunque quiero violentarme.
La carta del Papa he visto,
y lo que los Cardenales
afirman, escribe.
Pues
a hombre de ánimo tan grande
yo le estoy agradecida,
y no he de desampararle. Vase,
Lo cierto es, que se le debe
Pag. 34
aun más lástima, que ultraje.
Yo tengo de hacer por él
cuanto mis fuerzas alcancen.
Hízome con vos dichosa,
f y es fuerza que se lo pague.
La misma razón me asiste
para intentar ayudarle.
Vanse.
Dentro ruido de cadenas,y sale Alonso
de Sayavedra con cadena.
Yaya el vejete.:
Duélaos mi quebranto,
mi vejez y mi llanto;
¿aunque de qué me quejo,
si sé (¡ dichoso viejo!)
que padre me ha llamado
un Cardenal, un Nuncio y un Legado?
¡O hijo mío! ¡qué mal en arrojarte
hice, cuando intenté desampararte
por leves travesuras!
Pero si en mi cariño siempre duras,
feliz vejez me espera,
veréme en alto puesto y noble esfera.
Salen Sayavedra, Montijo, Acevedo,
y Espantajo con prisiones.
Vayan los embusteros,
vayan los trapacistas.
Caballeros,
qué va si la paciencia se me apura…
Calla, Montijo.
¡Pese a mi ventura!
¿no me basta mirarme en este estado,
sino callar también?
¿Chico malvado,
pues están para ahorcarte,
y ahora quieres con otro empelotarte?
Siempre aquesto lo tuve yo creído.
¡Qué lacio está Acevedo y qué amanido!
No ha de estar, si nos tienen tus quimeras
de suerte, que aun azotes y galeras
tomáramos, y no que en dos tirones
muramos anegados en calzones?
¡Ay de mí!
¡Mas qué veo!
¿padre?
¿Quién es?
Tu hijo.
No lo creo:
¡Mi hijo aprisionado!
¿cómo, si es cardenal, nuncio y legado?
Adiós, el viejo ya ha perdido el juicio.
Este es de la fortuna el ejercicio,
variar el semblante.
Si cardenal le dejo no ha un instante,
¿cómo puedes ser tú?
Como fue enredo
cuanto tú has visto en él.
¡ Pasmado quedo!
Y si no te convence este trabajo,
mira fantasma un mísero Espantajo.
Y a mí, abuelo, conóceme en efeto,
que soy Montijo, tu infelice nieto.
¡ Ay infelice de mí!
siempre yo te dije, Pedro,
que tus enredos y embustes
habían de parar en esto.
¡Ha buen Vicario de Mora,
este agasajo te debo!
Sale un Criado.
¿Quién es aquí Sayavedra?
Yo soy.
Mucho, amigo, siento
traeros esta noticia:
vos y vuestros compañeros
os disponed, que el señor
Arzobispo, conociendo
que el enojo del Rey,
que vuestras causas ha hecho
fenecer en un instante,
y más estando confesos,
que pretende castigaros
con todo rigor muy presto,
por piedad os da este aviso.
El regalo agradecemos
a su Ilustrísima.
A Dios:
Vive Cristo…
Quedo, quedo:
¿en este paraje juras
Responded, que yo dispuesto
a todo estoy, y que estimo
el aviso y el consejo
a su Ilustrísima, quien
obra como Caballero,
haciéndome esa amistad.
Vas.el Criad
Vive Dios, que no las tengo
todas conmigo.
Montijo,
ya huele, y no huele a incienso.
¿Portugueses, y engañarlos?
ahorcados es lo de ménos.
Nunca yo hubiera nacido.
Pag. 35
Bien sabe Dios, que mi celo
fue bueno: ya le he logrado
y si por eso padezco,
no temo morir.
Yo sí
creo en Dios Padre: no me acuerdo,
Montijillo. Mo it. Yo el morir
ahorcado es lo que siento,
Al calabozo.
Esta voz
nos llama.
¡Y a lindo almuerzo!
Tus embustes, Sayavedra,
de esta suerte nos han puesto.
Salen el Rey, la reina, el Duque
Beatriz, Mencía, y el Ar¬
zobispo
Esto habéis de hacer por mí.
Yo, gran Señor, os lo ruego.
Sus errores confesamos
pero si a otra luz los vemos,
más que de daño, os han sido
sus astucias de provecho.
Perdonadle, gran señor.
No me habléis ninguno en eso:
¿por un hombre revoltoso,
cismático y embustero,
os empeñáis, gran señora?
{Y vosotros, con el celo
de necia piedad, queréis
disculpar atrevimientos
tan grandes? No puede ser
pagará, viven los Cielos,
el embuste tan extraño
y el desacato tan nuevo
de engañar a un reino todo:
demas, de que no soy dueño
de su perdón, sino el Papa,
pues por su orden está preso
y pues en esto no hay forma,
de otra materia tratemos.
Duque, pues os di palabra
de honrar vuestro casamiento,
dadle la mano a Beatriz.
Por su esclavo me confieso.
Danse las manos los dos.
Premío el amor mi fineza.
Y vos de mis desaciertos,
perdonando los errores,
admitid… ¿Pero qué es esto?
Suena un clarín, y sale el Conde con
una carta.
Señor, un correo de Roma,
que para vos este pliego
ha traido.
¿Tan apriesa?
Sin duda, que para ejemplo,
en él me avisa el castigo,
que hacer en este hombre'debo;
leed, Conde.
Infeliz del
que nace para escarmiento.
Lee la carta.
Paulo Tercio. Escogido hijo don Juan Tercero de Portugal: luego que os escribimos la nuestra, pasamos a examinar la causa de Pedro de Sayavedra y lo por él ejecutado en esos reinos; todo lo cual está obrado en razón y justicia. Y mandamos se observe mientras llega nuestra confirmación, quedando el santo oficio de la Inquisición y sus puestos en las personas que el dicho Sayavedra los proveyó; y reconociendo haber sido este hombre el instrumento de que Dios se ha querido valer por sus altos juicios para tan grande obra, os rogamos le honréis y remitáis a esta nuestra corte para conocerle y premiarle. Paulo, siervo de los siervos del Señor.
Justo premio de su hazaña.
Obedecer el decreto
del Papa es justo: andad, Conde,
traedme ese hombre al momento.
A obedeceros volando
voy.
Vase.
Aunque fuesen los medios
indignos, logrado el fin,
basta que dore sus yerros.
Yo confieso, que me he holgado.
Lo mismo será en el reino.
No hay nadie a quien no tuviese
muy beneficiado, y siendo
para tan sagrado fin,
yo le perdono el primero
veinte mil ducados en que
me engañó.
Salen el Conde, Sayavedra } Alonso,
Pag. 36
Montijo, Acevedo, y Espantajo.
Entrad.
Rey supremo,
castigadme con piedad.
Quien merece los afectos
del Pontífice Romano,
del Rey Don Juan el Tercero,
debe llegar a los brazos.
Abrázale
¡Qué miro!
¡Cielos, qué veo!
El Papa os ha perdonado.
Todos al Rey le habemos
rogado por vos.
Feliz
quien vio mejorado el tiempo.
Dadme los brazos, que un hombre
de tan nobles pensamientos,
merece que le honren todos.
Yo soy un esclavo vuestro.
Decidme, ¿vos de Moisés
qué hicisteis?
Se va siguiendo
su causa, y presto el castigo
le aliviará de los hierros.
Por su confesión se supo,
que él fue el que intentó soberbio
dar la muerte a Sayavedra.
Con que estoy libre con eso.
Sí, padre.
Hijo de mi vida,
ya desde hoy te veré quieto.
Ya no hay que temblar, Montijo.
Volvióseme el alma al cuerpo.
Y aquí la célebre historia
da fin, Senado discreto,
del Nuncio de Portugal,
perdonad sus muchos yerros.
Y logre el Poeta un vitor,
por ser caso verdadero.
Fin. Con licencia en Madrid. Año de 1796. Se hallará en la Librería de Quiroga, calle de la Concepción Gerónima, junto a Barrio-Nuevo; en la misma se hallan todas las comedias y tragedias modernas, comedias antiguas, autos, sainetes y entremeses: por docenas a precios equitativos.
