Infante don Pedro
Príncipe de Portugal y esposo secreto de Inés, que rechaza separarse de ella y termina jurando vengar su muerte.
Jerónimo Bermúdez
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Citazione suggerita
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
Don Pedro defiende su unión secreta con Inés frente al secretario y al rey. Los consejeros convencen a Alonso de que la muerte de la dama protegerá al reino. Alertada por un sueño y por el coro, Inés suplica justicia acompañada de sus hijos. El rey la perdona, pero termina dejando su suerte en manos de los consejeros. Los coros y un mensajero refieren el asesinato. El Infante llora a Inés, rompe moralmente con su padre y promete venganza y honras reales para la amada.
Nise lastimosa enfrenta el amor de don Pedro de Portugal y doña Inés de Castro con las exigencias dinásticas y la autoridad del rey don Alonso. Separado de Inés, el Infante teme perderla y se niega a obedecer la orden de abandonarla. Su secretario le advierte del daño que ese vínculo y la influencia de los Castro pueden causar al reino. Don Pedro defiende la nobleza y virtud de Inés y revela que la tiene por esposa en secreto. Entretanto, Pero Coello y Diego López Pacheco persuaden al rey de que la muerte de la dama es necesaria para preservar el bien común. Aunque Alonso reconoce su inocencia y considera otras soluciones, acaba aceptando el consejo y preparándose para ir a Coimbra.
Inés ha soñado que tres leones le desgarraban el pecho delante de sus hijos. Su ama intenta calmarla recordándole su unión con el Infante y el porvenir que esperan, pero el coro de mujeres de Coimbra anuncia la llegada del rey con gente armada. Inés sale a su encuentro con sus tres hijos y exige saber qué culpa merece la muerte. Apela a la justicia, al parentesco de los niños con Alonso y al dolor que su pérdida causará a don Pedro; incluso ofrece desaparecer con ellos. Sus ruegos conmueven al monarca, que le concede la vida. Los consejeros vuelven entonces a presionarlo, y Alonso se desentiende de la sangre que puedan derramar, dejando la decisión en sus manos.
Coello, Pacheco y Álvaro González toman esa licencia para ejecutar su propósito. La muerte de Inés no se muestra directamente: los coros la lamentan y describen su cuerpo ensangrentado junto a los niños, antes de que un mensajero comunique la noticia al Infante. Don Pedro pasa de la incredulidad al duelo y acusa a su padre de haberle quitado el alma. El mensajero lo invita a honrar el cadáver, pero el dolor se transforma en una promesa de venganza: el príncipe amenaza al rey, anuncia castigos contra los responsables y decide reconocer a los hijos de Inés como infantes y disponer para ella un tálamo real. La tragedia termina con sus amenazas y con el deseo de reunirse con la amada después de la muerte.
Príncipe de Portugal y esposo secreto de Inés, que rechaza separarse de ella y termina jurando vengar su muerte.
Madre de tres hijos del Infante que reclama justicia y clemencia antes de ser asesinada.
Padre de don Pedro, dividido entre la inocencia de Inés y los argumentos políticos de sus consejeros.
Servidor que amonesta al Infante sobre sus deberes y los riesgos dinásticos de su unión.
Consejeros que defienden la muerte de Inés en nombre del bien común y presionan al rey para obtener licencia.
Merino mayor que se une a la presión contra Inés y a la ejecución del propósito homicida.
Confidente de Inés que intenta aliviar sus temores y sostener la esperanza.
Mujeres que reflexionan sobre amor, poder y fortuna, advierten a Inés y lamentan su muerte.
Portador del relato del asesinato al Infante.
Niños sin parlamentos que acompañan la súplica materna y quedan junto a ella en el relato de su muerte.
Lugar de la espera y del sueño de Inés, del encuentro con el rey y del asesinato referido por los coros.
Paisaje de Coimbra idealizado por los amantes y convertido al final en objeto de la maldición dolorosa del Infante.
Espacios sin ciudad precisa indicada en las escenas correspondientes, separados de la residencia de Inés, donde se discuten amor, obediencia y razón política.
La unión de don Pedro e Inés entra en conflicto con la obediencia filial y con los intereses del reino invocados por sus adversarios.
La inocencia de Inés se enfrenta al argumento de que su muerte evitará males colectivos.
Alonso intenta descargar en sus consejeros una decisión cuyo resultado lo vincula al crimen.
Los hijos de Inés sostienen su súplica y hacen más doloroso el relato de su muerte.
Los temores de los amantes, el sueño de los leones y las reflexiones corales anticipan la caída.
La noticia del asesinato convierte el amor del Infante en ruptura con su padre y amenaza de castigo.