Doña Blasa
Dama principal del entremés, obsesionada con adquirir los “flatos” que cree propios de la moda cortesana y centro del engaño final.
Pedro Calderón de la Barca
Data di pubblicazione del riassunto: 18 giugno 2026
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Citazione suggerita
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un ambiente cortesano urbano, probablemente madrileño, doña Lázara y doña Blasa desean tener “flatos” porque los consideran una moda distinguida entre las damas. Don Gil, ayudado por don Tristán, acude a la botillería de maese Coquerón y prepara en una redoma una mezcla de garapiñas, limonadas y sorbetes para presentarla como remedio o causa de esos flatos. La acción termina en casa de Blasa, donde la persecución de los vendedores y la intervención de doña Aloja desengañan a las damas y revelan satíricamente el ridículo de seguir modas sin entenderlas.
La pieza se abre con una conversación entre doña Lázara y doña Blasa en un ambiente doméstico cortesano. Lázara dice que se muere por padecer “flatos”, no porque entienda bien qué son, sino porque se han puesto de moda entre las damas y no quiere quedar excluida de ese uso nuevo. Blasa, que al principio tampoco comprende con claridad el fenómeno, queda inmediatamente contagiada por la misma ansiedad imitativa y lamenta no haberse adelantado a las demás mujeres de su círculo. Cuando llega don Gil con expresiones galantes, Blasa interpreta que su falta de “flatos” la rebaja socialmente y lo reprende con vehemencia, exigiéndole que no vuelva a verla si no le trae esos supuestos “flatos”, que ella considera una gala imprescindible porque toda la Corte parece poseerlos ya.
Ante esta demanda, don Gil se aparta con don Tristán y resuelve satisfacerla mediante un engaño burlesco. Pide una redoma y un embudo, y se dirige a la botillería de maese Coquerón, establecimiento urbano donde se venden bebidas frías y dulces, entre ellas garapiña de chocolate, limonadas, sorbetes y otras mezclas. Allí ordena que llenen la redoma con una mezcolanza de todas las bebidas disponibles. La escena adquiere tono festivo porque las distintas bebidas aparecen personificadas y van entrando una tras otra, describiéndose y aceptando mezclarse en ese recipiente. Cuando la redoma queda llena, don Gil intenta marcharse con ella para llevarla a casa de Blasa, pero el botillero le reclama el pago y, como ni él ni don Tristán tienen dinero, salen apresuradamente mientras maese Coquerón moviliza a sus criados y vendedores para perseguirlos.
La acción culmina en casa de doña Blasa, donde Lázara ha vuelto y ambas esperan la llegada de los ansiados “flatos”. Don Gil entra con la redoma y Blasa, al verla, se sorprende de que aquello sea el objeto de su deseo; él le responde, en tono de burla, que si se trata de bebidas familiares entre damas, no es extraño traerlas embotelladas. Inmediatamente irrumpen en la casa Coquerón y toda su gente, reclamando la mercancía robada, y poco después aparece doña Aloja, figura alegórica o personificación de la bebida tradicional, que denuncia a esas nuevas bebidas como rivales engañosas y dañinas. Doña Aloja arrebata la redoma y la convierte en lección moral y cómica: compara el vidrio exterior con el estómago interior de las damas y las obliga a reconocer que esos “flatos” no eran adorno ni prestigio social, sino simples gases producidos por bebidas frías y mezcladas. El entremés se cierra con el desengaño general y con la afirmación de que, pese a las modas pasajeras, la antigua aloja vuelve a ocupar su lugar acostumbrado.
Dama principal del entremés, obsesionada con adquirir los “flatos” que cree propios de la moda cortesana y centro del engaño final.
Galán que, para complacer o burlar a doña Blasa, idea la mezcla de bebidas y lleva la redoma que desencadena el desenlace cómico.
Amiga de Blasa que introduce la conversación sobre los “flatos” y representa la imitación de usos sociales entre damas.
Figura alegórica y cómica que irrumpe al final para denunciar las nuevas bebidas y desengañar a las damas sobre la verdadera naturaleza de los “flatos”.
Botillero que suministra las bebidas frías, reclama su pago y persigue a don Gil cuando este intenta llevárselas sin pagar.
Acompañante de don Gil, con función de interlocutor y ayudante en la preparación y traslado de la redoma.
Espacio doméstico donde se inicia la obsesión por los “flatos” y donde se resuelve finalmente el enredo con la llegada de la redoma y de los perseguidores.
Lugar comercial donde don Gil reúne la mezcla de garapiñas, limonadas y sorbetes que da forma material al engaño.
Marco urbano y social que se infiere de las alusiones a la Corte y a Madrid, fundamental para la sátira de las modas y del comportamiento imitativo.
Espacio de tránsito y persecución que conecta los dos núcleos de la acción y permite la entrada tumultuosa del mundo público en la casa de Blasa.
La obra ridiculiza la costumbre de adoptar usos nuevos solo porque circulan entre damas de prestigio, aun sin comprender su sentido real.
Doña Lázara y doña Blasa quieren tener “flatos” no por necesidad, sino para no quedar por debajo de otras mujeres de su entorno.
Don Gil transforma la ignorancia de las damas en una broma escénica al presentar una mezcla de bebidas como si fuera la respuesta a su capricho.
Garapiñas, limonadas, sorbetes y otras bebidas articulan la comicidad verbal y física del entremés y explican materialmente el equívoco de los “flatos”.
La intervención de doña Aloja revela la verdad escondida tras la moda y devuelve a los personajes, y al público, a una comprensión más realista y ridícula del asunto.