Isabel
Dama principal de Baeza cuya honra queda comprometida por la jactancia de don Félix; hiere al galán, huye disfrazada de hombre, se convierte en bandolera y finalmente obtiene perdón y matrimonio.
Agustín Moreto y Cavana
Data di pubblicazione del riassunto: 18 giugno 2026
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Citazione suggerita
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Baeza de tiempo de guerra fernandina, don Félix entra de noche en casa de Isabel y después se jacta en público de ese favor, provocando que don Lope, hermano de la dama, sospeche una deshonra familiar. Ofendida por esa indiscreción, Isabel sale disfrazada de hombre, hiere a don Félix y huye a la sierra con Inés, donde acaba convirtiéndose en la célebre bandolera de Baeza mientras se entrecruzan las persecuciones de don Lope y de doña Juana. Tras nuevos encuentros en el monte y en el camino de Aguilar, don Félix reconoce su culpa, Isabel lo perdona y, después de distinguirse militarmente ante el infante, obtiene perdón y se restablecen las bodas de Isabel con don Félix y de don Lope con doña Juana.
La acción comienza en Baeza, en un ambiente nocturno de galanteo y vigilancia del honor. Don Félix corteja a Isabel mientras su hermano está ausente en la guerra, y logra entrar en casa de la joven con muchas promesas de respeto y matrimonio. La escena, sin embargo, se complica cuando regresa inesperadamente don Lope, hermano de Isabel, y el galán ha de salir precipitadamente por el jardín para evitar ser descubierto. Poco después, en una reunión de caballeros organizada con motivo de la llegada del infante don Enrique y de las campañas de Fernando contra Sevilla y otros enclaves musulmanes, los nobles hablan de amores, colores y juegos caballerescos. En ese contexto, don Félix incurre en la imprudencia central de la obra: se alaba públicamente de haber recibido favor de una dama y de haber entrado en su casa, aunque procura no nombrarla de manera explícita. Don Lope, presente en la conversación, deduce con violencia que la alusión recae sobre su hermana y, al volver a casa, interroga a Isabel con creciente dureza. Ella niega haber faltado a su honra y rechaza que la sospecha baste para condenarla, pero su hermano, dominado por la idea de restaurar el honor familiar, la encierra junto con Inés mientras decide cómo proceder.
En la segunda jornada, la ofensa provocada por la jactancia de don Félix produce el giro decisivo. Isabel, convencida de que su honra ha sido puesta en peligro no por sus actos sino por la lengua del amante, sale de casa vestida de hombre, acompañada por Inés, para buscarlo y castigarlo. Lo encuentra ante su puerta y, tras increparlo por haber publicado como triunfo amoroso lo que ella solo había concedido bajo estrictas condiciones de recato, le dispara un pistoletazo y lo hiere gravemente. La huida de Isabel la convierte en fugitiva: don Lope, al descubrir también la desaparición de su hermana, interpreta que se ha consumado su deshonra y se lanza a perseguirla, mientras el padre de doña Juana persigue a su vez a don Lope por haber huido con su hija. En el camino, Isabel y su criada llegan a una venta, donde un altercado con unos bandoleros acaba con la muerte de su capitán; gracias a su audacia armada y a su resolución, Isabel ocupa de hecho el mando de la cuadrilla y se transforma en la temida bandolera de Baeza. Desde ese puesto declara que su guerra particular se dirige contra hombres habladores e ingratos, y su figura adquiere fama en la sierra. Paralelamente, aparece doña Juana, que huye de su padre por amor a don Lope y busca amparo; Isabel, sin reconocerse aún del todo todas las conexiones del enredo, le ofrece protección en la sierra. También se sabe que el propio don Félix, una vez herido, no persiste ya en la vanidad inicial, sino que vuelve a amar a Isabel admirado por su valentía y resuelto a salvarla de la justicia.
La tercera jornada lleva la trama desde la sierra hacia un doble desenlace de perdón amoroso y servicio bélico. Isabel, todavía disfrazada de varón y usando una patente tomada a un capitán muerto, logra reunir gente en Montilla y otros lugares para acudir al socorro del infante en la campaña de Aguilar. Antes de ese final militar, se encuentra con don Félix en el monte: él le confiesa su culpa, reconoce que obró como necio al alabarse de un favor que debía callar y le propone huir, ofreciéndole caballo, ayuda y aun su propia ruptura con casa y padre si fuera preciso. Isabel, movida por esta fineza tardía pero sincera, lo perdona y vuelve a declararle su amor, aunque ambos se separan momentáneamente para evitar ser apresados. Don Félix engaña a su padre para facilitar la fuga de la joven, mientras Isabel prosigue su camino como capitán. Ya en el asalto al castillo enemigo, su arrojo militar resulta decisivo: entra con su compañía, anima a los soldados y contribuye a la victoria del infante. En medio de la celebración final se revela que el valeroso capitán es en realidad Isabel. Ante tal hazaña, el infante le concede perdón por los delitos cometidos en la sierra y dispone su reconciliación con don Félix mediante matrimonio. Al mismo tiempo, se resuelve el otro conflicto amoroso con la unión de don Lope y doña Juana. Así, la obra termina transformando una cadena de sospechas, violencias y persecuciones en restauración del honor por vía del reconocimiento, el perdón y el servicio al rey, confirmando además el peligro moral y social de alabarse de favores amorosos.
Dama principal de Baeza cuya honra queda comprometida por la jactancia de don Félix; hiere al galán, huye disfrazada de hombre, se convierte en bandolera y finalmente obtiene perdón y matrimonio.
Galán enamorado de Isabel que entra en su casa con promesas de respeto, pero se alaba imprudentemente del favor recibido; herido por Isabel, termina reconociendo su culpa y ayudándola.
Hermano de Isabel, extremadamente celoso del honor familiar; sospecha de la conducta de su hermana, la encierra y luego la persigue, mientras mantiene relación amorosa con doña Juana.
Hija del corregidor y enamorada de don Lope; huye para casarse con él y su peripecia se cruza con la de Isabel en la sierra y en los desplazamientos posteriores.
Criada y confidente de Isabel, la asiste en sus encuentros amorosos, en la fuga disfrazada y en su vida de bandolera, acompañándola en los momentos de mayor peligro.
Gracioso y criado vinculado a don Félix, de gran presencia en la trama cómica; actúa como testigo de muchos lances, mensajero involuntario y después compañero ocasional de la bandolera.
Padre de doña Juana y autoridad principal en la persecución de los fugitivos y bandoleros; representa la justicia local y el peso del honor y del orden público.
Príncipe que aparece en el marco de la campaña militar; su presencia da relieve político al desenlace y es quien finalmente favorece el perdón de Isabel.
Marco urbano principal del comienzo de la obra, donde se desarrollan el galanteo nocturno, la sospecha de deshonra, las conversaciones cortesanas y el origen de todos los conflictos.
Espacio decisivo del primer enredo, pues allí entra don Félix de noche y allí nace la sospecha de don Lope; también se convierte en lugar de encierro y ruptura del orden doméstico.
Territorio de huida, persecución y bandolerismo donde Isabel rehace su identidad como capitana de salteadores y donde se cruzan los principales personajes en fuga o búsqueda.
Lugar de tránsito donde Isabel e Inés, disfrazadas, topan con bandoleros y se produce el episodio que facilita el ascenso de Isabel al mando de la cuadrilla.
Espacios desde los que Isabel, usando identidad fingida, reúne una compañía militar y prepara su tránsito desde bandolera perseguida a servidora del rey.
Escenario final de la acción bélica, donde Isabel se distingue como capitán, hace visible su valor y obtiene las condiciones para su perdón público.
La obra muestra cómo la indiscreción de publicar un favor amoroso desencadena sospechas, violencia, heridas, fugas y persecuciones.
El conflicto nace de la diferencia entre la conducta real de Isabel y la imagen que las palabras de don Félix proyectan sobre su honra ante la comunidad.
Isabel busca castigar la ofensa recibida, don Lope pretende restaurar el honor familiar y varios personajes persiguen remedios violentos antes de llegar al perdón final.
Las relaciones entre Isabel y don Félix, y entre don Lope y doña Juana, pasan por errores, separaciones y riesgos hasta resolverse en promesas y matrimonios.
El traje masculino permite a Isabel huir, herir, mandar en el monte y levantar gente para la guerra, alterando las percepciones de quienes la rodean.
La sierra aparece como espacio de fuera de la ley, pero también como respuesta desesperada a una afrenta, enfrentando la violencia privada con la persecución oficial.
La participación de Isabel en la campaña militar convierte su valor en mérito político y hace posible su perdón y su retorno al orden.