Quiteria
Esposa del murmurador y figura central de la acción doméstica; sufre el carácter de su marido, describe su conducta y busca remediarla mediante una fiesta musical.
Luis Quiñones de Benavente
Data di pubblicazione del riassunto: 18 giugno 2026
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Citazione suggerita
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un ambiente doméstico que probablemente corresponde a una casa urbana de la corte, Quiteria confiesa a Estefanía que su mayor desdicha es estar casada con un hombre incapaz de vivir sin enfadarse por todo. Cuando el marido aparece, denuncia la maledicencia ajena, pero enseguida se entrega a murmurar sobre viudas, doncellas, casadas, viejas, mozas y médicos, revelando que él encarna justamente el vicio que censura. Para calmarlo, Quiteria hace entrar música y baile, y el entremés se cierra en tono festivo mientras quedan expuestos la hipocresía de la murmuración y el malestar conyugal que provoca.
La pieza se abre con una conversación entre Quiteria y su amiga Estefanía. Ante la insistencia de esta por averiguar la causa de su aparente enfermedad, Quiteria declara que su verdadero mal es haberse casado a disgusto. Explica que su marido vive enfadado con todo cuanto ve y oye, se altera por cualquier asunto y se ocupa continuamente de pesares ajenos, con lo que se quita a sí mismo la salud y a ella el sosiego. Estefanía la consuela comparando ese defecto con el de su propio marido, gran mentiroso, y ambas mujeres amplían la conversación a una crítica de ciertos comportamientos masculinos, sobre todo en el amor y el trato con las mujeres, de modo que el inicio presenta un marco doméstico donde el matrimonio aparece como fuente de disgusto y donde se anticipa el vicio central del personaje ausente: la murmuración.
Poco después entra el marido de Quiteria y confirma de inmediato el retrato que de él se ha hecho. Pide que llamen al barbero porque quiere sangrarse, convencido de que tiene la sangre corrompida de ver a la gente entretenida en murmurar. Sin embargo, mientras finge condenar a las lenguas maldicientes, él mismo comienza una larga serie de comentarios sobre otras personas: critica a una dama por su tocado, a una viuda por su conducta ambigua entre el luto y el galanteo, a los hombres que niegan la existencia de doncellas honestas y a las mujeres casadas sobre las que corren historias de engaño. Cada intento de Quiteria y Estefanía por contenerlo pone más en evidencia la contradicción cómica del personaje, que se presenta como censor moral de la murmuración precisamente mientras la practica con más violencia que nadie.
La escena se intensifica cuando el murmurador extiende sus ataques a las viejas que se afeitan para disimular la edad, a las jóvenes que se maquillan en exceso e incluso a un médico cortesano que, según cuenta, simula tener muchas visitas para darse crédito. Su discurso lo va sacando de sí hasta el punto de que las mujeres lo juzgan fuera de seso o perdido en su manía. Ante esa situación, un criado o personaje subordinado avisa de que todo está preparado, y Quiteria explica que ha organizado una pequeña fiesta con música para divertir a su marido y apartarlo de esa obsesión por los pleitos y defectos ajenos. El entremés concluye con el baile y las seguidillas, cuya letra mantiene el tono burlesco de la pieza; así, el desenlace no corrige de forma moral al personaje, pero sí desplaza la tensión hacia una salida festiva en la que la comunidad responde con entretenimiento al desorden doméstico causado por el murmurador.
Esposa del murmurador y figura central de la acción doméstica; sufre el carácter de su marido, describe su conducta y busca remediarla mediante una fiesta musical.
Personaje cómico principal, definido por su hábito de censurar y murmurar sobre todos mientras niega ser murmurador; provoca el conflicto y concentra la sátira del entremés.
Amiga y confidente de Quiteria; escucha su queja, aporta comparaciones sobre los defectos de los hombres y comenta la conducta del marido.
Interviene brevemente para anunciar que ya está todo preparado, lo que permite el paso al remedio festivo ideado por Quiteria.
Espacio principal de la acción, donde se desarrolla la conversación inicial, irrumpe el marido y se organiza la diversión final para contener su manía.
Marco urbano inferible por la mención expresa de Madrid y de tipos sociales propios de la corte; sirve como horizonte de las murmuraciones del marido.
Zona funcional dentro de la casa o aneja a ella donde entran los músicos y se ejecutan las seguidillas que cierran el entremés.
La obra gira en torno al vicio de hablar de las vidas ajenas, exhibido de forma cómica en un personaje que condena ese comportamiento mientras lo practica sin medida.
El marido se presenta como corrector de abusos y pecados sociales, pero su propio discurso demuestra una contradicción constante entre lo que dice defender y lo que hace.
Quiteria define su matrimonio como una desgracia cotidiana, y la convivencia con un marido iracundo y obsesivo aparece como origen del conflicto escénico.
A través de ejemplos encadenados, se ridiculizan conductas de viudas, galanes, doncellas, viejas, mujeres casadas y médicos, trazando un panorama burlesco de la sociedad cortesana.
La música y el baile se presentan como una tentativa de aliviar la obsesión del protagonista y restablecer, al menos de manera provisional, la armonía doméstica.